Revista de Filosofía
Volumen 81 (2024) 49-71 Doi: 10.5354/0718-4360.2024.71457
Artículo:
TEOREMAS RECÍPROCOS EN EUCLIDES
(DESDE EL PUNTO DE VISTA MEDIÁTICO)1
RECIPROCAL THEOREMS IN EUCLID
(FROM THE MEDIATIC POINT OF VIEW)
José Seoane 2
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación
Universidad de la República
Sistema Nacional de Investigadores
Orcid: 0000-0002-9571-3139
Recibido: 23-07-2024 • Aceptado: 10-09-2024
Resumen
La demostración euclídea es inferencialmente heterogénea: su comunicación
combina texto y diagrama, y tal rasgo es deductivamente relevante. Si nos interesa
estudiarla desde el punto de vista comunicacional o mediático, es necesario descifrar
la cooperación entre aquellos medios y la dinámica expresión-estructura. Esta
sensibilidad intelectual inaugura una agenda rica. Tal agenda incluye, entre otros,
el interrogante por el comportamiento expresivo/estructural de la demostración
1
Deseo dejar constancia de mi agradecimiento por la lectura de este trabajo a
las o los árbitros anónimos; sus dictámenes me permitieron eliminar errores y
mejorar la exposición de mis argumentos. Las deficiencias subsistentes son de
mi exclusiva responsabilidad.
2
Magíster en Lógica y Filosofía de la Ciencia (Universidad de Campinas,
Brasil) y doctor en Filosofía (Universidad Nacional de Córdoba, Argentina). Es
autor del libro Lógica y argumentación, así como de diversos artículos en las
áreas de filosofía, lógica e historia de la lógica. Es Profesor de la Facultad de
Humanidades y Ciencias de la Educación (Universidad de la República, Uruguay),
y miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Sus áreas de investigación
son, actualmente, la reflexión filosófica sobre la demostración heterogénea, los
procesos elucidatorios en matemáticas, y el programa lógico de Vaz Ferreira.
Revista de Filosofía José Seoane
euclídea en diversos contextos especiales. Por ejemplo, ¿cómo se manifiesta
dicha heterogeneidad en el caso de las pruebas de teoremas recíprocos? Un
examen –aún parcial y preliminar– permite identificar ciertos relevantes rasgos
en el plano comunicativo.
Palabras clave: Euclides, demostración geométrica, heterogeneidad expresiva,
heterogeneidad inferencial, diagramas.
Abstract
The Euclidean demonstration is paradigmatically heterogeneous: its communication
combines text and diagram. If we are interested in studying it from the
communicational or mediatic point of view, it is necessary to decipher the cooperation
between such media and the dynamic expression-structure. This intellectual
sensitivity inaugurates a rich agenda. Such an agenda includes, among others,
the question of the expressive/structural behavior of the Euclidean demonstration
in various special contexts. For example, how does such heterogeneity manifest
itself in the case of proofs of reciprocal theorems? An examination (still partial
and preliminary) allows the identification of certain relevant mediatic features.
Keywords: Euclid, geometric proof, expressive heterogeneity, inferential
heterogeneity. Diagrams.
La demostración euclídea es filosóficamente interesante por múltiples
razones; una de ellas radica en la singularidad de su comunicación3. Esta
combina texto y diagrama (heterogeneidad expresiva) y, además, tal rasgo mediático
resulta lógicamente relevante (heterogeneidad inferencial)4. Una forma de avanzar
en este terreno es distinguir entre la expresión y la estructura de la demostración.
Dicho en una forma esquemática, la última capta la ilación inferencial, es decir, la
articulación lógica (en sentido lato), la primera consiste en la dimensión propia o
exclusivamente comunicacional. Así, por ejemplo, una traducción española y una
inglesa de la proposición I.1 diferirán expresivamente, pero no estructuralmente.
3
La relevancia de este último aspecto ha sido defendida por diversos autores; en
esta clave, por ejemplo, puede entenderse la vindicación del estilo euclidiano
por parte de Netz frente a una concepción contrastante debida a Knorr (véase
Netz 1999a y b).
4
La distinción entre heterogeneidad expresiva e inferencial o lógica es introducida
en Seoane (2016); una formulación más reciente puede leerse en Seoane (2021a).
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Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
En este caso la diferencia expresiva resulta filosóficamente irrelevante, pero este
no es siempre el caso5.
Si nos interesa estudiar la demostración euclidiana desde un punto de vista
mediático, qua caso ejemplar de heterogeneidad inferencial, es necesario, por
supuesto, descifrar la cooperación entre los medios gráfico y lingüístico, y, a la vez,
registrar debidamente la interacción expresión-estructura, volviendo así más denso
el plano comunicacional. En consecuencia, no basta el examen de la cooperación
diagrama-texto en términos exclusivamente expresivos; tal análisis debe comprometer
también su interacción fina con la dimensión lógica6. Esta sensibilidad intelectual
doble inaugura una agenda rica; que incluye (entre muchas otros) el interrogante
por el comportamiento de diversas estrategias o patrones argumentales euclídeos.
Por ejemplo, ¿cómo se manifiesta aquella densa heterogeneidad en el caso de las
pruebas de teoremas recíprocos? En particular, ¿cómo contribuye el diagrama en tal
contexto? Un examen –aún parcial y exploratorio– como el que se desarrolla en las
páginas que siguen (concentrado exclusivamente en ejemplos extraídos de los Libros
I y III) permite identificar algunas características o rasgos comunes y significativos.
El itinerario es el siguiente. En el apartado 1 estudiaremos dos teoremas
recíprocos (I.18-I.19) e identificaremos ciertos rasgos expresivos y estructurales
en sus demostraciones; en el 2, se analiza las demostraciones de otros dos teoremas
recíprocos (I.24-I.25), y evidencia una similitud notable entre estas y las estudiadas
en el apartado previo. El apartado 3 atiende a una formulación diversa de la relación
entre proposiciones recíprocas: no vía dos teoremas, sino a través de solo uno.
Aunque la diferencia en la formulación lingüística es irrelevante, dado que nos
interesan las respectivas demostraciones heterogéneas, la comparación resulta digna
de análisis, especialmente atendiendo a su dimensión diagramática. Finalmente, el
último apartado reúne las conclusiones alcanzadas.
5
Este contraste general (con matices propios) puede encontrarse, por ejemplo,
en Weaver (1988), Chateaubriand (2005), Giaquinto (2008). En particular, la
relevancia de la expresión (en términos estructurales) en el caso euclídeo puede
verse, por ejemplo, en Soane (2022).
6
Luego, cuando hablo de comunicacional o mediático sin más me refiero a la
trama expresivo-estructural, no en exclusividad a la dimensión expresiva.
51
Revista de Filosofía José Seoane
1.
Convendrá empezar fijando algunas ideas, esenciales para los desarrollos que
siguen. Dos teoremas recíprocos podríamos pensar que comunican (vía lingüística)
la vigencia de una bidireccionalidad inferencial. Un ejemplo:
En todo triángulo, el lado mayor subtiende al ángulo mayor.
En todo triángulo, al ángulo mayor lo subtiende el lado mayor.
En todo triángulo, dada la información de que determinado lado es el mayor,
entonces el ángulo que subtiende es el mayor.
En todo triángulo, dada la información de que determinado ángulo es el
mayor, entonces el lado que lo subtiende es el mayor.
La bidireccional inferencial referida podría exponerse quizá así:
Si LM(l,t) & SUB(l,a) entonces AM(a,t)
Si AM(a,t) & SUB(l,a) entonces LM(l,t)
-donde “l” es una variable que adopta como valores lados, “t” una variable
cuyos valores son triángulos, “a” una variable cuyos valores son ángulos, “LM” es
una relación que dice: “… es el lado mayor del triángulo…”, “AM” dice: “…es el
ángulo mayor del triángulo…”, y “SUB” es una relación que podríamos parafrasear
así: “…es el lado que subtiende al ángulo…”.
En esencia, ambos condicionales autorizan los pasajes inferenciales en las
dos direcciones antes aludidas; expresado en forma sucinta: desde el lado mayor al
ángulo mayor (subtendido por el lado) y la inversa. El ejemplo corresponde a los
teoremas recíprocos I.18 y I.19; el medio lingüístico permite comunicar exitosamente
ambos tránsitos. Pero, ¿qué ocurre a nivel diagramático?
En principio, parece razonable conjeturar que dicho nivel debería captar las
tres relaciones binarias protagónicas: LM, SUB, AM. Como se sabe, según el punto
de vista de Manders, la fidelidad inferencialmente relevante se restringe (en términos
de lectura diagramática) a las atribuciones coexactas7. Luego, podríamos sospechar
que puede ‘cocientarse’ la clase de diagramas euclídeos por la siguiente relación de
equivalencia: “admitir la misma lectura coexacta”. En tal caso, aunque eventualmente
7
La distinción entre atribuciones coexactas y exactas se encuentra en Manders
(2008b).
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Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
diferentes en términos exactos, podríamos tomar (a los fines inferenciales) como
iguales a dos diagramas pertenecientes a la misma clase de equivalencia8. Usaré
pues el predicado “iguales” (referido a diagramas) en tal acepción, y distinguiré
(en la misma clave) “zonas” o “porciones” o “partes” de un diagrama dado –a las
que llamaré ‘conformaciones diagramáticas’–. Estudiemos ahora este último punto.
Cuando examinamos un diagrama euclidiano (en este contexto) resulta útil
discriminar dos conformaciones diagramáticas o visuales; las denominaré ‘núcleo’
(N) y ‘diagramación auxiliar’ (D). El núcleo podría decirse que traduce gráficamente
(en forma total o parcial) la exposición (la échthesis)9; este puede, en algunos
casos, pensarse como zona o porción de una representación diagramática dada. La
diagramación auxiliar (que puede encontrarse presente o no en el diagrama bajo
estudio) extrae su motivación exclusivamente de las necesidades de la orquestación
heterogénea de la prueba (apódeixis); en términos intuitivos, podemos decir que
es adicional a N, constituyéndose así en un protagónico complemento gráfico del
texto propiamente demostrativo. Su descripción se encuentra, esencialmente, en
la construcción (kataskeué)10.
Usaremos ahora esta distinción entre configuraciones o partes del diagrama
para analizar nuestro primer ejemplo de proposiciones recíprocas: I.18-I.19.11
Empecemos por I.18, cuyo enunciado (prótaxis), como se adelantó, es el siguiente:
En todo triángulo el lado mayor subtiende al ángulo mayor.
8
Esto no supone, sin embargo, en la práctica inferencial, una insensibilidad absoluta
a una fidelidad más ambiciosa por parte del diagrama que incluya en cierta forma
aspectos exactos, especialmente, en la producción diagramática, ya que importa
atender a determinados niveles de interacción entre ambos aspectos (coexactos/
exactos) en la disciplina diagramática, esencial al control del raciocinio geométrico
tradicional (puede consultarse al respecto Manders, 2008b, en particular, p. 94
y ss.).
9
Seguiremos la tradicional división de Proclo de la demostración euclidiana; la
referencia clásica al respecto es Proclo (1970), p. 203 y ss.
10
Las referencias a las etapas identificadas por Proclo deben tomarse como
ilustrativas u orientadoras, no en una forma rigurosa. Las omisiones, variaciones y
entremezclarse de dichas etapas en la demostración euclidiana han sido estudiadas
finamente por Netz ( 1999b).
11
Sigo aquí la traducción de M.L. Puertas Castaños en Euclides (1991). Así mismo
he consultado, según el caso, Heath (1908a y b).
53
Revista de Filosofía José Seoane
El diagrama:
Diagrama 1 (I.18)
Si examinamos la demostración de este teorema: ¿cuál es N? Esta es la
exposición de I.18:
Sea ABΓ el triángulo que tiene el lado AΓ mayor que AB.
El núcleo podríamos decir que lo constituye el triángulo ABΓ:
La diagramación auxiliar está compuesta por los segmentos AΔ y ΔB. He
aquí como esta es justificada en la construcción:
Pues como AΓ es mayor que AB, hágase AΔ igual a AB [I.3], y trácese BΔ.
Pasemos ahora a I.19. Este es (tal cual se adelantó) su enunciado:
En todo triángulo el ángulo mayor lo subtiende el lado mayor.
Visitemos ahora el diagrama correspondiente:
54
Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
Diagrama 2 (I.19)
¿Cuál es N? La exposición de I.19:
Sea ABΓ el triángulo que tiene el ángulo ABΓ mayor que el ángulo BΓA.
El núcleo es igual (en nuestra acepción) al de I.18. No existe aquí diagramación
auxiliar, ni construcción.
Identificadas, en este contexto particular, las configuraciones diagramáticas
antes caracterizadas en forma general, usémoslas a los efectos de caracterizar mejor
el comportamiento de los diagramas recíprocos –es decir, aquellos que corresponden,
respectivamente, a cada uno de los teoremas que articulamos vía tal relación.
Una primera conjetura resulta plausible: N es común. Esto es: el núcleo es
el mismo. En este caso, las respectivas exposiciones respaldan esta coincidencia.
Difieren en la existencia de diagramación auxiliar: esta se encuentra presente en el
Diagrama 1, no así en el Diagrama 2. Este rasgo o característica podría expresarse
55
Revista de Filosofía José Seoane
sintéticamente así: N es común, conformaciones de tipo D pueden eventualmente
presentarse.
Un rasgo directamente asociado a N: el mantenimiento de las letras que
acompañan el diagrama. Esta característica reafirma comunicacionalmente la
igualdad referida, y colabora además en la articulación de ambos resultados (I.18
y I.19), lo que no equivale, como es obvio, a que las condiciones atribuidas en el
texto al diagrama sean las mismas. Por el contrario, estas deben funcionar en una
forma intuitivamente especular: mientras el texto de I.18 atribuye determinado
rasgo exacto al lado, I.19 hace lo propio respecto del ángulo respectivo. Es decir:
en el primero, el texto se encarga de establecer que AΓ es “mayor” que AB y en el
segundo que el ángulo ABΓ es “mayor” que el ángulo BΓA. Como señala Manders:
Cuando la disciplina diagramática está en vigor con respecto a una afirmación exacta
(veremos que en los argumentos por reducción al absurdo esto no siempre ocurre),
decimos que “el diagrama está sometido a” la atribución exacta; digamos, que una
línea AB es recta. El término “sometido a” demarca que, aunque el diagrama en
estas circunstancias no necesita satisfacer (y en general no lo hará) la condición
de una manera legible sin equívocos, se ha de apegar a ciertas normas en relación
con su función en el argumento, normas que podrían exigir el reemplazo del
diagrama en cualquier momento. (Manders 2008, 99, Manders en prensa, 348)
Luego podría decirse que en I.18 y en I.19 N (en cada uno de los diagramas
en cuestión) se encuentra sometido a atribuciones exactas diferentes; esta situación
refleja la articulación propia de los teoremas recíprocos. Pero quizá nos enseñe algo
más: cierta función expresiva de los diagramas que no se agota en los contextos
acotados de las proposiciones correspondientes, ya que en este caso parece desbordar
cada uno de estos y, al evidenciar un parentesco evidente entre ambas configuraciones
diagramáticas, construir una suerte de puente entre los resultados recíprocos.
Parece razonable asimismo conjeturar que, dada la riqueza de la diagramación
auxiliar y la construcción, la prueba de I.18 exhiba explícitamente una más profunda
interacción diagrama-texto que la de I.19. Es decir: la prueba de I.18 debería ser,
en forma explícita, más densa en términos del despliegue de la heterogeneidad
inferencial que la de I.19. Revisemos ahora dichos tramos argumentales.
Primero, I.18. He aquí la prueba:
Y puesto que AΔB es un ángulo externo al triángulo BΓΔ, es mayor que el interno
y opuesto ΔΓB [I.16]; pero el ángulo AΔB es igual al [ángulo] ABΔ, puesto que
el lado AB es también igual a AΔ; por tanto, el [ángulo] ABΔ también es mayor
que el [ángulo] AΓB; luego el [ángulo] ABΓ es mucho mayor que AΓB.
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Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
Desde el punto de vista que nos interesa, podríamos describir el desarrollo
de la prueba así: la aplicación de I.16, permite obtener que el ángulo AΔB es mayor
que ΔΓB (identificada la relación entre ellos vía el diagrama), y la aplicación de I.5,
permite inferir que el ángulo AΔB es igual al ángulo ABΔ (ya que, por construcción,
el lado AB es igual al lado AΔ,). Luego, ABΔ también es mayor que el ángulo AΓB
(pues el diagrama nos enseña que este es ΔΓB). Ahora ocurre el tramo inferencial
que más nos interesa: el diagrama nos informa que ABΔ es parte de ABΓ y entonces,
por NC5, el ángulo ABΔ es menor que el ángulo ABΓ, o sea: ABΓ es mayor que
ABΔ. Esta conclusión se apoya, por una parte, en una información provista por el
diagrama (la referida a la relación “ser parte de”), y, por otra, en NC5 (que permite
pasar de la relación “ser parte de” a la relación “ser menor que”)12. Así la lectora,
el lector advierte fácilmente la fortaleza heterogénea de este tramo argumentativo.
Como ya sabíamos que ABΔ es mayor que el ángulo AΓB, resulta transparente la
conclusión euclidiana: “ABΓ es mucho mayor que AΓB”13.
Ahora, I.19. Este teorema afirma: En todo triángulo, al ángulo mayor lo
subtiende el lado mayor.
Como se recuerda, la prueba se estructura con base en una suerte de esquema
de demostración por absurdo:
Porque si no, o bien AΓ es igual a AB, o es menor; ahora bien, AΓ no es igual a
AB; pues entonces sería también igual el ángulo ABΓ al [ángulo] AΓB [I.5], pero
no lo es; por tanto, AΓ no es igual a AB. Ni tampoco AΓ es menor que AB; pues
entonces sería menor el ángulo ABΓ que el ángulo AΓB (I.18); pero no lo es, por
lo tanto, AΓ no es menor que AB. Pero se ha demostrado que tampoco es igual.
Por tanto, AΓ es mayor que AB.
Revisemos el hilo inferencial, de acuerdo con nuestros intereses presentes.
La negación de lo que se pretende demostrar implica una disyunción: o bien AΓ es
igual a AB, o bien AΓ es menor a AB. Esta disyunción es falsa. ¿Por qué? Porque
ambos disjuntos lo son. Supongamos que AΓ es igual a AB. Por I.5, los ángulos
ABΓ y AΓB serían iguales. Pero, por hipótesis, esto es falso. Luego AΓ no es igual
a AB. Supongamos que AΓ es menor que AB. Pero entonces, por I.18, ABΓ sería
menor que AΓB. Pero, por hipótesis, esto es falso. Como la disyunción es falsa, la
12
Este uso combinado de información diagramática y NC5 es bosquejado en Lassalle
Casanave y Seoane (2016); una elaboración sólida y generalizada se encuentra
en De Risi (2021).
13
Esta parece ser una forma estable de cualificación de ciertas desigualdades en
Euclides. Ella parece responder a la situación siguiente: en general, si pruebo
que B es mayor que C y que A es mayor que B, afirmo que A es “mucho mayor”
que C.
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Revista de Filosofía José Seoane
suposición asumida (a saber, la falsedad del resultado pretendido) es falsa, o sea:
el resultado es verdadero. Podemos decir que, explícitamente, el raciocinio se ha
desarrollado en términos proposicionales. No hay nada semejante al protagonismo
diagramático que permitió obtener la información clave de parte-todo estudiado en
el caso anterior. Es en este sentido que el contraste diagramático entre estructuras-
N+D y estructuras-N parece reflejarse en forma elocuente en el estilo de la prueba:
esta posee una naturaleza más profundamente heterogénea (en su formulación
explícita) en el primer que en el segundo caso. Esta mayor densidad comparativa
(al inspeccionar uno y otro diagrama) de los del primer tipo respecto de los del
segundo quizá encierra la sugerencia de la primacía en el ordenamiento de las
proposiciones respectivas. Pero parece existir más información a registrar para
comprender mejor la ordenación de los teoremas.
Describamos, en forma esquemática, las categorías de objetos geométricos
que articulan, respectivamente, las dos pruebas: I.18 va desde lado a ángulo, I.19
desde ángulo a lado. Esta relación especular obviamente no es exclusiva de estos
resultados particulares; es propia de su naturaleza de recíprocos. Exploremos
qué resultados previos usados (en la justificación de I.18) vinculan una y otra
categoría en, hablando metafóricamente, igual dirección; podríamos decir que de
lados a ángulos nos habilitan al tránsito inferencial I.16 y I.5. Asimismo, el propio
teorema es un nuevo resultado puente. En I.19, como punto de partida, se asume
una propiedad del ángulo (es el mayor). Esto resulta perfectamente consiste con la
dirección inferencial: de ángulo a lado. Pero este es el punto a resaltar: al activar
la hipótesis de la negación del resultado pretendido, se redefine o se invierte la
vinculación categorial relevante. Es decir: la opción metodológica comentada activa
la articulación categorial ya estudiada, a saber: lado-ángulo. ¿Por qué? Porque lo
que debemos demostrar ahora es que la disyunción “o bien AΓ es igual a AB o
bien AΓ es menor a AB” es falsa. Pero esto supondrá transitar la dirección lado-
ángulo. Y, consecuentemente, aprovechar la acumulación ofrecida por la prueba
anterior. Dicho de otro modo: la apelación a la estrategia por absurdo posibilita
el uso del resultado anterior, pues activa la dirección inversa a la establecida
en el enunciado del teorema. Y esta alternativa refleja la articulación entre los
resultados recíprocos.
Dos aspectos relevantes parecen vislumbrarse en estas últimas consideraciones.
Por una parte, la mayor densidad del primer teorema parece respaldar su precedencia
en el orden expositivo euclidiano. Por otra, la “direccionalidad” estructural del
primer resultado (dada la relación de recíprocos entre ambos teoremas) hace que
la explotación inferencial en la demostración del segundo favorezca una opción
metodológica: la reducción al absurdo.
Visitemos ahora otros casos de teoremas recíprocos explícitos; aunque no
se pretende contemplar la totalidad de variantes en que se presenta esta importante
58
Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
relación en Euclides, se entiende de utilidad inspeccionar (en un examen preliminar
y exploratorio) algunas alternativas significativas.
2.
Dos teoremas recíprocos:
I.24 Si dos triángulos tienen dos lados del uno iguales respectivamente a dos lados
del otro, pero uno tiene el ángulo comprendido por las rectas iguales mayor que
el otro, también tendrá la base mayor que la otra.
I.25 Si dos triángulos tienen dos lados del uno iguales respectivamente a dos lados
del otro, pero tienen la base (del uno) mayor que la base (del otro), también tendrán
el ángulo comprendido por las rectas iguales (del uno) mayor que el del otro.
El diagrama protagónico en I.24 es el siguiente:
Diagrama 3 (I.24)
¿Cuál es N? La exposición:
59
Revista de Filosofía José Seoane
Sean ABΓ, ΔEZ dos triángulos que tienen los dos lados AB, AΓ, iguales a los dos
lados ΔE, ΔZ, respectivamente: AB a ΔE y AΓ a ΔZ, pero el ángulo correspondiente
a A sea mayor que el ángulo correspondiente a Δ.
El núcleo diagramático se compone de los dos triángulos ABΓ y ΔEZ.
La construcción corre así:
Pues como el ángulo BAΓ es mayor que el ángulo EΔZ, constrúyase la recta ΔE
y en su punto Δ el (ángulo) EΔΓ igual al ángulo BAΓ [I.23], y hágase ΔH igual a
una de las dos rectas AΓ, ΔZ, y trácese EH, ZH.
La diagramación auxiliar está compuesta por los segmentos ΔH (que debe
cumplir los dos requisitos especificados: hacer EΔΓ igual a BAΓ y ΔH igual a una
de las dos AΓ o ΔZ), EH y EZ.
Recuérdese que lo que debe demostrarse es que la base BΓ es mayor que la
base EZ. Ahora concentrémonos en la prueba:
Pues bien, como AB es igual a ΔE, y AΓ a ΔH, las dos (rectas) BA, AΓ son iguales
respectivamente a las dos (rectas) EΔ, ΔH; y el ángulo BAΓ es igual al ángulo
EΔH; por tanto, la base BΓ es igual a la base EH [I.4]. Asimismo, como ΔZ es
igual a ΔH, el ángulo ΔHZ es también igual al ángulo ΔZH [I.5]; por tanto, el
(ángulo) ΔZH es mayor que el (ángulo) EHZ; entonces, el (ángulo) EZH es mucho
mayor que el ángulo EHZ. Y dado que EZH es un triángulo que tiene el ángulo
EZH mayor que el (ángulo) EHZ y el ángulo mayor lo subtiende el lado mayor
[I.19], entonces el lado EH es también mayor que el lado EZ. Pero EH es igual a
BΓ; por tanto, BΓ es mayor que EZ.
Examinemos el hilo inferencial desde el punto de vista de la cooperación
visual-lingüística. La igualdad de las bases BΓ y EH resulta de aplicar I.4. La
igualdad de los ángulos ΔHZ y ΔZH, de aplicar I.5, pues ΔZ y ΔH son iguales
por construcción. De un modo análogo a I.18, a partir del diagrama, obtenemos la
información que EHZ es parte de ΔHZ, y, por NC5, EHZ es menor que de ΔHZ,
y como este último es igual que ΔZH, ΔZH es mayor que EHZ. Nuevamente el
diagrama: ΔZH es parte de EZH, y, por NC5, ΔZH es menor que EZH. O sea:
EZH es mayor que ΔZH. Resulta ahora transparente que EZH es “mucho mayor”
que EHZ. Como, en el triángulo EZH, el ángulo EZH es mayor que EHZ y “el
ángulo mayor lo subtiende el lado mayor” (I.19), EH es mayor que EZ. Como EH
es igual a BΓ, concluimos que la base BΓ es mayor que la base EZ. La intensidad
de la cooperación heterogénea se destaca en forma elocuente en, por así decirlo,
la doble intervención diagrama-NC5.
60
Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
Visitemos ahora I.25. El diagrama:
Diagrama 4 (I.25)
¿Cuál es N? La exposición:
Sean ABΓ, ΔEZ dos triángulos que tienen los dos lados AB, AΓ, iguales a los dos
lados ΔE, ΔZ, respectivamente: AB a ΔE y AΓ a ΔZ, pero sea la base BΓ mayor
que la base EZ.
A partir de la lectura de la exposición resulta evidente que se trata del mismo
N -recordar: en la acepción definida antes. Es decir, el núcleo está compuesto por
los dos triángulos ABΓ y ΔEZ; adviértase asimismo la coincidencia en las letras.
Como es evidente, no existe aquí diagramación auxiliar (como en I.19).
Aquello que debe demostrarse es que el ángulo BAΓ es mayor que el ángulo
EΔZ. Ahora examinemos la prueba:
Pues si no, o bien es igual a él o bien menor; ahora bien, el (ángulo) BAΓ no es
igual al ángulo EΔZ; pues la base BΓ también sería igual a la base EZ [I.4]; pero
61
Revista de Filosofía José Seoane
no lo es. Por tanto, el ángulo BAΓ no es igual al (ángulo) EΔZ; pero el (ángulo)
BAΓ tampoco es menor que el (ángulo) EΔZ; pues la base BΓ también sería
menor que la base EZ [I.24]; pero no lo es; por tanto, el ángulo BAΓ tampoco es
menor que el (ángulo) EΔZ. Pero se ha demostrado que tampoco es igual; luego
el (ángulo) BAΓ es mayor que el (ángulo) EΔZ.
Analicemos la trama inferencial. La negación de lo que se pretende demostrar
implica una disyunción: o bien BAΓ es igual que el ángulo EΔZ , o bien BAΓ
es menor que el ángulo EΔZ. Esta disyunción es falsa. ¿Por qué? Porque ambos
disjuntos lo son. Supongamos que BAΓ es igual a EΔZ. Dado que los lados AB y
AΓ son respectivamente iguales a los lados ΔE y ΔZ, si asumimos dicha igualdad,
por I.4, las bases BΓ y EZ serían iguales. Por hipótesis, no lo son. Luego, BAΓ
no es igual que el ángulo EΔZ. ¿Es menor? No. Si el ángulo BAΓ fuera menor
que el ángulo EΔZ, por I.24, la base EZ sería mayor que la base BΓ. Por hipótesis,
no lo es. Luego BAΓ no es igual, ni es menor que el ángulo EΔZ. Luego BAΓ es
mayor que el ángulo EΔZ. Como la disyunción es falsa (o bien BAΓ es igual que
el ángulo EΔZ, o bien BAΓ es menor que el ángulo EΔZ), la suposición asumida (a
saber: la falsedad del resultado pretendido, es decir, la falsedad del [ángulo] BAΓ
es mayor que el [ángulo] EΔZ) …es falsa, o sea: el resultado es verdadero. No
hay nada semejante a la intensidad de la complementación heterogénea (la doble
intervención diagrama-NC5) que observamos en I.24. Luego se evidencia nuevamente
el contraste entre estructuras diagramáticas N+D y estructuras diagramáticas N en
términos de complejidad (al igual que en I.18-I.19). Con las adaptaciones obvias
cabe reiterar aquí las observaciones realizadas al par I.18-I.19, que se desprenden
de esta situación.
Como ha sido ya consignado, las formas de expresarse la relación de
recíprocos son múltiples y no se pretende agotar su análisis; sin embargo, posee
cierto interés subrayar el patrón inferencial común que subyace a estos casos.
Tal patrón resulta útil, por ejemplo, para analizar demostraciones como las de
III.18-III.19; aunque estas no ilustran la totalidad de los rasgos identificados en
los casos discutidos hasta aquí, exhiben en forma elocuente algunas significativas
características comunes: compartir N (incluyendo la atribución de letras) y recurrir
(por parte de III.19) al teorema III.18, explotando la direccionalidad invertida vía
absurdo. Las demostraciones de III.18 y III.19 merecerán un comentario adicional
en la última sección de este artículo.
62
Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
3.
Los resultados recíprocos estudiados arriba han sido formulados en los Elementos
como duplas o parejas de proposiciones –es decir: I.18-I.19, I.24-I.25–. En general,
desde el punto de vista lingüístico, que la relación de recíprocos se exprese a través
de dos teoremas o uno no parece revestir mayor interés. Pues es trivial como ir de un
formato al otro: o se articulan en una conjunción o se desagregan los conjuntivos.
Pero, desde el punto de vista de la demostración y, en particular, del diagrama, quizá
merezca atenderse la situación cuando Euclides opta por formular nuestra relación
vía una única proposición. ¿Ocurrirá una suerte de equivalencia con un hipotético
caso puramente lingüístico? ¿Simplemente se tratará de superponer o desacoplar
diagramas? Estudiemos dos ejemplos pertenecientes al libro III: III.3 y III.14.
El enunciado de III.3 es el siguiente:
Si en un círculo una recta (trazada) a través del centro divide en dos partes iguales
a otra recta no (trazada) a través del centro, la corta formando también ángulos
rectos; y si la corta formando ángulos rectos, la divide también en dos partes iguales.
El diagrama:
Diagrama 5 (III.3)
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Revista de Filosofía José Seoane
¿Cuál es N? La exposición:
Sea ABΓ el círculo y en él una recta ΓΔ (trazada) a través del centro divida en
dos partes iguales a una recta AB no (trazada) a través del centro, por el punto Z.
N contiene las dos rectas ΓΔ y AB, y el punto Z.
¿Cuál es D? La construcción:
Tómese, pues, el centro del círculo ABΓ y sea E, y trácese EA, EB.
D incluye el punto E y las rectas EA, EB.
La prueba:
Ahora bien, como AZ es igual a ZB y ZE es común, los dos (lados) son iguales a
los dos (lados). Y la base EA es igual a la base EB; por tanto, el (ángulo) AZE es
igual al (ángulo) BZE [I.8]. Pero cuanto una recta levantada sobre otra recta hace
los ángulos adyacentes iguales entre sí, cada uno de los ángulos iguales es recto
[I, Def. 10]; por tanto, cada uno de los (ángulos) AZE, BZE es recto. Luego ΓΔ
(trazada) a través del centro dividiendo en dos partes iguales a AB no (trazada) a
través del centro, la corta también formando ángulos rectos.
Pero ahora corte ΓΔ a AB formando ángulos rectos.
Digo que también la divide en dos partes iguales, es decir, que AZ es igual a ZB.
Pues, siguiendo la misma construcción, como EA es igual a EB, el ángulo EAZ
es también igual al (ángulo) EBZ [I.5]. Pero el (ángulo) recto AZE es igual al
(ángulo) recto BZE; por tanto, EAZ, EZB son dos triángulos que tienen dos
ángulos iguales a dos ángulos, y un lado igual a un lado, el común a ambos EZ,
que subtiende uno de los ángulos iguales; luego tendrá también los lados restantes
iguales a los lados restantes [I.26]; así pues, AZ es igual a ZB.
La prueba incluye dos resultados perfectamente diferenciados, y sus
tramas demostrativas correspondientes. Por razones de comodidad, llamémosles,
respetando el orden de aparición en el texto, Resultado 1 y Resultado 2. Descritas
las articulaciones categoriales en forma estilizada, podríamos decir que el primero
va de rectas a ángulos y el segundo, de ángulos a rectas; no hay aquí sorpresas:
simplemente se trata de la bidireccionalidad de los recíprocos. La demostración del
segundo, a diferencia de los casos anteriores, no apela al uso de la estrategia propia
de la demostración por el absurdo y, consecuentemente, respeta aquella orientación
en la inferencia, es decir, la propia que dimana de la bidireccionalidad aludida (en
el primer resultado, se supone lo afirmado por el antecedente del condicional, y se
64
Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
prueba el consecuente; en el segundo, se asume este último y se prueba el primero).
¿Cómo puede el diagrama servir a ambos tránsitos deductivos? Explotando la
ambigüedad interpretativa del diagrama14. Desde el texto se mudan las atribuciones
exactas en uno y otro caso. En la demostración del Resultado 1, el texto atribuye
igual longitud a las rectas, en el Resultado 2 la igualdad se atribuye a los ángulos.
Esta política supone el sometimiento (en el sentido de Manders) del diagrama en
dos momentos distintos del desarrollo inferencial, análogo a lo que ocurre en los
casos de pares recíprocos analizados en los apartados previos.
Pero quizá el comportamiento diagramático más contrastante con los casos
anteriores es la explotación (en la demostración de ambos resultados) de una sola
estructura N+D. En la demostración del Resultado 1, apelando a la hipótesis,
afirmamos que AZ y ZB son iguales, EZ es compartido y las bases de los triángulos
EAZ y EZB son iguales (por ser radios del círculo), entonces puedo aplicar I.8: los
ángulos AZE y BZE son iguales. La Definición I.10 nos permite afirmar que son
rectos. En la demostración del Resultado 2, “siguiendo la misma construcción”,
EA y EB son iguales por ser radios del círculo, y así el triángulo AEB es isósceles;
por I.5 los ángulos de su base son iguales: EAZ y EBZ. Los triángulos EAZ y EZB
tienen dos ángulos iguales (EAZ es igual a EBZ y AZE es igual a BZE pues ambos
son rectos) y un lado igual (EZ, el común) que subtiende uno de los ángulos iguales,
entonces, por I.26, podemos afirmar que AZ es igual a ZB15. No se trata entonces
(meramente) de que se use el mismo diagrama, sino que se lo usa en ambos casos,
por así decirlo, a cabalidad. Luego, aunque podría entenderse la construcción
diagramática como peculiar adición de los diagramas respectivos, no existe una
razón obvia para interpretarlo así. Quizá podría sospecharse otra posibilidad: la
de una articulación novedosa entre diagrama y texto en estos resultados, que se
vincula a su formulación lingüística como un único teorema y no a una dualidad
o pareja de recíprocos.
14
La identificación del tipo de ambigüedad diagramática en Euclides que podemos
denominar interpretativa es introducida en Seoane 2021a. Esta refiere a la capacidad
del diagrama de admitir diversas lecturas exactas a partir de la intervención
lingüística de la prueba.
15
Este pasaje deductivo es una bella ilustración de lo que hemos denominado
ambigüedad perceptual o figural del diagrama euclídeo, a saber: la posibilidad,
ante un mismo diagrama, de “configurarlo” de formas alternativas. En este caso,
el mismo diagrama es el triángulo AEB y los dos triángulos EAZ y EZB. Esta
duplicidad de lectura, como se aprecia, es esencial en la articulación deductiva
(estas ideas se desarrollaron independientemente y con algunos matices
diferentes en Macbeth 2010 y Seoane 2021b). Es así mismo un buen ejemplo
de las complejas relaciones entre propiedades expresivas e inferenciales en la
demostración matemática.
65
Revista de Filosofía José Seoane
Una buena oportunidad para sopesar la sospecha sugerida antes consiste en
el examen de III.14. Su enunciado:
En un círculo las rectas iguales están a la misma distancia del centro y las que
están a la misma distancia del centro son iguales entre sí.
Su diagrama:
Diagrama 6 (III.14)
¿Cuál es N? La exposición:
Sea ABΓΔ el círculo, y sean iguales en él las rectas AB, EΔ,
N contiene entonces el círculo ABΓΔ y las rectas AB, EΔ,
¿Cuál es D? La construcción:
Tómese, pues, el centro del círculo ABΓΔ [III.1] y sea E, y trácese EZ, EH
perpendiculares a AB, ΓΔ. Y trácese AE, EΓ.
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Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
D incluye entonces el punto E, las rectas EZ, EH perpendiculares a AB, ΓΔ
y las rectas AE, EΓ.
La prueba:
Y como una recta que pasa por el centro, la EZ, corta formando ángulos rectos a
otra recta que no pasa por el centro, la AB, también la divide en dos partes iguales
[III.3]. Por tanto, AZ es igual a ZB; luego AB es el doble de AZ. Por lo mismo, ΓΔ
es también el doble de ΓH; AB es, asimismo, igual a ΓΔ; por tanto, AZ es también
igual a ΓH. Y como AE es igual a EΓ, el (cuadrado) de AE es también igual al
(cuadrado) de EΓ. Pero los cuadrados de AZ, EZ son iguales al (cuadrado) de AE;
porque el ángulo correspondiente a Z es recto; y los (cuadrados) de EH, HΓ son
iguales al (cuadrado) de EΓ; porque el ángulo correspondiente a H es recto [I.47];
por tanto, los cuadrados de AZ, ZE son iguales a los cuadrados de ΓH, HE, de
los cuales el cuadrado de AZ es igual al (cuadrado) de ΓH; luego el (cuadrado)
restante de ZE es igual al cuadrado de EH; así pues, EZ es igual a EH. Pero en un
círculo se dice que dos rectas están a la misma distancia del centro, cuando las
perpendiculares trazadas desde el centro hasta ellas son iguales (III, Def. 4]; por
tanto, AB, ΓΔ están a la misma distancia del centro.
Pero ahora estén a la misma distancia del centro las rectas AB, ΓΔ, es decir sea
EZ igual a EH.
Digo que AB es también igual a ΓΔ.
Pues, siguiendo la misma construcción, demostraríamos de modo similar que AB
es el doble de AZ, y ΓΔ (el doble) de ΓH; y como AE es igual a ΓE, el cuadrado
de AE es igual al cuadrado de ΓE; pero los cuadrados de EZ, ZA son iguales al
cuadrado de AE, y los cuadrados EH, HΓ son iguales al cuadrado de ΓE [I.47].
Por tanto, los cuadrados de EZ, ZA son iguales a los cuadrados de EH, HΓ; de
los cuales el cuadrado de EZ es igual al cuadrado de EH, porque EZ es igual a
EH; luego el cuadrado restante de AZ es igual al (cuadrado) de ΓH; así pues, AZ
es igual a ΓH; y AB es el doble de AZ, y ΓΔ es el doble de ΓH; por tanto, AB es
igual a ΓΔ.
Nuevamente, la prueba incluye los dos resultados, y sus correspondientes tramas
demostrativas. Un aspecto interesante es que la especularidad propia de la relación
de recíproco, en este caso, no involucra la categoría de los objetos relacionados: se
trata, por así decirlo, de una especularidad predicativa. En el sentido esquemático
ya utilizado aquí, podemos decir que el Resultado 1 va de la igualdad de las rectas
referidas a su igual distancia (del centro) y que el Resultado 2 va de igual distancia
(del centro) a igual longitud (de las rectas referidas). La demostración del segundo
tampoco apela a la estrategia del absurdo. La pregunta fundamental: ¿cómo el
diagrama opera en ambos tránsitos deductivos? Por supuesto: apoyándose en la
ambigüedad interpretativa (y, obviamente, valiéndose de la ambigüedad figural). En
el Resultado 1, usando la Definición 10 (del libro I) y III.3, podemos afirmar que
EZ dividen en dos partes iguales a BA, es decir: AZ es igual a BZ. Luego AB es el
67
Revista de Filosofía José Seoane
doble de AZ. ΓΔ es entonces el doble de ΓH –recuérdese la hipótesis–. Y, luego, AZ
es igual a ΓH. Por ser radios del círculo AE y EΓ son iguales y así el cuadrado de
AE es igual al cuadrado de EΓ. Pero los cuadrados de AZ y EZ son iguales a AE y
los cuadrados EH y HΓ son iguales al cuadrado de EΓ –por I.47, ya que los ángulos,
respectivamente, Z y H son rectos–. Luego los cuadrados AZ, ZE son iguales a
los cuadrados ΓH, HE. Dado que AZ es igual a ΓH, el cuadrado de AZ es igual al
cuadrado ΓH. Y así el cuadrado ZE es igual al cuadrado EH, de donde EZ es igual
a EH. Por Definición 4, del Libro III: las rectas AB y ΓΔ están a igual distancia del
centro. El Resultado 2, siguiendo la misma construcción como en el caso anterior,
se demuestra de modo semejante, usando protagónicamente I.47; explotando ahora
que están las rectas en cuestión a la misma distancia del centro, el cuadrado de EZ
es igual al cuadrado de EH y así los cuadrados AZ y ΓH son iguales, de donde AZ
y ΓH son iguales. Por III.1 AB es el doble de AZ y ΓΔ es el doble de ΓH, luego AB
es igual a ΓΔ. La ductilidad del diagrama se basa nuevamente en su ambigüedad
interpretativa: en el Resultado 1 el texto atribuye la igualdad a las rectas AB y
ΓΔ, en el Resultado 2 el texto atribuye la igualdad a EZ y EH. Como se advierte,
el diagrama es usado a cabalidad en los dos tránsitos inferenciales. Dicho de otra
forma, aunque la sospecha sugerida en el examen del caso anterior no se prueba, su
plausibilidad resiste este test modesto. Más que la yuxtaposición de dos diagramas,
el escenario parece consistir en que el único diagrama usado cabalmente se asocia
a la formulación lingüística en clave bicondicional, como formulación de un único
teorema. Las características restantes siguen la misma pauta que el caso previo,
en especial, el sometimiento del diagrama a las atribuciones exactas especulares
en los momentos correspondientes a las demostraciones de uno y otro resultado.
Como el lector o la lectora ya ha advertido, este aspecto vincula a estos casos con
los ejemplos tratados en los apartados 1 y 2.
4.
El estudio de teoremas recíprocos en Euclides debiera contemplar más variantes
que aquellas que (en forma inicial y modesta) se han tratado en estas páginas. Por
ejemplo, existen casos de resultados de este tipo que se presentan como relación,
por decirlo en forma algo imprecisa, entre un resultado y una parte o fragmento
de otro. Así podría quizá pensarse, por citar un caso, la relación entre I.5 (En los
triángulos isósceles los ángulos de la base son iguales entre sí, y prolongadas las
dos rectas iguales, los ángulos situados bajo la base serán iguales entre sí) y I.6 (Si
dos ángulos de un triángulo son iguales entre sí, también los lados que subtienden
a los ángulos iguales serán iguales entre sí). Por otra parte, hay pares de teoremas
recíprocas que, aunque poseen un parentesco relevante con las demostraciones
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Teoremas recíprocos en Euclides… Revista de Filosofía
analizadas en los apartados 1 y 2, poseen una diferencia estructural (esto es: poseen
una estructura infinita) por la cual merecerían un tratamiento particular (III.18-
III.19)16. En pocas palabras: existen múltiples ejemplos a examinar.
Sin embargo, este estudio limitado y preliminar permite afirmar razonadamente
algunas ideas significativas. En primer término, podemos identificar, a nivel diagramático,
ciertas características o rasgos que revelan o traducen la singularidad de la relación
que nos interesa y que se encuentra perfectamente especificada a nivel proposicional.
Rasgos estos que responden ya a la producción, ya a la lectura de los diagramas. A
la producción, en la acepción de la igualdad del núcleo y de la selección de letras; a
la lectura, en la modalidad de sometimiento del diagrama al texto.
En segundo lugar, los rasgos referidos a la producción podríamos quizá decir
que corresponden (en un sentido amplio) a la disciplina de diagramas y suponen
una novedad: exceden las normas de confección del diagrama en relación con la
demostración particular; su propósito parece residir en establecer cierta articulación
entre los diagramas correspondientes a demostraciones singulares de proposiciones
diferentes17. La motivación (en este caso) podríamos conjeturar que consiste en
comunicar en forma óptima la relación en cuestión.
En tercer lugar, el rasgo de lectura arriba atribuido supone una explotación
de la cooperación visual-lingüística asociada a la ambigüedad interpretativa del
diagrama, y a la división del trabajo en la lectura de los rasgos atribuibles al
diagrama. Dicho en forma rápida: estamos autorizados a leer en el diagrama casi
exclusivamente atribuciones coexactas, y en el texto atribuciones exactas.
En cuarto lugar, tales opciones estimulan eventualmente ciertas opciones
metodológicas inferenciales y sugieren el orden de aparición de las proposiciones
independientes o el de los resultados respectivos (si se presentan en un solo teorema).
Esta observación debe tomarse cum grano salis, y no en forma rígida, habida cuenta
de diferencias apreciables en el tratamiento de estas dos opciones.
En general, las consideraciones resultantes no pueden leerse como conclusiones
definitivas, sino más bien aproximaciones parciales y provisorias; sin embargo,
parecen fundamentar razonablemente la agrupación y comparación de casos, a
partir de la identificación de los rasgos arriba enumerados.
16
Esta clase de demostraciones ha sido especificada por Netz (1999a, cap. 6); un
análisis del estilo heterogéneo inferencial de estas se puede leer en Seoane (2022).
17
Manders caracteriza la disciplina de diagramas como el ejercicio adecuado de
habilidades al producir los diagramas (aun imperfectos) que exige la práctica”
(Manders 2008, p. 89 y Manders en prensa, p. 348). Este autor parece estar
pensando en habilidades orientadas a responder a las exigencias exclusivamente
inferenciales, pero una lectura más hospitalaria de dicha disciplina diagramática
quizá pudiera hacer lugar a este tipo de requerimientos.
69
Revista de Filosofía José Seoane
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