Catolicismo
Según la doctrina católica, al morir, cada persona experimenta el juicio particular, en el
que su alma se presenta ante Dios. Este momento define su destino eterno, basado en la
relación con Dios durante su vida terrenal. Las opciones son tres: el cielo, el purgatorio o
el infierno. Este juicio es personal y sucede inmediatamente después de la muerte.
Además del juicio particular, la fe católica enseña que al final de los tiempos ocurrirá la
resurrección de los muertos y el juicio universal. En este momento, los cuerpos
resucitarán glorificados y se reunirán con sus almas. Este evento marcará la victoria final
de Dios sobre el mal, restaurando el orden y confirmando los destinos eternos. Los
rituales de la muerte en el catolicismo incluyen el viático (la comunión antes de la muerte)
y la Unción de los enfermos (para restaurar la salud espiritual y física). Después de la
muerte, se celebra una misa exequial, se realiza un último adiós al cuerpo, seguido de
un rito en el cementerio o crematorio, y luego pueden realizarse misas posteriores como
el novenario o el aniversario
Judaísmo
El judaísmo concibe la muerte como una parte natural del ciclo de la vida, enfatizando la
importancia de vivir plenamente la presente existencia en lugar de preocuparse por un
más allá incierto. El judaísmo tradicional enseña que después de la muerte nuestros
cuerpos van a la tumba, pero nuestras almas van ante Dios para ser juzgadas. El
pensamiento judío tradicional es que sólo los más justos van directamente al cielo; todos
los demás deben ser limpiados de los pecados pendientes. No se hace duelo formal
cuando el fallecido es un bebé con menos de 30 días, cuando muere un individuo que se
ha convertido al judaísmo procedente de otra religión o cuando se ha cometido suicidio,
aunque aquí decide el rabino si las circunstancias emocionales del suicida le hacían no
ser consciente de su acto. Tampoco se hace un duelo cuando falta el cadáver, hasta que
se le declara fallecido, o cuando este es incinerado o es colocado en un mausoleo en
lugar de ser enterrado bajo tierra. La enfermedad puede verse como una ruptura de la
armonía con Dios o como una aflicción que puede requerir un castigo divino, pero el
enfoque principal es la obligación de curar, buscar ayuda médica y prolongar la vida.
Hinduismo
En el hinduismo, la muerte es concebida como una transición, no un final definitivo, sino
el «samsara», el ciclo de vida, muerte y renacimiento, donde el alma (atman) abandona el
cuerpo físico para reencarnar en una nueva forma o, en última instancia, alcanzar la
liberación (moksha), la unión con lo divino. Se cree que el alma de la persona fallecida
renace en otro cuerpo, pero debe ser incinerada para ascender al plano espiritual. Esta
transición es facilitada por rituales funerarios que buscan asegurar un paso fluido para el
alma y honrar al difunto. Cuando una persona entra en una fase cercana a fallecer, los
seres queridos se mantienen alrededor suyo, rodeando su cama. Cuando la muerte es
más inminente, los familiares lo bajan de la cama al suelo a la vez que recitan oraciones
sagradas en sánscrito, mantras, y se intenta que el moribundo beba agua del río Ganges,
considerado como río sagrado. Cuando fallece es costumbre que las mujeres entren en
un trance de desgarramiento mediante gritos de dolor y pena expresadas con
vehemencia. Tras la muerte se procede a los baños sagrados del cuerpo, envueltos en un
paño blanco. La ceremonia dura doce días, en los cuales la familia duerme en el suelo y
solo ingiere comida vegetariana. Durante esos días por la mañana y por la tarde realizan
baños rituales, cantos de mantras y visitan al cuerpo envuelto, que espera ser incinerado
en una fecha que un sacerdote determine en base a cálculos astrológicos. es vista como
un sufrimiento necesario para el aprendizaje y el crecimiento espiritual, una oportunidad
para expiar acciones pasadas (karma) y para restaurar el equilibrio y la armonía del ser.
Budismo
El budismo ve la muerte como una transición natural, no un fin, dentro del ciclo continuo
de renacimientos (samsara), donde la conciencia se transforma y continúa su camino
influenciado por las acciones pasadas, los budistas creen en la reencarnación tras la
muerte del cuerpo físico, dependiendo la calidad de la siguiente reencarnación del modo
de vida llevado a cabo en las vidas previas, básicamente en la actual, que condiciona en
gran medida la siguiente.
Una vez muere la persona, su cuerpo no debe ser tocado, movido o perturbado durante
un mínimo de tres días porque, para los budistas, la conciencia no abandona el cuerpo de
inmediato. Esta práctica se permite en España mediante un protocolo funerario pionero. El
cuerpo debe mantenerse en frío. El velatorio o velorio se realiza normalmente en casa del
fallecido o en un tanatorio, de cuerpo presente. Se puede invitar a monjes budistas para
dirigir cánticos o recitar sutras. Tradicionalmente, la familia viste de blanco, o se cubre con
un paño blanco, y los dolientes deben usar ropa sencilla y de color oscuro. Pasados los
días estipulados, se lleva a cabo la incineración o inhumación y, a partir de ahí, da inicio
un calendario con fechas fijadas en las que realizar las ceremonias que, según la tradición
vajrayana, son: Ceremonia diaria: durante la primera semana después del fallecimiento,
es costumbre celebrar una pequeña ceremonia diaria de rezos. Ceremonia semanal: que
los familiares llevan a cabo durante los siguientes cuarenta y nueve días (siete semanas).
Esto es así porque se considera que la disolución completa de un fallecido dura siete
ciclos de siete días. Ceremonia de despedida final a los cuarenta y nueve días. El ciclo se
cierra con una ceremonia solemne que tiene lugar justo cuarenta y nueve días después
del fallecimiento. Familiares, amigos, conocidos e invitados participan en esta gran
ceremonia. Por último, se celebra una ceremonia anual en memoria del difunto durante
los siete años siguientes. El budismo considera que la enfermedad no debe ser vista con
temor, sino como una oportunidad para lograr la revolución humana que conduce a
manifestar el estado de budeidad. El budismo nos permite convertir las enfermedades en
una fuerza para triunfar en la vida.
¿Cómo concibo la muerte? ¿Qué concepto tengo de ella?
Considero que es un proceso de transición en donde el alma pasa de un plano físico a
uno más elevado de conciencia, ya que el alma a logrado concluir con su objetivo en la
vida.
¿Qué considero que hay después de la muerte?
Siento que nuestra alma ira con Dios y eso es al plano donde hay paz, armonía y amor.
Considero que cada alma a decido llegar al plano físico para aprendizajes que expandan
su nivel de conciencia y una vez concebido y acompañado de sus guías espirituales, es
momento de trascender.
¿Qué rituales o ritos he practicado o práctico cuando un ser querido ha muerto?
No he vivido una experiencia de duelo cercana de algún ser querido, pero si me da miedo
el hecho de que suceda cuando menos me lo espere, ahora en la segunda clase que
tuvimos con los ejercicios realizados durante la sesión y leyendo el libro de la rueda de
vida de Elisabeth Kübler, me di cuenta que no le había tomado importancia al tema de la
muerte lo cual me ha llevado a reflexionar y tomar conciencia de que mis seres queridos
no siempre estarán en este plano físico y que no estoy valorando la vida con ellos ya que
le doy prioridad a otras cosas y pospongo actividades que me gustaría hacer con ellos,
así como en mi propia vida postergo cosas por miedo, inseguridad, perfeccionismo y que
es un buen momento para hacer cambios en cómo voy llevado mi vida.
¿Cómo concibo la enfermedad?
Es un momento de la vida que es inevitable, que va acompañado de sufrimiento y dolor
físico, emocional y mental, no solo se ve afectado el que la padece, si no los seres
queridos que lo rodean. Hay miedo, frustración y uno no sabe cómo lidiar con esas
emociones, incluso expresar lo que está sucediendo.