54-2010 Inconstitucionalidad Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia.
San Salvador, a
las catorce horas con veinte minutos del día veinte de octubre de dos mil diez. Por recibido el Oficio N°
25, de fecha 16-VIII-2010, suscrito por la Secretaria del Juzgado Quinto de lo Civil y Mercantil de San
Salvador, mediante el cual remite certificación de la resolución pronunciada por ese tribunal el 12-VIII-
2010 en la que se declaró la inaplicabilidad de los arts. 40 y 46 del Código Procesal Civil y Mercantil
(CPrCyM), emitido mediante Decreto Legislativo N° 712, de fecha 14-XI-2008, publicado en el Diario
Oficial N° 224, Tomo N° 381, de fecha 27-XI-2008. I. 1. Por Decreto Legislativo N°45, de fecha 6-VII-2006,
publicado en el Diario Oficial N°143, Tomo N°372, de fecha 7-VIII-2006, la Ley de Procedimientos
Constitucionales fue reformada, mediante la adición de un tipo especial de inconstitucionalidad, cuando
ésta haya sido advertida por algún tribunal de justicia. En dicha regulación el Legislador dejó
indeterminado el trámite a seguir para alcanzar una sentencia de fondo; sin embargo, y atendiendo a
una interpretación integrada de todas las disposiciones de la Ley de Procedimientos Constitucionales y
que guarde congruencia con la Constitución, esta clase de procesos deberá desarrollarse en
concordancia con el texto normativo -en materia de plazos, informes, traslados y demás- que aporta el
Título II de la [Link]., y más específicamente con el trámite previsto por los arts. 7, 8 y 9 de la referida
ley. Lo anterior, debido a que una de las finalidades determinantes para la reforma de las disposiciones
que regulan el control difuso de constitucionalidad de las leyes -art. 185 Cn.- , consiste en la unificación
de criterios, por parte de esta Sala, respecto de las normas constitucionales aplicadas por los tribunales
de la República. Para una mejor comprensión de lo apuntado, es necesario afirmar que el proceso de
inconstitucionalidad tiene como finalidad verificar la confrontación normativa entre las disposiciones
impugnadas y las disposiciones constitucionales propuestas como parámetro de control y, emitir un
pronunciamiento de carácter general y obligatorio con efectos erga omnes, en caso de que las primeras
efectivamente vulneren derechos, principios o garantías consignados en las segundas (art. 183 Cn). Por
su parte, la declaratoria de inaplicabilidad genera efectos sobre la aplicación de una disposición o
cuerpo legal con respecto a un caso específico juzgado por un tribunal ordinario -efectos interpartes,
art. 185 Cn.- Ambos controles de constitucionalidad no son excluyentes entre sí, lo que implica que su
interrelación se desarrolla en torno al control abstracto de las disposiciones 1 inaplicadas en un
determinado proceso -control concentrado-, con independencia de los efectos que la inaplicación de las
disposiciones consideradas inconstitucionales por el juez en ese proceso -control difuso- puedan haber
producido sobre las partes. Por las razones expuestas, resultaría inadecuado crear un procedimiento
especial o particular para el proceso de inconstitucionalidad iniciado vía remisión de inaplicabilidades
que declaran los tribunales de la República. El control difuso mantiene su independencia en relación con
las particularidades de cada caso, pero para declarar de forma general y abstracta la constitucionalidad
de las disposiciones aplicadas, se debe seguir el procedimiento establecido en los arts. 7, 8 y 9 de la Ley
de Procedimientos Constitucionales. 2. A. Ahora bien, esta Sala ha acotado que para que la declaratoria
de inaplicabilidad pueda originar la tramitación y posterior decisión de un proceso de
inconstitucionalidad deben reunirse los presupuestos mínimos, derivables de los arts. 77-A y 77-C de la
[Link]. , entendiendo por tales requisitos: (i) la relación directa y principal que debe tener la disposición
inaplicada con la resolución del caso o de la que dependa su tramitación; (ii) la inexistencia de
pronunciamiento, por parte de esta Sala, respecto de las disposiciones inaplicadas; (iii) el esfuerzo del
juzgador, previo a la inaplicación, de interpretar la disposición conforme a la Constitución; y, finalmente,
(iv) la relación de la disposición inaplicada, la norma o principios constitucionales supuestamente
vulnerados y las razones que sirven de fundamento a la inaplicación. B. En el presente caso, el juez
requirente afirma que inaplica los arts. 40 y 46 CPrCyM en virtud de los cuales es procedente declarar la
improponibilidad de la demanda por falta de competencia territorial advertida de oficio por el tribunal.
Alega que por ejemplo, en los arts. 299 y 422 CPrCyM la improponibilidad ataca el fondo del asunto que
se está discutiendo, en cambio la incompetencia es una falla técnica que, por el momento en que se
advierte o controla, no extingue la acción ni la pretensión, razón por la cual no se vulneran derechos ni
garantías fundamentales. Expone el Juez Quinto de lo Civil y Mercantil en su resolución que la
problemática se plantea cuando el legislador mezcla el concepto de improponibilidad con el de
incompetencia: según la doctrina procesal se considera improponible una demanda cuando existe un
vicio en la pretensión, por lo que debe hacerse la diferencia con las restantes figuras de rechazo, [Link]. la
inadmisibilidad. Explica que en materia procesal constitucional se hace la distinción entre los problemas
de forma y de fondo, como es el caso de la improcedencia de la demanda cuando se trata de un vicio
sustancial relativo a la configuración de la pretensión y que da lugar a un rechazo liminar por
improcedencia, vg.r cuando se trata de un asunto ya 2 decidido por sentencia de fondo o asuntos de
mera legalidad de acuerdo al art. 13 de la [Link]. Además, expone que de conformidad con la
jurisprudencia de la Sala de lo Civil, la declaratoria liminar de improponibilidad es atendible cuando el
vicio es tan grosero o manifiesto que el juzgador no le queda más que hacer uso de la facultad que le da
la ley, rechazándola de plano. En este supuesto, el pretensor no tiene derecho a que se sustancie todo
un proceso que desembocará, de todas maneras en el rechazo de la demanda respectiva, siendo el
efecto principal, que la pretensión planteada de la forma como lo ha sido ante el Juez, no es proponible
ni ahora ni nuevamente con éxito, ni al mismo ni a otro Juez, pues lo que existe es imposibilidad de
juzgar, sea por el vicio de que adolece la pretensión o por defecto absoluto en la facultad de juzgar.
Finalmente, alega que el concepto utilizado por el legislador en el CPrCyM es el de improponibilidad
cuando solamente existe un problema de incompetencia, caso en el cual el titular podrá continuar con
sus pretensiones en el tribunal competente, por tanto -a su juicio- ya que la figura de la
improponibilidad tiene el efecto procesal de la cosa juzgada, podría estarse ante el supuesto del art. 17
Cn. en cuanto se estaría ante la situación de abrir un juicio o procedimiento fenecido. Y es que, si la
pretensión planteada por el actor en el proceso concreto no está dirigida al juez competente en razón
del territorio, no quiere decir que dicha pretensión no pueda ser perfectamente planteada ante otro
juez, aspecto que se vuelve un contrasentido si se declara improponible. II. Tomando en cuenta el
razonamiento del Juez Quinto de lo Civil y Mercantil en relación con la inaplicabilidad de los arts. 40 y 46
del Código Procesal Civil y Mercantil resulta imprescindible realizar una breve consideración respecto
del acceso a la jurisdicción -como una manifestación del derecho a la protección jurisdiccional- (1), sobre
el contenido del art. 17 Cn. y los efectos de la cosa juzgada (2); para luego explicar el método de
interpretación conforme a la Constitución (3) e identificar si se cumplen con los presupuestos mínimos
para decidir y tramitar un proceso de inconstitucionalidad (4). 1. El primer contenido del derecho a la
protección jurisdiccional -en un orden lógico y cronológico- es el acceso a la jurisdicción, que no es otra
cosa que la posibilidad de acceder a los órganos jurisdiccionales para que éstos se pronuncien sobre la
pretensión formulada y que deberá efectuarse conforme a las normas procesales y de procedimientos
previstos en las leyes respectivas. Lo anterior implica que las causas legales de inadmisión a trámite de la
demanda deben interpretarse en el sentido más favorable a la efectividad del derecho de acceso. Ahora
bien, no se trata que el establecimiento de requisitos previos para acceder a la 3 jurisdicción –
presupuestos procesales-, sea imposible constitucionalmente, pero sí se trata de que no puede excluirse
el conocimiento judicial de la controversia sin más. La regla general será -pues- que toda demanda es,
en principio, admisible y que la inadmisión funcionará como excepción que tiene que estar justificada. 2.
El art. 17 Cn. prevé que ningún órgano, funcionario o autoridad podrá avocarse causas pendientes ni
abrir juicios o procedimientos fenecidos. En caso de revisión en materia penal, el Estado indemnizará
conforme a la ley, a las víctimas de los errores judiciales debidamente comprobados. La referida
disposición constitucional al hacer alusión a abrir juicios o procedimientos fenecidos se refiere a la
imposibilidad de modificar una decisión jurisdiccional que ha resuelto el fondo de la pretensión por
haber adquirido la calidad de cosa juzgada. El efecto más importante del proceso jurisdiccional es la cosa
juzgada, tanto que la existencia de la misma es elemento determinante de la función jurisdiccional (art.
172 Cn). Por medio de ella, el ordenamiento jurídico pretende que las resoluciones de los jueces sobre
los derechos de los ciudadanos queden permanentemente eficaces en el tiempo, con lo que se alcanza
la última declaración judicial en relación con la pretensión planteada, que no podrá ser atacada ni
contradicha por medio de providencias de otros órganos judiciales. Ahora bien, la cosa juzgada adquiere
su completo sentido cuando se la relaciona con un proceso posterior, ya que hasta entonces la
vinculación de carácter público en que consiste adquiere virtualidad. Tal vinculación se manifiesta en
dos efectos, uno negativo y otro positivo. A. Efecto negativo: la inmodificabilidad de las resoluciones
judiciales firmes fuera de los cauces legalmente establecidos. Esto trae como consecuencia que los
órganos judiciales no podrán alterar, en modo alguno, lo decidido por una resolución judicial firme,
salvo mediante los mecanismos especiales previstos por el ordenamiento a estos fines; los cuales se
limitan a las actuaciones de revisión de sentencias firmes contempladas en las leyes procesales (arts.
540 -550 del Código Procesal Civil y Mercantil.) B. Efecto Positivo o prejudicial: la vinculación judicial a lo
resuelto mediante una resolución judicial firme. Implica que los tribunales deberán ajustarse a lo
juzgado en un proceso anterior, cuando hayan de decidir sobre una relación o situación respecto de la
cual la resolución recaída se encuentre en estrecha conexión. La cosa juzgada no opera aquí como
excluyente de la resolución de fondo posterior, sino que la condiciona, y por eso se habla también de
función prejudicial, es decir, que lo resuelto con fuerza de cosa juzgada en la sentencia firme vinculará al
tribunal de un proceso posterior cuando en éste aparezca como 4 antecedente lógico de lo que sea su
objeto ([Link]. la prejudicialidad civil y mercantil a la que alude el art. 51 CPrCyM). 3. Ahora bien, resulta
pertinente exponer, sucintamente, en qué consiste la máxima hermenéutica de la interpretación
conforme a la Constitución. Al respecto, en la sentencia de 8-XII-2006, pronunciada en el proceso de
Inconstitucionalidad 19-2006, se afirmó que, según dicha máxima hermenéutica, de entre los varios
entendimientos posibles de una disposición -objeto de la interpretación-, debe escogerse la norma -
resultado de la interpretación- que mejor se acomode a la Ley Suprema. Su fundamento es tanto el
principio de unidad del ordenamiento jurídico como la supremacía constitucional, que se proyecta sobre
las leyes condicionando el sentido que a éstas cabe atribuir. El efecto práctico que dicha máxima tiene
en el control constitucional es que, en los casos en que la apertura en la formulación lingüística de una
determinada prescripción permita el “juego interpretativo”, el juzgador debe buscar un entendimiento
de tal disposición que la acomode al sentido de la Constitución, manteniendo la imperatividad de la ley
en aquellas posibilidades interpretativas que no contradigan a la Ley Suprema. Dicha técnica ya ha sido
utilizada por este tribunal en procesos de inconstitucionalidad, [Link]., en la sentencia de 14-II-1997,
pronunciada en el proceso de Inc. 15-96, y en la sentencia de 20-VII-1999, pronunciada en el proceso de
Inc. 5-99. 4. En el presente caso las disposiciones inaplicadas son los arts. 40 y 46 del CPrCyM y los cuales
literalmente disponen: Examen de Oficio de la Competencia. Art. 40. Presentada la demanda, el tribunal
examinará de oficio su competencia y, si entiende que carece de ella, rechazará in limine la demanda
por improponible, y remitirá el expediente al tribunal que considere competente. Decisión sobre la falta
de competencia territorial. Art. 46. Si el juez estima que carece de competencia territorial, declarará
improponible la demanda en el estado en que se encuentre y se abstendrá de seguir conociendo del
asunto, remitiendo el expediente al que considere competente. Contra esta resolución no cabrá recurso
alguno. Si se desestimare la denuncia de competencia territorial se ordenará la continuación del proceso
con imposición de costas a la parte que la hubiere planteado. Ahora bien, el juzgador considera que
dichas disposiciones al contemplar la declaratoria de improponibilidad de la demanda por
incompetencia en razón del territorio, atentan contra el derecho de acceso a la jurisdicción, puesto que
la contraparte podría 5 alegar en el proceso posterior el efecto de la cosa juzgada y podría estarse en el
supuesto del art. 17 Cn. al abrirse un juicio o procedimiento fenecido. A. Al respecto, cabe reseñar
previamente que la competencia constituye un presupuesto procesal y la falta de ella es un
impedimento para la constitución regular del proceso. Por ello si el juez es incompetente, el demandado
puede plantear la excepción para que éste no siga conociendo de él o puede el juzgador de oficio
advertir su incompetencia. Así, ante la presunta incompetencia en razón del territorio, el tribunal puede
advertirlo de oficio in limin litis (art. 43 CPrCyM) y remitir el expediente al tribunal que considere
competente. Sin embargo, puede ocurrir que sea el demandado el que denuncie la falta de competencia
territorial en el plazo otorgado para la contestación de la demanda (art. 42 CPrCyM), caso en el cual se
suspende el proceso y se cita a las partes a una audiencia para que manifiesten lo que consideren
pertinente. Si el tribunal estima que efectivamente es incompetente en razón del territorio remitirá el
expediente al que considere competente, es decir, deberá enviarle la documentación de todas las
actuaciones del proceso (art. 164 CPrCyM) y que incluirán [Link]. los actos de aseguramiento de prueba y
las medidas cautelares que se hayan adoptado para evitar perjuicios irreparables en virtud de la
suspensión (art. 44 CPrCyM). B. Ahora bien, las disposiciones inaplicadas (art. 40 y 46 CPrCyM) prevén
que si el juez advierte que carece de competencia territorial declarará improponible la demanda y
remitirá el expediente al que considere competente. En este sentido, advierte este tribunal que este
tipo de improponibilidad no cierra sin más el acceso a la jurisdicción de aquella persona que interpone
su demanda. Tal y como lo dice el juzgador en su resolución: “…el titular del derecho podrá continuar
con sus pretensiones en el tribunal competente”. Y es que, aun en el supuesto que el tribunal al que se
remite el expediente se considere incompetente, el conflicto será resuelto por la Corte Suprema de
Justicia en Pleno, según el art. 182 ordinal 2° Cn., quien decidirá el tribunal que ha de conocer de la
pretensión incoada (arts. 27 ordinal 3° y 47 CPrCyM) Además, la declaratoria de improponibilidad por
incompetencia en razón del territorio al no decidir sobre el fondo de la pretensión -como si lo hace la
sentencia definitiva-, al no tratarse de un defecto o vicio de la pretensión ni constituir un acto de
disposición de las partes sobre sus respectivas pretensiones -[Link] la transacción (art. 132 CPrCyM) o la
renuncia (art. 129 CPrCyM)- no adquiere los efectos de la cosa juzgada en los términos del art. 132
CPrCyM, es decir, no impide un proceso posterior entre las mismas partes sobre la misma pretensión. 6
En virtud de lo anterior, al no advertirse el esfuerzo del juzgador de interpretar la disposición conforme
a la Constitución previo a la inaplicación, la resolución emitida no reúne el presupuesto necesario para
tramitar y decidir un proceso de inconstitucionalidad. III. En virtud de lo anterior, esta Sala RESUELVE: 1.
Sin lugar el inicio del proceso de inconstitucionalidad, requerido mediante la remisión de la certificación
de la resolución dictada por el Juez Quinto de lo Civil y Mercantil de San Salvador, constitutiva de
requerimiento hacia esta Sala para pronunciarse sobre la constitucionalidad de los arts. 40 y 46 del
Código Procesal Civil y Mercantil, en tanto que no se ha cumplido con una de los presupuestos
necesarios para su tramitación. 2. Notifíquese. ---J. B. JAIME---F. MELÉNDEZ---J. N. CASTANEDA S.---E. S.
BLANCO R.---R. E. GONZÁLEZ B.---PRONUNCIADO POR LOS SEÑORES MAGISTRADOS QUE LO
SUSCRIBEN---E. SOCORRO C.---RUBRICADAS.