Desde el punto de vista biológico, está comprobado que cuando una persona se enamora, el cerebro libera una serie
de sustancias
químicas, como la dopamina, la oxitocina, la serotonina y la noradrenalina. Y estos neurotransmisores están asociados con las
sensaciones de placer, recompensa y apego.
De acuerdo con los expertos, es un proceso neurológico donde se ven implicadas diferentes regiones de nuestro cerebro , tales
como el hipotálamo, la corteza prefrontal, la amígdala, el núcleo accumbens o el área tegmental frontal.
“El enamoramiento, desde el punto biológico y bioquímico, tiene su origen en la corteza cerebral, continuando su recorrido por el
sistema endócrino y segregando dopamina, hormona encargada de generar cambios en el hipotálamo, cuya manifestación es
puramente fisiológica. En esta conducta explosiva llamada enamoramiento, intervienen una serie de factores químicos que la
promueven. Evolutivamente, para la perpetuación de la especie, los animales, tanto machos como hembras, han desplegado
mecanismos de apareamiento y reproducción; hay algunos aspectos bioquímicos que se piensan son comunes, como el olor, pero en
los humanos, este proceso recibe el nombre amor, el cual inicia con el llamado enamoramiento”, señala la doctora Claudia.
De acuerdo con la doctora Claudia González, dentro de los factores intervinientes en el proceso de enamoramiento está el
bioquímico: el cerebro hace todo un despliegue de sustancias, pues produce feniletilamina, un compuesto orgánico producido por el
cerebro perteneciente al grupo de las anfetaminas, a partir del cual se segrega más dopamina, ocasionando un estado de alegría,
excitación y euforia al estar con la persona enamorada. Otro factor es el evolutivo: el ser humano tiene el instinto de la reproducción
y continuación de la especie; sin embargo, aquí se encuentra la diferencia entre el enamoramiento y el amor, pues en el amor
intervienen factores biológicos, psicológicos y hasta sociales y culturales.
El enamoramiento es un proceso que no tiene larga duración, además de que es distinto en los hombres y en las mujeres; en estas
últimas, la tasa de libración de dopamina es ligeramente mayor, y si está cerca del periodo de ovulación, la liberación de dopamina es
aún superior.
El proceso neuronal mediante el cual el deseo sexual humano llega a transformarse en enamoramiento es el mismo en el que se
activan las regiones cerebrales implicadas en la adicción a las drogas, de ahí que sea tan fuerte el proceso de enamoramiento. Tras el
impulso emocional del inicio, se ponen en marcha los circuitos cerebrales de la confianza para consolidar el vínculo amoroso y se
silencian específicamente las áreas que crean distancia, las cuales se activan en estados depresivos o de tristeza.
“Es así que toda esta compleja interacción de mecanismos biológicos, culturales y psicológicos modulan las reacciones y la forma
vivir el enamoramiento, mas no el enamoramiento como tal, pues este proceso es, en sí mismo, puramente bioquímico, pero estos
mecanismos sí influyen en el cómo se vive”, afirma la doctora Claudia.
No obstante, cuando termina el enamoramiento o se ha producido una ruptura amorosa, infidelidad o es inviable la relación, el
cuerpo deja de producir estas sustancias asociadas al bienestar, dando lugar al desamor: el proceso se vuelve doloroso y una
variedad de conductas se despliegan con el propósito de mitigar o erradicar ese sufrimiento, lo cual puede desembocar en
reacciones des adaptativas como ansiedad por separación, dependencia emocional, cambio de hábitos, entre otros.
La primera etapa es la primera impresión: los sentidos son la puerta de entrada de cualquier estímulo externo, en este caso el de la
vista, es decir, encontramos a una persona que nos atraiga. Aquí también está involucrado el sentido del olfato, a través de
sustancias que atraen o repelen, estas son las feromonas, las cuales se secretan a través de las glándulas sudoríparas de la axila y,
sobre todo, por la piel de la entrepierna.
Todos los seres humanos tenemos un aroma y combinación personal. El ser humano constantemente recibe distintas mezclas de
feromonas que pasan desapercibidos, hasta que el aroma de la persona adecuada llama a atención, proceso que no registramos
racionalmente. Esta señal en el receptor olfativo genera una agitación, se busca la fuente de ese olor y, cuando se produce el
contacto visual, una descarga eléctrica pone al cerebro en un estado especial que despierta a un conjunto de células en el sistema
límbico, los cuales a su vez secretan una sustancia llamada feniletilamina (FEA), de la cual ya hemos hablado.
La segunda etapa es la de atracción: la primera fase neuroquímica. La doctora Claudia González refiere que Flores (2008) describe
bellamente esta fase: “la feniletilamina se extiende en todo el cerebro y ahí, surge el amor”. Se inhiben o suspenden diversas
acciones cerebrales, la vista que suele ser periférica se vuelve central, disminuye la sensación térmica en la piel, el equilibrio y se
enlentece la coordinación entre ideas y movimiento, ¡todo este caos dura menos de un segundo!
Para recuperar el control, el cerebro secreta un neurotransmisor, ya sea dopamina o norepinefrina, el cual estimula al hipotálamo,
este se comunica químicamente con la hipófisis, de ahí la comunicación se conduce a la tiroides, luego al páncreas, a las glándulas
suprarrenales, y posteriormente, en el caso de las mujeres, con los ovarios; en el caso de los hombres, con los testículos.
Al final de la comunicación química ocurre el cierre de vasos sanguíneos, venas y arterias periféricas, lo que da lugar al aumento de
la presión arterial, y con ello hay un ligero aumento de temperatura, escalofríos, sudoración, respiración agitada y, por tanto,
suspiros. Con el aumento de la frecuencia cardiaca se siente un vuelco en el corazón, y entonces… ¡estás enamorado o enamorada!
Posteriormente hay un aumento de glucosa en la sangre, dilatación de la pupila, contracción de estómago e intestino, a lo cual
llamamos “mariposas en el estómago”.
Y sí, las “mariposas en el estómago” también reciben una razón científica. El estómago tiene otras funciones además de digerir los
alimentos que ingerimos, este también es responsable de digerir emociones y sentimientos. Al estar cerca de la persona que nos
gusta, entramos en un estado de alerta (sí, así como si un monstruo nos fuese atacar, “el monstruo del amor”), y es por eso que el
sistema nervioso, sobre todo el sistema nervioso entérico, se prepara: liberamos adrenalina, lo cual provoca que el flujo sanguíneo
se concentre en nuestros músculos (para que nosotros podamos huir en caso de que esta acción sea necesaria), pero disminuya en
el estómago.
La tercera etapa es la del afecto o enamoramiento: el caos acaba de pasar y el cerebro retoma el control; nivela las sustancias que
fueron descargadas, y libera endorfinas y encefalinas, calmantes naturales –una auténtica droga para el cerebro–, que se esparcen
para tranquilizar a los órganos afectados, por lo cual la persona siente tranquilidad, calma, gozo y alegría.
El cerebro también tiene el poder de controlar las variaciones de temperatura y azúcar, por lo que el páncreas secreta insulina, la
glucosa se metaboliza y el organismo se tranquiliza. Después de todos estos procesos químicos, se libera oxitocina que genera la
necesidad de contacto directo y cercano con la persona amada.
La cuarta etapa es la pasión: en el enamoramiento es cada vez mayor la necesidad de intercambio químico y es más incontenible,
eventualmente este ciclo concluye con las relaciones sexuales, por lo que los impulsos eróticos serán cada vez más intensos.
Las glándulas suprarrenales aumentan la producción de testosterona en hombres y mujeres. Los hombres se muestran dominantes y
ahuyentan a posibles contrincantes; en las mujeres se turba el juicio y la toma de decisiones. El único deseo es estar con la pareja,
aumentar el contacto físico y tener relaciones sexuales, con lo cual se cierra el ciclo amoroso.
“El enamoramiento es un estado emocional intenso; una característica es que se asocia a pensamientos obsesivos sobre la persona
amada; si la o el enamorado es rechazado, usualmente protesta y trata de que la persona amada regrese, puede expresar rabia ante
el abandono y desesperación; la pasión romántica es involuntaria, difícil de controlar y regularmente efímera”, expone la especialista
en psicología, quien también reconoce que el enamoramiento implica un diverso entramado de aspectos eróticos, cognoscitivos,
emotivos y conductuales.