Carrera de Especialización en Gerontología Comunitaria e Institucional
Facultad de Psicología. U.N.M.d.P.
Carrera de Especialización en Gerontología Comunitaria e Institucional
Facultad de Psicología - Universidad Nacional de Mar del Plata
Informe Final del Trabajo Final de Integración
MALESTAR Y REGULACIÓN EMOCIONAL EN VÍNCULOS FAMILIARES:
PROPUESTA DE INTERVENCIÓN POSITIVA PARA ADULTOS MAYORES DE LA
CIUDAD DE MAR DEL PLATA
Autor: Lic. María Florencia Giuliani
Tutora: Lic. Corina Soliverez
Director del trabajo: Dr. Feliciano Villar
Fecha de Entrega: 15 de enero de 2016
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ÍNDICE
CONTENIDO
A. Resumen: ........................................................................................................................................................ 3
B. Introducción .................................................................................................................................................. 4
Envejecimiento poblacional ...................................................................................................................... 4
Perspectivas sobre el proceso de envejecimiento ............................................................................... 4
Apoyo social........................................................................................................................................................ 6
Vínculos intergeneracionales ........................................................................................................................ 7
Emoción y regulación emocional ................................................................................................................. 7
Regulación emocional: Tipos y factores condicionantes ..................................................................... 9
Teorías del envejecimiento emocional ..................................................................................................... 10
C. Objetivos ........................................................................................................................................................ 12
D. Diagnóstico................................................................................................................................................... 12
Aspectos metodológicos ................................................................................................................................ 12
Instrumentos...................................................................................................................................................... 12
Procedimiento .................................................................................................................................................. 13
Desarrollo.......................................................................................................................................................... 13
E. Propuesta de intervención y conclusiones: ...................................................................................... 17
Propuesta del Taller “Comunicación para el bienestar” .................................................................. 18
Estrategia a implementar ............................................................................................................................. 19
1. Recursos utilizados ........................................................................................................................... 21
2. Acciones previstas para la evaluación de la intervención. .................................................. 21
Referencias ............................................................................................................................................................ 22
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A. RESUMEN:
Actualmente las familias se están verticalizando debido al envejecimiento de la
población mundial. Los vínculos familiares constituyen la mayor fuente de bienestar en
la vejez, por lo que el malestar en el seno de la familia podrían tener un impacto
subjetivo muy importante. Las emociones, tanto positivas como negativas, se generan
principalmente en contextos interpersonales y, en consecuencia, la aplicación de
procesos efectivos de regulación emocional es fundamental para funcionar
adaptativamente en el mundo social, ya que permiten evitar o resolver conflictos
interpersonales y mantener mejores relaciones. En este trabajo nos proponemos:
[Link] los contextos de la experiencia de malestar emocional más frecuentes
reportados por personas mayores de la ciudad de Mar del Plata, 2. Identificar qué
recursos de regulación se aplican frente a estas situaciones y 3. Diseñar una
intervención para fortalecer y visibilizar los recursos de los mayores. Se revisaron los
resultados de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida de Adultos Mayores y se
realizaron entrevistas a 25 adultos mayores de la ciudad de Mar del Plata. A partir del
análisis de datos, encontramos que los mayores experimentan malestar emocional en los
vínculos familiares, particularmente en los intergeneracionales. Los adultos mayores
informaron estrategias variadas pero la mayoría de estos recursos están centrados en el
propio sujeto, por lo que no se aprovechan los beneficios del apoyo social como
estrategia de regulación. Este déficit podría deberse a efectos de cohorte y-o al efecto de
estereotipos negativos sobre la vejez. En función de esto, proponemos una intervención
en la que se visibilice el potencial salugénico del apoyo social y se entrenen las
habilidades que permiten una adecuada comunicación y expresión emocional. Los
objetivos de la intervención son A) Reconozcan los efectos positivos del apoyo social
en la salud y bienestar, B) Comprendan aspectos básicos de la comunicación humana y
los vínculos familiares y de los grupos según el paradigma sistémico y C) Desarrollen
habilidades para comunicarse asertivamente. Se presenta el temario y estrategias a
implementar, así como la manera en que se podrá evaluar su impacto.
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B. INTRODUCCIÓN
ENVEJECIMIENTO POBLACIONAL
Actualmente, diversos fenómenos que involucran a la población mayor, configuran un
escenario de características singulares que plantea nuevos desafíos. En las últimas
décadas se viene produciendo la denominada “revolución de la longevidad”, con un
aumento de casi 20 años en la expectativa de vida en tan solo medio siglo.
Debido a los desarrollos médicos y al mejoramiento de la calidad de vida, por una parte
y a la baja tasa de fecundidad por otra, los grupos etarios de personas mayores de 60
años aumentan progresivamente su proporción poblacional. Si bien el envejecimiento
poblacional constituye un fenómeno global, específicamente en nuestro país, entre los
años 1950 y 2000 se ha duplicado la proporción de personas mayores. Según los datos
del último Censo Nacional de Población y Vivienda los mismos constituían el 14,27 %
de la población total de la República Argentina (Instituto Nacional de Estadística y
Censos, 2010). Se proyecta que este porcentaje aumentará aún más, llegando al 21,7%
en el 2050.
Este escenario implica la aparición de variadas demandas a las que es necesario brindar
respuestas. Se requiere de la producción de nuevos conocimientos, así como del diseño
de intervenciones y dispositivos que cubran las diversas necesidades de las personas
mayores y que propicien su desarrollo y bienestar (Arias, 2008).
Diversos organismos internacionales como Naciones Unidas, la Organización Mundial
de la Salud, la Organización Panamericana de la Salud, entre otros, han destacado la
necesidad de dar respuesta, no solo a necesidades presentes, sino también de anticipar
fenómenos que aparecerán en el futuro inmediato y mediato y que requieren de la toma
de decisiones planificadas a corto, mediano y largo plazo (CEPAL- CELADE, 2004;
ISS, IMSERSO, Ministerio de Desarrollo Social de la Argentina y otros, 2007).
Estas respuestas deberán basarse en conocimiento científico sobre el proceso de
envejecimiento, temática que se desarrollará en el próximo apartado.
PERSPECTIVAS SOBRE EL PROCESO DE ENVEJECIMIENTO
En lo que refiere a los diferentes paradigmas del envejecimiento humano, es posible
pensar en dos períodos caracterizados por ciertos atributos comunes (Triadó & Villar,
2006). El primer modelo se basa en una perspectiva médica y plantea al desarrollo y al
envejecimiento como universales y unidimensionales. Se piensa el curso de la vida
como una U invertida, es decir, que en un inicio se encuentra una etapa de desarrollo y
crecimiento hasta llegar a un punto de estabilidad luego del cual se comienza a
deteriorarse de forma progresiva e irreversible. La vejez correspondería con esta etapa e
implicaría pérdidas progresivas e irreversibles, uniformes y generalizadas. Este modelo
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fue tomado por otras disciplinas, como la Psicología, y aplicado en los primeros
estudios acerca del envejecimiento. Los mismos datan de los años ’50 y se centraban
mayoritariamente en el estudio del declive a nivel cognitivo.
El segundo modelo de envejecimiento surge a partir de los desarrollos de investigadores
europeos y norteamericanos, como Baltes y Schaie (Baltes, Lindenberger, &
Staudinger, 1998) surge un modelo teórico integral para abordar el envejecimiento.
Estas teorías consideran la importancia de aspectos antes invisibilizados: el rol que
cumple el contexto sociohistórico y personal en la configuración del propio devenir
vital y la capacidad de los individuos de adaptarse activamente a los cambios. Así,
hablar de uniformidad en el proceso de envejecimiento se vuelve reduccionista. Desde
esta mirada, denominada perspectiva del curso vital, el desarrollo está en un constante
interjuego de pérdidas y ganancias –en tanto algunas funciones o capacidades pueden
deteriorase, mientras que otras mantenerse o incrementarse- y posee una amplia
variabilidad, tanto a nivel intraindivual como interindividual.
Una de las características más salientes de este modelo está relacionada con su enfoque
ecológico, en tanto explica los comportamientos y los cambios -pérdidas y ganancias-
como productos de la interacción sistémica de aspectos individuales, -biológicos e
psicológicos- interpersonales y ambientales (Dixon & Lerner, 1992).
Dentro de este marco se han desarrollado varios conceptos que permiten valorar
diferentes tipos de envejecimientos, entre ellos el envejecimiento satisfactorio (Ebner
& Freund, 2007) y el positivo (Triadó & Villar, 2008). Este último presenta una serie de
criterios para definir un “buen envejecer”, que incluyen la valoración subjetiva y el
significado que el propio sujeto sobre su vida. Propone que un alto nivel de bienestar es
un componente fundamental del envejecimiento satisfactorio. En ciertas circunstancias,
este componente estará asociado a una experiencia subjetiva de felicidad o satisfacción,
ausencia de problemas y presencia de sensaciones positivas, mientras que en otras
implicará la consecución de aquellos valores que producen crecimiento personal y dan
sentido a la vida (Triadó & Villar, 2008). De este modo, se propone una visión más
amplia del buen envejecimiento a la que denomina envejecimiento positivo. Este
implicaría al menos cuatro dimensiones, concebidas como diferentes facetas de salud:
- Salud física: entendida como la ausencia de procesos patológicos graves.
- Salud funcional: entendida como la posibilidad de llevar una vida
independiente realizando autónomamente las actividades cotidianas.
- Salud psicológica: referida a la presencia de emociones positivas
referidas al pasado, al presente y al futuro. Asimismo refiere a la capacidad de adaptarse
a las circunstancias cambiantes de la vida y poder poner en marcha procesos para que
las pérdidas que acompañan al envejecimiento afecten lo menos posible e incluso
generen ganancias.
- Salud social: entendida como la presencia de relaciones significativas
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con otras personas con las que intercambiamos apoyo instrumental y emocional; y por
otro lado, como la participación activa de la persona en la comunidad, contribuyendo a
su desarrollo.
Estos desarrollos han ampliado el foco en el estudio de estas etapas vitales desde la
preocupación casi exclusiva por curar la enfermedad, hacia la consolidación del estudio
de los recursos, capacidades y competencias que llevan a consolidar y fortalecer las
cualidades positivas y el desarrollo de las potencialidades humanas. Al incluir los
aspectos que hacen a la vida saludable se amplían las posibilidades de estudio,
abarcando procesos psicológicos no habían sido investigadas sistemáticamente hasta
entonces en mayores, como fue el caso de la regulación emocional (RE).
APOYO SOCIAL
Actualmente la Argentina está atravesando un acelerado proceso de
envejecimiento poblacional (Roqué & Fassio, 2012). Este cambio demográfico implica
que cada vez habrá mayor cantidad de personas mayores, al mismo tiempo que, debido
al descenso de la tasa de natalidad, habrá menor proporción de jóvenes. Este cambio
poblacional incide a nivel macrosocial, en tanto requiere la reformulación de las
políticas sociales, como en el plano microsocial, modificando la estructura de las
familias y la organización de la vida cotidiana. Hacia principios del siglo XX las
familias tenían una estructura horizontal, es decir, había gran cantidad de miembros de
una misma generación. Actualmente, las familias suelen presentar una estructura
verticalizada, donde conviven mayor cantidad de generaciones durante más años, con
pocos miembros de cada generación (Oddone, 2012). Este cambio implica el
incremento de relaciones familiares intergeneracionales por sobre las
intrageneracionales. En los vínculos entre personas socializadas en diferentes épocas se
visibilizan los llamados efectos de cohorte: las generaciones presentan diferencias en las
modos de cooperación (Oddone, 2012) y diferentes modos de resolver conflictos
(Birditt, Miller, Fingerman, & Lefkowitz, 2009), entre otros. Así, es posible pensar que
las relaciones familiares actuales presentan un alto grado de complejidad debido al
incremento de su heterogeneidad, lo que puede implicar mayores niveles de desacuerdo,
conflictos o malestar. Al mismo tiempo, tanto los antecedentes locales (Oddone, 2001)
como internacionales (Scheibe & Carstensen, 2010) señalan que los vínculos familiares
constituyen la mayor fuente de bienestar en la vejez, por lo que el malestar en el seno de
la familia podría tener un impacto subjetivo muy importante.
Desde la perspectiva comunitaria, el apoyo social aparece como una dimensión
clave para fortalecer a las personas a través del proceso de envejecimiento. El marco
teórico del Apoyo Social visibiliza la importancia de los vínculos informales, entre ellos
la familia. Según Arias y Scolni (2013) el apoyo social implica la percepción que las
personas tienen sobre su valoración, cuidado, afecto, estima, derechos y obligaciones a
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partir de su involucramiento en vínculos con otros. Este modelo tiene un interés
principalmente preventivo, utilizando los recursos y potencialidades para generar
intervenciones en grupos de riesgo o frágiles. Entre estos se encuentran los adultos
mayores, debido a que son objeto de prejuicios sociales, al ser considerados como
personas con capacidades disminuidas a causa de su avanzada edad. Esta creencia
favorece prácticas de maltrato y dislocación social (Iacub & Arias, 2010). Esto afecta la
autonomía de los adultos mayores, entendida esta como la posibilidad de elegir, decidir
y afrontar las consecuencias de esas elecciones, debido a que son percibidos por los
otros como incapaces de tomar decisiones adecuadas. En el ámbito familiar, por
ejemplo, el desempoderamiento y maltrato suele tomar la forma de cuidados
sobreprotectores, y aún más en el caso de las mujeres adultas mayores viudas, debido a
la creencia que las personas mayores ya no pueden de desenvolverse normalmente en su
vida debido a su edad e independientemente de una pareja (Oddone, 2012).
VÍNCULOS INTERGENERACIONALES
Si bien las relaciones intergeneracionales siempre estuvieron presentes, debido a
que los mayores son los encargados de la crianza y de la socialización primaria, en la
actualidad estos vínculos perduran durante más tiempo, hasta que la segunda generación
llega a la adultez y el rol de modelo y cuidado parental deja de ser una tarea principal
desde el punto de vista evolutivo (Junta de Andalucía, 2010) y se convierten en vínculos
intergeneracionales entre adultos. Estos han sido estudiados desde dos perspectivas, la
solidaridad y la ambivalencia. La primera se centra en los aspectos positivos y el apoyo
mutuo. La segunda, que complementa la mirada anterior, refiere a los sentimientos de
ambivalencia y antagonismo que puede generarse en el seno de las relaciones
solidaridad (Silverstein & Giarrusso, 2010). Estas relaciones son una fuente
fundamental de bienestar, y al mismo tiempo, el escenario donde se experimentan
situaciones que provocan malestar emocional con mayor frecuencia (Magai et al., 2006;
Rovira, 2012). Es muy poco frecuente el abandono de las relaciones familiares, por lo
que las tensiones y conflictos suelen prolongarse a través del tiempo (Birditt,
Fingerman, & Zarit, 2010), por lo que la regulación emocional es central para el
mantenimiento de estos lazos. En este contexto, investigar la experiencia emocional en
este ámbito es central para lograr una mayor comprensión y generar estrategias de
intervención para la promoción del bienestar interpersonal y familiar.
EMOCIÓN Y REGULACIÓN EMOCIONAL
Dentro del estudio de los conflictos interpersonales, un área de interés son las
reacciones emocionales que estos provocan. Las emociones son respuestas
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multimodales (fisiológicas, cognitivas y conductuales), flexibles y coordinadas ante la
percepción de un estímulo ambiental que tiene un significado particular para un
individuo, debido a que es relevante para su metas (Gross, 2014). La regulación
emocional (RE) implica el despliegue de recursos y habilidades con el fin de cambiar el
curso espontáneo de las reacciones afectivas, alterando la calidad o intensidad de la
experiencia emocional (Koole, Van D Leen & Sheppes, 2011).
Los procesos de RE son centrales cuando la experiencia emocional espontánea
no favorece la consecución de las metas, como pueden ser el logro de objetivos, la
satisfacción de necesidades o el mantenimiento definiciones del sí mismo (Koole Van
Dillen & Sheppes, 2011). La RE facilita la adaptación a las pérdidas –especialmente en
escenarios interpersonales- y ha sido asociado al logro de elevados niveles de bienestar
emocional en la vejez (Charles & Carstensen, 2007). Además, los antecedentes señalan
su valor protector frente a la adversidad: amortiguan las respuestas de estrés derivado de
problemas cotidianos (Blanchard-Fields, 2007) y funcionan como factor protector frente
al trastorno por estrés postraumático (Boden, Bonn-Miller, Kashdan, Alvarez, & Gross,
2012).
Los procesos de RE son particularmente importantes cuando la experiencia
emocional espontánea no favorece la consecución de las metas. Por ejemplo, es posible
que un adulto mayor piense que su hijo/a comete errores en la manera en la criar a sus
nietos y esto le provoque ira, pero, al mismo tiempo, expresar esa ira sería dañino para
la relación con su hijo. Entonces, para mantener una buena relación con su hijo y poder
eventualmente ayudar a mejorar las pautas de crianza, lo más adaptativo sería que el
adulto mayor regule la ira, decir, logre aminorar la intensidad de esa emoción. En este
caso se ve como la regulación de las emociones es particularmente relevante en
contextos interpersonales. La expresión de emociones es básica para mantener y
construir lazos sociales, pero la falta de regulación puede también dañarlas (English,
John, & Gross, 2013). Una adecuada regulación emocional permite que las personas
puedan sostener su autonomía sin dañar las relaciones, favoreciendo que logren una
comunicación más asertiva frente a conflictos o en contextos de fuentes de malestar
interpersonales (Blanchard Fields, 2007).
Particularmente, el malestar emocional suele estar caracterizado por sentir ira y
tristeza, dos emociones muy frecuentes en situaciones interpersonales (Rivers,
Brackett, Katulak, & Salovey, 2007). Una inadecuada regulación de la ira puede generar
violencia y maltrato, así como su adecuada expresión y regulación está asociada con
resolución de conflictos y cambio positivo en las relaciones (Kennedy Moore &
Watson, 1999). Una adecuada regulación de la tristeza está relacionada con el altruismo
y la empatía, mientras que el déficit de esta habilidad ha sido asociado con síntomas
internalizantes (Zeman, Shipman, & Suveg, 2002) y menor aceptación por parte de
pares (Perry-Parrish & Zeman, 2011).
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REGULACIÓN EMOCIONAL: TIPOS Y FACTORES CONDICIONANTES
Como ya dijimos, en contextos interpersonales las emociones son
particularmente relevantes, ya que comunican a los demás los estados internos y guían
las interacciones sociales. La expresión de emociones es básica para mantener y
construir lazos sociales. En consecuencia, la aplicación de procesos efectivos de RE es
fundamental para funcionar eficientemente en el mundo social, ya que permiten evitar o
resolver conflictos interpersonales y mantener mejores relaciones (English, John, &
Gross, 2013). Una RE adecuada en situaciones sociales tiene un impacto central en la
salud, ya que las relaciones interpersonales, si son satisfactorias, se convierten en una
fuente fundamental de bienestar, mientras que experimentar conflictos en vínculos
íntimos afecta negativamente dicha vivencia e incluso incrementa el riesgo de
psicopatología (Gable & Gosnell, 2013).
Existen diversas formas de regular las emociones. Por ejemplo, John y Gross,
(2007), incluyen la selección de situaciones (elegir no participar porque se anticipan
resultados no deseados), la modificación de la atención (distraerse o concentrase
deliberadamente en un estímulo diferente al que elicita la emoción), la reevaluación
cognitiva (cambiar el significado del estímulo), y la supresión emocional (inhibir la
expresión verbal y no verbal de las emociones), entre otras. Esta última estrategia es la
contrapartida del comportamiento de búsqueda de apoyo, considerado también
estrategia de regulación emocional (Giuliani, Villar, Arias & Serrat, 2015). Además,
experimentar las emociones abiertamente tiene un efecto positivo en las interacciones,
así como suprimirlas tiene uno negativo. Ser abierto favorece el sentimiento de
intimidad, sentirse conocido y comprendido por los otros, lo que a su vez conduce a
relaciones en las que las interacciones son predecibles y se desarrollarán de manera
fluida (English & John, 2013).
Si bien hasta hace poco tiempo se consideró que ciertas estrategias de RE eran
intrínsecamente más adaptativas que otras (Gross, 2007), nuevos hallazgos señalan
mayores complejidades. El valor adaptativo de las estrategias de RE está condicionado
por la coherencia con las metas de la persona y del contexto en el que se aplique, entre
otros factores. Así, diversos estudios señalan que el uso de estrategias previamente
clasificadas como adaptativas o desadaptativas no predecía la presencia de síntomas
psicopatológicos (Aldao & Nolen Hoeksema, 2012), no influía en la recuperación del
bienestar tras afrontar eventos estresantes (Schraub, Turgut, Clavairoly & Sonntag,
2013) ni tampoco determinaba la adaptación a nuevos contextos (Bonanno, Papa,
Lalanda, Westphal & Coifman, 2004). Estos hallazgos cuestionan el modo tradicional
de evaluar la RE, señalando que para incrementar su valor predictivo se deberían tener
en cuenta aspectos específicos, como la emoción sentida, el contexto interpersonal
(Aldao, 2013; Troy, Shallcross & Mauss, 2013), entre otros factores.
Otro factor a tener en cuenta en la RE en contextos interpersonales es la
consideración de las características de la emoción que se desea regular (Izard, 2010).
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Por ejemplo, la ira y la tristeza son muy frecuentes en situaciones interpersonales
(Rivers, Brackett, Katulak, & Salovey, 2007). La ira promueve comportamientos de
lucha y, si no se regula adecuadamente puede generar violencia y maltrato. Por el
contrario, su expresión y regulación eficaz están asociadas con resolución de conflictos
y cambio positivo en las relaciones (Kennedy-Moore & Watson, 1999). En el caso de la
tristeza, la regulación adecuada se relaciona con el altruismo y la empatía, mientras que
el déficit de RE ha sido asociado con síntomas de ansiedad y depresión (Zeman,
Shipman, & Suveg, 2002).
Por último, los contextos en donde se experimentan las emociones han sido poco
considerados en la investigación sobre RE. Dado que las reacciones emocionales están
condicionadas por el ámbito en las que se generan investigarlos favorecerá la
generación de conocimiento fidedigno sobre este proceso psicológico (Brose et al.,
2015). En los contextos occidentales se han identificado patrones específicos de tareas
sociales (Havighurst, 1948) y los logros desarrollo psicosocial (Erikson & Erikson,
1998) que señalan diferentes contextos prioritarios en cada etapa del curso vital. En el
caso de los adolescentes y jóvenes adultos (18-30 años), las tareas sociales están
centradas en el logro desarrollo de la identidad diferenciada de la familia, la selección
de una ocupación y el sostenimiento de la intimidad en una pareja estable. En cuanto a
la mediana edad (40-60 años), los desafíos se centran asistir al desarrollo de los hijos,
atender al envejecimiento de los padres y continuar con el desarrollo personal. En esta
etapa, el desarrollo se orienta hacia la productividad en términos de compartir el propio
saber y brindar cuidados a los otros, fortaleciendo la conexión interpersonal. Por último,
en la vejez (mayores de 60 años), las tareas sociales se centran en el ajuste a los
cambios sociales que implica la jubilación y otras posibles pérdidas. Desde la
perspectiva psicosocial, esta etapa de la vida presenta desafío de evaluar la trayectoria
vital como un todo, aceptando las decisiones tomadas durante etapas previas de la vida,
revisándolas en el contexto donde sucedieron. Teniendo en cuenta estos patrones, es
plausible pensar que las personas de diferentes grupos etarios reportarán de manera
preferencial escenarios asociados a las tareas vitales correspondientes.
TEORÍAS DEL ENVEJECIMIENTO EMOCIONAL
Además de los desarrollos presentados sobre RE, existen varias propuestas
teóricas para comprender sus características específicamente en la vejez. Uno de ellos
es la teoría de la selectividad socioemocional, propuesta por Laura Carstensen. Según
este marco, los adultos mayores presentan altos niveles de bienestar emocional y
mejores habilidades de regulación que los adultos jóvenes debido a un cambio
normativo en las metas motivacionales. En la juventud, los individuos no perciben en su
vida un límite temporal, por lo que se focalizan en obtener metas y objetivos que
permitirán beneficios a largo plazo. A diferencia de estos, los adultos mayores sí
perciben de manera cercana el final de su tiempo vital, por lo que sus metas
motivacionales se centran en el aquí y ahora, en obtener bienestar y placer en el
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presente. La forma de obtener estas experiencias positivas es a través de las vínculos
íntimos y la focalización deliberada en las emociones positivas. Esta última estrategia
ha sido denominada “efecto de positividad” (Carstensen, Mikels, & Mather, 2006). El
mismo consiste en un patrón de selección de la información ambiental: en la juventud se
prefiere el material emocionalmente negativo porque favorece la adaptación al medio,
mientras que a lo largo de la adultez el sesgo se transforma en una preferencia
desproporcionada por la información positiva, que se consolida en la vejez (Carstensen,
Fung & Charles, 2003). Esta nueva dirección en la selección de la información sirve a
los fines de profundizar en los significados personales asociados a las emociones y el
bienestar e impacta en una mayor implicación e actividades que produzcan
satisfacción personal. Estos cambios repercuten positivamente en la capacidad de
distinguir las emociones y comprender con mayor riqueza y complejidad,
contemplando diferente perspectivas al mismo tiempo, implicando el enriquecimiento
de las habilidades de regulación emocional en la vejez (Charles & Carstensen, 2007).
Específicamente en lo relativo a la regulación emocional, los adultos mayores utilizan
en mayor medida que los jóvenes las estrategias de selección de situaciones. Es decir,
regulan sus emociones de manera preventiva, eligiendo cuidadosamente en que
actividades y vínculos involucrase para evitar emociones negativas.
Otra propuesta conceptual de interés es la de Blanchard Fields (2007), que
presenta un enfoque de la RE centrado en el estudio de problemas de la vida cotidiana,
desestructurados y dinámicos, en los que se requieren habilidades y conocimientos para
aprovechar las oportunidades y responder a las demandas del ambiente. Los recursos
que los adultos mayores ponen en juego a la hora de resolver estas situaciones
emocionalmente problemáticas se mantienen y optimizan con la edad, lo que explicaría
los altos niveles de bienestar emocional y la mayor comprensión de las emociones en
esa etapa de la vida. Blanchard Fieds afirma que la RE en los adultos mayores es
cualitativamente distinta de la otras etapas vitales: los adultos mayores presentan
respuestas más flexibles, más complejas –heterogéneas-, más maduras y más efectivas
que los adultos jóvenes (Coats & Blanchard Fields, 2008). Asimismo, en situaciones de
conflicto con vínculos cercanos, prefieren la utilización de estrategias de regulación
emocional focalizadas en sí mismos, es decir, la reflexión y reevaluación de situaciones,
por sobre la expresión o afrontamiento directo (Blanchard Fields, Stein y Watson,
2004). En un estudio que indagaba el rol de las metas y la complejidad emocional en
situaciones de conflicto interpersonal, los adultos mayores presentaron estilos
diferenciados de regulación emocional de acuerdo al nivel de complejidad de los
conflictos interpersonales, lo que soporta la hipótesis de mayor flexibilidad y ajuste
situacional a las situaciones de conflicto y lo que repercute en una mayor eficacia de
resolución de los mismos (Coats & Blanchard Fields, 2008).
En este recorrido se pretendió fundamentar la importancia de las emociones y
los recursos de regulación para el funcionamiento social en la vejez. Dado que las redes
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de apoyo son predictores de longevidad, salud y bienestar (Arias & Scolni, 2013), la
intervención sobre este tipo de recursos tiene un importante impacto potencial sobre la
calidad de vida en los mayores.
C. OBJETIVOS
1. Describir los contextos de la experiencia de malestar emocional más frecuentes
reportados por personas mayores de la ciudad de Mar del Plata.
2. Identificar qué recursos de RE se aplican frente a estas situaciones.
3. Diseñar una intervención para fortalecer y visibilizar los recursos de los mayores.
D. DIAGNÓSTICO
ASPECTOS METODOLÓGICOS
Con el objetivo de realizar el diagnóstico se relevaron dos tipos de fuentes
documentales. En primer término, se revisó la base de datos de la Encuesta nacional de
calidad de vida de adultos mayores (ENCaViAM, 2014), con el objetivo de identificar
si se habían recolectado datos pertinentes para el estudio planteado. Esta encuesta fue
realizada por el Instituto nacional de estadística y censos y la muestra fue seleccionada a
partir de un muestreo representativo de los adultos mayores de todo el país. Se encuestó
a un total de 5.377 personas mayores.
Luego se procedió a desarrollar una investigación cualitativa-exploratoria en la ciudad
de Mar del Plata, mediante la aplicación de un diseño cualitativo, seleccionando a los
participantes de manera intencional se entrevistaron 25 sujetos adultos mayores en la
ciudad de Mar del Plata. En cuanto al género, fueron 13 mujeres y 12 varones, con una
media de edad de 69.2 años (DE= 3.5). Los adultos mayores vivían en un 25.8% solos,
un 38.7% con su pareja y un 35.5% con el grupo familiar. Más información sobre el
desarrollo de esta investigación se describe a continuación:
INSTRUMENTOS
Mediante una entrevista semiestructurada se exploraron las situaciones específicas en
las que las personas informan sentir emociones que resultaran intensas y difíciles de
controlar. El guion de la entrevista comenzaba con una pregunta abierta en la que se
pedía que los participantes informaran sobre escenas cotidianas en que registraran este
tipo vivencias. Posteriormente, se exploraban otros escenarios que no hayan sido
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incluidos en el relato inicial, por ejemplo, vida familiar, amistades, etc. Las mismas
fueron grabadas en soporte audio digital.
PROCEDIMIENTO
Se realizó un procedimiento de muestreo intencional en diferentes zonas de la ciudad de
Mar del Plata. Se recorrieron centros educativos, bibliotecas públicas, centros
recreativos, comercios, entre otros, para convocar a participantes. Se procedió a
informar los objetivos y los requerimientos para la participación, incluyendo la
presentación y firma de un formulario de consentimiento informado. En el mismo se
explicitaba que la participación era de carácter voluntario, anónimo, confidencial y que
la información derivada de la investigación se utilizaría con fines exclusivamente
científicos, bajo la jurisdicción de la Ley Nacional Argentina 25.326 de protección de
los datos personales.
La entrevista se realizó de manera individual en el contexto donde se encontraban los
participantes en el primer contacto. La administración total llevó, como máximo, 20
minutos.
Para obtener los resultados se realizó un análisis de contenido de las narrativas
obtenidas en las entrevistas. Específicamente, se aplicó un análisis de contenido dirigido
(Hsieh & Shannon, 2005), debido a que se cuenta con propuestas teóricas referidas a la
experiencia emocional en contextos cotidianos. En función de estas, se generó un
diccionario de categorías deducidas de los antecedentes (Blanchard-Fields, 2007;
Fingerman, Turiano, Davis, & Charles, 2013; Gross, 2015) y, durante el proceso de
análisis, se incluyeron otras emergentes de la lectura iterativa de las narrativas (Tobin &
Begley, 2004). Se realizó reorganización de los códigos pre definidos en función de las
narrativas recolectadas. Por ejemplo, se fusionaron Expresión emocional y Resolución
de Problemas, ya que las narrativas de ambos códigos referían a comunicar las
emociones sentidas a quienes participaron en la situación en que se provocaron las
emociones como forma de resolución de la tensión. Se identificaron tres grandes grupos
de categorías: 1) situación en que se generaba la emoción, 2) tipo de emoción sentida y
3) las características de los procesos de regulación emocional. Se utilizó el software de
análisis cualitativo Atlas Ti 7.
DESARROLLO
1. Datos a nivel nacionales
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A partir de la revisión de los datos recabados en la ENCaViAM se seleccionaron
una serie de variables que aportan información relevante para este estudio. En primer
lugar, se procedió a identificar los tipos de hogares en donde habitan los adultos
mayores de la República Argentina. Se encontró que más de la mitad de los encuestados
vivían junto a personas de otras generaciones (53.2%), mientras que en medida vivían
solos (19.1%) o con pares (27.8%). A partir de estos resultados consideramos que el
problema de investigación planteado tiene relevancia, debido al alto porcentaje de
hogares en que conviven personas de diferentes generaciones.
Este informe también recolectó datos sobre indicadores de malos tratos en las
relaciones familiares intergeneracionales. Se exploró si se considera que a las personas
mayores se las respeta más que a los más jóvenes. Frente a esta afirmación un 25.0% de
los encuestados respondió negativamente. También se preguntó si consideraban que a
en la familia a las personas mayores se las insulta o agrede más frecuentemente que a
alguien más joven. En este caso un 21.7% contestó positivamente. En síntesis, más del
20% de los adultos mayores de nuestro país informa percibir situaciones que podrían
generar malestar emocional en el seno de relaciones familiares.
2. Datos locales
1. Contextos
Se pidió a las personas mayores que describan situaciones en que se
experimentaban malestar emocional. A partir del análisis de contenido dirigido
encontramos que cada entrevistado aportó al menos una situación de malestar
emocional. En total, se identificaron 26 narrativas de este tipo de escenas dentro del
total de 40 fragmentos analizados. Los 14 fragmentos restantes no explicitaban
contextos específicos o se hablaba de manera genérica, lo que imposibilitó la
categorización. La mayoría de las mismas implicaron situaciones con familiares de otras
generaciones (44.0%, n=13), seguido por relatos con otros vínculos familiares (24.0%,
n=6). En menor medida, las personas mayores aportaron relatos que involucraban
amigos (19.2%, n=5) y parejas (7.0%, n=2).
Los relatos narraron situaciones en que las diferencias en las maneras de pensar
o afrontar situaciones cotidianas generaban malestar. En las situaciones que
involucraban a familiares de otras generaciones se centraron en situaciones con hijos.
Estas diferencias suelen ser atribuidas a la falta de experiencia o a la etapa vital en que
se encuentran. Por ejemplo, un hombre relató lo siguiente:
“Las discusiones con mis hijos me hacen enojar, pero
bueno, ya están grandes, es normal. Ahora se suelen dar
cuenta de que están equivocados, de que pifiaron. Por eso,
después vienen a pedir disculpas, y ahí se termina el asunto”
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En las relaciones familiares con pares, el malestar se explica mayoritariamente por
diferencias de personalidad o creencias. Por ejemplo, una entrevistada afirmó:
“Me pasa con mi hermana mayor, que es una mujer tan
pero tan difícil, que muchas veces se enoja, me pelea, me trata
muy mal y entonces yo no la llamo, porque me da mucha rabia
que sea tan mal llevada, que se enoje tanto por capricho. Yo
me lo aguanto hasta que no puedo más, y no la veo, me llama y
les pido que no me pasen”
2. Emociones
Se identificaron las emociones ira o enojo, tristeza y una categoría que agrupa
emociones nombradas con menor frecuencia, como la preocupación o la ansiedad. Es
importante destacar que muchas veces las situaciones provocaban varias emociones
simultáneas, debido a esto se encuentra una mayor frecuencia de emociones que de
situaciones. En las 40 narrativas, se codificaron 19 (47.5%) menciones a emociones del
tipo de ira, 12 (30.0%) referencias a emociones como la tristeza o el pesar y 4 (10.0%)
a la preocupación o ansiedad.
3. Regulación emocional
Respecto de los recursos, la organización sigue el modelo modal propuesto por
Gross (2014). Encontramos que los entrevistados informaron variados recursos para la
regulación emocional. Reevaluación cognitiva fue la estrategia utilizada con mayor
frecuencia (47.5%, n=19), agrupa los relatos en que los sujetos afirman modificar en el
modo de interpretar la situación en función de valores y objetivos personales. Un
ejemplo de este tipo de estrategia es la aportada por un hombre: “Ante todo trato de no
hacerme mala sangre, porque me importa mucho estar bien, estar tranquilo y
entretenido”. En el segundo lugar, encontramos que a la estrategia Expresión y
afrontamiento (40.0%, n=16). Esta categoría agrupa las narrativas en las que se
identifica que las personas presentan comportamientos orientados a solucionar un
conflicto, que puede incluir la expresión de las emociones. Un hombre afirmó:
“A mí lo que ya me interesa es resolver lo que haga
falta, que las cosas importantes que se vengan en el camino
poder arreglarlas, hacer lo que haya, sin muchas vueltas,
hacer lo que haya que hacer, como si te dijera, en un problema
de salud, mío o de mis hijos o nietos, ahí, para mí, primero la
cuestión, después andar viendo si uno está triste o con miedo”
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El tercer tipo de estrategia con mayor frecuencia fue Distracción. Esta categoría
agrupa los relatos en los que identifican comportamientos de focalizar la atención es
aspectos ajenos a la situación que produce la emoción no deseada (37.5%, n=15). La
siguiente viñeta, correspondiente a una mujer, presenta un relato categorizado de esta
manera:
“Las tristezas hay que dejarlas, si me despierto
pensando en las personas que me faltan, me voy, agarro me
voy a la calle y hablo con el verdulero, con el almacenero, con
todo el mundo y ya está, cuando vuelvo a mi casa ya está.
Nunca me tengo que quedar encerrada, yo no me encierro. Yo
me tengo que sacar la tristeza de adentro.”
Otra estrategia identificada fue Selección de situaciones. Este grupo de
narrativas presentan en común comportarse de manera tal que se evita involucrarse (o
implicarse más de lo que ya se está) en una situación que produce emociones negativas.
También presentó frecuencia considerable (32.5%, n=13). Se clasificó en esta categoría
relatos tales como el de este hombre mayor “Con mi familia ahora trato de evitar las
cosas que pueden llevar a peleas, cuando pasa algo que pueda provocar una pelea, me
voy, doy una vuelta, salgo.”
Por último, se encontraron dos relatos que pueden agruparse bajo la categoría de
Búsqueda de apoyo emocional. Se entiende por esto a los comportamientos que
implican compartir o comunicar una vivencia emocional con otra persona con el
objetivo de obtener alivio (5%, n=2). Uno de los relatos fue aportado por una mujer:
“Con el tema con esta señora, yo le tuve que pedir
ayuda a otra amiga, me dio consejo, me dijo ayudó, a darme
cuenta que el problema es de la otra y que yo tengo que hacer
de cuenta que no pasó nada, porque así se me iba a pasar a mí
también.”
En síntesis, en el diagnóstico nacional como local encontramos que los vínculos
familiares pueden ser tanto una fuente de satisfacción como de malestar emocional. Las
personas mayores informaron que, de todos sus vínculos, los familiares y,
particularmente los intergeneracionales, eran en los que sentían emociones negativas
con mayor frecuencia. Estos datos condicen con la perspectiva de los vínculos
ambivalentes (Silverstein & Giarrusso, 2010), presentada en páginas anteriores. La
emoción más nombradas fueron la ira y, en segundo lugar, la tristeza, lo que indica que
las situaciones que las evocan son percibidas como agresiones, injusticias o pérdidas,
respectivamente. Respecto de los recursos de regulación referidos por los participantes,
encontramos que son complejos y variados, tal como predicen las teorías del desarrollo
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emocional (Blanchard-Fields, 2007; Charles & Carstensen, 2007). El uso de las
estrategias de reevaluación cognitiva, selección de situaciones y distracción coincide
con las predicciones de la teoría de la selectividad socioemocional, mientras que el
afrontamiento y expresión se alinea con lo predicho por Blanchard Fields (2007). Es
interesante destacar que, más allá de lo predicho por las teorías como positivo, los
recursos de informados presentan en común estar centrados en el propio sujeto, sin
recurrir al apoyo de otros (a excepción del afrontamiento, pero en este caso se enfrenta a
otro). Estos recursos, por lo tanto, si bien pueden ser efectivos, podrían incrementar aún
más su efecto positivo si se recurriera a estrategias que involucraran buscar apoyo y
validación en sus redes. Tanto el sujeto como las redes podrían verse enriquecidas y se
favorecería un envejecimiento más satisfactorio, según indican tanto datos de
investigaciones empíricas como teorías sobre el envejecimiento emocional (ver sección
Envejecimiento emocional, en Introducción).
E. PROPUESTA DE INTERVENCIÓN Y CONCLUSIONES :
En función de los hallazgos presentados, encontramos que los adultos mayores
de la Argentina conviven mayoritariamente con sus familias. Si bien la mayor parte
reporta sentir que en el contexto de la familia los mayores son respetados, una de cada
cinco personas informa percibir situaciones de faltas de respeto y agresión en el
contexto familiar.
En la muestra local, casi cinco de cada diez situaciones informadas como fuentes de
malestar referían a contextos familiares intergeneracional, llegando a siete de cada diez
si se adicionan las dos categorías de contextos familiares. Igual proporción refirió
enojarse o sentir tristeza en esos eventos. Al analizar los recursos que utilizados, se
encontró que los adultos mayores presentaban estrategias variadas (revaluación
cognitiva, resolución y expresión emocional, selección de situaciones y distracción). Sin
embargo, es llamativa que la mayoría de estos recursos están centrados en el propio
sujeto o, en menor medida, involucran el afrontamiento con personas directamente
implicadas en la situación. Frente a esto, encontramos tres posibles razones que
fundamenten este sesgo hacia los recursos individualistas según la literatura específica.
En primer lugar, podría ocurrir que no se busca apoyo en otros debido a los
estereotipos sociales que recaen sobre los mayores (Iacub & Arias, 2010), en los que se
los percibe como personas débiles, por lo que comunicar su malestar podría
retroalimentar positivamente este estereotipo. En segundo lugar, en una investigación
sobre regulación emocional, Márquez González, Fernández de Trocóniz, Montorio
Cerrato y Losada Baltar (2008) encontraron que los mayores informaron mayor uso de
la supresión emocional que otros grupos etarios, al contrario de lo que las teorías del
desarrollo emocional predecían. Frente a este resultado, proponen la hipótesis que los
mayores que participaron en el estudio han sido socializados en un contexto donde la
expresión emocional era sancionada negativamente, por lo que no aprendieron a
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comunicar sus emociones. Ese hallazgo condice con lo encontrado en una investigación
previa en el territorio de Mar del Plata, encontramos que las personas mayores
informaron disimular sus estados de malestar con el objetivo de cuidar sus vínculos
familiares, debido a que exponerse podría dañarlos (Giuliani, Zariello, Scolni & Goris
Walker, 2013). Estos dos últimos resultados podrían funcionar como dos caras de una
misma moneda: el hecho de haber aprendido a no expresar sus emociones puede
sostener la creencia que hacerlo es algo potencialmente dañino para los vínculos.
Además, en la investigación local ya mencionada, se encontró que los jóvenes
buscaban deliberadamente la contención de sus vínculos frente a situaciones de
malestar. Estas maneras contrarias de comportarse frente al malestar emocional podría
contribuir a generar dificultades en la interacción, ya que parte del funcionamiento de
las redes de apoyo se basa en la confianza y cuidado mutuo. Sin embargo, en estos dos
grupos etarios el cuidado de la red puede tener significados opuestos, los jóvenes
buscan apoyo como manera de cuidarse (y cuidar) y los mayores lo evitan por la misma
razón.
En relación a los recursos de regulación emocional, Márquez González, Fernández de
Trocóniz, Montorio Cerrato y Losada Baltar (2008) consideran que la falta de
validación de la experiencia emocional de los mayores podría repercutir negativamente
en el desarrollo de todas las habilidades socioemocionales. Sin embargo, en nuestro
diagnóstico, a contrario, encontramos que los participantes informan recursos
adaptativos de regulación emocional, pero con el sesgo hacia la individualidad ya
descripto. Si bien podría constituir una dificultad para el desarrollo socioemocional
posible en la vejez, dado que apoyarse en otras personas (y apoyar a otros) podría
significar una es una herramienta de empoderamiento sumamente eficaz (Arias &
Scolni, 2013), consideramos que también puede funcionar como un capital que potencie
el aprendizaje de nuevas estrategias.
En función del diagnóstico realizado, proponemos una intervención en la que se
visibilice el potencial salugénico del apoyo social y se entrenen las habilidades que
permiten una adecuada comunicación y expresión emocional. Incorporar el recurso de
búsqueda de apoyo emocional no solo incrementaría la flexibilidad frente a las
situaciones de malestar cotidiano sino que, al mismo tiempo, fortalecería los vínculos y
repercutiría positivamente en su bienestar y estado de salud (ver Arias & Scolni, 2013).
PROPUESTA DEL TALLER “COMUNICACIÓN PARA EL BIENESTAR”
El objetivo general de la propuesta es que los participantes adquieran competencias
para buscar y brindar apoyo en sus vínculos frente al malestar emocional. Para lo cual,
se especifican los siguientes objetivos particulares.
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Que los participantes:
A. Reconozcan los efectos positivos del apoyo social en la salud y bienestar.
B. Comprendan aspectos básicos de la comunicación humana y los vínculos
familiares y de los grupos según el paradigma sistémico.
C. Desarrollen habilidades para comunicarse asertivamente.
ESTRATEGIA A IMPLEMENTAR
Se trabajará con un taller participativo dentro del programa UPAMI-UNMdP. El
mismo tendrá una frecuencia seminal y una duración de 90 minutos. Consistirá en un
total de 20 encuentros.
En el taller se desarrollan contenidos teóricos y se proponen ejercicios grupales e
individuales para favorecer tanto el aprendizaje conceptual como el vivencial de las
temáticas. Además, se trabajará con pequeñas crónicas personales y grupales.
A continuación presentamos un temario detallado:
- Presentación conceptual del modelo del apoyo social
El apoyo social es un tema de estudio que se ha desarrollado ampliamente en las
últimas décadas. Refiere a la interpretación que hace el sujeto de su pertenencia a un
grupo, a partir del cual adquiere derechos y obligaciones, y da y reciben cuidados,
estima y valor (Gil Lacruz & Frej Gómez 1993).
Se procederá a describir los beneficios de la participación en grupos sociales
para el bienestar y la calidad de vida a partir de la integración familiar y comunitaria.
Además, se describirán los cambios que típicos de las redes de apoyo de las personas
mayores, tanto las pérdidas como las ganancias. Estas últimas han sido poco estudiadas,
pero las investigaciones existentes dan cuenta de numerosas incorporaciones de
vínculos familiares y no familiares (Arias & Scolni, 2013). Se caracterizarán los
aspectos positivos y ambivalentes de las relaciones intergeneracionales (Junta de
Andalucía, 2010). Se realizarán actividades para describir las propias redes sociales, los
apoyos que brinda cada vínculo y los brindados por los participantes.
-Comunicación humana: Modelo de realidad y de hombre
Se fundamenta el estudio de la comunicación en tanto vehículo básico para el
establecimiento y mantenimiento de las relaciones. Partimos de un enfoque centrado en
los aspectos sociales del hombre y la importancia de construir relaciones afectivas con
los otros. Se hace hincapié en los aspectos culturales y vinculares de la conducta
humana. De este modo, se exponen los postulados centrales del modelo constructivista
y se trabaja a través de la presentación de ejemplos con la finalidad de visibilizar las
múltiples maneras de interpretar una misma situación.
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-Coherencia entre emoción, pensamiento y conducta
Se presenta la conducta, la emoción y las creencias como fuentes de
autoconocimiento desde un modelo integral, donde todos los componentes conforman
una totalidad en el proceso comunicacional. Buscamos percibir desde un enfoque
situacional las emociones y los pensamientos, aunque en sí mismos no sean
beneficiosos o no deseables para uno mismo o para el vínculo. Esto se trabaja en el
marco de la aceptación personal, centrándonos en la vivencia individual (Rogers, 1977).
A partir de este tipo de ejercicios se construyen las bases sobre las cuales se generará
una comprensión empática de los otros.
-Axiomas de la comunicación humana
A partir de lo anteriormente elaborado, se pasa a trabajar con lo que
Watzlawick, Bean y Jackson (1997) denominaron axiomas de la comunicación humana.
Se trata de pautas de la pragmática de todo evento comunicacional humano que no
podemos eludir y que todos seguimos, aún sin darnos cuenta de que lo hacemos. Se
trabajarán la imposibilidad de no comunicar, la comunicación en sus versiones
analógica y digital, los aspectos de contenido y relación de los mensajes, la puntuación
de la secuencia de hechos y simetría y la complementariedad en las relaciones.
- La familia como sistema
Se presentarán conceptos sobre el funcionamiento de los sistemas familiares. Se
presentarán un modelo clásico del ciclo de vida familiar, los cambios en estos a partir de
la profundización del envejecimiento poblacional y las consecuencias para las
interacciones cotidianas. Se compararán las reglas típicas de las relaciones de amistad y
familiares para visibilizar los apoyos complementarios que brinda estos vínculos
(Watzlawick Bean & Jackson, 1997).
-Asertividad
El foco de este momento es clarificar la noción de habilidades sociales definidas
como un conjunto de comportamientos complejos, aprendidos (y modificables)
específicos de las relaciones interpersonales (Caballo, 1993). Se trata de favorecer la
flexibilidad de los patrones de conducta y pensamiento, desnaturalizando que la manera
en que nos relacionamos con los otros forma parte de nuestra personalidad (“nuestra
forma de ser”), para fortalecer la perspectiva que afirma que son producto del
aprendizaje, de los modelos de los cuales aprendimos a relacionarnos y que, por lo
tanto, pueden ser modificados. Un tema central en esta etapa del taller es trabajar la
perspectiva ecológica de los recursos personales: las herramientas que sirvieron en una
etapa o momento de la vida no tienen por qué servir en otro, así como las que le
sirvieron a una persona en su juventud no son las que hoy sirven a la juventud actual
(Bronfenbrenner, 1987). De esta manera, trabajar la relativización de ciertos valores y
de la propia identidad son cuestiones que permiten connotar positivamente la necesidad
de cambio, pasando el foco del sufrimiento a la necesidad de adaptación, para favorecer
el desarrollo personal. Posteriormente se presenta el concepto de asertividad, entendido
como la capacidad de autoafirmar los propios derechos sin dejarse manipular ni
manipular al otro (Castanyer, 1996). Dentro de este tema se incluirá el entrenamiento en
expresión emocional y en pedir y dar apoyo a otros como manera de cuidar los vínculos
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y la individualidad. Además, se presentarán diversas estrategias de afrontamiento y
regulación emocional.
3. Recursos utilizados
Partiendo de los objetivos del taller, se emplean recursos variados y flexibles en
función de las necesidades de cada tema y de cada grupo. Cada clase se utiliza la
presentación de diapositivas con palabras clave y esquemas que favorecen la
visualización de procesos comunicacionales abstractos. Al trabajar la asertividad
utilizamos viñetas para abordar, mediante la técnica de simulación, escenarios
interpersonales de menor complejidad que los vividos por los participantes. Dado que el
curso aborda la reflexión sobre procesos cotidianos y automáticos, la posibilidad de
mostrar un modelo concreto de los procesos de comunicación es un recurso didáctico
de gran eficacia. Asimismo, con el objetivo de favorecer la comprensión y empatía
respecto de las diferencias interindividuales, proponemos la incorporación de análisis de
films. Este tipo de actividades han sido destacadas por su potencial para generar
empatía frente a la diversidad, favorecer la comprensión de las sutilezas del
comportamiento y pensamiento humano y facilitar el diálogo reflexivo al respecto. A
partir del análisis de la trama (texto) y el paisaje psicológico y cultural donde se
desarrolla la misma (subtexto), se favorece la creación de significados e inferencias
respecto a las formas más o menos funcionales de vincularse (Niemiec & Wedding,
2014). El aprendizaje de tipo observacional ofrece modelos positivos (cuyos
características favorecen la experiencia personal satisfactoria), negativos (protagonistas
que presentan comportamientos que generan malestar) o transicionales (personajes que
modifican rasgos negativos y adquieren pautas funcionales). Estos últimos resultan ser
los más potentes, ya que visibilizan los procesos de cambio psicológico. Además, al
tratarse de un dispositivo de tipo taller, el aprendizaje se produce a partir de compartir
ideas, experiencias y reflexiones entre los pares. Así, se estimulan las habilidades de
pensamiento crítico que permiten la evaluación constructivista de argumentos
contradictorios, favoreciendo la validación interpersonal de las diferentes lecturas
posibles (Bluestone, 2000).
4. Acciones previstas para la evaluación de la intervención.
Para la evaluación de curso se implementará un instrumento diseñado ad-hoc,
que explorará los siguientes datos:
1) Nombre, edad, género, tipo de hogar, participación actividades (cursos o
talleres, actividad física, voluntariado, en organizaciones, cuidado de niños y cuidado de
personas dependientes)
2) Exploración de la manera en que conoció la propuesta, motivaciones y
expectativas.
3) Tipo y calidad del apoyo social disponible, mediante la entrevista
estructurada de apoyo social (Vaux & Harrison, 1985).
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4) Indagación de la experiencia de malestar en vínculos de apoyo familiares
y no familiares los recursos de afrontamiento utilizados mediante un formulario de
frases incompletas.
5) Asertividad: se aplicará la escala de asertividad de Rathus (2014). La
misma consiste en un instrumento formato Lickert de 5 opciones de respuesta según
grado de acuerdo, 1= para nada de acuerdo a 5= totalmente de acuerdo. Consta de 22
items organizados en las dimensiones demostrar disconformidad, manifestación de
sentimientos y creencias, eficacia, interacción en organizaciones, expresión de
opiniones y decir que no. Estas presentaron un índice de consistencia interna entre .60 y
.70.
En el segundo encuentro se aplicará todos los instrumentos, y en el último se
aplicarán por segunda vez los instrumentos 3, 4 y 5. Además, se aplicará una pregunta
abierta en la que se exploren si perciben cambios en su experiencia en las relaciones con
sus vínculos familiares (intergeneracionales y con pares) y no familiares a partir de la
participación en el taller.
Una vez obtenida la información en ambos se compararán los datos obtenidos,
para identificar si los aspectos indagados difieren entre el primer y segundo momento
de evaluación. Además, se analizarán las respuestas recibidas respecto de los cambios
percibidos (o su ausencia) en la pregunta abierta. En función de los resultados se podrá
evaluar la eficacia de la aplicación del taller participativo.
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