Dime Iglesia 07.gestandovida 20
Dime Iglesia 07.gestandovida 20
UNIDAD 7
Gestando vida
Prof. MIRIAM MARX
Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 1
Contenido Pág.
Objetivos 3
Introducción 3
Actividad 1 3
Iglesia sacramento de salvación 3
Textos del Concilio 4
Significado del término sacramento 5
Sacramento en sentido bíblico 5
- En el Antiguo Testamento 6
- En el Nuevo Testamento 6
Significado del término salvación 7
- Salvación desde la perspectiva filosófica 7
- Influencia griega 7
- Los maestros de la sospecha 9
La salvación cristiana 10
- En el Antiguo Testamento 11
- En el Nuevo Testamento 12
Jesús, modelo de la iglesia sacramento de salvación 13
Actividad 2 14
Necesidad de la iglesia para la salvación 15
- Alcance y sentido del Concilio 16
Interrogantes, consecuencias y desafíos 17
Actividad 3 17
Para participar en el foro 19
Lectura sugerida: La iglesia, sacramento de salvación 20
Unidad 7
GESTANDO VIDA
Objetivos
Reconocer y comprender los modos que la iglesia tiene para gestar Vida.
Clarificar el concepto de sacramento y de salvación en el AT, en el NT y en la iglesia.
Introducción
El Concilio Vaticano II, sobre todo en la Lumen Gentium, presenta también a la iglesia
como "sacramento de salvación". Volvemos a decir aquí, una vez más, que no son
distintas iglesias, sino distintas maneras complementarias de presentar y vivir la misma
iglesia.
Generalmente cuando hablamos de iglesia como sacramento de salvación, parece
abstracto, algo lejano de la realidad ya que son términos que hoy no solemos usar.
Para poder entender mejor qué queremos decir con iglesia sacramento de salvación,
comenzamos con algunas experiencias de la vida diaria y, luego continuamos
explicando qué entendemos por sacramento en sentido bíblico y aplicado a la iglesia y,
finalmente explicamos el sentido de la palabra salvación para luego también aplicarlo
a la iglesia. Sacramento y salvación son dos conceptos que están muy unidos, ya que
todos los sacramentos nos “salvan”.
Actividad 1
Recuerda alguna experiencia personal de “salvación”
Y la iglesia nos da la salvación... ¿qué salvación? Salvación ¿de qué y para qué?
Ante estas preguntas hay muchas respuestas y muy variadas. Unas satisfacen
momentáneamente, otras, se quedan muy cortas y provocan nuevas preguntas, otras,
dan un sentido total a la existencia. También es cierto que muchas veces se evaden las
preguntas y en nuestra época, se prefiere vivir al día sin demasiados interrogantes.
Esta es también una de las características propias de lo que llamamos la sociedad de
consumo. Nuestra sociedad crea necesidades que pueden satisfacerse
inmediatamente con los cientos de productos que existen en el mercado, o bien, el
mercado se encarga de dar respuestas satisfactorias a casi todas las necesidades de la
persona... siempre que las personas puedan responder económicamente. Esto
engendra una concepción cada vez más individualista en la sociedad. Y crea
situaciones de profunda insolidaridad e insatisfacción ya que cada vez que se satisface
una necesidad aparece otra.
LG 1
“La Iglesia es, en Cristo, como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la
unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano".
LG 48
Porque Cristo..., envió sobre los discípulos a su Espíritu vivificador, y por El hizo
a su Cuerpo, que es la Iglesia, sacramento universal de salvación
GS 45
...Todo el bien que el Pueblo de Dios puede dar a la familia humana al tiempo de
su peregrinación en la tierra, deriva del hecho de que la Iglesia es
"sacramento universal de salvación"
AG 1
Enviada por Dios a las gentes para ser "sacramento universal de salvación", la
Iglesia, por exigencia radical de su catolicidad... se esfuerza en anunciar el
Evangelio a todos los hombres...
1
El misterio es el designio salvador de Dios (cfr. Dan 2,18ss) que no se entiende si Dios mismo
no lo manifiesta. Para el libro de la Sabiduría, el sabio es el que ha penetrado en los designios
salvadores de Dios. Por lo tanto, misterio no es algo enigmático o aquello que muchas veces
aparece en las películas de misterio, sino el proyecto de Dios que se va revelando en la historia.
- En el Antiguo Testamento
Ya desde los comienzos de la historia de salvación, Dios se eligió un pueblo como signo
y promesa del nuevo Pueblo.
Israel es signo de la acción de Dios que, por amor, libera a las personas de toda
esclavitud y que, también por amor, no se desinteresa del destino de la historia
humana, sino que la abre a la esperanza.
Israel no es solo un signo de la presencia de Dios en la historia de un pueblo, sino que
esto además implica una responsabilidad: Israel ha de ser luz de las naciones, para que
todos los pueblos conozcan el amor de Dios2. En otras palabras, no es un signo cerrado
e inasequible, sino abierto y portador de esperanza para todos los pueblos, de él
surgirá la salvación definitiva y universal: Jesús de Nazaret.
- En el Nuevo Testamento
En Jesús se realizan las promesas que Dios ha hecho a su pueblo y, en él a toda la
humanidad, de dar una respuesta salvadora a los problemas e interrogantes
profundos de cada persona.
En este sentido, decimos que, Jesús es el sacramento
original de Dios Padre. Él, en su humanidad, nos da a
conocer la salvación y a su vez la visibiliza, y crea salvación
con su presencia entre los hombres y mujeres: "Dios no
mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para
que el mundo se salve por El"3.
Esta acción salvadora y amorosa de Dios, se hace presente
en Jesús, en sus palabras y en su acción. Jesús donó como
herencia a su iglesia su propia vida. Ella debe ser ahora la
presencia visible y salvadora, en la historia de este
mundo, del amor y de la salvación de Dios.
2
Cfr. Is 49,6.
3
Jn 3,17.
4
El mensaje evangélico trasciende toda cultura, pero utiliza los elementos culturales de cada tiempo
y de cada situación para hacer inteligible su mensaje.
5
Para Platón y su escuela esta culpa se da en el mundo preexistente de las almas. Por ello son
castigadas a vivir en la cárcel de este mundo, en el cuerpo, donde se han de purificar mediante la
ascesis.
6
GS 43.
La salvación cristiana
Cuando hablamos de salvación en el ámbito eclesial, podemos recordar a Pablo VI
cuando afirma que la salvación de la cual la iglesia es signo e instrumento “debe
abarcar al hombre entero, en todas las dimensiones, incluida su apertura al Absoluto
que es Dios”7. “Los derechos y deberes de toda la persona humana,
la vida familiar, la vida comunitaria de la sociedad, la vida
internacional, la paz, la justicia... hasta los procesos de liberación
que están viviendo en muchos pueblos”8.
Para comprender el sentido del término salvación, acudimos a la
Biblia. Aquí este concepto es frecuente y muy rico en significados.
7
Evangelii Nuntiandi 33.
8
Evangelii Nuntiandi 29.
En el Antiguo Testamento
En el AT hay una concepción amplia y variada de "salvación" y tiene una relación muy
íntima con el concepto de "liberación". El acontecimiento fundamental en torno al cual
gira toda la idea de Israel sobre la salvación es el Éxodo.
En esta acción de Dios en favor del pueblo se concentra la historia de Israel como una
"historia de salvación" cuyo protagonista principal es Dios creando situaciones de
libertad para Israel. Estas situaciones de libertad, ante la amenaza de peligros y
desgracias, van formando la trama histórica de salvación.
La liberación de Egipto se convierte en modelo para el Pueblo de Israel y en la clave
para saber quién es Dios: Dios es el salvador, el liberador.
Esta acción posee ciertas características que se repetirán incesantemente en la
historia de Israel:
Iniciativa divina: es Dios quien toma la iniciativa de dar la salvación a su pueblo.
Dios está constantemente atento a las necesidades de su pueblo y lo va
acompañando a vivir situaciones de mayor libertad, liberándolo de las
opresiones históricas en que se encuentra.
Fuerza divina: en sus acciones liberadoras, Dios se muestra como el Dios fuerte.
Más fuerte que los poderes de la esclavitud y de la muerte. Esta fuerza
proviene de su amor por la libertad y la salvación de todas las personas, y se
expresa en la historia de un pueblo concreto.
El Pueblo de Dios: es el favorecido de esta salvación. No es una salvación
anónima, sino que cada persona encuentra también la salvación en cuanto que
pertenece a este pueblo y vive la alianza que Dios ha hecho con él.
Transformación concreta de la realidad: la salvación de Dios no afecta sólo a
una dimensión espiritual o religiosa del hombre. Es una liberación concreta que
se da en un cambio real de la opresión a la libertad9.
Si eliminamos de la salvación su elemento histórico, terreno, nos quedamos sólo con
un espiritualismo ineficaz. Si eliminamos, la dimensión trascendente, nos quedamos
con una esperanza cerrada que no ofrece respuestas a las preguntas del ser humano.
Esta salvación que Dios ofrece, se experimenta en el paso de una situación negativa,
situación real y concreta, histórica y temporal, a una situación positiva, también real y
concreta, histórica y temporal. En este paso actúa Dios acompañando la
9
Ex 3,7-10.
En el Nuevo Testamento
Para que nosotros podamos comprender qué es la salvación y cómo alcanzamos la
salvación, Dios la hizo visible en su Hijo Jesús. Ser persona según la voluntad de Dios y,
por ello, salvados y santificados, es aceptar y seguir en nuestra existencia el camino de
Jesús (seguimiento, distinto de imitación). Dios nos manifestó su voluntad: la salvación
del ser humano y de todos los seres humanos consiste en ser persona en plenitud. La
novedad radical es que en Jesús, Dios se manifestó plenamente.
Jesús anuncia con su palabra y proclama con sus gestos que el Reino de Dios ya está
aquí, actuando, creciendo, transformando la tierra y la historia, creando una nueva
forma de existencia. El Reino anunciado por Jesús es la salvación del varón y la mujer.
Actividad 2
¿Qué personas/grupos aparecen en el texto?
¿En qué situación estaban?
¿En qué consistió la salvación?
¿A través de qué gestos, palabras se manifestó?
Este relato no es simplemente un episodio de la vida de Jesús. Aquí Lucas narra cómo
salva Dios, a través de la acción de Jesús y, al mismo tiempo, lo proponemos como
paradigma para la iglesia.
Lo primero que encontramos en el texto son dos grandes grupos de personas que
caminan en direcciones opuestas.
10
Cfr. Lc 1, 24 -25.
había muerte. El joven que estaba muerto "se incorporó y empezó a hablar". Son los
signos de vida: caminar y poder hablar.
Jesús ha transformado una situación negativa (muerte) por la acción y la palabra, en
una situación positiva (vida). Ahora entrega el hijo vivo a su madre.
La situación de la mujer (la verdadera protagonista del relato) ha cambiado
radicalmente. La que "no era madre", ni tenía esperanzas de volver a ser madre
(salvación), vuelve a serlo por la iniciativa, la misericordia y la acción de Jesús. Esta es
la misión que Jesús transmite a su Iglesia: dar la salvación y transformar las situaciones
de tinieblas y muerte en situaciones de vida.
Esto provoca una reacción en quienes contemplan la obra de Jesús: "todos quedaron
sobrecogidos". La fuerza del Espíritu va más allá de las posibilidades humanas y en esta
acción se reconoce la acción de Dios: "Y todos alababan a Dios".
La acción de Jesús se convierte en signo del poder de Dios que actúa en este mundo
salvando y liberando de la muerte. Él es el sacramento de Dios. Es decir, la presencia
de Dios que transforma la vida de las personas y provoca el reconocimiento de su
acción: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo".
La iglesia, continuadora y realizadora de las mismas acciones de Jesús, se convierte así
en signo del actuar de Dios, en sacramento de salvación.
- comunitariamente...
Actividad 3
Teniendo en cuenta lo planteado, reflexionar y responder:
¿Para qué realizar el esfuerzo misionero, evangelizador,
catequizador que constantemente efectúa la iglesia?
¿No sería mejor dejar a las personas en su ignorancia, en su
inconsciencia acerca de Cristo, de la iglesia... ya que igualmente pueden
salvarse?
¿Para qué gastarse tanto sobre todo cuando hay pocos agentes
pastorales: laicos, religiosas y religiosos, consagrados, sacerdotes?
¿Por qué no contentarse con la formación de pequeños grupos,
fuertemente formados y concientizados en la fe, aún a costa de no
poder llevar la Palabra a todos?
11
Jn 17,3.
de esto. Por otra parte, para que la pastoral de la iglesia deje de ser el empeño de dar
masivamente sacramentos para "salvar" a las personas, y sea más bien el empeño por
hacerse presente a todos los hombres y mujeres en cuanto signo que exprese lo dicho
anteriormente. Porque una iglesia que reparte sacramentos pero no "significa" estas
cosas, es una iglesia que difícilmente puede ser sacramento de salvación. Por lo tanto,
la opción pastoral debería orientarse no tanto en sacramentalizar, sino en crear
comunidades eclesiales significativas, donde se viva y comparta la presencia de Jesús
Resucitado y se posibilite, en medio de la vida cotidiana, una experiencia significativa
del Dios de la Vida.
LECTURA SUGERIDA
Debido a la extensión del texto hemos quitado algunos capítulos. Para ver el texto
completo: http://www.feadulta.com/es/temas/678-la-iglesia-sacramento-de-
salvacion.html
José M. Castillo
La iglesia, sacramento de salvación
Capítulo 1
Una nueva forma de entender la Iglesia
El concilio Vaticano II dijo, repetidas veces, que la Iglesia es "sacramento universal
de salvación" (LG 1, 2; 48, 2; 59, 1; GS 45, 1; AG 1, 1; 5, 1).
Esta designación conciliar de la Iglesia como sacramento fue una novedad en la
doctrina de Magisterio eclesiástico. En las enseñanzas oficiales, anteriores al
Concilio, jamás se había dicho que la Iglesia es "sacramento".
Esta idea se venía utilizando, por algunos teólogos centroeuropeos, en los años que
siguieron a la segunda guerra mundial. Seguramente el más destacado a este
respecto fue O. Semmelroth, cuyas enseñanzas sobre este asunto fueron decisivas
en el Vaticano II. Y también autores de la talla de K. Rahner, E. Schillebeeckx, H. De
Lubac, E. Mersch, entre otros.
Como es lógico, si estos autores fueron los promotores de esta forma de
comprender a la Iglesia, eso quiere decir que, al hablar de la Iglesia como
sacramento, estamos ante una de las ideas renovadores (provenientes de
Centroeuropa), que asumió el Vaticano II, frente a las ideas conservadoras, que
tenían sus más eficaces defensores en los teólogos de la Curia Romana.
¿En qué estuvo aquí la novedad o, mejor dicho, la innovación? Como es bien sabido,
los teólogos de la Curia Romana habían preparado, antes del Concilio, un
"Esquema" sobre la Iglesia en el que ésta era presentada como "sociedad perfecta".
La preocupación fundamental que se expresaba en el "Esquema" de la Curia se
centraba en afirmar la autoridad de la Iglesia y el significado de salvación que tiene
el aparato institucional de la misma.
Dicho de otra forma, lo que se pretendía era presentar a la Iglesia como una
institución que tiene dos características determinantes: lo autoritativo y lo jurídico.
De ahí que los seres humanos (según esta idea) podemos alcanzar la salvación en la
medida en que nos sometemos al ordenamiento jurídico de la autoridad eclesiástica
romana.
Esto es lo que los teólogos de la Curia Vaticana pretendían conseguir del Concilio.
Ahora bien, esta manera de entender a la Iglesia fue rechazada por el Vaticano II,
ya que no se aceptó el "Esquema" de los teólogos de la Curia.
Y (lo que es más importante), en lugar de dicho "Esquema", el Concilio aprobó la
propuesta de los teólogos centroeuropeos, concretamente de los obispos
alemanes, que presentaron a la Iglesia como "sacramento de salvación".
Como es lógico, si la idea de la Iglesia como sacramento fue la alternativa a la idea
de la Iglesia como sociedad autoritaria y jurídica, eso quiere decir que la nueva
forma de entender la Iglesia, tal como la presentó el Vaticano II, no va por el camino
que lleva al poder autoritario, sino que presenta a la Iglesia desde otro punto de
vista. Se trata de la Iglesia que se ha de entender, no desde lo jurídico, sino a partir
de lo sacramental. Pero, ¿qué nos viene a decir esto?
Porque una Iglesia que se queda trasnochada y que resulta anacrónica y, por eso
mismo, inadaptada a la cultura y a la capacidad de comprensión de los hombres y
mujeres de cada tiempo y de cada cultura, por eso también deja de ser la Iglesia que
Dios quiere y pierde su razón de ser, por más que visiblemente y ante determinados
sectores de la población continúe teniendo plausibilidad y hasta éxitos más o menos
engañosos y, en todo caso, efímeros.
He aquí la consecuencia inevitable, y al mismo tiempo altamente esperanzadora y
exigente, de la comprensión de la Iglesia como sacramento.
Capítulo 2
Sacramento, signo y símbolo
Como es bien sabido, el término "sacramento" se ha aplicado en la teología cristiana
para designar los rituales religiosos, que son centrales en la vida de la Iglesia, y que
han sido definidos como "signos eficaces de la gracia". Así, efectivamente, se vienen
entendiendo los sacramentos desde el siglo XII, concretamente a partir del libro de
las Sentencias, de Pedro Lombardo.
Ahora bien, si los sacramentos son signos, para entender lo que queremos decir
cuando hablamos de la Iglesia como sacramento, lo primero que se ha de precisar
es el concepto de "signo".
Pues bien, según la explicación comúnmente usada, un signo es una realidad
sensible (visible, audible, tangible...) que nos remite y nos pone en relación con otra
realidad que no es del orden de lo sensible, sino que, de la manera que sea, no está
a nuestro alcance inmediato.
En su formulación más técnica, el signo se define como la unión de "significante" y
un "significado".
Por ejemplo, las palabras son signos. Ahora bien, en la "palabra" (un signo que
constantemente utilizamos), el significante es el fonema que se pronuncia al decir
esa palabra. Y el significado es el concepto al que nos remite el fonema que oímos.
Cuando el significante (fonema) se une con el significado (concepto), entonces
tenemos el signo. Que siempre es indicador de un "referente", la realidad, objeto,
persona... a la que nos referimos con cada palabra o en cada frase (conjunto de
palabras).
Pero ocurre que si el sacramento se reduce a mero signo, tropezamos con una
dificultad. De acuerdo con lo dicho sobre el signo, éste se sitúa necesariamente al
nivel del conocimiento, ya que el significado es siempre un concepto, una idea, algo
estrictamente mental y, por tanto, del orden de lo cognoscitivo.
Eso, por supuesto, es enteramente necesario en la comunicación humana. Sin
lenguaje, o sea sin los signos mediante los que nos comunicamos unos a otros lo
que sabemos o queremos decir, la comunicación entre los seres humanos sería
imposible.
Pero sabemos que, en la vida humana, más determinantes que las "ideas" o los
conceptos, son las "experiencias" que vivimos. Experiencias que nos configuran ya
desde antes de nacer. Como es bien sabido, la comunicación entre la madre y el hijo
que lleva en sus entrañas es decisiva, para el futuro de ese hijo, desde las primeras
semanas de la gestación.
Por eso un hijo amado y deseado por la madre es y será completamente distinto de
un hijo rechazado y hasta despreciado por la madre. Señal evidente de que entre la
madre y el hijo se establece una profunda y determinante comunicación ya antes
de que el feto o, más tarde, el recién nacido pueda entender, mediante conceptos,
lo que la madre lo quiere o lo desprecia.
Y es que el amor, el afecto, la empatía, el gozo y el disfrute de la vida, o por el
contrario, el odio, los deseos de venganza, el desprecio, el resentimiento, todo eso
no se comunica entre los humanos mediante "signos" lingüísticos y conceptuales,
sino de otra forma. Por eso, en la comunicación humana, son más importantes los
"símbolos" que los "signos".
Ahora bien, mientras que un signo es la comunicación de un "concepto", el símbolo
es la comunicación de una "experiencia". Por eso los símbolos son tan decisivos,
sobre todo, cuando se comunican las experiencias que entrañan una "totalidad de
sentido" para la vida de las personas.
Porque en la vida de los humanos, más decisivo que "saber" definir el amor es
"amar" y sentirse "amado". Como más destructivo que "saber definir el odio" es
"odiar".
De ahí que Paul Ricoeur, acertadamente, ha dicho que, mientras el signo es Logos
(palabra) el símbolo es Bios (vida).
Además, en todo este ámbito de realidades humanas, es fundamental caer en la
cuenta de que todos los seres humanos vivimos experiencias que no se pueden
comunicar mediante signos, es decir, mediante la "información" que proporcionan
las palabras y los discursos. Tales realidades solamente se pueden transmitir
mediante el "contagio" que desencadenan los símbolos.
tiempo y en cada cultura, no tiene más remedio que adaptarse, en cada momento
histórico, en cada cultura y en cada sociedad, a las mediaciones significativas y
simbólicas que viven y utilizan las gentes de los distintos tiempos y culturas de la
humanidad.
Por eso no es imaginable que la Iglesia pueda ser fiel, a sí misma y al designio de
Dios sobre ella, si sus dirigentes se empeñan en mantener e imponer una
uniformidad de expresiones significativas y simbólicas que sean idénticas en todo el
mundo.
Los signos y los símbolos no se imponen por decreto, sino que son manifestaciones
fundamentales de la vida, de la cultura y de la sociedad.
Por eso, si es que la Iglesia toma en serio que ella es y tiene que aparecer como
sacramento de salvación, la Iglesia tendría que comportarse, vivir y aparecer ante
la gente de forma que no hiciese falta presentar el mensaje mediante numerosas y
eruditas teologías especializadas, al alcance de los sabios y entendidos de este
mundo.
La Iglesia-sacramento tiene que ser y vivir de tal forma que se meta por los ojos de
la gente. Y que la gente la vea y la sienta como algo que les es connatural y propio.
De no ser así, algo muy serio falla en la Iglesia.
José M. Castillo