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Dime Iglesia 07.gestandovida 20

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MISTERIO DE LA IGLESIA

UNIDAD 7

Gestando vida
Prof. MIRIAM MARX
Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 1

Contenido Pág.
Objetivos 3
Introducción 3
Actividad 1 3
Iglesia sacramento de salvación 3
Textos del Concilio 4
Significado del término sacramento 5
Sacramento en sentido bíblico 5
- En el Antiguo Testamento 6
- En el Nuevo Testamento 6
Significado del término salvación 7
- Salvación desde la perspectiva filosófica 7
- Influencia griega 7
- Los maestros de la sospecha 9
La salvación cristiana 10
- En el Antiguo Testamento 11
- En el Nuevo Testamento 12
Jesús, modelo de la iglesia sacramento de salvación 13
Actividad 2 14
Necesidad de la iglesia para la salvación 15
- Alcance y sentido del Concilio 16
Interrogantes, consecuencias y desafíos 17
Actividad 3 17
Para participar en el foro 19
Lectura sugerida: La iglesia, sacramento de salvación 20

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 2

Unidad 7

GESTANDO VIDA

Objetivos
Reconocer y comprender los modos que la iglesia tiene para gestar Vida.
Clarificar el concepto de sacramento y de salvación en el AT, en el NT y en la iglesia.

Introducción
El Concilio Vaticano II, sobre todo en la Lumen Gentium, presenta también a la iglesia
como "sacramento de salvación". Volvemos a decir aquí, una vez más, que no son
distintas iglesias, sino distintas maneras complementarias de presentar y vivir la misma
iglesia.
Generalmente cuando hablamos de iglesia como sacramento de salvación, parece
abstracto, algo lejano de la realidad ya que son términos que hoy no solemos usar.
Para poder entender mejor qué queremos decir con iglesia sacramento de salvación,
comenzamos con algunas experiencias de la vida diaria y, luego continuamos
explicando qué entendemos por sacramento en sentido bíblico y aplicado a la iglesia y,
finalmente explicamos el sentido de la palabra salvación para luego también aplicarlo
a la iglesia. Sacramento y salvación son dos conceptos que están muy unidos, ya que
todos los sacramentos nos “salvan”.

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 3

- Experiencias de la vida diaria:


Todos necesitamos que nos ayuden, que nos salven: cuando el auto no funciona
necesitamos que alguien nos “salve” sobre todo si estamos en plena ruta, si nos
olvidamos el dinero y tenemos que pagar algo, buscamos quien nos preste, quien nos
“salve”, si nos enfermamos el médico nos salva de una enfermedad; los bancos nos
prestan dinero urgente...

Actividad 1
 Recuerda alguna experiencia personal de “salvación”

Y la iglesia nos da la salvación... ¿qué salvación? Salvación ¿de qué y para qué?
Ante estas preguntas hay muchas respuestas y muy variadas. Unas satisfacen
momentáneamente, otras, se quedan muy cortas y provocan nuevas preguntas, otras,
dan un sentido total a la existencia. También es cierto que muchas veces se evaden las
preguntas y en nuestra época, se prefiere vivir al día sin demasiados interrogantes.
Esta es también una de las características propias de lo que llamamos la sociedad de
consumo. Nuestra sociedad crea necesidades que pueden satisfacerse
inmediatamente con los cientos de productos que existen en el mercado, o bien, el
mercado se encarga de dar respuestas satisfactorias a casi todas las necesidades de la
persona... siempre que las personas puedan responder económicamente. Esto
engendra una concepción cada vez más individualista en la sociedad. Y crea
situaciones de profunda insolidaridad e insatisfacción ya que cada vez que se satisface
una necesidad aparece otra.

Iglesia sacramento de salvación


Teniendo presente estas situaciones, la iglesia tiene una pretensión: ser el grupo de
hombres y mujeres capaces de dar respuestas a los problemas del ser humano, no
sólo una respuesta teórica que se encuentra más allá de la muerte, sino una respuesta
real ya aquí y ahora.

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 4

- Textos del Concilio


Son varios los documentos del Concilio que mencionan explícitamente a la iglesia
como sacramento de salvación:

 LG 1
“La Iglesia es, en Cristo, como un sacramento, o sea, signo e instrumento de la
unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano".

 LG 48
Porque Cristo..., envió sobre los discípulos a su Espíritu vivificador, y por El hizo
a su Cuerpo, que es la Iglesia, sacramento universal de salvación

 GS 45
...Todo el bien que el Pueblo de Dios puede dar a la familia humana al tiempo de
su peregrinación en la tierra, deriva del hecho de que la Iglesia es
"sacramento universal de salvación"

 AG 1
Enviada por Dios a las gentes para ser "sacramento universal de salvación", la
Iglesia, por exigencia radical de su catolicidad... se esfuerza en anunciar el
Evangelio a todos los hombres...

La iglesia, al llamarse a sí misma sacramento de salvación, ha relacionado dos


realidades importantísimas:

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 5

Para comprender verdaderamente qué es la iglesia, por lo tanto, tenemos que


entender estas dos realidades juntas. La salvación como don gratuito de Dios al
hombre y la mujer y; sacramento como la comunidad de personas que hacen, aquí en
la historia y en el mundo, que la salvación sea posible: la visibilizan, la anuncian y
actúan para transformar la sociedad y la historia.

Significado del término sacramento


El término "sacramento" fue muy discutido en las sesiones del Concilio Vaticano II
antes de que fuese admitido para designar el ser mismo de la iglesia. Ya que cuando
hablamos de sacramento, inmediatamente nos vienen a la memoria los 7 sacramentos
que todos conocemos.

¿Qué significa este término sacramento?


En primer lugar, damos a este término una dimensión más amplia de la que
probablemente estamos acostumbrados a darle cuando hablamos de "sacramentos",
es decir, en nuestro contexto eclesial, el término sacramento no lo podemos reducir
sólo a acciones de culto o litúrgicas como a los 7 conocidos sacramentos.
Sacramento (sacramentum en latín) es la traducción de la palabra griega, que
podemos traducir también como misterio1. Son signos visibles de la presencia de Dios
en nuestras vidas para regalarnos su luz, su fuerza, su amor. Es el encuentro con
Jesús a quien no vemos, por medio de señales y palabras que vemos y oímos.

Sacramento en sentido bíblico


Hablar de sacramento nos lleva, inmediatamente a pensar en la visibilidad y en la
significatividad de una realidad o de un acontecimiento. El sacramento, sin embargo,
no es sólo un signo, sino que ha de ser también, eficaz, es decir, ha de realizar lo que
significa.

1
El misterio es el designio salvador de Dios (cfr. Dan 2,18ss) que no se entiende si Dios mismo
no lo manifiesta. Para el libro de la Sabiduría, el sabio es el que ha penetrado en los designios
salvadores de Dios. Por lo tanto, misterio no es algo enigmático o aquello que muchas veces
aparece en las películas de misterio, sino el proyecto de Dios que se va revelando en la historia.

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- En el Antiguo Testamento
Ya desde los comienzos de la historia de salvación, Dios se eligió un pueblo como signo
y promesa del nuevo Pueblo.
Israel es signo de la acción de Dios que, por amor, libera a las personas de toda
esclavitud y que, también por amor, no se desinteresa del destino de la historia
humana, sino que la abre a la esperanza.
Israel no es solo un signo de la presencia de Dios en la historia de un pueblo, sino que
esto además implica una responsabilidad: Israel ha de ser luz de las naciones, para que
todos los pueblos conozcan el amor de Dios2. En otras palabras, no es un signo cerrado
e inasequible, sino abierto y portador de esperanza para todos los pueblos, de él
surgirá la salvación definitiva y universal: Jesús de Nazaret.

- En el Nuevo Testamento
En Jesús se realizan las promesas que Dios ha hecho a su pueblo y, en él a toda la
humanidad, de dar una respuesta salvadora a los problemas e interrogantes
profundos de cada persona.
En este sentido, decimos que, Jesús es el sacramento
original de Dios Padre. Él, en su humanidad, nos da a
conocer la salvación y a su vez la visibiliza, y crea salvación
con su presencia entre los hombres y mujeres: "Dios no
mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para
que el mundo se salve por El"3.
Esta acción salvadora y amorosa de Dios, se hace presente
en Jesús, en sus palabras y en su acción. Jesús donó como
herencia a su iglesia su propia vida. Ella debe ser ahora la
presencia visible y salvadora, en la historia de este
mundo, del amor y de la salvación de Dios.

2
Cfr. Is 49,6.
3
Jn 3,17.

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En esto consiste su sacramentalidad: las personas pueden esperar la salvación por el


anuncio del Evangelio que hace la iglesia; pueden experimentar la salvación misma por
la acción de la iglesia, que, entre otras cosas, celebra con signos el don que ha recibido
gratuitamente.

Significado del término salvación


¿Qué es la salvación? A esta pregunta que no es sólo religiosa, se le han dado muchas
y diferentes respuestas a lo largo de la historia, y aún hoy hay muchas concepciones
de lo que significa "salvarse". Muchas de ellas miran sólo a este mundo, otras miran
sólo al mundo futuro, el que vendrá después de la muerte. Entre uno y otro extremo
hay toda una serie de respuestas intermedias.
¿Qué significa para nosotros los cristianos esta palabra? ¿Qué quiere decir la iglesia
cuando se llama a sí misma "Sacramento de salvación". Veremos brevemente algunas
respuestas más significativas para poder entender mejor el sentido cristiano de la
salvación.

- Salvación desde la perspectiva filosófica


Muchos son los que se han cuestionado y preguntado sobre el sentido de la salvación.
Una de las perspectivas desde la cual fue abordada fue la filosófica. Veremos
sintéticamente algunos de los pensamientos que han tenido mayor injerencia en la
iglesia.
 Influencia griega
Los primeros años de la predicación apostólica significaron una apertura al mundo
europeo, entonces dominado por el Imperio Romano. El mensaje evangélico se
encontró con una cultura 4 radicalmente distinta al mundo judío: la cultura griega,
identificada con la filosofía de Platón.

4
El mensaje evangélico trasciende toda cultura, pero utiliza los elementos culturales de cada tiempo
y de cada situación para hacer inteligible su mensaje.

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En esta cultura se da un dualismo radical entre


el mundo del espíritu (el mundo real y
verdadero) y el mundo de la materia (mundo
inferior, degradado y fuente de mal).
La persona es según esta concepción, un alma
desterrada y condenada a estar encerrada y
presa en la materia, a causa de una culpa
original5.
La salvación consiste en liberarse de este cuerpo y del mundo material a través de un
esfuerzo de ascesis (esfuerzo para liberarse de este mundo despreciando todos los
elementos terrenos) y de renuncia a todo lo que signifique el cuerpo y la materia. Esta
liberación sólo será definitiva con la muerte. Así, el alma podrá volver a su mundo
original, el mundo de las ideas, donde se puede contemplar la verdad.
El cristiano no acepta esta visión sin embargo utilizó esta concepción para hacer
entender su mensaje, y así asumió muchas de las consecuencias de esta filosofía lleva
consigo. Consecuencias que han influido seriamente durante largos siglos en la visión
cristiana de la vida, y aún hoy continúan presente en muchos cristianos. Algunas de
ellas son:
 La persona es un compuesto de cuerpo y alma: lo que importa es la salvación
del alma ("salva tu alma"). El cuerpo sólo será asumido al final de los tiempos
si el alma ha logrado disciplinarlo seriamente y no se ha visto sometido a sus
tendencias.
 La salvación es sobre todo de carácter individual y espiritual. Para llegar a ella
se ha de pasar a lo largo de esta vida, lugar sólo de tránsito y de prueba, siendo
fiel a los mandamientos y a las normas morales de la vida cristiana.
 La salvación es, asimismo, una realidad fundamentalmente ultramundana, es
decir, una situación definitiva sólo después de la muerte, si se ha logrado pasar
con éxito la “prueba de la vida terrena”.
 Esto ha dado origen a un estilo de vida cristiana en la que los problemas
concretos de la vida, terrena e histórica, estaban en un segundo plano, en
relación con el problema fundamental: que cada uno salve su alma. Esto

5
Para Platón y su escuela esta culpa se da en el mundo preexistente de las almas. Por ello son
castigadas a vivir en la cárcel de este mundo, en el cuerpo, donde se han de purificar mediante la
ascesis.

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 9

originó desinterés por la realidad histórica concreta como lugar en el que se da


la salvación.
Estos rasgos están muy esquematizados y no se pueden absolutizar, si los
absolutizamos tendríamos sólo una caricatura de lo que ha sido el cristianismo.
Reconocemos, sin embargo, que muchas veces a lo largo de la historia de la iglesia ha
sido constante también la preocupación por los más pobres, los enfermos... Ha sido
muy fuerte también su interés por la cultura, la atención a los grandes problemas
sociales (San Basilio, León XIII); el Espíritu no deja nunca de guiar a la iglesia.
Pero también reconocemos que la influencia griega ha dominado gran parte de la vida
de los cristianos llegando a oscurecer la genuina concepción evangélica de salvación,
hasta el punto que el Concilio Vaticano II ha llegado a calificar como "el error más
grande de nuestro tiempo: el divorcio entre la fe y la vida"6.

 Los maestros de la sospecha


El concepto opuesto al de la mentalidad griega
lo encontramos en el siglo XIX y llega con gran
fuerza hasta nuestros días. Sus orígenes están en
los llamados "maestros de la sospecha": Freud
(desde la sicología), Nietzsche (desde la filosofía)
y Marx (desde lo social).
Los tres presentan un punto de partida común: sospechan que la cultura y la religión
cristiana han alienado a las personas y, por ello, eliminaron las verdaderas
posibilidades de la libertad. Para ellos la salvación es solo terrenal, es decir, se da ya
aquí plenamente.
Nietzsche considera al cristianismo como un sometimiento moral. Las personas sólo
podrán llegar a ser ellas mismo cuando, liberándose de las viejas normas morales
cristianas, sean capaces de buscar, por sí mismas, sus propios valores.
Freud ve en Dios un Padre que somete a la humanidad a una perpetua infantilidad. Es
un Padre "castrante" que no permite que las personas lleguen a su madurez. Sólo
queda la alternativa de "desprenderse" del padre para ser realmente adulto.
Marx, a diferencia de Nietzsche y Freud, sitúa la salvación en una clave social, no
individual. Él afirma que la idea de Dios -y la iglesia como su representación-

6
GS 43.

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mantienen como "justa" una sociedad que, en realidad, es opresora para el


proletariado. La rebelión y la liberación de las masas oprimidas sólo es posible
destruyendo la base sobre la que se apoyan los poderes opresores: Dios.
Todas las afirmaciones de “salvación” que se centran exclusivamente en la vida de las
personas sobre esta tierra, encuentran su fundamento en estos "maestros de la
sospecha".
La gran pregunta que está, muchas veces, detrás de estos planteos es: ¿Dios es el
adversario de las personas?, ¿es un obstáculo en el camino que las conduce a su
humanización? o, es ¿quién posibilita esta humanización?
Entre estos dos extremos: ¿qué salvación ofrece la iglesia?, ¿qué quiere decir cuando
se autodenomina "sacramento de salvación"?

La salvación cristiana
Cuando hablamos de salvación en el ámbito eclesial, podemos recordar a Pablo VI
cuando afirma que la salvación de la cual la iglesia es signo e instrumento “debe
abarcar al hombre entero, en todas las dimensiones, incluida su apertura al Absoluto
que es Dios”7. “Los derechos y deberes de toda la persona humana,
la vida familiar, la vida comunitaria de la sociedad, la vida
internacional, la paz, la justicia... hasta los procesos de liberación
que están viviendo en muchos pueblos”8.
Para comprender el sentido del término salvación, acudimos a la
Biblia. Aquí este concepto es frecuente y muy rico en significados.

7
Evangelii Nuntiandi 33.
8
Evangelii Nuntiandi 29.

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 En el Antiguo Testamento
En el AT hay una concepción amplia y variada de "salvación" y tiene una relación muy
íntima con el concepto de "liberación". El acontecimiento fundamental en torno al cual
gira toda la idea de Israel sobre la salvación es el Éxodo.
En esta acción de Dios en favor del pueblo se concentra la historia de Israel como una
"historia de salvación" cuyo protagonista principal es Dios creando situaciones de
libertad para Israel. Estas situaciones de libertad, ante la amenaza de peligros y
desgracias, van formando la trama histórica de salvación.
La liberación de Egipto se convierte en modelo para el Pueblo de Israel y en la clave
para saber quién es Dios: Dios es el salvador, el liberador.
Esta acción posee ciertas características que se repetirán incesantemente en la
historia de Israel:
 Iniciativa divina: es Dios quien toma la iniciativa de dar la salvación a su pueblo.
Dios está constantemente atento a las necesidades de su pueblo y lo va
acompañando a vivir situaciones de mayor libertad, liberándolo de las
opresiones históricas en que se encuentra.
 Fuerza divina: en sus acciones liberadoras, Dios se muestra como el Dios fuerte.
Más fuerte que los poderes de la esclavitud y de la muerte. Esta fuerza
proviene de su amor por la libertad y la salvación de todas las personas, y se
expresa en la historia de un pueblo concreto.
 El Pueblo de Dios: es el favorecido de esta salvación. No es una salvación
anónima, sino que cada persona encuentra también la salvación en cuanto que
pertenece a este pueblo y vive la alianza que Dios ha hecho con él.
 Transformación concreta de la realidad: la salvación de Dios no afecta sólo a
una dimensión espiritual o religiosa del hombre. Es una liberación concreta que
se da en un cambio real de la opresión a la libertad9.
Si eliminamos de la salvación su elemento histórico, terreno, nos quedamos sólo con
un espiritualismo ineficaz. Si eliminamos, la dimensión trascendente, nos quedamos
con una esperanza cerrada que no ofrece respuestas a las preguntas del ser humano.
Esta salvación que Dios ofrece, se experimenta en el paso de una situación negativa,
situación real y concreta, histórica y temporal, a una situación positiva, también real y
concreta, histórica y temporal. En este paso actúa Dios acompañando la

9
Ex 3,7-10.

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transformación, y el punto de llegada, la situación positiva, es siempre, en esta historia,


promesa de un futuro más pleno. El futuro mejor que Dios va creando, en colaboración
con los hombres y mujeres -a quienes pide una respuesta de fidelidad- es siempre una
promesa que mira a la plenitud.
Finalmente, la situación de salvación es una situación nueva en la que la existencia es
el verdadero culto a Dios, en el sentido que afirmó San Ireneo: "la gloria de Dios es que
el hombre viva”.

 En el Nuevo Testamento
Para que nosotros podamos comprender qué es la salvación y cómo alcanzamos la
salvación, Dios la hizo visible en su Hijo Jesús. Ser persona según la voluntad de Dios y,
por ello, salvados y santificados, es aceptar y seguir en nuestra existencia el camino de
Jesús (seguimiento, distinto de imitación). Dios nos manifestó su voluntad: la salvación
del ser humano y de todos los seres humanos consiste en ser persona en plenitud. La
novedad radical es que en Jesús, Dios se manifestó plenamente.
Jesús anuncia con su palabra y proclama con sus gestos que el Reino de Dios ya está
aquí, actuando, creciendo, transformando la tierra y la historia, creando una nueva
forma de existencia. El Reino anunciado por Jesús es la salvación del varón y la mujer.

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Jesús, modelo de la iglesia sacramento de salvación

Leemos el texto de Lc 7,11-17, como expresión de la llegada de la salvación a través


de la acción de Jesús. Esta manera de actuar es una invitación a la iglesia.
Leemos detenidamente el texto del evangelio.
“Y sucedió que a continuación se fue
a una ciudad llamada Naím, e iban
con él sus discípulos y una gran
muchedumbre. Cuando se acercaba
a la puerta de la ciudad, sacaban a
enterrar a un muerto, hijo único de
su madre, que era viuda, a la que
acompañaba mucha gente de la
ciudad. Al verla el Señor, tuvo
compasión de ella, y le dijo: ‘No llores’. Y, acercándose, tocó el féretro. Los que
lo llevaban se pararon, y él dijo: ‘Joven, a ti te digo: Levántate.’ El muerto se
incorporó y se puso a hablar, y él se lo dio a su madre. El temor se apoderó de
todos, y glorificaban a Dios, diciendo: ‘Un gran profeta se ha levantado entre
nosotros’, y ‘Dios ha visitado a su pueblo’. Y lo que se decía de él, se propagó
por toda Judea y por toda la región circunvecina”.

Actividad 2
¿Qué personas/grupos aparecen en el texto?
¿En qué situación estaban?
¿En qué consistió la salvación?
¿A través de qué gestos, palabras se manifestó?

Este relato no es simplemente un episodio de la vida de Jesús. Aquí Lucas narra cómo
salva Dios, a través de la acción de Jesús y, al mismo tiempo, lo proponemos como
paradigma para la iglesia.
Lo primero que encontramos en el texto son dos grandes grupos de personas que
caminan en direcciones opuestas.

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 14

Por una parte, está la comitiva de Jesús, encabezada por él,


el Señor de la vida, al que le siguen "sus discípulos y mucha
gente", y se dirigen hacia el pueblo de Naím. Por otra parte,
sale del pueblo "un gentío considerable" que siguen a una
mujer viuda y a su hijo muerto.
El escenario de este encuentro es fuera del pueblo de Naím,
es decir, en el desierto: el lugar de la tentación, donde tiene
su señorío el poder del mal, la incomunicación y la muerte. Aquí, en este lugar de
muerte se va a dar la lucha entre el Señor de la vida y la muerte misma.
La madre se encuentra en el máximo estado de desesperación. Sólo tenía un hijo y
éste está muerto. La mujer que era madre, "no es madre". Ella está más muerta que
su propio hijo que yace en el ataúd. (Una mujer israelita sólo encuentra su razón de
ser si es madre10). Para ellos, en esta situación ya no existen medios para encontrar la
salvación: ella es viuda y su hijo único está muerto.
En esta situación se da la iniciativa de salvación. Es Jesús quien ve y se compadece. La
mujer no le dice nada, no le ruega ni le pide cosa alguna. Es la sensibilidad y atención
de Jesús hacia ellos, él es quien se da cuenta de la situación y se compadece de la
desgracia.
Lucas está llamando la atención a su comunidad y en ella a toda la iglesia, de lo que
debe ser la actitud de todos los cristianos. Estar atentos y atender a las necesidades
del mundo, de las personas con las que se encuentra en su camino. La iglesia no debe
esperar que la gente busque en ella ayuda. Es la iglesia, cada uno de nosotros, quien
tendría tiene que adelantarse y compadecerse de las necesidades de las personas.
Una vez más, la actitud de Jesús es el criterio de sus seguidores.
Este compadecerse de Jesús de las necesidades ajenas no es una sensación de pena,
es más bien solidaridad y un mensaje de esperanza: dijo Jesús a la mujer no llores.
Tampoco se trata de una solidaridad estéril. Esta solidaridad con la situación negativa
de la madre lleva a Jesús a actuar para transformar la situación: "se acerca al ataúd y
lo toca". Hay en Jesús una acción positiva, un enfrentamiento directo con la muerte
misma: "los que lo llevaban se pararon". El poder de la muerte se detiene. No puede
continuar frente a la presencia de Jesús.
Jesús se dirige al joven muerto y con voz imperiosa le ordena: "Escúchame tú,
muchacho, levántate". Ahora actúa la fuerza de Dios que hace surgir la vida donde

10
Cfr. Lc 1, 24 -25.

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 15

había muerte. El joven que estaba muerto "se incorporó y empezó a hablar". Son los
signos de vida: caminar y poder hablar.
Jesús ha transformado una situación negativa (muerte) por la acción y la palabra, en
una situación positiva (vida). Ahora entrega el hijo vivo a su madre.
La situación de la mujer (la verdadera protagonista del relato) ha cambiado
radicalmente. La que "no era madre", ni tenía esperanzas de volver a ser madre
(salvación), vuelve a serlo por la iniciativa, la misericordia y la acción de Jesús. Esta es
la misión que Jesús transmite a su Iglesia: dar la salvación y transformar las situaciones
de tinieblas y muerte en situaciones de vida.
Esto provoca una reacción en quienes contemplan la obra de Jesús: "todos quedaron
sobrecogidos". La fuerza del Espíritu va más allá de las posibilidades humanas y en esta
acción se reconoce la acción de Dios: "Y todos alababan a Dios".
La acción de Jesús se convierte en signo del poder de Dios que actúa en este mundo
salvando y liberando de la muerte. Él es el sacramento de Dios. Es decir, la presencia
de Dios que transforma la vida de las personas y provoca el reconocimiento de su
acción: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo".
La iglesia, continuadora y realizadora de las mismas acciones de Jesús, se convierte así
en signo del actuar de Dios, en sacramento de salvación.

Necesidad de la iglesia para la salvación


A partir de lo visto, nos planteamos algunas preguntas:
 ¿se necesita a la iglesia para la salvación?
 ¿es indispensable la iglesia para que nos salvemos?
 ¿podemos salvarnos sin la iglesia?
Una vez más acudimos a uno de los textos del Concilio. Leemos en LG 14:

El sagrado Concilio fija su atención en primer lugar en los fieles católicos.


Y, enseña, fundado en la Sagrada Escritura y en la Tradición, que esta Iglesia
peregrinante es necesaria para la salvación.

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 16

En este texto se afirma claramente que la Iglesia es necesaria para la salvación, no


indispensable. Anteriormente, en el siglo III Cipriano afirmaba que "fuera de la iglesia
no hay salvación", es decir que todo aquel que no se incorporaba a la iglesia estaba
condenado. Qué podemos decir entonces de:
- aquellos que no conocen a la iglesia,
- de los niños que mueren sin haber recibido el bautismo,
- y, por otro lado, leemos en 1 Tim 2,4 que Dios "quiere que todos los hombres
se salven".
Iremos dando respuesta a estos planteos ahondando primero en la afirmación del
texto de LG 14.

- Alcance y sentido del texto del Concilio


Teniendo en cuenta el texto de LG, afirmamos que:
1. la iglesia es medio de salvación: salvación por la incorporación a Cristo, por
lo tanto, a la iglesia que es su cuerpo; en este sentido es medio de salvación;
no es un fin en sí misma;
2. la iglesia es signo de salvación: la iglesia visible constituye el signo. En este
sentido la iglesia muestra y actúa mediando la salvación.
Por lo tanto, la iglesia visible significa ante el mundo:

- que Dios quiere salvar a las personas...

- comunitariamente...

- esta salvación es don de Dios

Es decir que la iglesia visible es sacramento de salvación, con esto afirmamos:


- que la iglesia católica no tiene el monopolio de la salvación,

- que fuera de ella hay posibilidad de salvación;

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- que la iglesia es el signo que Dios ha puesto en el mundo para


que los hombres y mujeres se enteren que Dios los quiere salvar;

- de que hay solución y salida frente a la problemática de la


existencia humana: esto se da sobre todo por la generosa
intervención de Dios en la historia, intervención en la cual las
personas están invitadas a responder y colaborar.

Interrogantes, consecuencias y desafíos


Pero, si fuera de la iglesia hay posibilidad de salvación, si Dios quiere de todas maneras
que las personas se salven, entonces surgen algunas preguntas.

Actividad 3
Teniendo en cuenta lo planteado, reflexionar y responder:
 ¿Para qué realizar el esfuerzo misionero, evangelizador,
catequizador que constantemente efectúa la iglesia?
 ¿No sería mejor dejar a las personas en su ignorancia, en su
inconsciencia acerca de Cristo, de la iglesia... ya que igualmente pueden
salvarse?
 ¿Para qué gastarse tanto sobre todo cuando hay pocos agentes
pastorales: laicos, religiosas y religiosos, consagrados, sacerdotes?
 ¿Por qué no contentarse con la formación de pequeños grupos,
fuertemente formados y concientizados en la fe, aún a costa de no
poder llevar la Palabra a todos?

Algunos elementos para pensar una respuesta son los siguientes:


1) Desde la iglesia se puede distinguir entre el camino “común” y otras alternativas
extraordinarias de salvación.

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 18

2) Evidentemente Dios salva a muchas personas sin ninguna participación consciente


y libre, por ejemplo a los niños que mueren antes de llegar a la edad de razón... Y,
ciertamente, Dios puede salvar a las personas, normalmente, a través de una mínima
participación consciente y libre. También, es verdad, que Dios puede comunicar su
gracia a las personas, sin valerse de los sacramentos: quien puede comunicar su gracia
a través de los sacramentos, puede comunicarla sin ellos.
Sin embargo, creemos que Dios en su proyecto de salvación, en su proyecto de gestar
vida, estableció, como camino “común y normal” de salvación, el salvar a las personas
a través de su participación consciente, libre y corporal, es decir, a través de un
compromiso personal, donde la persona se compromete integralmente, con todo su
ser: espiritual, corporal, consciente y libre. Es la manera de salvar valiéndose de lo
humano, no pasándolo por alto, es asumir la encarnación.
3) Es equívoco y falso plantear el problema de la salvación, como un mero problema
de salvación del individuo ("salva tu alma"). La salvación es, en el proyecto de Dios,
algo que se inicia ya en esta historia presente, y en la que participan las personas
reunidas en comunidad, en un mismo Pueblo de Dios.
La salvación es, en términos de Juan, la "vida eterna", que ya ha comenzado aquí. La
vida eterna consiste en "que te conozcan a Tí, Padre y a tu Hijo Jesucristo"11. La vida
eterna consiste en el conocimiento intelectual y afectivo, participado y celebrado
fraternalmente.
La aspiración de Dios no consiste en que Cristo y su cuerpo, que es la iglesia (su pueblo)
queden ocultos, ignorados, en esta historia y sean manifiestos y reconocidos recién en
la otra vida, más allá de esta historia. Por el contrario: el proyecto de Dios, que es
revelado ya dentro de esta historia (y no mantenido oculto y reservado para revelarlo
en el más allá) consiste precisamente en que la humanidad está llamada a "reconocer
a Jesucristo" aquí y ahora.
Por eso el llamado es a evangelizar a todos, a todas las culturas. Porque la vocación y
la misión implican en que, no solamente las personas se salven "en la otra vida", sino
en que, reconociendo ya ahora a Jesús, consagren esta historia presente, entendida
como historia colectiva, como historia universal de la humanidad.
Teniendo en cuenta este planteo, a partir de aquí se debe organizar la acción y la
presencia de la iglesia de una determinada manera. Por una parte, para no frenar el
impulso misionero porque es necesario que los hombres y mujeres se enteren y vivan

11
Jn 17,3.

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Misterio de la Iglesia Unidad 7. Gestando Vida 19

de esto. Por otra parte, para que la pastoral de la iglesia deje de ser el empeño de dar
masivamente sacramentos para "salvar" a las personas, y sea más bien el empeño por
hacerse presente a todos los hombres y mujeres en cuanto signo que exprese lo dicho
anteriormente. Porque una iglesia que reparte sacramentos pero no "significa" estas
cosas, es una iglesia que difícilmente puede ser sacramento de salvación. Por lo tanto,
la opción pastoral debería orientarse no tanto en sacramentalizar, sino en crear
comunidades eclesiales significativas, donde se viva y comparta la presencia de Jesús
Resucitado y se posibilite, en medio de la vida cotidiana, una experiencia significativa
del Dios de la Vida.

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LECTURA SUGERIDA
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salvacion.html

José M. Castillo
La iglesia, sacramento de salvación
Capítulo 1
Una nueva forma de entender la Iglesia
El concilio Vaticano II dijo, repetidas veces, que la Iglesia es "sacramento universal
de salvación" (LG 1, 2; 48, 2; 59, 1; GS 45, 1; AG 1, 1; 5, 1).
Esta designación conciliar de la Iglesia como sacramento fue una novedad en la
doctrina de Magisterio eclesiástico. En las enseñanzas oficiales, anteriores al
Concilio, jamás se había dicho que la Iglesia es "sacramento".
Esta idea se venía utilizando, por algunos teólogos centroeuropeos, en los años que
siguieron a la segunda guerra mundial. Seguramente el más destacado a este
respecto fue O. Semmelroth, cuyas enseñanzas sobre este asunto fueron decisivas
en el Vaticano II. Y también autores de la talla de K. Rahner, E. Schillebeeckx, H. De
Lubac, E. Mersch, entre otros.
Como es lógico, si estos autores fueron los promotores de esta forma de
comprender a la Iglesia, eso quiere decir que, al hablar de la Iglesia como
sacramento, estamos ante una de las ideas renovadores (provenientes de
Centroeuropa), que asumió el Vaticano II, frente a las ideas conservadoras, que
tenían sus más eficaces defensores en los teólogos de la Curia Romana.
¿En qué estuvo aquí la novedad o, mejor dicho, la innovación? Como es bien sabido,
los teólogos de la Curia Romana habían preparado, antes del Concilio, un
"Esquema" sobre la Iglesia en el que ésta era presentada como "sociedad perfecta".
La preocupación fundamental que se expresaba en el "Esquema" de la Curia se
centraba en afirmar la autoridad de la Iglesia y el significado de salvación que tiene
el aparato institucional de la misma.
Dicho de otra forma, lo que se pretendía era presentar a la Iglesia como una
institución que tiene dos características determinantes: lo autoritativo y lo jurídico.
De ahí que los seres humanos (según esta idea) podemos alcanzar la salvación en la
medida en que nos sometemos al ordenamiento jurídico de la autoridad eclesiástica
romana.

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Esto es lo que los teólogos de la Curia Vaticana pretendían conseguir del Concilio.
Ahora bien, esta manera de entender a la Iglesia fue rechazada por el Vaticano II,
ya que no se aceptó el "Esquema" de los teólogos de la Curia.
Y (lo que es más importante), en lugar de dicho "Esquema", el Concilio aprobó la
propuesta de los teólogos centroeuropeos, concretamente de los obispos
alemanes, que presentaron a la Iglesia como "sacramento de salvación".
Como es lógico, si la idea de la Iglesia como sacramento fue la alternativa a la idea
de la Iglesia como sociedad autoritaria y jurídica, eso quiere decir que la nueva
forma de entender la Iglesia, tal como la presentó el Vaticano II, no va por el camino
que lleva al poder autoritario, sino que presenta a la Iglesia desde otro punto de
vista. Se trata de la Iglesia que se ha de entender, no desde lo jurídico, sino a partir
de lo sacramental. Pero, ¿qué nos viene a decir esto?

El "ser" y el "hacer" de la Iglesia


Para comprender correctamente lo que representa y lleva consigo la afirmación de
la Iglesia como sacramento, lo primero que se debe tener presente es lo que ya
indicó el gran especialista en esta materia, O. Semmelroth. Al decir que la Iglesia es
"sacramento de salvación", el concilio Vaticano II no pretendió ofrecer una
definición de la esencia de la Iglesia, sino más bien indicar cómo debe ser su modo
de actuar.
Es decir, lo que está en juego, en esta afirmación conciliar, no es tanto lo que la
Iglesia es en sí, sino el modo de su actuación en este mundo. Sin olvidar que esto,
en última instancia, afecta y determina lo que es la esencia misma de la Iglesia. O
sea, el "ser" se comprende aquí a partir del "actuar"…
Dicho más claramente, la Iglesia deja de ser la Iglesia cuando actúa en esta vida de
manera que en ella la gente ya no ve un signo de esperanza y de futuro, la esperanza
y el futuro que se refiere a esta vida, pero que también trasciende esta vida y es
capaz de dar un sentido pleno a la vida de las personas.
No existe, por tanto, una esencia permanente e inmutable de la Iglesia. Porque la
historia de los hombres no es inmutable, sino cambiante. De ahí que la Iglesia, por
más que tenga el deber de conservar un pasado y una tradición que le ha sido dada,
nunca puede olvidar que su ser está siempre orientado a un fin que históricamente
cambia, se modifica, sufre profundas transformaciones y, por tanto, exige
modificaciones y las debidas adaptaciones…

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Porque una Iglesia que se queda trasnochada y que resulta anacrónica y, por eso
mismo, inadaptada a la cultura y a la capacidad de comprensión de los hombres y
mujeres de cada tiempo y de cada cultura, por eso también deja de ser la Iglesia que
Dios quiere y pierde su razón de ser, por más que visiblemente y ante determinados
sectores de la población continúe teniendo plausibilidad y hasta éxitos más o menos
engañosos y, en todo caso, efímeros.
He aquí la consecuencia inevitable, y al mismo tiempo altamente esperanzadora y
exigente, de la comprensión de la Iglesia como sacramento.

Capítulo 2
Sacramento, signo y símbolo
Como es bien sabido, el término "sacramento" se ha aplicado en la teología cristiana
para designar los rituales religiosos, que son centrales en la vida de la Iglesia, y que
han sido definidos como "signos eficaces de la gracia". Así, efectivamente, se vienen
entendiendo los sacramentos desde el siglo XII, concretamente a partir del libro de
las Sentencias, de Pedro Lombardo.
Ahora bien, si los sacramentos son signos, para entender lo que queremos decir
cuando hablamos de la Iglesia como sacramento, lo primero que se ha de precisar
es el concepto de "signo".
Pues bien, según la explicación comúnmente usada, un signo es una realidad
sensible (visible, audible, tangible...) que nos remite y nos pone en relación con otra
realidad que no es del orden de lo sensible, sino que, de la manera que sea, no está
a nuestro alcance inmediato.
En su formulación más técnica, el signo se define como la unión de "significante" y
un "significado".
Por ejemplo, las palabras son signos. Ahora bien, en la "palabra" (un signo que
constantemente utilizamos), el significante es el fonema que se pronuncia al decir
esa palabra. Y el significado es el concepto al que nos remite el fonema que oímos.
Cuando el significante (fonema) se une con el significado (concepto), entonces
tenemos el signo. Que siempre es indicador de un "referente", la realidad, objeto,
persona... a la que nos referimos con cada palabra o en cada frase (conjunto de
palabras).
Pero ocurre que si el sacramento se reduce a mero signo, tropezamos con una
dificultad. De acuerdo con lo dicho sobre el signo, éste se sitúa necesariamente al

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nivel del conocimiento, ya que el significado es siempre un concepto, una idea, algo
estrictamente mental y, por tanto, del orden de lo cognoscitivo.
Eso, por supuesto, es enteramente necesario en la comunicación humana. Sin
lenguaje, o sea sin los signos mediante los que nos comunicamos unos a otros lo
que sabemos o queremos decir, la comunicación entre los seres humanos sería
imposible.
Pero sabemos que, en la vida humana, más determinantes que las "ideas" o los
conceptos, son las "experiencias" que vivimos. Experiencias que nos configuran ya
desde antes de nacer. Como es bien sabido, la comunicación entre la madre y el hijo
que lleva en sus entrañas es decisiva, para el futuro de ese hijo, desde las primeras
semanas de la gestación.
Por eso un hijo amado y deseado por la madre es y será completamente distinto de
un hijo rechazado y hasta despreciado por la madre. Señal evidente de que entre la
madre y el hijo se establece una profunda y determinante comunicación ya antes
de que el feto o, más tarde, el recién nacido pueda entender, mediante conceptos,
lo que la madre lo quiere o lo desprecia.
Y es que el amor, el afecto, la empatía, el gozo y el disfrute de la vida, o por el
contrario, el odio, los deseos de venganza, el desprecio, el resentimiento, todo eso
no se comunica entre los humanos mediante "signos" lingüísticos y conceptuales,
sino de otra forma. Por eso, en la comunicación humana, son más importantes los
"símbolos" que los "signos".
Ahora bien, mientras que un signo es la comunicación de un "concepto", el símbolo
es la comunicación de una "experiencia". Por eso los símbolos son tan decisivos,
sobre todo, cuando se comunican las experiencias que entrañan una "totalidad de
sentido" para la vida de las personas.
Porque en la vida de los humanos, más decisivo que "saber" definir el amor es
"amar" y sentirse "amado". Como más destructivo que "saber definir el odio" es
"odiar".
De ahí que Paul Ricoeur, acertadamente, ha dicho que, mientras el signo es Logos
(palabra) el símbolo es Bios (vida).
Además, en todo este ámbito de realidades humanas, es fundamental caer en la
cuenta de que todos los seres humanos vivimos experiencias que no se pueden
comunicar mediante signos, es decir, mediante la "información" que proporcionan
las palabras y los discursos. Tales realidades solamente se pueden transmitir
mediante el "contagio" que desencadenan los símbolos.

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Una madre no enseña a amar a su hijo echándole discursos sobre la estructura


profunda de la relación interpersonal. La madre educa en el amor amando,
besando, acariciando, mediante el tacto amoroso y cálido de la intimidad. Así hemos
aprendido todos a amar y ser amados.
Y de la misma manera, resulta evidente que a otras personas no se les hace felices
predicándoles sobre la felicidad, sino contagiando la felicidad que uno vive.
Como nadie logra que el otro se sienta querido porque se le explica la más depurada
teoría sobre el amor. Se siente querido el que experimenta el cariño que contagia
la persona que ama de verdad a quien se relaciona con ella.
Por eso es más importante la mirada que el ojo. Porque el ojo pertenece al orden
de los signos, mientras que la mirada es símbolo. El ojo "informa", la mirada
"contagia" o, si se prefiere, desencadena la corriente de vida que une y funde a las
personas.

Sacramentalidad y teología de la Iglesia


Todo esto supuesto, de lo dicho se sigue algunas consecuencias básicas para la
teología de la Iglesia como sacramento. Ante todo, se entiende la razón por la que
la Iglesia es presentada como sacramento.
La Iglesia no existe para sí misma, sino para los hombres y mujeres de este mundo.
Esto, obviamente, quiere decir que la Iglesia es ella misma cuando se comunica con
los seres humanos de cada tiempo y de cada cultura.
Ahora bien, la comunicación con los humanos se realiza mediante signos y símbolos.
Lo cual quiere decir que la Iglesia es, por su misma razón de ser, sacramento, es
decir, signo y símbolo de comunicación con la humanidad.
En segundo lugar, es necesario comprender que, por más verdadero que sea que la
Iglesia tiene que ser comunicación de mensajes ideológicos o de conocimientos (las
verdades de la fe), en todo este asunto es capital comprender que lo primero y
principal que la Iglesia tiene que comunicar y contagiar son experiencias.
Se trata de las experiencias fundamentales de la vida: la fe-confianza, el amor, la
esperanza, la paz, la bondad, etc.
Esto quiere decir que, en la Iglesia, más importantes que los signos (las verdades)
son los símbolos (las experiencias).
En tercer lugar, si tanto los signos como los símbolos son siempre expresiones
culturales, de ahí se sigue que la Iglesia, si es que quiere ser ella misma en cada

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tiempo y en cada cultura, no tiene más remedio que adaptarse, en cada momento
histórico, en cada cultura y en cada sociedad, a las mediaciones significativas y
simbólicas que viven y utilizan las gentes de los distintos tiempos y culturas de la
humanidad.
Por eso no es imaginable que la Iglesia pueda ser fiel, a sí misma y al designio de
Dios sobre ella, si sus dirigentes se empeñan en mantener e imponer una
uniformidad de expresiones significativas y simbólicas que sean idénticas en todo el
mundo.
Los signos y los símbolos no se imponen por decreto, sino que son manifestaciones
fundamentales de la vida, de la cultura y de la sociedad.
Por eso, si es que la Iglesia toma en serio que ella es y tiene que aparecer como
sacramento de salvación, la Iglesia tendría que comportarse, vivir y aparecer ante
la gente de forma que no hiciese falta presentar el mensaje mediante numerosas y
eruditas teologías especializadas, al alcance de los sabios y entendidos de este
mundo.
La Iglesia-sacramento tiene que ser y vivir de tal forma que se meta por los ojos de
la gente. Y que la gente la vea y la sienta como algo que les es connatural y propio.
De no ser así, algo muy serio falla en la Iglesia.
José M. Castillo

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1ra. Edición, Buenos Aires, 2018

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