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Carta Al Planeta

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QUERIDO PLANETA TIERRA

Paipa, Septiembre del 2025

Para: Mi Planeta Tierra


(Dejar debajo de un árbol de la pureza para que el viento la lleve volando hasta las
manos de la Madre Naturaleza)

Querida Tierra,

Soy Valentina, una niña de nueve años que a veces se queda pensando mucho en
ti. Te escribo porque mi abuela tiene un dicho: "A quien se quiere de verdad, se le
cuida con acciones y se le abraza con palabras". Y como no puedo darte un abrazo
completo porque eres gigante, decidí escribirte para contarte todo lo que siento. Y
lo primero que quiero que sepas es que te quiero un montón

¿Sabes cuándo me doy cuenta de lo mucho que te quiero? Por las mañanas.
Cuando me despierto y el sol ya está espiando por mi ventana para saludarme.
Afuera, los pajaritos cantan tan fuerte que parece que celebran algo, seguro
celebran que viven aquí. También siento que te quiero cuando me quito los zapatos
y el pasto, todavía húmedo por el rocío, me hace cosquillas en los pies. Y ni hablar
del olor que dejas en Paipa después de un aguacero. Mi mamá dice que es tu
perfume, el de la tierra mojada, y que no hay ninguno más rico. Tiene toda la razón.

Amo a todos los animales: los que viven conmigo, los que descubro en los libros y
los que veo en la pantalla de la televisión. Me fascina la gracia de los delfines cuando
saltan en el inmenso azul de tus mares, y me divierten los monos, acrobáticos en
los arboles de tus selvas. Aunque el imponente jaguar me asusta un poco, mi
profesora me ha enseñado que es el rey de las montañas y una pieza clave para la
salud de nuestros bosques. Mi mayor deseo es que todos ellos puedan vivir
siempre, libres y felices.

Pero a veces, Tierra, me pongo triste por ti.

El otro día, al visitar el río cerca de la casa de mis tíos, sentí una profunda tristeza.
Su agua no se veía clara; estaba turbia, de un tono café, y las orillas se habían
llenado de botellas y bolsas de plástico. Esa imagen me dolió, como duele ver a un
amigo enfermo y sentirse impotente para ayudarlo. Me pregunto si tú, Tierra, sientes
dolor cuando te ensuciamos así. Yo creo que sí, porque el dolor que siento yo es
una pequeña parte del tuyo.

Mi profesora nos explicó que, a causa del cambio climático, la Tierra tiene fiebre.
Esa fiebre está derritiendo tus grandes gorritos de nieve, los glaciares de los polos.
Cuando vimos una foto de un oso polar, delgado y cansado, sobre un pedazo de
hielo tan pequeño, sentí un nudo en la garganta y casi lloro en clase. No puedo
imaginarme que tus animalitos pierdan su hogar, y me da mucha pena pensar en lo
que sufren por culpa de nuestra suciedad.

Mi abuelo también me cuenta que las cosas han cambiado mucho. Dice que, de
niño, podía beber agua directamente de las quebradas porque era tan pura y
cristalina y ahora no se puede por lo contaminadas que están. También me dice que
el sol del mediodía quema con una fuerza que antes no tenía. Cada vez que lo
escucho, me invade una profunda preocupación, porque no quiero que tu fiebre se
ponga peor.

Por eso te escribo esta carta, Tierra, no solo para decirte que te quiero, sino para
sellar una promesa:
- “Prometo cuidarte. Prometo proteger tus aguas, tus cielos y tus bosques, y haré
mi parte para sanar lo que te duele”.

Para cumplir mi promesa, haré mi parte en cada pequeña cosa. Cerraré la llave del
agua mientras me cepillo los dientes para no desperdiciar ni una gota más. Apagaré
las luces de mi cuarto cuando no las necesite. Le diré a mi papá que usemos menos
el carro para que el aire sea más limpio y, en su lugar, caminemos más. Y prometo
que, aunque no sea mía, recogeré la basura que vea en la calle para ponerla en su
lugar. Y lo más importante de todo, prometo compartir mi amor por ti. Les contaré a
todos mis amigos lo maravillosa que eres y por qué debemos ser tus guardianes,
“Guardianes de la Naturaleza” así nos haremos llamar si creamos un grupo para
ayudarte a cuidar. Quizás, si muchos niños como yo hacemos esta promesa y la
cumplimos, el eco de nuestras acciones les recordará a los adultos la importancia
de cuidarte también.

El próximo fin de semana, te haré un regalo muy especial: voy a sembrar un arbolito
en mi patio. Con la esperanza de que crezca grande y fuerte, para que sus hojas te
den un poquito de sombra y sus ramas se conviertan en el hogar de muchos
pajaritos que canten para ti. Así, este pequeño árbol será una promesa viva de mi
amor y de mi compromiso contigo.

Por favor, no estés tan triste. Algunos de nosotros sí te escuchamos. Sentimos


cuando tiemblas y nos preocupamos cuando tus ríos lloran sucio. Vamos a intentar
hacerlo mejor. Te lo prometo.

Con todo el cariño de una niña que te quiere hasta las estrellas,

Valentina
(P.D. Esta pequeña guardiana luchará por ti hasta que se haga parte de ti).

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