REHEN A LA NAPOLITANA (Pablo Albarello)
PERSONAJES:
WALTER
JULIO
TUCÁN
Toma de rehenes en un Banco, Walter de traje y corbata, una itaka en una
mano, Julio manos y piernas atadas, sentado en el suelo.
WALTER – A mí nadie me regaló nada.
JULIO – ¡Más vale, Walter!
WALTER – Yo hice mis asaltos a mano armada, mi asesinato en primer
grado, mi fuga con auto robado.
JULIO – ¡Ni qué explicarlo!
WALTER – ¡Vos sabés cómo trabajé para llegar acá!
JULIO – ¡Más vale!
WALTER – ¿Y ahora te presionan, cuando uno llega, por así decirlo a
cierto nivel, te presionan, te soban el lomo?
(Agarra un megáfono, por una ventana lateral.) ¡Hijos de putaaaaa, una
hora, quiero el helicóptero en una hora, ni un minuto más! (A Julio.) ¿Y
cuando yo necesitaba? ¿Eh? ¿Qué pasaba? ¿Solo como un perro, estaba?
(Se sienta sobre un escritorio, cuidando el peinado, la raya del pantalón.)
¡A veces pienso, me hago una mala sangre!
JULIO – ¡No les des bolilla! Mirá, cuando vos recién empezabas, ¿sabés
lo que decían en el barrio?
WALTER – ¿Qué decían?
JULIO – Y el Walter ahora tiene su pedido de captura, sale en la revista
“Casos”.
WALTER – Porque no entienden, Julito, no entienden. (Saca unos
papelitos de cocaína, le ofrece a Julio que no acepta, él aspira uno.) ¿Y
sabés por qué no entienden?
JULIO – ¿Por qué?
WALTER – Porque siempre hicieron la fácil. ¿Y mientras tanto, eh, la
explotación del hombre por el hombre, las bases de una sociedad injusta, el
control judeo-mormón-capitalista-anglicano, eh? ¡Ni se mosquéan!
JULIO – ¡Ni se mosquean, tal cual!
WALTER – (Con la itaka tira varios tiros por la ventana, con el
megáfono:) ¡Hijos de putaaaa, una hora, una hora! (Se sienta, se acomoda
el pantalón, el saco.) Juliiiiiito! ¿Te casaste?
JULIO – No.
WALTER – Yo tampoco… Pensé que seguías en el barrio.
JULIO – No, me mudé.
WALTER – ¿Vos eras?
JULIO – Mecánico dental.
WALTER – ¡Ah, sí, esa mierda!
JULIO – Y, tuve que levantar campamento.
WALTER – ¿En el barrio no laburabas?
JULIO – No.
WALTER – Yo tampoco, en el barrio no laburo. ¡Hay un respeto!
JULIO – ¡Más vale!
Se escucha una sucesión de disparos, Walter levanta los brazos y tira la
cabeza hacia atrás en éxtasis, Julio, espantado se refugia en un rincón y
cuando cesan se asoma.
JULIO – ¿Y eso?
WALTER – Estamos ejecutando. Un rehén cada media hora. (Mira la
hora.) ¡La puta madre! ¡Tucán, Tucán! (Entra Tucán, esmirriado, con
aspecto de hambriento.)
TUCÁN – ¿Sí, jefe?
WALTER – ¿No ejecutaron uno cada media hora? Están ejecutando cada
cuarenta y cinco minutos.
TUCÁN – (Mira su reloj.) ¡Uy, se debe haber quedado sin pilas!
WALTER – (Lo empuja de mal modo.) ¡Sin pilas! ¡Tomátelas! ¡Rajá de
acá! ¡Inútil! ¡Animal!
Tucán sale. Pausa.
WALTER – Juliiiiiito! ¿Cómo anda Martita?
JULIO – Bien.
WALTER – ¿Se casó?
JULIO – Se casó y se separó.
WALTER – ¡Qué linda mina, Martita! Quién iba a decir, ¿no? Una
verdadera lástima. Yo a veces pienso. El amor. ¿No? El destino.
JULIO – Flores de un día son.
WALTER – ¿Qué?
JULIO – “Amores de estudiante / flores de un día son”, la letra de un
tango.
WALTER – (Lo mira unos segundos.) Vos siempre fuiste medio pelotudo,
¿no?
Suena un celular
WALTER – Perdoname. Hola, qué hacés Morsa, okey, ahora pedís hablar
con el Juez, con el Juez Baños. ¡No, Ibarguren no, Baños! Eso. ¡No señor!
Eso dejámelo a mí. En media hora estoy por ahí.
Vuelve a sonar el celular, Walter mira durante unos segundos a Julio sin
atender, Julio se aterroriza.
WALTER – Qué hacés Garza ¡No señor! ¡No señor! Si está loquito que se
tranquilice. ¿Garza, quién manda acá, te pregunto a vos: quién manda?
¡Okey, en media hora, okey! (Guarda el celular.) ¡Qué cosa, che, lo que
faltaba! ¡Analfabetos! ¡Pelotudos!
JULIO – (Identificado.) ¡Analfabetos, pelotudos! ¿Quién era?
WALTER – Morsa en un banco en Olivos y Garza, en una financiera en
Munro.
JULIO – ¡Qué bárbaro! ¿Y cómo te manejás?
WALTER – Voy de un lado a otro.
JULIO – ¿En qué?
WALTER – Helicóptero.
JULIO – ¡Qué bárbaro!
Entra Tucán trayendo una pizza.
TUCÁN – Llegó la pizza.
WALTER – ¿De qué es?
TUCÁN – Napolitana. Les pedí sin ajo porque sé que usted lo repite.
Walter le ofrece a Julio, le desata las manos, prueba su porción y la
escupe, violento dispara por la ventana, agarra el megáfono.
WALTER – ¡Hijos de putaaaaa! ¡Esta pizza es una bosta! ¡Quiero dos
grandes de anchoa y palmitos y dos cajas de Don Perignon! (A Julio.) ¿Te
gustan las medialunas? (A la ventana.) ¡Y tres docenas de medialunas!
(Pausa.)
JULIO – Walter.
WALTER – ¿Qué?
JULIO – Nada.
WALTER – ¿Qué pasa?
JULIO – Nada, pensaba. ¿Y yo podría entrar?
WALTER – ¿Entrar?
JULIO – Sí, entrar, en esto.
WALTER – ¿¡Qué decís!?
JULIO – Para probar, Walter, no sé, necesito un cambio. Hace un tiempo
que siento como un malestar acá, viste, como una angustia, y hay como una
voz que me dice “Julito, tenés que andar otro camino, tenés que cambiar”.
Walter lo mira con detenimiento.
WALTER – Es que vos nunca pensaste, Julito, de pibe, te acordás,
digamos: nunca tuviste una perspectiva universal a macroescala. Y así, la
explotación del hombre por el hombre, eh, el complot judeo-mormón-
capitalista-anglicano, ni se mosquean.
JULIO – ¡Tal cual!, ni se mosquean!
Se escucha otra sucesión de disparos, Walter levanta los brazos y tira la
cabeza hacia atrás en éxtasis, Julio, espantado huye de escena y cuando
cesan se asoma.
JULIO – Walter, ¿es verdad que hiciste plata?
WALTER – (Agarra del cuello a Julio, le apunta a la cabeza.) ¿Qué
sabés, hablá la puta que te parió, qué sabés?
JULIO – No, no, pará, Walter, es lo que se comenta en el barrio, nada más.
WALTER – (Lo suelta, se acomoda el saco, la corbata, aspira cocaína.)
Juliiiiiito. Ves, ahí tenés: el ahorro. Otra cosa que se ha perdido: la cultura
del ahorro. A ver, ¿dónde está la riqueza de un país? (Sacado.) ¿En los
capitales golondrinas, en la especulación financiera, en las enormes
fortunas que van a parar a paraísos fiscales? No señor, en nuestro laburo, en
botines anónimos sacrificialmente guardados moneda a moneda,
escondidos en galpones, disimulados entre la lana de un colchón o en una
lata de dulce de batata! ¡Capitales nacionales que se reinvierten en el país!
JULIO – ¡Tal cual! Vos tendrías que meterte en política, Walter.
WALTER – ¡Vos estás en pedo!
JULIO – Sos un líder.
WALTER – (Sacado.) ¿Un líder, yo soy un líder! ¿A ver, por qué yo soy
un líder? ¡Me estás presionando, Julito, vos también me estás presionando!
¡Todo el mundo me presiona, me soba el lomo a mí! ¡Parásitos,
sanguijuelas! (Lo apunta con la itaka.) ¡Te das cuenta, vos también sos una
sanguijuela! ¿Qué querés, eh, qué querés! (Con el megáfono va a la
ventana.) ¡Hijos de putaaaaa, que pasen con los chalecos antibalas! (A
Julio.) ¿De grasa o manteca? ¡Y tres docenas de medialunas de grasa!
Vuelve a acomodarse la ropa, el peinado, poco a poco se tranquiliza.
Pausa.
JULIO – ¿Por qué yo nunca me animé, Walter? ¿Por qué nunca supe ver
las oportunidades? Decime, ¿me quedé en el campamento de barrio, no?
Walter, yo necesito probar, no sé, siento que hay tantas cosas que no hice,
plantar un árbol, tener un hijo, asistir a un congreso internacional de
ortodoncia.
WALTER – No.
JULIO – ¡Por favor!
WALTER – ¡Te dije que no!
JULIO – ¡Qué tipo de mierda que sos, Walter, qué egoísta!
Julio se abalanza para quitarle el arma, Walter lo domina, se le sube
encima y lo golpea brutalmente. Suena el celular, Walter atiende.
WALTER – Mamá, estoy trabajando. Claro que me bañé… El traje azul y
la corbata bordó… Sí, la bordó a rayas azules… No… Porque lo mandaste
a la tintorería, mamá… ¡Y a mí qué me importa!… No sé a qué hora. No te
prometo nada… No sé a qué hora. Estoy ocupado. Hablamos después…
No, ninguna novedad. Ah sí, ¿sabés con quién estoy?… Julito, te acordás
de Julito, el hijo de Niní, sí. Niní, que vivía enfrente del almacén… Al lado
de la bicicletería. (Le pasa el celular a Julio, destruido en el suelo.) Quiere
saludarte.
JULIO – Hola, qué dice señora!... Yo bien, acá me encontré con Walter. Y
sí, fue un alegrón… No, mamá falleció, hace tres años, sí, pobrecita… Sí,
Carapachay 609, siempre en el mismo lugar, no, yo me mudé… Mecánico
dental… Y sí, esa mierda.
Se prende una luz potente desde la ventana.
WALTER – (Desde la ventana.) Decile que corte, que empieza la
conferencia de prensa.
JULIO – Me dice Walter que tengo que cortar, que empieza la conferencia
de prensa… Sí, Martita bien, siempre se acuerda de usted… Con todo
gusto, adiós, adiós.
WALTER – (Se acomoda la corbata, carraspea, sale a la ventana
iluminada.) Señores, buenas tardes, les agradezco su presencia. Sí, estoy
esperando la llegada del Señor Juez, mientras tanto estoy saliendo a un
banco en Munro y una financiera en Olivos. ¡Si hablamos todos no se
entiende!
Julio se asoma también, va tomando confianza, ayuda a ordenar las
preguntas.
WALTER – Ah, sí, ¿de qué medio es usted, Crónica? Correcto, tres en
total… Sí, señorita periodista, en todos hay rehenes… Les ruego que me
dejen trabajar. No, no hay más preguntas. Gracias. (Se apagan los
reflectores, a Julio.) ¿Cómo estuve?
JULIO – ¡Brillante! (Pausa.) ¡Walter, te acordás cuando era capitán de
nuestro equipo de fútbol?
WALTER – Sí, me acuerdo, ¡qué grande!
JULIO – Ganábamos todos los campeonatos.
WALTER – Tenés razón, todos los campeonatos. Pero esto es distinto.
JULIO – Walter, si yo pude, puedo.
WALTER – Esto es distinto.
JULIO – ¡Walter (Se arrodilla, suplicante.) por favor!
WALTER – (Violento, lo agarra del cuello.) ¡Te dije que no y es no!
Se escucha el sonido del helicóptero que llega. Ambos miran hacia el
techo.
WALTER – ¡Tucán! ¡Tucán! (Viene Tucán.) Tucán, Julito queda a cargo!
JULIO – ¡Walter, gracias!
WALTER – Yo estoy saliendo para Munro y Olivos hablá con los
muchachos. Con él como si fuera yo.
TUCÁN – ¡Sí, jefe!
JULIO – ¡Gracias, Walter, no te voy a defraudar, muchas gracias!
WALTER – Escuchame, presta atención: pedí hablar únicamente con un
Juez D’Anuncio.
JULIO – Está.
WALTER – Pedí un millón de dólares en billetes de uno y un Boeing 707.
JULIO – Está, está, andá tranqui
Walter le pone en las manos la itaka, mira la hora, sale, vuelve y lo mira.
JULIO – Andá, andá tranquilo.
Sale. Pausa. Tucán se mantiene impasible, Julito levanta la vista al techo,
observa el lugar fascinado, corre haciendo poses de guerra.
JULIO – ¡Qué bárbaro! (Se asoma a la ventana con el megáfono, dispara.)
¡Hijos de putaaaa! ¡Hijos de putaaa, tienen dos horas!… ¡Y quiero dos
kilos de helado de sambayón! ¡Qué bueno que está esto! Tucán, ahora
tengo que pensar: la negociación, la conferencia de prensa, las armas.
(Vuelve a disparar, vigila por la ventana.) No hay que dudar, no hay que
dejarse presionar, Tucán. De lo contrario, eh, la explotación del hombre por
el hombre, el complot judeo-mormón-capitalista-anglicano, ¿eh?
TUCÁN – ¡Ni se mosquean!
JULIO – Tal cual, ni se mosquean… ¿Cuántos rehenes quedan, Tucán?
TUCÁN – Uno, señor.
JULIO – (Levantando los brazos y tirando la cabeza hacia atrás, en
éxtasis.) ¡Quiero escuchar ese disparo, Tucán! ¡Ejecutenlo!
Tucán va por detrás de Julio, le apunta a la nuca.
DISPARO Y APAGÓN.