Suma de Teología, q.79, a.2.
Santo Tomás se pregunta si el intelecto es una potencia pasiva. Las objeciones son las
siguientes: 1) el intelecto es espiritual, por lo tanto tiene que ser principio de actividad, según
que “la materia es principio de pasividad y la forma de actividad”. 2) Es un argumento de
autoridad; Aristóteles, en el De Anima, dice que, si el intelecto es pasivo, es corruptible. 3) Por
último, el intelecto no puede ser pasivo debido a que “el agente es más noble que el paciente”,
e incluso las potencias vegetativas, son activas. (Por ejemplo, respirar, crecer ).
En el sed contra, Tomás cita al Filósofo: “Entender es un cierto padecer” (III De Anima). .
Y a continuación comienza su respuesta. Padecer (pati) se dice de tres maneras:
Primo modo, y en sentido propio, significa privación, esto es, la carencia de una perfección que
un ente debiera tener según su naturaleza. (Por ejemplo, para la paloma no poder volar es
padecer, para el hombre estar triste es padecer ). Secundo modo, en sentido no tan propio,
significa cualquier pérdida de perfección, sea o no connatural. (Por ejemplo, cuando el agua se
enfría padece la pérdida de la cualidad anterior- estar caliente-). Tertio modo, y en sentido
general, padecer significa la recepción de un acto al cual tiende una potencia, sin que ello
conlleve la pérdida de una perfección del sujeto. (Por ejemplo, amar a mi padre, no trae
consigo que deje de amar a mi madre, o a un amigo).
El intelecto se dice pasivo en este tercer sentido. Ahora bien, ¿qué significa que el intelecto sea
pasivo?
El intelecto tiene como operación propia, relacionarse con la totalidad del ente universal. Se
puede distinguir distintos tipos de intelecto de acuerdo a su relación con el ente universal.
Existe un intelecto que siempre está en acto respecto al ente universal. Se trata del Intelecto
divino, en el cual están contenidos originaria y virtualmente todos los entes. En otras palabras,
conoce creando.
Los intelectos creados, en cambio, están en potencia respecto de los inteligibles, es decir del
ente universal. Sin embargo cabe distinguir dos especies de intelectos creados de acuerdo a su
relación acto-potencial con los inteligibles.
El intelecto angélico tiene un tipo de potencia que siempre está actualizada, por su cercanía
con el Intelecto divino. (Para entenderlo puede ser útil la frase de S. Gregorio: “¿Qué cosa no
ven, aquellos que ven a quien todo lo ve?”).
La especie ínfima de intelectos es el humano, cuya potencia no está siempre actualizada por lo
inteligible, por lo que debe pasar sucesivamente al acto. De ahí, el típico proceso del conocer
humano, que nace como una “tabla rasa” y progresivamente adquiere el conocimiento.
En este último sentido se dice que el intelecto es pasivo.
Luego, Santo Tomás responde a las objeciones:
La primera, decía que la inteligencia no puede ser pasiva, porque es espiritual, es decir,
puramente formal, y lo formal es principio de actividad. La respuesta es que, para la potencia
intelectual, la pasividad no implica padecer en el 1° y 2° sentido, es decir perder perfecciones,
porque no tiene materia. Aquí la clave es la diferencia entre cambio material, que desplaza
necesariamente lo anterior (ej. El agua que pasa de frío a caliente desplaza la frialdad en orden
a adquirir la calentura), y cambio espiritual, para el cual, la adquisición de una nueva perfección
no implica la pérdida de otra perfección.
A la segunda objeción, Tomás responde desde su exégesis de Aristóteles. Éste, según la
lectura del Aquinate, llama Intelecto pasivo (Intellectus passivus) tanto al apetito sensible
(racional por participación), como a la facultad cogitativa (sentido interno). En ambos casos,
“pasivo” puede ser tomado en los sentidos 1 y 2, por cuanto que son actos de algún órgano
corporal, y por lo mismo, corruptibles.
Pero el intelecto, que está en potencia con respecto a lo inteligible, es llamado por Aristóteles
Intelecto posible (Intellectus possibilis). Es pasivo sólo en el tercer sentido, en cuanto que está
en potencia con respecto a lo inteligible, y no es acto de ningún órgano corporal. Ergo, es
incorruptible.
Por último, la tercera objeción se fundaba en la siguiente proposición: “El agente es más noble
que el paciente”. Pero Santo Tomás aclara rápidamente, “si se refieren a lo mismo”. Por
ejemplo, si el objeto es el acto de la limosna, es más perfecto dar limosna que recibirla, y para
los animales, es más perfecto comer que ser comido.
Sin embargo, el intelecto es potencia pasiva con respecto a la totalidad del ser. En cambio, la
facultad vegetativa es activa en orden a un ente particular, es decir, al cuerpo que le está unido.
(Por ejemplo, respirar, crecer, nutrirse). Al tener distintos objetos, nada impide que la facultad
pasiva sea superior a la activa.