Campesinos de Los Andes Orlando Fals Borda (1) 109 146
Campesinos de Los Andes Orlando Fals Borda (1) 109 146
La población
ES POSIBLE PRESENTAR información básica acerca de la población de
Saucío en cuanto al número y distribución de los habitantes, su com-
posición por sexo y edad, su estado civil y condición educativa y ocupa-
cional, su composición racial, fertilidad, mortalidad y migración. En las
notas de pie de página y como medio para ayudar a evaluar los factores
demográficos de Saucío en comparación con la totalidad de Colombia,
se incluyen los datos respectivos correspondientes a la nación.
Número y distribución
Hay 356 personas distribuidas en las 77 familias de la vereda de Saucío.1
Como la superficie de esta es de 12,5 kilómetros cuadrados, la densi-
dad de población es de 28,5 habitantes por kilómetro cuadrado (71 por
milla cuadrada).2 No obstante, los pobladores en su mayoría viven en
las vegas del río Bogotá, donde hay casas dispersas a ambos lados de la
carretera. Hay dos núcleos de población. Uno de ellos está en la parte
norte, en la zona de la quebrada del Muchilero, y la otra al sur en el
51
52
Edades
75
70
65
60
55
50
45
40
35
30
25
20
15
10
5
0
10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 0 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
Porcentaje de hombres Porcentaje de mujeres
N=356
Estado civil
No parece prevalecer en Saucío la costumbre campesina de los matrimo-
nios tempranos. El 93 % de las muchachas de edades comprendidas entre
los 15 y los 19 años son solteras y también lo son todos los muchachos.
La edad propicia para el matrimonio parece estar entre los 20 y los 24
años, ya que el 77 % de los varones y el 91 % de las mujeres de edades
comprendidas entre los 25 y los 29 años son casados. El matrimonio en
Saucío significa solamente la ceremonia religiosa; este vínculo nunca es
roto oficialmente, ya que el divorcio no es permitido por las autoridades.
Cincuenta y cinco parejas, que comprenden dos amancebados o perso-
nas participantes en uniones libres, forman el 57 % de la población de 15
años y más, en tanto que los solteros comprenden el 29 % y los viudos y
separados el 14 %. Hay más viudas que viudos: 10 y 7, respectivamente. Hay
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un pequeño número de varones y mujeres que viven sus vidas sin matrimo-
nio; el varón soltero más viejo tiene 57 años de edad; la soltera más vieja, 42.
Dos parejas están semiseparadas: las esposas viven solas en lugares
aparte, o con sus propias familias. Y hay dos separaciones completas.4
Condición educativa
Los efectos de la educación se miden estadísticamente en el cuadro 1.
La característica más sorprendente que en él se revela es la de que las
niñas superan ligeramente a los niños en materia de alfabetización. El
91 % de las niñas comprendidas entre las edades de 10 a 19 años saben
leer y escribir, en comparación con el 87 % de los muchachos de las mis-
mas edades.5
Cuadro 1. Alfabetización entre la población de 10 años y más en Saucío, por sexos, 1950
% de alfabetización
Edad Varones Mujeres
Total, 10 años y más 69 61
10 a 19 87 91
20 a 39 64 62
40 y más 65 33
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Situación ocupacional
Los jefes de familia en su mayoría están vinculados a actividades agrí-
colas. Setenta y dos, o sea el 93 %, son agricultores (cuadro 2). Los otros
cinco jefes de familia están dedicados a las siguientes ocupaciones: tra-
bajos mecánicos en la Represa del Sisga, conducción de camiones para
la Represa del Sisga, minería en San Vicente, elaboración de ladrillos en
Las Julias y vigilancia de las líneas telegráficas.
Entre los que se dedican completamente a la agricultura o a la gana-
dería, hay 30 jefes de familia que según las normas censales de los
Estados Unidos pueden clasificarse como empresarios agrícolas. Admi-
nistran sus parcelas propias o tomadas en arrendamiento pagando en
dinero y dedican buena parte de su tiempo a los principales cultivos y a
la cría de ganado vacuno y ovino.
7 International Bank for Reconstruction and Development, The Basis of a Development Program for Colom-
bia: Report of a Mission Headed by Lauchlin Currie (Washington: IBRD, publicación especial, 1950), p. 241.
55
Jefes de familia
Ocupación Número %
Total 77 100,00
Agricultores empresarios 30 38,9
Agricultores con ocupaciones temporales o en parte
26 33,8
de su tiempo
Carpintero (1)
Albañiles (2)
Trabajadores en Represa del Sisga (8)
Mineros (4)
Obreros agrícolas (9)
Tenderos (2)
Trabajadores no agrícolas 5 6,5
(mecánico, conductor de camión, minero, alfarero
de ladrillos y guardia)
Peones de hacienda (concertados) 16 20,8
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Composición racial
La población de Saucío pertenece a una raza miscegénica. Un lento pro-
ceso de amalgama entre blancos e indios (no se encontraron huellas
visibles de raza negra en esta comunidad) ha producido un tipo físico
denominado mestizo.
8 El número total de trabajadores de Saucío que participaban en 1950 en las obras de la represa
era de 20, entre ellos tres mujeres contratadas como cocineras y sirvientas.
9 En los capítulos 5 y 6 se explica completamente el concepto de concertado.
57
Indio-mestizo 4
Mestizo 43
Mestizo-blanco 30
10 Análogamente, es difícil determinar con respecto a Colombia el alcance de tal mezcla racial,
aunque parece claro que los saucitas pertenecen a un grupo racial que comprende a la mayoría de
los colombianos. El censo de 1938 no averiguó las características raciales de la población. Entre los
cálculos hechos al respecto (por Angel Rosenblat, Pablo Vila y pocos más), el siguiente, de T. Lynn
Smith, puede acercarse a la realidad: blancos, 25 %; indígenas, 7 %; negros, 10 %; mestizos, 33 %; mu-
latos, 25 % (información no publicada, suministrada personalmente al autor en septiembre de 1953).
11 Por simple curiosidad y a fin de comprobar nociones populares al respecto, el autor midió la
estatura y el peso de los varones y mujeres de Saucío en 1950. Participaron en este experimento,
algunas con dudas religiosas sobre si convenía o no ser sometidas a la medición de su peso (véase
el capítulo 14), 287 personas que finalmente confiaron en el autor y se sometieron a la prueba con
58
Fertilidad
El índice de fertilidad (número de niños menores de cinco años por cada
mil mujeres comprendidas entre los 15 y los 44 años) es elevado: 971.
Las familias son numerosas, pues el número medio de nacidos por cada
resignación fatalista. El promedio de estatura de los varones adultos (de 21 años de edad y más)
resultó ser de 1.64 metros (5 pies 4 pulgadas), y el de las mujeres adultas de 1.53 metros (5 pies). El
promedio de peso del varón adulto fue de 60 kilos (132 libras), y el de la mujer adulta de 56 kilos
(123 libras). A causa de la muestra reducida y de la corta duración del estudio, la variabilidad es con-
siderable; pero este pequeño experimento antropométrico en Saucío puede suministrar cierta base
para poner en duda la idea ampliamente difundida de que los campesinos de las montañas colom-
bianas (a quienes los colombianos que habitan en las ciudades llaman “indios”) son anormalmente
pequeños. Esto no parece ser cierto, al menos en cuanto se refiere a los campesinos de Saucío.
Con respecto a la estatura y las características somáticas de la raza chibcha originaria, que tam-
bién forman parte de la misma creencia, Ezequiel Uricochea parece haber sido el primer autor
que afirmó que los aborígenes eran pequeños (Antigüedades neogranadinas, p. 37). No obstante,
los cronistas hacen referencia a indígenas grandes o altos. Véase Aguado, Recopilación historial, p.
211; Aguado, Primera parte de la recopilación historial resolutoria de Sancta Marta y Nuevo Reino de Gra-
nada (Madrid: Espasa-Calpe, 1930), vol. I, pp. 282-283, 433; Castellanos, Historia, vol. I, pp. 133-137;
Simón, Noticias historiales, vol. II, p. 58 et passim. Parece que los aborígenes habían empleado
cierta clase de práctica eugenésica que eliminaba a los mal conformados: véase Ernesto Restrepo
Tirado, Aborígenes de Colombia (Bogotá: La Luz, 1892), p. 98. La siguiente observación de Oviedo y
Valdés (copiada de Quesada) vale la pena de ser señalada: “Los habitantes de la tierra [chibcha]
son de estatura mediana; son más altos que las gentes que viven en la zona de la costa en la parte
en que el río [Magdalena] desemboca en la mar” (Historia, vol. II, p. 388).
12 Don Miguel Triana intentó demostrar que esta aclimatación satisfactoria de los campesinos a
las elevadas altitudes era congénita. Buscó la respuesta en las características somáticas de los chib-
chas; pero infortunadamente se desorientó en medio de disquisiciones inútiles: “...la menor poten-
cia de la bomba cardíaca para conducir la sangre por largos canales... impone el encogimiento de
las piernas y de los brazos, con lo que resulta una figura barriluda y saporra”, etc. Véase su obra: La
civilización Chibcha (Bogotá: [Biblioteca Popular de Cultura Colombiana], Editorial ABC, 1951), p. 51.
13 Ibid., p. 50.
59
madre es de 6,5. Muchas mujeres que emigran dejan a sus hijos al cui-
dado de parientes. Estos dos factores determinan una elevada propor-
ción entre el número de niños pequeños y el de mujeres en edades de
maternidad.14 No obstante, Saucío justifica la expectativa de una elevada
tasa de reproducción para un vecindario rural.
Mortalidad
Siendo conveniente medir la mortalidad en Saucío, no hay otra manera
de hacerlo que la de preguntar a las gentes acerca de los fallecimientos
ocurridos dentro de cierto número de años anteriores. Pero este proce-
dimiento no es fidedigno, pues a los campesinos les es difícil recordar
tales acontecimientos pasados.15 Juzgando a base de observaciones per-
sonales, parece que Saucío es un lugar saludable: hubo solo ocho defun-
ciones durante los dos años de la investigación. Pero es posible que en
otras épocas esta rata de mortalidad aparentemente baja se haya ele-
vado a causa de epidemias y de la falta de asistencia médica adecuada.
Hay motivos para creer que el promedio de vida es bajo. Los naci-
mientos están en manos de comadronas o parteras que son eficaces en
partos normales; pero que no saben qué hacer cuando se presentan pro-
blemas durante el alumbramiento. Análogamente, las madres no han
sido capacitadas para cuidar adecuadamente a sus pequeños. Cierta-
mente, los padres no estimulan el aseo en sus hijos, y esta indiferencia
ante los hábitos de higiene personal se mantiene en toda la vida adulta
y en la vejez. La vivienda y la nutrición son deficientes, y hay ignoran-
cia en cuanto al tratamiento racional de enfermedades. Naturalmente,
todos estos factores conspiran contra las posibilidades de sobrevivir
que tienen los campesinos individualmente.16
Hay muchas maneras diferentes de combatir las enfermedades, que
para los extraños pueden resultar pintorescas. Pero las enfermedades son
dolorosamente reales. Según el doctor Carlos Hernando Jiménez, médico
14 El índice de fertilidad para Colombia en 1938 es de 628, según el Anuario Demográfico de las Na-
ciones Unidas, 1949-1950 (Nueva York: Oficina de Estadística de las Naciones Unidas, 1951), cuadro
10, en que se utilizó una escala de edades de mujeres comprendidas entre los 15 y los 49 años.
15 Setenta familias entrevistadas informaron sobre la muerte de 74 niños en edades compren-
didas entre un mes y 14 años, inclusive, y de 25 adultos en edades comprendidas entre los 15 y
los 75 años, lo que arroja un total de 99 defunciones en 15 años, o unas 7 anuales.
16 La rata de mortalidad en Colombia en 1946 fue de 15,6. Véase el Anuario Demográfico de las
Naciones Unidas, 1948 (Nueva York: Oficina de Estadística de las Naciones Unidas, 1949), cuadro
20, p. 512. Fue de 14,4 en 1951, véase Dirección Nacional de Estadística, Anales de economía y
estadística (Bogotá), n.º 74, abril-junio de 1952, p. 87.
60
La migración
Desde 1938, año del último censo, la población neta de Saucío ha dismi-
nuido. En ese tiempo había 397 habitantes que ocupaban 81 casas. Esta
disminución no puede atribuirse a ninguna modificación de la fertilidad,
ni a ningún aumento inusitado de la mortalidad; su causa principal se
encuentra probablemente en el movimiento migratorio.19
Hasta 1950 habían salido 87 emigrantes de treinta y una familias
(el 44 %), lo que da un promedio de 1,2 emigrantes por familia en todo
17 Entrevista personal, Saucío, abril de 1951. Las enfermedades más comunes encontradas por
el doctor Isaías Ramón Carvajal, médico de las obras de la Represa del Sisga, son de carácter
gástrico y pulmonar. Véanse sus Anotaciones médicas del personal en las obras de la Represa del río
Sisga (Bogotá: Editorial Kelly, 1953), pp. 21-39.
18 Pueden hallarse explicaciones médicas relativas a estas dos enfermedades en Jorge Bejara-
no, La derrota de un vicio (Bogotá: Editorial Iqueima, 1950), p. 73 et passim. Parece que la “rema”
es una afección interna, en tanto que la “peladera” es una enfermedad del tipo de la pelagra.
19 En el molde interaccional de Saucío se incluye para 1950 familias de Veracruz y Cruces,
unidades políticas vecinas. En consecuencia, la disminución neta de la población es realmente
de más de 41 personas.
61
20 En Tabio, la proporción de familias que envían emigrantes era del 30,8 %, y el promedio de
emigrantes por familia era del 0,7 (Smith, Díaz Rodríguez y García, p. 19).
21 Este gran número de familias con emigrantes demuestra que Saucío es una zona de transi-
ción. Sería extremadamente revelador un nuevo sondeo relativo a esta transición, en cuanto a
los 188 niños que todavía estaban en los hogares de sus padres en 1950, después de un deter-
minado período de madurez.
22 La emigración forzada a causa de persecuciones políticas es indudablemente otro factor
importante. La inseguridad en las regiones rurales debida a la guerra entre los partidos ha
estimulado periódicamente el despoblamiento de comunidades campesinas. En su mayoría,
los campesinos desalojados acuden a las grandes ciudades en busca de refugio y anonimidad,
como ocurrió en los años comprendidos entre 1949 y 1953. No obstante, Saucío no ha experi-
mentado esta desorganización. Solamente un campesino se vio obligado a huir de Saucío en la
época de esta investigación, a causa de complicaciones políticas en Chocontá.
62
Ocupación Número
Total 55
Cocineras y meseras profesionales 23
Amas de casa 18
Ventas por menor (mercado y almacenes) 2
Lavandería 2
Modistería 2
Estudiantes (de Las Julias) 2
Otras (una maestra y una menor de 10 años) 2
Desconocidas 4
63
23 Los hombres salen de los campos hacia Bogotá, se dedican al trabajo manual y de artesanía,
y se establecen en los barrios del sur de la ciudad, donde reside una parte considerable de las
clases trabajadoras. (Véase Fals Borda, Saucío..., p. 86).
64
Ocupación Número
Total 32
Agricultura 6
Albañilería 4
Ayudante de camión 3
Obrero de fábrica 3
Empleado de almacén 3
Ventas por menor (mercado y almacenes) 2
Otros (fabricación de ladrillo, electricista, agente de policía, 8
minero, mensajero, soldado, cadenero y un menor)
Desconocida 3
Emigrantes
Destinación Hombres Mujeres Número %
Total 32 55 87 100,0
Bogotá 19 42 61 70,2
Otros municipios de Cundinamarca 9 4 13 14,9
Cajamarca, Tolima 2 2 2,4
Barranquilla, Atlántico 1 1 1,1
Bucaramanga, Santander 1 1 1,1
Cali, Valle 1 1 1,1
Leticia, Amazonas 1 1 1,1
Desconocida 2 5 7 8,1
65
Cuadro 6. Tiempo que los jefes de familia han vivido en sus tierras, 1950
Jefes de familia
Años Número %
Total 70 100,0
Menos de un año 2 2,8
1a9 17 24,3
10 a 19 20 28,6
20 a 29 6 8,6
30 a 39 12 17,1
40 a 49 6 8,6
50 a 59 4 5,7
60 a 69 3 4,3
66
Tenencia de la tierra
De las 1255 hectáreas de la vereda, aproximadamente 376 (o el 30 %)
están divididas entre 42 propietarios, siete agricultores que combinan
la calidad de propietario con la de arrendatario y tres concertados que
tienen también un trozo de tierra de su propiedad. Estas 52 familias,
que viven en sus fincas, constituyen cerca de los dos tercios de todas las
unidades familiares. El resto de la tierra de Saucío, 879 hectáreas, es de
propiedad de terratenientes ausentes que han dejado la administración
directa de sus fincas a concertados residentes en la vereda.
La elevada proporción de propietarios individuales es en parte el
resultado de un prolongado proceso de subdivisión de la propiedad raíz
que ha estado ocurriendo en Saucío desde que el resguardo de indígenas
fue parcelado. Como ha habido muchos compradores y herederos y la
cantidad de tierra disponible ha sido circunscrita en la práctica por las
67
68
Jefes de familia
Clase Tenencial Número %
Total 77 100,0
Propietario 42 54,5
Arrendatario-propietario 7 9,1
Arrendatario 6 7,3
Concertado-propietario 3 3,9
Concertado-arrendatario 2 2,6
Concertado 16 20,8
Permitida 1 1,3
69
que no parecía constituir su intención originaria (Antonio J. Posada F., Economics of Colombian
Agriculture, disertación doctoral, Universidad de Wisconsin, Madison, 1952, pp. 76-88).
3 Se encuentra un examen relativo a otros trabajadores agrícolas en el capítulo 4.
70
4 En Tabio se registró un tipo de compañía para el cultivo del maíz (Smith, Díaz Rodríguez y
García, Tabio, pp. 29-30). Pero no se ha registrado un arreglo de esta clase en Saucío. La com-
pañía se emplea para la producción de cosechas destinadas al mercado, y en Saucío el maíz se
cultiva principalmente para el consumo doméstico.
71
5 La cría de pollos y gallinas ha sido de las ocupaciones más comunes en la economía de los
campesinos e indígenas. Sesenta y siete de las unidades de Saucío, o sea el 87 %, tienen pe-
queños gallineros, usualmente de unas ocho aves de corral. Según el censo agrícola efectuado
por el autor en 1950, había 517 aves que estaban distribuidas de manera muy pareja entre las
familias.
6 Partes pertinentes de una muestra de escritura: “En el Municipio de Chocontá, Departamento
de Cundinamarca, República de Colombia, el 6 de mayo de 1950, ante mí... Notario Público
del Circuito y ante los testigos... compareció el Sr. N. G, mayor de edad... quien declaró que
vende y enajena a perpetuidad a favor del Sr. F. T., también mayor de edad, un lote llamado
La Esperanza, situado en la Vereda de Saucío, adquirido por compra hecha a la Sra. E. Q. el 26
de marzo de 1931, por escritura pública número... Los límites del lote son los siguientes: Por el
pie lindando con tierra de J. P.; por otro lado con tierra perteneciente al mismo señor [J. P.]; al
frente con la carretera central del norte; y al otro lado los lotes del Sr. A. C. con zanja de por
medio. El precio de esta venta es de ... pesos recibidos por el vendedor a su entera satisfacción.
El lote está en poder del comprador, por habérselo entregado debidamente el vendedor...”
[Sigue el registro del pago de impuestos por las dos partes interesadas, y las firmas de los
funcionarios que intervinieron]. (Tomado de documentos privados de don Francisco Torres,
Saucío, agosto de 1954).
7 Véase la obra de Peregrino Ossa V., Medidas agrarias antiguas (Bogotá: Voto Nacional, 1939).
72
Fragmentación de la explotación
El problema de la existencia de varias parcelas separadas que forman una
misma explotación no es agudo. La tercera parte de todas las propiedades
tienen de dos a cinco lotes. Dieciséis agricultores explotan dos parcelas
separadas, cinco tienen tres lotes, y en Las Julias hay una gran zona y
cuatro lotes pequeños no contiguos. La distancia desde los predios prin-
cipales hasta los dispersos lotes varía; pero este problema es de menor
importancia porque las parcelas se encuentran en su totalidad dentro de
los límites topográficos de Saucío.
Parece que esta fragmentación es resultado de un proceso prolongado
de ventas a pequeña escala, causadas principalmente por necesidades
personales. Cuando los agricultores aprovechan ventas de tierras sin
8 El profesor Smith (T. Lynn Smith, “Colonization and Settlement in Colombia”, Rural Sociology,
vol. XII, n.º 2, junio de 1947) formuló una propuesta para el establecimiento de un nuevo siste-
ma de demarcación de tierras basado en el método jeffersoniano de rectángulos. Su proyecto
fue presentado al Congreso Nacional en 1944, patrocinado por el Departamento de Tierras del
Ministerio de Economía Nacional y fue aprobado por la Cámara. Pero la inestabilidad de la
situación política subsiguiente impidió su adopción definitiva.
73
Tamaño de la propiedad
Las dos terceras partes de los agricultores residentes son propietarios,
pero solo de una tercera parte de la tierra disponible. También se debe
esto al desarrollo histórico de las relaciones entre el hombre y la tierra,
y especialmente de la tenencia de las tierras en esta región (véase el
capítulo 6). Una consecuencia ha sido el minifundio o predominio de
predios patológicamente pequeños.
Incluyendo las 252 hectáreas de Las Julias contenidas en la zona de
interacción social de Saucío, el tamaño promedio de las fincas de propie-
tarios de la localidad es de algo más de siete hectáreas. Sustrayendo de
los cálculos la superficie de esta gran hacienda, quedan 51 propietarios
con 130 hectáreas; así el tamaño promedio se reduce a 2,5 hectáreas,
con una mayor frecuencia o tamaño modal de 1,6 hectáreas (cuadro 8).
Incluyendo la tierra tomada en arrendamiento y la pequeña parcela con-
cedida a la permitida, el tamaño promedio de todos los predios explo-
tados en el valle es de 5,6 hectáreas; pero aun con estas cifras la mayor
frecuencia o modo solo se eleva a 1,8 hectáreas.10
Además de los motivos históricos de la existencia de estos minifundios,
hay otros factores humanos que han fomentado la atomización de los pre-
dios. Uno de ellos es la herencia partible, o la costumbre de distribuir una
propiedad por partes iguales entre los herederos. Con el transcurso del
tiempo, a partir de la subdivisión y distribución del resguardo indígena
en 1839, las herencias ya no proporcionan fincas de regular tamaño sino
pequeños lotes; a veces las parcelas heredadas son tan pequeñas que es
difícil ararlas con una yunta de bueyes sin penetrar dentro de la tierra del
vecino. Otra causa de los minifundios es la utilización de la tierra como
recurso en tiempos de crisis. Por ejemplo, con frecuencia los campesinos
se ven obligados a vender pequeñas parcelas a fin de pagar cuentas de
atenciones médicas.
9 Este aspecto de las relaciones entre el hombre y la tierra es sumamente importante en Boya-
cá. Se encuentra un examen completo de este tema, que ha sido considerablemente descuida-
do por los sociólogos, en la obra de Fals Borda, El hombre y la tierra en Boyacá, capítulo 7.
10 El tamaño más frecuente de los predios rurales en Tabio es de 4,5 hectáreas (Smith, Díaz
Rodríguez y García, p. 31). El minifundio se define como una posesión de menos de 5 fanegadas
o 3 hectáreas. Véase Fals Borda, pp. 146, 152-161.
74
75
Utilización de la tierra
Como si estos minifundios no fueran suficientes para producir efectos
económicos adversos en la organización social de Saucío, la propia tierra
no está siendo utilizada de la manera más conveniente. La necesidad de
aumentar la producción agrícola, si el vecindario desea elevar su nivel
de vida, exige una modificación de los métodos de explotación. Cier-
tamente los problemas de Saucío son muchos; pero la mala utilización
habitual de los ricos terrenos de cultivo es evidentemente uno de los
más importantes.
La cría de ganado ha sido siempre la inversión más segura y fácilmente
productiva, y las mejores tierras se dedican a ella. Cerca del 90 % de la
superficie de Saucío se utiliza en pastoreo de ganado o se deja, en potre-
ros sin usar (cuadro 9). Aun los pequeños propietarios residentes en el
valle dedican mayor extensión de tierra al forraje y a la ganadería que
a los cultivos. Solamente los agricultores arrendatarios emplean un sis-
tema de explotación más equilibrado, sencillamente porque parece que
necesitan ingresos más regulares y alimentos para su consumo durante
el año, lo que la cría de ganado por sí misma no les puede proporcionar.
Los concertados, naturalmente, cultivan la tierra con intensidad; pero
en las haciendas ocurre lo contrario. Solamente un décimo de la superficie
de Las Julias está cultivado; el resto de ella está compuesto de pastizales
rotatorios destinados a la alimentación de ganado vacuno y caballar. Los
propietarios ausentes prefieren tener unas pocas cabezas de ganado en
sus tierras y no correr los riesgos de los cultivos. Por regla general los
terratenientes permanecen en sus hogares del pueblo o la ciudad, acom-
pañados por el cómodo conocimiento de que sus terneros serán castrados
y después vendidos como poderosos bueyes, o que sus novillas algún día
serán llevadas a la feria, y que cada una de esas ventas les producirá cinco
veces el costo original. Este proceso lucrativo no exige esfuerzos físicos
agotadores por parte del ganadero; en realidad, ni siquiera necesita plan-
tar alfalfa o cualquier otro forraje para su ganado, que vive y crece acepta-
blemente a base de pasto nativo. Carece de importancia el hecho de que
el menor espacio necesario para la cría de una cabeza de ganado de esta
manera, se calcule en 1,2 a 1,6 hectáreas, ya que hay abundancia de tie-
rras. Si un propietario es lo suficientemente afortunado como para encon-
trar una buena familia de concertados, tendrá lucro seguro cada año, sin
siquiera tener que esclavizarse personalmente con las tareas de la agricul-
tura. Los cultivos agrícolas requerirían su atención constante, repetidos
viajes a la hacienda, fumigación de plantas y empleo de trabajadores. Por
76
Cuadro 9. Superficie calculada y utilización de las tierras en Saucío por grupos de tenencia,
en 1950
Superficie en hectáreas
n.º de Pastos y
Grupos de tenencia Cultivos Total
familias otros
Total 1,119,36 135,9 1,254,53
Hacienda Las Julias 1 220,16 20,23 240,39
Concertados de Las Julias 13 12,15 12,15
Propietarios residentes 51 81,34 48,57* 129,91
Propietarios ausentes 785,08 20,23 805,31
Concertados de
8 8,09 8,09
los ausentistas
Arrendatarios y
15 32,78 25,09 57,87
arrendatarios parciales
Permitida 1 0,81 0,81
77
Utensilios agrícolas
La introducción de herramientas de hierro en el siglo XVI fue indudable-
mente muy ventajosa para los indios chocontáes. Pero desde entonces el
progreso tecnológico ha sido lento: Saucío se halla aún en las etapas del
complejo del azadón y del arado rudimentario.12 Esto puede verse fácil-
mente al estudiar el cuadro 10. El azadón es la herramienta agrícola más
común: el 96 % de las unidades poseen por lo menos uno. Esta herramienta
es básica para la cosecha más importante, la de papas, y presta servicio en
78
Cuadro 10. Utensilios y equipos agrícolas y familias que los utilizan en Saucío, 1950
En los finales renglones del cuadro 10 pueden verse las últimas inno-
vaciones: un tractor en Las Julias, equipo de discos, una bomba de agua
13 Fritz Krüger, “El léxico rural del noroeste ibérico”, Revista de Filología Española (Madrid), Ane-
jo XXXVI, 1947.
79
14 Ibid.
15 Esta romana se basa en el principio de la balanza. Consiste en una varilla de metal de unos
65 centímetros de longitud, con una pesa removible en un extremo, un gancho para el saco
o paquete que ha de ser pesado en el otro y un punto de apoyo en medio, colocado bastante
cerca a la extremidad que sostiene el objeto que ha de ser pesado. La pesa removible puede
ser corrida hasta que la varilla quede paralela al suelo. Las marcas en esta varilla determinan
el peso en libras o en arrobas. La disposición de los puntos de apoyo para los diversos ganchos
puede ser variada, de modo que en una posición admite pesos hasta de siete arrobas, en tanto
que invirtiendo la varilla y cambiando los ganchos es posible pesar objetos más livianos, desde
siete libras hasta una arroba.
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Medios de transporte
La introducción de los caballos no alivió el papel de los indígenas como
bestias de carga, porque aquellos animales se utilizaban casi exclusi-
vamente como monturas para las personas ricas. Los caballos no per-
dieron su condición aristocrática cuando fueron transferidos al Nuevo
Mundo. Aunque los reyes, presidentes y virreyes expidieron leyes
estrictas contra la utilización de los indígenas para transportar carga (y
protestas enfáticas análogas se elevaron en los primeros tiempos del
período republicano), la situación ha permanecido igual. En Saucío, la
mayor parte del transporte de productos agrícolas hasta el mercado y
desde él se realiza sobre las espaldas y las cabezas de las gentes. Treinta
y dos familias mencionaron sus espaldas como uno de los medios de
transporte de productos agrícolas. Veintiuna manifestaron que utiliza-
ban bueyes. Diecisiete utilizaban camiones cuando estaban disponibles
(con frecuencia había posibilidades de emplear camiones de la Represa
del Sisga). Y trece se valían de las tres carretillas o “zorras” existentes
en el valle, cuando la carga era mayor de cinco arrobas (125 libras). Pero
de las 71 familias que suministraron información, veinticuatro, o sea el
34 %, declararon que empleaban sus espaldas y cabezas con exclusión
de cualquier otro medio. Así, aproximadamente, una de cada tres fami-
lias no utiliza aún completamente la excelente carretera hasta Chocontá
para eludir la pesada tarea que les ha sido impuesta desde la época de
la conquista.
Se emplean zorras para el transporte de materiales pesados, pero en la
mayoría de los casos los propios hombres, y raras veces asnos o mulas,
las arrastran. El propietario de una zorra cobra cincuenta centavos
(US$ 0,20) por carga y emplea tiempo y energía considerables luchando
con la prolongada pendiente desde Saucío hasta Chocontá. No parece
tener ningún interés en comprar un caballo con el cual podría utilizar
mejor su zorra y ciertamente ganar más dinero. Pero aun suponiendo
que el caballo no fuera un animal aristocrático, este agricultor tendría
bastantes impedimentos por falta del equipo adecuado para enganchar
el equipo a la carretilla o aun a los arados.
Hay tres grandes carretas de dos ruedas, pertenecientes a haciendas;
se emplean principalmente para reunir y transportar el estiércol que se
usa como abono. Estas carretas son descendientes de los “carros chillo-
nes” de la colonia, pero difieren de estos en que las ruedas están cubier-
tas con viejas llantas y giran sobre un eje independiente; las carretas ya
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no son “chillonas”, aunque todavía producen gran parte del ruido a que
originariamente debieron su nombre.
Los jóvenes se interesan en adquirir bicicletas como medio rápido de
transporte a Chocontá y desde esta población, pero cuando se realizó la
investigación solo tres familias poseían vehículos de esta clase. Y, natu-
ralmente, el único automóvil de toda la vereda pertenece a Las Julias.
Por lo demás, el 90 % de las unidades carecen por completo de medios
mecánicos de transporte.
Ganadería
El ganado vacuno y el ovino son los principales en Saucío. Contando los
animales pertenecientes a terratenientes ausentistas, en 1950 había 539
cabezas del primero y 284 del segundo. Pero la distribución del ganado
vacuno era muy diferente de la del ganado ovino. El ganado vacuno es la
cuenta bancaria ambulante de los ricos, en tanto que las ovejas son las
alcancías del agricultor corriente.
Las Julias y un terrateniente ausente, con más de cien cabezas de ganado
vacuno cada cual, y dos residentes del valle, eran propietarios de 385 cabe-
zas, o sea el 71 % del total. La mayoría de los agricultores (58 %) tenía hatos
cuyo número fluctuaba entre una y diez cabezas solamente, en tanto que
otros 26 campesinos, o sea el 36 %, no poseían ganado. El número más fre-
cuente de animales poseídos por una familia es de dos, lo que en parte se
explica por las yuntas de bueyes de propiedad de esas unidades familiares.
Gran número de esos animales son objeto de cría “al aumento”.
Por otra parte, las ovejas son un recurso democrático. En 1950 solo
trece campesinos, o el 19 %, carecían de ellas, mientras los restantes man-
tenían rebaños de 1 a 18 animales. Con todo, los mayores rebaños eran
solo de 14, 15 y 18 ovejas pertenecientes a tres agricultores, y, lo que es
notorio, a ninguno de los hacendados. Pero esos tres rebaños formaban el
16 % del número total de ovinos, en contraste con los cuatro hatos mayo-
res. El número más frecuente de cabezas de un rebaño es de dos, seguido
por la cifra de cuatro. Pero ninguna categoría determinada se aparta del
promedio: en realidad las ovejas, a diferencia del ganado vacuno, están
distribuidas muy parejamente entre las familias, tanto ricas como pobres.
Las ovejas no requieren grandes pastizales; pueden mantenerse en los
pequeños predios rurales, alimentarse en pequeñas superficies de pasto,
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16 Desde que fueron llevadas por los españoles, las ovejas han constituido un gran recurso
para los indígenas y campesinos. Aparentemente la economía de la región no fue afectada de
manera adversa por estos animales, porque no requerían alimentación o cuidados especiales,
y en cambio suministraban carne, lana y pieles de buena calidad. (Cf. George Kubler, “The
Quechua in the Colonial World”, Handbook of South American Indians [Smithsonian Institution,
Departamento de Etnología Americana, Boletín 143, Washington: Imprenta del Gobierno de los
Estados Unidos, 1946], vol. II, pp. 358-359).
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Debe subrayarse esto último, porque un hombre con azadón solo puede
realizar diariamente una limitada cantidad de trabajo. Las siembras y las
cosechas se realizan en las respectivas épocas; las tareas agrícolas son
efectuadas por un número determinado de personas sobre determinada
superficie de tierra y con utensilios y técnicas primitivas. Pero la mano
de obra y la tierra están balanceadas en Saucío, por inestable que pueda
ser su equilibrio.
En consecuencia, si además de la migración voluntaria una parte
de la mano de obra agrícola fuera removida para su reasentamiento,
y suponiendo que no mejoraran los métodos agrícolas, este equilibrio
funcional podría quedar amenazado y el resultado sería negativo. Segu-
ramente, las parcelas tendrían mayor superficie; pero los propietarios
no podrían explotar esta mayor extensión tan intensamente como sus
pequeñas parcelas originales, y probablemente retornarían a la cría de
ganado si dispusieran del capital necesario. Parece indispensable evi-
tar que esto ocurra, porque la finalidad debe ser utilizar la tierra plena-
mente, con inteligencia y teniendo en mira un objetivo social. En este
caso no se trata de evitar la cría de ganado, sino de que pierda sus carac-
terísticas de mera especulación. En vez de emprender un experimento
que fácilmente podría fracasar, sería mejor para la economía de la región
que se mantuviera el equilibrio actual, permitiendo que las gentes uti-
lizaran intensivamente la pequeña cantidad de tierra de que disponen.
Seguramente sería más sano conservar los pequeños lotes cultivados
por medios rudimentarios como actualmente, que formar parcelas
mayores de las cuales los agricultores no pudieran extraer una produc-
ción máxima, sin mencionar el deterioro económico que resultaría de
sus granjas deficientemente explotadas.
Parte de la respuesta a este problema puede hallarse en una nueva
capacitación para el agricultor, que le indicaría la manera de hacer frente
con eficacia al aumento de la superficie de sus tierras. Porque suministrar
a un saucita una gran superficie de cultivo, posiblemente con maquinaria
para su uso privado, no le convertiría automáticamente en un buen agri-
cultor. Cuando una parcela agrícola crece, el propietario también debe
crecer. Debe aumentar sus habilidades y agudizar la mente, porque enton-
ces tendrá que convertirse en un administrador más responsable de una
empresa capitalista, superando la condición de simple labrador.
Quizás la creciente escasez de brazos en Saucío sea un síntoma salu-
dable. Hasta 1950, o poco antes, la economía rural de ese valle había
girado en torno a una gran abundancia de peones agrícolas. El trabajo
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