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Campesinos de Los Andes Orlando Fals Borda (1) 109 146

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Capítulo 4

La población
ES POSIBLE PRESENTAR información básica acerca de la población de
Saucío en cuanto al número y distribución de los habitantes, su com-
posición por sexo y edad, su estado civil y condición educativa y ocupa-
cional, su composición racial, fertilidad, mortalidad y migración. En las
notas de pie de página y como medio para ayudar a evaluar los factores
demográficos de Saucío en comparación con la totalidad de Colombia,
se incluyen los datos respectivos correspondientes a la nación.

Número y distribución
Hay 356 personas distribuidas en las 77 familias de la vereda de Saucío.1
Como la superficie de esta es de 12,5 kilómetros cuadrados, la densi-
dad de población es de 28,5 habitantes por kilómetro cuadrado (71 por
milla cuadrada).2 No obstante, los pobladores en su mayoría viven en
las vegas del río Bogotá, donde hay casas dispersas a ambos lados de la
carretera. Hay dos núcleos de población. Uno de ellos está en la parte
norte, en la zona de la quebrada del Muchilero, y la otra al sur en el

1 La palabra “vereda” o la frase “vereda de Saucío” significa el grupo ecológico contenido en la


zona interactiva definida en el capítulo precedente. Así, en tal sentido, las palabras “vereda” y
“vecindario” pueden utilizarse indistintamente.
2 La densidad de población de las regiones de Colombia organizadas en departamentos (que
contienen el 96 % de la totalidad de la población) era de 18,2 habitantes por kilómetro cuadrado
en 1938, fecha del último censo con respecto al cual se dispone de resultados definidos; la den-
sidad en la totalidad del país es de 7,6 habitantes por kilómetro cuadrado. Véase República de
Colombia, Censo general de población, 5 de julio de 1938 (Bogotá: Imprenta Nacional, 1942), vol. I, p. 3.
El cálculo correspondiente a 1952 es de 10,2 habitantes por kilómetro cuadrado. Véase Dirección
Nacional de Estadística, Boletín mensual de estadística (Bogotá), n.º 26, abril de 1953, p. 9.

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LA POBLACIÓN

caserío. La Hacienda Las Julias, que en gran parte está compuesta de


potreros desocupados, se encuentra entre las dos concentraciones.

Composición por sexos


Hay 184 varones y 172 mujeres, lo que implica una proporción por sexos de
107. Este predominio de los varones parece ser en parte un resultante de la
emigración que es femenina casi en sus dos tercios, y en parte uno de los
efectos de atracción temporal que han ejercido las obras de la Represa del
Sisga, que han anclado a los hombres en la localidad.3

Composición por edades


Como resultado del número considerable de menores de siete años y del
número relativamente reducido de ancianos, la edad mediana de la pobla-
ción total es de 18 años con un promedio de 24. El número de niños meno-
res de 5 años es elevado y constituye el 19 % de la población, proporción
que disminuye hasta el 11 % para los niños de edades comprendidas entre
los 10 y los 14 años. La totalidad de los menores de 14 años comprende el
40 % de la población.
Los varones están insuficientemente representados en las edades
más productivas, entre los 15 y los 34 años (figura 1). Quizás la mayor
regularidad en el lado femenino de la pirámide se debe a una distribu-
ción más equilibrada de las emigrantes a través de los grupos de edades.

3 La inmigración a Bogotá procedente de zonas rurales es causa de la baja proporción entre


sexos en la capital de la República, que era de 80,6 en 1938 (Censo... de 1938, vol. VII, pp. 25-27).
En Colombia esta proporción es de 98,3; en las ciudades es de 83,5 y en las zonas rurales de
105,5 (ibid., vol. XVI, pp. 104, 120).

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ORLANDO FALS BORDA

Edades

75
70
65
60
55
50
45
40
35
30
25
20
15
10
5
0
10 9 8 7 6 5 4 3 2 1 0 0 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10
Porcentaje de hombres Porcentaje de mujeres
N=356

Figura 1. Composición por edad y sexo de la población de Saucío (1950)

La longevidad es la única causa de que el 5 % de la población tenga


65 años y más; no ha habido una corriente importante de inmigración
de personas ancianas a Saucío. Las mujeres no parecen vivir más que
los hombres, sino que, por el contrario, parecen disfrutar de una longi-
tud de vida bastante análoga. Por ejemplo, hay cinco hombres y cuatro
mujeres de 70 y más años de edad.

Estado civil
No parece prevalecer en Saucío la costumbre campesina de los matrimo-
nios tempranos. El 93 % de las muchachas de edades comprendidas entre
los 15 y los 19 años son solteras y también lo son todos los muchachos.
La edad propicia para el matrimonio parece estar entre los 20 y los 24
años, ya que el 77 % de los varones y el 91 % de las mujeres de edades
comprendidas entre los 25 y los 29 años son casados. El matrimonio en
Saucío significa solamente la ceremonia religiosa; este vínculo nunca es
roto oficialmente, ya que el divorcio no es permitido por las autoridades.
Cincuenta y cinco parejas, que comprenden dos amancebados o perso-
nas participantes en uniones libres, forman el 57 % de la población de 15
años y más, en tanto que los solteros comprenden el 29 % y los viudos y
separados el 14 %. Hay más viudas que viudos: 10 y 7, respectivamente. Hay
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LA POBLACIÓN

un pequeño número de varones y mujeres que viven sus vidas sin matrimo-
nio; el varón soltero más viejo tiene 57 años de edad; la soltera más vieja, 42.
Dos parejas están semiseparadas: las esposas viven solas en lugares
aparte, o con sus propias familias. Y hay dos separaciones completas.4

Condición educativa
Los efectos de la educación se miden estadísticamente en el cuadro 1.
La característica más sorprendente que en él se revela es la de que las
niñas superan ligeramente a los niños en materia de alfabetización. El
91 % de las niñas comprendidas entre las edades de 10 a 19 años saben
leer y escribir, en comparación con el 87 % de los muchachos de las mis-
mas edades.5

Cuadro 1. Alfabetización entre la población de 10 años y más en Saucío, por sexos, 1950

% de alfabetización
Edad Varones Mujeres
Total, 10 años y más 69 61
10 a 19 87 91
20 a 39 64 62
40 y más 65 33

En su estudio del municipio de Tabio, situado a unos 60 kilómetros


de Saucío, los profesores Smith, Díaz Rodríguez y García pusieron en
duda la eficacia de los servicios educativos locales, ya que había un
menor porcentaje de alfabetización en los niños de edades compren-
didas entre los 10 y los 14 años que entre los adultos de 15 a 29 años.6
Pero en Saucío la tendencia de la educación, tanto entre los varones
como entre las mujeres, parece ser progresista. Hay diferencias en mate-
ria de alfabetización entre las mujeres, del 33 % de las de edades de 40
años y más hasta el 62 % de las de edades comprendidas entre los 20 y los

4 Como el divorcio no es permitido en Colombia, estas personas en un censo oficial quedarían


clasificadas como casadas, lo que constituye una interpretación errónea de su estado para
finalidades de estadística. Y, por otra parte, los que viven amancebados serían incluidos entre
los solteros. Tal fue el caso en el censo de 1938 (Censo... de 1938, vol. XVI, p. 123). El censo de 1951
presentó un mejoramiento de estas clasificaciones pues se tomó nota de las uniones libres y
de las separaciones.
5 Esto señala la tendencia contraria observada por Smith, Díaz Rodríguez y García en la comu-
nidad de Tabio, en 1945. Las mujeres estaban mucho más atrasadas en materia de alfabetiza-
ción y escuela que los varones de Tabio, en todas las categorías de edades (Tabio, p. 15).
6 Ibid., p. 15.

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ORLANDO FALS BORDA

39 años, y hasta 91 % en la infancia y la adolescencia, entre las edades de


10 y 19 años; los varones que saben leer y escribir comprenden el 65 % de
los de edades de 40 años y más, en tanto que el 87 % de los niños ya están
alfabetizados. Estas tendencias indican que, a pesar de sus deficiencias,
la escuela rural está obteniendo resultados en la región inmediatamente
circundante. Esto también parece constituir un ejemplo de la función
que desempeña el espacio en la vida campesina: una vida que parece
desarrollarse en relación directa con las distancias a pie.
En cuanto a la asistencia a la escuela, las muchachas se comparan muy
bien con los jóvenes. En realidad, las mujeres asisten por un período
mayor, aunque la mediana de años de escuela terminados es de 3,4 para
todos. Ciertos padres están enviando a sus hijas a la escuela secundaria
de Chocontá, ventaja que no disfrutan los muchachos a causa de su pre-
matura utilización en el trabajo de las parcelas agrícolas. Finalmente, el
55 % de la población de 40 años de edad y más, nunca ha ido a la escuela;
esta proporción disminuye hasta el 33 % en el grupo de edades compren-
didas entre los 20 y los 39 años, y hasta el 8 % entre los jóvenes cuyas
edades están comprendidas entre los 10 y los 19 años.
Observando este fenómeno desde un punto de vista suplementario,
el 34 % de los habitantes de edades de 10 años o más no saben leer. La
proporción nacional de analfabetismo, calculada para 1948, es del 44 %.7
En consecuencia, Saucío está en condiciones relativamente favorables
en cuanto a la educación.

Situación ocupacional
Los jefes de familia en su mayoría están vinculados a actividades agrí-
colas. Setenta y dos, o sea el 93 %, son agricultores (cuadro 2). Los otros
cinco jefes de familia están dedicados a las siguientes ocupaciones: tra-
bajos mecánicos en la Represa del Sisga, conducción de camiones para
la Represa del Sisga, minería en San Vicente, elaboración de ladrillos en
Las Julias y vigilancia de las líneas telegráficas.
Entre los que se dedican completamente a la agricultura o a la gana-
dería, hay 30 jefes de familia que según las normas censales de los
Estados Unidos pueden clasificarse como empresarios agrícolas. Admi-
nistran sus parcelas propias o tomadas en arrendamiento pagando en
dinero y dedican buena parte de su tiempo a los principales cultivos y a
la cría de ganado vacuno y ovino.

7 International Bank for Reconstruction and Development, The Basis of a Development Program for Colom-
bia: Report of a Mission Headed by Lauchlin Currie (Washington: IBRD, publicación especial, 1950), p. 241.

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LA POBLACIÓN

Cuadro 2. Ocupaciones de los jefes de familia en Saucío, 1950

Jefes de familia
Ocupación Número %
Total 77 100,00
Agricultores empresarios 30 38,9
Agricultores con ocupaciones temporales o en parte
26 33,8
de su tiempo
Carpintero (1)
Albañiles (2)
Trabajadores en Represa del Sisga (8)
Mineros (4)
Obreros agrícolas (9)
Tenderos (2)
Trabajadores no agrícolas 5 6,5
(mecánico, conductor de camión, minero, alfarero
de ladrillos y guardia)
Peones de hacienda (concertados) 16 20,8

Los agricultores de Saucío, como en todas partes, son expertos en habi-


lidades manuales, y por regla general actúan como albañiles o carpinteros,
ya que siempre están efectuando las reparaciones y obras de esta índole
indispensables para la administración adecuada de la finca. Pero hay un
campesino especializado en hacer sillas y otros muebles que vende a los
demás. Dos agricultores son llamados, con frecuencia mediante contrato
de trabajo, a que efectúen construcciones de paredes (véase el capítulo 8).
Los que mejor aprovechan la ubicación central del caserío son los propie-
tarios de las tiendas; pero entre semana estos dos comerciantes se ocupan
activamente de sus propias parcelas que cultivan para su subsistencia, así
como para lograr cosechas destinadas a la venta. Entre los cuatro mineros
que trabajan en parte de su tiempo, hay tres que actúan como peones
en Las Julias y que también figuran con salarios nominales en las minas
de Manacá; estos peones han concertado acuerdo con don Juan Porras,
quien les ha otorgado una casa y una parcela de tierra a cambio de una
parte de su trabajo. El otro minero que dedica parte de su tiempo a esta
actividad viaja hasta San Vicente, bastante más al sur. Todos ellos pueden
explotar plenamente las parcelas de que disponen.
Más de los dos tercios de los agricultores de tiempo parcial han recu-
rrido a medios directos de obtener dinero en efectivo, sin tener que con-
fiar exclusivamente en las cosechas de “año grande” y de “travesía”. Ocho
jefes de familia, entre ellos un antiguo peón de la hacienda, aprovecharon

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ORLANDO FALS BORDA

de la construcción de la represa del Sisga.8 Otros nueve se han transfor-


mado de empresarios agrícolas en peones que trabajan donde sean llama-
dos por un jornal de 1,50 pesos aproximadamente (US$ 0,60), incluyendo
alimentación. Estos nueve agricultores son propietarios de pequeñas par-
celas de tierra; pero, aunque las cultivan, les resulta en cierto modo más
ventajoso alquilarse como peones. En años recientes, a causa del creciente
agotamiento de obreros en la localidad, los empresarios agrícolas en su
mayoría se han visto obligados a prestar sus servicios a otros como traba-
jadores, utilizando para ello parte de su tiempo. Aunque reciban remune-
ración en efectivo, este trabajo lo efectúan principalmente con el deseo de
obtener reciprocidad: cuando un empresario va a trabajar en la parcela
de otro, espera que este último devuelva en igual forma los servicios que
le ha prestado. De esta manera se ha resuelto en parte el problema de la
escasez de mano de obra.
Entre los obreros agrícolas, los “concertados” son importantes. Pue-
den definirse como trabajadores sin tierra quienes mediante acuerdo con
un terrateniente (generalmente el propietario de una hacienda) obtiene
un lote de cultivo para la subsistencia a cambio de su trabajo. Los con-
certados constituyen el estrato inferior de la población agrícola.9 Hay 21
de tales obreros, pero solo 16 pueden clasificarse como peones de tiempo
completo en la hacienda. Cinco jefes de familia concertados, quizás esfor-
zándose por ascender en la “escala agrícola”, no trabajaban por tiempo
completo en labores agrícolas en la época de la investigación: tres de ellos
eran mineros, uno fabricaba ladrillo y otro trabajaba en la represa, mien-
tras sus esposas e hijos “cumplían la obligación” con el terrateniente por
vivir en rancho de este y cultivar tierras del mismo. Como las haciendas
estaban dedicadas a la ganadería, los concertados en su mayoría trabaja-
ban en labores de lechería, aunque también participaban en actividades
de los hacendados relativas al cultivo de las tierras.

Composición racial
La población de Saucío pertenece a una raza miscegénica. Un lento pro-
ceso de amalgama entre blancos e indios (no se encontraron huellas
visibles de raza negra en esta comunidad) ha producido un tipo físico
denominado mestizo.

8 El número total de trabajadores de Saucío que participaban en 1950 en las obras de la represa
era de 20, entre ellos tres mujeres contratadas como cocineras y sirvientas.
9 En los capítulos 5 y 6 se explica completamente el concepto de concertado.

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LA POBLACIÓN

Sin un estudio antropológico es difícil determinar con exactitud el


alcance de esta mezcla racial y sus características.10 Pero es evidente que
la apariencia mongoloide de ciertas personas de Saucío —piel cobriza,
ojos ligeramente sesgados, pómulos salientes, leiotrichi, braquicéfalas—
proviene de los chibchas, en tanto que los ojos azules o castaños, las
narices puntiagudas, la barba espesa, los labios delgados y la piel blanca
son contribuciones del tipo mediterráneo.
No obstante, utilizando un continuo racial arbitrario indio → indio-
mestizo → mestizo → mestizo-blanco →, blanco puede establecerse la
siguiente discriminación de los 77 jefes de familia en Saucío:

Indio-mestizo 4
Mestizo 43
Mestizo-blanco 30

La base de esta clasificación es solamente la observación de una fiso-


nomía que tienda a la raza blanca o a la raza indígena. No hay personas
que puedan clasificarse como blancos o indios puros.
Pero predominan características raciales caucasoides. Un campesino
típico de Saucío puede describirse así: cabellos lisos o levemente ondu-
lado, de color castaño oscuro y sin mucho vello corporal o facial; ojos
castaños oscuros, en algunos relativamente pequeños y sesgados, pero
sin el pliegue mongólico; nariz relativamente ancha, aunque bien pro-
porcionada; frente de anchura mediana; dolicocéfalo; orejas pequeñas,
labios delgados, mandíbula cuadrada (redonda en las mujeres), pómu-
los salientes y piel blanca tostada por el sol, completan la imagen. La
apariencia del campesino es atractiva. En general, los individuos tienen
mejillas sonrosadas, buenos dientes, pies grandes y manos pequeñas.
Tanto los hombres como las mujeres tienden a ser de reducida estatura,
pero no parecen desviarse anormalmente de lo que podría considerarse
como el “genotipo” colombiano.11

10 Análogamente, es difícil determinar con respecto a Colombia el alcance de tal mezcla racial,
aunque parece claro que los saucitas pertenecen a un grupo racial que comprende a la mayoría de
los colombianos. El censo de 1938 no averiguó las características raciales de la población. Entre los
cálculos hechos al respecto (por Angel Rosenblat, Pablo Vila y pocos más), el siguiente, de T. Lynn
Smith, puede acercarse a la realidad: blancos, 25 %; indígenas, 7 %; negros, 10 %; mestizos, 33 %; mu-
latos, 25 % (información no publicada, suministrada personalmente al autor en septiembre de 1953).
11 Por simple curiosidad y a fin de comprobar nociones populares al respecto, el autor midió la
estatura y el peso de los varones y mujeres de Saucío en 1950. Participaron en este experimento,
algunas con dudas religiosas sobre si convenía o no ser sometidas a la medición de su peso (véase
el capítulo 14), 287 personas que finalmente confiaron en el autor y se sometieron a la prueba con

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ORLANDO FALS BORDA

El mestizo de Saucío tiene también algunas características especia-


les: es un hombre de las alturas. Como vive en una atmósfera enrarecida
(cuya presión parcial de oxígeno es solo de 120 milímetros en compa-
ración con 153 milímetros al nivel del mar), está dotado de una nota-
ble capacidad pulmonar. Los hombres son de tórax y hombros anchos,
tienen una resistencia física extraordinaria, y son excelentes corredo-
res para largas distancias. El ritmo cardíaco tiende a ser lento (bradicar-
dia) en tal forma que el saucita tiene muchas de las características de
los atletas.12 Con todo, “el organismo físico [del campesino], sometido
a millares de días de hambre, desnudez y falta absoluta de higiene”,13
no ha podido alcanzar el desarrollo que podría esperarse, teniendo en
cuenta las circunstancias favorables del ambiente.

Fertilidad
El índice de fertilidad (número de niños menores de cinco años por cada
mil mujeres comprendidas entre los 15 y los 44 años) es elevado: 971.
Las familias son numerosas, pues el número medio de nacidos por cada

resignación fatalista. El promedio de estatura de los varones adultos (de 21 años de edad y más)
resultó ser de 1.64 metros (5 pies 4 pulgadas), y el de las mujeres adultas de 1.53 metros (5 pies). El
promedio de peso del varón adulto fue de 60 kilos (132 libras), y el de la mujer adulta de 56 kilos
(123 libras). A causa de la muestra reducida y de la corta duración del estudio, la variabilidad es con-
siderable; pero este pequeño experimento antropométrico en Saucío puede suministrar cierta base
para poner en duda la idea ampliamente difundida de que los campesinos de las montañas colom-
bianas (a quienes los colombianos que habitan en las ciudades llaman “indios”) son anormalmente
pequeños. Esto no parece ser cierto, al menos en cuanto se refiere a los campesinos de Saucío.
Con respecto a la estatura y las características somáticas de la raza chibcha originaria, que tam-
bién forman parte de la misma creencia, Ezequiel Uricochea parece haber sido el primer autor
que afirmó que los aborígenes eran pequeños (Antigüedades neogranadinas, p. 37). No obstante,
los cronistas hacen referencia a indígenas grandes o altos. Véase Aguado, Recopilación historial, p.
211; Aguado, Primera parte de la recopilación historial resolutoria de Sancta Marta y Nuevo Reino de Gra-
nada (Madrid: Espasa-Calpe, 1930), vol. I, pp. 282-283, 433; Castellanos, Historia, vol. I, pp. 133-137;
Simón, Noticias historiales, vol. II, p. 58 et passim. Parece que los aborígenes habían empleado
cierta clase de práctica eugenésica que eliminaba a los mal conformados: véase Ernesto Restrepo
Tirado, Aborígenes de Colombia (Bogotá: La Luz, 1892), p. 98. La siguiente observación de Oviedo y
Valdés (copiada de Quesada) vale la pena de ser señalada: “Los habitantes de la tierra [chibcha]
son de estatura mediana; son más altos que las gentes que viven en la zona de la costa en la parte
en que el río [Magdalena] desemboca en la mar” (Historia, vol. II, p. 388).
12 Don Miguel Triana intentó demostrar que esta aclimatación satisfactoria de los campesinos a
las elevadas altitudes era congénita. Buscó la respuesta en las características somáticas de los chib-
chas; pero infortunadamente se desorientó en medio de disquisiciones inútiles: “...la menor poten-
cia de la bomba cardíaca para conducir la sangre por largos canales... impone el encogimiento de
las piernas y de los brazos, con lo que resulta una figura barriluda y saporra”, etc. Véase su obra: La
civilización Chibcha (Bogotá: [Biblioteca Popular de Cultura Colombiana], Editorial ABC, 1951), p. 51.
13 Ibid., p. 50.

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LA POBLACIÓN

madre es de 6,5. Muchas mujeres que emigran dejan a sus hijos al cui-
dado de parientes. Estos dos factores determinan una elevada propor-
ción entre el número de niños pequeños y el de mujeres en edades de
maternidad.14 No obstante, Saucío justifica la expectativa de una elevada
tasa de reproducción para un vecindario rural.

Mortalidad
Siendo conveniente medir la mortalidad en Saucío, no hay otra manera
de hacerlo que la de preguntar a las gentes acerca de los fallecimientos
ocurridos dentro de cierto número de años anteriores. Pero este proce-
dimiento no es fidedigno, pues a los campesinos les es difícil recordar
tales acontecimientos pasados.15 Juzgando a base de observaciones per-
sonales, parece que Saucío es un lugar saludable: hubo solo ocho defun-
ciones durante los dos años de la investigación. Pero es posible que en
otras épocas esta rata de mortalidad aparentemente baja se haya ele-
vado a causa de epidemias y de la falta de asistencia médica adecuada.
Hay motivos para creer que el promedio de vida es bajo. Los naci-
mientos están en manos de comadronas o parteras que son eficaces en
partos normales; pero que no saben qué hacer cuando se presentan pro-
blemas durante el alumbramiento. Análogamente, las madres no han
sido capacitadas para cuidar adecuadamente a sus pequeños. Cierta-
mente, los padres no estimulan el aseo en sus hijos, y esta indiferencia
ante los hábitos de higiene personal se mantiene en toda la vida adulta
y en la vejez. La vivienda y la nutrición son deficientes, y hay ignoran-
cia en cuanto al tratamiento racional de enfermedades. Naturalmente,
todos estos factores conspiran contra las posibilidades de sobrevivir
que tienen los campesinos individualmente.16
Hay muchas maneras diferentes de combatir las enfermedades, que
para los extraños pueden resultar pintorescas. Pero las enfermedades son
dolorosamente reales. Según el doctor Carlos Hernando Jiménez, médico

14 El índice de fertilidad para Colombia en 1938 es de 628, según el Anuario Demográfico de las Na-
ciones Unidas, 1949-1950 (Nueva York: Oficina de Estadística de las Naciones Unidas, 1951), cuadro
10, en que se utilizó una escala de edades de mujeres comprendidas entre los 15 y los 49 años.
15 Setenta familias entrevistadas informaron sobre la muerte de 74 niños en edades compren-
didas entre un mes y 14 años, inclusive, y de 25 adultos en edades comprendidas entre los 15 y
los 75 años, lo que arroja un total de 99 defunciones en 15 años, o unas 7 anuales.
16 La rata de mortalidad en Colombia en 1946 fue de 15,6. Véase el Anuario Demográfico de las
Naciones Unidas, 1948 (Nueva York: Oficina de Estadística de las Naciones Unidas, 1949), cuadro
20, p. 512. Fue de 14,4 en 1951, véase Dirección Nacional de Estadística, Anales de economía y
estadística (Bogotá), n.º 74, abril-junio de 1952, p. 87.

60

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ORLANDO FALS BORDA

encargado del Centro de Salud de Chocontá en 1950, las enfermedades


más comunes entre los campesinos son el tifo y la fiebre tifoidea, las der-
matosis, la tuberculosis y la sífilis; y entre los niños, la bronconeumonía,
la bronquitis, la tos ferina y el sarampión.17 Los niños de Saucío que asis-
ten a la escuela del caserío fueron examinados por el doctor Jiménez en
abril de 1951, en busca de parásitos intestinales. Resultó que trece de los
veinte niños examinados (el 65 %) tenían ascárides, seis tenían tricocéfa-
los, y dos tenían colis y tenia. Pero, en comparación con los resultados
obtenidos en otras veredas por el doctor Jiménez, los niños de la escuela
de Saucío parecían estar en condiciones bastante más favorables.
Hay una enfermedad importante, que los campesinos denominan “rema”,
causada aparentemente por el excesivo consumo de la chicha de maíz, y otra
de los tegumentos, llamada “peladera”.18 En cuanto a casos de crecimiento
anormal, hay tres en Saucío, todos en mujeres, y un caso teratológico. Tam-
bién hay dos débiles mentales, llamados “atembados” por las gentes. Las cau-
sas de estas anormalidades se atribuyen a una amplia variedad de motivos
que comprenden desde la deficiencia de los cuidados maternos hasta la dege-
neración de la raza debida a excesivo consumo de bebidas embriagantes.
Puede verse así que la población de Saucío sufre fuertemente de
dolencias transmisibles y controlables, en tanto que las enfermedades
degenerativas no alcanzan una proporción elevada.

La migración
Desde 1938, año del último censo, la población neta de Saucío ha dismi-
nuido. En ese tiempo había 397 habitantes que ocupaban 81 casas. Esta
disminución no puede atribuirse a ninguna modificación de la fertilidad,
ni a ningún aumento inusitado de la mortalidad; su causa principal se
encuentra probablemente en el movimiento migratorio.19
Hasta 1950 habían salido 87 emigrantes de treinta y una familias
(el 44 %), lo que da un promedio de 1,2 emigrantes por familia en todo

17 Entrevista personal, Saucío, abril de 1951. Las enfermedades más comunes encontradas por
el doctor Isaías Ramón Carvajal, médico de las obras de la Represa del Sisga, son de carácter
gástrico y pulmonar. Véanse sus Anotaciones médicas del personal en las obras de la Represa del río
Sisga (Bogotá: Editorial Kelly, 1953), pp. 21-39.
18 Pueden hallarse explicaciones médicas relativas a estas dos enfermedades en Jorge Bejara-
no, La derrota de un vicio (Bogotá: Editorial Iqueima, 1950), p. 73 et passim. Parece que la “rema”
es una afección interna, en tanto que la “peladera” es una enfermedad del tipo de la pelagra.
19 En el molde interaccional de Saucío se incluye para 1950 familias de Veracruz y Cruces,
unidades políticas vecinas. En consecuencia, la disminución neta de la población es realmente
de más de 41 personas.

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LA POBLACIÓN

el vecindario.20 Dos de cada tres muchachos que han salido de la casa


paterna han emigrado de la región a otras partes de Colombia.21
Parece que hay dos motivos económicos muy fundados para esta
tendencia a alejarse del campo.22 El primero es la baja productividad de
las operaciones agrícolas. Los agricultores no obtienen buenas cosechas
y están bajo la amenaza constante de ataques de plagas y enfermedades
de las plantas. Un segundo motivo para abandonar la agricultura, ínti-
mamente vinculado con el primero, es el alto costo de la vida y de la
producción agrícola en relación con los reducidos ingresos que se logran
con la agricultura: en otras palabras, un desequilibrio en la corriente
monetaria. Después de que la cosecha obtenida a gran costo se vende a
precios relativamente reducidos, la pequeña suma restante no permite
al campesino comprar muchos artículos necesarios. Además, los pre-
cios de estos artículos han experimentado aumentos inflacionarios. El
agricultor no puede fácilmente obtener los bienes que necesita, cuando
el solo costo de algunos de ellos puede consumir una considerable pro-
porción de los ingresos anuales. Por eso el campesino comienza a mirar
hacia la ciudad y a prestar atención a las informaciones que le llevan
parientes que han emigrado antes. La medida que adopta luego es la de
hacer un primer viaje a Bogotá para apreciar la situación personalmente;
y antes de que transcurra mucho tiempo estará dispuesto a dar el salto.
En Bogotá ha habido una demanda constante de mujeres para el ser-
vicio doméstico. En realidad, es posible que ellas comenzaran a emigrar
antes que los hombres. A medida que Bogotá crecía, aumentaban las
posibilidades de empleo para muchachas, hasta el punto de que la emi-
gración femenina de Saucío no parece haber disminuido nada.
El hecho de que las obras de la Represa del Sisga atrajera a obreros de
la localidad, determinó que permanecieran en Saucío muchos varones

20 En Tabio, la proporción de familias que envían emigrantes era del 30,8 %, y el promedio de
emigrantes por familia era del 0,7 (Smith, Díaz Rodríguez y García, p. 19).
21 Este gran número de familias con emigrantes demuestra que Saucío es una zona de transi-
ción. Sería extremadamente revelador un nuevo sondeo relativo a esta transición, en cuanto a
los 188 niños que todavía estaban en los hogares de sus padres en 1950, después de un deter-
minado período de madurez.
22 La emigración forzada a causa de persecuciones políticas es indudablemente otro factor
importante. La inseguridad en las regiones rurales debida a la guerra entre los partidos ha
estimulado periódicamente el despoblamiento de comunidades campesinas. En su mayoría,
los campesinos desalojados acuden a las grandes ciudades en busca de refugio y anonimidad,
como ocurrió en los años comprendidos entre 1949 y 1953. No obstante, Saucío no ha experi-
mentado esta desorganización. Solamente un campesino se vio obligado a huir de Saucío en la
época de esta investigación, a causa de complicaciones políticas en Chocontá.

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ORLANDO FALS BORDA

que, en otras condiciones, hubieran emigrado a Bogotá. Las obras del


Sisga detuvieron en parte la corriente constante de emigración mascu-
lina, la cual, aunque en número menor que la femenina, parece haber
estado adquiriendo impulso en los últimos decenios. Sin embargo, des-
pués de que la represa quedó terminada, la emigración masculina se
reanudó, y probablemente con mayor intensidad.
Pero, ¿habían logrado los emigrantes ascender de rango, progresar en
cuanto a posición social, o mejorar su condición económica? ¿Cuál es el
papel que desempeña la ciudad y qué clase de “atracción” está ejerciendo
sobre el campo? ¿Sobre qué partes de la población rural es más eficaz esta
atracción? Los cuadros 3 y 4 son un intento de responder a estas pregun-
tas. Los dos tercios (55) de todos los emigrantes de Saucío eran mujeres.
De estos dos tercios, el 42 % prestaba servicio doméstico en 1950. Es posi-
ble que ser cocinera no se ajuste a los sueños de grandeza de las mujeres
citadinas; mas, para una muchacha campesina, ello significa mucho: por
primera vez en su vida tiene ingresos propios para gastarlos como quiera.
Estos ingresos generalmente son pequeños, pero satisfacen las motivacio-
nes y los deseos de una joven campesina, especialmente cuando acaba de
emigrar y se ha alejado recientemente de una clase de vida que ha perdido
muchos de sus atractivos. Entre las demás ocupaciones a que se dedican
las mujeres que han emigrado de Saucío se encuentran las de modistería,
lavandería y ventas en el mercado.

Cuadro 3. Ocupaciones de las mujeres que han emigrado de Saucío

Ocupación Número
Total 55
Cocineras y meseras profesionales 23
Amas de casa 18
Ventas por menor (mercado y almacenes) 2
Lavandería 2
Modistería 2
Estudiantes (de Las Julias) 2
Otras (una maestra y una menor de 10 años) 2
Desconocidas 4

Es común que las mujeres que emigran contraigan matrimonio en la


ciudad. Estos matrimonios parecen estar asociados con un ascenso en la
escala económica y social. Las muchachas campesinas se casan con albañi-
les, agricultores y labradores, y por regla general con hombres que también

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LA POBLACIÓN

son emigrantes de zonas rurales.23 Otras profesiones de los esposos de


mujeres emigrantes de Saucío son las de zapatero, sastre, vendedor al por
menor, minero, negociante en carbón, y conductor de “zorras” (carros de
tracción manual o de caballo, para el transporte de artículos). Así, estas
comprobaciones indican que las muchachas ingresan al nivel social y eco-
nómico de la clase obrera urbana, o proletariado. Sin embargo, sería conje-
turar el que esto represente un mejoramiento real en comparación con su
vida anterior en el campo, aunque posiblemente los trabajadores urbanos
tengan ingresos más estables y mayor seguridad que los agricultores.
Mientras las mujeres aparentemente tratan de mejorar su suerte
mediante la emigración y el matrimonio con personas de la clase obrera
urbana, los hombres de Saucío, después de salir de sus hogares, se dedi-
can a nuevos oficios que también los vinculan a la economía urbana,
y que los convierten ipso facto en parte integrante del mismo proleta-
riado. Por ejemplo, dos excampesinos han abierto pequeñas tiendas en
el sector sur de Bogotá; cuatro se han dedicado al trabajo de albañilería
como obreros de construcción de edificios; nueve se han convertido en
ayudantes de camión, empleados en almacén y obreros de fábrica; uno
es alfarero de fabricación de ladrillos; los demás son un electricista, un
agente de policía, un minero, un mensajero y un cadenero de ingeniería.
Seis hombres se han dedicado a la agricultura en otras partes, pero como
mayordomos y con sueldos mejores (cuadro 4).
En consecuencia, la tendencia de la emigración masculina de Saucío
es más variada y ofrece oportunidades de mejoramiento personal. Algu-
nos hombres logran ascender un peldaño o dos en la escala social, esca-
pando mediante la emigración de las frustraciones que habrían experi-
mentado si hubieran permanecido en sus hogares paternos.

23 Los hombres salen de los campos hacia Bogotá, se dedican al trabajo manual y de artesanía,
y se establecen en los barrios del sur de la ciudad, donde reside una parte considerable de las
clases trabajadoras. (Véase Fals Borda, Saucío..., p. 86).

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ORLANDO FALS BORDA

Cuadro 4. Ocupaciones de los varones que han emigrado de Saucío, 1950

Ocupación Número
Total 32
Agricultura 6
Albañilería 4
Ayudante de camión 3
Obrero de fábrica 3
Empleado de almacén 3
Ventas por menor (mercado y almacenes) 2
Otros (fabricación de ladrillo, electricista, agente de policía, 8
minero, mensajero, soldado, cadenero y un menor)
Desconocida 3

Uno de los hechos más curiosos concernientes al destino de los emigran-


tes de Saucío es el de que las mujeres se han alejado más que los hombres
(cuadro 5). Una de las emigrantes, que se encuentra en Barranquilla, el princi-
pal puerto colombiano en la Costa Atlántica, es la esposa de un comerciante.
Las que están en Bucaramanga y Cali fueron llevadas allí por las familias que
las emplearon como sirvientas. La que está en Leticia, el punto más meridio-
nal de Colombia, es una maestra nombrada por el gobierno. Bogotá, donde
residen los emigrantes en un 70 %, es el imán principal del movimiento emi-
gratorio de Saucío. También debe observarse que de este pequeño vecinda-
rio han salido dos hombres a trabajar y vivir en el departamento del Tolima,
una de las regiones de Colombia que se desarrollan rápidamente.24

Cuadro 5. Destinación de los emigrantes de Saucío, por sexos, 1950

Emigrantes
Destinación Hombres Mujeres Número %
Total 32 55 87 100,0
Bogotá 19 42 61 70,2
Otros municipios de Cundinamarca 9 4 13 14,9
Cajamarca, Tolima 2 2 2,4
Barranquilla, Atlántico 1 1 1,1
Bucaramanga, Santander 1 1 1,1
Cali, Valle 1 1 1,1
Leticia, Amazonas 1 1 1,1
Desconocida 2 5 7 8,1

24 De Tabio ha salido un buen número de varones hacia nuevas zonas de colonización en el


Tolima y en Caldas (Smith, Díaz Rodríguez y García, p. 21).

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LA POBLACIÓN

Las obras de la Represa del Sisga suscitaron una pequeña, inmigración


a Saucío. Dos de las familias que se encontraban allí en 1950 habían lle-
gado menos de un año antes. Eran familias transeúntes, procedentes del
vecino departamento de Boyacá, que se marcharon tan pronto como sus
contratos expiraron. De resto, la inmigración a la vereda ha sido casi nula.
Cincuenta y cuatro de los 73 jefes de familia respecto a los cuales se recogió
información sobre este punto (el 74 %) nacieron en Saucío, en Chocontá o
en veredas adyacentes. Aunque esta no es una manera absoluta de averi-
guar el lugar de nacimiento de los hijos y esposas, teniendo en cuenta la
naturaleza endógama de esta vereda se puede inferir con certeza que no
menos del 80 % ha nacido en la localidad. Solo 17 jefes de familia son de
diferentes lugares de Cundinamarca, distintos de Chocontá; uno de ellos
nació en Bogotá.
Ha habido ciertas corrientes de intercambio migratorio entre Saucío
y otras veredas de Chocontá dentro de un plazo más o menos largo:
una especie de desplazamiento de una finca a otra. Pero esta ha sido la
excepción y no la regla en un año determinado: en efecto, la tendencia
de los jefes de familia es la de permanecer en la tierra que trabajan. Así,
en Saucío el tiempo promedio en que los agricultores han vivido en sus
tierras (como propietarios, arrendatarios o en situación de concertados)
es de 23 años; la cifra modal es de 17 años (cuadro 6).
A causa de la dificultad en las comunicaciones, Saucío se ha autoabaste-
cido en gran manera. La construcción de la Carretera Central en 1906 brindó
la primera oportunidad de un movimiento migratorio real, mas parece que
este solo se acentuó a partir de 1930, cuando Bogotá comenzó a industria-
lizarse plenamente. AI parecer, desde entonces la tendencia migratoria del
campo a la ciudad ha aumentado lenta pero progresivamente.

Cuadro 6. Tiempo que los jefes de familia han vivido en sus tierras, 1950

Jefes de familia
Años Número %
Total 70 100,0
Menos de un año 2 2,8
1a9 17 24,3
10 a 19 20 28,6
20 a 29 6 8,6
30 a 39 12 17,1
40 a 49 6 8,6
50 a 59 4 5,7
60 a 69 3 4,3

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Campesinos de los Andes.indb 66 25/05/17 6:41 p.m.


Capítulo 5
El hombre y la tierra
NADA PENETRA MÁS PROFUNDAMENTE en el corazón de la ecuación
humana de este vecindario como el estudio de las relaciones entre el
habitante de Saucío y su tierra. La prosperidad del campesino, la eleva-
ción de su status, su prestigio, así como su tenacidad, y en parte también
su indolencia, pueden medirse en función de la extensión de tierra que
posee, del carácter de sus sistemas agrícolas, y de la posición ecológica
y de propietario que ocupa en la vereda. Por eso el presente capítulo y
los dos siguientes se dedican a este aspecto de Saucío que es de la mayor
importancia.

Tenencia de la tierra
De las 1255 hectáreas de la vereda, aproximadamente 376 (o el 30 %)
están divididas entre 42 propietarios, siete agricultores que combinan
la calidad de propietario con la de arrendatario y tres concertados que
tienen también un trozo de tierra de su propiedad. Estas 52 familias,
que viven en sus fincas, constituyen cerca de los dos tercios de todas las
unidades familiares. El resto de la tierra de Saucío, 879 hectáreas, es de
propiedad de terratenientes ausentes que han dejado la administración
directa de sus fincas a concertados residentes en la vereda.
La elevada proporción de propietarios individuales es en parte el
resultado de un prolongado proceso de subdivisión de la propiedad raíz
que ha estado ocurriendo en Saucío desde que el resguardo de indígenas
fue parcelado. Como ha habido muchos compradores y herederos y la
cantidad de tierra disponible ha sido circunscrita en la práctica por las

67

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

haciendas vecinas, el resultado ha sido una elevada incidencia de parce-


las de pequeños propietarios
El carácter del derecho de propiedad en la región de Saucío es abso-
luto; es decir, que, con excepción del dominio eminente del Estado, el
propietario puede hacer con sus tierras lo que desee: utilizarlas por sí
mismo, arrendarlas, venderlas o transmitirlas a otros. Aunque los pro-
pietarios no están legalmente obligados a dejar sus propiedades a sus
hijos, por costumbre inmemorial deben legárselas por partes iguales. La
manera de hacerlo se especifica usualmente en el testamento del pro-
pietario. En virtud de esta transferencia, los herederos se convierten
también en propietarios totales y únicos de sus respectivas porciones.
Las parcelas heredadas no son suficientes para proporcionar medios
de vida. De los 24 agricultores que informaron haber heredado sus pro-
piedades (42,5 hectáreas en total), más de la mitad se vieron obligados a
efectuar compras adicionales de tierra para cultivos, por un total de 87,4
hectáreas, excluyendo la Hacienda Las Julias, que es la principal de la
vereda. Además, 22 propietarios (42 %) adquirieron sus tierras por com-
pra. Este predominio de las tierras compradas sobre las heredadas parece
ser una indicación clara de la tendencia hacia propiedades más pequeñas
a causa de la limitación del espacio, de los escasos medios financieros de
los habitantes de la localidad y del número creciente de herederos.1
En 1950 hubo seis arrendatarios de tiempo completo y nueve arrenda-
tarios parciales. Doce de ellos pagaron en dinero efectivo la utilización
de la tierra y tres la pagaron en trabajo. Mediante esta compensación,
los arrendatarios adquieren plena posesión, aunque con ciertas obliga-
ciones estipuladas en el respectivo contrato (que con frecuencia es ver-
bal), tales como la reparación de cercas y edificios, la preservación de
los árboles frutales y la limpieza de cursos de agua. A veces los dueños
especifican el carácter de la empresa que permiten al arrendatario, tal
como la cría de ganado únicamente, o cultivos de una clase determi-
nada. Se pueden celebrar contratos de arrendamiento simultáneamente
con varias personas que hayan formado una asociación o “compañía” y
por regla general estos contratos son para dos años, a fin de que durante
este plazo transcurra un ciclo completo de siembras. Este plazo de dos
años es prorrogable.

1 Véase un examen detallado de esta tendencia hacia la pulverización de las propiedades de


Fals Borda, “A Sociological Study of the Relationships Between Man and the Land in the Department of
Boyacá, Colombia”, ya citado. Cf. Fals Borda, El hombre y la tierra en Boyacá, capítulo 8.

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ORLANDO FALS BORDA

Cuadro 7. Jefes de familia en Saucío, clasificados según su situación con respecto a


la tenencia de la tierra, 1950

Jefes de familia
Clase Tenencial Número %
Total 77 100,0
Propietario 42 54,5
Arrendatario-propietario 7 9,1
Arrendatario 6 7,3
Concertado-propietario 3 3,9
Concertado-arrendatario 2 2,6
Concertado 16 20,8
Permitida 1 1,3

El precio del arrendamiento rural en Saucío es muy reducido. Algu-


nas parcelas de menos de una hectárea se arriendan a un precio que
oscila entre diez y treinta pesos anuales (4 a 12 dólares al tipo de cambio
de 2,50 pesos por dólar). Pero estos precios reducidos solo se emplean
entre los propios campesinos: los forasteros y las personas de mayor
categoría pagan precios bastante más elevados.
Los veintiún concertados, trece de los cuales trabajan en Las Julias,
dos en la Hacienda Tilatá al sur de la vereda y otros seis para propie-
tarios ausentes, forman el 27 % de las unidades campesinas del valle.
Cada concertado ha celebrado un acuerdo por el cual el propietario de
la tierra suministra aproximadamente una fanegada (0,65 hectáreas) que
el concertado puede explotar plenamente en su propio provecho. Sin
embargo, se estipula que no habrá cultivos permanentes en los lotes con-
cedidos, estipulación que impide al concertado formular cualquier recla-
mación legal de propiedad sobre la parcela que se le otorga.2 También

2 Según la Ley 200 de 30 de diciembre de 1936, ensayo revolucionario de legislación encami-


nada a hacer frente al problema agrario en Colombia, el único título válido sobre la tierra es
su utilización económica. Por eso los propietarios de tierras se preocupan por la manera en
que sus concertados y hasta sus arrendatarios utilizan la tierra. Esta ley concedió un plazo de
gracia de diez años a los hacendados y agricultores para demostrar que realmente utilizaban
sus tierras en sentido económico. Cuando en 1947 llegó el momento de examinar nuevamente
la situación, el gobierno decidió posponer la vigencia de esta legislación por otros cinco años.
Después, con el advenimiento de la época de violencia desde 1948, la aplicación de esta ley
ha sido impedida gradualmente. Leyes sucesivas aclararon lo referente a sistemas de arren-
damiento, colonización y parcelación de tierras, pero el efecto general de esta legislación ha
sido prácticamente nugatorio. En realidad, los vacíos de la ley han permitido a los propietarios
aumentar sus propiedades ociosas: estas leyes parecen haber consolidado el dominio actual, lo

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

se concede al concertado habitación para que viva con su familia, usual-


mente una choza dentro de la finca. A cambio de esto, trabaja cierto
número de días por semana para el propietario de la tierra a un jornal
nominal que fluctúa entre cincuenta centavos y un peso con cincuenta
(US$ 0,20 a US$ 0,60) por día. Esto se llama “pagar la obligación”. Los
hijos y la esposa del concertado también pueden trabajar para el pro-
pietario si lo desean, y con tal objeto se efectúan acuerdos adicionales.
Además, se reconocen a la familia del concertado ciertas prerrogativas,
tales como las de apacentar sus pocas cabezas de ganado en la tierra del
propietario y utilizar libremente las carretas y las herramientas varias
del propietario. La terminación del contrato de un concertado ocurre
casi siempre a petición de él; en muy raras ocasiones un hacendado
exige a sus trabajadores que salgan de la finca. Como no hay contratos
escritos, una notificación oral dada con anticipación suficiente y consi-
derada basta para extinguir la relación.3
Finalmente, hay una anciana a quien el propietario permite vivir en
una de sus fincas. En este caso, principalmente a causa de la miseria y
la edad de la mujer, esta no tiene obligación alguna financiera o laboral
con respecto al propietario. Se le concede libertad para utilizar una casa
y el lote que la rodea; pero puede ser lanzada en cualquier momento.

Otras formas de tenencia


En Saucío hay acuerdos que se apartan de los sistemas regulares de pago
de alquiler con una parte alícuota de los frutos que se emplean en los
Estados Unidos de América. Estos acuerdos son principalmente asocia-
ciones llamadas “compañías” que representan la unión de esfuerzos y
recursos de agricultores de la localidad. Cuando un agricultor no puede
sufragar todos los gastos necesarios para la producción de cosechas,
busca un socio que esté dispuesto a cooperar en la empresa, suminis-
trando semilla, trabajo o abonos, o sencillamente participando en los
gastos. Son posibles muchas combinaciones, según las necesidades per-
sonales y según que la tierra se posea en propiedad o en arrendamiento;
pero los cuatro tipos siguientes son comunes en Saucío:
Tipo A. Un agricultor suministra la tierra y las semillas, el otro el trabajo
y los abonos y participan igualmente en la cosecha. Cuando se efectuaba

que no parecía constituir su intención originaria (Antonio J. Posada F., Economics of Colombian
Agriculture, disertación doctoral, Universidad de Wisconsin, Madison, 1952, pp. 76-88).
3 Se encuentra un examen relativo a otros trabajadores agrícolas en el capítulo 4.

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ORLANDO FALS BORDA

esta investigación, seis agricultores tenían una compañía de esta clase,


especialmente para cultivo de papa.
Tipo B. Un agricultor suministra la mitad de la semilla y la tierra y el
otro aporta la mitad de la semilla y todo el trabajo; se distribuyen por
partes iguales los gastos en abonos y se dividen por partes iguales la
cosecha. Seis agricultores utilizaban esta forma de asociación.
Tipo C. Un agricultor suministra la semilla y la mitad del trabajo. El
otro aporta la tierra y la otra mitad del trabajo. Este arreglo se emplea
para cultivos de papas y de trigo o cebada sucesivamente, o solo para
trigo. Si se requieren abonos, los gastos correspondientes se dividen
entre los asociados. La cosecha se divide en partes iguales.
Tipo D. Este tipo de asociación parece constituir un modelo genera-
lizado, aplicable a la mayoría de las situaciones agrícolas. Un agricul-
tor suministra la tierra y el trabajo, el segundo la semilla y los abonos
y ambos comparten la cosecha en igual proporción. Cinco agricultores
estaban empleando este tipo de arreglo.4
También se forman compañías para la cría de ganado, que entonces
se llaman “al aumento”. La necesidad de coparticipación en la industria
ganadera se deriva del tamaño reducido de las parcelas. Cuando el que
explota una finca pequeña o cuando un concertado adquiere un ternero
o un buey y carece de espacio para apacentarlo, celebra un acuerdo
con el propietario de un potrero, por el cual el animal es alimentado
y cuidado por el propietario de dichas tierras. A veces se estipula que
el dueño del animal suministre semanalmente la sal necesaria. Cuando
termina el crecimiento del animal (si es un ternero) o ha engordado sufi-
cientemente para ofrecerlo en la plazuela del mercado (si es un buey)
puede venderse con buena utilidad, la cual se divide por partes iguales
entre el propietario del animal y el de la tierra en que se ha alimentado.
Trece campesinos de Saucío formaban compañía de esta clase.
Este tipo de arreglo se utiliza hasta en la avicultura: cuatro campesi-
nos (y muchos otros en una época u otra) poseían gallinero en compañía
con otros en 1950. En el momento de vender las aves, el propietario de
ellas recibe la mitad de la ganancia y los que las han criado la otra mitad.

4 En Tabio se registró un tipo de compañía para el cultivo del maíz (Smith, Díaz Rodríguez y
García, Tabio, pp. 29-30). Pero no se ha registrado un arreglo de esta clase en Saucío. La com-
pañía se emplea para la producción de cosechas destinadas al mercado, y en Saucío el maíz se
cultiva principalmente para el consumo doméstico.

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

Pero el rendimiento principal proviene de la incubación de huevos y la


cría de pollos y gallinas.5

Determinación de los límites entre las propiedades


Tal como ocurre con excesiva frecuencia en América Latina, se han con-
ferido títulos vagos sobre las tierras de Saucío, y la cabida de las pro-
piedades así como la determinación de sus límites son imprecisas.6 Sin
embargo, muy raramente ocurren en Saucío conflictos relativos a las
líneas divisorias entre predios. Los agricultores emplean un sistema de
marcas y límites para señalar los de sus predios, sistema que segura-
mente es defectuoso pero funcionalmente satisfactorio. Las marcas son
simples piedras, llamadas “linderos”, o zanjas especialmente excavadas,
sendas, jarillones, lomos entre surcos, paredes de barro, pantanos y
riachuelos. Si se colocan linderos o se excavan zanjas, se presume que
nadie podrá cambiarlos a menos que lo haga en presencia de la autori-
dad municipal.
Los linderos se colocan con el asentimiento de los propietarios de los dos
predios vecinos, quienes presencian el acto. Esto se realiza con ayuda de una
cuerda o cabuya, casi del mismo modo que se empleaba en tiempos de la
colonia.7 Si los linderos se cubren de tierra, las partes interesadas tienen el
cuidado de limpiarlos. Pocos años después surgen montículos y plantas en
torno a los linderos, que prácticamente se convierten en parte del paisaje.

5 La cría de pollos y gallinas ha sido de las ocupaciones más comunes en la economía de los
campesinos e indígenas. Sesenta y siete de las unidades de Saucío, o sea el 87 %, tienen pe-
queños gallineros, usualmente de unas ocho aves de corral. Según el censo agrícola efectuado
por el autor en 1950, había 517 aves que estaban distribuidas de manera muy pareja entre las
familias.
6 Partes pertinentes de una muestra de escritura: “En el Municipio de Chocontá, Departamento
de Cundinamarca, República de Colombia, el 6 de mayo de 1950, ante mí... Notario Público
del Circuito y ante los testigos... compareció el Sr. N. G, mayor de edad... quien declaró que
vende y enajena a perpetuidad a favor del Sr. F. T., también mayor de edad, un lote llamado
La Esperanza, situado en la Vereda de Saucío, adquirido por compra hecha a la Sra. E. Q. el 26
de marzo de 1931, por escritura pública número... Los límites del lote son los siguientes: Por el
pie lindando con tierra de J. P.; por otro lado con tierra perteneciente al mismo señor [J. P.]; al
frente con la carretera central del norte; y al otro lado los lotes del Sr. A. C. con zanja de por
medio. El precio de esta venta es de ... pesos recibidos por el vendedor a su entera satisfacción.
El lote está en poder del comprador, por habérselo entregado debidamente el vendedor...”
[Sigue el registro del pago de impuestos por las dos partes interesadas, y las firmas de los
funcionarios que intervinieron]. (Tomado de documentos privados de don Francisco Torres,
Saucío, agosto de 1954).
7 Véase la obra de Peregrino Ossa V., Medidas agrarias antiguas (Bogotá: Voto Nacional, 1939).

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ORLANDO FALS BORDA

Otro sistema de demarcación de límites es el de mantener sin cultivos los


bordes del predio, de modo que entre las dos propiedades se forma un
estrecho jarillón o senda. Hay todavía un tercer método que consiste en
excavar esmeradamente zanjas, llamadas “medianías” o “vallados”, de un
metro de anchura y unos noventa centímetros de profundidad, dejando
compartimientos especialmente destinados a impedir que el ganado las
cruce. Estas zanjas poco comunes también se convierten en parte del pai-
saje y son muy durables.
Esta manera casi descuidada de “hacer” límites es uno de los moti-
vos por los cuales las escrituras solo mencionan a los propietarios y a la
situación general de los predios y no a localizaciones concretas o medidas
astronómicas. Una inspección del terreno, que es parte del procedimiento
para la venta o cesión de tierras, revela inmediatamente los límites. En
virtud del código de honor de los campesinos, es casi un sacrilegio alte-
rar los mojones. En cuanto se refiere a los campesinos de Saucío, estos
límites mal definidos y estas fronteras precarias no constituyen problemas
de importancia. Sin embargo, fácilmente surgen complicaciones cuando
empresas de mayor magnitud intervienen en la compra o la utilización de
tierras. De ahí que este sistema considerablemente indefinido o inestable
sea campo fértil de disputas y a veces de trágicas consecuencias.8

Fragmentación de la explotación
El problema de la existencia de varias parcelas separadas que forman una
misma explotación no es agudo. La tercera parte de todas las propiedades
tienen de dos a cinco lotes. Dieciséis agricultores explotan dos parcelas
separadas, cinco tienen tres lotes, y en Las Julias hay una gran zona y
cuatro lotes pequeños no contiguos. La distancia desde los predios prin-
cipales hasta los dispersos lotes varía; pero este problema es de menor
importancia porque las parcelas se encuentran en su totalidad dentro de
los límites topográficos de Saucío.
Parece que esta fragmentación es resultado de un proceso prolongado
de ventas a pequeña escala, causadas principalmente por necesidades
personales. Cuando los agricultores aprovechan ventas de tierras sin

8 El profesor Smith (T. Lynn Smith, “Colonization and Settlement in Colombia”, Rural Sociology,
vol. XII, n.º 2, junio de 1947) formuló una propuesta para el establecimiento de un nuevo siste-
ma de demarcación de tierras basado en el método jeffersoniano de rectángulos. Su proyecto
fue presentado al Congreso Nacional en 1944, patrocinado por el Departamento de Tierras del
Ministerio de Economía Nacional y fue aprobado por la Cámara. Pero la inestabilidad de la
situación política subsiguiente impidió su adopción definitiva.

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

tener en cuenta su localización, el resultado es naturalmente la dispersión


de sus empresas agrícolas.9

Tamaño de la propiedad
Las dos terceras partes de los agricultores residentes son propietarios,
pero solo de una tercera parte de la tierra disponible. También se debe
esto al desarrollo histórico de las relaciones entre el hombre y la tierra,
y especialmente de la tenencia de las tierras en esta región (véase el
capítulo 6). Una consecuencia ha sido el minifundio o predominio de
predios patológicamente pequeños.
Incluyendo las 252 hectáreas de Las Julias contenidas en la zona de
interacción social de Saucío, el tamaño promedio de las fincas de propie-
tarios de la localidad es de algo más de siete hectáreas. Sustrayendo de
los cálculos la superficie de esta gran hacienda, quedan 51 propietarios
con 130 hectáreas; así el tamaño promedio se reduce a 2,5 hectáreas,
con una mayor frecuencia o tamaño modal de 1,6 hectáreas (cuadro 8).
Incluyendo la tierra tomada en arrendamiento y la pequeña parcela con-
cedida a la permitida, el tamaño promedio de todos los predios explo-
tados en el valle es de 5,6 hectáreas; pero aun con estas cifras la mayor
frecuencia o modo solo se eleva a 1,8 hectáreas.10
Además de los motivos históricos de la existencia de estos minifundios,
hay otros factores humanos que han fomentado la atomización de los pre-
dios. Uno de ellos es la herencia partible, o la costumbre de distribuir una
propiedad por partes iguales entre los herederos. Con el transcurso del
tiempo, a partir de la subdivisión y distribución del resguardo indígena
en 1839, las herencias ya no proporcionan fincas de regular tamaño sino
pequeños lotes; a veces las parcelas heredadas son tan pequeñas que es
difícil ararlas con una yunta de bueyes sin penetrar dentro de la tierra del
vecino. Otra causa de los minifundios es la utilización de la tierra como
recurso en tiempos de crisis. Por ejemplo, con frecuencia los campesinos
se ven obligados a vender pequeñas parcelas a fin de pagar cuentas de
atenciones médicas.

9 Este aspecto de las relaciones entre el hombre y la tierra es sumamente importante en Boya-
cá. Se encuentra un examen completo de este tema, que ha sido considerablemente descuida-
do por los sociólogos, en la obra de Fals Borda, El hombre y la tierra en Boyacá, capítulo 7.
10 El tamaño más frecuente de los predios rurales en Tabio es de 4,5 hectáreas (Smith, Díaz
Rodríguez y García, p. 31). El minifundio se define como una posesión de menos de 5 fanegadas
o 3 hectáreas. Véase Fals Borda, pp. 146, 152-161.

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ORLANDO FALS BORDA

Cuadro 8. Tamaños de las fincas de propiedad de residentes de la localidad de


Saucío y extensión comprendida en cada uno de esos tamaños, 1950

Extensión comprendida en cada tamaño


Total de
Tamaño de la finca Número %
hectáreas
Total 52 382,43 100,0
Menos de 0,40 hectáreas (1 acre) 4 1,16 0,3
De 0,40 a 1,19 (1 a 2,9 acres) 16 13,38 3,5
De 1,20 a 2,00 (3 a 4,9 acres) 17 27,92 7,3
De 2,01 a 2,81 (5 a 6,9 acres) 5 12,24 3,2
De 2,82 a 3,62 (7 a 8,9 acres) 1 3,06 0,8
De 3,63 a 8,05 (9 a 19,9 acres) 6 32,12 8,4
De 8,06 a 40,46 ( 20 a 99,9 acres) 2 40,15 10,5
De 40,47 y más (100 acres y más) 1 252,40 66,0

Naturalmente, algunos campesinos de la localidad han comprado tie-


rras en ella, pero el tamaño de sus predios no ha aumentado como resul-
tado de esas compras. En realidad, de los catorce herederos que han hecho
adquisiciones adicionales, pocos han podido adquirir tierras adyacentes
para incorporarlas a sus posesiones originarias. Solo dos agricultores han
logrado comprar tierras de sus coherederos (estos tienen, fuerte tenden-
cia a vender sus lotes a personas extrañas por precios más elevados),
habiendo podido así preservar la finca original de sus antepasados. El
aspecto deplorable de tan extraordinarias hazañas es que, al morir, estos
agricultores a su vez dividirán sus posesiones entre sus hijos. Subsiste el
hecho de que no se entiende la necesidad de poseer unidades mayores,
como medio para mejorar el manejo de las fincas. Raras veces los herma-
nos cooperan uniendo las tierras de que disponen.
Esta necesidad de tener unidades de mayor tamaño fue más evidente
para el propietario de Las Julias, quien pudo establecer una hacienda
ganadera eficiente. Sin embargo, sus 252 hectáreas, que forman los dos
tercios de la tierra de propiedad de personas residentes en la localidad,
también serán divididas entre sus herederos. Esta hacienda es grande,
aunque no puede compararse con las inmensas posesiones de otras
regiones de Colombia; técnicamente no se clasifica como latifundio,
aunque en regiones vecinas se puede observar alguno. Pero mientras
Las Julias proporciona trabajo a varios residentes de la localidad, las
haciendas adyacentes no tienen prácticamente otro efecto que el de
asfixiar a los minifundistas en su tan congestionado y parcelado valle.

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

Utilización de la tierra
Como si estos minifundios no fueran suficientes para producir efectos
económicos adversos en la organización social de Saucío, la propia tierra
no está siendo utilizada de la manera más conveniente. La necesidad de
aumentar la producción agrícola, si el vecindario desea elevar su nivel
de vida, exige una modificación de los métodos de explotación. Cier-
tamente los problemas de Saucío son muchos; pero la mala utilización
habitual de los ricos terrenos de cultivo es evidentemente uno de los
más importantes.
La cría de ganado ha sido siempre la inversión más segura y fácilmente
productiva, y las mejores tierras se dedican a ella. Cerca del 90 % de la
superficie de Saucío se utiliza en pastoreo de ganado o se deja, en potre-
ros sin usar (cuadro 9). Aun los pequeños propietarios residentes en el
valle dedican mayor extensión de tierra al forraje y a la ganadería que
a los cultivos. Solamente los agricultores arrendatarios emplean un sis-
tema de explotación más equilibrado, sencillamente porque parece que
necesitan ingresos más regulares y alimentos para su consumo durante
el año, lo que la cría de ganado por sí misma no les puede proporcionar.
Los concertados, naturalmente, cultivan la tierra con intensidad; pero
en las haciendas ocurre lo contrario. Solamente un décimo de la superficie
de Las Julias está cultivado; el resto de ella está compuesto de pastizales
rotatorios destinados a la alimentación de ganado vacuno y caballar. Los
propietarios ausentes prefieren tener unas pocas cabezas de ganado en
sus tierras y no correr los riesgos de los cultivos. Por regla general los
terratenientes permanecen en sus hogares del pueblo o la ciudad, acom-
pañados por el cómodo conocimiento de que sus terneros serán castrados
y después vendidos como poderosos bueyes, o que sus novillas algún día
serán llevadas a la feria, y que cada una de esas ventas les producirá cinco
veces el costo original. Este proceso lucrativo no exige esfuerzos físicos
agotadores por parte del ganadero; en realidad, ni siquiera necesita plan-
tar alfalfa o cualquier otro forraje para su ganado, que vive y crece acepta-
blemente a base de pasto nativo. Carece de importancia el hecho de que
el menor espacio necesario para la cría de una cabeza de ganado de esta
manera, se calcule en 1,2 a 1,6 hectáreas, ya que hay abundancia de tie-
rras. Si un propietario es lo suficientemente afortunado como para encon-
trar una buena familia de concertados, tendrá lucro seguro cada año, sin
siquiera tener que esclavizarse personalmente con las tareas de la agricul-
tura. Los cultivos agrícolas requerirían su atención constante, repetidos
viajes a la hacienda, fumigación de plantas y empleo de trabajadores. Por

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ORLANDO FALS BORDA

eso todos los que tienen tierra sobrante la utilizan predominantemente


para ganadería y pastos y no para cultivar trigo, papas, cebada o ajos.
Influye en este problema la injusta distribución de las tierras, porque
no solo la ganadería es un negocio bueno y fácil, sino que también lo
son las inversiones en finca raíz. En realidad, hubo una época, durante
el siglo XIX, cuando no existían bancos, durante la cual el capital solo
podía ahorrarse invirtiéndolo en tierras: estas eran dinero en efectivo,
seguridad y “cofre de Midas” en que se acumulaba la valorización mecá-
nica que no produce el trabajo. Al respecto se debe tener en cuenta que
52 agricultores solo poseen en propiedad 382 hectáreas en Saucío, en
tanto que un puñado de terratenientes ausentistas son propietarios de
872 hectáreas, que en su mayoría están dedicadas a ganadería y pastos, o
simplemente están ociosas. Y de las tierras pertenecientes a residentes
en Saucío, dos tercios forman Las Julias, hacienda ganadera que tiene
algunos campos sin utilizar. Por eso la distribución de la propiedad es
un factor definitivo vinculado al problema de la deficiente utilización de
la tierra cultivable. Y no podría ser de otra manera, si se considera que
con frecuencia la tierra se compra con la finalidad principal de especular.

Cuadro 9. Superficie calculada y utilización de las tierras en Saucío por grupos de tenencia,
en 1950

Superficie en hectáreas
n.º de Pastos y
Grupos de tenencia Cultivos Total
familias otros
Total 1,119,36 135,9 1,254,53
Hacienda Las Julias 1 220,16 20,23 240,39
Concertados de Las Julias 13 12,15 12,15
Propietarios residentes 51 81,34 48,57* 129,91
Propietarios ausentes 785,08 20,23 805,31
Concertados de
8 8,09 8,09
los ausentistas
Arrendatarios y
15 32,78 25,09 57,87
arrendatarios parciales
Permitida 1 0,81 0,81

* Comprende las tierras de propiedad de los concertados.

Este desperdicio continuo, asociado a la destinación de las tierras


buenas casi exclusivamente al pastoreo, o simplemente a la valorización
por el transcurso del tiempo, es causa de que muchos concertados y

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

pequeños agricultores no solo cultiven tierras en el valle, sino también


en el terreno más difícil de las laderas. Además, en su mayoría los agri-
cultores aran verticalmente sobre dichas laderas, práctica que con fre-
cuencia suscita la erosión. La técnica de formar terrazas, aparentemente
empleada por los chibchas, ha sido olvidada por sus descendientes en
esta localidad.
Tal inversión en los métodos de utilización de las tierras no es pecu-
liar de Saucío. Parece constituir un aspecto agrícola predominante en
Colombia.11 Desde luego, su solución será muy compleja y penosa. Pero
debe entenderse que en Saucío hay un modus vivendi que temporalmente
es satisfactorio, pues la sociedad aparentemente no ha sufrido perjui-
cios en la manutención. Esta adaptación a la situación ambiental y al
equilibrio entre la producción y la supervivencia se ha sostenido, aun-
que precariamente, por los sistemas de cultivo que emplean los agri-
cultores. En seguida se otorga atención a algunos de esos elementos y
medios empleados por los saucitas para la explotación de sus tierras y la
preservación de su modus vivendi, es decir, sus herramientas y utensilios.
Los sistemas agrícolas se examinan detalladamente en el capítulo 7.

Utensilios agrícolas
La introducción de herramientas de hierro en el siglo XVI fue indudable-
mente muy ventajosa para los indios chocontáes. Pero desde entonces el
progreso tecnológico ha sido lento: Saucío se halla aún en las etapas del
complejo del azadón y del arado rudimentario.12 Esto puede verse fácil-
mente al estudiar el cuadro 10. El azadón es la herramienta agrícola más
común: el 96 % de las unidades poseen por lo menos uno. Esta herramienta
es básica para la cosecha más importante, la de papas, y presta servicio en

11 Según el informe de la misión del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, di-


rigida por Lauchlin Currie, “hay dos aspectos de este problema: la utilización mejor y más
económica de la tierra, particularmente en el rico valle y en las tierras de la sabana; y la opor-
tunidad de que la propiedad rural sea accesible a quienes trabajan la tierra... Colombia no
puede darse el lujo de una utilización deficiente de sus limitadas reservas de tierra cultivable...
La ineficiencia, la desorganización y el abuso de los recursos en cualquier sector de una co-
lectividad influye adversamente en el bienestar de toda la colectividad. En consecuencia, son
urgentemente necesarios algunos medios de inducir a los propietarios de tierras cultivables
a que las utilicen de la manera más favorable para la economía o a que las cedan a otras que
estén dispuestas a hacerlo”. (International Bank, Development Program for Colombia, p. 384). Cf.
Fals Borda, pp. 143-144.
12 Véase el significado de esta terminología en T. Lynn Smith, The Sociology of Rural Life, 33ª ed.
(Nueva York: Harper & Brothers, 1953), pp. 334-344.

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ORLANDO FALS BORDA

innumerables tareas, empleándosele como mazo, para cortar madera, y


para excavar zanjas. El segundo utensilio en importancia es la hoz (que se
encuentra en 89 % de las unidades), empleada predominantemente para
cosechar trigo y cebada y para cortar las cañas de maíz. Vienen a conti-
nuación el hacha, el arado de madera “chuzo” y la pala. El arado es del tipo
más primitivo egipcio-romano, aún empleado en Galicia y Portugal:13 en
efecto, es una rama en ángulo provista de una reja de hierro amarrada al
diente de madera y carente de vertedera o de rueda reguladora.

Cuadro 10. Utensilios y equipos agrícolas y familias que los utilizan en Saucío, 1950

% de familias que los poseen


Clase de utencilios o equipo Número
(n.º 70)
Azadones 190 95
Hoces 127 88
Hachas 70 85
Arados de madera 72 81
Palas 87 77
Yugos 73 72
Machetes 46 55
Martillos 47 54
Picas 51 48
Serruchos 29 32
Carretillas 17 21
Tijeras de esquilar 15 18
Balanzas (romanas) 7 8
Rastrillos de madera 5 7
Fumigadoras 5 7
Rastras 3 5
Arados de acero 2 2
Bomba de agua 1 1
Equipo de discos 2 1
Tractor 1 1

En los finales renglones del cuadro 10 pueden verse las últimas inno-
vaciones: un tractor en Las Julias, equipo de discos, una bomba de agua

13 Fritz Krüger, “El léxico rural del noroeste ibérico”, Revista de Filología Española (Madrid), Ane-
jo XXXVI, 1947.

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

para hortalizas que pertenece a un agricultor emprendedor, dos arados


de acero (uno tomado en préstamo), y cinco fumigadoras o asperjadoras
mecánicas para combatir la invasión de las plagas.
Exceptuando los medios mayores de transporte, la intrusión más
notoria de la rueda tiene la forma de diecisiete carretillas de madera
deterioradas. Muchos agricultores emplean también rastras de madera
tiradas por bueyes, muy similares a las narrias de Asturias, para el trans-
porte de diversos elementos dentro de sus predios (productos, adobes,
etc.). Prácticamente todo este pesado transporte intrapredial se realiza
mediante bueyes con yugos colocados sobre los cuernos (cornal), como
se hace en el norte de España.14
Entre los demás utensilios empleados, los rastrillos de madera son
de especial interés. Son pesadas viguetas unidas por clavos en forma de
cuadro, cada una de las cuales lleva dientes de hierro de unas siete pul-
gadas de longitud. Solamente los bueyes pueden arrastrar estos rastri-
llos, que se utilizan principalmente para arrancar el pasto y para nivelar
protuberancias del terreno. La menor importancia que se concede a los
machetes, debido principalmente a la rareza de las ocasiones en que se
realizan desmontes, también debe ser señalada. Finalmente, seis agri-
cultores poseen balanzas romanas que, a pesar de su inexactitud, son
útiles para pesar los productos agrícolas antes de llevarlos al mercado.15
Desde luego, hay una amplia variedad de utensilios en Saucío, pero
en su mayoría estas herramientas no solo están en malas condiciones,
sino que también son deficientes. Exceptuando el azadón, quizás indis-
pensable para el cultivo adecuado de la papa, las demás herramientas
podrían sustituirse por otras mecánicas, sin excesiva dificultad y con
resultados sumamente favorables.

14 Ibid.
15 Esta romana se basa en el principio de la balanza. Consiste en una varilla de metal de unos
65 centímetros de longitud, con una pesa removible en un extremo, un gancho para el saco
o paquete que ha de ser pesado en el otro y un punto de apoyo en medio, colocado bastante
cerca a la extremidad que sostiene el objeto que ha de ser pesado. La pesa removible puede
ser corrida hasta que la varilla quede paralela al suelo. Las marcas en esta varilla determinan
el peso en libras o en arrobas. La disposición de los puntos de apoyo para los diversos ganchos
puede ser variada, de modo que en una posición admite pesos hasta de siete arrobas, en tanto
que invirtiendo la varilla y cambiando los ganchos es posible pesar objetos más livianos, desde
siete libras hasta una arroba.

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ORLANDO FALS BORDA

Medios de transporte
La introducción de los caballos no alivió el papel de los indígenas como
bestias de carga, porque aquellos animales se utilizaban casi exclusi-
vamente como monturas para las personas ricas. Los caballos no per-
dieron su condición aristocrática cuando fueron transferidos al Nuevo
Mundo. Aunque los reyes, presidentes y virreyes expidieron leyes
estrictas contra la utilización de los indígenas para transportar carga (y
protestas enfáticas análogas se elevaron en los primeros tiempos del
período republicano), la situación ha permanecido igual. En Saucío, la
mayor parte del transporte de productos agrícolas hasta el mercado y
desde él se realiza sobre las espaldas y las cabezas de las gentes. Treinta
y dos familias mencionaron sus espaldas como uno de los medios de
transporte de productos agrícolas. Veintiuna manifestaron que utiliza-
ban bueyes. Diecisiete utilizaban camiones cuando estaban disponibles
(con frecuencia había posibilidades de emplear camiones de la Represa
del Sisga). Y trece se valían de las tres carretillas o “zorras” existentes
en el valle, cuando la carga era mayor de cinco arrobas (125 libras). Pero
de las 71 familias que suministraron información, veinticuatro, o sea el
34 %, declararon que empleaban sus espaldas y cabezas con exclusión
de cualquier otro medio. Así, aproximadamente, una de cada tres fami-
lias no utiliza aún completamente la excelente carretera hasta Chocontá
para eludir la pesada tarea que les ha sido impuesta desde la época de
la conquista.
Se emplean zorras para el transporte de materiales pesados, pero en la
mayoría de los casos los propios hombres, y raras veces asnos o mulas,
las arrastran. El propietario de una zorra cobra cincuenta centavos
(US$ 0,20) por carga y emplea tiempo y energía considerables luchando
con la prolongada pendiente desde Saucío hasta Chocontá. No parece
tener ningún interés en comprar un caballo con el cual podría utilizar
mejor su zorra y ciertamente ganar más dinero. Pero aun suponiendo
que el caballo no fuera un animal aristocrático, este agricultor tendría
bastantes impedimentos por falta del equipo adecuado para enganchar
el equipo a la carretilla o aun a los arados.
Hay tres grandes carretas de dos ruedas, pertenecientes a haciendas;
se emplean principalmente para reunir y transportar el estiércol que se
usa como abono. Estas carretas son descendientes de los “carros chillo-
nes” de la colonia, pero difieren de estos en que las ruedas están cubier-
tas con viejas llantas y giran sobre un eje independiente; las carretas ya

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

no son “chillonas”, aunque todavía producen gran parte del ruido a que
originariamente debieron su nombre.
Los jóvenes se interesan en adquirir bicicletas como medio rápido de
transporte a Chocontá y desde esta población, pero cuando se realizó la
investigación solo tres familias poseían vehículos de esta clase. Y, natu-
ralmente, el único automóvil de toda la vereda pertenece a Las Julias.
Por lo demás, el 90 % de las unidades carecen por completo de medios
mecánicos de transporte.

Ganadería
El ganado vacuno y el ovino son los principales en Saucío. Contando los
animales pertenecientes a terratenientes ausentistas, en 1950 había 539
cabezas del primero y 284 del segundo. Pero la distribución del ganado
vacuno era muy diferente de la del ganado ovino. El ganado vacuno es la
cuenta bancaria ambulante de los ricos, en tanto que las ovejas son las
alcancías del agricultor corriente.
Las Julias y un terrateniente ausente, con más de cien cabezas de ganado
vacuno cada cual, y dos residentes del valle, eran propietarios de 385 cabe-
zas, o sea el 71 % del total. La mayoría de los agricultores (58 %) tenía hatos
cuyo número fluctuaba entre una y diez cabezas solamente, en tanto que
otros 26 campesinos, o sea el 36 %, no poseían ganado. El número más fre-
cuente de animales poseídos por una familia es de dos, lo que en parte se
explica por las yuntas de bueyes de propiedad de esas unidades familiares.
Gran número de esos animales son objeto de cría “al aumento”.
Por otra parte, las ovejas son un recurso democrático. En 1950 solo
trece campesinos, o el 19 %, carecían de ellas, mientras los restantes man-
tenían rebaños de 1 a 18 animales. Con todo, los mayores rebaños eran
solo de 14, 15 y 18 ovejas pertenecientes a tres agricultores, y, lo que es
notorio, a ninguno de los hacendados. Pero esos tres rebaños formaban el
16 % del número total de ovinos, en contraste con los cuatro hatos mayo-
res. El número más frecuente de cabezas de un rebaño es de dos, seguido
por la cifra de cuatro. Pero ninguna categoría determinada se aparta del
promedio: en realidad las ovejas, a diferencia del ganado vacuno, están
distribuidas muy parejamente entre las familias, tanto ricas como pobres.
Las ovejas no requieren grandes pastizales; pueden mantenerse en los
pequeños predios rurales, alimentarse en pequeñas superficies de pasto,

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ORLANDO FALS BORDA

a veces en la zona libre y no aprovechada que se encuentra entre la carre-


tera y las cercas.16
Con respecto al ganado de otras especies, raras veces se crían cerdos:
en 1950 solo se encontraron siete. Los compran pequeños, los alimentan
por poco tiempo y los venden en Chocontá; ocasionalmente son sacrifi-
cados para el consumo local. No son comunes los animales de monta, de
tiro o de carga: 84 % de las familias carecían de este recurso, muy apre-
ciado en la mayoría de las zonas rurales. Había en la vereda 28 caballos
y 19 yeguas, en su mayoría pertenecientes a Las Julias; en esta hacienda
se emplean caballos para reunir el ganado vacuno en los corrales, y para
viajes a practicar inspecciones en potreros lejanos. Los asnos tampoco
son comunes: solo había cinco en 1950; se utilizan principalmente para
arrastrar zorras y ocasionalmente para transporte. De las diez mulas
sobre las cuales se tuvieron informes, nueve pertenecen a dos agriculto-
res, y solo una a Las Julias; estas mulas se emplean casi exclusivamente
para labores de trilla, objeto con el cual se ceden en arrendamiento a
otros agricultores.

El problema agrario y el nivel de vida: una evaluación


Es evidente que los predios rurales en Saucío, con excepción de Las
Julias y los de propiedad de personas ausentes, son excesivamente
pequeños para permitir métodos agrícolas más modernos y eficientes.
No puede lograrse un aumento de la producción comercial de cosechas,
para permitir mayores ganancias, a menos que aumente la superficie
de cada propiedad y que haya mejoramiento en herramientas y siste-
mas agrícolas. Muchas personas sostienen que la solución de este pro-
blema es la mecanización. Indudablemente la mecanización aumenta
la producción per capita; pero exige una inversión inicial prohibitiva y
una labor constante de conservación. Además, para utilizar adecuada-
mente la maquinaria agrícola, un agricultor necesita más que la capaci-
tación rudimentaria que actualmente puede obtener en la escuela rural.
Suponiendo que la mecanización fuera la solución del problema de la

16 Desde que fueron llevadas por los españoles, las ovejas han constituido un gran recurso
para los indígenas y campesinos. Aparentemente la economía de la región no fue afectada de
manera adversa por estos animales, porque no requerían alimentación o cuidados especiales,
y en cambio suministraban carne, lana y pieles de buena calidad. (Cf. George Kubler, “The
Quechua in the Colonial World”, Handbook of South American Indians [Smithsonian Institution,
Departamento de Etnología Americana, Boletín 143, Washington: Imprenta del Gobierno de los
Estados Unidos, 1946], vol. II, pp. 358-359).

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

producción agrícola en la vereda, y que se estableciera un programa de


capacitación para familiarizar al agricultor con el empleo de los tracto-
res, ¿qué utilidad tendría esto en predios tan reducidos? Ciertamente, la
utilización completa de la maquinaria sería imposible. En consecuencia,
probablemente antes del proyecto de mecanización habría de empren-
derse un programa de consolidación o concentración parcelaria.
Pero un programa de esta índole también debe comprender los recur-
sos humanos. Si, por ejemplo, los planificadores deciden que en Saucío
el predio A debe unirse con el predio B para formar una unidad más
eficiente, una de las dos familias sería desplazada. Desde luego, el des-
plazamiento por migración voluntaria es un proceso constante. La indus-
trialización de Bogotá ha utilizado y continúa utilizando mano de obra
procedente de Saucío y de otros vecindarios, y el aspecto voluntario de
esta tendencia la hace socialmente aceptable, y hasta conveniente. Pero
cuando, siguiendo un programa de reforma agraria, familias enteras son
trasplantadas a predios situados en otras partes, aun con clima, suelo y
topografía similar, es posible tropezar con una oposición comprensible.
No hay baldíos en la zona de Chocontá; pero es concebible una redis-
tribución de las tierras de Saucío para permitir cierto grado de consoli-
dación. Las Julias ha sido formada como resultado del trabajo tesonero,
espíritu de empresa y energía de su propietario: los esfuerzos perso-
nales y realizaciones bien logradas en toda una vida deben tenerse en
cuenta. Pero a menos que las tierras de los propietarios ausentes se
incluyan en un programa de ese carácter, el tamaño de los predios no
aumentará en grado suficiente como para que se pueda considerar que
se haya progresado.
Suponiendo que algunas familias de Saucío accedieran a abandonar
sus parcelas actuales a cambio de otro lugar en que tuvieran de diez a
veinte veces más tierra —lo que representaría más espacio tanto para
los que se marcharan como para los que permanecieran—, ¿cómo utiliza-
rían esas familias el aumento de la superficie de tierra a su disposición?
Durante toda su vida los agricultores han estado empleando el arado de
madera, el azadón y la hoz. En realidad una de las ventajas de la ecua-
ción local hombre-tierra es que la mano de obra se halla bien equilibrada
en relación con el tamaño de las parcelas cultivadas. La tierra se utiliza
intensivamente en muchas fincas. Las operaciones agrícolas absorben
totalmente la actividad de las personas que emplean tales herramientas
y métodos rudimentarios. Se podría cultivar más tierra en Saucío, pero
los agricultores carecen de semillas o dinero suficiente para atender a
esos cultivos adicionales, o de tiempo y mano de obra suplementarios.

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ORLANDO FALS BORDA

Debe subrayarse esto último, porque un hombre con azadón solo puede
realizar diariamente una limitada cantidad de trabajo. Las siembras y las
cosechas se realizan en las respectivas épocas; las tareas agrícolas son
efectuadas por un número determinado de personas sobre determinada
superficie de tierra y con utensilios y técnicas primitivas. Pero la mano
de obra y la tierra están balanceadas en Saucío, por inestable que pueda
ser su equilibrio.
En consecuencia, si además de la migración voluntaria una parte
de la mano de obra agrícola fuera removida para su reasentamiento,
y suponiendo que no mejoraran los métodos agrícolas, este equilibrio
funcional podría quedar amenazado y el resultado sería negativo. Segu-
ramente, las parcelas tendrían mayor superficie; pero los propietarios
no podrían explotar esta mayor extensión tan intensamente como sus
pequeñas parcelas originales, y probablemente retornarían a la cría de
ganado si dispusieran del capital necesario. Parece indispensable evi-
tar que esto ocurra, porque la finalidad debe ser utilizar la tierra plena-
mente, con inteligencia y teniendo en mira un objetivo social. En este
caso no se trata de evitar la cría de ganado, sino de que pierda sus carac-
terísticas de mera especulación. En vez de emprender un experimento
que fácilmente podría fracasar, sería mejor para la economía de la región
que se mantuviera el equilibrio actual, permitiendo que las gentes uti-
lizaran intensivamente la pequeña cantidad de tierra de que disponen.
Seguramente sería más sano conservar los pequeños lotes cultivados
por medios rudimentarios como actualmente, que formar parcelas
mayores de las cuales los agricultores no pudieran extraer una produc-
ción máxima, sin mencionar el deterioro económico que resultaría de
sus granjas deficientemente explotadas.
Parte de la respuesta a este problema puede hallarse en una nueva
capacitación para el agricultor, que le indicaría la manera de hacer frente
con eficacia al aumento de la superficie de sus tierras. Porque suministrar
a un saucita una gran superficie de cultivo, posiblemente con maquinaria
para su uso privado, no le convertiría automáticamente en un buen agri-
cultor. Cuando una parcela agrícola crece, el propietario también debe
crecer. Debe aumentar sus habilidades y agudizar la mente, porque enton-
ces tendrá que convertirse en un administrador más responsable de una
empresa capitalista, superando la condición de simple labrador.
Quizás la creciente escasez de brazos en Saucío sea un síntoma salu-
dable. Hasta 1950, o poco antes, la economía rural de ese valle había
girado en torno a una gran abundancia de peones agrícolas. El trabajo

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EL HOMBRE Y LA TIERRA

humano era barato y se reemplazaba con facilidad. Los salarios no esta-


ban vinculados a la utilidad de la obra realizada o al rendimiento indi-
vidual. Un buen trabajador frecuentemente ganaba el mismo salario
que un trabajador deficiente, con el resultado de que todos los brazos
se nivelaban en el que los economistas denominan “punto del menor
esfuerzo”. Pero cuando la escasez de brazos resultó más notoria, los
empresarios locales de explotaciones agrícolas se preocuparon gradual-
mente por la habilidad individual y se están viendo obligados a elevar
los jornales. También parece que el rendimiento per capita ha aumentado
igualmente.
La transición entre el labrador tradicional y el agricultor “científico”
debe realizarse muy cuidadosamente. Se debe ayudar a los agriculto-
res a que, partiendo de su actual nivel de subsistencia, gradualmente
obtengan la retribución máxima por su esfuerzo. Así podrán adquirir
mayor poder adquisitivo. A medida que su nivel de vida continúe ele-
vándose, junto con su productividad y su poder adquisitivo, surgirá pro-
bablemente en los consumidores urbanos un aumento de la demanda
de productos agrícolas, paralela a la que se suscitaría por parte de los
agricultores en cuanto a mercancías y manufacturas urbanas. Este inter-
cambio probablemente causaría un aumento en el nivel de vida de la
población rural y la expansión de un considerable mercado para las
industrias de las ciudades.
Al estudiar más a fondo este punto, de nuevo la educación o capa-
citación individual aparece como factor sine qua non de toda esta tran-
sición. Resulta evidente que muchos agricultores, gracias a su mayor
poder adquisitivo y a una mayor cantidad de tiempo libre, no utilizarían
ese tiempo libre ni esos mayores ingresos de la manera más provechosa
desde el punto de vista personal y social. Esto pudo observarse en Sau-
cío durante la construcción de la Represa del Sisga, cuando circulaba
más dinero. La educación consistiría en canalizar el ocio y las poten-
cialidades del campesino hacia finalidades constructivas e inspirar a las
gentes un profundo deseo de apartarse de los hábitos que moral, espi-
ritual y físicamente las han mantenido en situación de pobreza durante
tantos decenios.
Los muchos factores que influyen en la vida rural de Saucío podrían
mejorarse simultánea o consecutivamente. Pero la transición debe efec-
tuarse con una armonía y coordinación tales, que se logren resultados con-
venientes y perdurables tanto para la sociedad urbana como para la rural.
De lo contrario la metamorfosis podría producir solamente una “mariposa”
bella pero de corta vida. Una dirección estatal inteligente que trabaje con

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ORLANDO FALS BORDA

base en orientaciones previsoras y con plena comprensión del actual pro-


blema humano (pues parece ser más humano que simplemente económico),
podría llevar a cabo esta evolución muy necesaria en la vida rural.
Quizás sería mejor ser práctico dentro de estas líneas generales, y
comprender que tal evolución es difícil, casi utópica. Entonces la mejor
solución podría encontrarse en un sistema cooperativo. Pero los agricul-
tores son tan individualistas que, una vez más, sin educación adecuada
sería casi imposible lograr la formación de cooperativas.
No obstante, la situación está clamando por alguna clase de reforma.
El malestar de las zonas rurales está anclado en esta situación paradó-
jica. Una parte importante del problema rural se encuentra en el sistema
agrario, en la distribución desequilibrada de la propiedad y en el abuso y
la explotación deficiente de la tierra. El nivel de vida de los campesinos
no puede elevarse mientras estos problemas no sean resueltos con habi-
lidad e integridad. El secreto radica en cómo realizar estas operaciones
en el organismo social, sin causar un aumento indebido en la aflicción
que sufre.

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