AMOR DE MADRE, REFLEJO DEL AMOR DE DIOS
Introducción
Una madre con su hijo iba a cruzar un río, y ella le dijo: “Hijo, toma mi mano”. Su hijo le responde:
“Mejor toma tú la mía”. La madre dijo: hijo, ¿Cuál es la diferencia? Mamá, si algo pasa, puede que yo
suelte tu mano, pero tú nunca soltarías la mía.
¿Has ido alguna vez al hospital a visitar a una amiga o familiar que acaba de dar a luz? Ves a esa mamá
con su pequeño dormido en sus brazos. No hay mirada más serena, feliz y seria a la vez que la de esa
madre, mirando a su hijo por primera vez. Casi son una sola persona. El grado de unión que existe entre
esos dos seres humanos, creo que no se puede superar con nada. Creo que probablemente es el
sentimiento de amor incondicional más fuerte que puede existir en el ser humano.
1. Dios diseñó el rol materno.
-(Sl 22:9) Pero tú eres el que me sacó del vientre; me has hecho estar confiado desde que estaba a los
pechos de mi madre.
-(Sl 71:6) Por ti he sido sustentado desde el vientre; tú eres quien me sacó del seno de mi madre.
Siempre será tuya mi alabanza.
-(Sl.139:13) Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre.
-(Is 66:9) Yo que hago que se abra la matriz, ¿no haré nacer? --dice el SEÑOR. Yo que hago nacer,
¿cerraré --dice tu Dios.
2. El amor de una madre lo usa Dios para explicar su amor por nosotros.
A. Un amor que no olvida. ¿Puede una madre olvidar a su niño?
Pues escucha lo que Dios mismo dice: «¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho y dejar de amar
al hijo que ha dado a luz? Aun cuando ella lo olvidara, ¡yo no te olvidaré! (Is.49:15).
“Dios se olvidó de mí¨, este es el lamento de personas que están pasando por un gran sufrimiento. ¿Te
has sentido así alguna vez? La sensación de que ya no somos importantes para el Señor, de que su
mirada está puesta en otro lugar y no está pendiente de cuanto nos sucede. A veces, sufrimos diversas
situaciones que nos empujan a pensar que Dios se ha olvidado de nosotros, podemos llegar a pensar que
Dios no está pendiente de nosotros o que mira hacia otro lado.
Jesús intercede siempre por nosotros delante del Padre, Él nunca se olvida de nosotros, Él siempre
permanece Fiel, y pronto vendrá a rescatar a los suyos y a disponer su Reino.
B. Un amor que consuela. “Como uno a quien consuela su madre, así os consolaré yo; en Jerusalén
seréis consolados. (Is.66:3)
C. Un amor que ayuda. “Así dice el SEÑOR que te creó, que te formó desde el seno materno, y que
te ayudará: ‘No temas, Jacob, siervo mío, ni tú, Jesurún, a quien he escogido. (Is. 44:2).
D. Un amor que redime. “Así dice el SEÑOR, tu Redentor, el que te formó desde el seno materno:
Yo, el SEÑOR, creador de todo, que extiendo los cielos yo solo y afirmo la tierra sin ayuda. (Is.
44:24).
E. Un amor que continúa trabajando hasta el fin.
“He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada; tus murallas están siempre delante
de mí.” (Is.49:16).
«Estoy convencido precisamente de esto: que el que comenzó en ustedes la buena obra, la
perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús». (Fil. 1:6)
Cuando sucedió el desastre y Judá fue llevada en cautiverio como juicio por su pecado, muchos judíos se
dibujaban unas líneas como un boceto de Jerusalén o del templo, en la palma de la mano, para no olvidar
las promesas de Dios. Y así iban en el día a día, con el puño cerrado, agarrados a las promesas de Dios,
llevando presente lo que Dios les había dicho que iba a hacer. A aquellos que deseaban de todo corazón
ver cómo Dios les liberaría, Dios mismo les dice: Soy yo el que os tengo tatuados en mis manos, jamás
dejo de teneros presente: NUNCA me olvido ni me olvidaré de vosotros.
La Palabra de Dios nos habla de la Segunda Venida de Jesús; un día cuando Él vendrá otra vez y pondrá
en este mundo su Reino, ejerciendo el mejor gobierno que este mundo nunca haya visto.
Dios mismo les dice: Te amo con un amor más fuerte que el amor de una madre por su bebé y te tengo
presente cada día. Cuando abro mis manos, taladradas por ti, me acuerdo en cada momento de ti,
siempre. Yo te tengo grabado en mis manos y jamás me olvido de ti.
3. Conclusión y aplicación.
En cada una de estas situaciones hubiera sido fácil pensar que Dios no estaba haciendo nada y que a
Dios no le importaba. Sin embargo, en cada relato encontramos a un Dios que participa activamente en
los detalles. Un Dios que está guiando providencialmente a Su pueblo, incluso cuando no lo parecía.
Entonces, si tu vida se siente como un montón de escombros en este momento, recuerda, los montones
de piedras de Israel siempre estuvieron ante el Señor. Dios ve tus escombros; Dios no te ha olvidado;
Dios todavía está obrando. Juan 5:17 dice: Pero Jesús les respondió: «Hasta ahora Mi Padre trabaja, y
Yo también trabajo».
Hijo de Dios, tú has sido engendrado Él no te ha olvidado, y siempre y para siempre en la mano
soberana del Padre. Aunque Sus caminos no son nuestros caminos, podemos estar seguras de que Dios
todavía está obrando.
En mis palmas te tengo grabado Te llevo grabada en las palmas de mis manos; tus muros siempre los
tengo presentes»
“Miren cuán gran amor nos ha otorgado el Padre: que seamos llamados hijos de Dios. Y eso somos.
Por esto el mundo no nos conoce, porque no lo conoció a Él. 2Amados, ahora somos hijos de Dios y
aún no se ha manifestado lo que habremos de ser. Pero sabemos que cuando Cristo se manifieste,
seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es. 3Y todo el que tiene esta esperanza puesta en
Él, se purifica, así como Él es puro”. 1 Jn 3:1-3