CATEQUESIS PARA LA VIDA
Para el ejercicio semanal de la congregación en la doctrina de la fe y las Sagradas
Escrituras
¿Cuál debe ser el primer acto del adorador al entrar a
la Casa de Dios?
Debe inclinar su cabeza en oración silenciosa, pidiendo a Dios que prepare su corazón
para la adoración.
Un modelo de oración personal intima:
Señor, yo amo tu casa y el lugar donde reside tu gloria. En tu gran misericordia, prepara mi
corazón en penitencia y fe para que pueda entrar a tu casa para adorarte y a confesar tu
santo nombre; por Jesucristo, mi Dios y Señor. Amén.
El Servicio Divino (Preparación):
LA PROCESIÓN.
Siglo IV
El pastor y los diáconos inician el Servicio en la entrada de la nave. A partir de ahí, con
la entonación de un himno, y sosteniendo la cruz y el libro del Evangelio, se avanza en
procesión hasta el borde del altar. Esto le anuncia a la congregación que ya estamos
comenzando, que algo importante está iniciando y también la cruz al frente nos dice que
es ella quien está, desde el mismo inicio, guiando todo el Servicio. La cruz es llevada por
los acólitos, lo cual le agrega dignidad al Servicio.
LA INVOCACIÓN
Siglos XIV–XVI
[De pie]
P: En el nombre del Padre y del ✠ Hijo y del Espíritu Santo.
C: Amén.
Mateo 28:19b; [18:20]
Fundamento Teológico de la Invocación
La invocación tiene sus raíces en el Bautismo. En el Bautismo de Jesús, Dios es revelado
por quien es en sí mismo: Padre, Hijo, y Espíritu Santo (Mat 4:16–17). En el bautismo, su
nombre es puesto sobre ustedes (Mat 28:19). Cuando los cristianos se congregan para
oír la Palabra de Dios, comer su Cena, y responder en oración y alabanza, es apropiado
que sea explícitamente "en el nombre de Dios". "Porque," dice nuestro Señor, "donde dos o
tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mat 18:20; también
Éx 20:24).
Consideraciones Gramaticales y Litúrgicas
Si miramos gramaticalmente la invocación notarán que la invocación no es una oración
completa. Es simplemente una frase preposicional, que no se sostiene sola. A veces la
incomodidad gramatical lleva a un pastor a decir, "Hacemos nuestro comienzo en el
nombre," pero este no es el sentido. Que sea un fragmento refleja que es Dios quien
comenzó lo que importa en nuestro bautismo (Juan 1:12–13). Y Su obra ahora continúa
en lo que Él sigue obrando en nuestras vidas (Juan 5:17).
La Función Sacerdotal de la Invocación
El pastor pronuncia la invocación, con precisión del Nuevo Testamento "poniendo el
nombre de Dios sobre el pueblo" (Núm 6:16–20), con la señal de la cruz, pues es en Jesús
que el nombre de Dios está sobre nosotros. Y aquí los creyentes pueden trazar la señal de
la cruz sobre sí mismo como recordatorio de que, como en sus bautismos, permanecen
"marcados como aquellos redimidos por Cristo el Crucificado."
La Respuesta Congregacional
También responden con el primer "Amén" del servicio, esto es, "¡sí, sí, así sea!" Lo cual
significa cuando lo confesamos que nos congregamos como aquellos ciertamente
bautizados en el nombre de Dios, y él está ciertamente con nosotros. Y en verdad esta es
la certeza de nuestra adoración cristiana.
Resumen del Significado Confesional de la Invocación
La invocación no es meramente una fórmula ceremonial, sino una confesión de fe
trinitaria que establece el fundamento de todo el culto cristiano. En la perspectiva
luterana confesional, esta invocación:
1. Proclama la presencia real de Dios en medio de su pueblo congregado
2. Conecta el culto presente con la gracia bautismal recibida por cada creyente
3. Establece la autoridad divina bajo la cual se celebra el servicio
4. Invoca la bendición trinitaria sobre toda la adoración que seguirá
Esta comprensión de la invocación refleja el principio luterano fundamental de que toda
liturgia debe servir a la Palabra y los Sacramentos, no al contrario. La invocación no es
un acto mágico, sino una confesión de fe que prepara los corazones para recibir la gracia
de Dios por fe.
La liturgia es "divina" porque fue inspirada por la palabra de Dios y usa su lenguaje.
Hay una constancia objetiva y confiabilidad en la liturgia, que protege a la iglesia de
los caprichos tóxicos de cualquier época o personalidad particular.
Como Se Ve en la Práctica
INVOCACION. Se lleva a cabo al finalizar el himno procesional. Se lleva a cabo abajo,
afuera del presbiterio. La idea es que el Servicio en verdad comenzará después de que
hallamos recibido la Absolución; es entonces que podemos entrar al presbiterio, el área
del altar.
El pastor (y los diáconos) se arrodillan en el reclinatorio, en caso de que halla, o se
inclinan ligeramente, esto fuera del presbiterio, frente al altar. Ora brevemente por sí, y
se hace la señal de la Cruz.
Luego vuelven el rostro a la congregación y pronuncia el pastor la INVOCACION: en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, haciendo la señal de la cruz hacia la
congregación. La congregación también hace la señal de la Cruz individualmente al
mismo tiempo.
La INVOCACION con la señal de la Cruz es una manera de invocar la presencia de Dios y
también de proclamar la bendición sobre el pueblo, invitándoles a venir a Dios en virtud
de su bautismo. Ellos deben acercarse confiados a Dios y orar por sus pecados porque
son hijos bautizados y tiene Su nombre en ellos, lo que les da derecho a dirigirse a Dios.
LA EXHORTACIÓN
Siglos XI–XIX
P: ¡Amados en el Señor! Acerquémonos con corazón recto y confesemos nuestros
pecados a Dios, nuestro Padre, suplicándole en el nombre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos conceda perdón.
[Hebreos 10:22; 1 Juan 1:8–9]
P: Nuestro socorro está en el nombre del Señor,
C: Hacedor de los cielos y la tierra.
Salmo 124:8
P: Dije: Confesaré mis transgresiones al Señor,
C: Y tú perdonaste la iniquidad de mi pecado.
Salmo 32:5
Fundamento Teológico de la Exhortación Confesional
Un "Mini-Sermón" y Salmodia Preparatoria
Un "mini-sermón" y salmodia introducen la confesión y absolución, que son el corazón
de la preparación. El "mini-sermón" nos exhorta como "amados en el Señor" a
acercarnos al trono de la gracia de Dios (lea Heb 4:14–16; 10:19–30) para que la sangre
de Jesús nos limpie de todo pecado (lea 1 Juan 1:5—2:6).
En el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo
Nos recuerda que pedimos perdón (y en verdad, toda misericordia y bien) "en el
nombre de nuestro Señor Jesucristo", es decir, por causa de él. No venimos
basándonos en nuestro pesar o nuestra sinceridad, ni para que Dios nos favorezca porque
hemos cambiado nuestros caminos o prometido "nunca más." Venimos "en el nombre de
nuestro Señor Jesucristo", habiendo sido bautizados en "el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo."
Pedimos a este Dios, quien así nos ha hecho suyos, que nos perdone y escuche nuestras
oraciones simplemente por causa del inocente sufrimiento y muerte de Jesús por
nosotros. De esta manera, podemos acercarnos confiadamente, esto es, en fe pura en lo
que Jesús ha hecho, a confesar nuestros pecados.
La Exhortación al "Corazón Verdadero"
Se nos exhorta a estar tan confiados como para venir "con corazón verdadero",
deseando únicamente todo lo que Dios aquí quiere hacer y dar, buscando sinceramente
perdón no sólo por nuestra naturaleza pecaminosa (pecado original) sino por "nuestros
[actuales] pecados", que pecamos por pensamiento, palabra y obra.
Un corazón verdadero ve las cosas simplemente, sin esconderse detrás de excusas o
factores atenuantes. Vemos en la muerte justa de Cristo por todo pecado la paga aun de
los pecados que consideramos pequeños.
La Ley Como Asunto Espiritual
Oímos de él que la Ley es un asunto espiritual, condenando no sólo los actos externos
sino las palabras vanas de nuestras bocas y los pensamientos malvados de nuestros
corazones (Mat 5:17–48). Vemos en su vida y muerte lo que significa verdaderamente
"amar al Señor tu Dios con toda tu fuerza y alma y mente, y a tu prójimo como a ti
mismo" (Mat 22:34–38).
Vemos, finalmente, que aun los pecados que nosotros mismos pensamos que no dañan a
nadie de hecho nos dañan más que a todos. Porque para perdonar tales pecados nos
hemos enseñado a no escuchar a Dios quien nos ama, poniendo en peligro la fe que vive
por su palabra, especialmente del perdón de los pecados, y nuestra salvación.
El Autoexamen Confesional
La EXHORTACIÓN presupone que tenemos, o aprenderemos a tener que,
examinándonos a nosotros mismos por tales pecados antes de venir a pedir el perdón
de Dios. Porque quien va al doctor ciertamente debe tomar nota de sus síntomas. Y esto
es mucho más que eso, tratando no sólo con la vida temporal sino con la vida eterna.
Tal examen podría llevarnos a la confesión y absolución privada para una aplicación
particular del perdón de Cristo a pecados recurrentes o problemáticos.
La Confianza Salmódica
La salmodia de los Salmos 124 y 32 (lea el resto de estos Salmos) edifica nuestra
confianza en el Señor al acercarnos a su trono de gracia.
Perspectiva Luterana Confesional sobre la Exhortación
Diferencia con la Práctica Católico-Romana
La perspectiva luterana confesional entiende esta EXHORTACIÓN no como requisito
para la salvación, sino como medio de gracia para fortalecer la fe. A diferencia de la
práctica católico-romana medieval, los luteranos conservan la confesión para la
proclamación de la absolución a los pecadores, no como obra meritoria.
El Oficio de las Llaves
Esta EXHORTACIÓN prepara para el ejercicio del Oficio de las Llaves, que es la
autoridad dada por Cristo a la Iglesia para retener y perdonar pecados. El pastor
pronuncia la absolución en lugar de Cristo y por su mandato, no por autoridad propia.
Conexión con el Bautismo
La EXHORTACIÓN nos lleva diariamente a nuestras promesas bautismales. Como dice
el material catequético luterano: "La confesión y absolución nos llevan diariamente a
nuestras promesas bautismales. La absolución fortalece nuestra fe en Cristo y nos da
consuelo y ayuda frente al pecado y la tentación."
Función Catequética de la Liturgia
Esta EXHORTACIÓN sirve como catequesis viviente, enseñando la doctrina del pecado,
la gracia, y la justificación por fe sola. La liturgia se convierte en catequista para fieles
de todas las edades, preservando la sana doctrina contra los caprichos de cualquier
época particular.
Preparación para la Palabra y los Sacramentos
La EXHORTACIÓN no es un fin en sí misma, sino preparación para recibir dignamente la
Palabra de Dios y los Sacramentos. Como enfatizan los confesores luteranos, debemos
prestar más atención a lo que Dios nos dice a través del pastor que a lo que nosotros
decimos a Dios en nuestra confesión.
"La predicación del perdón de pecados por causa de Jesús es la razón para la institución del
Oficio del Santo Ministerio—el Oficio de las Llaves. Todo lo que el ministro de Cristo hace
como predicador y catequista, lo hace para proclamar el perdón de pecados."
CONFESIÓN Y ABSOLUCIÓN
Siglo XIX
[Arrodillados o de pie]
P: ¡Oh, Dios todopoderoso!, nuestro Creador y Redentor, nosotros, pobres pecadores,
confesamos a Ti que somos por naturaleza pecaminosos e impuros y que hemos pecado
contra Ti con pensamientos, palabras y obras. Por tanto, nos refugiamos en tu infinita
misericordia, buscando e implorando tu gracia, por los méritos de nuestro Señor
Jesucristo.
C: Yo, pobre y miserable pecador, te confieso todos mis pecados e iniquidades, por los
cuales te he ofendido y he merecido tu castigo, tanto en esta vida temporal como en la
eterna. Estoy afligido en mi corazón por estos pecados y me arrepiento sinceramente; te
suplico por tu infinita misericordia y mediante la santa, inocente y amarga pasión y
muerte de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te dignes tener misericordia de mí, pobre
pecador. Amén.
P: Dios todopoderoso, nuestro Padre celestial, ha tenido misericordia de nosotros, y por
causa de los sufrimientos, muerte y resurrección de su amado Hijo Jesucristo, nuestro
Señor, nos perdona todos nuestros pecados. En vista de la confesión que han hecho, yo,
como ministro de la iglesia de Jesucristo, te anuncio la gracia y el perdón de Dios, y en el
lugar del Señor Jesucristo y por mandato de Él te perdono todos tus pecados en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
C: Amén.
[Juan 20:19–23]
Fundamento Teológico de la Confesión y Absolución
La Forma "Indicativa-Operativa" de la Confesión
La forma "indicativa-operativa" nos invita a confesar al "Dios todopoderoso" el pecado
original ("Yo, pobre y miserable pecador") y el pecado actual ("todos mis pecados e
iniquidades"). "Confesar" significa "decir lo mismo, estar de acuerdo." Aquí la Ley de
Dios ha forzado nuestro acuerdo: He "justamente merecido tu castigo temporal y eterno."
Compare los Salmos 32, 51, y 130; también Lucas 23:39–42.
Sin embargo, lo hacemos ante nuestro "Padre misericordioso" "por [Su] inmensa
misericordia" y "por causa de los santos, inocentes y amargos sufrimientos y muerte de [Su]
amado Hijo, Jesucristo." Aquí, la contrición, dolor por nuestro pecado y sus frutos, se
encuentra con la fe en Cristo, y sus frutos.
El Origen y Autoridad de la Absolución
La absolución que sigue es el origen del rito, como el Señor lo mandó (Juan 20:19–
23). La confesión de nuestros pecados y pecaminosidad proporciona contexto saludable.
El arrepentimiento va con el Evangelio (Marcos 1:15; Lucas 24:47).
Aquí "confesamos culpabilidad de todos los pecados, aun de aquellos de los cuales no
sabemos, como lo hacemos en la Oración del Señor." El pastor entonces absuelve a la
congregación de una vez, por la autoridad de su ministerio, "en lugar y por mandato
de [su] Señor Jesucristo." Allí el Evangelio hace su obra.
La Confesión según el Catecismo Menor de Lutero
El Catecismo Menor de Lutero dice de esto: "Creo que cuando los ministros llamados
de Cristo tratan con nosotros por Su divino mandato, especialmente cuando excluyen a
los pecadores manifiestos e impenitentes de la congregación cristiana, y nuevamente
cuando absuelven a aquellos que se arrepienten y están dispuestos a enmendarse, esto es
tan válido y cierto, también en el cielo, como si Cristo, nuestro querido Señor, tratara con
nosotros Él mismo."
¡Qué regalo, dado inmediatamente, el de una conciencia limpia delante de Dios!
¡Para esto está el pastor! (1 Tim 1:5)
La Confesión Privada en la Perspectiva Luterana
Confesional
Continuidad Histórica y Práctica
Al mismo tiempo, la confesión y absolución privada, que desde los días de Lutero (y
antes) hasta el siglo XIX fue la norma, ofrece al penitente confesar "solamente aquellos
pecados que sabemos y sentimos en nuestros corazones" (Catecismo Menor), para
recibir aseguramiento a prueba de balas del perdón de los pecados donde más se
necesita.
La confesión y absolución privada también proporciona una oportunidad para que el
pastor instruya la conciencia en Ley y Evangelio.
Distinción Fundamental de la Práctica Católico-Romana
La práctica luterana difiere radicalmente de la práctica católico-romana. La práctica
medieval de la confesión privada fue rechazada por los reformadores luteranos porque
negaba que la salvación fuera únicamente por los méritos del sufrimiento y muerte
de Cristo. Un penitente medieval debía ir a confesarse si quería el perdón. La confesión
de pecados era su "buena obra" que merecía gracia.
Los luteranos conservan la confesión privada para la proclamación de la absolución
a los pecadores. La necesidad de los pecadores por Cristo y su perdón es la razón para el
ministerio y la motivación para todo lo que el ministro hace.
La Confesión como Extensión del Ministerio de la Palabra
La confesión y absolución privada es una extensión natural del ministerio de la
predicación. El ministro de Cristo está obligado por la palabra de Dios a predicar el
Evangelio, a perdonar los pecados de los pecadores arrepentidos y a retener el perdón a
los impenitentes.
El Oficio de las Llaves en la Práctica Confesional
Definición y Autoridad
Las Llaves son el poder para "abrir la puerta" del cielo y restaurar la comunión con Dios
a través de la palabra de perdón, o para "cerrar la puerta" del cielo reteniendo el perdón
para el impenitente. Esta autoridad del Sagrado Ministerio es dada por Cristo mismo a
la iglesia y es ejercida en lugar de Él por los ministros de ella.
Retener y Remitir Pecados
• Retener (o atar): Cuando el pastor "anuda" los pecados de un impenitente
"alrededor de su cuello" y no los "suelta," reteniendo la palabra de perdón.
• Remitir (o desatar): Cuando el pastor "suelta" o "libera" a un pecador penitente
de sus pecados perdonándolo por causa de Cristo.
La Proclamación del Perdón Como Centro
La proclamación del perdón de Dios en el nombre de Jesús es el centro de la
práctica luterana de la confesión privada. Los luteranos retienen la práctica por las
palabras de absolución, las cuales fortalecen la fe en Cristo y dan alivio frente al
pecado.
Innovación Litúrgica y Sabiduría Pastoral
Una "Aventura Audaz en el Evangelio"
Incluir la forma indicativa-operativa de Confesión y Absolución al comienzo del servicio
es una característica relativamente nueva, una audaz aventura en el Evangelio,
esperando que el consuelo común que da a los pecadores no los lleve a despreciar el
arrepentimiento y el perdón de los pecados como "común," sino a buscarlos y
atesorarlos más y más.
Uno de las reformas hechas por Lutero a la Liturgia del Rito Romano fue precisamente
hacer público y congregacional el rito de preparación de la Confesión. Anteriormente
sólo el sacerdote, en su intimidad ante el altar, hacia oración de confesión por sus
pecados. Lutero hizo que esa oración fuese no sólo sacerdotal sino congregacional.
Equilibrio Entre Confesión General y Privada
La confesión general en el servicio público debe complementar, no reemplazar, la
confesión privada. Como enfatiza la catequesis luterana: "En el sermón, el cristiano
escucha la 'absolución general' que es predicada a toda la congregación. Pero en la
confesión privada, escucha el Evangelio predicado específicamente a él."
Elementos Esenciales de la Confesión Luterana
De acuerdo al Catecismo, hay varios elementos claves que son parte de cualquier orden
de confesión y absolución:
1. Confesión de pecados en voz alta frente al pastor
2. El deseo de recibir el perdón de los pecados en Cristo
3. Las palabras de la absolución pronunciadas por el pastor al penitente
4. Palabras de consuelo adicionales pronunciadas por el pastor
Aplicación Pastoral
Catequesis Viviente
Esta confesión y absolución sirve como catequesis viviente, enseñando las doctrinas
fundamentales del pecado original, justificación por fe sola, y la autoridad
ministerial derivada de Cristo. La liturgia se convierte en maestra de la fe, preservando
la sana doctrina contra las desviaciones de cualquier época.
Preparación para los Sacramentos
La confesión y absolución no es un fin en sí misma, sino preparación para recibir
dignamente la Palabra de Dios y los Sacramentos. Como dice el material catequético: "La
confesión y absolución nos llevan diariamente a nuestras promesas bautismales."
El Gran Tesoro del Ministerio
Como enfatizaba Lutero, debemos prestar más atención a lo que Dios nos dice a través
del pastor que a lo que nosotros decimos a Dios en nuestra confesión. Aquí vemos el
gran tesoro de la confesión: la palabra del Evangelio.
Decir que no tenemos necesidad de la confesión y de la absolución es decir que no
tenemos pecado y que, por lo tanto, no tenemos necesidad del Evangelio.
"Ningún ministro debería abrir su boca, sea predicando o en catequesis, a menos que
pronuncie la absolución por causa de Jesús."
"¡Qué regalo, dado inmediatamente, el de una conciencia limpia delante de Dios! ¡Para esto
está el pastor!”
“El fundamento del perdón no es nuestro dolor por el pecado... sino la muerte de Cristo por
nosotros, para que podamos estar seguros de él."
"Buscamos juntos nuevamente lo que Dios está listo a conceder: el perdón de los pecados que
permanece para nosotros en el Bautismo, que está presente para nosotros en el escuchar del
Evangelio, y que nos aguarda en el comer de la santa Cena de Cristo."
___________________