Soberanía Cuestionada
Soberanía Cuestionada
Al consumarse la Independencia, México heredó un territorio muy extenso. El país era tan
amplio que no se sabía con precisión cuáles eran los límites fronterizos hacia el norte; por
ello, una de las encomiendas primordiales de los primeros dirigentes del México
independiente fue organizar política y administrativamente la nación.
La primera forma de gobierno adoptada fue el imperio. Empero, cuando se perfiló la
independencia en 1821, el Plan de Iguala convocó a un miembro de la familia real española
a aceptar la Corona de México. No obstante, España no reconoció la independencia de su
antigua colonia y el cetro imperial recayó en Agustín de Iturbide. Uno de los objetivos, en lo
referente a la política exterior española durante la tercera década del siglo xix,fue recuperar
sus antiguas posesiones en América y reconquistar los territorios perdidos durante las
luchas independentistas,entre los que la Nueva España era sumamente apreciada.
En tanto, en México, el imperio de Iturbide no terminó por asentarse. Después de un breve
tiempo, el emperador fue derrocado. El Congreso Nacional optó por la conformación de una
república, y en octubre de 1824 promulgó la Constitución. Este cuerpo legislativo erigió a
México en una república federal. El general Guadalupe
Victoria, antiguo insurgente, fue electo primer presidente, aunque durante su gestión se
empezó a delinear la brecha entre grupos políticos antagónicos, que comenzaron a perfilar
sus planes y proyectos con miras a la siguiente elección presidencial.
Los actores políticos se reunieron en torno a las logias masónicas; la escocesa agrupó a los
individuos de tendencia centralista, y fue representante de las
clases acomodadas. Por su parte, los grupos de tendencia federalista se articularon en
torno al rito de York.
Una de las consecuencias de la apertura de México a la vida independiente
fue el inicio de las relaciones diplomáticas y comerciales con otros países. Las
nuevas naciones americanas de entrada adoptaron una forma de gobierno, novedosa: la
república, a diferencia de la mayoría de los Estados europeos que
eran regidos por monarquías. El hecho de que la Corona española no reconociera la
independencia de sus antiguas colonias complicó su integración al
concierto de las naciones, ya que el resto de las monarquías europeas en apoyo
a Madrid tampoco lo hicieron. Lo mismo ocurrió con el Vaticano, situación que
puso en un severo dilema a los noveles gobernantes americanos; sostener su
independencia implicó confrontar a la cabeza de la institucionalidad religiosa,
a pesar de que, como en el caso mexicano, la Constitución definió a la religión
católica como la única de la nación. De tal forma que las naciones que sí reconocieron la
independencia de México fueron las repúblicas de América del Sur,
recién emancipadas de España, así como Estados Unidos y la Corona inglesa
que aceptaron de facto a las nuevas naciones. Por tanto, la independencia y
la soberanía de México nacieron cuestionadas; sostenerlas implicó defenderlas
tanto por la vía diplomática como por la de las armas contra conjuras políticas,
agresiones e intervenciones militares.
El intento de reconquista española
En noviembre de 1825, la armada mexicana comandada por el capitán Pedro
Sáinz de Baranda logró desalojar al último reducto de tropas españolas que se
encontraban acantonadas en la fortaleza de San Juan de Ulúa en Veracruz. Esta
acción otorgó solidez al gobierno de Guadalupe Victoria y dio un aliento a su administración.
Sin embargo, la capitulación de la fortaleza no significó la aceptación de la independencia
mexicana por parte de la monarquía española. A pesar de los esfuerzos diplomáticos que
realizaban los representantes mexicanos, aquella nación se negó repetidamente a
reconocer la existencia independiente de México.
A los españoles en México se les consideró como un peligro latente para la estabilidad del
régimen republicano, en vista de los vínculos con su patria de origen. Para confirmar estos
temores, a principios de 1827 el Gobierno mexicano descubrió la existencia de una
conspiración encabezada por el fraile dieguino Joaquín Arenas, quien buscó el apoyo de los
españoles residentes en México para derrocar al Gobierno y restaurar la soberanía
española. Arenas fue arrestado y la conspiración desarticulada. Algunos meses más tarde,
el comerciante Eugenio de Aviraneta se propuso organizar una expedición de reconquista,
que tampoco tuvo éxito. El incidente del padre Arenas ocasionó que el Congreso formulará
una ley de expulsión de los españoles, que fue decretada por el presidente Victoria el 20 de
diciembre de 1827. A consecuencia de esta ley, una gran cantidad de españoles se exilió.
El gobierno del presidente Victoria llegó a su fin y el relevo en la presidencia se vio
enturbiado por una acre contienda electoral. En el formato de votación indirecta, las
legislaturas de los estados votaron en su mayoría por el general moderado Manuel Gómez
Pedraza. La decisión debía ser ratificada por el Congreso General, pero tras varios
incidentes en la capital, que incluyeron la quema del mercado El Parián y la renuencia de
Gómez Pedraza a asumir la presidencia de la República, el Congreso indicó que las
legislaturas estatales no habían palpado correctamente el sentimiento de la población y se
pronunció por el general Vicente Guerrero, antiguo insurgente y héroe de la independencia,
para ocupar el cargo.
En estas circunstancias, el monarca español Fernando VII, presionado por los españoles
que habían abandonado México, promovió la formación de una expedición de reconquista.
La expedición militar, organizada en la isla de Cuba Por el gobernador Francisco Dionisio
Vives, estuvo integrada por cerca de 4000 hombres, provistos de municiones y armas
suficientes para, al tocar tierra, levantar otro ejército entre los partidarios de la monarquía
española.
Al frente de la expedición se nombró al brigadier Isidro Barradas. A principios de julio de
1829, los expedicionarios partieron de Cuba en 40 buques de transporte, además del navío
Soberano, las fragatas Lealtad y Restauración,el bergantín Guerrero y la goleta Amalia.
Debido a las malas condiciones del tiempo, la expedición se vio obligada a atracar en el
puerto de Nueva Orleans,desde donde emprendió la marcha hacia México, a donde llegaría
con tan solo 3000 hombres.
El 26 de julio, a mediados del verano, los expedicionarios desembarcaron en Cabo Rojo, al
norte del estado de Veracruz. Desde este lugar, el comandante de las fuerzas
expedicionarias emitió una proclama, por medio de la cual invita a los soldados mexicanos
que habían servido años atrás a la Corona española,a unirse a su causa para restaurar la
soberanía de Fernando VII. Tres días más tarde, las fuerzas de ocupación emprendieron la
marcha con rumbo a Tampico,Tamaulipas. En los días siguientes, las fuerzas de Barradas
se apoderaron de Pueblo Viejo, en Veracruz, así como de Fortín, ubicado en la margen
derecha del río Pánuco. También fueron ocupadas por los españoles las poblaciones Doña
Cecilia, Tampico y Altamira.
Al tener conocimiento de la situación, el presidente Vicente Guerrero designó al general
Antonio López de Santa Anna para comandar las fuerzas mexicanas.El 7 de agosto, el
general López de Santa Anna se embarca con cerca de 800 soldados en Veracruz.
Enseguida, se dirigió a Pueblo Viejo, donde el 19 de agosto estableció su cuartel general.
Dos días más tarde, emprendió el ataque Tampico, defendido por cerca de 600 soldados
españoles. El general López de Santa Anna reanudó las hostilidades el 7 de septiembre,
enviando al general Manuel Mier y Terán rumbo a Doña Cecilia, para cortar las
comunicaciones entre los españoles que se encontraban en el Fortín y los que se hallaban
en Tampico.
Ante la inminencia de la ofensiva mexicana y lo diezmadas que se encontraban sustropas,
atacadas por la fiebre amarilla y el vómito negro, el brigadier Barradas pidió parlamentar con
Santa Anna, a lo cual el general mexicano se negó, exigiendoen cambio la rendición
incondicional.
En la madrugada del 11 de septiembre, Santa Anna arribó con sus tropas a Fortín, en donde
se libró una cruenta batalla. En medio de una torrencial lluvia,las tropas de Santa Anna
asaltaron la fortaleza. Los soldados españoles se defendieron con tenacidad. Ante la
dificultad de derrotar a los invasores, Santa Anna Ordenó la retirada, habiendo sufrido más
de 300 bajas, entre muertos y heridos.
No obstante, al concluir la batalla, con sus tropas exhaustas y mermadas, el brigadier
Barradas aceptó la capitulación, firmando el mismo 11 de septiembre el Convenio de Pueblo
Viejo, por el cual se comprometió a no tomar otra vez las armas en contra de México. Se
garantiza la vida y los bienes de los integrantes de la expedición. Los prisioneros españoles
fueron remitidos a La Habana, mientras que Barradas se embarcó hacia Nueva Orleans.
La invasión de Barradas constituyó el último intento de la monarquía española por recuperar
la posesión de la que fuera la más importante y productiva de sus colonias americanas.
Constituyó también una invaluable lección para los residentes españoles en México, que se
convencieron de la inviabilidad de establecer el régimen virreinal. Por otra parte, el triunfo
sobre los invasores españoles contribuyó a afirmar la conciencia de la ciudadanía en torno a
la independencia de la nación y a fortalecer los lazos de identidad entre los mexicanos.
Adicionalmente, México se presentó ante otras naciones como un país capaz de mantener
su soberanía frente a la amenaza bélica de una potencia europea.
Al inicio de la década de 1840 México era una joven nación, con apenas un cuarto de siglo
de existencia, con 6 millones de habitantes y un territorio de 4 millones de kilómetros
cuadrados. Entre las regiones de la república, destacaban por su gran extensión –y su
lejanía de la capital– California, Arizona y Nuevo México,habitadas en parte por inmigrantes
estadounidenses, quienes participaban activamente en la conducción política de sus
respectivas localidades. En estas circunstancias, era común que los habitantes
norteamericanos pugnarán por lograr una mayor autonomía, o bien, por la independencia
completa. Conscientes de esta problemática y de la presión que ejercía Estados Unidos
para que México Les vendiera estas tierras, los sucesivos gobiernos promovieron su
colonización con habitantes originarios de diferentes estados del país, aunque nunca con
los resultados esperados.
Estados Unidos de América, a partir de su independencia, inició un proceso de expansión
que lo llevaría a apoderarse de territorios de América del Norte, por medio de negociaciones
con la Gran Bretaña y de operaciones de compraventa que le permitieron adquirir Louisiana
y Florida. Sin embargo, el proceso expansionista de Estados Unidos no se limitó a la
negociación y compra de territorios a naciones europeas como España, Francia e Inglaterra.
Al irse agotando las posibilidades de crecimiento hacia el oeste, los norteamericanos
voltearon sus ojos hacia la República mexicana, proponiendo a los sucesivos gobiernos la
compra de territorios como los de Texas y California. Al no obtener una respuesta favorable
a estas ofertas, y presionado por las demandas expansionistas de diversos sectores de la
población, el Gobierno norteamericano comenzó a considerar la posibilidad de arrebatar a
México, mediante las armas, los territorios que eran de su interés.
En los primeros meses de 1845, el Gobierno de Estados Unidos aceptó anexar Texas, en
tanto que se apoderó por la fuerza del territorio ubicado entre los ríos Bravo y Nueces,
perteneciente a los estados de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas. Con el objetivo de
provocar un incidente que sirviera de pretexto para justificar una invasión, el general
Zachary Taylor estableció un campamento militar en el territorio de Tamaulipas, al norte del
río Bravo. Después de una escaramuza entre las fuerzas mexicanas y norteamericanas,
ocurrida el 25 de abril de 1846, el presidente James Polk declaró ante el Congreso: “Sangre
norteamericana ha sido derramada en suelo norteamericano”, como justificación para la
declaración de guerra contra México, el 13 de mayo de 1846.
El coronel norteamericano Stephen Kearny fue encomendado para desplegar sus tropas en
el oeste y ocupar California y Nuevo México; entre agosto y septiembre de 1846 consiguió
apoderarse de San Francisco, la bahía de Monterey (California, México), Santa Clara, Los
Ángeles, San Diego y Santa Fe. A pesar de todo, en California las fuerzas estadounidenses
encontraron una fuerte resistencia popular, que en poco tiempo se organizó a manera de
guerrillas que lograron recuperar importantes poblaciones, incluso Los Ángeles. Un brazo
de esta columna militar estadounidense avanzó por Paso del Norte hasta ocupar la ciudad
de Chihuahua, no sin antes enfrentar una férrea defensa mexicana en la batalla de
Sacramento, a las afueras de la capital del estado, el 28 de febrero de 1847.
Por otra parte, los generales norteamericanos John Wool y Zachary Taylor Recibieron el
encargo de emprender una incursión desde el río Bravo, por los estados de Tamaulipas y
Nuevo León. A lo largo de esta campaña los norteamericanos se enfrentaron a las tropas
mexicanas en las batallas de Palo Alto, Monterrey y La Angostura, lo que les permitió
apoderarse de Matamoros, Monterrey,Ciudad Victoria y Saltillo.
El 8 de mayo de 1846, en el llano de Palo Alto, situado a unos 30 kilómetros al norte de
Matamoros, se desarrolló la primera batalla formal entre los ejércitos contendientes, en la
que la efectividad de la artillería norteamericana y las deficiencias técnicas y estratégicas de
los mexicanos, ocasionaron la fuerte derrota del general Mariano Arista y sus tropas.
El 20 de septiembre de 1846, la ciudad de Monterrey fue atacada por los estadounidenses,
al mando del general Taylor. Durante cuatro días, los soldados mexicanos, comandados por
el general Pedro Ampudia, resistieron con escasas municiones, contando con el apoyo
activo de la población civil, entre la que se encontraban mujeres y niños. No obstante, el 24
de septiembre Ampudia capítulo y los norteamericanos se apoderaron de la plaza.
El 22 de febrero de 1847, en el paraje conocido como La Angostura, a las afueras de
Saltillo, el ejército mexicano se batió con valentía en contra de los estadounidenses, que
estuvieron a punto de ser derrotados. Tras 24 horas de combate, los soldados mexicanos,
exhaustos, sin parque y sin haber probado bocado,emprendieron la retirada.La resistencia
que México presentó al invasor en el norte de la república,obligó a Estados Unidos, en
octubre de 1846, a abrir un nuevo frente, esta vez al mando del general Winfield Scott,
quien seguiría la misma ruta utilizada por Hernán Cortés en la conquista de México:
desembarcó en Veracruz para de ahí dirigirse a la Ciudad de México. El 9 de marzo de 1847
aparecieron frente al puerto de Veracruz 70 barcos de guerra norteamericanos, que
pusieron en tierra 13000 efectivos. La ciudad fue bombardeada por espacio de cinco días.
Tras doblegar a los mexicanos en Veracruz, las fuerzas norteamericanas emprendieron la
marcha rumbo al Altiplano Central. El 18 de abril de 1847, en el paraje conocido como Cerro
Gordo, cercano a la ciudad de Xalapa, lograron una importante victoria sobre el ejército
mexicano. El 15 de mayo, sin encontrar resistencia, las tropas invasoras ocuparon la ciudad
de Puebla; ahí permanecieron por cerca de tres meses en espera de los reemplazos del
ejército.Una vez en el Valle de México, el ejército mexicano fue vencido en Padierna,donde
privan las rencillas y enconos entre los mandos militares de Gabriel Valencia y Antonio
López de Santa Anna. Tras la derrota en Padierna, Santa Anna ordenó el repliegue del
ejército hacia la Ciudad de México, dando instrucciones a los generales Manuel Rincón y
Pedro María Anaya de que defendiera el convento y puente de Churubusco, para proteger
la retirada de su ejército. En la mañana del 20 de agosto, alrededor de 6000 efectivos de las
fuerzas norteamericanas emprendieron el ataque al puente y al convento de Churubusco.
En este último, los soldados mexicanos erigieron un parapeto y un foso con agua para
obstaculizar el avance enemigo. Los estadounidenses iniciaron el asedio y fueron
rechazados por los batallones mexicanos Independencia, Bravos y San Patricio. Al agotarse
las municiones, las fuerzas mexicanas, que no sobrepasaban los 1300 efectivos,
continuaron embistiendo al enemigo valiéndose de bayonetas. Finalmente, ante la
imposibilidad de resistir, el general Anaya rindió la posición frente al general David Twiggs.
El 8 de septiembre, después de 16 días de armisticio, los norteamericanos emprendieron la
ofensiva al Molino del Rey, que operaba como fábrica de cañones, y a la casamata,
depósito de pólvora, al poniente de la ciudad. Tras su victoria en Molino del Rey, Scott atacó
el Castillo de Chapultepec. Las fortificaciones para defender este estratégico punto nunca
se concluyeron, a pesar de que se trabajó arduamente durante el armisticio. El Castillo, que
albergaba en ese entonces al Colegio Militar, contaba con una modesta fuerza de 832
soldados, distribuidos en el cerro y en el edificio. Allí se encontraba también un grupo de
cadetes que se habían negado a abandonar el edificio, a pesar de la orden del director de la
institución. Al amanecer del 12 de septiembre, la artillería estadounidense abrió fuego.
Informado del ataque, el general Santa Anna envió, casi al final del día 13 de septiembre,
tan solo a un batallón, el Activo de San Blas, al mando del coronel Felipe Santiago
Xicoténcatl, quien murió al pie del cerro sin poder llegar a auxiliar a los combatientes. A
pesar de la resistencia que presentaron los soldados de la Guardia Nacional y el medio
centenar de alumnos del Colegio Militar, los norteamericanos lograron apoderarse de la
fortaleza. A raíz
Después de la derrota de Chapultepec, el general López de Santa Anna determinó que su
ejército abandonara la capital.
La mañana del 14 de septiembre de 1847, las fuerzas invasoras entraron al Zócalo de la
Ciudad de México e izaron la bandera de barras y estrellas sobre el Palacio Nacional, la
cual permaneció ondeando durante nueve meses, hasta el 12 de junio de 1848, fecha en
que la Guardia Nacional izó nuevamente el lábaromexicano. Durante toda la ocupación
norteamericana, la población de los barrios se amotinó constantemente en protesta por la
ocupación yanqui, y una y otra vez fue severamente reprimida por el ejército invasor.
Mediante la firma de un tratado en la villa de Guadalupe Hidalgo, en el que los diplomáticos
mexicanos evitaron que el país tuviera que ceder Sonora,Chihuahua y Baja California, se
legalizó el despojo de más de la mitad del territorio: la Alta California, Nuevo México, Texas
y la región entre los ríos Nueces y Bravo, más de 2400000 kilómetros cuadrados. Tras la
firma, las fuerzas de ocupación comenzaron a abandonar el país.El general Bazaine ataca
el fuerte de San Xavier o la Penitenciaría en el Sitio de Puebla, el 29 de marzo de 1863
Jean Adolphe Beaucé, 1867 Musée National du Château de Versailles, Francia 280 méxico,
grandeza y diversidad La firma de los Tratados de Guadalupe Hidalgo significó para
Estados Unidos el logro de los objetivos territoriales que se trazó al declarar la guerra a
México y la culminación de una empresa de conquista y su proceso expansivo,iniciado
desde fines del siglo xviii. La derrota mexicana y la pérdida territorial sacudió la conciencia
de los mexicanos, enfrentados a la posibilidad de futuras intervenciones norteamericanas
que pusieran en peligro la integridad territorial y política de la nación; también les permitió
ser conscientes del hecho de que la victoria estadounidense se había logrado en buena
medida por la falta de unidad e identidad de los mexicanos. En respuesta a esta amenaza,
surgió en México una importante corriente nacionalista que se preocupó por promover en
lapoblación la formación de una conciencia de identidad nacional, a través de laeducación
formal, la literatura histórica, la ritualidad cívica, el teatro y las diversas formas de expresión
artística.
Siguiendo su estrategia de invadir y luego negociar, en 1852, colonos estadounidenses se
apoderaron del territorio de La Mesilla, al norte de Chihuahua,que tenía una extensión de
109574 kilómetros cuadrados. La situación del país no permitía más que una débil defensa
diplomática, por lo que el presidente Santa Anna se vio obligado a vender ese territorio; a
cambio, Estados Unidos se comprometió a pagar 10 millones de pesos. La transformación
de la región dio como resultado la expansión del territorio del país vecino y la reducción del
nuestro, dando lugar a una reconfiguración y reconstrucción de México y de su nueva
identidad.
La intervención francesa
Después de la guerra contra Estados Unidos surgieron dos partidos políticos bien
diferenciados, con proyectos de nación claros, pero antagónicos. Por un lado, Lucas
Alamán consolidó poco antes de su muerte el Partido Conservador,cuyo programa recogía
el principio centralista de la preeminencia del poder central sobre las regiones para lograr la
estabilidad del país, a la vez que proponía el gobierno de las clases propietarias, por ser las
más interesadas en la estabilidad y desarrollo; la preservación de los privilegios de la Iglesia
católica y del Ejército por ser, respectivamente, el vínculo de unión más poderoso entre los
mexicanos y una garantía de seguridad nacional, así como el desarrollo y modernización de
la economía apoyada en una política proteccionista, incluso optando por la monarquía como
opción de gobierno.
Por el otro lado estaba el Partido Liberal, que proponía un sistema federalista y
democrático, la creación de una sociedad moderna sin clases privilegiadas y una economía
basada en los principios del liberalismo económico. Ambos proyectos, al ser mutuamente
excluyentes, entraron en conflicto y llevaron a dos guerras civiles en la década de 1850: la
Revolución de Ayutla (1854-1855), que derrocó a Santa Anna de la presidencia, y la Guerra
de Reforma, para sostenerla Constitución de ideología liberal (1857-1860).
La Guerra de Reforma tuvo su origen en la oposición de los conservadores a la
promulgación de la Constitución Federal de 1857, redactada por un Congreso Constituyente
de mayoría liberal, y culminó con la derrota del Partido Conservador. Benito Juárez,
presidente de la República y líder de los liberales durante aquel conflicto, enfrentó sin
embargo una situación económica desesperada en el momento del triunfo, que lo llevó a
suspender el pago de la deuda externa en 1861, lo que a su vez produjo las inevitables
protestas de los gobiernos de Inglaterra, España y Francia, principales acreedores de
México.
El triunfo liberal no fue definitivo; en 1861 las guerrillas conservadoras asestaron dolorosos
golpes con el asesinato de los destacados liberales MelchorOcampo, Santos Degollado y
Leandro Valle. No obstante, estos desplantes militares no fueron suficientes para un
segmento del partido conservador, que se propuso traer al país un monarca extranjero que,
apoyado por el ejército de una gran potencia, terminar con el régimen liberal instituido por la
Constitución de 1857 y las Leyes de Reforma. La monarquía podía ser una opción
mexicana, pero para 1861, tras la derrota militar en la Guerra de Reforma, los
conservadores
identificaron que para implementarla, forzosamente se requería el apoyo de un ejército
extranjero. Los diplomáticos conservadores José Manuel Hidalgo y Juan Nepomuceno
Almonte encontraron en Francia la potencia dispuesta a sostenerla intervención.
José Manuel Hidalgo logró convencer al emperador francés Napoleón III de apoyar la
instauración de una monarquía en México. Napoleón III, de tiempo atrás, se sentía
interesado en el proyecto de crear una monarquía en este país y pensó que era el momento
oportuno, pues Estados Unidos, envuelto en su propia guerra civil, no podría hacer valer la
Doctrina Monroe y oponerse a una intervención europea en América. Fue entonces cuando
decidió acceder a la petición de apoyo de los monarquistas mexicanos y comprometerse
aportando las tropas y los recursos necesarios para imponer a un príncipe europeo en el
trono mexicano. El elegido fue el archiduque Maximiliano de Habsburgo, hermano menor
del emperador de Austria-Hungría. Una vez que Napoleón concedió su apoyo al proyecto
monárquico, comenzó a hacer gestiones ante el Gobiernoaustriaco con el fin de convencer
al archiduque de aceptar el trono de México.
En septiembre de 1861, enterados de que el Gobierno mexicano se negaba a pagar su
deuda externa, Inglaterra, España y Francia decidieron presionar al presidente Juárez
enviando a las costas mexicanas fuerzas de mar y tierra, con la misión de ocupar las
aduanas y así asegurar el pago de la deuda. Con tal motivo, los tres gobiernos firmaron en
Londres una Convención en la que se acordó exigir a México protección para los súbditos
extranjeros y el cumplimiento de las obligaciones financieras.
El 8 de diciembre de 1861 desembarcó en Antón Lizardo, Veracruz, la escuadra española
comandada por el general Juan Prim. Entre el 6 y el 8 de enero de 1862 fondearon en el
puerto los buques que transportaban al contingente inglés, bajo el mando del comodoro
Hugh Dunlop, acompañado por el comisionado diplomático Charles Wyke, y al contingente
francés, comandado por el contralmirante Jurien de la Gravière y como comisionado Dubois
de Saligny.Contrario al pensamiento y deseos de su Gobierno, el general Prim estaba
seguro de que en México el Partido Conservador estaba derrotado y de que su ala
monárquica no era lo suficientemente fuerte ni influyente como para contar con amplio
apoyo popular. Así, empeñado en mantener a su país lejos de semejante peligro, Prim se
condujo como un aliado de México y sostuvo la postura de restringir el objetivo de la
expedición al simple cobro de la deuda.
Sin embargo, debido a que el clima de la costa comenzó a provocar enfermedades entre las
tropas intervencionistas, los comandantes de la expedición decidieron avanzar hacia el
interior del país. El Gobierno de Benito Juárez, a través de su ministro de Relaciones
Exteriores, Manuel Doblado, hizo una llamada a conferencia para establecer las bases de
un futuro acuerdo. En el encuentro celebrado unos días después en La Soledad, Veracruz,
el general Prim, representante de las naciones intervencionistas, y el ministro Doblado,
firmaron los Preliminares de La Soledad, en los que se declaraba que los mexicanos no
requieren del auxilio de ninguna potencia extranjera para gobernarse a sí mismos, y
acordaron que las fuerzas extranjeras podrían alojarse en Córdoba. No obstante, las
verdaderas intenciones de los franceses no tardaron en aflorar. Elcomisionado Dubois de
Saligny se empeñó en nulificar los Preliminares de La Soledad: primero presentó como
monto de la deuda que Francia reclamaba la cantidad de 12 millones de pesos, cifra a todas
luces exagerada. Poco después,el diplomático conservador Juan Nepomuceno Almonte
llegó a Veracruz con instrucciones expresas de Napoleón III de derribar al Gobierno
republicano y sentar las bases de un nuevo imperio. Juárez exigió la inmediata expulsión de
Almonte, pero los franceses lo acogieron en su cuartel general. El 6 de marzo,para acabar
con cualquier duda acerca de las intenciones de Napoleón, arribó a Veracruz un refuerzo
francés de 5000 hombres, bajo el mando del generalCharles Latrille de Lorencez.La llegada
de Almonte y del refuerzo francés produjo el resurgimiento de diversos grupos
conservadores mexicanos que lo reconocieron como jefe de la causa monárquica, y
organizados en partidas se dirigieron a Veracruz con el fin de unirse a las fuerzas
extranjeras. Juárez expidió la Ley del 25 de enero de 1862, que condenaba a muerte a todo
aquel que se uniera a los invasores conspirar en contra de la soberanía de México. Prim y
Wyke exigieron a Saligny Que abandonara su conducta conspiradora, pero ante la
terminante negativa del comisionado francés no tuvieron más remedio que disolver la
Alianza Tripartita y retirar de México a las fuerzas españolas e inglesas a fines de abril. Los
franceses iniciaron su marcha hacia el Altiplano mexicano, dirigiéndose primero hacia
Orizaba. El general Ignacio Zaragoza, comandante en jefe del Ejército de Oriente,decidió
esperar al enemigo en Puebla, ciudad que fue fortificada a toda prisa para asegurar al
ejército mexicano una posición defensiva ventajosa ante los franceses.
Por su parte, el general Lorencez se dispuso a emprender el asalto al Fuerte De Guadalupe,
en Puebla, con 4000 soldados. Zaragoza, al percatarse de que Lorencez atacaría, envió a la
brigada del general Felipe Berriozábal a reforzar la del general Manuel Negrete, para formar
una línea de defensa entre los fuertes de Loreto y Guadalupe, y evitar que estos fueran
rodeados y atacados por la retaguardia.
Hacia el mediodía del 5 de mayo la artillería francesa comenzó el cañoneo, y las columnas
de ataque avanzaron. Los zuavos, soldados de infantería argelinos al servicio del ejército
francés, llegaron hasta las murallas del Fuerte de Guadalupe; a pesar de que fueron
castigados severamente por la artillería mexicana,algunas compañías lograron atravesar el
foso y escalar las murallas. En aquel momento, los mexicanos se lanzaron a la lucha cuerpo
a cuerpo, lo que dificulta la situación de los franceses, que comenzaron a ceder poco a
poco. Lorencez Ordenó tocar la retirada hacia las cuatro de la tarde. El saldo de los
franceses fue de 50 muertos, 304 heridos y 127 prisioneros, mientras que el de los
mexicanos fue de 83 muertos y 132 heridos.
La noticia del triunfo de México fue acogida con júbilo en todo el país: una nación débil con
un ejército improvisado y mal armado, había logrado doblegar al que se consideraba el
ejército más poderoso del mundo. La victoria abría para los mexicanos una nueva
dimensión de esperanza y de confianza en el futuro de la nación, enfrentada a una de las
más graves amenazas de su historia, además de que se ganó muy valioso tiempo.En
Francia, la noticia de la derrota produjo tal indignación que Lorencez Fue destituido, y
Napoleón III determinó disponer de hombres y recursos conlos cuales vengar lo que se
consideró una afrenta, pues un contingente del que entonces se pensaba era el mejor
ejército del mundo había sido derrotado por el de un país al que se le escatimaba el título de
civilizado. Consciente de que la empresa de instalar la monarquía en México exigiría más
tiempo y recursos, Napoleón preparó una nueva expedición militar, esta vez conformada por
más de 30000 hombres al mando del general Élie Frédéric Forey, que llegó a Veracruz era
el general Jesús González Ortega, quien luego de resistir por dos meses,tuvo que rendirse
el 17 de mayo y entregar la plaza. La caída de Puebla determinó la destrucción del ejército
mexicano y que la capital de la República quedará a merced del invasor. Ante ello, el
presidente Juárez decidió salir hacia San Luis Potosí, no sin antes declarar que los poderes
nacionales y el Gobierno marcharon con él. Al mismo tiempo llamó al pueblo a organizar
una guerra de guerrillas para paliar la falta de un ejército y seguir resistiendo a los invasores
hasta expulsarlos.
El 10 de junio de 1863 los ejércitos intervencionistas, reforzados con varios contingentes del
resurgido ejército conservador, entraron en la Ciudad de México, y desde ahí comenzaron a
destacar fuerzas con la misión de tomar las principales ciudades. Juárez tuvo que seguir
huyendo hacia el norte, mientras en la capital, siguiendo instrucciones de su emperador,
Forey establecía un Gobierno provisional que organizaría la vida política en tanto el
archiduque Maximiliano aceptaba el trono de México y llegaba al país entre agosto y
septiembre de aquel año.
Forey comenzó a preparar un nuevo ataque contra la ciudad de Puebla, que llevó a cabo
casi un año después. Para el 16 de marzo de 1863, el ejército francés se ubicó frente a
Puebla y comenzó a establecer un sitio formal. Debido a que Zaragoza había muerto en
septiembre, el comandante del Ejército de Oriente.
El trono imperial de México fue ofrecido por los conservadores a Maximiliano el 3 de octubre
de 1863. Él puso por condición contar con la voluntad del pueblo mexicano; los
monarquistas le aseguraron que este estaba ansioso por tener un monarca, y las tropas
francesas en México se encargaron de levantar actas de adhesión al Imperio en los
territorios ocupados. Así, el 10 de abril de 1864, Maximiliano aceptó el trono y firmó los
Tratados de Miramar, documento en el que se establecieron las condiciones bajo las cuales
el emperador de Francia se comprometía a sostener al nuevo emperador. Tales condiciones
hicieron descansar el peso de los gastos de las tropas francesas en México en el Gobierno
de Maximiliano, quien contrajo una enorme deuda antes de arribar al país. También se
estableció que el ejército francés sostendría al nuevo emperador hasta 1867, año en que
sería retirado luego de formar un ejército imperial mexicano. Maximiliano no disfrutaría del
mando supremo sobre el ejército francés, sino que tendría que compartirlo con el mariscal
Achille Bazaine, ni tampoco tendría derecho a administrar su propia hacienda, derecho que
Napoleón se adjudicó para asegurarse el pago de los gastos de su ejército. En tales
condiciones, el nuevo monarca desembarcó en Veracruz el 28 de mayo de 1864 y poco
después se instaló en la capital. Muy pronto se dio cuenta de que su posición era muy
insegura y de que Napoleón y los monarquistas lo habían engañado con respecto a que el
pueblo mexicano ansiaba un monarca. La resistencia republicana en forma de guerrillas se
generalizó a tal grado, que Bazainey sus tropas no eran capaces de pacificar el país. Si bien
eran dueños de las principales ciudades, el resto del territorio estaba dominado por los
guerrilleros juaristas que mantuvieron en constante alarma a las tropas imperiales. Esto
hacía que de hecho coexistieron dos gobiernos en México, uno republicano,
errante,encabezado por Juárez, y otro imperial, con sede en la Ciudad de México.
Los gastos de guerra comenzaron a debilitar al Gobierno imperial; además,Maximiliano
entró en conflicto con los conservadores debido a que ratificó la reforma liberal y adoptó
otras medidas de corte reformista. Sus relaciones con el mariscal Bazaine tampoco fueron
buenas, con lo cual quedó políticamente aislado. La imposibilidad de reprimir la resistencia
republicana convenció a Napoleón III de que el Imperio mexicano estaba condenado al
fracaso. Además,una guerra contra Prusia se veía muy próxima y Estados Unidos,
terminada la Guerra de Secesión, dio muestras de inconformidad con la presencia francesa
en América. Así, Napoleón decidió retirar su ejército de México en 1867, tal como lo
establecen los Tratados de Miramar, sin importar que Maximiliano no hubiera consolidado el
trono. En 1866, diversos dirigentes liberales, como Porfirio Díaz, Mariano Escobedo,
Jerónimo Treviño y Mariano Riva Palacio, lograron formar nuevos ejércitos con los que
iniciaron una decidida contraofensiva hacia el centro del país, aprovechando que las tropas
francesas iban retirándose poco a poco, con objeto de embarcarse a Francia. Napoleón
advirtió a Maximiliano que pronto iba a ser abandonado, de modo que le recomendó abdicar
y regresar a Europa. Maximiliano estuvo dispuesto a seguir este consejo, pero los militares
conservadores, entre otros Miguel Miramón, Tomás Mejía y Leonardo Márquez, lo
convencieron de que aún era posible mantenerse en pie de lucha y le ofrecieron sus
conocimientos y experiencia militares para formar un ejército imperial con el cual combatir a
Juárez. El emperador aceptó, y mientras los franceses abandonaron el país a principios de
1867, él y sus generales abrieron una campaña en contra de los republicanos. Sin embargo,
el desacuerdo entre los jefes conservadores determinó que el ejército imperial permaneciera
inactivo en Querétaro, mientras que el general republicano Mariano Escobedo reunió un
gran ejército con los cuerpos que se encontraban dispersos. Enfrentados a un enemigo
superior, Maximiliano y sus generales decidieron encerrarse en Querétaro y resistir ahí el
asedio. Tal decisión resultó fatal, pues Escobedo estableció un sitio que acabó por
agotarlos. La madrugada del 15 de mayo de 1867, las tropas republicanas lanzaron el
asalto final contra las posiciones imperiales en Querétaro. El emperador fue hecho
prisionero, poco después juzgado por una corte marcial y condenado a muerte. El 19 de
junio, en compañía de los generales Miramón y Mejía, fue fusilado en el Cerro de las
Campanas. La derrota del proyecto imperial y de la Intervención francesa representó el
fracaso definitivo de las tendencias monárquicas de una parte de la élite política mexicana,
y con ello la definición del Estado nacional mexicano como una república federal, liberal y
laica, y un modelo de desarrollo económico y social regido por los principios del liberalismo;
los conservadores habían fallado en construir una alternativa a este modelo. También
determinó que los gobiernos extranjeros olvidaran la vieja tesis de que México requería la
tutela de una gran potencia para consolidar su orden interno, pues se comprobó que los
liberales habían desplegado ampliamente su proyecto de nación, que al implementarse
debería ajustarse a un país tan diverso y complejo.