EL ULTRAPASE
El título de esta clase, el ultrapase, me resuena a una sutil ironía de Miller
que pone en juego un significante para nombrar algo que está en juego en
la enseñanza de Lacan y que va tomando distintas formas según el avance
de la mísma ; se trata del pase y su articulación en los distintos momentos
teóricos. Con el ultrapase, da nombre a aquello que era también
nombrado como el otro pase o el pase bis y que se refiere al pase en los
tiempos de la orientación por lo real; el pase en el momento clínico del
sinthome.
En esta clase del curso que ha sido denominado de distintas maneras
hasta desembocar en “El Uno solo”, Miller da cuenta de lo que para él fue
una contingencia. En las Jornadas que se desarrollaron en Montpelier en
el año 2011, se encontró con lo que denominó el punto de capitón de este
curso. Dicho de otro modo, en un instante el significante y el significado,
se iluminaron como uno solo; fue sin duda un instante de ver.
Se encuentra con el sinthome como la última consistencia clínica de la que
habló Lacan, sintiéndose concernido en dilucidarla, dando cuenta de lo
que en cada momento de elaboración teórica fue una consistencia clínica
con respecto al pase.
Para la época de Lacan que conocemos como la primacía de lo simbólico,
Miller señala la primera consistencia clínica en las formaciones del
inconsciente que llaman al descifrado del inconsciente en donde se oculta
una verdad reprimida; es una clínica del desciframiento y de la
interpretación. Podemos pensarlo como una clínica del ser que situaría el
pase en un decir sobre el deser del sujeto del inconsciente que dejaría
intacto el real del goce.
En la siguiente consistencia lógica que Miller llama la del fantasma,
considera que Lacan introduce el fantasma como un mixto del
inconsciente y del ello freudiano. El final de análisis no se orienta pues ya
por el desciframiento del inconsciente solamente si no que aparece una
consistencia de goce que llamará objeto “a”, que como sabemos forma
parte de la fórmula del fantasma (Sujeto barrado losan a), que llevará el
final de análisis y el pase a otro lugar, a lo que llamó atravesamiento del
fantasma, donde el pasante dará cuenta no solo de la caída de las
identificaciones y su ser para el Otro del lenguaje, si no que también
tendrá que dar cuenta del objeto que fue para el Otro en su fantasma, el
del sujeto.
Lacan seguirá sus elaboraciones hasta dar cuenta de que el objeto no es
fundamental en sí mismo, si no que es un jalón alrededor del cual la
pulsión vuelve al cuerpo. El cuerpo pues, goza, hay una reflexsibilidad del
goce. Es el autoerotismo freudiano que podemos considerar un nombre
de la pulsión de muerte y por ende del goce.
Tenemos pues el deseo como deseo del Otro del lenguaje y la pulsión
como pulsión del Uno; por tanto, dice Miller puede que la pulsión no esté
totalmente o nada de acuerdo con el deseo; “ no es lo mismo ser un
hombre de deseo que un hombre de pulsión”. Nos aboca al epígrafe que
denomina atravesamiento del fantasma para hacernos notar que el final
de análisis participa no solo de la caída de las identificaciones en el trabajo
de deser del sujeto, si no que también hay que dar cuenta del pequeño
“a” como tapón de la falta, como último escollo para dar cuenta de una
cierta positividad del goce como existencia para el sujeto; es lo que
denomina como: “…lo que grapa la falta en ser del sujeto a la existencia”.
Apunta que todas estas elaboraciones van en la dirección de dar cuenta
del sinthome como última consistencia clínica de Lacan y en este pasaje,
se detiene en un nuevo concepto de inconsciente en donde se incluye el
ello freudiano; es lo que conocemos como inconsciente real.
Si intentara explicarme a mí mismo el inconsciente como real, lo llamaría
el punto en donde un S1 ya no llama más a un S2 para dar sentido,
manteniéndose como Uno solo; estaríamos entonces en la materialidad
del significante, un significante que opera como goce sentido, como letra
que hace borde al fuera de sentido.
Es el momento del pasaje del sujeto del inconsciente al parletre que está
más interesado en el goce del cuerpo que en el sentido de sus
identificaciones. Dirá Miller: “… no hay sentido sin goce y, entonces, no
hay significante en el que el deseo no esté conectado con la pulsión. La
raíz del Otro es el Uno. El ser hablante es aquel que al hablar, superpone
un ser al cuerpo que tiene. Superpone el ser al tener, a su tener esencial
que es el cuerpo”.
Desde aquí marcará su epígrafe “Lo real y lo escrito” como un modo de
orientarnos en la última enseñanza de Lacan, donde se pone en primacía
lo real, que tendrá mucho más que ver con la escritura que con la palabra
hablada. De entrada hay lo real a lo que seguidamente se superpone el
significante, que viene a percutir lo real del cuerpo y ese choque, ese
traumatismo, produce en el ser hablante una falla que es tanto el falo
como la falta; falla inicial que tiende a ampliarse salvo dice Miller, que:”
experimente el cese de la castración como posible…ahí está el nuevo
sentido de la castración: lo que hace cesar los embrollos del sentido”.
Son frases de Miller que os traigo para que en la conversación se me
aclare alguna cosa.
Se trata de aprehender como la escucha de la letra permite al analista
orientar la cura por lo real, en tanto es lo real lo que permite el
desembrollo del sentido. Miller apunta cosas cuando dice que el
significante efectúa el significado mientras que la letra es materia.
En este momento de aprehender, he hecho un pequeño recorrido por
otros textos de la misma Freudiana en donde se publica esta clase.
Hebbe Tizio, en su texto “Otro saber hacer”, nos dice: “Por eso el analista
no escucha, lee en lo que escucha, lee mas allá de la repetición la
iteración”. Esto me sirve para pensar lo que me parece muy importante en
la cura orientada por lo real; la diferencia entre repetición que tiene que
ver con el sentido y la iteración que tiene que ver con la marca, con la
letra, con la materialidad del significante.
Monserrat Puig, dice citando a Miller en su texto “Que satisfacción en el
final del pase”, cito: “… lo real es el goce más su iteración. El sinthome es
la iteración en su encuentro con lo real. Los S1 separados de la semántica
que los enlazaba transferencialmente, tienen un estatuto de letra”.
También una frase tomada del texto de Rosa Godinez “”Repetición/
Iteración: Decir y hacer en el final de análisis”, me sirve por su simpleza:
“Repetición sería decir siempre lo mismo, iteración hacer siempre lo
mismo”. O la frase de Guy Briole en su texto “Lo irreductible”: “El parletre
no es lo que dice, es lo que hace”.
Me es difícil sintetizar en exceso una clase como esta, intento no ser
denso para propiciar la conversación; a partir de aquí, intentaré traer las
frases del texto que me sirven como balizas para entrar en la clínica del
sinthome:
-: “Siempre habrá restos sintomáticos porque la naturaleza del goce es
resistir al sentido”
-: “El psicoanálisis herético…es en todo caso una práctica que corresponde
al ultrapase en el que el análisis tiene que vérselas con los restos
sintomáticos cuando el paciente no parece conformarse con ellos” . En ese
momento, el psicoanálisis se convierte en un destete del sentido”
-:” La lógica es la ciencia de lo real…el sintome se trata de un uso lógico.”
-: “Lo real del sinthome que Lacan nos propone es la pura percusión del
cuerpo por el significante”.
-: “Reencontrar la percusión inicial, se trataría de un uso lógico que sería
capaz de agotar el sentido”.
Me guía en todo esto, una cierta respuesta a la pregunta del ultrapase,
concluyendo que es el pase de una cura orientada por lo real.
Miller dice: “El espacio del otro pase es actualizar el sentido del síntoma
psicoanalítico…es lo que viene en primer plano en el otro pase; decir de
que está hecho vuestro apego al psicoanálisis, al goce del psicoanálisis… se
trata de una práctica des sublimada…sin la ficción de la verdad y sin la
ficción de los universales”. Pone como ejemplo el arte que no hay que
entenderlo como una sublimación, si no que es del orden del síntoma y
hay que entenderlo desde el auto erotismo del parletre.
Apuesta como dirección de esta práctica, entender por ejemplo que en el
obsesivo, el trozo de cuerpo en juego es la mirada, que es ahí de donde
hay que arrancarlo, que el padre y las identificaciones, vienen a tapar eso.
Para entender de qué objeto se trata, cuál es su estatuto, pregunta que
llevo desde hace tiempo dándole vueltas, me he encontrado con una frase
de Guy Briole en su texto “Reconocerse…en lo que se es”, que me ha
resultado esclarecedora en gran manera, leo: “Es precisamente eso lo que
estaba en cuestión, un pedazo de cuerpo que no podía concebirse en
términos de agujero, por haber estado recubierto de lo que fue mi
historia”.
Esto me hizo entender que el objeto perdido desde siempre, no puede ser
si no un agujero, cuyo litoral será marcado por los S1 solos.
A modo de epílogo:
Cada S1 de las identificaciones, cuando cae al final de la hystorización de
un análisis, queda, una vez vacío de sentido, una vez no remite más al S2
del saber; queda como letra de goce. Al final de un análisis cada S1 en su
enjambre dibuja en su iteración el litoral entre el ser de lenguaje y el
agujero que es el goce opaco del sinthome; siendo este litoral la iteración
de lo Uno sobre el cuerpo. Habrá que desalojar el “a” que acampa sobre
este agujero velándolo, dejando desvelado el circuito pulsional que surge
del cuerpo y vuelve a él mismo sin ningún sentido más que la repetición
pulsional del goce auto erótico.
Esto nos puede dar una idea de la topología del nudo en torno al real del
goce como imposible; que Lacan nombra como “no hay relación sexual”.
El ultrapase marca para un analista un cambio de posición de la
interpretación a una intervención silenciosa de sentido frente a un sujeto
que no puede soportar sus restos sintomáticos al estar enganchado toda
vía a la verdad del saber y no cede a lo real como imposible de saber. Es
en esta posición que el analista podrá quizás llevar al parletre a su
existencia como gozante a través del S1 solo dibujando el agujero del ya
nadie.
Tenemos pues:
S1---------------------S2-------Formaciones del inconsciente
S1--------------------“a”-------Fantasma
S1--------------------Agujero—Sinthome
Tomando esta última formula y tomando lo femenino como conjunto
agujereado, podría pensarse, podrá tomarse el Sinthome como el saber
hacer de cada parletre con lo femenino que lo habita.
Ricardo Rubio
Noviembre 2018
Texto presentado en el Seminario de la Escuela en Valencia