0% encontró este documento útil (0 votos)
2K vistas88 páginas

Attorney Privilege - Alexa Riley

Cargado por

alennam2002
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
2K vistas88 páginas

Attorney Privilege - Alexa Riley

Cargado por

alennam2002
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Sotelo, gracias K.

Cross
Attorney Privilege
LOVE AND LAWYERS
BOOK TWO
ALEXA RILEY

Sotelo, gracias K. Cross


Dedicado a nuestro editor Eagle, que sigue aguantando nuestras
tonterías.

Sotelo, gracias K. Cross


By Alexa Riley

Emerson no podría ser una novia más reacia. La están obligando


a aceptar un matrimonio concertado por el bien de la reputación
de sus padres, y no tiene otra opción. Cuando acude al despacho
del abogado para firmar el acuerdo prenupcial, no espera que él
le advierta. Tampoco espera que él la haga sentir como si fuera
la mujer más hermosa del mundo.
Gideon Bennett echa un vistazo a la mujer comprometida que
tiene en su oficina y sabe que ella no puede firmar el acuerdo
prenupcial. No solo porque le quita poder y dinero, sino porque
ella le pertenece. Solo que ella aún no lo sabe. Él hará todo lo que
esté en su mano para hacerla suya, y eso incluye saltarse el
privilegio abogado-cliente.

El amor y los abogados rompen todas las reglas cuando tres


mejores amigos encuentran su felicidad eterna. Acompáñenos
mientras echamos por tierra el orden de la sala del tribunal y
dejamos el juicio en la puerta.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 1
EMERSON

Es una tontería, pero solo tengo pequeñas formas de rebelarme.


Si mi madre quiere volverme loca, yo haré lo mismo, y así las dos
seremos infelices juntas. Aun así, me estremezco cuando oigo mi
nombre gritado desde el jardín.
— ¿Qué? — respondo mientras termino de podar el rosal.
—Ven cuando te llame. — Repito las palabras al mismo tiempo
que ella las dice. Si hay algo que caracteriza a mi madre es que es
predecible.
—Ya voy. — grito mientras me levanto y me sacudo la tierra de
las rodillas.
— ¿Hablas en serio, Emerson? Sabes que estamos a punto de
salir y que ese vestido vintage de Chanel cuesta dos mil dólares.
¿Cómo se me ha podido olvidar la reunión con el abogado sobre
mi acuerdo prenupcial? Qué romántico. Me pregunto por qué no
contrato a mi propio abogado en lugar de utilizar los servicios de
Conner, pero supongo que no importa. No es que tenga nada a mi
nombre. Todo pertenece a mis padres.
— ¿En serio? — Frunzo la nariz mientras miro mi vestido. No es
que sea horrible. Es de color verde menta, pero tiene un cuello bonito.
Es lo que mi madre llamaría un vestido de té, pero a mí me parece que
es algo que llevaría una muñeca. —Ni siquiera tiene bolsillos.

Sotelo, gracias K. Cross


—Ve a lavarte las manos. — Suspira y pone los ojos en blanco.
—El conductor está aquí.
El conductor se llama Charlie, pero dudo que a ella le importe.
Mi madre se preocupa por cosas más importantes que las personas
que trabajan para ella.
—Está bien. — concedo.
¿Qué otra opción tengo cuando mis padres controlan mi vida?
Aunque no estoy segura de que mi madre esté de acuerdo con mi
opinión al respecto, porque si lo estuviera, no estaría jugando en la
tierra.
—Te lo juro, voy a quitar todo este jardín.
Sus palabras me dan un vuelco al estómago, pero me cuido de
no responder. En parte porque ella ya se está alejando y, de todos
modos, voy a perder el jardín. Ver cómo lo arrancan después de todos
los años que le dediqué me rompería el corazón. Este lugar es mi
santuario y el pequeño pedazo de libertad que se me ha permitido.
Aquí afuera, el espacio es abierto y puedo respirar. Las paredes no se
cierran sobre mí como cuando estoy con ellas.
Cuando entro, Mason me mira con aire de disculpa. Cuando me
vaya, él será a quien más eche de menos. Imito el gesto exagerado de
poner los ojos en blanco que mi madre siempre le hace, lo que lo hace
sonreír. Es algo que hacemos, imitarla a sus espaldas. Es una de las
cosas que hace y que siempre me hace sonreír.
Mientras me lavo las manos en el fregadero de la cocina,
contemplo por enésima vez si podría escapar. No estoy segura de
adónde iría, ya que podría ser la persona rica más pobre del mundo.
¿Existe eso?
Estoy rodeada de una riqueza con la que algunas personas
sueñan y, aunque tengo cubiertas mis necesidades básicas, si saliera
por la puerta, no tendría nada ni ningún lugar adonde ir. Ni siquiera
tengo un maldito documento de identidad ni sé dónde están mi tarjeta
de Seguridad Social o mi certificado de nacimiento. El infierno se
congelaría antes de que mi madre me entregara cualquiera de esas
cosas.

Sotelo, gracias K. Cross


Vivimos fuera de la ciudad, así que tendría que caminar mucho
para llegar a cualquier lugar. Con todos los podcasts sobre crímenes
reales que escucho, el secuestro parece una posibilidad. Supongo que
eso es lo que les pasa a todas las chicas que caminan solas por una
carretera desierta. Aun así, si llegara a la ciudad, ¿qué haría? Supongo
que podría dormir en un banco.
—Te dije que nos íbamos. — me espeta mi madre.
—Lo siento. — Me seco las manos y, cuando me doy la vuelta,
me arrebata la toalla.
—Tienes suciedad en la cara. — Me frota la mejilla con
brusquedad y yo intento apartarme.
—Ouch.
—Deja de hacerte la dramática. — Sus ojos me recorren de arriba
abajo. — ¿Dónde está el anillo?
Oh, mierda. Buena pregunta. ¿Dónde está el anillo? No lo sé,
porque siempre me lo quito. Odio esa maldita cosa. Es llamativo y se
engancha en todo. También me recuerda que faltan pocos días para
que me case con Conner.
Él también me recuerda que, si salgo por la puerta, estaré jodida
de verdad. Soy una mierda leyendo a las personas, y él me da todas
las pruebas que necesito. En un momento dado, no pensé que fuera
un completo idiota infiel, pero vaya si me equivoqué.
— ¿En mi habitación?
— ¿Me lo estás preguntando o me lo estás diciendo? — Mi madre
no parece poder ocultar su irritación.
—Ahora vuelvo. — La esquivo y me apresuro a ir a buscarlo, pero
la alfombra se engancha en mi talón y casi me caigo de bruces. Por
suerte, me agarro al mostrador antes de caer y oigo la desaprobación
de mi madre detrás de mí.
—Es evidente que esas clases no valen lo que cuestan. — Resopla
y pasa junto a mí dando pisotones. —Nos vemos en el coche. No vamos
a hacer esperar a la gente solo porque tú te comportas como una niña
tonta.

Sotelo, gracias K. Cross


En realidad, yo disfrutaba de las clases de etiqueta. Mi profesora
era muy simpática y las clases de baile de salón eran lo mejor. Bueno,
lo eran hasta que me di cuenta de que estaba aprendiendo esos bailes
para mi futuro esposo. Entonces dejó de ser tan divertido.
Corro a mi habitación y busco mi anillo presa del pánico. Busqué
en Google si podía empeñarlo, pero al parecer una novia tiene que
devolver el anillo si no se celebra la boda. ¿Me meterían en la cárcel?
Al menos tendría alojamiento y comida gratis.
—Ems. —Me giro al oír mi nombre. Mason está de pie en la
puerta de mi habitación sosteniendo mi anillo. — Deja de hacer un
desastre y coge esto.
— ¿Dónde lo dejé?
—En el jardín.
—Claro. — Cojo mi bolso antes de quitárselo y me lo pongo en el
dedo a regañadientes. —Gracias. — Le doy un beso en la mejilla antes
de bajar corriendo las escaleras y salir por la puerta principal hacia el
coche que nos espera. —Gracias, Charlie. — Saludo afectuosamente a
nuestro chófer mientras me abre la puerta. También lo echaré de
menos.
Es triste que vaya a echar más de menos al personal que a mis
padres, pero ellos no están tan presentes. Estoy acostumbrada a que
no estén, y el personal son las personas que me han cuidado y me han
tratado con amabilidad.
Miro por la ventana mientras atravesamos las puertas de la finca
de mi familia.
Normalmente, me emociono cuando puedo irme, pero hoy no.
Esta es otra lección de vida que tengo que aprender por las
malas. Realmente hay que tener cuidado con lo que se desea, porque
puede que se cumpla.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 2
GIDEON

—En cuanto dejes el teléfono, podremos terminar esta reunión.


— le digo, pero Landon sigue sonriendo mientras mira su pantalla.
—Déjalo en paz, está enamorado. — me dice Spencer.
—Eso no es culpa mía. — Suspiro profundamente, pero Landon
sigue sin levantar la vista.
—Ya verás, algún día tú también...
—No me eches la culpa. — interrumpo a Spencer antes de que
pueda maldecirme con lo que sea que le esté pasando a Landon. Miro
mi reloj y veo que se me acaba el tiempo, así que dejo de ser amable.
—Landon, si no dejas el teléfono, le voy a contar a Piper aquella vez
que te cagaste en la piscina del campamento.
—Fue porque no sabía nadar. — dice sin apartar la vista del
teléfono. —Probablemente ella sentirá lástima por mí y hará algo para
que me sienta mejor.
Por fin levanta la vista del teléfono y sonríe como si le hubiera
tocado la lotería. Lo cual, según Landon, es así. Está convencido de
que Piper es lo mejor del mundo, pero no se da cuenta de que parece
un completo idiota.
—Ahora que tengo su atención, ¿alguien me puede explicar cómo
demonios me he visto envuelto en la redacción de un acuerdo
prenupcial con la prometida de Gamer?

Sotelo, gracias K. Cross


—Nos pidió que lo redactáramos como un favor personal y tú
eras el único que estaba libre. — Landon pone los ojos en blanco
porque ninguno de nosotros lo soporta. —Le dije que le ayudaríamos
con esto, pero que en el futuro debería recurrir al abogado de su papá.
— ¿Por qué querría utilizarnos para su acuerdo prenupcial? —
pregunto. —De todos modos, he tenido que pedirle los datos
financieros al abogado de su familia. Parece que les habría resultado
mucho más fácil y barato hacerlo internamente.
—Bueno, siempre ha tenido más dinero que sentido común. Pero
Gamer dice que es porque somos compañeros de universidad. —
Landon hace comillas con los dedos al pronunciar las dos últimas
palabras. —Pero tengo la sensación de que es porque no quiere que su
papi sepa que es un cabrón infiel.
— ¿Pero la prometida lo sabe? — pregunta Spencer.
—Si no lo sabe, es más idiota que su padre. — digo y cierro mi
portátil. —Era de dominio público cuando estábamos en la
universidad, y no parece que haya cambiado desde entonces.
—El acuerdo prenupcial parecía picante. — dice Spencer. —
¿Sabe ella que no recibirá nada si se divorcian? ¿Incluso si lo atrapa
con la polla dentro de otra mujer?
—Sí, claro, como si Unsaved Game pudiera follar con alguien el
tiempo suficiente como para que lo atraparan in fraganti.
Fuimos nosotros quienes le pusimos a Conner Merritt el apodo
de Gamer. No porque fuera bueno con las mujeres, sino porque todas
las que se acostaban con él bromeaban sobre lo rápido que se corría.
Yo decía que era como jugar a un videojuego y que este terminara
inesperadamente. Unsaved Game se convirtió en Gamer, y el apodo se
quedó. Hasta el día de hoy, no creo que Conner tenga ni idea de por
qué todo el mundo lo llama así.
— ¿Se lo vas a decir? — me pregunta Landon mientras me
levanto de la mesa.
—Estoy aquí para que firme, nada más. Si ella acepta casarse
con él, es culpa suya.
—Hmm. — dice Landon pensativo mientras mira su teléfono.

Sotelo, gracias K. Cross


Landon siempre ha tenido buen corazón, pero desde que conoció
a Piper, parece que ve la vida de otra manera. Nos ha contado algo de
su historia y entiendo por qué siente más simpatía por las mujeres en
apuros, pero ese no es el caso con este contrato. Su familia también
es adinerada, así que estoy seguro de que se trata de un acuerdo de
poder y nada más.
—Yo me encargo. — digo, y Landon asiente.
—Nunca dudé de ti.
—Al menos no tienes que ver a Gamer. — añade Spencer
mientras cojo mi portátil y una copia del acuerdo prenupcial.
—Pequeños milagros. — digo, pero antes de salir de la oficina,
Landon interviene.
—Nos ha invitado a la boda.
—Estoy ocupado. — digo por encima del hombro, sin molestarme
en fingir que iré.
Al salir de la oficina que compartimos Spencer, Landon y yo, casi
me tropiezo con Scout. —Oh, iba a buscarte. — dice. —La señorita
Brown está en tu oficina.
— ¿En mi oficina? ¿Por qué no en la sala de conferencias?
—Ella, um, está con su madre. — susurra Scout. —Pensé que
sería mejor darle un poco de privacidad.
—Ya veo. — Miro mi reloj. —Dame diez minutos y luego ven a
interrumpirme. No tardaré mucho.
—Lo haré. — dice ella y regresa al frente.
Paso por la sala de conferencias y echo un vistazo para ver a
nuestra asistente legal Judith hablando con quien supongo que es la
madre de Emerson Brown. Judith debería poder mantenerla distraída
el tiempo suficiente para que firme esto y lo quite de mi escritorio.
—Siento haberla hecho esperar, señorita Brown, pero... — Dejo
de hablar cuando una joven se levanta de la silla frente a mi escritorio
y se gira hacia mí.

Sotelo, gracias K. Cross


Sus ojos, del color de una tormenta en medio del océano, se
clavan en los míos y doy un paso atrás. Es como si me hubieran
golpeado físicamente y tuviera que recuperar el equilibrio.
—Lo siento. — murmuro mientras me acerco a ella y le tiendo la
mano.
—No llevo aquí mucho tiempo. — Su voz es suave y dulce, y
encaja con su aspecto suave y dulce. Lo que no encaja es su apretón
de manos y lo firme que es.
Contrasta con lo delicada que es, y me sorprende tanto que le
sonrío. —Qué agarre.
—Oh, no. — Suelta mi mano rápidamente y sus mejillas se tiñen
de un precioso tono rosado.
Me desconcierta la pérdida de contacto y lo mucho que ha
alterado mi comportamiento en cuestión de segundos. —Por favor,
siéntese.
Me obligo a no mirarla mientras rodeo mi escritorio y me siento.
Tengo que poner distancia entre nosotros y quizá medir mi presión
arterial. Probablemente esté resfriándome, eso es todo.
—Entonces, Game... — Me aclaro la garganta y vuelvo a
empezar. —El Sr. Merritt nos ha pedido que preparemos su acuerdo
prenupcial para su próxima boda.
—Eso es lo que me han dicho.
Levanto la vista de mi escritorio y sus tormentosos ojos grises
parecen tristes y resignados. No es mi trabajo preocuparme por ello,
ni es asunto mío preguntar por qué. Estoy aquí para que firme un
contrato y nada más. Probablemente esté triste porque Gamer es un
cabrón infiel, pero no me pagan por averiguarlo.
— ¿Y lo has leído? — le pregunto, volviendo al documento y
obligándome a ser profesional.
—Estoy segura de que mi madre lo ha leído. — Esta vez no parece
triste ni resignada, sino molesta.
—Tu madre no va a firmar esto. — le recuerdo, pero su expresión
no cambia.

Sotelo, gracias K. Cross


—Lo haría si pudiera. — dice tan bajito que casi no la oigo. Antes
de que pueda preguntarle, señala con la cabeza mi estantería, en la
pared junto a ella. —Tu filodendro necesita abono.
— ¿Mi qué?
—Tu filodendro. La planta.
—Ah, tenemos un servicio que viene a cuidarlas. — Parece
decepcionada cuando le digo esto y, curiosamente, odio la idea de
decepcionarla. —Pero les diré lo que me has dicho.
No dice nada, solo asiente y sigue mirando alrededor de la
habitación.
— ¿Te gustan las plantas? — ¿Por qué demonios le estoy
preguntando sobre plantas? Tengo que conseguir que firme el acuerdo
prenupcial y luego echarla de aquí para poder irme a hacer una
resonancia magnética.
—Me gusta la jardinería. — Sonríe, y por primera vez parece
sincera. Sus oscuros rizos caen sobre la suave curva de su hombro, y
siento una necesidad casi insoportable de acariciarla. —Pero no estoy
segura de poder seguir haciéndolo mucho más tiempo.
— ¿Por qué? — Tengo que dejar de hacer preguntas, pero mi
boca no obedece a mi cerebro. De acuerdo, es un derrame cerebral.
Estoy teniendo un derrame cerebral.
—Porque Conner vive en un apartamento. — Cuando no digo
nada, sus ojos tormentosos se encuentran con los míos. —Y se supone
que debo mudarme con él.
—Lo dices como si no tuvieras otra opción.
— ¿La tengo? — Se ríe, pero no suena nada gracioso. —Quizás
seas el único que piensa así.
Inclino la cabeza hacia un lado, tratando de resolver el
rompecabezas que tengo delante. He visto a Gamer con muchas
mujeres, pero ninguna se parece a Emerson. La mayoría sabían lo que
había y estaban ahí para pasarlo bien. No sé cómo esperaba que fuera
la mujer que se casaría con él, pero habría pensado que estaría feliz
por ello. Emerson parece estar frente a un pelotón de fusilamiento.

Sotelo, gracias K. Cross


—Siempre hay una opción. — digo, y entonces siento como si me
empujaran hacia ella.
Mira la placa con mi nombre en mi escritorio y luego me mira a
mí. Sonríe, pero la sonrisa no le llega a los ojos. —Sr. Bennet, con todo
respeto, no importa cuánto dinero diga ese papel que tengo, la opción
es un lujo que no me puedo permitir.
Mantengo su mirada durante un largo momento y, hay que
reconocerlo, ella no aparta la vista. Quiero decirle que no firme esto,
que se mantenga alejada de Conner Merritt o que salga corriendo de
aquí tan rápido como pueda. Pero no tengo oportunidad de decir nada
de eso antes de que la señora Brown irrumpa en mi oficina.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 3
EMERSON

Debe ser liberador tener siempre la posibilidad de elegir. Estoy


segura de que es algo que nunca experimentaré. En mi mundo, todo
tiene un precio, y siempre se paga con dinero.
—Sr. Bennet —mi madre se presenta. — Encantada de
conocerlo.
Siempre me sorprende cómo mi madre es capaz de hablar con la
gente. Está saludando al señor Bennet, pero lo hace con un tono que
le deja claro que quiere acabar pronto con él.
Le tiende la mano y él la estrecha, pero no se levanta de su
asiento. Reprimo una sonrisa porque sé que eso la molestará. ¿Él
también lo sabe?
—Llámeme Gideon. — le dice, pero sus ojos se desvían hacia mí.
—Muy bien, Gideon. — Mi madre da un paso atrás. — ¿Me
permite? — Señala la silla vacía a mi lado, indicando que él no le ha
ofrecido sentarse.
—A menos que prefiera quedarse de pie.
No tengo que mirar hacia ella para saber que probablemente ha
levantado la barbilla en señal de desaprobación. No le gusta su
respuesta, pero se sienta de todos modos.
— ¿Están listos los papeles? — pregunta, cruzando las manos
en su regazo.

Sotelo, gracias K. Cross


—Sí, pero hay cosas que debemos repasar.
—Emerson. — Mi madre me lanza una mirada penetrante y yo
me enderezo, corrigiendo mi postura. Una vez que lo hago, su atención
vuelve a Gideon. —No hay nada que repasar.
— ¿Ha leído las condiciones?
—Como he dicho, es una cuestión discutible.
—Tú no eres quien los firma, y no puedo permitir que nadie firme
un contrato que no haya leído. No es ético.
—Eres abogado. — se ríe mi madre. — ¿Qué te importa la ética?
—No he dedicado años a estudiar Derecho para arriesgar mi
licencia porque tú no quieras leer unas cuantas páginas.
Mi madre frunce los labios y creo que este viaje está resultando
más entretenido de lo que podría haber imaginado. Siempre me gusta
ver cómo alguien se enfrenta a mi madre. Nunca ganan, pero Gideon
parece estar dispuesto a aceptar el reto.
—Bien, si quieres perder tu tiempo y el nuestro. —Coge los
papeles de la mesa, me los entrega y se levanta. — Léelos. Voy a hacer
una llamada.
—Hágalo, señora.
—Señora Brown —corrige antes de salir del despacho de Gideon
tan rápido como ha entrado.
—Hiciste una buena impresión. Estoy bastante segura de que
ella fue a delatarte.
Gideon se encoge de hombros, sin importarle lo más mínimo.
Esta vez no puedo evitar la sonrisa que se dibuja en mis labios.
—De verdad que tienes que leerlos. Sinceramente, deberías
pedirle a tu propio abogado que los revise con lupa.
—Los leeré. — digo, porque no hay forma de que consiga mi
propio abogado.
Supongo que mi madre los hizo revisar por la suya, pero como
ella dijo, es una cuestión discutible. No tengo nada que perder, excepto
a mí misma.

Sotelo, gracias K. Cross


Busco mis gafas en el bolso, saco mi lector electrónico y lo coloco
sobre el escritorio. Luego cojo el mini kit de herramientas de
jardinería, echo un vistazo adentro para asegurarme de que no están
ahí antes de cerrarlo y colocarlo también sobre el escritorio.
—Mis gafas siempre se caen al fondo. — le digo, colocando mi
botella de agua rosa y la bolsa de ositos de goma encima. Gideon
inclina la cabeza hacia los ositos de goma, así que los empujo hacia
él. —Puedes coger algunos. — Empieza a coger la bolsa, pero mi mano
se posa sobre la suya. —Los verdes no.
—Entendido. — Suelta una pequeña risita. — ¿De qué sabor son
las verdes?
—De fresa.
— ¿En serio? ¿Y son verdes?
—De acuerdo, puedes probar uno, pero solo uno. — digo y
levanto un dedo. —Tiene sentido que seas abogado. Me has
convencido con demasiada facilidad. — Rebusco en mi bolso y saco
mis calcetines.
—Llevas calcetines en el bolso. — Sus ojos color avellana se alzan
hacia los míos.
— ¿Y si se mojan los que llevo puestos? No hay nada peor que
unos calcetines mojados.
—Te tomaré la palabra.
Abre la bolsa, saca un osito de goma y se lo mete en la boca. Me
mira con una media sonrisa, mostrando sus dientes blancos y
brillantes. Sus labios son tan carnosos como los que las mujeres
pagan por tener, pero todo en él transmite confianza sin esfuerzo.
Es ridículamente guapo, mide más de metro ochenta y tiene los
hombros anchos. Este hombre podría ser el ejemplo perfecto de cómo
lucir bien un traje.
— ¿Qué más tienes en la bolsa? — Creo que se está burlando de
mí. No lo pregunta con el mismo tono que mi madre cuando en
realidad no es una pregunta.
—Siempre hay que estar preparado.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Para un jardín? — Extiende la mano y coge la caja de
herramientas.
—Ojalá tuviera tanta suerte. — Niego. — ¡Ope, las he encontrado!
— Saco mis gafas de montura amarilla brillante y me las pongo.
Suspiro y recojo los papeles. —Ahora puedo leerlos.
En realidad no quiero hacerlo, porque sé que solo va a empeorar
las cosas. No hay nada que pueda hacer para cambiar lo que hay en
estas páginas, y saber todo lo que mi madre está dispuesta a aceptar
no me va a ayudar.
—Emerson. — Gideon pronuncia mi nombre con suavidad, con
más suavidad que nadie lo ha hecho antes. — ¿Por qué te vas a casar
con Conner? Sabes quién es, ¿verdad?
—Sí. — respondo con tristeza y asiento. —Aunque no descubrí
que era un infiel hasta después de aceptar casarme con él. Antes de
eso, estaba siendo estúpida.
—Solo serás estúpida si firmas esos papeles, y no tienes por qué
hacerlo.
Cojo el bolígrafo de su escritorio y garabateo mi nombre en la
última página. Cuando levanto la vista, sus hombros se hunden y una
expresión de decepción cruza su rostro. Su reacción me afecta más de
lo que debería.
—La vida no es un cuento de hadas. — le digo, odiando
parecerme a mi madre.
—Qué bien, ya has terminado. — dice mi madre al entrar en la
oficina de Gideon. —Tenemos tiempo para reunirnos con la madre de
Conner para almorzar.
Preferiría saltar desde este edificio, pero eso causaría un
escándalo, y mi madre no puede permitírselo. Resignada a mi destino,
me levanto y dirijo mi atención a Gideon.
—Gracias, señor Bennet. Ha sido un placer conocerlo. — digo
con sinceridad. Verlo enfrentarse cara a cara con mi madre puede que
haya sido lo mejor de mi año. Mientras guardo mis cosas en el bolso,
él se levanta y me ofrece los ositos de goma. —No pasa nada,
quédatelas.

Sotelo, gracias K. Cross


—Vamos, quítate esas gafas ridículas. — dice mi madre con tono
cortante, mientras sale de la oficina de Gideon.
—Encantado de conocerte. — me dice Gideon.
—No te olvides. — Doy un golpecito en la estantería donde está
el filodendro.
—Te prometo que no me olvidaré. Nunca.
La forma en que me mira cuando lo dice me hace pensar que no
se refiere en absoluto a la planta.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 4
GIDEON

—Oh, qué delicia, ositos de goma. — Spencer intenta coger la


bolsa que sostengo, pero la acerco a mi pecho, fuera de su alcance.
—Cómprate los tuyos. — le digo con el ceño fruncido.
—Vaya, ¿qué te pasa? ¿Todo bien con el acuerdo prenupcial de
Gamer?
—No. Quiero decir, sí. Pero no. — Miro fijamente a lo lejos
mientras pienso cómo responder a esa pregunta.
Desde que Emerson se fue, he estado en una nube de
incertidumbre preguntándome si debería ir al médico por mis
repentinos problemas de salud. Probablemente sea exactamente lo
que pensaba y esté teniendo un derrame cerebral. O tal vez tenga
algún tipo de virus que me está devorando el cerebro y esté a punto
de convertirme en un zombi.
— ¡Gideon! — grita Spencer mi nombre, y yo me sobresalto.
— ¿Qué?
—En serio, ¿qué pasa? ¿Ha ocurrido algo?
Meto la mano en la bolsa de ositos de goma y saco uno de los
verdes. — ¿Sabes que estos son de fresa?
— ¿Qué? No, ¿y eso qué importa? ¿Te has golpeado la cabeza?
—Creo que me estoy convirtiendo en un zombi. — digo más para
mí mismo, y entonces entra Landon.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Has firmado el acuerdo prenupcial? — pregunta, pero estoy
demasiado ocupado mirando por la ventana y observando a los pájaros
que vuelan. ¿Alguna vez los había visto antes?
—Creo que tiene una conmoción cerebral. — le dice Spencer a
Landon. —Está actuando de forma extraña. — Vuelve a coger los
ositos de goma y yo los aparto de su alcance. —Y no quiere compartir
sus caramelos.
— ¿Cuándo es la boda? — digo, apartándome de la ventana y
mirando a Landon. —Necesito saberlo.
—Oh, mierda. — Landon palidece al mirarme.
— ¿Qué pasa? — Spencer se coloca junto a Landon y ambos me
miran como si fuera un animal en el zoológico.
—Está enamorado. — dice Landon justo antes de echarse a reír.
—No es verdad. — Le lanzo una mirada asesina y guardo los
ositos de goma en el bolsillo de mi chaqueta.
—Oh, mierda. — repite Spencer las palabras de Landon y luego
se dobla por la mitad, uniéndose a la broma.
Su acusación me ha sacado de mi nube de emociones, y me digo
a mí mismo que es algo bueno. No puedo sentarme aquí y soñar
despierto con lo que podría ser, especialmente cuando no es una
posibilidad.
—Vamos, Gideon, no te enojes. — Landon intenta dejar de reír,
pero veo que le cuesta. —Lo siento, es que... ¿La prometida de Gamer?
¿En serio?
—No es eso. — digo, pero incluso a mí me suena a mentira. —
Ella no quiere casarse con él y no quería firmar el acuerdo prenupcial.
Creo que su madre la está obligando a hacerlo.
— ¿Por qué haría eso? — Spencer se pone serio mientras procesa
lo que estoy diciendo.
Abro mi portátil y lo giro hacia ellos. —Después de que se
marcharan, llamé al contable de la familia de Gamer y les pedí que me
enviaran las finanzas de Emerson. Les dije que quería incluirlo en el
acuerdo prenupcial.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Tenían sus finanzas? — pregunta Landon mientras mira la
pantalla.
—Más o menos. El padre de Gamer tiene todo tipo de contactos.
Sabía que la habría investigado para cubrirse las espaldas si algo salía
mal. Pero, por lo que parece, sobre el papel, Emerson apenas existe.
No tiene cuentas bancarias, ni tarjetas de crédito, ni siquiera un
fideicomiso familiar a su nombre.
—Eso es muy raro. — dice Spencer, haciendo eco de mis
pensamientos.
—Y su familia tiene dinero, mucho dinero. Su padre es Malcom
Brown.
— ¿El Malcom Brown? — pregunta Landon. Asiento.
— ¿El tipo que dirigía todas esas instituciones financieras que
quebraron? — Spencer levanta la cabeza de golpe.
—No antes de aceptar un rescate del gobierno y utilizarlo para
darse un paracaídas dorado para su jubilación.
—Es un auténtico pedazo de mierda. — dice Landon, haciéndose
eco de mis pensamientos.
—Creo que ha hecho un trato con el padre de Gamer, y el pago
es su hija. — Espero a que digan algo, pero Spencer y Landon solo se
miran el uno al otro. Algo en su expresión me irrita. — ¿Qué?
—Mucha gente ha concertado matrimonios. — dice Spencer con
suavidad.
—Lo sé. — Mis palabras suenan duras, pero no me importa. Me
inclino y cierro el portátil de un golpe. —No soy idiota. Las familias
ricas hacen esto todo el tiempo.
—Entonces, ¿qué pasa? — Landon se acerca, pero yo ya estoy
caminando hacia la salida. —Gideon, háblanos.
—Ese acuerdo prenupcial era una mierda, y ella lo sabía. Sabía
que la estaban vendiendo como ganado y lo firmó de todos modos. —
Cuanto más lo pienso, más me enojo. —Emerson no tiene ni un dólar
a su nombre, y la única opción que le han dado es casarse con un
hombre que la tratará como una mierda.

Sotelo, gracias K. Cross


—Entiendo lo que dices, pero...
—No pasa nada. — digo, interrumpiendo a Spencer. No pasa
nada, joder, pero ahora mismo no puedo estar aquí. —Me voy a tomar
el resto del día libre. Nos vemos mañana.
—Gideon, no te vayas —me grita Landon, pero ya estoy en el
ascensor golpeando los botones con el puño.
— ¿Todo bien, señor Bennet? —pregunta Scout desde la
recepción.
La idea me hace detenerme mientras se abren las puertas del
ascensor. —Llama a la asistente de la señora Brown, la que concertó
la cita de hoy. Quiero que averigües cuál es su agenda para mañana.
— ¿Quiere concertar una reunión con ella? —Scout parece
escéptica, pero lo anota.
—No, estoy tratando de averiguar cuándo va a estar fuera de
casa.
Con tan poca información sobre Emerson, imagino que su madre
la tiene muy controlada. A solo unos días de la boda, apuesto a que
no se separará de ella ni un momento. Conseguir estar a solas con ella
puede ser imposible, pero tengo que intentarlo.
Mientras entro en el ascensor vacío, la imagino caminando hacia
el altar para casarse con Conner Merritt.
Cuando se cierran las puertas, grito con todas mis fuerzas.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 5
EMERSON

¿No se supone que comprar el vestido de novia es algo divertido?


Yo imaginaba que lo sería, pero la realidad es muy diferente. Parece
que por eso la gente las llama bodas de cuento de hadas. No hay nada
real en ellas.
Si fuera yo quien planificara mi boda, querría que fuera especial
e íntima. No se parecería en nada a la que han organizado mi madre
y la madre de Conner, Makayla. Me han pedido muy poca opinión y
no parece importarles lo más mínimo.
—Estamos esperando. — dice mi madre.
Nikki, la dependienta de la tienda de novias, frunce los labios.
Nikki ha sido muy amable conmigo, pero noto que está intentando
ocultar su antipatía hacia mi madre y Makayla.
—Un momento. — le respondo, sin querer que entre aquí. Su
presencia definitivamente no ayudará.
—Acabemos con esto. — le digo a Nikki en voz baja. Lo digo tan
bajo que solo ella puede oírme, y levanta las cejas con sorpresa.
—Este es feo. Lo sabes, ¿verdad? — Eso no era lo que decía hace
unos momentos, cuando Makayla y mi madre se deshacían en elogios.
—No te queda bien.
Yo pensaba lo mismo, porque me costaba respirar con él puesto.

Sotelo, gracias K. Cross


—Lo sé, pero no es precisamente mi elección. — Cojo la copa de
champán que me ha dado y le doy un sorbo. Las burbujas me queman
la nariz, pero lo trago y se la doy a Nikki. Ella da un gran sorbo antes
de dejarlo sobre la mesa.
—Muy bien. — dice Nikki antes de correr la cortina.
Camino por la pequeña pasarela hasta donde Makayla y mi
madre están sentadas al final. Cada paso me llena de temor, pero
supongo que es una buena representación de cómo será mi boda. Sé
que tendré la misma sensación cuando camine por el pasillo hacia
Conner, que se ha convertido en un gran dolor en mi trasero. ¿Quién
diría que si ignoras a alguien, mostrará más interés? Tengo que
empezar a fingir que soy pegajosa. Entonces quizá vuelva a evitarme.
— ¿Qué opinas, Makayla? — le pregunta mi madre a la mujer
que está a su lado. De verdad le importa su opinión. Si mi madre cree
que una persona está por encima de ella, lo que significa más dinero
y poder, empieza a imitarla. Antes me parecía molesto y extraño, pero
ahora lo veo como algo triste y mezquino.
—Sus caderas parecen muy anchas con ese vestido. — Los ojos
críticos de Makayla recorren mi cuerpo de arriba abajo y queda claro
lo que piensa de mí.
—No hay tiempo suficiente para que pierda más peso. — Mi
madre suspira con fastidio, mostrándose de acuerdo. —Lo delgado
vuelve a estar de moda.
¿Respirar? Porque me cuesta respirar con esta cosa puesta.
—Pruébate otro. — Makayla me despide con un gesto de la mano
y yo vuelvo corriendo por la pasarela.
Cuando llego al fondo, Nikki cierra rápidamente la cortina detrás
de mí.
—No puedo respirar. — Me doy la vuelta para que pueda desatar
los cordones que me ha atado para meterme en esta cosa.
Debido a lo corto del compromiso, el vestido tiene que ser casi
de confección. Solo tendrán unos días para hacer los arreglos, pero
parece que a todos les preocupa más que me ponga un vestido que les
guste que mi bienestar.

Sotelo, gracias K. Cross


—Mierda. — maldice Nikki, y yo me llevo la mano al pecho.
Intento ralentizar mi respiración y no entrar en pánico, pero la
sensación de claustrofobia cobra vida dentro de mí. —Está atascado.
—Oh, Dios mío. — Mi respiración se acelera, lo que sé que no
ayuda, y tengo que tragar aire. Veo manchas negras bailando ante mis
ojos y creo que voy a desmayarme.
—Muévete. — dice una voz grave que recuerdo muy bien.
Cuando miro por encima del hombro, Nikki se aparta y Gideon
está ahí de pie. ¿De dónde ha salido?
—Eso es caro. — le dice Nikki y luego se estremece cuando
Gideon agarra la parte trasera del vestido.
—Lo pagaré. — le dice él y, con un fuerte tirón, la tela se rompe.
El material no puede con su fuerza, y yo respiro hondo mientras el
vestido cae al suelo.
— ¿Eres el novio? — pregunta Nikki.
—Sí, ¿nos das un momento?
¿Acaba de decir que es el novio?
—Por supuesto.
—No les digas que estoy aquí. — Gideon asiente desde detrás de
la cortina y Nikki le sonríe.
—Las mantendré ocupadas. — Ella se escabulle, dejándome sola
con Gideon.
—Estás aquí. — Me giro para mirarlo, pero cuando Gideon me
mira, recuerdo que el vestido ya no está. —Oh, mierda.
Me quedo ahí parada, sin saber qué hacer. Solo llevo puesto un
sujetador y unas bragas, y ni siquiera hacen juego.
—Permíteme. —Gideon alcanza una bata de seda blanca que
cuelga de un gancho a mi lado. Juraría que tarda una eternidad en
cogerla y entregármela, pero una vez que lo hace, me la ato
rápidamente por delante.
—Lo siento.

Sotelo, gracias K. Cross


—No te disculpes por eso. —sonríe y yo me humedezco los labios
nerviosamente.
¿Está insinuando que le gusta lo que ve? No, descarto ese
pensamiento. Gideon parece el tipo de hombre que sale con mujeres
con clase y elegantes. Esa no soy yo, por mucho que mi madre lo
intente.
— ¿Qué haces aquí?
—Buscando un vestido de novia.
—Ah. — Claro, ha sido una pregunta estúpida. ¿Por qué otra
cosa estaría aquí? Entonces me doy cuenta de que él también se va a
casar.
Me invade una decepción que no debería sentir. No he estado
pensando en Gideon de la forma más adecuada, pero ¿es culpa mía
que, cuando anoche estaba leyendo un libro obsceno, fuera su rostro
el que imaginaba como el del héroe? No podía evitarlo, aunque
tampoco lo intenté con mucho empeño.
—Te estaba tomando el pelo. — Inclina la cabeza hacia un lado,
con una media sonrisa en los labios. Es juguetón y desarmante.
— ¿Entonces no te vas a casar? — Intento no ponerme nerviosa
bajo su mirada, pero es casi imposible.
—Por ahora no. — Es una forma extraña de responder, pero
supongo que yo también soy extraña. Al menos, eso es lo que me han
dicho antes.
—Bueno, eh... —Echo un vistazo a mi alrededor. — Estás aquí
—digo por segunda vez. — ¿Hay algún problema? —¿Por qué otra
razón estaría aquí si no fuera porque hay algún problema?
—No he podido dejar de pensar en ti. —Su sincera confesión me
deja sin aliento. Es lo último que pensaba que diría. Suponía que
probablemente no volvería a pensar en mí después de nuestra
reunión. —El acuerdo prenupcial.
Oh. Por eso está aquí. Claro. Qué tonta soy.
—Lo he firmado.
—Pero aún no lo has leído.

Sotelo, gracias K. Cross


—Estás muy obsesionado con eso. — digo, y Gideon se pasa los
dedos por el pelo, con aire frustrado. — ¿Estás enojado conmigo?
—Estoy enojado porque te están jodiendo con este acuerdo
prenupcial. Ni siquiera quieres saber la parte sobre los hijos. — Abro
la boca, pero la cierro rápidamente. No había llegado tan lejos en mi
cabeza.
—Dios mío. — susurro para mí misma. ¿Por qué no había
pensado en la posibilidad de tener hijos? Mi corazón da un pequeño
vuelco antes de apagarse rápidamente. La idea de tener hijos con
Conner me da ganas de vomitar, pero la idea de no tenerlos nunca me
duele en el pecho. —Ni siquiera quiero tener sexo con él, y mucho
menos procrear. — digo antes de poder detenerme.
—Sabes lo que pasa cuando te casas, ¿verdad? — pregunta, y yo
asiento.
—Bueno, sí, lo sé, solo que... — Respiro hondo, sintiéndome de
repente agotada. — ¿Has fertilizado tu filodendro?
— ¿Eso es lo que me estás preguntando ahora mismo?
Lo que no le digo a Gideon es que pensar en su planta es mejor
que pensar en acostarme con Conner.
Gideon se pasa los dedos por el pelo otra vez, despeinándolo un
poco. Siento la necesidad de alargar la mano y arreglarle esos
mechones rebeldes.
—Bueno, ahora estoy pensando en tu pelo. — No hay razón para
no arreglárselo, así que alargo la mano y lo hago. Tengo que ponerme
de puntillas, pero consigo volver a colocárselo en su lugar.
—Tienes que pensar en ti misma. — Retiro la mano de su cabello,
pero él me agarra la muñeca y me la sujeta. —No quieres casarte con
él.
— ¿Me lo estás preguntando o me lo estás diciendo?
—No quieres. — afirma con rotundidad.
—No quiero. — digo, de acuerdo con él. —Pero lo voy a hacer.
—Emerson.

Sotelo, gracias K. Cross


—Me encanta cómo dices mi nombre. Normalmente, mi nombre
me hace sentir vieja, pero cuando tú lo dices, es como... — Dejo la
frase en el aire.
— ¿Cómo? — Me tira de la muñeca y la lleva a su pecho. El
movimiento me hace acercarme más a él. Tanto que puedo sentir el
calor de su cuerpo y quiero acurrucarme contra él. —Dímelo. — me
anima con tono suave.
—Suena un poco sexy cuando lo dices.
— ¿Ah, sí? — Una sonrisa burlona se dibuja en sus labios,
haciéndome sonreír con él.
— ¿Puedo preguntarte algo?
—Lo que quieras. — dice sin dudar.
—Ten cuidado. — me río.
—No bromeo, Emerson. Puedes preguntarme lo que quieras.
—Voy a pedirte algo. — aclaro.
—Lo que sea. — repite, de nuevo sin dudar.
—Un beso. — Sus ojos se posan en mi boca mientras el calor
recorre mi cuerpo. —No quiero que él sea mi primer y único beso.
¿Podrías...?
Eso es todo lo que consigo decir antes de que su boca se pose
sobre la mía. Esta vez, cuando no puedo respirar, no me siento
atrapada. De hecho, nunca me he sentido más libre.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 6
GIDEON

Cuando tenía doce años, jugaba al béisbol en mi escuela


secundaria. Mi familia no tenía mucho dinero, pero mi madre
trabajaba en la oficina de correos y falsificó nuestra dirección para que
pudiera ir a la escuela en la zona rica de la ciudad. El equipo de béisbol
era uno de los mejores del estado y yo tenía mucho talento natural.
El entrenador quería que jugara, pero yo no tenía dinero para el
equipo. Así que, como cualquier niño pobre, me las apañé. Robé unas
zapatillas con tacos del departamento de objetos perdidos de la
escuela, hice los deberes de mis amigos a cambio de un uniforme viejo
y recogí latas de refresco cuando necesitaba dinero para los partidos
fuera de casa.
Éramos tan buenos durante mi último año de secundaria que
llegamos al campeonato nacional. Salí al campo al final de la novena
entrada con las bases llenas y nuestro equipo perdía por dos. Nunca
olvidaré cuando me acerqué al plato y miré fijamente al lanzador.
Había golpeado a los dos bateadores que me precedieron, y mi
entrenador me aconsejó que me acercara al plato y también le diera
un golpe.
Recuerdo cada detalle de cómo agarré el bate mientras el
lanzador lanzaba la pelota, y el sonido que hizo cuando la golpeé. Sentí
que mi corazón se detenía mientras veía cómo la pelota volaba por los
aires y luego pasaba por encima de la valla.
Mi grand slam le valió a nuestro equipo el campeonato nacional,
y durante el resto de mi vida comparé todos mis logros con él. La

Sotelo, gracias K. Cross


euforia, la sensación de que el esfuerzo había valido la pena y saber
que había hecho algo grande. Todos los demás momentos han tenido
que competir con aquella noche, pero ahora mismo no sabría decirte
el nombre de aquel equipo.
Besar a Emerson es mejor que un grand slam. Es mejor que
graduarme en la facultad de derecho, o jubilar a mi madre, o ganar un
Iron Man. Besar a Emerson supera todo lo que he logrado o intentaré
hacer jamás.
Sus suaves labios se separan y soy muy, muy delicado al deslizar
mi lengua por su labio inferior. La sujeto con firmeza contra mí y
entonces me doy cuenta de que no la estoy sujetando en absoluto. La
estoy inmovilizando contra la pared y ella ha separado las piernas para
hacerme espacio.
—Gideon. — susurra antes de saborear mi lengua y emitir un
gemido de lo más dulce.
—Quiero todas tus primeras veces. — Mi boca baja por su cuello
y luego vuelvo a subir. —Déjame tenerlas, Emerson.
— ¿Va todo bien ahí adentro? — pregunta la dependiente al otro
lado de la cortina, y Emerson se pone rígida.
—Un momento. — grita Emerson antes de bajar la voz. —Tienes
que salir de aquí antes de que entre alguien.
— ¿Y qué? — Es imprudente por mi parte actuar así, y no es
propio de mí. Siempre soy yo quien actúa con cuidado y de forma
calculada. Mantengo a la gente a distancia para no perder el control.
Intenta empujarme del pecho, pero yo no me muevo. —Gideon,
si mi madre o mi futura suegra te encuentran aquí, te dirán que te
vayas. Seré yo quien tenga que controlar las consecuencias.
Sus palabras me hacen recapacitar y agradezco que algo haya
logrado atravesar mi cerebro lleno de lujuria. —Tienes razón. — Es
una admisión que no quiero hacer, pero podría arruinar su futuro.
Arruinarlo, se burla mi mente, y dejo escapar un gruñido de
frustración. —Quiero volver a verte.

Sotelo, gracias K. Cross


—Es una muy mala idea. — Sus palabras no concuerdan con
sus acciones, porque me agarra de la camisa y me atrae hacia ella
para darme otro beso.
—Esta noche. — digo apresuradamente entre besos. —Quiero
verte esta noche.
—Mañana. — replica y me empuja contra el pecho. —Ahora vete.
Me cuesta todas mis fuerzas obligar a mis pies a dar un paso
atrás, y luego otro. Cuando por fin hay espacio entre nosotros, veo lo
sonrojadas que están sus mejillas y cómo se ha abierto la bata de seda,
revelando sus suaves curvas. Anhelo tenerla en mis brazos otra vez,
pero tiene razón: se me acaba el tiempo.
—Mañana. — le digo con una mirada fulminante, y ella se toca
el labio inferior como si aún pudiera sentir mi beso en él.
—Encontraré la manera de ir a tu oficina.
—Si no lo haces, iré a buscarte. — Agarro la cortina para abrirla,
pero antes de hacerlo, corro hacia Emerson y la atraigo hacia mí. Esta
vez, cuando la beso, no es un adiós, sino lo suficiente para aguantar
hasta que pueda volver a hacerlo.
Una vez que la suelto, ella da un paso atrás y yo salgo corriendo
del probador. Me siento como si me hubiera bebido una botella de
tequila y me hubiera electrocutado al mismo tiempo, y me cuesta un
segundo recuperar el equilibrio.
—No te preocupes, no eres el primer novio que se cuela aquí. —
dice la dependiente. —Es nuestro pequeño secreto.
—Gracias. — Me arreglo el traje y miro hacia el probador,
lamentando no poder volver a entrar. —Antes de irme, ¿puedo hacerte
una sugerencia?
—Siempre. — Parece entusiasmada con la idea y me sigue hasta
la parte trasera de la tienda.
Cuando me colé antes, había percheros y percheros de vestidos
en la parte de atrás, pero hubo uno en particular que me llamó la
atención. Debo estar haciendo esto para castigarme a mí mismo,
porque elegir su vestido de novia para otro hombre no es mi idea más

Sotelo, gracias K. Cross


brillante. Pero algo en ese vestido me hizo pensar en Emerson, y sé
que si fuera mía, es lo que me gustaría que llevara puesto.
—Este. — digo, señalando el vestido.
—Oh, lo siento mucho, este vestido no es posible. Es un
préstamo de otra boutique para la semana de la moda y no está a la
venta.
— ¿Cuánto?
La dependienta me mira parpadeando. — ¿Cuánto?
—Te voy a comprar un vestido hoy. ¿Cuántos más harán falta
para que esto suceda?
Su sonrisa pícara me dice que serán muchos más, pero no me
importa. Le doy mi tarjeta y le digo que la use para lo que quiera y que
se quede con su comisión. Los signos del dólar bailan alrededor de su
cabeza mientras me devuelve mi tarjeta y lleva el vestido al vestuario
de Emerson.
Me encantaría ver cómo se lo prueba, pero si lo hiciera, no creo
que fuera lo suficientemente fuerte como para alejarme.
Y eso es exactamente lo que tengo que hacer.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 7
EMERSON

Mientras estoy sentada frente a Conner en nuestra cita para


almorzar, me digo a mí misma que vale la pena. Normalmente, cuando
se trata de mí, la atención de Conner puede ser fugaz. Nunca se
esfuerza mucho y solo ha venido a la finca de mi familia unas pocas
veces. La mayoría de las veces venía cuando mis padres organizaban
algún evento. Incluso ahora, presta más atención a su teléfono que a
mí.
Mi madre siempre hablaba bien de él, así que sabía que quería
que saliéramos juntos. Por nuestras breves interacciones, no creía que
le gustara. Me pedía bailar de vez en cuando, pero eso era todo. Así
que cuando surgió lo del compromiso, fue realmente inesperado.
Me sorprendió cuando, de forma inesperada, anunció nuestro
compromiso una noche durante una cena delante de veinte personas.
Supongo que acepté el compromiso, pero en realidad él nunca me lo
pidió.
Cuando mencioné que saldríamos más antes de
comprometernos, mi madre dijo que era inapropiado. Pensaba que era
normal salir con alguien con quien te ibas a casar, pero aparentemente
en nuestro mundo no funciona así. Está claro que no sé mucho sobre
estas cosas.
Cuando hoy necesitaba una excusa para salir de casa, pensé que
esta podría ser mi oportunidad. Era la mejor razón que se me ocurría
para ir a la ciudad sin mi madre. Conner y yo estamos comprometidos,

Sotelo, gracias K. Cross


así que ¿por qué no íbamos a tener una cita? Una de las que sé que
puedo escapar fácilmente.
—Sigues enojada conmigo.
Estoy a punto de llevarme la bebida a la boca cuando Conner
finalmente habla. La dejo sobre la mesa e intento mantener una
actitud agradable mientras le sonrío.
—Te invité a almorzar. — le recuerdo. Además, no sé si estoy
enojada. Creo que, más que nada, me sentí decepcionada cuando
descubrí que había estado saliendo con otras personas mientras
estábamos comprometidos. Sé que no somos una historia de amor de
cuento de hadas, pero pensé que al menos podríamos hacer que
funcionara. Nunca he querido tener un matrimonio como el de mis
padres.
—Pero estás siendo fría.
—Para ser justos, no me conoces tan bien. — ¿Cómo podría
conocer realmente mi comportamiento si ni siquiera interactúa
conmigo? De hecho, la mayoría de las veces, cuando venía a los
eventos en la finca de mis padres, siempre estaba un poco borracho.
Ahora mismo está al borde de eso, y apenas es mediodía. También creo
que podría estar resfriándose, por cómo no deja de sorber y frotarse la
nariz.
—Eres amigable con todo el mundo. Apuesto a que recuerdas el
nombre de la anfitriona. Probablemente también el del camarero.
—Mesero. — le corrijo, lo que me vale una mirada de desprecio.
Odio lo despectivo que es eso. Ya tengo que aguantarlo de mi madre.
¿Ahora él también? — ¿Por qué no iba a recordarlo? Se presentaron
ante nosotros. Luna era encantadora, y no conozco a mucha gente que
sepa tocar el arpa.
—A eso me refiero. — Conner niega y da un sorbo a su whisky.
— ¿Quién toca el arpa? — En realidad, yo, pero no se lo digo. —Las
otras mujeres que veo son para satisfacer mis necesidades.
Necesidades que tú no podías satisfacer hasta ahora. Ya era hora de
que tu madre te dejara estar a solas conmigo.
¿Por eso me ignoraba antes? Supongo que no tenía sentido
hablar conmigo cuando no podía meterse entre mis muslos. Qué

Sotelo, gracias K. Cross


romántico. No creía que pudiera odiar más a Conner, pero vaya,
estaba equivocada.
—No estamos solos. — le señalo. Estamos en un restaurante y
nuestro mesero se dirige ahora mismo a nuestra mesa para servirnos
la comida. —Gracias, Sean. — le digo cuando deja mi plato sobre la
mesa.
Conner lo ignora por completo. —Podríamos estar solos. — Se
inclina sobre la mesa, acercándose. Su mano cubre la mía y se me
pone la piel de gallina con su tacto húmedo. — ¿No te has dado cuenta
de que este restaurante está en un hotel?
—No creo que sea una buena idea. — Retiro la mano para coger
el tenedor y empujo la comida por el plato. Se me ha quitado el apetito
y no quiero que Conner me toque.
Vuelve el recuerdo de Gideon besándome, y su tacto era...
—Te estás sonrojando. — Conner interrumpe mis pensamientos
sensuales sobre Gideon. — ¿Ves? Deberíamos coger una habitación.
Él sonríe, pero yo ya estoy negando antes de que pueda terminar.
Él no era la razón por la que mis mejillas se estaban sonrojando.
Cuando pienso en mi beso con Gideon, todo mi cuerpo se calienta.
— ¿Así que así es como quieres jugar?— Ahora es él quien se
muestra frío. —Entonces no tienes derecho a enojarte por lo que hago,
ya que no te preocupas por mis necesidades.
—De acuerdo. — acepto. Él puede tener sus indiscreciones, y yo
también.
Eso debería hacerme sentir menos culpable, pero la cuestión es
que no me he sentido culpable en absoluto. ¿Eso me convierte en una
mala persona? Como mínimo, me hace no ser mejor que él. No va a
detenerme y, en todo caso, necesito a Gideon más que nunca.
— ¿De acuerdo? — balbucea.
¿Por qué parece molesto? ¿No quería que aceptara? Conner es
tan confuso.
— ¿Te estás resfriando?

Sotelo, gracias K. Cross


Conner se echa hacia atrás como si lo hubiera insultado, pero
vuelve a frotarse la nariz. — ¿Por qué dices eso? —Se pone a la
defensiva y frunce el ceño.
—Sabes, creo que soy yo la que se está poniendo enferma. —Dejo
el tenedor y finjo sorberme la nariz. — Debería irme. No quiero
contagiarte.
—Está bien. — Se encoge de hombros con indiferencia. ¿Por qué
se enoja tanto porque le pregunte si está resfriado?
—Gracias por la comida. — No responde, pero cuando me
levanto de la silla y voy a pasar junto a él, me agarra del antebrazo.
—Cuando te llame o te envíe un mensaje, me responderás. — Me
aprieta con fuerza, hasta hacerme daño, clavándome los dedos.
—De acuerdo. — digo rápidamente para que me suelte.
—Ahora vete. — Prácticamente me empuja y yo salgo corriendo
del restaurante, frotándome el brazo donde me ha agarrado.
Cuando miro por encima del hombro, veo a una mujer acercarse
a la mesa y sentarse en mi lugar. Qué rápido. ¿Todos los hombres son
así y yo soy la única que no lo sabe?
—Hola, Ems. — dice Charlie cuando salgo. Me abre la puerta del
copiloto y me subo al coche.
—No puedo creer que estemos haciendo esto. — digo, y se me
escapa una pequeña risa. Nunca había hecho nada parecido y, cuando
le pedí a Charlie que me llevara a ver a Gideon, se mostró más que
dispuesto a ayudarme.
—Créetelo. — dice con una sonrisa.
El trayecto no es largo y pronto llegamos al edificio de Gideon. —
Gracias otra vez. — le digo al salir.
—Ems. — me llama antes de que cierre la puerta. —Siempre seré
tu conductor de huida si lo necesitas.
—Lo sé. — le digo, inclinándome hacia atrás y dándole un beso
en la mejilla.
—Diviértete. — Me mueve las cejas grises y yo me río de nuevo.

Sotelo, gracias K. Cross


Mientras me doy la vuelta para entrar, espero divertirme y
mucho más. Quiero tener a Gideon.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 8
GIDEON

— ¿De qué sirves si no puedes conseguirme un maldito número


de teléfono? — No suelo insultar a la gente. Ni siquiera suelo levantar
la voz. Pero el hecho de no poder ponerme en contacto con Emerson
me está volviendo loco.
—Gideon, no puedo hacer aparecer un número cuando no hay
ningún número. Te lo digo, esa mujer no tiene teléfono. — Taylor
suspira como si estuviera harto de mis tonterías. En el fondo, no lo
culpo, pero en apariencia, no estoy en mi sano juicio.
—Eres el mejor investigador que tengo. — Me pellizco el puente
de la nariz e intento calmarme. —Lo siento, es que sé que si tú no lo
encuentras, entonces no hay esperanza.
—Te enviaré todo lo que he encontrado hasta ahora y seguiré
buscando. ¿Te parece bien que amplíe la búsqueda?
—Draga el puto océano si es necesario. Quiero saberlo todo sobre
todas las personas con las que tiene contacto. Si alguien le cambia el
rollo de papel higiénico, quiero su árbol genealógico.
—Sinceramente, si no lo hace ella misma, no estoy seguro de que
merezca la pena. — Taylor se ríe de su propio chiste mientras yo
permanezco en silencio. —Tranquilo, estoy en ello.
—Gracias.

Sotelo, gracias K. Cross


—Ah, y una última cosa. — Taylor duda y yo dejo de dar vueltas,
anticipando malas noticias. — ¿Puedes transferir mi llamada a
recepción antes de colgar?
— ¿Por qué? — Frunzo el ceño, confundido, mientras miro a
través de la pared de cristal de mi oficina hacia la parte delantera,
donde está sentada Scout. Cuando me ve, se agacha en su asiento y
desaparece de mi vista.
—Eh, solo quería aclarar algunas cuestiones administrativas.
¿Cómo se llamaba?
Taylor nunca ha estado en nuestras oficinas. Cuando lo hemos
contratado en el pasado, siempre nos hemos reunido con él en lugares
discretos para proteger su identidad. Dudo que haya visto a Scout
antes, así que ¿por qué querría hablar con ella? Las facturas se pagan
a través de nuestros contables, y yo soy quien se encarga de la mayoría
de los números.
Decido distraerme y salgo de mi oficina hacia la recepción.
Cuando llego, Scout está en el suelo, y me inclino para mirarla.
—Parece que no está en su escritorio. ¿Puedo ayudarte en algo?
Scout levanta la cabeza rápidamente y finge buscar algo en el
suelo.
—No, no es nada. No te preocupes. — Se aclara la garganta y su
nerviosismo me hace sonreír. ¿Taylor está enamorado de nuestra
recepcionista?
— ¿Me enviarás un correo electrónico cuando tengas algo? — le
digo, cambiando de tema.
—Por supuesto. Hablaremos pronto.
Taylor termina la llamada antes de que pueda decir nada más, y
es entonces cuando Scout aparece como por arte de magia.
—Se me ha caído el bolígrafo. — Está sonrojada y evita el
contacto visual.
— ¿Así que conoces a nuestro investigador Taylor? — le
pregunto, y ella abre mucho los ojos.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¡No! Me llamó por teléfono y fue la primera vez que oí su voz.
— Tragó saliva antes de alisar los papeles que ya estaban ordenados
sobre su escritorio. —Sonaba agradable.
— ¿Tu primo sabe que te gusta el sonido de su voz? — Scout me
miró con los ojos entrecerrados y yo levanté las manos en señal de
defensa. —No te preocupes, no le diré nada a Spencer. Tu secreto está
a salvo conmigo.
—No es un secreto. — Si es posible, sus mejillas se sonrojan aún
más. —Así que no hay nada que contar.
Cuando Spencer, Landon y yo fundamos el bufete de abogados,
Spencer sugirió a su prima como recepcionista. Scout ha sido genial
hasta ahora, y los clientes la adoran. Y parece que nuestro
investigador especial también.
—Entendido. — Asiento y doy unos pasos atrás. — ¿Ha llamado
alguien por mí?
— ¿Te refieres desde la última vez que preguntaste? — Scout me
mira por encima de las gafas y supongo que me merezco la pulla. —
No, y tampoco ha venido nadie a buscarte.
Flexiono los dedos a un lado e intento no frustrarme. Emerson
dijo que vendría hoy. Si no, le dije que iría yo a verla, y parecía que
realmente no quería esa opción.
—Bueno, si hay algún cambio, estaré en mí...
El ascensor suena y me doy la vuelta y veo que las puertas
metálicas se abren. Ahí, con un aspecto absolutamente
impresionante, está Emerson.
Me invade una oleada de alivio, deseo, dolor y gratitud, todo a la
vez. No sé si es ella quien corre hacia mí o soy yo quien corre hacia
ella, pero lo siguiente que sé es que la estoy levantando en mis brazos.
—Has tardado mucho. — le digo mientras ella esconde la cara
en mi cuello. Tengo un brazo alrededor de su cintura y el otro en la
parte posterior de su cabeza, sosteniéndola con fuerza contra mi
pecho.

Sotelo, gracias K. Cross


Suelta una pequeña risa y puedo sentir su cálido aliento contra
la piel expuesta justo encima de mi cuello. —Aunque no lo creas, he
venido tan rápido como he podido.
— ¡Creo que ahora voy a tomarme mi descanso! — anuncia Scout
en voz alta antes de sonreírnos a los dos y subirse al ascensor. —Todos
los demás han salido a comer, así que tienen el lugar para ustedes
solos.
Nos saluda con la mano y, tan pronto como se cierran las
puertas, miro a Emerson. —Recuérdame más tarde que le dé un
aumento.
— ¿Por qué? — pregunta Emerson, pasando los dedos por el
borde de mi cuello.
—Porque los sonidos que estás a punto de hacer son solo para
mis oídos.
Mi mano agarra el pelo de su nuca y cubro su boca con la mía.
Este beso no es como el primero. Esta vez es reclamante y posesivo.
He probado su dulzura y ahora que es mi droga preferida, soy egoísta.
La idea de que otro hombre reclame lo que más deseo me hace querer
marcarla.
Le beso el cuello mientras la llevo de regreso a mi oficina, y
cuando le chupo la tierna piel debajo de la oreja, ella gime. Lo hago
con más fuerza, sabiendo que le voy a dejar un chupetón y sin
importarme una mierda. Quiero que su prometido sepa que otro
hombre ha probado su inocencia. De hecho, la idea de que todo el
mundo sepa que ella me pertenece me pone la polla dura como una
roca. ¿Sería suficiente follarla contra la ventana de este rascacielos?
—Gideon —gime cuando la presiono contra el cristal y me coloco
entre sus piernas. — ¿Y si nos atrapan?
Me aparto para ver sus ojos entrecerrados, embriagados por un
deseo tan fuerte como el mío. Mis manos se deslizan por sus muslos
y bajo la falda de su vestido. Sigo hasta llegar al borde de sus bragas
y luego deslizo el pulgar por el centro del algodón húmedo.
— ¿Crees que eso me detendría? — El material empapado de sus
bragas se le pega antes de que presione contra su clítoris.

Sotelo, gracias K. Cross


—No. — jadea y luego balancea las caderas hacia adelante,
desesperada por otra caricia.
— ¿Quieres que pare? — Tengo que tragar saliva porque se me
hace agua la boca al pensar en saborearla.
—No. — La respuesta de una sola palabra es definitiva, y es todo
lo que necesito oír antes de arrodillarme.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 9
EMERSON

La necesidad de tocarlo es abrumadora, así que le paso los dedos


por su cabello corto, mirándolo fijamente. Nunca imaginé que Gideon
se arrodillaría frente a mí. En mi mundo, no creía que eso fuera algo
que hicieran los hombres.
Claro, lo he leído en libros y cuentos de hadas, pero ¿por qué iba
a pensar que eso era posible para mí? Gideon es la prueba de que los
sueños se pueden hacer realidad. Uno a uno, está derribando todas
mis ideas preconcebidas sobre el amor. Ahora mismo me está
demostrando que hay hombres que se preocupan más por el placer de
una mujer que por el suyo propio.
Un gemido se me escapa de la garganta cuando Gideon me sube
el vestido, dejando claras sus intenciones. Debería detener esto.
Estamos en su oficina, rodeada de ventanas que dan al mundo
exterior. Cualquiera podría atraparnos o ver lo que está haciendo, pero
no me importa. No ahora. Solo puedo pensar en él en este momento y
en cómo lo recordaré con cariño el resto de mi vida.
—Sujeta esto. Quiero verte. —Mis dedos se aferran a la tela
mientras Gideon la sube más, dejando al descubierto mis bragas
lavanda de algodón básico. Son las únicas que tengo y son
vergonzosamente prácticas. — ¿Todo esto es para mí? —Se inclina y
besa mis bragas, donde se ha formado una mancha húmeda. Si no
estuviera tan excitada, quizá me daría vergüenza lo mojada que estoy.

Sotelo, gracias K. Cross


—Respóndeme. — ordena Gideon antes de morderme el interior del
muslo.
—Sí. — Mis dedos aprietan la tela con más fuerza. —No puedo
controlarlo.
—Oh, Emerson. — Coloca su boca abierta sobre mi clítoris, y su
cálido aliento me hace cosquillas a través de las bragas. —Me dejarás
controlarlo, ¿verdad?
Empujo mis caderas hacia adelante, incapaz de contenerme.
¿Por qué la idea de que él tenga el control me hace sentir tan libre? No
estoy segura, pero imagino mi mundo con Gideon en lugar de
Conner... No, es mejor no pensar en eso ahora mismo.
—Es mío, ¿verdad, mi preciosa chica?
¿Preciosa? ¿Cómo puede una sola palabra llenarme de tanta
felicidad? No creo que haya sido nunca preciosa para nadie.
—Por favor. — susurro.
—No tienes que suplicar. — Se mueve, colocando una de mis
piernas sobre su hombro mientras aparta el centro de mis bragas
hacia un lado.
—Gideon. — Si antes no me estaba sonrojando, ahora sí.
Sus ojos están fijos en mi sexo y, aunque nadie me ha visto ahí
antes, él me mira como hipnotizado. Una oleada de timidez me invade
y quiero cerrar las piernas. Con su gran cuerpo en medio, se asegura
de que eso no sea posible.
—Mi preciosa chica. ¿Tienes idea de lo hermosa que eres? —
Separa los labios de mi sexo con los dedos. —Algún día voy a explorar
cada centímetro de ti. — Gideon sopla suavemente sobre mi clítoris y
yo me muerdo el labio inferior para no gritar. —Me dejarás, ¿verdad?
Su otra mano se coloca entre mis muslos y no puedo hablar.
Apenas tengo tiempo de asentir antes de que tire con fuerza del centro
de mis bragas y me las arranque. Jadeo cuando su grueso dedo se
hunde en mí, seguido rápidamente por otro. Al instante me siento
llena y soy muy consciente de lo vacía que estaba antes.

Sotelo, gracias K. Cross


—Joder, qué estrecha estás. — gruñe mientras los mueve
lentamente dentro y fuera. Mi clítoris palpita ahora, pidiendo atención,
y su boca está tan cerca... —Tendré que romperte para que encajes
conmigo.
Mi mente se queda en blanco por un momento. No solo por lo
que significan sus palabras, sino también porque su boca cubre mi
sexo. Mis caderas se sacuden cuando su lengua encuentra mi clítoris,
y es exactamente el contacto que necesito.
El orgasmo me golpea con fuerza y rapidez, y me corro en su
cara. Casi caigo sobre él mientras me desmorono, y oleadas de placer
me invaden en un torrente imparable. Gideon es implacable con su
boca, y sigue lamiendo y chupando mientras sus dedos me penetran.
Llevo tanto tiempo al límite que necesito atención. La atención
de Gideon.
Otro orgasmo ya se está gestando dentro de mí, y sacudo la
cabeza. No creo que pueda soportar otro, pero él no me da otra opción.
Todo lo que puedo hacer es aceptarlo e intentar no desmayarme en el
proceso.
Cuando me mete el dedo, vuelvo a correrme. Esta vez es diferente
al anterior. Es más intenso y explota hacia fuera. Mis piernas se
vuelven débiles mientras me consume, pero no caigo al suelo. Gideon
está ahí, sosteniéndome mientras el placer enciende cada centímetro
de mi cuerpo.
—Esa es mi preciosa chica. — lo oigo susurrar.
Abro los ojos cuando siento que me levanta. Oigo cosas cayendo
al suelo un segundo antes de que Gideon me tumbe sobre su
escritorio. Su expresión es concentrada e intensa mientras se
desabrocha rápidamente el cinturón y saca su polla. Es enorme y
sobresale delante de él, gruesa y dura, mientras me separa más los
muslos.
Cuando se coloca entre ellos, envuelve la base con la mano,
apretándola con fuerza antes de acariciarla dos veces de arriba abajo.
Luego gime mi nombre mientras su semen salpica mi sexo y mis
muslos expuestos. Me cubre como una marca, y es lo más erótico que
he visto nunca.

Sotelo, gracias K. Cross


Pasa los dedos por el desastre que ha causado, recogiendo un
poco. Observo cómo lo arrastra sobre mi clítoris y luego lo introduce
dentro de mí. Mis caderas se balancean, haciendo que penetre más
profundamente.
—No tomo nada. — digo, sin estar segura de que esto sea
suficiente para quedar embarazada. Pero, ¿qué demonios sé yo?
Después de hoy, lo cuestiono todo. Mi aburrida vida normal ha dado
un vuelco.
—No importa. — Saca el dedo de mi interior y lo lleva a mi boca.
—Pruébanos.
Hago lo que me dice y chupo su dedo con mi boca. Es salado,
pero también dulce, y lo lamo alrededor de la punta. Gideon cierra los
ojos y deja escapar un gemido.
—Cuidado. — me advierte antes de sacar su dedo de entre mis
labios.
Se inclina, me besa y saborea nuestro sabor. Su boca es posesiva
mientras me reclama, y sin embargo me siento querida.
—Mierda. — gruñe, apartándose de repente.
Quiero agarrarlo, pero Gideon se apresura a bajarme el vestido
para cubrirme antes de meterse en los pantalones. Es entonces
cuando oigo el sonido de gente hablando, las voces se acercan.
—Oh, mierda. — Ahora me toca a mí moverme rápidamente
mientras salto de su escritorio. Miro al suelo buscando mis bragas,
pero es demasiado tarde.
—Hola, Gideon, Piper ha traído unos... — Un hombre trajeado
aparece en la puerta, y una mujer está a su lado. Supongo que ella es
Piper. Recuerdo haber visto al hombre la última vez que estuve aquí,
y creo que es otro abogado.
— Muffins. — termina la mujer con una sonrisa. —Hola, soy
Piper.
—Emerson —digo, y luego me apresuro a pasar al otro lado del
escritorio. No es muy apropiado que una clienta esté detrás de él.
—Este es Landon —Piper señala al hombre que está a su lado.

Sotelo, gracias K. Cross


—Su esposo —añade él rápidamente, y es adorable lo orgulloso
que se muestra al decirlo. —No sabía que tenías una reunión. ¿Hay
algo más que tratar con el acuerdo prenupcial?
Se me revuelve el estómago y es como si la realidad me hubiera
dado una bofetada. Claro, esa es la única razón por la que debería
estar aquí.
—Sí. — respondemos Gideon y yo al mismo tiempo.
— ¿Necesitabas algo? — le pregunta Gideon a Landon, con un
tono frío y profesional.
—Iba a repartir los muffins. — responde él con el mismo tono.
—Vamos a compartirlos. — lo corrige Piper. —Los he hecho para
todos ahora que por fin he conseguido la receta perfecta. — Sonríe
radiante, claramente orgullosa de sí misma.
—A mí me han parecido todos deliciosos. — le dice Landon.
—Los primeros se quemaron. — se ríe ella.
—Aun así me los comí. — Él se encoge de hombros. Verlos juntos
me produce un dolor en el pecho. Yo nunca tendré este tipo de bromas
cariñosas. Es algo tan sencillo, pero lo es todo.
—De hecho, tengo que irme. — digo, alejándome de Gideon. —
Gracias. — le digo. —Por todo. Ha significado mucho para mí.
—Emerson. — Cuando dice mi nombre, hay una advertencia en
su tono, pero sigo adelante.
—Ha sido un placer conocerlos a los dos. — les digo a Landon y
Piper.
—Seguro que nos veremos en la boda. — responde Landon.
—Espera, ¿tu boda? — Los ojos de Piper van de Gideon a mí.
No encuentro la voluntad para responderle, así que me aparto y
paso junto a ellos. —Seguro que los muffins están deliciosos.
—Emerson. — Gideon pronuncia mi nombre con más fuerza esta
vez, lo que me hace detenerme.

Sotelo, gracias K. Cross


Lo único que deseo es volver con él, pero eso no es posible. No
me hizo ninguna promesa, ni me pidió que no me casara con Conner.
Hemos evitado el tema por completo, y eso probablemente debería
decirme lo que necesito saber. Ese es mi último pensamiento mientras
salgo corriendo del edificio, preguntándome si volveré a verlo alguna
vez.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 10
GIDEON

Debería ir tras ella. ¿Por qué no salgo corriendo de esta oficina


ahora mismo? Mis pies están como clavados al dar un paso en la
dirección en la que se ha ido, pero entonces Landon se interpone en
mi camino.
—Déjala ir. — dice con algo parecido a lástima en su voz.
— ¿Qué está pasando? — Piper nos mira a los dos, todavía
sosteniendo la bandeja de muffins. — ¿Quién se va a casar?
—La chica que ha salido corriendo de aquí —Landon mira a su
esposa. — Y, al parecer, Gideon está intentando interponerse en su
camino.
—No te metas —le espeto finalmente y me giro hacia la ventana
de mi oficina. Me asalta una imagen de Emerson pegada a ella y
retrocedo tambaleándome. Estoy jodido.
— ¿Estabas tonteando con una mujer comprometida? —Los ojos
de Piper se abren con sorpresa y decepción.
—No era tontear. —De acuerdo, eso es exactamente lo que era,
pero era más que eso. — No debería casarse con él.
—La boda es este fin de semana —añade Landon, servicial. — Y
no solo eso, sino que está comprometida con nuestro cliente.
—Que es un pedazo de mierda, y ambos lo sabemos. — No puedo
evitarlo; tengo el temperamento a raya, y correrme sobre Emerson no
ha servido para calmarlo. De hecho, lo ha empeorado dolorosamente.

Sotelo, gracias K. Cross


—Y eres el que habla. — le dice Piper a su esposo. Cuando ambos
la miramos, se encoge de hombros. — ¿Qué? Técnicamente trabajaba
para tu cliente, pero aun así tú me dabas consejos.
—Eso era diferente. — intenta argumentar Landon, pero ella lo
ignora.
— ¿La amas? — me pregunta Piper, y yo me detengo.
—Acabo de conocerla. ¿Cómo podría amarla? — Las palabras
salen fácilmente de mi boca porque es lo que me he estado diciendo a
mí mismo desde el momento en que la vi. Esto es solo una atracción,
nada más. ¿Quién se enamora con solo una mirada? No es como si la
hubiera tocado una vez y hubiera visto toda nuestra vida juntos pasar
ante mis ojos.
Piper y Landon intercambian una mirada.
— ¿Qué? — Estoy a punto de perder los nervios y estos dos se
miran con ojos de cachorro.
—El amor no siempre sigue tu propio calendario. — dice Piper.
—Pero si realmente no sientes nada por ella, entonces deberías dejarla
ir. Se merece ser feliz, aunque sea con alguien que no te guste mucho.
—Para ser justos, él es un pedazo de mierda. — Landon le da a
Piper la versión resumida sobre las familias de Gamer y Emerson y su
matrimonio concertado.
— ¿Y la dejaste firmar el acuerdo prenupcial? —me mira con los
ojos entrecerrados y luego mira a Landon. —No puedo creer que le
hicieras eso. — Le arrebata el recipiente de muffin de las manos y
frunce el ceño. —Se los voy a dar a Scout. Ella es la única que se los
merece.
—Piper, espera. — Landon empieza a ir tras ella, pero ella
extiende la mano para detenerlo y me señala.
—Primero tienes que arreglar lo que sea que sea eso. — Levanta
la barbilla con obstinación y sale de mi oficina.
Landon me mira con el ceño fruncido y me dan ganas de reírme.
—Enhorabuena. Has conseguido enojar a dos mujeres a la vez. Esto
tiene que ser un nuevo récord. — Sus hombros se hunden mientras

Sotelo, gracias K. Cross


se deja caer en la silla junto a mi escritorio. —Esos muffin también
estaban muy buenos.
—Tiene razón. No debería haberla dejado firmar ese contrato. —
Me froto la cara con la mano, odiándome por haber empeorado tanto
las cosas para Emerson. Me está matando que se vaya a casar con
otra persona, pero ¿qué he hecho al respecto? Me he asegurado de que
él la vaya a joder después de que eso ocurra. —Joder.
—No creo que sintieras tanta pena por ella si el contrato fuera al
revés y Gamer fuera el que se aprovechara. —Landon se inclina hacia
atrás en la silla lo suficiente como para poder mirar a su esposa. Casi
se cae de espaldas en la silla y tengo que agarrarle el pie antes de que
se caiga al suelo.
— ¿Dónde está Spencer cuando lo necesito? Al menos él puede
mantenerse concentrado durante cinco segundos. — me digo a mí
mismo, y Landon finalmente me presta atención.
—Está en el tribunal, y apuesto a que si Emerson estuviera ahí,
tú también estarías mirando.
—Es cierto. — No vale la pena fingir que se equivoca. Me siento
frente a él y me cubro la cara con las manos. Todavía puedo olerla en
mí, y es casi doloroso. La necesidad de gritar, de chillar o de golpear
algo me está abrumando, y siento que voy a partirme en dos.
—Si detienes esta boda, la arruinarás. — dice Landon en voz
baja. —La gente de su mundo se toma estas cosas muy en serio.
Sabrán que la detienes porque la deseas o porque ya la has tenido. La
convertirán en un blanco y será el tema de conversación favorito
durante el resto de su vida.
—Lo sé. — digo con las manos en la cara.
—Arriesgarías todo lo que has construido, todo lo que hemos
construido. La familia de Emerson y tal vez incluso la de Conner
vendrán por nosotros si los avergüenzas públicamente.
—Lo sé. — repito, sintiendo el peso de esta situación que nos
aplasta.
—Pero no estoy diciendo que no debas hacerlo. — Levanto la
vista hacia él y él se inclina, colocando una mano sobre mi hombro.

Sotelo, gracias K. Cross


—Tienes que averiguar si esto es solo un capricho que quieres
satisfacer o si ella merece que lo pierdas todo. — Se levanta de su
asiento y se abrocha la chaqueta del traje. —Si lo que sientes por
Emerson se parece en algo a lo que yo siento por Piper, entonces estaré
encantado de estar a tu lado mientras intentan derribar este lugar. —
Sonríe y me guiña un ojo. —Además, siempre tengo al tío Dino para
agitar las cosas.
Piper aparece en la puerta y Landon le sonríe. —Bueno, ¿te
mereces esto o no? —sostiene el recipiente con dos muffins que
quedan.
—Él no, pero yo sí. — Landon la atrae hacia sí para darle un
beso rápido mientras le roba el recipiente. Piper le rodea la cintura con
los brazos y Landon me mira antes de marcharse. — ¿Lo tienes
controlado?
—Sí. — digo, despidiéndolos con la mano. —Nos vemos luego.
Cuando se han ido, me acerco a la ventana que da a la ciudad.
Me parece casi un sueño que Emerson haya estado aquí hoy y que la
haya probado. Toco el cristal con los dedos, deseando con todo mi
corazón que ella esté aquí ahora mismo. Cuando estoy con ella, todo
tiene sentido. Es como si por fin pudiera entender un idioma que todo
el mundo habla, y cuando ella no está, me siento perdido.
Una cosa que tengo clara es que Emerson no es un picor que
intento rascar. La verdadera pregunta es: ¿está dispuesta a elegirme?
Al perseguirla, podría arruinar su reputación y su matrimonio
concertado, y puede que ella no me quiera. Quizás yo sea el picor que
ella intenta rascar.
Mi teléfono suena en mi bolsillo y lo saco para ver un mensaje
de Taylor.

Taylor: Te conseguí un número. No es el suyo, pero me han asegurado que es


una línea segura.
La oleada de adrenalina y emoción que siento ante la perspectiva
de volver a hablar con Emerson me dice todo lo que necesito saber.
Por peligroso que sea, no voy a rendirme. Haré todo lo posible
por protegerla, pero estoy dispuesto a arriesgarlo todo.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 11
EMERSON

No solo soy una tramposa, sino que ahora también soy una
ladrona. Giro la cabeza y examino la marca que Gideon me dejó en el
cuello. Ayer me puse un pañuelo para ocultarla, pero mi madre me
dijo que era horrible. Esta noche vendrán Conner y su familia a casa,
y sé que si me vuelvo a poner el pañuelo, mi madre me dirá que me lo
quite. Se enojará mucho si la ve, y no sé cómo reaccionará Conner.
Así que aquí estoy, intentando cubrirla con maquillaje. No tengo
muchas opciones, ya que solo tengo unos pocos productos básicos que
uso habitualmente. Esta marca va a necesitar un corrector muy
potente. Cuando mi madre salió a hacer unos recados, me colé en su
habitación y le robé algunos de los suyos.
Paso suavemente el dedo por la marca, recordando lo que Gideon
le hizo a mi cuerpo. El deseo vuelve a inundarme, iluminándome de
una forma que nunca imaginé posible. No quiero cubrir la marca. De
hecho, me entristece saber que cada día se irá difuminando. Me
preocupa que mis recuerdos de él hagan lo mismo.
Sabiendo que no tengo otra opción, me pongo manos a la obra
para cubrirla. No soy una experta y, en un momento dado, creo que lo
empeoro. Después de veinte minutos, está oculta en su mayor parte,
pero decido peinarme hacia un lado con una horquilla para ayudar.
Estoy segura de que nadie se dará cuenta. Cuando tenemos
estas cenas, soy una idea de último momento sentada en un rincón.
Por muy deprimente que suene, así es como prefiero que sea. Estoy

Sotelo, gracias K. Cross


más que feliz de desaparecer porque ponerme en el centro de atención
significa críticas.
—Emerson. — llama mi madre, entrando en mi habitación sin
molestarse en llamar a la puerta. Me echo todo el pelo hacia un
hombro y cojo una toalla de mano para cubrir el maquillaje que tengo
esparcido sobre el lavabo del baño. Su expresión es de enojo. — ¿Qué
estás haciendo?
Me giro para mirarla. —Me estaba preparando. Dijiste que
teníamos invitados a cenar.
—Es una cena de ensayo.
— ¿Qué? — No sé nada de esta boda, pero sinceramente no me
importa. No tengo ni la más mínima gana de planificarla. Lo único que
me gusta de la boda es el vestido. Es precioso y sé que lo ha elegido
Gideon. ¿Por qué lo ha hecho?
—La cena de ensayo. — dice con exasperación. —Te he dicho que
nos vamos a la ciudad. Haz las maletas. — Me mira y niega, sin que
se le mueva ni un solo mechón de pelo. Lo lleva todo muy rígido, y me
doy cuenta de que debe de haberse peinado.
— ¿Tenemos el ensayo esta noche? — ¿Por qué nadie me dijo
que tenía que hacer las maletas? No hay forma de que lo hubiera
olvidado. Pero bueno, he estado en una nube con Gideon.
—Emerson, no eres lo suficientemente guapa como para ser tan
estúpida. — Ouch. —No vas a tener damas de honor. No necesitas
ensayar. Puedes caminar por el pasillo, ¿no? — Simplemente asiento,
pero sabiendo que Conner estará al otro extremo, caminar hacia él
puede que no sea tan fácil. —Entonces no habrá ensayo, pero
seguiremos celebrando la cena en el hotel. Nos quedaremos ahí hasta
después de la boda.
— ¿Qué pasará después de la boda? — ¿Por qué solo ahora me
doy cuenta de la realidad? No voy a volver aquí. Ya no viviré con mis
padres. En teoría, eso debería ser motivo de celebración, pero prefiero
estar aquí que compartir nada con Conner.
—Estarás de luna de miel. — Mi madre sonríe al oír eso. —Te
llevará en el yate de su familia. Eres una chica muy afortunada. —
Parece orgullosa, pero no es ella la que tiene que ir con él.

Sotelo, gracias K. Cross


—No me siento afortunada. — le digo, acabando con su buen
humor, ya que su expresión feliz desaparece de su rostro.
— ¿Qué te pasa?
Se acerca más y sé que ha llegado el momento, que esta es mi
oportunidad. Más vale que lo diga, porque se me acaba el tiempo.
Quizá entonces me vea como su hija y no como una persona a la que
deshacerse. ¿Tanto desea deshacerse de mí? No debería importarme
si es así, pero la idea me duele.
—No quiero casarme con él. — le digo en voz baja, suplicándole
compasión.
La bofetada que me da en la cara me sobresalta y me quedo ahí
parada, conmocionada. Mi madre nunca me había puesto la mano
encima. Sus palabras eran su arma preferida y las esgrimía con
precisión.
—Charlie te está esperando abajo. Él te llevará. Haz las maletas.
— Con eso, se da la vuelta para marcharse, pero se detiene en la
puerta de mi habitación. —Te vas a casar con él y actuarás en
consecuencia.
Cuando se ha ido, me toco la mejilla. Está caliente y me queda
un ligero escozor. Es una bofetada literal de realidad y una brutal
llamada de atención. Supongo que si alguna vez me pregunté cuál era
mi lugar con ella, ahora lo sé con certeza.
Me comporto como un autómata mientras recojo mis cosas. Una
sensación de entumecimiento se apodera de mí y ya no tengo
pensamientos ni sentimientos.
— ¿Necesitas ayuda? — pregunta Mason. El mayordomo de mi
madre tiene una expresión compasiva en el rostro.
—No del tipo que tú ofreces.
—Sabes que te ayudaría en todo lo que pudiera. — dice con
delicadeza.
—Lo sé. — Asiento, pero no voy a involucrarlo en esto. Fue
terrible por mi parte haber involucrado a Charlie. Podría hacer que los
despidieran, y odiaría que eso sucediera. Los dos han sido muy
amables conmigo, y si mi madre se enterara de que han desobedecido

Sotelo, gracias K. Cross


sus órdenes, arruinaría sus posibilidades de conseguir trabajo en otro
lugar.
— ¿Esto es todo?
—Oh, casi se me olvida. — Corro hacia mi armario y rebusco en
el fondo, donde tengo escondida una caja. Adentro hay cosas que me
dio mi abuela antes de fallecer. La he guardado bien escondida y es lo
único que hay en esta casa que me importa. —Ya está.
Mason coge dos de mis maletas y yo cojo la otra, y nos reunimos
con Charlie afuera. Las cargamos y, cuando me doy la vuelta, veo a la
mayoría del personal de la casa ahí de pie.
— ¿Qué pasa? — le pregunto a Charlie, porque todos parecen
muy tristes.
—Quieren abrazos. — Charlie me empuja hacia ellos y mi
corazón se rompe un poco al verlos.
—Los voy a echar de menos a todos. — digo, con un nudo en la
garganta.
Abrazo a cada uno de ellos para despedirme, sin importarme si
eso me hace llegar tarde y enoja a mi madre. Pronto dejaré de ser su
responsabilidad, pero estas personas son importantes para mí. Todos
ellos han contribuido a criarme y me han cuidado más que ella.
Cuando termino, Charlie me abre la puerta del copiloto y me
meto. Sabe que no me gusta sentarme atrás cuando estamos los dos
solos. Cuando se sienta en el asiento del conductor, me entrega su
teléfono.
—Hay alguien llamado Gideon que ha estado intentando
localizarte. — dice, con una pequeña sonrisa en la comisura de los
labios.
— ¿En serio? — Cojo el teléfono tan rápido que le hace reír.
—Sí, en serio. — dice, y luego señala el número mientras sale del
camino de entrada.
—Gracias, Charlie. — De repente, una pequeña luz se asoma
entre la oscuridad que hay delante.

Sotelo, gracias K. Cross


Gideon ha estado intentando ponerse en contacto conmigo. Eso
tiene que significar algo, ¿no? Desde que salí corriendo de su oficina,
siento un dolor en el corazón. Echarlo de menos ha sido doloroso, y
me preocupa que se convierta en tristeza y me consuma por completo.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 12
GIDEON

El teléfono suena en mi mano y apenas termina de sonar cuando


lo contesto. — ¿Emerson?
—Gideon, esto es arriesgado. — Parece que está en el coche y
supongo que su chófer, Charlie, está con ella.
—Necesito verte. — Se me acaba el tiempo y no hay necesidad
de fingir que no la quiero.
—No puedo. Esta noche voy a cenar en el hotel de la boda con
nuestras familias y con él. — Dice la palabra él en voz baja, pero ambos
sabemos que se refiere a Conner.
— ¿Dónde? — Aprieto el teléfono con más fuerza en mi mano.
Duda y luego exhala un largo suspiro. —Quizás no sea una
buena idea que volvamos a vernos.
— ¿Dónde? — repito, esta vez con tono exigente.
—En el Crowned Saint, en Fourth Street. — oigo decir a Charlie
al fondo.
—Charlie. — le susurra Emerson antes de volver a dirigirse a mí.
—Gideon, por favor. Lo que pasó entre nosotros fue un error.
Esas palabras son como una puñalada en el corazón. —Mientes.
— Cierro los ojos y me obligo a respirar. —Si no me quieres, Emerson,
dilo. Pero no te atrevas a decir que lo que hicimos fue un error. No
cuando fue uno de los mejores momentos de mi vida.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Uno de los mejores? — pregunta en voz baja.
—Después de conocerte. — digo, con el corazón latiendo más
rápido. —Y de besarte en el camerino.
—Gideon.
—Cada momento que paso contigo es maravilloso. — le digo. —
Pero no me mientas y no te mientas a ti misma. Sé que has tenido que
proteger tu corazón todos estos años ocultándole cosas a tu familia,
pero yo no soy como ellos. No estoy tratando de hacerte cambiar una
jaula por otra, Emerson. Estoy tratando de liberarte.
Hay una larga pausa al otro lado del teléfono, y desearía poder
ver su rostro, leer su expresión.
—Esta es la última vez. — dice finalmente, y yo sonrío.
—Si eso es lo que tienes que decirte a ti misma.
—Ya hemos llegado, Emerson. — dice Charlie en segundo plano.
—Tengo que colgar. — me dice Emerson.
—Te encontraré, preciosa. — Eso es todo lo que digo antes de
colgar.
Cuando salgo de mi despacho, voy en busca de Spencer. Está en
nuestra oficina compartida con Landon revisando el caso en el que ha
estado trabajando. Ha estado en el tribunal las últimas dos semanas,
pero ayer hablé con él sobre lo que quería.
— ¿Lo has hecho? — le pregunto a Spencer, que intercambia una
mirada con Landon.
— ¿Estás seguro de esto? — Spencer parece reacio, pero,
sorprendentemente, Landon no parece desconcertado. Quizás porque
él haría lo mismo si estuviera en mi lugar.
—He firmado todos los documentos, así que sí, estoy seguro. —
Cuando le pedí que redactara el contrato, le di la opción de negarse a
ser el mediador en este asunto. No quería involucrar a mis mejores
amigos, pero necesitaba a alguien en quien pudiera confiar.
—Todo está listo. Solo tiene que firmar en la línea punteada. —
dice Spencer. —Pero como tu asesor legal...

Sotelo, gracias K. Cross


—No me representas. — le recuerdo.
—Él está seguro. — Landon da unos golpecitos con los nudillos
sobre la mesa y se gira hacia Spencer. —Y apuesto a que le va a salir
el tiro por la culata, pero ya sabes lo mucho que me gustan los dramas
ajenos.
—Son los mejores. — coincide Spencer.
Ignorándolos, me doy la vuelta para marcharme y les digo por
encima del hombro: —Nos vemos mañana, chicos.
— ¿En su boda? — dice Spencer, dándome un último empujón.
Estoy deseando que conozca a la mujer de su vida, porque ella lo va a
arruinar.
Una vez fuera, paro un taxi para ir al The Crowned Saint. Decido
que es mejor que parezca que estoy ahí como huésped, así que me
registro y pago una habitación. El hotel está lleno de gente y me
pregunto cuántos de ellos están aquí para la boda.
— ¿Viene por negocios o por placer? — me pregunta la
recepcionista mientras me entrega las llaves.
—Un poco de ambas cosas. — Miro hacia atrás y veo un pequeño
cartel blanco con los nombres de Emerson y Conner escritos en letras
doradas. —Pero primero los negocios.
Le doy las gracias a la recepcionista, cojo las llaves y me dirijo
hacia donde apunta el cartel. Hay docenas de salones de baile en este
hotel, pero ya he estado aquí para reuniones y recuerdo que hay
comedores privados en la parte trasera para cenas más íntimas.
Más adelante, veo a los camareros entrando y saliendo de una
de las salas privadas, y entonces me fijo en otro cartel similar al del
vestíbulo. No puedo entrar directamente donde todo el mundo puede
verme, así que doy la vuelta y busco otra entrada.
Hay una entrada de servicio en la parte trasera y unas cortinas
que separan el espacio. También hay un baño en esta dirección, así
que es el lugar perfecto. Echo un vistazo a la mesa del interior y,
efectivamente, Emerson está ahí.
Tiene la cabeza gacha y está pinchando la comida de su plato
mientras los demás comensales hablan animadamente por encima de

Sotelo, gracias K. Cross


ella. Les da igual si ella está ahí o no, y eso se nota. La ira hierve dentro
de mí porque ella no se merece que la traten como si fuera una idea
de último momento. Quiero entrar y exigirle que venga conmigo, pero
recuerdo las palabras de Landon y cómo un paso en falso podría
arruinar su reputación.
Por mucho que quiera, me controlo y voy a buscar a un
camarero. Tras un breve intercambio y unos cientos de dólares, vuelvo
a la entrada de servicio y espero. Echo un vistazo a través de las
cortinas y veo cómo el camarero se acerca a rellenar el vaso de
Emerson y le susurra algo al oído.
Emerson levanta la cabeza y mira directamente hacia donde
estoy. Estoy tan bien escondido que sé que no puede verme, pero es
como si supiera exactamente dónde estoy. Asiente al camarero y
espera a que se vaya antes de levantarse de la mesa. Nadie parece
notar su ausencia mientras se levanta y camina en mi dirección.
Siento un fuerte impulso de salir a su encuentro, pero me quedo
donde estoy hasta que ella desaparece de su vista. Una vez que
atraviesa las cortinas, la tengo en mis brazos y la beso como si hubiera
pasado los últimos diez años en el mar.
—Gideon. — gime entre beso y beso.
—No te atrevas a decirme que pare. — le digo, inmovilizándola
contra la pared detrás de mí. Estamos rodeados de cortinas oscuras
y, a menos que alguien las registre a propósito, nunca podrán
encontrarnos.
—No pares. —me devuelve el beso, saboreando mi lengua con la
suya. — Te necesito.
—Estoy aquí. —Sus piernas se envuelven alrededor de mi
cintura mientras le subo el vestido. Mis dedos alcanzan el centro de
sus bragas y gimo de placer cuando siento su calor húmedo.
—Solo pensar en que estás aquí me ha mojado. — Sus palabras
son como una confesión y hacen que mi polla palpite.
—Necesito saborearte de nuevo. — Meto un dedo dentro de ella
antes de sacarlo y llevarlo a mi boca. Se me hace agua la boca mientras
chupo su deseo.

Sotelo, gracias K. Cross


—Ahora vuelvo.
El sonido de la voz de Conner tan cerca de nosotros me paraliza.
Estaba tan absorto en Emerson que olvidé dónde estábamos y lo que
se suponía que ella debía hacer. Emerson deja escapar un pequeño
gemido de miedo y yo le pongo el dedo sobre los labios, indicándole en
silencio que no haga ruido.
Con todo el cuidado que puedo, corro la cortina y veo a Conner
al otro lado, de espaldas a nosotros. Está buscando algo en el bolsillo
de su abrigo, pero antes de que pueda preguntarme qué está haciendo,
su cuerpo se mueve y lo veo todo.
Tiene un pequeño frasco de cristal del que vierte un polvo en el
dorso de su mano. Luego se inclina y lo huele. Dejo caer la cortina y
miro a Emerson a los ojos. Parece completamente conmocionada, pero
a mí no me sorprende. Él también era un maldito cocainómano en la
universidad, pero esperaba que hubiera madurado y se hubiera
recompuesto.
Espero a oír que se reincorpora a la cena antes de volver a
centrar mi atención en Emerson. — ¿Ese es el hombre con el que te
vas a casar?
—No lo sabía. —Se pone a la defensiva e intenta empujarme,
pero no la dejo ir.
Mis hombros se hunden porque no estoy enojado con ella. Estoy
enojado porque él tiene un derecho sobre ella que yo no tengo. —Lo
siento. —Su cuerpo también se relaja y apoyo mi frente contra la suya.
— Ven a mi habitación cuando esto termine.
—Lo intentaré. — Me mira a los ojos y veo la indecisión.
Meto la mano en el bolsillo y saco la llave extra. En lugar de
dársela, agarro el borde de sus bragas y meto ahí la llave de la
habitación. —Prométemelo.
Se muerde el labio inferior, pero luego asiente. —Lo prometo.
Cuando la vuelvo a poner de pie, le tiemblan las piernas, pero
endereza los hombros y regresa al comedor.

Sotelo, gracias K. Cross


Quiero decirle que no se vaya, que se escape conmigo, pero tiene
que ser su decisión. No puedo obligarla a elegirme, pero puedo hacer
que le resulte muy difícil no hacerlo.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 13
EMERSON

El hermoso vestido de novia que se supone que debo llevar está


colgado en un gancho en mi suite. Todo está preparado y listo para
mañana. Me encanta el vestido, pero odio lo que significa para mi
futuro. Ojalá hubiera una salida, pero no veo ninguna.
No puedo depositar toda mi fe en Gideon. Él no tiene la
obligación de intervenir como un caballero andante. De hacerme
promesas que quizá no pueda cumplir. Peor aún, de cumplirlas
aunque no quiera. No tengo derecho ni siquiera a pedírselo.
Sería como hacerle a él lo mismo que me están haciendo a mí, y
no se lo haría a otra persona. Nunca tengo opciones, pero ahora mismo
tengo una. Esta noche, elijo disfrutar.
Saco la llave que me dio Gideon. Durante el resto de la velada,
la llave fue mi salvavidas. La agarré con fuerza, recordándome a mí
misma que Gideon estaba cerca.
Pensé especialmente en él durante el discurso que dio la madre
de Conner. Alguien ajeno a la situación habría pensado que ella y yo
éramos inseparables. Incluso derramó algunas lágrimas. Esa mujer y
yo solo habíamos intercambiado unas pocas palabras, pero ella montó
el espectáculo de su vida. Me dijeron que su discurso era una
tradición, pero todo me pareció una mentira.
Afortunadamente, mis ojos se llenaron de lágrimas junto con los
suyos. No porque estuviera llena de alegría, sino porque sabía que era

Sotelo, gracias K. Cross


un vistazo a mi futuro. Nada en mi vida sería real; en cambio, todo
sería una fachada. Por eso esta noche elijo a Gideon. Él es lo único
que se siente real en este momento, y quiero aferrarme a él.
Miro la hora y me pregunto cuánto tiempo debería esperar en mi
habitación antes de ir a verlo. Me preocupa encontrarme con alguien
en el pasillo. Miro por la mirilla para ver si no hay moros en la costa y
se me revuelve el estómago al ver a Conner. ¿Viene aquí? Todavía no
puedo creer que lo viera consumir drogas. Puede que sea ingenua,
pero no tanto. Estaba consumiendo cocaína en nuestra cena de
ensayo.
A través de la mirilla, veo a Conner acercarse, pero entonces veo
a una mujer con él. Ella tropieza hacia él y él la agarra a medias, ya
que ambos casi caen al suelo. Cuando no lo hacen, se echan a reír y
ella lo besa. Me resulta familiar y me doy cuenta de que estaba en la
cena de ensayo de esta noche.
Después de que llegan a su suite, espero unos momentos más
solo para asegurarme. Al menos, estando borracho y drogado, no se
dará cuenta de que me escabullo de mi habitación. ¿Por qué no se
casa con esa chica en vez de conmigo?
Corro por el pasillo, sin dejar de mirar por encima del hombro.
La habitación de Gideon está solo un piso más abajo, así que bajo por
las escaleras. Cuando encuentro su habitación, no tengo tiempo de
usar la llave porque la puerta se abre de golpe y él me empuja adentro.
Su boca se posa sobre la mía mientras la puerta se cierra detrás de
nosotros y él me empuja contra ella.
Envuelvo mis piernas alrededor de su cintura y lo agarro,
tratando de acercarme más. No sabía que este tipo de pasión fuera
real, pero es lo único que siento cuando él está cerca de mí. Está en
la forma en que Gideon me besa y en cómo sus caricias están llenas
de posesividad. Me hace sentir deseada por quien soy y no por ninguna
otra razón. Estar conmigo no beneficia su estatus social ni fusiona
negocios. Me eligió a pesar de todo eso, y nunca me he sentido más
especial.
—Te extrañé. — dice Gideon cuando su boca comienza a bajar
por mi cuello.

Sotelo, gracias K. Cross


—También te extrañé. — Jadeo cuando me muerde la piel
sensible. —Pero solo fue una hora.
Levanta la cabeza y sus ojos se encuentran con los míos. —Te
echo de menos cuando no estás lo suficientemente cerca como para
tocarte.
—Eres tan dulce. ¿Lo sabes? — Suelta una risita que recorre su
cuerpo y se transmite al mío. No sabía que una risa pudiera ser sexy,
pero todo lo relacionado con Gideon lo es.
—Nadie me había llamado así antes.
—Me cuesta creerlo. — Levanto la mano para acariciarle la
mejilla. Sus labios están un poco más rojos de lo normal por nuestros
besos, y los acaricio con el pulgar. No puedo imaginarme besando a
nadie más que a él, y no quiero hacerlo.
—Quizás sea solo por ti. — Gira la cabeza para besarme la palma
de la mano, y su caricia es tierna.
Me encanta la idea de que haya una parte de Gideon que solo
me pertenezca a mí. Dios sabe que mi corazón siempre le pertenecerá.
Quizás tener algo suyo haga que la separación no sea tan dolorosa.
— ¿Y ahora qué? — Me retuerzo en sus brazos, frotando mi sexo
contra su dura erección.
—Eso puede esperar. — Da un paso atrás y me pone de pie.
Quiero volver a saltar a sus brazos, pero él me coge de la mano. —No
has cenado, así que voy a darte de comer.
—He comido un poco. — murmuro, pero tiene razón.
Básicamente, he estado empujando la comida por el plato.
—No es suficiente. — Me lleva al fondo de su suite y me quedo
sin aliento cuando veo lo que ha preparado en el salón. Toda la
habitación está llena de velas y la chimenea está encendida. Hay
pétalos de rosa esparcidos por todas partes y sobre todas las
superficies, y han preparado una pequeña mesa redonda para
nosotros.
— ¿Has hecho esto por mí? — Se me llenan los ojos de lágrimas
al verlo. Nadie había hecho nunca nada tan especial por mí, y mucho
menos romántico.

Sotelo, gracias K. Cross


—No llores, preciosa. — me dice, y yo sorbo por la nariz, tratando
de contener las lágrimas.
—Esto es demasiado. — le digo, pero su expresión se vuelve
irritada. — ¿Estás enojado?
—No contigo. — Su rostro se suaviza al instante. —Esto —dice
señalando con la mano toda la habitación— no me ha llevado nada de
tiempo. Era lo mínimo que podía hacer. Me enoja que un gesto tan
pequeño te haga querer llorar. No debería ser así, Emerson. Eres la
persona más amable que he conocido nunca.
—Para ser justos, no me conoces muy bien. — Nuestra química
ha sido explosiva desde el momento en que nos conocimos, pero no
hemos pasado mucho tiempo juntos.
—Creo que no te valoras lo suficiente. Para mí y para todos los
que te rodean es fácil ver lo dulce y buena que eres. Te preocupas por
todo el mundo, incluso cuando son unos idiotas. Por eso tu familia se
aprovecha de ti.
—Lo sé. — admito. —Ojalá tuviera más carácter, pero no puedo
permitirme ese lujo.
—Pero sí que puedes. — Lo hace parecer tan fácil. —Vamos,
comamos. — Gideon me acerca una silla y me dedica una sonrisa
pícara. —Lo menos que puedo hacer es darte de comer antes de volver
a devorarte.
—Gideon. — Mis mejillas se sonrojan al recordar y bajo la mirada
hacia mi regazo para ocultarlo.
—No te escondas de mí. Tus sonrojos son tan dulces como el
resto de ti. — Me levanta la barbilla con un dedo. —Eres tan hermosa.
—Tú tampoco estás tan mal. — le digo en tono burlón,
colocándome la servilleta en el regazo y observando cómo se sienta. —
Cuéntame cosas.
— ¿Cosas?
—Sí, cosas. — Me río cuando él se inclina y me coge la mano. —
Empieza por dónde naciste y sigue desde ahí.

Sotelo, gracias K. Cross


Su sonrisa es juguetona cuando empieza a hablar. Comemos y
hablamos, y descubro que Gideon no creció en una familia adinerada.
Salió al mundo y se dejó la piel para labrarse un futuro, y no puedo
evitar encontrarlo admirable. Me cuenta historias de su infancia y de
la universidad. Me encanta escuchar lo unido que está a sus dos
mejores amigos y cómo fundaron juntos la empresa.
En algún momento nos trasladamos al sofá, donde tomamos
vino y compartimos historias. Me hace un millón de preguntas y siento
que no paro de hablar, pero es muy fácil conversar con él. Es muy
natural, la verdad. Con la forma en que hablamos, parece que nos
conociéramos desde hace años.
—Apuesto a que tu madre está orgullosa de ti. — le digo, y él
asiente.
—Te adorará. — Parece tan seguro cuando lo dice que no sé
cómo responder.
Actúa como si tuviéramos un futuro, pero no podemos tener una
aventura. No le haría eso a Gideon. Es un buen hombre y se merece
una mujer culta y que encaje. Puede que tenga experiencia con gente
rica, pero apenas puedo funcionar en el mundo real.
— ¿Quieres un camino diferente, Emerson?
—Creo que ese tiempo ya pasó. Nunca se me ofreció la
universidad ni nada por el estilo.
— ¿Quieres ir a la universidad?
—No lo sé. — Me encojo de hombros. —Quizás pasé demasiado
tiempo leyendo novelas románticas cursis porque eso era lo que quería
para el futuro.
— ¿Cómo es eso? — La mano de Gideon descansa sobre mi
muslo, sus dedos acariciándome perezosamente.
—El matrimonio de mis padres es horrible, pero en las novelas
románticas veía la posibilidad del amor. Me dije a mí misma que algún
día tendría eso, porque no quería la misma vida que mi madre. ¿Crees
que es una tontería? ¿Que lo único con lo que soñaba para mí era el
amor?

Sotelo, gracias K. Cross


—No, Emerson. — Me coloca un mechón de pelo detrás de la
oreja. —Creo que, con tu familia, es lo que cualquiera soñaría. Todos
queremos lo que nos falta en la vida.
—Pero lo mío podría haber sido la educación. Podría haber
soñado con ir a la universidad, pero no lo hice.
—No todo el mundo necesita ir a la universidad, y no hay nada
de malo en querer cosas tradicionales. Quizás si hubieras tenido amor,
habrías soñado con algo diferente, pero la cuestión es que debería ser
tu elección. Tu vida no debería ser decidida por otros y forzada sobre
ti.
Gideon me atrae hacia su regazo y yo descanso mi cabeza sobre
su hombro, relajándome contra él. Por primera vez en mi vida, me
siento vista. Es como si hubiera desbloqueado mi alma y comprendiera
cada parte de ella.
—Gracias. — le digo, rozando mi nariz contra su cuello. Cierro
los ojos, deseando saborear este momento. Sus dedos se deslizan
suavemente por mi espalda y nunca me he sentido tan en paz.
—No me des las gracias. — dice, pero parece que está muy lejos.
Siento su calor contra mí, así que sé que está aquí, pero estoy
demasiado cómoda como para levantar la cabeza.
Cuando vuelvo a abrir los ojos, una luz brillante me envuelve y
me encuentro en la cama de Gideon. Me despierto sobresaltada y miro
a mi lado, pero él no está ahí.
—Mierda. — Salto de la cama e intento recordar lo que ha
pasado. Gideon me abrazaba y, de repente, se apagaron las luces.
Debo de haberme quedado dormida sobre él y él me ha llevado a su
cama.
¿Dónde diablos se ha metido? Quiero hablar con él, pero ¿y si se
ha ido del hotel? Quizá no quiera verme casarme con otro hombre. No
puedo culparlo. La idea de no volver a ver a Gideon nunca más me
produce un profundo dolor en el pecho.
Busco por toda la habitación, como si pudiera estar escondido
debajo de la cama, antes de tener que volver a mi habitación. Se acabó
el tiempo y tengo que afrontar mi destino.

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 14
GIDEON

—Menos mal que estabas aquí. — El padre de Conner, Frank


Merritt, me da una palmada en la espalda. —Vendrás a la boda,
¿verdad?
Aprieto los dientes y asiento para poder largarme de aquí. Esto
es lo que me pasa por dejar a Emerson.
—Genial, genial. Hablamos el lunes. — Me atrae hacia él y puedo
oler el whisky en su aliento. O se ha pasado toda la noche bebiendo o
eso es lo que ha desayunado. Apuesto por lo segundo. —Pero te
asegurarás de que esto no se filtre a la prensa, ¿verdad?
—Por supuesto. — Mi sonrisa es forzada, pero se me da bien
controlar mis emociones. Si no, ya habría quemado este hotel hasta
los cimientos.
Anoche, cuando Emerson se quedó dormida en mis brazos, fue
lo más tranquilo que he experimentado nunca. Al escucharla hablar
de su familia y de su vida mientras crecía, se me partió el corazón por
todas las cosas que no había tenido. Claro, su familia era ricachona,
pero no hay nada que pueda sustituir al amor. Creció sin sentirse
nunca lo suficientemente buena y sin confiar en que su familia hiciera
lo mejor para ella. Cuando la llevé a la cama y se acurrucó a mi lado,
sentí que me lo había ganado. Emerson susurró mi nombre mientras
dormía y se acercó a mí como si fuera su único salvavidas.
Cuando mi teléfono vibró unas horas más tarde, vi que era el
número de Gamer en la pantalla. No debería haber contestado, pero

Sotelo, gracias K. Cross


en el fondo esperaba tener una confrontación con él. Quería decirle
que rompiera con Emerson y la dejara libre, pero en cambio, me
encontré con un nuevo problema que resolver.
Al parecer, Conner quería pasar su última noche de libertad
dándolo todo. No solo estaba esnifando una raya tras otra mientras
bebía, sino que la mujer que había llevado a su habitación invitó a
unas cuantas amigas. Cuando él se desmayó en medio de la orgía, ella
cogió su teléfono y llamó al número marcado como Abogado en lugar
de a la policía.
Llamé a una ambulancia y, cuando llegué a su habitación de
hotel, los paramédicos ya estaban ahí despertándolo. Se negó a ir con
ellos y llamó a su padre, y así es como terminé aquí, en este desastre.
Frank Merritt habló con las mujeres antes de que se marcharan, y
estoy seguro de que a cada una de ellas le pagaron generosamente por
su silencio.
Ahora Gamer tiene una resaca de mierda y está gimiendo en el
sofá junto a nosotros. Lleva una sábana alrededor de la cintura y sigue
vomitando en una papelera.
—Tenemos que reunirnos con tu madre abajo. — le dice Frank a
su hijo con una mirada de disgusto en el rostro. —Límpiate. Es el día
de tu boda, por el amor de Dios.
Los sonidos de él reprendiendo a su hijo siguen resonando
cuando salgo de la habitación del hotel. No siento simpatía por
ninguno de los dos, especialmente cuando esto afecta a Emerson. He
aguantado lo suficiente, pero me niego a dejar que ella se ate a este
pedazo de mierda.
Una vez fuera de la habitación, corro hacia las escaleras y me
detengo en seco. La puerta de la suite de Emerson está abierta y,
cuando la veo, casi caigo de rodillas.
Está ahí de pie, con su vestido de novia, como salida de mis
sueños. Durante un largo instante, me pregunto si estoy soñando.
Entonces se gira hacia mí y nuestras miradas se cruzan.
— ¿Qué estás haciendo? Tenemos que irnos. — Es entonces
cuando veo a su madre detrás de ella, prácticamente empujándola

Sotelo, gracias K. Cross


fuera de la habitación. —Oh, bien, un botones. Tú, ven a coger mi
maleta.
Me la tiende y yo estoy tan conmocionado por ver a Emerson con
el vestido que la cojo. Emerson se sonroja avergonzada y abre mucho
los ojos. Va a decirle algo a su madre, pero yo niego.
—Permíteme. — Le tiendo el brazo a Emerson y ella se acerca,
deslizando su mano por mi codo.
—Gideon. — susurra para que solo yo la oiga.
—Este vestido es demasiado. Apenas puedo estar a tu lado. Coge
el ascensor tú sola. Tengo que recibir a nuestros invitados. Tú ve al
salón nupcial y espera a que te llamen. — Me chasquea los dedos. —
Asegúrate de que no se caiga de bruces por el camino.
Es evidente que su madre no recuerda que soy el abogado que
redactó el acuerdo prenupcial de Emerson, así que no me molesto en
corregirla. En cambio, la veo subir al ascensor abierto y bajar sola.
Cuando se ha ido, tiro su bolso a la papelera que hay junto a nosotros,
lo que hace reír a Emerson.
—Lo siento mucho. Diría que no suele ser así, pero es bastante
habitual. — Emerson me mira, con los ojos llenos de preocupación. —
¿Dónde estabas?
—Es una larga historia. — Se abre una segunda puerta del
ascensor y la empujo para que entre. —Te lo contaré más tarde, pero
necesito que confíes en mí, ¿de acuerdo?
—Por supuesto. — No duda en acercarse y mirarme a los ojos.
—Confío en ti.
Sin decir nada más, presiono el botón para bajar un piso y corro
hacia mi habitación. Cojo lo que necesito de la mesa y vuelvo al
ascensor antes de que se cierre.
La atraigo hacia mí y me inclino para besarla con toda la pasión
que siento. Ahora o nunca, y no sé lo que vendrá después.
Las puertas del ascensor se abren y rompemos el beso, pero no
la suelto. En cambio, le cojo la mano y la llevo a la sala nupcial, donde
se supone que debe esperar a que la llamen como si fuera ganado en
una subasta.

Sotelo, gracias K. Cross


—Gideon, ¿qué está pasando...?— Sus palabras se ven
interrumpidas cuando la levanto del suelo.
En cuanto entramos, cierro la puerta de una patada y la bloqueo.
Luego tiro la carpeta de cartón que traje de mi habitación sobre la
mesa de centro. —Te amo, Emerson. — le digo, llevándola al sofá. —
No me respondas, no ahora. Pero necesito que lo oigas de mí antes de
que tomes una decisión.
Se le llenan los ojos de lágrimas mientras se aferra a mi camisa.
— ¿Me amas? — Cuando asiento, niega. — ¿Cómo? ¿Cómo puedes
amarme cuando solo han pasado unos días y soy un desastre?
Cuando la acuesto, la miro a los ojos mientras le separo los
muslos con las manos. La tela de su vestido se arruga a su alrededor
y ella se relaja al sentir mi tacto.
—El tiempo no tiene importancia cuando se trata de almas
gemelas, y tú eres la mía, Emerson. — Mis dedos tocan el sedoso tejido
de sus bragas y noto cómo se humedecen. —La vida es corta y no
puedo pasarla lamentándome. —gime cuando le aparto las bragas y le
introduzco dos dedos. —Te amo y mereces oírlo.
—Gideon. —balancea las caderas hacia arriba, tratando de
tomarme más profundamente.
—Y no eres un desastre, preciosa. Todavía no.
— ¿Todavía no? — Se le corta la respiración en la última palabra
mientras froto mi pulgar sobre su clítoris.
—Te voy a follar con este vestido puesto. — le digo mientras le
beso el cuello. Hay maquillaje cubriendo la marca que dejé, y lo froto
antes de chuparlo de nuevo. —Este vestido es para mí, así que vas a
tener mi semen corriendo por tus piernas mientras lo llevas puesto.
¿Me entiendes?
—Sí. — gime mientras su coño se aprieta alrededor de mis dedos.
Me abre la bragueta y entonces su mano está ahí, rodeando mi
miembro desnudo. Guía la gruesa cabeza hacia su húmeda entrada y
siento cómo el calor de esta besa la punta. Es como si me hubiera
electrocutado el deseo, ya que la necesidad recorre mi espina dorsal.

Sotelo, gracias K. Cross


—Quiero que todas mis primeras veces sean contigo. —me besa
al mismo tiempo que empujo dentro de ella, sus gemidos
amortiguados entre nosotros.
La sensación de estar dentro de ella es perfecta, y no quiero que
este momento termine nunca. Pero el impulso de moverme, de
correrme, es demasiado fuerte, y me retiro antes de volver a empujar
rápidamente. Mi cuerpo no me pertenece, ya que toma el control con
un ritmo constante.
Rompo el beso y la miro fijamente, desesperado por recordarme
a mí mismo que esto no es un sueño. Quiero que este momento se
grabe en mi cerebro para toda la eternidad porque es más hermoso de
lo que jamás podría haber imaginado.
—Mía. — digo con los dientes apretados y profundizo más.
— ¡Gideon! — grita mi nombre tan alto que, si hay alguien afuera
de la puerta, estoy seguro de que lo ha oído.
Esa idea me hace sentir aún más posesivo y la penetro con más
fuerza. Quiero que grite mi nombre desde lo alto de este hotel para que
todos sepan que me pertenece. Que soy el único que va a estar dentro
de ella.
Su coño se contrae y sus piernas se tensan cuando alcanza el
orgasmo. Es intenso y rápido, pero nosotros también lo somos, y no
puedo contenerme. Mis testículos se tensan y me corro con ella
mientras me ordeña la polla. Es un desastre, tal y como prometí, y lo
único que quiero es desplomarme sobre ella y volver a hacerlo.
Pero se nos acaba el tiempo.
Nos lleva un momento recuperar el aliento, y cuando finalmente
me retiro, miro lo que he hecho. Su coño está empapado con mi semen,
y hay un toque de su sangre virgen en mi polla. Es erótico y sucio, y
sin embargo, de alguna manera, es exactamente lo correcto.
—Mía. — digo de nuevo, solo que esta vez como un voto.
Consigo meter mi polla turgente en los pantalones y arreglarle el
vestido justo cuando la manija de la puerta se mueve.
— ¿Por qué está cerrada esta puerta? — oigo gritar a la madre
de Emerson al otro lado.

Sotelo, gracias K. Cross


—Oh, no. — jadea Emerson y se sienta.
—Ya está. — le digo mientras le acaricio la cara con las manos.
—Te amo y siempre quiero que tengas la posibilidad de elegir. — Le
recojo el pelo que se le ha soltado detrás de la oreja mientras respiro
hondo. —Te dije que no quería meterte en otra jaula. Que quería
liberarte. Eso es lo que he hecho.
Me acerco a la mesa de centro, abro la carpeta de cartón y le
entrego el contenido.
— ¿Qué es esto? —mira la pila de papeles, sin duda confundida
al ver su nombre en la parte superior.
—Es una elección, Emerson. Si lo quieres. — digo y paso la
primera página. —Esta es la escritura de una casa a tu nombre. Viene
con un montón de terreno para que puedas cultivar un jardín a tu
gusto. — Paso a la siguiente sección. —Junto con un fideicomiso en
vida a tu nombre para administrarla, con suficiente dinero para
mantenerte el resto de tu vida.
—Gideon. — susurra mi nombre mientras abre mucho los ojos.
—No puedo aceptarlo...
—No hay nada que aceptar. Ayer le pedí a Spencer que redactara
los documentos. Ya está hecho. — Le tiemblan las manos mientras
pasa las páginas del contrato. —Considéralo un regalo de boda.
No sonríe ante mi broma y una lágrima le resbala por la mejilla.
—Eres libre, Emerson. Libre para vivir tu vida como quieras y
con quien quieras. Espero que algún día eso me incluya a mí, pero
esto no depende de eso. Es tuyo, firmado, sellado, libre y claro.
—Esto es demasiado, no puedo quedarme con todo tu dinero. —
Sus ojos buscan los míos mientras le sonrío.
—Bueno, por suerte, tengo mucho más. — Me levanto del sofá y
una mirada de confusión cruza su rostro.
— ¿Te vas?
Me inclino y le doy un beso en los labios. —No te preocupes,
estaré cerca. — Camino hacia la puerta, agarro el pomo y la miro. —
Te amo, Emerson. Pase lo que pase.

Sotelo, gracias K. Cross


En cuanto abro la puerta, la madre de Emerson casi se cae. Le
guiño un ojo mientras salgo, y ella está tan enojada que lo único que
puede hacer es resoplar.
Decido asegurarme un poco y saco mi teléfono para hacer una
llamada rápida.
—Hola, Taylor. ¿Todavía tienes ese contacto en TMZ?

Sotelo, gracias K. Cross


Capítulo 15
EMERSON

Mi madre habla sin parar, pero yo no escucho nada de lo que


dice. Él me ama. Y no solo eso, es un amor sin condiciones. Gideon
me ha regalado la libertad, pero yo no la quiero. Lo único que quiero
es a él. Todavía puedo sentirlo en todo mi cuerpo. Ahora es parte de
mí y nunca podré renunciar a eso.
—Emerson, ¿qué te pasa? —Mi madre chasquea los dedos
delante de mi cara. — Siempre has sido una chica tan tonta. Al menos
ahora eres problema de Conner —murmura la última parte entre
dientes.
— ¿Eso es lo que soy, madre? ¿Un problema? —Eso es lo único
que he sido para ella. No entiendo por qué se molestó en tenerme. Si
mi madre me ha enseñado algo, es cómo no ser una madre de mierda
como ella.
—No empieces. — Intenta tocar la esquina de mi vestido,
probablemente con la intención de arreglarlo, pero le aparto la mano.
No quiero que nadie más que Gideon lo toque. La expresión de
sorpresa que se apodera de su rostro es cómica.
— ¿Que no empiece? — Me enderezo. —Oh, estoy a punto de
hacerlo.
—Cuidado. — me advierte mi madre, pero no le hago caso.
—No. — digo desafiante.

Sotelo, gracias K. Cross


Levanta la mano con la intención de volver a abofetearme, pero
le agarro el antebrazo. Esta vez estaba preparada. Empujo su brazo
hacia atrás, alejándola de mí en el proceso. Ella da unos pasos hacia
atrás. Sus tacones la hacen tambalearse, pero se las arregla para
mantenerse en pie.
—No volverás a tocarme nunca más. — Ahora me toca a mí
advertirle.
— ¿Quién demonios te crees que eres, Emerson? Sin nosotros
no tienes nada. O te casas con Conner o dormirás en la calle.
—No me casaré con él. — Lo supe esta mañana cuando me puse
el vestido. Este vestido siempre fue para Gideon. No había forma de
que pudiera ponérmelo para otro hombre. Aunque ya había tomado la
decisión, no estaba segura de cómo iba a ser capaz de mantenerme en
pie. Lo único que sabía era que iba a encontrar la manera.
—Te casarás con él. — Mamá me señala con uno de sus dedos
perfectamente manicurados, pero no se acerca. Su mano tiembla
ligeramente al darse cuenta de que no voy a cumplir sus órdenes.
—No. — repito, y cada vez lo digo con más confianza. Ha perdido
su poder sobre mí porque ya no le tengo miedo. Si alguien debería
tener miedo, es ella. Ahora no tengo nada que perder y ella no tiene
nada con lo que chantajearme.
Me importa un comino mi reputación. Me encantaría contarle a
la gente quiénes son realmente Vivian y Malcom Brown. No son pilares
de esta comunidad y mi madre no es una filántropa. Finge serlo, pero
todo es una fachada. Todo en ella lo es.
Nos quedamos ahí mirándonos, pero no tengo tiempo para esto.
Tengo que encontrar a Gideon, y espero que no se haya ido todavía.
No creo que lo haya hecho, pero tengo que encontrarlo y decirle que
también lo amo.
Me encojo de hombros, sin perder ni un segundo más con ella, y
me dirijo hacia la puerta.
— ¡Emerson! — me llama mi madre, y me detengo, pero no me
doy la vuelta. Le doy la espalda, esperando a oír lo que tiene que
decirme. ¿Se disculpará? ¿Me dirá que no tengo que casarme con
Conner? Lo dudo. No soy tan ilusa. —Por favor, espera.

Sotelo, gracias K. Cross


Creo que nunca la había oído decir la palabra “por favor”, así que
me doy la vuelta más por curiosidad que por otra cosa. Hay algo en su
tono que suena a pánico.
— ¿Qué? — Cruzo los brazos sobre el pecho y espero.
—Esto es más importante que tu boda con Conner. Tienes que
hacerlo o lo perderemos todo. — Se retuerce las manos delante de ella.
— ¿Vamos a perderlo todo? ¿No me acabas de decir que no tengo
nada? — le recuerdo.
—Escúchame. — Mi madre se abalanza hacia mí, pero yo doy un
paso atrás. Ella se detiene y levanta las manos como si yo fuera un
animal al que teme asustar. —Si no lo haces, no tendremos nada.
Todos acabaremos en la calle.
Qué dramática es.
—No estarán en la calle. — No tengo ni idea de cuál es la
situación económica de nuestra familia. Siempre me han mantenido
al margen de eso, pero por la forma en que mi madre compra, el dinero
no era una preocupación. —Vende tus cosas y empieza a llevar una
vida normal.
Los ojos de mi madre se abren como si me hubiera salido una
segunda cabeza, y tengo que esforzarme por no reírme. Le horroriza la
idea de llevar una vida normal, cuando eso es lo único con lo que he
soñado.
—No seas ingenua. — Su enojo vuelve al ver que no consigue
nada apelando a mis emociones. Su verdadera personalidad solo
puede permanecer oculta durante un tiempo cuando tiene una de sus
crisis.
—Tú eres la ingenua, madre. — Esa es la última vez que la
llamaré así. —Intentaste venderme mientras me hacías sentir
atrapada. No importa cómo quieras plantearlo, sigues necesitando mi
consentimiento.
—No tienes ni idea de lo que estás hablando. Los matrimonios
concertados son muy habituales.
— ¡No quiero casarme con Conner! — En cuanto pronuncio esas
palabras, me llevo la mano a la garganta. Creo que nunca antes había

Sotelo, gracias K. Cross


gritado a nadie, y la verdad es que me ha gustado. —Aléjense de mí.
Todos ustedes. No quiero volver a saber nada de ninguno de ustedes.
Esta vez, cuando me llama, no me detengo. Hay gente que
conozco que está asistiendo a la boda fuera de la sala nupcial. Sus
ojos se abren con curiosidad cuando salgo. Cualquier otro día habría
bajado la cabeza y evitado el contacto visual, pero hoy no.
—La boda se ha cancelado. — anuncio en voz alta al pasar. —
Conner tiene un problema con las drogas y no puede mantener los
pantalones puestos.
Algunas personas se ríen, pero me importa un comino mi
reputación. Si lo único que les importa a todas estas personas es el
dinero y el poder, entonces su opinión no significa nada para mí. Sigo
caminando hasta llegar al vestíbulo del hotel. Siento que la gente me
mira, pero los ignoro.
¿Dónde está Gideon? No tengo teléfono, pero no hay por qué
entrar en pánico. Si me quedo aquí parada, sé que él me encontrará.
Todo lo que Gideon ha hecho ha sido para protegerme. Comenzó el día
en que entré a su oficina. Su preocupación se centró completamente
en mí y, desde entonces, Gideon siempre me ha puesto en primer
lugar. Nadie había hecho eso por mí antes.
—Preciosa. — Me doy la vuelta y Gideon está ahí de pie.
No lo dudo ni un segundo y me lanzo hacia él, y él me envuelve
en sus brazos abiertos. Me levanta del suelo y empiezo a besarlo en
todas las partes a las que puedo llegar.
—Te amo. — le digo una y otra vez. —No quiero la casa. Solo te
quiero a ti. No me importa nada más. — Entrelazo mis dedos en la
base de su cuello, con los pies colgando del suelo.
—También te amo. — La sonrisa que me dedica ilumina cada
parte de mi cuerpo.
Veo unos destellos por el rabillo del ojo y entonces recuerdo que
estoy en medio del concurrido vestíbulo de un hotel.
—Vaya. — susurro. —La gente nos está mirando.
—Me da igual. — me dice, y veo que lo dice en serio. De hecho,
creo que quiere que todo el mundo nos vea.

Sotelo, gracias K. Cross


—Están haciendo fotos. — añado, pero está claro que él ya lo
sabe. Hay un hombre y una mujer con cámaras gigantes, no con sus
teléfonos. Parecen profesionales.
— ¡Gideon! ¡Cabrón! — grita Conner desde el vestíbulo abierto.
—Joder. — suspira Gideon. —Déjame ocuparme de esto y luego
nos casaremos.
Me vuelve a poner de pie mientras Conner se abalanza sobre
nosotros. Las dos personas con cámaras siguen haciendo fotos. Esto
seguro que saldrá en Page Six. Solo lo sé porque Vivian lo ha analizado
y los chismes que aparecen ahí son como si fueran noticias reales en
su mundo social.
— ¿Qué te crees que... — Conner casi tropieza con sus propios
pies. Está hecho un desastre. Tiene los ojos inyectados en sangre y la
cara roja y manchada. Ni siquiera lleva bien abrochada la camisa. —
…estás haciendo? — termina cuando se recupera. —Ella es mía.
Intenta darle un puñetazo a Gideon, que simplemente se aparta.
Conner cae rodando sobre el suelo de mármol y yo me estremezco.
— ¿Hay algo en tu habitación que tengamos que recoger? — me
pregunta Gideon, y yo niego.
Gideon se muestra muy tranquilo mientras Conner se esfuerza
por levantarse. Una de las personas con las cámaras le pregunta a
Conner por una orgía, pero él los ignora y vuelve a lanzarse contra
Gideon.
— Gamer. — suspira Gideon, como si estuviera harto.
Extiendo mi pie para hacerle tropezar al mismo tiempo que
Gideon lo golpea en la mandíbula. Conner se desploma en el suelo y
Gideon vuelve a centrar su atención en mí, ignorando todo lo que nos
rodea.
— ¿Has dicho que nos vamos a casar? — le pregunto.
—Sí. — Me levanta en brazos y me lleva hacia la salida del
vestíbulo. Charlie nos espera junto al todoterreno con la puerta
trasera abierta. Me guiña un ojo antes de que Gideon se suba, conmigo
en su regazo.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Directos al juzgado? — pregunta Charlie.
—Sí. — responde Gideon.
—Espera, ¿no hay papeleo? ¿Un acuerdo prenupcial? — bromeo.
—Oh, habrá papeleo. Un contrato que será irrompible. Uno que
firmarás diciendo Sí, acepto.
Parece que al final he conseguido al príncipe azul.

Sotelo, gracias K. Cross


Epilogo
GIDEON

Diez años después...


—Las rosas están floreciendo maravillosamente este año. — le
digo a Emerson mientras extiendo la manta. —Como siempre.
— ¿Te he dicho últimamente lo mucho que te amo? —coloca la
cesta de picnic en el suelo junto a la manta y nos sentamos sobre ella.
—Quizás, pero nunca me cansaré de oírlo.
El día que Emerson me eligió, me dijo que no quería esta casa.
Pero después de casarnos, la traje aquí en coche e inmediatamente
cambió de opinión. Cuando la elegí, imaginé que sería nuestro hogar
para siempre, y así ha sido. La primera vez que vimos la casa, la llevé
en brazos hasta el umbral e hicimos el amor en el suelo del vestíbulo.
Desde entonces, diría que hemos hecho el amor en todas las
superficies disponibles, incluidas varias paredes.
Hemos traído a dos bebés por la puerta principal, hemos
celebrado innumerables cumpleaños y vacaciones, y Emerson ha
creado el jardín de sus sueños. Aquí es donde nos hemos convertido
en una familia y nos hemos enamorado cada vez más.
En el patio trasero, ella ha cultivado rosas en un laberinto con
el centro abierto para que podamos pasar tiempo juntos. Mi madre se
queda con los niños esta tarde y yo he dado el día libre al personal, lo
que significa que tenemos la casa para nosotros solos.

Sotelo, gracias K. Cross


Cuando le pregunté a Charlie sobre dejar la casa de los padres
de Emerson y venir a trabajar para ella, se mostró entusiasmado con
la idea. Pero mencionó que el resto del personal la adoraba y que quizá
ellos también querrían aprovechar la oportunidad. Así que eso fue lo
que hice. Contraté a todo el personal que anteriormente cuidaba de
Emerson y ahora también cuidan de nuestros hijos y de nuestra casa.
Solo que ahora tienen vacaciones pagadas, seguro y planes de
jubilación. Emerson y yo estábamos totalmente de acuerdo en que, si
teníamos personal, era nuestra responsabilidad cuidar de ellos porque
ellos cuidaban de nosotros. Verla trazar un nuevo camino, tan
diferente al de su madre, ha sido inspirador.
Ella se recuesta sobre la manta y mira las nubes mientras yo me
giro para mirarla.
— ¿Estoy haciendo lo correcto? — pregunta, sin mirarme a los
ojos.
—Estás haciendo lo que es correcto para ti. — le digo y le aparto
el pelo de la cara. —No puedes basar tus decisiones en lo que otras
personas puedan pensar o suponer.
La semana pasada, la madre de Emerson vino a hablar conmigo.
Emerson no ha tenido contacto con ella desde el día en que se marchó
de la boda, y ellos tampoco han intentado ponerse en contacto con
ella. Así que fue una sorpresa cuando llamó al timbre. Me negué a
dejarla entrar. Pensé que diría algo sobre echar de menos a su hija,
pero en cambio me pidió dinero. Ni siquiera fingió preocuparse por
Emerson o por los nietos que nunca ha conocido. Fue un placer
cuando llegó la policía y pude verla salir corriendo de ahí.
Claramente, era un último intento por recuperar algo de estatus
entre sus amigos, porque por lo que Emerson ha visto en Page Six, lo
han perdido todo y han tenido que mudarse. No siento ninguna
simpatía por ellos ni por la familia de Conner. Los han difamado
mientras Conner ha estado entrando y saliendo de rehabilitación
durante los últimos diez años. Lo último que supe es que contrajo
algunas deudas de juego con las personas equivocadas y desde
entonces está desaparecido.
—Lo sé —Emerson suspira y finalmente me mira. — No me
arrepiento de nada.

Sotelo, gracias K. Cross


— ¿Ni siquiera del incidente del baño desnudos? —Levanto una
ceja y ella se ríe. Su estado de ánimo se aligera y se gira hacia mí.
—Fue culpa tuya por no decirme que el agua estaba helada. Por
eso grité y todos vinieron corriendo.
—Quizás me gusta ver tus pezones duros. — Mi dedo tira del
cordón delantero de su vestido. Está atado para mantenerlo cerrado,
pero cuando lo desato, ella no me detiene.
—Pensaba que me habías traído aquí para hacer un picnic. —se
muerde el labio inferior mientras yo tiro del vestido y sus pechos
quedan al descubierto.
—Oh, voy a comer. — Me inclino hacia delante y la beso mientras
le acaricio el pezón con los dedos.
Gime en mi boca mientras me subo encima de ella,
inmovilizándola contra el suelo. Sus piernas se abren y mi boca se
desplaza hacia abajo hasta que chupo uno de sus pezones duros. Mi
boca pasa de un pezón al otro hasta que ella balancea las caderas
hacia arriba, desesperada por sentir fricción.
—No me provoques. — se queja, y sonrío antes de soltar su pezón
con un chasquido.
—Te encanta. — Agarro la parte inferior de su vestido y se lo
subo por las caderas mientras me deslizo hacia abajo. Cuando le
descubro el coño, levanto la cabeza de golpe y ella me mira con una
expresión pícara.
—Sorpresa.
—Sabes que me vuelve loco cuando no llevas bragas. Solo puedo
pensar en lo fácil que sería follarte en cualquier momento. — Se me
hace agua la boca mientras le abro los muslos y me inclino hacia
delante. —Voy a estar duro todo el maldito día.
— ¿Por qué crees que ya estoy tan mojada? — Su risita se
convierte en un gemido cuando paso la lengua por su suave centro y
luego chupo su clítoris.
Emerson hunde los dedos en mi pelo y me agarra con fuerza
mientras gruño contra ella. Le encanta cuando hago ese sonido porque
la vibración le resulta muy placentera. Lo que le gusta aún más es

Sotelo, gracias K. Cross


cuando le froto el punto G, así que deslizo dos dedos dentro de ella y
le doy un masaje perfecto.
— ¡Eso es! — grita, frotando su coño contra mi cara. —No pares.
Mi ritmo no cambia mientras golpeo su clítoris con mi lengua.
La observo bañada por la luz del sol, rodeada de rosas, mientras se
derrumba. Es una de las cosas más bonitas que he visto nunca y
nunca me cansaré de ello.
Me aseguro de que se corra dos veces más antes de meter la
mano en la parte delantera de mis pantalones. Una vez que queda
exhausta sobre la manta, me siento y deslizo mi polla entre sus suaves
pliegues. Suspira satisfecha cuando la lleno por completo y se queda
ahí tumbada, abierta y embriagada por los orgasmos mientras la follo.
Mis gruñidos y gemidos se mezclan con el sonido de la piel al
golpearse, y entonces siento cómo se aprieta su coño.
—Te amo. — le digo mientras froto su clítoris. —Eres mía.
—Soy tuya. — En respuesta, se estira y me toca la cara antes de
atraerme hacia ella para besarme.
Mi polla palpita cuando siento su clímax, y me corro con ella. Mi
gruesa longitud presiona dentro de ella mientras el semen llena su
coño y ella me ordeña con su caliente agarre.
Hacemos el amor toda la tarde, y es un día perfecto. Aunque, en
realidad, es una vida perfecta. Mirando atrás, no cambiaría nada. El
día que entró en mi oficina, supe que era la mujer de mi vida, solo
tenía que averiguar cómo mover cielo y tierra para conseguirla. Y, tal
y como sospechaba, mereció la pena.

Fin…

Sotelo, gracias K. Cross


Sotelo, gracias K. Cross

También podría gustarte