IGLESIA DIOS ES AMOR DE CUATRICENTENARIO
MINISTERIO DE EDUCACION
MAESTRO: FABIAN PUERTA
NIVEL: CLASES DE BAUTISMO
Clase IV
EL BAUTISMO & LA SEGURIDAD DE SALVACION.
INTRODUCCION
Hemos considerado hasta ahora el propósito del bautismo y la forma en que Dios salva al pecador
arrepentido. Pero existen aspectos de la vida diaria, bien sea propia o de otro que nos llevan a lo
siguiente; 1. ¿Es posible que un cristiano pierda su salvación? 2. ¿Qué ocurre cuando pecamos? 3.
Errores comunes con respecto al bautismo.
PUNTOS A DESARROLLAR:
¿Es posible que un cristiano pierda su salvación?
Debido a nuestra debilidad en la carne, producto de mi naturaleza pecadora nos cuestionamos esto;
¿Cuán segura es nuestra salvación?
Si nuestra salvación dependiera en alguna manera de nuestro comportamiento, nunca podríamos
tener certeza de ir al cielo. No sabríamos si estamos viviendo una vida suficientemente fiel al Señor
para tener garantizada la salvación. Por otra parte, tendríamos la posibilidad de perdernos
eternamente si caemos en un pecado momentos antes de morir.
No. Nuestra salvación no depende de nuestro comportamiento sino de la obra perfecta y completa
de Cristo en la cruz. No podemos añadir nada a lo que Cristo ya completó. Reflexionemos sobre
algunas escrituras: En Juan 3:36 leemos “El que cree en el Hijo TIENE vida eterna”. No dice que
tendrá vida eterna si permanece fiel, sino que TIENE vida eterna.
Jesucristo mismo dijo en Juan [Link] “De cierto, de cierto os digo: El que oye mi Palabra, y cree al
que me envió, TIENE vida eterna; y NO VENDRÁ A CONDENACIÓN, mas ha pasado de muerte a
vida.” La promesa para el creyente es segura: “No vendrá a condenación”, ¡NUNCA será
condenado! Cristo no nos salva sólo cuando nos estemos portando bien. Cuando Cristo nos declara
salvos, nos salva para siempre. “Porque con una sola ofrenda Cristo hizo perfectos PARA
SIEMPRE a los santificados” (Hebreos 10:14). Piensa de tu salvación en esta forma: ¿Quién puede
anular lo que Dios ha decretado? ¿Quién puede añadir o disminuir a la perfección de la obra del
Señor Jesús en la cruz? ¿Quién puede hallar deuda donde todo ha sido pagado? La salvación del
creyente es tan segura que parece increíble que lo sea. Es cierto que no la merecemos, pero Dios
sabía que si la salvación dependiera de la fidelidad del creyente, seguramente ninguno la obtendría.
Como humanos nos es difícil descansar plenamente en lo que Cristo ha hecho por nosotros. De
alguna forma queremos contribuir con nuestros esfuerzos, ya sea para salvarnos o para
mantenernos salvos. Aun en los primeros tiempos de la Iglesia, encontramos creyentes que tenían
esta incertidumbre en cuanto a su salvación. El apóstol Juan les escribe una carta para ayudarles.
Primero les explica en forma sencilla quiénes tienen vida eterna. Les escribe en 1 Juan5:12,13: “El
que tiene al Hijo (es decir, a Jesucristo en su corazón), TIENE la vida; el que no tiene al Hijo de Dios
no tiene la vida.” Luego, en el versículo siguiente les aclara: “Estas cosas os he escrito a vosotros
que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que SEPÁIS que tenéis vida eterna.” Cristo nos salva
y quiere que sepamos con certeza que somos salvos. Cristo desea que desde ahora mismo
gocemos con certidumbre del hecho que pasaremos la eternidad con Él. ¿Has recibido al Señor
Jesucristo como explicamos en la lección anterior? Entonces tienes al Hijo. Y el que tiene al Hijo
tiene vida eterna. Cree y descansa sobre esta promesa.
¿Qué ocurre cuando pecamos?
Dios no quiere que un creyente peque, y es verdaderamente lamentable que suceda. Cuando como
creyentes cometemos un pecado, la comunión o armonía que gozamos con Dios se rompe. Lo que
debemos hacer inmediatamente es CONFESAR ese pecado (decírselo a Dios con corazón
arrepentido). Dios promete que “si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan1:9). En esta forma es restaurada nuestra
comunión o amistad con el Señor. Podemos comparar esto con la relación matrimonial. Hace unos
años mi esposa y yo nos casamos. Desde ese día ella y yo vivimos felices. Pero se presenta la
ocasión cuando me comporto con ella como no debo. Pierdo la paciencia y levanto mi voz. En ese
momento siento que la armonía de la cual hemos gozado es interrumpida. Ella no me sonríe, nos
sentimos mal. ¿Qué debemos hacer para corregir la situación? ¿Habrá necesidad de volvernos a
casar? ¡No! Seguimos siendo esposo y esposa. El problema es que no estamos gozando de esa
relación. Lo que tengo que hacer es reconocer mi culpa y confesar a mi esposa mi mal proceder.
Esto restaura la armonía en mi hogar. Cuando peco contra mi Señor, también pierdo el gozo de ser
un hijo de Dios. ¿Debo volver a recibir a Cristo en mi corazón? ¡No! Sigo siendo un hijo de Dios. He
perdido el gozo de mi salvación, y no la salvación. Lo que debo hacer es reconocer mi pecado y
confesárselo al Señor.
Errores comunes con respecto al bautismo:
“Me quiero bautizar para estar más seguro de mi salvación”. El bautismo no es una condición
para ser salvo. Tampoco le añade seguridad a nuestra salvación. Si tienes dudas antes de ser
bautizado, las tendrás después de ser bautizado. Nuestra salvación descansa completamente
en la obra de Cristo por nosotros. Las dudas desaparecen y la confianza renace cuando
empezamos a descansar sobre las promesas de Dios.
“Me quiero bautizar para recibir el Espíritu Santo”. El cristiano recibe el Espíritu Santo en el
momento de su conversión. “Habiendo creído en Él (Jesucristo), fuisteis sellados con el
Espíritu Santo de la promesa” (Efesios 1:13). Es imposible que un verdadero cristiano no
tenga el Espíritu Santo. “Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él” (Rom. 8:9).
“Me quiero bautizar para sentirme más cerca del Señor”. El bautismo es sencillamente un
paso de obediencia al Señor. No debemos atribuirle al bautismo un poder que las Escrituras
no nos muestran. El bautismo trae consigo gozo (Hechos 8:39). Siempre hay gozo cuando
decidimos obedecer al Señor. (4) “Me quiero bautizar para no tener tantas tentaciones”. La
Biblia nos dice todo lo contrario: “Todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús
padecerán persecución” (2 Timoteo3:12). Puesto que nuestra lucha no es contra “sangre y
carne”, es decir, no es contra seres humanos, sino contra Satanás y sus huestes, podemos
decir que después del bautismo puede venir mayor persecución de parte de Satanás.
Recordemos que aun nuestro Señor Jesucristo fue tentado furiosamente. Dios no nos ha
prometido que si somos cristianos obedientes seremos menos tentados, pero sí promete
darnos “la salida” (1 Corintios10:13). Además, el Señor le dijo a Pablo, y nos dice a nosotros:
“Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” (2 Corintios12:9). No
debemos temer. Podemos confiar plenamente en Cristo y su socorro cuando damos un paso
de obediencia.
“Me quiero bautizar para hacerme miembro de una iglesia o denominación”. La única
membrecía que reconoce el Nuevo Testamento es la de ser miembro del Cuerpo de Cristo (la
Iglesia Universal). Esto ocurre cuando tú y yo nos entregamos a Cristo. El bautismo, por lo
tanto, no nos hace miembros del Cuerpo de Cristo porque ya somos miembros. El bautismo
tampoco nos hace miembros de una denominación, porque la Biblia no reconoce las
denominaciones. Sin embargo, al ser bautizado, el creyente se identifica públicamente como
seguidor de Cristo, y por tanto, se asocia visiblemente con un grupo de creyentes. En
conclusión, el creyente se bautiza porque el Señor así lo manda, porque es un testimonio
visible de nuestra profesión de cristianos. Pero nuestra seguridad, como ya hemos visto,
proviene de la obra de Cristo por nosotros, una obra perfecta que no puede ser mejorada ni
complementada.
Por tanto, id, y haced discípulos a
todas las naciones, bautizándolos en el
nombre del Padre, y del Hijo, y del
Espíritu Santo; (Mateo 28:19)