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EDICION VFJULIO Finanzas y Petróleo Putumayo (JC - Rev 1)

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1

PETRÓLEO Y FINANZAS EN
PUTUMAYO: IMPACTOS FISCALES Y
ALTERNATIVAS PARA UNA
TRANSICIÓN ENERGÉTICA JUSTA 1

Fernando Patzy, Jorge Iván González, Juliana Peña Niño

Índice
MENSAJES CLAVE 1
INTRODUCCIÓN 2
1. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL PUTUMAYO 4
2. TENDENCIAS DEL PETRÓLEO 5
2.1 Riesgo de la transición energética 14
3. FINANZAS PÚBLICAS DEL PUTUMAYO 17
3.1 Situación fiscal del departamento 17
3.2 Valor agregado municipal 19
3.3 La dimensión regional 22
4. ESTRUCTURA PRODUCTIVA 24
5. CONCLUSIONES 30
Referencias 32

MENSAJES CLAVE

• El departamento del Putumayo forma parte de la Amazonía colombiana, un bioma de


alta biodiversidad y relevancia estratégica para mitigar las consecuencias del cambio
climático. En 2024, ocupó el sexto lugar entre los departamentos productores de
petróleo, aportando el 3 % a la producción nacional. La producción ha ido
disminuyendo de manera progresiva y, según las proyecciones, esta tendencia no se
revertirá.

1 Este documento es una versión preliminar en edición y diagramación. No debe ser citado ni circulado sin
autorización. En caso de referencia, por favor citar como: Patzy, F; González, J & Peña-Niño, J. Petróleo y
finanzas en Putumayo: impactos fiscales y alternativas para una TEJ. Natural Resource Governance
Institute. 2025
2

• La dinámica del PIB del Putumayo es muy inestable debido a los ciclos de sus
principales actividades económicas: el petróleo, la minería ilegal y la coca. La
economía del departamento es muy frágil debido al peso de estas actividades. La
presencia de economías ilícitas y de actores armados ilegales ha limitado el
potencial del departamento.
• Las bondades de los periodos de auge del petróleo no se han reflejado en una mejora
de la calidad de vida de su población. El Putumayo es uno de los departamentos
donde la brecha entre las zonas urbanas y rurales es significativa. Una de las
manifestaciones de estas desigualdades es el acceso a la electricidad.
• Los dos principales pozos petroleros del Putumayo, Costayaco y Cohembi, operados
por Gran Tierra Energy, están en fase de madurez, con curvas de producción que
declinan aceleradamente y con escasas perspectivas de inversión significativa. Su
viabilidad económica es incierta, aunque su punto de equilibrio se sitúa en torno a los
USD 35 por barril (lo que es compatible con escenarios moderados de transición
energética).
• El campo Platanillo, de GeoPark, se cerró en enero de 2025 debido a los altos costos
de producción. Esto indica que, además del avance global hacia las energías limpias,
que podría reducir la demanda internacional de petróleo, las condiciones locales
también están incidiendo y acelerando aún más la caída de la producción en la
región.
• La disminución de la producción petrolera supone un reto para la región, pero
también una oportunidad estratégica para impulsar una transición hacia economías
alternativas, sostenibles, inclusivas y alineadas con los determinantes ambientales.
Este proceso debe construirse de manera participativa, priorizando las necesidades y
los conocimientos de las comunidades indígenas y las poblaciones históricamente
marginadas, y asegurando que el desarrollo futuro del territorio sea justo y
respetuoso con su identidad y su entorno.
• Los recursos de financiación en el Putumayo, provenientes de distintas fuentes como
las transferencias de la nación y las regalías, podrían sumarse para confluir en
programas estratégicos. El presupuesto de inversión, examinado desde la
perspectiva regional y no departamental, es significativo y podría contribuir a
financiar la transición energética justa (TEJ).
• La TEJ del Putumayo debe contemplar el cierre y la salida responsables de las
empresas petroleras, la gestión y la remediación de los impactos ambientales y
sociales históricos, el acompañamiento a los trabajadores y familias del sector
petrolero, y la priorización de la justicia energética para cerrar la brecha de acceso a
la electricidad del sector rural y eliminar las barreras a las que se enfrentan las
mujeres para acceder a las nuevas oportunidades que surjan en este nuevo
escenario.

INTRODUCCIÓN
La explotación de petróleo en el departamento del Putumayo se remonta a la década de 1960,
cuando Texaco descubrió importantes reservas, desarrolló los campos y construyó el
3

oleoducto, lo que hizo posible que el Putumayo representara el 43 % de la producción nacional


en 1971; sin embargo, en la década de 1980, Texaco se retiró tras haber agotado el pozo Orito
1 (CNMH, 2015, p. 17). Ecopetrol mantuvo la actividad petrolera durante las siguientes
décadas, aunque a un nivel bajo. En la década de 2000 se produjo un nuevo impulso de las
inversiones en exploración petrolera en el departamento.

Durante más de cinco décadas, la actividad petrolera ha experimentado periodos de auge y


declive, en medio de denuncias sobre vulneración de los derechos individuales y colectivos,
impactos ambientales y problemas de seguridad y orden público.

Hace una década, en 2015, la producción en el departamento rondaba los 44 000 bpd y, desde
entonces, ha ido disminuyendo hasta situarse actualmente en torno a los 25 000 bpd. Rystad
Energy2 estima que la producción seguirá disminuyendo hasta situarse, en 2035, en un nivel
de 8000 bpd (Rystad Energy, 2025). La transición energética implicará una probable caída de
la demanda global de petróleo y gas. Según proyecciones de la Agencia Internacional de la
Energía (IEA, por sus siglas en inglés), el pico se alcanzará en 2030 y luego comenzará a
declinar (IEA, 2024). No obstante, las tensiones geopolíticas, la guerra comercial, el avance de
las energías limpias y la movilidad eléctrica, y la evolución de la economía mundial añaden
mayor incertidumbre a la evolución de este mercado y su impacto en los países productores
de combustibles fósiles y en sus regiones.

Desde la perspectiva nacional, se observa que las oportunidades para el petróleo del
Putumayo son limitadas, ya que su producción está disminuyendo debido a la madurez de los
campos y a la baja tasa de éxito en las actividades de exploración. En un contexto global, la
evaluación de las inversiones futuras debe ser más rigurosa debido a las implicaciones de la
transición energética. Desde esta perspectiva, la viabilidad del petróleo del Putumayo no está
clara. Sin embargo, la complejidad de la transición es evidente, sobre todo si se pretende llevar
a cabo según los principios de la TEJ3 e impulsada por las personas (González, Borja, & Peña,
2025). Este proceso involucra transformaciones económicas, sociales, ambientales e
institucionales.

Este documento se organiza en cinco secciones. La primera ofrece un breve contexto del
departamento del Putumayo, que sirve de base para comprender la discusión a partir de las
particularidades de este territorio. La segunda analiza la actividad petrolera y su papel en la
economía departamental. La tercera examina las finanzas públicas, con énfasis en la
dependencia fiscal del petróleo y en las implicaciones que tendría su declive para avanzar una
TEJ. La cuarta aborda la estructura productiva del departamento, evidenciando su alta

2 Rystad Energy es una empresa global independiente de investigación e inteligencia energética.


3 Según el SEI, los siete principios que garantizan una transición justa hacia una economía baja en carbono
son los siguientes: (i) fomentar activamente la descarbonización; (ii) evitar la creación de lock-in de carbono y
más “perdedores” en estos sectores; (iii) apoyar a las regiones afectadas por la disminución del petróleo o
minerales como el carbón; (iv) favorecer a los trabajadores, a sus familias y a las comunidades en general,
afectados por los cierres o el declive de la producción; (v) remediar los daños ambientales y asegurar que los
costos correspondientes no se transfieran del sector privado al público; (vi) hacer frente a las desigualdades
económicas y sociales existentes; y (vii) asegurar un proceso de planificación inclusivo y transparente.
4

concentración en el sector extractivo y la administración pública, lo que plantea importantes


retos en materia de diversificación y transición. La última sección formula conclusiones
orientadas a encauzar este proceso de transición de forma deliberada y estratégica.

1. CONSIDERACIONES GENERALES SOBRE EL PUTUMAYO

El Putumayo, ubicado en el suroeste de Colombia, es uno de los departamentos que


conforman la Amazonía colombiana, la cual hace parte del bioma más importante del
continente. Esta región cumple un papel crucial como sumidero de carbono, una función clave
para la regulación del cambio climático global. La región se caracteriza por tener picos andinos
y selva amazónica, y dispone de una gran biodiversidad y riqueza hídrica, ya que cuenta con
cerca de 67 953 hectáreas de cuerpos de agua, drenajes dobles, siendo los más grandes el río
Caquetá y el río Putumayo (Frontera Amazónica, s. f.; ART, 2024).

Aproximadamente 772 000 hectáreas de su superficie han sido designadas como reserva
forestal (de un total de 2 488 500 hectáreas, es decir, el 31 %) y alberga el 3,6 % del área total
de los Parques Nacionales Naturales de Colombia. El 23,4 % del área total del departamento
son territorios colectivos, de los cuales el 21,8 % corresponde a 73 Resguardos Indígenas, el
1,5 % a la Zona de Reserva Campesina Perla Amazónica y el 0,1 % restante a los Consejos
Comunitarios Negros Los Andes y Orquídea (ART, 2021). Además, es el principal centro de
explotación de hidrocarburos del bioma amazónico colombiano. Tiene 388 716 habitantes
(2024), de los cuales el 52,1 % vive en zonas urbanas y el 47,9 % en zonas rurales; de ese total,
el 49,8 % son hombres y el 50,2 % son mujeres, y el 22,06 % se identifica como población
étnica (Terridata, 2024).

En este territorio confluyen múltiples factores de conflicto: la presencia de grupos armados al


margen de la ley, los cultivos ilícitos (coca), la minería ilegal y los proyectos de hidrocarburos
que, en muchos casos, se superponen con territorios indígenas. El Observatorio de Derechos
Territoriales de los Pueblos Indígenas (ODTPI) de la Comisión Nacional de Territorios Indígenas
(CNTI, 2024) señala importantes traslapes de bloques petroleros con territorios de los pueblos
indígenas, como el caso de los resguardos nasas del Alto San Lorenzo, en el municipio de
Puerto Asís. Para el ODTPI, estos traslapes han sido una dinámica reiterativa y calculan que,
en 2021, afectaban a alrededor de 83 resguardos.
5

Mapa 1. Influencia de grupos armados y Mapa 2. Áreas de exploración y producción


economías ilegales de hidrocarburos y Resguardos Indígenas

Fuente: CNTI ODTPI, 2024

Fuente: Indepaz (2025).

Según la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible (FCDS) (s. f.), esta
superposición de intereses conforma un clúster de conflictividad al que se suma la baja
gobernabilidad, resultado de la persistente ausencia de instituciones estatales y de la falta de
garantías de seguridad para la acción institucional.

Es interesante examinar el impacto que ha tenido la explotación petrolera y minera en la


economía del Putumayo y en la calidad de vida de su población. La economía del
departamento ha sufrido las consecuencias de lo que se conoce como “la maldición de los
recursos” (Stevens, Lahn, & Kooroshi, 2025), que se ha manifestado en la incapacidad de
convertir los excedentes en bienestar colectivo. En 2024, la incidencia de la pobreza
multidimensional en el Putumayo fue del 11,8 %, frente al 11,5 % a nivel nacional (DANE,
2024). Este resultado no es muy optimista si se compara con la riqueza petrolera, que ha sido
significativa.

2. TENDENCIAS DEL PETRÓLEO


El departamento del Putumayo ha perdido participación en la producción nacional de
petróleo. En términos absolutos, el número de barriles por día (bpd) ha disminuido. En 10 años,
de 2015 a 2024, esta cifra cayó un 47,3 %. En 2015, la producción fue de 46 000 bpd, mientras
que en 2024 se situó en tan solo 24 200 bpd.

Gráfico 1. Producción de petróleo en el departamento del Putumayo


6

Produccion de petróleo mbpd


50.0
46.0
45.0
40.0 38.3 37.5
35.9
35.0 32.3
30.0 27.1 25.8
24.2
25.0 22.7
20.4
18.8 18.0 18.4
20.0 16.8
14.6
15.0 12.3
11.0 10.0
8.7 7.7 8.1
10.0
5.0
0.0

Nota. mbpd: miles de barriles por día.


Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Rystad Energy (febrero de 2025).

Las proyecciones para 2035 mantienen la tendencia a la baja. Rystad Energy realiza
estimaciones basadas en las curvas de producción de los proyectos actuales y prevé que, para
ese año, la producción se situará en 8100 bpd, lo que supone una disminución del 66,5 % con
respecto a la producción actual.

Gráfico 2. Proyecciones de la producción de petróleo en el Putumayo

Proyecciones de la producción de petróleo en


Putumayo (mbpd)
20 18.8
18.01 18.4
18 16.8
16 14.6
14
12.3
12 11
10
10 8.7
7.7 8.1
8
6
4
2
0
2025 2026 2027 2028 2029 2030 2031 2032 2033 2034 2035

Nota. mbpd: miles de barriles por día.


7

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Rystad Energy (febrero de 2025).

El departamento del Putumayo contribuye con el 0,38 % al PIB nacional. El panorama


económico ha cambiado sustancialmente en comparación con lo que sucedía en la década
de 1960. En 1963, Texaco comenzó a explotar el campo Orito, con unas reservas estimadas en
350 millones de barriles. En 1971, la producción del departamento fue de 71 436 bpd,
equivalentes al 43 % de la producción nacional. En 1978, la producción cayó a 27 387 bpd. En
ese momento, Texaco cedió los derechos del campo a Ecopetrol debido al agotamiento de las
reservas.

En la década de 1980, el auge cocalero desplazó a la industria petrolera como principal eje
económico del Putumayo. Los colonos y campesinos que trabajaban para la petrolera Texaco
se reorientaron hacia el cultivo y procesamiento de la coca. Esta actividad absorbió
masivamente mano de obra no calificada y generó la mayor ola migratoria de la historia del
departamento durante las décadas de 1980 y 1990 (CNMH, 2015).

Entre 2000 y 2013 surgieron nuevos campos y operadores petroleros en el Putumayo,


impulsados por las reformas del Plan Colombia, que fortalecieron a las Fuerzas Armadas y a
la Policía (CNMH, 2015). Esto coincidió con la separación de funciones de Ecopetrol y la
creación de la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) en 2003, que nació con el objetivo de
incrementar el índice de prospectividad y atraer inversiones privadas (ANH, s. f. – a).

La mayor capacidad militar permitió al Estado asegurar zonas petroleras que previamente
habían estado desatendidas, lo que facilitó la exploración y explotación en seis áreas clave:
(1) el corredor fronterizo Puerto Vega – Teteyé (municipio de Puerto Asís), (2) la vereda La Alea
(inspección de Bajo Coembi, municipio de Puerto Asís), (3) el corregimiento de La Castellana
(municipio de Villagarzón), (4) la zona rural del municipio de Puerto Guzmán, (5) la inspección
de Piñuña Negro y (6) la inspección de Puerto Ospina (municipio de Puerto Leguízamo). El
análisis revela que la presencia estatal en el Putumayo, a través de la fuerza pública, está
vinculada a las demandas de seguridad de la industria petrolera para operar.

Estos cambios fueron favorables para el sector, y en 2015 la producción del departamento se
recuperó y alcanzó casi los 50 000 bpd. Actualmente, la producción ha vuelto a descender
hasta situarse en torno a los 25 000 bpd, lo que apenas representa el 3,12 % de la producción
nacional. Según las proyecciones, en 2035 se reduciría a 8000 bpd.

Esta menor producción podría considerarse como una oportunidad para la transición hacia
economías no extractivas. No obstante, las alternativas al petróleo que han prevalecido con
mayor preponderancia por su equivalencia en términos económicos han sido el cultivo de
coca y la minería ilegal de oro.

En este contexto, la cuestión de la transición energética adquiere plena relevancia. Sin


embargo, los indicadores socioeconómicos y los instrumentos de planificación recientes,
como los planes de desarrollo, muestran que este proceso no se está llevando a cabo, por lo
que la transición no avanza de manera deliberada y planificada. Por tanto, se plantean
importantes retos para cumplir con los principios de la TEJ.
8

Producción por municipios y campos

Los yacimientos más importantes se ubican en el occidente de la cuenca, en la frontera con


Ecuador. La producción de petróleo se concentra en pocos municipios del sur y el occidente
del departamento.

Gráfico 3. Producción de petróleo por municipio en barriles por día (2022-2024)


12,000

10,000

8,000

6,000

4,000

2,000

-
PUERTO PUERTO SAN VALLE DEL VILLAGARZ
MOCOA ORITO
ASIS CAICEDO MIGUEL GUAMUEZ ON
2022 2,240 4,254 9,371 317 1,058 264 6,801
2023 2,558 4,457 9,785 245 918 252 6,769
2024 2,151 4,707 7,827 205 752 179 8,307

2022 2023 2024

Fuente: ANH (s. f. – b).

En 2024, los municipios con mayor producción fueron Villagarzón, con el 34,4 % de la
producción total del Putumayo (8307 bpd), Puerto Asís, con el 32,4 %, Orito, con el 19,5 %, y
Mocoa, con el 8,9 %.

Gráfico 4. Producción por campo en 2024


9

Principales campos productores Putumayo. Año 2024


(mbpd)
Costayaco, CO 7.8
Cohembi, CO 5.1
Chaza, CO 2.0
Orito, CO 1.7
Caribe, CO 1.7
Platanillo, CO 1.4
Pinuna, CO 0.6
Acae-San Miguel, CO 0.6
Quriyana, CO 0.5
Cumplidor, CO 0.4
0.0 1.0 2.0 3.0 4.0 5.0 6.0 7.0 8.0 9.0

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Rystad Energy (febrero de 2025).

El principal campo en términos de producción, Costayaco, se ubica en Villagarzón, mientras


que el segundo, Cohembi, se encuentra en Puerto Asís, en el bajo Putumayo. Ambos son
explotados por la empresa Gran Tierra Energy. En el municipio de Orito, Ecopetrol explota dos
campos: Orito y Caribe.

El siguiente cuadro resume el estado de la operación de los principales campos. En líneas


generales, los campos se encuentran en una etapa avanzada de operación, por lo que se
estima que la producción seguirá disminuyendo.

Cuadro 1. Situación de la explotación de los principales campos del Putumayo (2024)


Año de Detalle del ciclo de
Municipio Proyecto Operador Propietario
inicio vida
Gran Tierra Energy*
Villagarzón Chaza Gran Tierra Energy 2011 Produciendo 25-50 %
(100 %)
Puerto Asís Platanillo GeoPark GeoPark* (100 %) 2008 Produciendo 50-75 %
Gran Tierra Energy*
Villagarzón Costayaco Gran Tierra Energy 2007 Produciendo >75 %
(100 %)
Gran Tierra Energy*
Puerto Asís Cohembi Gran Tierra Energy (52 %); Ecopetrol 2002 Produciendo >75 %
(48 %)
Gran Tierra Energy*
Puerto Asís Cumplido Gran Tierra Energy 2016 Produciendo early
(100 %)
Acae – San
San Miguel Ecopetrol Ecopetrol* (100 %) 1969 Produciendo >75 %
Miguel
Orito Caribe Ecopetrol Ecopetrol* (100 %) 1969 Produciendo >75 %
San Miguel
– Valle del Loro Ecopetrol Ecopetrol* (100 %) 1969 Produciendo >75 %
Guamuez
Orito Churuyaco Ecopetrol Ecopetrol* (100 %) 1971 Produciendo >75 %
Orito Orito Ecopetrol Ecopetrol* (100 %) 1966 Produciendo >75 %
10

Ecopetrol* (99 %);


Orito Orito Ecopetrol Frontera Energy 2003 Produciendo >75 %
Corporation (1 %)
Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Rystad Energy (agosto de 2024).

Como se observa en el cuadro, la mayoría de los campos tienen más de 20 años de


explotación. Se trata de campos maduros de los que se ha extraído más del 75 % de sus
reservas.

Impactos de la explotación petrolera en el departamento

La explotación petrolera ha transformado los territorios del departamento mediante la


instalación de infraestructura (oleoductos, vías y complejos de producción), lo que ha
generado impactos ambientales y sociales, como la degradación de los suelos y la
contaminación de las fuentes hídricas4 por derrames recurrentes, afectaciones a la salud
pública de las comunidades aledañas, dinámicas de colonización de población campesina
atraída por la actividad económica y desplazamiento de pueblos indígenas a tierras menos
productivas debido a la presión sobre sus territorios (Crudo Transparente, 2019). Estas
transformaciones han alterado irreversiblemente los ecosistemas estratégicos y los patrones
tradicionales de ocupación territorial (GuerreroUseda, 2021; Puentes, 2025).

Además, existe un historial de vulneraciones de derechos individuales y colectivos,


especialmente del derecho a la consulta previa, libre e informada (Business & Human Rights
Resource Centre, 2020), en particular para los pueblos Siona e Inga (Puentes, 2025). Según
Cristancho y Montaño (2019), una de las causas de la no realización de consultas previas ha
sido el desconocimiento de la presencia de comunidades por parte del Ministerio del Interior,
o bien, si se ha dado la certificación, esta se ha realizado teniendo en cuenta exclusivamente
la delimitación territorial de los títulos de resguardos, sin considerar la comprensión del
territorio que tienen las propias comunidades.

Un caso emblemático fue el de la tutela interpuesta por el gobernador del resguardo indígena
awá “La Cabaña”, una comunidad que se encuentra en riesgo de extinción ubicada en Puerto
Asís. En este caso, el Ministerio del Interior certificó erróneamente la ausencia de pueblos
indígenas en la zona afectada, por lo que no se surtió el derecho a la consulta previa en el
proyecto operado por el Consorcio Colombia Energy en las áreas de Quinde, Cohembi y
Quillasinga5.

Esta omisión llegó a la Corte Constitucional, que realizó una revisión exhaustiva de la situación
de la garantía de la consulta previa, lo que resultó en la sentencia de unificación SU-123 de
2018, que estableció un hito jurisprudencial muy relevante sobre el tema. En ella, se exhortó
al Estado colombiano a ajustar la regulación para incorporar nuevos términos para la
expedición de los certificados y que se haga efectivo el derecho a la consulta, según los

4 Dieciséis de dieciocho quebradas en el Putumayo están contaminadas con metales pesados como cadmio,
arsénico y plomo (Sinchi, 2022, citado en FCDS, s. f.).
5 Corte Constitucional, Sentencia SU-123 de 2018.
11

lineamientos del Convenio 169 de la OIT, así como a realizar los ajustes necesarios en la
institución encargada y adoptar medidas para reparar los daños causados (Velásquez et al.,
2020).

La explotación petrolera ha incrementado la vulnerabilidad de las mujeres en el Putumayo,


afectando a su seguridad, salud, derechos territoriales y roles comunitarios. En algunos casos,
la presencia de la industria ha promovido la incorporación de mujeres indígenas en actividades
de prostitución, lo que ha conllevado un aumento de las enfermedades de transmisión sexual
en sus comunidades (Ramírez, 2012). Además, las industrias extractivas, a menudo asociadas
con las dinámicas del conflicto armado, restringen la movilidad de las mujeres dentro de sus
territorios, lo que limita el ejercicio de sus tradicionales roles de cuidado, especialmente en
actividades como la recolección de agua y leña, y otras tareas esenciales para la vida
comunitaria y sus formas de relacionamiento (Sierra Praeli, 2025).

Reservas

El departamento del Putumayo forma parte de la cuenca Caguán-Putumayo, la cuarta en


importancia en términos de reservas probadas (1P) en el país, después de los Llanos
Orientales, el Valle Medio y el Valle Superior del Magdalena, que en conjunto concentran cerca
del 92 % de las reservas probadas de petróleo en Colombia (ANH, 2025).

Según Rystad Energy (febrero de 2025), las reservas del Putumayo suman 40 millones de
barriles en la categoría 1P y 56 millones en la categoría 2P, correspondientes esencialmente a
petróleo. Las reservas se concentran en pocos campos. Chaza, ubicado en Mocoa y
Villagarzón (ANH, 2025), es el principal y cuenta con 22,8 millones de barriles. Le siguen los
campos Platanillo, en Puerto Asís, y Costayaco, en Villagarzón, con reservas de 14 y 10
millones, respectivamente.

Gráfico 5. Principales reservas en el Putumayo (millones de barriles)

Reservas por campo


Chaza, CO 22.8
Platanillo, CO 14.1
Costayaco, CO 10.3
Cumplidor, CO 6.6
Cohembi, CO 6.1
Caribe, CO 4.1
Orito, CO 3.8
Acae-San Miguel, CO 2.5
Pinuna, CO 1.4
Loro, CO 1.3
Rose, CO 1.2
Quriyana, CO 1.1
0.0 5.0 10.0 15.0 20.0 25.0

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Rystad Energy (febrero de 2025).


12

Desde 2010, la región del Putumayo ha registrado pocos éxitos exploratorios. Las excepciones
son el campo Platanillo, donde se realizaron hallazgos en 2017 y 2022, y el proyecto
Cumplidor, descubierto en 2016, entre los más relevantes. En 2023, Ecopetrol anunció el
descubrimiento de gas y aceite con un caudal diario superior a los 1800 barriles de petróleo en
el pozo Alqamari-2, en Orito (Lancheros, 2023. No obstante, Rystad Energy no lo tiene en
cuenta en su información, como se evidencia en el siguiente cuadro.

Cuadro 2. Principales descubrimientos


Proyecto Año Recursos Operador
descubiertos,
millones de
barriles
Platanillo, CO 2017 17,463 GeoPark
Cumplidor, CO 2016 7,870 Gran Tierra Energy
Platanillo, CO 2022 3,493 GeoPark
Rose, CO 2022 1,527 Gran Tierra Energy
Vonu, CO 2017 1,002 Gran Tierra Energy
Pintadillo, CO 2018 0,485 GeoPark
Capella, CO 2015 0,462 Sinochem
Pecari, CO 2019 0,141 Gran Tierra Energy
Fuente: Rystad Energy (febrero de 2025).

La relación reservas/producción (R/P) en el Putumayo es de 4,8 años, inferior a la relación R/P


nacional, que es de 7,2 años. Esto implica que el potencial de reservas del departamento es
reducido y que, en los últimos años, no se han realizado descubrimientos significativos que
permitan reponer sustancialmente las reservas.

Transporte

El principal medio para transportar el crudo del Putumayo es el Oleoducto Trasandino (OTA),
que tiene una longitud de 312,3 km (Castiblanco & Cárdenas, 2023). Va desde Putumayo hasta
Tumaco, atraviesa 13 municipios y el departamento de Nariño, y sube hasta los 4000 metros
sobre el nivel del mar (Crudo Transparente, 2016). Este oleoducto no está conectado al resto
de la red, por lo que el crudo producido en esa zona del país no puede destinarse a la refinación
doméstica (Ministerio de Minas y Energía, 2024).

Existen otros oleoductos que conectan los campos con estaciones de recarga, como el de San
Miguel – Orito, que transporta el crudo desde campos en la zona de San Miguel, cerca de la
frontera con Ecuador, hasta la estación de bombeo de Orito y, desde allí, hasta el OTA.
13

Mapa 3. Troncales Cenit

Fuente: Cenit (s. f.).

El transporte del crudo del Putumayo es un tema crítico para las empresas y las comunidades,
debido al historial de conflicto armado y a la presencia de bandas dedicadas al robo de
petróleo en la zona. Desde hace años se vienen produciendo derrames y atentados contra los
distintos oleoductos, con serias afectaciones ambientales y sociales para el piedemonte
amazónico. Entre 2010 y 2023, se produjeron 1848 atentados contra la infraestructura de
transporte de hidrocarburos de Cenit, subsidiaria de Ecopetrol. Cabe destacar que el
departamento del Putumayo es el que ha sufrido un mayor número de atentados: 601 contra
el sistema Oleoducto Sur – Orito (OSO) y 199 contra el OTA, lo que hace un total de 1043, es
decir, el 56 % del total nacional (CGR, 2024).

En 2020, se produjeron derrames en la línea de conducción subfluvial que transporta crudo


desde el campo Moquetá 1 – Costoyaco 7, lo que contaminó los ríos Mocoa y Caquetá, debido
a fallas técnicas. Esta situación fue atendida por las autoridades ambientales, que adoptaron
medidas de remediación. No obstante, la organización Ambiente y Sociedad reporta que se
siguen encontrando residuos de crudo en las fuentes hídricas afectadas. En 2023, una acción
armada provocó una explosión en el oleoducto, lo que agravó la situación de los pasivos
ambientales (Ambiente y Sociedad, 2023).

Desde principios de 2024, el bombeo de petróleo por el OTA de Colombia está paralizado.
Ecopetrol ha anunciado que se reactivará, pero, mientras tanto, el crudo se está
transportando mediante los oleoductos de Ecuador. Esta alternativa ha permitido reducir el
robo de petróleo, que llegó a representar el 20 % de lo bombeado a través del OTA, equivalente
14

a 3000 barriles diarios (Griffin, 2024). Mientras el oleoducto sigue “bajo evaluación”, Ecopetrol
ha firmado un contrato con Petroamazonas para transportar hasta 22 000 barriles diarios a
través de Ecuador, lo que ha reducido las pérdidas al 0,3 % (El Tiempo, 2024).

En general, las capacidades institucionales y de las empresas petroleras para atender estas
contingencias y hacer cumplir las medidas de remediación son bajas.

2.1 RIESGO DE LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA6

El riesgo de transición se refiere a la posibilidad de que los cambios asociados a la transición


energética global generen impactos económicos negativos. Esto ocurre cuando los precios
internacionales caen por debajo de los precios de equilibrio (breakeven) de los proyectos, lo
que puede afectar a la viabilidad de los campos, hacerlos no rentables y depreciar el valor de
los activos.

A continuación, se presenta un análisis del riesgo de transición para los dos principales
campos del Putumayo, basado en proyecciones de precios elaboradas por Rystad Energy y la
Agencia Internacional de la Energía (IEA).

Las proyecciones de precios del petróleo para el año 2030 varían sustancialmente en función
del escenario de referencia. En el escenario de carbono neutralidad (Net Zero) de la IEA, el
precio del barril podría descender hasta los USD 15. En el escenario de compromisos
anunciados (Announced Pledges Scenario, APS), se estima un precio cercano a los USD 35 por
barril, mientras que la OPEP proyecta un valor de USD 75.

Por su parte, las proyecciones de Rystad Energy se sitúan en un amplio rango, entre USD 35 y
70 por barril, según la ambición climática del escenario. Esta divergencia significativa
introduce un alto grado de incertidumbre en la toma de decisiones de inversión y limita la
confiabilidad de los ejercicios de evaluación económica, especialmente en proyectos con
horizontes de planeación a largo plazo.

Cuadro 3. Escenarios de precios


Precio del barril
Escenario Brent en 2030 (USD)
IEA NZE 15
Rystad 1.6 35
Rystad 1.8 50
Rystad 2.0 65
Rystad 2.2 70
IEA APS 35
OPEP 75
Fuente: Rystad Energy (febrero de 2025).

6 Manley, Furnaro y Heller (2024).


15

Campo Costayaco (Villagarzón)

El campo Costayaco se encuentra en etapa de explotación desde 2007, con una vida útil
prevista de 36 años, hasta 2043. Desde 2015, la producción ha experimentado una tendencia
descendente, pasando de aproximadamente 13 000 bpd a 6000 bpd en 2022. Las
proyecciones indican que esta tendencia continuará, de modo que para 2035 la producción
podría situarse por debajo de los 1000 bpd (véase el gráfico 6). Este declive se debe
principalmente al avanzado estado de agotamiento del yacimiento, ya que a finales de 2022
se había extraído más del 75 % de las reservas estimadas inicialmente. De los 80 millones de
barriles estimados al inicio del desarrollo, ya se habían producido 63 millones, restando
únicamente 17 millones por extraer (Rystad Energy, 2023), lo que sitúa al campo en la fase final
de su ciclo productivo (cuadro 1).

Gráfico 6. Producción proyectada para 2035 del campo Costayaco

Producción histórica y proyectada


Costayaco
15
Miles de bpd

10

0
2018

2021

2032

2035
2015
2016
2017

2019
2020

2022
2023
2024
2025
2026
2027
2028
2029
2030
2031

2033
2034

Gas Petróleo

Fuente: Elaborado por NRGI a partir de datos de Rystad Energy (agosto de 2024).

En 2023, el precio de equilibrio (breakeven) de este campo era de USD 36,5 por barril. Según
los escenarios de Rystad 1.6 —que contempla una transición acelerada orientada a limitar el
aumento de la temperatura global a 1,6 °C— y de Compromisos Anunciados (APS) de la IEA,
en los que se proyecta un precio del petróleo de USD 35 por barril para 2030, el proyecto
resultaría económicamente inviable. En otros escenarios, el campo mantendría un precio de
equilibrio competitivo.

Campo Cohembi (Puerto Asís)

Este campo se encuentra en explotación desde 2002 y se prevé que siga produciendo hasta
2043, lo que supone una vida útil de 41 años. Según los datos de Rystad Energy, la producción
del campo ha fluctuado entre un mínimo de 4000 y un máximo de 6000 bpd (gráfico 7). Se prevé
que la producción disminuya constantemente en los próximos 10 años, ya que se trata
también de un campo maduro del que ya se ha extraído entre el 50 % y el 75 % de sus reservas.
16

Al finalizar el año 2022, se habían extraído 26 millones de barriles del campo, restando solo 13
millones de los 39 millones estimados inicialmente (Rystad Energy, 2023).

Gráfico 7. Producción proyectada para 2035 del campo Cohembi


Producción histórica y proyectada Cohembi
7

5
Miles de bpd

0
2015 2017 2019 2021 2023 2025 2027 2029 2031 2033 2035

Fuente: Elaborado por NRGI a partir de datos de Rystad Energy (agosto de 2024).

En 2024, el precio de equilibrio (breakeven) del campo era de USD 35,3 por barril, una situación
similar a la del campo Costayaco. Su viabilidad económica está muy próxima a los escenarios
Rystad 1.6 y APS de la IEA, que estiman que el precio del barril de petróleo se situará en USD
35 para 2030. Esta proximidad supone un riesgo para su viabilidad económica si los precios se
mantienen bajos en los próximos años.

El análisis de los dos campos más grandes muestra que están maduros y que sus curvas de
producción tienden a decrecer rápidamente. No obstante, si a nivel global se avanzara más
rápidamente en la disminución de la demanda, el petróleo de la región del Putumayo podría
volverse inviable con un precio inferior a USD 35 dólares por barril.

Campo Platanillo y la vulnerabilidad estructural

En enero de 2025, la empresa GeoPark anunció el cierre de las operaciones del yacimiento
Platanillo, ubicado en Puerto Asís, debido al incremento de sus costos operativos. Como se
puede observar en el gráfico 5, es el segundo campo con más reservas. Según la ANH,
producía alrededor de 1400 bpd y presentaba una marcada tendencia a la baja. Esta situación
incrementaba la presión sobre los costos, lo que afectaba su rentabilidad (Ruiz, 2025). La
empresa anunció su decisión de desinvertir en ciertos activos de Colombia y Brasil como parte
de una estrategia de crecimiento rentable, confiable y sostenible en el tiempo (Sandoval,
2025). Este caso evidencia cómo las condiciones estructurales de los campos del Putumayo
—alta madurez, costos crecientes y precios volátiles— pueden precipitar el cierre de las
operaciones y la salida de las empresas del territorio.
17

Los riesgos asociados a la transición energética no solo se derivan de las decisiones


climáticas globales, sino también de la creciente volatilidad del entorno geopolítico y
económico internacional. Factores como el regreso de Donald Trump a la presidencia de
Estados Unidos con una agenda centrada en la expansión de la producción nacional de
hidrocarburos (“drill, baby, drill”) (World Economic Forum, 2025), así como los efectos
negativos sobre el crecimiento global derivados de la guerra comercial, configuran un
escenario incierto para el mercado energético. A ello se suman las recientes decisiones de la
OPEP orientadas a incrementar la oferta de petróleo (Infobae, 2025), lo que ejerce una presión
adicional a la baja sobre los precios internacionales.

Este contexto refuerza los riesgos previamente analizados: una caída sostenida de los precios,
combinada con la madurez de los campos y el aumento de los costos operativos, puede
acelerar la pérdida de viabilidad económica de los proyectos en regiones como la del
Putumayo. La interacción entre dinámicas estructurales locales y factores globales
impredecibles exige una revisión estratégica de la dependencia territorial del petróleo y una
planificación anticipada frente a escenarios de desinversión.

3. FINANZAS PÚBLICAS DEL PUTUMAYO


3.1 SITUACIÓN FISCAL DEL DEPARTAMENTO

Los ingresos fiscales del departamento del Putumayo se basan fundamentalmente en las
transferencias del Sistema General de Participaciones y, en menor medida, del Sistema
General de Regalías. Las cantidades disponibles corresponden a las vigencias de 2022 y 2023:

Cuadro 4. Ingresos fiscales del Putumayo, 2022 y 2023


Ingresos 2022 2023
Tributarios y no tributarios 74 505 86 770
Transferencias corrientes 374 705 418 754
Ingresos de capital 104 556 98 218
Total de ingresos diferentes al SGR 553 767 603 742
Ingresos del SGR 95 707 165 206
Total de ingresos 649 474 768 948
Porcentaje de los ingresos tributarios 11,5 % 11,3 %
Porcentaje del SGR 14,7 % 21,5 %

Fuente: Elaboración propia a partir de datos del Ministerio de Hacienda, Viabilidad Fiscal Putumayo
2023, y datos del Sicodis DNP.

El departamento muestra una alta dependencia de las transferencias del Gobierno central, ya
que sus ingresos tributarios y no tributarios solo representan el 11 % del total. Las regalías
aportan más que la recaudación propia. No obstante, los recursos de las regalías son muy
variables, situándose entre el 14 % y el 21 %, variación que se explica principalmente por la
volatilidad del precio internacional del petróleo.
18

Según la información del Plan de Recursos, los datos históricos y las proyecciones de las
regalías muestran que el monto máximo de asignación de recursos se alcanzó en 2020, con
COP 199 742 millones. A partir de ese año, la participación empieza a declinar. Para 2030, la
cantidad podría reducirse a casi la mitad (COP 109 490 millones) y para 2034 podría
representar tan solo una cuarta parte (COP 57 915 millones).

Gráfico 8. Proyecciones del presupuesto de regalías a nivel nacional

Presupuesto regalías en pesos colombianos


250,000,000,000

200,000,000,000

150,000,000,000

100,000,000,000

50,000,000,000

-
2022

2033
2017
2018
2019
2020
2021

2023
2024
2025
2026
2027
2028
2029
2030
2031
2032

2034
Asignaciones Directas Total Regalias

Fuente: Elaboración propia a partir de información del Plan de Recursos del Sicodis, DNP.

Desde la perspectiva de las finanzas públicas, existe cierto consenso en que la solidez fiscal
de las entidades territoriales está estrechamente relacionada con el peso de los ingresos
tributarios dentro de su estructura financiera. A medida que los ingresos propios —en
particular los tributarios— adquieren mayor relevancia, se reduce la dependencia de las
transferencias del nivel central y se fortalece la autonomía fiscal de los territorios.

Gráfico 9. Relación entre los ingresos tributarios y los ingresos totales en el Putumayo,
2000-2022 (%)

Fuente: DNP – Terridata.


19

Como muestra el gráfico 9, la participación de los ingresos tributarios en el total de ingresos


del departamento del Putumayo ha sido históricamente baja y volátil. El valor más alto
registrado fue del 13,92 %, y el más bajo, del 6,58 %, lo que evidencia una débil capacidad de
generación de recursos propios. Esta baja participación refleja una alta dependencia de las
transferencias del Sistema General de Participaciones (SGP) y de las regalías de la actividad
extractiva.

En 2023, aunque la participación del Putumayo en el total nacional del SGP fue apenas del
1,1 %, dicho aporte representó el 10,7 % del PIB departamental y superó en más de siete veces
(731 %) la recaudación de renta propia del departamento (Torres, Botero, & Hurtado, 2025).
Estas cifras ilustran el escaso margen de maniobra fiscal del que dispone la administración
departamental y confirman su alta vulnerabilidad a la evolución de los ingresos petroleros.

Modificar esta situación es un propósito loable, pero existen dos dificultades: por un lado, la
dependencia histórica de las transferencias ha generado incentivos perversos que
desincentivan el esfuerzo fiscal, fenómeno conocido como “pereza fiscal”7; por otro lado, los
departamentos no cuentan con suficientes instrumentos legales y fiscales para ampliar su
base tributaria y reducir su dependencia del nivel central. La Constitución de 1991 otorgó
mayores competencias y recursos a los municipios, pero no avanzó con la misma claridad en
el fortalecimiento fiscal de los departamentos, lo que ha limitado su capacidad de autogestión
financiera. La ley de competencias que deberá expedirse derivada del Acto Legislativo 03 de
2024 será una oportunidad para darles más herramientas y responsabilidades a las entidades
territoriales de manera que les permita liderar con autonomía el crecimiento regional.

La volatilidad observada en la relación entre ingresos tributarios e ingresos totales refleja la


sensibilidad del sistema fiscal departamental a los vaivenes del mercado petrolero y a las
transferencias por regalías. Esta inestabilidad dificulta la planificación a largo plazo y refuerza
la necesidad de diversificar las fuentes de ingresos, fortalecer los sistemas de recaudo y
ampliar las capacidades técnicas de la administración tributaria local.

3.2 VALOR AGREGADO MUNICIPAL

Mocoa

En el Putumayo, la dinámica urbana es relativamente débil. El comportamiento del


departamento debe tener en cuenta de manera explícita el impacto de las ciudades. Este
principio general no es tan evidente en el Putumayo porque el peso de las ciudades no es tan
relevante. Mocoa no es una ciudad aglomerada (Barco, 2013, 2014). Está clasificada entre las
ciudades capitales con menos de 100 000 habitantes. Las conmutaciones de bienes y
personas están muy restringidas. Solo el 10 % de las zonas rurales se encuentra a menos de

7 Este fenómeno se produce cuando aumentan las transferencias incondicionales del Gobierno central. Si
estos montos aumentan, las entidades locales no tienen incentivos para aumentar los ingresos propios. A este
comportamiento se le conoce como flypaper effect. Las transferencias incondicionales generan dos tipos de
comportamiento que no son convenientes. Por un lado, se produce pereza fiscal y, por otro, un aumento del
gasto a niveles insostenibles.
20

tres horas de Mocoa. Debido a su tamaño y a la falta de relaciones funcionales, la actividad


económica de Mocoa no tiene tanta incidencia en la economía del departamento como la de
otras capitales. El caso contrario, de hecho extremo, es el de Bogotá, que determina de
manera sustantiva la economía del departamento de Cundinamarca.

Gráfico 10. Relación entre los ingresos tributarios y los ingresos totales en Mocoa, 2000-
2022 (%)

Fuente: DNP – Terridata.

El gráfico 10 muestra la evolución de los recursos propios de la ciudad en los ingresos totales.
El ciclo es muy variado y confirma la volatilidad de la actividad económica del departamento
mencionada previamente.

Las principales fuentes de recursos de las ciudades son el impuesto predial y el impuesto de
industria y comercio (ICA). El impuesto predial es relativamente estable, ya que el precio de
los inmuebles no experimenta cambios bruscos a lo largo del tiempo. En cambio, el ICA varía
considerablemente dependiendo de las fluctuaciones de la actividad productiva. Cuando la
actividad económica es baja, el ICA disminuye y, además, si los movimientos son erráticos, la
ciudad no logra un crecimiento sostenido. Esto se manifiesta en el escaso impacto que tiene
sobre el comportamiento de la economía del departamento. Las pocas relaciones funcionales
de la ciudad y la ausencia de conmutaciones relevantes no favorecen los procesos que
podrían llevar a un aumento significativo de los recursos propios. El principal campo petrolero
de Mocoa es Moqueta.

Desempeño municipal de otros municipios

Los demás municipios del departamento tampoco tienen relaciones funcionales ni


conmutaciones relevantes. Siguen siendo muy dependientes de los procesos extractivos.
21

Cuadro 5. Indicadores de desempeño por municipio. Putumayo, 2024


Municipio IDF IDI IC IDD
Colón 65,51 53,78 59,65 45,87
Mocoa 69,92 68,07 69,00 50,09
Orito 73,30 48,59 60,95 57,71
Puerto Asís 68,32 52,70 60,51 55,85
Puerto Caicedo 66,98 57,52 62,25 58,04
Puerto Guzmán 61,48 61,99 61,74 63,80
Puerto Leguízamo 62,84 39,26 51,05 73,69
San Francisco 61,68 55,97 58,82 58,99
San Miguel 71,64 47,17 59,41 50,84
Santiago 68,37 53,24 60,81 55,87
Sibundoy 65,11 56,35 60,73 42,61
Valle del Guamuez 72,94 57,06 65,00 52,59
Villagarzón 72,59 50,16 61,37 57,12
Total departamento 64,89 55,69 60,29 44,38
Notas. IDF: índice de desempeño fiscal; IDI: índice de desempeño institucional; IC: índice de
capacidades; IDD: índice de densidades y distancias.
Fuente: DNP.

En el cuadro 5 se resumen algunos indicadores relacionados con el desempeño municipal. El


IDF es el índice de desempeño fiscal y está estrechamente relacionado con el adecuado
manejo de las finanzas públicas. El promedio departamental es de 64,89. El municipio con
mejor desempeño es Orito, con 73,3. El peor es el de Puerto Guzmán. El IDI es el índice de
desempeño institucional. El promedio nacional es de 55,69. Este nivel es bajo en el contexto
nacional. El municipio con mejor desempeño es Mocoa, con 68,7.

El IC es el índice de capacidades. El promedio global es de 60,29. Y, nuevamente, el


municipio con el mejor índice es Mocoa, con 69. El IDD es el índice de densidades y
distancias, una medida que se está utilizando en los análisis rurales más recientes (PNUD,
2011; DNP,2015). Se trata de una expresión del índice de ruralidad que, expresa un continuo
campo-ciudad. No se puede establecer una división taxativa entre lo urbano y lo rural. En el
IDD, el promedio departamental es de 44,38. El municipio más rural es Sibundoy, con 42,61.
Los municipios del Putumayo tienen un indicador de desempeño inferior al promedio nacional.

En este contexto complejo, el análisis de la situación fiscal del departamento debe tener en
cuenta la dimensión regional, ya que es relevante para entender la dinámica departamental en
relación con los procesos regionales.
22

3.3 LA DIMENSIÓN REGIONAL

El departamento del Putumayo forma parte de la región Sur 8, una agrupación territorial
utilizada por el DNP que también incluye los departamentos de Caquetá, Huila y Tolima.
Aunque esta clasificación no coincide con su ubicación geográfica en la Amazonía, resulta
útil para analizar la inversión pública desde una perspectiva regional, que es clave para
entender los desafíos estructurales a los que se enfrenta el departamento. Desde esta
mirada, en 2024 la región Sur en su conjunto recibió más de COP 17 billones en inversión
pública, de los cuales COP 2,5 billones correspondieron al Putumayo (cuadro 6).

Cuadro 6. Consolidación de la inversión en la región Sur, 2024 (miles de millones de pesos


colombianos)
Región PGN SGP SGR Territ. Total
Caquetá Sur 1049 622 223 64 1958
Huila Sur 1800 1398 342 430 3970
Putumayo Sur 1589 550 251 117 2507
Tolima Sur 1756 6092 319 424 8591
Total parcial Sur 6194 8662 1135 1035 17 026
Nacional 23 786 0 1600 0 25 386
Total 99 365 70 543 14 080 40 075 224 063
Notas. PGN: Presupuesto General de la Nación; SGP: Sistema General de Participaciones; SGR:
Sistema General de Regalías; Territorios: son los recursos para inversión de municipios y
departamentos.
Fuente: DNP (2023).

Estas cifras permiten afirmar que el problema no es la escasez de recursos, sino la


incapacidad institucional para estructurar proyectos a gran escala y con un alto impacto. Con
montos de inversión de esta magnitud, se podría avanzar hacia iniciativas estratégicas que
impulsen la transición energética y productiva en el sur del país. Sin embargo, lo que
predomina es una fragmentación del gasto que limita el alcance transformador de las
inversiones9.

La lectura regional de la inversión es relevante por tres razones. En primer lugar, muestra el
volumen significativo de recursos disponibles si se supera la fragmentación departamental.
En segundo lugar, evidencia la importancia de una concurrencia de fuentes en la que se
articulen recursos del PGN, del SGP, del SGR y de los entes territoriales. En tercer lugar,
permite concebir proyectos interdepartamentales con enfoque estratégico, de mayor escala

8 Usualmente, en el país se han considerado siete regiones, con sus respectivos departamentos: (i) Caribe:
Atlántico, Bolívar, Cesar, Córdoba, La Guajira, Magdalena, Sucre, San Andrés, Providencia y Santa Catalina;
(ii) Pacífico: Cauca, Chocó, Nariño y Valle del Cauca; (iii) Centro: Boyacá, Cundinamarca, Norte de
Santander y Santander; (iv) Orinoquía: Arauca, Casanare, Guaviare, Meta y Vichada; (v) Sur: Caquetá,
Huila, Putumayo y Tolima; (vi) Eje Cafetero: Antioquia, Caldas, Quindío y Risaralda; y (vii) Amazonía:
Amazonas, Guanía y Vaupés.
9 Esta es la conclusión de varios informes de la CGR (2016a, 2016b, 2017a, 2017b).
23

territorial y sostenibilidad. Es importante señalar que, con la reciente reforma al SGP (Acto
Legislativo 03 de 2024), que aumenta el porcentaje de ingresos destinados a departamentos,
municipios y distritos —del 25 % en 2024 al 39,5 % en un plazo de 12 años—, y eventualmente
también a las entidades territoriales indígenas si se establecen, junto con las nuevas
competencias que deberán asumir, se configura un nuevo escenario para reforzar la
propuesta de avanzar hacia una mirada regional.

A pesar de a ello, el presupuesto público en Colombia sigue fraccionándose por


departamentos y sectores, lo que limita la capacidad de formular intervenciones integradas y
a largo plazo. En el Putumayo, los proyectos futuros deberían partir de una mirada regional que
reconozca las interdependencias territoriales y permita articular esfuerzos con los
departamentos vecinos. Esta visión no niega la importancia de las inversiones
departamentales, pero insiste en que estas no deben desvincularse de procesos más amplios
de planificación territorial.

Fragmentación de los proyectos


El caso del Putumayo refleja un fenómeno estructural a nivel nacional: la fragmentación de los
recursos públicos, especialmente los provenientes del SGR. Entre 2018 y 2022, el uso de
regalías directas dio lugar a más de 4000 proyectos, de los cuales solo siete superaron los COP
50 000 millones. En las asignaciones municipales (4885 proyectos) ninguno alcanzó esa cifra.
En ciencia y tecnología se aprobaron 862 proyectos, todos inferiores a COP 50 000 millones, y
en el componente de paz, solo 13 de 807 proyectos superaron ese umbral (CGR, 2016 - a4).

A ello se suma que, según una evaluación del DNP (2025), la mayoría de los proyectos
ejecutados entre 2021 y 2024 con recursos de la Asignación para la Inversión Regional carecen
de la magnitud necesaria, tanto en cobertura geográfica como en volumen de recursos. El
65 % de los proyectos cubrió menos del 30 % de los municipios del departamento y ninguno
alcanzó impacto interdepartamental.

Ineficiencia en la ejecución y restricciones fiscales

A la fragmentación se suma una ejecución presupuestal deficiente. En 2024, el PGN presentó


una ejecución del 81,7 %, la más baja desde 2011. Este bajo desempeño se produjo en un
contexto de creciente fragilidad macroeconómica: el déficit fiscal cerró en un 6,8 % del PIB,
superando en 1,2 puntos las proyecciones oficiales (Becerra, 2025). Para 2025, el servicio de
la deuda pública alcanzará los COP 121,2 billones, una cifra sin precedentes en la historia
reciente del país.

De ese total, COP 86,3 billones corresponden a intereses —equivalentes al presupuesto de 30


universidades públicas como la Universidad Nacional de Colombia—, mientras que COP 34,8
billones corresponden a amortizaciones de capital. Esta carga fiscal restringe el margen de
maniobra de la política pública.

A pesar de este contexto crítico, varios sectores presentan ejecuciones presupuestales


notablemente bajas. Los más rezagados fueron las tecnologías de la información (30,5 %), el
deporte y la recreación (36 %), el transporte (36,3 %) y la agricultura (37,6%). El caso del
24

Ministerio de Agricultura es especialmente relevante, ya que, a pesar de la prioridad asignada


por el Gobierno, que se refleja en una apropiación cercana a los COP 8 billones, solo se
ejecutaron COP 2,9 billones. En el ámbito de la política social, el gasto en inclusión y
reconciliación es especialmente importante, pero su ejecución solo alcanzó el 71,1 %.

Presupuesto por programas

Una forma de corregir los problemas relacionados con la dispersión y la ineficiencia de los
recursos es el presupuesto por programa, que se aprobó en el Plan de Desarrollo 2022-2026
(art. 364). La definición de programas con un horizonte de mediano y largo plazo obliga a que
haya concurrencia de fuentes, con una visión que supera los enfoques puramente
coyunturales. El presupuesto por programa busca que el Gobierno defina pocos objetivos
estratégicos en torno a los cuales se articule la mayor parte del gasto de funcionamiento y de
inversión. El presupuesto por programa implica la confluencia de recursos entre los Gobiernos
nacional y locales; además, elimina la anualidad y termina con la separación artificial entre
funcionamiento e inversión.

El cuadro 6 muestra el presupuesto de inversión aprobado para la región Sur en 2024. Esta
mirada es relevante por tres razones: en primer lugar, muestra la importancia de la
regionalización; en segundo lugar, destaca la conveniencia de la concurrencia de fuentes; y,
en tercer lugar, pone en evidencia el monto significativo de los recursos cuando se pasa de la
lógica departamental a la regional.

La magnitud de los recursos asignados al departamento del Putumayo y a la región Sur en su


conjunto muestra que hay potencial para una planeación más ambiciosa y articulada. El
desafío no es la falta de presupuesto, sino la capacidad institucional para formular y ejecutar
proyectos transformadores con visión regional que respondan a los retos de sostenibilidad,
inclusión y transición energética en un territorio históricamente excluido como el Putumayo.

4. ESTRUCTURA PRODUCTIVA

Gráfico 11. Crecimiento anual del PIB del Putumayo (%), 2006-2022 (pesos colombianos
constantes de 2015)
25

Fuente: DANE.

El gráfico 11 muestra la evolución del PIB del Putumayo entre 2006 y 2022. Aunque la
tendencia de mediano plazo es negativa, se observan variaciones extremas asociadas
principalmente a la dinámica del sector petrolero. Resulta especialmente llamativo el nivel de
inestabilidad, con episodios como el crecimiento real del 23 % registrado en 2013.

Esta volatilidad representa un problema estructural para la economía del departamento. Gran
parte de estas fluctuaciones impredecibles obedecen a los ciclos de productos primarios,
como el petróleo, la minería, la coca y el oro. La elevada dependencia del Putumayo frente a
estas actividades hace que su economía sea particularmente vulnerable. En especial, los
vaivenes del ciclo petrolero tienen un gran impacto, ya que este sector tiene una alta
participación en el PIB departamental.

Cuadro 7. Composición del valor agregado del Putumayo (%), 2023


Minas y canteras 28,8
Admón. pública, defensa 26,1
Comercio y servicios 16,7
Agricultura y ganadería 7,9
Construcción 5,2
Act. inmobiliarias 3,9
Act. artísticas 2,6
Finanzas 1,6
Act. profesionales 1,4
Manufactura 0,8
Electricidad, gas, agua 0,8
Comunicaciones 0,3
Valor agregado bruto 96,0
Impuestos 4,0
PIB departamental 100,0
Fuente: DANE.

La estructura del valor agregado (cuadro 7) destaca la importancia del sector de minas y
canteras (que incluye el petróleo), con una participación del 28,8 % en el PIB departamental,
seguido muy de cerca por el sector de administración pública y defensa (26,1 %). Estos dos
sectores, que concentran más de la mitad del valor agregado, contrastan con la baja
participación de actividades como la agricultura y la ganadería (7,9 %), la manufactura (0,8 %)
y las actividades industriales en general.

Esta composición refleja una economía altamente concentrada y dependiente de actividades


extractivas y del gasto público, lo que limita el desarrollo de sectores productivos
diversificados. A pesar de la disminución de los niveles de producción petrolera (como se
documentó en la sección anterior), la minería sigue siendo un componente central de la
economía del departamento. Esto confirma que el Putumayo no ha logrado reducir su
dependencia del petróleo.
26

La alta participación del sector minero contribuye, además, a la volatilidad económica. En un


contexto en el que otras actividades productivas no alcanzan un peso significativo, los ciclos
del petróleo tienen un efecto amplificado. Y esta situación se presenta, entre otras razones,
porque no se ha diseñado una ruta de transición adecuada. Ni el departamento ni el Gobierno
nacional han logrado definir una estrategia de mediano plazo que permita efectivamente
sustituir la economía extractiva por agroindustrias y manufacturas más sostenibles e
incluyentes.

Las economías extractivas en Colombia suelen coexistir con dinámicas de violencia y


presencia de actores armados, lo que complica aún más el panorama económico y social. En
el Putumayo, esta situación se ha agravado por tres factores principales: (1) el incumplimiento
del Acuerdo de Paz con las FARC-EP, (2) la escalada del conflicto armado y (3) la ocupación
territorial por parte de nuevos grupos armados ilegales en zonas antes controladas por esta
guerrilla. Estos elementos no solo intensifican la volatilidad económica, sino que también
generan impactos desproporcionados sobre las comunidades locales, especialmente sobre
las más vulnerables. En febrero de 2025, la Defensoría del Pueblo alertó sobre la emergencia
humanitaria en el Putumayo (Torrado & Lewing, 2025).

A pesar de contar con más de 50 años de producción petrolera, el Putumayo, al igual que otros
departamentos productores, no ha logrado transformar esta riqueza en diversificación
productiva ni en mejoras sustanciales en las condiciones de vida de su población. El
departamento no supo aprovechar las bonanzas petroleras y sigue enfrentándose a profundas
brechas sociales y económicas. Una de las condiciones para lograr una TEJ es el cierre de
brechas, o la convergencia en términos de calidad de vida. La ley de competencias, que se
desprende del Acto Legislativo 03 de 2024 será fundamental para esto.

Un indicador que refleja esta situación es el índice de pobreza multidimensional, que se utiliza
como proxy para medir la calidad de vida. En 2024, la incidencia de la pobreza en el Putumayo
fue del 11,8 %, ligeramente superior al promedio nacional (11,5 %). En una región con amplias
potencialidades, este nivel resulta preocupante. A esto se suma una cobertura eléctrica rural
de solo un 52,37 % en 2021, muy por debajo del promedio nacional (Terridata, 2024).
Putumayo se encuentra entre los ocho departamentos con menor cobertura eléctrica del país
y con una de las brechas más marcadas entre áreas urbanas y rurales.

Finalmente, otra característica relevante de la economía departamental es la producción de


coca, actividad que el DANE incluye dentro del valor agregado del sector agrícola. El gráfico 12
presenta la evolución del número de hectáreas cultivadas con coca en el Putumayo en
comparación con el total nacional.
27

Gráfico 12. Evolución de la siembra de coca, total nacional y departamento del Putumayo
(hectáreas cultivadas, 2001-2023)

Fuente: Observatorio de Drogas de Colombia (ODC).

Del gráfico 12 se desprenden dos conclusiones principales. La primera es la alta correlación


entre la dinámica nacional y la departamental de los cultivos de coca (R² = 0,84), lo que indica
que ambas responden a factores similares, como los precios y la demanda internacional. En
2023, Putumayo alcanzó aproximadamente 50 000 hectáreas sembradas, lo que supone un
aumento de 30 000 hectáreas respecto a 2020, situándose como el segundo departamento
con mayor superficie cultivada del país después de Caquetá. La segunda conclusión es que el
crecimiento sostenido de estos cultivos refleja la ausencia de procesos de transición hacia
economías alternativas. Entre 2004 y 2023, el área sembrada en el Putumayo pasó de 5000 a
cerca de 60 000 hectáreas, lo que representa un incremento del 1100 % y evidencia la falta de
opciones sostenibles para una población campesina en situación de pobreza.

Además del cultivo de coca, el Putumayo también se enfrenta a una expansión de la minería
ilegal, impulsada por el alza del precio internacional del oro, que ronda los USD 3300 por onza.
Según la Procuraduría General de la Nación (2024), los municipios más afectados son Puerto
Asís, Orito, Valle del Guamuez y San Miguel. En 2022, se detectaron 8950 hectáreas
intervenidas por la minería ilegal, con uso de mercurio que ha contaminado los ríos Putumayo
y San Miguel, así como el Parque Nacional Natural La Paya, lo que genera graves riesgos para
la salud de las comunidades locales, en particular de los pueblos indígenas. Aunque la
deforestación asociada a esta actividad ha disminuido —de 10 852 hectáreas en 2022 a 5169
hectáreas en 2023, según el Ideam (2024)—, sus impactos siguen siendo significativos.

Según el índice departamental de competitividad elaborado por el Consejo Privado de


Competitividad (2024), el Putumayo se ubica entre los departamentos con mayores barreras
estructurales para el desarrollo, ocupando el puesto 28 de 33. Este bajo desempeño se explica
por factores como la deficiente infraestructura de transporte, la lejanía respecto a los
principales centros de mercado, las limitadas capacidades productivas y otros indicadores
que restringen la innovación y el crecimiento económico.
28

Gráfica 13. índice departamental de competitividad

Fuente: Consejo Privado de Competitividad (2024).

En el Putumayo, la concentración de la tierra es muy alta y el acceso a ella es uno de los


principales problemas de las mujeres, situación que las expone a una mayor inseguridad
económica y a discriminación en su condición de propietarias (Sierra Praeli, 2025). Por tanto,
es necesario examinar las relaciones factoriales que garanticen que las fincas más pequeñas
puedan generar, al menos, el valor equivalente a una unidad agrícola familiar (UAF) 10. Es
pertinente introducir la discusión sobre esta relación inversa. Diversos estudios muestran que
en Colombia se ha cumplido dicha relación. Autores como Sen (1962), Berry (1972), Barrett y
Carter (2012), Carter (1984) , Toledo y Tjernström (2013a, 2013b) han demostrado que, en
determinadas condiciones, la pequeña producción puede ser tan rentable como la gran
producción. No obstante, los autores advierten que la unidad productiva no puede ser muy

10 Es un valor cercano a tres salarios mínimos.


29

pequeña, ya que el microfundio es poco eficiente 11. Además, se requiere que el Estado cumpla
un papel activo, ofreciendo bienes y servicios, mejorando la infraestructura y reduciendo los
riesgos (PNUD, 2011; DNP, 2015).

La relación inversa significa que la productividad media por área es mayor en las fincas
pequeñas que en las grandes12. Este hallazgo no es nuevo. Chayanov (1919, 1923) ya discutía
sobre las bondades de la economía campesina. Más recientemente, Sen (1962) y Berry (1972,
2010, 2017) consideran que, en determinadas condiciones, la pequeña producción puede ser
tan rentable como la gran producción. Estas consideraciones sobre la estructura productiva
son relevantes, ya que ponen en evidencia la relevancia del tamaño del predio en la
productividad.

En el análisis de la estructura productiva se debe tener en cuenta la asimetría entre la aptitud


y el uso del suelo. Por ejemplo, la ganadería extensiva es una práctica común, hasta el punto
de que se llega a una vaca por cada 15 hectáreas. Es necesario modificar sustancialmente las
prácticas de uso del suelo. Se pueden lograr avances tecnológicos que, además, pueden
contribuir al desarrollo de esquemas asociativos para vincular a pequeños y medianos
productores.

En los análisis, se debe tener presente la demografía y el examen de los asentamientos de la


población en el territorio. La Amazonía tiene muy poca población. A pesar de ser un territorio
muy extenso, es la región menos poblada del país. En ella habitan 1,8 millones de personas (el
3,5 % de la población nacional). Además, la industria petrolera en el Putumayo ha dificultado
el acceso a la tierra de campesinos, indígenas y afrodescendientes. En la última década, el
auge petrolero disparó los precios del suelo, haciéndolo inalcanzable para la mayoría de los
habitantes de los municipios productores (CNMH, 2015).

11 A la misma conclusión llega el PNUD (2011). En otros países no se permite dividir la finca por debajo de
un área mínima. Sin embargo, en Colombia es usual que, tras la muerte de los padres, los hijos se repartan la
finca. Si este proceso se repite generación tras generación, el resultado son minifundios totalmente
improductivos.
12 Berry (2010, 2017) define así la relación inversa: “Dos características generales (casi universales) son la
relación inversa entre el tamaño de la explotación y la productividad de la tierra, y la relación positiva entre el
tamaño de esta explotación y la productividad de la mano de obra. Estas dos relaciones señalan una tercera
correspondencia de carácter universal: la razón mano de obra / tierra disminuye con el tamaño de la explotación,
típicamente en forma dramática” (Berry, 2017, p. 2). Por lo tanto:

𝑁 𝑁 𝑌𝐵 𝑌𝐵 𝑌𝐵 𝑌𝐵
𝑆𝑖 ( ) > ( ) ⟶ ( ) > ( ) ⟶ ( ) < ( )
𝐴 𝑝 𝐴 𝑔 𝐴 𝑝 𝐴 𝑔 𝑁 𝑝 𝑁 𝑔

Donde N es el número de trabajadores, A es el área, YB es el producto bruto, p es la pequeña finca y g es la gran


𝑌𝐵 𝑌𝐵
unidad productiva. La relación inversa es ( 𝐴 ) > ( 𝐴 ) .
𝑝 𝑔
30

5. CONCLUSIONES

El departamento del Putumayo ha reducido progresivamente su producción de petróleo sin


encontrar mecanismos eficaces para consolidar una transición hacia una economía no
extractiva. En 10 años, la producción ha caído un 47 %, pasando de 46 000 bpd en 2015 a
24 200 bpd en 2024, y las proyecciones de Rystad Energy anticipan una caída aún más
pronunciada, hasta alcanzar los 8100 bpd en 2035.

Las causas de este rápido declive están asociadas al agotamiento de los campos petroleros
en el Putumayo. La mayoría son campos maduros con escasas perspectivas de nuevas
inversiones. Además, el petróleo de esta zona suele ser más pesado, lo que implica mayores
costos operativos y operaciones más complejas. Estos factores, combinados con la
volatilidad del mercado internacional, incrementan el riesgo para los inversionistas. Un
ejemplo de este fenómeno fue el cierre del campo Platanillo.

La pérdida de atractivo para la inversión y el bajo potencial de reservas refuerzan la urgencia


de planear el futuro fiscal y productivo del departamento. El declive estructural de la
producción afectará directamente los ingresos por regalías e impuestos, que, aunque
variables, son importantes para el departamento, ya que superan a los ingresos propios, que
se situaron en torno al 11 % en los últimos años, mientras que las regalías se ubicaron entre el
14 % y el 21 % (vigencias de 2022 y 2023). Por lo tanto, la disminución de los ingresos fiscales
tendrá repercusiones sobre la sostenibilidad financiera del territorio.

Por tanto, es imprescindible diseñar una ruta que mitigue estos riesgos y promueva círculos
virtuosos para mejorar la calidad de vida, disminuir la pobreza, garantizar la justicia energética
en las zonas rurales y eliminar las barreras a las que se enfrentan las mujeres para acceder a
nuevas oportunidades. En este escenario, es urgente abrir un diálogo institucional y
empresarial sobre el cierre y desmantelamiento responsable de los proyectos petroleros, que
incluya la remediación de los pasivos sociales y ambientales históricos, y el acompañamiento
a los trabajadores y a las comunidades dependientes del sector.

A estas limitaciones se suma un contexto adverso caracterizado por la debilidad de la


infraestructura, los problemas de orden público y la persistente presencia de economías
ilícitas y actores armados. Según el índice de incidencia del conflicto armado, el Putumayo
mantuvo una incidencia alta entre 2017 y 2021. Más allá de lo que ocurra con el petróleo, es
indispensable avanzar hacia una transición energética y productiva, y solo será posible si se
hace con justicia y equidad. Este proceso debe construirse de manera participativa,
priorizando las necesidades y conocimientos de las comunidades indígenas y de las
poblaciones históricamente marginadas, para asegurar que el futuro desarrollo del territorio
sea justo y respetuoso con su identidad y su entorno.

Frente a este panorama, se extraen tres conclusiones clave del análisis realizado. La primera
es la ausencia de planes estratégicos regionales que impulsen la diversificación económica.
Para hacer frente a actividades ilícitas como la minería ilegal, se requieren apuestas
sostenibles en agroindustria, bioeconomía o energías limpias. La Hoja de Ruta de la Transición
31

Energética Justa (p. 184) destaca la necesidad de adaptar la industria, aprovechar las
capacidades existentes y atraer inversiones hacia nuevos modelos verdes.

El avance hacia una economía limpia y diversificada requiere el diseño de proyectos


regionales. Una de las paradojas de la transición energética planteada es la necesidad de
producir más petróleo para reducir la dependencia de este. Pero la transformación solo será
exitosa si la inversión se realiza de manera eficiente y estratégica.

En este sentido, no es conveniente seguir departamentalizando la inversión. Hay que


considerar la inversión desde una óptica regional. Los resultados de la inversión pública, en
especial de las regalías de hidrocarburos y minería, no han tenido el impacto esperado, por lo
que se proponen inversiones estratégicas con capacidad para resolver los problemas desde
un enfoque más amplio, para ser más efectivos en la articulación de sectores para la solución
de desafíos de competitividad comunes y en las apuestas de desarrollo.

La segunda conclusión es que el presupuesto de inversión, examinado desde la perspectiva


regional, es significativo. En este sentido, la falta de recursos no ha sido un obstáculo para
lograr una TEJ. El reto radica, más bien, en el uso estratégico y coordinado de estos recursos.

La tercera conclusión es la necesidad de articular de las iniciativas micro en procesos meso y


macro. En el departamento se han desarrollado numerosas propuestas puntuales y a corto
plazo que no se han incorporado a proyectos de inversión con horizontes de mediano y de largo
plazo. Las soluciones, en términos de alternativas económicas propuestas desde las
comunidades, deben dar un salto cualitativo y contemplar los nuevos modelos de negocio que
pueden aportar sectores como la bioeconomía, las energías limpias y la agroindustria
sostenible. Por tanto, es importante buscar los mecanismos que permitan pasar de los
diagnósticos pertinentes de las comunidades a las soluciones, que requieren la acción
conjunta de varios agentes (empresas privadas, Gobierno, comunidad).

Desde la perspectiva regional, uno de los temas centrales es el ordenamiento del territorio en
torno al agua. Para avanzar en esta dirección, el catastro multipropósito se presenta como un
instrumento clave e indispensable. A medida que los departamentos de la Amazonía
consoliden este instrumento, se podrán corregir las asimetrías actuales entre la vocación
natural del suelo y sus usos reales. La modernización del sector agropecuario en el Putumayo
dependerá en gran medida de la actualización integral del catastro multipropósito en todo el
departamento.

Este instrumento permite: (i) definir la vocación y el uso adecuado del suelo, promoviendo que
su manejo sea coherente con sus características y potencialidades; (ii) identificar las
relaciones factoriales (capital/trabajo) óptimas según el tipo de cultivo y las condiciones del
suelo, promoviendo una mayor eficiencia productiva; y (iii) ofrecer insumos fundamentales
para una política tributaria diferenciada. Aunque el impuesto predial es el tributo más común,
el catastro multipropósito permite diseñar esquemas fiscales más sofisticados. Por ejemplo,
se podría gravar con tasas altas a las fincas con vocación agrícola que usen el suelo para
ganadería extensiva, como incentivo para que modifiquen su uso y estructura productiva.
32

Considerar el Putumayo como parte de un sistema territorial más amplio —en interacción con
otros departamentos de la Amazonía— permite superar las limitaciones de la escala
departamental. Solo a través de la concurrencia de fuentes, de un enfoque de presupuesto por
programas y de una regionalización estratégica será posible construir una ruta de transición
productiva y energética que genere impactos sostenibles en el territorio.

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