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erechos e Inclusión

(Se transcribe fragmento del comunicado No 1 de Inspección Nacional de Educación


Especial del 10 de febrero de 2013)

“Compartimos el desafío de educar a todos y a cada uno, excluyendo el fantasma de la


segregación y exclusión.

Tratándose de infancias con Discapacidad o dificultades para aprender, que requieren


responder a “situaciones” educativas, complejas y diversas, adquiere plena vigencia el
pensamiento de I. Lewskowicz 1 para quien “cuando uno pasa a lo real, (muchas veces) la
biblioteca se calla y se hace necesario pensar al pie de lo que pasa y no al pie de la letra”.

En esta realidad, se hace aún más importante, para el logro de objetivos comunes,
compartir pilares conceptuales de la Educación Especial que constituyen criterios
orientadores de nuestras decisiones e intervenciones.

Con este propósito es relevante partir de las conceptualizaciones de Inclusión e Integración


así como de segregación y exclusión en tanto son términos que con frecuencia se
confunden y definen posicionamientos y decisiones diferentes en la práctica.

La integración se realiza mediante el ingreso de los grupos excluidos al sistema educativo


que mantiene el status quo. Los niños y niñas se tienen que adaptar al sistema educativo
disponible. A la Educación Especial le compete brindar los apoyos necesarios para que sea
efectiva la integración.

La Inclusión requiere la adaptación de los sistemas educativos y de la enseñanza para dar


respuesta a las necesidades de todas las personas y grupos. A la Educación Especial le
compete trabajar junto a la Educación común para adecuar, adaptar y desarrollar,
estrategias, dispositivos y apoyos que posibiliten los aprendizajes de los alumnos incluidos.

La Exclusión supone estar fuera del sistema educativo o permanecer inscripto en una
institución educativa sin aprender, “estar pero no existir”, requerir hospitalidad, acogida,
adaptaciones, apoyo y no poseerlo.

La Segregación refiere al acceso de los excluidos a Escuelas o programas diferentes.

Nuestro país y el CEIP ha definido políticas educativas de inclusión las cuales se enmarcan
en la firma de declaraciones de derechos internacionales y para las personas con
Discapacidad, en la suscripción a la primera Convención de Derechos del siglo XXI.

En este proceso hemos venido trabajando con todas las áreas y programas con importantes
logros, pero la realidad indica que aún subsisten todas las prácticas, y la continuidad en los
avances hace imprescindible el trabajo conjunto y colaborativo de todos los actores
educativos.

En consideración de ello, es de suma importancia, interrogarnos respecto a:


¿Cuál es el lugar que ocupan las Escuelas Especiales en el marco de políticas de inclusión?
Si bien utilizan el programa único de todas las escuelas del país con especificaciones y
adaptaciones de acceso. ¿Son espacios de segregación en tanto se constituyen como
escuelas diferentes?

La Educación Especial se define “Una red de escuelas, aulas, proyectos, equipos, docentes,
dispositivos, estrategias, recursos y modalidades del sistema educativo, para favorecer los
aprendizajes de niños, niñas y adolescentes con discapacidad ,dificultades para aprender y
altas capacidades, desarrollada desde una perspectiva de derechos, en el marco de una
educación inclusiva y de una Escuela con todos, para todos y cada uno.”

Dentro de las modalidades de intervención educativa cuenta con:

Aulas en Escuelas Comunes con inclusión en los grupos de educación común (para
alumnos con discapacidad visual, motriz, retos múltiples y personas sordas).

Maestros de apoyo en Escuela Común.

Escolaridad compartida o doble escolaridad en escuela Común y Especial.

Apoyo en Escuela Especial.

Pasantías en Escuelas Especiales.

Aulas y maestros hospitalarios (con asistencia a domicilio cuando se requiere).


Considerando las modalidades 3 - 4 - 5 así como la existencia de la figura del Maestro de
Apoyo Itinerante en todas las Escuelas Especiales, estas se constituyen en Centros para
apoyar la inclusión educativa.

Sin embargo, cuentan con alumnos para quienes, esta escuela es el único lugar de
inserción educativa, cuya discapacidad requiere de una significativa adaptación de formato
escolar, estrategias, recursos y apoyos y cuya decisión de ingreso es tomada en virtud del
“interés superior del niño”.

¿Significa ello la renuncia al derecho a la inclusión?

Pensamos que en modo alguno, sino que implica garantizar al niño, niña o adolescente con
discapacidad su derecho primordial de inclusión al sistema educativo, así como a recibir una
enseñanza adaptada a sus posibilidades en el marco de una concepción del aprendizaje
como componente jerarquizado del desarrollo saludable, en tanto garantiza la existencia de
cada ser humano como aprendiente y sujeto relacional, para quien la participación y la
conformación del lazo social, apuntalado por la autoestima, el bienestar y la posibilidad de
aprendizaje y comunicación es imprescindible.

En la conformación de esta modalidad educativa el riesgo ha sido, y es, “la segregación”


que se instala cuando:
la escuela especial no mantiene altas expectativas de aprendizaje respecto a sus alumnos o
se segrega no propiciando espacios posibles de participación y apertura a proyectos de
encuentros compartidos con otras Instituciones educativas y otros niños y niñas

un niño, niña o adolescente, en virtud de avances en su proceso educativo y de desarrollo,


debiera retornar a la Escuela Común con alguna modalidad de apoyo y es retenido en la
Escuela Especial o no recibe acogida en la Escuela Común.

Hoy adquiere mayor importancia prevenir la problematización de la acogida, así como el


riesgo de segregación y exclusión, ante la irrupción en las escuelas especiales y comunes
de nuevas complejidades subjetivas en la infancia.

Estos reconocimientos nos demandan compartir saberes, repensar prácticas, pero en la


certeza de que muchas conclusiones son provisorias y podrán ser revisadas teniendo
presente que, “el saber se posee, pero el pensar se pone a trabajar” (Althusser).

En el horizonte está el compromiso de todos para hacer realidad una CULTURA INCLUSIVA
que es, simplemente un “modo de vida”, pero cada vez, social y humanamente, más
necesario.

Psic. Carmen Castellano Verlo


Maestra Inspectora Nacional de Educación Especial.

Pilares orientadores del área


1.​ Derechos e inclusión.​

2.​ Participación y autonomía.​

3.​ Calidad de vida.​

4.​ Apoyos. Accesibilidad. Diversificación. Adecuación y adaptación curricular.


Proyectos pedagógicos personales.​

5.​ Diversidad de formatos, modalidades y dispositivos de intervención.​


6.​ Articulación de prácticas y trabajo en equipo.​

7.​ Educación con las familias.​

8.​ Trabajo en red y coordinaciones intersectoriales.​

9.​ Formación profesional en servicio. Análisis de las prácticas. Investigación


acción.

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