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Reunión de cronistas en Quilá.

Fotografía de Adrián García Grimaldo

El género de la crónica está comprometido


con la verdad
Luis González y González (1925-2003)
Historiador mexicano

AÑO 1 No. 3 AGOSTO 2008


DIRECTORIO
La Crónica de Sinaloa, A. C..
Juan Salvador Avilés Ochoa
PRESIDENTE

Luis Antonio García Sepúlveda


SECRETARIO

Jorge Alberto Macías Gutiérrez


TESORERO

Daniel García López


1er. VOCAL

Joaquín Inzunza Chávez


2do. VOCAL

José Enrique Vega Ayala


3er. VOCAL

COMISIÓN DE HONOR Y JUSTICIA

Adrián García Cortés


PRESIDENTE

Francisco Padilla Beltrán


José Armando Infante Fierro
Jorge Briones Franco
Luis Antonio Martínez Peña
CONSEJEROS

Manuel Lira Marrón


COMISIÓN DE ADMISIÓN

COMISIÓN EDITORIAL

Francisco Padilla Beltrán


DIRECCIÓN

Luis Antonio García Sepúlveda


Rosendo Romero Guzmán
VOCALES

Hilda Cecilia Medina Pacheco


DISEÑO DE PORTADA

Rosendo Romero Guzmán


EDICIÓN
LA CRÓNICA DE SINALOA

ÓRGANO DE DIVULGACIÓN HISTÓRICA


Y CULTURAL DE CRONISTAS E HISTORIADORES
SINALOENSES.

El género de la crónica está


comprometido con la verdad

Luis González y González (1925-2003)


Historiador mexicano

AÑO 1 No.3 AGOSTO 2008


ÍNDICE

Editorial 6

Presentación 8

Comunidades indígenas ante la presión


ranchera: el valle de Tabalá, Navito y Quilá en el
periodo colonial tardío
Gilberto López Castillo 12

Estandartes guadalupanos durante la Guerra de


Independencia
Jorge Alberto Macías Gutiérrez 18

Apuntes de la época juarista en el estado de


Sinaloa
Marina Quintanilla de Acosta 22

La bandera del 26º Batallón de Línea


Miguel Ángel García Granados 26

La revolución en Choix: los hombres y los hechos


Héctor Armando Hernández Torres 30

Revolucionarios sinaloenses en Durango


Luis Antonio García Sepúlveda 33

Los Laveaga, una familia notable y respetable en


el sur de Sinaloa
Roberto Meza Flores 41

Galería fotográfica
Adrián García Grimaldo 49

3
Dr. Juan Baltazar Izaguirre Rojo
Joaquín López Hernández 51

El Profeta San Agustín. Curandero del Valle del río


San Lorenzo
Rosendo Romero Guzmán 56

El Gallo de Oro
Leonor del Carmen Mena Rodríguez 65

Pedrito: un cortador de leña enamorado


José Ramón Meza Félix 70

Calayo y doña Quina. Personajes del imaginario


mochiteco
Héctor Cota Pazos 73

Aquella laguna llena de capomos y lavanderas


Gonzalo Fonseca López 78

Cerca del cielo


Benjamín Luna Lujano 83

Noticias del pueblo de San Francisco de


Tacuichamona
Manuel Beltrán Millán 91

La primera fábrica de sodas en Mocorito


Manuelita Rodríguez Gutiérrez 94

Para mazatlecos y.....no mazatlecos.


Marco Antonio Millán Trujillo 97

Historias de un barrio. La colonia Jorge Almada, de


la ciudad de Culiacán
María Guadalupe García Ramírez 100

4
Crónica de vida cotidiana. Una esperanza en el olvido
Alma Rosa Vázquez Nevárez 105

Crónicas de barandilla
José Armando Infante Fierro 108

Crónicas de una visita


Agustín Jaime López 111

5
EDITORIAL

Tiene usted en sus manos el tercer número de la revista de La


Crónica de Sinaloa. No sin dificultades, pero con mucho ánimo, el
consejo editorial ha podido darle cuerpo a este texto que hoy ve la
luz. Sin lugar a dudas el reconocimiento hay que dárselo a los
compañeros cronistas de todo el estado que como hormiguitas
siguen acarreando insumos para alimentar este proyecto que le da
sustento a la asociación.
Esta revista, como se señala en su portada, tiene el objetivo
de ser un órgano de divulgación histórica y cultural de cronistas e
historiadores sinaloenses. Afortunadamente se tiene un estado rico
en historia y tradición y en consecuencia bastante materia prima
para que los compañeros dedicados a este satisfactorio arte de
contar puedan aportar la sustancia que le dará vigorosidad a los
números por venir.
Esperamos también que nuestros lectores, sobre todo los
jóvenes, sigan conociendo su historia y de esta manera puedan
amar más su terruño, pues como dijo el poeta Ovidio: “No se puede
querer lo que no se conoce”.

6
PRESENTACIÓN

Una vez más La Crónica de Sinaloa en su noble propósito de


difundir los diversos momentos históricos de nuestro estado
presenta este texto en cuyo contenido están las singularidades de
cada una de las regiones. En él el lector encontrará veintidos relatos
que lo llevarán a conocer algunos episodios de lo que hemos sido
los sinaloenses. Cronistas e historiadores con noble afán dan
testimonio de sus investigaciones para aumentar el conocimiento
cultural y didáctico de nuestro pueblo.
Gilberto López Castillo, historiador e investigador del
INAH, expone como se dio el desplazamiento de la propiedad de la
tierra indígena en el valle de Navito, además narra sobre la crisis
demográfica en la provincia de Culiacán durante los siglos XVI y
XVII, las primeras actividades de la producción minera y del
mestizaje que se llevó a cabo en esta sociedad.
El cronista de Esquinapa, Jorge A. Macías, con su muy
peculiar estilo cuenta, basándose en su homólogo, el cronista de
Guanajuato y en documentación del Archivo General de la Nación
una interesante historia de los estandartes que enarbolaron los
insurgentes en la lucha por la independencia con la imagen de la
Virgen de Guadalupe. A través de esta investigación llega a
considerar que el estandarte que se encuentra en el museo
comunitario de La Labor en San Ignacio no sea el que portaba don
Miguel Hidalgo y Costilla.
Marina Quintanilla, de Culiacán, entera de la situación que
prevalecía en Sinaloa durante la época juarista. La educación, las
vías de acceso y las rivalidades políticas son temas que de manera
sucinta aparecen en su trabajo.
Siguiendo con el tema juarista, Miguel Ángel García
Granados, del Consejo Estatal de Seguridad Pública de Sinaloa,
presenta un testigo de la intervención francesa (1862-1867) : “ La
bandera del 26º Batallón de Línea”. Va narrando paso a paso como
entorno a ese icono se fue derramando el fervor patrio de los
sinaloenses que combatieron en La Brigada Sinaloa y en el Ejército
de Occidente contra el invasor.
El cronista de Choix, Héctor Armando Hernández, le
interesa que sepan que su pueblo aportó hombres importantes a la

8
revolución mexicana. A su manera pone al lector al tanto de
hechos y personajes significativos en la región.
En la misma temática Luís Antonio García, cronista de
Culiacán, habla de los revolucionarios sinaloenses y su actuación
en Durango. Cuenta como algunos pueblos de Durango y que
colindan con Sinaloa fueron claves para iniciar la revolución,
tomar Culiacán y fortalecer a los caudillos.
La historia de familias es una temática también presente en
esta revista. Roberto Meza, alumno de la Facultad de Historia de la
Universidad Autónoma de Sinaloa, escribe acerca de ”Los
Laveaga, una familia notable y respetable del sur de Sinaloa”. En
su texto describe la importancia que tuvieron en la región estos
personajes a partir de su poder económico y político y como uno de
ellos llegó a jugar un papel importante en la revolución.
Sinaloa se caracteriza por tener personajes significativos
en su historia y Joaquín López, cronista de Teacapán así lo hace
patente al recordar al doctor Baltasar Izaguirre Rojo. El cronista
rastrea su genealogía, sus profesiones y su obra como una forma de
reivindicar al personaje.
Otro personaje, también médico, aunque a su manera, lo
describe el historiador de Culiacán, Rosendo Romero. El autor de
manera divertida pero sin perder el rigor conduce a conocer la
historia de “ El profeta San Agustín. Curandero del Valle del río
San Lorenzo”. Sus anécdotas, sus rituales, sus fórmulas mágicas
para curar, sus mitos y su destino incierto son contadas a Rosendo
por los testigos que lo conocieron y éste las rescata para elaborar
una buena narración.
Leonor Mena, que le gusta contar buenas historias a través
de la oralidad, nos entrega una titulada “El Gallo de Oro”. Es a
través de la historia y significación de esta canción que identificó
una época de Sinaloa, sirviéndole de plataforma para un conflicto
político en la década de los años sesenta, a sus autores y sus
dramas.
“Pedrito: un cortador de leña enamorado”, es un personaje
pintoresco del viejo Culiacán que el historiador José Ramón Meza
describe de manera graciosa. El autor cuenta de la relación de
Pedrito con su único familiar: un burro. De como este simpático
personaje, acompañado de su burro como Sancho Panza, además
de las peripecias diarias también se enamora y sufre el desamor.
Desde la ciudad de Los Mochis Héctor Cota trae una

9
interesante historia de familia: “Calayo y doña Quina. Personajes
del imaginario mochiteco”. Es la típica historia de un matrimonio
que desde los pueblos pequeños emigran a las ciudades y se
enfrentan a sus desafíos. Paso a paso va contando los avatares de
la pareja hasta lograr establecerse y convertirse en una familia
representativa en Los Mochis.
Si existe el paraíso es en Pericos, así lo asevera su cronista
Gonzalo Fonseca López en “Aquella laguna llena de capomos y
lavanderas”. Es a partir de este paradisíaco lugar que existió a la
orillas del pueblo, que el autor va narrando lo que fue la vida
cotidiana de sus habitantes hace ya tiempo, es el recuento
nostálgico de lagunas naturales que ya han desaparecido y que a
través de la historia oral, se trascriben por la pluma del cronista.
El incansable e inquieto cronista de Costa Rica, Benjamín
Luna Lujano escribe “Cerca del Cielo”. Es la historia de los
templos religiosos en la comunidad, la narración es a la vez la de
los personajes civiles y eclesiásticos y la del mismo pueblo que los
hicieron posibles, todo se conjuga para hacer un interesante y
redondo testimonio.
Desde Tacuichamona, su cronista, Manuel Beltrán Millán,
trae “Noticias del pueblo de San Francisco de Tacuichamona”. A
través de ellas se puede conocer un poco de la historia y tradición
de este pueblo con raíces prehispánicas.
Pero si de nostalgias se trata, la cronista Manuelita
Rodríguez recuerda “La primera fábrica de sodas de Mocorito”. Es
una historia que muestra el eterno conflicto entre la tradición y la
modernidad, dilema que le fue contado a la cronista por un anciano
que trabajó en una empresa de sodas allá en el rancho de
Bacamacari, Mocorito.
El mismo cronista de Mazatlán, Marco Antonio Millán, en
“Para mazatlecos y…no mazatlecos”, dice de que fue lo que
escribió en su trabajo: “ enumeraré, hasta donde me lo permita mi
caletre, lugares, cosas del Mazatlán antiguo y no tan antiguo, que
los mazatlecos revivirán al retraerlos en su mente. También los no
porteños, avecindados o atraídos por las bellezas del Océano
Pacífico que lo baña serán testigos del pasado mazatleco que
pongo a consideración a través de este escrito”.
En “Historias de un barrio. La colonia Jorge Almada, de la
ciudad de Culiacán” la historiadora María Guadalupe García
Ramírez hace un recuento de uno de los barrios más humildes de

10
Culiacán en los años cincuenta. En su escritura se dibujan lugares,
personajes, oficios y anécdotas de una parte de la ciudad que ya se
ha ido.
Alma Rosa Vázquez Nevárez entrevistó a uno de los
muchos niños de la calle y el resultado es un texto conmovedor. Es
la triste historia de una pequeña vida que a diario tiene que
sobrevivir en esta ciudad, ciudad -dice la autora- que cada día
suma más niños a los que le roba la infancia.
Otro mochiteco José Armando Infante cuenta una
“Crónica de barandilla”. Es una anécdota jocosa de un personaje
de Los Mochis, que al más típico estilo de Belén Torres el célebre
juez de Navolato, resuelve entuertos y embarullamientos que se le
presentan en el tribunal de barandilla.
Agustín Jaime López, escribió unas estupendas “Crónicas
de una visita” en donde relata los incidentes por los que pasaron un
grupo de amigos, que a manera de expedicionarios modernos,
partieron en caravana automovilística desde la ciudad de Culiacán
rumbo al pueblo de San José de Los Hornos, una pequeña
comunidad serrana del municipio de Sinaloa.
Por último hemos de agradecer a Adrián García Grimaldo
que desinteresadamente nos proporcionó algunas fotos para el
apartado de “Galería fotográfica”, de igual forma a Rosendo
Romero Guzmán que sin su ayuda esta revista hubiera durado más
tiempo en la congeladora.

Francisco Padilla Beltrán

11
Comunidades indígenas ante la presión
ranchera: el valle de Tabalá, Navito y Quilá en el
periodo colonial tardío
Gilberto López Castillo
Historiador del Centro INAH Sinaloa

Uno de los rasgos característicos del periodo colonial tardío en


Nueva España fue el desplazamiento de la propiedad indígena de la
tierra. Sin embargo, no en todos los lugares ocurrió de manera
uniforme, pues de hecho se trata de un proceso iniciado desde el
mismo siglo XVI. El área de nuestro interés, correspondiente al
ámbito administrativo de la audiencia de la gobernación de Sinaloa
y Sonora (y a parir de 1786 de la intendencia de Arizpe) se ubica en
ésta tendencia general por la que los pobladores hispanos fueron
ocupando, primero por la vía de los hechos, y posteriormente por la
legal, aquellos territorios desocupados por los indígenas en el
marco de la crisis demográfica de los siglos XVI y XVII.

Fotografía Maura I. Aranda López

Iglesia de Quilá vista desde el Kiosco

12
La hispanización de los indios fue también un fenómeno
característico de la parte final del siglo XVIII. El establecimiento
de reales de minas en los pueblos, o en sus cercanías fue uno de los
principales agentes del cambio, en los que la tradición del pueblo
indígena y la preservación de las tierras fueron factores que
permitieron que se conservaran los asentamientos. Cabe decir que
no toda la propiedad de los indios era de carácter comunal, pues
además de las tierras que tuvieron “por razón de pueblo”, hubo
algunos indígenas que pudieron apropiarse por medios legales de
las tierras que habían ocupado las comunidades en el pasado, o que
simplemente carecían de un propietario legítimo.
Lejos de lo que esperaba encontrarse, las mayores zonas de
conflicto en la etapa final del siglo XVIII se ubicaron en la
provincia de Culiacán, justo en las tierras bajas de los ríos de
Navito, Culiacán y Elota y no en la provincia de Sinaloa, donde
habían estado las misiones. Desarrollaremos a continuación los
problemas presentados en el valle de Navito, por su significación
en cuanto a los procesos que por entonces se presentaban: el
desplazamiento de la propiedad indígena de la tierra y el avance de
los establecimientos españoles hasta llegar a formar cofradías en
los mismos pueblos de indios.
El área comprendida en el valle del antiguo río Cihuatlán,
comprendida por los pueblos de Tabalá, Quilá, Navito y su entorno
adquirió en este período especial importancia, al estar localizada
relativamente cerca de los reales de minas de El Cajón, Palo
Blanco y Cosalá, cuya población en aumento representaba un
importante mercado para los productos agropecuarios y marinos.
De hecho, el poblamiento de asentamientos como Vizcaíno, el
Bichi, Las Mesas, así como Carrizal y Llano Grande, Tecomate, La
Isla de las Guayabas y Lucenilla se explica en este contexto de la
actividad de la minería y su cercanía con los pueblos de indios.
Como se ha mencionado, precisamente por estos años algunos
pueblos recibieron un número considerable de población no
indígena, que por lo demás, tradicionalmente había tenido
intereses en el área, sobre todo en las pescas y salinas. Esta
situación se acentuó en la década de 1780 en que se estableció en la
iglesia del pueblo de Quilá un cura nombrado desde San Miguel de
Culiacán. Posteriormente, su erección en curato en 1801 dio a ésta
iglesia, jurisdicción en los pueblos y una diversidad de ranchos

13
vecinos, incluyendo el real de minas de Palo Blanco.1
A la par de la escasa población indígena habría que destacar
el conglomerado de más de 20 ranchos en sus cercanías, surgidos
en su mayoría en el siglo XVIII.2 Desde la perspectiva de los
pobladores hispanos, el carácter de subsistencia de la agricultura
indígena no permitía cubrir las nuevas necesidades alimenticias.
La obtención de las tierras de los indios permitiría a los vecinos
integrarlas a la producción, ya no de subsistencia, sino destinada al
mercado, sobre todo si tomamos en cuenta que la población no
indígena de la provincia de Culiacán casi se duplica entre 1759 y
1790.
En el caso del rancho de San José de la Cruz, localizado
junto al río, entre los pueblos de Quilá y de Navito, intervinieron
tres personas de distinta condición social: Ignacio José de Osuna,
indio principal de la república del pueblo de Quilá; Diego Felipe,
indio del pueblo de Navito y posteriormente, don Eusebio de
Cárdenas, vecino español del pueblo de Quilá.
Osuna y Diego Felipe disfrutaron de la posesión del
mencionado rancho en forma unida desde antes de mediar el siglo,
aunque tenían bien definidos los límites entre sí. En 1763 don
Joseph Álvarez, juez subdelegado de tierras, a petición de los
interesados procedió a realizar las medidas del mismo: un sitio de
ganado mayor y tres cuartas partes de otro. Los indios de Quilá
realizaron en el transcurso de las medidas un convenio con Osuna,
en el que obtuvieron las tierras que anteriormente éste había
usufructuado, otorgándole en cambio tierras en la otra banda del
río, entre las pertenencias de Quilá y Tacuichamona. En 1775

1.
Erección de la Parroquia de Santa María de Quilá por el Señor Obispo Rouset
de Jesús, en 21 de enero de 1801, en Archivo Parroquial de Quilá (A.P.Q.), Libro
tercero, Providencias Diocesanas, años de 1899 a 1925 (Copia exacta del
ejemplar que en tres fojas muy deterioradas y casi ilegibles en parte se registra,
original en el archivo de esta Parroquia, junio 30 de 1900, de orden del señor
cura, Pedro R. Castañeda).
2.
Contamos con información individual para cada pueblo en 1765, en que Quilá
sumaba apenas 58 personas, Navito 80 y Tabalá 115, apenas superando
conjuntamente a la de Abuya, que era de 235. Pedro Tamarón y Romeral, Viajes
pastorales y descripción general de la Nueva Vizcaya, (en Viajes y viajeros por
Norteamérica), México, 1940, pp. 993-995.

14
obtuvieron los títulos de merced en forma.3
Entre las actividades económicas realizadas por don
Eusebio de Cárdenas, mencionaré aquí la de prestamista, que le
valió para introducirse en las fértiles tierras ribereñas entre Tabalá
y la desembocadura del San Lorenzo, mismas que durante el siglo
XVIII habían pertenecido únicamente a la población nativa.
Ignacio José de Osuna fungía como gobernador en el cabildo del
pueblo de Quilá cuando obtuvo un préstamo de 600 pesos por parte
de Cárdenas. El no poder pagarle, fue el motivo por el cual se le
adjudicó a Cárdenas la parte del rancho en cuestión; no obstante
4
estar prohibido el embargo de los bienes de los indios.
Así como en el caso de San José de la Cruz, otros
propietarios indígenas perdieron en los años finales del periodo
colonial las tierras que habían logrado en los años precedentes. El
caso más notable es el de los Quevedo familia de indios principales
del pueblo de San Pedro Comoloto que adquirieron a principios del
XVIII los predios del Tecomate y la Isla de las Guayabas, en las
cercanías de Quilá. Esta propiedad se encontraba justo en el litoral,
zona de las pesquerías realizadas por los pueblos de la zona,
incluyendo los de Tabalá y Tacuichamona, que junto con Quilá
disfrutaron de su explotación en arreglo con los dueños del suelo.
En este caso, la venta fue ya en la cuarta generación de los
Quevedo, en beneficio de don Eusebio de Cárdenas, a la sazón, el
mayor propietario rural del entorno del valle de Navito.5 Esta venta
limitó el acceso a las pesquerías de los habitantes de los pueblos
mencionados.6

3.
Archivo Histórico General del Estado de Sinaloa (en adelante AHGES), Ramo
tierras, vols. 10 y 63, tierras de San José de la Cruz (medidas y títulos
respectivamente).
4.
Enrique Florescano, Origen y desarrollo de los problemas agrarios en México,
México, ERA, 1991, p.47.
5.
Biblioteca Pública del Estado de Jalisco (en adelante BPEJ), Fondos
especiales, ramo judicial, 1813, exp. 260-15-3537. “Don José María de la Vega
con los acreedores de los bienes de don Eusebio de Cárdenas”.
6.
Este caso particular lo hemos desarrollado en Gilberto López Castillo, San
Pedro Comoloto, un siglo de propiedad territorial, en Jorge Verdugo Quintero y
Víctor A. Miguel Vélez, Historia y Región, Memoria del X Congreso de
Historia Regional de Sinaloa, Universidad Autónoma de Sinaloa, Facultad de
Historia, 1996, pp. 67-76.

15
Otro caso en el mismo pueblo tiene que ver con las
cofradías. Durante el siglo XVIII la comunidad indígena de Quilá
había mantenido una cofradía con el nombre de la Señora de la
Limpia Concepción, la cual se tenía poblada con casa, corral,
ganado bovino, caballar y mular. Posteriormente, en 1790 el
bachiller don José Mariano Martínez de Castro, cura y vicario,
juez eclesiástico del pueblo y su jurisdicción, fundó otra cofradía,
la del Santísimo Sacramento, que reunió 70 vacas donadas por el
7
vecindario español.
Las tierras en que estaban asentadas estas cofradías no
habían sido tituladas, aunque los indios de Quilá tradicionalmente
las habían utilizado. Fue en 1797 en que por denuncio de don Juan
de los Santos y Urrea, vecino y residente de Quilá se realizó la
medida de las mismas, aunque al ser llevadas a pregón y
almonedas en Arizpe, se remataron a favor del cura y vecindario
del pueblo de Quilá en 360 pesos, (210 pesos más que el avalúo
8
original), lo que nos muestra el valor en ascenso de la tierra.
Habría que puntualizar que la mención al “vecindario” de
Quilá no se refería precisamente a los indios del mismo, cuyo corto
número y pobreza no les habría permitido presentar tal puja, sino a
los vecinos españoles recientemente allí asentados, pero sobre
todo a los rancheros del entorno, cuya lista era encabezada por el
mismo don Eusebio de Cárdenas, quien desembolsó el total de la
suma mencionada, ante la negativa de los veintisiete vecinos
restante, según quienes habría de pagarse con fondos de las obras
pías. Después de esto las cosas fueron más fáciles para Cárdenas,
al desistir los vecinos y el cura de la acción que les correspondía.
Destaca aquí la ausencia de los indios del pueblo, a quienes les fue
medido su fundo legal, antes de hacerlo con el realengo, que pasó a
manos de don Eusebio.
La fundación de la cofradía significó para el pueblo la
legitimación de una situación que de hecho se había presentado
desde las décadas precedentes, como es la entrada en la antigua

7.
AHGES, Ramo tierras, vol. 77, Expediente de medida de las tierras realengas
que se han encontrado en el pueblo de Quilá, denunciadas por don Juan de los
Santos de Urrea, Culiacán, 1797, f. 17.
8.
AHGES, Ramo tierras, vol. 77, “Tierras realengas de Quilá”, f. 30.

16
comunidad indígena de pobladores hispanos. Asimismo, el
establecimiento formal como curato en 1801 dio al pueblo de
Quilá un carácter prominente en su carácter de centro de
administración religiosa al convertirse en punto de reunión del
vecindario del entorno. Como hemos mencionado, éstas
tendencias no se circunscribieron al antiguo río de Cihuatlán (que
por entonces se conocía como río de Tabalá, Navito o Quilá), sino
que más bien se extendieron por las distintas jurisdicciones,
aunque cabe decir, que las tierras más codiciadas fueron las de los
indios, pues al haber sido los primeros propietarios tenían la mejor
ubicación en las márgenes de los ríos y, por lo mismo, contaban
con suministros regulares de agua.

Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Vivienda rural tipo jacal de la región de Navito

17
Estandartes guadalupanos durante la guerra
de independencia
Jorge Alberto Macías Gutiérrez
Cronista de Escuinapa

Según el cronista guanajuatense, Isauro Rionda Arreguin y


basándose en documentación depositada en el Archivo General de
la Nación, específicamente en el libro número 170 de operaciones
de guerra que incluye una carta de fecha 7 de noviembre de 1810,
que fue enviada por el brigadier Félix María Calleja del Rey al
virrey, misiva en donde le notificó que después de la derrota de los
insurgentes en San Jerónimo Aculco por las tropas realistas a su
mando, les fueron recogidos cuatro estandartes con la imagen de la
Virgen de Guadalupe; más dos banderas del Regimiento de
Infantería de Celaya y una del de Valladolid de Michoacán;
también les decomisaron cañones, pólvora, alimentos, reses,
caballos, equipaje de los jefes, 13,550 pesos en reales, varias
piezas de plata, buen número de fusiles, ropa, calzado, y hasta el
serrallo de los cabecillas, compuesto de ocho mozas no mal
parecidas.
Como se puede ver, a dos meses de iniciado el movimiento
independentista, el número de estandartes con la imagen de la
Virgen de Guadalupe ya era importante, aumentando aún más con
el transcurso del movimiento independentista; lo que hace difícil
afirmar que el estandarte, que se encuentra en el Museo
Comunitario de la Hacienda de La Labor, comunidad del
municipio de San Ignacio, sea el original tomado por el adalid cura
don Miguel Hidalgo y Costilla como estandarte del movimiento de
independencia que se inició el 16 de septiembre de 1810. Se
asegura que los insurgentes llegaron al atardecer de ese día al
puesto y santuario de Atotonilco, poblado cercano a San Miguel el
Grande, hoy San Miguel Allende, en el estado de Guanajuato, una
vez ahí, el sacerdote Remigio González y su hermana Juliana,
antiguos amigos de Hidalgo, ofrecieron de merendar a los jefes
insurgentes, pero al pasar Hidalgo por la sacristía, tomó la imagen
pintada al óleo de la Virgen de Guadalupe y desprendiéndola del
marco la entregó para que fuese colocada en un asta a manera de
estandarte, ya con él en la mano, Hidalgo se presentó ante su gente
y gritó "¡Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe! ¡Viva

18
Fernando VII, ¡Viva la América! Al estandarte original se le
grabaron las siguientes leyendas: "viva la religión, viva Fernando
VII, viva la América".
Miguel Hidalgo comprendió y con razón, que convertir a la
imagen de la Virgen de Guadalupe en símbolo de su causa era tanto
como oponer al poder español de tres siglos, tres siglos también de
ignominias, de preces, de esperanzas, equivalía a convertir toda la
población indígena en un solo combatiente. Como se sabe, las
tropas del cura de Dolores en su mayoría estaba integrada por gente
del pueblo, campesinos acapillados y peones, ejército armado
rudimentariamente con machetes, aperos de labranza y hondas,
pero entre las filas, sobresalían los chinacos, un grupo de cuatro mil
jinetes vestidos con cuero, armados con lanzas, machetes y reatas,
este cuerpo de caballería llevaba como bandera dos estandartes de
tafetán color celeste, pintada al frente la imagen de la Virgen de
Guadalupe y al reverso la imagen de San Felipe Arcángel, con
alegorías como un águila mexicana o imperial y otros jeroglíficos.
Estos dos aparte del oficial tomado en Atotonilco iban escoltados
por seis sacerdotes guerrilleros, los que preguntaban a los
habitantes de los pueblos por donde pasaban ¿a quién querían
seguir: al Rey de España o a la Virgen de Guadalupe?
Durante la toma de la Alhóndiga de Granaditas el 28 de
septiembre de 1810, en las cumbres de los cerros circunvecinos se
vieron un incalculable número de insurgentes portando banderas
blancas con imágenes de la Virgen de Guadalupe, en el mismo
asedio, el grupo encabezado por don Miguel Hidalgo y Costilla
llevaba el estandarte con la Virgen de Guadalupe. Concluida la
batalla de la Alhóndiga, el estandarte que tenía pintada la imagen
de la Virgen de Guadalupe, la de Atotonilco, fue llevado al templo
parroquial e hicieron un vuelo general de campanas en muestra de
júbilo y triunfo. La imagen de la Virgen mexicana fue sinónimo,
por quien la portara, de insurgente. Fue estampada en banderas de
todos colores, en paliacates o pañuelos, así como en maderos y
otros materiales .
Lucas Alamán, criollo guanajuatense, y su señora madre,
en entrevista que tuvieron con Hidalgo en el cuartel de San Pedro o
de la Reina, ahora conjunto habitacional de San Pedro, observó
junto con parte del botín y las lanzas recargadas en la pared, el
estandarte con la Virgen de Guadalupe, la obtenida en Atotonilco,
pero mientras la entrevista se realizaba, el pueblo incontenible

19
insistía en asaltar la casa de los Alamán y la tienda del español José
Posadas, poderoso motivo por el cual, el capitán Ignacio Centeno
pide auxilio a Hidalgo, quien acude acompañado por sus generales
llevando al frente el estandarte guadalupano original, Ignacio
Allende con el sable en la mano, dispersa a los ávidos de rapiña.
A las nueve de la mañana del día jueves 20 de septiembre
entraron las tropas insurgentes a Celaya, con un efectivo superior a
las 20 mil gentes, encabezada por el mismísimo padre de la patria,
quien orgullosamente portaba el estandarte de la Virgen de
Guadalupe; rodeado de sus mas cercanos colaboradores y cien
dragones seguidos por una banda de música. Al día siguiente pasó
revista del ejército en la capilla de San Antoñito, a cuyo costado
izquierdo se colocó el estandarte de la Virgen de Guadalupe como
para que presidiera el acto, donde Hidalgo nombró teniente
general a Allende, proclamando de viva voz el ejército a Hidalgo
como capitán general. Después de una junta en la sala de cabildo,
donde estuvo presente el multicitado estandarte lo colocó en el
balcón central del Mesón de Guadalupe y habló con emoción al
pueblo. El virrey Francisco Javier Venegas (14 septiembre de 1810
- 4 de marzo de 1813 ) reprobó la actitud de los insurgentes que se
encontraban en Irapuato, quien además de otras acusaciones
afirmó... "que los insurgentes habían llegado hasta el sacrílego
medio de valerse de la sacrosanta imagen de Nuestra Señora de
Guadalupe, patrona, protectora de este reino, para deslumbrar a los
incautos con esta apariencia de religión, que no es otra cosa que la
hipocresía mas impudente".
Melchor Sánchez Jiménez citado por Rionda Arreguin,
afirma que entre los estandartes guadalupanos quitados a los
insurgentes después de la derrota de Aculco y remitidos por Calleja
a las autoridades virreinales, iba el que Hidalgo había tomado en
la sacristía del Santuario de Atotonilco. El capitán realista Agustín
de Iturbide lo llevó ante el virrey Venegas junto con una misiva del
brigadier José de la Cruz, donde le confirmaba que era el original,
como así lo demostraba el llevar grabadas las expresiones
favoritas de la insurrección y las huellas de haber sido arrancada de
su marco, según se apreciaba por sus extremos. El virrey dispuso
que fuera colocado en alguno de los templos de la Villa de
Guadalupe.
En el año de 1853 y por órdenes de Antonio López de Santa
Anna fue trasladado al recinto de la Cámara de Diputados, para

20
después, el 2 de diciembre del mismo año, regresarlo a la Villa de
Guadalupe para su restauración, diez días más tarde y con la mayor
solemnidad, fue colocada, acto en donde estuvo presente el señor
arzobispo don Lázaro de la Garza Ballesteros, Antonio López de
Santa Anna, el Venerable Cabildo de la Colegiata y comunidades
indígenas. El 20 de enero de 1858, debido al mal estado físico en
que se encontraba fue repuesta por don Mariano Orihuela,
mayordomo de las limosnas que se colectan para el culto de María
Santísima de Guadalupe.
Al fundarse el Museo Nacional de Artillería en la ciudadela
de la ciudad de México pasaron el estandarte a esa institución
donde permaneció hasta el año de 1935, debido a que lo pasaron al
Museo Nacional de Historia ubicado en el Castillo de
Chapultepec, donde se encuentra depositado actualmente.
Es indudable, que el estandarte resguardado hoy en día en
el Museo Comunitario de la Hacienda de La Labor y restaurado
por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, es del siglo
XIX primera década, pero no es el original tomado por el cura
Miguel Hidalgo y Costilla. El que llegó hasta el poblado de San
Ignacio en el estado de Sinaloa es el que fue entregado a José María
González Hermosillo de manos del comandante insurgente
Miguel Gómez Portugal, asesorado por el padre dominico
Francisco de la Parra.
Fotografía: Archivo Histórico del Gobierno del Estado de Sinaloa

Estandarte de José María González Hermosillo

21
Apuntes de la época juarista en el estado de Sinaloa
Marina Quintanilla de Acosta
Cronista de Culiacán

Panorama histórico nacional

La independencia mexicana consumada en 1821, hasta la etapa


porfirista, causó en México una vida angustiosa, pobre, agitada e
[Link]ín de Iturbide, partidario de la monarquía, ya había
sido fusilado. Era una mezcla casi indescifrable de criterios
republicanos y simpatía por la reinstalación de la casa de Borbón.
Alrededor de 1850 se contaba con una “Alteza Serenísima”
que no era otro que Antonio López de Santa Anna, el panorama de
México era triste y desolado. Subsistía en base a un sistema
agrícola feudal con un pueblo ignorante y miserable. El primero de
marzo don Florencio Villarreal lanza el Plan de Ayutla y se
reconoce posteriormente como presidente de la república al general
Juan Álvarez.

Sinaloa

Debido a la inaccesibilidad, la lejanía del centro de la república,


Sinaloa no prosperaba como los otros estados del país. La
educación en los diversos niveles se encontraba en situaciones
desastrosas. La vida comunitaria, las haciendas y todo grupo social
eran regidos y manipulados por caciques. Encontrándose “El
pueblo miserable e ignorante viciado en la costumbre de no
obedecer a las autoridades” así informaba en una carta escrita del
gobernador Miguel Ramírez a Ignacio Comonfort como un grito en
donde le pide ayuda y orientación. El 5 de febrero de 1857 en la jura
de la Carta Magna es cuando inicia su período de gobierno Miguel
Ramírez, hermano del Nigromante. Ambos hermanos pasan a la
historia como precursores de una filosofía política liberal y
republicana. El país sigue convulsionado con luchas y ajustes,
fungiendo como gobernador del estado Miguel Ramírez. El Lic.
Benito Juárez tomó protesta como presidente de la república el 19
de enero de 1858.

22
Sinaloa contaba con dos vías claves de acceso al país,
Mazatlán, considerado como el gran puerto internacional que se
encontraba “regido y controlado” por comerciantes extranjeros.
Estos monopolios no permitían ningún tipo de intervención que no
fuese de ellos mismos. La otra vía, Altata, puerto de menor calado
también era controlado y manejado por una familia de corte feudal,
la familia De La Vega. En este pequeño puerto era imposible
acceder a su uso sino era a través de un insalvable pago. Estas dos
puertas al mundo enrejadas y controladas de diversas formas,
constriñían la afluencia de la cultura al estado, pero sobre todo,
limitaban la comunicación fluida con el resto del país y el mundo.

Juárez

Benito Juárez, llamado el Benemérito de las Américas realizó el


juramento de preservar y defender la constitución y establece su
gobierno convirtiéndose con este acto en presidente de la
República Mexicana. Es necesario puntualizar que el inicio de este
gobierno juarista fue triste; contaba con un gabinete sin funciones y
un presidente nómada. El gobierno cambiaba su sede por
seguridad, habiéndose asentado en Guanajuato, Guadalajara y
Colima entre otras ciudades del país.
Ante los problemas de ingobernabilidad y por diversos
levantamientos, el presidente Juárez sale de Manzanillo rumbo a
Veracruz vía Panamá, y llega finalmente a refugiarse a Nueva
Orleans en el vecino país de Estados Unidos de América. Aunado a
estos conflictos que internamente vivía México se le agregaban los
problemas externos, uno de estos era la actitud de rechazo y no
aceptación del gobierno liberal mexicano por Estados Unidos de
América, situación que perjudicó profundamente el desarrollo
político-económico de México, la tarea del gobierno juarista fue
dura pero se mantuvo firme.
En 1871 al morir Margarita Maza, esposa de Juárez, este se
retira de sus responsabilidades como presidente para luego
emerger con más fuerza enfrentándose a otro candidato, Porfirio
Díaz, y a Sebastián Lerdo de Tejada como el tercero en discordia.
Los brotes de rebeldía no se hacen esperar y surgen en diferentes
estados como Tamaulipas, Nuevo León, Coahuila y Zacatecas
entre otros, quienes seguían en su lucha por permanecer como
estados libres y soberanos.

23
Imagen: proporcionada por Rosendo Romero Guzmán

Paralelamente en estos tiempos convulsos Sinaloa había


convocado a elecciones para gobernador, estando como candidato
el Lic. Eustaquio Buelna Pérez apoyado por el Partido Juarista, y el
general Manuel Márquez de León apoyado por la corriente
porfirista. El Lic. Eustaquio Buelna toma posesión el 27 de
septiembre de 1871, gobierno que duró menos de 60 días puesto
que el coronel José Palacio se sublevó, desconociendo al gobierno
de Juárez y a Buelna como gobernador del estado de Sinaloa. El
coronel nombró a Mateo Magaña gobernador del estado, una vez
mas gobernadores y dirigentes deben de huir, y Buelna se escondio
en Mocorito. Ante esta situación en donde no solo se temía por el
gobierno sino por la vida misma, el Lic. Buelna vio como única
salida recurrir al general Ignacio Pesqueira quien en ese entonces
era gobernador de Sonora, este envió desde Alamos Sonora sus
tropas, anotándose los juaristas una victoria. Culiacán es nombrada
capital del Estado.

24
Conclusión

El Lic. Benito Juárez muere el 18 de julio de 1872. Este ciclo de


diez años trágicos y agitados para la vida del país, la república pudo
sobrevivir gracias carácter reacio y voluntad de acero que como ser
humano tuvo este prócer de la nación. Hombre al fin, Benito Juárez,
es uno de los protagonistas históricos más controversiales,
estudiado e investigado por propios y extranjeros. Este año de
Juárez, justo es recapitular en los diversos períodos y pasajes de
esta etapa histórica que no se vivió de manera tranquila en ninguna
parte del país.

Referencias Bibliograficas

Del Hoyo, Eugenio (2002). Historia de México, México DF,


Edición particular.
Nakayama A., Antonio(1973). Juá[Link] y señal de Sinaloa,
spi
Riva Palacio, Vicente(1960). México a través de los siglos,México
DF, Editorial del Valle de México
Roeder, Ralph (1967), Juárez y su México, México DF, Secretaría
de Educación Pública, Talleres de Impresiones de Estampillas y
Valores.

25
La bandera del 26º Batallón de Línea
Miguel Ángel García Granados
Consejo Estatal de Seguridad Pública de Sinaloa

Los acontecimientos más significativos de la historia de Sinaloa


son, sin duda, los que se vivieron en ocasión de la intervención
europea organizada por Napoleón III, emperador de Francia. Fue
esta guerra, condenada por la razón y la justicia, la que hizo tomar
conciencia a los mexicanos de su nacionalidad.
Renació el fervor patrio; cundió el sentimiento
generalizado de defender al país y a las instituciones republicanas.
Abundaron los mártires y, las gestas heroicas, acontecieron por
toda la república. La revolución mexicana trajo reformas
trascendentales que beneficiaron la vida de la población, pero este
movimiento no dejó de ser una lucha fraticida de hermanos contra
hermanos, que mucho nos enlutó.
En cambio, la contienda bélica que sostuvo México de
1862 a 1867 fue contra un ejército extranjero que, en ese entonces,
estaba considerado entre las mejores fuerzas armadas del mundo:
el ejército francés; y así lo demostraban sus victorias obtenidas en
las guerras de Crimea, Sebastopol, Magenta y Solferino, así como
en la campaña de Argel.
En este ejército francés que invadió México, había
austriacos, belgas, alemanes, suabos, argelinos, africanos y
miembros de la Legión Extranjera; todos con experiencia en la
confrontación armada. Contra esas tropas se enfrentaron los
mexicanos ¡y ante el azoro del mundo salieron victoriosos!
Sinaloa vivió intensamente la guerra contra Francia sobre
todo en el sur del estado, pues como se sabe los franceses ocuparon
Mazatlán durante dos años; quemaron Concordia, Malpica y la
Embocada, fusilaron a los hombres y violaron a las mujeres.
Establecieron cortes marciales para fusilar a los defensores
de la patria y mantuvieron cuarteles en Concordia, Mesillas y La
Noria. Los sinaloenses se unieron para defenderse. Cada pueblo
aportó hombres para la guerra; los ayuntamientos organizaron
guerrillas; se creó la “Brigada de Sinaloa" y después “El Ejército
de Occidente". Muchos sinaloenses murieron en la defensa de la
patria como Onofre Campaña, Calixto Salas, Juan Miramontes,

26
los hijos de Agustina Ramírez y muchos otros defensores de la
libertad.
Hoy en día ya casi nadie recuerda esta gesta heroica que
logró para México el reconocimiento y el respeto internacional.
Sus héroes y mártires están olvidados. Las nuevas generaciones
desconocen que Sinaloa padeció intensamente una sangrienta
lucha por la segunda independencia nacional. Y que se mantuvo
firme; Culiacán fue la única capital de estado que no fue tomada
por el ejército invasor.
Pero no todo está perdido del pasado histórico de Sinaloa.
Aún hay testigos que estuvieron presentes en los acontecimientos
épicos en los que participaron los sinaloenses de la época de la
intervención. A uno de estos testigos, el principal, el que
actualmente forma parte de nuestra herencia histórica y cultural es
al que quiero refirme en esta ocasión.
Existe en las bodegas del Castillo de Chapultepec de la
ciudad de México, en donde se encuentra instalado el Museo
Nacional de Historia, una caja de madera perfectamente sellada.
Dentro de ella se guarda un bien muy preciado del patrimonio del
museo; es un objeto sagrado, sin lugar a dudas. Se trata de una
bandera. Pero no es cualquier enseña, sino un lábaro tricolor
ampliamente reconocido como uno de los de mayor valor
histórico, ya que ante él se derrumbó el imperio que el príncipe
austriaco Fernando Maximiliano había implantado en México; en
aquel memorable día en que en Querétaro se rindió ante el general
Ramón Corona que comandaba “El Ejército de Occidente”.
Esta bandera tiene un valor muy especial para nosotros,
pues es la que representó a los combatientes sinaloenses en los
enfrentamientos que sostuvieron con los invasores. Fue elaborada
en Culiacán por mujeres patriotas para acompañar al coronel
Antonio Rosales en el combate que aconteció en San Pedro, ahora
municipio de Navolato, el 22 de diciembre de 1864.
En esta batalla heroica donde se derrotó a los invasores
europeos, lució por vez primera cubriéndose de gloria esta enseña
tricolor de los sinaloenses. Luego, estuvo presente cuando sucedió
una desgracia ¡Antonio Rosales que la portaba fue muerto en
Álamos por los imperialistas! Pero la enseña fue salvada y no cayó
en manos de los enemigos: un oficial la trajo de nuevo a Sinaloa en
donde fue entregada a Ramón Corona que la convirtió en la de los

27
republicanos que luchaban por la independencia nacional.
Por su valor histórico la bandera del 26 º Batallón de Línea
fue condecorada e instalada en un altar patrio en el Museo de la
Ciudadela y posteriormente en Palacio Nacional de la capital
mexicana. Dos eminentes historiadores nos han dejado escrita la
crónica de esta excelsa bandera: don Jesús Romero Flores, el
último constituyente de 1917; y el general Juan Manuel Torea
quien se dedicó a indagar los antecedentes de las banderas heroicas
de México.
De sus textos y de la bibliografía en que se hace referencia
a ella, se sabe que estuvo presente en la heroica batalla de Palos
Prietos cuando esta fortificación, que tenían emplazadas los
franceses y que era la puerta de entrada a Mazatlán, cayó en manos
de los republicanos. Después del triunfo sobre los franceses en
Sinaloa, nuestra bandera prosiguió victoriosa acompañando a “El
Ejército de Occidente" por Colima, Jalisco y Michoacán.
Estuvo presente en un lugar cercano a Guadalajara
conocido como La Coronilla, cuando se derrotó al comandante
Sayán, obligando a los franceses a retirarse para siempre del
occidente del país. Luego lució en Querétaro, en donde, fue testigo
de honor del derrumbamiento del imperio, para luego participar en
la toma de la ciudad de México, cuando el general Ramón Corona,
al mando de su ejército, auxilió a Porfirio Díaz que tenía sitiada a la
capital del país.
Después de terminada la guerra contra Francia, la bandera
regresó a Sinaloa, ahora en manos de Donato Guerra quien vino a
restaurar el orden y la legalidad, para más tarde cubrirse de gloria
nuevamente en Jalisco cuando el general Ramón Corona derrotó a
Manuel Lozada en el sangriento combate de La Mojonera el año de
1873. En reconocimiento a todos estos méritos nuestra bandera fue
condecorada por acuerdo presidencial y se convirtió en uno de los
objetos de mayor valor del patrimonio histórico nacional.
Hay otro dato que le da mayor prestigio a nuestra bandera:
hace seis décadas, en 1944, en plena segunda guerra mundial, al
inaugurarse el funcionamiento del Castillo de Chapultepec como
sede del Museo Nacional de Historia, se llevó a cabo un desfile en
el que fueron expuestas las banderas históricas del pasado heroico
de la nación. Ante el entonces presidente de la república, general
Lázaro Cárdenas, ondeó orgullosa la de “El Batallón Mixto de
Sinaloa” ó del "26/o. Batallón de Línea", la cual, por sus

28
antecedentes históricos fue la más aclamada de todas. Desde
entonces nuestra bandera ha permanecido guardada sin ver la luz
del sol, del astro rey que en el pasado la hizo brillar majestuosa y
victoriosa en los campos de batalla en los cuales luchó por la patria
con singular valor.
Deseo informar a ustedes que a solicitud del Consejo
Estatal de Seguridad Pública de Sinaloa, el Museo Nacional de
Historia, ha accedido, a que esta gloriosa bandera, la nuestra, la
bandera del “26/o. Batallón de Línea”, la bandera de Sinaloa, la
bandera de los sinaloenses, regrese temporalmente a su hogar
primigenio para que se reencuentre con las nuevas generaciones de
sinaloenses, descendientes de aquellos valerosos guerreros que
defendieron victoriosamente a la patria ofreciendo su sangre, su
libertad y su honor.

Fotografía: Consejo Estatal de Seguridad Pública de Sinaloa

29
La revolución en Choix: los hombres y los hechos
Héctor Armando Hernández Torres
Cronista de Choix

En poco tiempo los fogonazos de la guerra civil estallan hasta en el


último rincón del país. La panorámica revolucionaria es tan
extensa como tan amplio es el territorio nacional. Todo lo invade el
odio, la venganza, la reivindicación sangrienta; los lemas y
consignas ideológicas; los bandos y caudillos beligerantes; el
encono fratricida y los disparos mortíferos del máuser y de la
carabina 30 - 30. Sacrificio y muerte por entonces; esperanza de
justicia en la posteridad. Choix fue entonces también teatro bélico
de acciones y contendientes, en pro y en contra de la revolución.
Originario de la villa de Choix, el capitán Carlos Doroteo
de Saracho, y aún frescos los acontecimientos del 20 de noviembre
de 1910, se prestó a la integración de un cuerpo de guardias con
gente de Choix y de El Fuerte, para apoyar al contingente federal
que de cien hombres que envió Diego Redo, gobernador de
Sinaloa, al prefecto del Distrito, Gonzalo Martínez. Esta fuerza de
ataque al mando del mayor Santiago Riveros, combate a los
revolucionarios el 5 de marzo de 1911.
Ese mismo año en el pueblo de Baca, defeccionó un cuerpo
de rurales que se pasó al lado de la revolución y que comandaba un
capitán de apellido Martínez, quien es enviado desde Choix por
don Fortunato Vega a Culiacán a incorporarse al movimiento
revolucionario, y es también Vega quien interviene para lograr la
rendición de una fuerza de 150 rurales al mando de un tal coronel
Cuellar, fuerza que también se unió a los revolucionarios.
En 1912 Pascual Orozco, protegido del latifundista
Terrazas, atacó no sólo en Chihuahua, su rebelión la lleva en
diferentes direcciones. El 24 de marzo un grupo de sus huestes
invadió el municipio y son derrotados. En el mismo año, fugitivos
orozquistas posesionados del pueblo de Baca, son derrotados por
un cuerpo de rurales al mando del teniente José María Ochoa.
El 31 de marzo de 1877, en la localidad de San Antonio,
Alcaldía de Huites, nació Benjamín Hill, quien con el tiempo se
convirtió en general del Ejército Constitucionalista. De pequeño es

30
llevado al estado de Sonora y se pierde su huella en Choix.
Fernando Doroteo de Saracho, oficial de artillería del
ejército de Victoriano Huerta, participó en la batalla de Los
Mochis, Sinaloa, el 24 de septiembre de 1913. Triunfaron los
carrancistas jefaturados por el entonces coronel Benjamín Hill. El
oficial huertista fue condenado al fusilamiento y muere ejecutado
el día 25, en el borde del que fuera en un tiempo el Canal Cinco de
la ciudad cañera. Dos coterráneos de Choix, que la hoguera
revolucionaria enfrentó en nombre de la contradicción histórica.
Por su parte, otro soldado, otro personaje de la revolución
Fotografía proporcionada por Héctor Armando Hernández Torres

A la izquierda el soldado revolucionario originario de Choix,


Luis Echave Vega y su asistente. 1911

originario de esta tierra, entraría en escena integrada al grupo de


caudillos sonorenses. Francisco R. Serrano nació en el pueblo de
Santa Ana, de este municipio, el año de 1889. Joven ascendió al
generalato. Llegó a ser ministro de guerra de Álvaro Obregón, a
quien desafió en su ambición reeleccionista y muere bajo la
sombra sangrienta del caudillo.

31
Registra nuestra breve y aún poco documentada historia de
la revolución de 1910, en Choix, dos batallas más entre las tropas
de Venustiano Carranza y lo que quedaba de las fuerzas de
Francisco Villa. El 5 de junio de 1915, el coronel carrancista
Marcelino Carreño al frente de 200 hombres combatió al villista
Macario Riveros y lo derrotó. La que es hoy la calle Álvaro
Obregón quedó llena de cadáveres, contaban algunas gentes que
habían vivido el momento de aquel combate; agregando que las
balas llovían sobre los techos de los pardos jacales de aquella
pequeña villa que era Choix.
El coronel Manuel Riveros, que por instrucciones del
propio Villa se habían trasladado de El Fuerte a Choix, fue
alcanzado en el poblado de Tasajera de este municipio y derrotado
el día 9 de julio del mismo y convulsionado año de 1915, por el
general Luis Herrera, al mando de 600 elementos. Riveros sólo
contaba con un pequeño destacamento de villistas. De Tasajera
siguió su desplazamiento hacia Chihuahua al encuentro del
Centauro del Norte.
En la extensa panorámica revolucionaria, continuó el
encono fratricida y más disparos mortíferos del máuser y la
carabina 30- 30. Sacrificio y muerte por entonces; esperanza de
justicia en la posteridad.

32
Revolucionarios sinaloenses en Durango
Luis Antonio García Sepúlveda
Cronista de Culiacán

Herido, sangrando de un pie que dolorosamente le impedía


caminar, arrastrándose y ocultándose, con el miedo de
morir en el rostro, un joven de 22 años veía con
desesperación como los hombres que él momentos antes
comandaba, eran dispersados por los rurales que
defendían la población de Topia en el estado de Durango.
Eran las cuatro de la tarde del 17 de febrero de 1911.

Quinientos hombres tenían rodeada la población y se había dado la


orden de atacar, sin embargo nadie se atrevió a hacerlo, el
comandante del grupo se colocó al frente de la columna y
acompañado de un abanderado que traía un estandarte con la efigie
de la Virgen de Guadalupe y del cura Hidalgo, ordenó a una banda
que tocase el himno nacional, así avanzaron..Los primeros en caer
en medio de una lluvia de balas, fueron los músicos y el
abanderado; pero lograron entrar a las primeras casas. Quinientos
rebeldes como fieras atacaban el poblado, sin embargo, el líder en
una de las viviendas recibió un balazo que le rebanó un talón y
cayó estrepitosamente a tierra, un grito se escuchó entre los
atacantes - mataron a Iturbe, mataron a Iturbe- con esta noticia, los
rebeldes se dispersaron y huyeron a la sierra, sin embargo el líder
herido, fue auxiliado por Mariano Arrieta quien le ayudó a
internarse en el monte, esa noche cayó una intensa nevada en la
sierra.1 El comandante de ese ejército derrotado, lo era Ramón F.
Iturbe, un joven de 22 años de edad, nacido en Mazatlán Sinaloa;
junto con él otros sinaloenses andaban a salto de mata en la sierra

1.
Amado González Dávila (1986), Ramón F. Iturbe, en Roberto Hernández R.
(Coordinador) Cincuenta sinaloenses ilustres, México DF, Consejo Nacional de
Recursos para la Atención de la Juventud, p. 336

33
de Durango, pero ¿qué estaban haciendo ahí estos guerrilleros
sinaloenses?...
Todo había comenzado en la ciudad de Culiacán, cuando el
2
4 de enero de 1910 llegó a la ciudad una comisión del Centro
Fotografía proporcionada por Luis Antonio García Sepúlveda

General Ramón Fuentes Iturbe

Nacional Antirreeleccionista, encabezada por Francisco I. Madero


y el Lic. Roque Estrada quienes ante un grupo superior a dos mil
ciudadanos formaron el Centro Antirreeleccionista de Culiacán.
La directiva quedó encabezada por el Ing. Manuel Bonilla, como
presidente y Amado A. Zazueta y otros ciudadanos en los puestos
secundarios. Después de las elecciones federales, en que se declaró
triunfante para una reelección más el general Porfirio Díaz, el

2
Presagio. Revista de Sinaloa, México DF, noviembre de 1981, número 53,
p. 11

34
candidato dizque perdedor don Francisco I. Madero, a través del
Plan de San Luis, convocó a la ciudadanía a levantarse en armas el
día 20 de noviembre de 1910 contra el régimen del general Díaz.
Don Amado A. Zazueta comerciante nacido por el año de
18733 en Sataya Sinaloa, y miembro distinguido del Club
Antirreeleccionista de Culiacán, recibió de don Francisco I.
Madero, un ejemplar del Plan de San Luis y de su peculio, compró
armas para la rebelión y convocó a varios simpatizantes de Madero
para que realizarán el levantamiento, entre ellos estaba el jefe de
rurales de la villa de Sinaloa Juan Manuel Banderas, hombre
originario de Tepuche, y a quien Zazueta le ofreció el cargo de jefe
máximo del movimiento armado en Sinaloa, responsabilidad que
aceptó Banderas. De igual forma, estuvieron de acuerdo en
secundar el levantamiento José María Cabanillas, Manuel Vega y
otros veintitantos conjurados. A Ramón F. Iturbe cuando deseó
unirse al grupo lo quisieron rechazar por su juventud, sin embargo
el joven Iturbe tenía tal convicción que lo dejaron participar y no
solo eso, sino que las juntas de los conjurados y el depósito de
4
armas se trasladaron a su casa.
El plan era que el 20 de noviembre, Juan Manuel Banderas
en un golpe de audacia, aprehendería al gobernador Diego Redo
durante un baile, Iturbe liberaría a los presos, mientras que José
María Cabanillas y Manuel Vega comandarían a los demás alzados
para tomar el control de la ciudad. Sin embargo, los conjurados
fueron denunciados por un anónimo traidor, razón por la que un
piquete de soldados se presentó en la casa de Iturbe, pero los
rebeldes pudieron huir brincando las bardas traseras de la casa y
casi todos, (a excepción de don Amado Zazueta que fue
capturado), por diferentes rumbos atravesaron la frontera de
Sinaloa y Durango y se reunieron el 8 de enero de 1911 en el
5
poblado de Coloma. Allí estaba Banderas con 21 hombres,
Agustín Beltrán con 25, José María Cabanillas con 14, Ramón
Valenzuela con 8, Francisco Ramos Obeso con 16, Conrado
Antuna con 13, y Francisco Ramos Esquer con 8. Con este

3.
Héctor R. Olea (1993), La revolución en Sinaloa, Culiacán, Centro de Estudios
del Noroeste, p. 32
4.
Presagio Revista de Sinaloa, opus citatus, p. 46.
5.
Ídem, p. 13.

35
contingente mal armado con Banderas como jefe, se dirigieron a
Tamazula y pidieron a don Ruperto Rodríguez prefecto político,
que entregara la plaza dándole 24 horas para hacerlo, en ese plazo
llegó Ramón F. Iturbe al frente de 13 hombres y se unió al grupo.
Como el prefecto político no respondió en el tiempo
concedido, Banderas dio la orden de ataque. Al decir del teniente
coronel Francisco Ramos Esquer, participante de esa acometida,
fue una toma de reñido tiroteo, pero ganaron los guerrilleros y fue
esta la primera victoria de los revolucionarios sinaloenses en
Durango. Después del combate los comerciantes y la gente
pudiente de Tamazula cooperaron para la causa revolucionaria, y
allí se incorporaron a la revolución, Antonio M. Franco, José
Fotografía proporcionada por Luis Antonio García Sepúlveda

General Juan Manuel Banderas El Agachado

Higuera, Melquíades Meléndez, Genaro Valenzuela, Francisco

6.
Amado González Dávila, opus citatus, p. 333

36
Martínez, y Jesús Coronel Abitia, cada uno con un puñado de
hombres que salieron a combatir a la plaza de Topia.
Después de tomar Tamazula, los conjurados se dirigieron a
6
Chacala, En el camino una dificultad entre ellos los dividió.
Resulta que Banderas tuvo diferencias con un subordinado, por eso
este amartilló su rifle en contra del indisciplinado, pero Iturbe a su
vez apalancó su pistola en contra de Banderas, allí terminó la
dificultad, pero posteriormente los dos acordaron dividirse para
evitar conflictos entre ellos. Cabe destacar aquí el valor de Iturbe
de tan solo 22 años, de enfrentarse al jefe máximo del
levantamiento armado que media casi dos metros. Iturbe partió a
un mineral acompañado de Conrado Antuna y de la mayor parte de
la gente que había seguido a Banderas, contaba ya con trecientos
hombres cuando tuvo noticias de que salían a combatirlo los
rurales y los voluntarios de Antonio Chaires, cacique de aquellos
7
rumbos, a quien Iturbe le escribió lo siguiente: - Celebro que
comprendiendo nuestros ideales y principios se haya unido a
nuestra causa...
Astutamente Iturbe mandó la misiva con un mensajero que
se fue por el camino por donde venían los rurales y voluntarios de
Chaires, esto causó la detención del emisario y la confusión de los
rurales que creyeron que se les traicionaba, motivo por lo que
aprehendieron a Chaires. Entonces Iturbe parlamentó con los jefes
de los rurales y con el Plan de San Luis en la mano, les argumentó
que no era un bandido sino un revolucionario que buscaba la
justicia en el país. Las columnas se regresaron a Topia sin hacer un
solo disparo contra los rebeldes, mientras tanto, Iturbe se les había
adelantado enviando un mensajero al mineral en donde se
encontraba Chaires avisándole que lo iban a fusilar y que
necesitaba hombres que se le unieran para salvarlo. De esta forma
rancheros de todas partes se le unieron para salvar a Chaires y
atacar Topia.
El primer ataque a Topia, Iturbe lo realizó el 17 de febrero,
con una estrepitosa derrota, sin embargo, el ejército rebelde
resarció sus fuerzas y el día 9 de mayo de nuevo atacaron la
población, cortaron el agua y con bombas de mano, se fueron
tomando casa por casa, rodearon los cuarteles de los rurales y

7.
Ídem. p. 334

37
desde una casa de altos les pidieron la rendición. No la aceptaron,
entonces Iturbe ordenó que se quemaran los cuarteles, con las
llamas los rurales salieron con los rifles en alto rindiéndose,
después revolucionarios y rurales combatieron juntos los
incendios que amenazaban a toda la población.8
A oídos de Iturbe llego el rumor de que las muchachas de
Topia estaban ocultas en el consulado americano, temerosas de que
el bandido Iturbe se las robara. Entonces el joven revolucionario
visitó al cónsul y pidió hablar con las muchachas, con su facilidad
de palabra no tardó mucho en tranquilizarlas y en convertirlas en
sus amigas, incluso el cónsul a petición de las jóvenes les tomó una
fotografía con Iturbe, todas con cananas y rifles, la imagen se fue a
Estados Unidos y de ahí a México, donde los periódicos la
publicaron con el encabezado de “Iturbe y su Estado Mayor”.

Fotografía: José Carlos Ramón Arteaga

Templo de Tamazula, estado de Durango

8.
Ídem. p. 336

38
Después de esta toma, Domingo Arrieta se separó para ir a
tomar Durango, mientras que el 9 de abril Iturbe tuvo un combate
en Las Milpas con las fuerzas federales comandadas por el teniente
coronel Luis G. Morelos, fueron 450 maderistas contra 500
federales, Iturbe se vio en la necesidad de replegarse a Tamazula,
Durango, donde fue atacado de nuevo los días 11 y 12 del mismo
mes, hasta que tuvo que evacuar la plaza por falta de parque.
El teniente coronel Morelos los días 12 y 13 de abril

Fotografía proporcionada por Luis Antonio García Sepúlveda

Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe mejor conocido como La


Lomita años 50s

9
permitió que sus hombres saquearán Tamazula , fueron robadas las
casa de pobres y ricos, los soldados violaron mujeres y mataron a
varios ciegos, incluso despojaron a la Virgen de Dolores de una
daga de plata y otras alhajas. Esto ocasionó que muchos

9.
Héctor R. Olea, opus citatus, p. 37
10.
Amado González Dávila, opus citatus. p. 338

39
durangueses posteriormente en mayo de 1911, participaran en la
toma de Culiacán, buscando la venganza del cruel militar que
saqueó Tamazula. Entre estos duranguenses destacan las figuras
de don Herculano de la Rocha que alcanzó el grado de coronel y su
hija Clara que también llegó a coronela del ejército revolucionario.
10
A Iturbe en mayo de 1911 el presidente Francisco I. Madero le
otorgó el grado de general brigadier, y junto con Banderas y José
María Cabanillas, (los tres con el grado de general), tomaron la
plaza de Culiacán luchando al lado de los valientes duranguenses
que los siguieron cruzando la frontera siguiendo el ideal de
construir un país mejor para todos.
En 1914 el escritor Martín Luis Guzmán, conoció a Iturbe
en Culiacán, lo que le permitió escribir que entre otras cosas, el
11
joven general tenía una convicción que no se reducía como en
otros al ansia de crear un estado de cosas dócil al imperio, sino al
imperativo de obrar bien, de obrar moralmente y religiosamente.
Que Iturbe fue uno de los hombres que tomó en cuenta el problema
moral de la revolución. El único que creía en Dios y afirmaba sus
creencias en voz alta, lo que le hacía levantarse a gran altura sobre
todos sus compañeros de armas. Señaló su parquedad al hablar, la
molestia en su persona, así como su temperamento reflexivo y
maduro constituían la base de su personalidad.
Un día el escritor lo acompañó a la capilla de la Virgen de
Guadalupe que está en la cúspide de un promontorio conocido
como La Lomita, una vez en lugar el general le explicó al escritor
que él había ordenado construir una escalinata para ascender a la
capilla y que esto lo hacía en cumplimiento de una promesa que
había realizado en una batalla donde, herido, y caído en el suelo le
pidió a la Virgen de Guadalupe que lo ayudara a salvar su vida, a
cambio le construiría una escalinata a su capilla. La escalinata del
templo de La Lomita es un recuerdo en Culiacán de la odisea que
vivió un joven de 22 años que, herido, sangrando de un pie que
dolorosamente le impedía caminar, arrastrándose y ocultándose,
con el miedo de morir en el rostro, veía con desesperación como
los hombres que él momentos antes comandaba, eran dispersados
por los rurales que defendían la población de Topia en el estado de
Durango. Eran las cuatro de la tarde del 17 de febrero de 1911.
11.
Martín Luis Guzmán (1984), El águila y la serpiente, México DF, Editorial
Porrúa, pp.98-143

40
Los Laveaga, una familia notable y respetable
en el sur de Sinaloa
Roberto Meza Flores
Cronista de Culiacán

Introducción

Con este trabajo se pretende reseñar el origen y trascendencia de


una de las familias que forman parte importante en la historia del
municipio de San Ignacio en el sur del estado de Sinaloa, como lo
es, la familia Laveaga, a la cual no se le ha puesto la debida
atención ya que no parece abordada en algún tema especifico por la
historiografía sinaloense, solamente aparecen datos escuetos que
evidencian la participación de esta, en sucesos históricos locales,
que tiene que ver con eventos nacionales e internacionales.
Las principales fuentes utilizadas son: la obra de José
Antonio Luévano Becerra que versa sobre el municipio de
1
Tayoltita y su región, perteneciente al estado de Durango , además
de información contenida en la página de Internet de la familia
2
Laveaga , y el testimonio del señor Héctor Morales, (hijo del
capataz, don Pedro Morales, de La Hacienda La Labor), sobre el
3
general revolucionario Miguel Laveaga.
Este artículo se desprende del trabajo de tesis llamado “La
Hacienda La Labor, un espacio social y económico en la serranía
del sur de Sinaloa”, que aun no concluye, que esperamos seguir
enriqueciendo esta temática, en la medida en que vayamos
abrevado en más fuentes de información.

Origen de la Familia Laveaga

El apellido De Laveaga, de Laveaga y Laveaga, es el mismo,


1.
José Antonio Luévano Becerra (1996), Tayoltita, centro minero de Las
Quebradas Guarisamey, San Dimas, México, 2ª Ed.
2.
Reunión de Laveaga 2007, Durango, México. Consultada el 22 de enero de
2006 en [Link]
3.
Testimonios del señor Héctor Morales. Entrevista realizada por Luis Alfonso
Ibarra Roble en La Hacienda La Labor en diciembre de 2004

41
debido a que a través de los años se ha venido deformando como
consta en documentos en donde se encuentra escrito el apellido, es
decir, oficios, libros, actas, etc, y la forma tan cotidiana con que se
pronunciaba, por las personas de toda escala social, que han
conocido a la familia Laveaga.
Dicha familia perteneció a una dinastía antigua de mineros
españoles. En territorio nacional estos dejaron huella de sus
habilidades y actividades en los estados de Hidalgo, Zacatecas y
principalmente en Sinaloa y Durango4. Don José Antonio Laveaga
de Gurruchategui quien fue ingeniero prominente de la corona, se
casó con doña María Ignacia Alsola5 y fue “director del Colegio
Real de Metalurgia en Aplicación Práctica, quien trabajó minas y
construyó maquinaria”6, gracias a su preparación y a su gran
capacidad. En el estado de Durango el ingeniero Laveaga de
Gurruchategui desarrolló su trabajo en poblaciones como
Guarisamey, San Dimas, y Durango, trabajando para su amigo y
compadre el señor Juan José Zambrano, distinguido y rico
personaje de la región duranguense durante el siglo XVIII.
Después de Zambrano, no apareció ninguna otra figura en la
7
historia de San Dimas tan sobresaliente como la de los Laveaga.
Del matrimonio Laveaga Alsola nacieron José Vicente de
Laveaga y Miguel de Laveaga. Este último nació en San Fernando
Cádiz, España, a la edad de 14 años peleó contra la monarquía del
rey Fernando VII, siendo capturado y enviado al exilio a
Inglaterra, donde encontró la oportunidad en 1817 de venir a
México a seguir combatiendo contra la monarquía española. En
unos de los combates los insurrectos fueron derrotados, Miguel de
Laveaga fue dado por muerto por las fuerzas opositoras, sin
embargo, logró recuperarse de sus heridas y llegó hasta San
Dimas, Durango, donde se estableció, y desde ahí llamó a su
hermano José Vicente para invertir en las minas de Sinaloa y
Durango en la primera mitad del siglo XIX. José Vicente de
Laveaga arribó con un capital de aproximadamente de $800, 000
8
pesos en oro.
4.
José Antonio Luévano Becerra, opus citatus, p.18
5.
Reunión de Laveaga 2007, opus citatus
6.
José Antonio Luévano Becerra, opus citatus, p.16
7.
Idem, p.18
8.
Reunión de Laveaga 2007, opus citatus

42
Don Miguel de Laveaga se casó dos veces, en su primer
matrimonio contrajo nupcias con doña Pilar Antuna, naciendo de
esta unión Clemente y Arcadio. Contrajo matrimonio por segunda
ocasión con doña Dolores Olano y de este nacieron: Adrián,
Braulio e Ignacia entre 1850 y 1870. Adrián Laveaga contrajo
matrimonio en 1876 con doña Francisca Guerrero, naciendo de
esta unión, Miguel, Dolores, Arcadio, Ernestina y Adriana. Al
morir Francisca contrajo matrimonio con doña Elena, de esta
segunda unión nacieron, Guillermo, Ernesto y Angelina Laveaga.
En cuanto a don José Vicente de Laveaga, este se casó con doña
Dolores Aguirre, con quien concibió a Miguel Austasio, José
María, José Vicente, María Concepción, María Ignacia y María
9
Josefa.
La familia Laveaga, como ya expresamos, inició sus
actividades mineras en los estados de Sinaloa y Durango, algunas
de las cuales hasta la fecha están siendo trabajadas, como Nuestra
Señora del Rosario, Guadalupe de los Reyes, Tominil, entre otras.
Don José Vicente de Laveaga trabajó en Sinaloa, mientras tanto, en

Fotografía: [Link]

Reunión de la familia Laveaga en la Hacienda de La Labor. 2004

9.
Idem

43
San Dimas, Durango, su hermano don Miguel poseía y trabajaba
todas las grandes minas que constantemente le redituaban fuertes
10
cantidades de dinero.
En 1824, don Miguel de Laveaga hace una asociación con
sus hijos Clemente y Arcadio, quienes llegaron a ser mineros
atrevidos del distrito y dueños de la mayoría de las minas en San
Dimas. A continuación una lista más o menos exacta de las minas
en San Dimas que los Laveaga cambiaron o vendieron durante un
periodo de cien años:

Nombre de la mina Comprador

La Tecolota Gurrola y Granados


Remedios J.M. Yánez
Castellana D. Gutiérrez
María Guadalupe J.M. Regato
Luz y Reyes A. Osorio A. Osorio
San José de Ánimas - San Vicente Luís y Jorge Nelly
Santa Gertrudis N. Rubio y Gutiérrez
San José de la Puerta J.J. Millán y J.M. Somera
Nuestra Señora del Pilar L. Quiroz
El Abra I. Manjarez
As de Oro J. Castilla
Nuestra Señora de la Calendaria L.M. Burson y Green

Fuente: José Antonio Luévano Becerra (1996), Tayoltita, Centro Minero de


Las Quebradas Guarisamey, San Dimas, México, 2ª Ed. pp 18-19

La Soledad, fue una de las minas que los Laveaga no


pusieron en [Link] Clemente de Laveaga quien desde 1879,
llegó a ser la respetable cabeza de la familia Laveaga fue el último
miembro de la familia que trabajó la mina la Soledad, nunca
admitió, ni consintió durante su vida e incluso se irritaba cuando
alguien trataba de hacerle proposición de compra sobra esta mina.
Hasta su muerte (1917) a la edad de 93 años, recomendó a sus
hermanos, hijos y sobrinos, que nunca vendieran la Soledad, sino
que por el contrario la familia la trabajase ya que ello significaba un

10.
José Antonio Luévano Becerra, opus citatus, p. 68

44
gran y próspero futuro para ellos. Entusiastamente así lo
afirmaron, todos los grandes y antiguos mineros de San Dimas,
tales como: Paredes, Antonio García Irigoyen y su hermano
Arcadio, todos ellos consideraron la mina Soledad como la mejor y
11
más rica de San Dimas y de los estados de Durango y Sinaloa.
Los Laveaga fueron emparentándose con las familias
regionales, tanto del estado de Sinaloa como de Durango, entre las
que se encuentran las siguientes; los Aguilar, Aldaz, Bastidas,
Manjarrez, Rendón, Quintana, Páez, Osuna, Montes, López,
Loaiza, Lafarga, Bermúdez, Ceceña, Guerrero, etc. Además,
fueron pioneros de California y una de las familias más ricas de San
Francisco, España y México.12
En 1850 don José Vicente de Laveaga, se cansó de vivir en el
poblado de San Dimas y con la intención de darle una mejor y más
cómoda vida a su familia, decidió radicar en el puerto de Mazatlán,
estableciéndose como banquero y prestamista. Al paso de los años
José Vicente tuvo problemas legales muy serios, con unos
ciudadanos franceses sobre derechos mineros en el área de San
Dimas indebida y maliciosamente adjudicados a su nombre. Al
tener noticias don Vicente De Laveaga que las tropas imperialistas
francesas habían desembarcado en el puerto de Veracruz en el año
de 1862, entró en pánico y en forma por demás apresurada se
deshizo de todas sus inversiones en la ciudad y huyó
apresuradamente junto con su familia al estado de California en un
vapor especialmente fletado para ese fin, ya que se cuenta que solo
así pudo transportar, la exagerada cantidad de cajas repletas de
barras de oro y plata.13
Aproximadamente después de la segunda mitad del siglo XIX,
la Hacienda de San Francisco de Borja de la Labor, o Hacienda La
Labor como es conocida actualmente por sus moradores, ubicada
en la serranía sinaloense del municipio de San Ignacio, fue
adquirida por la familia Laveaga, siendo José Vicente de Laveaga

11.
Idem, p.69
12.
Idem, p.70
13.
H. Ayuntamiento de Mazatlán, Viaje nostálgico por el centro histórico de
Mazatlán. La casa de José Vicente de Laveaga, Consultada el 5 de febrero 2005
en http:// [Link]/[Link]?name=News&file=
article&sid=157.

45
II (hijo de don Vicente Laveaga) el primer propietario de la
hacienda, después Adrián Laveaga fue el dueño de la hacienda,
padre de Miguel Laveaga, quien más tarde se convertiría en el
legendario general quien vivió gran parte de su niñez y juventud
bajo el devenir de la hacienda.
En la década de los años cuarenta del siglo XX, la familia
Laveaga formó parte del “Grupo de los 33”, nombrado así por
estar compuesto por el igual número de connotadas familias
14
oligárquicas del sur del estado de Sinaloa.

“El general” Miguel Laveaga y el bandolerismo en la


hacienda15

Don Miguel, hijo de Don Adrián Laveaga, era un joven que gustaba
del dinero, pero como era común en esa época, la mayoría de los
jóvenes de posición acomodada dependían de la fortuna del padre
para sufragar sus gastos personales, ya que en lo general no
trabajaban para recibir una remuneración. Entonces, como a
Miguel le gustaba traer dinero y además gran parte de su tiempo lo
tenía libre, se dedicaba a pasar el rato gastando bromas y buscando
la forma de obtener algunas moneda para sus imprevistos. Esto
quedó de manifiesto en un chascarrillo, en donde se dice que,
Miguel, en su afán de obtener algunas monedas esconde un puerco
propiedad de su padre, y pintándolo de negro, se lo vendió de
nuevo como si a él se lo hubieran ofrecido en venta.
El futuro general, además de transcurrir su adolescencia
entre este tipo de situaciones, siempre demostró un gusto y una
facilidad especial para el uso de las armas. Tenía una puntería
providencial y eso quedó de manifiesto el día en que se dio cuenta,
que su padre, había dado órdenes a su gente de que se saliera a
contener a una gavilla de pillos comandada por un tipo apodado
“El Melao”, quien amenazó con irrumpir en su hacienda si no
cooperaba con ellos económicamente. Miguel al darse cuenta de
tal situación le pidió a don Pedro Morales, que era quien iba a salir

14.
Francisco Padilla (1993), lo que el tiempo no se llevó, Los conflictos agrarios
en el sur de Sinaloa durante el periodo cardenista 1935-1940, Culiacán,
México, Ed. DIFOCUR-UAS, pp. 53
15.
Apartado redactado básicamente con testimonios del señor Héctor Morales,
salvo que se mencione lo contrario

46
al frente de las fuerzas de don Adrián, que le dejara acompañarlos,
pues sabedor de su buena puntería creyó poder brindarles apoyo;
además sentía que era la ocasión propicia para cumplir su gusto de
“echar bala”. Don Pedro consultó la petición con don Adrián, a lo
que este accedió, solo le pidió que lo mantuviera siempre cerca de
él. Una vez que las fuerzas de la hacienda y la gavilla se
encontraron frente a frente comenzaron las hostilidades, “El
Melao” ganó una enorme piedra desde donde copaba visiblemente
a las fuerzas de don Adrián, además el bandolero se dio cuenta que
entre las fuerzas de la hacienda iba Miguel y empezó a dispararle
tratando de matarlo, pero Miguel sabedor de que él también poseía
buena puntería, esperó la ocasión propicia para dispararle a “ El
Melao” y en una de las ocasiones en que este se asomó para
disparar, Miguel le colocó un tiro en la frente; viendo a su jefe
muerto, el resto de los facinerosos comenzó la desbandada,
mientras que por el otro bando se desbordó la alegría al haber
logrado eliminar la amenaza de estos gavilleros.
Don Adrián enterado de la gesta de Miguel, ordenó que se
diera aviso a la capital de que “El Melao”, quien era afanosamente
buscado por las autoridades, había sido victimado. Pero el aviso
lógicamente tenía que resaltar la figura de Miguel, por lo que lo
anunciado decía mas o menos así: “ El bandido apodado El Melao
ha sido muerto a manos del general Miguel Laveaga quien al
mando de 50 hombres ha podido derrotar a la poderosa gavilla del
bandido, etc. etc.”. A partir de esta acción comenzó la carrera
militar de Miguel, quien incursionó en la carrera de las armas
llegando a escalar altos niveles militares, y por ende, consiguiendo
amasar una gran fortuna, al grado de que se cuenta que cuando
visitaba La Hacienda de La Labor le preguntaba a don Adrián:
“A'pa, ¿ahora quién de los dos tiene mas dinero?, ¿usted o yo? ”, y
la respuesta de don Adrián era siempre la misma: “ pues tu cabrón,
nomás que a ti te ha costado menos ganártelo”.
Don Miguel Laveaga, participó en la revolución mexicana
a favor de los federalistas,16 junto con Rafael Garay en 1911, y
después ambos conocieron al general Rafael Buelna Tenorio en

16.
David Rubio Gutiérrez, Concordia: antigua Villa de San Sebastián.
Consultada el 14 de noviembre de 2006 en [Link]
Revistas/CGA/CausaComun/Febrero2006/ESTE+SINALOA _CONCORDIA
_3.htm

47
San Ignacio, incorporándose de inmediato a las órdenes del joven
revolucionario Buelna en 1913. También asistió en la Convención
de Aguascalientes y fue alcalde de San Ignacio durante el periodo
de 1939-1941. Sin embargo, no escapó a las garras de la traición y
fue muerto en una emboscada en un rancho del municipio de San
Ignacio llamado La Calavera. 17

Fotografía proporcionada por Roberto Meza Flores

Hacienda de La Labor, municipio de San Ignacio

17.
Isaías Ojeda Rochin (1999), “Los del monte” ¿heroes o villanos?, en
colección Presagio, 18 encuentros con la historia, tomo 1, Culiacán, gobierno
del estado-AHGES, p. 123

48
Galería Fotográfica
Adrián García Grimaldo
Cronista gráfico de Culiacán

Interior de Plaza Forum en la ciudad de Culiacán Rosales

Callejuela de San Ignacio

49
Ingenio Eldorado, Valle del río San Lorenzo

Imagen de Jesús Malverde Mazo

50
Dr. Juan Baltazar Izaguirre Rojo
Joaquín López Hernández
Cronista de Teacapán

El tiempo se encargó de borrar de la memoria colectiva los motivos


por los que el nombre de don Baltazar Izaguirre Rojo quedó
empotrado en una calle del centro histórico de la ciudad y puerto de
Mazatlán. Dichosamente su aporte a las letras, a la poesía, a la
medicina y la gesta revolucionaria ha quedado guardado en
algunas de sus obras que hoy se encuentran en colecciones
privadas y bibliotecas públicas como la de la Universidad
Nacional Autónoma de México.
Creí justo realizar una investigación sobre su obra y el
esfuerzo fue premiado con la agradable sorpresa de descubrir que
también fue cronista de toros; y fue de este casual encuentro con la
fiesta brava que mi trabajo se extendió para irrumpir en el
apasionante mundo de la historia del toreo en el puerto.
Juan Baltazar Izaguirre Rojo, era su nombre completo,
nació en Mazatlán en 1885. Su obra poética es lo más destacado en
algunos diccionarios biográficos sinaloenses, pero poco o nada se
menciona de su profesión como médico cirujano o general
divisionario. Su oda más conocida es la "Visión de Culiacán",
poema dedicado al escritor zacatecano y director de la Biblioteca
Nacional, Enrique Fernández Ledesma (1888-1939).
Su obra poética le valió la alabanza de otro mazatleco que
también ganó para si el nombre de otra calle local: don Alejandro
Quijano; hombre de letras y jurisconsulto quien decía que don
Baltazar era un "poeta hondo, caudaloso de música y color que a
veces perdió la transparencia, mas ganaba en profundidad cuando
se adentraba en buceos esotéricos y místicos arrebatos".
La pluma de don Baltazar nos legó más de 30 obras de
poesía lírica, cuentos y una biografía novelada sobre su paisano y
compañero de armas: "Grano de Oro" (Ediciones Botas 1936)
apodo con el que fue conocido el general Rafael Buelna, personaje
sinaloense también galardonado a nivel estatal con avenidas,
calles, colonias y. hasta el aeropuerto mazatleco; en el prólogo
escribió: "Sea en buena hora, recogimiento de impotencias
constructivas en afán de cincelar al que supo ser grande como

51
ciudadano, como soldado y como amigo".
En la genealogía de don Baltazar su padre del mismo
nombre contrajo matrimonio en Culiacán con doña Virginia Rojo.
La pareja radicó por un tiempo en Mazatlán, donde nacieron el
poeta y un hermano de nombre Marcelo. Su padre era pariente del
capitán de fragata Manuel Izaguirre, padre a la vez de doña
Dolores Izaguirre Castañeda, también mazatleca y alguna vez
primera dama de México, pues fue esposa del presidente Adolfo
Ruiz Cortines. Sabemos de otro hermano, de nombre César
Augusto, que además de poeta fue funcionario de la Secretaría de
Hacienda en los años 20's.
Pedro Rivas Hernández, en un trabajo inédito que no cita su
fuente, dice que a principios del siglo XX la familia Izaguirre se
trasladó a Culiacán donde instalaron una tienda a la que pusieron
"La Abundancia", esta se localizaba justo al lado de lo que primero
fue el tianguis de Culiacán y que actualmente es el Mercado
Garmendia. De ahí partió la familia en busca de fortuna al poblado
minero de San José de Chiqueritos, no les fue bien y se van por el
antiguo camino a Topia, Durango, ahí vivieron en una de las casas
de don Martín del Coste, próspero minero español pariente de los
Izaguirre. La herencia vasca reflejada en su blanca tez le valió que
sus amigos le apodaran "El Güero" Baltazar.
Cansado de tanto fracaso económico, el padre decide
probar fortuna en otro giro que no fuera el de las piedras y se
traslada con todo y familia a la Ciudad de México. El cambio a la
Ciudad de los Palacios fue fructífero, pues allá eligió la carrera de
medicina; en su canto "El Poema de Ayer" nos da una muestra de
gratitud hacia la Escuela Nacional de Medicina con el siguiente
verso:

¡Para hablarte en el nombre de todo cuanto cuadre


a tu vasto refugio de colegio y de cuna!
¡a tu doble fragancia de Maestra y de Madre!
¡que es como olor de lirios en fulgencias de luna!

El 21 de marzo de 1913 es destituido y hecho prisionero en


Mazatlán el gobernador Bernardo Riveros, haciéndose cargo del
gobierno el general José L. Legorreta, previa aprobación de los
diputados locales: Salomé Vizcarra, Dr. Andrés Vidales y
Guillermo Laveaga, entre otros. Estos, según Héctor R. Olea,

52
reconocen, sancionan y publican los decretos del usurpador
Huerta. El 15 de Junio de 1913, el general Legorreta envió a
México por desafectos al gobierno al profesor J. Felipe Valle,
entonces diputado federal; Manuel D. Millán, Joaquín Millán hijo,
Pedro Osio, Luis F. Arsac, Lic. Francisco V. Astorga, ingeniero
Matías Ayala y los estudiantes Julián Chávez e Ignacio Bermúdez
presos por el delito de sedición, siendo conducidos al cuartel de La
Canoa. Todos ellos recuperaron su libertad gracias a la influencia y
amistad del Dr. Izaguirre con el que fuera director de la Escuela
Nacional de Medicina, Dr. Aureliano Urrutia, este, según crónicas
de la época, era el sanguinario ministro de gobernación de
Victoriano Huerta; el profesor Felipe Valle, oriundo de Colima, y
alguna vez gobernador de la entidad, residió en su juventud en
Mazatlán donde fundó una escuela.
Las vidas de los prisioneros pendían de un hilo pues el
delito de sedición se castigaba con la muerte. La intervención del
Dr. Izaguirre tiene gran mérito pues del Dr. Urrutia se cuentan
horrores, destacando el asesinato del diputado Belisario
Domínguez, a quien se dice cortó la lengua, entre otras
barbaridades. También ordenó la muerte de Serapio Rendón, todo
por hacer públicas sus denuncias en la tribuna en contra del
presidente Victoriano Huerta. Antes de concluir su mandato en
gobernación en octubre de 1913, uno de sus operadores conocido
como "El Mataratas" dio muerte por envenenamiento al señor
Mariano Peimbert, director de El Correo de la Tarde de Mazatlán,
quien en distintas redadas, había sido remitido junto con
Guadalupe Paniagua, Gumersindo Arce, Alfonso Hernández,
subteniente Casas y otros a la ciudad de México por participar en
un motín para aprehender al general Reynaldo Díaz y al
gobernador Legorreta.
La mayoría de los miembros del gabinete de Huerta fueron
destacados hombres en varios campos del saber y Urrutia no era la
excepción pues fue un distinguido y hábil galeno y como tal había
sido distinguido por Francisco I. Madero al nombrarlo director de
la Escuela de Medicina; según Manuel Servín también fue
propietario del hospital más moderno de la época localizado en
Coyoacán, el lugar era además sitio de reunión de célebres
personajes de lo más granado de la cultura, integrantes de las
fuerzas viva del arte, la ciencia, la política y el periodismo de la
época, ahí se daban cita el Dr. Izaguirre, Gerardo Murillo (Dr. Atl)

53
Justo Sierra, Casasús, Castillo Nájera, Álvarez Amezquita, Puig
Casauranc, Portes Gil y Ezequiel Padilla, entre otros.
El puesto de gobernación, el cual ocupó Uturría durante
100 días, le fue otorgado porque como militar que también fue, le
habla salvado la vida a Huerta durante una revuelta que buscaba
asesinarlo. Una hazaña médica fue el haber salvado la vida a
Rodolfo Gaona, el torero famoso de México, luego de sufrir una
cornada el 13 de diciembre de 1908. Otro de sus pacientes fue el
propio Huerta cuando el médico ya en el exilio operaba en un
famoso hospital en San Antonio, Texas y el dictador, enfermo de
cáncer del hígado se encontraba preso en Fort Bliss. En 1922,
cuando todavía se escuchaban los plomazos revolucionarios que
culminan en el sacrificio del general Juan Carrasco en Acaponeta,
Nayarit, el Dr. Izaguirre coordinó junto con los licenciados
Francisco Verdugo Fálquez, Enrique Pérez Arce y Francisco Javier
Gaxiola, un extenso reportaje para "La Revista de Revistas”, de
circulación nacional, sobre el estado de Sinaloa. En este se incluye,
la actividad de la hacienda azucarera "La Primavera" propiedad de
los Almada, de 2000 hectáreas. El trabajo fue publicado en el No.
656 del 3 de diciembre y consistió en 102 páginas.
Plutarco Elías Calles (a) "El Turco" construyó una
residencia para manejar a distancia los asuntos políticos de la
nación en una playa conocida como “El Tambor”, finca
comunicada vía telegráfica por el señor Ramón Millán Lafarga
(a)"El Pollo", alguna vez director del Demócrata Sinaloense de
Mazatlán. El lugar no distaba mucho del ingenio azucarero. Se
dice que fue ahí donde recibió la noticia que lo obligaría más tarde
a exiliarse luego de que el gobierno de Lázaro Cárdenas
determinara deshacerse de su influencia. Según Héctor R. Olea,
don Baltazar también fue militar y alcanzó el grado de general, en
el instituto castrense el momento de gloria para el médico-poeta
tuvo que ser cuando el presidente Lázaro Cárdenas decidió
enfrentar al poder dictatorial del ex presidente Plutarco Elías
Calles; Izaguirre se constituyó en el hombre del momento en
Sinaloa al brindar su apoyo al presidente Cárdenas cuando este
decidió terminar con el "Maximato", especie de dictadura,
instituida por Calles. Fue así que el 16 de diciembre de 1935, don
Baltazar como general y jefe de las operaciones militares con sede
en Mazatlán cumple órdenes del secretario de guerra y marina y
con mando de tropa se traslada a Culiacán, una vez allá toma

54
posesión del palacio de gobierno, de los edificios del congreso y
del poder judicial; al tiempo que el senado, capitaneado por el
senador Rodolfo T. Loaiza declaraba desaparecidos los poderes en
Sinaloa. Izaguirre se convirtió así por algunas horas en gobernador
interino del Estado, cargo que dejaría al coronel Gabriel Leyva
Velázquez, cardenista de nuevo cuño quien tomó posesión el día
mencionado. El destituido gobernador Manuel Páez, incondicional
de Calles, venía a bordo del tren procedente de la ciudad de México
ignorante de los sucesos que causaron su remoción, se enteró de
ello a su arribo a Escuinapa, donde sus amigos le notificaron que ya
no era gobernador. Esta es la única vez en la historia sinaloense que
los poderes desaparecen en el Estado.
En cuanto a la angosta calle que hoy lleva el nombre de don
Baltazar descubrimos que antiguamente se llamó Juno; con el
tiempo se le cambió por la del Muelle, pues en un tiempo topaba
con las arenas de la playa sur, después recibirla el bello nombre de
Diana. Durante este periodo fue considerada una de las más
importantes de la ciudad al ser el área comercial de la época; hubo
ahí establecimientos como el de la Fotografía Zuber.

Bibliografía

José María Figueroa Díaz (1986), Sinaloa, poder y ocaso de sus


gobernadores: 1831-1986, Culiacán, 2a edición, Editorial Once
Ríos, pp. 95,97.
Héctor R. Olea(1993), La revolución en Sinaloa,Culiacán, Centro
de Estudios Históricos del Noroeste, pp. 82,85 y 86.

55
El Profeta San Agustín. Curandero del Valle
del río San Lorenzo
Rosendo Romero Guzmán
Historiador de Culiacán

Introducción.

Todo un personaje resulta el Profeta San Agustín, pues aún se


encuentra vivo en la memoria de los abuelos de la región del Valle
del río San Lorenzo, he de ahí, la importancia de rescatar estos
recuerdos para dar vida a un personaje que vino a cimbrar la región
con sus dotes de curandero milagroso, e incluso, logró que bastante
gente lo viera como si fuera un enviado divino, pues fue tratado a
cuerpo de rey, además de amasar una importante fortuna de puros
donativos “voluntarios”, que sus pacientes le hacían llegar, porque
él no cobraba un centavo. El por qué de esta situación,
prácticamente se debe a que en los años treinta del siglo veinte, la
población del Valle del río San Lorenzo era eminentemente rural,
con escasa educación, conservando algunas costumbres de su
pasado indígena, pero sobre todo, eran y son fervientes católicos.
Por otro lado era muy poca la presencia de la medicina
convencional, siendo más evidente su ausencia en cuanto más
adentro estuvieran los pueblos en la sierra.
En todas las sociedades, en el ámbito colectivo como
individual, siempre ha sido preocupación conservar o recuperar la
salud, es decir, evitar y / o prevenir las enfermedades1 o dolencias2.
Por esto éstas tienden a desarrollar sistemas de cuidado de la salud,
consistentes en “(.....)creencias, costumbres, especialistas y
técnicas, destinadas a conseguir la salud y prevenir, diagnosticar y
curar (....)” 3; estás prácticas pueden estar incluidas en el campo de
la ciencia, de la medicina tradicional, magia, brujería o religión.
Cuantas veces hemos oído entre la gente de campo o
relativamente aislada de los centros urbanos, que la pérdida de la

1.
Se refiere a una amenaza para la salud científicamente identificada, causada
por una bacteria, virus, hongo, parásito u otro elemento patógeno.
2.
Es una condición de falta de salud sentida en un individuo
3.
Conrad Phillip Kottac (1999), Antropología. Una exploración de la diversidad
humana con temas de la cultura hispana, McGraw-Hill, España, p. 423

56
salud obedece a la práctica de la brujería, debido a que alguien,
algún enemigo, le manda a otra persona un mal puesto a fin de
perjudicarlo, otra creencia es que fue embrujado por un cuate4 malo
o por alguien que esté cuache, es decir, que tiene labio leporino.
Existen creencias que validan el quebrantamiento de la salud
cuando se comen cosas frías y calientes al mismo tiempo, o se come
en forma inadecuada. Por ejemplo, la ingesta de carne de cerdo
estando menstruando la mujer o simultáneamente sandía con leche,
por mencionar algunos casos. Asimismo, se asegura que las
experiencias emocionales causan también dolencias, como
enfermarse de los nervios, susto o pasmo.
Por tales razones y en la búsqueda de la salud, los
campesinos, además de la medicina convencional, recurren y han
recurrido a la herbolaria, a los remedios caseros, brujos y a las curas
milagrosas, siendo las mujeres, ya sea madres o esposas las que
asumen el papel de médico de la casa. La memoria pública señala el
uso de infusiones de café o té, al que le echan agua que se elaboran
con ejemplares de la flora local como el mezquite, negrito y el
otino. Otros hablan de la mata sin ráiz (sic) que no es otra cosa que
una infusión de excremento humano como un remedio muy bueno
para el piquete de alacrán; para curar el ombligo del recién nacido
se queman plumas de gallinas y se hace un polvo, también se usa el
romero tostado y molido, además de aceite de comer; para las
muelas picadas se hace una especie de té de jarilla y cilantro cocido
con cardón, después se hacen gárgaras, así mismo se acostumbra
colocar tapones de leche de mora. Para los dolores de cabeza no hay
nada como poner en la frente hojas frescas de mango, tapaco e
higuerita; en el combate de los estragos del paludismo lo mejor es
usar un guarache de palo blanco.

Área física de influencia

Como ya se mencionó, primeramente inició sus actividades


curativas en la sierra de Cosalá y en la de Tacuichamona, pero en
donde más fama tuvo este personaje fue en las comunidades que
actualmente conforman El Valle del río San Lorenzo, mismo que se
integra con las actuales sindicaturas de Baila, Eldorado, Emiliano

4.
Gemelo bilaterino

57
Zapata, El Salado, San Lorenzo, Quilá, Tacuichamona e Higueras
de Abuya. La región suma “(.......) una extensión de 2 mil 277.1
kilómetros cuadrados que representan 47.8 % de la superficie
actual del municipio de Culiacán y 3.92 % del territorio estatal.” 5

¿Quién era el Profeta ?

No se conoce el nombre real de este personaje, pues él procuró que


no se supiera, sus razones tendría, por eso las personas lo recuerdan
únicamente como el Profeta o el Profeta San Agustín, también se
desconoce su origen, pero a cambio se sabe que apareció y vivió un
tiempo en el pueblo de Los Mimbres, un pueblito enclavado en
plena Sierra Madre Occidental, pero dentro del territorio del
municipio de Cosalá y cercano al de San Ignacio. Llegó a Los
Mimbres ejerciendo sus dones curativos tras un largo peregrinaje
por otros pueblos de la sierra. Él era barbado, entre 60 y 70 años de
edad, moreno claro, de mediana estatura, delgado y de físico
españolado y cuando no usaba sotana gustaba usar ropa al estilo
militar, pues presumía que había sido mayor del ejército.
¿La razón de lo del nombre de Profeta San Agustín? Esto
sin duda se lo auto adjudicó con el propósito de justificar dentro de
la religión católica sus presuntos dones curativos, pues San
Agustín no fue un Profeta ni mucho menos realizó curas
milagrosas. A él se le considera uno de los cuatro doctores
originales de la iglesia latina, siendo nombrado en el año de 1568,
Doctor de la Gracia. Cabe aclarar que el título de doctor de la
iglesia se otorga oficialmente a ciertos santos, con la intención de
reconocerlos como eminentes maestros de la fe para los fieles de
todos los santos.
A finales de los años veinte, el Profeta San Agustín saltó a
la fama entre los pobladores del Valle del río San Lorenzo, por las
curas milagrosas que hacía en Los Mimbres, poblado enclavado en
la sierra de Cosalá, pues hasta allá iban con él en búsqueda de
salud, debido a que la efectividad de sus habilidades curativas
corrió como reguero de pólvora, pronto otras comunidades
solicitaron su presencia, iniciando así su recorrido rumbo al Valle
5.
Heriberto Meza Campuzano (1999), El municipio 19. Estudio de vialidad
económico social, Culiacán, Universidad Autónoma de Sinaloa y Gobierno del
Estado de Sinaloa,p.26

58
del río San Lorenzo, hasta que llegó y se estacionó en 1930 en San
Francisco de Tacuichamona. Su llegada fue todo un
acontecimiento pues “(......) la gente lo tenía como un santo, me
acuerdo cuando lo fueron a recibir al camino de la Estancia de los
García, iba gente con arcos de flores, santos, música y cuetes
como si fuera procesión, era un gentío que venía de San Lorenzo,
Quilá, Obispo, La Estancia de los García, Tabalá y de todas partes,
6
era el gran alboroto, pues lo creían un santo” Más en cuanto
llegaron a San Francisco de Tacuichamona lo hospedaron en la casa
que fue de Hilario Beltrán García y que ahora es la casa ejidal,
luego se armó el alboroto porque comenzaron a llamar a la gente
para que fueran con él, por que se aseguraba que curaba por ser un
enviado de Dios y de Cristo, y que más prueba que allá arriba en la
sierra ya no había enfermo alguno, el Profeta los había sanado.
Una vez que había terminado de dar misa, uno del pueblo le
7
dijo que se estaba comenzando a formarse una culebra de agua ,
que amenazaba con destrozar y aventar con furia lo que encontrara
a su paso; que por favor la despajara porque iba a traer la desgracia
al pueblo, entonces el Profeta le pido un niño de pecho a una señora
y lo paseó en el aire formando una cruz, a la vez que oraba pidiendo
que la culebra se apaciguara y desapareciera, cosa que
efectivamente sucedió, entonces la multitud más se obsesionó ante
esa prueba de divinidad llegando a creer que era un santo.
Su consultorio, por decirlo de alguna manera, lo instaló en
la iglesia del lugar, y ahí todos los días ofrecía misa, cantos y
curaciones. Diariamente venían a consultarlo o a conocerlo entre
100 y 300 gentes de los ranchos de la región, y como cada paciente
le daba voluntariamente 2 pesos, pronto logró amasar una
apreciable fortuna. Cuando el Profeta se vino de Los Mimbres llegó
junto con él, el señor Andrés Beltrán que la hacia de ayudante o
sacristán del curandero, este señor de Tacuichamona estaba bien
apasionado del Profeta, como enamorado, se llevaba haciéndoles
los mandados, llevándole agua, haciendo todo lo que se ofreciera al
curandero, menos aceptaba que hablaran mal del Profeta.
Junto con su sacristán, la señora Eutimia Ramírez organizó
a las mujeres del pueblo para que lo atendieran, es decir, que le

6.
Cleofás Ruiz Álvarez, vecino de San Francisco de Tacuichamona ( 2 de agosto
de 1999)
7.
Tornado

59
dieran de comer, que le asearan la casa, lavaran su ropa y todo lo
que tuviera que ver con su atención personal, porque él era un
santo y necesitaba descansar, tan es así que el Profeta se mandó
hacer un abanico de madera para que le echaran aire por aquello
del calor. Doña Eutimia, era una señora de armas a tomar, por eso
cuando estaba recibiendo las curaciones por parte del Profeta, este
le pegó con la cruz en las rodillas causándole un fuerte dolor, razón
por lo que afectada le recitó una sarta de insultos, teniendo que
intervenir Adrián Beltrán para calmarla, pero ella respondió que
santo iba ser, pues santo que come, zurra y mea, que el diablo se lo
crea, después ella se arrepintió de su acción y pidió el perdón al
Profeta.

Las curaciones

Él tenía un método de sanación poco ortodoxo, pues curaba a veces


apoyándose en sobadas, rezos y golpes, para eso, se ponía una
sotana de sacerdote con una cruz bordada al frente, un ejemplo de
sus curaciones milagrosas, es el caso de Eutimio García un
ganadero muy rico de Basiroa, un ranchito pegadito a La Estancia
8
de los García, según testimonio de Manuel Beltrán Millán , este
señor estaba muy enfermo de reumas en los pies lo que le impedía
caminar, por eso al oír de las curaciones milagrosas del Profeta y a
lomo de bestia partió rumbo a Los Mimbres a buscarlo; cuando
llegó al poblado y al verlo el curandero en el estado en que llegaba,
inmediatamente lo pasó al cuarto donde atendía, una vez adentro le
dio una botella de mezcal y lo acostó en la cama, mientras el
paciente tomaba el licor, el curandero le dio masajes en los pies,
después de un rato el profeta le pidió permiso para subirse y
caminar sobre sus pies, entre mezcal y masajes, Eutimio se sintió
aliviado. Al salir del casa, el paciente y a petición del Profeta le dijo
al público que estaba aliviado y que mejor prueba de ello fue un
zapateado que ejecutó en ese momento, sin más montó en su
caballo, entonces el curandero le pegó en las rodillas varios golpes
con una cruz de ébano que portaba, a la vez que le informó que se
verían dentro de ocho días en San Francisco de Tacuichamona para
8.
Manuel Beltrán Millán, vecino de San Francisco de Tacuichamona, (31 de
octubre de 2002)

60
otra sesión.
El Profeta era un hombre sumamente religioso por eso
cuando estuvo en San Francisco de Tacuichamona, dicen que
ofrecía misa antes de iniciar sus curaciones y que después de esto “
(....) formaba en la iglesia a las mujeres en una fila y en otra a los
hombres, y entonces uno a uno los comenzaba a curar usando una
cruz de madera, que era de puro corazón de ébano, con ella
raspaba las heridas hasta el hueso y si alguien estaba malo de la
cabeza, pues le daba un fregazo con la cruz hasta sacarle
9
sangre(....).
Cuando tenía que salir a recorrer rancherías el Profeta
cambiaba su cruz de ébano por una regla del mismo material. Al
respecto don Tomás Ruiz López, recordó “me acuerdo de uno que
ya se murió y que se llamaba Chón Rocha, ese me platicó que fue a
ver al Profeta para que lo curara, y entonces el Profeta agarró una
regla que tenía de puro corazón de ébano, y que con ella le
comenzó a dar por todos lados, y que la chingada regla nomás
botaba para arriba y que le daban ganas de agarrar a golpes al
Profeta, que ya no le quedaron ganas de regresar. “10
También anduvo por el rumbo del ingenio Eldorado, ahí y
en una de las márgenes del río San Lorenzo, a la altura del actual
poblado de El Higueral, hizo un pozo para que la gente se bañara
con agua dizque milagrosa, pues él, el Profeta San Agustín la había
bendecido, y la gente en su afán de curarse se metía al pozo, Tomás
Ruiz López, fue testigo de esto, y él asegura que” (.....) fuimos mi
papá Apolonio, dos primos, una hermana y yo a ver el pozo, ya en
El Higueral, mi papá dijo: qué bendita va ha ser esta tierra y el
agua, y no se quiso bañar en el pozo y entonces nos fuimos al río
San Lorenzo a bañarnos, cuando empezamos a ver a la gente
cargando bules y morrales con tierra rumbo a Eldorado, pues
como decían que era bendita, se la estaban llevando a sus casas.11
Así mismo en el pueblo de San Francisco de Tacuichamona
construyó en el arroyo y debajo de un tapacal otra fosa milagrosa

9.
Cleofás Ruiz Álvarez, vecino de San Francisco de Tacuichamona ( 2 de agosto
de 1999)
10.
Tomás Ruiz López, vecino de San Francisco de Tacuichamona ( 12 de marzo
de 1999)
11.
Idem.

61
para curar enfermos.
A la región de Abuya llegó por el camino viejo que estaba
por Potrerillo de los Landeros, ahí se estacionó en la casa del señor
Refugio Ochoa, y luego comenzó a curar” (.....)con puras
cuestiones de Dios (.....), ahí anduvo curando enfermos, pero los
curaba prometiéndoles la vida eterna, (.....)era muy afamado,
porque los que iban, volvían buenos y sanos, por el garrotazo que
les metía para curarlos. ” 12 Pese a que había otros pueblos
cercanos mas poblados, el Profeta no fue al Rincón ni a Higueras
de Abuya, pues del pueblo de Abuya se regresó, tomando rumbo a
la sierra de Tacuichamona.

El fin del profeta San Agustín

No se sabe por que razones el gobierno se inquieto con la presencia


del profeta, al grado que cuando menos lo esperaba, desde
Culiacán llegó hasta San Francisco de Tacuichamona un
destacamento de hombres armados a aprehenderlo. Dicen que era
la acordada, y que nomás lo vieron lo agarraron y lo amarraron de
las manos y pies, ya sujeto lo echaron sobre una mula llevándoselo
preso hasta Culiacán. La única explicación que dieron los agentes
es que era requerido por la justicia por robar al público en público
(Sic).
Al darse cuenta del arresto del Profeta, Andrés Beltrán, su
sacristán, se desesperó y reunió a la gente de San Francisco de
Tacuichamona en la iglesia, y desde la puerta principal pedía a la
gente ” (.....)que se armaran como pudieran, con palos y piedras, y
que fueran a rescatar al profeta de manos de la policía, pedía que
hombres y mujeres salieran a la policía por el camino, que bueno
que la gente no le hizo caso, era una tontería cambiar piedras y
palos por balas (.....)”.13 Por otro lado, se tiene que los lugareños
se tranquilizaron porque él les prometió que debido al poder que
Dios le dio, él iba a salir de la cárcel y que dentro de ocho días se iba
a reunir con ellos, también les pidió que no les fueran a andar
tentando sus cosas que dejaba en su casa.
Pese a su promesa, el Profeta nunca regresó a

12.
Tomás Ochoa Álvarez, vecino del poblado de Abuya (31 de Agosto de 2002)
13.
Cleofás Ruiz Álvarez vecino de San Francisco de Tacuichamona ( 2 de agosto
de 1999)

62
Tacuichamona, es más, se desapareció, al grado que cuando fueron
a procurarlo a la cárcel no daban razón de él. Algunas gentes dicen
que lo fusilaron o le aplicaron la ley fuga.

Nadie sabe para quien trabaja

Cuando el Profeta pidió que nada le tentaran, realmente lo


que le inquietaba era que no le fueran a encontrar y tomarle la
fortuna que había amasado sobre la base de los donativos
”voluntarios” de sus clientes. Como en ese tiempo no había bancos
más que en las ciudades, las personas acostumbraban enterrar su
dinero en ollas de barro, y eso fue lo que hizo el Profeta.
Al paso del tiempo, Hilario Beltrán García compró la casa
del Profeta y se fue a vivir en ella junto con su esposa Teresa Ayala.
Ahí su suerte cambió, pues su mujer un día que andaba barriendo el
patio de la casa descubrió accidentalmente dos ollas enterradas con
el dinero del Profeta. Los apastes tenían la boca sellada con cal y
ceniza, la mujer esperó que regresara su marido al cual le reclamó,
porque según ella Hilario los había puesto ahí como trampa para
tantearla, él en cambio intrigado le preguntó a que se refería, ella
más enchilada lo llevó a donde estaban los apastes enterrados,
entonces, Hilario adoptó una pose de autoridad y le ordenó a la
mujer que no moviera eso que efectivamente eran de su propiedad
al igual que otros entierros que tenía por ahí, de paso le ordenó que
por ningún motivo fuera con el mitote a otras gentes.
Las instrucciones de Hilario hacia su mujer no fueron
respetadas, pues un día que fue de negocios a Eldorado, a su
regreso se encontró con la novedad de que su mujer le había dicho a
un vecino lo del dinero y que quería que se lo enseñara, entonces,
Hilario muy enojado le dio una paliza a la mujer y la corrió de la
casa por andar platicando lo que no debía, como medida
precautoria cambió de lugar los apastes con las monedas
porfirianas de puro oro y de plata.
Hilario de la noche a la mañana se hizo rico y comenzó a
comprar ganado y caballos, a la vez que se dedicó al agio. Él no
sabía leer ni escribir, por eso cuando prestaba, anotaba en un
cuaderno sus cuentas usando la figura de una media luna, de un sol
y así, sólo él sabía lo que anotaba. Con el tiempo se casó con una
mujer de nombre Sixta Melchor y compró la casa más grande de
Tacuichamona que fue de la familia de los Álvarez.

63
El ejercer el agio, fue lo que causó su muerte el 28 de
octubre de 1951, cuando un amigo, un deudor, lo asesinó para no
pagarle lo que le debía, pues ya no podía con lo que le estaba
cobrando Hilario, por eso lo esperó y lo emboscó en el ranchito de
El Aguaje propiedad del agiotista y ahí le dio muerte. La fortuna
que algún día amasó el Profeta San Agustín se desvaneció entre los
familiares del difunto.
La viuda de Hilario se fue a vivir al pueblo de Obispo, allá
se topó con Miguel Melchor su pariente, con quien con engaños
despojó de la herencia a Sixta, para después irse a radicar a Los
Mochis donde puso una mueblería. Doña Sixta murió en la
pobreza pues nunca recuperó su fortuna.

Colofón

A manera de colofón, no queda más que invitar a los interesados en


la historia oral, entendida como el registro de las memorias y
recuerdos de la gente viva sobre su pasado, de rescatar esos bellos
relatos que ahí están esperando entre los moradores de nuestro
suelo matrio, pues corren el peligro de perderse para siempre con el
fallecimiento de los posibles informantes. Es más, la historia oral
es una oportunidad única para acceder, por medio de la entrevista,
a la experiencia personal, a los relatos testimoniales y a los
recuerdos de personas cuyos puntos de vista permanecerían
ignorados o desatendidos.
Recordemos que las personas no sólo son portadoras de las
estructuras contemporáneas, sino también de aquellas partes de las
estructuras anteriores que han hecho de ellas los que son.

64
El Gallo de Oro
Leonor del Carmen Mena Rodríguez
Cronista de Culiacán

Gallo de oro
tú serás
heraldo y paladín
de la revolución

La canción del gallo de oro, es un himno que identificó una época


vivida en Sinaloa; cuando las calles eran tomadas por numerosos
contingentes de hombres y mujeres que acompañados por la banda
retaban abiertamente a Leopoldo Sánchez Celis, gobernador del
estado.
Conocida era la rivalidad política entre el gobernador y
Enrique Peña Batiz. Bastaba que la banda entonara El Gallo de
Oro para que la orden de callarla fuera dada de inmediato. Fue
prohibida, amenazando con encarcelar a quienes se atrevieran a
tocarla o cantarla.

Tu canción
al despertar
el grito de razón
merece libertad

La canción El Gallo de Oro era conocida y cantada por el


pueblo que compartía la lucha de Enrique Peña Batiz. Su hijo José
Guillermo Peña Villa señaló: “esta canción también la cantó y
grabó Rutilio Saucedo después la grabó Luis Pérez Meza” luego
intervino la señora Martha Villa de Peña Batiz para afirmar que “ la
melodía ya existía pero no se conoció al autor de ella, la letra de El
Gallo de Oro se la compuso Enrique Sánchez Alonso El Negrumo
que también escribió la letra del Sinaloense no sé si la melodía
también, aclaro, pero en una de esas borracheras que acostumbraba
tener la vendió para pagar la tanda de cerveza ¡Ya ve que en unos de
los versos dice!: a mí me dicen El Negro, negro pero con suerte
porque si me salta el gallo no me le rajo a la muerte.” (Esto mismo
lo afirmó el señor Antonio Pérez Meza cuando lo entreviste en
Guadalajara).

65
En la voz de Luis Pérez Meza El Gallo de Oro, lograba
impactar los corazones. Con melódicos pero incendiarios
llamados a lograr el triunfo de sus demandas.

La gente
ya quiere vivir
en un mundo mejor
y lucharemos
con fe con valor
con tu bandera
de paz y de amor

Con las canciones El Gallo de Oro, Las Isabeles y El


Barzón, se selló la amistad entre dos amigos que se refrendaron su
lealtad, la que los acompañó y unió en todo momento y
circunstancias. En las notas de El Gallo de Oro se grabó una época
que simbró a Culiacán.

Tenemos sed
del manantial
de la constitución
y en ésta lucha
tú tienes que ser
el gallo de oro
de nuestra nación

La vida de Enrique Peña Batiz conocido por todos como El


Gallo de Oro estuvo impactada de acontecimientos políticos que
lo llevaron por derroteros y contrastes de un hacer con
experiencias fructíferas y pese a todo, con satisfacciones
familiares. Entre movimientos políticos y sociales que compartió
con ciudadanos sinaloenses, sonorenses y de otros estados del país
cuando en México se vivían movimientos de masas que creían y
deseaban la construcción de una patria acorde a las necesidades
del pueblo siempre firme en su compromiso de forjar un México
grande en expectativas de desarrollo para los mexicanos.
Con la amabilidad que los caracteriza la señora Martha
Villa de Peña Batiz y su hijo José Guillermo Peña Villa me
participaron sus recuerdos sobre la amistad entre El Gallo de Oro
y El Trovador del Campo. Inició la charla la señora Martha

66
confesando que ”lo que les puedo platicar de él, es que lo conocí a
través de mi esposo cuando vivíamos en Mé[Link] Culiacán entre
los cincuenta y sesenta las noticias de El Gallo de Oro eran
conocidas y hasta esperadas. En sus continuos viajes al Distrito
Federal siempre por asuntos políticos, gran cantidad de gente lo
recibían en el aeropuerto de Bachigualato. Encabezando el
contingente y con las sonoras notas de la banda sinaloense
resonaban las gallardas notas de El Gallo de Oro; salían a las calles.
Los culichis se unian a la marcha; para seguirlo. Siempre que él
venía de México a Culiacán, lo recibían en el aeropuerto de
Bachigualato sus colaboradores y la gente le llevaban la tambora.
Yo nunca iba al aeropuerto porque ya sabía que estaría lleno de
gente esperándolo. Aquí en la casa oíamos lejos la tambora desde
que entraban por el poniente de la calle Mariano Escobedo, iban
acercándose cada vez más y la tambora escuchándose más fuerte”.
Con mucha emoción afirmó “venía un gentío con la
tambora al frente por toda la calle. Hasta llegar a nuestra casa casi
esquina con la calle Morelos. Cuando vivíamos en México,
Enrique se hizo muy amigo del general Lázaro Cárdenas, por eso
seguido nos invitaba a su casa de campo en Cuernavaca. Teníamos
dos hijos chiquitos y nos encantaba ir para allá. El general le decía:
Enrique, por comisión te llevas a Luis para que me cante El Barzón.
El general era muy serio. Cuando Luis le cantaba El Barzón, él se
reía de lado, porque así se sonreía, de lado. Se le notaba que le
agradaba. Luego ya cantaba otras canciones, pero luego le volvía a
decir que le tocara de nuevo El Barzón, era su canción [Link]
amistad entre mi esposo y Luis empezó antes de que nosotros nos
casáramos y de que Pérez Meza empezara su carrera artística”.
La Sra. Martha continuó compariendo sus recuerdos para
decir que “ Enrique se le perdía a su mamá por días, le gustaba
realizar correrías por los ranchos de la sierra; le encantaba andar
con la gente humilde, con la gente de campo y fue precisamente en
una de las veces que anduvo por uno de esos pueblos de la sierra,
que oyó cantar a un viejito que estaba sentado en el suelo con su
guitarrita; y a Enrique como le gustaba la cosa de la música, pues se
dio cuenta que no conocía esa canción que el señor estaba cantando
pero le gustó. Entonces se arrimó y le dijo: ¡Vuélvemela a cantar!
¿Cómo se llama esta canción? ¡No sé! le dijo el señor. Vuélvemela
a cantar. Entonces se la volvía a cantar y él le decía: “ ¡espérame!
entonces Enrique se puso a anotar la letra. Se trataba de Las

67
Isabeles, pero el señor no supo como se llamaba la canción.”
Comentó la Sra. Martha que cuando regresó le dijo a su
compadre Luis que traía una canción muy buena, pero, continuó
diciendo que no estaba segura si la música se la puso Pérez Meza;
intervino su hijo Guillermo para afirmar:” Sí se la puso él, porque
de allá, acá a mi papá se le olvidó la tonada y parte de la letra
también la cambió”.
¡Sí!, le acomodaron la letra a la canción le pusieron Las
Isabeles, dijo la señora Martha.
Recordó la señora Villa que su marido y Luis sostuvieron la
siguiente plática: “¡Compadre, mire va a pegar!¡Ay! no decía Luis,
no estaba muy convencido.¡Ándale compadre! ¡yo sé que va a

Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Esperando a sus dueños

68
pegar esa canción!”. Prosiguió diciendo la señora que así
estuvieron hasta que por fin lo convenció e hicieron un disco
chiquito de esos de prueba, le compuso lo que no le gustó y luego le
dijo Enrique:¿La ponemos a su nombre compadre?¡No!, yo no la
hice,¡Ni yo tampoco!, pero usted le hizo la música y le compuso en
parte, la letra. Así que es suya”.
no estaba muy convencido.¡Ándale compadre! ¡yo sé que va a
pegar esa canción!”. Prosiguió diciendo la señora que así
estuvieron hasta que por fin lo convenció e hicieron un disco
chiquito de esos de prueba, le compuso lo que no le gustó y luego le
dijo Enrique:¿La ponemos a su nombre compadre?¡No!, yo no la
hice,¡Ni yo tampoco!, pero usted le hizo la música y le compuso en
parte, la letra. Así que es suya”.
Aseguró la señora Martha que así fue como esta canción se
realizó, pero que “ Luis Pérez Meza aún no se animaba a cantar Las
Isabeles. En la ciudad de México se la cantó a Mariano Rivera
Conde y le gustó mucho; siendo así como empezó a cantarla y a ver
que estaba pegando mucho y ¡pegó tanto! que se quedó en el gusto
de la gente. Creo que las Isabeles estarán muy agradecidas de que
les hayan hecho esa canción. Luis Pérez Meza escribió muchas
canciones, pero Las Isabeles fue un rescate que él hizo, la recreó y
la transformó y esto es muy valioso”.
Fotografía proporcionada por Luis Antonio García Sepúlveda.

Luis Pérez Meza El trovador del campo

69
Pedrito:un cortador de leña enamorado
José Ramón Meza Félix
Historiador de Culiacán

Pedrito fue un personaje al que conocí cuando el autor de este relato


tenía escasos 7 años de edad, allá por 1961. La historia se desarrolló
en la colonia Miguel Alemán, entre las calles Nicaragua ( hoy
Constitución), la avenida Guerrero, Aldama, Aranjuez y en la loma
que está en la parte final de la Guerrero; donde hasta la actualidad
existe una cisterna o almacén grande que usa el gobierno del
municipio de Culiacán para guardar agua potable.
Para iniciar, les diré que Pedrito era, cuando lo conocí, un
viejito, delgado, de barba cerrada, con poca visibilidad en uno de
sus ojos, bajo de estatura, delgado, vestía humildemente, usaba
huaraches de tres puntadas, siempre traía sombrero hasta las orejas
topando cerca de sus tupidas cejas; su edad, todos nos la
preguntábamos, algunos le calculaban 80 años, otros ochenta y
tantos, casi noventa. Él vivía en una casita muy modesta por no
decir que a la intemperie, se alumbraba con una cachimba sencilla
confeccionada de bote de aceite con un mechón y tractolina.
Siempre lo acompañaba un burrito que a mi ver nunca
creció lo normal, pero no nada más era su compañero, sino que
ambos se mantenían del trabajo que desarrollaban. Cortaba leña
arriba en la loma y se la vendía a las amas de casa para atizar las
hornillas, hornos aterrados o para hacer corrales para la cría de
cochis (cerdos), esta leña era de palo de brasil, pues dicha madera
era muy resistente al lodo y humedad. Pedrito por lo general no se
ocupaba de encargos de leña excepto en tiempos de navidad,
cuando las familias pedían pequeños arboles de brasil o palo blanco
para forrarlos de algodón, además de adornalos con esferas y
foquitos.
Nuestro vecino duraba en ocasiones varios días en la loma o
en el monte como normalmente se decía. Cuando bajaba, buscaba
quien le comprara la leña que traía cargando a ambos lados su
burrito y casi siempre la acompañaba con algún animal del monte
como armadillo, tacuache ó culebras. La leña pronto la vendía por
cargas a cualquier ama de casa o en alguna de las dos panaderías
que había en la colonia, solamente para completar una

70
[Link] más tiempo en vender los animalitos, sobretodo
cuando eran armadillos, le demandaban más los tacuaches para
sacarles la manteca por tener uso en combatir el bronquitis o asma.
A pesar de que él vendía lo poquito que bajaba del monte,
los vecinos siempre lo invitaban a comer, Pedrito no tenía en que
hacerse alimentos, pero era muy ameno y chistoso en su plática;
cuando estaba en su casa, escuchábamos seguido que conversaba
con su burrito, al que trataba como a su hijo al corregirle las
acciones que a él no le parecían bien. Cuando se peleaba con su
burrito lo sacaba del corral a la calle pero luego volvía solo.
Nosotros nos montábamos en el lomo del burrito y nos paseábamos
por los callejones, un montón de chamacos gritábamos y el burro
corría más.
Nunca le conocimos familiar alguno. Vivía solo con su
burrito al que nunca apareo pues decía que se le iba a hacer
mañoso, “nomás prueban hembra y ya no quieren trabajar, nomás
andan olfateando a las burras y se hacen tercos a no hacer nada,
bonito negocio, pues”. Pedrito tenía algo de egoísta. Sí bien no le
permitió a su burrito aparearse, él era muy enamorado. Le gustaba
una muchacha de la colonia a la que le llevaba seguido regalos
sencillos como una pieza de pan, jamoncillos, una peineta, peine
piojero, listones de colores, dulces de los llamados Ricos Besos, y
platicaba por las tardes con ella. Nunca le declaró sus sentimientos
hasta que un día, al llegar, la encontró con un pretendiente y le dijo:
“todas las mujeres son traicioneras, mal agradecidas, y mal
pagadoras, mira nomás yo gaste y gaste en regalos para que me
salgas con esto, ahora me regresas todas las cosas”. El novio le
contestó que él le pagaría el adeudo, pero Pedrito le dijo que de él
no quería nada y sacó un machete para golpearlo. No sucedió nada,
pues el joven logró esquivar los machetazos, el agresor no veía bien
y ya era de noche cuando sucedió esto.
A raíz de este acontecimiento, el leñador pasó mucho
tiempo triste y solo, ya no platicaba con los vecinos por largos ratos
como lo hacía antes, se la pasaba con su burrito en su [Link] día
pedrito por la mañana agarró su machete y hacha y se marchó al
monte junto con el burrito. A los que nos tocó verlo nos dio mucho
gusto pues pensamos que ya le había pasado lo del desaire
amoroso; hasta le dijimos: ¿Pedrito ya vas a la leña? Pero no nos
contestó, solo se marchó. Nunca volvió a la colonia. Se corrieron
muchos rumores en la colonia sobre su destino: algunos dijeron,

71
que se había muerto de hambre y de sed en el monte, hubo quienes
pensaron que se había ido a vivir a lejos de ahí por que no soportó
ver con otro a la muchacha que él tanto quería.
El destino de Pedrito no se aclaró nunca, quedó en simples
especulaciones, lo cierto es que él jamás regresó. Su terreno y
casita fueron invadiendos por sus vecinos colindantes, pues en
aquél tiempo solo eran posesiones, además, ningún familiar se
presentó a reclamar sus bienes. Todo se acabó: Pedrito, el burrito y
su hogar.

Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Leñador del pueblo de Abuya, municipio de Culiacán

72
Calayo y doña Quina. Personajes del imaginario
mochiteco
Héctor Cota Pazos
Cronista de Los Mochis

En Los Mochis y por el callejón Guadalupe Victoria , precisamente


en la casa marcada con el número 639 oriente, se estableció a
finales de la década de los años treinta el matrimonio formado por
Candelario Cota Campa y Virginia Pazos Valenzuela, ambos
originarios del municipio de Mocorito; él era del mineral del
Magistral y ella del rancho de Las Aguamas, lugares enclavados en
plena Sierra Madre Occidental.

Fotografía proporcionada por Virginia Pazos Valenzuela

Candelario Cota Campa y Virginia Pazos Valenzuela. Años 70´s

Doña Quina como cariñosamente le dicen su familia,


vecinos y amigos, nació en 1922 y afirma que su marido, quien
siempre fue conocido como Calayo era sólo un año menor. Ellos
se conocieron en el mineral del Magistral allá en Mocorito. Resulta
que su mamá, doña Manuela Valenzuela, trabajaba de ama de
73
llaves en la casa de la familia de Calayo, además que iban a la
misma escuela.
Ellos se juntaron cuando apenas Calayo frisaba los 14 años
y ella sus primeros 15 abriles, así de jóvenes se vinieron a busca la
vida a la ciudad de Los Mochis en donde al inicio pasaron muchas
hambres, malos ratos y tristeza.
Ya en Los Mochis, la pareja logró que le prestaran un cuarto
pequeño por mientras conseguían trabajo, dice doña Quina que su
marido logró que lo emplearan en Topolobampo, pero que luego
consiguió trabajo en la empacadora de tomate que estaba en el
pueblo de Louisiana, ocupación que también abandonó para irse al
ingenio azucarero, trabajo en el que tampoco duró mucho porque se
puso a laborar de cantinero y mesero en el centro social conocido
como Sociedad Mutualista, hasta que por fin con mucho esfuerzo
pudo comprar su primer taxi.
Mientras su marido buscaba el sustento, ella inicialmente
se ocupó en el lavado y planchado de ropa ajena, además de
comprarse una lotería para ser ella quien llevara la sica, es decir
que su carta jugaba gratis hasta que se la sacaba, con lo poco o
mucho que ganaba le ayudaba a su marido con los gastos. Con el
tiempo fueron prosperando y Calayo llegó a ser líder de los taxistas
y de los meseros.
Una de las cosa que no se le puede olvidar, es lo que le
ocurrió cuando le llevaba lonche a Calayo hasta el ingenio; tenía
que caminar cerca de dos kilómetros de ida y otros tantos de
regreso. Aseguró que iba una vez con su lonchecito para su marido
cuando se le acercó un carro y se le atravesó impidiendo que
caminara, en el interior iba una muchacha muy guapa y un
señorque parecía gringo, entonces la muchacha le pidió que se
acercara a la ventanilla del carro, pero ella no quiso y le preguntó
para qué la quería, la mujer le contestó que tenía mucho dinero,
que se lo iba a dar a condición de que se subiera al vehículo para que
los acompañara y que luego la traían de regreso; en eso estaban
cuando por el otro lado de la banqueta apareció un primo de su
marido que al darse cuenta de la situación presuroso corrió a la
pareja, pues tenía entendido que eran tratantes de blancas. Más
tarde Quina le platicó el incidente a su marido, quien mortificado
por lo sucedido, decidió ir a comer todos los días a su casa, no fuera
a ser que se fueran a robar a su mujer.
Luego llegaron siete hijos: primero nació Virgen Herme-

74
linda, después, María Irma, Consuelo (falleció al primer año de
edad), Candelario, Héctor, Marino y José Abel (murió a los nueve
meses de nacido). El matrimonio Cota Pazos tomó la decisión de
reponer a sus hijos muertos con la adopción de Luis Fernando y
Gloria Yolanda. Comentó doña Quina que eran tan pobres que a
María Irma la tuvo que parir en un petate de carrizo que tendió en el
suelo, porque no tenían cama ni muebles, pero con el tiempo la
vida les cambió y la casa se llenó de hijos, nietos y bisnietos.
Recordó la señora que su esposo era muy enamorado pero
que nunca le faltó a su casa, que siempre durmieron juntos, tarde
pero que siempre llegaba y que después que su marido se le
enfermó fue cuando le entraron los celos, después de vejez,
viruela. Ya enfermo él no quería que su esposa se le despegara de
su lado un minuto, cada rato le gritaba hablándole, ella le decía que
como era de enfadoso, que la dejara hacer el negocio de la casa,
pero él insistía que deseaba verla porque la quería mucho; doña
Quina le contestaba que le iba a dejar una foto para que la estuviera

Fotografía proporcionada por Virginia Pazos Valenzuela

De izquierda a derecha y parados:Virgen Hermelinda Cota Pazos, María Irma


Cota Pazos, Candelario Cota Pazos, Héctor Cota Pazos, Marino Cota Pazos y
Aureliano Cota Ríos; (sentados) Luis Fernando Cota Pazos, Candelario Cota
Campa, Virginia Pazos Valenzuela y Gloria Yolanda Cota Pazos. Años 80s.

75
viendo a sus anchas, además que cómo era eso, si cuando estaba
bueno y sano ni la cola le veía por andar de pispireto, él nomás
soltaba la carcajada y le contestaba que eso era antes.
viendo a sus anchas, además que cómo era eso, si cuando estaba
bueno y sano ni la cola le veía por andar de pispireto, él nomás
soltaba la carcajada y le contestaba que eso era antes.
Doña Quina sufrió un duro golpe cuando Calayo murió en
1999, dijó que apenas la muerte se lo pudo quitar, pese a que estuvo
como doce años luchando contra la enfermedad. Cuando lo llevó al
cementerio dispuso que lo sepultaran con música de banda antes de
enterrarlo lo abrazó y a manera de despedida le dio un último beso,
no lloró, nomás le dijo: adiós Calayo, y pidió a los músicos que
tocaran Te Vas Ángel Mio.
Religiosamente cada mes lleva flores a su tumba y ordena
una misa, incluso ya tiene todo listo para que la entierren con su
marido. Puso árboles y flores alrededor, además de tener en
proyecto poner bancas para las visita. Cada vez que lo visita aparte
de asear la tumba y llenarla de flores, ella aprovecha la ocasión para
cantarle sus melodías preferidas y hasta las baila, seguido sueña a
Calayo, en su sueño siempre va detrás de él pero nunca lo puede

Fotografías proporcionadas por Virginia Pazos Valenzuela

Calayo (1940) y doña Quina (1938) en sus mocedades

76
alcanzar y siempre se le pierde, piensa que a la mejor es que no
quiere que todavía se vaya con él, porque le habla y no le contesta,
ni voltea a verla siquiera.
En el 2003 y con motivo del festejo del día de las madre, el
suscrito, hijo de doña Quina le escribió y dedicó un poema que dice
de la siguiente manera:

ASÍ ES MÍ MADRE

Mujer madura que a sus 80 años Sus pasos son lentos, casi
la edad ha sabido respetar arrastrados, sus noches eternas y
acentuando más su belleza solitarias
y conservando siempre sus ilusiones. y ha trazado su vida aceptando todo,
pero con una grande sonrisa, sin
Señora de inteligencia clara temerle al mundo.
de espíritu joven y emprendedor
para ella no existen los imposibles Sus pensamientos siempre son
pues la vida le enseñó siempre a optimistas,
trabajar. por lo tanto, sabe que las cosas son
como son, y aprende a aceptarlas y
Disfruta atendiendo a su familia convivir con ellas, en vez de tratar de
y hace las cosas con mucho amor cambiarlas.
se alegra al escuchar su música
y se divierte cultivando su jardín. Por eso la extraño a cada minuto
que pasa, y estoy lejos de ella,
Eterna enamorada de su fiel ella, es la luz de mi oscuridad,
compañero, la veo y me asombro. Tan cerca de
de ese hijo de don Juan mí y tan ausente, esto yo de ella.
que se convirtió
en su adorable y eterno Romeo Ella cierra sus ojos y ve con el
y que jamás lo olvidará. cerebro,
cierras sus manos y siente con el
Su alegría es hacer realidad corazón,
sus sueños, pero su mayor anhelo está cierra su boca y habla desde el
en el cementerio, interior y mantiene firme sus
donde descansa su eterno amado y está ilusiones.
en espera de encontrarse con él.
Porque se enfrenta con amor y coraje
Así es mi madre, así es ella a la vida
es de las que sueña en silencio por conseguir siempre lo que ha
mirando finas luces en la oscuridad anhelado
su sueño es tranquila, y su palpitar así es mi madre, así es ella.,
sereno. así, así, así es.

77
Aquella laguna llena de capomos y lavanderas
Gonzalo Fonseca López
Cronista de Pericos

Aunque no quisiera parecer subjetivo al narrar lo relacionado a ese


hermoso paraje del Pericos de antaño; si me remontaré al recuerdo
de aquella actividad visionaria que poseyeron las personas que
originaron el nacimiento de lo que hoy es nuestro adorable Pericos.
Probablemente uno de los aspectos que los animó a
establecerse aquí fue la impresionante belleza natural que
representaba aquella represa de frescas y cristalinas aguas que
constituían la laguna rodeada de frondosos y coloridos capomos,
bejucos, San Miguel, vinoramas, gatales, entre otras plantas que
daban al lugar una visión paradisíaca, por cierto, este cuerpo de
agua lacustre, hoy desaparecida, se encontraba en el predio situado
actualmente a espaldas de la vulcanizadora de Pedro Picapiedra,
negocio ubicada en la margen derecha de la entrada a Pericos.
Aseguran que en el lugar existían gigantescas piedras y
quienes se paraban en lo alto de la loma podían presenciar a su
antojo dicha laguna. Quienes la conocieron afirman que la laguna
poseía una corriente que desembocaba en el arroyo, en el otro
extremo, o sea detrás de la iglesia.
La entonces frondosa arboleda de capomos obsequiaba
unas refrescantes sombras que las mujeres de Pericos aprovecharon
para acondicionar en las orillas de la laguna unas piedras como si
fueran lavaderos, eso si, cada uno era considerado propiedad
privada y por lo tanto propios como extraños conocían los estatutos
que regulaban la pertenencia de aquellos lavaderos donde las
féminas sonaban los trapos mojados provocando un peculiar
sonido al estrellarlos en la piedra y estrujar su mugre.
Aquel lugar estaba tan despejado, que las griterías,
risotadas, cantos y pláticas de las mujeres que tallaban las ropas se
oían en lugares algo alejados de la laguna. Ese era un verdadero
punto de encuentro, un centro de reunión ¿cuántos lavaderos
había? Nadie lo sabe con precisión.
Instigado por curiosidad de conocer algo más sobre la
laguna de las lavanderas me di a la tarea de buscar algunas señoras
que conocieron el lugar y que además estuvieran dispuestas a

78
compartir sus recuerdos de cuando tenían sus lavaderos en las
orillas de la laguna. Tuve la fortuna de encontrarme con la señora
Panchita Zamora quien a sus 84 años a cuestas accedió
amablemente a platicar conmigo, esto a pesar de estar postrada en
su cama recuperándose de una operación quirúrgica a la que fue
sometida para garantía de su salud, de entrada, me confió que para
ella la laguna era la personificación de la bondadosa naturaleza
creada por la divinidad, por la imaginación inescrutable de Dios
para deleite y admiración de los humanos que se asentaron en esta
región. En su vejez doña Panchita se lamenta no haber tenido una
cámara para tomar una fotografía de ese lugar, del que asegura era
digno de aparecer en una postal.
Su memoria le permitió nombrar a algunas de esas mujeres
lavanderas como a la Chayo Uriarte, la Lupe Castro, Urbana
Rodríguez, la Pancha China, la Chepa del Gacho, la Petra de Tivo
Caregua, la Adela Barriba, la Mica del Moro, la Juanita del Mayito
Loy y la Baselisa. Realmente era un ejército de mujeres que desde
temprano se introducían hasta que les llegaba a la cintura las aguas
de la laguna, que por cierto, eran tan cristalinas que semejaban un
espejo, para permanecer horas inclinadas sobre sus rocosos
lavaderos en su pesada tarea de tallar la ropa, pero lo arduo del
trabajo no impedía que estas mujeres trabajaran alegremente para
mitigar la pobreza y calamidades que las acosaban y de esa manera
hacer su trabajo de manera más placentera, por eso tal cual
jilguero, doña Panchita Zamora, entonaba canciones de moda
como esa que se inicia: “ solamente una vez ame en la vida .......” .
del canta autor Agustín Lara y otras más, dice ella que le gustaba
sacar canciones a través de chiflidos, por eso la regañaba su tía
Socorro, porque según ella, cuando se hiciera grande la boca se le
iba chorir de lo que chiflaba, pero dice doña Juanita que si la
laguna silbaba ¿porque ella no?.
Las lavanderas desarrollaron por necesidad algunos trucos
para dejar más limpia la ropa que les llevaban para su aseo, por
ejemplo, en dirección del lavadero por lo general se parapetaba
una especie de hornilla cuyo fuego era atizado con varundos y
trozos de madera de palo colorado, la intención era hervir la ropa
para que soltaran la mugre. Como en esos tiempos no había
blanqueadores comerciales, cuando estaban hirviendo la ropa le
echaban al agua unas cascaritas de tallo de limón o de aguamas,
aunque también y antes que hirviera el agua le echaban ya molidas

79
unas bolitas negrasque cortaban del árbol llamado amole; cuando
la tela se decoloraba se le añadía anilina.
Por cierto que la ropa lavada se tendía al sol usando como
tendederos los cercos de púas aledaños que había tirado la familia
Retes para proteger sus terrenos cultivados con magueyes, dijo
doña Panchita, que mientras lavaban veían como al otro lado del
cerco andaban muchos niños cortando la vallusa o el mezcal
chiquito, mientras que otros se daban a la tarea de sacar los

Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Lavandera del río Tamazula

gusanos de las plantas. También se colocaban sobre las enormes


piedras para que el astro rey hiciera su tarea.
Dentro de lo que se podría llamar como la cartera de

80
clientes de doña Panchita, estaba su nino (padrino) don Gabriel
Villaverde, quien por cierto era el dueño de la unica botica que había
en ese tiempo en Pericos, también solicitaban sus servicios otros
ricos del pueblo como don Sergio Pastor y don José Gallardo, ellos
usaban ropa muy fina hecha con lino. Ella les cobraba el cambio ya
lavado y planchado a razón de tres pesos cada uno.
Recordó doña Panchita que en un tiempo les lavó y planchó
a los húngaros o gitanos que llegaban al pueblo, que por cierto
también eran llamados los griegos. Afirmó que les tocó lavar esas
amplias faldas estampadas que usan las mujeres de este grupo
ambulante, dijo que las húngaras les llevaban gruesos tambaches de
ropa para su aseo, y que si alguna vez ha lavado ropa sumamente
sucia y maloliente es precisamente de esas personas, pero como ella
les tenía recelo por aquello de las enfermedades, con suma
precaución agarraba con la punta de los dedos aquellas amponas
faldas y las metía al agua, pero les ponía encima una piedras bien
pesadas, esto con la intención de evitar que se las llevara el agua.
De esta manera luego de un largo rato de estarse remojando, la
mugre y la pestilencia se iban y ya no le provocaban náuseas. Otros
clientes eran los soldados del destacamento que tenía su cuartel en
el pueblo de Pericos.
Claro que este remanso hidráulico no era de uso exclusivo
de las lavanderas, sino que otros habitantes también iban a disfrutar
de él, al respecto la profesora Alba Ibarra, recordó que en ese lugar
abundaban los patos, aves que Inecito Peiro y sus amigos, al igual
que otros muchachos, gustaban cazar cuando venían de vacaciones
de verano a este pueblo, ellos construían balsas con bambú y las
arrojaban al agua de la laguna, en su aventura de cazadores ellos
recibían las protestas que les lanzaban al aire las lavanderas ya que
estos revolvían el agua agarrando un color chocolatoso, razón por la
que no podían realizar su tarea de limpieza.
Las hermanas Alba y Celina Ibarra Peiro remembraron
cuando siendo unas jóvenes gustaban ir a la laguna para cortar flores
de capomo con todo y tallo, para después ponerse a partirlas en
pequeños trocitos y de esta manera darle forma a un collar que
lucían provocativamente. Una costumbre que se perdió es la tener
en las casas hermosos racimos florales de capomo.
Había personas que iban a la laguna a extraer raíces de los
capomos, porque estas tienen un sabor agradable, además que da
una fruta sabrosa que tiene el aspecto de bolas prietas y peludas,

81
pero que tatemadas como la calabaza son apetecibles al paladar,
más si le acompaña con un buen vaso de leche helada. A propósito
de esto, todavía se recuerda que hubo una señora que era conocida
popularmente como La Pancha China y que ella recorría las calles
de Pericos vendiendo costales de capomos cocidos.
Imposible dejar de señalar que al otro extremo del pueblo
había otra laguna llamada de Los Ayalitos, donde también se
dirigían las mujeres que vivían del medio del pueblo de Pericos para
abajo, como lo señalan los vecinos. Ahí acudía una señora conocido
por La Ciega cargando enormes canastos de ropa sucia para lavarla
en esta laguna. Aquí también las lavanderas armaban sus mitotes y
griteríos que eran escuchados por parte del pueblo.
En fin estas lagunas naturales han desaparecido físicamente
pero todavía quedan recuerdos de estos bellos parajes que hoy a
falta de albercas y toboganes bien pudieran haber sido
extraordinarios lugares de recreo y descanso de nosotros los
periqueños.

82
Cerca del cielo
Benjamín Luna Lujano
Historiador de Costa Rica

En Costa Rica, ciudad fundada en 1946, inician los servicios


sacramentales a fines del mismo año, cuando don Jorge Almada
Salido y don Antonio Haas socios de la Compañía Central
Sanalona aceptaron la propuesta de la señora Alicia Calles de
Almada de construir una capilla provisional de religión católica en
el centro de la naciente comunidad. Según el señor Refugio
Arizmendi Vargas participante en el levantamiento del templo, la
obra tuvo un costo de 9 mil pesos.

Fotografía: proporcionada por Benjamín Luna Lujano

Templo del Sagrado Corazón de Jesús de Costa Rica, construido en


1958 e inaugurado por el obispo de la Diócesis de Culiacán, don Lino
Aguirre y García

Un grupo de 8 obreros trabajó intensamente desde el 2 de


julio al 24 de agosto de 1946, para dejar el inmueble en

83
condiciones de servicio. Su estructura era de madera, material, que
fue traído desde la presa de Sanalona, techo de lámina de asbesto y
piso de tierra. Medía 25 metros de largo por diez de ancho. El
templo se construyó en el área en cual se encuentra actualmente el
busto de don Benito Juárez García en la plazuela Ernesto Millán
Escalante. La puerta principal estaba al poniente, una más pequeña
al sur y otra mirando hacia el norte. En la parte oriente se
encontraba el altar mayor, hecho de madera, donde estaba la
imagen de la Virgen de Guadalupe que según la señora Guadalupe
Rangel García, durante los dos primeros años de la comunidad, fue
la santa patrona de la misma. La imagen Guadalupana fue
adquirida en la ciudad de Guadalajara, por la señora María Elena
de Labastida teniendo un precio de ochocientos pesos. Su
estructura era de ayate fijada en marco de madera de un metro de
largo por sesenta
F o to g r a f ía : B enj a mín Lun a Lujano
centímetros de ancho.
Según el archivo de
dicha parroquia el
primer presbítero que
ofició misa y bautismo
en dicha capilla fue el
padre Exiquio Saldaña,
lo cual sucedió el domin-
go tres de septiembre de
1946, a las diez de la
mañana, por lo que se
puede considerar este
día como la fecha en que
llegó a Costa Rica la
religión católica en voz
de dicho párroco; fecha
que debe festejarse
anualmente por feligre-
ses de Costa Rica. Al año
siguiente llegó a la
comunidad el sacerdote
Lucio López quien pres-
Primer campana de la tó auxilios sacramenta-
iglesia,1948
les hasta el mes de
febrero de 1948, siendo

84
sustituido por el clérigo Antonio Agredano García; de acuerdo con
lo que asegura este sacerdote, la primera campana que se utilizó
para llamar a servicios religiosos fue adquirida por sesenta pesos
en la ciudad de Durango y traída a lomo de mula a Costa Rica,
cruzando la Sierra Madre Occidental. Es de bronce y plata, y tiene
un peso de 80 kilogramos, incluyendo badajo, en su parte externa
se puede leer lo siguiente: Sagrado Corazón de Jesús de Costa
Rica, agosto primero de 1948, además de una cruz y una imagen
grabada de Nuestro Señor Jesucristo que adornan a la misma. Fue
colocada en una torrecilla de madera que para el efecto se
Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Vista parcial de las torres de la iglesia de Costa


Rica

construyó en la parte superior de la iglesia.


En mayo de 1948, la Diócesis de Culiacán acordó cambiar
de santo patrono a la comunidad de Costa Rica. En lugar de la
Guadalupana, colocó al Sagrado Corazón de Jesús quién

85
actualmente es el guardián del pueblo. En febrero de 1951, arribó a
la comunidad el eclesiástico Fortunato Quiroz, quien estuvo como
vicario hasta el mes de abril de 1956.
En el mes de septiembre de 1953, el templo fue derrumbado
Fotografía: proporcionada por Benjamín Luna Lujano

Señor Victor Piña Páez, Padre Santiago Alvarado


Soto, Señorita Indra Gaxiola, niño Carlos Armenta
Ayhasy y niña Rosalía Armenta Ayhasy cumpliendo el
Sacramento de la Primera Comunión (1960)

por un ciclón que azotó la comunidad quedando parada solo la tabla


donde estaba fijada la imagen Guadalupana. Los fieles de Costa
Rica, calificaron el suceso como sobrenatural por lo que a partir de
entonces la virgen de ayate se le conoció como “La Milagrosa”.
Este fenómeno dio pauta para que cientos de feligreses,

86
cotidianamente prendieran con alfiler, decenas de ofrendas, entre
aretes, anillos, manitas, deditos y piecesitos de oro y plata, por
milagros concedidos. Ello trajo como consecuencia que a la vuelta
de 44 años (1997), la fibra de maguey en la que figuraba la imagen
de “La Milagrosa” se encontrara completamente deteriorada, por
lo que el párroco de la iglesia Francisco Méndez Rizo decidió
renovarla por una de papel que a su vez fue traída de Guadalajara,
teniendo un costo de catorce mil pesos. La licenciada María Inés
Bojórquez Medina (doña Meche) me platicó que recién colocada
la virgen en el altar donde se encontraba la de ayate, estuvo a punto
de quemarse debido a que un niño derribó unas veladoras
prendiendo las flores de papel que se encontraban a sus pies,
afortunadamente la señora Socorro Pasillas, que se encontraba
cerca, logró apagar la lumbre con varios escapularios que tenía en
sus manos.
A fines de 1956, el padre Antonio Agredano propuso
construir un nuevo adoratorio, pues el presente, aunque había sido
reparado en todas sus formas, corría el riesgo, de ser destruido por
otro metéoro o en su caso sufrir un incendio pues al igual que el
anterior, era de madera. Para el afecto se formó un comité
integrado por las señoritas Martina e Irma Bazúa Beltrán, entre
otras personalidades devotas de la religión católica. La obra tuvo
un costo de ciento diecisiete mil cuarenta y tres pesos con setenta
centavos.
El nuevo templo fue inaugurado, el 25 de junio de 1958,
fecha de conmemoración del Sagrado Corazón de Jesús. Al evento
tan significativo asistieron distinguidas personalidades entre las
que se pueden mencionar al obispo de la Diócesis de Culiacán,
monseñor Lino Aguirre García, el padre Antonio Agredano García,
don Guillermo Casillas Arrollave, gerente general del Ingenio
Rosales y esposa, señora Elenita Salcedo Vivanco, señor
Wenceslao Plata, síndico municipal de Costa Rica, y cientos de
familias más.
A diez años de estar visitando Costa Rica (1948-1958),
sábados y domingos, y de organizar la construcción de cal y canto
del nuevo templo del Sagrado Corazón de Jesús el presbítero
Antonio Agredano fue removido de los servicios religiosos en
Costa Rica; siendo designado en su lugar el clérigo Santiago
Alvarado Soto, quien desde 1957, acudía, junto con el padre
Antonio, a brindar servicios divinos a la comunidad.

87
Sus acolitos comentan que el padre Alvarado Soto
practicaba la humildad y generosidad, se quitaba la comida de la
boca para darla al necesitado. Cuando alguien tenía frío le
proporcionaba su chamarra, dormía en el suelo para darle la cama
al amigo. Fue fundador de la adoración nocturna que aún se
practica en la parroquia de Costa Rica. El padre Santiago fue
transferido a otra parroquia en 1961.
A finales de 1961,
llegó a Costa Rica un nuevo
representante de Dios, el

Fotografía: proporcionada por José Hilario Cárdenas Lafarga


padre Javier Llamas León.
Además de impartir los sa-
grados sacramentos, el padre
Javier, se propuso como meta
transformar el santuario tanto
en lo administrativo como en
lo material. En primer lugar
logró la categoría de parro-
quia para la iglesia de Costa
Rica, en adelante el registro
de actas sacramentales se
conservarían en el archivo
parroquial; se tendría el
derecho de fundar y/o
a d m i n i s t r a r, c a p i l l a s ,
monasterios y conventos en
Padre Javier Llamas León, 1964 comunidades más pequeñas
o en la misma población; en
segundo lugar, el padre
LLamas, cambió el proyecto original del templo, reconstruyendo
la fachada, el atrio, y nave principal; siendo importado el nuevo
modelo del estado de Jalisco.
Veinticinco años trabajó arduamente el padre Javier para
lograr una hermosa y particular iglesia, sin embargo no logró
finalizarla pues en noviembre de 1986 fue removido de la sede
parroquial, siendo sustituido por Francisco Méndez Rizo, padre
“Panchito”, como se le conoce popularmente.
En el periodo del padre “Panchito” (1986-2000), se
enjarró el interior del santuario, se compraron dos campanas más,
y se erigieron las dos torres que le dan majestuosidad al edificio,

88
así como las cruces que se agregaron posteriormente.
A propósito de campanas, el señor Rafael Sandoval,
ministro de la Eucaristía me platicó que fueron hechas por
artesanos del estado de Hidalgo de una aleación de zinc, plata,
bronce y latón. La campana mediana tiene un peso de 450
kilogramos y tuvo un precio de millón y medio de pesos en 1986.
Se escucha a tres kilómetros de distancia y suena sólo en casos
especiales. Con letras gravadas en la parte posterior tiene una
leyenda que dice: “Sagrado Corazón de Jesús, 1986”. La
siguiente, es la más grande de las tres, tuvo un valor de dos millones
y medio de pesos, pesa 850 kilogramos, teniendo un alcance de
cinco kilómetros a la redonda. Esta campana, al igual que la
anterior tiene gravado un recuerdo que menciona lo siguiente:
“Por feligreses de Costa Rica, junio de 1987, Parroquia del
Sagrado Corazón de Jesús, padre Francisco Méndez Rizo”. Las
dos esquilas están sostenidas por cadenas de dos ejes formados con
tirantes de acero empotrados a su vez en la torre del lado sur.
El padre “Panchito” me platicó que la construcción de las
torres se inició de acuerdo con el diseño original, en noviembre de
1986 y concluyó un año después, teniendo un costo de cincuenta
millones de pesos, sin incluir mano de obra pues esta fue
proporcionada por el señor Juan Alvarado Jara “El Ruso”, (qepd).
Dicho personaje era originario del estado de Jalisco y vivió durante
diez años, en la casa cural. Al respecto existe la anécdota siguiente:
don Juan, no era precisamente albañil, mucho menos una persona
especializada en construcción de torres de iglesia, más bien fue
“media cuchara” o aprendiz ; sin embargo, tenía voluntad y valor
para trabajar a veinticinco metros de altura, valor que según él le
daba Dios y el amor a su parroquia. Con todas las vicisitudes del
mundo, pues en ocasiones no había dinero para continuar la obra,
“El Ruso” fue labrando paulatinamente el campanario, hasta cerrar
la punta de las cupulas.
Concluida la obra, y con el ladrillo al desnudo, “El Ruso”
decidió hacer un viaje a su tierra natal, sin embargo, algo lo detenía,
la gente del pueblo murmuraba que las torres se iban a caer pues
habían quedado “panzonas”, es decir, fuera de nivel. En efecto, a
simple vista daban la impresión, que en cualquier momento se
venían abajo. El problema se incrementó cuando el servicio
meteorológico anunció la llegada de un ciclón, fortaleciendo con
ello la idea de su desplome. Pero “El Ruso”, retando a la

89
comunidad comentaba:“si se caen las torres, me voy junto con
ellas”. Repentinamente suspendió el viaje a su lugar de origen y el
día del huracán temerariamente fue a meterse debajo de una de las
torres a esperar su derrumbe. Para sorpresa de todos estas se
mantuvieron intactas y “El Ruso” salió triunfante y con vida.
Desde entonces el pueblo de Costa Rica comenta por las calles,
callejones y pasillos “es que las torres que construyó “El Ruso”
están benditas por la mano de Dios”.
Para Emilia Olmedo Maciel arquitecta de profesión el
estilo de construcción de la iglesia de Costa Rica es único en el
estado, pues se encuentra dentro del tipo colonial mexicano, con
sus alcatraces hexagonales invertidos, sus ojos de buey extendidos
y las cornisas onduladas. Hoy se puede considerar que el edificio
de la iglesia de Costa Rica es una joya arquitectónica, un arquetipo
del cual los costarricences estamos orgullosos ya que desde el
momento en que una persona entra en su interior tiene la sensación
de encontrarse cerca del cielo, junto al hijo de Dios, próximo a la
dicha y felicidad eterna; patrimonio de la sociedad costarricence
que debe preservarse eternamente.
Fotografía: Benjamín Luna Lujano

Juanito el sacristán cuida el


santuario desde 1994

90
Noticias del pueblo de San Francisco de
Tacuichamona
Manuel Beltrán Millan
Cronista de Tacuichamona

San Francisco de Tacuichamona es un pueblo prehispánico,


recreativo y cultural que está fincado al pie de la Sierra Madre
Occidental, su centro es una calle redonda en donde salen otras
calles lo que le da el aspecto de ser el cuerpo de una araña. En el
centro está edificado el templo, donde se dice que rendían culto,
los primeros pobladores, a sus dioses o a sus ídolos, o algunos de
ellos mismos.
Al centro del poblado, a mano derecha del templo estaban
las casas reales, dónde ellos hacían sus festejos o reuniones.
Según sus costumbres, que tenían que hace muchísimos años
cuando alguien moría, le rendían culto y lo sepultaban enredado en
cáscaras de palo o zacate, los sepultaban detrás de su casa o al
frente, o al otro lado de la calle.
Los primeros pobladores de estos pueblos, tan antiguos,
como el pueblo de San Miguel de Navito,La Purísima Concepción
del Pueblo de Tabalá. El Pueblo de Santiago de Abuya, El pueblo
de San Agustín de Vinapa y San Francisco de Tacuichamona. Al
correr de los años, estos tuvieron cambios de ideas y empezaron a
construir ollas de barro, cazuelas, cajetes y tazas de barro y todo
esto, les servía para coser sus alimentos, los jarros para coser té de
limoncillo o de damiana, para tomar como café. Con el tiempo,
estos señores empezaron a utilizar estos apastes y ollas, para
sepultarse en ellos. Creemos que estas personas nombraron algún
personaje, para que descuartizara el cuerpo del paciente para luego
ser depositado en un apaste o [Link] estas cosas, con el
tiempo, las hemos halladas sepultadas, en el cementerio del
templo. Enfrente del templo había una cruz que le decían del
perdón, se dice que aquellas personas que no podían ir a prender
velas a su tierra, allí podría prenderlas y que hasta allí venía el
ánima a ver sus familiares.
Hace muchísimo tiempo que los indios formaron un grupo
de personas para que se entendieran con el templo, de asearlo y
tenerlo limpio, nada más que estas eran removidas cada añ[Link]

91
grupos se componen de ocho personas y se les nombran los
tenanches:
1 Mayordomo, que se entiende con abrir y cerrar el templo.
1 Tenanche Mayor, que manda a los demás,
1 Tenanche Capitana,
1 Tenanche Diputada,
1 Tenanche Alférez,
1 Tenanche Menor, es una niña,
1 Prioste, es un niño,
1 Escribano, es un niño
Este conjunto de personas asean el templo todo un año, y se
reanudan en el mes de febrero de cada año que viene.
El templo tiene una calavera y cada día 2 de noviembre, o
Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Pequeño fariseo de San Francisco de Tacuichamona

sea el día de los fieles difuntos, los tenanches bañan y asean la


calavera y la ponen en una mesita chica, con un manto negro y
cuatro velas encendidas, en medio de las puertas de los dos
costados. Hace tiempo que había un señor que se llamaba Exiquio,
quien cada dos de noviembre muy de mañana se subía al
campanario y allí llegaba la gente y le mandaban repicar las
campanas, y decían ellos que cuando sonaban las campanas venían
los muertos a donde estaba la calavera y allí miraban a sus
familiares. Para cada muerto, era un repique y si aquel familiar no
concurría a mandarle sonar las campanas, ese muerto no venía a

92
ver a su familia, esos eran sus costumbres. Pero todo esto, ya casi
está todo desaparecido.
Solamente en Santiago de Abuya, existe esto el dos de
noviembre. Todavía allí algunos familiares que llegan al panteón,
llevan una mesa y la ponen en donde está sepultado el papá o la
mamá y adornan muy bien la mesa. Y allí le sirven sus alimentos
según lo que a ellos les gustara comer en vida, y se iban a su casa y
al día siguiente volvían y ya se encontraban que aquel pariente se
había venido a comer, según sus creencias de cada pueblo.
Dentro del municipio de Culiacán, Sinaloa, México, se
encuentra el predio de la sindicatura de San Francisco de
Tacuichamona otorgado por Carlos Sexto, Rey de España, donde
está enclavada la cordillera de cerros de la Sierra Madre
Occidental. Allí se encuentra el cerro más alto del municipio y le
dicen El Cerro del Tiburón. Su altura es de 1,400.4 metros sobre al
nivel del mar.

Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Manuel Beltrán Millán y los petroglifos del arroyo de


Tacuichamona

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La primera fábrica de sodas en Mocorito
Manuelita Rodríguez Gutiérrez
Cronista de Mocorito

En la época que nos está tocando vivir invadida por la modernidad,


por el gran avance de las ciencias y de la tecnología, manejada por
un mercantilismo desbocado, que nos lleva en aras de la
competencia; con los valores, las virtudes invertidas y
desvaloradas, en la más cruda de las realidades. Ahora cuando al
abuelo que antes se le llenaba de amor, de atención en el hogar, en
el seno familiar, las cosas han llegado tan lejos que ya no es tan
grande el deseo de vivir largos años, como cuando así se les
externaba en vía de felicitación el día de su cumpleaños u
onomástico a los padres, abuelos o tios; ¡que viva muchos años!
Hoy, aunque nos aterre la realidad que estamos viviendo y
viendo, no podemos menos que pensar: ¿qué será de mí en mis
últimos años? ¿qué me espera en mis últimos días? A cuántos
ancianos vemos deambular por las calles, pidiendo limosna,
algunos con un poco de fuerzas todavía a pesar de sus achaques y
sus muchos años, queriendo desquitar el pan, en algún trabajo de
jardinería o lavado de autos, barrer, en fin, y cuántos ancianos
habrá recluídos en sus hogares en absoluta soledad, porque los
hijos, cada uno ya tiene su vida aparte y muchos de éllos lejos de
sus progenitores.
Pero no todos los hijos son crueles, más de alguno siente
compasión, amor o gratitud por sus viejos que lo trajeron al mundo
y lo criaron con holgura o con limitaciones, hasta valerse por sí
mismo.
Es el caso del señor Ricardo López Soto, que ahora vive
con su hijo Juan que lo llevó al lado de su familia; todos sus hijos se
le casaron, cada quién formó su nido y poco a poco se fue quedando
solo y más solo, hasta la muerte le quitó a su esposa, su único y
último refugio.
Así es la vida, primero los padres ciframos todos nuestros
afanes en los hijos y nos sentimos protegidos en su compañía, pero
cuando estos se van, se casan o se mueren, pero están vivos ambos
(esposo y esposa) en su soledad, la ausencia de los hijos se
comparte; dice un dicho popular, “entre dos, no hay carga pesada”

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y al final, la vida se vuelve una carga que nadie quiere llevar sólo.
Aunque se tengan muchos recursos económicos, los muchos años
incapacitan al humano para valerse por sí mismo, siempre
requerirá de alguien que lo auxilie, sobre todo si está enfermo y
aún sin estarlo, porque la vejez, resulta ser la enfermedad más
incurable, la más grave.
Así pues, la compañía para el anciano es imprescindible,
aunque sea para contarle los relatos nostálgicos de su vida. Tal
parece que esta actividad memorística, cuando el adulto mayor, de
la tercera, cuarta o quinta edad, si esta lúcido y tiene quien lo
escuche, se llena de vitalidad, de alegria, al narrar sus lejanas
vivencias, sus recuerdos que ahí están trantando de alcanzar la
forma de la palabra hílada en los labios temblorosos del anciano,
de donde salen aladas y él las deja volar y es feliz cuando sabe que
alguién está recibiendo su mensaje. Esto me parece ver en las
facciones de este anciano generoso que vuelca su memoria y entre
otros de sus recuerdos me cuenta los de la fábrica de sodas de los
Peimbert, allá en el rancho de Bacamacari, Mocorito, muy cerca
de Aguajito de León:
En Bacamacari, del municipio de Mocorito, Sinaloa,
estuvo una fábrica de soda, de Ramón Peimbert (finado),
propietario que compraba los insumos en la ciudad de Culiacán,
pues hasta allá iba y se abastecía de los polvos saborizantes, de
rosa, piña y limón; así como las botellas de cuartito y otros
insumos.
Como parte del proceso de producción y para ser llenadas,
las botellas pasaban una a una por una banda movida por un motor,
ya una vez llenas, éstas eran tapadas con una ficha de lámina que
cerraban con una plancha que estaba colocada donde terminaba la
banda; ya bien tapadas las botellitas, eran tomadas por una
persona que se encargaba de empacarlas en cajas para su posterior
distribución a razón de diez centavos la soda. Para su
transportación y venta, las cajas eran acomodadas en cacaxtles de
madera que eran colocados y asegurados sobre el lomo de algún
burro, para así recorrer los ranchos y llegar a la villa de Mocorito
con su preciada carga.
Esta crónica la proporcionó el señor Ricardo López Soto
que nació en Aguajito de León, Mocorito, en el año de 1917. Sus
padres fueron Juan López de Aguajito de León y Epigmenia Soto

95
de Rosamorada, Mocorito.
Ricardo López hoy vive en Yuma, Arizona, donde tuve la
oportunidad de entrevistarlo aprovechando mi estancia en aquella
ciudad norteamericana por el mes de marzo del 2004.
Hace muchos años tuve conocimiento de la existencia de
esta quizá primera fábrica de sodas en Sinaloa, allá en los inicios
del siglo pasado. Tenía inquietud de conocer más detalles al
respecto y se presentó la oportunidad de conocer por mera
casualidad a este señor don Ricardo López Soto, testigo presencial
del funcionamiento de aquellas máquinas que surtieran de estos
refrescos gaseosos a toda la región de Mocorito, para venderse en
refresquerías, estanquillos y fiestas tanto familiares como
públicas, para obsequiar a las muchachas bailadoras y a las mamás,
pues las bebidas fuertes eran prohibidas a las mujeres en especial a
las señoritas, por lo que era muy común que se les ofreciera este
refresco.
Imagen tomada de Http://[Link]/-sp/

Cartel de chapa de Coca Cola: bañistas de


los años treinta

96
Para mazatlecos y.....no mazatlecos.
Marco Antonio Millán Trujillo
Cronista de Mazatlán

Heráclito proclamó esta sentencia: No conoce la esencia de las


cosas, quién no conoce su origen y desarrollo. Enumeraré, hasta
donde me lo permita mi caletre, lugares, cosas y personajes del
Mazatlán antiguo y no tan antiguo, que los mazatlecos revivirán al
retraerlos en su mente. También, los no porteños, avecinados o
atraidos por las bellezas del Océano Pacífico que lo baña serán
testigos del pasado mazatleco que pongo a consideración a través
de este escrito..
¿Todavía alguien recuerda? el "toque de queda" de Tripp
Flores. La sonrisa amarga de la mona bichi. La cantina El Avante.
El muy exclusivo y elitísta Club Tamar de los ricos mazatlecos.
¿Conocen el Hospital Civil, que ahora están derrumbando? ¿La
Playa Sur, cuando estaba en la Alemán? ¿La Isla de Soto y sus
paseos?. ¿Cuando iluminaron las islas (la del medio)?¿La subida al
faro con ti y los murciélagos que atacan en la cueva que está a la
mitad? ¿El periódico El Correo de la Tarde de Mazatlán,
considerado el decano de la prensa nacional?¿Las poltronas del
Hotel Belmar, porqué las metieron? ¿El Cine Angela Peralta, y las
"pasteleadas" en las plateas?¿El Cine Zaragoza de los juegos
florales?¿ El Cine Reforma y sus gays? ¿Los tranvias de mulas,
quién los vió?¿ Las calles empedradas, alguién sabe cuáles?.
Con los recuerdos llega La Estratósfera, donde "Polo"
concibió la idea del "Maremoto".La Playa Norte, cuando cantaba
ahí Luís Aguilar. Cuando ibamos a las "empanadas" al panteón.
Las regatas septembrinas Muralla-Morelos. Cuando sacaba
"hachas" en aguas del Astillero. La Pérgola. El Cerro del Vigia. El
juego de confetti en la Machado. Los "pajaritos" de mayo. El
Cerro de la Nevería, (porque ahí guardaban el hielo que traían los
barcos de San Francisco). Cuando Carricarte medio mató a
monseñor Antonio Ramos dentro de la sacristía. Los curas
italianos del ICO, que violando la Constitución imparten clases. El
Campo Siete de Urias donde estaba el lupanar de Julio Padilla. El
"golfito" de la Alemán. Las gotas del Dr. Shimizu. Don Germán

97
Evers. El "cuartito" de cerveza (barril de madera). Los carnavales
de Héctor Díaz, Raúl Rico, Pepegrillo y Rigo Lewis. El Gitano y su
fuga de la Batería Sur (lo dejaron salir). La Quinta Echeguren, que
un rayo la quemó.
En los deportes, las remembranzas incluyen a Germán
García y sus torneos de basquetbol, la cancha del palacio
municipal. Las peleas de box de Mike Rubí, Sonora Kid Tello, El
Bofe Avalos y Kid Panaderito. ¿Alguien recuerda el primer avión
jet que aterrizó en Mazatlán? Me refiero a un Comet IVC de
Havilland que en el 1960 arribó en donde hoy están las

Fotografía proporcionada por Instituto La Crónica de Culiacán

El famoso Pácharo listo para el carnaval

98
instalaciones de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS).
¿Quién vio o verá el estero El Infiernillo limpio?. El consulado
gringo, que por cierto que bueno que se fue. Los Santas que
anclaban junto al faro por falta de calado. El pito del mono bichi. El
Banco Occidental de la calle Belisario Domínguez ¿porqué lo
tumbaron, porqué?. La Fama, Carnaval y Mariano Escobedo. El
Rayo Verde y sus balaceras. El Modestillo. Carlos McGregor
Giacinti. El Maremoto. Las pulmonías de El Chícharo. El tren Sud-
paciencia. La discoteca Frankie O, restaurantes El Pitoloco y El
Mamucas. La campaña anti-china dirigida por El Güero Eliso. A el
Kid Alto. El Profe Gallinazo de la escuela uno. Joe Conde. El
venado mayor Daniel Rios. La mala Torres, Memo Garibay y
Angel Castro. El cagadazo. El Lao. Kid Turista. El Ciriaco. El
Album de Chale Salazar. El asesinato del gobernador Rodolfo T.
Loaiza y al ingeniero Freeman y su parche.
La Preparatoria Mazatlán de la UAS. La Escuela Morelos
conocida como La Duquesa. El Buto. El Lucho y la estatua de
Pedro Infante. El Círculo. La Botica de El Chaca. El Tricol. El
Régis de los carnavales. El Patio Andaluz. La Nana Ramírez. El
Padre Panchito. El Bartolón. El Pácharo. Los del Monte. El Grupo
los 33. La Presidencia de El Ranas. El ALFA (Abastecedora de Luz,
Fuerza y Agua). El Corcholatazo (Alma Valadez). Los préstamos
de El Popo y la muerte en campaña política de El Chinoldo Millán.
¿Quién sabe o recuerda toda esta mazatlecada?

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Historias de un barrio. La colonia Jorge
Almada, de la ciudad de Culiacán
María Guadalupe García Ramírez
Historiadora de Culiacán
;

La colonia Jorge Almada de la ciudad de Culiacán se ubica al


poniente de la mancha urbana, localizándose, en el plano de la
ciudad, con las siguientes colindancias: al norte, con el boulevard
Francisco I. Madero; al sur, con el boulevard Emiliano Zapata; al
oriente, la colonia se desborda hasta la avenida Álvaro Obregón y
al poniente llega hasta
la avenida Lázaro
Cárdenas, en el actual
Centro Sinaloa.
Fue uno de los
barrios más humildes en
Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

los años cincuenta:


barrio con mucha
historia y tradición, por
contener en sus límites
geográficos el famoso
Arroyo de Los Perros, el
cual se formaba en
época de lluvias por
toda la calle San
Salvador (hoy José
Hotel San Cristóbal
Aguilar Barraza); corría
de oriente a poniente
desde la calle Ignacio Aldama (en la colonia Miguel Alemán), hasta
las vías del ferrocarril. En la avenida Nicolás Bravo se formaba un
gran afluente que fortalecía la corriente del arroyo y los vecinos
aprovechaban para deshacerse de los colchones viejos, jabas de
madera, sillas descompuestas, animales muertos y basura, los
cuales arrojaban al agua.
En el tramo de la calle Guadalupe Victoria hasta la vía, se
metía el agua en las casas, por eso las banquetas eran altas. Había

100
un abarrote llamado Catalina, cuya banqueta, de más de un metro
de altura, se convertía en mirador donde la gente veía pasar el
arroyo. En los años de 1963-1965, aproximadamente, se dinamitó
la calle para hacer las excavaciones e instalar el drenaje y las
tuberías de agua.
El arroyo constituyó un fenómeno que impactó
profundamente la vida del barrio, ya que siempre existía peligro de
inundaciones; pero para los chiquillos era motivo de regocijo, ya
que cuando pasaba la lluvia y la corriente del arroyo se suavizaba,
los chamacos se tiraban de panzaso, chapoteando en el agua
lodosa.
Cuenta el
barrio con un motel
de paso que fue muy
Fotografía: Rosendo Romero Guzmán
famoso en esa
época, ubicado por
la San Salvador
(entre las avenidas
Guadalupe Victoria
y Nicolás Bravo),
oficialmente llama-
do San Cristóbal
pero que el pueblo
Las famosas camas de piedra conoce como el
hotel de las camas
de piedra, porque
los colchones están colocados sobre lozas de cemento. Este motel
es ocupado día y noche por parejas ocasionales.
En la esquina formada por las calles Ferrocarril (ahora
Lázaro Cárdenas) y San Salvador, frente a la casa de una señora
conocida como La Güera de Balta, había una pila de un metro de
alto y un diámetro de dos por dos metros, que era llenada por pipas
del ayuntamiento. De ella se abastecían los vecinos, pues en esa
época no había tomas domiciliarias.
Por la calle Guadalupe Victoria, cerca de la Escuela
Primaria Anatolio B. Ortega, en una casa vendían menudo; este
lugar era conocido como el menudo de doña Chepa; todos los días,
muy temprano, la gente hacia cola para comprar este rico platillo
regional para el desayuno.

101
En la calle Escuadrón 201 (entre San Salvador y Nicaragua
-hoy Constitución-), vivía una señora llamada Hilaria que vendía
tacos al vapor en la estación del ferrocarril y a los vecinos les
vendía caldo de pollo para que prepararan la sopa del día. En esta
época que estamos describiendo no existían tortillerías, las señoras
elaboraban las tortillas en los comales de las hornillas de leña;
había dos o tres mujeres que se dedicaban a venderlas hechas a
mano.
Era común, por las mañanas, escuchar los gritos de los
vendedores que recorrían las calles del barrio ofreciendo varios
productos para la preparación de alimentos como: quelites,
verdolagas, el pescado llamado bagre (que capturaban en el río),

Fotografía: Rosendo Romero Guzmán


Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Vagón vivienda del ferrocarril

calabacitas tiernas para el colache, pan de vieja, etcétera.


El silbato del soldador provocaba revuelo entre las
mujeres, que sacaban un sin fin de ollas, sartenes, cazuelas, vasos y
enseres de cocina diversos para que les taparan los agujeros y
seguir usándolos.
Esta parte del barrio quedaba más cerca de la estación del
ferrocarril y en el trayecto entre las casas y la estación, existía un
área llamada La Redonda, cuyas casas se construyeron de madera;
todas eran iguales, tenían unos puntales de madera que elevaban

102
los pisos de las casas más o menos un metro arriba del suelo,
porque era un lugar que se inundaba. Las casas cubrían un área que
comenzaba en la estación y llegaba hasta la carretera a Navolato
(hoy boulevard Emiliano Zapata).
Sobre las vías del patio se podían observar unos vagones en
desuso para sus fines originales, convertidos en viviendas, lo cual
les daba un estilo propio y único a este paisaje urbano porque todos
eran pintados en colores fuertes y brillantes. Tenían al frente una
escalinata de madera (algunas con barandales en ambos lados
como pasamanos), en la pared frontal, a los lados de las ventanas,
colocaban macetas cuajadas de flores de temporada, así como
plantas medicinales diversas: hierbabuena, albahacar, ruda y
micle, que eran utilizadas como remedios caseros para
padecimientos leves; era un espectáculo hermoso. Me platicó don
Jesús Alberto Ortega, vecino del sector, que cuando los observó

Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Hospital Pediátrico de Sinaloa

103
por primera vez fue en 1958, entonces le pareció un mundo aparte,
distinto, semejante a los gitanos, pues criaban puercos y gallinas
para su propio consumo. Estas casas eran habitadas por los
trabajadores del ferrocarril y sus familias.
Entre las vías del ferrocarril y las del patio pasaba una
carretera que iniciaba en un parquecito donde después se instaló la
Fuente de la Amistad, (hoy monumento a Cuauhtémoc), y
terminaba en la carretera a Navolato. En este trayecto había un
campo de béisbol donde se daban cita los jóvenes para practicar
este deporte.
Rumbo al sur de la colonia, donde ahora se ubica una tienda
departamental (frente a la unidad administrativa del gobierno del
Estado) existió una fábrica de costales de ixtle llamada La
Cordelería. Tenía un pito o sirena que silbaba marcando la entrada
y salida de los obreros, cuyo sonido era muy potente y alcanzaba a
escucharse a muchas cuadras de distancia.
En los límites de la colonia Almada con la colonia
Guadalupe, estaba el Hospitalito del Niño, con una plazuela y
jardines para los niños y un gran monumento de granito de color
rosa, dedicado a la madre y simbolizado por una mujer con un niño
en sus brazos.
Por la avenida Nicolás Bravo existió también un bar muy
famoso llamado La Jungla donde bailaban al son de música viva,
no solo los habitantes de la colonia, también de otros barrios. Por la
misma avenida (entre San Salvador y Nicaragua) estaba el
palenque de gallos El Siete Mares, donde todos los domingos había
peleas y apuestas; lugar muy concurrido que atraía visitantes de
Navolato, Guadalajara y de toda la República. A la vuelta del
palenque, por la calle Nicaragua, se encontraba el negocio llamado
Mercantil Murillo, que con el tiempo dio origen al emporio del
acero y metales más grande del noroeste de México, conocido
como FETASA.

104
Crónica de vida cotidiana
Una esperanza en el olvido
Alma Rosa Vázquez Nevárez
Facultad de Psicología - UAS

Le advertí a lo lejos. Caminaba pausadamente, deteniendo su


mirada curiosa frente al menor detalle. Su cuerpo menudo y su
vestimenta humilde denotaban a un ser desprotegido, víctima de la
modernización y las contradicciones sociales. Le seguí despacio.
Era un niño de muchos de aquellos que orillados por las carencias
económicas del núcleo familiar, salen a la calle a emplearse por
unos cuantos pesos. Se enfrentan para ello a un futuro incierto y a
las más desfavorables circunstancias. Me detuve frente a él. Su
actitud juguetona cambió rápidamente para dar paso a una
expresión interrogante. Al
preguntarle su nombre
contestó tímidamente al
mismo tiempo que
presionaba el bulto de
periódicos bajo su brazo
izquierdo: Manuel
Martínez Suárez.
Fotografía: Mara Anabell Romero Andrade

Su cara morena y
sus ojos expresivos
impregnados aún de
infancia fijaban su
atención en mí. Le
expliqué que deseaba
platicar con él, que no
sintiera temor. Después
de sonreírle se mostró
más confiado:
¿Te gusta vender
¿Sabrá lo que le depara el destino?
Marco Yael Sapiéns Romero periódicos Manuel?
Me respondió con actitud
dubitativa: “Pues a veces no
me dan ganas de venir porque tengo que levantarme muy temprano
y esperar los periódicos a las 4 de la mañana, pero tengo que venir
porque le ayudo a mi mamá con lo que gano. Ella trabaja en veces

105
pero hay días que no trabaja porque se enferman mis hermanos o
algo… y lo que yo gano sirve para ayudarnos.”
Hablaba con fluidez, con conocimientos de causa, a sus
escasos 10 años de edad, Manuel sentía la responsabilidad de
trabajar para ayudar a su familia.
¿Cuántos periódicos vendes al día, Manuel?
Una sonrisa traviesa se dibujó en su rostro y levantó su
mirada para contestar: “Vendo 40 o 50 hasta 60 pero casi nunca
porque se me hace tarde, luego me da hambre y mejor me voy a la
casa a cambiarse para irme a la escuela”.
Al comentar de su escuela, enclavada en una colonia
popular donde vive con las deficiencias tradicionales de las clases
marginadas, baja su vista al piso como no queriendo encontrar
algo.
¿Haz repetido grado?
Con algo de pena asienta con la cabeza
”Si, el segundo año lo reprobé porque me enfermé, luego
mi mamá no tenía para comprarme los útiles y no fui hasta el otro
año”.
Al hablar de su situación familiar, Manuel cambia el acento
de su voz, un aire de melancolía lo embarga:
¿Tienes papá Manuel?
No, mi papá se fue a la frontera y ya no volvió, dijo que iba
a trabajar y a mandarnos dinero, pero nada, ya tiene tres años que se
fue y mi mamá dice que ya no va a volver”.
Con la mirada fija en sus pies -los que fricciona
constantemente-, hace un paréntesis para añadir:
“Yo también pienso que ya no va a volver, porque ni nos
escribe”
Dime Manuel ¿donde trabaja tu mamá?
“Lava y plancha en las casas y en veces hace tamales y pan
y manda a mi hermano a vender”.
Para entonces Manuel -que había estado recargado en los
cristales de un aparador de los pasillos del mercado Garmendia-, se
encuentra sentado en el piso, cabizbajo.
¿Tienes amigos?
“Si responde-, en la escuela, y un amigo que conocí aquí, a
veces anda conmigo pero hoy no lo vi. Yo creo que no vino a
vender periódico”.
¿Cómo te sientes en la Escuela? ¿No tienes problemas para

106
aprender lo que te enseñan?
“A veces se me hacen algunas cosas difíciles pero voy bien,
dice mi mamá que con que no repruebe el año”.
Le planteo la pregunta que todos los niños desean y la
respuesta no se hace esperar: ¿Qué te gustaría ser cuando seas
grande¿
Sus ojos adquieren un brillo natural al hablar de los planes
que ha formulado para su futuro:
“Me gustaría ser aviador, porque me gustan muchos los
aviones y así conocería muchos lugares, también me gustaría ser
doctor porque podría curar a mis hermanitos, que se enferman
tanto, o a mi mamá”
¿Cual carrera te gusta más?
“Las dos me gustan, pero dice mi mamá que para eso hay
que estudiar mucho y que son muchos gastos, yo le digo que voy a
trabajar y guardar dinero para comprar lo que me haga falta, pero lo
que gano siempre se gasta y no puedo guardar nada”.
Nuevamente se muestra serio por lo que le hago otra
pregunta:
¿Haz tenido algún problema cuando andas trabajando,
algún accidente?
“Una vez que me caí del camión y me lastimé un brazo, me
tuvieron que enyesar y hay veces que otros más grandes me quieren
quitar los periódicos pero nada más; mire, ya el brazo ni me duele.”
Se toca el brazo mostrando una pequeña cicatriz, su timidez se ha
desvanecido y sintiéndose en su derecho me pregunta
¿Y usted que hace, es periodista? Mira mi libreta y antes de
que me lance otra pregunta le contesto:
“No, soy maestra y me gustan mucho los niños.”
En ese momento se escucha una voz que llama a Manuel.
Es otro niño, tal vez su amigo, eso no logré saberlo, la
espontaneidad infantil ganó la situación y Manuel se alejó de mi
lado para continuar su camino. En compañía del otro niño,
posiblemente con las mismas carencias y los mismos sueños,
caminaría por las calles de esta ciudad que cada día suma más niños
a los que roba la infancia.
¡Cuantas preguntas quedaron por hacer¡
Mientras, Manuel irá por allí como una esperanza en el
olvido.

107
Crónicas de barandilla
José Armando Infante Fierro
Cronista de Los Mochis

Don Belén Torres, el célebre juez de paz de Navolato ya tiene su


lugar en la historia. Su fama de Salomón pueblerino, deshacedor
de entuertos y desenredador de los galimatías más embarullados,
pronto hicieron que sus soluciones se convirtieran en anécdotas de
la picaresca sinaloense, casi equiparadas con el pasaje del Quijote
en donde Sancho se convierte en rey de una ínsula y se ve investido
en el impartidor de justicia, que el pueblo reclamaba.
Nunca han faltado émulos de tan sabios personajes, y en
Los Mochis ya hemos encontrado el nuestro en los zapatos de Luis
Medina, un abogado con mucho sentido práctico que esgrime sus
muchos recursos como presidente del Tribunal de Barandilla.
En cierta ocasión llegó un amigo buscando su intervensión.
Agobiado por las muchas crisis económicas, con casa y esposa por
mantener, un buen día decidió hacer mutis a sus responsabilidades
y decidió irse a los Estados Unidos. Allá buscaría la fortuna que
aquí no encontraba, aunque pronto se olvidó de su mujer y sus
muchas necesidades y nunca se reportó con ella.
La mujer, abandonada a su suerte, sin saber si su marido
vivía o moría, vivió las de Caín para sostenerse. Pasó el tiempo y,
como nunca falta un roto para un descosido, pronto encontró
consuelo con otro hombre que le dio el sustento y la seguridad
económica que tanto le faltaban. Sólo que después de cinco años,
el marido apareció reclamando a la mujer, pues al fin hasta
casados, estaban. Habremos de imaginar el pesar de la esposa al
encontrarse en tal dilema, habiendo regresado el marido teniendo
otro ya en casa. La nueva pareja también se resistió al despojo
conyugal e impidió que la mujer regresara con el marido.
Así que el marido decidió recurir a la autoridad para que
resolviera el dilema. Después de escucharlo con atención procedió
a hacerle las preguntas de rigor, Luis Medina decidió citar al otro
hombre para conocer sus razones.
No. No fue fácil convencerlo del derecho que el marido
tenía sobre su mujer pues aún continuaban [Link] nueva
pareja alegó para su causa que tenía poco más de un año viviendo

108
con ella, y en ese tiempo le había comprado recámara, estufa,y
televisor, sin faltarle algo de ropa y otros enseres. -La verdad, dijo
el hombre, no he desquitado lo que le compré.
La mujer por su parte, tímidamente se mantenía al margen
de cualquier decisión, y sólo pedía que ellos se pusierán de
acuerdo. -Pero tiene usted que entender que en este caso, al marido
le asiste el derecho de estar con su mujer mientras estén casados -
dijo Medina.Y preguntando a la mujer, ésta dijo que si quería
seguir casada con el marido pero que el otro había sido muy gente
con ella, y que no sabía en ese tiempo si su marido vivia o no,
porque no supo de él sino hasta el día que regresó, y que sólo quería
que se pusieran de acuerdo porque no quería que se pelearan
porque a su modo, pues quería a los dos.
Luis Medina se rascó la cabeza y le preguntó al marido si
tendría dinero para pagarle a la nueva pareja lo que gastó por los
muebles que le había comprado a su esposa.
La respuesta fue no. La vida en Estados Unidos no es como
la pintan. Allá se sufre porque si bien hay trabajo, anda la migra
detrás de uno y tienes que andar de aquí para allá y además todo
está muy caro y luego no se puede ahorrar y finalmente lo
agarraron y le echaron al otro lado de la frontera. No. Dinero no
tenía.
Haciendo valer su sentido práctico, Luis Medina les
propuso una solución: -Qué le parece, mi amigo, si sigue usted
viviendo con la señora otros quince días y luego la regresa a su
marido. Así usted se dará por satisfecho de lo que haya gastado. ..
-¿Cómo cree que voy a aceptar eso?, dijo el marido en tono
ofendido.
-Bueno, pues como usted no puede pagar lo de los muebles... -lo
atajó Medina.
-Sí, pero eso cómo lo voy a aceptar.
-A lo mejor puede conseguir dinero prestado o vender alguna
propiedad.
No, por ahí no se podía. El amigo no tenía ni en qué caerse muerto.
Medina lo urgía a encontrar una solución y ésta no salía. Después
de darle vueltas al asunto, el marido volteó a ver a su mujer y repasó
con la vista al otro hombre y le dijo al presidente del Tribunal de
Barandilla:
-Está bien, pero que nomás sean quince días. Un día más que se
quede.. . y me lo chingo!

109
Para que no hubiera problemas futuros, Luis Medina les
hizo un convenio en esos términos, firmaron los interesados. y el
marido se fue a contar los quince días que le faltaban para recuperar
a su mujer.

Fragmento del mural de la casa de la cultura de Mocorito


(fotografía: Rosendo Romero Guzmán)

Bella Dulcinea criolla

110
Crónicas de una visita
Agustín Jaime López
Cronista de Culiacán

Por los agrestes y serpenteantes caminos que llevan a la sierra, a la


vera de arroyos y rios, que en ondulación ofidia acompañaron por
las accidentadas laderas durante seis horas de infatigable travesía,
rumbo al bello pueblo de San José de los Hornos, en el municipio de
Sinaloa, a un nutrido grupo de amigos de heterogénea profesión y
oficio pero unidos por los fuertes lazos de la amistad, recorrimos
una vez más, como cada año y durante los últimos diecinueve, la
distancia de 137 kilómetros que separan a la ciudad de Culiacán y
ese pueblo serrano.
Eran las seis de la mañana del 14 de septiembre del 2004 en
la esquina de Colón y Victoria de la ciudad de Culiacán, cuando
éste grupo de amigos se reunió para partir a su acostumbrado viaje
anual. Magistralmente dirigidos por su dictador, se giraron las
últimas instrucciones para formar la caravana en orden que
encabezó el vehículo de Eduardo Niebla Álvarez en el que se
acomodaron quien esto escribe, Thomas Rochin, Alberto Niebla,
Carlos Iñiguez y Enrique Parra; enseguida el vehículo de Alejandro
Ibarra acompañado de Mario Niebla Parra y David Pérez
Maytorena, un tercer automotor que llevaba la provisión de
alimentos, bebidas, piñatas, dulces, presentes y enseres propios del
viaje es tripulado por don Guillermo García Ruiz, acompañado del
dictador; por último, el vehículo de Gabriel Castro Camacho quien
se hizo acompañar de su fiel escudero Rogelio Mallorquín
Camacho, que llevaba cuiltas, cobijas y sleeping bags que sirvieron
para el cobijo a la hora de dormir. En Culiacán se quedaron por
diversos motivos Diego Castro Blanco, Héctor Niebla Salazar y
José Mariscal.
La primera parada obligada fue en el Restaurante Las
Golondrinas del pueblo de Badiraguato, para deleitar un suculento
desayuno previamente apalabrado con don Pancho, dueño de ese
lugar. En esta ocasión, coincidio nuestra presencia con la del
candidato a la presidencia municipal, don Antonio López García;
mejor conocido como Toño López con quien nos liga también una
amistad amamantada con los años.

111
Toño López se desprendio por momentos de la asamblea de
trabajo que presidía con los campesinos del municipio, nos saludó
y se dio tiempo para tomarse una foto con el grupo.
A las diez de la mañana reanudamos nuestro viaje previo
reacomodo de personas en los diversos vehículos, ya que algunos
por su robusta complexión requerian de mayores espacios y sobre
todo para no servir de colchón que adormezca al compañero de
asiento. De esta manera, quedé al volante del vehículo de Castro
Camacho y Mallorquín pasó a tomar su lugar en la suburban de
Eduardo Niebla.
En un lento recorrido fuimos admirando las entradas a los
poblados de El Platanar, Higueras de Álvarez Borboa, Comanito,
Capirato, hicimos ligeras paradas en los bonitos poblados de La
Majada, Los Sitios, El Huejote, donde por cierto se yergue enhiesto
un milenario y majestuoso huanacaxtle que por cierto sirvio a los
viajeros para la carga de energía, y más adelante, en el rancho de
Los Tepehuajes se presentó la última oportunidad para
abastecemos del vital líquido ambarino (cerveza) a precio de
Culiacán.
Dejamos al poco andar, la carretera pavimentada, para
entrar al camino de terracería, que por cierto, estaba en muy buenas
Fotografía: Rosendo Romero Guzmán

Arco de bienvenida a Sinaloa de Leyva

112
condiciones, ya que sin novedad alguna arribamos en poco tiempo
al eterno Surutato, pueblo que nos llena de recuerdos de nuestra
infancia ya que el aserradero ubicado en El Triguito, prometía
bonanza eterna a sus lugareños, y al final del camino únicamente
dejó como beneficio la penetración de los caminos a la sierra y a los
lugares susceptibles de explotación silvícola en beneficio de unos
cuantos y en perjuicio de los habitantes de la sierra,
Tras breve descanso emprendimos el viaje a las alturas y en
veinte minutos arribamos a la parte más alta de estos lares, desde
allí, divisamos el poblado de Corral Falso y La Joya de los
Martínez, que por cierto nos trajeron infinidad de añoranzas que
esta vez se engrandecieron sin duda alguna, si no pregúntenle en su
oportunidad a Castro Camacho.
Al atardecer llegamos a nuestro destino, a San José de los
Hornos, allí somos gratamente, sorprendidos por la inesperada
recepción de que fuimos objeto. Una gran manta en nuestro honor
con la leyenda “BIENVENID0S AMIGOS DE IA SIERRA”,
adornaba la entrada del pintoresco poblado. Un grupo de personas
encabezados por Macario (nuestro gran amigo y guía en la sierra,
con la particularidad de ser sordomudo), nos recibieron de abrazo,
pero un abrazo fraterno que nos enternecio por lo afectuoso y
cariñoso, aunado al saludo de manos callosas y abrazos quiebra
huesos de los lugareños, que nos saludaron y dieron la bienvenida.
Por fin arribamos a la casa de doña María, (madre de
Macario), lugar donde hubimos de vivir cinco días. Aquí nos
recibieron al modo de la gente de la sierra, con un suculento caldo
de pollo acompañado de frijoles refritos con queso y una humeante
taza de té de poleo, una hierba silvestre muy aromática y con
propiedades que posteriormente habríamos de manifestar según el
dicho de don Pedro Vega, hombre de 82 años quien gusta montar
un caballo retinto de gran alzada sin ayuda de nadie, ajuareado con
silla vaquera sinaloense, con armas, espuelas, cuarta, reata de
cuero crudo, machete y cobija en los tientos y que fue a saludarnos
después de largo recorrido desde su casa en el poblado de El
Potrero de Bernal, distante 15 kilómetros, todo para pasar con
nosotros estos días aunque solo sea para pelearnos. En estas
agradables circunstancias terminó el martes 14.
El miércoles 15, muy temprano estuvimos de pie y previo
baño con aguas del venero de los cerros que protegen como
muralla al pueblo de San José de Los Hornos, me encamine junto

113
con David, Guillermo, Trini, Alejandro y Castro Camacho a
escasos trescientos metros, rumbo a la casa de Juan, el hijo de doña
María, hogar en donde nos dieron alojamiento.
Después del obligado saludo de buenos días, nos sentamos
a la mesa a devorar una riquísima machaca de res, carne
machacada con mazo de madera en metate, acompañada de gordas
tortillas de nixtamal hechas a mano por las diligentes asistentes de
doña María, tortillas que en el vuelo del comal al guari, pepenamos
los hambrientos comensales, que encabezados por el Profe Trini
nos disputamos su cachada a la manera del mejor jardinero central
que en su oportunidad hallan tenido Los Tomateros de Culiacán.
Del humeante y oloroso café tostado que nos ofrecen hay
mucho que decir, pero esta vez lo dejamos en boca de Thomas
Rochin, quien ufano por el amplio conocimiento de éstos y de otros
muchos menesteres en el campo, avimentó: omnia merum, porto,
que es como decir por lo exquisito y reconfortante de su sabor, todo
lo llevo conmigo; dándonos cátedra a chaleco de sus amplios
conocimientos de latín que por desgracia, no alcanzamos a captar
en su magnitud.
Dando gracias por los alimentos, se organizó la visita al
pueblo de Ocorahui donde compramos un litro de lechuguilla que
por cierto nos salió ahumada y para acabalar se nos olvidó en la
casa de Juan, el hijo de doña María, Un poco más arriba de
Ocorahui, avistamos el vaso de la presa de Bacurato, solamente el
dictador se atrevió a bajar por una vereda, regresándose de
inmediato y un poco asustado pues nos comentó que era vereda
muy andada. El regreso fue temprano pues teníamos que
organizarnos para conformar el escenario de la ceremonia del
Grito de Independencia con banderines de diversas confecciones,
alusivos a nuestros valores patrios, rematando con nuestro escudo
nacional en el frontispicio de la casa y en la parte más alta de la
misma. Previos los honores, cantamos el himno nacional al mismo
tiempo que izamos con fervor nuestra bandera tricolor, orgullo y
emblema de nuestro pueblo.
En estos menesteres, el dictador, ordenó la conducción del
programa de actividades para la ceremonia, al profesor Enrique
Parra y como responsable del discurso oficial a Agustín Jaime
López. Así, bajo el marco esplendoroso de los pinos de la sierra y
con la nutrida presencia de los habitantes de San José de Los
Hornos, de Ocoragui, de La Joya de los Martínez, de Corral Falso,

114
del Potrero de Bernal y de otros pueblos aledaños, iniciamos los
festejos conmemorativos de la gesta heroica que encabezada por
Miguel Hidalgo el 15 de Septiembre de 1810 diera principio al
movimiento de independencia que culminaría 11 años más tarde.
El acto oficial dio inicio a las 9 de la noche con los honores
a la bandera entonando el himno nacional todos los presentes; la
escolta con marcial paso, ondeó por los aires nuestro glorioso
lábaro, signo distintitivo de nuestra mexicanidad y orgulloso
pendón que nos distingue frente a las naciones del mundo,
dándonos presencia y respetabilidad. Se me dio la oportunidad de
emitir un discurso sencillo y corto, dirigido sobre todo a los niños,
destacando de manera muy particular la figura de don José María
Morelos y Pavón, dando a conocer las diferencias abismales entre
éste personaje y don Miguel Hidalgo y Costilla, haciendo hincapié
en la necesidad de ver de nueva cuenta en estos días tan aciagos que
vive nuestra nación, que los gobernantes no se ponen de acuerdo y
exhiben sus desavenencias a la luz pública sin recato alguno, en
aras solo del poder y sus intereses aviesos y no de las necesidades
del pueblo, provocando con su actitud una severa división en los
mexicanos que de no ponerse la atención que merece, a tiempo,
pudieran repercutir en graves consecuencias. Se destacó pues, la
gran necesidad de crear con esta nueva generación de niños,
hombres estrategas y estadistas, que luchen por el bien de su pueblo
y se conviertan en siervos de la nación como el mismo Morelos.
Una vez incorporado al grupo para continuar con los
festejos, fui abordado por Alán, un estudiante de la Facultad de
Derecho de la Universidad Autónoma de Sinaloa, hijo de doña
María, que estaba también de visita en San José de Los Hornos para
decirle con cierto orgullo. “Lo felicito por su bonito discurso,
créame que siempre he venido a mi pueblo a esta ceremonia, pero
nunca me había sentido realmente mexicano, como me siento
ahora que estoy en este lugar”. En forma espontánea, concluida la
muy emotiva ceremonia en tan recóndito lugar, dio inicio la fiesta
mexicana amenizada por un grupo de jóvenes, que acompañados
de un magnifico estéreo en su camioneta, pusieron a bailar
alegremente a Los Amigos de la Sierra, principalmente a mí,
Alejandro Ibarra y Castro Camacho, provocando con su osadía,
envidia de la buena entre los asistentes, y que dijera el Lic. Thomas
Rochin González: Esta es la única ocasión en que he querido
cambiarme por otro.

115
El exabrupto fue en relación a la soltura y cadencia con que
me movi en tan disparejo terreno, al bailar con una muy hermosa
muchacha de La Joya de los Martínez. Thomas Rochin se acordó
que durante el viaje, me había quejado de una dolencia en el
menisco, por eso al ver esos desfiguros, de inmediato compuso
esta maravillosa cuarteta:

“Bailó con un mujerón


entre nalgada y pellizco
cuando se mete a bribón
ni se acuerda del menisco”

Las carcajadas de Los Amigos de la Sierra no se hicieron


esperar. Así transcurrieron hasta altas horas de la noche las
peripecias y vicisitudes de la imprevista fiesta mexicana para
recordar a los héroes que nos dieron libertad y patria. El jueves
muy temprano, en ayunas, arribamos a la plaza cívica del recinto
escolar a presenciar el izamiento de bandera con los honores
respectivos, participando activamente en el desfile llevado a cabo
por la principal avenida del pueblo. El desfile tuvo como tema
central el estado de Sinaloa. Infinidad de niños, alumnos de]
plantel, portaban a distancia cada uno de los escudos de igual
número de municipios del estado. Lo curioso fue no ver el escudo
del estado, haber si no se enoja, cuando lo sepa, don Rolando
Arjona, su creador.
Concluido el desfile, asistimos al festival cívico cultural
organizado por las autoridades educativas del lugar, donde
presenciamos uno de los mas emotivos festejos alusivos al inicio
de la independencia. Bailables, poesías, declamaciones,
descripción del significado de cada uno de los escudos y la
presentación de un cuadro alegórico representativo de los usos y
las costumbres de nuestra gente, todo ello con corolario de una
comedia, donde participaron todos los niños dirigidos por un
payasito.
Altamente significativo fue el reconocimiento y pase de
lista de los amigos de la sierra hecha por el Profe Pancho, director
de la escuela del lugar. Terminado el festival, nos dirigimos a
desayunar pues ya eran las once y media de la mañana y nuestro
organismo no soportaba la inanición. Después del desayuno nos
retiramos a dar un refrescante baño y cambio de ropa para asistir

116
decorosamente vestidos a las cuatro de la tarde, a la cancha de usos
múltiples a quebrar las piñatas y repartir los dulces y presentes que
les llevarnos a los niños del lugar.
David Pérez Maytorena, (payasito llevado ex profeso por
Los Amigos de la Sierra), amenizó con gran gusto y algarabía de la
chiquillería; tras la quiebra de las piñatas, Mario Niebla y Rogelio
Mallorquín, fueron los encargados de repartir los dulces y
presentes, Eduardo Niebla entregó chocolates y plumas, mientras
que los demás repartimos sonrisas y afectos a todos los presentes
el dictador hizo entrega de manera muy significada a todas las
niñas del lugar de gargantillas anillos y pulseras de fantasía,
causando una gran satisfacción entre todas ellas. Durante el
desarrollo de la fiesta de los niños, se vino el agua de la lluvia
bienhechora tres o cuatro veces, pero no fue motivo mas que para
darle mayor alegría al evento, pues en cada manga de agua nos
guarecíamos bajo las cornisas de las aulas y volvíamos a la cancha
con más bríos. Ya entrada la tarde y bajo una pertinaz llovizna nos
refugiamos en casa de doña María a comentar los sucesos del día.
El viernes muy temprano y previo suculento desayuno,
emprendimos el viaje al pueblo a hurgar entre laboratorios,
invernaderos y secaderos de fruta exótica en los terrenos de doña
Alejandrina Rochin. Así, degustamos los riquísimos orejones, de
manzana, el dulce de durazno, la cajeta de membrillo y de la fruta
fresca de esa maravillosa región

117
La Crónica de Sinaloa AC

Biblioteca “Joel Ramírez Montes”


Fondo Cultural e Iconográfico “Josefina Rayas Aldana”

Repositorio especializado en crónica e historia regional


3,000 libros y revistas para consulta

Sitio: Tercer piso, Oficinas de Dirección de Investigación y


Fomento de la Cultura Regional, Centro Cultural Genaro Estrada.
Paseo Niños Héroes y Ruperto L. Paliza s/n. Col. Centro. Culiacán,
Sinaloa CP 80000.

Atención especializada de
lunes a viernes
con horario de 9 a 15 horas

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