Bodyguard Taekook
Bodyguard Taekook
Summary
Kim Taehyung llega a la jefatura de policía y declara ser un asesino. Durante su estadía en la prisión
recuerda hechos del pasado que lo atormentan, siendo víctima del karma y sufriendo todo el daño que
alguna vez le causó a Jeon Jungkook.
•Lenguaje vulgar.
•Muerte de personaje.
•Estado: En emisión.
por @Skyyourself
TAEKOOK
MISTERIO|DRAMA|DARK ROMANCE
○Las escenas explícitas que se narran son representaciones ficticias de realidades difíciles, crudas y
desafortunadamente comunes en muchos entornos callejeros, especialmente entre jóvenes de escasos
recursos que se ven desesperados. Mi intención es reflejar lo destructivo que puede ser este tipo de
vida, no glorificarlo.
-•Por favor, ten en cuenta que esta historia contiene temas extremadamente sensibles, incluyendo la
exposición de menores a situaciones inapropiadas y traumáticas•-
-•Si eres sensible a estos temas o te afectan de manera personal, te recomiendo proceder con precaución
o, si consideras más apropiado, puedes retirarte•-
•
𝐑𝐄𝐏𝐈𝐓𝐎:
○No normalizo ni romantizo ciertas conductas, en lo absoluto.
❗️
UNA VEZ QUE DECIDAS LEER, NO HAY VUELTA ATRÁS
En el centro de Seúl, existía un pequeño vecindario llamado Ahyeon-Dong. Hace algunos años, este
barrio era conocido por su maravillosa diversidad cultural. Sin embargo, detrás de esa apariencia alegre y
de sus calles bulliciosas, existía una realidad oscura que la gente común no conocía.
Este rincón de la ciudad, abandonado por la mano de Dios, oscilaba entre las clases media y baja.
Actualmente, Ahyeon-Dong se anunciaba como uno de los barrios más peligrosos de Seúl, una zona
marcada por pandillas, peleas callejeras, robos y graffitis en cada esquina.
Estas bandas se habían apoderado de las calles; vendiendo drogas, asaltando y sembrando el caos con
protestas contra el estado. Los graffitis gritaban rebeldía absoluta contra el gobierno que los había
relegado.
Tras el éxito del k-pop y los k-dramas, Corea del Sur había alcanzado una enorme popularidad
internacional. Tanto así, que el estado comenzó a ofrecer ayudas y beneficios a extranjeros que llegaban a
asentarse al país, para elevar su reputación.
Sin embargo, enfocados en el éxito internacional, descuidó gravemente las necesidades de sus propios
ciudadanos. Esto no solo creó una caída en la localidad de Ahyeon-Dong, sino que también aumentó los
prejuicios y marginación, por las diferencias entre las clases sociales.
Al verse privados de oportunidades por la falta de recursos, algunos jóvenes se vieron forzados a recurrir
a la única salida que les quedó para subsistir; la delincuencia.
Y así, lo que alguna vez fue un vecindario prometedor, se transformó en un cultivo de bandas
callejeras dominando los barrios bajos. Guiados por la cabecilla, un joven chico al que
llamaban... capitán.
YANG
Chapter Notes
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PERSONAJES PRINCIPALES:
KIM TAEHYUNG:
•"Teh"
•"Capitán"
Señas:
JEON JUNGKOOK:
•"Ju"
Señas:
•Cabello largo y negro.
•Estilo rocker.
•Sin tatuajes (aún)
•
JUNG HOSEOK:
•"Hob"
•"Razor"
Señas:
•Cicatriz en la mejilla izquierda.
•Cabello rojizo.
•Tatuaje en el pecho izquierdo.
•
PERSONAJES SECUNDARIOS
(Importantes)
PARK JIMIN:
•"Kaos"
•"Paxton"
Señas:
•Cabello rosa.
•Tatuaje en el brazo izquierdo.
MIN YOONGI:
•"Min-yo"
•"Hammer"
Señas:
•Cabello rubio platinado.
•Tatuaje en el hombro izquierdo.
•
Joon (?):
•"Lock"
Señas:
•Cabello rubio castaño.
•Sin tatuaje.
•
KWON YUGYEOM
•"Yu"
Señas:
•Cabello negro.
•Lunar bajo el ojo derecho.
•
ANTAGONISTAS:
KWON JIYONG
•"El Dragón"
Señas:
•Cabello blanco.
•Tatuajes de cruces.
•
KWON SEOKJIN
•"Jin"
Señas:
•Cabello castaño oscuro.
•Gafas.
•
EXTRAS:
JACKSON WANG:
•
IM JAEBEOM:
•
PARK SUNGJIN
•
KANG YOUNGHYUN
•
YOON DOWOON
•
─ ─══•══──
SOUNDTRACK :
♬ RESISTANCE - MUSE
♬ THE RESISTANCE - SKILLET
Chapter End Notes
"Ésta historia se desarrolla en dos tiempos, en el pasado y en el presente. Para evitar confusiones
decidí escribirla en primera y tercera persona.
Cuando la narración ocurra en tercera persona, un narrador omnisciente, significa que estás leyendo
un capítulo del presente, época actual de la historia.
Cuando la narración pasa a ser en primera persona, un p.o.v de un personaje narrando algo, significa
que estás leyendo el pasado, desde la perspectiva del personaje.
Recomiendo prestar atención a los detalles que cada personaje pueda contar en su p.o.v, a las horas y
fechas, como si ustedes estuvieran investigándolos y luego compararlo con la narración del
presente."
"Los capítulos pueden ser largos, entre 8.000 a 15.000 palabras, acomódense"
INTRODUCCION
" La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo
que pasa."
—Albert Einstein
Era una fría madrugada de septiembre, tan oscura y sin estrellas, como si el universo supiera que cada
pizca de esperanza se había acabado para él.
La lluvia caía fuerte sobre la gran ciudad y en medio de las calles mojadas, se encontraba un chico alto,
corriendo, guiado por una asfixiante desesperación, que lo hacía moverse contra su voluntad. El frío de
las gotas le calaban su piel, golpeaban su cuerpo con violencia, como millares de agujas perforándolo. Él
tenía sangre en su ropa, la cual debido a la lluvia, se deslizaba por su cuerpo y terminaba en el asfalto
empapado, dejando tras de sí un rastro rojizo que destacaba su camino.
Las calles estaban vacías, apenas iluminadas por la tenue luz de neón de los locales cerrados. Él se
deslizaba entre las sombras, su figura desaparecía y aparecía en la penumbra mientras corría, como un
espectro que conocía cada rincón de su barrio. Había crecido entre esos pasillos, jugando y soñando,
conocía cada esquina de ese laberinto de cemento. Cada paso que daba era una lucha contra la feroz
tormenta que parecía querer impedir su andar, pero él no pensaba darse cuenta por vencido. Esta era su
última lucha y estaba decidido a ganar, sea como sea, hasta llegar a su destino.
Se metió por un callejón angosto, esquivando de una zancada montones de basura que se amontonaban
en una esquina, el hedor de lo podrido y el ruido de una rata en fuga se unió al sonido de sus pasos. La
oscuridad lo abrazaba, pero los recuerdos lo empujaban. Su mente estaba nublada con una bruma densa y
solo imágenes de lo que vio, lo que vivió recientemente, estaban ahí, repitiéndose en un ciclo sin fin,
atormentándolo.
Giró la última esquina resbalándose en un charco, se levantó en un segundo y corrió hacia otro pasillo
que lo llevaría más cerca de su destino. Pasó por paredes adornadas con graffitis y trazos de historias que
contaban la suya propia. Incluso había pasado frente a uno que él mismo había hecho en el pasado, con la
frase: "El capitán les declara la guerra"
Cada paso lo acercaba a ese lugar, al lugar que burló por tantos años, el lugar que había estado evitando.
Y a pesar del agotamiento que lo consumía, no se permitió un solo instante de pausa. Pisó un charco
mientras un rayo caía en la lejanía. Aquel estruendo no lo detuvo y siguió corriendo, como si la vida
simplemente dependiera de eso.
Limpió sus ojos con el antebrazo, apartando el agua que le impedía ver bien. Su respiración era errática,
su corazón martilleaba en su pecho con un dolor punzante. Y cuando divisó el edificio frente a él, a solo
unas pocas calles, su voluntad lo impulsó a correr aún más rápido, usando las últimas fuerzas que le
quedaban para llegar.
Dentro de la estación policial, la calma reinaba en contraste con la tormenta que se estaba desatando
afuera. El oficial Kang YoungHyun, recorría los pasillos del edificio, asegurándose de mantener el orden
en el establecimiento. Sus ojos expertos analizaban a los detenidos de la noche. Se trataron de simples
cargos menores en comparación con el vasto archivo de crímenes perpetrados en el barrio.
Mientras el oficial Kang realizaba el recorrido, en el puesto de control en la entrada a la comisaría, el otro
oficial, Yoon DoWoon, completaba los antecedentes penales de los detenidos en esa noche.
Todo estaba en paz, tan rutinario, tan tranquilo, como cada madrugada...
Pero la calma de su trabajo se vio interrumpida abruptamente cuando la puerta de la estación se abrió de
golpe y un joven alto, con el cabello desteñido y grisáceo, ingresó corriendo y se arrojó de rodillas al
suelo, con la respiración temblorosa. Su ropa estaba empapada de sangre y lluvia, lo que alertó al oficial,
quien se sobresaltó por la brusca aparición. El joven, con las manos nerviosas, apoyó sus brazos en el
suelo y dejó que la sangre se escurriera, jadeando tan intensamente que parecía expulsar su alma a través
de su boca.
Ambos oficiales se acercaron al joven que permanecía arrodillado y con la cabeza gacha; Podía percibir
una voz, un leve susurro proveniente de él. Sin embargo, no lograban descifrar las palabras que estaba
murmurando. Se percataron de inmediato de la conocida mancha rojiza que adornaba su ropa, de la
sangre que escurría por sus dedos y culminaba su camino metiéndose bajo sus uñas.
Kang se acercó hasta colocarse frente al joven, se inclinó ligeramente sin bajar la guardia y levantó la
cabeza del chico para, finalmente, conocer el rostro de la misteriosa persona. Su semblante exhibía una
palidez alarmante con una brecha en la sensación de la que un fino hilo de sangre descendía hasta su
mejilla.
Su expresión lucía desorientada y con desconcierto; Al instante supo que aquel joven se encontraba
aturdido, casi desesperado, susurrando algo inentendible.
El oficial se llenó de preocupación, reconociendo de inmediato que algo terrible había ocurrido. Era su
deber brindarle ayuda. No obstante, no podía comprender lo que el joven susurraba.
—¿Te encuentras bien, muchacho? —preguntó, bajando una rodilla hasta el piso con cautela. Posó una
mano en el hombro del enigmático chico, sintiendo un escalofrío recorrerle al tocar la tela fría y húmeda.
—¿Estás herido?
DoWoon se mantendrá firme a una distancia prudente, alerta ante la posibilidad de que aquello se tratea
de una farsa. Teniendo en cuenta los saqueos en el barrio, no era descabellado pensar que podría tratarse
de una distracción para cometer asaltos en otro lugar y que las autoridades estuvieran ocupadas con una
farsa montada. Con una mano cerca de su arma, vigilaba con atención, preparado para actuar si fuese
necesario.
DoWoon reconoció el rostro de aquel joven, pero no podía recordar de dónde. Estaba convencido de
haberlo visto antes, pero el chico estaba cubierto de sangre, golpeado, con algunas heridas y aquello le
imposibilitaba ver su rostro correctamente. Intentó hacer memoria mientras escuchaba las preguntas de
Kang y esperaba a que el recién llegado contestara.
El chico de cabello gris con mirada oscura y perdida, empuñó sus manos en el suelo y jadeó acelerado,
centrando su vista, finalmente, en el oficial junto a él. Arrastró las palabras con suma dificultad, como si
cada letra desgarrara su interior.
Su confesión fue fría y áspera, helando el ambiente con su gruesa voz resonando en todo el lugar.
Al oír aquello, Kang se irguió con rapidez, dándose cuenta de que la sangre que cubría al chico no era
suya, y que tras esa confesión existía una víctima.
No demoró enfundarse unos guantes de látex, que yacían guardados en un cajón, reservados para
situaciones excepcionales como este. Con el fin de evitar contaminar el ADN en la ropa del ahora
sospechoso, examina al joven minuciosamente en busca de pistas. Sus manos enguantadas buscaron
armas, documentos de identidad o cualquier indicio que pudiera esclarecer lo sucedido, pero no encontré
nada.
El sospechoso se dejó levantar del suelo como si toda su energía se hubiera drenado en un segundo. No
rechistó en absoluto y, mientras el oficial le dictaba sus derechos, solo podía oír aquella voz como un eco
lejano, mareándolo y haciendo que tuviera auténticas ganas de vomitar. Estaba ido, con la mirada
perdida, incapaz de dejar de repetir una y otra vez aquella confesión en un susurro.
Sintió cómo el oficial tomaba sus muñecas y las llevaba detrás de su espalda, sintiendo su pulso
acelerado, entendiendo de inmediato que su vida ahora estaba en manos de la ley que repudiaba.
Y con un chasquido metálico, las esposas se cerraron tras de sí, sellando su nuevo destino.
—Estás arrestado. Tienes derecho a permanecer en silencio; cualquier cosa que digas podría ser usada en
tu contra. Tienes derecho a consultar con un abogado; si no tienes uno, se te proporcionará uno de oficio.
Tienes derecho a ser informado sobre los cargos que se te imputan. ¿Entiendes tus derechos?
Mientras Kang procedía con el protocolo, Dowoon regresó a su puesto anterior, tras el escritorio, y con
un gesto decidió tomó el teléfono y marcó el número del comisario, quien no tardó en contestar.
El barrio solía ser peligroso, con robos, asaltos y problemas relacionados con el micronarco, pero no se
enfrentaban a homicidios desde hacía ya varios años. La aparición de este joven declarando haber matado
a alguien era un caso excepcional y debía ser reportado de inmediato.
—Tenemos a un joven que acaba de entregarse. —Comentó DoWoon en la línea. Al mismo tiempo,
comenzó a teclear en la computadora con rapidez, creando el archivo policial para el joven—. Hombre de
aproximadamente veinte a veinticinco años; un metro ochenta de estatura, cubierto de sangre
aparentemente no suya, declara haber matado a alguien y luce desorientado.
—Yo lo maté. Yo lo maté. —Su voz, seca y profunda, seguía murmurando sin descanso.
El oficial DoWoon colgó la llamada y, con agilidad, tecleó rápidamente para completar el informe antes
de girar la cabeza hacia el arrestado.
—¿Lo mataste? —Preguntó Dowoon. —¿A quién? —El de cabello gris no respondió a la segunda
pregunta, ni siquiera lo miró. Se limitaba a repetir su mensaje de manera automática, con la mente
perdida en algún punto vacío de la comisaría.
Los dos oficiales intercambiaron miradas cargadas de sospecha; su vasta experiencia les indicaba que el
joven seguía en estado de shock y que lo más prudente sería que recibiera atención especializada para
abordar su situación. Sin embargo, la presencia de sangre en su ropa y manos confirmaba que algo grave
había sucedido, lo que les obligaba a mantenerlo bajo supervisión y en confinamiento hasta esclarecer los
hechos.
Dowoon volvió la cabeza hacia la computadora y añadió un nuevo apartado al archivo. Procedió a
completar el documento que registraba la permanencia del sospechoso en la celda hasta la llegada del
comisario.
—¿Cómo te llamas? —Preguntó Kang al no haber encontrado ningún documento en los bolsillos del
joven.
—Yo lo maté.
—¡Hey, chico! —Exclamó Kang en un intento por espabilarlo. Tomó al joven de los hombros y lo volteó,
obligándolo a encontrarse con su mirada—. ¿Cuál es tu nombre? ¿Recuerdas cómo te llamas?
Entonces, el joven perdido desvió la vista hacia los ojos de Kang, acallando finalmente sus murmullos,
asintiendo con la cabeza, y un breve silencio se apoderó en toda la comisaría. DoWoon dejó de escribir,
esperando por el nombre que necesitaba para completar el informe. Observó con atención al chico y a su
compañero al otro lado del escritorio, consciente de la importancia de cada gesto en ese momento crucial.
El de cabello gris respondió a la pregunta de Dowoon, sin despegar los ojos del oficial Kang. Abró la
boca con lentitud y dejó escapar su identidad con una voz profunda y grave. Kang, quien lo observaba
fijamente, pudo notar cómo aquellos ojos se oscurecieron aún más, como si ya no existiera vida en ellos.
Como si el muerto, en realidad, fuera él.
—Kim Taehyung. —Hablo. La luz de sus ojos desapareció y en su lugar quedó solo un abismo oscuro
como dos agujeros negros—. Soy Kim Taehyung... y yo lo amigo.
INVESTIGACIÓN
"En el fondo de la mente humana se encuentran los secretos más oscuros que el alma se esfuerza por
ocultar"
2 de septiembre, 2010.
6:00 A.M.
Estación policial de Ahyeon-Dong.
El silencio sepulcral del lugar hacía que el ruido en su cabeza fuera aún más fuerte. No podía dejar de
pensar en los gritos y las imágenes sangrientas que había visto hace unas horas y que se repetían
constantemente en su mente. Cada vez que intentaba aferrarse a un pensamiento diferente, desaparecía,
volviendo a atormentarlo con la escena más retorcida que jamás había experimentado en su vida.
Estaba tan fuera de sí mismo, que ni siquiera recordaba cómo había llegado hasta ahí. Siempre había sido
rebelde, el chico desafiante que burlaba las leyes y decía: "Esos idiotas nunca podrán atraparme.
Prefiero la muerte, antes que estar preso".
Y ahora se encontraba ahí, por su propio pie. No entendía cómo había llegado hasta la comisaría, ni cómo
se había entregado. Había actuado por instinto, por impulso, como si la pizca de cordura que le quedaba
le indicara que debía hacer lo correcto al menos por una vez, y que, en esa situación, lo correcto era
entregarse.
En el pasillo, el oficial Kang realizaba su última ronda antes de que su turno culminara. De tanto en tanto,
se acercaba a la celda y observaba a través de los barrotes. Sus ojos se centraban la silueta encorvada del
nuevo recluso, y no podía evitar preguntarse ¿qué había hecho? ¿A quién había matado para estar aquí?
El sospechoso permanecía inmóvil, con la cabeza gacha y no mostraba signos de actividad; sus hombros
no se movían con su respiración y sus ojos estaban clavados en sus manos manchadas de sangre. Llevaba
horas en esa misma posición, como si estuviera ausente de la realidad que lo rodeaba, como si estuviera
en un estado catatónico...
Desde que Taehyung llegó, dos patrullas habían salido a realizar un recorrido por los barrios. Sin
embargo, debido a la tormenta de la noche, no pudieron detectar nada más que agua y más agua por las
calles, convenientemente borrando rastros importantes de las primeras horas de investigación.
Las esperanzas de encontrar algo útil se desvanecieron con cada gota. La tormenta había borrado
cualquier evidencia que pudiera haber sido recogida, cualquier pista que hubiera dejado tras su llegada
estaba ahora enterrada bajo una capa de agua y más agua, imposible de recuperar.
La única solución que tenían los oficiales era escuchar su declaración completa. Pero, desde que lo
encerraron, Taehyung no había pronunciado palabra alguna, es más, ni siquiera se había movido. Era
totalmente lo opuesto a cuando se entregó en aquel estado de shock, repitiendo sin cesar que él lo había
matado. Cuando lo metieron a la celda, de repente, como si su mente hubiera llegado a su límite, él
enmudeció y dejó de responder, dejó de moverse... casi podría decirse que dejó de vivir.
Los oficiales e investigadores solo podían esperar a que él hablara, pero cada minuto que pasaba sin una
sola palabra aumentaba la frustración en ellos. Habían agotado sus recursos y dependían enteramente de
una confesión que Taehyung no podía aportar.
Durante la madrugada, DoWoon había estado investigando en Internet por cuenta propia, buscando
cualquier indicio que pudiera arrojar luz sobre el misterioso recién llegado. Sin embargo, no había
encontrado pistas de lo que pudo haber ocurrido esa noche.
El único dato que tenía a mano era el nombre de Kim Taehyung, pero sabía que necesitaba algo más para
poder investigar a fondo. Aunque era un inicio frágil, era todo lo que tenía, y siendo un oficial
experimentado, DoWoon sabía que incluso la pista más pequeña podía llevar a un gran descubrimiento. Y
decidió, como último recurso, indagar en la larga lista de la base de datos policiales.
Había algo detrás de su determinación por obtener información de aquel chico, Dowoon aún tenía aquella
duda que le picaba en la cabeza... ¿De donde se le hacía conocido?
Ingresó el nombre de Kim Taehyung en la base de datos policiales. La base de datos era extensa y
contenía información acumulada a lo largo de los años de todas las comisarías en Seúl, por lo que
encontrar algo relevante era una tarea ardua y minuciosa. Minutos después, apareció una lista de personas
y comenzó a filtrar los resultados, revisando registros antiguos, leyendo informes de incidentes y más.
Pasó toda la madrugada leyendo documentos y antecedentes penales de gente con el mismo nombre y
apellido que él.
Un documento de pocos años atrás, donde había una foto del detenido, cuando tan solo era un
adolescente. El antecedente indicaba que había sido derivado a un correccional de menores, para chicos
con problemas o historial delictivo. Aquel archivo aseguraba que Taehyung tenía una vida rebelde y que,
lastimosamente, ya había tenido problemas con la ley en el pasado.
Era un antecedente penal y en él estaban expuestos delitos como intrusión ilícita, fraudes, daños a la
propiedad y agresiones físicas. DoWoon enarcó una ceja cuando leyó que no solo eran delitos menores, al
ver que incluso una orden de alejamiento resaltaba en el informe.
Cuando DoWoon encontró ese documento, sintió un alivio recorrerle el pecho, pues se sentía como
encontrar un pedazo de un mapa y ahora tenía un camino por donde tirar para descubrir por qué aquel
joven se encontraba ensangrentado en una celda; silencioso y reacio a cooperar con las autoridades.
En ese instante, leyendo el antecedente, se le iluminó el rostro cuando lo recordó. Aquel recuerdo de ver
al detenido por primera vez lo azotó de repente, como una ventisca fría, similar a la de aquel día.
Hace cinco años, había acompañado a otro oficial con el traslado de dos chicos a un reformatorio.
Recordó la rebeldía de aquellos adolescentes; como hablaban, como caminaban con una actitud
desafiante y chulesca, autoproclamándose "los reyes del barrio". La mención del internado y la orden de
alejamiento habían hecho resurgir esa memoria que hasta entonces había permanecido enterrada.
Era un día nublado, hacía bastante frío y el clima se adornaba con un fuerte viento, haciendo que las
hojas otoñales chocaran contra el cristal de la patrulla. Dos adolescentes, a pesar de su corta edad, habían
demostrado tener un carácter fuerte y provocador, como si el traslado no significara nada para ellos, con
una actitud arrogante y altanera. Ser subidos a un coche de policía, lejos de intimidarlos, parecía inflar su
reputación entre los pandilleros. Para estos niños, cada encuentro con las autoridades era como una
medalla de honor, una señal de que estaban ganando respeto en las calles. Era una forma de manifestar su
protesta, bajo el timón del capitán de su pandilla.
Aquellos chicos no mostraron miedo ni arrepentimiento. Y, mientras el coche de policía recorría las calles
aquel día, llevándolos hasta la comisaría para tramitar su internado al reformatorio, DoWoon los miró por
el retrovisor y comprendió que estos jóvenes estaban jugando un juego peligroso, uno que solo los
conduciría a la violencia, al sufrimiento y, eventualmente, los llevaría a una celda en el calabozo en un
futuro.
Ahora, al observar la foto del adolescente en el archivo, DoWoon recordó por qué el joven detenido le
resultaba tan familiar. Era uno de aquellos dos chicos a los que había escoltado, aunque ahora sin el
ímpetu ni la arrogancia que había mostrado en el pasado. Era el capitán, el que había encabezado la
pequeña pandilla de jóvenes problemáticos en el barrio. Ahora estaba allí, inmóvil, en la celda de la
comisaría.
"¿Dónde quedó el orgullo y la arrogancia del capitán?", pensó, "¿Qué habrá pasado para que ese chico,
que una vez se mostró tan seguro y desafiante, terminara así?
Dowoon presionó el botón de imprimir, y el sonido de la impresora llenó la sala mientras el papel
comenzaba a salir. Su plan era entregar su descubrimiento al comisario y a su compañero Kang. Y sabía
que también tendría que compartir esta información con cualquier especialista vinculado al caso que
ayudara a resolverlo.
Y al recoger el papel, sus ojos se detuvieron en un detalle que antes había pasado por alto. Algo en el
antecedente lo hizo detenerse en seco. Soltó un suspiro largo y cansado, se llevó una mano a la puente de
la nariz, apretando los labios, mientras su mente luchaba por encajar esa nueva pieza en el rompecabezas.
Tenía que compartir aquel dato con los demás, de inmediato.
Kang seguía mirando a Taehyung desde los barrotes, pensando. Cuando lo detuvo, le ofreció un conjunto
de ropa limpia de la comisaría, ya que la ensangrentada con la que había llegado debía ser enviada a
análisis forense. Sin embargo, aún no le permitían asearse para no borrar posibles restos de ADN en sus
manos y cabello. Por ese mismo motivo, no pudieron hacer el registro de huellas dactilares. Taehyung
tenía demasiada sangre en las manos, que no podía ser limpiada sin la autorización de los peritos.
Aunque su ropa ya estaba siendo analizada en ese momento, seguían esperando a otros investigadores
para recolectar más muestras, si fuera necesario.
El estado de Taehyung era preocupante; parecía estar siendo absorbido por su propia mente. Se
encontraba sentado al borde de la cama, miraba sus palmas con una desesperación silenciosa, como si
la historia real estuviera escrita en ellas.
Él había llegado trastornado, incapaz de articular una frase coherente, simplemente repitiendo “yo lo
maté” en un susurro quebrado. Y de repente, como si su mente se rompiera, quedó inmóvil, convertido
en una estatua viviente, como si fuera un muerto en vida.
Unos pasos resonaron a través del pasillo y alertaron a Kang, sacándolo de sus pensamientos. Desvió la
vista hacia el origen de las pisadas, y al ver de quién se trataba, relajó un poco la postura, sacando sus
llaves de inmediato. Al final del pasillo, un hombre adulto de bata blanca se acercaba, sosteniendo una
libreta y un bolígrafo en la mano. Kang lo saludó con un gesto rápido, mientras giraba la llave en la
cerradura para abrir la celda. El hombre de bata y cabello negro intenso entró con paso decidido, apenas
asintiendo en agradecimiento. El oficial observó cómo éste ingresaba a la celda donde se encontraba
Taehyung y la cerró, llaveándola de nuevo una vez que estuvo dentro.
Kang quiso quedarse cerca para escuchar la conversación, con la esperanza de obtener alguna pista. Sin
embargo, el profesional de bata le lanzó una mirada firme, indicando que debía dejarlos solos, pues toda
sesión debía ser estrictamente confidencial. Asi que Kang respetó esa señal y se alejó, consciente de que
no podía interferir, porque eso iba en contra de los derechos del detenido.
Y mientras se retiraba, el eco de sus pasos resonaba en el pasillo, cada vez más distante, dirigiéndose
hacia la entrada, esperando que DoWoon le tuviera alguna nueva noticia sobre el caso del misterioso
detenido.
Dentro de la celda, el aire parecía estancado, como si el tiempo se hubiera detenido, él ni siquiera tenía
fuerzas para moverse por sí mismo, más allá de la simple acción de respirar. Solo podía mirar sus manos
cubiertas de sangre y sentir un nudo en la garganta, acompañado de un malestar en el estómago que le
causaban feroces ganas de vomitar. Sin embargo, se las aguantaba como un castigo autoimpuesto. Él
sentía que debía soportar el dolor como castigo por sus actos, porque él solo merecía sufrimiento.
Taehyung se entregó porque sabía que lo merecía, estar en esa celda era la única forma que tenía de
castigarse. Sabía exactamente por qué estaba allí, pero se rehusaba a hablar con las autoridades porque él
jamás había confiado en ellos.
Él quería ser castigado, sí, pero no por la ley. Prefería ser castigado por sí mismo, por su propio pie,
porque así él lo dictaminó. No podía confiar en la justicia corrupta y desmoronada de un gobierno que
despreciaba. Y tampoco necesitaba que ellos le dictaran sus delitos, él ya los conocía; porque los llevaba
grabados con tinta roja en la palma de sus malditas manos.
—¿Kim Taehyung? —La voz del hombre de bata blanca resonó suavemente en la celda. Taehyung lo
ignoró. Se mantuvo con la mirada fija en sus manos, como si nada más existiera en ese momento.
El profesional lo analizó de pies a cabeza. Su postura rígida, sus ojos cubiertos por aquel húmedo pelo
gris, una argolla metálica de un piercing decoraba el labio inferior y los símbolos con tinta oscura
resaltando en sus brazos, contrastaba con el rojo intenso de sus dedos.
No hubo respuesta.
—Mi nombre es Jackson Wang; soy psicólogo forense en la prisión de Seúl y, a partir de hoy, tu
psicólogo también. —Se presentó, con una voz tranquila y sin rastro de juicio, caminando hacia una silla
de metal que se encontraba en la esquina de la celda, con intención de tomarla.
Taehyung no reaccionó, pero Jackson ya estaba preparado para esa posibilidad. El comisario le había
advertido sobre el estado del detenido, sobre su aparente mutismo y la falta de respuesta que lo hacían
parecer en shock, y algunos oficiales sospechaban que podría estar en un estado catatónico. Por eso lo
habían llamado, para que ayudara a determinar si realmente se trataba de catatonia o si había algo más
detrás de su comportamiento.
Jackson llevaba consigo únicamente una libreta, un bolígrafo azul y su aguda habilidad para resolver
enigmas psicológicos como este.
—Me dijeron que no has querido hablar desde que entraste a la celda, ni siquiera te has movido en horas.
—comentó con tono suave, tratando de iniciar algún tipo de interacción.
Taehyung no mostró ningún signo de haber escuchado. Su rostro permanecía impasible, atrapado en un
mundo donde las voces externas no podían alcanzarlo. Jackson observó con atención, notando la rigidez
de sus músculos y la tensión en su postura.
El psicólogo empezó a maquinar posibles causas para su estado, mientras evaluaba el silencio sepulcral
en la celda.
La catatonia de Taehyung podía ser un síntoma real debido al estrés, surgido por un shock postraumático
donde la mente se desconectaba completamente de su cuerpo para poder sobrevivir a lo que vivió; sin
embargo, también podría ser una máscara para ocultar algo más profundo. Por eso, decidió comenzar con
pruebas básicas.
Arrastró la silla de metal hasta colocarla frente a él, asegurándose de que el sonido rechinante contra el
suelo fuera lo suficientemente alto para provocar una reacción. Pero, a pesar de sus esfuerzos, Taehyung
no pestañeó.
Jackson hizo una pausa, evaluando el estado de su paciente. Se sentó, finalmente, frente a él y analizó su
postura a detalle antes de continuar.
Anotó en su libreta y luego, buscando otra estrategia, dejó caer su bolígrafo al suelo de concreto, a
propósito, cerca de los pies de Taehyung. El sonido seco resonó en la celda, pero Taehyung no mostró
ninguna señal de haberlo oído. Sus ojos permanecían desenfocados, perdidos en sus propias manos.
Sin embargo, Jackson sabía que no podía sacar conclusiones definitivas basándose solo en una prueba.
Respiró profundamente, reflexionando sobre el próximo paso. Al no obtener respuestas claras con
métodos menos invasivos, como último recurso, decidió probar con una prueba de estimulación.
Notó la pequeña herida en la sien de Taehyung, una brecha que podría ser la excusa para intentar la
prueba de contacto físico y evaluar su respuesta. Se acomodó en la silla, acercándose un poco más a él y
habló con calma.
—Taehyung, ¿te importaría si te reviso la herida? Es por tu seguridad. Significa que voy a tocarte, no te
asustes. —dijo, sin esperar realmente una respuesta.
Guió su diestra hasta el mentón de Taehyung y levantó suavemente su cabeza para observar su rostro a
detalle. El paciente no mostró resistencia física, pero sus ojos, aunque sin conectarse con los del
psicólogo, revelaban incomodidad por ser obligado a cambiar de posición. Jackson analizó la herida y
luego soltó el mentón, la cabeza de Taehyung volvió a caer al mismo lugar, su pelo gris cubrió su rostro
nuevamente.
Taehyung no cambió de expresión, sin embargo, quién evidenció una expresión de asombro, levantando
una ceja, fue Jackson.
Aunque se sintió frustrado, su profesionalidad prevaleció y tuvo que soltar un suspiro, tomando nota
antes de hablar.
Tragó saliva, buscando la forma adecuada de abordar el tema sin asustar ni provocar una reacción
defensiva en el detenido. Se acomodó en su asiento nuevamente y mantuvo un tono calmado.
—Taehyung, los catatónicos tienen una seria rigidez en sus miembros. Siempre se quedan donde los
mueven, no vuelven a caer. Eres bueno engañando a los demás, sabes lo que haces. Eres listo. Pero no
tienes que mentirme a mí, estoy aquí para ayudarte con tu caso.
Jackson hizo una pausa, evaluando la reacción de Taehyung. Los ojos del detenido seguían fijos en sus
manos, pero había una ligera tensión en sus hombros, un signo de que lo había escuchado.
—Entiendo que puedas estar evitando hablar —continuó Jackson—. Pero es importante que sepas que
fingir un estado catatónico no ayudará en tu caso, al contrario. Cualquier esfuerzo por ocultar la verdad
solo complicará las cosas para ti.
Ahora, el experto psicólogo sabía que Taehyung estaba consciente y que fingir catatonia simplemente era
una manipulación. Sin embargo, también sabía que existían razones profundas para tal comportamiento y
que la única forma de avanzar era con mucha más paciencia de la que había imaginado.
Taehyung se sintió descubierto, ya no tenía caso fingir. Así que levantó la cabeza de repente, clavando
sus ojos en el psicólogo para observar por fin su identidad, su mirada mostraba una frialdad que calaría
los huesos de cualquiera. Unas ojeras oscuras rodeaban sus ojos, parecían los de un muerto viviente. La
hostilidad en su expresión era notoria, como si quisiera apuñalar con la vista al hombre que tenía frente a
él.
—Fuera. —La primera palabra de Taehyung salió como un latigazo, corta y demandante, exigiendo que
el psicólogo se marchara de su vista.
—Estoy aquí para hablar contigo. —Su respuesta fue firme pero sin agresividad, demostrando que no iba
a dejarse intimidar.
Taehyung entrecerró los ojos aún más, su desagrado se hizo evidente. Estaba comenzando a odiar a ese
maldito sujeto por haberlo descubierto.
—Que te vayas... —No estaba acostumbrado a repetir sus palabras. Se molestaba cuando no le
obedecían, y el enojo en su mirada era prueba suficiente de eso. —No pedí un maldito loquero. —
manifestó, con un tono cargado de ira contenida— Fuera.
Hace un minuto, su paciente permanecía inmóvil, imperturbable, carente de expresiones o vida. Y ahora,
tan solo segundos después de haber sido descubierto, irradiaba una innegable ira y hostilidad. ¿Cómo era
posible que saltara de estados de ánimo tan abruptamente? Este caso se volvía cada vez más intrigante e
incluso se atrevería a decir que le resultaba fascinante.
Jackson mantuvo la compostura, sabía que las primeras reacciones defensivas eran naturales en
situaciones como esta. Taehyung estaba luchando por mantener un escudo mental.
Aquella palabra despectiva «loquero» le indicaba una fuerte negación y quizás una mala experiencia o
desinformación sobre su profesión. Si quería acercarse al joven detenido, debía hacerlo a la manera del
chico, con su propio lenguaje satírico y ácido.
—Tienes razón, no pediste un "loquero", yo no lo soy. —Jackson intentó sonar cercano, aunque sabía que
esa palabra no hacía justicia a su profesión y estaba absolutamente en contra. Sin embargo, entendía que
debía hablar la misma jerga de Taehyung para conectarse con él.
El recluso lo miró con repulsión, con sus fríos ojos que analizaban cada palabra del psicólogo. Se notaba
la desconfianza tallada en su expresión y no tenía intención de disimularla.
—¿Cómo que no lo eres? —preguntó con un tono de burla, como desafiándolo a que respondiera de
manera convincente. —Eres uno de esos manipula mentes.
—Sé que la gente usa esa palabra como algo negativo —dijo Jackson con calma—, pero mi trabajo no es
decirte qué hacer ni manipular tu mente. Estoy aquí para escucharte y entender por lo que estás pasando.
Soy tu psicólogo, Taehyung, no tu enemigo.
—No eres nada mío. —Atacó con filo en su voz— Para mí, no eres más que un títere del gobierno, no
voy a hablar contigo de ninguna mierda. —Respondió, despectivo y cortante.
Jackson asintió, sin mostrar ninguna reacción de desánimo. No quería apresurar la conversación ni
presionarlo, sabía que cada palabra debía ser cuidadosa para no provocar más negativas. Sin embargo, los
oficiales necesitaban saber lo que había ocurrido lo antes posible, necesitaban recopilar toda la
información que se pudiera y para eso también necesitaban que Taehyung hablara.
—No tienes que decir nada ahora si no quieres. Puedo quedarme aquí en silencio contigo.
Taehyung no respondió de inmediato, pero su mirada se mantuvo fija en el psicólogo, como si intentara
leerlo, buscando cualquier signo de hipocresía o falsedad. Jackson mantuvo su postura serena, dispuesto
a quedarse tanto tiempo como fuera necesario para ganar la confianza del detenido. Decidió quedarse allí,
sentado, respetando el espacio de Taehyung, esperando el momento adecuado para avanzar.
—Pff, si te encanta perder el tiempo, allá tú. —Soltó en burla—. Por mí puedes pasar pegado a esa silla
por años si quieres; me la suda. Total, años son los que me esperan en este agujero de mierda.
Taehyung, ya harto de ver al estúpido manipula mentes, desvió la mirada hasta la ventanita, ignorándolo
de nuevo. Sabía que quería entrar en él y no iba a permitirlo.
Desde el primer momento en que lo vio entrar a su celda, un gran muro se levantó entre ellos. Ignorar a
los oficiales había sido pan comido para él; es más, habían sido ellos quienes sacaron la conclusión sobre
su "catatonia por shock". Sentado impasible, había escuchado la conversación en el pasillo y
simplemente lo adoptó, aprovechando la situación para eludir a las autoridades.
Taehyung siempre había sido un tipo con la mente rápida, capaz de aprovechar cualquier oportunidad a
su favor. Los niños de la calle a menudo debían asegurar un día más, beneficiándose así sea a cuestas de
otros, y él no era la excepción. Pensó que podía sacar más tiempo si los hacía creer que estaba perdido en
lo profundo de su mente.
Así que, cuando los oficiales entraron para llevárselo a la sala de interrogatorios, él no respondió, no se
movió, simplemente los ignoró. No tenía la más mínima intención de seguir sus órdenes. Escuchó cómo
salían de la celda y se alejaban por el pasillo, murmurando algo sobre que estaba en shock, como si fuera
un catatónico. Pero ese maldito loquero lo había descubierto en 1 minuto, le estaba tocando los putos
huevos, y lo odiaba.
El silencio a veces hablaba más que las palabras. En el caso de Taehyung, la resistencia y la
desconfianza eran su manera de protegerse.
Pasaron unos segundos en silencio, en lo que Jackson analizaba minuciosamente los tatuajes que cubrían
el brazo del jovencito frente a él. Cada detalle le resultaba familiar, recordándole a los símbolos de
pandillas y otros grupos delictivos que había visto en el pasado. Los dibujos en su brazo hablaban sobre
un mundo de lealtad y violencia, un mundo al que Taehyung parecía pertenecer.
Corea del Sur era un país estricto en cuánto a las apariencias, llevar tatuajes solo aumentaban la mala
fama. Eran prejuicios en todo el país, y todos sabían que ciertos tatuajes eran un sello inconfundible de
pertenencia a una pandilla peligrosa y destructiva, como una señal de alerta para tener cuidado y
mantenerse alejados.
Examinaba cada detalle, intentando descifrar sus significados. Primero, observó un delgado hilo de red
que se extendía por su codo izquierdo.
Desvió la vista hasta el codo contrario, vio una negra línea dura y puntiaguda que rodeaba su brazo como
si fuera una serpiente enroscada.
《Alambre de púas... quizás se deba a cómo los jóvenes se sienten atrapados por los valores de las
calles, sin poder escapar, como esclavos del mundo pandilleril》
Volvió a deslizar sus ojos hasta el antebrazo izquierdo, destacaba un ancla encadenada a una brújula. Se
detuvo unos buenos segundos analizando aquel diseño que le costaba entender. No habían significados
totalmente claros para un tatuaje personalizado, pero jackson podía inferir algo al analizar los elementos
por separado.
《La brújula guía y dirige cuando alguien está perdido. Tal vez podría simbolizar su papel en el mundo
exterior, como alguien que guía, como un líder》
Seguía maquinando.
Si tuviera que poner todo ese contexto en una mesa y añadir el factor de que, evidentemente, Taehyung
era un chico que pertenecía a una banda, esos tatuajes sugerían que el detenido incluso podría tener un
papel de liderazgo en las calles, como un soporte y guía que proporcionaba dirección y seguridad a los
demás, seguridad para navegar en un mar de violencia callejera.
Además vio una estrella de tres puntas, llamada triqueta, y eso podría simbolizar lealtad y unión entre los
integrantes. No había dudas, Jackson concluía perfectamente con quién estaba hablando.
Aparentemente estaba ante el líder de una banda, o quizás alguien de alto estatus en esa jerarquía, pero
entonces...
《¿Dónde están los demás?, ¿por qué llegó solo, si sus brazos remarcan unidad? ¿Acaso lo habían
echado?》
Con ese pensamiento en mente, Jackson sabía que debía tratar a su nuevo paciente con más tacto. Estaba
frente a un individuo aparentemente peligroso, y aunque como profesional debía ayudar, no podía
permitirse bajar la guardia ni por un instante. Su estado de alerta se intensificó, sin embargo, se esforzó
por mantener una actitud serena y firme. Sabía que no debía mostrarse intimidado, porque quizás en el
mundo de Taehyung, él era el que imponía respeto. Pero, en esa celda, Jackson era la autoridad.
Al psicólogo no le había costado reconocer los tatuajes del detenido. Después de todo, estaba rodeado de
ellos en la prisión. Pero se trataba de algo más, él ya conocía los significados desde mucho antes de ser
psicólogo. Lo sabía porque él... también tenía uno similar en su pierna derecha.
Taehyung, por su parte, permanecía en silencio, como si estuviera reviviendo el peor recuerdo de su vida.
Estaba mostrando señales claras de alarma y Jackson lo podía ver perfectamente aunque tratara de
ocultarlo.
—Tienes unos tatuajes impresionantes. —Habló, tratando de dispersar los recuerdos agobiantes de
Taehyung. —Me gustaría saber qué significan para ti. —Profundizó en la última frase, quería confirmar
si sus conclusiones eran correctas— Reconozco algunos, porque yo también tengo uno parecido, ¿te
gustaría verlo?
Taehyung apenas reaccionó al comentario, cruzando los brazos en un gesto de negativa. Su cabeza iba a
explotar por tanta tensión y estrés que debía disimular. Su corazón estaba pidiendo auxilio ante el dolor
que sentía, sin embargo, su rostro permanecía apenas sin expresión, como si fuera indiferente a la
presencia de Jackson.
—Está bien —siguió Jackson al ver que tampoco hablaría de sus tatuajes—. No necesitas contármelo
ahora si no quieres. No hay prisa, estamos en esto juntos.
—¿Juntos? —soltó una risa seca y burlona, como si la idea misma le fuera absurda. Chasqueó la lengua y
miró fijamente a los ojos del psicólogo—. Si te vas a quedar, por lo menos haz el favor de no decir
estupideces. Tú no tienes ni puta idea de quién soy yo, ni te importa. No estás conmigo en nada. ¡Ya deja
de tocarme los huevos!
Jackson mantuvo su calma, sin inmutarse por el insulto y la agresividad en su voz. Entendía que esa
actitud era parte de la coraza que había construido para protegerse, y que sus palabras podían ser
percibidas como una amenaza para él. No quería lucir amenazante, al contrario, quería ganar su
confianza.
—Tienes razón, no te conozco —Jackson no se daba por vencido, reconociendo el sentimiento del joven
—. Aún no... pero sí me importas, vine para ayudarte.
—¿Y para qué? —preguntó tajante, al límite—. ¡No necesito ayuda de nadie! Me entregué por mi propio
pie, ¡¿qué más mierda quieren?!
—Tu declaración, Taehyung —respondió enfatizando sus siguientes palabras. El grisáceo volvió a bajar
la cabeza cubriendo su expresión de estar enloqueciendo de ira—. Soy psicólogo asignado en la prisión
de Seúl. Pero estoy en esta comisaría solo por ti, porque quiero ayudarte. —Jackson desvió levemente la
vista, llevando su mirada hasta las manos ensangrentadas de Taehyung—. Sabes, el trabajo de un
psicólogo no es que todo el mundo diga la verdad. A veces las personas necesitan hablar, y otras veces
sólo necesitan que alguien las escuche. Y hoy, creo que lo que más necesitas es que te escuchen. No soy
policía, Taehyung. No voy a arrestarte. Solo quiero saber qué te pasó a ti, ahora mismo solo me importas
tú. —Volvió a levantar la vista, queriendo ver su rostro, pero el joven lo cubría con aquellos cabellos
grises tintados de rojo oscuro— Eres tan joven y con una vida por delante. Podrías pasar muchos años en
prisión y tal vez sea injustamente. No estoy aquí para juzgarte, pero entiendes que tu silencio puede
complicar tu situación, ¿verdad? Tal vez hablar te ayude más de lo que crees.
Jackson debía salir de esa celda con alguna información extra, sin violar los derechos de su paciente. Lo
necesitaba, pero Taehyung no colaboraba. La situación era tan agravante que no podían seguir con las
manos vacías y que el caso termine por archivarse.
Aunque en el caso de Kim Taehyung, no habían pruebas concluyentes como un cuerpo, la evidencia era
lo suficientemente fuerte para justificar su detención. La cantidad de sangre en su ropa, manos y cabello
sugería que la víctima —si es que realmente existía—, había sufrido heridas mortales. Una persona
promedio no podría sobrevivir a tal pérdida de sangre. Sumado a su confesión de haber asesinado a
alguien, eso bastaba para mantenerlo bajo custodia preventiva mientras continuaba la investigación.
Sin embargo, la duración de su detención dependía de varios factores. Aún no se sabía si el homicidio
había sido en defensa propia, un acto premeditado, un accidente, o si Taehyung padecía algún tipo de
trastorno psicológico que pudiera haber influido en sus acciones. Esta última posibilidad era crucial, y
por ello Jackson había sido convocado. Su tarea no solo era evaluar la salud mental de Taehyung, sino
también determinar si era penalmente responsable de sus actos, si estaba en pleno uso de sus facultades
mentales en el momento del supuesto crimen.
Si Taehyung sufría de un trastorno mental grave y esto no se reconocía a tiempo, podría acabar en prisión
en lugar de recibir el tratamiento adecuado en un centro psiquiátrico, lo que pondría en riesgo tanto su
vida como la licencia profesional de Jackson. Por eso su misión no era solo descubrir la verdad, sino
también evaluar si Taehyung estaba mentalmente apto en el momento del crimen, o si su confesión y
acciones eran falsas, producto de una mente perturbada.
Taehyung luchaba por permanecer en silencio, por supuesto que jamás abriría la boca ante un
psicólogo que quería manipularlo, su impulso de levantarse y partirle la cara estaba siendo reprimido
fuertemente. No quería oírlo, ¡ya no quería verlo! Su respiración se volvía pesada y Jackson leyó aquella
reacción para tratar de proseguir, con cuidado.
—Lo que sucedió… no cambia quién eres. Ninguna acción de un hombre define toda su vida. Pero si
sigues callando, eso sí te definiría. La culpa, el peso de lo que guardas... eso te va a consumir. Si sigues
callando, nunca habrá oportunidad para que sanes. Estás en tu derecho de callar, pero también estás en tu
derecho de hablar y liberarte.
Al escuchar a Jackson mencionar la palabra "liberarte", Taehyung sintió una oleada de indignación
recorrer su cuerpo. Sus manos se tensaron, y cada segundo que pasaba se sentía menos capaz de contener
la frustración que le ardía por dentro. Aspiró una fuerte bocanada antes de levantar la cabeza de nuevo,
enseñándole su rostro ahora con enojo que ya no era disimulado ni un poco.
—¿Liberarme? —exclamó, presionando la mandíbula—. Tu maldita ley de mierda nos condena por
tatuajes, por hacer graffitis, ¡hasta por fumar en la calle! Pero cuando se trata de un asesino, ¿ahí lo
defienden? se escudan en sus derechos. ¡¿Derechos de qué?! ¡Un maldito asesino no debería tener
derechos! ¡Deberían encerrarme! ¡¿Llegar bañado en sangre no le parece suficiente prueba a tu absurda
ley?!
Lanzó esta última pregunta mientras levantaba ambas manos hacia Jackson, asegurándose de que las
viera. La sangre en sus palmas no era simple decoración; era una evidencia brutal de un crimen que él
sabía que era real. ¿Cómo era posible que quisieran ayudarlo?, que intentaran defenderlo, cuando él solo
deseaba pudrirse en la cárcel. Cada muestra de empatía o apoyo que le brindaban le revolvía el estómago,
como si el mundo entero estuviera en su contra, negándole el castigo que merecía.
Sentía que el sistema era una burla cruel en el que la justicia se escondía tras una cortina de hipocresía.
Había venido a entregarse, a pagar por sus crímenes. En su mente, la ironía era sofocante; ante todos
había cometido el peor de los delitos, y aún así querían ayudarlo. No lo entendía. Como si solo él pudiera
ver la perversidad en una sociedad que protegía al culpable. Como si solo él pudiera ver la verdad en la
estúpida ceguera moral de los demás.
Pero Jackson no se refería a liberarse judicialmente, sino liberarse de las cadenas que lo aprisionaban en
su mente. Taehyung había confundido el término y estuvo a punto de explicarselo mejor, cuando una idea
surgió en su mente al ver la reacción del detenido. Al ver que estaba escupiendo de rabia las cosas que le
molestaban, decidió seguir el ritmo de la conversación, sin mencionar el error. Porque esa era la única
manera de hacer hablar a Kim Taehyung...
—¡Me importa un carajo la falta de pruebas! ¡Soy culpable! —Taehyung empuñó sus manos hasta que
temblaron por la fuerza.
—El hecho de que no estés dando información puede estar complicando las cosas para ti. Sé que sabes
que esto no puede seguir así. —Jackson mantuvo su tono controlado, consciente de que cada palabra era
como encender una mecha. —¿Estás sintiendo culpa por lo que hiciste, Taehyung? ¿Es eso? ¿Por eso
quieres que te encierren?
—¡Ya no...! —Hizo una pequeña pausa, bajando la mirada al suelo, sus puños se abrieron de nuevo,
como si toda la fuerza se hubiera esfumado en un segundo— ya no me importa lo que hagan conmigo,
nada cambiará lo que pasó. —Su voz salió apenas, sin ganas, como un susurro, en un tono tan sincero
que Jackson comprendió que en toda la conversación que tuvieron, quizás, esta era la única frase
realmente honesta que salió de su boca.
El psicólogo soltó un suspiro y se llevó la mano al cuello para liberar la tensión, tal vez era tiempo de
marcharse y acabar con la sesión. No quería presionar el botón de explosión en Taehyung porque podría
obtener una reacción opuesta a la que quería. Decidió que era suficiente, mirando sus apuntes. Sin
embargo, antes de levantarse y marcharse quería probar una última cosa, solo un pequeño empujón.
Porque en situaciones agravantes como estas, cuando el paciente bajaba su defensa, una leve presión era
necesaria.
—Dices que ya no te importa, que nada va a cambiar lo que pasó… pero si eso es verdad, entonces ¿por
qué seguir atormentándote así? Si no tienes nada que perder, ¿por qué no hablar?
—Escucha... Ahora que sabemos tu estado real, tendrás que hablar con un abogado, él puede asesorarte
con lo que pasó, y yo estaré contigo para apoyarte en todo momento.
La defensa de Taehyung estuvo por quebrarse, el muro estaba a punto de romperse. Sin embargo, al oír
eso, sus pupilas se encendieron de rabia, reaccionando, y levantando el muro nuevamente. Decir que
estaba furioso era quedarse corto, la acelerada forma en la que respiraba lo delataba, su pierna derecha se
movía de manera efusiva, y la vena que se pronunciaba en sus brazos, hacía que el psicólogo se pusiera
en alerta, pensando que en cualquier momento lo golpearía.
—¿Abogado? —Se mofó. Ya tenía suficiente, aquella palabra había sido la definitiva. No lo soportaba
más. Si volvía a escuchar una sola palabra de ese maldito manipulador, se levantaría y le golpearía en la
boca para que callara —¡No quiero maldito un abogado! ¡Carajo!
Para Jackson, una cosa se hizo clara: Taehyung no quería ser liberado. Deseaba permanecer detenido, y
eso lo confundía. ¿Desde cuándo un preso luchaba tanto por quedarse en lugar de buscar su libertad? ¿En
verdad era porque sentía culpa o había algo más detrás?
— Tu comportamiento me dice que quieres quedarte aquí, ¿es eso cierto, Taehyung? Dime, ¿por qué te
sientes así? —Jackson tomó su bolígrafo y acercó la punta hasta el papel, listo para trazar sus últimos
apuntes. —¿Te sientes culpable o quieres convencerte de que eres culpable?
Aquel comentario de Jackson fue la gota que derramó el vaso. ¡No lo soportaba más!
Culpa. Culpa. ¡Aquella cosa lo iba a matar y nadie podía verlo! Solo hablaban de pruebas y excusas.
¿Querían una prueba para su condena? ¡Pues entonces la iban a tener!
—¡Van a condenarme! —Explotó, marcándose su propia sentencia — ¡Por la mierda que van a
condenarme!
Jackson se asustó por el ataque inesperado del detenido, pero no permitió que el miedo lo paralizara. Su
entrenamiento en situaciones de riesgo le permitió mantener la compostura, incluso mientras Taehyung se
lanzaba sobre él en el suelo, forcejeando, tratando de que la punta lo perforara. El peso de Taehyung era
un desafío, pero Jackson usó toda su agilidad para esquivar su fuerza y mantener el control.
—¿Quieren más pruebas? —dijo Taehyung, sarcástico, mientras luchaba por mantener el bolígrafo en su
mano. Jackson intentaba alejar la peligrosa punta de él—. ¿Qué tal si les doy más pruebas con otro
cadáver en mi celda?
La fuerza y la ira de Taehyung eran evidentes, pero Jackson no cedía al pánico. Con movimientos
precisos, intentó desviar el brazo del contrario.
Durante el escándalo del forcejeo y aquellos gritos, los oficiales reaccionaron al alboroto, corriendo
alterados hacia la celda. Jackson necesitaba ganar tiempo hasta que ellos llegaran.
Jackson Wang no era nuevo en enfrentamientos con reclusos peligrosos. Como psicólogo de la prisión,
había lidiado con numerosas situaciones extremas a lo largo de los años, perfeccionando su capacidad
para leer a las personas y manejar el peligro. Sin embargo, su experiencia iba más allá del ámbito
profesional, mucho antes de que él decidiera ser psicólogo.
Jackson era un joven chino que había abandonado su país natal, huyendo de una crisis que amenazaba
con asfixiar su vida. Pero antes de tener aquel sueño en mente, Jackson había sido como cualquier otro
adolescente rebelde, y en su rebeldía se había adentrado en una de las bandas más duras de China: la
Triada 14k de Hong Kong. Luchó por salir de aquel entorno oscuro y violento una vez que recapacitó del
peligro en el que se había metido por una inmadurez. Aquel entorno, hostil y problemático, despertó en él
la curiosidad sobre la mente de los criminales. La experiencia obtenida dentro de la triada le había
proporcionado habilidades valiosas. Desarrolló una aguda percepción del peligro, una mente rápida para
evaluar situaciones y una destreza física que le permitía reaccionar con precisión. Estos atributos,
forjados en el crisol del crimen organizado, se convirtieron en herramientas invaluables en su nueva vida.
La única cosa que agradecía de aquel pasado era la experiencia y agilidad que le regaló aquel mundo, lo
que le permitía estar alerta siempre. Jackson había aprendido a sobrevivir en circunstancias extremas, y
esas lecciones ahora le servían en su profesión como psicólogo forense tratando con presos peligrosos de
la prisión de Seúl.
Estas habilidades se pusieron a prueba cuando Taehyung se abalanzó sobre él, tratando de atacarlo.
Jackson, sin perder la compostura, había desviado el ataque con destreza, demostrando que su pasado no
estaba tan enterrado como podría parecer.
Con un movimiento audaz, cruzó las piernas con las de Taehyung y lo volteó junto con él, dejando al
sospechoso boca abajo en el suelo y él sobre su espalda. En aquel microsegundo, logró ver otro tatuaje
más, uno que no podía ver a simple vista cuando estaba sentado frente a él, porque éste estaba dibujado
en su nuca. El Yin y el Yang.
Jackson le arrebató el bolígrafo de sus manos y retrocedió hasta la puerta sin darle la espalda en ningún
momento. Taehyung, sorprendido por la agilidad y fuerza de Jackson, lo miró de pies a cabeza,
impresionado, mientras se levantaba del suelo evitando mostrar vulnerabilidad.
—No es mi intención contraatacarte, Taehyung, va contra mi moral y ética como profesional, pero tengo
permitido defenderme si se diera el caso. —Determinó con la voz agitada— Espero que no vuelvas a
hacerlo porque tendré que defenderme otra vez y eso solo te perjudica a ti y agranda tu antecedente.
—Ese movimiento… —repitió Jackson—es el que te enseñan en la calle para defenderte y tumbar a tu
contrario. —Fue él quien terminó la frase.
Taehyung frunció el ceño, incrédulo. Jackson parecía un hombre acomodado, con una vida organizada y
con mucho dinero pero su habilidad para luchar era clara. ¿Cómo podía ese tipejo saber sobre peleas
callejeras?
El mayor vio la confusión en los ojos de Taehyung y respondió a su pregunta no formulada, tragando
saliva cuando la garganta se le secó al recordar su pasado.
—Taehyung, yo formé parte de la Triada de Hong Kong. —La mandíbula de Taehyung casi tocó el suelo
ante la confesión inesperada—. No es algo de lo que me enorgullezca, por supuesto. Por eso decidí salir
de ese mundo. Me fui de allí, incluso dejé mi país, porque quise cambiar, y me dediqué a algo que
realmente quería. —Jackson se enderezó, reafirmando su postura frente al joven—. Ahora dedico mi vida
a ayudar a quienes pueda, porque yo fui como tú. Y créeme, me habría gustado que alguien hubiera
estado ahí para ayudarme a mí y a mi familia en ese entonces. —Su expresión se suavizó, con una mezcla
de compasión y resolución—. Permíteme ofrecerte esa ayuda ahora, Taehyung. Déjame ayudarte a
cambiar.
Aunque Taehyung intentó parecer desinteresado, algo en su expresión cambió. El relato de Jackson lo
había impactado, no podía creer que alguien con un trasfondo similar al suyo hubiera logrado salir de la
calle y convertirse en un profesional. Sin embargo, una pizca de desconfianza seguía en él, ¿cómo podía
creer en la palabra de un manipula mentes?
—¡Se te pudre la boca de mentiras! —exclamó asqueado, dando un paso hacia adelante en señal de
desafío, como si quisiera atacarlo otra vez. Sus ojos ardían de ira, mostraban lo mucho que detestaba que
le mintieran en la puta cara.
—Reconocí tus tatuajes, son inconfundibles entre grupos a los que perteneces—. Jackson intervino antes
de que Taehyung pudiera reaccionar, capturando su atención—. ¿Me creerías si te enseño el mío? —Se
precipitó. —Ya te lo he ofrecido antes.
Taehyung se detuvo en seco ante la pregunta, visiblemente dubitativo. Jackson le estaba ofreciendo la
oportunidad de demostrar que decía la verdad; de lo contrario, estaba dispuesto a atacarlo de nuevo para
asegurar su permanencia en ese lugar, por haber tenido la osadía de mentirle.
Sin esperar una respuesta, Jackson levantó la tela de su pantalón sin apartar la vista de los ojos de
Taehyung en ningún momento, por precaución, mostrando el triángulo característico de la triada
decorando su pantorrilla derecha, con símbolos claramente visibles en el interior de la figura. Taehyung
tragó saliva al ver la revelación, su expresión pasó de sorpresa a una mezcla de incredulidad y
preocupación. Sintió cómo su corazón latía con fuerza y un nudo se formaba en su garganta.
Instintivamente, llevó una mano temblorosa a sus cabellos peinándose hacia atrás, como si sintiera el
peso aplastante de la situación. Una oleada de emociones encontradas lo invadió, aturdiéndolo un poco.
El psicólogo, al ver el impacto que había causado en el chico, aprovechó para acercarse más a él,
disminuyendo el tono formal de su voz para hablar en su mismo lenguaje. Mientras tanto, guardaba el
bolígrafo bajo la manga de su bata, consciente de no querer exponer su “arma” nuevamente frente al
recluso. Finalmente, logró establecer la cercanía que había buscado desde que ingresó a la celda,
sintiendo la tensión en el aire mientras Taehyung procesaba la información.
Pues no había nadie mejor que un psicólogo que había crecido entre pandillas... para entender a un
pandillero.
—No soy tu enemigo, Taehyung. Déjame ayudarte. Yo realmente te entiendo y no solo lo digo de boca
para afuera. —Susurró Jackson sabiendo que era su última oportunidad, antes de que los oficiales
llegaran y abrieran la puerta para llevárselo. Sus últimas palabras fueron en el código callejero universal,
en el código y lenguaje más cercano que Taehyung pudiera recibir y no rechazar—. La calle ayuda a la
calle.
Los oficiales sacaron a Jackson de la celda, pero antes de que se alejara por el pasillo, miró por los
barrotes y dejó un último mensaje, firme y con determinación, porque dentro de aquella celda él era la
autoridad, y no aquel jovencito callejero.
El chico de cabello grisáceo, tensó la mandíbula como si hubiera recibido una bofetada, un duro golpe de
realidad. Mirando fijamente hacia el portón de la celda, quedó pensativo y cayó sentado al borde de su
cama de nuevo. ¿En serio aquel psicólogo venía de una vida callejera y ahora era todo un profesional?
Aunque sentía rechazo al pensar que Jackson había abandonado su vida y el código de la calle, también
sentía una pizca de admiración. Taehyung siempre había creído que su destino estaba sellado, que estaba
condenado a la vida de la miseria. Pero Jackson era la prueba viviente de que era posible cambiar el
rumbo de la historia y cumplir sus objetivos.
Odiaba admitirlo, pero Jackson tenía estilo. Aquel psicólogo, aparentemente pulcro y reservado, había
logrado liberarse de su ataque con la agilidad y astucia de alguien acostumbrado a los peligros de las
calles. Era difícil creer que un hombre que una vez perteneció a una pandilla pudiera convertirse en un
profesional respetado, con una vida totalmente diferente a lo que el destino había marcado.
Taehyung se volvió a mirar las manos, analizaba la mancha de sangre seca entre sus dedos que se perdía
en un camino bajo sus uñas. Tragó saliva.
Jackson tuvo aquella oportunidad de salir adelante porque no era un asesino, pero Taehyung no tenía
esperanza alguna. Él debía quedarse ahí, tenía que hacerlo; porque él se veía a sí mismo como un hombre
sin salida, un hombre cuyo lugar ya no estaba en la calle… sino en la prisión.
A pesar del ataque recibido, el psicólogo no vacilaba en su decisión de regresar; no se había dejado
intimidar. Para Taehyung, esto confirmaba que Jackson, a pesar de su reputación como profesional
respetado, tenía un pasado en las calles. Su convicción y tenacidad seguían siendo evidentes, prueba del
carácter que se forja en las bandas.
Aquel que enfrentaba las advertencias con determinación exhibía su valía; en cambio, quienes huían ante
la primera señal de desafío eran despreciables, peor que la escoria.
En la sala de recepción de la comisaría, el ambiente se cargaba con una tensión palpable. Los oficiales,
preocupados por la seguridad del psicólogo, intercambiaban miradas llenas de incertidumbre,
preguntándose qué habría desencadenado la reacción de Taehyung en la celda. Ellos llegaron después del
enfrentamiento, encontrando a Jackson apoyado a los barrotes, manteniendo una prudente distancia de
Taehyung, cuyos ojos reflejaban una confusión profunda. Las palabras de Jackson sobre su retorno al día
siguiente resonaban en la mente de los presentes, dejándoles más preguntas que respuestas.
Jackson, con los brazos apoyados sobre la mesa de la entrada, aparentaba calma ante los demás mientras
respiraba hondo, sin embargo, sus ojos denotaban el caos que había dejado atrás. Recordar o hablar sobre
su pasado nunca resultaba grato para él, y no tenía planeado hacerlo. No obstante, al observar cierto
reflejo de sí mismo en aquel jovencito, no podía evitar sentirse responsable por él ahora.
Las imágenes del enfrentamiento en la celda aún rondaban en su mente. No quería ver a Taehyung
convertirse en otro producto de la violencia callejera que él mismo había enfrentado en su juventud. A
pesar de haber cruzado una línea ética por su deseo de ayudar, Jackson sabía que era su deber intentarlo.
La tensión se palpaba en el aire mientras pensaba en la sesión del día siguiente. Esperaba sinceramente
que Taehyung, ahora al tanto de su pasado en una pandilla, se abriera más y comenzara a confiar en él.
Tal vez, así, podría lograr hacer una diferencia real en la vida de este chico.
El comisario SungJin, quien había llegado hacía pocos minutos, notó el estado en el que se encontraba el
psicólogo y de inmediato le ofreció un vaso de café para tranquilizarlo.
—¿Qué ocurrió ahí dentro? —preguntó con voz baja pero llena de urgencia—. ¿Por qué te atacó?
Jackson tomó un sorbo de café, saboreando la amargura del líquido mientras pensaba en el encuentro con
Taehyung y arreglaba su bata arrugada. El bolígrafo cayó al suelo, resbalando por su manga, haciendo un
sonido que llamó la atención de todos en la sala. Al instante, habían deducido lo que había pasado; las
palabras sobraban cuando los años de experiencias hablaban.
—Necesito más sesiones con Taehyung —dijo, su tono controlado apenas ocultaba la intensidad de sus
emociones—. Está en negación profunda. Este tema es extremadamente detonante para él, y su problema
con la ira está obstaculizando nuestras investigaciones. Pero sé que quiere estar aquí. No tiene intención
de irse. Quiere ser juzgado, sin importar las consecuencias.
Mientras el oficial Kang servía más café y le pasaba una taza a Dowoon, este último sacó una caja de
donas y se las ofreció a Jackson como desayuno. El psicólogo negó con la cabeza, su apetito había
desaparecido tras el enfrentamiento.
—Me temo que no puedo permitir que sigas con las sesiones de Kim —declaró SungJin con seriedad,
desviando la mirada del bolígrafo en el suelo hacia los ojos cansados del psicólogo.
—¡No! —interrumpió Jackson con solidez, su voz resonó con una decisión inquebrantable—. Disculpe
mi atrevimiento, comisario Park, pero aunque parezca que no, hoy he logrado un avance significativo con
Taehyung. Si cambiamos de profesional ahora, él se sentirá invadido de nuevo, se cerrará y no dirá una
palabra más. Además, entenderá que si ataca al próximo psicólogo, también será cambiado, y eso solo
retrasaría aún más el caso. Déjeme manejarlo a mí.
El comisario SungJin lo miró con escepticismo, pasándole el expediente que Dowoon le había entregado
momentos antes. Observó a Jackson detenidamente, preguntándose si realmente sería capaz de manejar a
alguien con un historial tan violento.
Jackson sintió una mezcla de nerviosismo y emoción mientras tomaba el expediente. Le pesaba la
responsabilidad de ayudar a Taehyung y demostrar al comisario que podía hacerlo. Observó la página
llena de incidentes violentos y delitos, sin leer con detenimiento. Su atención la estaba entregando por
completo al comisario, tratando de persuadirlo. Ya lo leería con más calma luego.
—Está claro que Taehyung tiene problemas profundos —dijo Jackson, sonando convincente—. Pero creo
que puedo llegar a él. Ya hemos establecido cierta confianza. Si me retiran y lo derivan a otro
profesional, se sentirá presionado y cerrará todas las puertas. Él necesita estabilidad y alguien en quien
confiar para que empiece a hablar.
—No puedo arriesgarte a que te vuelva a agredir —insistió SungJin—. Su historial de violencia es
alarmante, con orden de alejamiento, fraudes y agresiones. Además, el intento de utilizar un bolígrafo
como arma demuestra su peligrosidad; la próxima vez podría herir a cualquiera con lo primero que tenga
a mano… La cantidad de sangre con la que ha llegado habla por sí sola.
Jackson asintió con pesar, comprendiendo la gravedad de la situación, pero Taehyung era su paciente y él
sabía como tratarlo. Respiró profundamente antes de responder, cuidando cada palabra.
—Eso es precisamente lo que él pretende que creamos, —contradijo el psicólogo, reposando la taza de
café con gesto serio. Los oficiales lo observaron con atención, capturados por sus palabras. —Cuando
Taehyung me atacó, no lo hizo por la satisfacción de agredirme. Su objetivo era claro, él quería provocar
un ataque que lo llevara a ser juzgado y así permanecer entre rejas. Él quiere ser enjuiciado, encerrado.
Todo fue meticulosamente planeado. Taehyung es astuto, conoce la ley a la perfección y la está utilizando
a su favor, pero no para salir de aquí, sino para… quedarse.
—¿Por qué haría eso? —inquirió Kang. Los oficiales intercambiaron miradas, procesando la nueva
perspectiva que Jackson les ofrecía. Sus palabras resonaron en el aire tenso de la sala de reuniones,
desafiando toda lógica. —¿Está ocultando algo?
—Eso es lo que quiero averiguar, pero no hay pruebas suficientes y no puedo elaborar un informe
psicológico sin más sesiones con él. Este caso es extraordinariamente grave, se trata de un asesinato y el
sospechoso se muestra reacio a hablar, incluso llegando al extremo de simular síntomas de catatonia para
eludir la conversación.
—Aunque inicialmente consideré que podría sentir culpa, ahora tengo mis dudas al respecto. Más que
culpa… parece estar persiguiendo un beneficio propio. ¡Simuló un síndrome psiquiátrico!, pero es crucial
que ustedes entiendan que el simple hecho de necesitar fingirlos es una señal gravísima de alarma. ¡Una
persona mentalmente sana nunca recurriría a eso! Y la necesidad de fingirlos para manipular información
es… preocupante.
—¿Cuál es tu sugerencia? —El comisario soltó un suspiro, cruzando los brazos con gesto pensativo—.
¿Fue premeditado? ¿Está mentalmente inestable?
—Ahora que sabemos que no está catatónico, además de las sesiones conmigo, Taehyung va a necesitar
de un abogado porque, si algo me queda claro, es que él quiere ser juzgado y necesitará asesoramiento
legal.
—Ya le he conseguido un abogado de defensa para mañana. Pero en cuanto a usted, Licenciado Wang, no
mantendrás más sesiones con él.
—Usted mejor que nadie sabe que en su derecho también establece que no pueden juzgarlo sin antes
analizar su situación mental. Y si me lo pregunta a mí, que soy el responsable, mi paciente está dando
señales preocupantes y no puedo permitir que lo sentencien sin un informe psicológico. Una sesión no es
suficiente en este caso, necesito más—insistió el psicólogo.
SungJin negó rotundamente; no pensaba exponer nuevamente a Jackson a la clara violencia del
sospechoso.
—Puede asignar un guardia en la puerta si lo considera necesario, pero permítame continuar trabajando
con él. Es mi paciente y tengo la responsabilidad de llevar a cabo estas evaluaciones con él.
El comisario suspiró, sopesando las palabras de Jackson. Reconocía la validez de su argumento, pero la
seguridad seguía siendo una prioridad.
—De acuerdo —cedió finalmente, aunque con ciertas reservas—. Kang estará a cargo. Pero ante el
menor indicio de otra agresión, entrará y te sacará de la celda. Después derivaremos a Kim a otro
profesional hasta que se resuelva el caso.
Jackson asintió, sintiéndose aliviado por haber asegurado un poco más de tiempo. Percibía que se
acercaba a algo crucial. No podía darse por vencido ahora, especialmente después de haber establecido al
menos una leve conexión con Taehyung.
Con la situación temporalmente resuelta, Jackson tomó un último sorbo de café, sintiendo el amargo
calor recorrer su garganta y se despidió con la mano del comisario, diciendo que analizaría el expediente
de Taehyung y que mañana volvería con más información.
Antes de que pudiera dejar la comisaría, Dowoon lo detuvo. El oficial no podía permitir que se fuera sin
leer el antecedente; parecía que nadie notaba lo que él había descubierto en el informe.
—¡Licenciado Wang! Espere, por favor —exclamó Dowoon, con una urgencia evidente en su voz.
Jackson se giró, intrigado por la seriedad en la voz de Dowoon. Todos los presentes en la sala también se
volvieron hacia él, expectantes por lo que podría descubrirse.
Jackson, intrigado por la urgencia de Dowoon, se sumergió en la lectura del expediente. Estudió
detenidamente la foto de Taehyung adolescente, con el rostro serio. Cada palabra del informe penal, cada
detalle de los datos personales, comenzaron a revelar una historia que le recordaba a su pasado. Cuando
finalmente encontró la sección relevante que DoWoon quería que viera, su corazón se hundió de pena. La
empatía lo azotó con una intensidad abrumadora.
Los presentes en la sala intercambiaron miradas, sin entender la relevancia de la fecha que solo Dowoon
y Jackson comprendían. Entonces el psicólogo, con sus lúgubres palabras, rompió el silencio que se
formó.
—Dos de septiembre, hoy… Taehyung está cumpliendo tan solo veinte años.
El psicólogo sintió cómo sus pensamientos daban un giro repentino. Era difícil imaginar la soledad que
su paciente debía estar sintiendo en un día tan especial, atrapado en una situación tan complicada tras las
rejas y cubierto de sangre.
Jackson contempló la fotografía en el expediente y se encontró con la imagen de un joven Taehyung. Por
un instante, se vio reflejado en ese adolescente, recordando su propia juventud como parte de una
pandilla.
Este descubrimiento infundió un nuevo sentido de urgencia en la situación. Ahora se preguntaba qué
habría motivado a Taehyung a entregarse a la comisaría en su propio cumpleaños. ¿Qué enigma
ocultaba?
En ese momento, Taehyung debía estar atravesando el peor día de su vida. Aun así, se negaba a mostrarse
vulnerable y era capaz de simular trastornos para ocultar la verdad. Para Jackson, esa actitud revelaba una
complejidad emocional que iba más allá de una simple historia de asesinato.
Tomó un momento para procesar la información. Saber que hoy era el cumpleaños de Taehyung agregaba
un nuevo matiz al caso y decidió que no podía dejar las cosas así; tenía que hacer más por Taehyung, no
solo como su psicólogo, sino como alguien que ahora entendía mejor la complejidad de su situación.
Sintió una responsabilidad profunda hacia él, una responsabilidad que iba más allá de las simples
sesiones de terapia, y consideró la necesidad de volver a la celda del detenido, esta vez con otra
perspectiva en mente.
Todos los presentes dirigieron sus miradas al pasillo que parecía envuelto en sombras ante la revelación.
El lúgubre corredor que albergaba la puerta tras la cual se encontraba el joven encerrado, quien optaba
por permanecer tras los barrotes en vez de celebrar su día. La intriga llenó la sala, mientras todos, con un
pensamiento colectivo, se preguntaban:
¿A quién había asesinado Kim Taehyung el mismo día de su cumpleaños? Y, más crucial aún, ¿dónde se
encontraba el cadáver?
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