TEXTO 1
De que llueva o esté lloviendo no se sigue necesariamente que haya un yo o un tú o un él que llueva.
Solo se sigue que hay lluvia. Para expresar que hay actividad consciente, por ejemplo pensamiento
consciente, se usa una forma verbal personal: yo pienso. Pero quizás fuese más prudente decir algo así
como: se piensa, o se está pensando. El atribuir ese pensamiento a un sujeto y el delimitar de algún
modo ese sujeto es algo posterior y más sometido a dudas y debates.
Según la filosofía budista –sin duda, una de las más sutiles en sus análisis psicológicos–, el presunto yo
al que atribuimos nuestros pensamientos y deseos es una mera ilusión. Lo que no es una ilusión, sino
una realidad indudable, son esos pensamientos y deseos mismos. Lo dado en la experiencia es el flujo
de las sensaciones, pensamientos, deseos y emociones. Lo ilusorio y puesto por<ctrl100> nosotros es
el yo (en sánscrito, el atman) que presuntamente le serviría de soporte. Hay dolor, pero no hay doliente.
El flujo aparente de los estados conscientes es todo lo que hay. Y estos estados conscientes son fugaces,
pasajeros, inconexos y discontinuos. Al igual que Buda dos mil cuatrocientos años antes, Hume en el
siglo XVIII seguía encontrando solo distintas y fugaces percepciones y ningún yo permanente:
En lo que a mí respecta, siempre que penetro del modo más íntimo en lo que llamo mí mismo (myself),
tropiezo en todo momento con una u otra percepción particular, sea de calor o de frío, de luz o de
sombra, de amor o de odio, de dolor o de placer. Nunca puedo atraparme a mí mismo sin una
percepción, y nunca puedo observar otra cosa que la percepción. Cuando mis percepciones
desaparecen durante algún tiempo, como cuando duermo profundamente, durante todo ese tiempo
no me doy cuenta de mí mismo, y puede decirse con verdad que no existo.
De ahí concluye Hume que, dejando de lado a ciertos metafísicos que pretenden percibir algo simple
y continuo a lo que llaman yo, «todos los demás seres humanos no son sino un haz o colección de
percepciones diferentes, que se suceden entre sí con rapidez inconcebible y están en perpetuo flujo y
movimiento».
Si por yo entiendo mi conciencia, mi actividad consciente o mental, es obvio que Buda y Hume tenían
razón. Mi actividad consciente no suele durar más de veinte horas, pues se ve periódicamente
interrumpida por el acto de dormir. Otras veces perdemos el sentido como consecuencia de una
caída o de la anestesia. Las interrupciones pueden ser más largas. Algunos seres humanos
permanecen semanas enteras en coma. En cualquier caso, hay que reconocer que la actividad
consciente es discontinua en el tiempo.
Por otro lado, yo se puede entender no como mi conciencia, sino como el organismo que soy, el
sistema organizado de células en que consisto y que unas veces tiene actividad consciente y otras
veces carece de ella. En ese caso sí parece haber algo permanente y subyacente a mis diversos
estados conscientes e inconscientes, a saber, el organismo. De todos modos, la actividad consciente
no es una función difusa del organismo entero, sino una función específica del sistema nervioso y, en
particular, del cerebro. Mientras la actividad consciente o mental es discontinua y sufre frecuentes
interrupciones, la actividad cerebral es continua. El cerebro nunca deja de funcionar, pero solo una
parte de su actividad es consciente. Yo, conscientemente, recuerdo algo ahora, que luego olvido, para
volver a recordarlo más adelante. Si me duermo, o pierdo el
conocimiento, o soy anestesiado, al despertar me encuentro con que sigo sabiendo lo que sabía.
Obviamente, no es la conciencia, sino el cerebro, el archivo permanente de la información de que
dispongo. En definitiva, solo mi cerebro permanente da algún sentido de continuidad temporal a mis
discontinuos y fugaces episodios de conciencia.
Como tantas veces ocurre en filosofía, la solución que demos al problema de la existencia del yo
depende del sentido que demos a las palabras que usamos para plantearlo. Si por yo entendemos el
organismo o el cerebro, el yo permanente existe. Si por yo entendemos la conciencia, no hay uno,
sino muchos yoes fugaces y distintos, separados entre sí por períodos inconscientes del no-yo. Así,
pues la sucesión discontinua de estados de conciencia se integra en una unidad por referencia a un
organismo y al encéfalo de ese organismo.
2 ¿Cuál es el mejor resumen del texto?
A) El yo personal no equivale a la conciencia fugaz y psicológica, sino obedece a un conjunto
heteróclito de células que definen la existencia de la persona.
B) En un profundo análisis psicológico, solamente se puede encontrar distintas y efímeras
percepciones; en conclusión, no hay ningún yo permanente.
C) Dentro de la estructura íntima de la personalidad, el flujo aparente de los estados conscientes es
todo lo que existe, más allá de toda duda razonable.
D) El presunto yo al que atribuimos nuestros estados internos puede ser considerado como una mera
ilusión porque carece de estabilidad y fijeza.
E) Si por ‘yo’ se entiende la conciencia, el yo es fugaz y múltiple; si por ‘yo’ se entiende el cerebro, se
caracteriza por una cierta estabilidad y permanencia.
6 Si alguien sostuviera firmemente que el yo radica en el organismo,
A) reafirmaría la postura filosófica de Hume.
B) sostendría que la conciencia es permanente.
C) estaría en los antípodas del análisis budista
.D) debería sostener que el yo carece de existencia.
E) definiría al humano como un haz de sensaciones.
TEXTO 2
En el año 1821, el relativamente joven intelectual Arthur Schopenhauer regresa a su patria, Alemania,
tras una estancia de diez meses en tierras italianas, y se dispone a intentar una carrera docente como
profesor universitario. Anteriormente, a sus treinta años, había publicado ya, entre otros trabajos, una
obra de honda densidad filosófica que era una concepción sistemática, en prosa meridiana, de toda la
filosofía. Pero su gran libro El mundo como voluntad y representación apenas había logrado eco entre
los lectores. Y en los círculos especializados del mundo intelectual y universitario no había cosechado
más que silencio: ni reseñas, ni críticas, ni comentarios.
Después de ponderar diversas opciones para sus proyectadas tareas académicas, se había decidido
por la Universidad de Berlín. Venía cargado de talento, pero vacío de éxito o de reconocimiento a su
labor. En esa misma universidad, en el apogeo de su gloria, el professor Georg Wilhelm Friedrich
Hegel exponía sus famosas lecciones sobre la Idea de lo Absoluto, sobre el Desarrollo del Espíritu
Universal. Schopenhauer siempre consideró la filosofía de Hegel poco más que pura palabrería sin
sentido. Lo llamaba «charlatán de estrechas miras».
Para sus clases, el nuevo docente –la modestia nunca fue una de sus virtudes– escogió
ostentosamente un aula frente a la de Hegel, haciendo que coincidieran los horarios de sus clases. Un
error de cálculo, seguido de fracaso. Los oyentes seguían llenando el aula del eminente profesor
Hegel, prestigiosa figura en el mundo universitario alemán, dejando casi vacía el aula de
Schopenhauer.
Pero al margen de esto que es anecdótico y, en la perspectiva del tiempo, irrelevante, lo que aquí nos
interesa destacar es que ambos docentes, entre otras materias que exponían en sus lecciones, se
interesaban por aparentemente lo mismo: la dialéctica. Sin embargo, los significados que daban a
este término eran muy diferentes, como si hablasen de dos temas completamente distintos. Para
Schopenhauer, en su mirada dirigida al mundo de lo cotidiano, la dialéctica era una técnica para tener
razón en las disputas, para persuadir y convencer a un interlocutor, un arte para oponer, gracias a
silogismos artificiosamente dispuestos, el adversario a sí mismo y así obligarlo o bien a decir lo que
uno quiere que diga, con lo cual nos da la razón, o a callarse. Un instrumento al servicio de la
arrogancia y vanidad humanas. Para Hegel, elevándose a planos filosóficos más altos, la dialéctica ha
de entenderse como una estructura no solo del pensamiento sino de la realidad misma, y refleja el
desarrollo y despliegue del espíritu. Eran dos concepciones que no tenían nada en común, aunque
válidas en sus respectivas esferas.
En 1831, la naturaleza –con su mano implacable y silenciosa– puso punto final a las actividades
docentes de los dos filósofos en la forma de una epidemia que ese año asoló Berlín. Hegel, el gran
maestro en el cenit de su gloria, sucumbió al cólera. La muerte selló sus labios para siempre, pero sus
concepciones de la dialéctica no se perderían en el Olimpo del mundo intelectual. Su filosofía siguió
resonando con despliegues y turbulencias en el mundo político y social, hasta en direcciones a veces
opuestas (derecha e izquierda hegelianas), y su eco todavía llega hasta nuestros días.
Por su parte, Schopenhauer decidió abandonar precipitadamente el Berlín plagado por la epidemia y
trasladar su residencia a Francfort. En su maleta llevaría el manuscrito del pequeño tratado, donde
había ido anotando, en sus años de docencia en Berlín, una serie de estratagemas dialécticas para
tener razón en las discusiones. Esta obra, ya casi en fase final, quedó así interrumpida. La gloria, tan
deseada por él y que hasta entonces no había conseguido, vendría más tarde a iluminar, con el
esplendor dorado de un atardecer, sus años otoñales en el retiro de Francfort.
7 La palabra OTOÑAL connota
A) decrepitud. B) vigor. C) esplendor. D) senectud. E) muerte.
8
9 Con relación al público estudiantil alemán del tiempo de estos dos notables filósofos, es
posible inferir que
A) desconfiaba de la idea de progreso que la modernidad y la ilustración habían sugerido.
B) se mostró muy hostil ante la obra El mundo como voluntad y representación de Schopenhauer.
C) prefería planos filosóficos más elevados antes que reflexionar sobre la cotidianidad.
D) usó la dialéctica hegeliana para destruir los sesudos argumentos de Schopenhauer.
E) seguían a Hegel por su gran capacidad oratoria y su uso de buenos recursos retóricos.
10 Si El mundo como voluntad y representación hubiese suscitado, desde el principio, una
admiración ecuménica,
A) Schopenhauer no habría sido derrotado tan contundentemente por Hegel en su búsqueda de
audiencia.
B) el gran Hegel habría abandonado su sistema filosófico sobre el desarrollo de la Idea absoluta.
C) Hegel habría previsto la epidemia de cólera, y habría evitado la muerte por el mal del cólera
.D) su concepción de la dialéctica habría sido defendida por los hegelianos de izquierda y de derecha.
E) Schopenhauer habría sentido una profunda y verdadera admiración por el sistema de Hegel.
11 Si para Schopenhauer la dialéctica es ________________, para Hegel es ________________
A) retórica – ontológica. B) inteligible – abstrusa.
C) lógica – materialista. D) racional – irracional.
E) dinámica – inerte.
12 Si Schopenhauer hubiese conocido la gloria en su juventud,
A) habría desarrollado una filosofía sobre el Absoluto.
B) su estancia en Berlín habría sido más edificante.
C) su obra fundamental habría sido duramente criticada.
D) habría eclipsado el valor filosófico de G. F. Hegel.
E) habría logrado vencer los estragos del cólera.
TEXTO 3
La idea del progreso, nacida del racionalismo del siglo XVII, nos acostumbró a la ilusión de qu e
marchábamos hacia un mundo cada vez mejor y más grande: la afamada paronomasia de better
and bigger. Esta doctrina surgió de una ingenua generalización: el hombre estaba subyugado
por el incesante perfeccionamiento de la ciencia y de la técnica, e imaginó entonces que en
todos los órdenes del espíritu debía suceder lo mismo. Pero si es fácil probar que una
locomotora es más eficaz que una diligencia, no es tan fácil probar que nuestra pintura es
superior a la del Renacimiento. Reducida a sus términos más sencillos, la creencia en el Progreso
General consiste en suponer que un señor que viaja en colectivo es espiritualmente mejor que
un griego que se desplaza en trirreme, lo que es bastante dudoso.
Lo mismo que pasa en el dominio de lo moral acontece en el dominio de las artes: nuestra
geometría es indudablemente superior a la de los topógrafos egipcios, pero nuestra cultura no
es mejor que la de ellos. Sin embargo, para buena parte de la filosofía contemporánea, los
valores éticos y estéticos son tan objetivos como los valores lógicos. En consecuencia, rechaza
cualquier forma de relativismo sobre el arte o la moral, como parece que estamos
fundamentando aquí. Pero si los valores estéticos fueran objetivos, podría encontrarse un
progreso en el arte, en la medida en que las vivencias estéticas del hombre se acercaran más y
más a esas normas absolutas. La existencia de un canon objetivo, y por lo tanto absoluto,
permitiría juzgar en cada caso la jerarquía de una obra de arte, de la misma manera que
podemos demostrar la superioridad de la teoría einsteiniana sobre la newtoniana.
No hay que confundir el mero cambio con el progreso. La aparición de la perspectiva geométrica
en la pintura del Renacimiento, fenómeno vinculado a la aparición de la técnica en Occidente,
¿es un progreso o no? Es imposible dar una respuesta a esta cuestión si no se está en posesión
de una norma estética absoluta. Si por un momento suponemos, como suponía la doctrina de
la mimesis, que el arte debe imitar a la naturaleza, en ese caso es evidente que hay un progreso.
Pero esta conclusión se derruye automáticamente si se rechaza esa doctrina estética, como en
efecto ha sido rechazada. Si se afirma que el verdadero arte debe huir de la simple naturaleza,
si se sostiene que el arte es simbólico o mágico o superrealista, el célebre progreso de la
perspectiva puede ser mirado como una lamentable equivocación.
Tales razones me inclinan a aceptar una validez relativa del arte, para una época, un lugar, una
cultura. Esto es, dada una cultura, no cualquier cosa tiene valor estético. Y dentro de esa
limitada zona espacio-temporal puede y tal vez debe hablarse de progreso, es lícito enseñar el
arte y tiene un sentido la existencia de maestros. Así, los egipcios esculpían sus grandes estatuas
hieráticas no porque fuesen incapaces de realismo, sino porque su metafísica, su ethos, su
sentido de la eternidad, les hacía desdeñar la realidad cotidiana. La prueba de que es así está en
el realismo con que pintaban y esculpían a los peones o esclavos, a los seres jerárquicamente
inferiores. Al pasarse a la civilización ateniense de Pericles, mundana y escéptica, hay un
acercamiento a la naturaleza, una revaloración del mundo profano que correlativamente
produce una escultura realista. Esto no es progreso: es sencillamente un desplazamiento del
centro de gravedad en lo que al mundo cultural se refiere.
13 La frase inglesa «better and bigger», asocia la excelencia con la
A) pequeñez. B) dimensión. C) mejoría. D) paronimia. E) multiplicación.
14 ¿Cuál es la mejor síntesis del texto?
A) Los egipcios emularon el arte de los griegos y produjeron brillantes obras artísticas de acuerdo con
el criterio de mimesis elaborado por la filosofía griega.
B) Si se analizan los hechos con un criterio histórico, se puede concluir con una tesis acerca de los
valores relativos de las diversas obras pictóricas.
C) La teoría de la validez relativa del arte se puede demostrar al comparar los resultados de la ciencia
con los resultados obtenidos en el campo de la escultura.
D) Resulta totalmente válido hacer la distinción entre lo que se considera mero cambio y lo que se
considera la esencia del progreso en el ámbito de la cultura.
E) A partir de una aguda crítica a la idea de progreso en general, se aborda la cuestión del progreso
en el arte y se concluye en la tesis de un progreso relativo.
15 Se infiere que la noción de progreso tiene una raíz
A) económica. B) científica. C) poética. D) filosófica. E) paradójica.
16 El progreso se puede establecer plausiblemente si se compara
A) la poesía popular actual con los textos homéricos.
B) las tragedias de Shakespeare con el teatro actual.
C) la medicina actual con la medicina decimonónica.
D) la lengua de los ancestros con las lenguas actuales.
E) la teología medieval con los sistemas antiguos.
17 Si un filósofo propugnase un relativismo en el dominio científico,
A) apoyaría decididamente la noción absoluta de progreso.
B) sostendría que el progreso se puede dar de manera indirecta.
C) le daría igual valor a la teoría de Einstein y a la de Newton.
D) en el dominio de la moral defendería una opinión distinta.
E) debería negar que ha habido una historia de la ciencia.
TEXTO
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E
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35
36
37
38
39
40 Hallar el área de un cuadrado cuyo lado mide 10 cm
A)81 b)100 c) 121 d) 144
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50