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Vida Diga y Renta Básica

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Salud mental y vivir de forma digna: la posibilidad de una Renta Básica

Incondicional

La Renta Básica Incondicional tendría un impacto directo en las irregularidades del empleo, en el
paro, en la redistribución de la conciliación personal y familiar y en la disponibilidad de tiempo
para una vida más allá del trabajo. La reducción de la precariedad laboral favorece la salud mental
de toda la población. Pese al escepticismo que existe con respecto a la implantación de una Renta
Básica, economistas de renombre afirman que sería posible gracias a una reforma fiscal. La RBI
podría ser el comienzo de un modelo de vida más democrático, sostenible y saludable.

La inestabilidad económica, la falta de ingresos y el miedo al despido, son situaciones precursoras de


problemas en la salud mental. Cuando la vida está ligada a la precariedad laboral, la experiencia
humana parece estar destinada exclusivamente a actividades para la supervivencia. Así mismo, se
vuelve imposible para las personas, tener tiempo y disponibilidad hacia prácticas que desarrollen el
raciocinio, la afiliación y la pertenencia -el poder para repensar el orden establecido y mejorar la
vida-. La incertidumbre económica enlazada con el acceso y mantenimiento de un trabajo, genera
continuos malestares e inseguridades a nivel psíquico. En esta misma línea, podemos decir que el
trabajo -en su sentido más amplio- es un precursor de problemas y enfermedades mentales debido
al deterioro de las condiciones laborales del mismo. Los empleos están constituidos por exigencias
que la mayoría de trabajadoras/-es se ven incapaces de gestionar. El trabajo produce relaciones
asimétricas: se despoja a las personas del poder de negociación y de su libertad. Trabajar en el
contexto actual, significa moverse entre contratos basura, ritmos acelerados que no permiten el
descanso, y al mismo tiempo, la explotación de las personas hasta enfermar. Precisamente, las
características del trabajo en la era del capital son proclives a aumentar el empeoramiento de la
salud. La precariedad es, en ocasiones, invisible ante los ojos de la sociedad debido a la
normalización de la misma: un encadenamiento de trabajos precarios sin la posibilidad de llegar a
tener buenas condiciones laborales nunca. Podemos decir que la pobreza está directamente
vinculada a los trabajos precarios, no solo al desempleo, por tanto las personas son consideradas
pobres a pesar de tener un trabajo “estable” -que no cubren las necesidades personales y las del
entorno más próximo-. No obstante, esta “danza de la precariedad” puede llegar a alimentar la
malograda idea de que el trabajo determina “quiénes somos” y ser un hervidero de insatisfacción,
incertidumbre y dolor.

El precio de la desigualdad es alto, muy alto, sobre todo para ese 99% de las personas que no tienen
los recursos que necesitan. El aumento de la precariedad laboral y la falta de oportunidades van de la
mano en una sociedad donde una de cada cuatro personas -como es el caso de España- están en
riesgo de exclusión social por problemas relacionados con el acceso al empleo y a la vivienda. El
desempleo siempre ha sido un elemento característico del mercado laboral español con una de las
tasas más altas de la UE -según la EPA de unos 11,9 millones de personas bajo la precariedad laboral,
9 millones son asalariadas, 1,2 autonomas/-os, y 2,6 se encuentran en desempleo-. A estos datos tan
desoladores, se une el problema de la brecha salarial desde la cual las mujeres no pueden remontar
sus vidas por la falta de ingresos económicos que no cubren sus necesidades: los desequilibrios
salariales entre sexos y géneros, desdibujan la independencia y el bienestar social dejando a las
mujeres en el umbral de la pobreza. Así es como esta tendencia al empobrecimiento de la sociedad,
no se acaba cuando se obtiene un trabajo: “el acceso al ámbito laboral bajo unas condiciones
precarias e inflexibles que no posibilitan salir de esa situación de exclusión social en la que se
mantienen con recursos ínfimos” según el informe de las C.C.O.O del pasado año. El azote de la crisis
económica se deja sentir en el ámbito laboral por la falta de redes de seguridad y la desarticulación
de los recursos para la población menos privilegiada.

El reciente informe PRESME desarrollado por un grupo de expertas/-os sobre el impacto de la


precariedad laboral, afirma que la desigualdad social y económica, la discriminación y las agresiones
a la democracia son problemas globales de salud pública. La actual tendencia decreciente de los
salarios y el desempleo refuerzan las desigualdades en relación a la salud mental. “De la población
ocupada, unos 17,3 millones son asalariados, de los cuales un 46,9% puede considerarse que tiene
un empleo precario (8,1 millones de personas)”. En la actualidad el salario percibido por un empleo,
no llega a cubrir las necesidades básicas de una gran parte de la población, así mismo es muy difícil
tener recursos para cubrir la asistencia ante el malestar psíquico. Un sistema de salud pública
deficiente y cada vez más privatizado, no cubre, ni da soluciones para tratar los problemas mentales
de las personas.

Por tanto, la profunda precariedad bajo la que trabaja la mayoría de personas a lo largo del mundo,
se infiltra en los cuerpos y deriva en vidas inseguras, envejecimiento prematuro y una muerte que
llega antes de tiempo. La disciplina del trabajo es invisible y altamente nociva para la salud: una
estigmatización del pobre y del precariado bajo un malestar psíquico constante. De la misma forma,
este sufrimiento psíquico aumenta cuando hay un desconocimiento sobre qué es lo que lleva a
tantos individuos a aceptar lo inaceptable en situaciones de explotación. Esta posición de desamparo
se intensifica con los discursos meritocráticos: “hay que ponerle más ganas para alcanzar la plenitud
laboral”. El sociólogo David Casassas refiere que si las personas llegan “desposeídas” al mundo del
trabajo, es improbable que puedan tener la fuerza para exigir sus derechos: se pierde la capacidad de
autodeterminación individual y colectiva. La salud mental depende de diversas situaciones de la
cotidianidad que la determinan -una combinación de múltiples factores sociales-. Como explica
PRESME, hay evidencias científicas que avalan las teorías sobre la precariedad laboral y los
problemas psíquicos. La pobreza laboral está incentivada por “ las condiciones socioeconómicas,
decisiones políticas o legislativas, y en estrategias o prácticas laborales de muchas empresas”. (p.10,
2023)

«Hay que abrir debates y poner en práctica políticas tan esenciales como la gestión del tiempo y el
reparto del trabajo, el trabajo garantizado, la implementación de una renta básica universal o
garantizada y, muy especialmente, el desarrollo de la democracia económica en las empresas para
avanzar en la realización de trabajos socialmente necesarios y ecológicamente sostenibles».
(PRESME, 2023)

Una Renta Básica Incondicional como aliada de la salud mental

No es de extrañar que la falta de ingresos empeore progresivamente las condiciones de vida:


repercute en todos los ámbitos del desarrollo, sobre todo en la salud mental. Ante estos fenómenos
que disminuyen la esperanza de vida, la renta básica universal e incondicional (RBI) podría dar una
respuesta a los dramas cotidianos que sufre la mayoría. Con esta cuestión, se abre un debate extenso
y necesario, debido a que hay un gran desconocimiento sobre lo qué es lo que se plantea. En
concreto, se habla de la renta básica como una asignación monetaria a toda la población individual,
de forma universal e incondicional: sin ningún tipo de condición. No se debe confundir la Renta
Básica Incondicional, con subsidios o ayudas que están condicionadas por otras variables, es decir,
que las personas deben cumplir con una serie de requisitos para obtener la ayuda tramitada - en su
mayoría son incompatibles con otros subsidios-. Desde EUREKA (Red Activista por la Renta
Incondicional) se denuncia la tendencia a manipular los objetivos de la renta básica para que las
personas que realmente lo necesitan, se pongan en contra.

Una renta básica como la que plantean algunos autores -Daniel Raventós entre otros- cambiaría la
vida de muchas personas. Este nuevo derecho fundamental podría dar un vuelco en las relaciones
humanas: no solamente se acabaría con el problema de la pobreza, sino que el trabajo no estaría
directamente orientado al mercado. En el caso de que una persona obtuviera una renta básica todos
los meses de 900 euros, debido a que es incondicional y universal, se podrían tener otros ingresos
provenientes del trabajo o de alguna pensión/ayuda que se percibe por derecho. Esta garantía de
ingresos podría suponer una vinculación al trabajo sin la presión continua de la vida precaria, además
de suprimir la obligación de aguantar condiciones de explotación: las personas tendrían más poder
de negociación frente a las condiciones de los empresarios.

El economista y activista por la renta básica, Daniel Raventós, explica que hay una serie de
“objeciones” detrás de la cuestión de la renta básica. Se trataría de mitos y especulaciones sobre una
supuesta ruptura de la reciprocidad: un impulso al individualismo debido a que, la renta básica,
podría permitir a las personas dedicar su vida de manera plena a “aquello que deseen” -sin
compromiso, ni colaboración colectiva-. Pero este descrédito se propulsa por la desconfianza que
genera la precariedad hacia los demás y el miedo de los empresarios a que los trabajadores ya no
acepten unas condiciones precarias. Estos bulos desde el desconocimiento influyen de manera
negativa en la percepción que tienen las personas de la Renta Básica. No obstante, a lo largo de la
historia, se ha visto que en los proyectos que redistribuyen la riqueza (y también el poder) prima el
principio de colaboración y responsabilidad social.

En un documental dirigido por Christian Todd, se describe un proyecto piloto de la Renta Básica en la
población de Anchorage. Con el yacimiento de petróleo considerado el más grande del mundo, la
población vivió un boom económico nunca antes visto. Bajo este incremento de capital, se estableció
la mejor forma de destinar este dinero a fondos sociales. Teniendo en cuenta que el petróleo era un
bien que se podría acabar en algún momento, y con él, el dinero, los gobernadores y legisladores
propusieron establecer una cuenta de ahorros: el Fondo Permanente de Alaska. Cada ciudadano de
la zona recibiría una renta básica que se anuncia cada año -entre los 1.500/2000 dólares-. Las
petroleras extraen la materia prima de este paraje natural, así que los ciudadanos reciben esta
compensación económica. Las personas de la localidad, experimentaron una vida con facilidades que
les permitían ser prósperos en base a un patrimonio común, y pesé a los bulos sobre la renta básica,
no dejaron de trabajar, pero vivían sin el miedo a la precariedad o a ser despedidas/-os.

Con el sistema que tenemos actualmente, nos enfrentamos a una serie de problemas psicológicos
derivados de la pobreza y la falta de acceso a los recursos mínimos para la existencia. La Renta Básica
reduciría los niveles de exclusión junto a esla sensación de vivir bajo una amenaza constante. Pero,
¿cuáles son las objeciones que tiene la gente ante la renta básica? Raventós enumera las siguientes:
En primer lugar, al son del mito “mantendremos a vagos y parásitos” se suele especular con el hecho
de que las personas con necesidades producen muchos costes, y que no llegan a retribuir estas
ganancias a las arcas del estado. Desde esta perspectiva, se intenta estigmatizar al pobre para negar
su derecho a la existencia material garantizada. Lo siguiente que expresa el economista es “nadie
trabajaría”refiriendo a que se perdería el sentido de la responsabilidad socioeconómica. Pero la RBI
no establece que la solución sea dejar de trabajar, sino que por medio de esta medida, se pueden
llegar a blindar los derechos laborales de las personas. Hay que tener en cuenta que el trabajo va
más allá de lo que ahora mismo se establece como remunerado: en referencia al trabajo doméstico y
de cuidados que las mujeres suelen hacer de forma gratuita. La renta básica, en este caso, permitiría
compaginar este bien material con subsidios o salarios sin estar condicionados por laberintos
administrativos donde los recursos no llegan a quienes debería. Raventós, argumenta que hay una
gran capacidad técnica para reducir las horas de trabajo, y la razón es que la capacidad productiva
actual lo permitiría.

«Como es el caso del modelo de renta básica universal, ha sido propuesta como potencial
estrategia para reducir el impacto de la precariedad laboral en la salud mental de los trabajadores.
Hasta el momento, se han realizado (o están en proceso de realización) experimentos sociales en
Canadá (MINCOME, Ontario), Estados Unidos (Alaska, Stockton, Eastern Band of Cherokees),
Finlandia, Escocia, Alemania, España (B-MINCOME de Barcelona; y Cataluña), Irán, Namibia, India,
Kenia, Macao y Brasil (Marica). En la mayoría de los casos se produjo una mejora de la salud
mental de las participantes, con una reducción del estrés psicológico y del consumo de drogas,
alcohol y tabaco». (PRESME, 2023)

La última objeción que explica Raventós, tiene que ver con el típico dilema sobre la renta básica “no
se puede financiar”. A esta cuestión el economista se respalda en los estudios que prueban la
posibilidad de establecer una renta básica si se hace una reforma del IRPF, sin tener que tocar otras
partidas -o subvenciones-. Sin ir más allá, la posibilidad de la renta básica se produciría a partir de los
impuestos a las rentas altas, y producto de reducir las subvenciones a asuntos innecesarios como a la
realeza, entre otros. En definitiva, los ricos recibirán una renta básica, pero pagarían un impuesto
equivalente a lo que reciben e incluso más “los ricos no ganan nada”. Lo que no se tocaría nunca,
serían las remuneraciones públicas imprescindibles para la sociedad, como por ejemplo, las
pensiones, las ayudas públicas, el sistema de salud gratuito, en definitiva no se perdería el sistema de
bienestar público. La renta básica –como explica Kathi Weeks–podría llegar a ser retribuida por
medio de varias medidas, entre las más importantes: «Un sistema de impuestos simplificado, más
progresivo y efectivo para individuos y corporaciones».

“Sistema fiscal progresivo, donde los que más ganan, más pagan. Un impuesto sobre los bienes de
lujo y de productos contaminantes y el ahorro mediante la simplificación de una serie de subsidios
actuales y de los servicios públicos asociados que han quedado obsoletos -como la monarquía-”.
(EUREKA, 2023)

Por tanto, fuera de cualquier especulación, Daniel Raventós explica que sería posible implantar una
Renta Básica -con datos económicos de comités de expertos que avalan su teoría-. La medida
supondría un avance para las personas sobre el derecho de decidir por su economía y donde el
bienestar pueda estar al alcance de todas/-os. Con una Renta Básica aumenta el nivel de libertad,
precisamente para poder elegir entre la vida impuesta o lo que es más acorde con las
tendencias/necesidades de cada persona y del colectivo.

La Renta Básica no produciría vagos, ni parásitos, sino gente sin la presión y la carga de la esclavitud
del trabajo. Una RBI facilita que las personas no tengan que vivir bajo el estigma de una pensión que
no llega a unos mínimos y se reducen los dramas para llegar a fin de mes: el sinvivir de la
cotidianidad menguante entre la ansiedad y la depresión. Sin ir más lejos, para las mujeres, sería la
oportunidad de no tener que tolerar la violencia laboral, el acoso, las condiciones denigrantes por
obtener un salario. Una Renta Básica Incondcional sería una solución frente al problema de la
brecha salarial en los empleos, y por otra parte, una liberación de la dependencia económica en los
ámbitos familiares que las llevan a aguantar durante años situaciones de abusos o maltrato. Las
continuas cargas de trabajo a las que se deben enfrentar las mujeres en su día a día, deterioran su
salud a nivel físico, mental-conductual y emocional. La ocupación permanente en las demandas
externas tiene un coste en el cuidado de la salud de las mujeres. Por lo general, la doble presencia en
la cual dividen su cotidianidad -trabajar en el hogar y en el ámbito laboral- establece una presión
constante, donde el encargarse de los demás es “un estado mental”: estar disponible las 24 horas.
Este estado de alerta permanente esclaviza a las mujeres, no solo en relación a los cuidados de la
familia, sino también de las personas dependientes de su entorno. Para estas mujeres por lo general,
no hay opción a derivar, ni activar estrategias de corresponsabilidad por la falta de recursos o la
capacidad de gestión. La Renta Básica sería una potente solución para las relaciones de dominio
que se crean por la precariedad laboral y el abandono de los cuidados por parte de la sociedad:
serían unos fondos que permitirían liberar de ciertos trabajos a las mujeres y tener tiempo
excedente para sus vidas. Sería un tipo de reivindicación clara para que todas las personas pudieran
acceder no solo a los recursos que comportan beneficios al colectivo –salud, educación–, sino que se
pueda tener tiempo de calidad para disfrutar de los derechos fundamentales y, con ello, blindar el
bienestar de la ciudadanía. La seguridad que se adquiere al tener unos ingresos incondicionales, sería
el impulso para que los colectivos de mujeres trabajadoras puedan llegar a liberarse de cargas y tener
una mejor vida. Por tanto, la renta básica universal es un instrumento que puede llegar a facilitar una
mayor igualdad y ser un desafío a la doble presencia para otorgar más dinero, tiempo y libertad a las
mujeres, revelando aquellas tendencias económicas que precarizan la distribución de los ingresos.

Una renta básica según D. Raventós, ordenaría de manera racional los recursos económicos que
deberían ir destinados a las personas. Para que esto llegara a funcionar sería necesario establecer
controles más exhaustivos para que las rentas incondicionales, estuvieran a disposición de los
destinatarios y no se produzcan situaciones de abuso, fraude o desamparo: el silencio administrativo.
La renta básica, es fácil de caricaturizar cuando no se tienen plenos conocimientos. Sin embargo,
cuando se entiende la propuesta se puede llegar a contemplar el ingreso incondicional como un
medio para obtener más tiempo fuera del trabajo, desarrollar las propias capacidades y tener menos
presión en la vida diaria. Por ende, como refiere Raventós, la renta básica tendría el poder de mitigar
problemas económicos estructurales, reduciría la deuda, reforzaría la salud pública, beneficiaría la
economía del país, además de colocar la vida, los cuidados y la salud mental en el centro de la
política.

“Evitar la precariedad, dar seguridad a todas las personas y preservar su salud, a la par que pacificar
las relaciones con los ecosistemas, debe ser el imperativo ético de todo buen gobierno”. (Raventós,
2021)

“No cobramos a los bancos para utilizar lo nuestro. Los subvencionamos y los rescatamos, una y otra
vez”

(Piketty, 2021 )

Referencias bibliográficas (Sé que no van en los artículos informativos, pero te las pongo para que
veas de donde es la info)
Casassas, David. (2018). Libertad incondicional: La renta básica en la revolución democrática.
Editorial Paidós.

C.C.O.O. (2021). La precariedad laboral en España: una doble perspectiva.


https://www.ccoo.es/a353123503ea45037513cddcee8c8a6f000001.pdf

Durán, Beatriz. (2023). Mujeres 24/7: doble presencia, capitalismo y autocuidados. Editorial Gafas
Moradas.

EUREKA. (2023). Por qué proponemos una Renta Básica Universal.


https://rentabasicaincondicional.eu/por-que-proponemos-una-renta-basica-universal/

Piketty, Thomas. (2021). Una breve historia de la igualdad. Editorial Deusto.

PRESME. (2023). Comisión de personas expertas sobre el impacto de la precariedad laboral en la


salud mental en España. Ministerio del trabajo y economía social.
https://sid-inico.usal.es/wp-content/uploads/2023/04/informe-salud-mental.pdf?fbclid=IwAR0cTKIi0
W-TifOsh96ub_ypCEoD-EF-kk780yzOzt3zpJ0pdPeAbZbkmmI

Raventós, Daniel. (2021). La renta básica, ¿por qué y para qué?. Editorial Los Libros de La Catarata.

Todd, Christian. (2017). Renta básica, ¿una utopía posible?. Arash T. Riahi.

Weeks, Kathi. (2020). El problema del trabajo. Editorial Traficantes de sueños.

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