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Ensayo de Las Doctrinas.

Percepción personal de las doctrinas usadas por las Asambleas de Dios.

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Jesús Rivero
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En éste espacio se podrán explorar las complejidades de las doctrinas bíblicas tomadas por

las asambleas de Dios, y cada una de ellas nos recuerdan la fe en la que perseveramos, lo que
profesamos, el propósito de nuestras vidas al creer en Cristo, la firmeza de nuestros credos y
evidencias físicas de que lo que decimos es verdad, el pasado, presente y futuro de la humanidad y
nuestras esperanzas más grandes se encuentran a través de lo que se enseña en el libro de
doctrinas, y si quieren saber acerca de estas cosas y mucho más, te invitamos a que te sumerjas en
este pequeño ensayo acerca de las revelaciones de Dios en nosotros.

Comencemos hablando acerca de La Biblia, llamadas: las Sagradas Escrituras, un tema por
el cual muchos han enloquecido, pero muchos otros al poner en práctica los principios que allí se
encuentran, comienzan a tener cambios tan positivos en su vida, tanto, que reevalúan toda su
existencia; este libro comprendido por 66 libros (en el canon cristiano), 39 son del antiguo
testamento y 27 del nuevo, son tomados, estudiados y clasificados como canon por la unidad de
sus pensamiento a pesar de la multitud de escritores que la realizaron a través de los años, y
varios textos dentro de esta gran biblioteca afirman que los hombres de Dios, hablaron siendo
inspirados por Dios, sus escritores se destacan por ser realizados en los siguientes idiomas: en
hebreo y arameo todo el antiguo testamento, y en griego todo el nuevo testamento. Por esta y
muchas más evidencias otros libros fueron considerados de segunda inspiración. Entendemos que
Dios es quien inspiró las Sagradas Escrituras, porque incluso este libro ha tenido una gran
persecución en el cruce de los años, y hasta ahora sigue manteniéndose en pie.

Claro está que hay un Dios que inspiró las escrituras, pero no es cualquier dios, sino que es
DIOS, creador de los cielos y de la tierra, y ser Supremo, es más de lo que podemos explicar en
estas pocas líneas, pero aun así por medio de algunas características lo podemos conocer, y ver un
destello de su gloria, y podemos asegurar que eso será más que suficiente para ver lo maravilloso
que él es. El único y verdadero Dios, lo describe la palabra, que en el principio del mundo él lo
creó con su Palabra (versículo uno del Génesis), Juan lo confirma en su evangelio, declarando que
al principio solo era Dios, y nada más que él. Podemos ver peculiaridades en nuestro Dios que son
propias solo de él, como su aseidad, su eternidad, Todopoderoso, ese Dios único (Deuteronomio
6:4), se revela al mundo en tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (1 Juan 5:7).

Fundamental es saber que nuestra fe se basa en el Señor Jesucristo, Hijo de Dios, y por eso
también hablamos acerca de esta doctrina que trata de un hombre que vino de una mujer virgen
producto del Espíritu Santo (Mateo 1:23; Lucas 1:31, 35), fue 100 % hombre, y es y siempre ha sido
100 % Dios (Juan 1:1-3). Con los cuatro evangelios dados por: “Marcos, Mateo, Lucas y Juan”,
tenemos el relato escrito de personas que evidenciaron la vida de Jesús o en su defecto, buscaron
testimonios de personas que lo vieron, que lo oyeron y que anduvieron con él; y todo esto
conlleva a pruebas que apuntan a una misma dirección, en su condición de hombre no pecó, y
siendo Dios no estimó esa Soberanía para aferrarse a algo, sino que se entregó por la humanidad
para salvación del alma y perdón de los pecados. La Deidad de Jesús es lo más acertado para
poder explicar toda su magnífica existencia.

La lejanía del hombre para con Dios se debe a la desobediencia, por eso se enseña “la
caída del hombre”, para tener en cuenta los aspectos más resaltantes de esta doctrina, una de
ellas, es que el hombre fue creado a imagen de Dios, o sea que fue una buena creación, con libre
albedrío, pero éste mismo al poder elegir, decidió desobedecer a las instrucciones divinas, y cada
acto tiene su consecuencia. Muerte espiritual, separación del hombre para con Dios (Génesis 1:26-
27, 2:17; Romanos 5:12-19).

Aun con la caída del hombre, Dios tenía un plan específico para volvernos a conectar con
él, y eso es “la Salvación”, esto es purificación de nuestros pecados, y vida eterna para nuestra
alma, solo se alcanza por fe, la fe en el Hijo de Dios, en que por su sangre hemos sido redimidos, al
creer y arrepentirnos de nuestros malos caminos, tenemos: nueva vida por medio de Jesús y
justificados somos por él, aun sin merecerlo. Así nos volvemos herederos de las promesas de Dios
(Lucas 24:27; Juan 3:3; Romanos 10:13-15; Efesios 2:8; Tito 2:11, 3:5-7).

La santificación ha sido entre tantos temas, uno de los principales, debido a que la vida de
creyente debe ser apartada del pecado, y a través de las escrituras se evidencia como es un pedido
de Dios para su pueblo y para aquellos que han conocido la verdad, estudiando la santificación del
hombre, nos encontramos que hay tres maneras, por la Sangre de nuestro Señor Jesucristo (1 Juan
1:7), por medio de la Palabra de Dios (Juan 15:3), y por medio de su Espíritu Santo (Romanos
15:16). Es un acto completo al creer y arrepentirnos, y es un crecimiento constante a medida que
seguimos en esta tierra.

La iglesia tiene prácticas bíblicas que se describen como la “cena del Señor” y “el Bautismo
en agua”, debido a ordenanzas que el mismo Jesús declaró, y que son ceremonias que hacemos
físicamente entendiendo éstos actos como complementarios a los que ya vivimos en nuestro
interior, y como iglesia se comparten juntos entre hermanos dando gloria a Dios por las nuevas
etapas que vive el creyente y discípulo de Cristo. A ellos les llamamos “los sacramentos de la
iglesia”.

Entre las enseñanzas bíblicas que vivimos en estos tiempos, “el Bautismo en el Espíritu
Santo” es uno de los actos espirituales que vive el creyente y que marca un ante y un después, y la
manera más fácil de entenderla es vivirla y aun así no hay palabras para describir lo asombroso del
asunto, sin embargo, este acto es una promesa (Lucas 24:49), y una investidura de Poder, dada al
creyente para ser testigos eficaces del Señor Jesús en esta vida hasta que él venga.

La manera en que evidenciamos este acto en el creyente es hablando en otras lenguas


(Hechos 2:3-4, Hechos 10:44-46), llegando a ser: angelicales o humanas (Romanos 13:1). “La
evidencia del bautismo en el Espíritu Santo” se toma como doctrina debido a la necesidad de
diferenciar entre aquellos que sí estaban revestidos de este poder y aquellos que solo querían
aparentarlo.

Hablamos de las ordenanzas de la iglesia, pero ¿Qué es “la iglesia”?, pues es aquella
congregación de creyentes que se juntan a profesar su fe y buscan la manera de vivir su vida de tal
forma que todos sus aspectos sean para agradar a Dios, nunca se ha tratado de un templo físico
hecho de bloques, sino de nosotros al aceptar a Cristo como nuestro salvador, y el convivir con
hermanos en la fe. Y esto conlleva un propósito los cuales son: adorar, servir, evangelizar, vivir en
comunión y discipular.

Entre las enseñanzas doctrinales, nos encontramos: “El Ministerio”, que trata de las
funciones que ejecuta el creyente a medida que va creciendo, claro está que no es algo que haga
porque “nos gusta”, sino que es un llamado de Dios, el cual se va forjando en la persona a través
de su esfuerzo en la obra y su comunión con el Señor. Ministerio significa servicio, de modo que el
llamado que Dios le da al creyente, es una forma de servicio para la iglesia del Señor, y para todo
aquel que la necesite. El Señor Jesucristo establece los ministerios de esta forma: Apóstoles,
Profetas, Evangelistas, Pastores y Maestros (Efesios 4:11).

Un pilar de nuestra relación con Cristo es el creer que somos sanos de nuestros males y
enfermedades porque entendemos que la obra expiatoria del Señor Jesús además de que nos dio
salvación, también nos concede, por medio de sus llagas, la sanidad que necesita nuestro cuerpo y
nuestra alma (Isaías 53:4,5; Mateo 8:16, 17; Santiago 5:14-16), ya que las enfermedades son
consecuencias del pecado, “la sanidad divina” viene siendo un privilegio, por gracia, de aquellos
que creemos en el Mesías.

La Bienaventurada Esperanza explica el anhelo ferviente del cristiano, pues se basa en la


promesa de que un día la iglesia será arrebatada junto con aquellos que duermen en Cristo, antes
del final de los tiempos por el Señor(1 Tesalonicenses 4:16-17), es un acto sin precedentes y luego
de ello, tampoco habrá otro igual, dando lugar para que el anticristo haga su jugada en esta tierra,
donde padecerán aquellos que no creyeron en el Hijo de Dios, este suceso muchas veces es
confundido con la Segunda venida de Cristo, pero son dos actos completamente diferentes, pesto
que, este segundo evento trata de la venida de Cristo a la tierra para reinar.

Entre los últimos capítulos del libro de revelaciones nos encontramos con “el Reino
Milenial de Cristo” que trata sobre el reinado del Señor Jesucristo en la tierra, para mostrar que si
se puede gobernar con equidad, justicia, amor, y justos juicios; trayendo salvación a la nación de
Israel y paz universal (donde el diablo será apresado durante esa cantidad de tiempo) (Ezequiel
37:21, 22; Salmos 72:3-8; Isaías 11:6-9).

Seguidamente, después de esos mil años, nos encontramos todos en el Juicio Final, y se
entiende que es el momento en el que todos aquellos que rechazaron a Cristo y que hicieron lo
malo en este mundo quedarán sin más oportunidad de vida y por eso se llama segunda muerte,
serán juzgados según sus obras, y serán expulsados al lago de fuego, junto con todos los demonios
y ultimo enemigo que es la muerte (Apocalipsis 20:11-15).

“Cielo nuevo y tierra nueva” muchos lo llaman el fin de todo, pero la mayoría
coincidiremos en que es el mejor principio, después de tanta batalla, luego de tanta lucha, ver que
la perseverancia sí rindió su fruto es lo que nos llena de gozo (Apocalipsis 21), sin llanto ni tristeza,
sin dolor, sin angustia, sin frio ni calor, solo Dios, y es más que suficiente, vida plena y gozo
perpetuo para la eternidad.

Todas estas doctrinas están para darnos a entender la grandeza de Dios, la fragilidad del
hombre, el plan expiatorio de Cristo, la maravillosa gracia de Dios hasta ahora, para que sepamos
que tenemos un propósito en Dios y un compromiso con la humanidad de enseñarles todas estas
cosas, porque no hay mayor esperanza que Cristo, y es solo él lo que nos mantiene de pie, se
acercan días aún más oscuros para la humanidad, y solo hay un escape para todo el peligro que
viene y es Jesús, por eso es vital no solo recibir las enseñanzas de las doctrinas, sino también,
estudiarlas, interiorizarlas y ser consecuentes con la verdad que se nos es revelada por el Espíritu
Santo.

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