0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas7 páginas

Rupert Brooke

Rupert Brooke. Poesia ww1 .poetas Ptimera guerra mundial

Cargado por

idoia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como ODT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas7 páginas

Rupert Brooke

Rupert Brooke. Poesia ww1 .poetas Ptimera guerra mundial

Cargado por

idoia
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como ODT, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Rupert Brooke

Rupert Brooke tenía veintisiete años al estallar la contienda y una prometedora carrera literaria.
Era muy popular y sus versos se recitaban en las mismas trincheras. Su poema «The soldier» se
convirtió en un himno y un banderín de enganche para muchos de sus compatriotas:

Si yo cayera, recuerda solo esto de mí


que habrá un rincón de tierra extranjera

que será, para siempre, Inglaterra.


Paradójicamente, Brooke no murió en combate, sino en un barco hospital francés a consecuencia de
unas fiebres cuando se dirigía a Galípoli.

Rupert Brooke: La belleza en medio del caos


Por otro lado, Rupert Brooke es conocido por sus poemas que exploran la belleza y la fragilidad de
la vida en medio del caos de la guerra. En su poema «The Soldier«, Brooke reflexiona sobre el
sacrificio y el idealismo de los soldados que marchan hacia la batalla con valentía y determinación.

Rupert Brooke (1887—1915)


A Rupert Brooke también le gustaban las obras de los poetas románticos. Asistió a la Universidad
de Cambridge donde conoció y se hizo amigo de miembros del Grupo Bloomsbury cuya literatura
era una pieza importante del modernismo británico. Brooke fue comisionado en la Royal Navy, pero
en 1915 murió de sepsis a bordo de un barco hospitalario. Está enterrado en la isla griega de Skyros.

“El Soldado”
Si me muriera, piensa sólo esto de mí:
Que hay algún rincón de un campo extranjero
Eso es para siempre Inglaterra. Habrá
En esa tierra rica se ocultaba un polvo más rico;
Un polvo que Inglaterra llevaba, dio forma, hizo consciente,
Dio, una vez, sus flores al amor, sus formas de vagar,
Un cuerpo de Inglaterra, respirando aire inglés,
Lavado por los ríos, bendito por soles de hogar.
Y pensar, este corazón, todo mal derramado,
Un pulso en la mente eterna, nada menos
Da en algún lugar los pensamientos dados por Inglaterra;
Sus miradas y sonidos; sueña feliz como su día;
Y risas, aprendidas de amigos; y gentileza,
En corazones en paz, bajo un cielo inglés.

Rupert Brooke murió a los 27 años mientras se dirigía a Gallipoli dispuesto a entrar en combate.
Le picó un mosquito y contrajo una septicemia mortal. El hecho de que nunca pisara el campo de
batalla hizo que haya pasado a la historia como el war poet más idealista y menos desgarrado. No
cabe duda de que, si hubiera conocido la guerra en persona, sus poemas habrían sido tan oscuros
como los de Siegfried Sassoon y Wilfred Owen.
En Zenda reproducimos cinco poemas de la Poesía completa (El Desvelo) de Rupert Brooke.
***
Los Muertos
Estos corazones se tejieron con júbilo y cuidados humanos,
se lavaron maravillosamente con dolor y después con
alegría.
Los años les otorgaron bondad. El amanecer era suyo
y la puesta del sol y los colores de la tierra.
Habían visto el movimiento y oído la música, conocido
el sueño y la vigilia, amado, creado amistades con orgullo,
sentido el revuelo rápido del asombro, se sentaron en soledad,
tocaron flores y pieles y mejillas. Todo esto terminó.

Hay aguas arrastradas por vientos transformados en risa encendidas por coloridos cielos, todo el día.
Y después,
la escarcha, con un gesto, mantiene las olas que bailan
y la belleza que vaga. Él deja una blanca
gloria intacta, un resplandor reunido,
una amplitud, una paz que brilla, bajo la noche.
***
El Soldado
Si he de morir, piensa sólo esto de mí:
que algún rincón de una tierra extraña
será por siempre Inglaterra. Habrá
en esa buena tierra oculto un polvo mejor;
un polvo a quien Inglaterra dio vida, moldeó, hizo consciente,
a quien una vez dio sus flores de amor, sus caminos para
vagar,
un cuerpo de Inglaterra, respirando aire inglés,
bañado por los ríos, bendecido por soles del hogar.

Y piensa que este corazón, libre de todo mal,


pulso en la mente eterna, devuelve
no menos pensamientos que los que Inglaterra le dio;
sus imágenes y sonidos, sueños felices como el día,
y risas aprendidas de amigos, tranquilidad
en los corazones en paz, bajo un cielo inglés.
1914
***
Son sabias las mujeres
«Ay, el amor es hermoso y el amor es escaso», dijo mi amada, una vez
«pero el amor se pasa rápido». Le incliné su inocente cabeza y le
besé el cabello y me reí de ella. Era tan niña,
tan nueva en el amor, tan fiel a él y hablaba de forma tan amarga.

Pero son sabias las mujeres, más de lo que ellas creen,


y los pensamientos que las atraviesan son más sabios que los suyos
o ¿cómo si no podría mi amada, siendo ignorante y joven, quejarse tan
amargamente del amor con tan ciertas palabras?
Junio, 1913
***
Dudas
Cuando duerme, su alma, lo sé,
vagabundea por el aire,
vuela allá a donde nunca voy,
la deja yaciente, quieta y hermosa,
esperando, vacía, dejada de lado,
como un vestido sobre una silla…
Lo sé y también tengo
dudas que no pueden negarse.

Pues, si el alma no está ahí,


¿qué es lo que turba su rostro
y se sienta ahí desnudo y sabio
tras las cortinas de sus ojos,
qué es eso que, en el eclipse del yo,
ensombrece, suave y pasajero,
en la comisura del labio,
la sonrisa que es su esencia?

Y si el espíritu no está ahí,


¿por qué es fragante su cabello?
***
La vida más allá
Despierta quien nunca pensó despertar de nuevo,
quien sostuvo que la Muerte era el fin. Abre los ojos
despacio, sobre un plano lívido que se desvanece
encerrado por los más extraños cielos sin ojos. Yace
y espera y, por una vez en una eterna y enferma suposición,
a través del aire muerto levanta una mano desconocida
como una rama seca. No hay vida en esa tierra,
ni él mismo vive pero hay algo que llora;
un punto sin sentido sobre el barro, una mota
de horror inamovible, Un Inmortal,
limpio del mundo, sensible y muerto; una mosca
pegada al gris sudor del cuello de un cadáver.

Pensé que cuando el amor por ti muriera yo también moriría.


Está muerto. Curiosamente, yo, solo, sigo vivo.
Abril- Septiembre, 1910
Rupert Brooke murió a los 27 años mientras se dirigía a Gallipoli dispuesto a entrar en combate.
Le picó un mosquito y contrajo una septicemia mortal. El hecho de que nunca pisara el campo de
batalla hizo que haya pasado a la historia como el war poet más idealista y menos desgarrado. No
cabe duda de que, si hubiera conocido la guerra en persona, sus poemas habrían sido tan oscuros
como los de Siegfried Sassoon y Wilfred Owen.

El Soldado
Si he de morir, piensa sólo esto de mí:
que algún rincón de una tierra extraña
será por siempre Inglaterra. Habrá
en esa buena tierra oculto un polvo mejor;
un polvo a quien Inglaterra dio vida, moldeó, hizo consciente,
a quien una vez dio sus flores de amor, sus caminos para
vagar,
un cuerpo de Inglaterra, respirando aire inglés,
bañado por los ríos, bendecido por soles del hogar.

Y piensa que este corazón, libre de todo mal,


pulso en la mente eterna, devuelve
no menos pensamientos que los que Inglaterra le dio;
sus imágenes y sonidos, sueños felices como el día,
y risas aprendidas de amigos, tranquilidad
en los corazones en paz, bajo un cielo inglés.

Dudas
Cuando duerme, su alma, lo sé,
vagabundea por el aire,
vuela allá a donde nunca voy,
la deja yaciente, quieta y hermosa,
esperando, vacía, dejada de lado,
como un vestido sobre una silla…
Lo sé y también tengo
dudas que no pueden negarse.

Pues, si el alma no está ahí,


¿qué es lo que turba su rostro
y se sienta ahí desnudo y sabio
tras las cortinas de sus ojos,
qué es eso que, en el eclipse del yo,
ensombrece, suave y pasajero,
en la comisura del labio,
la sonrisa que es su esencia?

Y si el espíritu no está ahí,


¿por qué es fragante su cabello?
***
La vida más allá
Despierta quien nunca pensó despertar de nuevo,
quien sostuvo que la Muerte era el fin. Abre los ojos
despacio, sobre un plano lívido que se desvanece
encerrado por los más extraños cielos sin ojos. Yace
y espera y, por una vez en una eterna y enferma suposición,
a través del aire muerto levanta una mano desconocida
como una rama seca. No hay vida en esa tierra,
ni él mismo vive pero hay algo que llora;
un punto sin sentido sobre el barro, una mota
de horror inamovible, Un Inmortal,
limpio del mundo, sensible y muerto; una mosca
pegada al gris sudor del cuello de un cadáver.

Pensé que cuando el amor por ti muriera yo también moriría.


Está muerto. Curiosamente, yo, solo, sigo vivo.

Rupert Brooke murió a los 27 años mientras se dirigía a Gallipoli dispuesto a entrar en combate.
Le picó un mosquito y contrajo una septicemia mortal. El hecho de que nunca pisara el campo de
batalla hizo que haya pasado a la historia como el war poet más idealista y menos desgarrado. No
cabe duda de que, si hubiera conocido la guerra en persona, sus poemas habrían sido tan oscuros
como los de Siegfried Sassoon y Wilfred Owen.
En Zenda reproducimos cinco poemas de la Poesía completa (El Desvelo) de Rupert Brooke.
***
Los Muertos
Estos corazones se tejieron con júbilo y cuidados humanos,
se lavaron maravillosamente con dolor y después con
alegría.
Los años les otorgaron bondad. El amanecer era suyo
y la puesta del sol y los colores de la tierra.
Habían visto el movimiento y oído la música, conocido
el sueño y la vigilia, amado, creado amistades con orgullo,
sentido el revuelo rápido del asombro, se sentaron en soledad,
tocaron flores y pieles y mejillas. Todo esto terminó.

Hay aguas arrastradas por vientos transformados en risa encendidas por coloridos cielos, todo el día.
Y después,
la escarcha, con un gesto, mantiene las olas que bailan
y la belleza que vaga. Él deja una blanca
gloria intacta, un resplandor reunido,
una amplitud, una paz que brilla, bajo la noche.
***
El Soldado
Si he de morir, piensa sólo esto de mí:
que algún rincón de una tierra extraña
será por siempre Inglaterra. Habrá
en esa buena tierra oculto un polvo mejor;
un polvo a quien Inglaterra dio vida, moldeó, hizo consciente,
a quien una vez dio sus flores de amor, sus caminos para
vagar,
un cuerpo de Inglaterra, respirando aire inglés,
bañado por los ríos, bendecido por soles del hogar.

Y piensa que este corazón, libre de todo mal,


pulso en la mente eterna, devuelve
no menos pensamientos que los que Inglaterra le dio;
sus imágenes y sonidos, sueños felices como el día,
y risas aprendidas de amigos, tranquilidad
en los corazones en paz, bajo un cielo inglés.
1914
LOS MUERTOS

¡Soplad, cornetas, sobre los ricos muertos!


No hay ninguno de estos solitario y pobre de vejez,
pero el morir nos ha hecho regalos más valiosos que
el oro.
Estos apartaron el mundo; vertieron el dulce
vino tinto de la juventud; entregaron los años que serían
de trabajo y alegría, y esa serenidad indeseada
que los hombres llaman edad; y aquellos que hubieran
sido,
sus hijos, entregaron, su inmortalidad.
¡Soplad, cornetas, soplad! nos trajeron, por nuestra
escasez,
Santidad, tan añorada, y Amor y Dolor,
el Honor ha vuelto, como un rey, a la tierra,
y ha pagado a sus súbditos con un sueldo real;
y la nobleza vuelve a caminar con nosotros,
y ya nos encontramos frente a nuestro legado.

RUPERT BROOKE

También podría gustarte