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En este contexto, hace surgir una cierta fantasmitica que no
habia considerado antes; la enuresis, toma otro lugar, un mode-
lo de satisfaccién.
Se trata de esbozos de una satisfaccidn relative a cierto tipo
de fantasmas donde el elemento en juego aparece como si
puede usarse la expresién-, no enmarcado. Parccerfa tratarse
de wn mundo que no tendrfa un verdadero encuadramiento
fantasmitico ni referente simbdlico, y un funcionamiento del
objeto @ sin relacidn a la l6gica dei Uno. Peso iqué es ese
‘objeto, o cdmo entender su funcionamiento en una Logica del
no-todo?
Las aguas son tipicas alegorias de algo difuso, ilimitado, sin
borde definible, ese es su privilegio. La enuresis se trasforma
asf, en el modelo de una suerte de posible angustia y placer de
Jo que serfa licuarse.
Estos datos clinicos, més dificiles de situar, pueden ser muy
importantes porque indicarfan algo que, manteniendo una rela~
cin, sin embargo escapa al régimen del Uno, y darfan algunas
pistas firmes para una direccién de la cura que tuviera en cuenta
una perspectiva orientada a un posible final de andlisis.
Estas tiltimas cuestiones, son las que determinaron la inclu-
sién del caso clinico de esta noche.
CASO
Cristina Hegé a la consulta diciendo que hacia tiempo que
queria analizarse, pero que se excusaba en los continuos tras-
lados de su marido, con quien tenfa tres hijos pequefios.
La demanda se producia ahora a instancias de su médico
clinico, a quien habia consultado debido a wna sensacién de
presién dolorosa en el bajo vientre, que solfa aparecer en
distintos momentos de su vida. Ademés de este sintoma, por
€pocas ta acosaba una molesta sensacién de urgencia para
orinar, que Hegaba a pesturbar su vida social. Habia sido
derivada a especialistas en ginecologia y urologia, descartén-
dose patologia tanto uterina como del sistema urinario, asf
como también la posibilidad de una diabetes incipiente, su-
puesta debido a su costumbre de ingerir Ifquidos en forma
143demasiado abundante. Finalmente, el clini
comenzar un andlisis.
En el momento de la consulta, debido al comienzo de la
escolaridad de sus hijos, ella estaba radicada en la capital,
quedando separada geogréficamente de su marido.
Un dato cosechado en un test vocacional realizado mucho
tiempo atrés, referido a un temor al abandono, le hacfa suponer
que la reaparicién de sus sintomas podia ser expresién de dicho
temor.
Decia amar a su esposo a pesar de las desavenencias en el
plano sexual, que describfa como “desencuentro de ganas”,
Cuando ét la buscaba, sentia que procedia salvajemente, per-
diendo entonces, la imagen del marido tierno y seguro que ella
amaba, Cuando ella lo deseaba, no sabfa provocat el momento
y la escena terminaba sin otras consecuencias que un intercam-
ibio de caricias. Y si finalmente se producfa un encuentro,
acusaba alguna dificultad para “llegar” a un orgasmo,
Cristina sospechaba que su marido tenfa ocasionalmente
alguna amante. Sin expresar cuestiones de celos, sent(a una
peculiar curiosidad que la Hevaba a intentar localizarla en su
secretaria, en su profesora de inglés 0 en la maestra de los nifios,
€ indagaba en el entorno para obtener datos acerca de la otra
mujer: sus perfumes, su modo de vestir, imaginando invaria-
blemente que éstas tenfan un saber que a ella le faltaba: sabrian.
seguramente hacerse receptoras de las confesiones intimas de
30 pareja; halagar su paladar con ricas comidas, conversar
sobre arte, ete,
Pero el “temor al abandono” no era tematizado como riesgo
de perderlo a manos de otra, pues insistfa en estar segura de que
el amor que los unia trascendia las problematicas sexuales que
habfa entre ellos. Acentuando la importancia del plano amoro-
80, su propia insatisfaccién sexual estaba lejos de constituir el
motivo consciente de su demanda de anatisis, y cualquier
intento del analista en el sentido de interrogar una probable
relaci6n de los sintomas con las dificultades sexuales, parecia
inconducente.
Respecto de la sensacién de urgencia para orinar, comenz6
a Jocalizar que le ocurrfa especialmente cuando tenia que
separarse de alguien, Por ejemplo, cuando esperaba el autobus
144que retirarfa a sus hijos para Hlevarlos al colegio, 0 cuando
estaba por concluir su reunién semanal con otras mujeres. En
estas ocasiones, mientras jugaban a las cartas, tomaba repetidas
veces variadas infusiones y con la excusa de no querer perder
Ia ilaci6n de la partida, esperaba hasta tltimo momento para
levantarse a vaciar su vejiga. Decfa: “Es sistematico. Empiezan
a levantarse para irse y yo, que me venfa aguantando desde
hacfa media hora, me pisho.
De modo que la pregunta que este sfntoma fe formulaba a
Cristina era: ,por qué me hago pis justo cuando se estan yendo?
Seguirla con cierta docilidad en su propia hip6tesis, levé a
la paciente a rememorar un episodio traumético ocurrido cuan-
do tenia cuatro afios y medio. Coincidiendo con el alejamiento
geogrifico de su madrina ~hasta entonces una especie de madre
sustituta debido a las ocupaciones de su madre-, Cristina habfa
padecido un comienzo de deshidratacién, secundaria a un
cuadro de infeccién intestinal. Recuerda que su madre, dejando
todos sus menesteres, estuvo a su lado varios dias dindole
constantemente agua con una cucharita.
Casi inmediatamente se instalé un sintoma de enuresis
nocturna. Al principio, sus padres lo toleraban risuefiamente,
teorizando que se debfa a una costumbre provocada por tanta
agua y tantos mimos, Pero ante la persistencia del mismo,
optaron por consultar a un profesional. Los hermanos mayores
le hacfan bromas diciéndole que tenfa que ir al psicdlogo
porque era “una pishona”, € incluso la Hamaron “la Pisha”
hasta la adolescencia, a pesar de que el sintoma cedié luego de
un par de afios de tratamiento psicoldgico.
Sus sintomas actuales comenzaron a comportarse como una
brijula, permitiendo el recorrido por distintas significaciones.
Cuando el marido se alejaba, parecian un mensaje dirigido al
Otro, en términos de una muda demanda de amor. Pero inter-
indose mas propiamente en Ia novela edipica, la conviccién
acerca del amor de su marido, parecfa reproducir el vineulo con
un padre poderoso, inteligente y amorosamente tierno, con una
notoria preferencia por ella respecto de sus hermanos. A modo
de juego, la dejaba ademas, salir triunfante en la rivalidad con
su madre, No obstante, la rememoracién promovida por el
145trabajo de los sueffos, ubicarfa también el punto de decey
amorosa en que habfan culminado sus fantasfas incestuosas.
Fue en ocasidn de una visita a la casa de su madrina, cuando
-hurgando su placard con el fin de disfrazarse de “sefiora
encontré una foto de su padre con una dedicatoria
lemasiado amorosa” dirigida a la misma.
De la impotencia del S, y la pregunta sobre el goce
Una rebelde cistitis ~que transité paralela al temor que le
produjo una crisis laboral de su marido-, y la interrogacién por
su preocupacién por la incontinencia urinaria, se significaron
en relacién al sostén del padre idealizado, trayendo el recuerdo
del perfodo en que éste estuvo al borde de la quiebra econémica
causa del estrago que las inundaciones hicieron a sus campos.
Recuerda el dia en que su padre volvié de! banco derrumbado
anfmicamente, por no haber conseguido el préstamo que espe-
raba para poder paliar las pérdidas de la cosecha y el ganado.
Cristina ya habfa notado que la profesién de su marido
~ingeniero hidrdulico especializado en construccién de repre-
sas, programas de encauzamiento de aguas y dragado de puer-
tos~, tenia “algo que ver” con la condicién de su eleccién
amorosa, Hablando de sus sintomas habfa dicho risuefiamente:
“Parece que en casa de herrero, cuchillo de palo.” Sin embargo,
Tuego de la rememoracién de la caida del padre, tomé una nueva
significaci6n la suposicin de un saber del cényuge sobre las
aguas.
Avanzando en el anélisis, comenz6 a resultarle enigmitico
que durante los perfodos en que se reencontraban luego de las,
largas ausencias de su marido, él no intentase ninguna aproxi-
macién sexual. Sabfa ademds, que por cuestiones laborales
tomaba cada tanto contacto con una ex-novia. En esas ocasio-
nes, imaginando que el tiltimo Hamado telefonico habia sido
para comunicarse con ella, marcaba el botén de rediscado,
intentando confirmar sus sospechas. Otras veces, la amaba a
la empresa donde ella trabajaba, pregunténdole si habfa visto a
su marido por alli, excuséndose en su necesidad de ubicarlo
para transmitirle un mensaje. Escuchando su voz, imaginaba la
vestimenta de la supuesta amante. Si el marido se retrasaba, los
146suponfa juntos en un hotel, pregunténdose que atraccién po-
drfan tener esos encuentros para él. Enun suefo, los visualizaba
bebiendo champafia dentro de un hidromasaje. Por su parte,
segufa siendo muy solicita con él, ofreciéndole permanentes,
garantéas de su amor pero sin intentar un acercamiento sexual.
Durante este prolongado perfodo—a excepcién de su moda-
Jidad de retener orina y la consecuente urgencia por otinar-,
estuvieron totalmente ausentes el resto de sus sintomas.
Un acontecimiento vendria a conmover la comodidad del
fantaseo triangular. Un nuevo cambio laboral, conduce al
marido a radicarse definitivamente en la capital, volviendo «
convivir con su familia. A poco de establecerse, éste le propone
intentar mejorar la vida sexual entre ambos consultando a una
sexdloga. En principio, Cristina reaccioné con cierta indigna
cidn a la propuesta, pero sin embargo esta demanda la inquiet6.
Resultaba evidente que en esta coyuntura, era ella quien conci
taba no s6lo la preferencia amorosa, sino también el interés
exual de ese hombre. Los sintomas uretrales retornaron con
nusitada intensidad, poniendo en evidencia que era la emer
gencia misma de la sexualidad la que introducia el elemento
discordante.
Cristina tomé nota de un cambio en las condiciones en que
se producia su sensaci6n de urgencia por orinar: yano se trataba
de “Me pisho cuando el otro se va", sino que se enlazaba a la
frase “estar por llegar” (ella, el otro), aun sitio, Por asociacién,
establecié larelacién de esta frase con su dificultad para “llegar
al orgasmo”,
De modo que el retorno de los sintomas bajo estas condicio-
hes y en este momento de su relacién al saber inconsciente,
produjeron la caida de la significaci6n amorosa prevalente
hasta entonces.
Se produce entonces la apertura de un nuevo enigma en
jacién al goce, comenzando a develarse el punto de satisfac
cidn anudado a sus sintomas. Rememora que la suelta de orina
en Ia infancia, no se circunscribfa tnicamente a la enures
camino del goce se retoma a nivel de la masturbacién infantil,
efectuada bajo la forma de un juego que pedia insistentemente
montar a caballito en las rodiilas de tn hermano mayor. Mien-
tras el juego transcurria, aguantaba los deseos de orinar por no
147perderse la satisfaccién que el mismo te producfa. La escena
solfa terminar en un ataque irrefrenable de risa que ta hacia
correr al bafio al que “no alcanzaba a llegar, sin la bombacha un
poco mojada.”
En una ocasién, la suelta de orina trascendié el privado
marco familiar, pues recuerda haber vuelto de la casa de una
amiga con una bombacha prestada por ella, ya que la suya habia
‘quedado empapada como efecto de un goce desbordante que
sintié saitando sobre una cama elfstica. Recuerda también sn
breve perfodo de masturbacién adolescente, cuando tomaba
bafios de inmersién.
Pero la “bombacha mojada”, comienza graduaimente a
diferenciarse de 10s “tarrentes de liquido” que emergen en una
serie de suefios que la paciente denominaba como
acuaticos.”
Dicha serie empieza con suefios angustiosos sobre inund:
ciones, que dan cuenta del comienzo de la caida del saber
producido porel partener respecto de las aguas. En. uno de ellos,
acampabaal costado de un dique con su familia y detectaba wna
fisuraen la pared dela represa. Trataba de despertar a su marido
que dormitaba a su lado, sin lograrto. Intufa que una terrible
inundaci6n arrasaria incluso el pueblo cercano, de mode que.
tomando a sus nifos y arrastrando a su marido intental
alejarse de la zona en una carrera angustiosa. Luego de desper-
tac sobresaltada, volvié a dormirse, prosiguiendo el sueiio con
un contenido algo mas tranquilizador, donde se vefa a si misma
proponiendo una idea de canalizacién de emergencia a través
de una manguera, elemento que le parecia ridicule. pero que sin
embargo resultaba eficaz para disminuir la “presién de las
aguas”,
En otro suefio, en el que se encontraba en una casa de
momafia, observaba que en un lugar del jardin comenzaba a
brotar agua de la tierra en forma difusa, Preguntabaa su marido
si sabfa de qué se trataba, de dénde provenia y si, en caso de
continuar durante la noche, podrfa resultar peligroso. Bi eta el
periddico sin dar demasiada importancia ni explicaciones al
hecho, Su angustia crecfa. Se quedaba observando largo rato
esa emergencia de agua, pero al no encontrar ia causa del
fenémeno en el !ugar, comenzaba a caminar siguiendo el curso
148de las acequias ~por donde bajaba agua de deshielo, usada para
riego-, pensando que tal vez la obstruccién de algiin tramo
fucra lo que provocaba que filtrara bajo tierra y emergiera
luego en el jardin. Verificaba que en la acequia la apertura y
cietre de compuertas que dirigfa el curso del agua, funcionaba
normalmente, Sin embargo, en el jardin la tierra se anegaba
cada’ vez mas. Decidié entonces abrir una de las compuertas,
situada antes del terreno de la casa para desviar la Corriente en
otra direccién. En ese momento verificé que el agua dejaba de
emerger, deduciendo que el fenémeno habia cesado porque
habja reencontrado su cauce normal en la acequia, Una vez
més, consigue el alivio de la angus
Sin embargo, aunque las elaboraciones ofrecidas por los
suefios mostraran que mas allé de la falla de la respuesta del
Otro, y de la insuficiencia de la solucién a la angustia encontra-
da por variaciones de canalizaciones, la insistencia del desbor-
de acuatico como tal ~situado como un resto que Ia paciente
empieza a sospechar como causa de la repeticién misma-,
adquiri6 para ella un valor de enigma,
Pasado un tiempo decidié responder a la insistente demanda
del marido respecto de la consulta con la sexéloga. El pasaje
por estas entrevistas arrojarfa para su andlisis un saldo aprecia-
ble, ya que convecada a decir su fantasfa de lo que serfa un
mo pleno, se encontré comparandolo con la satisfaccién
que experimentaba al soltar la orina, luego de “aguantarse las
”, hasta haber Hegado al maximo de apremio,
Pensativamente, comenta que quiz el tinico problema de su
‘rica modalided de retener orina para procurarse una sat
hi
faccién, fuese imaginar que la cuesti6n de “llegar a” terminaba
inexorablemente en o
perdfa.”
Sesiones después comenta que ha notado un cambio en su
actitud al tener relaciones sexuales. Dice: “Siento que me estoy
soltando y estoy pudiendo disfrutarlo mas.
A partir de entonces, la serie de los suefios “acuiticos"
continta, pero ya despojados del contenido angustioso, pare-
ciendo indicar fa asuncién progresiva de una satisfuccién
En este sentido, merece destacarse uno en el que ella ingre-
saba aun mar embravecido, bajo la mirada preocupada de su
inarse, en perder. Dice: “Por no perder,
149marido quien intentaba, hasta dos minutos antes, fotografiarla
con su traje de bafio nuevo. Antes de internarse, soltaba la mano
de su hijo para que él lo recibiera y haciéndole un gesto de “no
te preocupes, esto es hermoso”, proscgufa alejéndose, sintien-
do que su cuerpo comenzaba a metamorfosearse en agua al
fundirse con la gigantesca ola, lo cual le producfa intensa
satisfaceién.
Los suefios prosiguen, indicando otra modificacién: su ma-
rido ya no interviene en ellos, participando en cambio, figuras
femeninas.
En uno de ellos, Cristina habfa comprado una casa de fin de
semana y egaba con una cantidad de mujeres ilusionada con
mostrarles el jardin, de) cuat te habfa impactado una fuente en
cuyo centro habja una estatua de Venus, semicubietta por unos
arreglos florales combinados con exquisito gusto por la duenia
anterior. Pero al arribar, se encontraba con que toda ex orna-
mentaci6n floral habia’sido retirada, y que la Venus estaba
desnuda y desvencijada, Dice: “Me encontré de golpe con la
verdad. El agua brotaba por cualquier parte del cuerpo.
En otra escena ella y esas mujeres se encontraban ya en el
interior de Ia casa, en una sala de duchas. Ellas tomaban badios
de inmersi6n con espuma. Cristina les alcanzaba la bata con su
nombre a medida que iban saliendo y pasando a otra habitacion
donde hacfan extrafias poses, cada una dibujando distintas
figuras, frente a unos espejos. Faltaba la bata de una de ellas y
Cristina le ofrece prestarle la propia, pero la mujer, ademas de
no aceptarla, le propina’sorpresivamemte wa empujén que la
coloca de pronto en la escena de los espejos, con su propia bata
y su propio nombre. Luego de un momento de desasosiego,
encuentra inventando movimientos, sintiendo una extrafia sen-
}6n de bienestar con su cuerpo.
En los comentarios posteriores aclara que de toda esa esce-
nificaci6n le quedaba claro que no se trataba de un entrena-
miento gimnistico 0 un ensayo, sino de “un modo de obtener
placer con ef cuerpo.” Afiade que una vez lanzada a ese espacio
de espejos, extraniamente, no intenté copiar el movimiento de
ninguna otra, como en la época en que comenzaba a salir a
bailar, sino que la sensacidn de bienestar provino de lograr
abandonarse y encontrar su propio movimiento.
150‘Tiempo més tarde, comentarfa que su gusto por la natacién
se habfa transformade para ella en “un vicio”, Siente una suerte
de necesidad de sumergirse diariamente en el agua, por lo que
concurre a diario y a horas muy tempranas a un natatorio, lo que
le permite estar sola en la enorme piscina, gozando de la
sensaci6n de sentir que se abandona en el elemento Ifquido,
hasta perder la conciencia de los Ifmites corporales, cuestién
que describe como “proseguir un stefio acudtico”.
Esta formulacién de la satisfaccién, lejos de dormicla, la
sigue despertando.
COMENTARIO
En primer lugar, creemos que merece destacarse que el caso
presentado da cuenta de un recorrido en andlisis en el que se
encuentran presentes casi todos [os temas trabajados en noches
La paciente se presenta derivada desde el ambito médico, a
causa de algunos sintomas (presi6n en el bajo vientre, urgencia
r), que parecen haber agotado el saber cientifico. Pot
otra parte, en cuanto a los saberes que pudiera producir s'
io -presentado como alguien que dispone de un amplio
repertorio en. cuanto al cauce de las aguas-, su chiste al
respecto: “En casa de herrero cuchilio de palo”, es suficiente-
mente elocuente.
Al respecto, recordabamos en Ia “Introduccién” que Lacan
seftala que lo que la histérica quiere es el saber, pero para que
sirva a la verdad, la verdad de que el amo esta castrado,
A partir del momento en gue acepta la derivacin de su
médico clinico, el Otro det que intentaré obtener un saber
quedara ahora encarnado en el analista. En la formula del
discurso histérico, esto corresponderia a los términos:
(experto en aguas, médicos, analistay
El recorte del material, da cuenta de un primer tiempo de
151trabajo analitico en el que la paciente se interroga acerca de su
compostamiento Hamativo en relacién alos Ifquidos (tanto una
ingesta que parecia excesiva, como su reiterada necesidad de
orinar). Su pregunta: “Por qué me hago pis justo cuando se
van?” comienza enlazdndose a episodios y recuerdos que con-
cluyen en una significacién en términos de temor al abandono,
destacindose ademis, que dicha significacién parece haber
tenido una particular fijeza.
Luego, se sefiala un perfodo protongado en el que sus
sintomas no se presentan y que coincide con un tiempo enel que
durame sus reencuentros, su marido no intenta ningiin tipo de
aproximacién sexual. Su deseo comienza a presentarsele como
enigmitico, y es entonces aprovechado parael despliegue de su
pregunta en relaci6n a la otra, Le interesaba detectar aquellos
rasgos, que hablarfan de las construcciones fantasmaticas que
hemos trabajado en las noches que dedicamos a “La otra del
hombre” y “La otra de la mujer”. Esas otras con Tas que 1a
histérica se identifica, imagina como aquellas a las que les
seria posible la relacién sexual. Se destacan al respecto, la
figura dela ex-novia y el suefioenel queellos beben champagne
dentro de un hidromasaje. Una fantasfa, un sueho en este caso,
que darfa cuenta de una posible versién de la telacién sexual
Como ya se dijo, se trata de construcciones que si bien tienen
su atractivo, a partir de la rediscusién del caso Dora que Lacan
hace en El Seminario... El reverso del psicoandlisis, es necesa-
rio abordarlas desde el punto de vista de un saber. La contem-
piacién boquiabierta de la Madonna o la sefiora K, son concep-
tualizadas all{, como una pura “contemplacién teérica”. A
partir de entonces, estas saberes que pasan por los fantasmas en
relaci6n a la otra, constituyen aquello que escribimos como S,
en la formula del discurs
b>
Ss
S, (heber champagne dentro de un hidroma:
Luego, ubicamos en el material un momento a partir del cual
el interés de su marido en términos sexuales, se dirige a ella,
concretamnente, como objeto. Y es entonces. cuando los sinto-
mas uretrales retotnan con particular virulenci
152Esta vez, aquella significacién privilegiada en términos de
temor al abandono o pérdida de amos, ya no le sirve como
respuesta, Su habito de retener y su urgencia por orinar, referi~
dos a fa frase “cuando el otro se va", sufte un desplazamiento
de sentido desde el “irse” de un lugar significado como aban-
dono, al “irse”, ya en su connotacin sexual. La paciente
prioriza entonces Ja frase “estar por llegar”, ahora indudable-
mente referida a su propia dificultad para “Megat” al orgasmo.
Parece iniciarse entonces, un nuevo periodo de trabajo
analitico, enel que surgen recuerdos més ligados a la vertiente
de satisfacci6n dei sintoma.
Habla de su enuresis infantil; recuerda sus juegos con el
hermano y esa escena en la que 1a excitacién acumulada
saltando én la cama eléstica, se resolvié orinéndose. Estos
recuerdas corresponden a un tiempo en que se Ja nombraba
como “Pisha”, por relacién directa con la enuresis que la
condujo hasta el psicélogo.
Este aombre, un segundo nombre, constituye un dato signi
ficativo en cuanto al tema que tratamos hoy. Si nuestra pregun-
taes ,dénde se ubica la satisfaccién para la histérica?, podemos
conjeturar que ser la “Pisha” constituye probablemente un
nombre conquistado segin su modalidad de goce, un nombre
del goce propio, vinculado a fantasmas urinarios.
Se destaca luego, el comienzo de una diferenciacién entre
“bombacha mojada” y aquello que serfan liquides desbordan-
tes, ilimitados, y se nos ofrece en Ia presentacién, una seowen-
a de la producci6n onirica de la paciente.
Estos sueitos hacen evidente, de manera general, la direc-
cién que toma el trabajo del inconsciente en el sentido de
limitar, ofrecer un cauce, un borde, a ese fuir més difuso 0 mas
abundante, pero continuo. Notemos que especialmente en el
primer sueio, estos desbordes se vinculan a la angustia, legan-
do a tener cardcter de pesadilla,
Es evidente el intento de aportar una localizacién para esos
liquidos pero, la significacién que ei inconsciente produce
-proporcionando mangueras, acequias-, en su gireccién al
principio del placer, sera siempre falica
La insistencia de los mismos llama su atenci6n, al punto de
referirse a ellos como los “suefios acuaticos”. Dicha insisten-
153cia, podria tener el valor de conducirla en el transcurso de su
andlisis, a verificarla castraci6n; a concluir que el inconsciente
mismo no te aportard la respuesta que busca en relacidn a este
objeto que, por sus caracteristicas de ser sin bordes ni limites,
no parece facil de localizar en 1a multiplicidad de fantasmas
félicos que habitualmente encontramos ubicados en S,
Para terminat, y en cuanto al tema que proponemos al
debate, la satisfacci6n histérica, quisiéramos sefialar que este
material nos ha parecido interesante porque nos permite ubicar
~porque la paciente habla de ello, algo del orden de una
satisfacci6n ligada al propio cuerpo, que parece estar por fuera
de sus indagaciones y de las construcciones que en el plano
triangular, desarrolla sobre la otra. Al mismo tiempo, es un caso
que posibilita poner a discusién modos de circunscribir, en el
transcurso del andlisis de una sujeto histérica, algo del cuerpo
vinculado al goce. Goce que sabemos, que como condicién de
este discurso, se presenta como inaccesible.
El encuentro con esa fantasfa dicha a la sexdloga, al compa-
tar la satisfaccién que obtiene con la retencién y suelta de orina
y la que imagina en el orgasmo, parecerfa indicar una pregunta
acerca de cémo hacer entrar en la relacién sexual con el
partener, ese algo que escapa al limite falico. Resume entonces
lo que Hama su problema histético en: “por no perder, pierdo.
Retener orina para procurarse una satisfaceién, Ia Neva a
imaginar que “Iegar a” deberia terminar indefectiblemente en
orinarse.
Se puede conjeturar, que para esta paciente, incluir algo de
Jo femenino tendrfa la marca de ese fluido sin limites, proble-
mitico.
Recordabamos también al comienzo, que ta histeria es una
manera de presentar la problematica de la relaci6n sexual. $'
bien la paciente lo hace bajo una forma sintomatizada, es decir,
de impotencia -lo cual, al precio del sintoma de anorgasmia le
permite sostener la creencia de que la relaci6n sexual serf
posible-,cabe preguntarnos c6mo orientarnos como analistas en
este punto, ya que también nos da indicios acerca de esos
modelos de satisfaccién intima, oculta, ligados al cuerpo propio.
Lo que el sujeto histérico fabrica con ese objeto oculto,
154escamoteado, no €s otra cosa sino un intento de poner en
discurso su verdadera pregunta que es por la relaci6n sexual:
DEBATE
P: Querfa abordar el tema de las aguas, porque me parece
una cuesti6n central que a lo largo del anélisis va adquiriendo
estatutos clinicos diferentes. Les pedirfa si pueden retomar ese
tema.
‘Ademis, me cuesta discernir, en este vaso, cvsindo la cucs-
tion de los liquidos aparece propiamente como sintoma
rico —por ejemplo la presién en el bajo vientre-, y c
aparece por fuera de Ia dimensién filica, como goce de los
Iiquidos en sus desbordes.
R: Estos dos temas se articulan, por lo que voy a intentar
responder a ambos. En principio, quisiera seftalar que el sinto-
ma por el que esta paciente consult6 al clinico y luego al
urélogo, esa presiGn en el bajo vientre, es el que pone en juego
{2 divisién subjetiva como agente y un requerimiento de saber
al S,. Cuando el Otro encarnado en Ia medicina se revela como
impotente para responder 2 la divisi6n subjetiva alli implicada,
se precipita la indicacién de un andlisis.
Ya iniciado el tratamiento, a partir del momente en que ella
se involucra en su sfntoma, el circuito del exceso en la ingesta
y la urgencia por orinar, que parecfan del orden de un habito y
como tal ego-sint6nico, toma estatuto de sintoma analftico, Pasa
entonces, por el recuerdo de la deshidratacién y el sentimiento
de haber sida dejada caer del deseo del Otro, para luego abrir et
trabajo de la vertiente de satisfacci6n del sintoma propiamente
dicha. Trabajar en esta linea de ‘a satisfaccién trajo, como
consecuencia, tener que plantearnos la cuestién de una satisfac-
}6n que na es facil de citcunscribir solamente a los bordes
corporates de las cuatro variantes de los objetos parciales.
En este petfodo comienzan adersds a aparecer las referen-
cias a lo ilimitado los desbordes, las inundaciones-, que,
como se decta recién, un modo de pensarlo es lo ilimitado det
objeto a, pero el problema que eso plantea es que no existe el
objeto uretral, en la lista de las pulsiones.
155Ademés, nos ha parecido un material que se presta para
interrogar en qué puntos se pondria en juego algo del Namado
goce femenino.
P: Con respecto a la retenci6n y suelta de otina gno podria
pensarse que est en juego algo del orden de Ia pulsién anal?
R: Nos hemos preguntado acerca del tema pero creemos que
no, no hay datos en el material que permitan pensar su orina en
el régimen de} objeto anal, como objeto valioso para la dem:
da del Otro, o 1a suelta como objeto de don..
P: Ustedes recordaron el andlisis que Lacan hace en El
Seminario, Libro 17... de la enuresis de Dora. {Les parece que
en este caso se verificarfa la misma Ifnea de anélisis?
R: Claro, justamente; porque aki Lacan considera dos di
mensiones del sintoma de enuresis en Dora, que también estén
presentes en esta paciente. Por un lado lo coloca en relacién a
la impotencia paterna, que en el caso se manifesté en la escena
del padre volviendo dei banco “sin recursos”, quebrado por la
fuerza de la inundacién. Pero cuando Lacan investiga Ia enure-
sis como modelo de satisfacci6n, apela a los términes “ritmo
fluido, escurridizo”, para indicar la modalidad propia de la
enuresis, Pijémonos que allf Lacan no incluye un objeto uretral,
sino que sefiala la dimensi6n del fluir mismo como un continuo
dificil de circunscribir, un goce que rebalsa, que no entrarfa en
el cauce de las acequias falicas.
P: Quisiera centcarme en el tema del goce. Entiendo que a
veces aparece vinculado al goce félico, otras a lo inconmensu-
rable del objeto a, pero lo que me resulta mis dificil de
comprender es cuando se presenta como un goce ilimitado.
R: May, efectivamente, algo a interrogar més allé del sinto-
ma histérico conversivo con fantasfa reprimida; algo que se
podria indagar en Ia linea del goce femenino. Como se dijo, es
posibilidad empieza a abrirse cuando el trabajo analitico, en la
vertiente de satisfaccién del sintoma —trabajo que como sabe-
mos no esta precisamente facilitado en la histeria, que habitual
mente insiste en la linea de ta insatisfaccién-, ha avanzado lo
suficiente y empiezan a aparecer esas menciones a Jo ilimitado,
156ubicables tanto a partir de la enuresis infantil como de la actual
urgencia por orinar y 1o mencionado en los suefios, esas afluen-
cias de Ifquidos ya sin bordes, inundaciones masivas, fuera de
las acequias, brotando desde los poros de la tierra, etc. Si bien
esté el esfuerzo del inconsciente por colocarlos en la dimensién
félica, son puntos angustiosos referidos a estas alegorfas acuo-
\$ que parecen indicar otra dimensién, sin demasiado marco
fantasmatico.
‘Algo que me parece que los fragmentos de andlisis recortado
permiten pensar, es que no se trata de tiempos cronolégic
sino de tiempos de formulaciones Iégicas de distintas modali-
dades de un mismo goce en juego.
P: Pero {podriamos decir que una parte de ese goce queda
circunscripto a lo filico, por ejemplo, los juegos infantiles mas
de tipo masturbatorio que le dejaban la bombacha mojada, a
diferencia de la enuresis?
R: Enel material més actual, los temas referidos por ejemplo
al “irse” o al “Iegar” parecerfan apuntar al plano del goce
félico. Y dentro de este plano, el orgasmo mientras estaba
equiparado al goce de pisharse, la dejaba en una encrucijada
En el curso de la cura se produjo un efecto terapéutico, ella
pudo “soltarse”, pero paralelamente contintia interrogindose
sobre lo ilimitado como tal, y a cierta altura sus indagaciones
sobre el goce ~como se evidencia en el suefio de los espejos—.
se centran més directamente en dos temas: el cuerpo de las
mujeres y un saber hacer con el propio.
P: Recordaba que Freud invita a los analistas a presentar
materiales sobre la satisfaccién que se obtiene en los juegos de
hamacarse, deslizarse por el tobogin y esos otros de giro o
vuelo, En este mismo ciclo, pero dedicado a lo real del sintoma,
ustedes presentaron el caso de una mujer que padecfa una
especie dle vérligo, sintoma que se enlazaba a una escena
infantil donde el padre la hacfa girar; se trataba de una satisfac-
cién que estaba en relaci6n a la sensacién de vuelo. Lo relacio-
naba con el juego de esta paciente de saltar en la cama elastica.
ahf se trata de una excitaci6n que se resuelve cuando termin
orindndose, con ta bombacha mojada. ;Serfan equiparabl
157como intentos de buscar metéforas para algo vinculado a una
experiencia de satisfaccién que toca lo indecible?
R: Recuerdo el caso, sf... y también la intriga que parecfan
generarle a Freud ese tipo d¢ juegos de movimiento.
Habria que pensarlo, pero en principio se me ocurre una
diferencia en el tipo de juego. En los primeros, la satisfaccién
parece estas tds relacionada con una especie de continuo en el
movimiento mismo, mientras que en los de saltar en la cama
cldstica o el juego del caballito, desde et punto de vista del
movimiento, me parecen mas vinculados al Uno repetitive,
falico, y el efecto es mojarse a bombacha un poco. Es una
respuesta demasiado rapida, pero la digo pensando en el ritmo,
diferenciando ese ritmo Uno, Uno, Uno, etc., de lo que Lacan
sita como el “ritmo fluido, escurridizo” de la enuresis. Un tipo
de movimiento, que tal vez, pareceria no estar afectado por el
régimen del Uno.
P: Me parece un esfuerzo encomiable tratar de encontrar
las manifestaciones clinicas de ese goce suplementario, del
que tanto se habla respecto del fin de anilisis, porque no creo
que sea algo que aparezca de repente, al final, sino que deben
encontrarse pequefios indicios durante la cura y éste es un
‘aso que permite ir viendo esas transformaciones para sacar
a luz lo que esta de fondo, como el goce suplementario
femenino.
P: En una charla, Guy Trobas se refirié a su posicién como
‘analista respecto de ciertos silencios y olvidos, que no trataba
como formaciones del inconsciente. En esa oportunidad,
puntuaba que la cuestién del Otea goce es ilimitada, mientras
que el goce filico es limitado. Me parece entonces, que aquello
‘que escapara al Ifmite del goce falico podrfamos pensarlo como
atinente al Otro goce.
P: Creo que él se referia a ciertos momentos del anilisis en
que comienza a declinar la tarea de desciframiento, al menos en
ese punto en que empieza a caer la referencia continua a la
novela famitiae, Son momentos de una cura en los que al
presentarse esos silencios y vactas, su posicién como analista
era no reconducir al fantasma filico para poder sostener la
posibilidad de que a partir de ese silencio el sujeto pueda
158encontrar tuna
indecible.
P: Me parece que otra arista interesante del caso es situar los
distintos momentos de angustia, en tanto parecen ser los que
producen giros en el andlisis.
R: Si bien la angustia esté en relacién a la castracién del
Otro, hay en el caso diferentes momentos que indican algo mas
que una cuestién de matices. Se presenta primero, un momento
de angustia que se vincula a la caida de ella como objeto del
deseo del Otro (madrina-deshidratacién-enuresis); luego otro,
relativo a la cafda del Otro mismo (el padre castrado, sin
recursos y quebrado); y un tercero provocado por la caida del
saber supuesto a un Otro sobre la cuestidn del goce (experto en
hidraulica que no se despierta, que parece no ofr).
ucién diferente para su goce, a partir de ese
P: Querfa retomar la frase de la paciente cuando dice: “Por
no perder, pierdo”, porque me parece crucial como momento
para delimitar lo que es del orden félico, de aquetlo que se
ubicarfa mas alla.
Ese modo de retener y orinar que la paciente imaginaba
como equivalente al orgasmo, a mi modo de ver, obedece a
equiparacién con el goce del érgano del lado masculino. En-
tiendo la frase “Por no perder, pierdo”, como una subjetiviza-
cidn de la castracién.
R: Es una construccién interesante, se puede acordar con
algunas de las cosas que planteds. Sosteniendo el sintoma de
anorgasmia, ella podia seguir considerando la relacién sexual
como posible, mientras que el levantamiento de ese sintoma se
corresponde con darse cuenta de que cada quien obtiene el goce
«a partir de su propio cuerpo.
Se trata de una satisfacci6n, pero que por ser propia no arma
con el otro la relacién sexual, el goce del otro es del otro.
Por otro lado, el saldo terapéutico parece dividir las aguas,
incluso cronolégicamente, Eso que lo excede, el plus de lo
desbordante y de ritmo continuo, efectivamente desborda tam-
bign ef saldo terapéutico en términos filicos.
P: Me preguntaba por ese
podria pensar que hay un goce
n bordes” de la enures
in marco fantasmatico.
si seR: Este es un tema complicado por lo siguiente: si hubiera et
Otro goce, por definicién seria innombrable, zcémo decir
acerca de él si no es a través de algo que sistie un minimo borde,
tuna cierta localizacién a través del objeto, que le arme algan
esboz0 fantasmatico? Es como si el Otro goce tuviera que
tomar prestado cierto marco que da e} objeto. Recién se aludié
aque esa localizacién en este caso quiza fuese el falo mismo en
tanto érgano, no lodescarto, pero es una cuestién problemética
que s6lo podemos dejar planteada.
P: Ustedes plantearon que la satisfaccién corresponderia
ubicarla abajo a [a izquierda en Ja Formula del discurso. {Eso
incluye a cuestién del goce femenino? Creo que hay que
diferenciar histeria y femineidad.
R: Efectivamente, histeria y femineidad no es lo mismo.
Este tema, aparece clasicamente més emparentado con Ya his-
teria por el tipo de pregunta que este sujeto se formula: ,qué es
ser una mujer? Con su pregunta, puede tlegar a la conquista de
cierto ntimero de saberes obtenidos por via triangular, pero sin
que toque verdaderamente la cuestin de la femineidad. Al
mismo tiempo, en una obsesién, e} sujeto también puede tratar
de querer vislumbrar algo del orden de la femineidad.
Entonces, en el marco del discurso histérico, la tinica cua
para conceptualizar algo acerca de ta satisfaccién, es la aproxi-
macién por el lado del objeto ent ef lugar de Ia verdad, abajo a
la izquierda. Pero ta dificultad que quisimos trasmitir y que
hemos planteado con el paradigma de \@ enuresis de Dora, es
que ésta irfa allf a titulo de “modelo de satisfaccién”, y que ab
Hamarla “modelo”, al decir “alegoria”, esto implicaria desde
cierto dngulo, despojarla de su estatuto de goce pullsional
parcial, y hablar de una satisfaccién que puede estar a titulo de.
indice de otra satisfaccién, que evoca la dimensién de Otro
goce.
El goce femenino como tal, no entra en ningtin discurso, no
hace vinculo special. Algo de eso podria estar indicado en el caso
de esta paciente, en ese acto donde cada mafiana, estando el
natatorio desierto, puede proseguir su suefio acuiitico de fundir
su cuerpo con ef agua.
160NUDO HISTERICO
Esbozo de una clinica
Liliana Rossi
Beatriz Udenio
Juan Ventoso
INTRODUCCION
n nuestra segunda reunién que Hlev6 por titulo ‘Atadas al
padre’, abordamos esa franja de la clinica en la que el lazo
idemtificatorio al padre se mostraba con particular insistencia.
Se presentaron dos casos. En uno de ellos, se trataba de una
consistencia de la identificacién al deseo paterno, que obstrufa
el circuito de los intentos de respuesta al enigma sobre la
sexualidad por la via cldsica del despliegue del triingulo; es
decir, del recurso a las “otras” supuestas al S,, como encarna-
cign de algiin supuesto saber.
En el otro, se verificé en el andlisis que habiendo hecho ese
recorrido, la cuestién volvfa a girar en un: “finalmente, todos
Jos hombres son mi padre”, situando un Hlamativo retorno, pese
aa los saberes obtenidos, a la cuestién inicial, la identificacién
con el padre.
‘Abordamos luego, ya a partir de casos que mostraban indi-
cios claros de la presencia del enigma sobre la sexualidad, los
desdoblamientos que llamamos “la otra del hombre” y “la otra
de la mujer”, apelando al esquema del tridngulo y luego al
matema del discurso histérico,
161Finalntente, en la noche precedente, planteamos el tema de
la satisfaccién en 1a histeria. Sefialamos la importancia de la
utilizacién del matema del discurso histérico, ya no s6lo para
dar cuenta de la maniobra de sujetos que ~bajo la promocién del
deseo como insatisfecho-, ponen al amo a producir saberes,
sino también por Ia operatividad del discurso en cuanto a la
localizacién de una satisfaccién que justamente escapa al
circuit $ - S, - S,. Destacamos que es ésta, una cuestin de
crucial relevancia én la perspectiva de una direccién orientada
hacia el final del anélisis.
En esta noche, esbozaremos el problema siguiente: ;qué
Neva a Lacan a dar ese paso més, el que va del discurso hacia
el nudo borromeo? Con ese paso pueden sospecharse importan-
tes cambios, resultantes de la inclusién de conceptos funda-
mentales en la topologia del nudo, lo cual reformula evidente-
mente la nocién de estructura, pero ademas ~y esto es lo que nos
parece aqui crucial, hace surgir una nueva consideracién
sobre el sintoma y la identificaci6n al padre, a propésito de la
histe
Hay que sefalar que, hasta donde Lacan pens6 lahisteria con
el matema de los discursos, 1a concepcién de la estructura
valorizaba especialmente s6lo dos de los tres registros: tres
elementos simbélicos -$, S, y S,-, y uno real, el objeto a
(aunque ubicado en el lugar de la verdad), de modo que el
registro imaginario propiamente dicho queda impreciso y por
fuera de los términos del matema en tanto tales
Retomemos, sin embargo, las referencias que reintroducen
esa dimensién imaginaria.
Una se refiere a esas dos figuraciones imaginarias que
Fecordamos recién a propésito de las articulaciones sobre el
discurso histérico y el desdoblamiento de la otra: “Ia otra de lit
mujer” daba una figuracién muy distinta a aquellas a las que
Mevaba el fetiche ubicable en “la otra del hombre”.
La otra referencia se desprende de las consideraciones que.
siguiendo a Lacan, hicimos sobre la satisfaccién oculta en Ia
histeria, y que concierne a esa fantasmatica especial, hecha de
alegorias sobre algo sin bordes, ilimitado, y ligadas a los
mas del goce femenino en sus esfucrzos por representarse
a significacién falica
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