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ISSN: 2735 - 6604

INICIATIVA LAICISTA N°78


AGOSTO-SEPTIEMBRE 2025

EL FUTURO DEL TRABAJO


EN UN MUNDO EN CRISIS
VALÓRICA
El obrero que teje, hila, taladra, tornea, construye, cava, machaca
piedras, carga, etc., por espacio de doce horas al día, ¿son estas doce
horas de tejer, hilar, taladrar, tornear, construir, cavar y machacar
piedras la manifestación de su vida, su vida misma? Al contrario. Para
él, la vida comienza allí donde terminan estas actividades, en la mesa de
su casa, en el banco de la taberna, en la cama. Las doce horas de
trabajo no tienen para él sentido alguno en cuanto a tejer, hilar,
taladrar, etc., sino solamente como medio para ganar el dinero que le
permite sentarse a la mesa o en el banco de la taberna y meterse en la
cama. Si el gusano de seda hilase para ganarse el sustento como oruga,
sería un auténtico obrero asalariado.

Karl Marx, Trabajo asalariado y capital (1849)


SUMARIO
EDITORIAL
4 Por Sylvie R. Moulin

EL FUTURO DEL TRABAJO EN UN


8 MUNDO EN CRISIS VALÓRICA
Por Luis Muñoz Barriga

LA CULTURA DEL TRABAJO


18 Por Rubén Farías Chacón

LA EVOLUCIÓN DEL TRABAJO EN


29 UNA PERMENTE CRISIS VALÓRICA
Por André Grimblatt Hinzpeter

37 Entrevista de NICOLÁS VERDEJO


EL MUNDO ACTUAL, CRISIS DE
VALORES Y CONSECUENCIAS
47 LABORALES
Por Edgardo Hidalgo Callejas

LOS VALORES EN LA ERA DE LAS


55 TECNOLOGÍAS DISRUPTIVAS
Por Roberto Berrios Álvarez
EDITORIAL
SYLVIE R. MOULIN*

Vivimos en un mundo que atraviesa una crisis de


valores, donde los principios éticos y morales se
encuentran, a menudo, cuestionados o
completamente ignorados. Esto no favorece la
percepción del trabajo y deja lugar a dudas sobre su
futuro. Es verdad que el trabajo, aunque exista una
tendencia a asociarlo con un lugar que nos trae
múltiples situaciones satisfactorias y gratificantes, es
percibido en general como un lugar de frustración y
sanción: vamos a trabajar soñando con los fines de
semana y las vacaciones con que la empresa acepta
retribuirnos, sin olvidar el sueldo mensual que
raramente nos deja conformes.

Recordemos que “trabajo” viene del bajo latín tripalium, instrumento de tortura de tres
palos utilizado en la Roma Antigua. En cuanto a su equivalente “labor”, es similar al latín
labor, que se refiere a una faena que requiere el esfuerzo físico en condiciones exigentes.
En cuanto a la expresión “pega”, que los chilenos usan a menudo para remplazar
“trabajo”, apareció en referencia a la construcción del puente de Cal y Canto, que sin
lugar a duda debía exigir muchos esfuerzos físicos. Se podría mencionar también que el
término francés “sala de trabajo” (salle de travail) designa en un hospital el espacio donde
las mujeres dan a luz a sus bebés… Y finalmente no puedo evitar de mencionar de nuevo
al filósofo André Comte-Sponville quien, en una conferencia realizada el 21 de enero de
2106 en los Hospitales Universitarios de Ginebra sobre “la Felicidad en el Trabajo”,
recordaba de manera sarcástica pero indiscutible que en la Biblia aparecía esta frase – que
todos conocemos-: “Ganarás tu pan con el sudor de tu frente”.

4
Trabajo fuente de pena, esfuerzo y frustración, queda claro. Sin embargo, también se
toma como un elemento de identidad y una representación del desarrollo de uno en su
contexto humano: determina el nivel en la escala social, ya que refleja su grado de
formación e implica su categoría económica. Por lo tanto, es lógico que lo conectemos con
la inestabilidad de valores actual, que se refiere a la pérdida de referentes éticos en muchas
instituciones donde el lucro pasa antes del bien común.

Cuando uno se interroga sobre el futuro del trabajo, esa inseguridad es muy preocupante,
ya que además los progresos gigantescos de la tecnología y la IA están suprimiendo
puestos y exigiendo conocimientos y experiencia no accesibles a todos. Se trata de
reconstruir un sistema de principios permitiendo una vuelta a valores tales como la
dignidad y la justicia. El desafío consiste entonces en aprovechar las posibilidades de la
tecnología reconstruyendo al mismo tiempo un marco ético amenazado y un contexto
laboral más justo y sostenible.

Esa preocupación no es nueva e incluso se convirtió en un tema de inspiración literaria a


fines del siglo XIX, siempre estrechamente conectado con el de la obsesión por el dinero.
Empezó a imponerse en la época de la industrialización, por ejemplo, en las novelas de
Emile Zola, con Germinal (1885), centrada en el mundo obrero, la justicia social y la
dignidad humana, o su último libro titulado Trabajo (1901), enfocado en la distribución
de las riquezas y los progresos técnicos. Luego, cada periodo de crisis fomentó la
producción de obras similares, pienso por ejemplo en Las uvas de la ira de John Steinbeck
(1939), historia de una familia constreñida por la sequía a abandonar la tierra de
Oklahoma “llena de cicatrices” y migrar hacia California.

En este momento, podemos observar claramente una debilitación general de los valores
compartidos que se repercuta en el mundo del trabajo y conduce a una pérdida de sentido
alienante. El contexto laboral se está modificando a una velocidad gigantesca con la
digitalización, la automatización y el teletrabajo. Lo presenciamos con la experiencia de la
pandemia cuando las personas, después de experimentar dificultades para adaptarse al
trabajo online, se acostumbraron a organizar su día laboral en su casa. De hecho, muchos
decidieron no retomar el trabajo en la oficina donde solían ir cada mañana, o retomarlo
parcialmente, y así evitar otros gastos sin tener la necesidad de desplazarse. Pero a pesar
de dar más autonomía a los trabajadores, esa evolución trae riesgos de desigualdad e
incluso de exclusión de unos grupos, si no va acompañada de programas para incluir a
todos con las mismas oportunidades.

5
En un mundo en crisis valórica, el contexto laboral es uno de los más afectados: el poder y
la riqueza se concentran en las manos de una minoría, el trabajo pierde todo propósito
humano reduciéndose a traer ingresos, la eficiencia y el lucro se priorizan en detrimento
del bienestar de las personas, haciendo también perder la conciencia de lo bueno y lo justo,
a falta de referentes éticos. En resumen, se pierde el valor de las personas a favor de la
productividad, tema muy preocupante en Chile que pertenece a los países más desiguales
de la OCDE, con salarios bajos para la mayoría de la población mientras que las riquezas
están controladas por una minoría ínfima.

Como consecuencia, en las últimas décadas, la dimensión ética del trabajo se ha


convertido en una preocupación central, especialmente con el Programa de Trabajo
Decente establecido por la OIT en 2015, que se centra en el empleo productivo, la
seguridad, el ingreso y el salario justos, la participación y la libertad de expresarse y
organizarse, entre otras cosas ([Link] Esto
permitiría, por una parte, pasar del privilegio y la ganancia individuales al beneficio
común, y por otra parte, evitar las discriminaciones en el contexto laboral.

Incumbe retomar en nuestras manos este momento de transición sin tirar la toalla,
luchando por condiciones laborales más equitativas, creando nuevos empleos adaptados a
la realidad actual y, sobre todo, educando y capacitando a las personas para que se
puedan reconvertir dentro de un mundo invadido por la automatización. También es
crucial reconsiderar el sentido del trabajo y revalorizar la dimensión ética de lo que
hacemos a diario para no caer en el “Métro-boulot-dodo” (Metro-pega-dodo), expresión
difundida por el poeta Pierre Béarn en 1968 en uno de los periodos de conflictos sociales
más violentos del mundo postguerra, cuando el país estaba completamente paralizado por
huelgas y protestas, justamente para expresar que las personas habían reducido su
existencia a las exigencias laborales.

Lamentarse sobre una situación existente siempre es la actitud más fácil, lo importante es
moverse. Sabemos que el mundo se encuentra en una crisis valórica seria y eso nos
preocupa, sobre todo para nuestros hijos y nietos, pero cambiar esta realidad está en
nuestras manos. Nunca se puede volver atrás. Por lo tanto, es necesario reconstruir de a
poco esos valores para orientar el trabajo por venir, incluir la tecnología en el mundo
laboral dándole una significación, de manera que el trabajo no se limite a un instrumento
de producción, sino que se incluya en el desarrollo humano.

6
Temas para meditar, sin lugar a dudas. Meditar, como siglos atrás lo hizo Jean de La
Fontaine en varias moralejas de sus fábulas que nos ponen en guardia: El granjero y sus
hijos, en la cual recuerda que “El padre tuvo la sabiduría de mostrar [a sus hijos] antes de
su muerte que el trabajo es un tesoro”, Los animales enfermos de peste, advirtiéndonos
que “Según que seas potente o miserable, los juicios de la Corte te harán justo o culpable”,
El zapatero y el financiero, que demuestra que ganancia inútil y avaricia producen más
angustia que felicidad, y El cuervo y el zorro, donde “Todo adulador vive a expensas de
quien lo escucha”. Pero siempre vuelve a mi memoria la advertencia de El Lobo y el
cordero, avisándonos que “La razón del más fuerte siempre es la mejor”.

*Profesora, traductora y escritora. Doctorado en Estudios Ibéricos e Iberoamericanos, Master en


Civilización Latinoamericana y Master en Literatura Comparada, Universidad de Paris IV-
Sorbonne. Docente por 12 años en Estados Unidos. Autora de varios libros de crónicas y cuentos.

“El padre tuvo la sabiduría de mostrar [a sus hijos]


antes de su muerte que el trabajo es un tesoro”

7
EL FUTURO DEL TRABAJO
EN UN MUNDO EN CRISIS
VALÓRICA
LUIS MUÑOZ BARRIGA*

8
El futuro del trabajo se encuentra en una encrucijada, marcada no solo por las
transformaciones tecnológicas en la vida cotidiana y productiva de las sociedades, sino
también por una redefinición valórica que la humanidad experimenta de manera intensa
en este nuevo milenio en que ciertos paradigmas valóricos han modificado el actuar de las
personas en un entorno con mucha información, alta polarización y referentes valóricos en
crisis. Por otra parte, el trabajo en sí se conforma en una suerte de dilema ya que a través
de él los individuos logran recibir una remuneración que les permite tener acceso a ciertos
bienes que satisfacen sus necesidades habilidades e intereses. Pero el mismo trabajo es
precisamente la actividad que le quita tiempo para disfrutar de aquellas cosas que lo hacen
feliz.

Complementariamente, es posible comprender que el trabajo tiene una profunda carga


identitaria para las personas; la mayoría al presentarse suele indicar su profesión u oficio
porque al hacerlo transmite un conjunto de habilidades y conocimientos propios de su
área que le permiten al interlocutor predisponerse a la interacción.

Retomando lo vinculado a los valores, pareciera que más que una crisis es un cambio de
modelo y probablemente lo denominamos “crisis” porque generacionalmente los valores
como el esfuerzo, la perseverancia o el trabajo, hoy tienen un sentido muy diferente para
los jóvenes. Zygmunt Bauman, con su concepto de modernidad líquida, expresa que
vivimos en una época marcada por la debilidad de los vínculos y la inestabilidad de las
instituciones. Todo es flexible, desechable y cambiante, lo que deja al individuo con el peso
de decidir y construir su propia vida sin referentes sólidos.[1]

Por otra parte, la irrupción de la inteligencia artificial y la redefinición del trabajo como
pilar de la vida humana están configurando un proceso de cambio ya está marcha. En este
escenario, urge reflexionar desde una perspectiva laica y humanista que permita distinguir
entre el progreso técnico y el sentido último de la existencia humana.

[1] Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 7–9

9
La tecnología y el trabajo

Las innovaciones tecnológicas han acompañado a la humanidad en diversos


momentos de su desarrollo lo que ha permitido incorporar a su vida elementos
que desafiaron en su momento tradiciones y convenciones en una natural pugna
de resistencia al cambio. Hoy nos hallamos en una nueva “ola tecnológica”
caracterizada por la inteligencia artificial y la biología sintética, cuya rapidez de
expansión no tiene precedentes. Estas tecnologías prometen generar abundancia,
pero también ponen en riesgo la estabilidad laboral y social. Dirksen sostiene que
no se trata del “fin del trabajo”, sino de una mutación en su naturaleza, donde
surgen nuevas formas de empleo, aunque también se acentúan la precariedad y las
desigualdades regionales.[2] En sectores como el transporte, la salud y la
educación ya se experimenta un reemplazo parcial de tareas humanas, lo que
obliga a repensar el papel de la persona en la producción.

A diferencia de otros momentos


de cambios significativos en la
incorporación de nuevas
tecnologías al trabajo, el
advenimiento de la IA ha tenido
en estos últimos siete años una
aceleración vertiginosa que
superó la expectativa de los
expertos. El Banco Mundial ya
en el año 2016 proyectaba la
pérdida de más del 50% de los
trabajos por la incorporación de
la robótica en los procesos
productivos. [3]

[2] Dirksen, U. (2019). *Trabajo del futuro y futuro del trabajo*. Nueva Sociedad, (279), 45–60
[3] Banco Mundial. (2016). *World Development Report 2016: Digital Dividends*. Washington, DC:
World Bank. 10
¿Un mundo en crisis valórica?

No es muy difícil percibir que en


la actualidad existe una
disyuntiva valórica y ética no
sólo en nuestro país, sino que en
el mundo entero; cuando uno
revisa noticias o estudios respecto
a la confianza en las instituciones
del estado o instituciones
religiosas, los resultados
demuestran que la ciudadanía ya
no tiene referentes de un
comportamiento ético de
probidad o de un actuar recto y
transparente.

Todos se sorprenden de la escalada de la violencia en las ciudades y en el mundo


entero, pero esa conducta autodestructiva siempre ha estado presente desde las
primeras civilizaciones y se ha escrito con sangre inocente de millones de vidas
que a lo largo de la historia han sido víctimas de los fanatismos, autoritarismos y
ambición desmedida por el poder.

La crisis valórica que vivimos hoy, si es que podemos llamarla así, no es un


fenómeno aislado ni reciente, sino un producto de un proceso de larga data en el
que los valores referentes comunes de sentido han cambiado. Esto nos lleva a
pensar que esta crisis siempre ha estado presente o al menos en latencia en la
sociedad. Hoy pareciera que es sorprendente pero acaso no lo fue la Inquisición,
las matanzas de trabajadores de inicios del siglo XX o los episodios bélicos del
siglo anterior en Europa…

11
Alasdair MacIntyre, en su obra Tras la virtud (2004), menciona que la sociedad
actual se encuentra “después de la virtud”. Lo que nos permite deducir que los
relatos morales importantes que antes guiaban a las personas han perdido su
capacidad paradigmática como referentes de un actuar armónico. Como
resultado, las personas toman decisiones basadas más en sus emociones que en
creencias o convicciones valóricas, lo que genera un ambiente de individualismo y
relativismo moral. Según MacIntyre, la solución no consiste en volver a un
pasado valórico, sino en crear comunidades que tengan metas en común y
virtudes para abordar los desafíos que hoy debe resolver la humanidad.[4]

Innovación, creatividad y humanismo

Más allá del riesgo de la automatización, existen oportunidades para repensar el


trabajo desde la creatividad y la innovación. Oppenheimer sostiene que América
Latina debe fomentar una cultura que valore la invención, la tolerancia al error y
el emprendimiento. También advierte que educar para lo irremplazable será clave:
creatividad, empatía y pensamiento crítico son habilidades que difícilmente serán
reemplazadas por algoritmos.[5] Este enfoque humanista permite imaginar un
futuro en el que la técnica esté al servicio del desarrollo humano y no de su
exclusión.

Hoy en día resurgen oficios que en la segunda mitad del siglo XX fueron casi
extinguiéndose: Sastres, mueblistas, técnicos eléctricos o gásfiter tienen hoy un
espacio cada vez más amplio para resurgir ante la necesidad de reparar o
personalizar lo que hasta hace poco era desechable. A pesar de la lógica de
renovación del mercado, las personas son más conscientes que antes respecto al
reciclaje, la reutilización o la economía circular. De este modo la creatividad y la
educación se alzan como una suerte de faro para la humanidad, pero que
lamentablemente tiene la difícil tarea de revertir el desprecio por la belleza y una
permanente exaltación de lo vulgar. Parece una profecía, pero en un cuento
escrito en 1959 sobre el futuro, el protagonista le explica a un androide que tenía
la tarea de educar por qué ocurría esto: “En un mundo despreciable las cosas
hermosas son inútiles”.[6]

[5] Oppenheimer, A. (2018). *¡Sálvese quien pueda!: El futuro del trabajo en la era de la
automatización*. Barcelona: Debate.
[6] Young R. (1959) 30 días tenía septiembre. Editorial Quimantú. Santiago Chile, Pag 33 12
Por otra parte, el advenimiento de la inteligencia artificial y su consolidación en la
vida cotidiana; han hecho del acto de pensar una oportunidad furtiva más que un
hábito permanente. A ello sumar los ejércitos de bots y fuentes de información de
dudosas procedencias que a través de la manipulación infunden miradas de la
realidad que promueven la discriminación, el desprecio por el conocimiento, el
dogmatismo político y religioso, el populismo y las creencias en neoideologías del
individualismo.

Desafíos de la inteligencia artificial en el trabajo cotidiano

Los avances en inteligencia artificial ya muestran cómo tareas cognitivas y


creativas son realizadas por algoritmos: diagnósticos médicos, redacción de
textos, traducción automática, conducción autónoma. Oppenheimer señala que
incluso profesiones tradicionalmente estables, como la medicina y la abogacía, se
verán parcialmente reemplazadas.[7] Este fenómeno implica la urgencia de
redefinir la noción de “profesionalidad” y de establecer criterios éticos en el uso de
las nuevas tecnologías. La cuestión central es cómo orientar la inteligencia
artificial hacia la complementariedad y no hacia la exclusión. Esta advertencia nos
obliga a repensar los fines del trabajo: no se trata únicamente de producir con
mayor eficacia, sino de mantener la centralidad de la dignidad humana en la
organización social.

[7] Oppenheimer, A. (2018). *¡Sálvese quien pueda!: El futuro del trabajo en la era de la
automatización*. Barcelona: Debate.
13
La Organización Internacional del Trabajo enfatiza que la meta no debe reducirse
al pleno empleo, sino a la construcción de trabajo decente en todas sus
dimensiones: seguridad social, reconocimiento y bienestar.[8] Esto exige superar
visiones reduccionistas del trabajo como simple mercancía, para reconocerlo
como práctica que dignifica y da sentido a la vida colectiva. En este sentido,
Suleyman advierte que criterios de control global de la tecnología será
imprescindible para evitar nuevas formas de exclusión.[9] La cooperación
internacional y los marcos normativos se vuelven indispensables para reducir las
brechas entre países desarrollados y emergentes.

La redefinición de la profesionalidad
incluye también criterios de justicia
social: acceso imparcial a la
capacitación, marcos regulatorios que
protejan derechos y participación de
los trabajadores en la implementación
de tecnologías. Sin estos resguardos, la
brecha entre quienes controlan los
algoritmos y quienes dependen de
ellos se ampliará, disminuyendo la
cohesión democrática.

Por otra parte, Harari en Nexus recuerda que el poder de la información no


radica en su mera acumulación, sino en la capacidad de las redes humanas para
transformarla en conocimiento y acción.[10] Aplicado al ámbito laboral, esto
implica que la profesionalidad del futuro no será medida solo por el dominio
técnico, sino por la habilidad de integrar datos, valores y cooperación en procesos
complejos. La ética, la empatía y la creatividad serán competencias indispensables
para distinguir la aportación humana frente a la eficiencia algorítmica.

[8] Organización Internacional del Trabajo (OIT). (2017). *Informe inicial para la Comisión Mundial
sobre el Futuro del Trabajo*. Ginebra: OIT.
[9] Suleyman, M., & Bhaskar, M. (2023). *La ola que viene: Tecnología, poder y el gran dilema del
siglo XXI*. Barcelona: Debate.
[10] Harari, Y. N. (2024). *Nexus. Una breve historia de las redes de información desde la Edad de
Piedra hasta la IA*. Barcelona: Debate. P. 7 14
Una visión laica y humanista del futuro del trabajo

El futuro del trabajo dependerá de las decisiones colectivas que tomemos.


Harari advierte que la convergencia de biotecnología e infotecnología podría
dejar a millones de personas fuera del mercado laboral, y que el riesgo no es solo
la explotación, sino la irrelevancia humana.¹⁰ Una perspectiva laica propone
rescatar la centralidad de la dignidad humana y los valores universales, más allá
de dogmas o ideologías cerradas. La ola tecnológica debe ser gestionada con
responsabilidad ética, para que la técnica sirva a la humanidad y no al revés.[11]

La visión laica y humanista propone situar la innovación tecnológica al servicio


de la equidad, la dignidad y el bien común. Redefinir lo que significa ser médico,
abogado, profesor o ingeniero en la era de la IA no es solo una cuestión técnica,
sino un desafío ético y cultural que marcará el rumbo de nuestras sociedades en
las próximas décadas.

El futuro del trabajo en un mundo


en crisis valórica exige más que
innovación tecnológica: demanda
un compromiso ético y laico con la
humanidad. La tarea no es detener
la ola tecnológica, sino aprender a
orientarla hacia fines que estén en
la línea del respeto a la dignidad
humana, para ello la educación y la
ética humanista serán las claves
para que el trabajo del futuro no se
convierta en un privilegio de pocos,
sino en una herramienta de
realización personal y colectiva.

[11] Harari, Y. N. (2018). *21 lecciones para el siglo XXI*. Barcelona: Debate.

15
Finalmente, como lo expresa De la Garza, la crisis valórica que atraviesa el
mundo del trabajo no se limita a lo económico, sino que toca la dimensión
identitaria.[12] En sociedades que privilegian el consumo y la aceleración, la
ética del trabajo se ha debilitado. Frente a ello, el humanismo propone
recuperar el valor del trabajo como espacio de creación, de cooperación y de
transformación personal. El reto está en que las nuevas generaciones no
perciban el trabajo solo como un medio de subsistencia, sino como un ámbito de
realización y de construcción colectiva, para ello es fundamental el papel de la
educación.

La educación se convierte en la herramienta esencial para restituir el sentido


humanista del trabajo. No basta con preparar técnicos competentes o
profesionales altamente especializados; se requiere también formar ciudadanos
conscientes, capaces de articular el conocimiento con valores éticos y con
sensibilidad social. La escuela, la universidad y la formación continua deben
cultivar no solo habilidades técnicas, sino también empatía, pensamiento crítico,
creatividad y compromiso con el bien común.

Desde una perspectiva laica, la educación debe ofrecer un espacio donde los
estudiantes aprendan a cuestionar, reflexionar y dialogar sobre el sentido del
trabajo y la vida en sociedad, sin depender de dogmas ni imposiciones
ideológicas. Es en ese terreno donde la ética del trabajo puede resignificarse: no
como un mandato de productividad ilimitada, sino como una oportunidad para
desplegar talentos al servicio de la comunidad.

En un contexto de cambios tecnológicos vertiginosos, la educación permanente


será clave. Las nuevas generaciones enfrentarán un mercado laboral en
constante transformación, en el que los oficios y profesiones se redefinirán
continuamente. La capacidad de aprender a lo largo de la vida será más valiosa
que cualquier conocimiento estático. Esto implica diseñar sistemas educativos
flexibles, inclusivos y accesibles que permitan la reconversión laboral y la
actualización constante de saberes.

[12] De la Garza Toledo, E. (2001). *Problemas clásicos y actuales de la crisis del trabajo*. Buenos
Aires: CLACSO. P.15.
16
Asimismo, la educación debe contribuir a que los jóvenes comprendan el trabajo
como un espacio de dignidad y cooperación. En un mundo marcado por la
automatización y la inteligencia artificial, los valores de solidaridad,
colaboración y justicia social resultan indispensables para evitar que la
tecnología se convierta en un factor de exclusión. De este modo, la educación no
solo prepara para desempeñar tareas, sino también para construir comunidades
más justas y humanas.

* Luis Muñoz Barriga es Rector del Liceo Osorno College, profesor de


Español y Orientador. Magister en Educación.
Magallánico-Penquista, lector compulsivo, melómano, coleccionista de
libros, corbatas, discos y datos curiosos, cinéfilo, Dj ocasional.

“En un mundo despreciable las cosas


hermosas son inútiles”

[12] De la Garza Toledo, E. (2001). *Problemas clásicos y actuales de la crisis del trabajo*. Buenos
Aires: CLACSO. P.15.
17
LA CULTURA DEL
TRABAJO RUBÉN FARÍAS CHACÓN*

18
Consideraciones generales

El trabajo, según las ideas clásicas al respecto, se entiende como una actividad
física o intelectual llevada a cabo por el ser humano, empleando sus capacidades
para la producción de bienes y servicios, la generación de ingresos y el desarrollo
creativo. Este esfuerzo tiene como propósito satisfacer tanto sus propias
carencias, así como las de la sociedad, cuyo valor se manifiesta en los diversos
ámbitos laborales en los que las personas se desempeñan y se desarrollan. En tal
sentido, lo primero, implica la acción de hacer y, por lo tanto, importa el
resultado y la forma en que se ejecutan las actividades y se cumplen los objetivos
predeterminados y, lo segundo, tiene que ver con el crecimiento, o sea, la acción
de crecer y evolucionar.

A partir de lo expresado y hasta ahora, toda actividad siempre se ha demostrado


como el esfuerzo físico, intelectual y/o emocional, que emerge del acto consciente
y psicosocial de autorrealización, destacando la satisfacción de necesidades,
individuales y sociales, así como la obtención de los medios para vivir,
expresándose en cada cual como una realidad propia e intransferible. Se puede
decir, que, además, representa la forma de como cada cual se desarrolla
socialmente, definiendo su identidad, obteniendo estatus[13], estableciendo
relaciones y cumpliendo con la obligación primordial de mantenerse consciente de
sus responsabilidades.
Considerando lo anterior, es interesante preguntarse si el trabajo ¿es, en esencia,
un esfuerzo intrínseco a la vida, es decir, una dedicación natural con la que
enfrentamos los desafíos y obligaciones inherentes a nuestra existencia? En este
contexto, es importante tener presente que el simple hecho de vivir conlleva la
permanente exigencia de superar desafíos de adaptación, de cuyas actividades y
resultados se logra una evolución continua para mantenerse como un componente
esencial dentro de este proceso.

[13] En la actualidad, y desde hace bastante tiempo, el concepto está vinculado al grado de prestigio,
respeto o importancia que se le otorga a una persona, institución o entidad. Este reconocimiento se
fundamenta en elementos como valores individuales, características institucionales, habilidades
particulares, relaciones significativas, riqueza, poder, educación o influencia social. No obstante, la
ausencia de estos atributos no necesariamente conlleva la inexistencia de estatus, ya que este se
encuentra sujeto a perspectivas subjetivas que varían según el contexto y las percepciones culturales.
19
¿Se podría interpretar también el trabajo como un pilar religioso que otorga
significado a nuestra existencia? Si este fuera el caso, sería una justificación
basada en creencias, valores y prácticas religiosas, que contribuye a que todo
creyente defina su rol en el mundo, el sentido de su existencia y su conexión con lo
trascendental o lo divino. Debe recordarse que esta posibilidad, aceptada o no,
forma parte de la cultura de los pueblos que, aunque diversa, ha caracterizado el
pasado de la historia humana.

Un aspecto relacionado con estas ideas se aborda también cuando nos


preguntamos: el trabajo, ¿es un propósito esencial en la existencia humana? Las
respuestas son múltiples y varían según las perspectivas filosóficas, culturales y
personales. Para muchos, es la ruta por seguir para darle sentido a la vida. Ello
expresa talentos, creatividad y adquisición de recursos para satisfacer exigencias
básicas y contribuir de manera significativa a la sociedad. Otros, sin embargo,
cuestionan dicha idea, argumentando que la existencia humana no debería
definirse solo por el trabajo, sino también por la búsqueda de experiencias,
relaciones y valores que enriquezcan la vida. En esta circunstancia, una
manifestación relevante de la naturaleza humana podría ser la reflexión más a
fondo sobre el significado del acto de trabajar, considerando también la
posibilidad de identificar si en realidad existe una perspectiva que pueda revelar
escenarios de vida capaces de simbolizar un progreso social más elevado y
aspiracional.

Una inquietud similar plantea la siguiente duda: ¿es el


trabajo una condición indispensable para asegurar la
supervivencia y garantizar por sí mismo la satisfacción
de las necesidades básicas que el ser humano requiere?
La interrogante considera varios aspectos. Desde una
perspectiva tradicional, la actividad ha sido el medio
principal para acceder a recursos como alimento,
vivienda y seguridad, elementos esenciales para la
subsistencia. Sin embargo, dependiendo del contexto
social, económico y cultural, esta percepción puede
variar.

20
En sistemas donde existe una fuerte red de apoyo comunitario o estructuras
sociales que proveen servicios básicos, como subsidios estatales o modelos de
economía colaborativa, la dependencia directa del trabajo podría disminuir. No
obstante, en la mayoría de los casos, el empleo sigue siendo igualmente crucial
para mantener un acceso constante y estable a los bienes que garantizan una vida
digna.

Más allá de la supervivencia, el trabajo también juega un papel clave en la


realización del desarrollo personal y social. Sirve como una forma de contribuir al
bienestar colectivo y de encontrar un propósito, lo que va más allá de la mera
cobertura de requerimientos mínimos e indispensables. Por ello, aunque en ciertos
escenarios pueda replantearse su estricta importancia en términos de
supervivencia, el trabajo continúa siendo un eje fundamental en la vida humana
moderna.

Cuando cada persona percibe la realidad y los problemas sociales de manera


única, es innegable, entonces, que el trabajo desempeña un papel clave como parte
esencial de la vida humana. Su relevancia, como ya se ha dicho, se refleja en
múltiples dimensiones, fomentando el desarrollo económico mediante la
producción de bienes y servicios, generando ingresos y, según el modelo político
aplicado, podría favorecer una mejor y justa distribución de la riqueza. Además,
contribuye al progreso social, impactando positivamente en el bienestar colectivo,
mientras que, a nivel particular impulsa el crecimiento individual. Esto se traduce
en oportunidades para adquirir nuevas habilidades, fortalecer valores como la
disciplina y la perseverancia, y aumentar la capacidad de resolver problemas y
tomar decisiones de forma más efectiva. En este sentido, a mayor calidad de la
práctica de un tipo de oficio ejercido, mayor calidad de perfectibilidad adquiere
quien lo ejecuta.

El trabajo, en esencia, sirve y puede representar diversos significados dependiendo


del contexto y las perspectivas de cada cual. Puede ser visto como un esfuerzo
íntimo ligado a la naturaleza de la vida misma;

21
o una actividad que conecta con el propósito y la trascendencia en términos
religiosos; o un imperativo ineludible para asegurar la supervivencia, o, incluso,
algo que trasciende estas ideas y asume formas más abstractas o personales. Más
allá de destacar los pilares éticos que fundamentan su relevancia, también resulta
esencial considerar el nivel de compromiso que los distintos enfoques de sistemas
políticos demuestren al implementar los planes y programas propuestos por los
diversos modelos de gestión.

Según lo establecido por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el


concepto también abarca el Trabajo Decente, cuya definición se relaciona
directamente con, “las aspiraciones de las personas durante su vida laboral.
Significa la oportunidad de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso
justo, la seguridad en el lugar de trabajo y la protección social para todos, mejores
perspectivas de desarrollo personal e integración social, libertad para que los
individuos expresen sus opiniones, se organicen y participen en las decisiones que
afectan sus vidas, y la igualdad de oportunidades y trato para todos, mujeres y
hombres”[14].

Consideraciones específicas

Desde la perspectiva planteada, donde el trabajo se define como la conexión entre


la realización de una actividad y los resultados obtenidos, también resulta
relevante comprender que alcanzar el objetivo, en especial, en términos de
satisfacer los requisitos previos, no siempre es algo garantizado. Esto sucede
cuando la acción a realizar se desarrolla en circunstancias socioculturales que, por
controversias ideológicas, no son óptimas, lo que limita la posibilidad de obtener
los beneficios esperados de tales esfuerzos.

Un caso que simboliza lo dicho, ocurre cuando la necesidad del trabajo se


encuentra ante escenarios socioculturales afectado por profundas crisis valóricas y
cuya realidad se manifiesta por la gradual pérdida de principios éticos, morales
y/o culturales que por tradición guiaban a la sociedad. Todo esto sucede cuando
quienes son responsables de ejercer el poder, éste se desvirtúa debido a la
pretendida superior importancia asignada a los intereses privados en desmedro de
lo público.

[14] OIT: Organización Internacional del Trabajo. [Link]

22
La inestabilidad de lo anterior, que con el tiempo se transforma en una pérdida de
ellos, genera una sensible decadencia moral, esto es, una situación que, poco a
poco genera las condiciones adversas al equilibrio social alejándose de lo que se
considera correcto o aceptable desde un punto de vista ético. En este contexto, el
rol del trabajo trasciende los objetivos puramente económicos o productivos,
asumiendo una responsabilidad adicional: contribuir a la reconstrucción del tejido
social, promoviendo valores esenciales y fomentar espacios de inclusión y diálogo.

En otros casos, las crisis valóricas y de


emociones psicológicas que afectan el
ámbito laboral, surgen cuando sus
protagonistas sociales enfrentan
conflictos internos vinculados a sus
creencias y formas de pensar. No
obstante, este tipo de situaciones
también puede favorecer el desarrollo
del autoconocimiento y ayudar a
alcanzar un equilibrio personal más
sólido.

Ello es posible cuando el futuro de toda actividad, en un entorno caracterizado


por hechos como los indicados, presenta importantes desafíos, así como
oportunidades, para reconceptualizar vínculos de mayor conexión interpersonal,
organizacional y de la sociedad en su conjunto.

Ello supone la obligación de saber enfrentar tanto el reto de adaptarse a los


rápidos avances tecnológicos y a las constantes transformaciones de los mercados
laborales, como de asumir una posición ética que atienda las crecientes
expectativas de trabajadores y consumidores en materia de sostenibilidad,
inclusión, justicia y respeto por los derechos humanos.

23
“¿Las aspiraciones de las personas durante su vida laboral. Significa la oportunidad
de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el
lugar de trabajo y la protección social para todos, mejores perspectivas de desarrollo
personal e integración social, libertad para que los individuos expresen sus opiniones,
se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, y la igualdad de
oportunidades y trato para todos, mujeres y hombres”

La crisis de valores que enfrentamos hoy en día requiere reconsiderar las


prioridades en el entorno laboral. No se trata solo de ofrecer estabilidad
económica, sino también, encontrar el propósito que sus actividades cotidianas le
significan a quienes trabajan. Aquellas organizaciones que promuevan una
cultura laboral fundamentada en la transparencia, el respeto y el bienestar
colectivo estarán mejor posicionadas para captar talento comprometido y diverso.
Esto, a su vez, potenciará su habilidad para adaptarse a un escenario en constante
transformación.

Por otra parte, el desarrollo de la automatización y la inteligencia artificial abre


un debate esencial sobre el papel que corresponde al ser humano en el entorno
laboral del futuro. En lugar de ser vista como una solución definitiva, la
tecnología debe ser concebida como una herramienta puesta al servicio de metas
que promuevan tanto el crecimiento individual como el colectivo. Alcanzar este
equilibrio requerirá un compromiso responsable por parte de las políticas públicas
y las estrategias privadas, asegurando que todos los sectores de la sociedad
puedan avanzar sin quedar excluidos en esta etapa de transformación.

Construir el futuro del trabajo en un mundo en crisis valórica requerirá


compromiso y colaboración entre gobiernos, instituciones educativas, empresas y
comunidades. Únicamente mediante un enfoque integral será posible diseñar
modelos laborales capaces de atender las demandas económicas contemporáneas,
al tiempo que fomenten una sociedad más justa, equitativa y orientada hacia
valores que vayan más allá de lo puramente funcional.

24
Un ejemplo preocupante y representativo está relacionado con las consecuencias
que una crisis de valores genera en la educación, afectando especialmente los
principios y fundamentos que, desde la niñez hasta la adultez, son esenciales para
una formación integral en el desarrollo de cada persona.

Cuando esta situación se limita a ser un fenómeno pasajero de un modernismo


mal interpretado y no se implementan de manera oportuna las medidas necesarias
para regular la divulgación de contenidos que poco a poco fomentan antivalores
sociales, se produce un desgaste progresivo en los pilares que respaldan la
confianza en el sistema social en su totalidad. Este daño puede llegar a ser
irreversible, influyendo de manera significativa en el desarrollo integral de los
individuos. De este modo, los sistemas educativos se ven afectados por conflictos
éticos o morales, que producen desequilibrios sociales y que ponen en riesgo el
desarrollo cualitativo de las nuevas generaciones. Dicha inestabilidad puede
manifestarse en una pérdida de confianza hacia las instituciones educativas, una
ruptura de las normas compartidas dentro de las comunidades escolares y
mayores obstáculos para transmitir enseñanzas que promuevan valores esenciales
como el respeto, la empatía y la responsabilidad. En consecuencia, este tipo de
crisis no solo compromete el aprendizaje académico, sino también la preparación
para afrontar los retos que plantea un mundo cada vez más diverso e
interconectado.

El problema expuesto, resalta el cómo la crisis de valores que hoy enfrentamos


impacta de manera significativa en el trabajo de la labor pedagógica, es decir, en
un contexto marcado por la constante evolución de las dinámicas sociales,
culturales y tecnológicas.

25
Parte de esta realidad radica en la complejidad de transmitir normas éticas y
morales en un sistema educativo que debe ajustarse continuamente a las
cambiantes exigencias y perspectivas. A esto se suma la carencia de un diálogo
profundo sobre la formación integral del individuo, lo cual puede agravar dicha
crisis al relegar elementos esenciales como la empatía, el respeto y la
responsabilidad a un segundo plano y ser superados frente a la presión por
obtener rápidos resultados académicos que sean compatibles con la necesidad de
desarrollar competencias específicas, las que, por cierto, al carecer de una sólida
base formativa de origen, no siempre se logran.

Esta situación también relacionada, como se ha señalado, con cuestiones éticas


limita apreciación otorgada a los principios y valores fundamentales en el ámbito
de la labor educativa. Esto ha llevado a una gradual pérdida del significado de la
educación como herramienta transformadora del pensamiento, acentuando la
debilidad del compromiso hacia ideales esenciales como el respeto, la empatía, la
justicia y el bienestar integral de los estudiantes. Además, se percibe una tendencia
cada vez mayor a simplificar la responsabilidad de la formación, limitándola
exclusivamente a la transmisión de conocimientos, descuidando así su papel
fundamental en el desarrollo integral de la persona.

26
Es importante destacar que el trabajo docente debe abordarse considerando
factores como la sobrecarga laboral que enfrentan los educadores, las insuficientes
remuneraciones para quienes realizan este trabajo que implica riesgos
significativos en términos de seguridad, estabilidad y reconocimiento social, así
como la falta de actualización en valores humanistas, científicos y tecnológicos
necesarios para su desarrollo profesional. Todo esto impide la implementación de
un sistema educativo que fomente objetivos claros y valiosos para el desarrollo
integral de los estudiantes.

Entre los factores fundamentales destacan la influencia de modelos económicos y


sociales que priorizan el rendimiento, la productividad y los resultados
cuantificables. Esto lleva a que aspectos clave como las relaciones humanas, el
desarrollo del pensamiento crítico y la formación en valores de convivencia
queden relegados a un segundo plano, como si las actividades en tales áreas no
representaran un trabajo de alta responsabilidad y esfuerzo. Asimismo, elementos
como la sobrecarga laboral de los docentes, con salarios inadecuados para
cumplir con las exigencias de su labor, que enfrenta riesgos significativos de
estabilidad y reconocimiento social por lo que implica la profesión, o la ausencia
de actualización en valores humanistas y perfeccionamiento profesional, agravan
seriamente este deterioro.

La evolución de esta crisis resulta inquietante si no se implementan acciones que


propicien su resolución, pues ello podría intensificar la falta de interés en
promover la formación de ciudadanos responsables y éticos con su entorno y no
solo favoreciendo un sistema educativo cada vez más deshumanizado. No
obstante, ello contempla el desafío de trabajar y generar oportunidades, tratando
de cambiar esta dirección a través de una reflexión sincera sobre el trabajo
pedagógico, la reivindicación del rol del docente como orientador ético y agente
de cambio, así como el impulso de iniciativas destinadas a rescatar los valores
esenciales que deberían ser el fundamento del proceso educativo.

27
El desafío de la cultura laboral consiste en adaptarse de manera adecuada y
oportuna a los constantes cambios que implica el proyecto de vida que cada cual
define para sí mismo y su familia. Esto incluye las dinámicas del ámbito
profesional, las expectativas preestablecidas, la creación de un entorno que
favorezca un equilibrio satisfactorio entre la calidad de vida deseada y los
resultados laborales positivos que se esperan. Además, demanda fomentar la
colaboración en la diversidad de competencias, impulsar la innovación, gestionar
de manera adecuada las diferencias en valores y formas de pensar, integrar la
tecnología y adoptar los nuevos modelos de trabajo que surjan. Todo esto debe
hacerse sin perder de vista el sentido humano de la responsabilidad, del
perfeccionamiento y del continuo aprendizaje individual.

La cultura del trabajo, combinada con los sectores de la educación, la salud y la


justicia, ¿no representa acaso los pilares estratégicos y fundamentales para
promover el desarrollo del país?

* Profesor de Historia, Geografía y Ciencias Sociales de la Universidad


Católica de Valparaíso, (UCV-1969); Licenciado en Filosofía y
Educación, (UCV-1969); DEA y Doctorado en Geografía Aplicada de la
Universidad de Alta Bretaña (1979), Rennes-Francia.

28
LA EVOLUCIÓN DEL TRABAJO
EN UNA PERMANENTE CRÍSIS
VALÓRICA
ANDRÉ GRIMBLATT HINZPETER*

29
El mundo laboral ha evolucionado sin cesar desde los orígenes de la distribución
del trabajo, cuando un grupo de neandertales o de homo sapiens comprendió que
cuando un individuo no era capaz solo de levantar una piedra, entre tres, cuatro o
cinco, se lograba, o cuando un individuo no podía cazar a alguna presa para la
alimentación, entre varios sí podían hacerlo. Así nace, según se ha convenido, la
noción del trabajo compartido o distribución del trabajo. Miles de años han
pasado y la manera de compartirlo ha evolucionado en cada una de las etapas de
la historia de la humanidad, aunque no tanto.

Sin duda, conocemos poco o mal la prehistoria. Sabemos que los humanos
fabricaban armas para cazar y defenderse, fabricaban algunos utensilios para
cocinar y comer y, con el tiempo, comenzaron a fabricar algunas prendas para
vestirse, joyas para ornarse y tinturas para pintarse la cara y el cuerpo, como una
primera noción del maquillaje ornamental y de la estética corporal propia de la
especie.

No se tiene grandes conocimientos de la organización del trabajo hasta que surgió


la escritura, probablemente en Egipto y, según se cree, en la zona de lo que es hoy
el Golfo Pérsico. Testimonios escritos revelaron que las primeras organizaciones
en el mundo del trabajo funcionaban dentro de un sistema en donde había nobles,
artesanos, agricultores, pastores y esclavos, siendo estos últimos inmensamente
mayoritarios. En cuanto a la esclavitud, hubiera existido desde hace unos cuatro
mil años, aunque probablemente sea anterior. Los pueblos de esos tiempos se
combatían y el ganador hacía esclavos a los individuos del pueblo que perdía el
conflicto. Es así como, según textos escritos de la época de Ramsés, alrededor de
1250 antes de nuestra era, las pirámides y los palacios del antiguo Egipto fueron
construidos por esclavos, en este caso hebreos que provenían de la migración
provocada por una terrible hambruna en tiempos de Jacob y once de sus doce
hijos.

30
El sistema laboral esclavista se perpetuó por muchos siglos y, en algunos países
del orbe, la esclavitud ha sido abolida hace menos de cien años. Esto nos lleva a
afirmar que el mundo laboral ha vivido, históricamente, en una crisis valórica, y
que de ninguna manera puede ser considerado como un problema inherente al
mundo contemporáneos o a los tiempos del futuro que se nos acercan en la
evolución de la humanidad. Las relaciones de producción han sido tema de la
filosofía desde Moisés hasta hoy, pasando por Hegel y Sartre entre otros.

En la antigüedad, las dos grandes civilizaciones occidentales, la helénica y la


romana, heredaron de los sistemas precedentes, y de la esclavitud que formaba
parte del sistema laboral. Esta se perpetuó y llegó así hasta el término del imperio
romano de occidente en el siglo quinto.

31
En la antigüedad, las dos grandes civilizaciones occidentales, la helénica y la
romana, heredaron de los sistemas precedentes, y de la esclavitud que formaba
parte del sistema laboral. Esta se perpetuó y llegó así hasta el término del imperio
romano de occidente en el siglo quinto.

La edad media, que se prolongó por cerca de mil años, no mantuvo el sistema de
esclavos, los que pasaron a ser vasallos del señor feudal para el que trabajaban, ya
sea en los campos del feudo o en el servicio de la familia feudal, teniendo además
funciones bélicas según las órdenes del señor, que a menudo les hacían perder la
vida en batallas destinadas a apropiarse de las tierras de algún señor vecino o a
defender las tierras y la vivienda del al que servían. No era esclavitud, pero las
semejanzas eran ingentes.

Sólo a partir del Renacimiento y fundamentalmente desde la Revolución


Francesa, tras el auge de una nueva clase social emprendedora, artesana y
comerciante, comenzaron a aparecer nuevas relaciones laborales. Nace la noción
de salarios y sueldos, siendo estos últimos el restante del salario cuando los
trabajadores estaban obligados a adquirir los bienes de consumo a su propio
patrón o empleador. Esta última modalidad fue importada en nuestro país por los
ingleses, propietarios de las minas de salitre, y se conocía con el nombre de
“pulperías”, en las que el empleado compraba los bienes de consumo que
necesitaba por medio del descuento de sus emolumentos.

Tras la Revolución Francesa y el advenimiento del primer Código Civil, firmado


por Napoleón, de la Declaración de los Derechos Humanos y el Ciudadano
redactado por Jean Jacques Rousseau; se constata la existencia de una naciente
legislación laboral, que de ninguna manera logró reducir la esclavitud en el
mundo ni el sentimiento de explotación que continuaban experimentando los
nietos de esclavos, hijos de vasallos y ahora trabajadores, obreros, campesinos y
personal doméstico.

32
La humanidad debe esperar hasta 1910 para que se promulgue el primer Código
del Trabajo a nivel mundial, en Francia. Dicho texto de ley contiene una clara
enumeración de los derechos y deberes de los trabajadores. En el caso de Chile el
Código del Trabajo data de 1931 y nunca ha existido en Estados Unidos, donde
las relaciones laborales son fijadas por el mercado y regidas por leyes específicas a
cada Estado, sin que exista una normativa nacional.

En 1919, la Sociedad de las


Naciones creó la Organización
Internacional del Trabajo (OIT)
en Ginebra, donde continúa
desarrollándose, como
organismo normativo del
trabajo, a pesar de que sus
decisiones y resoluciones no
sean siempre seguidas y
respetadas por los Estados
miembros.

Tras un primer análisis de la historia del mundo del trabajo, se podría plantear
que éste ha evolucionado de manera positiva, aunque muy lenta, a medida que
avanzaba la historia de la humanidad. El individuo común deja de ser esclavo y se
convierte en vasallo, para transformarse, en los últimos siglos, en trabajador
urbano o rural. Esto es válido para una pequeña parte del mundo que
representaba, tal vez, un tercio de la humanidad. Existe países muy poblados,
muy extensos y con civilizaciones respetadas en donde la esclavitud y la
explotación laboral fueron abolidas hace poco tiempo. En algunos, hace
alrededor de un siglo, como en Estados Unidos, y en otros, hace sólo algunos
años, como es el caso en varios países africanos.

33
Por otra parte, consideramos que el mundo vive, actualmente, una crisis valórica.
Sin duda, dicha crisis se debe a la democratización de las estructuras económicas,
sociales y políticas, aunque esta democratización no ha sido absoluta ni ha
permitido la completa armonía de las relaciones entre inversionistas, empresarios,
profesionales y trabajadores. Fundamentalmente es producto de las diferencias,
por momentos abismantes, que existen entre los ingresos de trabajadores de una
misma nación, llegando en casos a constatarse una relación de 1 a 20 y más en la
mayoría de los países del orbe.

En resumen, los humanos han vivido permanentemente en crisis valórica, no es un


fenómeno nuevo. Para los sapiens, era inadmisible la conducta antropofágica de
los neandertales, para los humanos del Renacimiento eran las relaciones laborales
de la Antigüedad esclavista o la Edad-Media feudal. De la misma manera, en el
milenio anterior se veía con desprecio las corrientes politeístas de la Antigüedad y
en nuestra América las religiones y costumbres de los indígenas que habían, en
muchos casos, desarrollado civilizaciones avanzadas, como fue el caso de los
Mayas y los Incas. Todo eso muestra que la crisis valórica existe desde que el
mundo es mundo y que hay humanos en nuestro pequeño planeta. Cada
civilización hegemónica ha erigido sus valores y ha intentado imponerlos “urbi et
orbi” con mayor o menor éxito, para luego decaer y extinguirse. La historia de la
humanidad es la historia de las crisis valóricas.}

El dramaturgo alemán Bertolt Brecht en su “Loa a la duda” planteaba:

34
Leed la historia y ved los invulnerables ejércitos en descompuesta fuga. Por
doquiera se desploman indestructibles fortalezas, y de aquella Armada
Invencible que partió con un sinnúmero de naves, contadas regresaron. (…)
Conminado por seres radiantes munidos de áureos distintivos, intimado por
solemnes Papas a golpe de libro escrito por el propio Dios, instruido por
impacientes maestros: así se halla el pobre, que ha de oírse que el mundo es el
mejor de los mundos, y que la gotera de su cuartucho por Dios mismo ha sido
ideada. Lo tiene realmente difícil para dudar de este mundo. Anegado en sudor,
construye el hombre la casa en la que no habrá de vivir. Pero también suda a
mares quien construye su propia casa. Los irreflexivos nunca dudan. Su
digestión es brillante, su juicio, infalible. No creen en los hechos; sólo se creen a
sí propios. Si preciso es, los hechos deben creerles a ellos. Su paciencia consigo
mismos es ilimitada; a los argumentos, prestan oídos de espía. Frente a los
irreflexivos, que nunca dudan, están los meditabundos, que nunca actúan. No
dudan para venir a la decisión, sino para desertar de la decisión. De la cabeza Se
sirven sólo para sacudirla. Tan seriecitos advertirán de los peligros del agua a los
pasajeros del barco que se hunde. Bajo el hacha del asesino, se preguntarán si no
es también él un ser humano. Se van a la cama mascullando que la cosa no está
aun cabalmente pensada.

35
Las crisis valóricas han sido una realidad permanente desde que existe la especie.
El mundo laboral ha evolucionado desde la esclavitud hasta la situación actual
en donde el capital y el crecimiento económico constituyen las grandes verdades
que rigen el devenir histórico, la moral y las relaciones entre los individuos.

En este contexto, se define por las relaciones de producción entre los individuos,
y el enorme auge de las tecnologías de la comunicación no han modificado las
grandes constantes de la humanidad y la apremiante carrera hacia la riqueza en
la que compiten, en desigualdad de condiciones, los humanos contemporáneos.
Ha avanzado de manera vertiginosa el saber y la tecnología; sin embargo, las
relaciones laborales, aunque diferentes, continúan en una crisis antagónica que
la humanidad no está pronta a resolver.

* Doctor en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Paris-


Sorbonne. Analista internacional y consultor senior en temas de estrategia
y de comunicación corporativa. Participa en el programa informativo
Cable y Tierra de Radio Valparaíso. Rector del Centro Internacional de
Altos Estudios (CINAE).

36
ENTREVISTA NICOLÁS
VERDEJO EQUIPO EDITORIAL

Periodista Universidad de Concepción,


especializado en Tecnología, Marketing
digital y Comunicación estratégica.
Comentarista de tecnología en Radio
Universidad de Concepción, consultor en
agencia Yottavision y director del medio
digital Under Express.

Chile se encuentra en una encrucijada histórica. El camino que tomemos no


dependerá de la tecnología en sí, sino de nuestra capacidad de adaptación.

Nicolás Verdejo

37
1. La IA como apoyo en el trabajo humano

¿De qué manera la inteligencia artificial puede integrarse como una herramienta
que mejore la productividad y optimice los flujos de trabajo de las personas, sin
llegar a reemplazar sus capacidades creativas o críticas?

La inteligencia artificial se puede integrar como una herramienta colaborativa


que potencia la productividad y optimiza los flujos de trabajo sin anular las
capacidades humanas. Su función principal es automatizar tareas repetitivas y
monótonas, como la organización de datos o la transcripción de reuniones,
liberando a los profesionales para que se concentren en actividades de mayor
valor que requieren juicio, creatividad y pensamiento crítico. Además, la IA
puede aumentar las capacidades analíticas al identificar patrones en grandes
volúmenes de información que un ser humano podría pasar por alto, sirviendo
como un asistente en la toma de decisiones.

En el ámbito creativo y crítico, la IA no reemplaza al profesional, sino que actúa


como un catalizador. Puede funcionar como un generador de ideas iniciales o un
recurso para superar bloqueos creativos, ofreciendo nuevas perspectivas basadas
en los datos con los que ha sido entrenada. Sin embargo, el juicio, el
refinamiento y la contextualización final siempre dependen del criterio humano.
Es el profesional quien debe discernir la calidad de las sugerencias de la IA,
adaptarlas al contexto cultural y emocional, y garantizar su relevancia.

38
Un aspecto crucial que subraya la necesidad de la supervisión humana son las
alucinaciones de la IA. Este fenómeno ocurre cuando el sistema genera
información que es incorrecta, inventada o carece de base en los datos. Estas
alucinaciones representan un riesgo significativo en la toma de decisiones, ya que
pueden llevar a la desinformación o a la adopción de soluciones erróneas. Por
ello, la integración de la IA en los flujos de trabajo debe estar acompañada de
una validación constante. En lugar de reemplazar al profesional, la IA lo
convierte en el supervisor final, encargado de verificar la veracidad y coherencia
de las respuestas generadas por la máquina, consolidando así el rol humano
como indispensable para un trabajo de alta calidad y éticamente responsable.

2. El impacto del “contenido basura”

Hoy abundan textos, imágenes y videos generados automáticamente que carecen de


calidad o sentido. ¿Qué efectos puede tener esta sobreproducción de “contenido
basura” en los distintos ámbitos laborales y en la confianza hacia el trabajo digital?

La sobreproducción de textos, imágenes y videos generados automáticamente,


que a menudo carecen de calidad o sentido, tiene un efecto corrosivo que se
extiende a distintos ámbitos laborales y erosiona la confianza en el trabajo
digital. Esta problemática se magnifica por la forma en que interactuamos con la
información en la era digital. Aprovechando el hábito de usar buscadores como
Google, ciertos actores utilizan la inteligencia artificial (IA) para generar de
manera masiva lotes de contenido de bajo valor. Este material está diseñado
específicamente para acaparar las palabras clave de las búsquedas más comunes,
inundando el ecosistema con ruido digital.

39
Esta práctica nos lleva a una experiencia cada vez más frecuente de aterrizar en
sitios web superficiales, llenos de publicidad intrusiva y cuyo único propósito es
generar ingresos para sus dueños. Este fenómeno, que parece estar fuera de
control, degrada profundamente el ecosistema de la información. La
consecuencia directa es que los usuarios se ven obligados a invertir una cantidad
de tiempo cada vez mayor en una labor de curaduría manual, intentando
diferenciar el ruido de las fuentes fiables y bien fundamentadas. Esto, además de
traducirse en una pérdida de tiempo, también genera una profunda frustración y
fatiga digital.

Más allá de la experiencia del usuario, esta sobreproducción de contenido


devalúa el trabajo de los creadores humanos. El esfuerzo en investigación,
reflexión, creatividad y autenticidad se minimiza frente a la capacidad de una
máquina para generar miles de piezas en segundos. Esto crea una competencia
desleal que desincentiva la producción de material original y bien
fundamentado. Además, esta situación erosiona la confianza en los motores de
búsqueda, que los usuarios dejan de percibir como guías fiables hacia
información de calidad, viéndolos más bien como portales a una maraña de
contenido superficial y engañoso. Aunque los buscadores han intentado
"castigar" esta práctica, omitiendo o relegando dichos resultados, la solución
definitiva aún no llega, dejando al ecosistema digital en una encrucijada crucial
para salvaguardar la información de calidad y su propia integridad.

3. Diferencia entre herramienta y sustituto

¿Cómo distinguir entre el uso de la IA como apoyo que libera tiempo para tareas
más valiosas, y su uso como un sustituto que termina degradando la calidad del
trabajo humano?

40
La distinción fundamental entre usar la IA como una herramienta de apoyo y
como un sustituto degradante reside en el propósito y el grado de supervisión
humana. Como herramienta, la IA libera a los profesionales de tareas repetitivas
y monótonas, permitiéndoles enfocar su tiempo y energía en actividades de
mayor valor. Por ejemplo, un redactor puede usar una IA para generar
borradores o investigar temas, pero su papel sigue siendo crucial: el de revisar,
editar, dar forma y validar el contenido final, inyectándole creatividad, matices y
una voz propia. El humano mantiene el control, utilizando la tecnología para
acelerar procesos y mejorar la calidad de su trabajo, no para evadirlo.

En contraste, la IA se convierte en un sustituto cuando se emplea para evitar por


completo el esfuerzo intelectual y la responsabilidad. Esto se ve en la producción
en masa de contenido sin criterio ni validación humana, donde el único objetivo
es la cantidad y no la calidad. Un ejemplo claro es la generación automática de
artículos o descripciones de productos que se publican sin una revisión posterior.
Esta práctica degrada el trabajo, inunda el mercado con material superficial y, a
la larga, perjudica a la empresa que la utiliza, ya que el público percibe la falta
de autenticidad y calidad. Es crucial recordar que la responsabilidad final por
cualquier contenido, incluso si es generado por IA, recae siempre en el humano,
ya que la IA es una herramienta, no una entidad con derechos u obligaciones
legales como la propiedad intelectual. Plataformas como ChatGPT, por
ejemplo, reconocen al autor del prompt como el creador del contenido, lo que
subraya que la autoría y la responsabilidad no pueden delegarse a la máquina.

41
En el mercado laboral ya existen casos de empresas que ofrecen "empleados de
IA" como sustitutos. Un ejemplo es la empresa Synthesia, que crea avatares de
IA que pueden actuar como presentadores o voceros para videos corporativos,
prometiendo reducir la necesidad de actores o personal humano para
grabaciones sencillas, constituyendo esto para algunas personas, un reemplazo
directo para tareas específicas.

Sin embargo, también se han documentado casos fallidos de reemplazo de


personal por IA. En 2014, la agencia de noticias Associated Press comenzó a
utilizar la IA de Automated Insights para generar automáticamente informes de
ganancias de empresas. Aunque la tecnología fue eficaz para producir textos
básicos a gran velocidad, no pudo capturar la complejidad o el contexto detrás
de los números, lo que limitaba su utilidad y requería la supervisión constante de
periodistas humanos para evitar errores de interpretación. Otro caso notorio es
el de la empresa de medios CNET, que en 2023 se vio obligada a detener la
publicación de artículos escritos por IA después de que una investigación interna
revelara múltiples errores y plagio, lo que llevó a la empresa a despedir a su
director de contenidos.

42
Mediante estos casos podemos comprobar que la IA puede ser un complemento
valioso, pero no un reemplazo total. La verdadera innovación reside en una
colaboración productiva, no en una sustitución ciega que compromete la calidad
y la credibilidad.

4. Nuevas competencias laborales

¿Qué nuevas habilidades cree usted que deberían desarrollar los trabajadores para
convivir con la inteligencia artificial y evitar quedar atrapados en dinámicas de
desinformación o de automatización poco ética?

Las nuevas habilidades que los trabajadores deben desarrollar para convivir con
la inteligencia artificial se centran en un equilibrio entre lo humano y lo técnico.
La IA, por potente que resulte ser, no posee la capacidad de juicio, la ética o la
empatía de un ser humano, lo que hace que estas habilidades sean cruciales para
no quedar atrapados en dinámicas de desinformación o automatización poco
ética. El pensamiento crítico es una habilidad fundamental. En un mundo donde
la IA puede generar grandes volúmenes de información, verdadera o falsa, la
capacidad de evaluar y cuestionar su origen, su veracidad y su contexto se vuelve
más vital que nunca. No se trata solo de usar la IA, sino de ser un "curador" de
la información que produce, distinguiendo el dato de la narrativa, la verdad del
engaño.

A nivel práctico, la competencia en prompt engineering es indispensable. No


basta con hacer preguntas simples a la IA; el verdadero valor reside en la
habilidad para comunicarse de manera precisa y estratégica con estas
herramientas. Formular solicitudes claras, detalladas y bien estructuradas
permite a los trabajadores obtener resultados más precisos y relevantes,
transformando la IA en una verdadera extensión de su creatividad y capacidad
de análisis. Bajo esta lógica, el usuario pasa a ser una suerte de director de
orquesta, maximizando el potencial de la IA en lugar de ser un simple
consumidor de sus outputs.

43
Sin embargo, las habilidades que no pueden ser automatizadas son las que
verdaderamente blindarán a los trabajadores del futuro. La inteligencia
emocional, la empatía y la colaboración se vuelven más valiosas. En un entorno
laboral donde las tareas repetitivas se delegan a la IA, el valor de las personas
reside en su capacidad para interactuar de manera significativa con otros,
resolver conflictos, trabajar en equipo y entender las necesidades humanas
detrás de los datos. La resolución de problemas complejos es otra de estas
habilidades inmunes a la automatización. La IA puede procesar vastas
cantidades de información, pero la capacidad de un ser humano para identificar
problemas que aún no han sido definidos, innovar y crear soluciones fuera de lo
convencional sigue siendo una ventaja insuperable. Finalmente, la adaptabilidad
y una mentalidad de aprendizaje continuo son la clave para la supervivencia
profesional. La tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso, y la disposición a
aprender nuevas herramientas, a desaprender viejos métodos y a reinventarse
constantemente será lo que mantendrá a los trabajadores relevantes y
preparados para los desafíos del futuro.

5. Futuro del trabajo y la IA en Chile

Pensando en los próximos años, ¿qué camino ve más probable en Chile: una
integración sana de la IA como herramienta que fortalezca los oficios y
profesiones, o una masificación de contenidos automatizados que precaricen el
valor del trabajo humano?

44
Pensando en los próximos años, el escenario más probable para Chile no será un
extremo u otro, sino una coexistencia de ambos fenómenos, enmarcado en lo
que ya se considera una nueva revolución industrial. La forma en que esto
influirá en las competencias laborales es muy similar a la masificación de los
computadores en las oficinas hace unas décadas. En ese entonces, surgió el
temor de que "un computador termine haciendo el trabajo de uno", pero la
realidad fue que los profesionales que aprendieron a dominar esa nueva
herramienta se volvieron inmensamente más competitivos. El computador no
reemplazó al contador, sino que potenció sus capacidades, permitiéndole
analizar más datos en menos tiempo. El periodista que se pasó de la máquina de
escribir a Word, comenzó a recuperar tiempo valioso. El docente que cambió las
transparencias proyectables por contenido multimedia, logró darles un nuevo
giro a sus clases. Quien no se adaptó, quedó en desventaja.

Hoy vivimos un proceso análogo, pero a una velocidad mucho mayor. La


inteligencia artificial no es sólo una nueva herramienta, sino el motor de una
transformación productiva global. Al igual que la máquina de vapor en la
primera Revolución Industrial o la electricidad y la computación en las
siguientes, la IA está redefiniendo las reglas del juego. No se trata de si la IA
reemplazará a los humanos, sino de que los humanos que sepan usar la IA
reemplazarán a los que no. Por lo tanto, en Chile veremos una creciente brecha
entre quienes integren estas tecnologías para potenciar sus oficios y quienes se
resistan al cambio.

45
En sectores de alta cualificación como la minería, finanzas, salud e
investigación, la IA ya está fortaleciendo profesiones, optimizando procesos y
abriendo nuevas líneas de innovació[Link] embargo, en paralelo, la
automatización de tareas más rutinarias precarizará ciertos empleos, sobre todo
los de entrada o de menor especialización.

Frente a todo lo mencionado, Chile se encuentra en una encrucijada histórica.


El camino que tomemos no dependerá de la tecnología en sí, sino de nuestra
capacidad de adaptación. Así como en el pasado fue crucial aprender a usar un
procesador de texto o una hoja de cálculo, hoy lo es desarrollar un pensamiento
crítico frente a la IA, aprender a darle instrucciones efectivas y enfocarse en las
habilidades intrínsecamente humanas que la máquina no puede replicar. La
integración exitosa de la IA no es una opción, sino un imperativo para el
desarrollo y la competitividad del país en esta nueva era industrial.

46
EL MUNDO ACTUAL,
CRISIS DE VALORES Y
CONSECUENCIAS
LABORALES EDGARDO HIDALGO C.*

47
Vivimos en un mundo, aldea global para algunos, que atraviesa o está
desarrollando, una crisis de valores. Los seres humanos debido a un mundo
competitivo, individualista, francamente egoístas, que han ido conformando un
grado de competencia por el sustento, en otros por el éxito y el poder, también
por la capacidad adquisitiva de sus entradas económicas, en fin, por muchas
razones, lo que va minando sus valores éticos que pasan a segundo plano frente
a estas aspiraciones descritas.

Dentro de las causas al hacer un análisis, podemos señalar que la sobre


información que abruma a la gente, a diferencia del siglo pasado en que la
información fue más bien deficitaria, ha llevado a la población a una
distensibilidad moral ante los hechos negativos- se ha hecho resistente como los
gérmenes patógenos ante los antibióticos- lo que desvaloriza una respuesta
positiva, como debiera ser.

Por otra parte, la educación en el seno de la familia se ha relajado, como


también la educación e instrucción que imparten los colegios, se está preparando
al alumnado para tener mejor rendimiento en su futura formación profesional.
Los valores éticos se han ido desdibujando en un segundo plano. El gran costo
de la educación también hace que los padres requieran que los colegios
desarrollen más las competencias intelectuales útiles para el éxito laboral. Así
mismo, los padres no aceptan las exigencias de los profesores respecto a las
conductas de los hijos y actúan con permisividad ante los hechos de mal
comportamiento, lo que hace a los profesores inhabilitarse para imponer
disciplina, concepto básico para entregar valores positivos. El éxito laborar se
mide en rendimiento y éste en remuneraciones. A cualquier costo ético pareciera,
según nos está mostrando este mundo individualista y competitivo. Si ello es
aprovechado además por posturas políticas demagógicas ante el descontento
laboral, más aún los valores de respeto, disciplina, solidaridad, conciencia social,
pasan a un segundo plano, o simplemente no tienen relevancia.

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Sin duda que la desconfianza en las autoridades: familiares, profesores de sus
colegios, autoridades de las instituciones públicas, ayudan a que las nuevas
generaciones busquen el éxito por cualquier medio, aunque signifique
sobrepasar a la autoridad. Prima la intolerancia hacia “el otro” por competir
con sus intereses personales. Ese “otro” pasa a ser casi un enemigo interpuesto
en su camino hacia sus propias metas.

La corrupción a todo nivel ha puesto en jaque la validez de la democracia y sus


instituciones. En general las personas que se dedican a la política buscan
primeramente su propio éxito, la lucha por el poder suele no medir el “cómo”.
Todos sabemos que un buen discurso promueve adherentes, pero no hay forma
de saber si esa persona cumplirá sus promesas al llegar al poder. En el mundo
actual existe una crisis de credibilidad acrecentada por la falta de transparencia
en quienes ejercen cargos públicos, a pesar de que existen leyes de control, pero
la extrema burocracia hace que el camino de la fiscalización se haga muy difícil.
De esta crítica no se escapa ningún sector, desde la extrema derecha a la extrema
izquierda, porque no es un problema que tenga sus raíces en la ideología, es un
problema de las conductas humanas, de la razón, de los sentimientos del homo
sapiens como especie.

El bien social no es patrimonio de un partido político, si bien es cierto que los


sectores de izquierda siempre los han exhibido como ideario propio. Pero la
derecha tampoco ha hecho mucho para justificar que ellos también pueden
preocuparse del bien común. El “compromiso ciudadano” todos lo disputan
como propio, pero los hechos -donde está la verdad- no guardan relación para
su credibilidad.

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La sobrepoblación humana es un ángulo del problema que se evita abordar
porque repercute en aristas de derechos humanos inalienables, por tanto, todos
quieren evitar transgredirlos. Pero la realidad de la sobrepoblación ha traído
pobreza, aumento de la competitividad, déficit de las opciones laborales, daño al
ecosistema, deterioro de la salud y sanidad poblacional, despreocupación en los
cuidados de lugares públicos, dificultad para el control legal del quehacer de
instituciones y autoridades.

50
En los últimos años se ha agregado una crisis de migración, de una población
que no tiene espacio vital y busca mejorar su situación emigrando a lugares que,
teóricamente, le parecen más aceptables. Obviamente que muchos de ellos
relajan sus valores, ante la miseria y a veces la discriminación a que son
sometidos en los nuevos hábitats. La ética de ellos y la ética de quienes tienen
que alojarlos se debilitan y los valores de solidaridad, de sentido social, de
tolerancia a estas nuevas costumbres y culturas es afectada, muchas veces de un
modo agudo y al borde de la legalidad. Quienes los acogen los explotan y pagan
menos por sus trabajos; la repuesta es el engaño, la delincuencia, la falta de
respeto a las nuevas normas. Y de esto no se escapan los países ricos del primer
mundo, con los emigrantes de África y del Medio Oriente, como tampoco EE.
UU. con los emigrantes latinos, y finalmente países como Chile, que goza de
buen prestigio en su economía y desarrollo.

El campo laboral también se ve trastornado porque el emigrante acepta recibir


menores salarios y, además, sumémosle que conlleva una disminución del campo
laboral disponible. Estos son hechos y no se pueden negar. La respuesta a ello
depende de la sociedad y especialmente de los que se ven afectados directamente;
en esta disyuntiva los políticos suelen usar estos problemas, cada sector en busca
de adherentes. unos apoyándolos y otros rechazándolos.

Vemos que los problemas laborales tienen efecto en los valores de la sociedad en
su tiempo, a su vez la relajación y pérdida de valores repercuten en el campo
laboral disponible como en la sociedad toda. La sociedad de este presente siglo
está en crisis, indudablemente y ya es hora de pensar en una nueva organización
de la sociedad y la economía mundial, para resolver en la mayor medida posible
los grandes problemas de hoy. Son evidentes los problemas que ha creado el
presente sistema económico que enriquece más a los ricos, hace más pobres a los
pobres y en consecuencia trastorna la paz social.

51
El individualismo exagerado del presente no conduce a un ambiento de paz, no
crea un clima social saludable, y no resuelve la equidad y la justicia en las
relaciones humanas y por consiguiente en los ambientes laborales. Pensemos que
un adulto pasa más de 8 horas en compañía de personas que conoce
superficialmente, que en general no aportan a su felicidad íntima y entorno
familiar. Lo mismo pasa con los niños y jóvenes, que en el tiempo en que
trabajan sus padres, más el tiempo en las escuelas instruyéndose, conviven con
otras personas que aportarán muy poco -o nada- a su núcleo familiar.

El mundo actual disgrega la


convivencia de la familia que está llena
de motivaciones ajenas a la
adquisición de valores familiares. No
quiero decir que solo en la casa se
garantice la entrega de valores, colegio
y amistades también pueden ser un
gran aporte, pero no hay un control
sobre ellos y este descontrol es caldo
fácil para la desviación.

Amartya Sen (nació en noviembre de 1933, economista, premio Nobel de


economía en 1998 por devolver la ética al debate sobre problemas económicos)
cree que el libre mercado tiene una visión estrecha y piensa que la economía debe
comprenderse como un “concepto más amplio que incluya la justicia social y la
libertad de las personas”.

Jean Baudrillard (julio 1929- marzo 2007, filósofo y sociólogo francés,


especializado en el análisis de la postmodernidad y la filosofía del post
estructuralismo) critica la lógica del modelo del llamado libre mercado. Piensa
Baudrillard que “nos conduce a una sociedad de consumo que perpetúa la
ilusión de una libertad individual”.

52
También John Rawls (febrero 1921- noviembre 2002, filósofo estadounidense,
profesor de filosofía política, autor del libro famoso Una Teoría de la justicia)
opina que el libre mercado “no garantiza la justicia distributiva” y que se debe
implementar políticas que corrijan las desigualdades económicas.

Noam Chomsky (nacido en Filadelfia en 1928, filósofo, lingüista, politólogo) es


un crítico de la sociedad en un sistema económico que, según él, vive subyugada
a las grandes corporaciones que “explotan la ideología y crean una falsa
conciencia”, todo ello afianza su poder, asienta la precariedad laboral, incentiva
la desigualdad. Los valores democráticos, obviamente se ven dañados y las
ganancias económicas priman sobre las necesidades humanas.

En una entrevista efectuada por CJ Polychroiou el 26 de mayo de 2023, Noam


Chomsky dijo: “Vivimos en un mundo que enfrenta amenazas existenciales,
mientras que la desigualdad extrema desgarra nuestras sociedades y la
democracia se encuentra en franco declive. Estados Unidos, mientras tanto, se
empeña en mantener su hegemonía global cuando la colaboración internacional
es urgente para abordar los numerosos desafíos del planeta”. En la entrevista,
además, Noam Chomsky explica por qué nos encontramos en el punto más
peligroso de la historia de la humanidad y por qué el nacionalismo, el racismo y
el extremismo se manifiestan hoy en día en todo el mundo.

No son pocos los influyentes pensadores y filósofos del mundo actual, como los
citados, que creen que debe haber alternativas que prioricen la justicia social, la
igualdad y la libertad humana. Son profundamente críticos del sistema de libre
mercado. Los filósofos, que suelen ser los que trazan las grandes líneas
ideológicas sobre las que se construyen las sociedades y las formas de gobierno,
están sumando críticas al liberalismo económico.

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Parece que la famosa frase “el mercado regula”, no lo hace con justicia y es más
bien “el pez grande se come al chico”.

* Ex director de la Escuela de Kinesiología de la Universidad de Chile


(1990-2000), Profesor de la Escuela de Danza de la Universidad de Chile
(1968-1996). Consultor de la Oficina Panamericana de la Salud. Primer
Director Escuela de Kinesiología de la Universidad de Concepción. Autor
de El movimiento es vida; Tenso-elongación; Hitos de la Kinesiología; La
libertad; Cómo yo la viví.

[Link]
02
https:/[Link]/search?q=noam+chomsky+y+su+visi%C3%B3n+sobre+p%C3%A9rdida+de+valores%00&oq=%20
[Link]
54
LOS VALORES EN LA ERA DE
LAS TECNOLOGÍAS
DISRUPTIVAS
ROBERTO BERRIOS ÁLVAREZ*

55
Filosofía de los Valores
Es importante plantear el origen de la Filosofía de los Valores, siendo la
axiología una rama de la filosofía que estudia la naturaleza de los valores. Son
los que dan sentido y coherencia a las acciones humanas, ya que está relacionada
con la idea de elección del ser humano por los valores humanos, éticos, estéticos
y espirituales, nos preguntamos sobre el origen y la clasificación de los valores y
sobre qué tipo de cosa tienen valor.

La reflexión sobre valores y juicios de valor se remontan a Hume, quien se


preocupa por la reflexión de los valores morales y estéticos, elaborando una
teoría antimetafísica y nominalista de los mismos. En la ética, Hume propone
que la razón es “esclava de las pasiones”. Es decir, son los cálculos racionales los
que motivan la acción, sino los sentimientos. La moralidad se fundamenta en la
simpatía y en la capacidad de los seres humanos, de compartir afectos, lo que
abre camino a una concepción sentimentalista de la ética que influyo en autores
posteriores como Adam Smith. Hume desarticulo las pretensiones absolutas de
la razón, plateaba que el conocimiento humano tiene su origen en la experiencia,
los hábitos y el sentimiento, su filosofía invita a la humildad intelectual y a un
nuevo modo de comprender tanto la ciencia cómo la moral y la religión.

56
Para Nietzsche los valores son de preferencias individuales y objetivos que llegan
a imponerse en las sociedades como modas. Por lo cual, los valores no son
eternos, sino percepciones personales o de grupo, estan muy vinculados a la
época y al lugar.

Son varios los filósofos que se dedicaron a través del siglo XX a pensar y a
divulgar el concepto de los valore, tales como: Alexius Meinnog, Nicolás
Hartmann, Weber, Max, Scheler, Heidegger y, principalmente, Jose Ortega y
Gasset relevante en su filosofía de los valores con numerosos textos y ensayos,
con vigencia actual, él se refiere a la Estimativa, llamó a la temprana Axiología.

En el presente vivimos un mudo digital, virtual, con tecnologías disruptivas


como los Chat de Inteligencia Artificial (IA), los Tweets, en la cual la felicidad
está muy vinculada con la convivencia con las redes sociales, se hace muy
necesario redefinir una nueva adecuación de los conceptos valóricos.

57
¿Qué son los valores?

Podríamos dar una aproximación sobre la idea de que son los valores, Ortega y
Risieri Frondizi, han titulado sus estudios con esta interrogante. El valor
equivale para unos a lo que le agrada, para otros, a lo deseado, y para otros el,
objeto de nuestro interés. El placer, el deseo y el interés son estados vivenciales,
estados psicológicos; el valor se reduce entonces a meras vivencias. Hartman
identifica a los valores con las esencias, pero, por otro lado, los valores no
existen por si solos, sí que descansan en algún depositario. Es conveniente no
identificar los valores con los principios ni menos con las virtudes; tampoco se
debe confundir valores con bienes económicos. En opinión de Frondizzi, ¿las
cosas tienen valor porque las deseamos o las deseamos porque tienen valor?, esto
es, las cosas valiosas tienen valor por ellas mismas o es de nuestro agrado o
interés lo que les confiere su valor. Y esta es la disputa acerca de si los valores
son objetivos o subjetivos. El valor será objetivo si existe independientemente de
un sujeto o de una conciencia valorativa, a su vez, será subjetivo si debe su
existencia, su sentido o su validez a reacciones, ya sean fisiológicas o
psicológicas, del sujeto que valora. No existe el valor subjetivo y el valor
objetivo puros, con independencia el uno del otro. Sin lugar a duda que los seres
humanos tienen valores, y que solo el ser humano es capaz de reconocerlo y
servirse de ellos para ir educando su sensibilidad. Son varias las situaciones en
que el ser humano, en la observación de un paisaje o un cuadro, proyecta sobre
ellos sus valores personales y los recoge de nuevo más enriquecido después de
haberse retroalimentado con esos objetos. El hombre que vive y se mueve dentro
del valor crece en el valor y comunica valor. No existe un valor sin algo de
conciencia.

58
Los valores son los, principios, cualidades o ideas que comparten la mayoría de
los seres humanos respecto a lo que se considera correcto o incorrecto, orientan
la acción de los seres humanos que quieren hacer los correcto y lograr ser
mejores personas. Los valores son los principios éticos que dan sentido a nuestra
vida, orientan la actividad nos ayuda a toma decisiones diariamente, nos permite
descubrir nuevas virtudes y defectos, demuestra la clase personas que somos,
demuestra nuestro comportamiento ante la vida y las diferentes situaciones que
enfrentamos, y finalmente nos ayuda a aceptar y comprender a los demás,
facilitando nuestras relaciones interpersonales. Todos los valores persiguen
como fin último mejorar nuestra calidad de vida. Presentamos una
aproximación clasificatoria:

Morales o éticos: su práctica nos acerca a la bondad, honestidad, tolerancia,


responsabilidad, solidaridad, paz, lealtad y amistad, entre otros. Sociales: son
aquellos que perfeccionan al ser humano en su relación con los demás, como,
por ejemplo, la amabilidad, honestidad. Afectivos: amistad, el amor.
Intelectuales: apreciar la verdad y el conocimiento, que perfeccionan al hombre.
Vitales: aquellos que se relacionen con la vida física, con las vivencias diarias,
con las necesidades básicas, la naturaleza y el bienestar personal. Económicos:
proporcionan todo aquello que nos es útil; en el fondo, valores de intercambio
mercantil.

La Ética Mínima de Adela Cortina

Parece relevante destacar brevemente la mirada de la ética de Adela Cortina en


los siguientes puntos: justicia ciudadanía y cordialidad en tiempo de la
pluralidad, este es uno de los más influyentes en la filosofía práctica
contemporánea. Todo esto en un entorno de la ética cívica, la cual no solo está
orientada a la reflexión teórica, sino a la transformación de la sociedad. En un
mundo caracterizado por la desigualdad, el individualismo y la globalización,
Cortina propone una ética mínima, cordial y ciudadana, que sea capaz de
soportar la convivencia democrática y de promover la inclusión de los
vulnerables.

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En los aspectos de la ética mínima Cortina plantea que, en las sociedades
plurales, no es factible un consenso sobre proyectos de vida buena, pero sí sobre
principios universales de justicia. Esta ética mínima, donde no se imponen
concepciones particulares de lo bueno, sea de tipo religiosos, ideológicos o
culturales, se defiende la necesidad de un constructo ético compartido por todos:
el respeto a la dignidad humana, los derechos fundamentales y la justicia. Este
planteamiento responde a la urgencia de encontrar consensos en sociedades
democráticas, donde la pluralidad es inevitable.

Según Cortina la ética no es un saber abstracto, sino un compromiso con la


construcción de comunidades justas. La ciudanía activa es lo central; no basta
con ser sujetos de derechos, se requiera también asumir deberes hacia los demás.
La época se convierte así en una guía para la participación democrática,
orientada al bien común y a la inclusión de los más vulnerables.

La ética cordial de Cortina plantea que también tienen que tener una dimensión
afectiva. La justicia necesita ser acompañada por la cordialidad, entendida como
la integración de la empatía, la compasión y el cuidado en la vida moral.
Reconoce la importancia de las emociones como motor de la acción moral. Esta
propuesta plantea que la razón debe dialogar con el corazón para construir
sociedades más humanas. Estos tiempos marcados por la indiferencia, este
pensamiento ofrece una guía para repensar la convivencia desde la dignidad, la
justicia y la solidaridad, donde la persona principalmente tiene que convertirse
en protagonista de una ética comprometidas con el bien común para construir
sociedades más justas, inclusivas y humanas.

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Impacto tecnológico

Una buena forma de presentar estos impactos es mirar casos atractivamente


representativos. Por ejemplo, casos en que gracias a los robots la productividad
por hora ha aumentado en un 5% anual en los últimos años. Este se amortiza en
cinco años. El costo por hora de un robot es de US$8, frente a una media de 25
dólares por hora por parte de un trabajador; podría seguir bajando la hora del
robot incrementando esa diferencia en forma importante.

En el libro ¡Sálvese quien pueda!, de Andrés Oppenheimer, cuenta que en un


restaurante japonés de la cadena Hamazuchi tiene 66 mesas con cinco
comensales cada una, 330 personas atendidas solo por cuatro personas, una
cajera para pago en efectivo, para pago con tarjetas están las tabletas digitales.
El único que está con tiempo completo es el jefe de local. Lo interesante de este
caso es que los sushis son elaborados por robots, reemplazando a los cocineros
tradicionales, negocio espectacular por el ahorro en mano de obra, el valor
cancelado por cuatro personas es de US$55, un valor bajísimo para Japón. Este
robot diseñado por la Cía. Artec cuesta US$19.000, “hace maravillas”; casos
similares suceden con la elaboración de pizzas y hamburguesas. También tiene el
robot humanoide Peper (de SoftBank Robotics) en sus Restaurant se
implementaron a partir del año 2017. El uso principal es asignar mesas y agilizar
el servicio al cliente.

En el 2018 se abre el primer supermercado totalmente automatizado en Seattle,


en donde no hay cajeros. Se descarga una aplicación de Amazon, se entra al
local, se escogen los productos, se acredita automáticamente en la cuenta del
cliente, puede salir del supermercado sin mayor trámite. Los grandes
supermercados en Chile tienen las cajas de autoservicios digitalizadas, están
reemplazando a cientos de cajeros humanos, dejando solo algunas cajas
humanas para equilibrar la brecha digital de los consumidores.

61
Este caso parece ciencia ficción, pero es una realidad. El director del laboratorio
de robótica de la Facultad de Ingeniería Mecánica del Instituto Tecnológico de
Israel, conocido como Technion, está reinventando la medicina moderna. El
doctor Shoham está desarrollando un micro robot del tamaño de un arroz, que
podrá limpiar las arterias del cuerpo humano. Cirugía mínimamente invasiva,
exploración de arterias o tejidos sin operar al paciente.

Y sin necesidad de ir tan lejos, en una exportadora de frambuesas en Chile a


fines de los 80, implementaron la primera cosechadora mecánica de estos frutos;
de tener 1.500 personas pasaron a 600 en una temporada. En los puertos de
Chile, grúas programadas para trasladar la carga, también para elegirla,
trabajaban alrededor de 30.000 personas, hoy solo son 1.000 permanentes y
6.900 eventuales.

Estamos e cuarta Ola, en la era de la Inteligencia artificial aplicadas en distintas


tareas, en lo laboral o en la vida personal, uno de los grandes hitos de la vida
actual, con importantes debates en cuanto y como usar estas herramientas.

Eric Goles, matemático y Premio Nacional de Ciencias Exactas plantea respecto


de las prohibiciones, el cual no es partidario, sino más bien de la educación para
aprender a navegar en una sociedad inmersa en esta realidad digital. Expreso
que es fundamental entender como que, como toda herramienta, la IA no es
negativa ni positiva. Simplemente en un artefacto aún sujeta a las intenciones
humanas que hay detrás de esta. Hay que aprender a navegar en una sociedad
inserta en los contenidos de las redes sociales. El científico lo deja plasmado en
su libro Vida Artificial de Marzo del 2025, donde el aborda estas discusiones.
Para Goles, la presunción que la IA es algo “demoniaco” habla más bien de
ignorancia. “Son programas, son códigos con enormes matrices de números
obtenidas haciendo billones de correlaciones de datos”, aseguró. “No tienen
inteligencia, no tiene voluntad. Son moledoras de símbolos y números.

62
Frente a los eventuales peligros que pudiese existir, tendría su origen de quienes
están detrás de cada algoritmo. Depende seres humanos como cualquier
persona. Gales plantea que en cualquier caso estamos enfrentado al componente
humano de todo lo que tenga relación con la inteligencia artificial, ya que al ser
esta una simple herramienta “no te va a chantajear no tiene voluntad propia ni
la va a tener.”

El Dr. Román Yampolskiy científico en Ciencias de la Computación y referente


internacional en seguridad del IA, expresa que esta avanza a la velocidad de la
luz, la cual podría transformar profundamente el empleo y la sociedad en los
próximos años, ya que la mayoría de los trabajos serán automatizados,
generando consecuencias imprevisibles para la humanidad para que la
humanidad no está preparada, sostiene que la capacidad de estas tecnologías
para reemplazar las ocupaciones podrían materializarse en un plazo muy corto,
en cinco años veremos niveles de desempleo nunca antes visto. Esto no requiere
la llegada de una superinteligencia, sino solo del desarrollo de sistemas de IA
general capaz de realizar tareas cognitivas y físicas de forma más eficiente y
económica que las personas.

Las proyecciones de Yampolkiy estiman y algunos directivos de los principales


laboratorios de IA, que nuevas versiones de inteligencia artificial general (AGI)
podría estar disponible en 2027, esto generaría la automatización prácticamente
de muchas tareas digitales. Para el año 2030, se prevé la llegada de robots
humanoides capaces de competir en empleo físicos, como la fontanería o la
cocina. Esta automatización también la podríamos ver en profesiones como la
conducción, la docencia y la contabilidad, consideradas difícil de reemplazar.
Tenemos el caso de Uber con la llegada de los autos autónomos, los choferes
quedan estupefactos, ya que pensaban que eran irremplazables. Tenemos
actividades creativas. Como la presentación de podcast, podrán ser replicadas
por modelos lingüísticos capaces de analizar estilos y preferencias del público.

63
Soluciones tradicionales de reentrenamiento laboral pierden utilidad.
Yampolskiy recuerda que hace algunos se recomendaba aprender a programar
como opción de mejora salarial; hoy la IA ya supera a las personas en
generación de código y en ingeniería de prompts.

El tema ético presente, el científico no platea el abandono de la tecnología, sino


que propone un debate ético y social urgente sobre el futuro de la IA. Para él, la
prioridad es que las decisiones sobre IA recaigan en personas con sólidos
principios morales y éticos, además de competencias técnicas o empresariales.

Hacia el 2045, la humanidad podría alcanzar la singularidad tecnológica, un


punto de inflexión en el que progreso humano de la IA sería tan acelerado que
escaparía al control humano. Plantea “no sabemos cómo hacer que sean más
seguras, y aun así los más inteligentes del mundo compiten por ganar la carrera
hacia la superinteligencia”. Todo esto incrementa el riesgo de perder el control
sobre sistema autónomos cada vez más complejos.

64
Conclusiones

Los nuevos hitos culturales que emergen como consecuencia de esta cuarta
revolución industrial, que estamos viviendo, es importante destacar que se debe
hacer presente en todo este proceso tecnológico, respecto de la ética y la
diversidad, cómo hacemos más humana esta sociedad que está emergiendo. Una
forma es influir en crear nuevas políticas de la cuarta Ola Indiscutiblemente,
todo este proceso está fuertemente relacionado con la educación del futuro. Esto
nos permitirá corregir y evitar la profundización de las brechas existentes.

Es relevante recalcar que las investigaciones científicas, las nuevas tecnologías y


nuevos productos, debiésemos adecuarlos en forma creativa con la diversidad y
consenso necesario a nuestras realidades y traducirlos en instrumentos
pragmáticos para poder resolver nuestros propios problemas. Debiésemos
analizar cómo solucionar y reorientar las nuevas funciones que debe cumplir
esta masa de trabajadores manuales y cognitivos que serán desplazados, en
algún momento, de este proceso tecnológico; la tendencia mundial es la
disminución de las horas de trabajo a seis horas diarias. ¿Qué hacemos con los
tiempos de ocio? Pasar más tiempo con la familia, mejor y más entretención,
reeducarse, estudiar nuevos oficios, nuevas carreras o especializaciones para
potenciar el espíritu personal, nuevos oficios o posgrado, insertarse en
comunidades sociales para tratar diversos temas de actualidad.

65
Como comunidad y sociedad, a través de organizaciones civiles, deberíamos ser
capaces de apropiarnos de estos tópicos actuales y del futuro, quizá creando
organismos especializados, dedicados a estudiar estos tópicos y proponer
creativamente las líneas de acción para la vida política, institucional y
ciudadana, para enfrentar diversos temas como la creación de nuevos empleos,
nuevos talentos, cómo se profundizan las políticas de innovación, las políticas de
inversión público-privada, ya que los robots en conjunto con la IA absorberán
muchos puestos de trabajo. El Estado deberá asegurar un sueldo mínimo a toda
esta masa que quedará desplazada, con lo cual se mantiene la demanda y así
equilibrar los procesos económicos. ¿Qué respuestas de política se requieren en el
ámbito laboral, la formación para el trabajo y la protección social? Es muy
difícil tener las respuestas para todas estas interrogantes.

¿Cuál es el aporte que puede hacer la ciudadanía y nuestros órganos políticos


que nos representan para solucionar la controversia del impacto, lo que en algún
momento se pensó como un mejorador de la vida? La tecnología al servicio de la
vida humana ha pasado a ser principalmente una herramienta para optimizar
beneficios económicos a quienes pueden financiarla, dejando atrás a un grupo
no menor de trabajadores que no logran saltar la brecha del conocimiento a
tiempo o, simplemente, no tienen las oportunidades para desarrollar las
competencias necesarias para hacerlo y aprovechar los beneficios. Se producirá
más tiempo ocioso o crecerá la masa ociosa disponible y altamente precarizada
de trabajadores de mediana, escasa o ninguna calificación técnica.

Incorporar la ética mínima en las empresas transnacionales que son las que
controlan el desarrollo tecnológico disruptivo, equilibrando la satisfacción y
rentabilidad accionaria, compleja esa solicitud, ya que prima la maximización de
utilidades globales.

66
Tengo fuertes inquietudes en estos tópicos que me convocan. Podría concluir, en
este punto, que siendo la ciencia y la tecnología un importante valor, disciplina,
liberadora de nuestras mentes, es un instrumento para comprender el mundo y a
nosotros mismos, una promesa esencial y natural del desarrollo humano. De ahí
la importancia de tener una mirada hacia la sociedad y que seamos capaces de
influir en esta ola equilibradamente y en nuevas políticas públicas que se deberán
generar que sean más humanistas, democráticas, solidarias e inclusivas.

Tendero. El robot TX
SCARA trabaja almacenando
bebidas en la sección
refrigerada de una tienda de
conveniencia FamilyMArt en
Tokio, el viernes 26 de agosto
del 2022. El robot puede
reabastecer los estantes con
hasta 1000 botellas y latas por
día. (Yuri Kageyama/AP)

* Roberto Berrios, escritor, ensayista, Ingeniero, con un diplomado en


Gestión de la Tecnología e Innovación, Diplomado en Filosofía de la
Neurociencia Cognitiva de la Universidad Alberto Hurtado. Socio de la
Corporación Letras Laicas.

Andrés Stuardo Luengo. Ensayo Axiología y su conocimiento. 30 de mayo 2025.


Adela Cortina. Ética Mínima. Introducción a la filosofía Práctica. Editorial Tecnos año 2000
Berrios Álvarez Roberto. “Globalización Tecnologías y Convivencia”. Boletín de Novedades Bibliográficas. Enero 2023
Fritz Joachim Von Rintelen. Filosofía Actual de los Valores. Universidad de Navarra, 1970. 67

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