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Recordemos que “trabajo” viene del bajo latín tripalium, instrumento de tortura de tres
palos utilizado en la Roma Antigua. En cuanto a su equivalente “labor”, es similar al latín
labor, que se refiere a una faena que requiere el esfuerzo físico en condiciones exigentes.
En cuanto a la expresión “pega”, que los chilenos usan a menudo para remplazar
“trabajo”, apareció en referencia a la construcción del puente de Cal y Canto, que sin
lugar a duda debía exigir muchos esfuerzos físicos. Se podría mencionar también que el
término francés “sala de trabajo” (salle de travail) designa en un hospital el espacio donde
las mujeres dan a luz a sus bebés… Y finalmente no puedo evitar de mencionar de nuevo
al filósofo André Comte-Sponville quien, en una conferencia realizada el 21 de enero de
2106 en los Hospitales Universitarios de Ginebra sobre “la Felicidad en el Trabajo”,
recordaba de manera sarcástica pero indiscutible que en la Biblia aparecía esta frase – que
todos conocemos-: “Ganarás tu pan con el sudor de tu frente”.
4
Trabajo fuente de pena, esfuerzo y frustración, queda claro. Sin embargo, también se
toma como un elemento de identidad y una representación del desarrollo de uno en su
contexto humano: determina el nivel en la escala social, ya que refleja su grado de
formación e implica su categoría económica. Por lo tanto, es lógico que lo conectemos con
la inestabilidad de valores actual, que se refiere a la pérdida de referentes éticos en muchas
instituciones donde el lucro pasa antes del bien común.
Cuando uno se interroga sobre el futuro del trabajo, esa inseguridad es muy preocupante,
ya que además los progresos gigantescos de la tecnología y la IA están suprimiendo
puestos y exigiendo conocimientos y experiencia no accesibles a todos. Se trata de
reconstruir un sistema de principios permitiendo una vuelta a valores tales como la
dignidad y la justicia. El desafío consiste entonces en aprovechar las posibilidades de la
tecnología reconstruyendo al mismo tiempo un marco ético amenazado y un contexto
laboral más justo y sostenible.
En este momento, podemos observar claramente una debilitación general de los valores
compartidos que se repercuta en el mundo del trabajo y conduce a una pérdida de sentido
alienante. El contexto laboral se está modificando a una velocidad gigantesca con la
digitalización, la automatización y el teletrabajo. Lo presenciamos con la experiencia de la
pandemia cuando las personas, después de experimentar dificultades para adaptarse al
trabajo online, se acostumbraron a organizar su día laboral en su casa. De hecho, muchos
decidieron no retomar el trabajo en la oficina donde solían ir cada mañana, o retomarlo
parcialmente, y así evitar otros gastos sin tener la necesidad de desplazarse. Pero a pesar
de dar más autonomía a los trabajadores, esa evolución trae riesgos de desigualdad e
incluso de exclusión de unos grupos, si no va acompañada de programas para incluir a
todos con las mismas oportunidades.
5
En un mundo en crisis valórica, el contexto laboral es uno de los más afectados: el poder y
la riqueza se concentran en las manos de una minoría, el trabajo pierde todo propósito
humano reduciéndose a traer ingresos, la eficiencia y el lucro se priorizan en detrimento
del bienestar de las personas, haciendo también perder la conciencia de lo bueno y lo justo,
a falta de referentes éticos. En resumen, se pierde el valor de las personas a favor de la
productividad, tema muy preocupante en Chile que pertenece a los países más desiguales
de la OCDE, con salarios bajos para la mayoría de la población mientras que las riquezas
están controladas por una minoría ínfima.
Incumbe retomar en nuestras manos este momento de transición sin tirar la toalla,
luchando por condiciones laborales más equitativas, creando nuevos empleos adaptados a
la realidad actual y, sobre todo, educando y capacitando a las personas para que se
puedan reconvertir dentro de un mundo invadido por la automatización. También es
crucial reconsiderar el sentido del trabajo y revalorizar la dimensión ética de lo que
hacemos a diario para no caer en el “Métro-boulot-dodo” (Metro-pega-dodo), expresión
difundida por el poeta Pierre Béarn en 1968 en uno de los periodos de conflictos sociales
más violentos del mundo postguerra, cuando el país estaba completamente paralizado por
huelgas y protestas, justamente para expresar que las personas habían reducido su
existencia a las exigencias laborales.
Lamentarse sobre una situación existente siempre es la actitud más fácil, lo importante es
moverse. Sabemos que el mundo se encuentra en una crisis valórica seria y eso nos
preocupa, sobre todo para nuestros hijos y nietos, pero cambiar esta realidad está en
nuestras manos. Nunca se puede volver atrás. Por lo tanto, es necesario reconstruir de a
poco esos valores para orientar el trabajo por venir, incluir la tecnología en el mundo
laboral dándole una significación, de manera que el trabajo no se limite a un instrumento
de producción, sino que se incluya en el desarrollo humano.
6
Temas para meditar, sin lugar a dudas. Meditar, como siglos atrás lo hizo Jean de La
Fontaine en varias moralejas de sus fábulas que nos ponen en guardia: El granjero y sus
hijos, en la cual recuerda que “El padre tuvo la sabiduría de mostrar [a sus hijos] antes de
su muerte que el trabajo es un tesoro”, Los animales enfermos de peste, advirtiéndonos
que “Según que seas potente o miserable, los juicios de la Corte te harán justo o culpable”,
El zapatero y el financiero, que demuestra que ganancia inútil y avaricia producen más
angustia que felicidad, y El cuervo y el zorro, donde “Todo adulador vive a expensas de
quien lo escucha”. Pero siempre vuelve a mi memoria la advertencia de El Lobo y el
cordero, avisándonos que “La razón del más fuerte siempre es la mejor”.
7
EL FUTURO DEL TRABAJO
EN UN MUNDO EN CRISIS
VALÓRICA
LUIS MUÑOZ BARRIGA*
8
El futuro del trabajo se encuentra en una encrucijada, marcada no solo por las
transformaciones tecnológicas en la vida cotidiana y productiva de las sociedades, sino
también por una redefinición valórica que la humanidad experimenta de manera intensa
en este nuevo milenio en que ciertos paradigmas valóricos han modificado el actuar de las
personas en un entorno con mucha información, alta polarización y referentes valóricos en
crisis. Por otra parte, el trabajo en sí se conforma en una suerte de dilema ya que a través
de él los individuos logran recibir una remuneración que les permite tener acceso a ciertos
bienes que satisfacen sus necesidades habilidades e intereses. Pero el mismo trabajo es
precisamente la actividad que le quita tiempo para disfrutar de aquellas cosas que lo hacen
feliz.
Retomando lo vinculado a los valores, pareciera que más que una crisis es un cambio de
modelo y probablemente lo denominamos “crisis” porque generacionalmente los valores
como el esfuerzo, la perseverancia o el trabajo, hoy tienen un sentido muy diferente para
los jóvenes. Zygmunt Bauman, con su concepto de modernidad líquida, expresa que
vivimos en una época marcada por la debilidad de los vínculos y la inestabilidad de las
instituciones. Todo es flexible, desechable y cambiante, lo que deja al individuo con el peso
de decidir y construir su propia vida sin referentes sólidos.[1]
Por otra parte, la irrupción de la inteligencia artificial y la redefinición del trabajo como
pilar de la vida humana están configurando un proceso de cambio ya está marcha. En este
escenario, urge reflexionar desde una perspectiva laica y humanista que permita distinguir
entre el progreso técnico y el sentido último de la existencia humana.
[1] Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 7–9
9
La tecnología y el trabajo
[2] Dirksen, U. (2019). *Trabajo del futuro y futuro del trabajo*. Nueva Sociedad, (279), 45–60
[3] Banco Mundial. (2016). *World Development Report 2016: Digital Dividends*. Washington, DC:
World Bank. 10
¿Un mundo en crisis valórica?
11
Alasdair MacIntyre, en su obra Tras la virtud (2004), menciona que la sociedad
actual se encuentra “después de la virtud”. Lo que nos permite deducir que los
relatos morales importantes que antes guiaban a las personas han perdido su
capacidad paradigmática como referentes de un actuar armónico. Como
resultado, las personas toman decisiones basadas más en sus emociones que en
creencias o convicciones valóricas, lo que genera un ambiente de individualismo y
relativismo moral. Según MacIntyre, la solución no consiste en volver a un
pasado valórico, sino en crear comunidades que tengan metas en común y
virtudes para abordar los desafíos que hoy debe resolver la humanidad.[4]
Hoy en día resurgen oficios que en la segunda mitad del siglo XX fueron casi
extinguiéndose: Sastres, mueblistas, técnicos eléctricos o gásfiter tienen hoy un
espacio cada vez más amplio para resurgir ante la necesidad de reparar o
personalizar lo que hasta hace poco era desechable. A pesar de la lógica de
renovación del mercado, las personas son más conscientes que antes respecto al
reciclaje, la reutilización o la economía circular. De este modo la creatividad y la
educación se alzan como una suerte de faro para la humanidad, pero que
lamentablemente tiene la difícil tarea de revertir el desprecio por la belleza y una
permanente exaltación de lo vulgar. Parece una profecía, pero en un cuento
escrito en 1959 sobre el futuro, el protagonista le explica a un androide que tenía
la tarea de educar por qué ocurría esto: “En un mundo despreciable las cosas
hermosas son inútiles”.[6]
[5] Oppenheimer, A. (2018). *¡Sálvese quien pueda!: El futuro del trabajo en la era de la
automatización*. Barcelona: Debate.
[6] Young R. (1959) 30 días tenía septiembre. Editorial Quimantú. Santiago Chile, Pag 33 12
Por otra parte, el advenimiento de la inteligencia artificial y su consolidación en la
vida cotidiana; han hecho del acto de pensar una oportunidad furtiva más que un
hábito permanente. A ello sumar los ejércitos de bots y fuentes de información de
dudosas procedencias que a través de la manipulación infunden miradas de la
realidad que promueven la discriminación, el desprecio por el conocimiento, el
dogmatismo político y religioso, el populismo y las creencias en neoideologías del
individualismo.
[7] Oppenheimer, A. (2018). *¡Sálvese quien pueda!: El futuro del trabajo en la era de la
automatización*. Barcelona: Debate.
13
La Organización Internacional del Trabajo enfatiza que la meta no debe reducirse
al pleno empleo, sino a la construcción de trabajo decente en todas sus
dimensiones: seguridad social, reconocimiento y bienestar.[8] Esto exige superar
visiones reduccionistas del trabajo como simple mercancía, para reconocerlo
como práctica que dignifica y da sentido a la vida colectiva. En este sentido,
Suleyman advierte que criterios de control global de la tecnología será
imprescindible para evitar nuevas formas de exclusión.[9] La cooperación
internacional y los marcos normativos se vuelven indispensables para reducir las
brechas entre países desarrollados y emergentes.
La redefinición de la profesionalidad
incluye también criterios de justicia
social: acceso imparcial a la
capacitación, marcos regulatorios que
protejan derechos y participación de
los trabajadores en la implementación
de tecnologías. Sin estos resguardos, la
brecha entre quienes controlan los
algoritmos y quienes dependen de
ellos se ampliará, disminuyendo la
cohesión democrática.
[8] Organización Internacional del Trabajo (OIT). (2017). *Informe inicial para la Comisión Mundial
sobre el Futuro del Trabajo*. Ginebra: OIT.
[9] Suleyman, M., & Bhaskar, M. (2023). *La ola que viene: Tecnología, poder y el gran dilema del
siglo XXI*. Barcelona: Debate.
[10] Harari, Y. N. (2024). *Nexus. Una breve historia de las redes de información desde la Edad de
Piedra hasta la IA*. Barcelona: Debate. P. 7 14
Una visión laica y humanista del futuro del trabajo
[11] Harari, Y. N. (2018). *21 lecciones para el siglo XXI*. Barcelona: Debate.
15
Finalmente, como lo expresa De la Garza, la crisis valórica que atraviesa el
mundo del trabajo no se limita a lo económico, sino que toca la dimensión
identitaria.[12] En sociedades que privilegian el consumo y la aceleración, la
ética del trabajo se ha debilitado. Frente a ello, el humanismo propone
recuperar el valor del trabajo como espacio de creación, de cooperación y de
transformación personal. El reto está en que las nuevas generaciones no
perciban el trabajo solo como un medio de subsistencia, sino como un ámbito de
realización y de construcción colectiva, para ello es fundamental el papel de la
educación.
Desde una perspectiva laica, la educación debe ofrecer un espacio donde los
estudiantes aprendan a cuestionar, reflexionar y dialogar sobre el sentido del
trabajo y la vida en sociedad, sin depender de dogmas ni imposiciones
ideológicas. Es en ese terreno donde la ética del trabajo puede resignificarse: no
como un mandato de productividad ilimitada, sino como una oportunidad para
desplegar talentos al servicio de la comunidad.
[12] De la Garza Toledo, E. (2001). *Problemas clásicos y actuales de la crisis del trabajo*. Buenos
Aires: CLACSO. P.15.
16
Asimismo, la educación debe contribuir a que los jóvenes comprendan el trabajo
como un espacio de dignidad y cooperación. En un mundo marcado por la
automatización y la inteligencia artificial, los valores de solidaridad,
colaboración y justicia social resultan indispensables para evitar que la
tecnología se convierta en un factor de exclusión. De este modo, la educación no
solo prepara para desempeñar tareas, sino también para construir comunidades
más justas y humanas.
[12] De la Garza Toledo, E. (2001). *Problemas clásicos y actuales de la crisis del trabajo*. Buenos
Aires: CLACSO. P.15.
17
LA CULTURA DEL
TRABAJO RUBÉN FARÍAS CHACÓN*
18
Consideraciones generales
El trabajo, según las ideas clásicas al respecto, se entiende como una actividad
física o intelectual llevada a cabo por el ser humano, empleando sus capacidades
para la producción de bienes y servicios, la generación de ingresos y el desarrollo
creativo. Este esfuerzo tiene como propósito satisfacer tanto sus propias
carencias, así como las de la sociedad, cuyo valor se manifiesta en los diversos
ámbitos laborales en los que las personas se desempeñan y se desarrollan. En tal
sentido, lo primero, implica la acción de hacer y, por lo tanto, importa el
resultado y la forma en que se ejecutan las actividades y se cumplen los objetivos
predeterminados y, lo segundo, tiene que ver con el crecimiento, o sea, la acción
de crecer y evolucionar.
[13] En la actualidad, y desde hace bastante tiempo, el concepto está vinculado al grado de prestigio,
respeto o importancia que se le otorga a una persona, institución o entidad. Este reconocimiento se
fundamenta en elementos como valores individuales, características institucionales, habilidades
particulares, relaciones significativas, riqueza, poder, educación o influencia social. No obstante, la
ausencia de estos atributos no necesariamente conlleva la inexistencia de estatus, ya que este se
encuentra sujeto a perspectivas subjetivas que varían según el contexto y las percepciones culturales.
19
¿Se podría interpretar también el trabajo como un pilar religioso que otorga
significado a nuestra existencia? Si este fuera el caso, sería una justificación
basada en creencias, valores y prácticas religiosas, que contribuye a que todo
creyente defina su rol en el mundo, el sentido de su existencia y su conexión con lo
trascendental o lo divino. Debe recordarse que esta posibilidad, aceptada o no,
forma parte de la cultura de los pueblos que, aunque diversa, ha caracterizado el
pasado de la historia humana.
20
En sistemas donde existe una fuerte red de apoyo comunitario o estructuras
sociales que proveen servicios básicos, como subsidios estatales o modelos de
economía colaborativa, la dependencia directa del trabajo podría disminuir. No
obstante, en la mayoría de los casos, el empleo sigue siendo igualmente crucial
para mantener un acceso constante y estable a los bienes que garantizan una vida
digna.
21
o una actividad que conecta con el propósito y la trascendencia en términos
religiosos; o un imperativo ineludible para asegurar la supervivencia, o, incluso,
algo que trasciende estas ideas y asume formas más abstractas o personales. Más
allá de destacar los pilares éticos que fundamentan su relevancia, también resulta
esencial considerar el nivel de compromiso que los distintos enfoques de sistemas
políticos demuestren al implementar los planes y programas propuestos por los
diversos modelos de gestión.
Consideraciones específicas
22
La inestabilidad de lo anterior, que con el tiempo se transforma en una pérdida de
ellos, genera una sensible decadencia moral, esto es, una situación que, poco a
poco genera las condiciones adversas al equilibrio social alejándose de lo que se
considera correcto o aceptable desde un punto de vista ético. En este contexto, el
rol del trabajo trasciende los objetivos puramente económicos o productivos,
asumiendo una responsabilidad adicional: contribuir a la reconstrucción del tejido
social, promoviendo valores esenciales y fomentar espacios de inclusión y diálogo.
23
“¿Las aspiraciones de las personas durante su vida laboral. Significa la oportunidad
de acceder a un empleo productivo que genere un ingreso justo, la seguridad en el
lugar de trabajo y la protección social para todos, mejores perspectivas de desarrollo
personal e integración social, libertad para que los individuos expresen sus opiniones,
se organicen y participen en las decisiones que afectan sus vidas, y la igualdad de
oportunidades y trato para todos, mujeres y hombres”
24
Un ejemplo preocupante y representativo está relacionado con las consecuencias
que una crisis de valores genera en la educación, afectando especialmente los
principios y fundamentos que, desde la niñez hasta la adultez, son esenciales para
una formación integral en el desarrollo de cada persona.
25
Parte de esta realidad radica en la complejidad de transmitir normas éticas y
morales en un sistema educativo que debe ajustarse continuamente a las
cambiantes exigencias y perspectivas. A esto se suma la carencia de un diálogo
profundo sobre la formación integral del individuo, lo cual puede agravar dicha
crisis al relegar elementos esenciales como la empatía, el respeto y la
responsabilidad a un segundo plano y ser superados frente a la presión por
obtener rápidos resultados académicos que sean compatibles con la necesidad de
desarrollar competencias específicas, las que, por cierto, al carecer de una sólida
base formativa de origen, no siempre se logran.
26
Es importante destacar que el trabajo docente debe abordarse considerando
factores como la sobrecarga laboral que enfrentan los educadores, las insuficientes
remuneraciones para quienes realizan este trabajo que implica riesgos
significativos en términos de seguridad, estabilidad y reconocimiento social, así
como la falta de actualización en valores humanistas, científicos y tecnológicos
necesarios para su desarrollo profesional. Todo esto impide la implementación de
un sistema educativo que fomente objetivos claros y valiosos para el desarrollo
integral de los estudiantes.
27
El desafío de la cultura laboral consiste en adaptarse de manera adecuada y
oportuna a los constantes cambios que implica el proyecto de vida que cada cual
define para sí mismo y su familia. Esto incluye las dinámicas del ámbito
profesional, las expectativas preestablecidas, la creación de un entorno que
favorezca un equilibrio satisfactorio entre la calidad de vida deseada y los
resultados laborales positivos que se esperan. Además, demanda fomentar la
colaboración en la diversidad de competencias, impulsar la innovación, gestionar
de manera adecuada las diferencias en valores y formas de pensar, integrar la
tecnología y adoptar los nuevos modelos de trabajo que surjan. Todo esto debe
hacerse sin perder de vista el sentido humano de la responsabilidad, del
perfeccionamiento y del continuo aprendizaje individual.
28
LA EVOLUCIÓN DEL TRABAJO
EN UNA PERMANENTE CRÍSIS
VALÓRICA
ANDRÉ GRIMBLATT HINZPETER*
29
El mundo laboral ha evolucionado sin cesar desde los orígenes de la distribución
del trabajo, cuando un grupo de neandertales o de homo sapiens comprendió que
cuando un individuo no era capaz solo de levantar una piedra, entre tres, cuatro o
cinco, se lograba, o cuando un individuo no podía cazar a alguna presa para la
alimentación, entre varios sí podían hacerlo. Así nace, según se ha convenido, la
noción del trabajo compartido o distribución del trabajo. Miles de años han
pasado y la manera de compartirlo ha evolucionado en cada una de las etapas de
la historia de la humanidad, aunque no tanto.
Sin duda, conocemos poco o mal la prehistoria. Sabemos que los humanos
fabricaban armas para cazar y defenderse, fabricaban algunos utensilios para
cocinar y comer y, con el tiempo, comenzaron a fabricar algunas prendas para
vestirse, joyas para ornarse y tinturas para pintarse la cara y el cuerpo, como una
primera noción del maquillaje ornamental y de la estética corporal propia de la
especie.
30
El sistema laboral esclavista se perpetuó por muchos siglos y, en algunos países
del orbe, la esclavitud ha sido abolida hace menos de cien años. Esto nos lleva a
afirmar que el mundo laboral ha vivido, históricamente, en una crisis valórica, y
que de ninguna manera puede ser considerado como un problema inherente al
mundo contemporáneos o a los tiempos del futuro que se nos acercan en la
evolución de la humanidad. Las relaciones de producción han sido tema de la
filosofía desde Moisés hasta hoy, pasando por Hegel y Sartre entre otros.
31
En la antigüedad, las dos grandes civilizaciones occidentales, la helénica y la
romana, heredaron de los sistemas precedentes, y de la esclavitud que formaba
parte del sistema laboral. Esta se perpetuó y llegó así hasta el término del imperio
romano de occidente en el siglo quinto.
La edad media, que se prolongó por cerca de mil años, no mantuvo el sistema de
esclavos, los que pasaron a ser vasallos del señor feudal para el que trabajaban, ya
sea en los campos del feudo o en el servicio de la familia feudal, teniendo además
funciones bélicas según las órdenes del señor, que a menudo les hacían perder la
vida en batallas destinadas a apropiarse de las tierras de algún señor vecino o a
defender las tierras y la vivienda del al que servían. No era esclavitud, pero las
semejanzas eran ingentes.
32
La humanidad debe esperar hasta 1910 para que se promulgue el primer Código
del Trabajo a nivel mundial, en Francia. Dicho texto de ley contiene una clara
enumeración de los derechos y deberes de los trabajadores. En el caso de Chile el
Código del Trabajo data de 1931 y nunca ha existido en Estados Unidos, donde
las relaciones laborales son fijadas por el mercado y regidas por leyes específicas a
cada Estado, sin que exista una normativa nacional.
Tras un primer análisis de la historia del mundo del trabajo, se podría plantear
que éste ha evolucionado de manera positiva, aunque muy lenta, a medida que
avanzaba la historia de la humanidad. El individuo común deja de ser esclavo y se
convierte en vasallo, para transformarse, en los últimos siglos, en trabajador
urbano o rural. Esto es válido para una pequeña parte del mundo que
representaba, tal vez, un tercio de la humanidad. Existe países muy poblados,
muy extensos y con civilizaciones respetadas en donde la esclavitud y la
explotación laboral fueron abolidas hace poco tiempo. En algunos, hace
alrededor de un siglo, como en Estados Unidos, y en otros, hace sólo algunos
años, como es el caso en varios países africanos.
33
Por otra parte, consideramos que el mundo vive, actualmente, una crisis valórica.
Sin duda, dicha crisis se debe a la democratización de las estructuras económicas,
sociales y políticas, aunque esta democratización no ha sido absoluta ni ha
permitido la completa armonía de las relaciones entre inversionistas, empresarios,
profesionales y trabajadores. Fundamentalmente es producto de las diferencias,
por momentos abismantes, que existen entre los ingresos de trabajadores de una
misma nación, llegando en casos a constatarse una relación de 1 a 20 y más en la
mayoría de los países del orbe.
34
Leed la historia y ved los invulnerables ejércitos en descompuesta fuga. Por
doquiera se desploman indestructibles fortalezas, y de aquella Armada
Invencible que partió con un sinnúmero de naves, contadas regresaron. (…)
Conminado por seres radiantes munidos de áureos distintivos, intimado por
solemnes Papas a golpe de libro escrito por el propio Dios, instruido por
impacientes maestros: así se halla el pobre, que ha de oírse que el mundo es el
mejor de los mundos, y que la gotera de su cuartucho por Dios mismo ha sido
ideada. Lo tiene realmente difícil para dudar de este mundo. Anegado en sudor,
construye el hombre la casa en la que no habrá de vivir. Pero también suda a
mares quien construye su propia casa. Los irreflexivos nunca dudan. Su
digestión es brillante, su juicio, infalible. No creen en los hechos; sólo se creen a
sí propios. Si preciso es, los hechos deben creerles a ellos. Su paciencia consigo
mismos es ilimitada; a los argumentos, prestan oídos de espía. Frente a los
irreflexivos, que nunca dudan, están los meditabundos, que nunca actúan. No
dudan para venir a la decisión, sino para desertar de la decisión. De la cabeza Se
sirven sólo para sacudirla. Tan seriecitos advertirán de los peligros del agua a los
pasajeros del barco que se hunde. Bajo el hacha del asesino, se preguntarán si no
es también él un ser humano. Se van a la cama mascullando que la cosa no está
aun cabalmente pensada.
35
Las crisis valóricas han sido una realidad permanente desde que existe la especie.
El mundo laboral ha evolucionado desde la esclavitud hasta la situación actual
en donde el capital y el crecimiento económico constituyen las grandes verdades
que rigen el devenir histórico, la moral y las relaciones entre los individuos.
En este contexto, se define por las relaciones de producción entre los individuos,
y el enorme auge de las tecnologías de la comunicación no han modificado las
grandes constantes de la humanidad y la apremiante carrera hacia la riqueza en
la que compiten, en desigualdad de condiciones, los humanos contemporáneos.
Ha avanzado de manera vertiginosa el saber y la tecnología; sin embargo, las
relaciones laborales, aunque diferentes, continúan en una crisis antagónica que
la humanidad no está pronta a resolver.
36
ENTREVISTA NICOLÁS
VERDEJO EQUIPO EDITORIAL
Nicolás Verdejo
37
1. La IA como apoyo en el trabajo humano
¿De qué manera la inteligencia artificial puede integrarse como una herramienta
que mejore la productividad y optimice los flujos de trabajo de las personas, sin
llegar a reemplazar sus capacidades creativas o críticas?
38
Un aspecto crucial que subraya la necesidad de la supervisión humana son las
alucinaciones de la IA. Este fenómeno ocurre cuando el sistema genera
información que es incorrecta, inventada o carece de base en los datos. Estas
alucinaciones representan un riesgo significativo en la toma de decisiones, ya que
pueden llevar a la desinformación o a la adopción de soluciones erróneas. Por
ello, la integración de la IA en los flujos de trabajo debe estar acompañada de
una validación constante. En lugar de reemplazar al profesional, la IA lo
convierte en el supervisor final, encargado de verificar la veracidad y coherencia
de las respuestas generadas por la máquina, consolidando así el rol humano
como indispensable para un trabajo de alta calidad y éticamente responsable.
39
Esta práctica nos lleva a una experiencia cada vez más frecuente de aterrizar en
sitios web superficiales, llenos de publicidad intrusiva y cuyo único propósito es
generar ingresos para sus dueños. Este fenómeno, que parece estar fuera de
control, degrada profundamente el ecosistema de la información. La
consecuencia directa es que los usuarios se ven obligados a invertir una cantidad
de tiempo cada vez mayor en una labor de curaduría manual, intentando
diferenciar el ruido de las fuentes fiables y bien fundamentadas. Esto, además de
traducirse en una pérdida de tiempo, también genera una profunda frustración y
fatiga digital.
¿Cómo distinguir entre el uso de la IA como apoyo que libera tiempo para tareas
más valiosas, y su uso como un sustituto que termina degradando la calidad del
trabajo humano?
40
La distinción fundamental entre usar la IA como una herramienta de apoyo y
como un sustituto degradante reside en el propósito y el grado de supervisión
humana. Como herramienta, la IA libera a los profesionales de tareas repetitivas
y monótonas, permitiéndoles enfocar su tiempo y energía en actividades de
mayor valor. Por ejemplo, un redactor puede usar una IA para generar
borradores o investigar temas, pero su papel sigue siendo crucial: el de revisar,
editar, dar forma y validar el contenido final, inyectándole creatividad, matices y
una voz propia. El humano mantiene el control, utilizando la tecnología para
acelerar procesos y mejorar la calidad de su trabajo, no para evadirlo.
41
En el mercado laboral ya existen casos de empresas que ofrecen "empleados de
IA" como sustitutos. Un ejemplo es la empresa Synthesia, que crea avatares de
IA que pueden actuar como presentadores o voceros para videos corporativos,
prometiendo reducir la necesidad de actores o personal humano para
grabaciones sencillas, constituyendo esto para algunas personas, un reemplazo
directo para tareas específicas.
42
Mediante estos casos podemos comprobar que la IA puede ser un complemento
valioso, pero no un reemplazo total. La verdadera innovación reside en una
colaboración productiva, no en una sustitución ciega que compromete la calidad
y la credibilidad.
¿Qué nuevas habilidades cree usted que deberían desarrollar los trabajadores para
convivir con la inteligencia artificial y evitar quedar atrapados en dinámicas de
desinformación o de automatización poco ética?
Las nuevas habilidades que los trabajadores deben desarrollar para convivir con
la inteligencia artificial se centran en un equilibrio entre lo humano y lo técnico.
La IA, por potente que resulte ser, no posee la capacidad de juicio, la ética o la
empatía de un ser humano, lo que hace que estas habilidades sean cruciales para
no quedar atrapados en dinámicas de desinformación o automatización poco
ética. El pensamiento crítico es una habilidad fundamental. En un mundo donde
la IA puede generar grandes volúmenes de información, verdadera o falsa, la
capacidad de evaluar y cuestionar su origen, su veracidad y su contexto se vuelve
más vital que nunca. No se trata solo de usar la IA, sino de ser un "curador" de
la información que produce, distinguiendo el dato de la narrativa, la verdad del
engaño.
43
Sin embargo, las habilidades que no pueden ser automatizadas son las que
verdaderamente blindarán a los trabajadores del futuro. La inteligencia
emocional, la empatía y la colaboración se vuelven más valiosas. En un entorno
laboral donde las tareas repetitivas se delegan a la IA, el valor de las personas
reside en su capacidad para interactuar de manera significativa con otros,
resolver conflictos, trabajar en equipo y entender las necesidades humanas
detrás de los datos. La resolución de problemas complejos es otra de estas
habilidades inmunes a la automatización. La IA puede procesar vastas
cantidades de información, pero la capacidad de un ser humano para identificar
problemas que aún no han sido definidos, innovar y crear soluciones fuera de lo
convencional sigue siendo una ventaja insuperable. Finalmente, la adaptabilidad
y una mentalidad de aprendizaje continuo son la clave para la supervivencia
profesional. La tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso, y la disposición a
aprender nuevas herramientas, a desaprender viejos métodos y a reinventarse
constantemente será lo que mantendrá a los trabajadores relevantes y
preparados para los desafíos del futuro.
Pensando en los próximos años, ¿qué camino ve más probable en Chile: una
integración sana de la IA como herramienta que fortalezca los oficios y
profesiones, o una masificación de contenidos automatizados que precaricen el
valor del trabajo humano?
44
Pensando en los próximos años, el escenario más probable para Chile no será un
extremo u otro, sino una coexistencia de ambos fenómenos, enmarcado en lo
que ya se considera una nueva revolución industrial. La forma en que esto
influirá en las competencias laborales es muy similar a la masificación de los
computadores en las oficinas hace unas décadas. En ese entonces, surgió el
temor de que "un computador termine haciendo el trabajo de uno", pero la
realidad fue que los profesionales que aprendieron a dominar esa nueva
herramienta se volvieron inmensamente más competitivos. El computador no
reemplazó al contador, sino que potenció sus capacidades, permitiéndole
analizar más datos en menos tiempo. El periodista que se pasó de la máquina de
escribir a Word, comenzó a recuperar tiempo valioso. El docente que cambió las
transparencias proyectables por contenido multimedia, logró darles un nuevo
giro a sus clases. Quien no se adaptó, quedó en desventaja.
45
En sectores de alta cualificación como la minería, finanzas, salud e
investigación, la IA ya está fortaleciendo profesiones, optimizando procesos y
abriendo nuevas líneas de innovació[Link] embargo, en paralelo, la
automatización de tareas más rutinarias precarizará ciertos empleos, sobre todo
los de entrada o de menor especialización.
46
EL MUNDO ACTUAL,
CRISIS DE VALORES Y
CONSECUENCIAS
LABORALES EDGARDO HIDALGO C.*
47
Vivimos en un mundo, aldea global para algunos, que atraviesa o está
desarrollando, una crisis de valores. Los seres humanos debido a un mundo
competitivo, individualista, francamente egoístas, que han ido conformando un
grado de competencia por el sustento, en otros por el éxito y el poder, también
por la capacidad adquisitiva de sus entradas económicas, en fin, por muchas
razones, lo que va minando sus valores éticos que pasan a segundo plano frente
a estas aspiraciones descritas.
48
Sin duda que la desconfianza en las autoridades: familiares, profesores de sus
colegios, autoridades de las instituciones públicas, ayudan a que las nuevas
generaciones busquen el éxito por cualquier medio, aunque signifique
sobrepasar a la autoridad. Prima la intolerancia hacia “el otro” por competir
con sus intereses personales. Ese “otro” pasa a ser casi un enemigo interpuesto
en su camino hacia sus propias metas.
49
La sobrepoblación humana es un ángulo del problema que se evita abordar
porque repercute en aristas de derechos humanos inalienables, por tanto, todos
quieren evitar transgredirlos. Pero la realidad de la sobrepoblación ha traído
pobreza, aumento de la competitividad, déficit de las opciones laborales, daño al
ecosistema, deterioro de la salud y sanidad poblacional, despreocupación en los
cuidados de lugares públicos, dificultad para el control legal del quehacer de
instituciones y autoridades.
50
En los últimos años se ha agregado una crisis de migración, de una población
que no tiene espacio vital y busca mejorar su situación emigrando a lugares que,
teóricamente, le parecen más aceptables. Obviamente que muchos de ellos
relajan sus valores, ante la miseria y a veces la discriminación a que son
sometidos en los nuevos hábitats. La ética de ellos y la ética de quienes tienen
que alojarlos se debilitan y los valores de solidaridad, de sentido social, de
tolerancia a estas nuevas costumbres y culturas es afectada, muchas veces de un
modo agudo y al borde de la legalidad. Quienes los acogen los explotan y pagan
menos por sus trabajos; la repuesta es el engaño, la delincuencia, la falta de
respeto a las nuevas normas. Y de esto no se escapan los países ricos del primer
mundo, con los emigrantes de África y del Medio Oriente, como tampoco EE.
UU. con los emigrantes latinos, y finalmente países como Chile, que goza de
buen prestigio en su economía y desarrollo.
Vemos que los problemas laborales tienen efecto en los valores de la sociedad en
su tiempo, a su vez la relajación y pérdida de valores repercuten en el campo
laboral disponible como en la sociedad toda. La sociedad de este presente siglo
está en crisis, indudablemente y ya es hora de pensar en una nueva organización
de la sociedad y la economía mundial, para resolver en la mayor medida posible
los grandes problemas de hoy. Son evidentes los problemas que ha creado el
presente sistema económico que enriquece más a los ricos, hace más pobres a los
pobres y en consecuencia trastorna la paz social.
51
El individualismo exagerado del presente no conduce a un ambiento de paz, no
crea un clima social saludable, y no resuelve la equidad y la justicia en las
relaciones humanas y por consiguiente en los ambientes laborales. Pensemos que
un adulto pasa más de 8 horas en compañía de personas que conoce
superficialmente, que en general no aportan a su felicidad íntima y entorno
familiar. Lo mismo pasa con los niños y jóvenes, que en el tiempo en que
trabajan sus padres, más el tiempo en las escuelas instruyéndose, conviven con
otras personas que aportarán muy poco -o nada- a su núcleo familiar.
52
También John Rawls (febrero 1921- noviembre 2002, filósofo estadounidense,
profesor de filosofía política, autor del libro famoso Una Teoría de la justicia)
opina que el libre mercado “no garantiza la justicia distributiva” y que se debe
implementar políticas que corrijan las desigualdades económicas.
No son pocos los influyentes pensadores y filósofos del mundo actual, como los
citados, que creen que debe haber alternativas que prioricen la justicia social, la
igualdad y la libertad humana. Son profundamente críticos del sistema de libre
mercado. Los filósofos, que suelen ser los que trazan las grandes líneas
ideológicas sobre las que se construyen las sociedades y las formas de gobierno,
están sumando críticas al liberalismo económico.
53
Parece que la famosa frase “el mercado regula”, no lo hace con justicia y es más
bien “el pez grande se come al chico”.
[Link]
02
https:/[Link]/search?q=noam+chomsky+y+su+visi%C3%B3n+sobre+p%C3%A9rdida+de+valores%00&oq=%20
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54
LOS VALORES EN LA ERA DE
LAS TECNOLOGÍAS
DISRUPTIVAS
ROBERTO BERRIOS ÁLVAREZ*
55
Filosofía de los Valores
Es importante plantear el origen de la Filosofía de los Valores, siendo la
axiología una rama de la filosofía que estudia la naturaleza de los valores. Son
los que dan sentido y coherencia a las acciones humanas, ya que está relacionada
con la idea de elección del ser humano por los valores humanos, éticos, estéticos
y espirituales, nos preguntamos sobre el origen y la clasificación de los valores y
sobre qué tipo de cosa tienen valor.
56
Para Nietzsche los valores son de preferencias individuales y objetivos que llegan
a imponerse en las sociedades como modas. Por lo cual, los valores no son
eternos, sino percepciones personales o de grupo, estan muy vinculados a la
época y al lugar.
Son varios los filósofos que se dedicaron a través del siglo XX a pensar y a
divulgar el concepto de los valore, tales como: Alexius Meinnog, Nicolás
Hartmann, Weber, Max, Scheler, Heidegger y, principalmente, Jose Ortega y
Gasset relevante en su filosofía de los valores con numerosos textos y ensayos,
con vigencia actual, él se refiere a la Estimativa, llamó a la temprana Axiología.
57
¿Qué son los valores?
Podríamos dar una aproximación sobre la idea de que son los valores, Ortega y
Risieri Frondizi, han titulado sus estudios con esta interrogante. El valor
equivale para unos a lo que le agrada, para otros, a lo deseado, y para otros el,
objeto de nuestro interés. El placer, el deseo y el interés son estados vivenciales,
estados psicológicos; el valor se reduce entonces a meras vivencias. Hartman
identifica a los valores con las esencias, pero, por otro lado, los valores no
existen por si solos, sí que descansan en algún depositario. Es conveniente no
identificar los valores con los principios ni menos con las virtudes; tampoco se
debe confundir valores con bienes económicos. En opinión de Frondizzi, ¿las
cosas tienen valor porque las deseamos o las deseamos porque tienen valor?, esto
es, las cosas valiosas tienen valor por ellas mismas o es de nuestro agrado o
interés lo que les confiere su valor. Y esta es la disputa acerca de si los valores
son objetivos o subjetivos. El valor será objetivo si existe independientemente de
un sujeto o de una conciencia valorativa, a su vez, será subjetivo si debe su
existencia, su sentido o su validez a reacciones, ya sean fisiológicas o
psicológicas, del sujeto que valora. No existe el valor subjetivo y el valor
objetivo puros, con independencia el uno del otro. Sin lugar a duda que los seres
humanos tienen valores, y que solo el ser humano es capaz de reconocerlo y
servirse de ellos para ir educando su sensibilidad. Son varias las situaciones en
que el ser humano, en la observación de un paisaje o un cuadro, proyecta sobre
ellos sus valores personales y los recoge de nuevo más enriquecido después de
haberse retroalimentado con esos objetos. El hombre que vive y se mueve dentro
del valor crece en el valor y comunica valor. No existe un valor sin algo de
conciencia.
58
Los valores son los, principios, cualidades o ideas que comparten la mayoría de
los seres humanos respecto a lo que se considera correcto o incorrecto, orientan
la acción de los seres humanos que quieren hacer los correcto y lograr ser
mejores personas. Los valores son los principios éticos que dan sentido a nuestra
vida, orientan la actividad nos ayuda a toma decisiones diariamente, nos permite
descubrir nuevas virtudes y defectos, demuestra la clase personas que somos,
demuestra nuestro comportamiento ante la vida y las diferentes situaciones que
enfrentamos, y finalmente nos ayuda a aceptar y comprender a los demás,
facilitando nuestras relaciones interpersonales. Todos los valores persiguen
como fin último mejorar nuestra calidad de vida. Presentamos una
aproximación clasificatoria:
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En los aspectos de la ética mínima Cortina plantea que, en las sociedades
plurales, no es factible un consenso sobre proyectos de vida buena, pero sí sobre
principios universales de justicia. Esta ética mínima, donde no se imponen
concepciones particulares de lo bueno, sea de tipo religiosos, ideológicos o
culturales, se defiende la necesidad de un constructo ético compartido por todos:
el respeto a la dignidad humana, los derechos fundamentales y la justicia. Este
planteamiento responde a la urgencia de encontrar consensos en sociedades
democráticas, donde la pluralidad es inevitable.
La ética cordial de Cortina plantea que también tienen que tener una dimensión
afectiva. La justicia necesita ser acompañada por la cordialidad, entendida como
la integración de la empatía, la compasión y el cuidado en la vida moral.
Reconoce la importancia de las emociones como motor de la acción moral. Esta
propuesta plantea que la razón debe dialogar con el corazón para construir
sociedades más humanas. Estos tiempos marcados por la indiferencia, este
pensamiento ofrece una guía para repensar la convivencia desde la dignidad, la
justicia y la solidaridad, donde la persona principalmente tiene que convertirse
en protagonista de una ética comprometidas con el bien común para construir
sociedades más justas, inclusivas y humanas.
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Impacto tecnológico
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Este caso parece ciencia ficción, pero es una realidad. El director del laboratorio
de robótica de la Facultad de Ingeniería Mecánica del Instituto Tecnológico de
Israel, conocido como Technion, está reinventando la medicina moderna. El
doctor Shoham está desarrollando un micro robot del tamaño de un arroz, que
podrá limpiar las arterias del cuerpo humano. Cirugía mínimamente invasiva,
exploración de arterias o tejidos sin operar al paciente.
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Frente a los eventuales peligros que pudiese existir, tendría su origen de quienes
están detrás de cada algoritmo. Depende seres humanos como cualquier
persona. Gales plantea que en cualquier caso estamos enfrentado al componente
humano de todo lo que tenga relación con la inteligencia artificial, ya que al ser
esta una simple herramienta “no te va a chantajear no tiene voluntad propia ni
la va a tener.”
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Soluciones tradicionales de reentrenamiento laboral pierden utilidad.
Yampolskiy recuerda que hace algunos se recomendaba aprender a programar
como opción de mejora salarial; hoy la IA ya supera a las personas en
generación de código y en ingeniería de prompts.
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Conclusiones
Los nuevos hitos culturales que emergen como consecuencia de esta cuarta
revolución industrial, que estamos viviendo, es importante destacar que se debe
hacer presente en todo este proceso tecnológico, respecto de la ética y la
diversidad, cómo hacemos más humana esta sociedad que está emergiendo. Una
forma es influir en crear nuevas políticas de la cuarta Ola Indiscutiblemente,
todo este proceso está fuertemente relacionado con la educación del futuro. Esto
nos permitirá corregir y evitar la profundización de las brechas existentes.
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Como comunidad y sociedad, a través de organizaciones civiles, deberíamos ser
capaces de apropiarnos de estos tópicos actuales y del futuro, quizá creando
organismos especializados, dedicados a estudiar estos tópicos y proponer
creativamente las líneas de acción para la vida política, institucional y
ciudadana, para enfrentar diversos temas como la creación de nuevos empleos,
nuevos talentos, cómo se profundizan las políticas de innovación, las políticas de
inversión público-privada, ya que los robots en conjunto con la IA absorberán
muchos puestos de trabajo. El Estado deberá asegurar un sueldo mínimo a toda
esta masa que quedará desplazada, con lo cual se mantiene la demanda y así
equilibrar los procesos económicos. ¿Qué respuestas de política se requieren en el
ámbito laboral, la formación para el trabajo y la protección social? Es muy
difícil tener las respuestas para todas estas interrogantes.
Incorporar la ética mínima en las empresas transnacionales que son las que
controlan el desarrollo tecnológico disruptivo, equilibrando la satisfacción y
rentabilidad accionaria, compleja esa solicitud, ya que prima la maximización de
utilidades globales.
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Tengo fuertes inquietudes en estos tópicos que me convocan. Podría concluir, en
este punto, que siendo la ciencia y la tecnología un importante valor, disciplina,
liberadora de nuestras mentes, es un instrumento para comprender el mundo y a
nosotros mismos, una promesa esencial y natural del desarrollo humano. De ahí
la importancia de tener una mirada hacia la sociedad y que seamos capaces de
influir en esta ola equilibradamente y en nuevas políticas públicas que se deberán
generar que sean más humanistas, democráticas, solidarias e inclusivas.
Tendero. El robot TX
SCARA trabaja almacenando
bebidas en la sección
refrigerada de una tienda de
conveniencia FamilyMArt en
Tokio, el viernes 26 de agosto
del 2022. El robot puede
reabastecer los estantes con
hasta 1000 botellas y latas por
día. (Yuri Kageyama/AP)