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(Res) Sobre la dinámica de la transferencia

Técnicas Psicoterapeúticas I (Universidad del Salvador)

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Sobre la dinámica de la transferencia.


En este texto Freud va a hablar sobre la transferencia y como ella se produce necesariamente en la
cura psicoanalítica y alcanza su consabido papel durante el tratamiento.

Todo ser humano, por efecto conjugado de sus disposiciones innatas (herencia) y de los influjos
que recibe de su infancia (vivencias infantiles), adquiere una especifidad determinada para el
ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones
que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse. Esto da por resultado un clisé que se
repite de manera regular en la trayectoria de la vida (una marca que siempre permanece igual y se
va repitiendo), en la medida en que lo que consientan las circunstancias exteriores y la naturaleza
de los objetos de amor conseguibles, aunque no se mantiene del todo inmutable frente a
impresiones recientes.

La transferencia no es más que la vida amorosa del paciente, en el psicoanálisis nos va a interesar
más el sector que proviene de la vida infantil y que da lugar al clisé.

Sólo un sector de esas mociones determinantes de la vida amorosa ha recorrido el pleno


desarrollo psíquico, ese sector está vuelto hacia la realidad objetiva, disponible para la
personalidad conciente, y constituye una pieza de la conciencia. Este sector forma parte de la
conciencia. Por otro lado, la otra parte de esas mociones libidinosas ha sido demorada por el
desarrollo, está apartada de la personalidad conciente así como de la realidad objetiva, y sólo tuvo
permitido desplegarse en la fantasía, siendo entonces no consabida para la conciencia de la
personalidad. Este otro sector va a formar parte del inconciente.

Si la necesidad de amor de alguien no está satisfecha de manera exhaustiva por la realidad, él se


verá precisado a volcarse con unas representaciones-expectativa libidinosas hacia cada persona
nueva que aparezca, y es posible que las dos porciones de su libido (mencionadas en los párrafos
anteriores), participen de tal acomodamiento.

Es entonces normal que la investidura libidinal aprontada en la expectativa de alguien que está
parcialmente insatisfecho se vuelva hacia el médico. La libido insatisfecha, va a investir en clisés
preexistentes de la misma persona, insertando al médico en una de las series psíquicas que el
paciente ha formado hasta ese momento. Esas series psíquicas van a ser las imagos amorosas
infantiles (no puede faltar la imago paterna). Esta transferencia fue producida no sólo por las
representaciones-expectativa conscientes, sino también por las rezagadas o inconcientes.

La libido conciente se pone en el objeto y ahí encuentra su satisfacción. En cambio, el neurótico


suele consultar por la insatisfacción de la libido. Esta libido insatisfecha en la relación
transferencial, se va a dirigir al analista y ahí se va a relacionar con la imago paterna.

Plantea dos problemas que se presentan en el psicoanálisis. En primer lugar, no comprendemos


que la transferencia resulte más intensa en personas neuróticas bajo análisis que en otras, no

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analizadas, y en segundo lugar, sigue constituyendo un enigma por qué en el análisis la


transferencia nos sale al paso como la más fuerte resistencia del tratamiento.

Con respecto al primer problema, no es correcto que durante el psicoanálisis la transferencia se


presenta más intensa y desenfrenada que fuera de él. En institutos donde los enfermos nerviosos
no son tratados analíticamente se observa la transferencia que llega hasta el sometimiento, y aún
la más inequívoca coloración erótica de ella.

En cuanto al segundo problema, Freud evoca la situación psicológica del tratamiento. Una
condición previa de toda contracción de una psiconeurosis es el proceso que Jung designo como
“introversión” de la libido. Este fenómeno consta en que disminuye el sector de la libido
susceptible de conciencia y, en la misma medida, aumenta el sector de la libido que puede
alimentar las fantasías de la persona, que pertenece a lo inconciente. La libido se interna por el
camino de la regresión y reanima los imagos infantiles. La cura, sigue este camino hasta ese lugar y
quiere volverá de nuevo asequible a la conciencia y ponerla al servicio de la realidad objetiva. Cada
vez que la libido tropieza con la libido retirada, estalla un combate; todas las fuerzas que causaron
la regresión de la libido se elevaran como resistencias al trabajo, para conservar ese nuevo estado.
En efecto, si la regresión o introversión de la libido no se hubiera justificado por una determinada
relación con el mundo exterior (frustración de la satisfacción), más aún si no hubiera sido acorde al
fin en ese instante, no habría podido producirse en modo alguno. La libido disponible para la
personalidad había estado siempre bajo la atracción de los complejos inconcientes y cayó en la
regresión por haberse relajado la atracción de la realidad. Para liberarla es preciso vencer esa
atracción inconciente, cancelar la represión de las pulsiones inconcientes y sus producciones. El
analista, deberá luchar contra las resistencias. La resistencia acompaña todos los pasos del
tratamiento; cada ocurrencia singular, cada acto del paciente, tiene que tomar en cuenta la
resistencia, se constituye como un compromiso entre las fuerzas cuya meta es la salud y aquellas
que las contradicen.

Si se persigue un complejo patógeno (que causa enfermedad) desde su subrogación en lo


conciente (síntoma o inadvertido) hasta su raíz en lo inconciente, se entrara en una región donde
la resistencia se hace valer con tanta nitidez que la ocurrencia siguiente no puede menos que dar
razón de ella y aparecer como compromiso entre sus requerimientos y los del trabajo de
investigación. En este punto aparece la transferencia. Si algo del contenido del complejo es
apropiado para ser transferido sobre la persona del médico, esta transferencia se produce, da por
resultado la ocurrencia inmediata y se anuncia mediante los indicios de una resistencia (como
puede ser, la detención de ocurrencias). De esta forma, inferimos que la idea transferencial ha
irrumpido hasta la conciencia a expensa de todas las otras posibilidades de ocurrencia porque
presta acatamiento también a la resistencia. Este proceso se repite numerosas veces durante un
análisis. Siempre que uno se aproxima a un complejo patógeno, primero se adelanta hasta la
conciencia la parte del complejo susceptible de ser transferida, y es defendida con la máxima
tenacidad.

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En la cura analítica la transferencia se nos aparece siempre, en un primer momento, sólo como el
arma más poderosa de la resistencia. El mecanismo de la transferencia se averigua
reconduciéndolo al apronte de la libido que ha permanecido en posesión de imagos infantiles;
pero el esclarecimiento de su papel en la cura, sólo si uno penetra en sus vínculos con la
resistencia.

No se puede comprender el empleo de la transferencia como resistencia mientras piensa en una


transferencia a secas. Hay una transferencia positiva y una transferencia negativa, la transferencia
de sentimientos tiernos y la de sentimientos hostiles. La positiva se descompone en la de
sentimientos amistosos o tiernos que son susceptibles de conciencia, y la de sus prosecuciones en
lo inconciente (el analista “parece” un amigo). De las prosecuciones inconcientes de manera
regular se remontan a fuentes eróticas (todos nuestros vínculos de sentimiento, simpatía, amistad,
confianza y similares, que valorizamos en la vida, se enlazan genéticamente con la sexualidad y se
han desarrollado por debilitamiento de la meta sexual a partir de unos apetitos puramente
sexuales, por más puros y no sensuales que se presenten ellos ante nuestra auto-percepción
conciente).

La transferencia sobre el médico sólo resulta apropiada como resistencia dentro de una cura
cuando es una transferencia negativa, o una positiva de mociones eróticas reprimidas. Cuando
nosotros cancelamos la transferencia haciéndola conciente, sólo hacemos que se desprenda de la
persona del médico esos dos componentes del acto de sentimiento. Los resultados del
psicoanálisis se basan en una sugestión.

En la investigación de la libido extraviada de lo conciente, uno ha penetrado en el ámbito de lo


inconciente. Y las reacciones que uno obtiene hacen salir a la luz muchos caracteres de los
procesos inconcientes. Las mociones inconcientes no quieren ser recordadas sino que aspiran a
reproducirse en consonancia con la atemporalidad y la capacidad de alucinación de lo inconciente.
El enfermo atribuye la condición presente y realidad objetiva a los resultados del despertar de sus
mociones inconcientes. El médico quiere obligarlo a insertar esas mociones de sentimiento en la
trama del tratamiento y en la de su biografía, subordinarlas al abordaje cognitivo y discernirlas por
su valor psíquico. Esta lucha entre el médico y el paciente se desenvuelve casi exclusivamente en
torno de los fenómenos transferenciales.

Los fenómenos de la transferencia depara al psicoanalista las mayores dificultades, pero no se


debe olvidar que justamente ellos nos brindan el inapreciable servicio de volver actuales y
manifiestas las mociones de amor escondidas y olvidadas de los pacientes. No se puede llevar a
cabo un análisis en ausencia del sujeto (va a faltar la corriente amorosa), ni tampoco en
representación de otra persona.

{Opinión: La transferencia en la cura psicoanalítica es la repetición de los vínculos infantiles que el


paciente tenía con sus padres en la primera infancia, dirigidos al analista. El paciente actualiza sus
deseos inconcientes en la persona del analista. El paciente va a actualizar el vinculo que tenía con
sus padres en su infancia, en la persona del analista. Se va a repetir formas de vínculo, el “clise”. El

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paciente no es conciente de que la transferencia con el analista proviene de su infancia, va a penar


que esa es el vínculo que logró desarrollar con el analista. La transferencia se hace visible cuando
el paciente le menciona al analista que durante la semana pensó en algo que le dijo, o pensó en él
o hace alguna alusión a la persona del analista.}

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