Abraham
Nombres:
Inicialmente se llamaba Abram, pero Dios al hacer un pacto con él lo cambia a
Abraham que significa padre de multitudes, (Gn. 17:5)
Se le conoce por:
Ejemplo extraordinario de fe, fue apodado el amigo de Dios (2 Cr. 20:7)
Donde lo encontramos:
Génesis desde el capítulo 11 al 25
Procedencia y Origen familiar:
Abraham fue hijo de Taré. Su familia moraba en Ur de Caldea, Taré era de la décima
generación descendiente de Noé, a través de Sem, y sus hijos fueron Abraham,
Nacor y Harán. Este último, cuyo hijo fue Lot, murió en su ciudad natal (Ur).
Cuando Abraham ya contaba con una avanzada edad, se casó con su media hermana
Sarai, una mujer de gran belleza pero que se dice que era estéril, por lo que no podía
tener descendencia.
Taré, el padre de Abraham, con sus hijos y familias, marcharon entonces desde Ur a
Canaán, asentándose en Jarán, Mesopotamia, donde Taré murió a los 205 de edad.
Tras la muerte de Taré, según relata el libro de Génesis capítulo 12, cuando Abraham
tenía 75 años, Dios le ordenó salir de su tierra e ir «al país que yo te indicaré», donde
convertiría a Abraham y sus descendientes en un gran pueblo. Llamado por Dios,
abandonó a su parentela idólatra. De manera que Abraham emigró desde Jarán, con
Sarai y Lot, sus seguidores, sus rebaños, y viajaron hasta Canaán, donde en el
encinar de Siquem, el Señor le dio tierra a él y su posterioridad.
Historia breve de su vida:
Tras recibir la promesa de que Dios haría de él una “nación grande” se trasladó a la
región de Canaán, donde vivió como nómada.
El hambre le hizo dirigirse a Egipto, siendo el lugar donde Abraham se dio cuenta de
la belleza de su esposa. Se dice que Abraham escondió a Sara en un baúl para que
nadie la viera, pero se dice que unos oficiales obligaron a Abraham a abrir el baúl y al
ver la belleza de Sara todos los oficiales compitieron por comprarlo y finalmente fue
llevada hasta el mismísimo faraón. La pareja se hizo pasar por hermanos provocando
que el faraón diera muchos regalos a Sara para intentar ganar su amor, pero tras
darse cuenta de que en realidad los dos estaban casados fueron expulsados de la
región. Se dice que todas aquellas personas que intentaron poseer a Sara fueron
maldecidas por Dios, que no aceptaba que nadie intentara tomar a una mujer
casada.
Después de regresar a Canaán, se apartó de Lot a causa de las disputas surgidas
entre ellos y sus pastores; Lot permaneció cerca de Sodoma y él continuó como
nómada.
Posteriormente rescató a Lot, que era cautivo del rey Cordorlahomor de Elam. Al
volver de rescatar a Lot de manos del rey elamita (Gn. 14:1-6), Melquisedec,
sacerdote rey, le salió al encuentro y le dio su bendición (Gn. 14: 17.24).
A pesar de haberle sido prometido un hijo (Gn. 15;4), cuando tenía 86 años, Abraham
tomó a la esclava Agar a petición de Saraí su esposa, con la finalidad de “ayudar” a
Dios, y de Agar nació Ismael (Gn. 16).
Tuvo a su primer hijo, Ismael (que nació cuando Abraham tenía 86 años) de Agar,
una esclava egipcia. Los musulmanes árabes consideran a éste como su progenitor.
Trece años después Dios reconfirmó su pacto con él, Dios le prometió un hijo de su
esposa Sarai y le reiteró sus primeras promesas confirmándoselas con una alianza.
Al renovar la alianza, cambió su nombre Abram por Abraham, y el de Sarai por Sara
y se estableció el rito de la circuncisión.
Cuando Dios le informó de que iba a destruir las ciudades de Sodoma y Gomorra por
la depravación de sus habitantes, suplicó que no lo hiciera. Dios prometió que
salvaría las ciudades si encontraba a diez hombres justos, pero, al no encontrar
ninguno, se cumplió la amenaza.
(Gn. 19), viajó por el Neguev y se estableció en Cades y Gerar. Allí nació lsaac, Isaac,
nacido de Sara cuando Abraham tenía 100 años, fue el primero de sus descendientes
legítimos. Luego Agar e Ismael fueron echados de casa.
Después de varios años, Dios probó la fe de Abraham, Dios le exigió que sacrificara a
Isaac su hijo y heredero de la promesa (Gn. 22) como prueba de fe, aunque por su
obediencia, permitió evitar el sacrificio y le recompensó con una renovación de su
promesa.
Cuando Isaac contaba con 37 años fue el momento el que Sara murió, siendo una de
las mujeres más longevas muriendo a los 127 años. Se dice que Abraham construyó
la tumba de su mujer y la enterró en la caverna de los Patriarcas y que desde el día
de la muerte de su esposa y hasta su final acudía a verla todos los días.
Tras morir Sara, Abraham se casó con Queturá y tuvo seis hijos más.
Rebeca, nieta de Nacor, el hermano de Abraham, fue escogida como esposa de
Isaac. Regaló "todo lo que tenía" a Isaac, dio a los hijos de sus concubinas.
Murió según la Biblia a los 175 años siendo enterrado junto a Sara en la gruta de
Macpelá, en lo que hoy se conoce como Hebrón. Según el libro del Génesis (11,27;
25,10), está considerado padre de los hebreos. Para los musulmanes, Abraham, a
quien llaman Ibrahím, es antepasado de los árabes, por ser progenitor de Ismael, del
que se consideran descendientes.
Aprendizaje:
El puesto que Abraham ocupa en la historia bíblica es único
Jehová se reveló a Moisés como "el Díos de Abraham", y esta expresión se usa en las
Escrituras desde Isaac en adelante. En el Nuevo Testamento es antecesor
reverenciado de Israel (Hch. 13: 26), del sacerdocio levítico (Hch, 7:5) y de! mismo
Mesías (Mt. 1:1).
Todo lo que Abraham recibió por la elección divina lo hereda su simiente:
la promesa (Ro. 4:13), la bendición (Gá. 3:14), la misericordia (Lc. 1:54), el juramento
(Lc. 1:73) y el pacto (Hch. 3:25). La unidad de los hebreos como hijos de Abraham se
presenta como analogía de la unidad de los creyentes en Cristo (Gá. 3: 16, 29)
Abraham depositó su fe en un solo Dios
En contraste con el politeísmo de sus antecesores, Jos. 24:2), creador de los cielos y
la tierra (Gn. 14 :22), juez justo y soberano de las naciones y de toda la tierra (Gn.
15: 14; 18:25), eterno (Gn. 21:33) y exaltado (Gn. 14:22). Atribuía a Jehová justicia y
misericordia (Gn. 19:19). Aceptó el juicio de Jehová (Gn. 18:17; 20:11) y sin embargo
intercedió por Ismael (Gn. 17:20) y Lot (Gn. 18:27-33). Se mantuvo en íntima
comunión con Dios (Gn. 18:33; 24:40) y se distinguió por ser "amigo de Dios. (Stg. 2:
23).
Su fe se demuestra por la obediencia al mandato divino de:
1) salir de Ur (Gn. 11:31; 15:7; Hch. 7:24);
2) trasladarse de Harán a la tierra de promisión (Gn. 12:1-4):
3) sacrificar a su único hijo, confiando que Dios podía incluso levantarlo de los
muertos (Gn. 22:12, 18; He. 11:19). Su amor a los demás se ve en su generosidad
(Gn. 13:9; 14:23), su fidelidad y su hospitalidad (Gn. 18:2-8; 21:8). Mostró valor ante
sus enemigos (Gn. 14:15), pero cobardía al anteponer la seguridad de su propia vida
al honor de su esposa (Gn. 12:11-13; 20:2-11).
¿Qué podemos aprender de la vida de Abraham?
Dios le hace tres promesas a Abraham:
1) La promesa de una tierra que iba a ser de él;
2) la promesa de hacer de él una gran nación; y
3) la promesa de bendición.
Estas promesas constituyen la base para lo que posteriormente sería llamado el
pacto abrahámico (establecido en Génesis 15 y ratificado en Génesis 17).
Lo que realmente hace especial a Abraham, es que él obedeció a Dios. Génesis 12:4
registra que, después de que Dios llamó a Abraham, él fue "como el Señor le había
dicho". El autor de Hebreos usa varias veces el ejemplo de la fe de Abraham y se
refiere específicamente a este sorprendente hecho: "Por la fe Abraham, siendo
llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin
saber a dónde iba" (Hebreos 11:8).
¿Cuántos de nosotros dejaríamos atrás todo lo que es familiar para nosotros y
simplemente salir sin saber nuestro destino? El concepto de familia significaba todo
para una persona que vivía en los tiempos de Abraham. En ese momento, las
unidades familiares estaban fuertemente unidas; era inusual que los miembros de la
familia vivieran a cientos de millas de distancia el uno del otro. Además, no se nos
dice nada sobre la vida religiosa de Abraham y su familia antes de su llamado. La
gente de Ur y Harán adoraban al antiguo panteón de dioses babilónico,
especialmente a Sin, el dios luna. Por lo que podemos decir que Dios llamó a
Abraham de una cultura pagana. Abraham sabía y reconoció el llamado del Señor, y
obedecido voluntariamente, sin dudar.
Abraham muestra fe en momentos donde parece que no hay esperanza
También es importante aprender de los fracasos que tuvo Abraham.
Sabemos de por lo menos dos ocasiones en que Abraham mintió acerca de su
relación con Sara, con el fin de protegerse a sí mismo en tierras potencialmente
agresivas (Génesis 12:10-20; 20:1-18). En ambos incidentes, Dios protege y bendice
a Abraham a pesar de su falta de fe.
También sabemos que la frustración de no tener un hijo, desgastó a Abraham y Sara.
Sara le sugirió a Abraham que tuviera un hijo con su sierva Agar en nombre de ella;
Abraham estuvo de acuerdo (Génesis 16:1-15). El nacimiento de Ismael no sólo
demuestra la futilidad de la locura y la falta de fe de parte de Abraham, sino que
también demuestra la gracia de Dios (al permitir que se diera el nacimiento e incluso
bendijo a Ismael). Curiosamente, Abraham y Sara se llamaban Abram y Sarai en ese
momento. Pero cuando Ismael tenía trece años de edad, Dios le dio a Abram un
nuevo nombre junto con el pacto de la circuncisión y una renovada promesa de darle
un hijo a través de Sarai, a quien Dios también le dio un nuevo nombre (Génesis 17).
Abram, que significa "padre enaltecido", se convirtió en Abraham, "padre de una
multitud" De hecho, Abraham tuvo muchos descendientes físicos, y todos los que
ponen su fe en Dios a través de Jesús, también son contados como herederos
espirituales de Abraham (Gálatas 3:29). "El padre de los fieles" tuvo sus momentos
de duda e incredulidad, pero, aun así, él todavía es exaltado entre los hombres como
un ejemplo de la vida fiel.
Una clara lección que podemos extraer de la vida de Abraham, es que debemos
vivir una vida de fe. La fe de Abraham no era una fe ciega; su fe era una garantía y
confianza firme en Aquel que ha demostrado ser fiel y verdadero. Si miramos hacia
atrás en nuestra propia vida, veremos en todo la mano de la providencia de Dios.
Dios no nos tiene que visitar acompañado por ángeles, ni tampoco nos tiene que
hablar desde una zarza ardiente o dividir las aguas del mar para estar activo en
nuestras vidas. Dios está supervisando y organizando los acontecimientos de nuestra
vida. A veces no parece así, pero la vida de Abraham es la evidencia de que la
presencia de Dios en nuestras vidas es real. Incluso los fracasos de Abraham
demuestran que Dios, aunque no nos protege de las consecuencias de nuestro
pecado, bondadosamente lleva a cabo Su voluntad en nosotros y por medio de
nosotros; nada de lo que hagamos va a frustrar su plan.
La vida de Abraham también nos muestra la bendición de la simple obediencia.
Cuando se le pidió que dejará su familia, Abraham lo hizo. Cuando se le pidió que
sacrificara a Isaac, Abraham "se levantó temprano a la mañana siguiente" para
hacerlo. Por lo que podemos discernir desde el relato bíblico, no hubo dudas en la
obediencia de Abraham. Abraham, al igual que la mayoría de nosotros, pudo haber
sufrido ante estas decisiones, pero, cuando llegó la hora de actuar, él no dudó.
Cuando discernimos un verdadero llamado de Dios o leemos Sus instrucciones en Su
Palabra, debemos actuar. La obediencia no es opcional cuando Dios ordena algo.
También de la vida de Abraham vemos cómo es que se debe tener una relación
activa con Dios. Mientras que Abraham fue pronto para obedecer, él no dudó en
hacerle preguntas a Dios. Abraham creyó que Dios le daría a él y a Sara un hijo, pero
se preguntó cómo podría ser (Génesis 17:17-23). En Génesis 18 leemos el relato de
Abraham intercediendo por Sodoma y Gomorra. Abraham afirmó que Dios es santo y
justo y no podía imaginarse a Dios destruyendo los justos con los pecadores.
Abraham le pidió a Dios que perdonara a las ciudades pecadoras por causa de
cincuenta justos y continuó reduciendo el número hasta diez. Finalmente, no había
diez personas justas en Sodoma, pero Dios preservó la vida de Lot, el sobrino de
Abraham, juntamente con su familia (Génesis 19). Es interesante que Dios le reveló
sus planes a Abraham antes de destruir las ciudades y ninguna de las preguntas de
Abraham lo tomó por sorpresa. El ejemplo de Abraham aquí, nos muestra cómo es el
interactuar con Dios respecto a Sus planes, interceder por otros, confiar en la justicia
de Dios y someterse a Su voluntad.
Los errores de la fe de Abraham, particularmente en cuanto a la situación con Agar e
Ismael, nos muestran la locura de intentar resolver los problemas por nuestras
propias manos. Dios le había prometido un hijo a Abraham y a Sara, pero en su
impaciencia, su plan para proporcionar un heredero a Abraham resultó
contraproducente. En primer lugar, surgió el conflicto entre Sara y Agar, y más tarde
el conflicto entre Ismael e Isaac. Los descendientes de Ismael terminaron siendo
enemigos acérrimos del pueblo de Dios, como lo podemos aprender en el relato del
antiguo testamento, y así continúa hasta el día de hoy en el conflicto entre Israel y
sus vecinos árabes. No podemos cumplir la voluntad de Dios en nuestra propia
fuerza; nuestros esfuerzos terminan creando más problemas de lo que pueden
resolver. Esta lección tiene amplias aplicaciones en nuestras vidas. Si Dios ha
prometido hacer algo, debemos ser fieles, pacientes y esperar que Él lo cumpla en Su
tiempo.
Otra cosa que aprendemos de la vida de Abraham, es que la fe no es hereditaria. En
Mateo 3:9; Lucas 3:8 y Juan 8:39, vemos que no es suficiente ser descendientes
físicos de Abraham para ser salvos. La aplicación para nosotros es que no basta con
haber nacido en un hogar cristiano; no entramos en comunión con Dios o
conseguimos la entrada al cielo dependiendo de la fe de otra persona. Dios no está
obligado a salvarnos simplemente porque tenemos una impecable genealogía
cristiana. Pablo utiliza a Abraham para ilustrar esto en Romanos 9, donde dice que no
todos los descendientes de Abraham fueron elegidos para salvación (Romanos 9:7).
Dios soberanamente decide quienes van a recibir la salvación, pero esa salvación
viene a través de la misma fe que Abraham ejerció en su vida.
Por último, vemos que Santiago usa la vida de Abraham como una ilustración de que
la fe sin obras está muerta (Santiago 2:21). El ejemplo que usa es la historia de
Abraham e Isaac en el monte Moriah. Una simple aprobación de las verdades del
evangelio no es suficiente para ser salvos. La fe debe traducirse en buenas obras de
obediencia que demuestran una fe viva. La fe que fue suficiente para justificar
Abraham y contarlo como justo a los ojos de Dios (Génesis 15), fue la misma fe que
lo movió a actuar cuando obedeció la orden de Dios de sacrificar a su hijo Isaac.
Abraham fue justificado por su fe, y su fe se demostró por sus obras.
A que nos invita la vida de Abraham.
A tener fe en Dios, ya que me ha traído con bien hasta este momento.
A esperar en el sabiendo que él tiene cosas preparadas para mí y que el “ayudarlo”
solo traerá consecuencias.
A que la Fe sin obras no funciona, Dios no insta a actuar, Dios nos ha dado dones y
talentos con los cuales trabajar debemos ser bendición para los que nos rodean.
A ti ¿a que te invito?
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Glosario
Nomada: Que va de un lugar a otro y no se establece en ningún sitio de forma permanente.
Alianza: Pacto o unión entre personas, grupos sociales o estados para lograr un fin común
Pacto: Acuerdo entre dos o más personas que obliga a ambas a cumplir una serie de
condiciones.
Concubina: Mujer que convive con un hombre sin estar casados entre sí.
Politeismo: Creencia en más de un dios.
Esteril: Que no puede reproducirse por medios naturales.