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Probioticos Raquel

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INSTITUTO DE CIENCIAS Y ESTUDIOS

SUPERIORES DE TAMAULIPAS CAMPUS TUXPAN


LICENCIATURA EN ENFERMERÍA Y OBSTÉTRICA
TRABAJO DE INVESTIGACIÓN
ALUMNA: RAQUEL HERNÁNDEZ HERNÁNDEZ
DOCENTE: DR. MARCO ESTEBAN CASTILLO
CAPITÁN
1° B
INDICE

OBJETIVOS............................................................................................................................13

RESULTADOS Y DISCUSIONES.......................................................................................14

EFECTO DE LOS PROBIÓTICOS EN DISTINTAS PATOLOGÍAS..........................15

DIARREA.............................................................................................................................15

INTOLERANCIA A LA LACTOSA....................................................................................16

ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL............................................................17

ÚLCERA GASTRODUODENAL......................................................................................20

ENFERMEDAD HEPÁTICA..............................................................................................21

CÁNCER COLORRECTAL...............................................................................................22

ALERGIAS...........................................................................................................................23

VAGINITIS...........................................................................................................................24

CONCLUSION........................................................................................................................26

BIBLIOGRAFÍA......................................................................................................................27

2
INTRODUCCIÓN

En este artículo se revisa el concepto de prebióticos y probióticos y su empleo


en diferentes situaciones de la práctica clínica diaria. Con un grado de evidencia alto
se concluye que el empleo de determinadas cepas de probióticos reduce
significativamente el riesgo de diarrea por antibióticos. Aunque son necesarios más
estudios, el uso de prebióticos y probióticos en personas afectas de enfermedad
inflamatoria intestinal (especialmente en la colitis ulcerosa y en la pouchitis) podría
mejorar las tasas de inducción y/o mantenimiento de la remisión. La administración
de probióticos y simbióticos en pacientes con trasplante hepático, emerge como una
opción terapéutica prometedora que parece reducir el número de infecciones; no
obstante, en la actualidad no es posible establecer recomendaciones basadas en la
evidencia requiriendo mayor número de trabajos y mejor diseñados. Respecto a la
seguridad de los probióticos y simbióticos, la balanza de beneficios frente a los
riesgos está claramente inclinada hacia los primeros ya que el riesgo de infección es
bajo, incluso en pacientes inmunodeprimidos.

3
EVOLUCIÓN HISTÓRICA Y CONCEPTO DE PROBIÓTICO

En la última década del siglo XX comenzaron a desarrollarse nuevos


conceptos en nutrición, como fruto de los nuevos estilos de vida en la sociedad
desarrollada y la preocupación por una elevada calidad de vida, lo que promovió la
aparición del término “alimento funcional”. Éste se puede definir como aquel
producto, alimento modificado o ingrediente alimentario, que puede proveer
beneficios a la salud superiores a los ofrecidos por los alimentos
tradicionales(1). El efecto positivo de un alimento funcional puede ser tanto en el
mantenimiento del estado de salud, como en la reducción del riesgo de padecer una
enfermedad. De esta forma, los alimentos que sean capaces de modificar la
flora intestinal, derivándose consecuencias positivas en la salud del individuo,
pueden considerarse como funcionales. La modulación de la microflora intestinal
para mejorar la salud se ha efectuado empíricamente desde tiempos ancestrales,
existiendo noticias del empleo de leche fermentada para el tratamiento de
infecciones gastrointestinales ya en el año 76 a. C. No obstante, no fue hasta el
siglo XX cuando se empezó a sugerir que la humanidad no sólo había hecho
uso inadvertido de una multitud de microorganismos para la elaboración y/o
conservación de numerosos alimentos, sino que además existían algunas
bacterias que ejercían efectos beneficiosos para la salud de los hospedadores
que las consumían. En 1906, Cohendy tras administrar leche fermentada por
Lactobacillus bulgaricus (actualmente Lactobacillus delbrueckii subsp bulgaricus)
a pacientes con alteraciones en sus “fermentaciones intestinales”, observó una
notable mejoría tras 8-12 días de tratamiento. Paralelamente, Tissier no sólo
había descubierto la existencia de bifidobacterias en el tracto intestinal de
lactantes alimentados exclusivamente con leche materna, sino que había
demostrado los beneficios clínicos derivados de la modulación de la microflora
intestinal de niños con infecciones intestinales.
Dos años después, el premio Nóbel ruso Elie MetchniKoff publicó un
libro, titulado “Prolongation of life”, que tuvo una gran influencia en la comunidad
científica. En él postulaba que el consumo de las bacterias que intervenían en la
fermentación del yogur contribuía al mantenimiento de la salud mediante la
supresión de las bacterias putrefactivas de la microbiota intestinal y que ésta
4
era la causa de la longevidad de los campesinos búlgaros, grandes consumidores
de yogur.
En 1909, Isaac Carasso fundó su primer establecimiento de yogures
(Danone) en Barcelona, contribuyendo decisivamente al prestigio de un producto
que, durante varias décadas, sólo se podía adquirir en farmacias y que se
empleaba para prevenir o aliviar trastornos tan diversos como diarrea,
estreñimiento, colitis mucosa, colitis ulcerativa crónica, cistitis o dermatitis.
Posiblemente el término “probiótico”, que etimológicamente procede del
griego “pro bios” (por la vida), fue empleado por primera vez por Vergio en 1954,
cuando comparaba los efectos adversos que los antibióticos ejercían sobre la
microbiota intestinal con las acciones beneficiosas ejercidas por otros factores
que no pudo determinar. Una década más tarde, Lilly y Stillwell (1965) se
referían a los probióticos como microorganismos que promovían el crecimiento
de otros microorganismos. Fuller (1989) redefinió a los probióticos como “aquellos
suplementos alimenticios integrados por microorganismos vivos que afectan
beneficiosamente al hospedador que los consume mediante la mejora de su
equilibrio microbiano intestinal”. Recientemente, la OMS ha revisado su definición y
los considera como “organismos vivos que administrados en cantidades adecuadas
ejercen un efecto beneficioso sobre la salud del hospedador”.
No obstante, esta definición está en continua evolución en un intento de
adaptarse a los nuevos conocimientos que surgen de los trabajos de investigación
con probióticos. En este sentido, varios científicos han demostrado que algunos
microorganismos inactivados, e incluso sus componentes celulares, pueden ejercer
un efecto beneficioso en la salud , por lo que todos estos hallazgos deberán
considerarse en futuras revisiones del concepto de probiótico (2).
El término prebiótico se refiere a los ingredientes de los alimentos no
digeribles que producen efectos beneficiosos sobre el huésped estimulando
selectivamente el crecimiento y/o actividad de un tipo o de un número limitado de
bacterias en el colon. Esta definición se solapa en parte con la definición de fibra
dietética, aunque añade la selectividad de los prebióticos sobre ciertos
microorganismos en concreto (por ejemplo, la ingestión de fructooligosacáridos y la
inulina favorecen a las bifidobacterias de forma selectiva)
5
MICROORGANISMOS PROBIÓTICOS:
De acuerdo con lo comentado anteriormente, los probióticos son
microorganismos que promueven la salud de quienes los ingieren, y para que
puedan considerarse como tales es necesario que cumplan una serie de
características, entre las que se incluyen:
1. Ser de origen humano, ya que, en teoría, las cepas aisladas de seres humanos
sanos van a presentar una mayor facilidad para colonizar el intestino humano y
probablemente no sean patógenas, habiéndose utilizado para definir esta
característica el acrónimo inglés “GRAS” (“generally recognizedas safe”). No
obstante, también se han utilizado probióticos de origen no humano, como
Saccharomyces cerevisiae, demostrándose su seguridad tras el consumo regular
por el hombre.
2. Deben poseer tolerancia a las condiciones ambientales del tracto
gastrointestinal, ya que si los microorganismos probióticos han de llegar viables
al intestino, es preciso que resistan el pH gástrico, las enzimas digestivas y la
acción detergente e inhibidora de las sales biliares.
3. Han de ser capaces de colonizar el intestino, con un tiempo corto de replicación,
y de adherirse a la mucosa intestinal para que tenga lugar la modulación de la
respuesta inmune, así como la exclusión de microorganismos patógenos, si bien
en esto último puede deberse también a su capacidad de producir compuestos
antimicrobianos.
Entre los microorganismos utilizados como probióticos, las bacterias lácticas y las
bifidobacterias ocupan el lugar más destacado, pero también se utilizan con este fin
bacterias que pertenecen a otro géneros, como Escherichia coli y Bacillus cereus,
así como levaduras, principalmente Saccharomyces cerevisiae (4). Dentro de las
bacterias lácticas se incluyen bacilos o cocos Gram-positivos de los géneros
Lactobacillus, Leuconostoc, Pediococcus, Lactoccus, Enterococcus, Streptococcus,
Vagococcus, Weissela, Oenococcus, Atopobium, Alloicoccus, Aerococcus,
Tetragenococcus y Carnobacterium, cuya característica común es la de ser
productores de ácido láctico como principal producto final de su metabolismo.
6
El género Bifidobacterium no está relacionado filogenéticamente con las bacterias
lácticas, pero comparte con ellas diversas propiedades fisiológicas, bioquímicas y
ecológicas (5).

MICROORGANISMOS PREBIÓTICOS:
Los Prebióticos (también denominados fibra soluble o hidrofílica) son oligo o
polisacáridos de pared celular de textura fibrosa y/ó viscosa, no digeribles en el
intestino delgado y que en el colon estimula el crecimiento de poblaciones
bacterianas de la microbiota que son reconocidas como beneficiosas para la salud
del consumidor. Un prebiótico se define como la fibra no digerible que beneficia al
huésped por la estimulación selectiva del crecimiento y/o la actividad de un número
limitado de bacterias comensales de la flora intestinal. Los prebióticos influencian el
ecosistema bacteriano mediante el aumento de la población de Bifidobacterias y la
disminución del pH endoluminal. Los prebióticos incluyen a las pectinas, almidón,
polisacáridos acetilados y metoxilados (gums) y los oligo- fructosacáridos. Los más
empleados son los fructanos o fructoligosacáridos (FOS), entre los que destaca la
inulina y los galactoligosacáridos (GOS), constituyen ingredientes alimenticios
naturales, extraídos de las raíces de la achicoria y se encuentran presentes además
en otras plantas como la cebolla, el ajo, el espárrago. Estas fibras se metabolizan en
el colon mediante la inducción de amilasas a1,4 y b1,4 de la pared bacteriana.
El producto final del metabolismo de la fibra soluble son los Ácidos Grasos de
Cadena Corta (AGCC) entre los que se destacan el acetato, propionato y en especial
el ácido butírico, principal sustrato energético y agente trófico del colonocito. Dentro
de las funciones biológicas atribuidas a los prebióticos se destacan:
a) enterotrofismo colónico; b) regulación del balance nitrogenado a través de la
retención de NH4+ luminal; c) mantenimiento del balance hidroiónico intestinal. Otros
efectos de importancia atribuidos a los prebióticos son la reducción de los niveles
séricos de triglicéridos y colesterol total, la optimización de los niveles de glucemia y
el incremento de la biodisponibilidad de ciertos minerales tales como Calcio, Hierro y
Zinc (6).
Para que una sustancia (o grupo de sustancias) pueda ser definida como un
prebiótico debe cumplir los requisitos siguientes:
7
•Ser de origen vegetal.
•Formar parte de un conjunto muy heterogéneo de moléculas complejas.
•No ser digerida por las enzimas digestivas.
•Ser parcialmente fermentada por las bacterias colónicas.
La dosis recomendada de prebióticos es mayor a 10 gr/día y de elección 20 a 30 gr
(7).
Otro concepto nuevo son los simbióticos, es la combinación de prebióticos
con probióticos, la cual beneficia al huésped mediante el aumento de la
sobrevivencia e implantación de los microorganismos vivos de los suplementos
dietéticos en el sistema gastrointestinal.
Aún está poco estudiada esta combinación, que podría aumentar la supervivencia de
las bacterias en su fase de tránsito intestinal y por tanto, aumentaría su potencialidad
para desarrollar su función en el colon. Se ha descrito un efecto sinérgico entre
ambos, es decir, los prebióticos pueden estimular el crecimiento de cepas
específicas y por tanto contribuir a la instalación de una microflora bacteriana
específica con efectos beneficiosos para la salud.
Un ejemplo serían los preparados lácteos ricos en fibra fermentados por
bifidobacterias. Los simbióticos pueden ser de cepa simple y fibra simple(ejemplo:
Lactobacillus plantarum 299 más fibra de avena) o simbióticos multicepa y multifibra
(8).

ACCIONES SOBRE LA FUNCIONALIDAD DEL TRACTO


GASTROINTESTINAL:
Clásicamente se ha atribuido el efecto de los probióticos a su capacidad de
modificar la composición de la microflora intestinal de potencialmente dañina a
beneficiosa para el hospedador. Sin embargo, el mejor conocimiento de estos
microorganismos ha permitido establecer diferentes acciones a través de los cuales
ejercen efectos beneficiosos (Figura 1):

8
Figura 1. Mecanismos de acción ejercidos por las bacterias probióticas.

1. Competición con bacterias nocivas por:


• desplazamiento de su sitio de unión al epitelio.
• inhibición de su crecimiento y/o muerte mediante la producción de
compuestos antibacterianos o reducción del pH.
Entre los posibles mecanismos se incluye una modificación del pH en el lumen
intestinal, debido fundamentalmente a la producción de ácidos orgánicos,
principalmente lactato y los ácidos grasos de cadena corta acetato, propionato y
butirato, como consecuencia de su capacidad fermentativa sobre la fibra dietética
(9). Otro mecanismo involucrado es la producción de compuestos antibacterianos
como pueden ser bacteriocinas o peróxido de hidrogeno. Sin embargo, el
desplazamiento de bacterias nocivas no necesariamente implica actividad
bacteriostática o bactericida, sino que puede ser consecuencia de la competición
física por unirse al epitelio, consumiendo también los sustratos disponibles para
las bacterias patógenas (10).
2. Mejora de la función de barrera intestinal
El tracto gastrointestinal, al tratarse de la mayor superficie del cuerpo en
continuo contacto con el medio externo, cuenta con distintos mecanismos que
tratan de prevenir la entrada de compuestos o agentes potencialmente lesivos para
9
el organismo. Para este cometido, la monocapa epitelial y el revestimiento de moco
que la recubre, junto con las uniones estrechas que mantienen unidos a los
enterocitos, forma una barrera física que previene la entrada a la lámina propia de
microorganismos potencialmente patógenos y de antígenos luminales. Por otro lado,
la inmunoglobulina (Ig) A secretada por el intestino, además de bloquear la unión de
microorganismos patógenos al epitelio, evitando por tanto su posterior acceso a la
lámina propia intestinal, es también capaz de aglutinar bacterias y virus en
unos grandes complejos que son atrapados en la barrera de moco y eliminados en
las heces. Un ejemplo de la importancia del mantenimiento de la función de barrera
del intestino, lo constituye la enfermedad inflamatoria intestinal, en donde se
ha descrito que la integridad de la barrera epitelial está comprometida, lo que
permite el paso de antígenos luminales a la lámina propia, que pueden
desencadenar una respuesta inmune exagerada y contribuir de forma clave en
la perpetuación del proceso inflamatorio en el intestino. Se ha postulado que los
probióticos podrían facilitar la reversión de esta situación y normalizar la
permeabilidad intestinal incrementada, mejorando así la respuesta inflamatoria
intestinal. Apoyando esto, se ha descrito que Lactobacillus casei y Clostridium
butyricum promueven la proliferación de las células epiteliales intestinales
en rata (hasta un 200% en el colon), mejorando de esta forma la protección
del tejido intestinal (11).
3. Producción de nutrientes importantes para la función intestinal
Los ácidos grasos de cadena corta (AGCC), principalmente acetato,
propionato y butirato, generados principalmente en el intestino grueso, son los
productos finales en la fermentación llevada a cabo por la flora bacteriana comensal
de los carbohidratos procedentes de la dieta que no han sido digeridos en el
intestino delgado. Son la principal fuente de energía para los colonocitos, regulando
su desarrollo y diferenciación. Además, y en íntima relación con su capacidad de
colaborar en la función de barrera intestinal, tienen efectos tróficos sobre el epitelio
intestinal, lo que es de gran importancia para la recuperación de la integridad del
epitelio en caso de daño y para la reducción del riesgo de translocación bacteriana,
que puede tener lugar en situaciones de alteración de la barrera intestinal como en la
enfermedad inflamatoria intestinal. En concreto, el butirato tiene la capacidad de
10
inducir enzimas (por ejemplo transglutaminasas) que tiene un papel fundamental
en la restauración de la mucosa dañada (12).
4. Inmunomodulación
El principal componente del sistema inmunitario intestinal está
constituido por el tejido linfoide asociado al intestino (GALT, Gut-Associated
Lymphoid Tissue), en el que se puede distinguir dos compartimentos ( Figura 2):
a) GALT organizado, constituido por folículos linfoides aislados,
folículos linfoides asociados o placas de Peyer y ganglios linfáticos
mesentéricos. Estos tejidos son considerados como los principales
sitios de inducción de la respuesta inmunitaria intestinal.
b) GALT difuso, integrado por poblaciones de linfocitos dispersas a lo
largo del epitelio y de la lámina propia del intestino. Es en este
compartimento donde se lleva a cabo la fase efectora de la respuesta
inmunitaria intestinal (13).

Figura 2. Compartimentos que integran el tejido linfoide asociado a la


mucosa intestinal (GALT): GALT organizado (placas de Peyer y
ganglios linfáticos mesentéricos) y GALT difuso (linfocitos
intraepiteliales
o IEL y linfocitos de la lámina propia o LPL).

11
Dada su localización intestinal y la posibilidad de interaccionar con el epitelio
de la mucosa, es evidente que los probióticos actúan tanto sobre la inmunidad
intestinal específica como inespecífica, y que este hecho está íntimamente
relacionado con sus efectos beneficiosos sobre el hospedador. Diversos
estudios han puesto de manifiesto que numerosos lactobacilos pueden alertar al
sistema inmune intestinal, y secundariamente favorecer el rechazo de
microorganismos infecciosos potencialmente lesivos, esto lo pueden realizar
mediante la producción de inmunoglobulinas específicas de tipo A, o la activación
de células K (“natural killer”)(14). Otros efectos inmunomoduladores de estos
probióticos se derivan de su capacidad para incrementar la actividad fagocítica de
leucocitos intestinales, promover una mayor proliferación de linfocitos B junto con un
aumento en la secreción de inmunoglobulinas (A y G), y estimular la
producción de citoquinas como interleucina (IL)-2, IL-6 o factor de necrosis tumoral
(TNF)-α (Tabla 1). Otros probióticos, como E.coli no patógeno o Lactobacillus sakei,
tienen la capacidad de aumentar la producción de citoquinas antiinflamatorias como
IL-10 o factor de crecimiento transformante (TGF)-β y al mismo tiempo reducir las
de carácter proinflamatorio, por ejemplo TNF-α, interferon (IFN)-γ o IL-8. Estas
propiedades inmunomoduladoras también se han puesto de manifiesto en estudios
llevados a cabo en humanos con patologías intestinales. Así, cuando se administró
una mezcla probiótica a pacientes con anastomosis ileoanal, se pudo observar una
disminución en los niveles de ácido ribonucleico mensajero (RNAm) de IL-1β, IL-8 e
IFN-γ, así como en el número de células polimorfonucleares, en comparación con los
pacientes que recibieron el placebo. En otro estudio, se describe una reducción de la
expresión de las citoquinas IFN-γ e IL-1α y de la actividad óxido nítrico sintasa
inducible (iNOS) en biopsias de pacientes con pouchitis tratados con probióticos.
En explantes de la mucosa de íleon procedentes de pacientes con enfermedad de
Crohn, el tratamiento con L. casei y con L. bulgaricus redujo la liberación de
TNF-α y el número de células CD4 (15).
A pesar del gran número de estudios, en la actualidad no se conoce
con exactitud cómo interaccionan los probióticos con las células linfoides del
intestino para conseguir la activación del sistema inmunitario intestinal. En este
sentido, se ha propuesto que los lactobacilos pueden modificar la producción de

12
citoquinas mediante la participación de algún componente de su pared celular que
no ha sido totalmente caracterizado.
Es importante destacar que el efecto de los probióticos sobre la
respuesta inmune no se limita a una actuación sobre el tejido intestinal, pudiendo
afectar a la inmunidad sistémica, con claros efectos beneficiosos en diferentes
afecciones de alta prevalencia, especialmente en la población infantil, como son el
eczema atópico y las alergias en general.

Tabla 1. Efecto inmunomodulador de varios probióticos.

Por último, comentar que no todos los probióticos ejercen los mismos efectos,
existiendo una gran variabilidad inmunológica entre especies, e incluso entre
cepas pertenecientes a la misma especie.

OBJETIVOS
Con el presente trabajo se pretende realizar una revisión bibliográfica acerca
del concepto de prebióticos y probióticos, mecanismo de acción y su empleo en
diferentes situaciones de la práctica clínica diaria.
13
RESULTADOS Y DISCUSIONES
El uso de probióticos se asocia en la actualidad con un gran número de
efectos beneficiosos en humanos, muchos de ellos establecidos de forma empírica,
como la mejora de la intolerancia a la lactosa, la modulación del sistema
inmunitario, la reducción de la hipercolesterolemia y la protección frente a
enfermedades infecciosas, inflamatorias y alérgicas.
Sin embargo, no se debe asumir que todos los probióticos posean las mismas
propiedades beneficiosas. De igual manera, cuando se adscribe un efecto
beneficioso a una cepa, como se ha dicho anteriormente, éste no se puede
extrapolar a las restantes cepas de la misma especie. Incluso el efecto que
una cepa puede presentar depende de las condiciones de su empleo y,
muy particularmente, de la dosis. La concentración de probióticos viables que
se considera que debe llegar al intestino para producir un efecto beneficioso es ≥10 6
ufc/ml en el intestino delgado y ≥108 ufc/g en el colon (16).
Existen evidencias de la eficacia de las bacterias probióticas en ciertas áreas, y
suficientes estudios experimentales en otras para justificar posibles mecanismos de
acción que faciliten el desarrollo de microorganismos más efectivos, así como
para definir los límites de su efectividad. En base a esto, pasamos a detallar
algunos de los efectos beneficiosos atribuidos a los probióticos.

14
EFECTO DE LOS PROBIÓTICOS EN DISTINTAS PATOLOGÍAS
Si tenemos en cuenta que los probióticos son principalmente consumidos por
vía oral, es lógico pensar que sus efectos beneficiosos se pusieran de
manifiesto fundamentalmente en patologías intestinales. Sin embargo, y como
se ha comentado anteriormente, la posibilidad de modular la respuesta inmune
de tipo sistémica hace que los probióticos también presenten efectos positivos en
otras alteraciones extraintestinales, mediante administración oral o tópica. Son
diferentes las patologías intestinales frente a las que los probióticos se han
propuesto presentar efectividad: diarrea, intolerancia a la lactosa, enfermedad
inflamatoria intestinal, úlcera gastroduodenal, e incluso cáncer. En relación con las
afecciones sistémicas en las que los probióticos pueden presentar un efecto
beneficioso se incluyen distintos fenómenos de tipo alérgico. Más recientemente se
ha propuesto el efecto terapéutico que pueden presentar los probióticos en el
tratamiento de la vaginitis, tras su administración local.
DIARREA
La diarrea es una respuesta inespecífica del intestino ante diferentes
situaciones, incluyendo la presencia en el lumen intestinal de toxinas o
microorganismos patógenos (diarrea del viajero, infección intestinal por Rotavirus
y toxiinfecciones alimentarias); falta de absorción de sustancias osmóticamente
activas (malabsorción de lactosa); consumo de fármacos (diarrea postantibiótica);
así como por lesiones en la mucosa intestinal (enfermedad de Crohn, colitis
ulcerosa y síndrome del intestino irritable).
A pesar de los recientes avances en el conocimiento de la patogénesis de los
procesos diarreicos, la diarrea aguda de tipo infeccioso constituye una de las
principales causas de morbilidad y mortalidad en el mundo.
Probióticos como Lactobacillus rhamnosus GG, Lactobacillus reuteri,
Saccharomyces boulardii y Bifidobacterium spp. han mostrado eficacia en estudios
llevados a cabo en procesos diarreicos en humanos.
Un caso especial de diarrea aguda es la “diarrea del viajero”, en esta
situación los probióticos también han demostrado un efecto beneficioso , se ha
descrito que cepas de L. acidophilus o leche fermentada con L. casei, pueden
reducir a la mitad la incidencia de este tipo de diarrea (17).
15
En las diarreas ocasionadas por rotavirus se ha observado que los probióticos
que más prometen en su tratamiento son Lactobacillus rhamnosus GG, Sacc.
boulardii,
Bifidobacterium spp. y Strep. thermophilus (18).
La diarrea asociada al tratamiento con antibióticos puede ser de
carácter agudo o de curso crónico y se deriva de una modificación en la composición
de la microflora intestinal, habiéndose descrito una reducción en el número
de lactobacilos y bifidobacterias. Varios estudios han demostrado la capacidad de
las leches fermentadas con B. longum o con L. casei de disminuir la incidencia de
diarrea asociada con el empleo de ampicilina o eritromicina. Por otra parte, la
administración de L. casei , Lactobacillus GG o Saccharomyces boulardii ,
suprimen la reactivación de la diarrea debida a la sobreinfección por Clostridium
difficile tras el uso de antibióticos, sobre todo en ancianos, diabéticos,
malnutridos y pacientes con insuficiencia renal crónica o inmunodepresión. En el
caso de S. boulardii, se demostró que, aunque no previene la infección por
Clostridium difficile, la administración de la levadura reduce la recidiva pos-
tratamiento del 22% al 9% (19).

El empleo de probióticos en el tratamiento de la diarrea y la distensión


abdominal asociada al síndrome del intestino irritable (SII) es controvertido,
debido a que los ensayos clínicos se han hecho con un número de pacientes
demasiado reducido como para tener suficiente potencia estadística. De todas
formas, se ha demostrado una significativa reducción del dolor abdominal y del
meteorismo en 60 pacientes con SII tras el empleo de L. plantarum, y más
recientemente una reducción del dolor y la distensión abdominal tras la
administración del mismo probiótico en un grupo de 40 enfermos. En un grupo de 24
pacientes tratados con L.casei frente a placebo, sólo encontraron mejoría del dolor
abdominal y la distensión en el grupo de pacientes con diarrea, en el que hubo
además una reducción en el número de deposiciones, por lo que se sugiere
que serían estos pacientes con diarrea los que más parecen beneficiarse (20).

16
INTOLERANCIA A LA LACTOSA
La lactosa es el principal azúcar en la leche de los mamíferos, siendo digerida
por la enzima lactasa presente en el intestino delgado. La intolerancia a la lactosa es
una situación en la que existe una deficiencia de esta enzima, lo que hace que este
disacárido pase inalterado al intestino grueso, donde es fermentado por la flora
intestinal, con la consiguiente producción de agua, ácidos grasos y gases, que
ocasionan síntomas como diarrea, dolor abdominal o distensión por gases. Cerca del
70% del total de la población mundial presenta intolerancia a la lactosa,
mientras que en España esta intolerancia la presenta el 30% de la población total, y
dentro de ésta, el 50% son ancianos. Entre las causas que pueden generar
intolerancia a la lactosa se incluyen la alteración en la mucosa
intestinal (enfermedad de Crohn), la infección por bacterias o parásitos, el
síndrome del intestino irritable y posiblemente la alteración en la composición de la
flora intestinal.
La eficacia de los probióticos en el tratamiento de los signos y síntomas que
acompañan a la intolerancia de la lactosa vendría dada por:
• Un incremento de la actividad lactasa en el intestino delgado por parte de las
bacterias productoras de ácido láctico.
• La fermentación de azúcares, principalmente lactosa, en ácidos orgánicos
como el ácido láctico y el acético. Así, en pacientes con deficiencia de
lactasa el proceso de digestión de la leche se desarrolla perfectamente al
consumir yogur y otras leches fermentadas.

Esto también puede ser debido a que la consistencia de las leches


fermentadas produce un aumento en el tiempo de tránsito intestinal,
favoreciendo de esta forma la digestión de la lactosa (21).
Se ha podido comprobar que el consumo de yogur con Streptococcus thermophilus y
Lactobacillus bulgaricus reduce los síntomas de intolerancia a la lactosa, aunque es
necesario que la concentración bacteriana en el yogur sean superiores a 10 8 ufc/ml
de yogur (22).

17
ENFERMEDAD INFLAMATORIA INTESTINAL
Bajo el término de enfermedad inflamatoria intestinal (EII) quedan englobadas
la enfermedad de Crohn (EC) y la colitis ulcerosa (CU). Ambas patologías se
caracterizan por su evolución crónica, así como por presentar alternancia entre
períodos de exacerbación y de remisión de los síntomas. La EC puede afectar a
cualquier segmento del tracto gastrointestinal, desde la boca hasta el ano, si bien es
más frecuente en la región ileocecal. La inflamación se propaga a través de
toda la pared intestinal, originando la aparición de perforaciones, estenosis y
fístulas en órganos adyacentes. Las lesiones afectan de forma discontinua y
simultánea a cualquier zona del tubo digestivo, es decir, pueden aparecer
intercaladamente segmentos inflamados con otros que no lo están. En contraste con
la EC, la afectación de la CU se limita al colon, fundamentalmente a la región distal
(recto/ano), y se extiende progresivamente en dirección proximal. La inflamación
afecta predominantemente a las capas superficiales de la pared intestinal,
normalmente mucosa y submucosa, y se caracteriza por la infiltración de neutrófilos,
eosinófilos y células plasmáticas, con formación frecuente de abscesos de las
criptas. Dentro del proceso inflamatorio intestinal también se encuentra la “pouchitis”
(o reservoritis), ésta surge en el 35%-40% de los pacientes a los que se les ha
realizado una proctocolectomía (22).

. Colitis ulcerosa:
El primer estudio que evaluó la eficacia de los probióticos en la EII se realizó
en pacientes con CU, en donde se evaluó la actividad de E. coli Nissle 1917
en comparación con bajas dosis de mesalamina. Los resultados obtenidos
revelaron que la relación remisión/recaídas (en porcentaje) en el caso del probiótico
fue del 16/67 frente al 11/73 de la mesalamina. En otro estudio, aleatorio a doble
ciego con 327 pacientes se valoro la efectividad de una preparación oral de E.
coli Nissle frente a mesalamina durante 12 meses, obteniendo igualmente la
ausencia de diferencias significativas entre los dos grupos de tratamiento, siendo el
porcentaje de las recaídas del 36,4% en el grupo de pacientes tratados con
probiótico, y del 33,9% en el grupo tratado con mesalamina (23).Otro estudio
realizado con la mezcla de probióticos denominada VSL#3 (L. casei, L. plantarum,
L. acidophilus, L. delbrueckii ssp. bulgaricus, B. longum, B. breve y B. infantis)
18
demostró que fue útil en el mantenimiento de remisión de los síntomas en 15 de
20 pacientes, que no sufrieron recaídas durante 1 año. Más recientemente,
estudiaron la eficacia de la asociación de L. rhamnosus GG con mesalamina
en el mantenimiento de la remisión de la CU en comparación con mesalamina
y con L. rhamnosus GG administrados por separado, no obteniendo diferencias
entre los tres grupos en el número de recaídas después de 6 y de 12 meses de
tratamiento; sin embargo, sí se obtuvieron diferencias en el tiempo de remisión,
que fue mayor en ambos grupos tratados con el probiótico. La eficacia del
tratamiento probiótico también se evaluó en la colitis ulcerosa activa, demostrándose
la equivalencia entre E. coli Nissle 1917 y mesalamina en la inducción de la remisión
de la CU. Entre los estudios que apoyan el efecto beneficioso de los
probióticos en la colitis ulcerosa se encuentra el que se ensayó la eficacia de una
leche fermentada con bifidobacterias en el tratamiento de la colitis ulcerosa durante
1 año y se comprobó que se produjo una exacerbación de los síntomas en sólo 3 de
11 pacientes tratados con la leche fermentada, reducción que fue significativa en
comparación con el grupo control sin tratamiento probiótico, en donde recidivaron 9
de los 10 pacientes incluidos en este grupo; sin embargo, no se observaron
diferencias en el índice de la actividad endoscópica de la enfermedad.
Posteriormente se realizó otro estudio con esta misma leche fermentada
con Bifidobacterium en pacientes con colitis ulcerosa activa, utilizando un grupo
control que recibió placebo. Transcurridas 2 semanas se pudo observar una
reducción significativa tanto del daño histológico como del índice de actividad
endoscópica en los pacientes tratados con leche, en comparación con el grupo
control (24). .Enfermedad de Crohn:
No existe un gran número de trabajos que describan el uso de probióticos en
la prevención y tratamiento de la enfermedad de Crohn. Se llevo a cabo un
ensayo en el que se probó la eficacia de Saccharomyces boulardii cuando se
asociaba a mesalamina en el mantenimiento de la remisión de la EC, comprobando
que a los 6 meses, la incidencia de recaídas era del 37,5% en el grupo al que se
le administró solamente mesalamina, y del 6,3% en el grupo tratado
conjuntamente con mesalamina y el probiótico. En otro estudio, se mostró que la
administración oral de Lactobacillus salivarius UCC118 reducía de manera

19
significativa el índice de la enfermedad en pacientes con EC de carácter leve o
moderado. Aunque estos resultados pueden ser considerados como prometedores,
es importante indicar la existencia de otros estudios en los que los probióticos no
han demostrado tener eficacia. En un estudio randomizado controlado por
placebo en 98 pacientes, se mostró que L. johnsonii LA1 no prevenía la recurrencia
de EC postoperatoria. De igual manera, L. rhamnosus GG tampoco la previno,
en pacientes con EC post-operatoria y resección intestinal (25). .Pouchitis:
Es en esta patología donde los probióticos han demostrado un beneficio
indiscutible, al comprobarse en distintos estudios que estos son capaces de
mantener la remisión inducida con antibióticos en pacientes con pouchitis crónica,
tras la resección del colon debido a una colitis ulcerosa refractaria. En este sentido,
se realizaron ensayos utilizando la mezcla probiótica VSL#3 en pacientes con
pouchitis crónica recurrente, y pudieron comprobar una reducción en la incidencia
de recaídas tras 9 meses a un 15%, frente al 100% del grupo placebo. Otro
estudio con los mismos grupos, también demostró que tras un año, sólo
desarrollaron pouchitis un 10% frente a un 40% del grupo placebo tras la
cirugía por colitis ulcerosa. También se llevó a cabo un estudio aleatorio a
doble ciego, en 20 pacientes tratados con L. rhamnosus GG durante 3 meses,
utilizando un placebo como control. Sin embargo, en contraste con los
estudios realizados con la mezcla VSL#3, no se observaron diferencias
significativas en la pouchitis crónica durante el tratamiento con este probiótico
(26).

ÚLCERA GASTRODUODENAL
La úlcera gastroduodenal es la pérdida de tejido que ocurre en aquellas partes
del tracto digestivo expuestas a la acción del ácido y de la pepsina secretados por el
estómago. Los factores más importantes implicados en la etiología son el uso de
antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) y la infección por Helicobacter pylori.
Se trata de una patología bastante frecuente en el mundo occidental ya que afecta
a una media del 10% de la población en algún momento de su vida, oscilando la
prevalencia entre el 6 y el 15%.

20
La infección por H. pylori debilita el revestimiento mucoso que protege el
estómago y el duodeno, y permite que el ácido afecte a la superficie sensible que se
encuentra debajo de este revestimiento. Se ha demostrado que H. pylori necesita
cierto tiempo para entrar en contacto con el epitelio, habiéndose propuesto que los
probióticos pueden impedir su colonización mediante:
• Producción de ácidos orgánicos, como acético o láctico.
• Desplazamiento de H. pylori de sus sitios de unión al epitelio.
Además, se ha comprobado que en pacientes con úlcera gastroduodenal existe una
deficiencia de lactobacilos o de bifidobacterias, que puede incluso asociarse con
el simultáneo aumento de enterobacterias oportunistas lo que puede producir un
cambio en la inmunidad local del tracto gastrointestinal afectado por la úlcera.
L. salivarius es capaz de producir elevadas cantidades de ácido láctico, y éste puede
producir una inhibición en el crecimiento de H. pylori. Estudios llevados a cabo
en animales de experimentación han demostrado que H. pylori no pudo colonizar el
estómago de ratones Balb/c gnotobióticos tratados con L. salivarius, mientras que sí
que colonizó el estómago de aquellos animales que no recibieron el probiótico.
Además, se observó que L. salivarius administrado tras la implantación de H. pylori
podría desplazar a éste de sus puntos de unión al epitelio. La inhibición del
crecimiento de H. pylori también se ha observado en personas que consumen L.
johnsonii.
Sin embargo, estos resultados no han sido consistentes con los realizados con
otros probióticos. En este sentido, estudios in vivo han descrito que L.
acidophilus no inhibe el crecimiento de H. pylori, posiblemente debido a su
baja producción de ácido láctico, como consecuencia de su escasa colonización
y crecimiento en el estómago. Por el contrario, se demostró que seis cepas de L.
acidophilus y una cepa de L. casei subsp. rhamnosus inhibían el crecimiento de H.
pylori, mientras que B. bifidus, Pediococus pentosaceus y L. bulgaricus no producían
esta inhibición (27).

ENFERMEDAD HEPÁTICA
La esteatosis hepática no alcohólica abarca un amplio espectro de
enfermedades desde la esteatosis simple a la cirrosis pasando por la
21
esteatohepatitis y la fibrosis. Se ha propuesto que los probióticos podrían modular la
flora intestinal influenciando el eje intestino-hígado y mejorando dicha enfermedad.
Aunque existen trabajos preliminares con mejorías del cuadro en cuanto a
parámetros analíticos (transaminasas, peroxidación lipídica) no existen estudios con
un diseño adecuado para extraer conclusiones. En pacientes cirróticos con
encefalopatía mínima, se ha estudiado el uso de simbióticos (Synbiotic 2000) frente
a la fibra probiótica contenida en el preparado o frente a placebo (con un número
pequeño de pacientes) demostrándose una mejoría en el amonio y de la
encefalopatía así como en la ecología intestinal. En pacientes sometidos a trasplante
hepático se han realizado dos estudios prospectivos en los que se emplearon
simbióticos frente a la fibra prebiótica contenida en el preparado. En el primer trabajo
32 sobre 95 pacientes, en el grupo suplementado con el simbiótico (Lactobacillus
plantarum 299 y 10 g de fibra de avena) se observaron (significativamente) menos
pacientes con infecciones que en el grupo control y que en el grupo al que se le
había suministrado únicamente los10 g de fibra de avena. En un segundo estudio del
mismo grupo 33 sobre 66 pacientes, randomizado y doble ciego, el grupo que recibió
el simbiótico (Symbiotic2000) frente a únicamente la fibra prebiótica contenida en el
preparado, disminuyó significativamente la incidencia de infecciones bacterianas
postoperatorias (3 vs 48%) (28).

CÁNCER COLORRECTAL
Diversos estudios han demostrado que la administración oral de lactobacilos
reduce las lesiones inducidas por carcinógenos químicos en la mucosa
gastrointestinal de ratas. Así, en un estudio se señalo que Lactobacillus acidophilus,
L. gasseri, L. confusus, Streptococcus thermophilus, Bifidobacterium breve y B.
longum actúan como antigenotóxicos frente a la N’-nitro-N-nitrosoguanidina (NNG).
Otro estudio, mostró que L. rhamnosus GG, puede interferir en la iniciación del tumor
intestinal inducido por 1,2-dimetilhidrazina (DMH), y que este efecto es más
pronunciado en animales alimentados con una dieta alta en grasa. En otro
estudio anterior, se demostró que B. infantis y B. adolescentis, inyectadas de forma
subcutánea o intraperitoneal a ratones Balb/c inhibían los tumores inducidos por 3-
metilcolantreno.

22
Igualmente, se ha podido constatar la actividad antitumoral de probióticos en
ensayos en los que se implantaron células tumorales en animales de
experimentación. En concreto, se ha demostrado que la alimentación con leche o
cultivos fermentados que contienen lactobacilos inhibe el crecimiento de células
tumorales (sarcoma-180) inyectadas a ratones.
Desgraciadamente, y hasta el momento, existen pocos estudios epidemiológicos
que asocien el consumo de probióticos con el cáncer colorrectal en humanos,
aunque algunas investigaciones sugieren que el consumo de grandes cantidades
de productos lácteos fermentados con lactobacilos o bifidobacterias puede
relacionarse con una menor incidencia del cáncer de colon. Un primer estudio
epidemiológico realizado en Finlandia demostró que, a pesar del alto consumo de
productos grasos, la incidencia de cáncer de colon era menor que en otros países
debido al gran consumo de leche, yogur y otros productos lácteos. Sin
embargo, estudios posteriores no han permitido proporcionar ninguna evidencia
de que el consumo de este tipo de productos contribuya de forma relevante en
la disminución del riesgo de cáncer de colon en humanos.

ALERGIAS
En estudios realizados en humanos, se ha demostrado que la ingestión
de 200 g al día de yogur durante un año, en una población de 42 jóvenes y 56
adultos, promueve una mayor remisión de síntomas alérgicos de tipo nasal en
comparación con el correspondiente grupo control. Sin embargo, no se sabe cuales
podrían ser los mecanismos implicados, puesto que no se han encontrado
diferencias significativas en cuanto a los parámetros inmunológicos. En un estudio
en adultos asmáticos a los que se les administró leche fermentada, dos veces
al día durante un mes, con y sin L. acidophilus, se observó que el grupo que
consumió leche fermentada con L. acidophilus, disminuyó la eosinofilia y
presentó además una tendencia a aumentar los niveles de IFN-γ .
No obstante, no aparecieron diferencias significativas en cuanto a la clínica de los
pacientes, ni en su calidad de vida. Del mismo modo, cuando se estudiaron en
pacientes atópicos los efectos del yogur, fermentado con Lactobacillus bulgaricus y
Streptoccocus thermophilus, no se observó ninguna mejoría significativa en los
23
parámetros inmunológicos estudiados (función fagocítica y respuesta inmune
humoral y celular).
Además de aliviar los síntomas en las enfermedades atópicas, también es
posible que los alimentos fermentados que contienen lactobacilos puedan servir
para reducir su aparición durante el desarrollo perinatal. En este sentido, se ha
observado que el consumo de probióticos (2x10 10 de L. rhamnosus) en 159
mujeres embarazadas de familias con antecedentes de enfermedad atópica,
desde las cuatro semanas antes del parto y durante los tres meses siguientes al
parto durante la lactancia, confiere protección en los niños frente al eczema
atópico.
De igual forma, en otro estudio en el que se administró Lactobacillus GG a un grupo
de madres gestantes de familias alérgicas durante dos a cuatro semanas antes
del parto, así como a sus hijos durante los primeros seis meses de vida,
reveló que la proporción de niños que presentaron dermatitis atópica en los
dos primeros años de vida fue de un 23% en aquellos que recibieron los lactobacilos,
frente a un 46% en el grupo placebo. Es de destacar que el grupo de niños en el que
se obtuvieron mejores efectos beneficiosos fue en el de aquellos que presentaban
en la sangre del cordón niveles más elevados de IgE (29).

VAGINITIS
Las infecciones del tracto genitourinario son una de las patologías más
frecuentes que afectan a las mujeres, con una incidencia estimada de más de 300
millones de casos al año. Entre ellas, la vaginitis, sea cual sea su origen, es una de
las patologías que más destaca por su frecuencia y morbilidad. Ésta puede ser
causada por múltiples factores, entre los que se encuentran: bacterias, hongos,
virus, medicamentos, cambios hormonales, falta de higiene o el uso de sustancias
irritantes.
La presencia dominante de Lactobacillus sp. en la microflora urogenital de
mujeres sanas y su implicación en caso de infecciones locales han motivado el que
se preste especial atención al papel de los probióticos (y en concreto a los
lactobacilos) en la prevención de infecciones vaginales.

24
El posible mecanismo de acción por el que pueden actuar las bacterias probióticas
está basado:
• En su capacidad para adherirse y colonizar el tracto urogenital, previniendo
inhibiendo el crecimiento de gérmenes patógenos, hasta que la flora
fisiológica habitual pueda ser restablecida.
• Producción de un ambiente ácido, que impide el crecimiento de otras
especies bacterianas.
Recientemente, los lactobacilos se han establecido como un método natural, barato
y alternativo para la protección del tracto genitourinario frente a la infección local
bacteriana o candidiásica. Tanto la administración oral, como los supositorios
vaginales con probióticos, han mostrado que producen una reducción en la
incidencia de infecciones del tracto urinario. Se ha demostrado que la toma diaria
de yogures con L. acidophilus durante seis meses, disminuye tanto la colonización
como la infección vaginal por Candida sp., al parecer el probiótico tiene un
efecto directo sobre el crecimiento y la supervivencia de esta levadura. En un
estudio en el que se aislaron cultivos bacterianos en mujeres con episodios
recurrentes de vaginitis, se pudo observar que cuatro cepas diferentes de
Lactobacillus inhibían la actividad de las especies bacterianas aisladas,
posiblemente debido a la producción de un medio ácido (30).

25
CONCLUSION
La evidencia científica muestra el potencial beneficio de los probióticos y
prebióticos para prevenir o tratar algunas condiciones patológicas, así como para
mejorar funciones fisiológicas. La evidencia es más fuerte en relación a su rol sobre
la diarrea aguda, ayudando a disminuir su severidad y duración; en el SII,
disminuyendo el dolor abdominal y síntomas gastrointestinales en general. Sus
beneficios se pueden evidenciar en las diferentes etapas fisiológicas del ser humano
y al parecer son cepa y dosis dependiente. Las diferencias halladas entre las cepas
pueden ser de gran utilidad para obtener un beneficio potenciado sobre algunas
condiciones o signos específicos de una patología o de un proceso fisiológico. Para
profundizar en los beneficios y especificidad de las cepas se necesitan
investigaciones que permitan validar los efectos, especialmente a nivel de la
inmunomodulación y en algunas patologías a nivel digestivo. Así mismo, profundizar
en los mecanismos de acción, determinar la dosis a administrar, población objetivo y
diferencias que pueden existir con la administración a través de un alimento o vía
suplementos.
La investigación biotecnológica y biomédica deberá mostrar paulatinamente el rol
biológico de cada cepa lo que permitirá a futuro utilizarlas con mayor eficacia para la
prevención y tratamiento clínico de diversas condiciones patológicas y del
mejoramiento de diferentes funciones del organismo.

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BIBLIOGRAFÍA
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