El Cid sale de Vivar, a Burgos va encaminado
Allí deja sus palacios yermos y desheredados
Los ojos de Mio Cid, mucho llanto van llorando.
Hacia atrás vuelve la vista y se quedaba mirándolos.
Y habló, como siempre habla, tan justo, tan mesurado.
Contra mí tramaron esto, mis enemigos malvados.
Todos salían a verle: mujer, niño y varón.
De las ventanas de Burgos, muchas gentes se asomaron.
Cuántos ojos te lloraban, de grande que era el dolor.
Y de los labios de todos salía la misma razón.
Que buen vasallo sería si tuviese buen señor.