Resumen
CAP. III: “La época de las revoluciones” BIANCHI
La época de la doble revolución
Dentro de una sociedad predominantemente rural con sociedades profundamente jerarquizadas
las transformaciones comenzaron en dos países rivales: de Inglaterra y Francia. La doble
Revolución ocurrió en regiones muy restringidas de Europa en parte de Francia y en algunas
zonas de Inglaterra sin embargo sus resultados alcanzaron dimensiones mundiales. La división
por ejemplo entre países avanzados y países atrasados encontró allí sus antecedentes más
inmediatos. Es cierto que estas revoluciones permitieron el ascenso de la sociedad burguesa
pero también dieron origen a otros grupos sociales que pondrían en tela de juicio los
fundamentos de su dominación.
La Revolución industrial en Inglaterra
¿Qué significa decir que estalló la Revolución industrial? significa que en algún momento entre
1780 y 1790 en algunas regiones de Inglaterra comenzó a registrarse un aceleramiento de
crecimiento económico. El fenómeno mostraba que la capacidad productiva superaba límites y
obstáculos se parecía capaz de una ilimitada multiplicación de hombres bienes y servicios. Se
trataba de cambios cualitativos las transformaciones se producían en y a través de una
economía capitalista.
Consideraremos el capitalismo como un sistema de producción pero también de relaciones
sociales. En este sentido la principal característica del capitalismo es el trabajo proletario es
decir de quienes venden su fuerza de trabajo A cambio de un salario. La principal característica
del capitalismo es la separación entre los productores directos la fuerza de trabajo y la
concentración de los medios de producción en manos de otra clase social: la burguesía. Pero
fue en el siglo XVIII que la Revolución industrial afirmó el desarrollo de las relaciones
capitalistas en la medida en que la aparición de la fábrica terminó para firmar la separación
entre el trabajo y medios de producción.
Los orígenes de la revolución industrial
¿Por qué está Revolución estalló en Inglaterra a fines del siglo XVIII? en Inglaterra a partir del
desarrollo de una agricultura comercial la economía agraria se encontraba profundamente
transformada. En síntesis, a mediados del siglo XVIII el área capitalista de la agricultura inglesa
se encontraba extendida en vías de una posterior ampliación. los productos del campo tanto los
agrícolas como las manufacturas dominaban los mercados. Aparte de este modo la agricultura
se encontraba preparada para cumplir con sus funciones básicas en un proceso de
industrialización. En primer lugar, en la medida en que la revolución agrícola implicaba un
aumento de la productividad permitida alimentar a más gente. En segundo lugar, al modernizar
la agricultura y al destruir las antiguas formas de producción campesinas la revolución agrícola
acabó con las posibilidades de subsistencia de muchos campesinos que debieron trabajar como
arrendatarios. Y muchos también debieron emigrar a las ciudades en busca de mejor suerte se
creaba así un cupo de potenciales reclutas para el trabajo industrial.
La destrucción de las antiguas formas de trabajo no solo liberaba mano de obra sino que al
destruir las formas de autoabastecimiento que caracterizaban a la economía campesina creaba
consumidores gente que recibía ingresos monetarios y que para satisfacer sus necesidades
básicas debían dirigirse al mercado. De allí, la constitución de un mercado interno estable y
extenso. A partir de ese mercado interno recibieron un importante estímulo las industrias
textiles de alimentos y la producción de carbón principal combustible de gran número de
hogares urbanos. Pero también Inglaterra contaba con un mercado exterior. Las plantaciones de
las India occidentales proporcionaban cantidad suficiente de algodón para proveer a la industria
británica. Pero las colonias formales e informales ofrecían también un mercado en constante
crecimiento y aparentemente ilimitado para los textiles ingleses.
El tercer factor que explica la peculiar posición de Inglaterra en el siglo XVIII el gobierno. La
“gloriosa revolución” de 1688 había instaurado una monarquía limitada por el parlamento
integrado por la Cámara de los Lores, pero también por la Cámara de los Comunes donde
participaban hombres de negocios dispuestos a desarrollar políticas sistemáticas de conquista
de mercados y de protección a comerciantes y a armadores británicos. Inglaterra estaba
dispuesta a subordinar su política los fines económicos.
El desarrollo de la Revolución industrial. La etapa del algodón
El mercado exterior fue la chispa que encendió la Revolución industrial ya que mientras la
demanda exterior se extendía la exterior se multiplicaba. La constante ampliación de la
demanda de textiles ingleses fue el impulso que llevó los empresarios a mecanizar la
producción para responder a esa creciente demanda era necesario introducir una tecnología
que permitiera ampliar esa producción. De este modo la primera industria en revolución fue la
industria de los textiles de algodón.
La introducción de nuevas técnicas se desarrolló paso a paso. De allí la necesidad de introducir
innovaciones tecnológicas que aceleraron el proceso del hilado y que desde 1780 exigieron la
producción en fábricas. De este modo las primeras fábricas de la Revolución industrial fueron
establecimientos donde se tardaba el algodón para hilado y fundamentalmente hilanderías. Los
bajos salarios y la abundancia de trabajadores conspiraron en contra de la tecnificación de los
telares sin embargo la abundancia de hilado y la apertura de mercados en el continente
europeo llevaron también a la introducción del telar mecánico.
La Revolución industrial requerido requirió pocos refinamientos intelectuales. Sus inventos
técnicos fueron sumamente modestos ninguno de ellos estaba fuera del alcance de artesanos
experimentados o de la capacidad constructiva de los carpinteros. La máquina más científica
que se produjo la giratoria de vapor no estaba más allá de los conocimientos físicos difundidos
en la época. En síntesis, la máquina de hilar los usos y posteriormente los telares mecánicos
eran innovaciones tecnológicas sencillas y fundamentalmente baratas. La industria algodonera
por su tipo de mecanización y el uso masivo de mano de obra barata permitió una rápida
transferencia de ingresos del trabajo al capital y contribuyó al proceso de acumulación.
La etapa del ferrocarril
Indudablemente la industria textil estimuló el desarrollo tecnológico. Pero también es cierto que
ninguna economía industrial puede desarrollarse más de cierto. Hasta poseer una adecuada
capacidad de bienes de producción. La industrialización basada en el algodón ofrecía límites la
industria textil no demandaba carbón hierro o acero. En síntesis, carecía de capacidad directa
para estimular el desarrollo de las industrias pesadas de base. El estímulo provino de los
mismos cambios que se estaban viviendo el crecimiento de las ciudades generaba un constante
aumento de la demanda de carbón principal combustible doméstico.
El crecimiento urbano había extendido la explotación de las minas de carbón y la producción
fue lo suficientemente amplia como para estimular el invento que transformó radicalmente la
industria: el ferrocarril. Las minas no solo necesitaban máquinas de vapor de Gran potencia
para la explotación sino también un eficiente medio de transporte para trasladar el carbón
desde la galería a la bocamina y fundamentalmente desde esta hasta el punto de embarque. El
ferrocarril fue un resultado directo en las necesidades de la minería especialmente en el norte
de Inglaterra. La construcción de ferrocarriles desde 1830 hasta 1850 generaron una demanda
que triplicaron la producción de hierro y carbón permitiendo ingresar en una fase de
industrialización más avanzada. Las construcciones ferroviarias movilizaron acumulaciones de
capital con fines industriales generaron nuevas fuentes de empleo y se transformaron en el
estímulo para la industria de productores de base. El ferrocarril fue la solución para la crisis de
la primera fase de la industria capitalista.
Las transformaciones de la sociedad
La Revolución industrial había transformado a Inglaterra, describimos a esa sociedad en
términos pesimistas: el trabajo infantil, El humo de las fábricas, el deterioro de las condiciones
de vida, las largas jornadas laborales, el hacinamiento en las ciudades, las epidemias, la
desmoralización, el descontento generalizado. ¿Qué tipo de sociedad se configuró a partir de la
Revolución industrial? Las antiguas aristocracias no sufrieron cambios demasiado notables con
las transformaciones económicas pudieron engrosar sus rentas. La modernización de la
agricultura dejaba beneficios y a esto se agregaron los que proporcionaban los ferrocarriles que
atravesaban sus posesiones. Eran propietarios del suelo y también del subsuelo por lo tanto la
expansión de la minería y la explotación del carbón concurrían su beneficio. Las antiguas
burguesías mercantiles y financieras se encontraban sólidamente instaladas en La poderosa y
extensa red mercantil. Muchos de ellos se habían beneficiado por un proceso de asimilación:
eran considerados caballeros con su correspondiente casa de campo. A estas antiguas
burguesías el éxito podía incluso permitirles ingresar en las filas de la nobleza.
La posibilidad de asimilación en las clases más altas también se dio para los primeros
industriales textiles del siglo XVIII para algunos millonarios del algodón el ascenso social
correría paralelo al económico. El proceso de industrialización generaba a muchos hombres de
negocios que aunque habían acumulado fortuna eran demasiados para ser absorbidos por las
clases más altas; comenzaron a definirse a sí mismos como “clase media”. Como tal
reclamaban derechos y poder. Estaban dispuestos a combatir contra las demandas de los
trabajadores que en su opinión no se forzaban lo suficiente ni están dispuestos totalmente a
aceptar su dirección.
Para estos hombres al cabo de uno o dos generaciones la vida se había transformado
radicalmente. Pero no impidieron que estos nuevos hombres de negocios esta nueva burguesía
industrial fuera la clase triunfante de la Revolución industrial. Los nuevos métodos de
producción modificaron profundamente el mundo de los trabajadores. Es indudable que con la
producción en la fábrica surgió una nueva clase social el proletariado o clase obrera. Sin
embargo, el proceso de formación de esta clase no fue simple ni lineal.
El proletariado se trataba de una clase en formación que aún no había adquirido un perfil
definido. La Revolución industrial reforzó las formas preindustriales de producción como el
sistema de trabajo domiciliario. De una ocupación complementaria con las tareas de lama de
casa o con el cultivo de una parcela o con el ciclo de la cosecha se transformó en una
ocupación de tiempo completo cada vez más dependiente de una fábrica o de un taller. El
sistema domiciliario comenzaba a transformarse en un trabajo asalariado. En estas primeras
etapas resultó clave el aporte de la mano de obra femenina e infantil. Con una remuneración
menor que los varones las mujeres constituyeron la base de la intensificación del trabajo y
muchas veces fueron la alternativa a los costos de la mecanización.
Con la expansión del sistema fabril sobre todo en la década de 1820 con El avance poderoso de
la maquinación el proletariado industrial comenzó a adquirir con un perfil definido ya era la
clase obrera fabril. ¿Cuáles son sus características? En primer lugar, se trata de proletarios es
decir de quienes no tienen otra fuente de ingresos digna de mención más que vender su fuerza
de trabajo A cambio de un salario. En segundo lugar, el proceso de mecanización les exigió
concentrarse en un único lugar de trabajo la fábrica. El resultado fue un incremento de la
división del trabajo a un grado de complejidad desconocido hasta entonces. Las actividades del
trabajador debían adecuarse cada vez más al ritmo y regularidad de un proceso mecánico. El
conflicto se planteaba entre las distintas medidas del tiempo. El trabajo preindustrial se medía
por los ciclos de las cosechas en meses y en semanas se medía por la necesidad y por las
ganas de trabajar. En cambio, el trabajo fabril se medía en días horas y minutos. Dicho de otro
modo, la industria trajo la tiranía del reloj. A la larga los trabajadores se incorporaron e
internalizaron la nueva medida de tiempo del trabajo industrial. Y con esto comenzará la lucha
por la reducción de la jornada laboral.
Frente a las resistencias ante las dificultades de acondicionamiento al nuevo tipo de trabajo se
forzó los trabajadores mediante un sistema de coacciones que organizaba el mercado de
trabajo y garantizaba la disciplina. También se obligaba a trabajar manteniendo bajos los
salarios y a través del pago por pieza productiva producidas lo que obligaba al trabajador a la
concurrencia cotidiana.
Pero también se disciplinó mediante formas más sutiles: la religión. El “metodismo”, de gran
difusión entre los sectores populares insistía particularmente en las virtudes disciplinadoras y el
carácter sagrado del trabajo duro y la pobreza. El metodismo por un lado disciplinó el trabajo.
Pero por otro lado proveyó de formas de asistencia a los que por enfermedad o diversos
problemas no podían trabajar. La teoría del “fondo salarial” consideraba que cuanto más bajo
fueran los salarios de los obreros más altas serían los beneficios patronales. El desarrollo
urbano de la primera mitad del siglo XIX fue un gran proceso de segregación que empujaba a
los trabajadores pobres a grandes concentraciones de miseria alejadas de las nuevas zonas
residenciales de la burguesía. Las condiciones de vida en esas concentraciones obreras el
hacinamiento la falta de servicios públicos favoreció la reaparición de epidemias como el cólera
y el tifus.
Frente a la nueva sociedad que conformaba el capitalismo industrial los trabajadores podían
adaptarse al sistema e intentar mejorar: para ingresar a la clase media. También podían
empobrecidos y enfrentados a una sociedad cuya lógica les resultaba incomprensible
desmoralizarse. Pero aún les queda otra salida: la rebelión punto la clase obrera fue “hecha”
por la industria pero también se hizo a sí misma en el proceso que permitió el pasaje de la
“conciencia de oficio” a la “conciencia de clase”.
En las últimas décadas del siglo XVIII la primera forma de lucha en contra de los nuevos
métodos de producción fue el “ludismo”. Cuando ya fue claro que la tecnología era un proceso
irreversible y que la destrucción de máquinas no iba a contener la tendencia a la
industrialización esta forma de lucha continuó empleándose como forma de expresión para
obtener aumentos salariales y disminución de la jornada de trabajo. Con las demandas,
también aparecieron reivindicaciones vinculadas con la política.
En 1799 comenzaron los movimientos que configuraban las primeras formas de lucha obrera.
En las primeras décadas del siglo XIX las demandas de los trabajadores de una democracia
política coincidieron con las aspiraciones de las nuevas clases medias a una mayor
participación en el poder político. Frente a un sistema en el que el sufragio era privilegio de las
clases propietarias que contaban con un determinado nivel de renta la lucha se centró en la
ampliación del sistema electoral. Durante estos años la intensa movilización permitió a los
trabajadores avanzar en el derecho de asociación. Comenzaron a surgir los sindicatos (Trade
Unions) culminando en 1830 con la formación de la Unión General de Protección del Trabajo. En
1838 la Asociación de Trabajadores de Londres confeccionó un programa que se llamó la Carta
del Pueblo: se exigía el derecho al sufragio universal idéntica división de los distritos electorales
dietas para los diputados entre otras peticiones. La política y la ideología se formaron bajo el
modelo de la Revolución Francesa.
Los orígenes de la revolución
¿Por qué esta Revolución ocurrió en la Francia del siglo 18? En primer lugar desde mediados del
siglo 18 se habían producido profundos cambios en el ámbito de las ideas y de las
concepciones del mundo. Los filósofos de la ilustración habían destronado a la teología: la
religión. El pensamiento se alejaba de lo sagrado para firmar sus contenidos laicos. Pero esta
separación ponía en tela de juicio las bases de la monarquía absoluta. La naturaleza divina del
poder real fundamentos de su legitimidad no era aceptada por los filósofos que propusieron una
nueva instancia del legitimación la opinión pública. Se creó la esfera pública de la política. Era
un espacio de discusión de comunicación y de intercambio de las ideas. La esfera pública no
reconocía por lo tanto las jerarquía sociales y las distinciones de órdenes sostenidas por el
Estado Absoluto. La “opinión pública” era la opinión de los hombres ilustrados era incluso la
opinión de los hombres de letras los hombres ilustrados eran era quienes debían erigirse en
representantes del pueblo. Dentro de la esfera pública se conformaba una nueva cultura
política que colocaba el centro de la autoridad no de las decisiones del monarca sino en una
opinión pública. La nueva cultura política reflejaba la crisis de legitimidad de la monarquía
absoluta que alcanzaba a amplios sectores sociales a los campesinos a las clases populares
urbanas.
Durante el siglo 18 Francia fue la principal rival económica de Inglaterra en el plano
internacional: había cuadriplicado su comercio exterior y contaba con un dinámico imperio
colonial. Francia era la más poderosa monarquía absoluta de Europa y no estaba dispuesta a
subordinar la política a la expansión económica. El conflicto entre los intereses del antiguo
régimen y el ascenso de nuevas formas sociales era más agudo en Francia que en cualquier
otra parte de Europa. La reacción feudal fue la chispa que encendió la revolución.
Las etapas de la revolución
La participación de Francia en la guerra de independencia de los Estados Unidos había
agravado los problemas financieros. Para sanear el déficit fiscal los ministros de Luis 16 habían
intentado el cobro de un impuesto general a todas las clases propietarias medida que afectaba
el tradicional privilegio de la nobleza. La revolución comenzó con la rebelión de la nobleza que
intentaba firmar sus privilegios frente a la monarquía. Pero los efectos fueron distintos a los
esperados.
Los estados generales aún recogían la visión de la sociedad expresada en el modelo de los tres
órdenes el clero la nobleza y los campesinos. Los dos primeros estados el clero y la nobleza
reunían a las órdenes privilegiadas como resultado el cambio social el tercer estado o Estado
llano incluía no solo a los campesinos sino a todos los grupos que carecían de privilegios:
burguesía mercantil y financiera artesanos manufactureros profesionales pequeños
comerciantes ricos arrendatarios jornaleros etcétera.
En mayo de 1789 los estados generales se reunieron en París. Ante la falta de acuerdos ante la
negativa de la corona de aceptar la reunión conjunta de los tres estados, el Estado Llano o
Tercer Estado auto-convocó en una Asamblea Nacional. Se propusieron redactar una
constitución que según el modelo que proporcionaba Inglaterra limitará el poder real.
La primera etapa de la Revolución (1789 y 1791)
Las intenciones de Luis XVI de disolver la asamblea nacional por la fuerza provocaron el
levantamiento popular que agudizó el proceso: el 14 de julio de 1789 la toma de la fortaleza de
la bastilla simbolizó la caída del absolutismo y el comienzo de un período de liberación. En
agosto de 1789 la Revolución obtuvo su manifiesto formal: la Asamblea aprobó la Declaración
de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. La Declaración se basaba en los principios de
libertad, igualdad y fraternidad, considerando el gran legado de la Revolución Francesa.
También se hacía necesario socavar otros de los fundamentos del antiguo régimen: las bases
del poder de la iglesia. A fines de 1789 se nacionalizaron los bienes del clero. En consecuencia,
se expropiaron las tierras eclesiásticas que se pusieron en venta con el objetivo también de dar
respaldo al asignado nuevo papel moneda. En julio de 1790 se dictaba la Constitución civil del
clero que colocaba a la iglesia bajo El poder del Estado: los obispos y los curas se
transformaban en funcionarios públicos. En octubre de 1789 una marcha de mujeres apoyada
por la Guardia Nacional se dirigió a Versalles y obligó al rey a refrendar los primeros decretos.
Ante esto muchos nobles comenzaron a elegir el camino del exilio.
En septiembre de 1791, se aprobaba la Constitución prolongada por la Declaración de los
Derechos del Hombre y del Ciudadano que establecía un sistema de monarquía limitada. El
poder monárquico quedaba controlado por una Asamblea Legislativa cuyos miembros debían
ser elegidos mediante un sufragio restringido derecho de los varones adultos propietarios.
La segunda etapa de la Revolución. La República jacobina (1792-1794)
Con el establecimiento de la monarquía limitadas sobre la base de una participación restringida
dentro del Tercer Estado pronto comenzaron a diferenciarse las distintas corrientes que se
agrupaban en distintas asociaciones o clubes políticos. Algunos de estos clubes como el de los
jacobinos estaban reservados a la élite política. Pero también los sectores populares más
radicalizados que abarcaban a artesanos y jornaleros y a pequeños propietarios de tiendas y
talleres, se agrupaban en sociedades que se reunían en los barrios de las ciudades con un
ideario democrático e igualitario.
Las distintas tendencias también se expresaron en la Asamblea Legislativa y quedaron
definidas por el lugar que ocupaban en el recinto de sesiones: en la “derecha” se agrupaban los
sectores más conservadores; en la “izquierda” los más radicales. Aparte en junio de 1791 Luis
16 junto con su familia había intentado huir para reunirse con los nobles exiliados en Austria. El
intento de huida y la intención del rey de unirse a los exiliados que completaban en contra de la
Revolución para restaurar el poder absoluto fueron percibidos como un acto de “traición a la
patria”.
Estaba también el peligro de la guerra. La Asamblea Legislativa declaró la guerra a Austria en
abril de 1792. El estallido de la guerra favoreció la radicalización del proceso. Mientras los
ejércitos enemigos se acercaban a la frontera y comenzaba a invadir el territorio se proclamó,
la “Patria está en peligro” mientras acudían a París los voluntarios de las provincias en defensa
de la Revolución. Se disolvió la asamblea legislativa y se la reemplazó por una convención
nacional elegida me dan mediante un sufragio universal. Se iniciaba así la segunda etapa de la
Revolución etapa en la que la guerra impuso su propia lógica.
La convención inició sus sesiones en septiembre de 1792 en medio de difíciles circunstancias:
la revolución parecía estar jaqueada desde adentro y desde afuera. Con el apoyo de los
sectores populares de París y controlando mecanismos claves de gobierno como el Comité de
Salvación Pública, los jacobinos lograron que todo el país fuese movilizado con medidas que
configuraban la guerra total. Las dificultades fueron muchas pero las noticias de los primeros
triunfos del ejército francés que había derrotado a los austriacos en la batalla de Valmy
(septiembre de 1792) permitían mantener el ardor revolucionario.
Los sectores más radicalizados se plantearon la necesidad de condenar a muerte al rey por su
acto de traición: Luis 16 fue ejecutado en la guillotina. En 1793 se había promulgado una nueva
constitución de carácter democrático que establecía el sufragio universal el derecho a la
insurrección y al trabajo la supresión de los Derechos feudales a un existentes y la abolición de
la esclavitud en las colonias. Pero está Constitución casi no tuvo vigencia. Su aplicación fue
suspendida por el mismo comité de salvación pública.
La tercera etapa de la Revolución. La difícil búsqueda de la estabilidad (1794-1799)
La República jacobina pudo mantenerse durante la época más difícil de la guerra pero hacia
mediados de 1794 la circunstancias habían cambiado: los ejércitos franceses habían derrotado
a los austriacos en Fleurus y ocupado Bélgica. En 1795 la convención daba por terminada sus
funciones y sancionaba la constitución del año 3 de la República punto la Constitución de 1795
restablecía el sufragio restringido a los ciudadanos propietarios. Al mismo tiempo se establecía
un poder legislativo bicameral y un poder ejecutivo, el Directorio, integrado por cinco
miembros. La mayor dificultad fue la de lograr la estabilidad política.
Era necesario encontrar la fórmula para no volver a caer en la República jacobina ni retornar el
antiguo régimen. El ejército se transformó de esta manera en el soporte del poder político. El
ejército se convirtió en una fuerza profesional de combatientes. Los grados y los ascensos no se
debían al privilegio ni al nacimiento sino que se debían al mérito transformado en la base de la
jerarquía de valores. Y uno de los militares de carrera Napoleón Bonaparte fue finalmente quien
puso fin a la revolución al mismo tiempo que institucionalizó sus logros.
Fin e institucionalización de la Revolución: Napoleón Bonaparte (1799-1815)
Con los ejércitos se expandían también algunos de los logros revolucionarios como el sistema
republicano ante el terror de las monarquías absolutas. Pero la guerra no solo fue un
enfrentamiento entre sistemas sociales y políticos sino que también fue el resultado de la
rivalidad de las dos naciones que buscaban establecer su hegemonía sobre Europa: Francia e
Inglaterra. En ese ejército revolucionario había hecho su carrera Napoleón Bonaparte. En 1976
el directorio le confió la campaña militar a Italia y en 1798 Bonaparte se propuso la conquista
de Egipto.
El sostenimiento de la guerra junto con las dificultades internas debilitó aún más al Directorio.
En noviembre de 1799 un golpe entregó el mando de la guarnición de París a Bonaparte. Poco
después se formaba un nuevo poder ejecutivo el consulado integrado por tres miembros. El
cargo de Primer Cónsul se otorgó a Napoleón Bonaparte que pudo ejercer un poder sin
contrapesos.
El sistema de napoleónico significó el fin de la agitación revolucionaria. En primer lugar se
restringió la participación popular. Se estableció un rígido sistema de control sobre la población.
Después de 1804 se encargó de eliminar todo asomo de protesta o disidencia. De este modo
mediante una centralización cada vez mayor del poder se envió toda radicalización que
condujera a la república jacobina. La iglesia francesa quedaba subordinada al Estado anulando
su potencial conflictivo.
Pero la obra más importante fue la redacción del “Código Napoleónico”. Allí se unificó la
legislación y se institucionalizaron principios revolucionarios como la anulación de los privilegios
sociales y la igualdad de todos los hombres frente al ley. El Código también se estableció en las
regiones y países ocupados expandiendo por Europa las bases de la Declaración de Derechos
del Hombre y del Ciudadano.
El sistema napoleónico también reorganizó la administración y las finanzas y creó hasta un
Banco Nacional el más potente símbolo de la estabilidad burguesa. La enseñanza pública se
reorganizó la Universidad que quedó responsable de todo lo referente a la instrucción y se
crearon los Liceos para la educación de los hijos de las “clases medias”. Y durante el período
napoleónico se creó la jerarquía de funcionarios públicos que constituía la base del
funcionamiento estatal. Se abrieron las “carreras” de la vida pública francesa. Quedó
establecido así un sistema de funcionamiento que ejerceré día gran influencia y que logró larga
perdurabilidad.
A comienzos de 1804,el descubrimiento de un complot permitió buena parte dar un paso más:
la instauración del Imperio punto se sancionaba la constitución del año 8 que establecía la
dignidad de “emperador de los franceses” para Napoleón se fijaba el carácter hereditario del
imperio y se echaban las bases de una organización autocrática descentralizada.
La constitución del imperio fue fundamentalmente el resultado de la política exterior
napoleónica. Napoleón había proclamado “Europa es una provincia del mundo…”. Dentro de
esa peculiar concepción de la unidad continental el imperio suponía la afirmación de la
supremacía francesa. En la lucha de Francia por la hegemonía europea Inglaterra fue el
enemigo inevitable. En la confrontación bélica ninguno de los dos países había conseguido
éxitos decisivos . De allí que la lucha se trasladará al terreno económico. El bloqueo marítimo y
el bloqueo continental eran los medios por los que Inglaterra y Francia intentaban asfixiarse
mutuamente. Para Napoleón el bloqueo continental presentaba un doble ventaja: no solo
aislaba a Inglaterra sino que subordinaba la economía del continente a las necesidades de
Francia.
Para Francia los efectos del bloqueo fueron graves: ruina de los puertos falta de algodón y sobre
todo la quiebra de los propietarios agrícolas que en los años de buenas cosechas no podían
exportar el excedente. La situación económica hizo crisis en 1811. Napoleón decidió dar un
vuelco decisivo a la guerra mediante una contundente acción militar: la invasión de Rusia en
1812.
Los resultados no fueron los esperados. Los rusos habían abandonado sus tierras destruyendo
todo lo que pudiera servir al invasor. El fracaso estimuló además el estallido de movimientos
nacionalistas en los países ocupados. El imperio Imperio napoleónico se encontraba en las
puertas de su fin. Las fuerzas aliadas derrotaron a Napoleón que fue confinado en la isla Elba en
1814. La ocupación de Francia por los aliados permitió la restauración de los borbones en el
trono de Francia. Las intenciones del monarca Luis 18 de retornar al antiguo régimen
permitieron que internamente se organizaron movimientos favorable a Napoleón . De este
modo, evadiendo su custodia Napoleón pudo apoderarse de París dispuesto a continuar la
guerra. Pero sólo logró mantenerse en el poder 100 días. En la batalla de Waterloo fue
derrotado por el ejército inglés.
El ciclo de las revoluciones burguesas
La caída de Napoleón llevó a la definición de un nuevo orden europeo tarea que quedó a cargo
de los vencedores: Gran Bretaña Rusia Austria y Prusia. En síntesis el nuevo orden Constitución
compromiso entre liberales y partidarios del antiguo régimen compromiso que no significó
equilibrio ya que como lo demostraron las reuniones del Congreso de Viena en 1815 el peso
predominante se volcó hacia las viejas tradiciones. El primer problema que tuvieron que
afrontar fue el de rehacer el mapa de Europa: el objetivo era consolidar y acrecentar
territorialmente a los vencedores y crear “estados tapones” que impidieran la expansión
francesa. Pero este mapa europeo dejó planteados problemas como la cuestión de la
“formación de las naciones” que frecuentemente reaparecerían a lo largo del siglo.
Las revoluciones de 1830. Las bases de la revoluciones: liberalismo, romanticismo,
nacionalismo
La cerrada concepción política que se intentaba imponer las intenciones de retornar al
absolutismo desató en la sociedad intensas resistencias. De este modo ante la “restauración”
se polarizaron los liberales que aspiraban imponer los principios revolucionarios. El panorama
se complejizaba además por los movimientos nacionalistas que surgían en aquellos países que
se sentían desechos u oprimidos por los repartos territoriales del Congreso de Viena.
En algunos lugares como en Italia y en Alemania el liberalismo confluyó con el nacionalismo ya
que expulsar a monarquías extranjeras o liberarse de los poderes autocráticos que dominaban.
Para luchar por estos principios surgieron sociedades secretas que adoptaron distintas formas
de reorganización y distintos nombres paréntesis (logias masónicas). Pero en todas partes su
característica fue la organización secreta una rígida disciplina y el propósito de llegar a la
violencia si era necesario para lograr sus objetivos.
Ya en torno a 1820 se dieron los primeros síntomas de que era imposible retornar al pasado
según el proyecto de la restauración absolutista. Los movimientos y también las ideas que lo
sustentaban (el liberalismo, el romanticismo, el nacionalismo) alcanzaban su madurez.
El liberalismo era una filosofía política orientada salvaguardar las libertades tanto las políticas
y económicas generales como las que debían gozar los individuos. Sostenían que las leyes del
mercado actúan como las leyes de la naturaleza que “una mano invisible” hacía coincidir los
objetivos individuales y los objetivos sociales. El estado debía limitarse a proteger los derechos
de los individuos. El liberalismo también se constituyó en un programa político: libertad e
igualdad civil protegidos por una Constitución escrita monarquía limitada sistema parlamentario
elecciones y partidos políticos eran las bases de los sistemas que apoyaban la burguesía liberal.
Este liberalismo en su época constituyó indudablemente una fuerza revolucionaria.
El rechazo al racionalismo analítico la exaltación de la “intuición” y de las viejas tradiciones
medievales se transformaron en las principales características del romanticismo. Las primeras
manifestaciones de esta nueva corriente fueron literarias y se advierten especialmente en
Inglaterra pero poco después se propagarán por toda Europa adquiriendo formas diversas. En
Francia el romanticismo constituyó originariamente un movimiento tradicionalista en reacción
contra la Revolución Francesa.
La exaltación del espíritu nacional y la búsqueda de sus orígenes permitió que el romanticismo
prendiera fuertemente en aquellos países que se consideraban desmembrados u oprimidos por
la dominación extranjera. Pese a las diferencias, ¿qué tenían en común los diversos exponentes
del romanticismo? El reemplazo de los mesurados modelos clásicos por un estilo apasionado y
desbordante la decisión de romper con los viejos moldes. En síntesis, era el desafiante rechazo
a todo lo que limitase el libre albedrío de los individuos. En este contexto, la época fue
favorable para los inicios del nacionalismo punto en muchos países europeos comenzaba
agitarse la idea de la nación. La cultura, raza o grupo étnico y espacio territorial confluían en la
idea de la nación. Se consideraba que el Estado debía coincidir con las fronteras étnicas y
lingüísticas y fundamentalmente se afirmaba el principio de la autodeterminación: el gobierno
dirigía a cada grupo “nacional” debía estar libre de cualquier instancia exterior.
Los movimientos revolucionarios de 1830
En Francia tras la caída de Napoleón los viejos sectores sociales y políticos los ultras habían
desencadenado una violenta reacción anti liberal intentando restaurar los principios del
absolutismo. Después de la muerte de Luis 18 en 1824. Su sucesor Carlos 10 desencadenó una
persecución contra todo lo que llevara el sello del liberalismo que provocó el desarrollo de una
posición fuertemente organizada. Cuando Carlos X, promulgó en julio de 1830 un conjunto de
medidas restrictivas sobre la prensa y el sistema electoral un levantamiento popular estalló en
París. Tras la abdicación del rey ante el temor de que la participación popular desembocará en
el retorno de la República jacobina los liberales más moderados se apresuraron a otorgar al
duque Luis Felipe de Orleans la corona de Francia: el “rey burgués”. El nuevo monarca recibía
su titularidad por la voluntad de los representantes del pueblo en ejercicio pleno de la
soberanía nacional. De este modo según los principios del liberalismo se volvía a instalar una
monarquía limitada sobre la base del sufragio restringido. Pero esto también significaba la
derrota definitiva de las aristocracias absolutistas.
Las nuevas bases revolucionarias: democracia y socialismo
Los movimientos de 1848 fueron básicamente en movimientos “democráticos”. Se comenzó a
reivindicar el derecho de voto para todos los ciudadanos: no había democracia sin sufragio
universal. En el mismo sentido se prefería hablar de soberanía popular en vez en lugar de
soberanía nacional. Según se observaba el término “nación” parecía referirse a una entidad
colectiva abstracta en la práctica esa soberanía era ejercida nada más que por una minoría. El
término “pueblo” en cambio subrayaba la totalidad de los individuos el pueblo al que invocaban
los revolucionarios del 48 era el conjunto de los ciudadanos y no una abstracción jurídica. Era
necesario también luchar por la reducción de las desigualdades en el orden social. Incluso ya
había comenzado a pronunciarse la palabra socialismo. Desde 1830 habían surgido
organizaciones de trabajadores. La mecanización de las industrias del algodón y la lana y
posteriormente la construcción de los ferrocarriles habían comenzado a conformar el núcleo
inicial de la clase obrera.
Los movimientos revolucionarios de 1848
Es cierto que las revoluciones estallaron en 1848 cuando la situación económica había
comenzado a estabilizarse pero la crisis al erosionar la autoridad y el crédito del Estado,
intensificó y sincronizó los descontentos preparando el terreno para la propaganda subversiva.
Las consecuencias de crisis se combinaban con el descontento político.
Durante dos días la muchedumbre se adueñó de las calles levantó barricadas en los barrios de
París y en la noche del 24 asaltó Tullerías. Ante el curso que habían tomado los
acontecimientos, Luis Felipe abdicó. Se proclamó la República y se estableció un Gobierno
provisional donde la se vislumbraba el compromiso entre todos los sectores que habían
participado en el levantamiento. En efecto, el gobierno estaba compuesto por republicanos
liberales, demócratas, socialistas e incluso por un representante de los obreros de París. Se
elaboró un programa que establecía el sufragio universal, la abolición de la esclavitud en las
colonias, la libertad de prensa y de reunión, la supresión de la pena de muerte. Pero también se
introdujeron los reclamos socialistas: derecho al trabajo, libertad de huelga, limitación de la
jornada laboral. Pronto comenzaron las dificultades. Quienes aspiraban a la república “social”
pronto fueron confrontados por quienes aspiraban a la república “liberal”. Las elecciones
demostraban el débil peso que aún tenía la república que los sentimientos monárquicos aún
tenían raíces vivas. Pero sobre todo demostraban el temor de los franceses a la república
“social”.
En síntesis el temor de la República social había llevado a la burguesía francesa a abrazar la
reacción. Las revoluciones del 48 significaron fundamentalmente el fin de la política tradicional
y demostraron que el liberalismo, la democracia política, el nacionalismo, las clases medias e
incluso las clases trabajadoras iban a ser protagonistas permanentes del panorama político.