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La Inmutabilidad de Dios.

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Tema: La Inmutabilidad de Dios.

Texto clave: Malaquías 3:6

“Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido


consumidos”.(RVR60)

»Porque yo, el Señor, no cambio. Por esta razón ustedes no han sido completamente
destruidos, porque mi misericordia dura para siempre, aunque ustedes sean tan volubles.
(Nueva Biblia Viva)

Introducción:

Nos adentraremos hoy a dos atributos naturales de Dios, que lo hacen Ser Dios y
lo es su esencia y es hablar de su: Inmutabilidad y su Omnipotencia.

INMUTABLE (Dios no cambia)

Hablar de inmutabilidad, estamos tomando un concepto teológico sobre Dios y


su esencia. Este atributo de Dios se ve reflejado en la Palabra de Dios, pero igual
en nuestros días. El mismo Dios que hablo con Noe, con Abraham, con Moisés y
aun con Juan en apocalipsis, es el mismo Dios que hoy sigue hablando, obrando
y trabajando en nosotros y alrededor de nosotros.

Dios no cambia, es decir, es INALTERABLE, ESTABLE y CONSTANTE en


todas sus acciones, pensamientos, sentimientos, palabras y determinaciones.

Todo en Él es Firme y permanece para siempre, por su perfección en su carácter


y atributos, este le permite revelarse como el Dios completo que no necesita
crecer más o decrecer, aumentar o disminuir, porque su inmutabilidad lo
mantiene constante y firme.

Veamos aspectos bíblicos de su inmutabilidad (apuntes tomados del libro


Conocimiento del Dios Santo J.I Parcker)

A. La vida de Dios no cambia.


La inmutabilidad de Dios significa que Él ha existido «siempre» (Sal 93:2),
Él es el «Rey eterno» (Jeremias 10:10), «inmortal» (Romanos 1:23), el «único
inmortal» (1 Timoteo 6:16). «Antes que los montes fueran engendrados, Y
nacieran la tierra y el mundo, Desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú
eres Dios» (Sal 90:2). La tierra y el cielo, dice el salmista, «perecerán, pero
Tú permaneces. Todos ellos como una vestidura se desgastarán, Como
vestido los cambiarás, y serán cambiados. Pero Tú eres el mismo, Y Tus
años no tendrán fin» (Sal 102:26-27). «Yo soy, Yo soy el primero y también
soy el último» (Isaías 48:12).

Existe para siempre; y nunca cambia. No envejece, no crece ni mengua. No


adquiere nuevos poderes, ni pierde los que tiene. No madura ni se
desarrolla. No aumenta en sabiduría ni en fuerza, ni se debilita con el paso
del tiempo. Nuestro Dios tiene “Vida indestructible” Hebreos 7:16

B. El carácter de Dios no cambia.

El carácter de Dios es hoy, y será siempre, exactamente lo que fue en los


tiempos bíblicos. En Éxodo 3, leemos que Dios anunció a Moisés Su
nombre diciendo: «YO SOY EL QUE SOY» (Éxodo 3:14), frase de la cual
YHVH (Yahvé, «el Señor») constituye una forma abreviada (Éxodo 3:15).
Este «nombre» no es una descripción de Dios, sino simplemente una
declaración de Su existencia autónoma y de Su eterna inmutabilidad; una
manera de recordarnos que Él tiene vida en Sí mismo, y que lo que es
ahora, lo es eternamente. El carácter moral de Dios no cambia. Por ello
Santiago, en un pasaje que se refiere a la bondad y la santidad de Dios, a
Su generosidad hacia los hombres y Su hostilidad contra el pecado, habla
acerca de Dios como Aquel en quien «no hay cambio ni sombra de
variación» (Santiago 1:17).

C. La Verdad de Dios no cambia.

Las palabras de los seres humanos son cosas inestables. Pero no es así con
las palabras de Dios. Permanecen para siempre, como inalterables
expresiones válidas de Su pensamiento. No hay circunstancias que lo
obliguen a retirarlas; no hay cambios en Su propia manera de pensar que
le exijan modificarlas. Isaías escribe:

«Que toda carne es como la hierba… Se seca la hierba… Pero la


palabra de nuestro Dios permanece para siempre» (Isaías 40:6-8).

El conocer a Dios como inmutable nos permite descansar y confiar


fielmente en El, que todo lo que hace es estable y firme para mi bien.
D. Los propósitos de Dios no cambian. (Números 23:19)
Arrepentirse significa revisar los juicios que hemos hecho y cambiar el
plan de acción. Salmos 33:11.

Lo que Dios hace en el tiempo, lo planifico desde la eternidad. Y todo lo


que planifico en la eternidad lo lleva a cabo en el tiempo. Cuando Dios
comienza a tratar a un hombre de un modo diferente esto no implica en
modo alguno un cambio en sus propósitos eternos. Ejemplo: José en
Egipto, Moisés en el desierto, David en el desierto.

E. El hijo de Dios no cambia. (Hebreos 13:8)

Jesús no cambia, sigue obrando, perdonando, sanando y dando a todos de


persona sin condición, como cuando camino entre nosotros. El Espíritu
Santo sigue siendo el mismo Espíritu Santo que descendió en pentecostés
y juntos siguen obrando para mostrarnos al Padre. Que confianza, que
consuelo tener a nuestros Dios Inmutable.

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