Marco Teórico
Marco Teórico
Al momento de estudiar las limitaciones de las teorías absolutas y relativas por separado llevaron al
surgimiento de las teorías mixtas. Estas sostienen que la pena tiene múltiples fines, combinando los
propósitos retributivos, de prevención general y de prevención especial. La pena es vista como una
herramienta pluridimensional que sirve tanto para reprimir el delito cometido como para prevenir futuros
actos criminales y, de manera crucial, para ser un instrumento de resocialización. En el contexto moderno,
esta teoría busca proteger a la sociedad y, al mismo tiempo, facilitar la reinserción social del condenado, lo
que se alinea con la idea de un Estado de Derecho que respeta la dignidad humana.
Por lo que, siento otra importante escuela tradicional, la teoría de la unión. Sus adeptos consideran
que la pena tiene más de un fin. Posé un criterio pluridimensional que es reprimir y prevenir (teorías mixtas,
teoría de la unión o teoría)1. Es, por así decirlo, una combinación do de los criterios que expuso hasta ahora.
Generalmente, el fin de la pena para la teoría de la unión, no posé un carácter de retribución, pero, también,
tiene fines preventivos, generales y especiales. Por tanto, consideran la retribución, la prevención especial y
Naturalmente, debe tenerse en cuenta que la cuestión de las teorías de la pena está en un
planteamiento dialéctico ideal (deber ser), es decir, ninguna de las teorías trata de la realidad social (ser), de
las desviaciones abarcadas por el derecho penal ejercido al margen de la ley como tortura, victimizaciones
por el derecho penal subterráneo, ejecuciones sin proceso, o sea, penas ilícitas ejercidas por el poder
punitivo.
HANS WELZEL (1993) identificaba que, en la práctica, no basta interpretar el sentido de la pena
como el mal merecido por la infracción culpable, cuando la ejecución de este mal aumentará la maldad del
En la actualidad, lo que se debe garantizar hoy día con la pena, dentro de una moderna concepción de
sus fines, es la corrección de los fallos sociales por medio de una ejecución resocializadora de carácter
1
FONT, Montserrat Andrea. Guía de estudio de penal parte general, enfoque finalista. Ciudad Autónoma de Buenos
Aires. Estudio, 2019, pg. 50.
2
WELZEL, Hans. Derecho penal alemán. Parte general. Ed.4. Traducción del alemán por los profesores Juan Bustos
Ramírez y Sergio Yáñez Pérez. Editorial Jurídica de Chile. Santiago, 1993, pg. 287.
preventivo especial. Esta es la verdadera misión del derecho penal, ser plurinacional, y el discurso jurídico-
penal debe formal y realmente, tener función reparadora de acuerdo con las necesidades político-criminales.
De modo más específico: el importante objeto de la política criminal es saber cómo proceder contra las
personas que violan las reglas básicas de convivencia social al dañar o poner en peligro otras personas o la
sociedad, por ejemplo, cuando el Estado debe efectivamente enfrentar una conducta ilícita de una persona.
Por lo tanto, no es el camino interpretativo correcto, defender la pena como simple castigo, expiación
o la cosificación del individuo sometido a la ofensa y humillación. Por consiguiente, el Estado pierde
democrática, al decir que la pena es retribución como respuesta del Estado ante la practica delictiva (función
de castigo) y también, es de igual modo, preventiva, sirviéndose para para impedir el cometimiento de más
delitos (función de utilidad). Por lo que, se busca con la pena alcanzar la concretización del jus puniendi del
Estado, al llevar a cabo el titulo ejecutivo judicial penal. Por otra parte, la idea de reinserción, es con medios
En las reflexiones que se siguen, hay una legítima preocupación con el legislador como lo
condenado, pero las respuestas reales a este problema han fallado. Tales cuestiones están planteadas muy
claramente por el derecho internacional, más precisamente por la Convención Americana sobre Derechos
Humanos (CADH) Y EL Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP), a cuyas cláusulas
Perú se encuentran sujeto. Así dispone el artículo 5.6 de la Convención Americana: “Las penas privativas
de la libertad tendrán como finalidad esencial la reforma y la readaptación social de los condenados.”
Existe una profunda tensión entre estas teorías, especialmente entre la finalidad resocializadora y la
realidad práctica de la ejecución penal. A pesar de que la ley peruana, en su Título Preliminar, establece
la ejecución penal, el sistema opera a menudo en un modelo de retribución o de prevención general negativa.
fundamental del sistema para cumplir su propio mandato legal, transformando la privación de libertad en un
simple encierro que no contribuye a la reinserción social. La "problemática" del interno, por lo tanto, no es
solo la violación de derechos, sino la incapacidad sistémica de las autoridades para cumplir el fin
constitucional y legal de la pena. En este punto, es necesario recurrir al Derecho Penal, a efectos de entender
Podemos empezar definiendo lo que se denomina la justificación de la pena señalando que esta ha
sido enfocada desde tres planos: Un plano político, estatal, otro social, psicológico y un tercer plano éticos
individual.
El primer plano o la justificación de tipo “político –estatal de la pena” radica en que la pena “es necesaria
para la conservación del Ordenamiento jurídico como condición básica para la convivencia de las personas
en la comunidad. Sin la pena el Derecho dejaría de ser un Ordenamiento coactivo para quedar reducido a
normas puramente éticas. Como expresión del poder estatal la pena pertenece a toda comunidad fundada
En cuanto a la justificación de tipo “social-psicológica de la pena”, se dice que “la pena es necesaria para
satisfacer la necesidad de justicia de la comunidad” 5 . Sobre esto, consideramos que este tipo de justificación
nos plantea la necesidad de que el ciudadano sienta que el Estado responde y reacciona frente al delito que
señalar que esta apunta al sujeto que ha delinquido, es decir, a la necesidad del sujeto “de liberarse de
culpabilidad a través de la expiación. Procurar, la posibilidad de una expiación como prestación moral
autónoma es por ello una misión legítima del Estado, aún cundo la mayoría de los delincuentes rehúsa el
de carácter ético – social que se realiza al autor por la comisión culpable de una infracción jurídica” 6.
Tal como hemos señalado líneas arriba, el Derecho Penal es una rama de la cual no podemos
prescindir.
En lo que respecta a esta parte del trabajo, nos parece importante señalar que el Derecho Penal ha
elaborado tres teorías a fin de interpretar y entender el sentido de la pena, tema principal a abordar, a fin de
poder establecer si la resocialización además de ser una finalidad del régimen penitenciario, también lo es de
la pena.
Sin embargo, antes de presentar de manera general las tres teorías existentes en materia del sentido
de la pena, nos parece indispensable abordar de manera un poco más específica la mirada constitucional que
podemos otorgarle al Derecho Penal y en la función que esta área del Derecho cumple, a fin de respetar los
individuo y la comunidad.
De este modo, resulta interesante señalar que “el Derecho Penal está dado, a menudo, para hacer
operativos los valores que son objeto, a su vez, de los derechos fundamentales. Dicho en otros términos: si
se le pregunta sobre el sentido y el fin de las leyes penales admisibles constitucionalmente, y para definir los
límites admisibles para los derechos fundamentales se debe razonar de ese modo- se puede demostrar sin
duda que el fin que se propone realizar el Derecho penal no solamente no es contrario a los derechos
fundamentales, sino que opera a favor de estos y por eso también a favor del individuo mismo”7
Esta mirada proporcionada por Haberle sobre el Derecho Penal y su relación con los derechos
fundamentales nos parece vital para el tema que estamos trabajando, pues de alguna manera las limitaciones
que el Derecho Penal, o incluso, desde nuestro punto de vista, el Derecho penitenciario- ejerce sobre
determinados derechos fundamentales de las personas privadas de libertad, tiene justificación, o al menos,
trata de encontrarla gracias a la función que el Derecho Penal procura cumplir a la luz de la Constitución.
6
Haberle, Peter. La libertad fundamental en el Estado Constitucional. Lima: PUCP. 1997. p. 79.
7
Haberle, Peter. La libertad fundamental en el Estado Constitucional. Lima: PUCP. 1997. p. 80.
Pues, tal como lo señala el propio Haberle, “el Derecho Penal adquiere un elevado nivel de legitimación
partiendo justamente de la idea misma de los derechos fundamentales. De ese modo, el Derecho penal y el
Derecho procesal penal se ubican en una situación conexa a la libertad (moral), a la cual refuerzan,
circunscriben y “actúan”. El Derecho penal aparece entonces como la consecuencia misma de las libertades
constitucionales”8.
Incluso, podemos señalar que “si se analizan los derechos fundamentales y el Derecho penal en
vigor, se demuestra fácilmente que todos los derechos fundamentales resultan estar determinados por
normas penales, las cuales pueden ser justiciadas tan sólo si son consideradas como instrumentales para la
Bajo este marco, podemos pasar al tema referido a las teorías que buscan explicar el sentido de la
pena. Así, la primera teoría es la denominada Teoría Absoluta en palabras de Weigend, Thomas y Jescheck,
Hans – Heinrich o también llamada Teoría de la retribución según Santiago Mir Puig.
Esta primera teoría alude a “la necesidad de asignarle a la pena “la función de retribución exigida por
la Justicia por la comisión de un delito. Responde a que el mal no debe quedar sin castigo y el culpable debe
encontrar en él su merecido”10. En este sentido, la teoría absoluta de la pena “centra el motivo jurídico y el
sentido de la pena sólo en la retribución, en cuya virtud debe hacerse justicia con el culpable por la comisión
de su hecho. La pena queda liberada de cualquier consideración finalística y aparece sencillamente como la
imposición querida de un mal dirigida a la compensación por la comisión de una infracción jurídica
culpable”11
Cuya finalidad de la pena si nos vamos a la jurisprudencia del TC, quedando expuesto ya líneas
arriba, queda claro que hoy en día la finalidad de la pena es enfocada a la luz de las teorías relativas.
misma manera en el régimen penitenciario que en la pena, observar la manera en que la jurisprudencia de
8
Haberle, Peter. La libertad fundamental en el Estado Constitucional. Lima: PUCP. 1997. p. 80
9
Haberle, Peter. La libertad fundamental en el Estado Constitucional. Lima: PUCP. 1997. p. 92-93.
10
Mir Puig, Santiago. Derecho Penal: Parte General. Barcelona. Editorial Reppertor. 2002. pág. 83.
11
Jescheck, Hans – Heinrich y Weigend, Thomas. Tratado de Derecho Penal. Parte General. Traducción de Miguel
Olmedo Cardenete. Granada. Editorial Comares. 2002. p. 75.
nuestro Tribunal Constitucional ha recogido las teorías de la pena y así, señalar cuál es la teoría que ha
señala que “al margen de la ardua polémica sobre el tema de los fines de la pena, es claro que nuestro
consagrar el principio según el cual, el “régimen penitenciario tiene por objeto la reeducación, rehabilitación
y reincorporación del penado a la sociedad”, en armonía con el artículo 10.3 del Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos, que señala que “el régimen penitenciario consistirá en un tratamiento cuya
En este sentido, el Tribunal Constitucional en esta misma sentencia hace referencia al carácter
rehabilitador de la pena indicando que “el carácter rehabilitador de la pena tiene la función de formar al
interno en el uso responsable de su libertad. No la de imponerle una determinada cosmovisión del mundo ni
un conjunto de valores que, a lo mejor, puede no compartir. Pero, en cualquier caso, nunca le puede ser
negada la esperanza de poderse insertar en la vida comunitaria. Y es que al lado del elemento retributivo,
ínsito a toda pena, siempre debe encontrarse latente la esperanza de que el penado algún día pueda recobrar
su libertad. El internamiento en un centro carcelario de por vida, sin que la pena tenga un límite temporal,
Líneas más adelante, en la misma sentencia, el Tribunal al referirse a las penas privativas de la
libertad señala que “la justificación de las penas privativas de libertad es, en definitiva, proteger a la
sociedad contra el delito. Tal protección sólo puede tener sentido, “si se aprovecha el periodo de privación
de libertad para lograr, en lo posible, que el delincuente una vez liberado no solamente quiera respetar la ley
Si bien los términos a menudo se usan indistintamente, existe una diferencia conceptual relevante.
Los derechos humanos son inherentes a la persona por su simple condición de ser humano, son universales y
12
Exp. N° 010-2002-AI/TC. Fundamento Jurídico Nº 179.
13
Exp. N° 010-2002-AI/TC. Fundamento Jurídico Nº 188.
14
Exp. N° 010-2002-AI/TC. Fundamento Jurídico Nº 208.
se encuentran en tratados internacionales. Por su parte, los derechos fundamentales son aquellos que han
de derechos fundamentales, lo que permite la protección de derechos de naturaleza análoga que no estén
1.1. Fundamento
El derecho ha sido explicado desde dos grandes corrientes filosóficas: el positivismo, que
fundamenta los derechos en normas creadas por la autoridad, y el iusnaturalismo, que sostiene que existen
normas universales de justicia que sirven de base al derecho positivo. Para este último, los derechos
humanos no dependen solo del reconocimiento jurídico, sino de principios morales como la dignidad y la
igualdad, aunque su eficacia real exige su positivización. Así, los derechos humanos, al convertirse en
derechos fundamentales, dejan de ser simples exigencias morales para transformarse en derechos jurídicos
ejercitables.
Bulygin sostiene que los derechos humanos pueden entenderse como reclamos morales, pero solo
asegura su respeto y exigibilidad 15. Aunque la dignidad y la igualdad son valores centrales, se reconoce que
La doctrina ha debatido si los derechos humanos deben considerarse principios, valores o reglas. En
- Los principios son normas jurídicas con carácter deóntico y función integradora,
15
Esta distinción se atribuye principalmente a Dworkin y a Alexy, y se hace en función de la forma de aplicación de dos
tipos de normas jurídicas, las reglas cuya aplicación es estricta, y los principios que pueden ser aplicados en grados diferenciados.
Ronald Dworkin, Taking Rights Seriously. Cambridge, Mass., Harvard University Press, 1978, pp. 22 y ss., y Robert Alexy,
Teoría de los derechos fundamenta les, trad. de Manuel Atienza e Isabel Espejo. Madrid, Centro de Estudios Constitucionales,
1993, pgs. 81 y ss
En la práctica, tanto principios como reglas son normas jurídicas, pero difieren en su operatividad:
los principios permiten soluciones ponderadas ante conflictos, mientras las reglas imponen soluciones
cerradas. Alexy denomina a los principios “mandatos de optimización”, lo que implica que la autoridad debe
fundamentales efectivos, pues solo así trascienden de aspiraciones morales a realidades jurídicas, capaces de
El positivismo, según Bobbio16, puede entenderse en tres dimensiones: como método (separación
entre derecho y moral), como ideología (deber de obedecer el derecho sin importar su contenido) y como
teoría (conjunto de tesis sobre la naturaleza del derecho). Entre sus postulados destacan: el derecho proviene
solo de la autoridad competente, constituye un sistema cerrado y coherente, y los jueces deben aplicarlo sin
De manera sintetizada, el positivismo sostiene que: solo el derecho positivo es derecho, que existe
una separación entre el “ser” y el “deber ser” 17, y que las normas carecen de valor de verdad. Desde esta
perspectiva, los derechos humanos, cuando son positivizados, pasan de ser meras aspiraciones a derechos
exigibles, pues las normas jurídicas tienen carácter prescriptivo y coercible, dependiendo además de límites,
Dentro del positivismo se distinguen dos tesis: la normativista, que concibe al derecho únicamente
como normas jurídicas emitidas por autoridad competente, y el formalismo, que reduce la función judicial a
aplicar las normas mediante subsunción, aunque esta visión es incompleta, pues también corresponde
interpretar e integrar el sistema jurídico. Asimismo, para el positivismo, la validez de una norma se
16
El positivismo jurídico, trad. de Rafael de Asís y A. Greppi. Madrid, Debate, 1993, p. 147.
17
Para Juan Ruiz Manero la diferencia no radica en la mayor generalidad de los principios, como sostienen muchos otros
autores, sino en que “las reglas se configuran de forma cerrada tanto en el supuesto de hecho como en la conducta calificada
deónticamente en la solución”, lo cual coincide con la fórmula relativa a su aplicación como de “todo o nada” de Dworkin,
mientras que los principios “configuran de forma abierta su supuesto de hecho y, de forma cerrada, la conducta calificada
deónticamente”, lo cual, como se puede ver, no implica, como a muchos les gusta afirmar, que los principios carecen de sanción.
“Principios jurídicos”, en Ernesto Garzón Valdés y Francisco J. Laporta, eds., El derecho y la justicia. Madrid, Trotta, 1996, vol.
II, p. 153. (Enciclopedia Iberoamericana de Filosofía, 11)
El objetivo de positivizar un derecho es conferirle una protección reforzada gracias a la coactividad
del derecho y a las instituciones que lo garantizan. Como señaló Kelsen 18, la coacción constituye el rasgo
distintivo del derecho. Los derechos fundamentales, en cuanto derechos positivos de máximo nivel, implican
tanto obligaciones activas (acciones estatales para garantizar su disfrute) como pasivas (abstención de
Si los derechos fundamentales y los derechos humanos constituyen categorías distintas, y si una
conceptualización diferenciada se justifica, es una pregunta que aún puede considerarse como relevante.
Asimismo, es posible plantearse si desde el punto de vista histórico y científico los derechos fundamentales
de ben considerarse como antecedentes de los humanos. Por otra parte, si efectivamente constituyen tipos
Muchos autores han intentado encontrar la diferencia entre estas dos categorías en su estructura, por
lo que asimilan los derechos humanos a los principios en virtud de su generalidad y los derechos
fundamentales a las normas jurídicas. Esto trae consigo más confusiones que respuestas, ya que ambos
establecen una forma de deber ser y en mi opinión tienen la misma estructura lógica: un supuesto de hecho,
una cópula y una sanción, esto es, derechos y obligaciones.20 La diferencia radica más bien en la posibilidad
de exigir el respeto de la consecuencia jurídica, lo que hace notorio que la diferencia más que referirse a la
Los derechos de las personas ante sus iguales o ante la autoridad reflejan la evolución misma del ser
humano en sociedad. Por ello es que para poder intentar desentrañar la naturaleza de los derechos humanos
18
Hans Kelsen, Reine Rechtslehre. Darmstadt, Scientia Verlag Aalen, 1934; Teoría pura del derecho, 2a. ed., trad. de
Roberto J. Vernengo. México, Porrúa, 2000, pp. 70 y ss.; Teoría general del derecho y del Estado, trad. de Eduardo García
Máynez. México, UNAM, 1988, capítulo II
19
Ésta es la estructura comúnmente aceptada en la cual la cópula es una forma de deber ser y la sanción no es
necesariamente un acto coactivo, sino simplemente alguna consecuencia jurídica. Cfr. Rupert Schreiber, Die Geltung von
Rechtsnormen. Berlín / Heidelberg / Nueva York, Springer Verlag, 1966,
20
Con anterioridad intenté ya esbozar la distinción entre derechos fundamentales y derechos huma nos, ya que no
solamente considero que constituyen dos categorías distintas, sino que es importante que sus esferas de acción sean
independientes. Vid. “Derechos humanos y Constitución”, en Los derechos humanos frente al nuevo milenio. Tuxtla Gutiérrez,
Comisión Estatal de Derechos Humanos, 1998, pp. 37-56, así como en “La estructura jurídica del derecho a la no discriminación”,
en Carlos de la Torre Martínez, coord., Derecho a la no discriminación. México, UNAM, 2006, pp. 185-204.
es preciso hacer una distinción entre éstos y los derechos fundamentales, la cual radica principalmente en
Los derechos humanos, conforme a la tradición iusnaturalista, son aquellos que las personas tienen
por el simple hecho de serlo, pues son correlativos a su ser, por lo mismo, se califican de inherentes.21 Se
podría decir que son los derechos que todo individuo debe reconocer para sí y para otro, para permitir un
Si se admite esta postura, entonces se sostiene que los derechos humanos han existido siempre y los
producto histórico y cultural. Lo cual explicaría su variada protección por los sistemas jurídicos tanto en sus
contenidos, como en sus formas. Sin embargo, el origen de los derechos humanos parece encontrarse en
conquistas históricas frente a la propia humanidad, más que ser algo universal e inmanente, y su existencia
internacional o en el nacional vale la pena preguntar se cuál es la fuente en la que deben ser regulados: ¿la
ley o la Constitución? En principio los derechos humanos como derecho positivo tienen su origen en los
los derechos humanos ha llevado a muchos sistemas jurídicos a incluir los derechos humanos en sus
Constituciones o a elevar a rango de ley fundamental los tratados celebrados una vez que éstos pasan a
La relevancia del cambio de fuente radica en la posibilidad para el derecho nacional de regular con
mayor precisión estos derechos y conferirles una mayor protección a través del sistema local de impartición
de justicia. Por lo que, si un sistema jurídico prevé en su Constitución derechos fundamentales, solamente
tendría que revisar esta lista y agregar los derechos humanos que no se encuentran ya previstos, o
modificarlos para que sean coherentes. Incluir un mismo derecho dos veces con el mismo rango y eficacia
podría traducirse en una duplicación de normas que puede producir conflictos entre los enunciados
21
Dicha naturaleza del ser humano puede referirse al derecho natural clásico con sus antecedentes en Aristóteles y Tomás
de Aquino, o bien a un derecho natural racional moderno. El problema es la identificación de lo “humano” bajo un criterio común
y objetivo.
normativos que los prevén. Esto puede acarrear más problemas que soluciones, ya que no sólo no puede
incrementar la protección de los derechos de los individuos, sino por el contrario, puede tener por efecto una
mayor incertidumbre jurídica. Mientras que, si los derechos humanos se mantienen y preservan de manera
independiente, formando parte del tratado que los prevé, permanecen inalterables y se encontrarían fuera del
alcance del legislador, a diferencia de aquellos que se encuentran previstos en la Constitución y pueden ser
Desde esta perspectiva es posible preguntarse si el cambio de fuente vale la pena tan sólo para
proporcionar a los derechos humanos otras formas legales de protección, como sería el amparo, en el caso
del derecho mexicano, o si más bien procede actualizar el catálogo de derechos fundamentales para ampliar
los e incluir los derechos humanos no previstos, preservando a la vez los trata dos internacionales celebrados
Para diferenciar estas categorías de derechos, en general se hace una comparación relativa a su
De conformidad con lo señalado por los expertos en la materia, los derechos humanos proceden del
ámbito de la axiología, dado que los valores tienen su origen en la persona; su fundamento de hecho es la
naturaleza “humana” de la persona. Este tipo de derechos no produce efectos jurídicos (s.s.), salvo cuando
son incluidos en el sistema jurídico positivo. Se consideran como individuales, propios de la persona,
innatos, imprescriptibles, irrenunciables, inviolables e inalienables. A los derechos humanos se atribuye las
derechos universales, en el sentido de que pertenecen a todos los individuos. La protección jurídica de los
derechos humanos frente a los Estados se efectúa principalmente ante los organismos internacionales
competentes que se encuentran regulados por el derecho internacional. Dado que su formulación es muy
general, resultan ser vagos, lo cual dificulta su protección. El respeto de estos derechos no es coercible,
sobre todo porque los organismos internacionales carecen de medios coactivos para hacer eficaces sus
forma que su fundamento es la norma jurídica, por lo que su fuente es la voluntad de la autoridad
competente para crear dichas normas. Producen efectos jurídicos, ya sean derechos u obligaciones e incluso
derechos de acción, y tienen todas las consecuencias jurídicas que el sistema jurídico les atribuya. Existen a
partir de su otorgamiento por el sistema jurídico, y son asegurados por los medios de control de su ejercicio
que el mismo establece como garantía frente a los abusos por parte de la autoridad. Sus límites se encuentran
oponibles erga omnes, y operan en primera instancia como obligaciones de abstención por parte del Estado.
Su formulación también es general, pero delimitada por las restricciones a su ejercicio que el derecho prevé
Finalmente, si la diferencia entre derechos fundamentales y derechos humanos que los convierten en
dos categorías distintas radicara exclusivamente en la positivación de los derechos, cabría preguntarse en
qué medida subsiste la diferencia después de incorporarse los derechos humanos al sistema jurídico
nacional, e incluso, si la diferencia debe persistir estableciendo medios de con trol diferenciados. La otra
opción es suprimir del derecho interno el concepto de derecho humano, para asimilarlo en función y alcance
Se podría hablar de derechos de las personas ya desde tiempos de Hamurabi, aun cuando su código
prevé más bien obligaciones de respeto y sanciones a quienes las contravienen. Por ello es que la doctrina
considera como antecedentes de los derechos fundamentales las declaraciones de derechos americanas del
siglo XVIII, la primera en 1776. Estas declaraciones, a su vez, tienen como antecedentes la Carta Magna de
Juan sin Tierra de 1215, la Ley de Habeas Corpus de 1679 y el Bill of Rights de 1688, que se refieren a la
regulación contractual y legal de los derechos burgueses. No obstante, en ninguno de estos casos se puede
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano atribuye por primera vez el carácter
material de derechos supremos a los previstos en un documento jurídico-político. De esta forma se positiviza
el reconocimiento de los derechos del individuo frente al Estado. El primer catálogo de derechos
fundamentales se prevé en México en la Constitución de 1857, la cual reconoce derechos a los individuos y
les atribuye un medio jurídico especial de protección, el juicio de amparo, por lo cual son considerados
como garantías individuales. La Constitución vigente retoma el modelo de protección y amplía el catálogo
Algunos autores han planteado la cuestión formal sobre la existencia de los derechos fundamentales
en el sistema jurídico mexicano, dado que su primer capítulo se denomina “de las garantías individuales”. 22
Adoptar una postura semejante implica, por una parte, que la denominación del objeto determina su
naturaleza, y por la otra, que su fundamentalidad no radica en el contenido de los derechos ni en su fuente.
Por lo que la discusión carece de sentido, ya que es posible identificar un capítulo en la Constitución que
refiere derechos de las personas y las limitaciones de su ejercicio, en virtud de lo cual, y por su rango, deben
ser calificados como derechos fundamentales en sentido estricto. Tanto la práctica como la doctrina en
México emplean los términos garantías individuales y derechos fundamentales como sinónimos para
referirse a los derechos de las personas que han sido positivados y garantizados por la Constitución, y aun
cuando no son todos constituyen meros derechos individuales, es válida la equiparación mientras el sistema
constitucional, es más, hay quienes consideran que no constituyen categorías distintas, e incluso los
identifican con los derechos humanos.23 Los derechos constitucionales son todos aquellos previstos en la
Constitución, en consecuencia, el criterio formal es suficiente para su identificación. De tal forma que se
puede afirmar que todos los derechos fundamentales son derechos constitucionales, pero no es válido
sostener que todos los derechos constitucionales son fundamentales. Esto es así porque los derechos
fundamentales no pueden ser identificados por un criterio formal exclusivamente, sino que requieren de un
22
Sobre las garantías individuales, su origen y el significado del concepto, vid. Ignacio Burgoa, Las garantías
individuales. México, Porrúa, 1982, capítulo segundo
23
Cabría evaluar cuáles son las consecuencias de ello, sobre todo respecto del nivel de protección, como por ejemplo
ampliar la procedencia del amparo para la protección de toda la Constitución y de los tratados internacionales con esos contenidos.
Los derechos fundamentales pueden ser considerados como tales en virtud de su fuente, caso en el
cual si se encuentran previstos en la Norma Suprema de un sistema jurídico, esto es, en la Norma
Fundamental o Constitución de un Estado, adquieren el rango supremo en el catálogo de los derechos de las
personas. No obstante, esto no basta, pues deben ser considerados como fundamentales en virtud de su
contenido, por conformar la esfera básica de acción del individuo. El problema radica en que la
“fundamentalidad” de los derechos no es una propiedad uniforme u objetiva, sino que se determina histórica
Una teoría de los derechos fundamentales de la Constitución es, como señala Alexy, una teoría de
determinados derechos fundamentales positivamente válidos. Por ello es que para entender la estructura y
función de este tipo de derecho se hace referencia a los derechos fundamentales previstos en la Norma
Suprema.
de la naturaleza humana, entonces sería aceptable asimilarlos a los derechos humanos. Si en cambio se
fundamentan conforme a la perspectiva positivista, entonces pueden ser distinguidos, al menos formalmente.
Los derechos humanos se identifican por su vinculación al derecho internacional, y los fundamentales por su
reconocimiento por el derecho interno y su ubicación en la Norma Suprema. En este sentido es posible
sostener que los derechos fundamentales y los derechos humanos constituyen dos categorías distintas.
derecho fundamental. Son derechos fundamentales los con tenidos regulados como debidos por la
Constitución con dicho carácter. En con secuencia, es la fuente, su rango y denominación o identificación
como tales, lo que les brinda su carácter fundamental. Su estructura y función van aparejadas a su
calificación. Como norma tienen la misma estructura de cualquier otra norma, vinculan una acción a una
forma de deber ser. El enunciado normativo que expresa un derecho fundamental también posee la misma
forma ideal o lógica que los demás enunciados normativos completos, esto es, un supuesto de hecho, la
cópula que opera como nexo atributivo y la sanción, entendida como consecuencia jurídica, esto es,
derechos u obligaciones.
De los derechos fundamentales derivan derechos subjetivos que en los sistemas jurídicos
contemporáneos generalmente se encuentran enlazados con derechos de acción para su garantía o defensa.
El sistema de protección normalmente funciona por excepción, cuando el ejercicio del derecho es impedido
o limitado.
Se puede decir que existen distintos tipos de derechos fundamentales, dado que no todos operan de la
misma forma. De tal manera que se habla de los que constituyen libertades, los que atribuyen facultades, los
que confieren derechos de prestación y los que constituyen barreras a la invasión o intervención en la esfera
dividir en tres grupos básicos: libertades, facultades y derechos a algo. Por su contenido, estos últimos
pueden distinguir se en derechos a una acción (positiva, de dar o hacer, o negativa) o a una abstención, como
posiciones jurídicas. Los derechos a una acción negativa son, por ejemplo, la obligación del Estado de no
difundir datos personales. Los derechos a una acción positiva pueden ser derechos a acciones positivas
Tanto los derechos humanos como los fundamentales pertenecen a la misma clase, esto es, a los
derechos, su diferencia específica los califica y distingue, por lo que procede analizar su estructura formal
como normas que establecen un deber para encontrar la diferencia. La distinción como se verá no se
encuentra en la forma ideal de la norma, sino en su pertenencia a un sistema jurídico, ya que mediante la
vinculación del derecho a una norma coercitiva es posible exigir la conducta regulada.
Según la teoría clásica, los derechos se encuentran, en general, en una relación bilateral entre dos
personas, frente a todo derecho existe una obligación. 24 Considerar que para poder ejercer una potestad o
reclamar una expectativa basta con decir que tenemos el derecho, y sostener que los derechos humanos no
requieren de una obligación correlativa para su ejercicio, es un tanto ingenuo. Para la norma jurídica, la
relación bilateral que se establece entre el titular del derecho y el sujeto obligado se encuentra vinculada a
entender como la autorización otorgada por una norma a un sujeto para exigir la realización de una conducta
o su abstención. No puede entenderse como un simple permiso, pues está asociado a la obligación de un
tercero.25 Los sujetos de la relación jurídica son dos: el titular del derecho que siempre es una persona
En el caso de los derechos humanos el titular de la obligación es el Estado o autoridad específica que
se obliga en el instrumento jurídico sea de derecho in terno o internacional, que abarca tanto al legislador,
como a los órganos aplica dores, sean administrativos o judiciales. Estos derechos se ejercen en primera
instancia frente a la autoridad, y en este sentido se parecen mucho a los derechos fundamentales en su
concepción tradicional, pero los derechos humanos, como derechos de la persona, deben considerarse
exigibles también frente a los particulares. Uno de los aspectos más importantes en la práctica es la
obligatoriedad de los derechos, la cual constituye la principal diferencia entre los derechos funda mentales y
los humanos. Según la teoría del derecho actual el derecho posee ciertas características derivadas de su
naturaleza, como son la exterioridad, la bilateralidad, la coercibilidad y la heteronomía. Estas últimas tres
estructura del derecho como sistema normativo, dado que la fuente de la obligatoriedad de las normas
jurídicas, así como la posibilidad de su ejecución, se encuentran fuera del sujeto regulado. La bilateralidad
debe ser entendida, como la correlatividad de todo derecho con una obligación, esta correspondencia se
traduce en una garantía del ejercicio del derecho, ya que en caso de interferencia se podrá exigir su respeto
obligación, es un elemento característico propio del derecho positivo. Vale la pena aclarar que la coacción
no es una propiedad de las normas, sino del sistema jurídico. La obligatoriedad del derecho que deriva de la
coercibilidad, se encuentra estrechamente vinculada a la unidad del sistema jurídico, ya que concebir así al
sistema hace posible la relación entre las normas. Es por ello que en un sistema jurídico cada norma se
encuentra vinculada, de un modo más o menos directo a un acto coactivo. Este hecho que Kelsen explica
25
Bidart Campos considera, sin embargo, que existe una prelación del derecho frente a la obligación correlativa mediante
la cual se fortalece la estimativa axiológica en la que se sostienen los derechos humanos. Germán Bidart Campos, Teoría general
de los derechos humanos. México, UNAM, Instituto de Investigaciones Jurídicas, 1993, p. 12.
con la tesis de la norma “no independiente” 26 permite distinguir a los derechos fundamentales que pueden
ser exigidos, de los derechos humanos cuyo sistema de protección internacional carece de una institución
La eficacia de las normas jurídicas, al igual que la de los derechos fundamentales y humanos,
depende en gran medida de que en un sistema jurídico se incluyan normas que prescriban actos coactivos, ya
Tanto la bilateralidad como la coercibilidad refuerzan el carácter obligatorio del derecho, ya que el
respeto de los derechos no puede radicar exclusivamente en la voluntad de las personas. Si las personas se
respetaran de manera natural y voluntaria resultaría superfluo el derecho, 27 y por lo mismo distinguir
El régimen penitenciario se define como el conjunto de normas y medidas que buscan establecer una
retención, custodia y el éxito del tratamiento de los reclusos. En contraste, el tratamiento penitenciario es la
acción dirigida a modificar la conducta del interno para que se adapte a los fines de la pena y se reincorpore
a la sociedad. Es crucial entender que, según la normativa, el régimen es un medio para alcanzar el
Cuyo régimen penitenciario conlleva contenido constitucional y elementos rectores que por
consiguiente paso a explicar. De acuerdo a lo señalado en el punto anterior, tener claro el contenido
constitucional de lo que se denomina “régimen penitenciario” es sustancial a fin de poder observar en los
26
De conformidad con esta tesis, los enunciados normativos, aun aquellos que no prevean una sanción coactiva, pueden
ser considerados como normas jurídicas en sentido estricto, por estar conectados a otros que sí la prevén. Sobre esta
diferenciación, vid. Hans Kelsen, Teoría pura del derecho, pags. 67-70.
27
Joseph Raz se expresa en este mismo sentido en Razón práctica y normas (trad. de Juan Ruiz Manero, Madrid, Centro
de Estudios Constitucionales, 1991, pp.184-187), y sobre la obligatoriedad del derecho en La autoridad del derecho; ensayos sobre
moral y derecho (2a. ed., trad. de Rolando Tamayo y Salmorán. México, UNAM, 1985, capítulos XII y XIII).
capítulos posteriores si el régimen de vida y la limitación impuesta al ejercicio de ciertos derechos
En nuestro ordenamiento, tal como ya hemos indicado la Constitución Política señala en el artículo
139 inciso 22 que “el régimen penitenciario tiene por objeto la reeducación, rehabilitación y reincorporación
del penado a la sociedad”, siendo estos tres elementos los pilares o principios orientadores de la estructura
artículo 56 como “el conjunto de normas o medidas que tiene por finalidad la convivencia ordenada y
Como veremos más adelante, en nuestro ordenamiento se han configurado diversos regímenes
penitenciarios para poder ordenar la vida del interno en el penal, no obstante, alguno de los regímenes
impuestos años atrás, olvidaron que las normas de conducta impuestas al interno deben tener como
principio constitucional penitenciario, que no por su condición de tal, carece de eficacia. Comporta, por el
contrario, un mandato de actuación dirigido a todos los poderes públicos comprometidos con la ejecución de
la pena y, singularmente, al legislador, ya sea al momento de regular las condiciones cómo se ejecutarán las
penas o, al establecer el cuántum de ellas y que los jueces pueden aplicar para sancionar la comisión de
determinados delitos. Desde esa perspectiva, el inciso 22) del artículo 139º de la Constitución constituye un
límite al legislador, que incide en su libertad para configurar el cuántum de la pena: en efecto, cualquiera sea
la regulación de ese cuántum o las condiciones en la que ésta se ha de cumplir, ella debe necesariamente
penado a la sociedad”28.
En este sentido, estos tres elementos determinan “que la protección [del recluso] debe centrarse en
los derechos a la vida, a la integridad, a la salud, a no ser objeto de penas o tratos inhumanos o degradantes,
28
Exp. Nº 010-2002- AI/TC. Fundamento Jurídico Nº 180.
a la dignidad del recluso e, incluso, a la contravención de principios constitucionales que incidan
Bajo este marco, resulta necesario comprender los alcances y contenido constitucional de los tres
siguiente manera:
En relación a la resocialización del interno, ésta debe ser definida como “un proceso de adaptación
pena. Por ello, el cumplimiento de las penas que comportan la afectación de la libertad del implicado,
penitenciario, cuyo componente jurídico se edifique sobre la base del reconocimiento insoslayable de la
dignidad humana y del respeto riguroso a los derechos humanos del recluso, sujeto pasivo de una relación
especial de sujeción, gobernada por un régimen igualmente especial orientado hacia el logro cabal de las
limitación de la libertad personal que supone la pena privativa de libertad, y su quantum específico, son el
primer efecto reeducador en el delincuente, quien internaliza la seriedad de su conducta delictiva, e inicia su
Por otro lado, respecto a la rehabilitación, el Tribunal Constitucional peruano ha señalado que ésta
tiene “la función de formar al interno en el uso responsable de su libertad. No la de imponerle una
determinada cosmovisión del mundo ni un conjunto de valores que, a lo mejor, puede no compartir. Pero, en
cualquier caso, nunca le puede ser negada la esperanza de poderse insertar en la vida comunitaria. Y es que,
al lado del elemento retributivo, ínsito a toda pena, siempre debe encontrarse latente la esperanza de que el
penado algún día pueda recobrar su libertad. El internamiento en un centro carcelario de por vida, sin que la
29
Exp. Nº 2276-2005-PHC/TC. Fundamento Jurídico Nº 2.
30
Sentencia de la Corte Constitucional Colombiana C- 549/94. Párrafo “b”.
31
Exp. 0019-2005-PI/TC. Fundamento Jurídico Nº 40.
32
Exp. Nº 010-2002- AI/TC. Fundamento Jurídico Nº 188.
Asimismo, es importante señalar que “el ideal rehabilitador ha sido un detonante de mejoras” y
Finalmente, nos parece indispensable rescatar que, a decir del Tribunal Constitucional, de “las
deriva la obligación del legislador de prever una fecha de culminación de la pena, de manera tal que permita
que el penado pueda reincorporarse a la vida comunitaria. Si bien el legislador cuenta con una amplia
libertad para configurar los alcances de la pena, sin embargo, tal libertad tiene un límite de orden temporal,
Sin duda, lo expuesto revela la importancia y nivel de actuación del principio constitucional de
resocialización, tanto como finalidad del régimen penitenciario como efecto mediato de la prevención
especial.
Finalmente, es importante reafirmar que una “reinterpretación del concepto de resocialización debe
tomar en cuenta necesariamente tres consideraciones a efectos de hacerla mínima compatible con nuestro
modelo de Estado democrático de Derecho asentado sobre el valor de la dignidad de la persona. En primer
término, debe considerarse que la ejecución de la pena privativa de la libertad debe ser orientada a hacer
debe pretender también corregir las condiciones de exclusión social de los grupos de donde proviene el
condenado”
necesario aclarar que son instituciones diferentes, las cuales operan bajo una misma finalidad: buscar la
mecanismo para llevar a cabo la intervención rehabilitadora, la meta que oficialmente tiene encomendada la
cárcel”35.
comportamiento del interno, con el fin de resocializarlo y evitar la comisión de nuevos delitos. El
interno en forma individualizada y grupal según la naturaleza de la atención. Será aplicado en forma
multidisciplinaria por los profesionales y técnicos de tratamiento, promoviendo la participación del interno,
Por su lado, la Defensoría del Pueblo ha definido al denominado “Tratamiento penitenciario” como
“la aplicación de un conjunto de medios aplicados por la administración penitenciaria, y tiene los siguientes
elementos:
sociedad en libertad, que pueden incidir en una enseñanza escolar, técnica o superior, así
pudieran evitar la comisión de una nueva conducta delictiva, las que pueden implicar la
35
Rivera, Iñaki. La cárcel en el sistema penal. Barcelona: Editorial Bosch. 1995. p. 149.
36
Artículo 97 del Reglamento del Código de Ejecución Penal.
Elementos de preparación a su reinserción a la vida en libertad.- Que buscan adecuar las
condiciones necesarias para que el retorno a la libertad no sea abrupto, sino que se encuentre
De este modo, según nuestra normativa, en el marco de la aplicación del tratamiento penitenciario, la
- “Desarrollará programas de trabajo y educación de acuerdo con las aptitudes y actitudes del interno;
- Brindará servicios asistenciales de índole sanitaria, social, legal y psicológica y otros que coadyuven
Como podemos observar, el trabajo, la educación, la salud, la asistencia social, legal y psicológica
forman parte del tratamiento penitenciario que debe ser brindado a los internos. Asimismo, no hay que
perder de vista, que el trabajo, la educación, la salud y la asistencia legal son derechos fundamentales de
todo individuo por lo que la Administración Penitenciaria tiene la obligación de programar diversas acciones
para que estos derechos puedan llevarse a cabo sin ningún problema al interior de la prisión.
Precisamente, sobre esto último la Defensoría del Pueblo ha remarcado que “[no todos los elementos
o líneas de acción que forman parte del tratamiento penitenciario según la legislación] necesariamente
pueden ser considerados como propios del tratamiento, como en el caso de la asistencia legal que tiene una
mayor relación con el derecho de defensa. La salud ha sido considerada por el Tribunal Constitucional como
penitenciaria”39.
Consideramos que lo que busca el tratamiento penitenciario -el cual, es voluntario para los internos
en condición de procesados-, es llevar a cabo un programa que le permita al interno hacer más resistible su
vida al interior del establecimiento penitenciario- obviamente, dependiendo del régimen que se le haya
37
Defensoría del Pueblo. Supervisión del sistema penitenciario 2006. p. 94
38
Artículo 99 del Reglamento del Código de Ejecución Penal.
39
Defensoría del Pueblo. Supervisión del sistema penitenciario 2006. p. 95
Por ello, nos atreveríamos a decir que el tratamiento penitenciario actúa de manera paralela al
régimen penitenciario, pues será el régimen el que indique el margen de acción y movimiento que tendrá el
recluso al interior del penal. Por ello, dependiendo del régimen de vida que se le haya establecido,
dependerán también las posibilidades que tenga el interno de recibir un tratamiento penitenciario en el
No obstante, los programas de salud deberán impartirse sin importar el régimen al cual esté adscrito
cárcel y poder alcanzar la finalidad del régimen penitenciario que le ha sido impuesto; en pocas palabras el
tratamiento penitenciario es el vehículo para alcanzar los elementos rectores del régimen penitenciario arriba
descritos.
El principio del Estado como garante de los derechos de las personas privadas de libertad es una de
las piedras angulares del derecho penitenciario moderno. La Corte Interamericana de Derechos Humanos ha
señalado que el Estado, al ejercer un fuerte control sobre las personas bajo su custodia, debe asumir la
responsabilidad de proteger su vida, su integridad física y de garantizarles una vida digna. Esta obligación de
integridad, ya sea por acción o por omisión, como la falta de protección ante la violencia entre internos o la
provisión de condiciones sanitarias deficientes. La inacción estatal en estos casos es una violación de este
deber. La "problemática" del interno, por lo tanto, es el resultado directo de la inobservancia de esta crucial
base conceptual.
La crisis del sistema penitenciario peruano representa un problema de carácter estructural, sistémico
y multifactorial, cuya gravedad ha sido reconocida por el propio Estado. La reciente declaratoria de
emergencia del sistema penitenciario nacional por un plazo de 24 meses, anunciada el 5 de noviembre de
2024, es una medida que busca disponer de recursos para ampliar y construir nuevas prisiones, así como
reorganizar el Instituto Nacional Penitenciario (INPE) 40. Esta acción gubernamental constituye un
40
Infobae. (2024, noviembre 26). Las cifras más alarmantes de las cárceles peruanas: 136% de hacinamiento y solo la
mitad en condiciones adecuadas. Infobae. https://www.infobae.com/peru/2024/11/26/las-cifras-mas-alarmantes-de-las-carceles-
peruanas-136-de-hacinamiento-y-solo-la-mitad-en-condiciones-adecuadas/
reconocimiento tácito de la incapacidad del Estado para gestionar eficazmente el problema y asegurar las
En este contexto, el presente reporte se centra en el análisis del Estado como "Garante" de los
derechos de los internos. Se argumenta que la situación actual de las cárceles peruanas no es simplemente
una deficiencia administrativa, sino una falla fundamental del Estado en el cumplimiento de su deber
constitucional y convencional de proteger la vida y la dignidad de los ciudadanos que se encuentran bajo su
custodia total. La privación de libertad, si bien es una consecuencia legal de una condena, no debe implicar
Atendiendo a una definición sobre el Rol Garante del Estado, haciendo hincapié en el maestro Ganga
y Valdivieso (2015) manifiesta que “el estado dispone de un conjunto de principios e instrumentos para que
protejan los derechos humanos de las personas privadas de libertad, y contiene orientaciones explícitas sobre
los derechos de los presos” (p.4) Es así que, el estado debe tutelar la adecuada protección de los derechos de
las personas, debido a que todos los estados han firmado un convenio internacional de Derechos Humanos,
por tal motivo, los internos tienen derechos a que sean respetados y protegidos por los respectivos estados.
convenio internacional al que se suscribió, por ello debe aplicar el respeto de a estos derechos, es por ello
que lo aplica a través de las funciones que cumplen los poderes del estado.
El garantismo, según la teoría del jurista Luigi Ferrajoli 41, se conceptualiza como un modelo que
establece los derechos fundamentales como límites al poder estatal. Bajo esta perspectiva, la defensa de la
persona humana no es una opción, sino el fin supremo de la sociedad y del Estado, como lo consagra el
Artículo 1 de la Constitución Política del Perú. Los derechos fundamentales no son meras concesiones del
poder, sino esferas de autonomía que deben ser protegidas de la arbitrariedad de los gobernantes
41
Aguilera, R. y López, R. (2011). Los derechos fundamentales en la teoría jurídica garantista de Luigi Ferrajoli. Instituto
de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. https://archivos.juridicas.unam.mx/www/bjv/libros/6/2977/4.pdf
La Constitución Política de 1993, que ha sido reconocida por garantizar 28 años de estabilidad en el
país, establece el marco jurídico fundamental que sustenta el rol del Estado Garante. Los derechos
consagrados en su Título I poseen un doble carácter: un aspecto subjetivo que reconoce pretensiones a la
persona y un aspecto objetivo que impone un deber de protección por parte del Estado. Este sistema protege
a los ciudadanos, incluyendo a los privados de libertad, de cualquier forma, de poder que pretenda
El deber del Estado de proteger a sus ciudadanos, incluso cuando están privados de libertad, se
extiende más allá de su Constitución. El ordenamiento jurídico peruano integra los tratados internacionales
Constitución establece que los tratados celebrados y en vigor forman parte del derecho nacional. En el caso
de los tratados de derechos humanos, la jurisprudencia del Tribunal Constitucional peruano ha establecido
que estos constituyen un parámetro de interpretación para los derechos reconocidos por la Constitución.
derechos en el sistema penitenciario peruano no son únicamente un problema de política interna, sino que
pueden y han colocado al Estado en una posición de vulnerabilidad ante la justicia internacional. Es así, que
la doctora Susana Ynes Castañeda Otsu (2014), menciona que La Corte Interamericana de Derechos
Humanos (Corte IDH) ha sancionado al Estado peruano en múltiples ocasiones por no proteger
adecuadamente a las personas bajo su custodia.43 Esta situación no solo implica una responsabilidad legal,
sino que también socava la posición del Estado peruano ante la comunidad internacional, tal como lo ha
señalado la Defensoría del Pueblo al referirse a problemas de los internos, tan recurrente como el
Hacinamiento Penitenciario44.
42
Artículo 55° .- Los tratados celebrados por el Estado y en vigor forman parte del derecho nacional.
43
Perú ha sido objeto de 28 sentencias condenatorias por parte de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, lo que
ha determinado que sea el Estado Parte que registra el mayor número de condenas. A la fecha, ha cumplido las reparaciones en
forma total en dos de ellas. La autora analiza el tipo de reparaciones ordenadas en las sentencias y las causas del alto índice de
incumplimiento.
44
Defensoría del Pueblo. (2020). Reciente fallo del TC exige acciones inmediatas contra el hacinamiento penitenciario.
Defensoría del Pueblo. https://www.defensoria.gob.pe/defensoria-del-pueblo-reciente-fallo-del-tc-exige-acciones-inmediatas-
contra-el-hacinamiento-penitenciario/
Entonces, se entiende como principio fundamental que rige el estatus legal de una persona privada de
libertad en el Perú es claro: el interno goza de los mismos derechos que un ciudadano en libertad, con las
únicas limitaciones que le imponen la ley y la respectiva sentencia. Este precepto establece un balance
crucial, manteniendo la dignidad de la persona y sus derechos no afectados por la condena, mientras se
aplica el castigo de la privación de libertad. El Título Preliminar del Código de Ejecución Penal prohíbe
explícitamente cualquier acto o procedimiento que atente contra la dignidad del interno, lo que incluye la
Ejecución Penal, consagra una serie de derechos que el Estado debe garantizar, mencionados en los puntos
principio de humanidad establece que la ejecución penal debe estar exenta de tortura o
inhumano y degradante.
reglamento del Código de Ejecución Penal permite las visitas personales y las
interno.
o Derechos a la Educación, al Trabajo y a la Reinserción Social: El Artículo 139 de
reincorporación del penado a la sociedad. Para tal fin, la ley promueve y estimula la
culturales. No obstante, existe una profunda contradicción entre este fin constitucional
su mandato de resocialización.
A la par de sus derechos, el interno debe cumplir con ciertos deberes que son esenciales para
ellos, se encuentran la obligación de observar las disposiciones sobre orden, aseo y disciplina, así
como mantener una conducta de respeto hacia las autoridades y otros internos. Es importante
destacar que el régimen disciplinario prohíbe expresamente los tratos crueles, inhumanos o
degradantes como sanción y garantiza el derecho del interno a la defensa frente a cualquier falta que
se le atribuya.
Incluso tocando artículos de derecho interno, están las reiterativas sentencias de la Corte
noviembre de 2004.
Considerandos:
45
LP Derecho. (2021, 5 de agosto). Corte IDH: ¿Qué condiciones deben tener los centros carcelarios o de detención?
LP Derecho. https://lpderecho.pe/corte-idh-condiciones-centros-carcelarios-detencion/ LP
[u]na de las obligaciones que ineludiblemente debe asumir el Estado en su posición de
de detención.
11. Que, en virtud de la relación que existe entre las condiciones de detención y la
En el mismo sentido: Asunto del Centro Penitenciario Región Capital Yare I y Yare II
1. En los términos del artículo 5.2 de la Convención toda persona privada de libertad
Estado puede regular sus derechos y obligaciones y por las circunstancias propias
del encierro, en donde al recluso se le impide satisfacer por cuenta propia una serie
de necesidades básicas que son esenciales para el desarrollo de una vida digna.
(…)
"estado de cosas inconstitucional" derivado de una falla estructural del Estado en el cumplimiento de su rol
de garante. Esta deficiencia se manifiesta en el hacinamiento crítico, que no es un problema físico aislado,
sino el catalizador de una cascada de vulneraciones de derechos. La precariedad de los servicios, la falta de
personal y la imposibilidad de cumplir con el fin resocializador de la pena son consecuencias directas de esta
falla sistémica. La inacción de las autoridades frente a una situación de la que son plenamente conscientes,
gracias a los informes de la Defensoría del Pueblo y a los fallos judiciales, ha generado una crisis que ha