La Preferencia Revelada Frente Al Enfoque Utilitarista: Discusión Sobre Los Fundamentos de La Teoría Del Consumidor
La Preferencia Revelada Frente Al Enfoque Utilitarista: Discusión Sobre Los Fundamentos de La Teoría Del Consumidor
Abstract
This article makes a critical comparison of two approaches to the foundations of the microeconomic
theory of consumer behavior, namely: the utilitarian approach and that of the revealed preference
theory. An analysis of revealed preference is carried out in the context of introducing restrictions to
the choice function in decision theory. Its advantages and limitations are evaluated in contrast to
the utility problem proper to the subjectivist point of view of utilitarian theory. And the explanatory
capacity of the different models of rational agency is confronted on the bases of the demand curves.
Furthermore, a formal critique of the revealed preference method is developed in strategic decision-
making environments.
Key words: revealed preference, utility, choice, consumer theory, prisoner's dilemma.
Resumen
En el presente artículo se realiza una comparación crítica de dos enfoques sobre los fundamentos
de la teoría microeconómica del comportamiento del consumidor, a saber: el enfoque utilitarista y
el de la preferencia revelada. Se lleva a cabo un análisis de la preferencia revelada en el contexto de
la introducción de restricciones a la función de elección en la teoría de la decisión. Se evalúan sus
ventajas y limitaciones en contraste con el problema de la utilidad propio del punto de vista
subjetivista de la teoría utilitarista. Y se confronta la capacidad explicativa de los distintos modelos
de agencia racional sobre las bases de las curvas de demanda. Asimismo, se desarrolla una crítica
formal al método de la preferencia revelada en entornos estratégicos de decisión.
Palabras clave: preferencia revelada, utilidad, elección, teoría del consumidor, dilema del
prisionero.
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1. Introducción
Por consiguiente, la pregunta básica que orienta la investigación se podría formular del siguiente
modo: ¿cuál es el rendimiento explicativo del modelo de elección racional condicionado por el
axioma débil de preferencia revelada en comparación con las estrategias utilitaristas? El desarrollo
se ha estructurado en seis partes. En primer lugar, se ubica conceptualmente la noción de
preferencia revelada en el marco de la investigación de Samuelson en la teoría del consumidor. En
segundo lugar, se introducen los elementos de la lógica de las preferencias y de la teoría de la
decisión. En tercer lugar, se analiza formalmente la preferencia revelada mostrando su innovación
teórica para la contrastación empírica. En cuarto lugar, se evalúa su capacidad para explicar los
fundamentos racionales de la microeconomía frente al enfoque utilitarista. En quinto lugar, se
presenta una relación de críticas y, en sexto lugar, se desarrolla un argumento formal contra la
posibilidad del método de la preferencia revelada en dilemas de entornos estratégicos.
La preferencia revelada se ha comprendido de diversas maneras, de las cuales destacamos las tres
siguientes siguiendo a Hands (Paul Samuelson and revealed preference theory): como un marco
conceptual alternativo a la teoría de la utilidad ordinal para el análisis de la teoría de la demanda en
la elección del consumidor, como un complemento lógicamente equivalente a la teoría estándar y
como una teoría de la elección exhaustiva (a esta última Hands la califica “contemporary revealed
preference theory”).
Para acotar el alcance de la investigación sobre la preferencia revelada (en adelante PR), nos
centramos en lo que Stanley Wong denomina “el programa de investigación de Paul Samuelson en
el enfoque de la preferencia revelada de la teoría del comportamiento del consumidor” (Wong
2006:1). Por mor de la brevedad utilizaremos las siglas SRP (Samuelson’s research programme) para
referirnos a este enfoque.
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Podemos definir el SRP en tres puntos elementales. Tales puntos los presentamos en una relación
entre las motivaciones teóricas que Samuelson pretendía con la PR y las publicaciones en las que las
desarrollaba, tal como Wong expone. Distinguimos, pues, tres objetivos teóricos sucesivos:
(i) Excluir cualquier concepto que no pueda corresponderse con datos empíricos, en particular el
concepto de utilidad clásicamente definido en términos subjetivistas, mentalistas e internos (por lo
tanto, no observables ni comparables). Lo encontramos en Samuelson (A note on the pure theory
of consumer’s behaviour).
(ii) Construir un método mediante el cual poder operar con el concepto de preferencia. Lo
encontramos en Samuelson (Consumption theory in terms of revealed preference).
(iii) Ofrecer de un modo completo las bases empíricas para sostener el análisis de la utilidad ordinal.
Lo encontramos en Samuelson (The problem of integrability in utility theory).
El O.i. (objetivo i) se desarrolla en una nueva teoría del comportamiento del consumidor definida
en términos observacionales. Dicha teoría se fundamenta mediante la suposición de un principio de
consistencia de la conducta que permita “dropping off the last vestiges of utility analysis”
(Samuelson 1938:62). El O.ii. emplea la nueva teoría (PR) como fundamento que permita producir
mapas de indiferencia de individuos a partir de los datos empíricos que el comportamiento de tales
individuos manifiesta en el mercado. Un mapa de indiferencia es la representación de varias curvas
de indiferencia de un individuo. El O.iii. se consigue mediante la demostración de que la teoría de la
utilidad ordinal y la de la PR son lógicamente equivalentes. Fue Houthakker (Revealed preference
and the utility function) quien consiguió demostrarlo.
Sobre este programa podremos evaluar los éxitos y las ventajas de la PR, así como sus críticas y
limitaciones. Además, para comprender sus motivaciones y su relevancia teórica es preciso
encuadrarla en su marco teórico, a saber, el de la teoría de la elección racional y su vinculación con
otras áreas como la microeconomía o la teoría de la elección social (entre otras). No obstante, cabe
señalar que la PR ha suscitado multitud de cuestiones colindantes y formulaciones que exceden el
marco teórico especificado. En este contexto, precisamos el orden conceptual en el que se
desarrolla la presente investigación. Debemos aclarar que en este marco teórico la PR no es stricto
sensu una teoría. A pesar de las denominaciones habituales en la literatura relacionada, la PR no
satisface las condiciones modelo-teóricas de una teoría formal ni las metacientíficas de una teoría
positiva. Se trata, antes bien, de un método para dotar de base observacional a la teoría del
comportamiento del consumidor. Para presentarlo hacemos uso del sistema axiomático de modo
que el método de la PR se introduce como restricciones formales en la función de elección. La teoría
es la del comportamiento del consumidor, la cual forma parte de la disciplina microeconómica. Así
pues, debemos diferenciar tres niveles conceptuales: el SPR, la teoría del consumidor y los
fundamentos de la teoría en términos de agencia racional, los cuales pueden corresponder al
enfoque utilitarista o al de la PR.
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Para construir un modelo de agencia racional operativo en la teoría del comportamiento del
consumidor necesitamos representar, a través de la modelización lógica, las nociones elementales
relacionadas con las preferencias.
Reflexividad: ∀x ϵ A: xRx
Transitividad: ∀xyz ϵ A: (xRy ∧ yRz) ⊃ xRz
Completitud: ∀xy ϵ A: (x ≠ y) ⊃ (xRy ∨ yRx)
Simetría: ∀xy ϵ A: xRy ⊃ yRx
Asimetría: ∀xy ϵ A: xRy ⊃ ¬ (yRx)
Antisimetría: ∀xy ϵ A: (xRy ∧ yRx) ⊃ x = y
Según las propiedades que la relación cumpla, podemos definir el tipo de relación que es. Existen
tipos de relaciones estandarizados:
R se podría comprender como una preferencia débil: xRy ↔ (xPy ∨ xIy). Es frecuente emplear
asimismo los símbolos ≻, ∼, ≽ en lugar de P, I, R, respectivamente.
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En este punto necesitamos representar de forma unitaria la multiplicidad (puede ser un conjunto
unitario o vacío) de aquellos elementos que no son preferidos sobre otros elementos de un conjunto
de alternativas. Para esto es preciso definir la noción de elemento maximal.
Dada la definición 3, llamamos conjunto maximal de A a M(A, R), el cual no es más que el conjunto
de los elementos maximales de A. Luego, necesitamos representar de forma unitaria la multiplicidad
(también puede ser un conjunto unitario o vacío) de aquellos elementos que son al menos tan
preferidos como cualquier otro elemento de un conjunto de alternativas. Para esto es preciso definir
la noción de mejor-elemento.
Dada la definición 4, llamamos conjunto de elección de A a C(A,R), el cual no es más que el conjunto
de los mejores-elementos de A. Es importante hacer notar que C(A,R) ⊆ M(A,R), es decir, que todo
mejor-elemento es un elemento maximal, pero puede ser que un elemento maximal no sea mejor-
elemento.
Steele y Stefánsson (Decision theory) explican que el objeto de la teoría de la decisión racional reside
en las formas del razonamiento que orientan las elecciones de un agente. Dicho razonamiento se
define formalmente con base en la lógica de las preferencias. En términos conjuntistas, es común
representar la noción de elección (choice) como una función f tal que, para cualquier subconjunto
de un conjunto de alternativas, f asigna aquellos elementos del subconjunto que un agente ha
decidido no descartar en su elección. La intención es llegar a los elementos elegidos del conjunto de
alternativas a partir de una función.
Def.5. f es una función de elección de A sii f es una función tal que para todo subconjunto B ⊆ A, f(B)
⊆ B y si B≠∅ entonces f(B)≠∅
La justificación de este concepto desde los elementos de la lógica de las preferencias expuestos es
el siguiente: una función de elección de A es una función tal que C(B, R) no es el conjunto vacío para
cada subconjunto B no vacío de A. Esto significa que cada subconjunto no vacío de A tiene un mejor-
elemento. Se están destacando, por tanto, los mejores-elementos de todos los subconjuntos de un
conjunto de alternativas dado. De este modo se justifica la noción de elementos elegidos de A, dado
que los elementos no descartados son aquellos al menos tan preferidos como cualquier otro
elemento. Esta noción básica de elección remite, por tanto, a la relación de preferencia débil puesto
que con ella se define el concepto de mejor-elemento y, consiguientemente, el de conjunto de
elección. La idea de ser “al menos tan preferido como” alude a un orden reflexivo, asimétrico y
transitivo. Por este motivo se define la función de elección en términos de R (y no de P).
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Sen (Collective choice and social welfare) demuestra varias relaciones entre las preferencias y las
propiedades de racionalidad de la elección. Entre ellas destacamos las siguientes: una función de
elección construida a partir de una relación binaria R cumple la propiedad α, pero no
necesariamente la propiedad β; y una función de elección construida a partir de una relación binaria
R cumple la propiedad β sii R es un orden.
Expuestas (de modo sintético) las funciones de elección y caracterizadas con sus propiedades más
destacadas, podemos comprender la operatividad del concepto de PR en su intento de ofrecer bases
observacionales a la teoría del consumidor. Dicha operatividad del concepto se vincula con tal
objetivo en la particular relación que la PR ofrece entre las preferencias y la elección del consumidor.
Los axiomas de la preferencia revelada permiten una relación entre preferencias y elección
específica con base observacional.
Para poner de relieve este aspecto continuamos con las propiedades de racionalidad de la función
de elección en el área de la decisión racional. A las tres anteriores añadimos las dos siguientes: el
axioma débil de preferencia revelada (en adelante WARP por sus siglas en inglés) y el axioma fuerte
de preferencia revelada (en adelante SARP por sus siglas en inglés). Es posible expresar ambos
axiomas en términos de la función de elección. A continuación, nos centramos en el WARP:
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Mantenemos el subíndice w para hacer referencia al WARP. Con esta definición podemos, a su vez,
definir la noción de la binariedad de la elección:
La binariedad de la función de elección es importante puesto que Rw, en tanto que base de la
elección, puede volver a producir la misma función de elección de la cual ha sido producida. Una
función de elección es binaria sii se cumplen las propiedades α y γ.
Def.8. Una función de utilidad ordinal u≔ para cualquier xy ϵ dom(u): u(x) ≥ u(y) ↔ xRy
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(1) Dadas funciones de demanda di continuas para n bienes, las funciones indican la cantidad xi de
los i bienes consumidos según los precios p1,…,pn y M, siendo M el “ingreso monetario disponible”.
Lo representamos del siguiente modo: xi= di(p1,…,pn, M), i= 1,…,n.
(2) El WARP condiciona de esta manera: si el consumidor elige el conjunto de bienes x0 a un precio
p0 pudiendo elegir el conjunto de bienes consumibles x1, es decir si x0 se ha revelado preferido a x1,
entonces x1 no puede ser elegido al precio p1; y si x1 es elegido al precio p1 solo puede ser debido a
que x0 no era asequible al precio p1. Asumiendo en el antecedente que x1 es asequible, esto es, que
se considera a un precio p0: Σni=1 p0i x1i ≤ Σni=1 p0i x0i ⊃ Σni=1 p1i x0i > Σni=1 p1i x1i
Lo que Samuelson consigue es que las funciones de demanda condicionadas por el WARP satisfagan
“dos de las tres restricciones estándar de la teoría de la utilidad ordinal: efectos de sustitución
negativos y una matriz de sustitución Slutsky semidefinida negativa” (Hands 2014:89). Como
muestran Mas-Colell, Dwhinston y Green (Microeconomic theory) se pueden comprobar los efectos
que tiene el WARP (en tanto que condición de consistencia en la teoría de la decisión justificada en
la elección) en la demanda del consumidor (microeconomía). Lo cual pone de relieve el efecto sobre
los fundamentos epistemológicos de la preferencia revelada en la teoría del consumidor.
El modo estándar en virtud del cual se relacionan la elección y la preferencia pasa por construir una
función de elección a partir de una relación de preferencia. Existen diversos métodos para
conectarlos, de los cuales enunciamos dos: la conexión de la mejor elección y la conexión de la no-
dominancia. El primer método establece que f(A)≔ {x ϵ A| ∀y ϵ A: xRy)}. El segundo método estipula
que f(A)≔ {x ϵ A| ∀y ϵ A: ¬(yPx)}. Lo que interesa destacar en este punto es la direccionalidad: a
partir de las preferencias se construyen elecciones.
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elecciones del agente) y no de las supuestas utilidades que orientan las preferencias. En principio,
este mecanismo permitiría comprobar la validez empírica de las preferencias.
Con ciertos supuestos de racionalidad, lo anterior permite obtener una representación de la relación
entre la máxima cantidad y el precio de un bien en particular que el consumidor llegaría a comprar.
De este modo, llegamos en la teoría del consumidor a la curva de demanda de un agente. Esto
aporta uno de los elementos fundamentales para la noción de equilibrio, la cual explica la
determinación de los precios de una economía (si la teoría se generaliza) en relación con el
funcionamiento de la producción y el consumo en condiciones de intercambio.
La indiferencia entre cantidades de diferentes bienes posibilita realizar una predicción sobre la
cantidad de cada bien que se adquirirá. La predicción sobre cantidades de mercancías demandadas
es central para la microeconomía. Para que puedan cumplirse estos conceptos microeconómicos, el
agente racional debe ordenar las alternativas de acuerdo con ciertas propiedades de la relación de
preferencia R. Presentamos los supuestos estándar de la preferencia que se exigen racionalmente
para la existencia de los conceptos fundamentales de la teoría del consumidor:
-La completitud es necesaria para que las cestas de bienes sean comparables entre sí.
-La transitividad es necesaria para que no se crucen las curvas de indiferencia y no se incurra en
situaciones de pérdida o que no maximicen.
-Se exige una elección racional entendida como que, si hay un elemento elegido en un conjunto de
alternativas, entonces ese elemento es un mejor-elemento (definición 4) de ese conjunto. Dicho de
otro modo, un mejor-elemento pertenece al conjunto de elección. De manera más sencilla: “se elige
lo que se prefiere”. Este supuesto indica que el consumidor siempre elegirá la alternativa que
maximiza su utilidad, a saber, aquella con la que el valor de la función u es máximo.
-La no-saturación implica que un agente racional prefiere tener más de un bien a tener menos.
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-Es necesario suponer que la relación de preferencia debe ser continua, tal como establecen Mas-
Colell et al. (Microeconomic theory). Se trata de una conditio sine qua non para que una relación de
preferencia sea susceptible de ser representada por una función de utilidad.
-Las curvas de indiferencia deben ser convexas, lo cual expresa que cuando un bien es más escaso
se valora más. Las curvas no llegarán a tocar los ejes.
-Las curvas de indiferencia deben ser decrecientes debido a la relación marginal de sustitución, la
cual marca la pendiente indicando “el número de unidades de y al que el sujeto está dispuesto a
renunciar para obtener una unidad adicional de x, manteniéndose en la misma curva de indiferencia.
Es decir, es el precio de y en función de x” (Torres 2002:33).
Para las teorías económicas la racionalidad de la conducta puede definirse, tal como explica Sen
(Sobre ética y economía), a partir de la consistencia interna de la elección o de la maximización del
interés propio. El enfoque utilitarista explica la maximización del interés propio a partir de una
noción mental y subjetiva de utilidad. Por su parte, el método de la PR se centra en la consistencia
interna de la elección mediante una función de elección, una relación binaria de preferencia y la
restricción del WARP. Así pues, atendiendo a las propiedades de racionalidad de la elección (supra,
§ 3.3. y § 4.1.) y a los supuestos estándar de la preferencia (supra, § 5.1.), podemos determinar el
carácter “racional” de la elección racional: la consistencia alude a las propiedades que condicionan
la función de elección y la relación de preferencia. Estas condiciones se comprenden como
restricciones de racionalidad, de tal modo que una conducta que las cumpla es una conducta
considerada racional desde la perspectiva de los fundamentos epistemológicos de la teoría del
comportamiento del consumidor. Existe un modelo estandarizado de agencia racional caracterizado
por las restricciones formales expuestas sobre la relación de preferencia y la función de elección. Se
dice, por tanto, que un consumidor actúa racionalmente si cumple estas propiedades y supuestos.
Obdulia Torres lo expresa de este modo: “si se dan una serie de propiedades en la relación de
preferencias podremos explicar y predecir las elecciones de los sujetos. Estas propiedades vienen
definidas en forma de axiomas y caracterizan lo que sería una conducta racional por parte de los
agentes” (Torres 2002:27). Lo importantes es hacer notar que tales propiedades condicionan las
preferencias y la elección de tal modo que permitan construir los conceptos fundamentales de la
teoría del consumidor.
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Todo ello muestra que existen distintos modelos de agente racional (no solo el estándar, esto es, el
más condicionado), los cuales se pueden construir dependiendo de los resultados que se quieran
obtener. Existen modelos mucho más débiles y no tan restringidos. Además, la novedad de la PR es
la apertura de la posibilidad de validar los axiomas de la relación de preferencia a partir de las
elecciones observables. Es preciso remarcar que en este marco teórico la relación de preferencia
restringida de este modo no es una propuesta antropológica general, sino un examen de las
condiciones racionales de las distintas versiones de la teoría del consumidor, cada cual con sus
correspondientes supuestos. Se deben diferenciar, por consiguiente, el plano ontológico sobre el
que tratan las predicciones de la teoría microeconómica positiva y el plano cognoscitivo de la
agencia racional sobre el que tratan los fundamentos racionales de la misma teoría. Uno trata sobre
situaciones reales para predecir y otro trata sobre teorías y su consistencia lógica.
5.3. Utilidad y PR
Para Edgeworth (Mathematical psychics), obrar por el propio interés es la condición fundamental
de la ciencia económica. Se trata de un supuesto de maximización de utilidad en determinadas
situaciones, tales como las relaciones contractuales, la guerra o los mercados. Asimismo, es habitual
considerar, tal como expresa el propio Samuelson (Foundations of economic analysis), que el punto
de inflexión entre la economía moderna y la clásica se encuentra en la introducción de la teoría
subjetiva del valor con la llamada revolución marginalista de Jevons, Menger y Walras. Es
importante distinguir sus respectivas contribuciones y perspectivas como observa Jaffé (Menger,
Jevons and Walras De-Homogenized); no obstante, para nuestros objetivos es suficiente con señalar
que esta perspectiva subjetivista recoge la noción de utilidad de la filosofía moral utilitarista
(Bentham, Mill y Sidgwick, entre otros) y la operativiza en la ley de la utilidad marginal decreciente.
Esta ley establece una relación de proporción inversa entre la consumición de una unidad adicional
de un determinado bien y la utilidad que dicho bien proporciona. El valor subjetivo que el individuo
otorga a las unidades que se encuentran en el margen va decreciendo en función del aumento de
dichas unidades. Como puede observarse, la noción de utilidad subjetiva es el núcleo conceptual de
dicha ley.
Para exponer su teoría pura del comportamiento del consumidor, Paul Samuelson examina
previamente la evolución del concepto de utilidad para “saber claramente lo que contiene el análisis
de utilidad convencional, aunque solo sea para comprender las consecuencias de negar su validez”
(Samuelson 1947:90). No podemos detenernos en este recorrido. Sin embargo, nos interesa
destacar que él señala una tradición que “para evitar la asimetría de emplear cualquier índice de
utilidad favorecido, muchos autores (Pareto, WE Jhonson, Hicks y Allen, et al.) han sugerido que se
emplee una notación que dependa solo de los elementos invariantes del campo de preferencia
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ordinal, a saber, los loci de indiferencia” (Samuelson 1947:95). Asimismo, marca la construcción de
las funciones de demanda como el objetivo del campo de las preferencias.
Tal como Hands explica (Paul Samuelson and revealed preference theory), el aspecto fundamental
de la teoría de Samuelson es el WARP como condición de consistencia en las funciones de demanda
del consumidor. Houthakker definió el SARP (Revealed preference and the utility function), al cual
si se le añaden las condiciones de Samuelson es equivalente a la teoría de la utilidad ordinal. Con el
SARP fundamentando el enfoque de las curvas de indiferencia, las funciones de demanda
condicionadas por las restricciones empíricas serían las mismas que las que parten, en el enfoque
utilitarista, de la maximización que realiza el consumidor de una función de utilidad ordinal ceñida
a una restricción presupuestaria y siguiendo ciertas pautas racionales de conducta. Más adelante,
Afriat (The construction of utility functions from expenditure data) elaboró el GARP (Generalized
Axiom of Revealed Preference) con el cual vinculó la preferencia revelada con la construcción de la
función de utilidad, de tal manera que posibilitaba un análisis empírico de la demanda.
En segundo lugar, respecto a las ventajas, es claro que el uso de la PR no aporta ni pretende aportar
un rendimiento explicativo mayor que las estrategias utilitaristas, puesto que ofrece un enfoque
teórico equivalente al de la utilidad ordinal. Por un lado, el método de la PR no incrementa el poder
predictivo de la teoría de la racionalidad y, a su vez, añade elementos explicativos no presentes en
el enfoque utilitarista. Por otro lado, hay que destacar que la importancia de eliminar la noción de
utilidad no radica en la capacidad explicativa, sino en la ventaja que supone no fundamentar una
teoría en conceptos subjetivos internos no susceptibles de ser comparados y mensurados, tales
como la utilidad. Esto quiere decir que evita lo que hemos denominado el problema de la utilidad.
Respecto a la metodología la PR, esta no ofrece una explicación más parsimoniosa, sin embargo,
respecto a las entidades comprometidas, es un enfoque que elimina causas: la previsión de la
utilidad como causa de la elección. Aplicando simplemente la navaja de Ockham, no debemos
multiplicar sin necesidad tipos entidades (en este caso mentales subjetivas), dado que los enfoques
de la PR y de la utilidad ordinal son equivalentes. Además, la ventaja más clara es la de ofrecer un
marco que permite la validación empírica.
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6. Críticas y objeciones a la PR
Las objeciones han sido muy diversas. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta este panorama
para comprender los puntos en los que las distintas críticas inciden. A continuación, recogemos de
forma sintética las críticas más destacadas, que son pertinentes para los objetivos de nuestra
investigación. No se trata de todas las críticas posibles o existentes, sino de las pertinentes.
Hausman (Revealed preference, belief and game theory) distingue entre “preferencia*”
interpretada como relación binaria formal y “preferencia” en tanto que contenidos mentales
subjetivos de la folk psychology para explicar que (i) la elección no revela la “preferencia” y (ii) la
economía necesita preferencias subjetivas. La “preferencia” incluye a la “preferencia*” y a las
creencias, de tal modo que de la elección no se puede inferir una “preferencia*” pura. La crítica de
Hausman se puede reconstruir del siguiente modo: en el método de la PR, dado WARP y el conjunto
de elección, se sigue la revelación de las preferencias. Puesto que la elección no revela la
“preferencia”, la estrategia de Hausman es constatar que R no puede interpretarse como una
“preferencia” en el método de la PR. La réplica en favor de la PR es inmediata: la relación de
preferencia empleado en el análisis económico basado en la PR no es la noción de “preferencia”,
sino el concepto técnico de “preferencia*”. El sentido lógico técnico-económico no es el mismo que
el subjetivo de la folk psychology. La contrarréplica señala que la predicción del comportamiento de
los agentes económicos debe tener en cuenta los motivos de sus actos, de tal modo que el análisis
debe involucrar tanto las expectativas como las probabilidades subjetivas y las creencias, por lo cual
la “preferencia*” es insuficiente.
Torres (El problema de las reglas de elección social en la teoría de la acción colectiva) llama la
atención sobre tres objeciones: (i) la violación del WARP puede no deberse a una conducta
irracional, sino a aspectos como cambios en los gustos y se necesitaría una cantidad ingente de
observaciones para contrastar las hipótesis; (ii) existen problemas en dilemas de elecciones
estratégicas, como el dilema del prisionero, puesto que supone una escisión entre la elección
racional y la situación máximamente útil; y (iii) se dejan al margen cuestiones externas a la propia
consistencia de la elección, lo cual no revelaría las preferencias de los agentes reales que incluyen
normas morales o sociales.
Sen (Internal consistency of choice) argumenta que no es posible determinar si una función de
elección es consistente o no sin referir a algo externo, al conjunto de elección tales como objetivos,
valores o normas. Esta es la idea que está de fondo en la crítica 2.(iii) y de modo general en la crítica
1. No obstante, Sen no impugna con esta objeción en particular la noción de PR, sino que objeta
contra el enfoque que caracteriza la racionalidad del agente económico a través de la mera
consistencia interna de la elección, el cual es el propio de la PR.
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Sen distingue entre el nivel de los fundamentos y el nivel práctico para exponer sus objeciones a la
consistencia interna de la elección. En el nivel fundamental señala la dificultad de la comprensión
de los actos de elección como declaraciones o sentencias (statements) susceptibles de ser
lógicamente consistentes. En el nivel práctico Sen explica que, por ejemplo, la siguiente situación
no cumpliría el WARP, el SARP, la binariedad, ni la propiedad α: f({x,y}) = {x} y f({x,y,z}) = {y}. Sin
embargo, no sería una conducta irracional si es consistente respecto a propiedades externas. Para
hacerlo habría que tener en cuenta el contexto particular y al agente real. Es decir, no se puede
saber si una conducta es consistente o no sin tener en cuenta propiedades externas. En particular,
el incumplimiento racional de las propiedades de racionalidad puede deberse a las elecciones
posicionales, al valor epistémico del menú y a la libertad de rechazar. De este modo, es posible que
una elección sea internamente consistente pero irracional, en cuanto a la adecuación entre la
finalidad que el agente pretende obtener y las acciones tomadas.
Sen (Rational fools) muestra la necesidad de incluir los compromisos personales dentro de los
distintos aspectos del comportamiento. En este caso (a diferencia del punto anterior) no se trata de
determinar si la conducta de las personas es racional o no, sino en poner de relieve una dimensión
que no tiene por qué asumir o excluir los condicionamientos racionales al ordenar las preferencias
en rankings. De lo contrario, cabe la posibilidad de que el agente sea un “tonto racional” (rational
fool) por no tomar en consideración las estructuras sociales reales. En este caso se trata de una
crítica a una teoría de la racionalidad en general y no de la PR en particular.
Ahora bien, lo pertinente para una crítica de la PR es la forma en la que evita la impugnación general.
Reconstruimos en tres puntos la observación crítica de Sen (Rational fools): a) el compromiso de los
agentes es una parte inevitable de su comportamiento, b) los compromisos no son necesariamente
racionales (aunque tampoco excluyen la racionalidad) y c) el orden de los rankings de las
preferencias se establece por conceptos previos tales como los compromisos. Por este motivo, la
atención se debe dirigir a los meta-rankings, en lugar de al mero orden de preferencias. Se trata de
una crítica dirigida contra cualquier forma de teoría de la racionalidad que se elabore a partir del
principio de maximización del interés propio en cada acto económico. Sin embargo, lo específico de
la PR reside en que es un método que pretende eludir el egoísmo racional puesto que la función de
utilidad se construye asignando valores más elevados a las alternativas de facto elegidas. No se basa,
por consiguiente, en una utilidad mental y subjetiva orientada por propio interés, sino en la
consistencia lógica de las preferencias reveladas. Lo fundamental estriba en que el comportamiento
no sea lógicamente inconsistente y no en estados mentales egoístas. El comportamiento de un
altruista racional también cumple con dicha condición. La contrarréplica específica frente a la PR la
podemos encontrar en que existen vías de información no relativas al comportamiento de la
elección sobre las preferencias del consumidor. Y tal información es determinante para los actos en
contextos económicos, ya que afectan a la dimensión conceptual en virtud de la cual se estructuran
los órdenes de preferencias, donde se encuentran los compromisos personales.
Sen examina “la filosofía detrás del enfoque de la preferencia revelada” (1973:241) y concluye
críticamente: (i) el uso de que el comportamiento de la elección revele la preferencia no quiere decir
que el comportamiento se pueda explicar haciendo referencia exclusivamente al propio
comportamiento; (ii) si este es el propósito, entonces no se necesitarían propiedades de
racionalidad añadidas, pues serían redundantes; (iii) es posible que una ‘comparación sistemática
de alternativas’ no caracterice el comportamiento de los consumidores y la falta de un patrón de
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preferencia puede confundirse con la indiferencia; y (iv) los cálculos racionales individuales pueden
no funcionar en entornos estratégicos de decisiones interdependientes entre varios agentes, dado
que no considera los compromisos sociales propios de la acción humana real.
Grüne-Yanoff (The problems of testing preference axioms with revealed preference theory) arguye
contra la posibilidad de comprobar tanto la validez de los supuestos de racionalidad de la relación
de preferencia como de la hipótesis de la maximización de consumidor, a través de testear las
propiedades de la elección. La argumentación se basa en observar que los resultados de las
comprobaciones empíricas son ambiguos, puesto que aquello que se testea no es claro.
Respecto al SRP, Wong argumenta que las tres motivaciones teóricas no son consistentes y que es
incompleto en tanto que no consigue resolver los problemas: “el problema de derivar los principales
resultados de la teoría de la utilidad ordinal sin el uso de utilidad o cualquier otro concepto no
observacional; el problema de construir el mapa de indiferencia de un individuo a partir de
observaciones del comportamiento del mercado; o el problema de encontrar el equivalente
observacional de la teoría de la utilidad ordinal” (Wong 2006:3).
7. PR en dilemas estratégicos
Lo compartido por gran parte de las críticas expuestas consiste en mostrar que el comportamiento
de los agentes en la realidad económica depende de elementos externos a la mera consistencia
interna. Así pues, para el análisis económico sería inevitable tomar en consideración aspectos tales
como las creencias, los compromisos o la expectativa de utilidad involucrada en el comportamiento
del consumidor. Las críticas habituales se dirigen a estos aspectos y desarrollan alternativas basadas
en la epistemología y la psicología del consumidor tales como Kahneman y Tversky (Prospect
theory). No obstante, el método de la PR permite no pronunciarse sobre la naturaleza de las
preferencias. Lo que este método elimina es la relevancia en el análisis económico de las nociones
mentales subjetivas como la de utilidad. Las críticas se orientan a señalar que sí se trata de nociones
analíticamente relevantes. Esta discusión lleva a un impasse, dado que se pretende criticar la PR
desde el punto que -precisamente- se elimina con su metodología, en tanto que esta evita que el
análisis dependa de las interpretaciones sustantivas que se hagan de los deseos de los
consumidores. Por este motivo nos interesa desarrollar otro tipo de crítica de carácter formal, la
cual se pone de manifiesto en la relación del método de la PR con los dilemas estratégicos. Otras
objeciones relacionadas con entornos estratégicos (supra, § 6: críticas 2 y 5) apuntan hacia la
insuficiencia de la consistencia interna. La particularidad de nuestra crítica reside en el efecto de
una imposibilidad formal.
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Existen dos métodos principales de representación formal de las elecciones posibles de los agentes
involucrados en un juego con las cuales se pueden expresar las estrategias alternativas. Por un lado,
la forma extendida es un grafo que representa la sucesión de elecciones de un agente según las
disyuntivas de cada nodo del árbol. Por otro lado, la forma normal es una matriz que presenta las
recompensas o pagos según la combinación de las diferentes estrategias de los agentes o jugadores.
Empleamos la forma normal y nos atenemos a la situación más simple, es decir, la de dos jugadores
con dos estrategias posibles:
Q
φ ψ
φ x,y x,y
S
ψ x,y x,y
Donde {S,Q} es el conjunto de jugadores, {φ,ψ} es el conjunto de estrategias y <x,y> son pagos
(nótese que es un par ordenado de modo que x corresponde a un jugador e y corresponde al otro).
Los pagos son las consecuencias de la intersección de las estrategias de los jugadores. Así pues,
convencionalmente la expresión “{Sφ,Qφ} → <x,y>” denota que el conjunto de estrategias {Sφ,Qφ}
produce como consecuencia el par <x,y>, tal que x es el pago para S e y es el pago para Q. Los pagos
son los estados de cosas que dependen de las acciones o estrategias de los jugadores. Este esquema
permite formalizar diferentes situaciones o tipos de juegos en función de la relación de los pagos
establecidos para cada par de estrategias. Es particularmente relevante observar que el pago ya está
establecido en las propias reglas del juego. No se trata de contenidos mentales de los agentes, sino
de un orden de preferencias ya establecido en la propia dinámica de un juego en cuestión. Si
simplificamos los resultados de modo simétrico entre los pagos para cada jugador, entonces se
generan veinticuatro modelos. Por lo tanto, en la mitad de los modelos {Sφ,Qφ}P{Sφ,Qψ} y en la otra
mitad {Sψ,Qφ}P{Sψ,Qψ}. Los modelos más destacados son:
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7.2. Imposibilidad de la PR
Las consecuencias se pueden comprender desde dos ópticas: desde la combinación de estrategias
y desde el pago que reciben los jugadores. Así pues, se dice que la consecuencia de una determinada
combinación de estrategias es un equilibrio de Nash sii cada estrategia no tiene una alternativa que
mejore el estado de cosas resultante para el agente teniendo en cuenta las demás estrategias. Dada
la estrategia del otro agente, no es posible obtener una mejora si se modifica la estrategia tomada.
Se dice que una consecuencia es un óptimo paretiano sii no existe otro pago que mejore el estado
de cosas para un jugador sin que empeore el estado de cosas para el otro jugador. No existe un pago
alternativo que sea mejor para los dos jugadores a la vez. Por consiguiente, no son lo mismo el
equilibrio y la optimalidad o una estrategia óptima y un resultado óptimo. El punto relevante reside
en que, en los dilemas estratégicos, la intersección del conjunto de los resultados que son óptimos
paretianos y el conjunto de los resultados que son equilibrios de Nash, es el conjunto vacío. Por
consiguiente, no hay un resultado que sea simultáneamente un óptimo paretiano y un equilibrio de
Nash.
Esta condición la encontramos en el dilema del prisionero. En el contexto narrativo ideado por
Tucker φ es “callar” y ψ es “confesar” sobre un delito, las cuales son las estrategias a las que pueden
optar dos presos cuyas recompensas en años de prisión siguen la relación {Sψ,Qφ}P{Sφ,Qφ},
{Sφ,Qφ}P{Sψ,Qψ}, {Sψ,Qψ}P{Sφ,Qψ}. En este esquema la estrategia dominante es confesar. Para ser
dominante una estrategia, debe satisfacer la condición en virtud de la cual el pago que genera es
igual o mayor que el de la otra estrategia, cualquiera que sea la estrategia del segundo agente. Tanto
el juego del punto muerto como el dilema del prisionero tienen una estrategia dominante. Sin
embargo, el juego de las garantías mutuas y el juego de la gallina no tienen estrategia dominante,
puesto que depende de la estrategia del segundo jugador. En el juego del punto muerto la estrategia
dominante conduce a un óptimo paretiano. La especificidad del dilema del prisionero, la razón por
la cual es un dilema, consiste en que los resultados óptimos paretianos y las estrategias en equilibrio
de Nash son excluyentes. Se trata de un teorema de imposibilidad que impide obtener
simultáneamente un óptimo paretiano y un equilibrio de Nash. Considerándolo desde los pagos,
que un jugador confiese y el otro se calle (y viceversa), son las combinaciones de estrategias que
producen óptimos paretianos. Considerándolo desde las estrategias, la confesión de ambos
jugadores constituye un equilibrio de Nash.
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Dicho dilema supone la imposibilidad formal de una racionalidad estratégica completa. Es una
imposibilidad si se entienden los entornos estratégicos en términos de maximización de la utilidad
subjetiva de los agentes en los que se infiere la elección a partir de las preferencias de los pagos.
Ahora bien, lo que nos interesa poner de manifiesto es que también imposibilita la metodología de
la PR en entornos estratégicos: este método debe ser capaz de explicar el orden de preferencias
establecido por el propio juego a partir de las estrategias óptimas. El dilema del prisionero genera
una escisión excluyente entre la optimalidad y la racionalidad estratégica, de tal modo que la
estrategia elegida no revela la preferencia. Para que funcione, las estrategias óptimas deberían
producir los resultados óptimos. Cabe diferenciar dos aspectos:
(i) No es posible establecer cuál es la preferencia que revela la estrategia elegida: al ser conjuntos
excluyentes, la estrategia dominante (a saber, confesar) puede indicar una preferencia por el
equilibrio de Nash o por el óptimo paretiano.
(ii) La elección de la estrategia no explica la preferencia ya dada por las reglas del juego: cada jugador
sabe que la estrategia dominante del otro jugador también es confesar, de modo que su elección
conduce a un estado de cosas que no prefiere: {Sψ,Qψ}. De la elección no se infiere la preferencia.
Hausman (Revealed preference, belief and game theory) argumenta en contra de la PR, afirmando
que un juego no se ha definido hasta que no se determinan las estrategias de los agentes, de modo
que se requieren aspectos como la utilidad esperada subjetiva para optar por una estrategia en
lugar de otra. Sin embargo, desde la PR se puede replicar señalando que se debe distinguir la
definición de un juego y el modo en el que se debe jugar, esto es, no son lo mismo las reglas del
juego y las estrategias que se deben adoptar. De este modo, los pagos forman parte de la definición
del propio juego y el orden de preferencias entre los resultados viene dado por las reglas. Si se sigue
otro orden, entonces no se está jugando a ese juego. El mejor estado de cosas es una situación
objetiva en tanto que condición del juego y no un deseo subjetivo mental. Por consiguiente, el
método de la PR permite explicar las preferencias desde las estrategias a las que se pueden optar y
no son las utilidades las que explican las elecciones. Ahora bien, lo que nos interesa destacar es el
contraste entre nuestro argumento y la crítica de Hausman. Mientras que la crítica de Hausman se
mantiene en consonancia con el conjunto de críticas que aluden a la necesidad de apelar a
elementos ajenos a la mera consistencia interna, nuestro argumento alude a una imposibilidad
formal que afecta al método de la PR. El argumento formal contra la PR desde dilemas en entornos
estratégicos tiene la ventaja de no recurrir a elementos extraños a su mismo marco de comprensión.
8. Conclusión
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Por un lado, la gran ventaja consiste en ofrecer bases empíricas a la teoría de la decisión mediante
la introducción de propiedades de racionalidad (los axiomas de PR) a la función de elección que
permiten inferir las preferencias a partir de la conducta observable de la elección. Hay que destacar
que la intención no es conseguir explicar más fenómenos, sino elaborar un aparato conceptual
equivalente al de la teoría de la utilidad ordinal, pero capaz de prescindir de conceptos
problemáticos ajenos a la consistencia interna, tales como la utilidad que alude a contenidos
mentales no contrastables ni comparables. Por otro lado, sintetizamos las dificultades en los núcleos
en los que inciden las críticas:
Lo anterior no debe suponer una cancelación del programa de investigación, la eliminación del
concepto de PR, ni un freno a los desarrollos y formulaciones actuales con sus distintas motivaciones
teóricas. La discusión sigue abierta, como puede verse en la polémica sobre las críticas de Sen y la
versión neo-samuelsoniana que recoge Hédoin (Sen’s criticism of revealed preference theory and
its ‘neo-samuelsonian critique’). Asimismo, Hands (Foundations of contemporary revealed
preference theory) expone los fundamentos de la denominada “Teoría de la Preferencia Revelada
Contemporánea” y tiene en cuenta los desarrollos recientes de los axiomas. Allende los desarrollos
contemporáneos de la PR, la actualidad de tal enfoque se hace patente en la discusión de los efectos
que tiene sobre la teoría descriptiva de la decisión, la comparación crítica con la Expected Utility y la
Cumulative Prospect Theory, así como la posibilidad de su contraste en las investigaciones propias
de la economía experimental.
Bibliografía
Hands, D.W. (2014). Paul Samuelson and revealed preference theory. History of Political Economy,
46(1), 85-116. https://doi.org/10.1215/00182702-2398939
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71. https://doi.org/10.2307/2548836
Samuelson, P.A. (1947). Foundations of economic analysis. Harvard University Press.
Sen, A. (1973). Behaviour and the concept of preference. Económica, 40(159), 241-259.
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Torres, O. (2002). El problema de las reglas de elección social en la teoría de la acción colectiva.
Retribución, justicia y bienestar. Tesis doctoral, Universidad de La Laguna, Tenerife.
Wong, S. (2006). Foundations of Paul Samuelson's revealed preference theory: a study by the
method of rational reconstruction. Routledge.
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