0% encontró este documento útil (0 votos)
11 vistas4 páginas

Historia de La Iglesia en Honduras

Historia-de-la-iglesia-en-Honduras
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
11 vistas4 páginas

Historia de La Iglesia en Honduras

Historia-de-la-iglesia-en-Honduras
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Curso Historia de la Iglesia 28

TEMA 7. LA IGLESIA EN HONDURAS

1. LAS RELIGIONES INDÍGENAS.

Hoy parece claro que Honduras, en el siglo XV, a la llegada de los españoles, estaba poblada por dos
grandes grupos culturales diferentes. Unos eran sedentarios, cultivadores del maíz y ocupaban el
departamento actual de Cortés, el Occidente, y sur. Eran mayas (Chortís, Chontales) y Lencas y
pertenecían a las culturas mesoamericanas. El otro grupo eran semi-nómada, de cazadores-recolectores,
los llamados pueblos del bosque tropical, provenientes del Sur y establecidos en los actuales
departamentos de Atlántida, Yoro, Colón, Olancho, Gracias a Dios, parte de Francisco Morazán y El
Paraíso. Había también algunos enclaves comerciales de los aztecas (México) en Trujillo, Ulúa y Naco.

Cada grupo tenía su propia religión. Los mesoamericanos eran politeístas y sus dioses se asociaban a
fenómenos de la naturaleza, estaciones, puntos cardinales y cultivo de la tierra. Veneraban las fuerzas
naturales y buscaban su protección. La religión y el calendario estaban íntimamente ligados. Asociaban
los dioses con sus calendarios y días, con un ritual propio.

En cambio, los pueblos del bosque tropical o de tierras bajas (Tolupanes, Payas, Sumos y Misquitos),
practicaban religiones unidas al chamanismo. Es decir, tenían prácticas y creencias espirituales vinculadas
a la comunicación con el mundo de los espíritus a través de ciertos ritos. Su ubicaban en la zona norte y
este del país, la región que los españoles denominaban la Taguzgalpa.

La región mesoamericana, aunque menos


extensa en territorio, estaba más poblada al llegar
los españoles. En el resto del país, la población era
más reducida y dispersa. En general los españoles
lograron cierto control militar y económico en la
zona mesoamericana, pero con mucha dificultad y
lentitud consiguieron penetrar a las zonas nor-
orientales, y, aún al fin de la época colonial, éstas
no estaban controladas.

Para el caso de nuestro departamento de Yoro, el río Ulúa era la línea divisoria entre los pueblos
mesoamericanos (de influjo maya) y los pueblos de tierras bajas como tolupanes. Los mayas vivían al lado
oeste del río, mientras que los tolupanes vivían al lado este del río. Eran estos un grupo cazador-
recolector, constituidos por 28 tribus, en el departamento de Yoro y la Montaña de la Flor (Francisco
Morazán), a los que un día evangelizaría el P. Subirana. No eran pueblos extremadamente religiosos.

2. LA PRIMERA EVANGELIZACIÓN.

Hasta 1527, existieron algunos frailes mercedarios, franciscanos o dominicos que acompañaban a los
españoles y trataban de hacer algún tipo de evangelización, pero la Iglesia hondureña se organizó a partir
de 1527, cuando el Papa Clemente VII creó la Diócesis de Honduras y nombra a Fray Alonso de Guzmán,
Obispo de ella, aunque él nunca llegó a Honduras.

De hecho, el primer Obispo que llegó a Honduras en 1538 fue Cristóbal de Pedraza, que estableció su
sede episcopal en Trujillo. Él será el primer defensor de los indígenas, muchos obligados a viajar para
trabajar en las minas del sur de América. Ya para su tiempo comenzaron a organizarse las primeras
parroquias: Puerto Caballos, San Pedro, Gracias, Comayagua, San Jorge de Olancho, mucho de este trabajo
gracias a los esfuerzos de los religiosos mercedarios.
Curso Historia de la Iglesia 29

A Cristóbal de Pedraza le sucederá como Obispo, Fray Jerónimo de Corella en 1554. Trasladará el
Obispado de Trujillo a Comayagua, sede episcopal principal hasta los inicios del siglo XX. Fue también sede
de la autoridad española en Honduras y capital tras la independencia hasta 1880, cuando esta se traslada
a Tegucigalpa durante la reforma liberal de Marco Aurelio Soto. El Obispo Corella, queriendo favorecer la
formación y el estudio, fundó una Cátedra de Gramática para los hijos de vecinos y de conquistadores. Y
consiguió la llegada de los frailes franciscanos desde 1574, hasta hoy, como evangelizadores de diversas
zonas (Nacaome, Trujillo, Comayagua, Agalteca).

A Corella le siguió el Obispo Alonso de la Cerda, dominico y nacido en Perú, que gobernó por diez años
la diócesis de Comayagua, contando con el apoyo de unos 30 sacerdotes. Le sucederá un fraile, Gaspar de
Quintanilla, quien, con la ayuda de sus hermanos franciscanos, comienza la evangelización de la
Taguzgalpa. Aunque el siglo XVI fue socialmente de decadencia económica, la presencia de la iglesia
hondureña creció en el país: fundación de obras sociales (hospitales y “casa de pobres”), atención a los
indígenas, creación del Seminario y las expediciones misioneras hacia Taguzgalpa siguiendo el curso del
río Guayape.

El siglo XVIII en Honduras será para el país, un tiempo de desarrollo por el crecimiento significativo de
la explotación minera, lo que favorecerá tanto el surgimiento de grandes capitales, como el incremento
del contrabando y comercio ilícito, sobre todo con los comerciantes ingleses establecidos en las Islas del
Caribe. Para la Iglesia también fue un tiempo de bonanza económica (construcción de iglesias, fondos de
las Cofradías) y de desarrollo de la evangelización.

3. LA IGLESIA HONDUREÑA EN LA INDEPENDENCIA.

En Honduras, el sentimiento de independencia creció entre los criollos, que veían en la independencia
de Estados Unidos y en la Revolución Francesa, ejemplos a seguir. El proceso de independencia iniciado
el 15 de septiembre de 1821 en Guatemala, duró en realidad 17 años para Honduras. Unida a la
Federación en 1824 y separada de ésta en 1838, inició su vida como país independiente, pero sin el
reconocimiento de España, hasta el 15 de marzo de 1863.

El 15 de septiembre de 1821 se proclamó la independencia de los pueblos de Centroamérica. Trece días


después llegó esta noticia a Honduras y la Independencia fue aceptada por el Cabildo de Tegucigalpa,
convocando a las autoridades civiles y eclesiásticas. Se juró la independencia y se hicieron repicar la
campana del ayuntamiento y de todas las iglesias. Entre los protagonistas de este evento se encontraba
José Cecilio del valle, redactor del Acta de Independencia suscrita en Guatemala el 15 de septiembre de
1821 y canciller de México en 1823.

En el momento de la Independencia estaba vacante la sede del Obispado de Comayagua y así continuó
por 30 años más, pues su Provisor, el Vicario Irías, chocó con el jefe de Estado Dionisio de Herrera, por
divergencias personales. Mientras tanto el Seminario estaba cerrado, las Órdenes religiosas estaban
disueltas y los sacerdotes españoles habían dejado de llegar al país.

Hasta 1876, las Constituciones de Honduras eran confesionales, o sea reconocían el catolicismo como la
religión oficial de la República. La constitución de 1880 fue la primera en la que el catolicismo ya no era
religión oficial del Estado; pero, además se prohibía a los ministros religiosos ejercer cargos públicos. La
educación, además, pasaba a ser laica. La Constitución del año 1924, declaraba, además que la iglesia
estaba separada del Estado, el cual no podrá dar subvenciones, en caso alguno, para ningún culto.

Con la Independencia, a nivel económico, la Iglesia entró en franco declive. Influyeron en ello las guerras,
la falta de un gobierno estable (Diócesis sin Obispo de 1820 al 1844), la clausura del Seminario en 1826 y
otras particularidades de cada zona. Si se añade a ello un ejercicio demasiado centralista de la autoridad
Curso Historia de la Iglesia 30

de parte de los Obispos de la época, se entenderá por qué había frecuentes divisiones al interior de la
Iglesia y del clero. Añádase la débil formación que el mismo clero recibía con la filosofía post-escolástica,
ya en crisis y eso explica la disminución de vocaciones y el decaimiento del clero nacional.

A esto hay que añadir el complejo tema de las relaciones entre la Iglesia y el Estado. La primera
generación de liberales, José Cecilio del Valle a la cabeza, sostenía que la fe y la Independencia no se
oponían y que a la Iglesia le tocaba preparar al pueblo para las transformaciones políticas que la
Independencia suponía.

Pero con Morazán, las relaciones Iglesia-Estado llegaron a experimentar un serio conflicto. Aunque era
católico, Morazán y sus seguidores liberales no estaban de acuerdo con la influencia política de la Iglesia
en la sociedad. Consideraban que la Iglesia no debía interferir en asuntos del Estado y que la religión
debía ser una cuestión sólo de conciencia personal. Apoyaron la reforma religiosa, que incluía la libertad
de cultos y de religión. Como resultado de su postura liberal, Morazán fue considerado un "enemigo de
la religión" por algunos sectores conservadores de la sociedad, incluyendo ciertos miembros de la
Iglesia.

4. LA IGLESIA HONDUREÑA DESDE EL SIGLO XX

Hasta 1916 Honduras tenía una sola Diócesis, Tegucigalpa, que dependía del Arzobispado de Guatemala.
Mons. Martínez y Cabañas, era su primer Arzobispo Metropolitano. La Santa Sede está convencida de que
existían abundantes misioneros en la Costa norte, como para dividir la Arquidiócesis. Y así el 2 de febrero
de 1916, Roma publicó la Bula “Quae rei sacrae”, que dividió la Arquidiócesis en tres zonas: la
Arquidiócesis de Tegucigalpa, la Diócesis de Santa Rosa de Copán y el Vicariato Apostólico de San Pedro
Sula. Pero el Gobierno no apoyaba esta decisión. Al fin, Mons. Dueñas, Obispo de S. Miguel (El Salvador)
viajó a Honduras en 1918 y dialogó con el Gobierno y Mons. Martínez Cabañas, quienes al fin aceptaron
la Bula Papal.

El segundo Arzobispo de Tegucigalpa fue el alemán Agustín Hombach, durante 10 años, consagrado en
1923 y fallecido en 1933. Le sucedió, José de la Cruz Turcios y Barahona, nacido en Choluteca y religioso
salesiano, el 8 de diciembre de 1947. Presentó su renuncia canónica en 1962. Le sucedió, Mons. Héctor
Enrique Santos Hernández. En 1992, fundó la Universidad Católica de Honduras. En 1993, el hoy cardenal
Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, es nombrado Arzobispo de Tegucigalpa, hasta 2023, que le sucedió
Mons. José Vicente Nácher.

Aunque con una larga historia previa, en 1963 se creó la Diócesis de Comayagua. En 1964 había nacido
la Prelatura de Choluteca, convertida desde 1979 en Diócesis de Choluteca. La Diócesis de Trujillo fue
establecida en 1987. Desde 1949 existía la Prelatura de Olancho, que fue convertida desde 1987 en
Diócesis de Olancho. En 2011 el Papa Benedicto VI creó la Diócesis de la Ceiba. La Diócesis de Yoro, antes
Vicaría, nació en julio de 2014 y la Diócesis de Danlí en enero de 2017. La más reciente, la Diócesis de
Gracias, fue creada en 2021.

De todos los ministerios y movimientos laicales que surgieron en Honduras, el más importante, sin duda,
es la Celebración de la Palabra, que nace en Honduras con ocasión de la Semana Santa de 1966, como un
medio de suplir la escasez de sacerdotes en el mundo rural hondureño.

En efecto, en marzo de 1966, el Padre Marcelo Gerin, había reunido 17 líderes campesinos para
enseñarles el sentido de la Semana Santa y la manera de celebrar la Palabra de Dios. Después los envió a
sus respectivas comunidades, para celebrar la Semana Santa. Hoy los Delgados y Delegadas de la Palabra
superan los 15 mil y se reparten en toda comunidad y Parroquia del país.
Curso Historia de la Iglesia 31

La Celebración de la Palabra puso al servicio de la Prelatura de Choluteca, y después, de todo el país,


todo un servicio a las comunidades, con su creatividad desbordante, una fuerte capacidad de iniciativa y
un amor sin fronteras, para hacer llegar el Evangelio. Los Obispos hondureños dirán que “este movimiento
se inició como un paliativo a la falta del Clero y ha evolucionado rápidamente hacia metas de animación
cristiana y desarrollo comunitario, en perfecta sintonía con las orientaciones del Vaticano II”.

La presencia de los laicos es creciente, y en buena parte a ella se debe el incremento de la Iglesia. En las
ciudades comenzaron a surgir varios movimientos laicales. Cursillos de Cristiandad, será el pionero de
todos los movimientos, y se convertirá en el verdadero dinamizador de la participación en la Iglesia y del
apostolado del seglar urbano. Entre los movimientos que irán surgiendo, muchos cuentan con antiguos
cursillistas, como el Movimiento Familiar Cristiano, y el Movimiento Carismático.

Los Caballeros de Cristo Rey: Llegaron a ser más de 5.000 y supusieron una reactivación profunda de la
vida cristiana a nivel popular. Su preocupación por el desarrollo y crecimiento de la comunidad les
mantuvo en gran creatividad pastoral.

La Legión de María, de un modo más tradicional contribuyó también a desarrollar el sentido de


organización cristiana y su deber social de servicio a la comunidad y a los enfermos. En muchas partes del
país, la Legión, sobre todo en su sector masculino, servirá de base para la difusión y organización de la
Celebración de la Palabra

Al final de la década de los sesenta surgirán también nuevas orientaciones cristianas dirigidas a estimular
al laico urbano hacia una participación en las responsabilidades sociales y políticas de la nación. Los
pioneros en este trabajo serán los padres John Fisher y Luís Santos; el primero contribuirá a la formación
de jóvenes líderes universitarios, al nacimiento de la Democracia Cristiana en Honduras y el segundo
iniciará movimientos juveniles capaces de hacerse presente en medio de los sectores más secularizados
de la sociedad.

Hoy en día, un bajo porcentaje de la población se considera atea, el 8%, mientras que el 43 % de las
personas creyentes es católica y una importante parte de las etnias autóctonas conservan su religión
original.

En los últimos años, tanto la Iglesia católica, como una gran cantidad de comunidades eclesiales de
inspiración protestante, principalmente de línea pentecostal, están experimentando un crecimiento
importante en cuanto al número de fieles. Debido a las mejoras en las comunicaciones, todas las Iglesias
cuentan con canales de televisión, radio-emisoras, periódicos, universidades y páginas de Internet. Por
otro lado, las diversas iglesias protestantes están estructuradas por 3 grandes Federaciones: la Asociación
de Pastores de Honduras, la Confraternidad Evangélica de Honduras y la Red Apostólica de Honduras.

La Iglesia evangélica de Honduras, por su parte en el siglo XX creció significativamente, lo que preocupa
a las autoridades católicas. En el año 2.000 se consideraba que un 23% de población del país profesaba el
protestantismo. Hoy en día, los últimos datos de la Dirección de Censos y Estadística del Gobierno
establecen que el cristianismo evangélico ascendió al 46% de la población, aunque la mayor cantidad de
Iglesias no están afiliadas a ninguna de las grandes organizaciones con personalidad jurídica.

También podría gustarte