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LAS COSAS Y LOS BIENES

CONCEPTO DE “COSA”

La expresión “cosa” puede tomarse como objeto de una ciencia. Desde este punto de vista, cosa es, jurídicamente, todo lo
que es o puede ser objeto de la disciplina jurídica. Tal coma las semillas son cosas para los botánicos, las realidades que
están o pueden estar jurídicamente reglamentadas son cosas para la ciencia del Derecho. Así, y aunque no usemos,
generalmente, el término en ese sentido, el homicidio, el arrendamiento, el matrimonio, la nación, son cosas; y la verdad es
que, así consideradas, las expresiones cosas e instituciones jurídicas se confunden. En tal sentido el Código Canónico
calificaba de res a los sacramentos, que se reglamentaban en el Libro III, titulado “de rebus”.
Considerada la cosa como institución jurídica, su contenido es muy variable ya que lo que interesa al Derecho es muy amplio
según el momento histórico o pueblo de que se trate. Por ejemplo, en otro tiempo lo laboral no era objeto de la ciencia del
derecho, y sí lo era lo relativo a la fe religiosa.
Anticipadamente no puede establecerse lo que será o no será objeto de regulación jurídica.
Sin embargo, las cosas, no son en el sentido anterior que nos interesan sino en el de objeto de relaciones jurídicas. Desde el
punto de vista jurídico positivo, cosa es todo lo que es relevante tomado en cuenta por la ley y que pueda ser objeto de
relaciones jurídicas.

CARACTERÍSTICAS DE LA NOCIÓN JURÍDICA DE COSA


a) Extrañeza al sujeto. “Cosa se contrapone a persona, como objeto se contrapone a sujeto”. Como el derecho está
constituido por relaciones jurídicas que tienen por titular a las personas y por objeto a las cosas, la cosa tiene que ser extraña
al sujeto.
b) Relevancia jurídica. Esto significa posibilidad de ser objeto de relaciones jurídicas. Es decir, debe entenderse como
interés considerado por el ordenamiento jurídico.
c) La noción de cosa es independiente de la noción de apropiabilidad por un sujeto. Así, las cosas que la naturaleza ha
hecho comunes a todos los hombres (artículo 585), los metales de una mina inexplorada, las “res nullius“, el tesoro no
descubierto, son cosas, aunque no tengan jurídicamente dueño, porque pueden ser objeto de relaciones jurídicas.
d) La cosa puede se presente o futura y tanto la una como la otra son cosas.
e) Debe proporcionar o poder proporcionar una utilidad al hombre. Esta utilidad puede ser, como se ha dicho, presente o
futura; material o moral. Pero no es necesario que tenga valor económico. El concepto de cosa no se limita a lo patrimonial.
Así, el derecho al honor, a la libertad, a la vida, a la privacidad, pertenecen al campo jurídico y pueden no ser de contenido
económico. Hay disposiciones legales, como el artículo 19 Nº 7 letra i de la Constitución Política del Estado, que se refieren
al “daño moral “.

COSAS Y BIENES.
Tradicionalmente las leyes y los códigos, y la doctrina y la práctica, han hablado de cosas y de bienes.
Para los romanos los bienes eran una clase de cosas. Eran aquellas cosas que podían proporcionar una ventaja o bienestar
al hombre.
Muchos autores consideran que los bienes son las cosas que produciendo una utilidad al hombre, son susceptibles de
propiedad y, al parecer, ese fue el sentido en el que los tomó Bello.
La palabra “cosa” tiene un significado objetivo en sí misma, sin considerar al sujeto, siempre que sea jurídicamente relevante.
La palabra “Bien”, por el contrario, da a entender la idea de interés, de utilidad, y, por consiguiente, se refiere al sujeto.
La palabra “cosa" tiene un contenido objetivo, la palabra “bien" tiene una referencia subjetiva. Se trata sólo de dos puntos de
vista ya que la noción de cosa coincide con la de bien desde una apreciación jurídica (esto es, sin considerar la apropiabilidad
de los bienes). Recordemos que entre las características de la noción jurídica de cosa está la de que proporcione o pueda
proporcionar una utilidad cualquiera al hombre.
Por esa razón, porque la noción de cosas se refiera a un aspecto objetivo en sí, y la de bien se refiere a la utilidad del sujeto,
en las leyes algunas clasificaciones se refieren más a las cosas y otras a los bienes. Se dice comúnmente cosas fungibles,
divisibles, consumibles, y no tendría mayor sentido atribuir esas cualidades a los bienes. Por el contrario, es apropiado hablar
de bienes patrimoniales y extrapatrimoniales, pues esa clasificación se relaciona con el interés. Ello no significa que no se
hable de bienes muebles e inmuebles, como lo hace nuestro código, pero entonces la expresión “bien" está tomada como
cosa, es decir, desde un punto de vista objetivo y no del interés.
La distinción que se ha hecho entre cosa y bien, en la que se considera a las cosas como objeto en el que se pueden ejercer
derechos subjetivos y a los bienes como interés que constituye el contenido del derecho subjetivo, tiene utilidad pues permite
explicar la coexistencia de varios derechos subjetivos en una misma cosa. Es perfectamente posible que sobre un mismo
predio se constituyan varias servidumbres y que, además, se dé en hipoteca. Todos los derechos mencionados coexisten
además con el derecho de propiedad y todos ellos tienen por objeto la misma cosa, pero se refieren a bienes (derechos)
diversos, es decir, a diversas utilidades que la misma cosa puede dar.
Los códigos muchas veces emplean indiferentemente las expresiones “cosas" y “bienes”.
Sin embargo, se acostumbra a llamar cosas a las entidades que no son susceptibles de propiedad, como las cosas que la
naturaleza ha hecho comunes a todos los hombres (artículo 585).
A las cosas que son susceptibles de propiedad se les llama, indistintamente, cosas o bienes. Por eso el artículo 565 dice que
los bienes son cosas corporales o incorporales y el artículo 576 dice que las cosas incorporales son derechos reales o
personales, que sin duda son bienes.
En todo caso, pensamos que las características esenciales de los bienes son su utilidad, su apropiabilidad y su delimitación
de las otras cosas.

COSAS CORPORALES E INCORPORALES


Según el artículo 565 los bienes consisten en cosas corporales o incorporales.
Cosas corporales son las que tienen un ser real y pueden ser percibidas por lo sentidos, como una casa, un libro.
Cosas incorporales son las que consisten en meros derechos, como los créditos y las servidumbres activas. No tienen
existencia exterior, no caen bajo el imperio de los sentidos y sólo pueden ser percibidos por la inteligencia.
Para considerar corporal una cosa basta que sea percibida por cualquiera de los sentidos. En ese
aspecto, una descarga eléctrica es una cosa corporal, pero no lo es la energía eléctrica.

LOS DERECHOS
Tradicionalmente se ha considerado que los derechos son cosas incorporales, porque sólo pueden percibirse
intelectualmente. No podemos percibir con nuestros sentidos un derecho de
crédito a un derecho de usufructo.
El artículo 576 dice que las cosas incorporales son derechos reales o personales.
Pero la distinción entre cosas corporales y derechos presenta una dificultad. Se trata de una clasificación que se basa en dos
criterios diversos. Cuando decimos que el fundo es cosa corporal y el usufructo incorporal, nos referimos en el primer caso a
la cosa sobre la que recae el derecho, no al derecho mismo. Por el contrario, cuando decimos que el usufructo es incorporal
nos referimos más al derecho que a la cosa. En realidad si consideramos la cosa sobre la que recae el derecho, es cosa
corporal el fundo sobre el que recae la propiedad y el usufructo; si por el contrario, consideramos al derecho, todos los
derechos son incorporales, es decir, tanto el derecho de propiedad como el de usufructo.
Esta incoherencia deriva del hecho que los romanos indicaban la cosa para designar el derecho de propiedad; decían “res
mea est" para significar la sujeción total de la cosa al propietario en vez de decir: tengo un derecho de propiedad sobre la
cosa.
Muchos autores estiman que entre “los derechos considerados como cosas no se puede considerar al derecho de propiedad,
ya que ésta tradicionalmente, se identifica con la cosa en que se ejerce. Decir tengo un derecho de propiedad sobre una cosa
es como decir que tal cosa es mía, porque está sujeta plenamente a la voluntad de propietario“.
“Por tanto, cuando se constituyen ciertos derechos, éstos tienen como objeto la cosa más bien que el derecho de propiedad.
Las servidumbres y el usufructo limitan el derecho de propiedad, pero están constituidos sobre la cosa, son iura in re, más
que derechos sobre la propiedad“.
Hacemos presente, sin embargo, que el artículo 577 menciona entre los derechos reales, que son cosas incorporales según
el artículo 576, el de dominio o propiedad.
De lo dicho anteriormente no puede concluirse que todos los derechos pueden tener como objeto solamente cosas
corporales, de manera que un derecho no pueda tener como objeto otro derecho.
“Sólo limitando el derecho subjetivo al ámbito de los derechos reales y concibiéndolos, por tanto, como poder sobre una cosa,
se puede encontrar absurdo un derecho sobre un derecho, porque parece absurdo un poder sobre un poder “.
Nuestro código, sin embargo, en su artículo 583 dice que sobre las cosas incorporales hay también una especie de
propiedad. Así, el usufructuario tiene la propiedad de su derecho de usufructo.
Pero si el derecho subjetivo se entiende en la forma amplia que siempre se le ha dado, de modo que coincida con la de
interés o facultad jurídica, no presenta dificultad admitir un derecho que se refiera a un interés que sea un derecho.
Tradicionalmente se ha entendido así, y en el lenguaje legislativo se habla de usufructo y de prenda de crédito (artículo
2389); el usufructuario puede dar en arriendo el usufructo (artículo 793), etc.

Otros bienes inmateriales


En la categoría de los bienes o cosas incorporales, contrariamente a como lo hacían los romanos, es preciso mencionar no
solamente los derechos sino, una numerosa serie de entidades que solo se pueden concebir intelectualmente.
Hay una serie de entidades incorporales que no pueden percibirse con los sentidos y que, aun siendo jurídicamente cosas,
no son derechos, aunque pueden constituir objeto de derechos.
Como esta categoría de cosas es por demás heterogénea, su régimen jurídico es muy diverso. El artículo 584 dice que las
producciones del talento o del ingenio son una propiedad de sus autores y que esta “especie” de propiedad se regirá por
leyes especiales. Tales leyes son la Nº 17.336 sobre propiedad intelectual, el D.L. Nº 958, de 1931, sobre propiedad
industrial, la convención Interamericana Universal sobre Derecho de Autor.

A continuación analizaremos algunas de estas entidades incorporales que no son derechos:


a) Energía: Cualquiera energía, natural o producida por el hombre, que puede ser sometida al poder del hombre o
presente utilidad socialmente apreciable, es bien y, consiguientemente, puede constituir objeto de derecho.
La fuerza de gravedad, la energía vital, el movimiento del mar, la electricidad atmosférica, la energía solar o térmica
de la tierra y tantas otras energías que espontáneamente ofrece la naturaleza, no son bienes; son cosas comunes a
todos los hombres porque por su iluminación están a disposición de todos, lo mismo que el aire que se respira. Bien
es el resultado o sea el
producto de tales energías: bienes son por tanto, la yerba, los árboles, los animales producidos por la energía
genética, pero no la energía que produce tales cosas. En tales, y en infinitos otros casos la energía natural es la
causa o el origen natural del bien, pero no es el bien de por si. La fuerza de cohesión está a disposición de todos y
por tanto no es un bien, pero el hombre se vale de ella para construir edificios que son bienes.
Por tanto, son bienes las energías que son producidas por el hombre a semejanza o bien explotando leyes de la
naturaleza. Una cascada de agua y una cantidad de carbón no son en si mismas mas que cosas materiales; es el
hombre que mediante adecuados procedimientos hace
prácticamente útil la energía natural contenida en seas cosas.
Los medios materiales necesarios para la utilización de la energía y, en consecuencia, para que esta constituya un
bien, son jurídicamente diversos de la energía, tanto que mientras tales
medios son corporales, la energía es siempre bien inmaterial.
Entre las energías que hoy son susceptible de amplísimo empleo podemos mencionar la eléctrica, la fonética, la
óptica.
La energía eléctrica, desde luego, se puede considerar como desprendida y distinta de los
medios de transmisión.
En la energía genética, desde el punto de vista de las relaciones privadas, el contrato que a ella se refiere
(arrendamiento, comodato, contrato innominado y único uso, y por tanto se trata de
una goce limitado de la cosa.
Las energías fonética que da lugar a la radiodifusión y a los discos no es bien un sentido jurídico. Lo que es
apreciable en este caso no es la energía, sino el derecho de autor, cuya obra se
transmite por medio de ellos. Igual cosa sucede con la energía óptica generada por los proyectores.
Bienes son también los medios materiales en que la energía se concreta; el disco es un bien material, de la misma
manera que es un bien un libro que reproduce la obra de un autor. Por tanto bien es la obra del ingenio lo mismo que
el medio destinado a reproducirla, pero no la energía de por si.
b) Espacio Aéreo. Se ha discutido si el espacio aéreo es jurídicamente cosa. La verdad que mientras es
espacio es un vacío que puede ser llenado, pero entonces deja de ser espacio.
Mientras es espacio no se puede considerar bien ya que como tal no da utilidad alguna. Lo que da utilidad no es el
espacio de por si, sino la posibilidad sobre el suelo, que se manifiesta en plantaciones o construcciones. Se trata de
facultades inherentes a la propiedad del suelo que el
propietario ejercita directamente o por medio de otros a los que ha concedido un derecho real o de crédito o que
tienen una facultad puramente precaria sobre el suelo.
A medida que el ejercicio del derecho de propiedad se concreta en alguna cosa material (construcción, plantación),
el espacio deja de ser tal. El espacio da utilidad en cuanto desaparece.
Esto demuestra que el espacio aéreo no es bien ya que desaparece sin destrucción alguna ni de hecho ni jurídico.
La denominada propiedad del espacio no es otra cosa que la facultad inherente al derecho de propiedad del suelo
para ser ejercitada, sea el propio dueño o por terceros.
c) Trabajo y hecho del hombre. El trabajo, entendido como actividad no es un bien porque no es entidad que se
pueda destacar del hombre que lo produce. Será bien indudablemente el
producto del trabajo o el derecho a que alguien trabaje para otro, como cualquier otro derecho de crédito.
Tampoco son bienes, por la misma razón, el hecho humano y los servicios. Bien es, en cambio, el derecho a obtener
de otros un determinado comportamiento positivo o negativo; pintar un cuadro o construir una casa no son bienes,
pero lo son no solo el derecho a obtener de alguien que pinte el cuadro o fabrique la casa sino, también, el resultado
de tales actividades, el cuadro y
la casa.
d) Obras del ingenio. Toda creación intelectual en cualquier campo (literario, artístico, científico, técnico)
es considerada como bien. Tales creaciones son bienes inmateriales aun
manifestándose prácticamente en casos materiales, ya que la creación, como ideas, puede tener existencia
independiente del medio material que la trasmite y la hace perceptible a los demás; una cosa es el poema, el
romance, como obra del ingenio y otra cosa es el libro que lo reproduce; una cosa es la música y otra la partitura.
No obstante, hay obras del ingenio que se materializan en ciertas cosas corporales y no tienen existencia
independiente de ellas. Una obra de arte pictórica o escultórica se concreta en la
tabla, tela o mármol y la producción no tiene el mismo significado y valor que puede tener la reproducción de un
poema o de una música. Las reproducciones de la obra literaria, científica, musical son infinitas, todas iguales entre
si, sin que existan copias, como no existe un original. Por el contrario, en la pintura y en la escultura bien es tanto la
creación como idea, como el medio material en el que se transfigura, ya que no es materia sino que resulta obra de
arte.
Recordamos que el artículo 584 dice que las producciones del talento o del ingenio son una propiedad de sus
autores y que esta especie de propiedad se regirá por leyes especiales.
Importancia de la clasificación de las cosas en corporales e incorporales
Esta clasificación tiene importancia porque la ley atiende a la naturaleza corporal o incorporal de los bienes para
dictar las normas relativas a los modos de adquirir las diversas clases de bienes y la manera como se puede
disponer de ellos. Hay modos de adquirir el dominio, como la ocupación y la accesión, que solo se aplican a los
bienes corporales. Hay modos de adquirir el dominio que están sometidos a distintas normas según se trate de
cosas corporales e incorporales, como la tradición y la prescripción.

LAS COSAS INCORPORALES


De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 565, cosas incorporales son las que consisten en meros derechos, como los
créditos y las servidumbres activas.
El artículo 576 por su parte dice que las cosas incorporales son derechos reales o personales.
Ya hemos visto que las cosa incorporales son las que no pueden ser percibidas por los sentidos; las que solo pueden ser
percibidas por la inteligencia.
También hemos visto que además de los derechos reales y personales, hay otras cosas incorporales como, por ejemplo, las
energías.

LOS DERECHOS REALES Y LOS DERECHOS PERSONALES


Esta clasificación de los derechos en reales y personales se fundamenta en la situación o relación del titular del
derecho con la cosa que es objeto de este.
Derecho real es el que tenemos sobre una cosa sin respecto a determinada persona (artículo 577 inciso 1).
Es lo que los romanos llamaban “jus in re”, aunque ellos lo aplicaban mas bien a los derechos reales con exclusión del
dominio.
Derechos personales o créditos son los que solo pueden reclamarse de ciertas personas, que, por un hecho suyo o la sola
disposición de la ley, han contraído las obligaciones correlativas; como el que tiene el prestamista contra su deudor por el
dinero prestado, o el hijo contra el padre por alimento (artículo 578).
En los derechos personales hay una relación especial entre dos individuos, mediante la cual uno de ellos puede exigir del
otro, alguna prestación que según el derecho común no le debería.
Hacemos presente que la expresión obligación que el artículo 578 contrapone al derecho personal o crédito, esta tomada en
el sentido de deuda, pues la palabra obligación, técnicamente, significa el vínculo que hay entre el acreedor y el deudor; es
decir, comprende tanto al crédito como a la deuda.
Elementos del derecho real

En el derecho real se distinguen solo dos elementos:


a) El sujeto activo, que es la persona, natural o jurídica, titular del derecho, y
b) El objeto del derecho, es decir la cosa en la cual se ejerce, que puede ser corporal o incorporal.
Hacemos presente que no todos los autores están de acuerdo en que en El derecho real solo hay dos elementos.
Planiol sostiene que una relación de orden jurídico no puede existir entre una persona y una cosa. Según él, por definición,
todo derecho es una relación entre personas, y el derecho real, como todos los otros, tiene un sujeto activo, un sujeto pasivo
y un sujeto. Para Planiol el sujeto pasivo del derecho real seria “todo el mundo” excepto el titular, y su obligación (deuda)
consistiría en abstenerse de todo lo que podría perturbar el ejercicio de ese derecho.
Baudry Lacantinerie califica lo formado por Planiol de un simple juego de palabras. Estima que es inaceptable que se pueda
considerar a un individuo cualquiera como sujeto pasivo de semejante derecho. En realidad, cuando se dice que en el
derecho real hay también una relación jurídica “de orden obligatorio” y que en él figuran como obligados como sujetos
pasivos, todas las personas menos el titular, sujeto activo del derecho, se desnaturaliza el concepto de obligación. Estima
que pasivamente considerada la obligación, es una carga que afecta en definitiva el patrimonio del deudor.
Aunque pensamos que no toda obligación afecta el patrimonio del deudor, estimamos que la concepción de Planiol es
artificial y que no tiene utilidad practica.

ELEMENTOS DEL DERECHO PERSONAL O CRÉDITO


En esta clase de derechos se ven claramente tres elementos:
a) Una persona, sujeto activo, o titular del derecho, llamado “acreedor”, que es el que puede exigir la
prestación;
b) Otra persona, sujeto pasivo del derecho, el deudor, que es la persona que se encuentra en la necesidad de procurar
al acreedor un beneficio determinado, y
c) El objeto del derecho, que puede consistir en un hacho positivo como la prestación de una cosa o en una
abstención.
Los derechos personales se llaman así porque ligan a una persona respecto de otra estableciendo entre ellas una relación de
dependencia jurídica.

CARACTERÍSTICAS DEL DERECHO REAL


a) Como ya lo dijimos, en el derecho real solo hay dos elementos el sujeto activo y el objeto del derecho;
b) El titular del derecho real se aprovecha “directamente” de la cosa objeto del derecho o de la utilidad que este puede
proporcionar;
c) El derecho real tiene necesariamente por objeto una cosa, corporal o incorporal, no puede tener por objeto el
derecho de una persona desde que su ejercicio se hace sin respecto a determinada persona;
d) El objeto del derecho real necesariamente debe estar determinado en especie; no se concibe un “jus in re” sobre
cosas determinadas en género o indeterminadas;
e) El derecho real, por lo mismo que se ejerce directamente en la cosa, sin consideración a determinada persona, es
absoluto, existe respecto de todos, y las acciones que de él nacen, acciones reales, pueden ejercitarse contra cualquier
persona que ponga obstáculo actualmente al ejercicio del derecho, sin que sea posible decir de ante mano quien será esta
persona. En este sentido, el derecho real es abstracto.
El que sea absoluto da al titular del derecho real la facultad de perseguir la cosa quienquiera que sea el poseedor o tenedor
de ella y cualquiera sea el título por el cual la haya adquirido;
f) Los derechos reales, salvo algunas excepciones, pueden ser adquiridos pueden perderse por prescripción, y
g) Él numero de derechos reales es limitado. No hay otros derechos reales que los que la ley determina.

CARACTERÍSTICAS DEL DERECHO PERSONAL


a) El derecho personal, como lo hemos analizado, hay tres elementos, el acreedor, el deudor y el objeto;
b) La relación entre el titular del derecho personal (acreedor) y la cosa es indirecta, es a través del deudor;
c) El objeto de los derechos personales es la prestación o abstención que debe realizar el deudor. Dicho objeto puede
ser dar, hacer o no hacer algo. Es decir, puede ser un hecho del hombre;
d) La determinación del objeto en el derecho personal puede ser en genero (artículo 1508);
e) El derecho personal es relativo solo existe de respecto de la persona que se haya obligada a la prestación o
abstención. La acción que nace del derecho personal, acción personal, no podrá ejercerse, llegado el caso, si no contra el
deudor, persona determinada y conocida de antemano, que a contraído la obligación correlativa al derecho y que es el único
que puede violarlo no cumpliéndola;
f) El número de derechos personales es ilimitado. Hay tantos derechos personales como relaciones jurídicas puedan
crearse.
ENUMERACIÓN DE LOS DERECHOS REALES
Según el inciso segundo del artículo 577 son derechos reales el de dominio, el de herencia, los de usufructo, uso o
habitación, los de servidumbres activas, el de prenda y el de hipoteca.
El artículo 579, por su parte, agrega que el derecho de censo es personal en cuanto puede dirigirse contra el censuario,
aunque no este en posesión de la finca acensuada, y real en cuanto se persiga esta.
La disposición antes citada se aplica, también al censo vitalicio (artículo 2279 inciso 2).
La anticresis según el artículo 2438, no da al acreedor, por si sola, ningún derecho real sobre la cosa entregada. Sin
embargo, la anticresis judicial o prenda Pretoria, cuando se constituye en bienes, muebles, da al acreedor los derechos y
privilegios de un acreedor prendario (artículo2445 del Código Civil y artículo 507 inciso 2 del Código de Procedimiento Civil).
Las prendas especiales, como la agraria, la industrial y de la compraventa a plazo con prenda, también son derechos reales.
Algunos autores estiman que el derecho legal de retención es un derecho real. La verdad es que se ejerce sobre una cosa
sin respecto a determinada persona, y que los bienes retenidos son considerados, según su naturaleza, como hipotecados o
constituidos en prenda, pero solo para los efectos de su realización y de la preferencia a favor de los créditos que garantiza lo
que es propio de los derechos reales; pero no da derecho de persecución, que también es característico de los derechos
reales.
La concesión ha sido considerada por la mayoría de los autores como un derecho real.
Las concesiones mineras son derechos reales especiales distintas del dominio y sobre las cuales se tiene dominio
(Constitución de 1980 y Ley Orgánica Constitucional sobre concesiones mineras).
Por ultimo, los pocos autores que consideran que la posición es un derecho, lo clasifican de real. Hacemos presente que
según algunos autores entre los derechos reales, considerados como cosas,
no se puede mencionar el derecho de propiedad, ya que este se identifica con la cosa en que se ejerce: el decir tengo un
derecho de propiedad sobre esta cosa es como decir esta cosa es mía, porque la cosa esta sujeta plenamente a la voluntad
del propietario.
Los tratadistas explican esta singularidad, como ya lo hemos dicho, con la confusión que los romanos, hicieron entre el
derecho de propiedad y la cosa objeto de el. Siendo el derecho de propiedad el más completo que una persona puede tener
sobre una cosa, se identifica por decirlo así con las cosas, se materializa en ellas; y las cosas pasan a representar el derecho
de que son objeto directo o inmediato.
Nuestro código según lo hemos expresado, en su artículo 577 señala como el primer derecho real al de dominio o propiedad.

LAS ACCIONES
El artículo 577 dice que los derechos reales nacen las acciones reales y el artículo 578 dice que de los derechos
personales o créditos nacen las acciones personales. Por su parte el artículo 580 expresa que los derechos y
acciones se reputan bienes muebles o inmuebles según los casos a que dicho articulo se refiere. Es decir, considera
entre los bienes incorporales a las acciones.
Sin embargo, la acción no constituye un bien distinto del derecho que protege.
Desde un punto de vista procesal la acción es un poder autónomo que tiene por objeto obtener una determinada resolución
jurisdiccional sobre la pretensión que se hace valer aunque sea infundada.
Desde el punto de vista del derecho civil, la acción es el derecho que se hace valer en juicio para obtener que sea
reconocido, satisfecho o respetado.
El concepto correcto es el concepto procesal.

Las acciones admiten diversas clasificaciones:


a) Acciones personalísimas, que son las que protegen los derechos de la personalidad, por ejemplo, el nombre;
b) Acción de estado, que son las que tienen por objeto las relaciones de familia, por ejemplo, la acción de reclamación
del estado de hijo (artículo 320);
c) Acciones patrimoniales, que protegen derechos de contenido pecuniario;
d) Acciones reales, que son las que nacen de los derechos reales. Son la acción reivindicatoria y la acción de petición
de herencia.
Se pueden intentar contra cualquiera persona que posea sin ser sueña un derecho real;
e) Acciones personales, que son las que nacen de los derechos personales.
Solo pueden intentarse contra el deudor. Por ejemplo la que tiene el comprador para que se le entregue la cosa comprada; la
que tiene el vendedor para reclamar el precio; la del arrendador para pedir la terminación del contrato de arrendamiento o
para que el arrendatario le pague la renta; la que tiene el que ha sufrido un daño con un delito para ser indemnizado;
f) Acciones muebles, si la cosa que se persigue o que se debe es mueble;
g) Acciones inmuebles, si la cosa debida o que se persigue es un inmueble (artículo 580);
h) Acción penal, que es la que nace de los delitos y tiene por objeto el castigo del culpable;
i) Acción civil, que tiene por objeto la restitución de la cosa o su valor y la indemnización de perjuicios;
j) Acción privada, desde un punto de vista penal, es la que solo puede intentar el titular del interés protegido;
k) Acción publica, también desde un punto de vista penal, es la que puede intentar cualquiera;
l) Acción popular, es la que se concede a cualquiera persona del pueblo (artículos 2328 y 2333);
m) Acción principal, es la que emana de los actos que son principales;
n) Acción accesoria, es que emana de los actos accesorios. Por ejemplo, la hipotecaria (artículo 2416).

LA EXCEPCIÓN
Es toda defensa que el demandado pueda poner a la acción del demandante y que tiene por objeto enervar, destruir
la acción o corregir el procedimiento. Por ejemplo, la nulidad, el pago, la prescripción, la incompetencia del tribual,
etc.
Las excepciones admiten una clasificación fundamental que podemos desprender de la definición:
a) Perentorias, que son las que miran el fondo del pleito y tienen por objeto enervar la acción. Por ejemplo, la nulidad,
el pago;
b) Dilatorias, que son las que se refieren a la corrección del procedimiento sin afectar el fondo de la acción deducida.
Por ejemplo, la incompetencia del tribunal (artículo 303 del Código de Procedimiento Civil).
Las excepciones, también, pueden clasificarse según de que resultan y quien puede oponerles en:
a) Excepciones reales, que son las que resultan de la naturaleza de la obligación, que son inherentes a la obligación
(artículos 1520 y 2354).
Puede oponerlas cualquier persona;
b) Excepciones personales, que son las que resultan de ciertas circunstancias particulares que dicen relación con
determinadas personas. Por ejemplo, la nulidad relativa, un plazo común a todos los deudores.
Solo las personas que se encuentran en la referida situación pueden oponerlas;
c) Excepciones mixtas. Se acostumbra a dar este nombre a la compensación y a la remisión en las obligaciones
solidarias. Estas materias serán estudiadas en el curso sobre las obligaciones.
Las excepciones, por regla general, no prescriben. Sin embargo la excepción de nulidad absoluta y la rescisión o nulidad
relativa prescriben en 10 y 4 años respectivamente (artículos 1683 y 1691).
COSAS MUEBLES E INMUEBLES
Históricamente esta clasificación de los bienes y su importancia, se fundamenta en la posibilidad o imposibilidad que tienen
las cosas de transportarse de un lugar a otro, sea por fuerza propia o por una fuerza externa.
Sin embargo actualmente la ley en cuanto a la importancia de las cosas, toma en cuenta no aquel criterio físico de la
movilidad, contenido en la terminología, sino la importancia social de los bienes, de modo que aquel lenguaje resulta
convencional. Son inmuebles aquellos declarados tales por ley. La inclusión es una u otra categoría no es obra de
interpretación, sino de voluntad legislativa. Por ejemplo, los animales destinados al cultivo o beneficio de un inmueble son
inmuebles.
Cuando se dicto nuestro código la base de la fortuna eran los inmuebles y de ahí que se les diera un tratamiento especial y
se consideraran de mayor importancia.
“Hay hoy entidades, y la serie no está ciertamente cerrada, en un tiempo desconocidas o descuidadas (electricidad, agua
para el uso industrial, minería, metano, etc.) de las que la técnica moderna hace cada vez mas extensas aplicaciones hasta el
punto de que adquieren tal importancia social que hacen surgir una particular disciplina mas que su inclusión en la categoría
de los inmuebles, la cual hoy no corresponde enteramente el circulo de los bienes de mayor importancia social; ya que hay
bienes considerados muebles, que tienen importancia económica social igual, sino mayor, que los inmuebles.
Hoy resulta un contrasentido y no responde a la realidad presente el hecho de que la ley rodee a la enajenación de una
choza de especiales formas y garantías que no se requieren para la enajenación de todo un patrimonio mobiliario.

CLASIFICACION DE LAS COSAS MUEBLES E INMUEBLES


Para estudiarla debemos distinguir entre cosas corporales e incorporales.
En el derecho romano la división de los bienes muebles e inmuebles solo aparece aplicada a los objetos materiales, porque
se consideraba que las cosas incorporales, que son entes morales, no eran propiamente susceptibles de la calidad de
muebles ni de la calidad de inmuebles.
Pero el derecho moderno ha generalizado la clasificación y la ha aplicado a toda clase de bienes, tanto corporales como
incorporales. El artículo 566 dice, en efecto, que las cosas corporales se dividen en muebles e inmuebles, y el artículo 580
dispone que los derechos y acciones (es decir las cosas incorporales) se reputan muebles o inmuebles según lo sea la cosa
en que han de ejercerse o que se debe.

BIENES CORPORALES MUEBLES E INMUEBLES


Según el artículo 567, muebles son las cosas que pueden transportarse de un lugar a otro.
Inmuebles o fincas o bienes raíces son las cosas que no pueden transportarse de un lugar a otro; como las tierras y las minas
(artículo 568).
El inciso segundo del artículo 568 dice que las casas y heredades se llaman predios o fundos. Los predios o fundos pueden
ser urbanos o rústicos.
Para determinar si un inmueble es urbano o rústico hay que estar a lo que el respecto diga la ley de que se trate.
Así, la ley Nº 18.101 dice que se entiende por bienes raíces urbanos los ubicados dentro del
radio urbano respectivo.
La ordenanza general de construcciones dice que es urbano el predio que se encuentra dentro de los límites urbanos, y
rústico el situado fuera de población.
Hay que tener presente que el derecho da a las expresiones bienes muebles y bienes inmuebles un
sentido especial mas comprensivo que el que estrictamente pudiera corresponderle.
En su acepción jurídica estas palabras tienen un significado especial, considerándose a veces entre los inmuebles, bienes
que por su naturaleza son muebles y estimándose muebles, a la inversa, bajo ciertos aspectos, bienes que naturalmente son
inmuebles.
De este modo, estas expresiones tienen en el derecho una acepción especial distinta de la que por naturaleza debería
exclusivamente atribuírseles, y que tiende a definir los respectivos derechos de los individuos en forma que consulte del
mejor modo el interés social.

CLASIFICACION DE LOS BIENES CORPORALES INMUEBLES


Los inmuebles corporales son de tres clases: a) inmuebles por naturaleza; b) inmuebles por adherencia o
incorporación; c) inmuebles por destinación.

INMUEBLES POR NATURALEZA


Rigurosamente hablando solo son inmuebles por naturaleza las cosas que no pueden transportarse las cosas que
no puedan transportarse de un lugar a otro como las tierras y las minas.
El suelo es en realidad la única cosa cuya movilización no se concibe considerando su ser. La tierra, arena, piedras de un
suelo pueden ser separadas de éste, del que forman parte integrante, y llevadas a otro lugar, convirtiéndose, así, en bienes
muebles. Pero el suelo mismo la superficie geométrica no puede cambiarse de lugar.
Las minas también son inmuebles por naturaleza ya que forman parte integrante del suelo.
En el suelo se comprenden además, los abonos y todas las cosas que se incorporan al suelo y pasan a ser parte integrantes
de éste. Por no estar incorporado al suelo, no es inmueble el tesoro que este oculto en él.
Sin embargo, cuando tales cosas de las cuales consta el suelo, se consideran separadas de él, cesan de ser inmuebles,
aunque no se haya efectuado materialmente la separación, y pasan a ser muebles por anticipación (artículo 571, inciso 2).
El subsuelo es, igualmente, considerado inmueble por naturaleza.
A pesar de que parte de la doctrina considera que las aguas son inmuebles por naturaleza por formar parte del suelo, el
artículo 4º de nuestro Código de Aguas dice que, atendía su naturaleza las aguas son muebles, pero destinadas al uso,
cultivo o beneficio de un inmueble se reputan inmuebles. En consecuencia, en nuestra legislación, son inmuebles por
destinación solo si se destinan al uso, cultivo o beneficio de un inmueble.

INMUEBLES POR ADHERENCIA


El artículo 568 establece que también son inmuebles las cosas que adhieren permanentemente a las cosas que no
pueden transportarse de un lugar a otro, como los edificios y los árboles. El artículo 568 agrega que las plantas son
inmuebles mientras adhieren al suelo por sus raíces.
El Código francés califica de inmueble por naturaleza a los edificios, las cosechas pendientes por sus raíces, los frutos de los
árboles, etc., incurriendo en un error, pues hay diferencia considerable entre los verdaderos inmuebles por naturaleza, que
son siempre y necesariamente inmuebles; y los otros, que son
inmuebles únicamente porque adhieren permanentemente a ellos.
Hay sentencias de la Corte Suprema que califican a los edificios como inmuebles por naturaleza.
Algunos inmuebles por adherencia
Analizaremos algunos inmuebles por adherencia en consideración a la importancia relevante que tienen.
a) Edificios. Son edificios todas las obras o construcciones adheridas permanentemente al suelo.
Son edificios no sólo las casas e inmuebles destinadas a la habitación, sino todas las “obras de arte construidas”, tales como
alcantarillados, diques, presas hidráulicas, acueductos, túneles, fosos, etc., con tal que adhieran al suelo.
La adherencia debe ser permanente, lo que no significa que sea a perpetuidad. Adhieren permanentemente las cosas que se
mantienen sin mutación en el mismo lugar, mientras dura la adherencia. La perpetuidad supone una duración muy larga, una
duración sin fin. Así, los edificios construidos para una exposición son inmuebles aunque estén destinados a ser demolidos
en meses o semanas.
Esto se desprende del hecho de que la ley pone en la misma situación a los edificios y a las plantas, y, estos últimos, solo
adhieren al suelo en forma pasajera.
Las construcciones “volantes”, que no están adheridas, incorporadas al suelo no son inmuebles.
Por ejemplo, las barracas de un mercado, las carpas de un circo.
La calidad de inmueble de un edificio se extiende a todas sus partes, aunque algunas puedan ser retiradas sin perder su
forma. Por ejemplo, las escaleras, los ascensores, los teléfonos, las tablas del piso, las puertas, las ventanas, los postigos,
etc.
Las lozas del pavimento y los tubos de la cañería por las razones indicadas, son inmuebles por adherencia y no por
destinación como parece desprenderse del artículo 570.
Siendo la incorporación al suelo o al edificio la que hace inmuebles a los materiales, no basta para considerarlos tales el que
se hallen reunidos con dicho objeto. Solo lo son aquellos materiales que se han colocado permanentemente en el suelo o en
el edificio.
De la misma manera, dichos materiales pierden su calidad de inmuebles cuando son separados del suelo o del edificio. Por
ejemplo, los materiales que provienen de una demolición.
Sin embargo, los referidos materiales no pierden su calidad de inmuebles cuando la separación es momentánea, para hacer
alguna construcción o separación, con el ánimo de volverlos al edificio o suelo (artículo 573). En este caso, es determinante
la voluntad del que separa el material ya que si lo hace para darle un destino diferente al que tenía deja de ser inmueble.
b) Árboles y plantas. En la denominación de árboles entran todos los vegetales perennes, cualquiera sea su tamaño,
como los árboles propiamente dichos, los arbustos, los matorrales. En la expresión plantas entran todos los demás vegetales;
por ejemplo, la hierba, las verduras.
En resumen, son inmuebles por adherencia todos los vegetales que están unidos al suelo por sus
raíces.
Las semillas y bulbos también son inmuebles. En este caso, sin embargo, particularmente en el de
las semillas, encontramos dudoso que lo sean por adherencia pues podría considerárseles como partes integrantes del suelo.
Serían por incorporación. En todo caso el resultado es el mismo.
La adherencia debe ser permanente, pero la separación momentánea, por ejemplo la de un almácigo para ser
transportado al suelo, no le hace perder su calidad de inmueble. Si la
separación se hace para darle otro destino, por ejemplo para vender las plantas o los bulbos, recobrar su calidad de
muebles (artículo 573).
La adherencia, además, debe ser directa. Por eso las plantas que están en macetas o cajones no son inmuebles por
adherencia (artículo 569); sin embargo, pueden serlo por destinación, como lo serian las plantas colocadas en macetas para
adornar un jardín.
c) Productos y frutos de los inmuebles. Son inmuebles mientras están adheridos o incorporados al
suelo como los metales de una mina, que son inmuebles por naturaleza, y la
madera o fruto de los árboles, que son inmuebles por adherencia (artículo 571).

INMUEBLES POR DESTINACIÓN


Son las cosas que siendo muebles por su naturaleza están permanentemente destinadas al uso, cultivo o beneficio
de un inmueble, sin embargo que puedan separarse sin detrimento (artículo 570 inciso 1).
Los inmuebles por destinación conservan su naturaleza mueble y difieren de los inmuebles por adherencia en que
su inmovilización es solo ficticia y jurídica.
Condiciones que la ley exige para que muebles por naturaleza pasen a ser inmuebles por destinación
a) Que se hayan colocado en un inmueble;
b) Que hayan sido colocados en interés del inmueble mismo, esto es, para su uso, cultivo o beneficio. Por
consiguiente, serán inmuebles por destinación los caballos necesarios para el cultivo de un fundo, pero no lo serán los
destinados al recreo del dueño del fundo, ni los animales destinados a la alimentación del propietario.
c) Que la destinación tenga carácter de permanente.
La ley no exige como requisito de los inmuebles por destinación el que ésta sea hecha por el dueño del inmueble. Solo la
exige para algunos inmuebles por destinación.
La exige para los utensilios el labranza o minería y para los animales actualmente destinados al cultivo o beneficio de una
finca; para los abonos existentes en la finca y destinados por el dueño de ella a mejorarla; para las prensas, calderas, cubos,
alambiques, toneles y máquinas que forman parte de un establecimiento industrial adherente al suelo.
Los autores están de acuerdo en que la destinación puede hacerla el poseedor porque tiene ánimo de dueño.
Los animales que se guardan en conejeras, pajareras, estanques, colmenas y cualesquiera otros vivares, son inmuebles, con
tal que los vivares adhieran al suelo o sean parte del suelo mismo o de un edificio (artículo 570). En este caso, no se trata de
animales destinados al cultivo o beneficio de una finca, si no destinados al uso del vivar, que es inmueble por adherencia, o
por naturaleza, si el vivar forma parte del suelo.
Tal como dijimos, para los inmuebles por adherencia, la destinación debe ser permanente, lo que no significa perpetua, sino
estable.

Características de la enumeración que hace el Artículo 570. Crítica.


Tal como el referido artículo lo dice en su inciso primero, la enumeración que hace no es taxativa, es ejemplar. Recordemos
que de acuerdo al artículo 4 del Código de Aguas, éstas son inmuebles, aunque por naturaleza son muebles, cuando estén
destinados al uso, cultivo o beneficio de un inmueble. En este caso la ley no exige la permanencia que reclama el
código civil, pero, en nuestro concepto la expresión “destinación” lleva en si el carácter de permanencia.
El artículo 570 es criticable porque confunde, en sus ejemplos, los inmuebles por adherencia con los inmuebles por
destinación. Este artículo se refiere a los últimos. Sin embargo, señala entre ellos, a las lozas de un pavimento y a los tubos
de las cañerías que son inmuebles por adherencia.

Situación de las máquinas y artefactos de un establecimiento industrial


Si están adheridos permanentemente al edificio o al suelo creemos que son inmuebles por adherencia; si no están adheridos
al inmueble pero son necesarios para el uso cultivo o beneficio del establecimiento y éste está adherido al suelo y pertenecen
al dueño del suelo, creemos que son inmuebles por destinación (artículos 568 y 570).

Cosas de comodidad u ornato


Si están adheridas a la pared de una casa, de manera que no puedan separarse sin detrimento de ellas, son parte de las
paredes y, en consecuencia, inmueble por adherencia.
Si se trata de aquellas cosas de comodidad u ornato que se clavan o fijan en las paredes de las casas y pueden removerse
fácilmente sin detrimento de las mismas paredes, como estufas, espejos, cuadros, tapicerías, son muebles por naturaleza.
Si se trata de cosas embutidas en las paredes, de manera que formen un mismo cuerpo con ellas, aunque puedan separase
sin detrimento son inmuebles por destinación (artículo 572).
La verdad es que lo que determina la calidad de mueble o inmueble de las cosas de comodidad u ornato es la forma y
permanencia de la inmovilización.

Situación de los inmuebles por destinación y los contratos


Como los inmuebles por destinación, jurídica y ficticiamente, son parte del inmueble a que se destinan, si éste se vende y
nada se dice respecto de ellos, se entienden comprendidos en la venta (artículo 1830). De la misma manera, la hipoteca
constituida sobre bienes raíces afecta los inmuebles que por accesión a ellos se reputan inmuebles por destinación (artículo
2420).
Pero estos inmuebles por destinación dejan de ser inmuebles para constituir un derecho a favor de otra persona que el dueño
y recobran su calidad de muebles por naturaleza y, en consecuencia, los contratos que se celebren respecto de ellos se rigen
por las reglas de los contratos sobre muebles (artículo 1801).

CLASIFICACIÓN DE LAS COSAS CORPORALES MUEBLES


a) Bienes muebles por naturaleza, que a su vez se clasifican en semovientes y cosas inanimadas, y
b) Bienes muebles por anticipación.
Ya hemos visto que, de acuerdo al artículo 567, cosas muebles son las que pueden transportarse de un lugar a otro. No
importa cual sea su tamaño y la mayor o menor dificultad en su transporte. Las naves, cualquiera sean sus dimensiones, son
muebles (artículo 825 del Código de Comercio), las aguas son muebles.
Naturaleza jurídica de la electricidad
La electricidad en cuanto a energía, es una cosa incorporal; pero no es un derecho; puede constituir objeto de un
derecho.
Sin embargo, cuando la energía eléctrica se ha transformado en electricidad, por el hecho del hombre o de la
naturaleza, y puede ser aprovechado por el hombre, es un bien, y es distinto de los medios que la producen o transforman.
Como la electricidad puede ser transportada de un lugar a otro y puede ser percibida por los sentidos, hay que concluir que
se trata de una cosa corporal mueble.

Concepto de las cosas semovientes y de cosas inanimadas


Como lo dice el artículo 567, se llaman semovientes las cosas que pueden transportarse de un lugar a otro, moviéndose ellas
mismas, como los animales.
Cosas inanimadas son las cosas que solo pueden transportarse de un lugar a otro por medio de una fuerza externa.

MUEBLES POR ANTICIPACIÓN


Son los inmuebles por naturaleza, adherencia o destinación, que se consideran muebles, aún antes de su separación del
inmueble de que forma parte o a que acceden, para el efecto de constituir un derecho sobre ellos a favor de otra persona que
el dueño del inmueble (artículo 571).
El Código al dar el concepto de muebles por anticipación se refiere a los productos de los inmuebles y a las cosas accesorias
a ellas. Por eso se comprenden en esta categoría de bienes a los inmuebles por naturaleza, por adherencia o por destinación
sobre los que constituye un derecho a favor de los terceros.
Son inmuebles por naturaleza entre los señalados por vía de ejemplo como muebles por anticipación en el artículo 571 la
tierra o arena de un suelo, los metales de una mina y las piedras de una cantera.
Son inmuebles por adherencia, las hierbas de un campo y la madera y frutos de los árboles. Son inmuebles por destinación
los animales de un vivar.
Se les reputa muebles porque no se les considera como unidos o formando parte de la tierra o dedicados permanentemente
al uso, cultivo o beneficio de un inmueble, sino en su estado futuro, como si ya estuvieran separados y como distintos del
inmueble en que se encuentran. Se les reputa muebles anticipadamente para el efecto de reconstituir sobre ellos un derecho
a favor de otra persona que el dueño del inmueble.
Por ello, la venta de los inmuebles por anticipación, que al celebrarse son inmuebles, se rige por las reglas de la venta de
cosas muebles y es consensual (artículo 1801 inciso 3).
Por ello, el artículo 2420 dice que la hipoteca constituida sobre bienes raíces afecta a los muebles que por accesión a ellos se
reputan inmuebles según el artículo 570, pero deja de afectarlos desde que pertenecen a terceros.

Contenido de la expresión “bienes muebles”


Cuando por la ley o por el hombre se usa la expresión “bienes muebles” sin otra calificación, se comprenderá en ella todo lo
que se entiende por cosas muebles, según el artículo 567 (artículo 574 inciso 1).
Es decir, se comprenden en esa expresión sólo las cosas corporales muebles, se han semovientes o cosas inanimadas.
En consecuencia se excluyen los muebles por destinación (artículo 567 inciso 2); los inmuebles por adherencia y,
lógicamente los inmuebles por naturaleza. También se excluyen los derechos muebles pues el artículo 567 a que se refiere el
artículo 574 solo trata de las cosas “corporales” muebles.
Contenido de la expresión “muebles de una casa”
Cuando se emplea esa excepción, solo se comprende en ellas las cosas que forman el ajuar de una casa. Es decir, los
muebles de uso común de una casa, los muebles u objetos con que la casa se halla amoblada, guarecida o provista.
Sin embargo, el código expresamente excluye de la expresión que estamos analizando algunas cosas que, ordinariamente,
forman el ajuar de una casa.
Excluye el dinero, los documentos y papeles, las colecciones científicas o artísticas, los libros o sus estantes, las medallas,
las armas, los instrumentos de artes y oficios, las joyas, la ropa de vestir y de cama, los carruajes o caballería o sus arreos,
los granos, caldo y mercancía (artículo 574 inciso 2).
No hay duda que en el ajuar de una casa se comprende los estantes y la ropa de cama. Sin embargo los excluye.
La excepción “todo lo que se encuentra en una casa” comprende solo las cosas que forman su ajuar y se excluyen las que se
mencionan en el inciso 2 del artículo 574. Así lo dice el artículo 1121, que se refiere a los legados.
En el legado de una hacienda de campo con sus muebles o con todo lo que se encuentra en ella, no se comprenderán, de
acuerdo al referido artículo 1121, otras cosas que las que sirven para el cultivo y beneficio de la hacienda y se encuentran en
ella.

Bienes muebles registrados


Por la importancia cada vez mayor que han tomado los bienes muebles, el legislador ha introducido para alguno de ellos un
régimen jurídico especial, relativo especialmente a su enajenación, forma de publicidad, garantías constituidas en ellos, que
los han acercado a los inmuebles. Tal régimen es el del Registro. Dichos muebles son los registrados.
Los principales muebles registrados son las naves, las aeronaves, los vehículos motorizados y las aguas. Las naves, las
aeronaves y las aguas pueden hipotecarse.
La prenda industrial, la agraria y otras especiales deben inscribirse en un determinado registro.
Las normas especiales correspondientes a estos registros y el régimen relativo a los bienes registrados exceden el objetivo
de este trabajo.
En todo caso, el régimen jurídico de los muebles registrados, en muchos aspectos, se asemeja al de los inmuebles.

Aplicación de los conceptos de muebles e inmuebles a las cosas incorporales


Según el artículo 580 los derechos y acciones se reputan bienes muebles o inmuebles, según sea la cosa en que se han de
ejercer o que se deba. Así el derecho de usufructo sobre un inmueble, es inmueble. Así la acción del comprador para que se
le entregue la finca comprada, es inmueble; y la acción del que ha prestado dinero, para que se le pague, es mueble.
Si la obligación es de hacer, el derecho y la acción para exigir su cumplimiento son muebles porque los hechos que se deben
se reputan muebles. La acción para que el artífice ejecute la obra convenida, o resarza los prejuicios causados por la
inejecución del convenio, entra por consiguiente en la clase de los bienes muebles. Por eso el derecho para que el artífice
ejecute una cosa es mueble (artículo 581).
La misma forma se aplica a los derechos que tienen por objeto una abstención ya que esta recae en un hecho negativo.
Las obligaciones que emanan del contrato de promesa, por ejemplo, de promesa de compraventa de un inmueble, son
muebles porque del contrato de promesa nace una obligación de hacer; celebrar el contrato prometido, aunque este se
refiera a un inmueble.
El derecho de hipoteca es, por regla general inmueble, ya que se ejerce sobre bienes raíces. Sin embargo, la hipoteca de
naves y de aeronaves, permitida por el artículo 2418 y por el D.L. Nº 1286, publicado en el diario oficial de 23 de diciembre de
1975, es mueble porque recae en cosas muebles.

Naturaleza jurídica de la obligación de entregar una cosa y del derecho a exigirla


Obligación de dar es la que tiene por objeto transferir el dominio de una cosa o constituir un derecho real sobre ella.
Obligación de hacer es la que tiene por objeto la ejecución de un hecho.
Obligación de no hacer es la que consiste en una abstención.
Obligación de entregar es la que tiene por objeto el traspaso material de una cosa, sin transferir su dominio y sin constituir un
derecho real sobre ella. Por ejemplo, la obligación que tiene el arrendador de entregar la cosa arrendada al arrendatario.
El derecho de exigir el cumplimiento de una obligación de dar será mueble o inmueble según lo sea la cosa que se debe
(artículo 580).
Aceptando las definiciones anteriores, la obligación de entregar no es dar, consiste en la ejecución de un hecho. En
consecuencia, conforme lo dispone el artículo 581 es mueble ya que se trata de un hecho que de debe.
Sin embargo, la doctrina también acepta que la obligación de entregar, que en estricto derecho es de hacer, puede ser
inmueble o mueble según lo sea la cosa que debe entregarse y que se le aplican las normas de las obligaciones de dar a
este respecto.
Para pensar así, se apoya en dos argumentos principales:
a) El artículo 581 dice que la acción que tiene el comprador para que se le “entregue “la finca comprada es inmueble.
Luego, aplica a una obligación de entregar la clasificación de mueble o inmueble, que es propia de las de dar.
Podría pensarse que la obligación del vendedor es de dar ya que la compraventa, según algunos, solo tiene por objeto
transferir el dominio. Sin embargo, el vendedor, además de obligarse a transferir el dominio, se obliga a entregar
materialmente la cosa y el artículo 580, de sus palabras, nos hace concluir que a esta o que a ambas obligaciones se refiere.
b) Cuando se discutió el Código de Procedimiento Civil, se dejo expresa constancia en las actas respectivas, que la
ejecución de las obligaciones de hacer, que en su principal efecto, se regirá por las reglas del procedimiento ejecutivo de las
obligaciones de dar.
Por ultimo hacemos presente que no nos parece adecuado el ejemplo que pone el artículo 581 de que la acción que tiene el
que encarga una obra para que se le resarzan los perjuicios es mueble porque se trata de un hecho. Es mueble, por regla
general, porque recae sobre dinero, pero normalmente es de dar.

Aplicación o no aplicación de las normas que hemos analizado en los números anteriores respecto de ciertas
acciones especiales
a) Si la obligación cuyo cumplimiento se demanda comprende muebles e inmuebles, el derecho y la acción
correlativos son muebles respecto de estos e inmuebles respecto de los bienes raíces.
Sin embargo, para los efectos de la competencia de los tribunales, si se entabla una misma acción que tiene por objeto
reclamar cosas muebles o inmuebles, será el juez competente el del lugar en que estuvieren situados los inmuebles (artículo
137 del Código Orgánico de Tribunales).
b) Si la obligación es alternativa y comprende muebles e inmuebles y la elección depende del acreedor, ser mueble o
inmueble según lo sea la cosa que demande.
Si la elección es del deudor, el derecho y la acción participan del carácter de mueble e inmueble ya que el deudor puede
pagar con cualquiera de ellos.
Claro que para los efectos de la competencia, deberá ocurrirse al juez del lugar en que estén situados los inmuebles.
c) La acción resolutoria podría calificarse de mueble o de inmueble según sea el objeto del contrato cuya resolución se
pide. El objeto principal de la acción resolutoria es recobrar las cosas objeto del contrato.
d) La acción que tiene el comprador para que el vendedor le sanee la evicción, es mueble cuando tiene por objeto la
indemnización a que se refiere el artículo 1847.
También es mueble la acción de saneamiento por evicción en cuanto tiene por objeto que el vendedor asuma la defensa del
comprador, ya que tiene por objeto la ejecución de un hecho.
e) Las acciones de nulidad y rescisión serán muebles o inmuebles según sea el objeto del contrato que se pretende
anular ya que su objetivo es recuperar las cosas que son objeto de ese contrato.
f) La acción del demandante para exigir al mandatario el cumplimento de su encargo es mueble ya que tiene por
objeto la ejecución de un hecho.
Si el mandatario ha actuado a nombre propio y no del mandante, la acción para que se le entreguen las cosas a que el
encargo se refería será mueble o inmueble según lo sean esas cosas.

Importancia de la clasificación de los bienes en muebles e inmuebles


Bello dio más importancia a los inmuebles que a los muebles, y están mucho más protegidos en nuestro Código.
a) La enajenación de los inmuebles se hace por la inscripción del titulo en el conservador de bienes raíces; la de los
muebles por la simple entrega manual;
b) La enajenación de inmueble de incapaces requiere autorización judicial (artículos 393, 254 y 1754);
c) La venta de inmueble debe hacerse por escritura pública y, a veces, se requiere subasta (artículos 1801 y 394). La
venta de muebles es consensual por regla general;
d) La hipoteca, contrato, solemne, se refiere, por regla general a inmueble (artículo 2418). La prenda, contrato real,
generalmente, se refiere a muebles;
e) La posesión de los inmuebles es protegida por acciones especiales como son las acciones posesorias;
f) El plazo de prescripción adquisitiva es mas larga respecto de los muebles (artículo 2508);
g) La rescisión de la venta por causa de lesión enorme solo tiene lugar respecto de los inmuebles (artículo 1891);
h) La competencia de los tribunales es distinta según sea mueble o inmueble la acción intentada (artículos 135 y 138
del Código Orgánico de Tribunales);
i) Solo los muebles pueden ser objeto de actos de comercio;
j) El hurto y el robo solo pueden tener lugar respecto de cosas muebles. La apropiación indebida de inmuebles se
llama usurpación.
Hacemos presente que la lista anterior, lógicamente, no es completa.
La mayor protección especial de los inmuebles se justifica solo por razones históricas. En la época actual los muebles han
crecido en importancia, y hay muchos de ellos que tienen mayor valor que los inmuebles.

Cosas simples y cosas compuestas


Cosas simples son las que tienen una individualidad orgánica unitaria. Esto es, considerándolas desde un punto de vista
jurídico ya que desde un punto de vista físico puede ser heterogénea. Por ejemplo, es cosa simple un animal aunque esté
formado por una pluralidad de elementos desde el punto de vista de un estudioso de la anatomía. El terreno es una cosa
simple, aunque este formado por diversos elementos.
Las cosas simples pueden ser producidas por la naturaleza o por el hombre cuando presentan elementos tan íntimamente
fundidos o compenetrados que den lugar a un todo unitario, de modo que cada uno de los elementos componentes piedras
prácticamente su individualidad; por ejemplo, un pan, un cuadro.
Las cosas inmateriales como las energías, o las obras del ingenio, o los derechos, son cosas simples. El usufructo es cosa
simple, aunque pueda ser analizado y descompuesto en varias facultades; podemos separar mentalmente las facultades de
usar la cosa de la de gozar de ella; pero si las separamos en la realidad, no estaríamos frente a un derecho de usufructo.
Las cosas simples son indivisibles, no es un sentido que no se puede dividir en partes físicas o jurídicas, sino es el sentido de
que no se pueden descomponer en los elementos que las constituyen sin destruir su esencia.
Cosas compuestas son las que resultan de la unión material de dos o mas cosas simples, que no pierden su individualidad
aun formando parte del todo. Por ejemplo, un edificio.
A diferencia del pan, las cosas simples que forman un edificio pueden separarse sin que pierdan su identidad.
Las cosas compuestas presentan una unidad compleja. Hablamos de cosa y no de suma de ladrillos, concreto y hierro.
Pero es una unidad que admite la autonomía de tales elementos.
Las cosas compuestas son siempre creadas artificialmente por el hombre.
En las cosas compuestas, las cosas simples son “partes” del todo. En la cosa simple, la unión de los elementos da lugar a
una transformación tal que no es posible distinguir el todo de la parte; por ejemplo, en el pan no podemos distinguir la
harina, del agua, de la sal y de la levadura.
La noción de cosa compuesta puede también extenderse a las cosas incorporales. Así la opera es una cosa compuesta
formada de música, libreto, argumento. Sus partes son individualizadas a pesar de que en conjunto forman un todo unitario,
la ópera.

Importancia de la distinción en cosas simples y compuestas


Respecto de las cosas compuestas es posible la coexistencia de relaciones sobre el todo distintas de aquellas sobre los
singulares elementos que las componen. Ello no es posible respecto de las cosas simples. No es concebible que alguien sea
propietario de un animal sin serlo de su sangre.
Precisamente porque la cosa compuesta se presenta como complejo unitario, los actos de disposición del todo se refiere
implícitamente a las partes componentes. Si se vende un edificio, se vende todo sus componentes. Lo mismo tiene lugar
respecto de las cosas simples. Si vendo un animal, vendo todas sus partes. Pero mientras que en cuanto al animal es
absurdo pensar en enajenarlo y no enajenar su esqueleto o su sangre, en cuanto al edificio es perfectamente posible que el
enajenaste exceptúe cualquier elemento de la construcción, por ejemplo, las puertas.

Las Universalidades
Se llaman universalidades algunos complejos patrimoniales resultantes de la reunión no material, como en las cosas
compuestas, sino ideal de una pluralidad de cosas homogéneas o heterogéneas, de modo que formen una entidad compleja,
que trascienda de las singulares cosas componentes, sujeta a una única denominación y a un único régimen jurídico, aun
dejando subsistente la individualidad práctica y jurídica de cada una de las cosas componentes.
La universalidad no es suma de cosas singulares sino una entidad que las trasciende, que las supera sin excluir que las
cosas singulares puedan considerarse separadamente.
El concepto de universalidad es constante. Sin embargo, las categorías de universalidades no son fijas; varían en
consideración a su función social. La herencia ha sido inmutable desde los romanos hasta nuestros tiempos. Las
universalidades tampoco están sujetas a un régimen uniforme.
Generalmente la universalidad no implica la creación de una nueva entidad que se añada o se sobreponga a las cosas
singulares que la componen; de otro modo se llegaría al absurdo de que, si yo soy propietario de un rebaño, soy propietario
de las singulares cabezas más el rebaño. “.
Sin embargo, generalmente desde el punto de vista económico, a la suma del valor de las cosas singulares que forman la
universalidad se agrega un valor mayor.
La universalidad no es un bien compuesto, como lo es una casa por ejemplo. Tampoco es universalidad un montón de
trigo.
Las universalidades presentan una vasta gama en que el mínimo es el par; por ejemplo, una yunta o tiro de animales. Lo
importante en la universalidad es el hecho de que su valoración social es distinta a la simple suma de las cosas que
la forman. Una cosa es tener dos caballos y otra un tiro de caballos. Una cantidad, aunque sea importante, de acciones es
una suma, pero el paquete de mayoría es una cosa distinta de la suma puramente aritmética de las acciones.
La esencia de la universalidad está en la unidad; por eso, la suma de dos o más cosas es siempre suma aún cuando se las
designe con una expresión comprensiva de ella, por ejemplo, una docena. En la suma el conjunto no trasciende de la suma
de cosas singulares que la componen.
Lo mismo sucede con las personas. El pueblo no es suma de personas; tampoco lo es un conjunto orquestal o teatral.
Si no se encuentra dificultad en admitir las noción de persona jurídica, como entidad que supera y no se identifica con las
personas naturales que la componen, no vemos porqué ha de encontrar dificultad el admitir el concepto de universalidad.
El máximo a que llega la noción de universalidad es la herencia, que es entidad compleja que comprende cosas
corporales e incorporales, activo y pasivo, y que, como unidad, está destinada a pasar de un sujeto a otro.
El carácter de universalidad de la herencia está reconocido por las ley en al artículo 951 que dice que se sucede una persona
difunta a título universal o a título singular. Agregando que el título es universal cuando se sucede al difunto en todos sus
bienes, derechos y obligaciones transmisibles, o en una cuota de ellos, como la mitad, tercio o quinto.
Sin pretender hacer una enumeración completa de las universalidades, que además de la herencia, reconoce nuestro código,
mencionaremos las siguientes:
a) Los rebaños y ganados (artículos 788, 1123 y 1984);
b) Los bosques y arbolados (artículos 783 y 1980);
c) Un tiro, yunta o pareja de animales (artículo 1864);
d) Un juego de muebles (artículo 1864);
e) El ajuar de una casa (artículos 574 y 1121);
f) Las colecciones científicas y artísticas (artículo 574)

Clase de Universalidades
Desde muy antiguo las universalidades de cosas se dividen en universalidades de hecho y en universalidades de derecho.
En todo caso, ellas son distintas de los bienes u objetos que las componen.

Las Universalidades de Hecho


Estas universalidades son de cosas muebles.
Los requisitos para que nos hallemos ante una universalidad de hecho son los siguientes:
a) Es necesario una pluralidad de cosas autónomas, distintas entre sí. En esto se diferencian de las cosas compuestas
en que las partes se identifican con el todo;
b) Es necesario que la universalidad presente una unidad social y jurídicamente apreciable. Por eso no son
universalidades los agregados de cosas que se toman en cuentan por su peso, cuenta o medida.
Los enjambres de abejas no son universalidades porque cada abeja, en particular, prácticamente no constituye objeto de
relaciones jurídicas, lo constituye todo el enjambre.
El destino unitario en las universalidades de hecho se lo da el hombre. Normalmente el dueño de las cosas que la componen.
Pero podría dársele un tercero; por ejemplo, si al comprador le interesan los cuadros del vendedor porque forman una
colección según su criterio.
De la concepción unitaria de la universalidad de hecho se derivan importantes consecuencias:
a) La universalidad puede ser objeto único de un acto de disposición, sin que sea necesario celebrar tanto actos
singulares como sean las cosas singulares que la componen;
b) Puede sufrir incrementos o disminuciones, permaneciendo como unidad compleja. Por eso el usufructuario de
ganados o rebaños, es obligado a reponer los animales que mueren o se pierden, pero sólo con el incremento natural de los
mismos ganados o rebaños. Si el ganado o rebaño perece del todo o en gran parte por efecto de una epidemia u otro caso
fortuito, el usufructuario no estará obligado a reponer los animales perdidos, y cumplirá con entregar los despojos que hayan
podido salvarse (artículo 788).
Por eso, si se lega un rebaño, se deberán los animales de que se disponga al tiempo de la muerte del testador, y no más
(artículo 1123), aunque hayan aumentado o disminuido desde la fecha del testamento.

Las Universalidades de Derecho


Son los complejos patrimoniales heterogéneos, unificados por la pertenencia a una determinada persona o por una particular
función unitaria desde el punto de vista del derecho. Se diferencian de las universalidades de hecho:
a) Las universalidades de hecho sólo pueden comprender bienes muebles. Las universalidades de derecho pueden
comprender no sólo muebles e inmuebles sino elementos pasivos como las deudas. La universalidad de derecho no es
mueble ni inmueble, cualquiera sea la clase de bienes que la integre. Lo mismo sucede con las universalidades de hecho ya
que ambas son distintas de los bienes que las componen;
b) En las universalidades de hecho el carácter unitario, generalmente, está determinado por el dueño. En las
universalidades de derecho ese carácter se lo da la ley. Esto no significa que la ley las cree sino que las reconoce como tales
porque así se presentan
Las principales universalidades de derecho son la herencia, la empresa y el patrimonio.

La Herencia
Podríamos definir la herencia como un derecho real que se ejerce sobre todo el patrimonio de una persona difunta o sobre
una cuota de él.
La herencia tiene una característica que la diferencia de las otras universalidades. Mientras respecto de las otras
universalidades no se forma una entidad nueva y distinta, sino que son el enfoque desde un determinado punto de vista de
las cosas que la integran, la herencia es una entidad nueva y es un derecho real.
El heredero puede ejercitar las acciones que podía ejercer el causante pero, además, tiene una acción propia, la de petición
de herencia, que protege el derecho real de herencia.
El heredero adquiere la herencia, que es un objeto distinto de los bienes que lo integran y que tiene vida propia. Puede ser
enajenado por ejemplo.

La Empresa y el Establecimiento de Comercio


La empresa es un conjunto de bienes organizados por su propietario para el ejercicio de una actividad económica.
Corresponde a lo que en el derecho italiano y en el francés se llama “hacienda” que es una universalidad y que puede ser
cedida mediante un acto único.
En nuestro derecho se ha estimado que el establecimiento de comercio que es una clase de empresa, es una universalidad y
que no pueden ser tomado sino en el sentido de considerarlo como un bien incorporal que no se confunde con los bienes
particulares que engloba, sean corporales o incorporales. No significa que el establecimiento de comercio sea un patrimonio
distinto del patrimonio general del comerciante dueño de él. El artículo 3 del Código de Comercio se refiere a la compra de un
establecimiento de comercio. El artículo 444 del Código de Procedimiento Civil se refiere a la ejecución que recae en una
empresa o establecimiento mercantil o industrial.

El Patrimonio
Para la mayoría de los autores el patrimonio es una universalidad de derecho y un atributo de la personalidad (véase Claro
Solar Luis, Explicaciones de Derecho Civil chileno y comparado, volumen III, tomo VI, págs. 278 y sig. Edición 1979). Para
muchos, también, es uno e indivisible como la personalidad. Es uno porque comprende todos los bienes y cargas de la
persona, y la misma persona no puede tener, por lo mismo, más que un solo patrimonio. Es indivisible, porque dada su
naturaleza incorporal, no es susceptible de división en partes materiales o de cantidad. Tampoco lo es en razón de la unidad
de la persona, y por ello no puede dividirse en varias universalidades jurídicas distintas las unas de las otras.
Sin embargo, también existen autores, como Fernando Rosas Vial, que no comparten lo anterior y que sostienen que el
patrimonio no es una universalidad de derecho.
Para fundamentar su postura, Rosas Vial argumenta lo siguiente: el patrimonio puede definirse como un conjunto de
relaciones y situaciones jurídicas de una persona, que tienen contenido económico, esto es, apreciables en dinero.
En el patrimonio se puede considerar un aspecto activo y uno pasivo.
En el activo del patrimonio están todos los bienes corporales e incorporales apreciables en dinero. Se incluyen en él las
situaciones y expectativas jurídicas apreciables en dinero; por ejemplo, la situación de poder adquirir por prescripción un
derecho, la expectativa del acreedor bajo condición suspensiva. No se consideran, en cambio, algunas situaciones de hecho
o estrictamente personales, aun cuando tengan carácter económico, cuando no se concretan en una expectativa o interés en
alguna forma tutelados por la ley. Por tanto, forma parte del patrimonio la posesión, pero no la situación de un fundo que se
beneficie por estar próximo a una carretera o a una fuente de agua.
El patrimonio no es un atributo de la personalidad. No se puede decir seriamente que tenga patrimonio un pobre que no tiene
más que andrajos. Un infante abandonado sin un bien, no tiene patrimonio.
Se ha dicho, en los casos señalados, que el patrimonio sería entonces la aptitud o posibilidad de tener bienes y obligaciones
apreciables en dinero, pero eso es la capacidad de goce.
El patrimonio no es una universalidad de derecho porque no es una unidad. Sólo adquiere ese carácter cuando se transforma
en herencia.
Como suma, y no como unidad compleja, la ley considera al patrimonio cuando dice que el deudor responde con todos sus
bienes para el pago de sus obligaciones (artículo 2465). Esto significa no que pueda procederse contra todo el patrimonio de
una persona, sino sobre todos y cada uno de los bienes que lo integran. De la misma manera se considera cuando se habla
que el padre o el guardador administran los bienes del hijo o del pupilo. En ese mismo sentido se toma en los distintos
artículos del código en que se menciona el patrimonio (artículos 1744 y 1750), salvo en los relativos a la herencia que, como
hemos dicho, es una universalidad jurídica (artículos 85 y 996, 1341, 1382).

Cosas Fungibles y no Fungibles


Esta clasificación se funda en la consideración social que se tiene comúnmente de las cosas.
La verdad es que en la naturaleza no hay dos cosas idénticas. Un billete de banco o una cantidad de trigo son cosas
físicamente distintas de otro billete de banco del mismo tipo y valor o de una igual cantidad de trigo de la misma calidad.
Pero desde un punto de vista práctico, en el concepto social, son cosas absolutamente idénticas, porque no hay interés en
tener un determinado billete o una determinada cantidad de trigo de la misma calidad que otra.
Precisamente, las cosas, cuyas características, aun cuando existan, son, sin embargo, sin importancia y pueden omitirse, se
llaman fungibles, en el sentido de sustituibles, subrogables. Una cosa puede sustituirse a otra cuando es socialmente idéntica
a la segunda.
La noción jurídica de cosa fungible resulta de la identidad económico-social de dos cosas, de la que deriva el hecho de que
puedan sustituirse una por otra.
Las cosas fungibles, porque son idénticas, son equivalentes.
La autonomía de la voluntad no puede hacer fungibles cosas que socialmente no lo son, pero puede hacer considerar como
no fungible una cosa que socialmente lo es, cuando se aprecia no en su función normal. Por ejemplo, pueden darse en
comodato algunas monedas, no obstante ser la moneda cosa fungible y por esto no ser posible darla en comodato; pero en
tal caso la moneda no está considerada como tal, esto es, destinada a ser gastada y a circular, sino para un uso
determi0nado que no es el normal.
Se ha dicho que cosa fungible es la que tiene igual poder liberatorio que otra y que, en ese sentido, la fungibilidad puede ser
establecida por el hombre. Sin embargo, en nuestro concepto en este caso no estamos en presencia de un problema de
fungibilidad sino de obligaciones facultativas o alternativas (artículo 1499 y 1505).
Como las cosas fungibles son cosas de cantidad, es necesario determinarlas.
La importancia de esta clasificación radica en que hay instituciones que sólo se aplican a las cosas fungibles y otras a las que
no lo son.
a) El mutuo necesariamente recae sobre cosas fungibles (artículo 2196). El comodato, que obliga a restituir la misma
cosa prestada, sólo tiene lugar respecto de cosas que no son fungibles (artículo 2174), salvo el caso especial que citamos
hace un momento. Lo mismo sucede, por regla general, con el usufructo y con el depósito;
Las cosas fungibles, por excepción, pueden ser objeto de depósito y en tal caso el contrato adopta la forma particular del
depósito irregular (artículo 2221). También el usufructo adquiere configuración distinta, con distintos efectos, cuando tiene por
objeto cosas fungibles y pasa a ser un cuasiusufructo (artículo 789).
b) Se podría considerar como una extensión de la noción de cosas fungibles al trabajo lo dispuesto en el artículo 1572
que dice que si la obligación es de hacer y si para la obra de que se trata se ha tomado en consideración la aptitud o talento
del deudor, no podrá ejecutarse la obra por otra persona contra la voluntad del acreedor. Luego, si no interesa la aptitud o
talento del deudor, puede efectuarse la obra por cualquiera. Bajo este aspecto se puede hablar de fungibilidad del trabajo, si
bien estaría mejor hablar de fungibilidad de la persona del trabajador.
c) La compensación legal sólo es posible entre dos deudas que tienen por objeto cosas fungibles (artículo 1656 Nº1);
d) La ley dice que las cosas muebles se dividen en fungibles y no fungibles, dando a entender que esta clasificación
no se aplicaría a los inmuebles.
Sin embargo, podría concebirse la fungibilidad respecto de los bienes raíces, cuando, por ejemplo, se trata de un número de
hectáreas de terreno que pueden elegirse de entre varias de la misma calidad en una determinada zona.

Cosas genéricas y Cosas Específicas


Cosa genérica es la que consiste en un individuo indeterminado de un género determinado (artículo 1508). Por ejemplo, un
libro.
Cosa específica es la que consiste en un individuo determinado de un género determinado. Por ejemplo, el caballo de carrera
Filibustero.
Hay autores que estiman que no hay diferencia entre las cosas determinadas en género y las cosas fungibles. La verdad es
que, entre las cosas fungibles y las cosas genéricas hay puntos de contacto pero no coincidencia.
Como lo hemos dicho, la fungibilidad consiste en que las cosas son idénticas desde un punto de vista socioeconómico. La
determinación genérica es una forma de determinar el contenido de una obligación.
Si la obligación tiene por objeto cosas fungibles, el deudor debe dar cosas que sean idénticas a las recibidas.
Por el contrario, en la determinación genérica la diferencia entre las cosas comprendidas en la misma categoría es tan
posible que la ley obliga al deudor a dar un individuo del género que sea de una calidad a lo menos mediana (artículo 1509).
La propiedad, los otros derechos reales y la posesión no pueden tener por objeto cosas determinadas en género, pero sí
pueden recaer en cosas fungibles.
La clasificación de las cosas en genéricas y específicas tiene importancia por las siguientes razones:
a) El deudor de una cosa especifica debe conservarla hasta su entrega, es decir, debe emplear en su custodia
el debido cuidado (artículos 1548 y 1549). El deudor de cosas genéricas puede destruirlas mientras existan otras
(artículo 1510);
b) La teoría de los riesgos solo tiene lugar cuando lo que se debe es un cuerpo cierto. El género no parece;
c) La pérdida fortuita de la cosa específica debida extingue la obligación (artículo 1670). La pérdida de algunas cosas
del género no la extingue;
d) Los derechos reales y la posesión solo pueden ejercerse sobre cosas específicas;
e) Los derechos personales pueden tener por objeto cosas específicas o genéricas.
Cosas consumibles y no consumibles
Se llaman consumibles desde un punto de vista jurídico las cosas que, usándola conforme a su destino, se
destruyen para el que las usa; por ejemplo, la leña, el carbón, el dinero.
Por el contrario, no son consumibles aquellas cosas que se puedan usar por un tiempo indefinido sin que el uso las destruya
o modifique especial o sensiblemente para el que las usa; por ejemplo, los libros, las casas, etc.
La noción de consumibilidad debe entenderse no en su sentido físico sino técnico-jurídico. La consumibilidad física no
coincide con la jurídica. Consunción jurídica no quiere decir destrucción de la materia, ya que físicamente la materia jamás se
destruye sino que se transforma, sino transformación de la función económica-social de la cosa: cuando quemo leña,
físicamente se ha transformado, pero no he destruido materia alguna, jurídicamente por el contrario, he destruido aquella
entidad que primeramente era leña y que ahora ya no lo es.
La noción jurídica de comsumibilidad tampoco coincide con la física bajo otro aspecto: jurídicamente es posible que una cosa
se consuma aun permaneciendo físicamente inalterable. La moneda, todavía mas la metálica, para el derecho es cosa
consumible, no obstante permanecer inalterada por largos años, ya que su consumo esta en gastarla, en el hecho mismo de
salir del patrimonio de una persona, aunque materialmente permanezca inalterada.
Por eso respecto de las cosas inconsumibles se habla de utilidad repetida en contraposición a la moneda que no se puede
gastar más que una sola vez. Análogamente son consumibles los materiales de construcción (ladrillos, vigas, etc.) porque su
uso consiste en incorporarlos a un edificio, aun permaneciendo inalterados, y la utilidad se puede repetir solo con la
separación.
Para determinar si una cosa es consumible o no, hay que tener en cuenta no todos sus posibles usos, sino el normal. Se
podrá usar una silla o un cuadro quemándolos para calentar algo, pero este no es su uso normal. Tampoco tomar en cuenta
el lento desgaste a que están sujetas todas las cosas.
La noción de consumiblidad no se identifica con la de fungibilidad, ya que se fundan en puntos de vista distintos. La
fungibilidad importa al pertenecer a una categoría en la que todas las cosas que a ella pertenecen se consideran idénticas. La
consumibilidad mira a la cosa desde el punto de vista de su destrucción por su uso normal. Sin embargo, una cosa puede
ser, a la vez, fungible y consumible; pero puede haber cosas fungibles que no sean consumibles; por ejemplo, un libro.
La importancia de esta clasificación esta en que cuando un derecho real o personal impone la obligación de restituir la misma
cosa a su termino, no puede tener lugar sobre cosas consumibles.
El usufructo, el comodato, el uso, el arrendamiento, el depósito, la prenda, por su naturaleza no puede tener por objeto cosas
consumibles. Lo dicho no se opone a que, por excepción, el usufructo y el depósito puedan recaer en cosas consumibles,
transformándose en cuasiusufructo y en deposito irregular (artículo 789 y 2221).
Hay casos de consumibilidad y no consumibilidad que podríamos llamar subjetiva y que tiene lugar:
a) cuando cosas por su naturaleza son consumibles pasan a no serlo por otras circunstancias, por ejemplo, las frutas
que se prestan para adornar una mesa;
b) cuando las cosas no siendo consumibles por su naturaleza pasan a serlo por otro motivo, por ejemplo, la ropa que
se vende en una tienda.

Cosas deteriorables
En verdad corresponden a una categoría intermedia entre las cosas consumibles y las que no lo son.
Son cosas deteriorables aquellas que se destruyen por su uso, pero no en forma tan sensible como
las cosas consumibles; por ejemplo, los vestidos.
Se trata de un concepto que a veces emplea el legislador. Así, el artículo 2220 dice que por el mero depósito no se concede
al depositario la facultad de usar la cosa depositada sin el permiso del depositante. Agrega que este permiso puede a veces
presumirse y que se presume mas fácilmente en las cosas que no se destruyen sensiblemente por el uso.
En definitiva, pensamos que las cosas que hemos llamado deteriorables no son consumibles.
Crítica al artículo 575
Este articulo que se refiere a las cosas fungibles y no fungibles confunde dichos conceptos con los de consumibles
e inconsumibles. En su inciso tercero dice que las especies monetarias en cuanto parecen para el que las emplea
como tales, son cosas fungibles y debió haber dicho que por ello son consumibles. Las especies monetarias son,
además, fungibles porque son idénticas a sus iguales.
Generalmente, las cosas consumibles son fungibles.

Cosas divisibles e indivisibles


La noción de divisibilidad jurídica no corresponde a la física. Es mas, la noción de indivisibilidad no nace del mundo
físico. Cualquier cosa material se puede dividir en partes, incluso el átomo.
Jurídicamente, en cambio, no todas las cosas son divisibles.
Son divisibles, jurídicamente, las cosas que pueden fraccionarse de modo que cada parte tenga la misma función que el todo,
y por consiguiente, que las partes y el todo haya diferencia de cantidad y no de calidad; por ejemplo, las telas, el terreno, las
cantidades de genero, son cosas divisibles. El dinero en cuanto suma es divisible, pero no lo es una moneda.
Una maquina, un animal, son físicamente divisibles, pero no lo son jurídicamente porque cada parte resultante de la división
no tiene las mismas características y funciones que el todo.
La noción de divisibilidad jurídica nada tiene que ver con la noción de valor. Es necesario que las partes tengan las mismas
funciones que el todo, pero no es necesario que la suma del valor de las cosas divididas sea igual al valor del todo. A veces
la división hará aumentar el valor del todo, otras lo hará disminuir. Esto se aprecia claramente en la división de los fundos.
En materia de divisibilidad no hay categorías rígidas. Un edificio, generalmente, podrá dividirse. Pero muchas veces no podrá
ser dividido cuando las partes singulares no tengan la autonomía suficiente para la función a que se destina el edificio. Un
terreno puede ser indivisible cuando por su pequeñez haga inútiles las partes divididas.
A veces la divisibilidad del todo no significa la divisibilidad de alguna de sus partes. Un edificio de departamentos es divisible,
pero son indivisibles y deben permanecer en común, los cimientos, las escaleras y las demás cosas que señala esa ley.
Si se considera la cosa desde el punto de vista de su valor, todas las cosas son divisibles porque el valor es siempre divisible.
Creemos que el sentido es que hemos analizado de divisibilidad y la indivisibilidad es el que hay que considerar en el artículo
1524 que define las obligaciones divisibles e indivisibles.
En el artículo 1526, que se refiere a la llamada indivisibilidad de pago, estimamos que hay casos relativos a cosas indivisibles
por naturaleza, como son los mencionados en sus números 2º y 5º. En este sentido toma la indivisibilidad el artículo 1337.
Junto con la indivisibilidad por naturaleza, de la que hemos hablado, hay una indivisibilidad establecida por la ley o por la
voluntad del hombre, en el sentido de que una cosa que es divisible por
naturaleza pasa a considerarse indivisible por disponerlo la ley o establecerlo el mismo hombre. Es indivisible por ley la
propiedad fiduciaria (artículo 1317).
La voluntad de las partes puede hacer indivisibles cosas que por naturaleza son divisibles. Tal es el caso del pacto de
indivisión a que se refiere el citado artículo 1317 en este caso se puede hablar de suspensión de la división. Lo es también el
caso a que se refiere el artículo 1526 Nº4.
Esta clasificación tiene importancia sobre todo en materia de partición de las cosas comunes. Si la cosa no admite cómoda
división, la división se hace no en naturaleza sino en valor (artículo 1337).
También tiene importancia en materia de obligaciones (artículo 1524 y siguientes).
La ley establece la indivisibilidad de las servidumbres, de la prenda y de la hipoteca (artículo 1524, 1526 Nº1, 2396 y 2408).
Es preciso distinguir entre división del derecho y división de la cosa sobre la que recae: se puede dividir el fundo sirviente o
dominante, o el fundo hipotecado, sin que esto afecte a la servidumbre o a la hipoteca. El derecho puede ser indivisible, pero
su ejercicio puede ser fraccionado, como en el caso de la servidumbre, que puede ejercitarse fraccionadamente por varios
titulares del derecho.
Por último, nos referimos a lo que el código llama la divisibilidad o indivisibilidad física y la intelectual o de cuota (artículo
1524).
A la divisibilidad física ya nos hemos referido. Jurídicamente son indivisibles físicamente las cosas que no pueden
fraccionarse, de modo que cada parte resultante de la división tenga la misma función que el todo.
Indivisibilidad intelectual o de cuota, jurídicamente, es la que impide la división de derecho. Hemos visto que todas las cosas
son divisibles intelectualmente. Sin embargo, el artículo 1524 y muchos autores consideran indivisible intelectualmente a las
servidumbres, idea que confirmarían los artículos 826 y 827.

Cosas presentes y cosas futuras


Cosas presentes son las que tienen existencia al constituirse la relación jurídica que en ellas recae. Cosas futuras
son las que no existen al constituirse la relación pero se espera que existan.
De acuerdo al artículo 1461 no solo las cosas que existen pueden ser objeto de una declaración de voluntad, sino las que se
espera que existan.
No siempre el legislador da a las relaciones jurídicas sobre cosas que no existen el mismo tratamiento.
En algunos casos considera que la relación es condicional y que se entiende hecho bajo la condición de que las cosas
existan. En otros, la considera aleatoria.
Así, el artículo 1813 dice que la venta de cosas que no existen, pero se espera que existan, se entenderá hecha bajo la
condición de existir (es decir, la considera condicional) salvo que se exprese lo contrario, o que por la naturaleza del contrato
aparezca que se compró a la suerte.
Lo mismo sucede en el artículo 1113 relativo a los legados.
El artículo 2339 permite afianzar obligaciones futuras, y no considera que se trata de una obligación condicional; pero le da al
fiador el derecho de retractarse mientras la obligación principal no exista.
El artículo 2419 dice que la hipoteca de bienes futuros solo da al acreedor el derecho de hacerla inscribir sobre los inmuebles
que el deudor adquiere en lo sucesivo y a medida que los adquiera.
En todos los casos mencionados se trata de bienes o relaciones jurídicas que no existen pero que se espera que existan en
el patrimonio de las partes. Puede ser que se trate de cosas que aun no existen en la naturaleza o de cosas que aún no han
entrado al patrimonio del que dispone de ellas. En este sentido hay que tomar la existencia de la cosa para los efectos de la
clasificación que hemos analizado. Lo dicho es sin perjuicio del valor de ciertos actos sobre cosas ajenas (artículos 1815,
2390, 2188), etc.
Cosas principales y accesorias
Cosa principal es la que tiene vida jurídica independiente. Cosa accesoria es la que no tiene y que depende de otra
principal.
Esta calificación de las cosas se aplica tanto a las cosas corporales como a las incorporales (artículos 658 y 1442).
Para determinar si una cosa es principal o accesoria, el Código no ha seguido criterios uniformes.
Respecto de las cosas incorporales, podemos decir que es principal el derecho de subsistir por si mismo, sin necesidad de
otros derechos, principal, para subsistir. Por ejemplo, derecho principal es el que tiene el vendedor para que se le pague el
precio, y accesorio el que tiene el mismo vendedor respecto del derecho de hipoteca que le confirió el comprador o un tercero
para asegurar el pago del precio. El derecho de dominio (particularmente sobre cosas corporales), el de herencia son
principales; el de prenda y de hipoteca son accesorios.
Respecto de las cosas corporales creemos que también el principal criterio que tuvo el legislador para considerarlas
principales o accesorias fue el de su posibilidad o imposibilidad de subsistir por si solas. Por ejemplo, la cría que amamanta
una hembra es considerada accesoria a ella (artículo 1829).
Sin embargo, también a tenido otros criterios para determinar si una cosa es principal o accesoria.
A veces es el criterio de la finalidad de la cosa el que ha seguido, como es el caso de los muebles permanentemente
destinados al uso, cultivo o beneficio de un inmueble, que se consideran inmuebles por destinación (artículos 570, 1830,
2420).
El valor de las cosas ha sido en otros casos el criterio seguido para determinar si son principales o accesorias, siendo
principal la de mayor estimación (artículo 659).
Hay casos en que el volumen de las cosas es el criterio seguido, según lo expresa el artículo 661. La importancia de esta
clasificación radica en que lo accesorio sigue la suerte de lo principal.
Los muebles adheridos a un inmueble o destinados a su uso, cultivo o beneficio son considerados inmuebles (artículo 570).
El derecho sobre una cosa principal se extiende a la accesoria; por ejemplo, el dueño de una cosa lo es de lo que ella
produce o a ella se junta (artículo 643), la hipoteca se extiende a los muebles que por accesión al inmueble hipotecado se
reputan tales (artículo 2420).
Extinguida la obligación o el derecho principal se extingue el accesorio (artículos 2381 Nº3, 2434 inciso 1, 2516, etc.).

Cosas apropiables e inapropiables


Cosas apropiables son las que son susceptibles de propiedad, sea pública (la nación toda, por ejemplo, una plaza),
sea privada. Cosas inapropiables son las que no son susceptibles de propiedad, es decir, las cosas que la naturaleza
ha hecho comunes a todos los hombres; por ejemplo, la alta mar, el aire (artículo 585).
Dentro de las cosas apropiables existen las cosas inapropiables, que son las que, sin embargo de ser apropiables no
pertenecen a nadie, sea porque nadie se ha apropiado de ellas (res nullius), sea porque el dueño las ha abandonado
al primer ocupante (res derelictae). En nuestro país solo pueden ser cosas inapropiables las cosas muebles pues los
inmuebles que carecen de otro dueño pertenecen al estado (artículo 590).
Cosas comerciables e incomerciables
Cosas comerciables son las que pueden ser objeto de relaciones jurídicas privadas. Se refieren a ellas diversos artículos
como el 1461, el 1464 Nº1, el 2498, etc. Cosas incomerciables son las que no pueden ser objeto de relaciones jurídicas
privadas; no pueden ser objeto de derechos reales ni personales.
Hay cosas que son incomerciables por su naturaleza, como las cosas que son comunes a todos los hombres
(artículo 585). Hay otras que lo son por su destino, como los bienes nacionales de uso público; por ejemplo, una plaza
(artículo 589).

Cosas alienables e inalienables


Cosas alienables son las que pueden enajenare. Debe tratarse de cosas comerciables. Cosas inalienables son las
que no pueden enajenarse, como las cosas inapropiables, las cosas incomerciables y algunas cosas comerciables
como los derechos de uso, de habitación, el derecho de pedir alimento, el derecho que nace del pacto de retroventa
(artículos 1464 Nº2, 819, 334 y 1884).

Relación de las clasificaciones de las Cosas que hemos analizado, entre sí


Las clasificaciones de las cosas que hemos estudiado, se fundan en diversos puntos de vista. Por ejemplo, no hay
oposición entre unas u otras. Así, un inmueble puede ser corporal o incorporal, alienable, comerciable o
incomerciable. Un mueble puede ser fungible o no, consumible o no consumible, determinado en genero o en
especie, etc.

Las cosas consagradas al culto divino


Estas cosas, según el artículo 586, se regirán por el derecho canónico, al cual nos remitimos pues su materia excede
los fines de este trabajo.
Sin embargo, el uso y goce de las capillas y cementerios, situados en posesiones particulares y accesorios a ellas, pasarán
junto con ellas y junto con los ornamentos, vasos y demás objetos pertenecientes a dichas capillas o cementerios, a las
personas que sucesivamente adquieran las posesiones en que están situadas, a menos de disponerse otra cosa por
testamento o por acto entre vivos (artículo 587).

Clasificación de las cosas según quien pueda ser su dueño


Hemos visto que hay cosas en las que nadie puede ejercer el derecho de dominio. Tales son las cosas comunes a
todos los hombres, que son inapropiables.
Otras cosas pueden ser del dominio de los particulares y son las cosas apropiables y comerciables.
Hay cosas que son apropiables pero que no pueden pertenecer a los particulares. Estas cosas son incomerciables. Su
dominio pertenece a la nación toda, son los bienes nacionales. Dentro de estas cosas que pertenecen a la nación toda, las
hay unas cuyo uso pertenece a todos los habitantes de la nación, como el de las calles, plazas, puentes y caminos, el mar
adyacente y sus playas, y que se llaman bienes nacionales de uso público o bienes públicos.
Hay bienes nacionales, luego apropiables pero incomerciables, cuyo uso no pertenece generalmente a los habitantes, que se
llaman bienes del estado o bienes fiscales, por ejemplo, el local donde funciona un
ministerio si el edificio no es particular (artículo 589).

Bienes del estado o fiscales


Son los bienes nacionales cuyo uso no pertenece generalmente a los habitantes (artículo 589 inciso final).
Los bienes fiscales son los que pertenecen al estado como sujeto de derecho privado.
Dentro del concepto de bienes fiscales están los que pertenecen a las municipalidades, a los establecimientos públicos, etc.
Es decir, los que pertenecen al Estado como sujeto de derecho privado aunque estén asignados a diversas entidades de
derecho público.
Los bienes fiscales están sujetos al derecho privado. Por consiguiente, pueden enajenarse; pueden ganarse por prescripción
(artículo 2497); los juicios que sobre ellos tengan el fisco y los particulares, se someten al conocimiento de los tribunales
ordinarios de justicia. Todo ello sin perjuicio de que existen diversas disposiciones que reglamentan el régimen de los bienes
fiscales y que los sometan a estatutos que, en algo, difieren del estatuto de los bienes de los particulares. Por ejemplo, la ley
de municipalidades hace inembargables los inmuebles destinados al servicio de una repartición municipal.
Ejemplos de bienes fiscales son:
a) Las tierras que, estando situadas dentro de los limites territoriales, carecen de otro dueño (artículo 590);
b) Los bienes que caen en comiso;
c) Las multas;
d) Los impuestos fiscales y municipales;
e) Las herencias que corresponden al fisco por no haber herederos abintestato de mejor derecho (artículo 995);
f) Las nuevas islas que se formen en el mar territorial o en ríos y lagos que puedan navegarse por buques de mas de
cien toneladas (artículo 597);
g) En general los muebles o inmuebles destinados al funcionamiento de un servicio público. Por ejemplo, el palacio de
la moneda, las bibliotecas publicas, el edificio del congreso, los artículos de escritorios de las reparticiones públicas.
Las minas
Las minas pertenecen al estado (artículo 19 Nº24 inciso 6 y siguientes de la Constitución Política del Estado en
relación con las disposiciones transitorias 2º y 3º; artículo 1 Ley Orgánica
Constitucional sobre Concesiones Mineras)
A los particulares se les da un derecho real de concesión que se constituye y caduca judicialmente (Ley Orgánica
Constitucional sobre Concesiones Mineras y artículo 19 Nº24 inciso 7 de la Constitución).

Bienes nacionales de uso público


Son aquellos cuyo dominio pertenece a la nación toda y cuyo uso pertenece además a todos los habitantes de la
nación, como las calles, plazas, puentes y caminos, el mar y adyacente y sus
playas (artículo 589 inciso 1 y 2).
Los bienes nacionales de uso público constituyen lo que se llama el dominio público, que es de características muy
particulares ya que pertenece a la nación toda, y su uso pertenece a todos los habitantes, pero la facultad de disponer de
ellos no pertenece a nadie.
Características de los bienes nacionales públicos
a) Su dominio pertenece a la nación toda;
b) Su uso pertenece a todos los habitantes de la nación;
c) Nadie puede disponer de ellos, a menos que se hayan desafectado;
d) Son bienes que están fuera del comercio humano.
No hay disposición alguna que explícitamente diga que los bienes nacionales de uso público están fuera del comercio
humano, pero ello resulta del destino de estos bienes y del hecho que según el artículo 589 pertenezcan a todos y puedan
ser usados por todos. El artículo 1105 dice que no vale el legado de cosa incapaz de hacer apropiada, según el artículo 585,
ni el de cosas que al tiempo del testamento sean de propiedad nacional o nupcial y de uso público.
La Corte Suprema a dicho que los bienes nacionales de uso público están fuera del comercio humano.
Tuición y administración de los bienes nacionales
La tuición y administración de los bienes nacionales, sean públicos o fiscales corresponden al presidente de la república
(artículos 24 y 60 Nº9 de la Constitución Política).
El presidente ejerce dicha tuición a través del ministerio de bienes nacionales en la forma que dispone el D.L. Nº1939 de
1977. El D.S. Nº577 del 16 de agosto de 1978 contiene el reglamento sobre bienes muebles fiscales.
El D.F.L. Nº789 del 9 de octubre de 1978, publicado en el diario oficial del 12 de diciembre de 1978 fija normas sobre
adquisición y disposición de bienes municipales.

Desafectación de los bienes nacionales


De acuerdo a los artículos 19 Nº23 y 60 Nº9 de la Constitución Política del Estado tanto los bienes fiscales como los
nacionales de uso público se desafectan por ley.

Dominio público marítimo


a) La alta mar. Es el mar que se extiende más allá del mar territorial.
Es una de las cosas que la naturaleza ha hecho comunes a todos los hombres (artículo 585).
Según esa disposición, no es susceptible el dominio. Luego, no es un bien nacional de uso público.
Su uso y goce son determinados entre individuos de una nación por las leyes de ésta, y entre distintas naciones por el
Derecho Internacional (artículo 585 inciso 2).
b) El mar territorial. Es el mar adyacente, hasta la distancia de una legua marina, medida desde la línea de más baja
marea.
El mar territorial es un bien nacional de uso público
En el mar territorial solo pueden pescar y cazar los chilenos y los extranjeros domiciliados en Chile (artículo 611 inciso 1 del
Código Civil y artículo 7 de la Ley Nº4601 sobre caza terrestre y marítima).
c) Mar adyacente. Es el inmediato a la costa.
Como hemos dicho hasta la distancia de una legua marina es mar territorial. Hasta la distancia de cuatro leguas marinas el
estado puede ejercer el derecho de policía para objetos concernientes a la seguridad del país y a la observancia de las leyes
fiscales. Es decir, el derecho de policía se ejerce hasta cuatro leguas marinas, pero el derecho de dominio nacional se tiene
hasta una legua marina, en ambos casos, medidas desde la línea de mas baja marea (artículo 593).
Lo dicho es sin perjuicio de que para algunos el dominio nacional se extiende hasta la referidas cuatro leguas marinas ya que
el artículo 589 inciso 2, dice que el mar adyacente es un bien nacional de uso público.
Nosotros estimamos, sin embargo, que prima el artículo 593 y que el dominio nacional se extiende solo al mar territorial.
d) Zócalo o plataforma continental e insular. Es una llanura sumergida que se relaciona estrechamente, y sin notables
accidentes, con las tierras emergidas que las ciñen.
El 23 de junio de 1947 el gobierno de Chile hizo una declaración en que confirma y proclama la soberanía nacional sobre el
zócalo continental adyacente a las costas continentales o insulares del territorio nacional y en que reivindica todas las
riquezas naturales que existen sobre dicho zócalo, en el y bajo el, conocidas o por descubrirse.
En esa declaración proclamo, también, las zonas de protección de caza y pesca marítima en los mares continentales o
insulares dentro del perímetro formado por la costa con una paralela matemática proyectada en el mar a 200 millas marinas,
distantes de las costas continentales chilenas y de las costas insulares por todos sus contornos.
e) Playa del mar. Se entiende por playa del mar la extensión de tierra que las olas bañan y desocupan
alternativamente hasta donde llegan en las mas altas mareas (artículo 594).
Las naves nacionales y extranjeras no podrán tocar ni acercarse a ningún paraje de la playa, excepto a los puertos que para
este objeto haya asignado la ley; a menos que un peligro inminente de naufragio, o de apresamiento, u otra necesidad
semejante la fuerce a ello; y los capitanes o patrones de naves que de otro modo lo hicieran estarán sujetos a las penas que
las leyes y ordenanzas respectivas les impongan. Los náufragos tendrán libre acceso a la playa y serán socorridos por las
autoridades locales (artículo 604).
Sobre estas materias rige, también, la Ley de Navegación contenida en el D.L. Nº2222 de 21 de mayo de 1978, publicado en
el Diario Oficial el 31 de mayo de 1981.

Dominio público terrestre


En el se comprende el dominio de las calles, plazas, puentes y caminos públicos.
A este dominio se refieren las disposiciones siguientes:
Artículo 592. Los puentes y caminos construidos a expensas de personas particulares en tierras que le pertenecen, no son
bienes nacionales, aunque sus dueños permitan su uso y goce a todo.
Lo mismo se extiende a cualquiera otras construcciones hechas a expensas de particulares y en sus tierras, aun cuando su
uso sea público, por permiso del dueño.
Artículo 598. El uso y goce que para el tránsito, riego navegación, y cualquier otro objetos lícitos, corresponden a los
particulares en las calle, plazas, puentes y caminos públicos, en el mar y sus playas, en ríos y lagos, y generalmente en todos
los bienes nacionales de uso público, estarán sujetos a las disposiciones de este código, y a las ordenanzas generales o
locales que sobre la metería se promulgan.
Artículo 599. Nadie podrá construir, sin el permiso especial de autoridad competente, obra alguna sobre las calles, plazas,
puentes, playas, terrenos fiscales y demás lugares de propiedad nacional.
Artículo 600. Las columnas, pilastras, gradas, umbrales, y cualesquiera otras construcciones que sirvan para la comunidad y
ornato de los edificios, o hagan parte de ellos, no podrán ocupar ningún espacio, por pequeño que sea de la superficie de las
calles, plazas, puentes, caminos y demás lugares de propiedad nacional.
Los edificios en los que se ha tolerado la practica contraria estarán sujetos a la disposición del procedente inciso, si se
reconstruyeren.
Artículo 601. En los edificios que se construyan a los costados de calles o plazas no podrá haber, hasta la altura de tres
metros, ventanas, balcones, miradores u otras obras que salgan mas de medio decímetro fuera del plano vertical del lindero,
ni podrá haberlos mas arriba, que salgan de dicho plano vertical, sino hasta la distancia horizontal de tres decímetros.
Las disposiciones del artículo precedente, inciso 2, se aplicarán a las reconstrucciones de dichos edificios.
Sobre estas materias tratan la ley general de construcciones y el urbanismo; la Ordenanza General de Construcciones y
Urbanismo; la Ley Orgánica de Municipalidades.

Dominio público fluvial y lacustre


Hoy todas las aguas son bienes nacionales de uso público y se otorgan a los particulares el derecho de aprovechamiento
de ellas.
El derecho de aprovechamiento es un derecho real que recae sobre las aguas y consiste en el uso y goce de ellas, con los
requisitos y en conformidad a las reglas que prescribe el código de aguas (artículo 6 del Código de Aguas).
Actualmente son bienes nacionales de uso público todas las aguas, incluso la de los lagos que no puedan navegarse por
buques de mas de cien toneladas y las de las vertientes que nacen y mueren en una misma heredad. Sin embargo, en estas
la propiedad de los derechos de aprovechamiento pertenece por el solo ministerio de la ley, al propietario de las riveras
(artículo 20 inciso 2 del Código de Aguas).
Dominio público aéreo
El estado es dueño del espacio aéreo, esto es, el espacio atmosférico que esta sobre su territorio y sus aguas jurisdiccionales
(Ley de Navegación Aérea, D.F.L. Nº221: convención internacional de París, suscrita el 13 de octubre de 1919; Convención
de Aviación Civil Internacional, suscrita en Chicago el 7 de diciembre de 1944).
Sobre esta materia rige, también, el D.L. Nº2564 de 21 de marzo de 1979 sobre Aviación Comercial.
Utilización de los bienes nacionales

El uso de los bienes nacionales de uso público por los particulares puede ser común o
privativo.
a) Uso común. Es el que tienen todos los habitantes en las mismas condiciones. Por ejemplo, andar por las calles. La
autoridad no puede prohibir el uso común de los bienes nacionales de uso público. Solo puede reglamentarlo (artículo 598).
El limite del uso común de los bienes nacionales de uso público por un particular, es el uso que pueden hacer de ellos los
otros particulares.
b) Uso privativo. Es el que se otorga a través de los permisos y concesiones. Importa la reserva exclusiva de una parte
del dominio público a una persona determinada.
El permiso
Es el acto unilateral de la autoridad por el que se autoriza a un particular para ocupar temporalmente y en su
beneficio un bien público. No crea derecho y es precario. Puede ser
revocado por la autoridad, sin responsabilidad para ella. Ejemplo de permiso seria autorizar a una persona para
poner en la calle un kiosco para la venta de periódicos. Siempre supone la compatibilidad con el uso del público en
general.

La concesión
Es una autorización que se otorga a un particular para ocupar, en forma privativa, a un bien público, confiriéndole
derechos sobre el bien concedido, el carácter contractual, sea en beneficio del público como del concesionario, sea
en beneficio exclusivo del concesionario
(artículo 2 D.F.L. Nº340 de 5 de abril de 1960 sobre concesiones marítimas).
a) Naturaleza jurídica de la concesión. El otorgamiento de la concesión y su régimen de funcionamiento
es un acto unilateral del estado. Pero junto con esa situación hay un contrato administrativo por el cual se crean
obligaciones y derechos entre el concesionario y la autoridad.
b) Naturaleza jurídica del derecho del concesionario. Algunos piensan que es un derecho real ya que se ejerce
sobre una cosa sin respecto a determinada persona.
Tiene importancia lo dicho ya que al considerarse que la concesión es un derecho real, el concesionario puede
intentar acciones posesorias para defender la concesión.
Hay autores que creen que sobre los bienes nacionales de uso público la concesión no es un derecho real sino que
el concesionario solo tiene derecho sobre las obras por el construidas y sobre el aprovechamiento de la cosa
publica; pero sobre esta no tiene ningún derecho real, sino
una simple tenencia.
Tratándose de bienes fiscales, los mismos autores, creen que la concesión importa un
derecho real.
c) Autoridad competente para otorgar la concesión. Dicha autoridad varia según el bien sobre que recaiga la
concesión. Normalmente será el presidente de la República, sin embargo, tratándose de bienes municipales,
corresponde concederla a la municipalidad; tratándose de las playas y terrenos de playa fiscales hasta una faja de
ochenta metros de ancho, corresponde al ministerio de
defensa (artículo 2º D.F.L. Nº340 sobre concesiones marítimas)
d) Extinción y caducidad de las concesiones y permisos. Las concesiones y permisos se extinguen por la llegada del
plazo por el que fueron concedidos; por el cumplimiento del objeto para el cual se otorgo el permiso o la concesión;
por el retiro del permiso; por el abandono de las obras; por la caducidad de la concesión, esto es, por
incumplimiento de las obligaciones del concesionario.
Sobre estas materias rigen los artículos 599 y 602 que dicen:
Artículo 599. Nadie podrá construir sino por permiso especial de autoridad competente, obra alguna sobre las calles,
plazas, puentes, playas, terrenos fiscales y además lugares de propiedad nacional.
Artículo 602. Sobre las obras que con permiso de la autoridad competente se construyan en sitios de propiedad
nacional, no tienen los particulares que han obtenido este permiso, sino el uso y goce de ellas, y no la propiedad del
suelo.
Abandonadas las obras, o terminado el tiempo por el cual se concedió el permiso, se restituyen ellas y el suelo por
el ministerio de la ley al uso y goce privativo del estado, o al uso y
goce general de los habitantes, según prescriba la autoridad soberana.
Pero no se entiende lo dicho si la propiedad del suelo ha sido concedida expresamente por
el Estado.
Hacemos presente que si el Estado concede la propiedad del suelo de acuerdo al inciso final del artículo 602, lo
enajena y para ello requiere de la ley que lo autoriza.

EL DOMINIO O PROPIEDAD
Según el artículo 582, el dominio (que se llama también propiedad) es el derecho real en una cosa corporal, para
gozar y disponer de ella arbitrariamente; no siendo contra ley o contra derecho ajeno.
Es el poder jurídico más amplio que se puede tener sobre una cosa. Cuando es completo comprende todos los otros
derechos reales.
La definición de nuestro Código, debido a la tradición romana, expresa que el dominio se ejerce sobre cosas corporales. Sin
embargo, todos los bienes, sean corporales o incorporales, pueden ser objeto del derecho de dominio. Por eso, el artículo
583 dice que sobre las cosas incorporales hay también una especie de propiedad. Así, el usufructuario tiene la propiedad de
su derecho de usufructo.
Al decir el artículo 583 que sobre las cosas incorporales hay una especie de propiedad, no ha querido significar que se trata
de una especie de derecho de dominio, de un derecho de dominio distinto al que se ejerce sobre las cosas corporales. A
usado esa expresión porque las cosas incorporales no se prestan por su naturaleza para que se ejerzan en la misma forma
que en las cosas corporales las facultades que son propias del derecho de dominio.
Todos los bienes incorporales pueden ser objeto de dominio. No solo los derechos reales sino los personales. Así el
vendedor es dueño de su derecho personal o crédito para que el comprador le pague el precio.
Características del derecho del dominio
a) Es un derecho absoluto. Esto es, su titular puede ejercer sobre la cosa de que es dueño todas las facultades
posibles y tiene poder soberano para usar, gozar y disponer ella a su arbitrio.
Sin embargo, el poder del propietario sobre la cosa esta limitado por la ley y por el derecho ajeno. Además esta
limitado por el derecho natural. No puede hacer un uso inmoral de la cosa.
Los derechos reales son especiales pues facultan a su titular para aprovecharse de una utilidad o de un conjunto de
utilidades de la cosa
b) Es un derecho exclusivo. Esto significa que supone un titular único (aunque sean muchas personas)
facultado pera usar, gozar y disponer de la cosa. Las demás personas están obligadas a respetar el ejercicio de sus
facultades.
Lo dicho no se opone a que existan sobre la cosa otros derechos reales que el titular de la propiedad debe respetar.
Tampoco se opone a la exclusividad del dominio la copropiedad o condominio pues lo que se opone a la
exclusividad del dominio es que haya dos o más derechos de propiedad independientes. En el condominio cada
comunero tiene una parte del mismo derecho de
dominio.
c) Es un derecho perpetuo. Es decir, no esta sujeto a la limitación de tiempo. Dura cuanto dura la cosa en que
se ejerce.
Solo se pierde el dominio cuando alguien, que no es el dueño, posee la cosa y la gana por prescripción adquisitiva.
Sin embargo, nosotros pensamos que la perpetuidad es una característica de la naturaleza del dominio, que puede
faltar; no es una característica de su ausencia, pus la propiedad fiduciaria puede no ser perpetua ya que esta sujeta
al gravamen de pasar a otra persona, por el hecho de verificarse una condición (artículo 733, inciso 1º).
Atributos del Dominio
Tradicionalmente se han distinguido tres atributos o facultades en el dominio: el propietario tiene la facultad de usar,
gozar y disponer de la cosa. Esos atributos o facultades corresponden al jus utendi, al jus fruendi y al jus butendi de
los romanos.
La facultad de usar la cosa consiste en servirse de ella tal cual es, sin referirse a los frutos y sin que su utilización
importe la destrucción inmediata de la cosa. Por ejemplo, habitar una casa, escribir con una lapicera.
La facultad de gozar de la cosa es la que habilita para que el dueño se apropie de sus frutos y productos, sea que
emanen de ella, como los frutos naturales; o que se obtengan con ocasión de ella, como las rentas de arrendamiento
de una casa.
La facultad de disposición es la que habilita al propietario para destruir materialmente la cosa, para consumirla, y
para desprenderse de ella.
El artículo 582 comprende las facultades de usar y de gozar en expresión “gozar” y la facultad de disponer en la
frase “disponer arbitrariamente”.
Las facultades de uso y goce se ejercen por medio de actos que no agotan la cosa o el derecho del dueño y que
pueden ser repetidos.
La facultad de disposición se lleva a efecto por medio de actos que agotan la cosa o el derecho del propietario.
Cuando los tres atributos o facultades del dominio se hallan reunido en un mismo titular, no forman mas que un todo
que es el derecho de propiedad. Esta es la propiedad plena, absoluta y completa.
Sin embargo, los referidos atributos pueden separarse y se habrá desmembrado al derecho de dominio. Se puede,
por ejemplo, conceder a un tercero la facultad de usar y de gozar de la cosa, y ese tercero será un usufructuario. Por
eso, el artículo 582 en su inciso 2 dice que la propiedad separada del goce de la cosa, se llama mera o nuda
propiedad.
De los tres atributos a que nos hemos referido, el que caracteriza al dominio es el de disposición. Los otros
derechos reales autorizan para usar y gozar de la cosa pero no para destruirla o enajenarla. El usufructuario puede
enajenar el derecho de usufructo y, en consecuencia, disponer de él, en cuanto es dueño de su derecho de
usufructo, pero no esta
autorizado para disponer de la cosa en que se ejerce el derecho de usufructo.

La facultad de disposición
Como lo hemos dicho, esta facultad comprende no solo el consumo de la cosa, entendido este consumo en un
sentido más amplio, es decir, como destrucción material de la cosa y la realización de actos físicos respecto de ella,
como su modificación física, su utilización o no utilización, sino la facultad que tiene el titular de un derecho para
desprenderse de el, sea por actos entre vivos o por causa de muerte, sea o no a favor de otra persona. Esta ultima
forma de disposición se lleva a efecto por medio de actos jurídicos como la renuncia, el abandono y la enajenación.
La expresión “arbitrariamente“ que usa el artículo 582 al referirse a la facultad de disposición hay que entenderla
como “a arbitrio” del propietario, respetando las leyes y el derecho ajeno. No en el sentido de abusar de la cosa en
forma arbitraria.
Hacemos presente que también las facultades de usar y gozar de la cosa pueden llevarse a efecto por medio de
actos materiales y jurídicos. El propietario usará la cosa por medio de actos materiales, cuando, por ejemplo, habita
en su casa; y la usará por medio de un acto jurídico cuando le da en comodato. Gozará de ella por medio de actos
materiales cuando por ejemplo, explota su fundo; y lo gozará por medio de un acto jurídico cuando la da en
arrendamiento.

La enajenación
Es un sentido amplio enajenación es todo acto en virtud del cual se transfiere el dominio de una cosa o se
constituye un derecho real sobre ella a favor de un tercero.
En un sentido restringido, enajenación significa transferencia del dominio.
Hay artículos de nuestro código que emplean la expresión “enajenación“ en sentido amplio; ejemplo, los artículos
1464, 2387 y 2414. Otros la emplean en su sentido restringido: por ejemplo, los artículos 144, 393, 1749 y 1754.
Suspensión de la facultad de enajenar
Esta facultad que, como hemos dicho, es atributo de la propiedad, puede estar suspendida por disposición de la ley
o por la voluntad del hombre.
Casos en que la facultad de enajenar esta suspendida por disposición de la ley
a) Los derechos personalísimos, como los de uso y habitación, no pueden enajenarse (artículos 819 y 1464 Nº
2);
b) Las cosas embargadas por decreto judicial no pueden enajenarse a menos que el juez lo autorice o que el
acreedor consienta en ello (artículo 1464 Nº3);
c) Tampoco pueden enajenarse las especies sobre cuya propiedad se litiga, sin permiso del juez que conoce
del litigio (artículo 1464 Nº4).
Casos en que se suspende la facultad de enajenar Por voluntad del hombre
a) El constituyente de la propiedad fiduciaria puede prohibir su enajenación por actos entre vivos (artículo
751);
b) El donante puede prohibir la enajenación, por acto entre vivos, de las cosas donadas
(artículo 1432);
c) El constituyente podrá prohibir al usufructuario ceder su usufructo (artículo 793, inciso 3º).
Facultad y capacidad de disposición
a) La facultad de disposición es el poder para disponer de un determinado derecho, para desprenderse de él.
b) La capacidad de disposición es la aptitud legal para disponer de un derecho, libremente, sin el ministerio o la
autorización de otro. Es la capacidad de ejercicio (artículo 1445, inciso 2º).
Requisitos para que la disposición de una cosa produzca pleno efecto
a) El que dispone debe ser titular del derecho de que dispone;
b) El que dispone debe tener capacidad de ejercicio;
c) El derecho de que se dispone debe ser apto para que su titular se desprenda de él. Por ejemplo, no es apto el
derecho de uso para que el titular lo enajene a un tercero.
Renunciabilidad de la facultad de disposición
Hay una serie de disposiciones de nuestro código que desconocen el valor o los efectos de las cláusulas de no enajenar. Así,
el artículo 1126 dice que si se lega una cosa con calidad de no enajenarla y la enajenación no comprometiere ningún derecho
de tercero, la cláusula de no enajenar se tendrá por no inscrita. El pacto de no enajenar la cosa arrendada solo tiene el efecto
de facultar al arrendatario para permanecer en el arriendo hasta su terminación (artículo 1964). Los bienes gravados con
hipoteca pueden siempre enajenarse, no obstante cualquier estipulación en contrario (artículo 2415).
Hay otras disposiciones que, expresamente, permiten las cláusulas de no enajenar. El constituyente de la propiedad fiduciaria
puede prohibir su enajenación (Artículo 751). Lo mismo sucede con el donante en las donaciones entre vivos ( Artículo 1432).
El constituyente de un derecho de usufructo puede prohibir su enajenación (artículo 793, inciso 3º).
Muchos autores estiman que la facultad de enajenar es de la esencia del derecho de propiedad. Creen, en consecuencia,
que las normas que la establecen son de orden publico y que, por consiguiente, los pactos en que se renuncie a ella
adolecen de nulidad absoluta, salvo que la ley los permita.
Argumentan, además, haciendo ver que el mensaje del código así lo da a entender. Agregan que si fueran válidos esos
pactos, el legislador no habría tenido que permitirlos en algunos casos.
Para los autores a que nos estamos refiriendo, las cláusulas de no enajenar adolecen de objeto ilícito y son nulas
absolutamente por contravenir normas de orden publico, particularmente los artículos 582 y 1810.

Para otros autores, las cláusulas de no enajenar son válidas, salvo que la ley las prohíba por las razones siguientes:
a) Porque en derecho privado puede hacerse todo lo que no está prohibido por la ley;
b) El hecho de que el legislador las prohíba en ciertos casos demuestra que la regla general es que están permitidas;
c) Si el dueño puede disponer de todas las facultades del dominio al enajenar la cosa, con mayor razón podrá
disponer de alguna de ellas, como es la facultad de enajenar o disponer de la cosa. Quien
puede lo mas, puede lo menos.
d) El reglamento del Registro Conservatorio de Bienes Raíces establece en el artículo 53 Nº3 que puede inscribirse
toda prohibición referente a inmueble, sea convencional, legal o judicial que entrabe de cualquier modo el libre ejercicio del
derecho de enajenar.
Para estos autores, la contravención a la prohibición de enajenar pactada en un contrato constituye la infracción de una
obligación de no hacer cuyo incumplimiento se resuelve en indemnizar los perjuicios conforme lo prescribe el artículo 1555.
A pesar de que encontramos que ambas posiciones tienen argumentos valederos, nos inclinamos por la de los que piensan
que las cláusulas de no enajenar pueden estipularse cuando la ley no las ha prohibido y que su infracción se traduce en la de
indemnizar perjuicios por haberse incumplido una obligación de no hacer.

Contenido pasivo del derecho de dominio


Está constituido por las obligaciones reales, es decir, las que afectan al propietario o poseedor por el solo hecho de serlo. El
deudor de las obligaciones reales es la persona que es propietaria o poseedora de la cosa. Estas obligaciones son
transmisibles a los herederos.
Sin pretender hacer una enumeración completa de ellas, mencionaremos las siguientes:
a) La que tiene el propietario de contribuir en las expensas de construcción, conservación y reparación del
cerramiento de la cosa de que es dueño (artículo 858);
b) La que tiene el condueño de una cerca viva de derribar los árboles medianeros si causan daño a otro
condueño (artículo 859);
c) La que tiene el dueño de un árbol que extienda sus ramas sobre el suelo ajeno o penetrar en él con sus
raíces, de cortar las ramas y de permitir el corte de las raíces (artículo 942);
d) La que tiene el propietario de un piso o departamento, de pagar las expensas comunes de su piso o
departamento, aún las devengadas antes de su adquisición;
e) La que tiene el adquirente de una cosa arrendada de respetar el arriendo en los casos del artículo 1962;
f) Las servidumbres legales constituyen un aspecto pasivo del derecho de dominio que se tiene sobre el
predio sirviente;
g) El uso que pueden hacer los pescadores de las tierras contiguas a la playa, y la prohibición que la ley
impone al dueño de dichas tierras para poner cercas, hacer edificios, construcciones o cultivos (artículos 613 y 614);
h) La obligación de no prohibir al dueño de una colmena el derecho de perseguirlas en tierras que no están
cercadas ni cultivadas (artículo 620);
i) Las obligaciones que establece el Código de Aguas para la navegación o flote a la sirga;
j) Las normas que establecen las ordenanzas generales o locales, particularmente la Ordenanza General de
Construcción. También constituyen un aspecto pasivo del derecho de dominio la observancia de las referidas ordenanzas a
que refiere el artículo 856 y la observancia de la ley General de Construcción y Urbanización;
k) La obligación correlativa al derecho que tiene el dueño de una cosa para impedir que cerca de sus paredes
haya depósitos o corrientes de agua, o materias húmedas que puedan dañarlas (artículo 941, inciso 1º);
l) La obligación correlativa al derecho que tiene el dueño de un terreno o edificio para impedir que se planten
árboles a menos distancia que la de quince decímetros, ni hortizales o flores a menos distancia que la de cinco decímetros, o
a la que el juez determine si se trata de árboles que extiendan sus raíces a gran distancia (artículo 941, incisos 2º y 3º);
m) La Ley General Ferrocarriles establece una serie de obligaciones y servidumbres respecto de los predios
colindantes a la línea de ferrocarriles;
n) Las restricciones específicas al ejercicio de determinados derechos o libertades para proteger el medio
ambiente (artículo 19 Nº8 de la Constitución);
ñ) Las limitaciones y obligaciones que deriven de la función social de la propiedad y que comprende cuanto exijan los
intereses generales de la Nación, la seguridad nacional, la utilidad y la salubridad públicas y la conservación del patrimonio
ambiental y las que la ley señale para facilitar la exploración, la explotación y el beneficio de las minas (artículo 19 Nº24 de la
Constitución);
o) La Ley de Navegación Aérea establece algunas restricciones respecto de la construcción de edificios a cierta
distancia de los aeródromos.

Limitaciones del derecho de propiedad


De acuerdo con el artículo 582, el derecho de dominio, a pesar de ser absoluto, no puede ejercerse contra ley o contra
derecho ajeno.
Las limitaciones relativas al derecho ajeno no constituyen un desconocimiento del derecho de propiedad.
Se establecen en interés recíproco de los propietarios, que el estado de sociedad hace indispensables.
Las principales limitaciones del derecho de propiedad son:
a) Las obligaciones reales a que nos hemos referido en numero anterior;
b) El abuso del derecho
c) Las establecidas en el artículo 732, esto es, la propiedad fiduciaria, el usufructo, el uso, la habitación y las
servidumbres.

El abuso del derecho


Hay abuso del derecho cuando los actos que importa su ejercicio son contrarios a los fines económicos o sociales del mismo,
o cuando, sin utilidad para el titular del derecho, se realizan principalmente para causar mal a otro.
El abuso del derecho pone en pugna el derecho de una persona con el interés de otra.
Cosa distinta es la colisión de derechos en que hay pugna del derecho de una persona con el derecho de
otra.
Constituye colisión de derecho, el caso a que se refiere el Artículo 56 del Código de Aguas que permite a
cualquiera cavar el suelo propio pozos para bebida y usos domésticos, aunque de ello resulte menoscabarse el agua de que
se alimenta algún otro pozo; pero si de ello no reportase utilidad alguna, o no tanta que pueda compararse con el perjuicio
ajeno, será obligado a cegarlo.
La sanción al abuso del derecho es la indemnización de perjuicios y la cesación o atenuación del mismo. El
fundamento de esta sanción no hay que buscarlo en el delito o cuasidelito civil, como se ha hecho, sino en el espíritu general
de la legislación y en la equidad natural (artículo 170 del Código de Procedimiento Civil).
Hay ciertos derechos, sin embargo, que pueden ejercerse libremente, en forma discrecional. Son los
derechos absolutos.
Ejemplos de derechos absolutos serían los siguientes:
a) El que tiene ciertos ascendientes para dar o negar el ascenso o licencia para el matrimonio de un descendiente
(artículo 112, inciso 1º);
b) El derecho de testar y de disponer de la porción de libre disposición;
c) El derecho del comunero para pedir la división de las cosas comunes (artículo 1317).

Protección del derecho del dominio


Además de estar protegido el titular del derecho de dominio por la acción real que nace de este derecho, es decir, por la
acción reivindicatoria, la Constitución Política establece una serie de medidas para proteger el derecho de dominio.
Por de pronto, constituye una garantía constitucional lo que dispone el Artículo 19 Nº24 de la Constitución,
que asegura a todas las personas el derecho de propiedad en sus diversas especies sobre toda clase de bienes corporales e
incorporales.
Solo la ley puede establecer el modo de adquirir la propiedad usar, gozar y disponer de ella y las
limitaciones y obligaciones que deriven de su función social.
Nadie puede, en caso alguno, ser privado de su propiedad del bien sobre que recae o de alguno de los
atributos o facultades esenciales del dominio, sino en virtud de ley general o especial que autorice la expropiación por causa
de utilidad publica o de interés nacional, calificada por el legislador. El mismo artículo 19 Nº24 de la Constitución establece
que el expropiado puede reclamar de la legalidad del acto expropiatorio ante los tribunales ordinarios y que siempre tiene
derecho a la indemnización por el daño patrimonial efectivamente causado. Señala mas adelante la forma de fijar la
indemnización.
Según el mismo artículo, la toma de posesión material del bien expropiado tendrá lugar previo pago del
total de la indemnización, la que, a falta de acuerdo, será determinada provisionalmente por peritos en la forma que señale la
ley. Agrega que en caso de reclamo acerca de la procedencia de la expropiación, el juez podrá con el merito de los
antecedentes que se invoquen, decretar la suspensión de la toma de posesión.
El artículo 20 de la Constitución establece el recurso de protección que se traduce respecto del dominio en el derecho que
tiene el propietario para ocurrir a la Corte de Apelaciones respectiva, cuando por causa de actos u omisiones arbitrarias o
ilegales sufra privación, perturbación o amenaza en el legítimo ejercicio de su derecho de propiedad. La corte adoptara de
inmediato las providencias que juzgue necesarias para restablecer el imperio del derecho y asegurar la debida protección del
afectado, sin perjuicio de los demás derechos que pueda hacer valer ante la autoridad o los tribunales correspondientes.
El Nº26 del Artículo 19 de la constitución garantiza a todas las personas la seguridad de que los preceptos
legales que por mandato suyo regulen o complementen las garantías que establece o que las limiten en los casos en que ella
lo autoriza, no podrán afectar los derechos en su esencia, ni imponer condiciones, tributos o requisitos que impiden su libre
ejercicio.
Por ultimo el Nº8 del artículo 41 de la Constitución prescribe que las requisiciones que se practiquen darán
lugar a indemnizaciones en conformidad a la ley. También darán derecho a indemnización las limitaciones que se impongan
al derecho de propiedad cuando importen privación de alguno de los atributos o facultades esenciales del dominio, y con ello
se cause daño.

Clasificación de la propiedad
La propiedad puede clasificarse atendiendo a varios puntos de vista: según su extensión, según su
titular, según su objeto.
Según su extensión se clasifica en:
a) Propiedad plena, que es la que autoriza a su titular para ejercer todas las facultades del dominio (usar, gozar y
disponer).
b) Nuda o mera propiedad, que es aquella en que el titular esta despojado de las facultades de usar y gozar de la cosa
(artículo 582 inciso 2º).
c) Propiedad absoluta, es la que no esta sujeta a condición alguna en cuanto a su termino o duración.
d) Propiedad fiduciaria, es la que esta sujeta al gravamen de pasar a otra persona por el hecho de verificarse una
condición (artículo 733, inciso 1º).
Según su titular, la propiedad se clasifica en:
a) Propiedad individual, es aquella en que su titular es una sola persona.
b) Copropiedad o condominio, es la que tiene por titular a varias personas Según su objeto la propiedad se
clasifica en:
a) Civil, que es la que reglamenta el Código Civil.
b) Intelectual o industrial, que es la que está constituida por las producciones del talento o del ingenio de sus autores
(artículo 583, inciso 1º).
Esta propiedad se rige por leyes especiales. Estas leyes son la Ley Nº17.336 sobre Propiedad Intelectual;
el D.L. 958 de 1931 sobre Propiedad Industrial, modificado por el D.F.L. Nº242 de 30 de marzo de 1960 del Ministerio de
Hacienda, publicado en el Diario Oficial de 6 de abril de 1960; la Convención Internacional sobre Derecho de Autor y la
Convención Universal sobre Derecho de Autor.

Extensión objetiva o espacial de la propiedad


El problema de la extensión objetiva del dominio se presenta con relación con los inmuebles.
a) En el plano horizontal, no hay problemas, se determina por deslindes. Si ellos no existen o no están
correctamente fijados, la ley establece el procedimiento para la demarcación (artículos 842 y 843).
b) Sobre el espacio aéreo no existe disposición alguna que en forma expresa determine el derecho del propietario
del suelo.
Hay quienes sostienen que los artículos 931 y 941 dan al propietario del suelo derecho al espacio aéreo ya
que declara, el primero, especialmente denunciable toda obra voladiza que atraviesa el plano vertical de la línea divisoria de
dos predios, aunque no se apoye sobre el predio ajeno, ni de vista, ni vierta aguas lluvias sobre el. El artículo 942, al que ya
nos hemos referido, establece por su parte, que si un árbol extiende sus ramas sobre suelo ajeno, podrá el dueño del suelo
exigir que se corte la parte excedente de las ramas.
Para algunos autores, el dueño del suelo tiene derecho sobre el espacio aéreo hasta la altura que sea útil
para el uso del inmueble.
Por ultimo, recordemos que hay autores que sostienen que el espacio aéreo no es un bien
susceptible de dominio, ya que solo tiene interés y utilidad desde que deja de ser tal mediante una construcción o plantación
que viene a ocuparlo.
En todo caso, estimaremos que el dueño del suelo tiene derecho para edificar, plantar y utilizar el suelo
usando el espacio aéreo que hay sobre él.
c) Respecto del subsuelo tampoco hay disposición que se refieran a el. Sin embargo, pueden estimarse que el
dueño del suelo lo es del subsuelo, ya que al construir, sembrar o plantar en el suelo ocupa el subsuelo. El artículo 942
establece que si un árbol penetra con sus raíces el suelo ajeno, el dueño de este puede cortarlas.
El dominio del suelo y del subsuelo implica el dominio de sus partes integrantes. Sin embargo, el artículo 591, y el artículo 19
Nº24 de la Constitución establecen el dominio del estado sobre los minerales, sin perjuicio de que pueden otorgarse a su
respecto derechos de concesión para su explotación, que tienen el carácter de derechos reales.

LOS MODOS DE ADQUIRIR EL DOMINIO

Los modos de adquirir el dominio son derechos jurídicos a los que la ley atribuye la facultad de hacer nacer o traspasar el
dominio.
Distintos modos de adquirir el dominio.
Con excepción de la ley, que no es mencionada como modo de adquirir el dominio, el artículo 588 los señala y son:
a) La ocupación: que es un modo de adquirir el domino de las cosas que no pertenecen a nadie, mediante su
aprehensión material con ánimo de hacerse dueño de ellas (artículo 606).
b) La accesión: que es un modo de adquirir el dominio por el cual el dueño de una cosa pasa a serlo de lo que ella
produce o de lo que se junta a ella (artículo 643).
c) La tradición: que es un modo de adquirir el dominio de las cosas y que consiste en la entrega que el dueño de ellas
hace a otro, habiendo por una parte de facultad e intención de transferir el dominio, y por la otra la capacidad e intención de
adquirirlo (artículo 670).
d) La sucesión por causa de muerte: que es un modo de adquirir el dominio de todo o parte del patrimonio de una
persona difunta.
e) La prescripción adquisitiva: que es un modo de adquirir el dominio de las cosas ajenas por haberse poseído dichas
cosas durante cierto lapso de tiempo y concurriendo los demás requisitos legales (artículo 2492).
f) La ley: que a veces es un modo de adquirir el dominio. Por ejemplo, cuando se expropia un bien, la ley es el modo
de adquirir el dominio de ese bien por parte de la entidad en cuyo favor se expropió.

El título mediato, el título inmediato y el modo de adquirir


La doctrina clásica, que tiene su origen en el Derecho Romano, exige para que se adquiera el dominio la existencia de un
título o causa eficiente y un modo de adquirir.
Los contratos no bastan para que se adquiera el dominio de las cosas corporales o de los derechos.
Los contratos engendran sólo derechos personales.
El modo de adquirir es la causa próxima de la adquisición del dominio. El título es la causa remota de dicha adquisición.
Podríamos decir que el título es el hecho jurídico que da la posibilidad de adquirir el dominio; y que el modo de adquirir es el
hecho jurídico que produce la adquisición del dominio. Por ejemplo, si se celebra un contrato de compraventa, del contrato
nace para el comprador un derecho personal para exigir la entrega de la cosa al vendedor. El dominio lo adquirirá el
comprador cuando el vendedor le haga entrega de la cosa, cuando le haga tradición de ella. La tradición es el modo de
adquirir el dominio y la compraventa el título de la adquisición.
Si una persona hace un testamento en que instituye un legado de especie o nombra un heredero, el testamento es el título en
virtud del cual el legatario adquiere el dominio de la especie legada y el heredero la herencia, y la sucesión por causa de
muerte es el modo de adquirir el dominio del legado y de la herencia.
Según el código francés por el contrato se transfiere el dominio. Sin embargo, tratándose de bienes raíces, para que ese
dominio sea oponible a terceros debe “transcribirse” en el Registro de Hipotecas. Luego, en Francia, tratándose de
inmuebles, hay dos formas de adquirir el dominio; entre las partes, por el contrato; respecto de terceros, por la “transcripción”.
En Chile, los autores están de acuerdo en que todo modo de adquirir el dominio es tal porque la ley lo dice. La ley es la causa
eficiente del modo de adquirir, y, en consecuencia, su título remoto.
Sin embargo, no todos coinciden en cuanto al título inmediato de los modos de adquirir el dominio.
Algunos creen que todos los modos de adquirir, sean originarios o derivativos, requieren de un título inmediato que
reglamente la forma en que se adquiere el dominio en cada modo. Estiman que en los modos de adquirir originarios, siendo
la ley su causa eficiente y la que reglamenta la forma de adquirir, el título mediato y el inmediato se confunden.
Otros piensan que sólo los modos de adquirir derivados requieren de un título inmediato, el que sería innecesario en los
originarios.
En nuestro concepto, la ley es siempre título remoto, causa eficiente, de los modos de adquirir pero, además, en los modos
originarios es título inmediato en cuanto reglamenta la forma en que se adquiere el dominio. Igual cosa sucede en la sucesión
por causa de muerte cuando es intestada. La sucesión por causa de muerte es un modo de adquirir el dominio porque la ley
lo señala como tal. Cuando es intestada, la propia ley, en los artículos 988 y siguientes reglamenta la forma en que los
herederos adquieren la herencia, y en tal sentido es título inmediato.
En la sucesión por causa de muerte testamentaria, al igual que en la tradición, la ley es título remoto porque esas
instituciones son modos de adquirir porque la ley lo señala. Sin embargo, en estos dos modos de adquirir, como los
contratantes o el testador señalan quiénes y cómo adquirirán el dominio, sus títulos inmediatos son el contrato traslaticio de
dominio y el testamento.
En consecuencia, no creemos que el título mediato y el inmediato se confundan en la sucesión por causa de muerte
abintestato y en los modos originarios. En ellos la ley cumple dos funciones, es título remoto en cuanto es causa eficiente de
ellos, y es título inmediato en cuanto reglamenta quiénes y cómo adquirirán el dominio.
Clasificación de los modos de adquirir el dominio.
a) Originarios y derivativos;
b) A título universal y a título singular;
c) Onerosos y gratuitos;
d) Por acto entre vivos y por causa de muerte.

Modos de adquirir originarios y derivativos.


a) Modos de adquirir originarios. Son los que hacen adquirir el dominio independientemente, sin tomar en cuenta el
dominio anterior.
Son modos de adquirir originarios, la ocupación, la accesión, la prescripción y la ley.
b) Modos de adquirir derivativos. Son los que hacen adquirir el dominio considerando el dominio del anterior dueño de la
casa.
Son modos de adquirir derivativos, la tradición y la sucesión por causa de muerte.

Importancia de esta clasificación.


La importancia de esta clasificación radica en que para medir el derecho adquirido, en los modos originarios se atiende sólo
el adquiriente. En los derivativos, por el contrario, se atiende al derecho del antecesor. Nadie puede adquirir más derechos
que su antecesor y nadie puede transferir o transmitir más derechos que los que tiene. Si el tradente o el causante no son
dueños, no se adquiere el dominio por la tradición o por la sucesión por causa de muerte. Si la cosa transferida está
hipotecada, el adquiriente se hace dueño de ella pero con la hipoteca.

Modos de adquirir a título universal y a título singular.


a) Modo de adquirir a título universal es aquel en que se adquiere todo el patrimonio de una persona o una cuota de él
(artículo 951)
b) Modo de adquirir a título singular es aquel en que se adquiere el dominio de determinados bienes.

Aplicación de esta clasificación a los diferentes modos de adquirir el dominio.


La ocupación y la accesión son siempre a título singular.
La sucesión por causa de muerte puede ser a título universal o a título singular (artículo 951). Lo mismo sucede con la ley.
La tradición y la prescripción son generalmente a título singular. Son a título universal cuando se cede el derecho de herencia
(artículos 1909 y 1910) y cuando se adquiere por prescripción ese derecho (artículo 2512).

Modos de adquirir onerosos y gratuitos.


a) Modo de adquirir oneroso es el que impone al adquiriente un sacrificio pecuniario.
b) Modo de adquirir gratuito es el que no importa sacrificio pecuniario para el adquiriente.
Aplicación de esta clasificación a los diferentes modos de adquirir el dominio.
Son modos de adquirir gratuitos la ocupación, la sucesión por causa de muerte y la prescripción. La tradición puede ser a
título gratuito o a título oneroso.
La ley es un modo de adquirir oneroso.
La accesión es generalmente gratuita pero puede ser onerosa.
Modos de adquirir por acto entre vivos y por causa de muerte.
a) Modo de adquirir por acto entre vivos es el que para operar no requiere de la muerte de una persona.
Todos los modos de adquirir son por acto entre vivos, salvo la sucesión por causa de muerte.
b) Modos de adquirir por causa de muerte. Son los que suponen, para operar, la muerte de la persona de la que se
deriva el derecho.
Sólo la sucesión por causa de muerte es, como su nombre lo indica, un modo de adquirir por causa de muerte.

Derechos que pueden adquirirse mediante los diferentes modos de adquirir el dominio
Mediante los modos de adquirir el dominio, no sólo puede adquirirse el dominio de las cosas corporales sino los demás
derechos reales, y aun, los derechos personales.
La verdad es que en todos los casos señalados se adquiere el dominio, sea de los derechos reales y de los personales.
Mediante la ocupación sólo puede adquirirse el dominio de cosas corporales muebles. Mediante la accesión puede adquirirse
el dominio de cosas corporales muebles e inmuebles.
Por la prescripción pueden adquirirse el dominio de las cosas corporales muebles e inmuebles, y los derechos reales, que no
estén expresamente exceptuados. Entre ellos se comprende la herencia que es una universalidad. En cambio, no pueden
adquirirse por prescripción los derechos personales, como veremos más adelante.
Mediante la sucesión por causa de muerte, la tradición y la ley se pueden adquirir el dominio de las cosas corporales, los
derechos reales (entre ellos la herencia que es una universalidad) y los derechos personales, sean muebles o inmuebles.

Imposibilidad de adquirir el dominio por varios modos


El dominio sólo puede adquirirse de un solo modo.
Si alguien se hace dueño de una cosa por un modo de adquirir el dominio, no puede adquirirlo por otro. Una persona no
puede adquirir el dominio de algo que ya es suyo
La posesión puede tenerse por varios títulos (artículo 701)

Los modos de adquirir el dominio y la clasificación de los hechos.


Los modos de adquirir el dominio son siempre hechos jurídicos ya que producen consecuencias de derecho. Sin embargo,
algunos son hechos jurídicos propiamente tales, otros son hechos jurídicos del hombre, y, por último, dentro de éstos, hay
algunos que son actos jurídicos.
Son actos jurídicos la ocupación, la tradición y la ley. En todos ellos se requiere voluntad e intención de producir
consecuencias de derecho. La tradición es una convención que extingue derechos.
Son hechos jurídicos propiamente tales, la prescripción y la sucesión por causa de muerte.
La accesión es un hecho jurídico, a veces obra de la naturaleza y a veces obra del hombre, pero, en principio, no es acto
jurídico porque no hay intención de adquirir el dominio. Sin embargo, el código trata en el título de la accesión algunas figuras
que son actos jurídicos pero que podría considerarse que no son casos de accesión.

LA OCUPACIÓN
Es un modo de adquirir el dominio de las cosas que no pertenecen a nadie, y cuya adquisición no es prohibida por las leyes
chilenas, o por el derecho internacional, mediante la aprehensión material de ellas con la intención de adquirirlas (artículo
606).
Requisitos de la ocupación.
a) Que las cosas ocupadas no pertenezcan a nadie;
b) Que su adquisición no este prohibida por las leyes chilenas o por el derecho Internacional;
c) Que haya aprehensión material de la cosa, y
d) Que haya intención de adquirir el dominio de la cosa.
Que la cosa no pertenezca a nadie.
No pertenecen a nadie las cosas que nunca han tenido dueño y las cosas que tuvieron dueño pero dejaron de tenerlo.
Son cosas que nunca han tenido dueño los animales bravíos, las conchas que arroja el mar, etc. Estas
cosas se llaman res nullius.
Son cosas que tuvieron dueño pero han dejado de tenerlo, las cosas cuyo dueño las ha abandonado al
primer ocupante, como las monedas que se arrojan a la multitud. Estas cosas se llaman res derelictae.
También son cosas que han tenido dueño pero han dejado de tenerlo, los animales domésticos que han
recobrado su libertad y el tesoro.
Como de acuerdo con el artículo 590 pertenecen al Estado todas las tierras que estando dentro de los
límites territoriales carezcan de otro dueño, la ocupación no procede respecto de los inmuebles.
Que la adquisición no este prohibida por las leyes chilenas o por el derecho Internacional. La pesca y la caza están
prohibidas en cierta época, llamadas de veda. En esas épocas la ocupación de animales bravíos esta prohibida por las leyes
chilenas (artículo 622).
El derecho Internacional prohíbe las presas hechas por bandidos, piratas o insurgentes. También las
prohíbe el derecho chileno (artículo 641).
Que haya aprehensión material de la cosa.
La aprehensión material de la cosa es uno de los hechos que configuran la ocupación. Por ese motivo no pueden ocuparse
los derechos ya que respecto de ellos no puede haber aprehensión material.
La aprehensión hay que considerarla en un sentido amplio, no sólo en el de tomar físicamente la cosa sino
en el de realizar hechos que manifiestan la intención de tomar la cosa, como cuando el cazador hiere al animal y lo persigue.
Que haya intención de adquirir el dominio.
Por tal razón la ocupación es un acto jurídico ya que es una manifestación de voluntad destinada a producir efectos de
derecho.
Por la misma razón los absolutamente incapaces no pueden adquirir el dominio por ocupación, pues no
pueden manifestar voluntad de adquirirlo.
Cosas que pueden adquirirse por ocupación.
En nuestro derecho, solo pueden adquirirse por ocupación las cosas corporales (que son las únicas que pueden
aprehenderse) y muebles (las tierras que no pertenecen a nadie son del Estado).
Características de la ocupación como modo de adquirir el dominio.
a) Es un modo de adquirir originario (artículo 703);
b) Es un modo de adquirir gratuito;
c) Es un modo de adquirir entre vivos;
d) Es un modo de adquirir a titulo singular;
e) Es un acto jurídico.

Clases de ocupación
a) De cosas animadas, que comprende la caza y la pesca, y otras figuras que estudiaremos a continuación.
b) De cosas inanimadas, que comprende la invención o hallazgo.
c) De especies al perecer perdidas.
d) De especies náufragas.
e) La captura bélica.

La caza y la pesca
Mediante la caza y la pesca se adquieren el dominio de los animales bravíos (artículo 607).
Hacemos presente que hay una serie de normas legales que reglamentan la caza y la pesca, que no
estudiaremos aquí por no estar incluidos en el programa (artículo 622).
Clasificación de los animales para los efectos de la ocupación.
Para los efectos de la ocupación, los animales se clasifican en: bravíos o salvajes, domésticos y domesticados.
a) Se llaman animales bravíos o salvajes los que viven naturalmente libres o independientes del hombre, como las
fieras y los peces (artículo 608, inciso 1º).
Hacemos presente que para nuestro derecho los términos bravíos y salvaje son sinónimos, sin embargo,
bravíos significa feroz, y salvaje significa silvestre. Creemos que todo animal bravío es salvaje, por ejemplo las fieras. Pero
estimamos que hay animales salvajes que no son bravíos, como los peces. En todo caso, ambas clases de animales pueden
adquirirse por ocupación.
Los animales bravíos pertenecen al dueño de las jaulas, pajareras, conejeras, colmenas, estanques o
corrales en que estuvieren encerrados; pero luego que recobren su libertad natural, cualquier persona pueden apoderarse de
ellos y hacerlos suyos, con tal que actualmente no vaya el dueño en seguimiento de ellos, teniéndolos a la vista, y que, por lo
demás, no se contravenga al artículo 609, esto es, que se persigan en tierras propias, o en las ajenas, con permiso del
dueño.
b) Son animales domésticos los que pertenecen a especies que viven bajo la dependencia del hombre, como las
gallinas, las ovejas (artículo 608, inciso 1º).
Los animales domésticos están sujetos a dominio. Conserva el dueño este dominio sobre los animales
domésticos fugitivos, aun cuando hayan entrado en tierras ajenas; salvo en cuanto las ordenanzas de policía rural o urbana
establecieren otra cosa (artículo 623).
En consecuencia, los animales domésticos no pueden ser objeto de ocupación.
Creemos, sin embargo, que podrían serlo si el dueño los abandona al primer ocupante.
c) Son animales domesticados los que, sin embargo de ser bravíos, por su naturaleza se han acostumbrado a la
domesticidad y reconocen en cierto modo el imperio del hombre. Por ejemplo, un mono amaestrado de un organillero
(artículo 608, inciso 1º)
Los animales domesticados, mientras conservan la costumbre de volver al amparo o
dependencia del hombre, siguen las reglas de los animales domésticos y no pueden ser objeto de ocupación. Cuando
pierden esta costumbre vuelven a la clase de animales bravíos y pueden ser ocupados (artículo 608, inciso 2º).
El caso de las palomas.
Creemos que las palomas son animales domésticos. En consecuencia, si las palomas abandonan un palomar y se fijan en
otro, se entenderán ocupados legítimamente por el dueño del segundo, siempre que este no se haya valido de alguna
industria para atraerles y aquerenciarles. En tal caso estará obligado a la indemnización de todos los perjuicios, incluso la
restitución de las especies, si el dueño la exigiere, y si no la exigiere, a pagarle su precio (artículo 621).
El caso de las abejas.
De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 619, las abejas son animales bravíos. En consecuencia, si huyen de la colmena y
posan en árbol que no sea del dueño de ésta, vuelven a la libertad natural, y cualquiera puede apoderarse de ellas, y de los
paneles fabricados por ellas, con tal que no lo haga sin permiso del dueño en tierras ajenas, cercadas o cultivadas, o contra
la prohibición del mismo en las otras; pero al dueño de la colmena no podrá prohibirse que persiga las abejas fugitivas en
tierras que no estén cercadas ni cultivadas (artículo 620).

Algunas reglas relativas a la caza


Lugares en que se puede cazar.
No se pude cazar sino en tierras propias.
También se puede cazar en las tierras ajenas, con permiso del dueño (artículo 609).
Si alguien cazara en tierras ajenas sin permiso del dueño cuando por ley estaba obligado a obtenerlo, lo que cace será para
el dueño, a quien además indemnizará de todo perjuicio (artículo 610).
Los artículos 494 Nº21 y 496 Nº34 del Código Penal sancionan las infracciones a estas reglas.
Uso de la playa del mar y de las riberas de ríos y lagos para los menesteres de la caza.
Los cazadores podrán hacer el uso necesario de las playas del mar para los menesteres de la caza; guardándose empero de
hacer uso alguno de los edificios o construcciones que allí hubiere, sin permiso de sus dueños, o de embarazar el uso
legítimo de los demás cazadores (artículo 612 Código Civil y 8º de la Ley Nº4601).
Quienes pueden cazar en Chile.
Pueden cazar en Chile los chilenos y los extranjeros, pero en el mar territorial solo pueden cazar los chilenos y los extranjeros
domiciliados en el país.
Momento en que se entiende que el cazador se apodera del animal y lo hace suyo.
a) Cuando lo ha tomado materialmente.
b) Desde el momento que lo ha herido gravemente de manera que ya no le sea fácil escapar, y mientras persista en
perseguirlo (artículo 617, inciso 1º).
Si el animal herido entra en tierras ajenas donde no es lícito cazar sin permiso del dueño, podrá este hacerlo suyo (artículo
617, inciso 2º).
c) Desde el momento que el animal ha caído en sus trampas o redes, con tal que las haya armado o tenido en paraje
donde le sea lícito cazar (artículo 617, inciso 1º).
No es lícito a un cazador perseguir al animal bravío que ya es perseguido por otro cazador; si lo hiciere sin su
consentimiento, y se apoderase del animal, podrá el otro reclamarlo como suyo (artículo 618).
Algunas reglas relativas a la pesca
Lugares en que se puede pescar.
Se podrá pescar libremente en los mares, en los ríos y en los lagos de uso público (artículo 611).
De acuerdo al actual Código de Aguas, todas las aguas son bienes nacionales públicos (artículo 5º del
Código de Aguas).
Uso de la playa del mar y de las riberas de ríos y lagos para los menesteres de la pesca.
Los pescadores podrán hacer de las playas del mar el uso necesario para la pesca, construyendo cabañas, sacando a la
tierra sus barcas y utensilios y el producto de la pesca, secando sus redes, etc., guardándose empero de hacer uso alguno
de los edificios o construcciones que allí hubiere, sin permiso de sus dueños, o de embarazar el uso legitimo de los demás
pecadores (artículo 612).
Podrá también, para los expresados menesteres, hacer uso de las tierras contiguas hasta la distancia de
ocho metros de las playas, pero no tocarán los edificios o construcciones que dentro de esa distancia hubiere, ni atravesarán
las cercas, ni se introducirán en las arboledas, plantíos o siembras (artículo 613).
Los pecadores tendrán derecho a ocupar en las faenas de la pesca, las riberas del mar, hasta la distancia
de ocho metros, contados desde la línea de las mas altas mareas, y las de los ríos y lagos que sean de uso público, hasta
cinco metros (artículo 7º del D.F.L. Nº34 de 12 de marzo de 1931, del Ministerio de Fomento, publicado en el diario oficial del
17 del mismo mes y año).
Los dueños de las tierras contiguas a la playa no podrán poner cercas, ni hacer edificios, construcciones o
cultivos dentro de los dichos ocho o cinco metros, sino dejando de trecho en trecho suficiente y cómodo espacio para los
menesteres de la pesca. En caso contrario, ocurrirán los pescadores a las autoridades locales para que pongan el
conveniente remedio (artículo 614 del Código Civil y 7º del D.F.L. Nº34 recién citado).
A los que pesquen en ríos lagos no será lícito uso alguno de los edificios y terrenos cultivados en las
riberas ni atravesar las cercas (artículo 615).
Lo dispuesto en el artículo 616, esto es, que si alguno pescare en aguas ajenas sin permiso del dueño, a
quien indemnizara de todo perjuicio, creemos que ha quedado sin aplicación, ya que el actual Código de Aguas declara que
todas las aguas son bienes nacionales de uso público. En consecuencia, lo que el dueño del predio puede perseguir es la
forma como el pescador llega al lago o a la vertiente que nace o muere en la misma heredad.
Quienes pueden pescar en Chile.
Pueden pescar en Chile los chilenos y los extranjeros, pero en el mar territorial solo podrán pescar los chilenos y los
extranjeros domiciliados (artículo 611, inciso 1º).
El 23 de junio de 1947 se estableció por declaración presidencial que el Gobierno de Chile vigilará
especialmente las faenas de pesca y caza marítima sobre el zócalo continental adyacente a las costas continentales o
insulares del territorio nacional, cualquiera que sea la profundidad en que se encuentre.
Momento en que se entiende que el pescador se apodera del pez y lo hace suyo.
a) Cuando lo ha tomado materialmente;
b) Desde el momento que lo ha herido gravemente de manera que ya no le sea fácil escapar, y mientras persista en
perseguirlo;
d) Desde el momento que el pez ha caído en sus trampas o redes, con tal que las haya armado o tendido en paraje
donde sea lícito pescar.
No es lícito a un pescador perseguir el pez que ya es perseguido por otro pescador; si lo hiere sin su consentimiento, y se
apoderase del pez, podrá el otro reclamarlo como suyo (artículo 618).
La invención o hallazgo
Es una especie de ocupación por la cual el que encuentra una cosa inanimada que no pertenece a nadie, adquiere su
dominio, apoderándose de ella con animo de adquirirla (artículo 624, inciso 1º).

De este modo se adquiere el dominio de las piedras, conchas y otras substancias que arroja el mar y que no presenta
señales de dominio anterior (artículo 624, inciso 2º). Se trata en este caso de “res nullius”.
Se adquieren del mismo modo las cosas cuya propiedad abandona su dueño, como las monedas que se
arrojan para que las haga suyas el primer ocupante (artículo 624, inciso 3º). Se trata en este caso de “res derelictae”.

También se adquieren por invención o hallazgo las pequeñas partes de las cosas comunes a todos los hombres de que
alguno se apodera. Por ejemplo, si alguien saca un litro de agua del mar.

Requisitos de la invención o hallazgo.


 Que la cosa ocupada sea inanimada;
 Que se trate de “res nullíus” o “ res derelictae”;
 Que el que encuentre la cosa se apodere de ella;
 Que lo haga con ánimo de hacerse dueño de la cosa.
El abandono de una cosa por su dueño debe ser expreso e indudable. Se trata de una donación al primer ocupante y las
donaciones no se presumen (artículo 1393).
Por eso las cosas que presentan señales de dominio anterior se presumen, al parecer perdidas, no pueden adquirirse por
invención o hallazgo.
También por eso, no se presumen abandonadas por su dueño las cosas que los navegantes arrojan al mar para alijar la nave
(artículo 624, inciso final).
El tesoro
Se llama tesoro la moneda o joyas, u otros efectos preciosos que elaborados por el hombre han estado largo tiempo
sepultados o escondidos sin que haya memoria ni indicio de su dueño (artículo 625 inciso 2º).
Según el Código el descubrimiento de un tesoro es una especie de invención o hallazgo (artículo 625,
inciso 1º).

Requisitos para que una cosa sea “tesoro”.


 Debe tratarse de una cosa mueble. No seria tesoro un mosaico que forma parte de un edificio antiguo que este
sepultado, porque es inmueble;
 Debe tratarse de una cosa elaborada por el hombre. Por ese motivo no constituyen tesoros los minerales;
 Es necesario que la cosa haya resultado sepultada o escondida. Es tesoro la cosa que se haya escondida en un
mueble que tiene cajones secretos;
 Es necesario que la cosa este escondida por largo tiempo; No debe haber memoria o indicio del dueño del tesoro.
¿Cuándo se adquiere dominio del tesoro?
El dominio del tesoro se adquiere en el momento en que es descubierto. Ello se desprende de las diversas disposiciones del
código sobre esta materia.
¿A quién pertenece el tesoro?
Pertenecerá al dueño del terreno si es la misma persona que lo descubre;
También pertenecerá al dueño del terreno si el descubridor lo ha buscado sin permiso suyo (artículo 626);
Si el descubridor y el dueño del terreno son personas distintas, y el descubridor ha encontrado fortuitamente el tesoro, o lo ha
buscado con permiso del dueño del terreno, el tesoro se divide entre ellos por mitades (artículo 626, incisos 1º y 2º).
Atribución del dominio en virtud del tesoro.
El descubridor se hace dueño del tesoro por ocupación.
El dueño del terreno se hace dueño en virtud de la ley.
Permiso para cavar el suelo ajeno en búsqueda de un tesoro.
Al dueño de una heredad o de un edificio podrá pedir cualquiera persona el permiso de cavar en el suelo para sacar dinero o
alhajas que asegurare pertenecerle y estar escondidos en él; y se señalare el paraje en que están escondidos y diere
competente seguridad de que probara su derecho sobre ellos, y de que abonara todo perjuicio al dueño de la heredad o
edificio, no podrá este negar el permiso ni oponerse a la extracción de dichos dineros o alhajas (artículo 627).
Si el que obtuvo el permiso para cavar prueba su derecho sobre los dineros o alhajas puede llevárselos
pagando las correspondientes indemnizaciones.

No probándose el derecho sobre dichos dineros o alhajas, serán considerados o como bienes perdidos, o como tesoro
encontrado en el suelo ajeno, según los antecedentes y señales (artículo 628, inciso 1º).
Si se le considera tesoro, deducidos los costos, se dividirá por iguales partes entre el denunciador y el
dueño del suelo; pero no podrá este pedir indemnización de perjuicio, a menos de renunciar a su porción (artículo 628, inciso
2º).
Si se le considera bienes perdidos, se le aplicarán las reglas sobre las especies al parecer perdidas, que
estudiaremos mas adelante.
Monumentos Nacionales
Según el artículo 1º de la Ley Nº17.288 son monumentos nacionales y quedan bajo la tuición y protección del estado, los
lugares, ruinas, construcciones u objetos de carácter histórico o artístico; los enterratorios o cementerios de los aborígenes, y
otros restos y las piezas u objetos
antropoarqueológicos, paleontológicos o de formación natural, que existan bajo o sobre la superficie del territorio nacional o
en plataforma submarina de sus aguas jurisdiccionales y cuya conservación interese a la historia, al arte o a la ciencia; los
santuarios de la naturaleza, los monumentos, estatuas, columnas, pirámides, fuentes, placas, coronas, inscripciones y, en
general, los objetos que estén destinados a permanecer en un sitio público, con carácter conmemorativo. Su tuición y
protección se ejercerá por medio del Consejo de Monumentos Nacionales, en la forma que determine la presente ley.
El artículo 22 de dicha ley establece que ninguna persona natural o jurídica chilena podrá hacer en el
territorio nacional excavación de carácter arqueológico, antropológico o paleontológico, sin haber obtenido previamente
autorización del Consejo de Monumentos Nacionales, en la forma establecida por el reglamento. Hasta el momento no se ha
dictado el reglamento y las autorizaciones se piden directamente al Consejo.
Por su parte, el Artículo 26 de la misma ley dice que:
“Toda persona natural o jurídica que al hacer excavaciones en cualquier punto del territorio nacional y con
cualquier finalidad encontrare ruinas, yacimientos, piezas u objetos de carácter histórico, antropológico, arqueológico o
paleontológico, está obligada a denunciar inmediatamente el descubrimiento al Gobernador del Departamento, quien
ordenará a carabineros que se haga responsable de su vigilancia hasta que el Consejo se haga cargo de él”.

De las especies muebles al parecer perdidas


Diferencia con la “res derelictae”.
Las especies al parecer perdidas se diferencian de las “res derelictae” en que en estas últimas el dueño tiene la intención
manifiesta de desprenderse del dominio. Mientras no conste esa intención, la especie se considera al parecer perdida.
Campo de aplicación de las normas sobre especies muebles al parecer perdidas.
Las normas sobre las especies al parecer perdidas sólo se aplican a las cosas inanimadas.
Se aplican también, a las joyas, monedas o efectos preciosos que han estado sepultados por corto tiempo.
Procedimiento para encontrar al dueño de la especie al parecer perdida.
 Debe ponerse a disposición de su dueño
 Si no se presenta nadie que pruebe ser suya, se entrega a la municipalidad;
 La municipalidad deberá dar aviso del hallazgo en un periódico del departamento, o de la provincia, si en aquel no
lo hubiera;
 El aviso designará el género y calidad de la especie, el día y lugar del hallazgo (artículo 629, inciso 2º);
 Si no apareciere el dueño, se dará este aviso hasta por tercera vez, mediando treinta días de un aviso a otro
(artículo 626, inciso 3º);
 Si en el curso del mes subsiguiente al ultimo aviso no se presentare persona que justifique su dominio, se venderá
la especie en pública subasta; se deducirán del producto las expensas de aprehensión, conservación y demás que incidieren;
y el remanente se dividirá por partes iguales entre la persona que encontró la especie y la municipalidad del departamento
(artículo 630);
 Si dentro de los seis meses siguientes a la fecha del remate, el dueño de la especie perdida la reclamare, la
municipalidad estará obligada a entregar el valor que hubiera obtenido (creemos que
sólo el obtenido por ella) en el remate, deducidos los gastos ocasionados (Ley sobre rentas municipales);
 Los objetos perdidos serán vendidos en publica subasta por el Tesorero Comunal, quien actuará, para estos
efectos, como Martillero Público (Ley sobre rentas municipales);
 Si aparece el dueño antes de la subasta, la especie le será restituida, pagando las expensas, y lo que a título de
salvamento adjudicare la autoridad competente (Municipalidad) al que encontró y denunció la especie (artículo 632, inciso
1º);
 Si el dueño hubiere ofrecido recompensa por el hallazgo, el denunciante elegirá entre el premio del salvamento y la
recompensa ofrecida (artículo 632, inciso 2º). Se trata este de uno de los pocos casos en que la fuente de una obligación es
la declaración unilateral de voluntad;
 Subastada la especie, se mirara como irrevocable perdida para el dueño (artículo 633);
 Si la especie fuere corruptible o su custodia y conservación dispendiosa, podrá anticiparse la subasta, y el dueño,
presentándose antes de expirar el mes subsiguiente al último aviso, tendrá derecho al precio, deducido, como queda dicho,
las expensas y el premio del salvamento (artículo 634).
Omisión de las diligencias señaladas en la letra anterior.
La persona que hubiere omitido esas diligencias, perderá su porción a favor de la municipalidad, y aun quedará sujeta a la
acción de perjuicios y, según las circunstancias, a la pena de hurto (artículo 631). Las penas están señaladas en los artículos
448 y 494 Nº19 del Código Penal.

De las especies náufragas


Normas aplicables.
Sobre las normas del código Civil priman las disposiciones especiales contenidas en los artículos 1157 a
1167 del Código de comercio; en la ley de Navegación; en la Ordenanza de Aduanas; en el D.F.L. Nº221 sobre Navegación
Aérea; el reglamento General sobre Concesiones Marítimas.
El Código Civil se refiere a ellas en los artículo 635 y siguientes. Sin embargo, sobre esas normas priman
las que sobre esa materia se estipulan con las potencias extranjeras, y en los reglamentos fiscales para almacenaje y la
internación de los afectos (artículo 639).
¿Cuales se consideran especies náufragas?
De acuerdo con el Reglamento General de Concesiones Marítimas son especies náufragas: las naves, sus
efectos muebles, su aparejo y su carga, que se encuentren a la deriva en la superficie de las aguas, o que hayan sido
arrojadas a las playas del mar, ríos o lagos; cualquiera especie que aisladamente se encuentre en las playas, aun cuando
primitivamente haya constituido parte de una nave, su aparejo o carga; cualquier objeto caído al mar, ríos, o lagos, durante
faenas de carga o descarga, o en cualquiera otra ocasión. También son especies náufragas las cosas que los navegantes
arrojan al mar para alijar la nave (artículo 624, inciso final).
Deber de denunciar las especies náufragas.
Si naufragare algún buque en las costas de la República, o si el mar arrojase a ellas los fragmentos de un
buque, o efectos pertenecientes, según las apariencias, al aparejo de un buque, las
personas que lo vean o sepan, denunciarán el hecho a la autoridad competente (autoridad marítima que corresponda),
asegurando entretanto los efectos que sea posible salvar para restituirlos a quien de derecho corresponda (artículo 635,
inciso 1º).
La autoridad marítima debe comunicar el hecho a la aduana más próxima (artículo 47 del Reglamento
General sobre Concesiones Marítimas).
Los que se apropiaren de las especies náufragas, quedarán sujetos a la acción de perjuicios, y a la pena
de hurto (artículo 635, inciso 2º).

Entrega de las especies náufragas a su dueño.


Si se presenta el dueño de las especies le serán restituidas por la autoridad, mediante el pago de las
expensas y la gratificación de salvamento (artículo 636).
La autoridad competente fijara, según las circunstancias, la gratificación de salvamento, que nunca pasará
de la mitad del valor de las especies (artículo 638, inciso 1º).
Si el salvamento de las especies se hiciere bajo las ordenes y dirección de la autoridad publica, se
restituirán a los interesados, mediante el abono de las expensas, sin gratificación de salvamento (artículo 638, inciso 2º).

¿Que se hace si no se presenta el dueño de las especies náufragas?


Si no se presenta el dueño, se publican tres avisos en periódicos, mediando quince días de un aviso al
otro; y en lo demás se procederá como en el caso de los artículos 629 y siguientes (artículo 637).
En lugar de la municipalidad es competente para las gestiones de salvamento y naufragio el Juez del
Comercio, hoy Juez Civil.
El remanente que resulte del precio de la subasta deducidos los gastos, se dividirá por iguales partes entre
la persona que salvo la especie y el hospital del departamento (artículo 134 de la ley de Navegación).

La captura bélica
La captura bélica esta constituida por las propiedades que se toman en guerra de nación a nación, no solo
a los enemigos, sino a los neutrales, y aun a los aliados y los nacionales, según los casos, en conformidad a las Ordenanzas
de Marina y de Corso (artículo 640).
Las ordenanzas de Marina y de Corso a que nos hemos referido son la ley de navegación (D.L. Nº 2.222 de 31 de mayo de
1978) y el reglamento de Corso de 1817. El Corso ya no existe, y así se estableció en la Declaración de Paris de 1856. En la
Cuarta Convención de la Haya se suprimió el Tribunal de Corso. Chile no suscribió la Declaración ni la Convención pero
estuvo de acuerdo en lo acordado en ellas. Por lo demás, el corso ya no existe.
Se llama botín a las cosas muebles que se capturan en guerra terrestre, y se llama presa a las naves y mercaderías que se
capturan en el mar.
Aplicada al territorio la captura bélica se denomina conquista.
De acuerdo con la Cuarta Convención de la Haya, en guerra terrestre, sólo pueden ser objeto de captura bélica las
propiedades del Estado enemigo.
La captura bélica de propiedades de particulares solo puede tener cabida en guerra marítima.

Quién se puede hacer dueño por captura bélica.


Solo el estado se hace dueño de las propiedades que se toman en guerra de nación a nación, y solo con
las limitaciones indicadas en la letra anterior (artículo 640).
Presas hechas por bandidos, piratas o insugerentes.
Las presas hechas por bandidos, piratas o insugerentes, no trasfieren dominio.
Represadas deberán restituirse a los dueños pagando estos el premio de salvamento a los represadores (artículo 641, inciso
1º).
La cuantía del premio se regula por la que en casos análogos se concede a los apresadores en guerra de nación (artículo
641, inciso 2º).
Si no aparecieren los dueños, se procederá como en el caso de las cosas perdidas; pero los represadores tendrán sobre las
propiedades que no fueren reclamadas por su dueño, en el espacio de un mes contado desde la fecha del último aviso, los
mismos derechos que si las hubieren apresado en guerra de nación a nación (artículo 642).

La accesión
La accesión es un modo de adquirir el dominio por el cual el dueño de una cosa pasa a serlo de lo que ella produce, o de lo
que se junta a ella (artículo 643).
Clases de accesión
a) Accesión de frutos o discreta. Es la que proviene de la cosa misma, sea por el nacimiento o por la
producción.
b) Accesión propiamente tal o continua. Es la que resulta al agregarse una cosa a otra distinta y que forman
un todo que tiene individualidad propia.
La accesión propiamente tal puede ser:
 De inmueble a inmueble
 De mueble a mueble
 De mueble a inmueble.

Naturaleza jurídica de la accesión


Para algunos, toda accesión, sea propiamente tal, es un modo de adquirir el dominio.
Nuestro código sigue esa doctrina conforme la definición que da la accesión en el artículo
643.
Otros piensan, y creemos que con razón, que solo la accesión propiamente tal o continua es
un modo de adquirir el dominio. La accesión de frutos o discreta es simplemente una facultad del dominio. Es el ejercicio de
su facultad de goce.
Lo que caracteriza a la accesión en que las cosas al juntarse pierden su individualidad propia para formar una cosa nueva.
En la acción de frutos sucede precisamente lo contrario. Lo que la cosa produce toma individualidad propia.
Con todo, hacemos presente que algunos casos de accesión de muebles a inmuebles que trata el código no son verdaderos
casos de accesión.
Características de la accesión como modo de adquirir el dominio
a) Es un modo de adquirir originario;
b) Es gratuito
Algunos casos de accesión de muebles a inmuebles no son gratuitos ya que importan sacrificio pecuniario para el adquirente;
c) Es entre vivos;
d) Es a título singular;
e) Es un hecho jurídico propiamente tal. Es decir, es obra de la naturaleza.
Hay casos de accesión que no son obra de la naturaleza como la accesión de frutos civiles o algunos casos de accesión de
muebles e inmuebles, pero, como ya lo hemos dicho, en algunos de ello no hay verdadera accesión.

Accesión de frutos o discreta


Comprende la accesión de productos y frutos.
Concepto de productos y frutos.
Nuestro código confunde ambos conceptos que en doctrina son distintos (artículo 643, parte final). Hay
jurisprudencia que dice que para nuestra ley, producto y fruto es lo mismo.
 Productos son las cosas que derivan de otra sin periodicidad y con detrimento de su sustancia. Por ejemplo, los
metales de una mina, las piedras de una cantera;
 Frutos son las cosas que produce otra cosa en forma periódica y sin detrimento de su sustancia. Por ejemplo, las
frutas, las semillas, las rentas de arrendamiento.
Hay jurisprudencia que dice que los metales de una mina son frutos dado lo dispuesto en los artículos 643 y 784.

Importancia de la calificación de los productos y frutos


Calificar si una cosa es fruto o producto tiene importancia porque hay disposiciones que sólo dan derecho
a los frutos. Por ejemplo, los artículos 526 y 537, relativos a la remuneración los guardadores.

Clasificación de los frutos.


Los frutos se clasifican en naturales o civiles.
 Frutos naturales son los que da la naturaleza, ayudada o no de la industria humana (artículo 644).
 Frutos civiles constituyen la utilidad que se obtiene de una cosa como equivalente del uso y goce que se da de ella
a un tercero. Son las pensiones, precios o cánones de arrendamiento o censo, y los intereses de capitales exigibles, o
impuestos a fondo perdido (artículo 647, inciso 1º).
Interés de capital exigible son los que da un capital que se recupera, por ejemplo, el dinero dado en mutuo.
Intereses a fondo perdido son los que da un capital que no se recupera. Por ejemplo, la renta vitalicia.
Estado en que pueden hallarse los frutos naturales.
Los frutos naturales pueden hallarse pendientes, percibidos o consumidos.
Los frutos naturales se llaman pendientes mientras que adhieran todavía a la cosa que los produce, como
las plantas que están arraigadas al suelo, o los productos de las plantas mientras no han ido separadas de ellas (artículo 645,
inciso 1º).
Frutos naturales percibidos son los que han sido separados de la cosa productiva, como las maderas
cortadas, las frutas y granos cosechados, etc.
Se dicen consumidos los frutos cuando se han consumido (destruido, gastado) verdaderamente o se han enajenado.

Importancia de los estados en que puedan hallarse los frutos naturales.


Respecto del dueño de la cosa fructuaria la clasificación de los estados en que pueden hallarse los frutos naturales no tiene
mayor importancia ya que le pertenecen, por accesión según algunos, o por el ejercicio de la facultad de goce que le da el
dominio según otros (artículo 646).
Respecto de terceros si tiene importancia ya que los terceros se hacen dueños de los frutos al percibirse (artículo 685). Los
terceros se hacen dueños de los frutos por tradición.

Estados en que pueden hallarse los frutos civiles.


Los frutos civiles pueden hallarse pendientes mientras se deben; y percibidos, desde que se cobran (artículo 647, inciso 2º).
Creemos que los frutos civiles están percibidos desde que se reciben ya que si se cobran y no se pagan, se deben y, en
consecuencia están pendientes.
Frutos devengados es el fruto al cual se ha adquirido derecho por cualquier título. Los frutos civiles se devengan día a día
(artículo 790).

¿A quién pertenecen los frutos?


Los frutos tanto naturales como civiles pertenecen al dueño de la cosa fructuaria. Según el código, por accesión; según
nosotros, en virtud de la facultad de goce que le confiere el dominio (artículos 646 y 648).
No pertenecen los frutos al dueño de la cosa fructuaria cuando por disposición de la ley o por un hecho del hombre
pertenezcan a otra persona que el dueño.
Por voluntad del hombre pertenecen a un tercero los frutos de la cosa que se haya dado en usufructo o en arrendamiento
(artículo 646, inciso 1º).

Naturaleza jurídica de la accesión de frutos.


Tal como lo hemos manifestado, hay quienes creen que el dueño de la cosa fructuaria se hace dueño de los frutos por
accesión.
Nosotros pensamos que el dueño de la cosa fructuaria lo es de los frutos por ejercer la facultad de goce que le confiere el
dominio.

Accesión propiamente tal o continua


Es la que tiene lugar cuando dos o más cosas de diferente dueño se unen de manera que pasan a constituir un todo.
El dueño de la cosa principal, por regla general, pasa a serlo de la accesoria.
Esta clase de accesión es, en realidad, un modo de adquirir el dominio.
Clases de accesión propiamente tal.
 De mueble a inmueble o natural o del suelo;
 De mueble a mueble;
 De mueble a inmueble o industrial.
La accesión de inmueble a inmueble puede ser:
 Aluvión;
 Avulsión;
 Mutación del álveo o cauce de un río o división del río en dos brazos que no vuelven a juntarse;
 Formación de una nueva isla.
La accesión de mueble a mueble puede ser:
 Adjunción;
 Especificación;
 Mezcla.
La accesión de mueble a inmueble puede ser por:
 Edificación ;
 Plantación;
 Siembra.

El aluvión
Se llama aluvión al aumento que recibe la ribera de la mar o de un río o lago por el lento e imperceptible retiro de las aguas
(artículo 649).
Requisitos para que haya aluvión.
 El retiro del agua debe ser lento e imperceptible. Si es violento puede haber otra figura, por ejemplo, mutación del
cauce, pero no aluvión;
 El retiro del agua debe ser definitivo. Por eso el inciso 2º del artículo 650 dice que el suelo que el agua ocupa y
desocupa alternativamente en sus creces y bajas periódicas, forman parte de la ribera o del cauce, y no accede mientras
tanto a las heredades contiguas.
¿A quién pertenece el terreno de aluvión?
El terreno de aluvión accede las heredades riberanas dentro de sus respectivas líneas de demarcación, prolongadas
directamente hasta el agua (artículo 650, inciso 1º parte primera).
En los puertos habilitados, el terreno de aluvión pertenece al estado (artículo 650, inciso 1º parte final).
Puerto habilitado, es el que cuenta con las obras necesarias para hacer segura y expedita la faena de
carga y descarga de mercaderías y el embarque de las mismas.
La avulsión
Es el aumento que experimenta un predio cuando por una avenida o por otra fuerza natural violenta le es transportada parte
del suelo de otro predio (artículo 652 primera parte).
¿A quién pertenece el terreno transportado?
El terreno transportado pertenece al que era su dueño al tiempo de la avenida u otra fuerza natural, pero para el solo efecto
de llevárselo.
El dueño tiene un año para reclamar su terreno.
Transcurrido el año, se hace dueño del terreno el dueño del terreno a que fue transportado (artículo 652).
Mutación del cauce o álveo de un rió o división de este en dos brazos que no vuelven a juntarse.
Derecho para restituir las aguas a su acostumbrado cauce.
Los propietarios riberanos, con permiso de la autoridad competente, que es la municipalidad según la ley de municipalidades,
podrán hacer las obras necesarias para restituir las aguas a su acostumbrado cauce (artículo 654 parte primera).
¿A quién pertenece la parte del cauce que quedare permanentemente en seco?
La parte del cauce que quedare permanentemente en seco accederá a las heredades contiguas dentro de sus respectivas
líneas de demarcación prolongadas directamente hasta el agua o hasta el cauce seco (artículos 654, inciso 1º y 650).
Concurriendo los riberanos de un lado con los del otro, una línea longitudinal dividirá el nuevo terreno en
dos partes iguales; y cada una de estas accederá a las heredades contiguas dentro de sus respectivas líneas de
demarcación prolongadas directamente hasta dicha línea (artículos 654, inciso 2º y 650).
Las reglas anteriores se aplicaran al caso en que un río se divida en dos brazos que no vuelven después a
juntarse (artículo 655).
Creemos que en todos estos casos tiene aplicación lo dispuesto en el artículo 651, es decir, siempre que
prolongadas las antedichas líneas de demarcación, se corten una a otra, antes de llegar al agua, el triángulo formado por
ellas y por la línea que divide el cauce, accederá a las dos heredades laterales; una línea recta que lo divida en dos partes
iguales, tirada desde el punto de intersección hasta la línea que divide el cauce, será la línea divisoria entre las dos
heredades.
Heredad inundada.
Si una heredad ha sido inundada, el terreno restituido por las aguas dentro de los cinco años subsiguientes volverá a sus
antiguos dueños (artículo 653).
Tratándose de un poseedor, por este hecho, se interrumpe naturalmente su posesión (artículo 2502 Nº1).
Si después de cinco años las aguas desocupan o restituyen el terreno, este se pierde para su dueño y
accede a los propietarios riberanos según las reglas dadas para el aluvión.
Formación de nueva isla
Requisitos para que la nueva isla acceda a las heredades riberanas.
No deben formarse en el mar territorial o en ríos y lagos que puedan navegarse por buques de más de cien toneladas, ya que
éstas pertenecen al Estado (artículos 656, inciso 1º y 597).
Deben, en consecuencia, formarse en lagos o ríos que no sean navegables por buques de más de cien
toneladas.
La isla no debe ser ocupada y desocupada alternativamente por las aguas en sus creces y bajas
periódicas, pues en caso contrario se mirará como parte del cauce o lecho, y no accederá entretanto a las heredades
riberanas (artículo 656 Nº1).
Caso de la isla que se forma porque un río se abre en dos brazos que vuelven después a juntarse.
En este caso la nueva isla no altera al anterior dominio de los terrenos comprendidos en ella.
Pero el nuevo terreno descubierto por el río accederá a las heredades contiguas como en el caso del río
que cambia de cauce (artículos 656 Nº2 y 654).
Caso de la nueva isla que se forma en el cauce de un río.
Accede a las heredades de aquella de las dos riberas a que estuviere mas cerca toda isla; correspondiendo a cada heredad
la parte comprendida entre sus respectivas líneas de demarcación, prolongadas directamente hasta la isla y sobre la
superficie de ella (artículo 656 Nº3, inciso 1º).
Si toda la isla no estuviere más cercana a una de las riberas que a la otra, accederá a las heredades de
ambas riberas; correspondiendo a cada heredad la parte comprendida entre sus respectivas líneas de demarcación
prolongadas directamente hasta la isla y sobre la superficie de ella (artículo 656 Nº 3, inciso 2º).
Las partes de la isla que en virtud de estas disposiciones comprendieren a dos o más heredades, se
dividirán en partes iguales entre las heredades comuneras (artículo 656 Nº3, inciso 3º).
Para la distribución de una nueva isla, se prescindirá enteramente de la isla o islas que hayan preexistido a
ella; y la nueva isla accederá a las heredades riberanas como si ella solo existiese (artículo 656 Nº4).
Los dueños de una isla formada por el río adquieren el dominio de todo lo que por aluvión acceda a ella,
cualquiera que sea la ribera de que diste menos el nuevo terreno abandonado por las aguas (artículo 656 Nº5)
Caso de la nueva isla que se forma en un lago.
Ya hemos visto que debe tratarse de un lago que no sea navegable por buques de más de cien toneladas, pues en este caso
pertenecen al Estado.
Accederá a las heredades de toda sus riberas; correspondiendo a cada heredad la parte comprendida
entre sus respectivas líneas de demarcación prolongadas directamente hasta la isla y sobre la superficie de ella (artículo 656
Nº6 y Nº3, inciso 2º).
Pero no tendrá parte en la división del terreno formado por las aguas las heredades cuya menor distancia
de la isla exceda a la mitad del diámetro de esta, medido en la dirección de esa misma distancia (artículo 656 Nº 6).

La adjunción
Es una especie de accesión, y se verifica cuando dos cosas muebles pertenecientes a diferentes dueños se juntan una a
otra, pero de modo que puedan separarse y subsistir cada una después de separadas; como cuando el diamante de una
persona se engasta en el oro de otra, o en un marco ajeno se pon un espejo propio (artículo 657).
Requisitos para que haya adjunción.
 Debe tratarse de cosas muebles pertenecientes a distintos dueños;
 Las cosas deben poder separarse y subsistir separadamente.
Efectos de la adjunción
a) Si la unión se produce sin conocimiento por una de las partes y sin mala fe por la otra. El dominio de lo
accesorio accederá al dominio de lo principal, con el gravamen de pagar al dueño de la parte accesoria su valor (artículo
658).
Si el dueño de la cosa accesoria fue el que hizo uso de la materia principal, el dueño de esta puede, en lugar de lo dicho en el
párrafo anterior, pedir que se le restituya otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud, o su valor en dinero (artículo
665). Naturalmente que en este caso la cosa entera permanecerá al dueño de lo accesorio.
En todos los casos en que al dueño de una de las dos materias unidas no sea fácil reemplazarla por otra de la misma calidad,
valor y aptitud, y pueda la primera separarse sin deterioro de lo demás, el dueño de ella, sin cuyo conocimiento se haya
hecho la unión, podrá pedir su separación y entrega, a costas del que hizo uso de ella (artículo 664).
b) Si el dueño de la cosa principal tuvo conocimiento del uso que se hacía de ella. Se presume que lo
consintió y solo tiene derecho al valor de la cosa principal (artículo 666).
c) Si el dueño de lo principal o de lo accesorio usaron de las cosas de otro sin su conocimiento y sin justa
causa de error. Estarán sujetos en todos los casos a perder lo suyo, y a pagar lo que más de esto valieren los perjuicios
irrogados al dueño; fuera de la acción criminal a que haya lugar, cuando ha procedido a sabiendas (artículo 667, inciso 1º) .
Creemos que el inciso 2º del artículo 667 no se aplica a la adjunción sino sólo a la especificación.

Para los efectos de la adjunción, ¿qué se entiende por cosa principal?


a) Si de las dos cosas unidas la una es de mucho mas estimación, sea pecuniaria o de afección, que la otra,
la primer se mirara como la principal y la segunda como la accesoria (artículo 659, inciso 1º)
Se mirará como de más estimación la cosa que tuviere para su dueño un gran valor de afección (artículo 659 inciso 2º);
b) Si no hubiere tanta diferencia en la estimación, aquella de las dos cosas que sirva para el uso, ornato o
comodidad de la otra, se tendrá por accesoria (artículo 660);
c) En los casos a que no pudiere aplicarse ninguna de las reglas precedentes, se mirará como principal la de
más volumen (artículo 661).

La especificación
Es una especie de accesión que se verifica cuando de la materia perteneciente a una persona, hace otra persona una obra o
artefacto cualquiera, como si de uvas ajenas se hace vino, o de plata ajena una copa, o de madera ajena una nave (artículo
662, inciso 1º).

Características de la especificación.

 No hay en ellas unión de cosas;


 Hay transformación de una materia ajena por obra del trabajo humano de otro;
 Si se quiere, hay unión entre la materia ajena y el trabajo humano de otro.
Efectos de la especificación
a) Si no hay conocimiento por una parte ni mala fe por la otra, el dueño de la materia se hace
dueño de la obra, pagando la hechura (artículo 662, inciso 2º).
Si la obra nueva vale mucho más que la materia, como cuando se pinta el lienzo ajeno, o de mármol ajeno
se hace una estatua, la obra nueva pertenecerá al especificante, y el dueño de la materia tendrá solamente derecho a la
indemnización de perjuicios.
Si la materia del artefacto es, en parte ajena, y en parte propia del que lo hizo o lo mando a hacer, y las
dos partes no pueden separarse sin inconveniente, la especie pertenecerá en común a los dos propietarios; al uno a prorrata
del valor de su materia, y al otro a prorrata del valor de la suya y de la hechura.
En todos los casos en que el dueño de una materia de que se ha hecho uso sin su conocimiento, tenga
derecho a la propiedad de la cosa en que ha sido empleada, lo tendrá igualmente para pedir que el lugar de dicha materia se
le restituya otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud, o su valor en dinero (artículo 665).
b) Si el dueño de la materia tuvo conocimiento del uso que de ella hacía otra persona, se presumirá haberlo
consentido y solo tendrá derecho a su valor (artículo 666).
c) El que haya hecho uso de una materia ajena sin conocimiento del dueño y sin justa causa de error, estará sujeto
en todos los casos a perder lo suyo, y a pagar lo que más de esto valieren los perjuicios irrogados al dueño; fuera de la
acción criminal a que haya lugar, cuando ha procedido a sabiendas (artículo 667, inciso 1º).
Si el valor de la obra excediere notablemente al de la materia, no tendrá lugar lo provenido en el párrafo
anterior; salvo que se haya procedido a sabiendas (artículo 667, inciso 2º).
La mezcla
Es una especie de accesión que tiene lugar cuando se juntan materias áridas o liquidas pertenecientes a diferentes dueños,
de manera que no puedan separarse (artículo 663).
Efectos de la mezcla
a) Si no hay conocimiento del hecho por una parte, ni mala fe por la otra, el dominio de la cosa pertenecerá a
dichos dueños pro indiviso, a prorrata del valor de la materia que a cada uno pertenezca.
Si el valor de la materia perteneciente a uno de ellos fuere considerablemente superior, el dueño de ella
tendrá derecho para reclamar la cosa producida por la mezcla, pagando el precio de la materia restante (artículo 663);
b) En todo los casos en que el dueño de una materia de que se ha hecho uso sin su consentimiento, tenga
derecho a la propiedad de la cosa en que ha sido empleada, lo tendrá igualmente para pedir que en lugar de dicha materia se
le restituya otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud, o su valor en dinero (artículo 665);
c) El que haya hecho uso de una materia ajena sin conocimiento del dueño, y sin justa causa de error, estará
sujeto en todos los casos a perder lo suyo, y a pagar lo que más de esto valieren los perjuicios irrogados al dueño; fuera de la
acción criminal a que haya lugar, si ha procedido a sabiendas (artículo 667, inciso 1º).
Si el valor de la obra excediere notablemente al de la materia, no tendrá lugar lo provenido
en el párrafo anterior; salvo que se haya procedido a sabiendas (artículo 667, inciso 2º).

Accesión de cosa mueble a inmueble.


Casos en que se produce.
Esta accesión se produce:
 cuando se edifica con materiales ajenos en el suelo propio;
 cuando se edifica con materiales propios en el suelo ajeno
 cuando se siembra o planta con semillas o vegetales ajenos en el suelo propio;
 cuando se siembra o planta con semillas o vegetales propios en el suelo ajeno.
Requisitos para que se produzca esta accesión.
Los materiales del edificio deben haberse incorporado en la construcción, y las semillas o vegetales de la siembra o
plantación deben estar arraigados en el suelo. Mientras esto no sucede, podrá reclamarlos el dueño (artículo 668, inciso
final).
Efectos de la edificación, siembra o plantación.
Por regla general, el dueño del suelo, que es lo principal, se hace dueño de lo edificado, sembrado o plantado.
Indemnizaciones debidas al dueño de lo materiales, semillas o plantas
Hay que distinguir si se edifica, siembra o planta con materiales, semillas o plantas ajenas en suelo propio; o si. Por el
contrario, se edifica, siembra o planta con materiales propios en suelo ajeno.
Se edifica planta o siembra con materiales ajenos en el suelo propio
a) Si el dueño del suelo ha usado los materiales, plantas o semillas con justa causa de error, esta obligado a pagar
al dueño de los materiales, plantas o semillas su justo precio, u otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud (artículo
668, incisos 1º y 3º);
b) Si el dueño del suelo ha procedido sin justa causa de error, pero no ha sabiendas, esto es, con ligereza, sin
motivos suficientes para equivocarse, esta obligada a pagar al dueño de los materiales, plantas o semillas su justo precio, u
otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud, y además de todo ello será obligado al resarcimiento de perjuicios
(artículo 668, incisos 2º, 1º y 3º);
c) Si el dueño del suelo ha procedido a sabiendas de que los materiales, plantas o semillas eran ajenas, debe su
justo precio, u otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud, y además debe el resarcimiento de los perjuicios, y
quedara sujeto a la acción criminal competente (artículo 668, incisos 2º, 1º y 3º);
d) Si el dueño de los materiales, plantas o semillas tuvo conocimiento del uso que se hacia de ellos, solo habrá
lugar al pago de su justo precio, u otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud, sea que el dueño del suelo haya usado
los materiales, plantas o semillas con justa causa de error, o sin ella, o a sabiendas (artículo 668, incisos 2º y 1º).
En estos casos la verdad es que hay compraventa de los materiales, plantas o semillas si el dueño del
suelo paga su precio, o permuta si paga otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud.
Se edifica, planta o siembra con materiales propios en suelo ajeno
Hay que distinguir si el dueño del suelo tuvo o no conocimiento de lo que hacía el dueño de los materiales, plantas o semillas.
a) Si no tuvo conocimiento. El dueño del terreno tendrá derecho de hacer suyo el edificio, plantación o
sementera, mediante las indemnizaciones prescritas a favor de los poseedores de buena o mala fe en el titulo “de la
reivindicación”, o de obligar al que edificó o planto a pagarle el justo precio del terreno con los intereses corrientes por todo el
tiempo que lo haya tenido en su poder; y al que sembró a pagarle la renta y a indemnizarles los perjuicios (artículo 669, inciso
1).
Si elige hacerse dueño del edificio, plantación o sementera, para saber lo que debe indemnizar, hay que
distinguir si el que edificó, plantó o sembró esta de buena o mala fe, y establecido ello aplicar las normas sobre mejoras y
frutos que establecen los artículos 907, 908, 910, 911, 912 y 913.
b) Si tuvo conocimiento. Para recuperar el terreno debe pagar el valor del edificio, plantación o sementera
(artículo 669, inciso 2).

LA TRADICIÓN
Es un modo de adquirir el dominio de las cosas y consiste en la entrega que el dueño hace de ellas a otro, habiendo por una
parte la facultad e intención de transferir el dominio, y por otra la capacidad e intención de adquirirlo (artículo 670, inciso 1º).
- Es un acto jurídico bilateral, es una convención que se perfecciona por el acuerdo de voluntades del tradente y del
adquiriente;
- Es un modo de extinguir obligaciones, es un pago.
Entrega y tradición
La entrega es el acto material por el que se traspasa una cosa de una persona a otra.
Muchos autores sostiene que Bello confunde o emplea mal las expresiones entrega y tradición, que son jurídicamente
inconfundibles ya que la tradición importa transferencia del dominio y la entrega no siempre la significa.
Siempre que hay tradición hay entrega real o simbólica.
Pero no siempre que hay entrega hay tradición, ya que muchas veces la entrega de una cosa sólo da al que la recibe la mera
tenencia suya. Por ejemplo, en el comodato, en el arrendamiento, en la prenda, etc.
La entrega sería el género y la tradición la especie.
Se citan, entre otros, como casos en que Bello confundiría o emplearía mal dichos términos los de los artículos 2174 y 1920.
Nosotros pensamos que Bello no confundió o mal empleó los términos entrega y tradición, considerando su mentalidad
romanista.
Los romanos distinguían la nuda traditio que consistía en entregar a un tercero la tenencia materia de una cosa, sin
desprenderse del ánimo de señor y dueño, de la “traditio” que era el modo de adquirir el dominio definido en el artículo 670.
Bello empleaba la expresión tradición comprendiendo tanto la “nuda traditio” como la “traditio” de los romanos. Pero tenía
muy claro cuándo la tradición transfería el dominio, daba la posesión o daba la tenencia de la cosa.
Así, en el artículo 2174 dice que el comodato no se perfecciona sino por la tradición de la cosa, y en el artículo 2197 dice que
no se perfecciona el contrato de mutuo sino por la tradición, y la tradición transfiere el dominio.
Como se puede ver, en ambos artículos se emplea la expresión tradición pero en el caso del mutuo se aclara que esa
tradición transfiere el dominio; luego en la tradición a que se refiere el artículo 2174 no se transfiere el dominio, se trata de la
“nuda traditio” de los romanos.
En el artículo 1443 se dice que el contrato es real cuando, para que sea perfecto, es necesaria la tradición de la cosa a que
se refiere, y sabemos que son contratos reales la prenda, el comodato, el depósito y el mutuo. Los tres primeros son títulos
de mera tenencia, pero el mutuo es translaticio de domino. Es decir, en el artículo 1443 la expresión tradición comprende
tanto la “nuda traditio” como la “traditio” de los romanos.
En los artículos 682 y 683 también se emplea la expresión tradición sin que se transfiera el dominio pero haciendo nacer
posesión. El primero de ellos dice que si el tradente no es el verdadero dueño de la cosa que se entrega por él a su
nombre…; y el segundo expresa que la tradición da al adquiriente, en los casos y del modo que las leyes señalan, el derecho
de ganar por la prescripción el dominio de que el tradente carecía.
En el artículo 1824 relativo a las obligaciones del vendedor, los autores creen ver confirmada la confusión en que habría
incurrido Bello al usar las expresiones entrega y tradición. Dice el referido artículo que las obligaciones del vendedor se
reducen en general a dos, la entrega o tradición, y el saneamiento de la cosa vendida.
El vendedor siempre está obligado a hacer entrega de la cosa vendida, pero la tradición, en el sentido de transferir el
dominio, sólo podrá hacerla cuando él es dueño de esa cosa, y sabemos que la venta de cosa ajena es válida (artículo 1815)
y que cuando el vendedor ha vendido una cosa ajena no podrá transferir el dominio.
En resumen, creemos que Bello no confundió o empleó mal las expresiones tradición y entrega. Las usó comprendiendo la
“nuda traditio” y la “traditio” romanas. Es decir como término genérico de la entrega (simple traspaso material de una cosa) y
de transferencia del dominio.
Quizá hubiese sido preferible limitar la expresión tradición a la transferencia del dominio.

Características de la tradición.
a) Es un modo de adquirir el domino entre vivos. Ya vimos que es una convención y un modo de extinguir
obligaciones.
b) Puede ser onerosa o gratuita. Ello dependerá del título que sirve de antecedentes a la tradición. Por ejemplo, será
gratuita si su causa eficiente es una donación. Será onerosa si su antecedente es una compraventa o una permuta.
c) Es un modo de adquirir derivativo. Esto significa que el derecho del adquiriente se mide por el del tradente.
Sabemos que nadie puede transferir más derechos que los que tiene (artículo 682, inciso 1º).
El derecho del adquiriente procede del derecho del tradente.
d) Es un modo de adquirir generalmente a título singular. Sin embargo, puede ser a título universal cuando se
transfiere el derecho de herencia (artículos 1909 y 1910).

Cosas que se pueden adquirir por tradición.


Por tradición puede adquirirse no sólo el dominio de las cosas corporales sino todos los derechos reales (artículo 670, inciso
2º).
Pueden transferirse los derechos personales y su tradición está tratada en los artículos 1901 y siguientes, en el Título XXV
del Libro IV, “De la cesión de derechos”, párrafo “De los créditos personales”.
El derecho de herencia puede adquirirse por tradición y ésta se regla en los artículos 1909 y 1910.
En resumen, por tradición puede adquirirse el dominio y todos los derechos reales y personales. Es decir, pueden adquirirse
las cosas corporales e incorporales, incluso las universalidades como la herencia.
Requisitos de la tradición.
a) Concurrencia de dos partes, el tradente y el adquiriente;
b) Consentimiento del tradente y del adquiriente;
c) Título translaticio de dominio;
d) Entrega de la cosa.
Concurrencia de dos partes.
Estas partes son el tradente y el adquiriente.
Se llama tradente a la persona que por la tradición transfiere el dominio de la cosa entregada por él o a su nombre, y
adquiriente la persona que por la tradición adquiere el dominio de la cosa recibida por él o a su nombre (artículo 671, inciso
1º)
Requisitos del tradente para que pueda transferir el dominio.
a) Debe tener la facultad de transferir el dominio. Esto significa que debe ser dueño de la cosa o del derecho que
transfiere.
Si el tradente no es dueño de la cosa, la tradición no es nula sino que no transfiere el dominio. Por eso el artículo 1575 es
incorrecto al decir que no es válido el pago en ese caso.
b) Debe tener capacidad de ejercicio. Si no tiene capacidad de ejercicio, la tradición, que es un acto jurídico, es nula.
Naturalmente que los incapaces pueden actuar representados o autorizados por sus representantes legales (artículo 671,
inciso 2º)
Requisitos del adquiriente para que pueda adquirir por tradición.
Debe tener capacidad de ejercicio pues, como hemos dicho, siendo la tradición un acto jurídico, bilateral, si una de las partes
es incapaz, la tradición es nula;
A este respecto debemos hacer presente que hay autores, como Alessandri, que estiman que el tradente debe tener
capacidad de ejercicio, es decir, aptitud para disponer de la cosa, y que al adquiriente le basta con tener capacidad de goce.
En nuestro concepto tanto el tradente como el adquiriente deben tener capacidad de ejercicio pues, al ser tradición una
convención, para que sea válida se necesita la capacidad de ejercicio de ambas partes. Ello, por otra parte, está corroborado
en el artículo 1575, inciso 2º para el tradente y en el artículo 1578 Nº 1 para el adquiriente.
Naturalmente que el adquiriente, además debe tener capacidad de goce. En consecuencia, sería nula la tradición hecha entre
cónyuges no separados judicialmente cuando el título que se invoca es la compraventa, ya que está prohibida por el artículo
1796.

Efectos de la tradición cuando el tradente no es dueño de la cosa que se pretende transferir


En este caso, faltaría uno de los requisitos del tradente, cual es la facultad de transferir el dominio, y produce los siguientes
efectos:
a) El adquiriente no adquiere el dominio ya que nadie puede transferir más derechos que los que tiene.
b) Sin embargo, esa tradición es válida a pesar de que el artículo 1575 dice que el pago, en que deba transferirse la
propiedad, y la tradición es esa especie de pago, no es válida sino en cuanto el que paga es dueño de la cosa pagada. Pero
la solución al problema referido no está en el artículo 1575 sino en los artículos 682 y 683.
Hay que tener presente que la ley da validez a la venta de cosa ajena (artículo 1815).
Consecuencialmente debe tener validez el pago que se haga en virtud de ella.
Naturalmente que el comprador no va adquirir el dominio en virtud de ese pago pero pasará a ser poseedor de dicha cosa y
podrá ganarla por la prescripción adquisitiva en conformidad al artículo 683.
c) Como lo acabamos de decir, si el tradente no es dueño de la casa objeto de la tradición, el adquiriente pasa a ser
poseedor de ella y puede adquirir el dominio por prescripción adquisitiva (artículo 683).
d) Si el tradente no es verdadero dueño de la cosa que se entrega por él o a su nombre transmisibles del mismo
tradente sobre la cosa entregada (artículo 682, inciso 1º).
e) Si después de hecha la tradición de una cosa ajena, el tradente adquiere el dominio de ella, se reputa que el
adquiriente es dueño de la tradición (artículo 682, inciso 2º y 1819).
f) Lo mismo sucede si el dueño de la cosa ratifica la tradición hecha por un tercero (artículo 672, inciso 2º y 1818).
Consentimiento del tradente y del adquiriente
Como todo acto jurídico bilateral, la tradición requiere del consentimiento de las partes (artículos 672, inciso 1º y 673, inciso
1º).
Si falta el consentimiento de una o de ambas partes, la tradición es inexistente.
Hacemos presente que los artículos 672 y 673 no se refieren a la inexistencia sino que habla de validez, lo que podría ser un
argumento más en favor de los que sostienen que la inexistencia se hace valer por la vía de la nulidad absoluta.
Como sabemos, ni la inexistencia ni la nulidad absoluta pueden ratificarse.
Sin embargo, el inciso 2º de los artículos 672 y 673 dan a entender que si faltó el consentimiento en la tradición, ésta podría
ser ratificada retroactivamente.
Hay autores que piensan que es así y que la ley ha modificado el rigor de los principios generales en materia de
consentimiento.
Nosotros no creemos que esa sea la solución correcta y pensamos que la tradición en que falta la voluntad de las partes es
inexistente. Nos parece que la ratificación a que se refiere el artículo 672 es la que hace el dueño de la cosa entregada
cuando el tradente no lo era. El artículo 673 es relativo al pago hecho a otra persona que el acreedor, ratificado por éste
(artículo 1677).
Tradición hecha por mandatarios o por representantes legales.
Como la generalidad de los actos jurídicos, la tradición puede hacerse por medio de mandatarios o representantes legales
(artículo 671, inciso 2º). El inciso 4º del artículo 671 dice que la tradición hecha por o a un mandatario debidamente
autorizado, se entiende hecha por o al respectivo mandante.
Por su parte, el artículo 674 expresa que para que valga la tradición en que intervienen mandatarios o representantes legales,
se requiere además que éstos obren dentro de los límites de su mandato o de su representación legal.
Creemos que este artículo incurre en un error. Los actos del mandatario que ha excedido los límites de su mandato no son
nulos, son inoponibles al mandante, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 2160, inciso 1º, sin perjuicio de que si el
mandatario, por una necesidad imperiosa, sale de los límites del mandato, se convierte en agente oficioso (artículo 2122).
En el caso de los representantes legales que actúan fuera de los límites de su representación legal puede haber nulidad o
inoponibilidad.
En las ventas forzadas que se hacen por decreto judicial a petición de un acreedor, en pública subasta, la persona cuyo
dominio de transfiere es el tradente, y el juez su representante legal (artículo 671, inciso 3º).
En este caso, no puede sostenerse que se actúe sin consentimiento del tradente ya que éste, al obligarse, consistió por el
mismo hecho en que su acreedor tendría la facultad de hacer vender todos sus bienes raíces o mubles, presentes o futuros,
exceptuados los no embargables, para el pago de su crédito, de acuerdo con lo dispuesto en el Artículo 2465 que establece
el derecho de prenda general de los acreedores.
También es representante legal del tradente el partidor, en conformidad con lo dispuesto en el artículo 659 del Código de
Procedimiento Civil.

El error en la tradición.
Como todo acto jurídico, la tradición puede estar viciada por error, fuerza o dolo. El Código, sin embargo, en el título de la
tradición sólo se refiere al error. En consecuencia, el dolo y la fuerza se rigen por las reglas generales.
Los artículos 676, 677 y 678 se refieren al error en la tradición, y contemplan el error en la identidad de la especie que debe
entregarse, en la persona del adquiriente, en su nombre, en cuanto al título de la tradición y al error de los mandatarios o
representantes legales.
a) Error en cuanto a la identidad de la cosa que debe entregarse. El artículo 676 dice que se requiere también
para la validez tradición que no se padezca error en cuanto a la identidad de la especie que debe entregarse.
Según este artículo si hay error sobre la identidad de la cosa, la tradición no es válida, es nula. Creemos que en el caso que
analizamos, la tradición no es nula sino que es inexistente ya que no habría consentimiento. También podría servir este
artículo para los que sostiene que la inexistencia sólo puede hacerse valer por la vía de la nulidad absoluta.
b) Error en la persona. El artículo 676 sanciona con la nulidad el error en cuanto a la identidad de la
persona del adquiriente.
La regla general en materia de error en cuanto a la identidad de las partes es que no vicie la voluntad salvo que se trate de
un acto intuito personae (artículo 1455).
Hay autores que creen que la tradición es un acto intuito personae ya que el tradente debe pagar a su acreedor (artículo
1576). Esto a pesar de que el título de la tradición no sea un contrato intuito personae pues piensan que una vez celebrado el
contrato, como el pago que extinguía la obligación sólo será el hecho al acreedor, aunque se haya padecido error en la
persona al celebrar el contrato y ese error no vicie la voluntad, sí la viciaría si el error se produce en el pago (tradición).
Otros piensan que el que sufre error en cuanto a la persona del acreedor ha hecho un pago indebido y debe proceder
conforme lo disponen los artículos 2295 y siguientes, relativos al cuasicontrato de pago de lo no debido, sin perjuicio de su
obligación de pagar al verdadero acreedor.
Hacemos presente que el artículo 1576 dice que para que el pago sea válido debe hacerse al acreedor mismo, pero que
estimamos más acertada la segunda posición a que nos hemos referido en el párrafo anterior.
El error en cuanto al nombre del adquiriente no vicia la voluntad (artículo 676, inciso 2º).
c) Error en cuanto al título de la tradición. El error en cuanto al título de la tradición está tratado en el artículo 677 y
se refiere a dos situaciones.
La primera tiene lugar cuando una sola de las partes supone un título traslaticio de dominio, como cuando por una parte se
tiene el ánimo de entregar a título de comodato, y por otra se tiene el ánimo de recibir a título de donación.
La segunda tiene lugar cuando por las dos partes se suponen títulos translaticios de dominio, pero diferentes, como si por
una de las partes se supone mutuo, y por otra donación.
En ambos casos nos hallamos frente a un error esencial u obstáculo (artículo 1453) que, en nuestro concepto, hace
inexistente el acto por falta de voluntad, a pesar de que el artículo 677 dice que tal error invalida la tradición.
d) Error sufrido por los mandatarios o representantes legales. Este error tiene las mismas consecuencias y
sanciones como si hubiera sido sufrido por el representado (artículo 678).
Título translaticio de dominio.
Según el artículo 675 para que valga la tradición se requiere un título translaticio de domino.
Concepto de título translaticio de dominio.
Es el que por su naturaleza sirve para transferir el dominio (artículo 703, inciso 3º).
Los principales títulos translaticios de dominio son la compraventa, la permuta, la donación entre vivos, el aporte en sociedad
(artículos 675, inciso 1º y 703, inciso 3º).
La transacción cuando recae sobre un objeto no disputado también es título translaticio de domino. Por ejemplo, si dos
personas se disputan una cosa y convienen que una de ellas se quede con la cosa disputada y que le dé a la otra un objeto
de su dominio; en cuanto se refiere al objeto no disputado es título traslaticio de dominio.
Requisitos del título.
Debe ser válido en sí y respecto de la persona a quien se confiere.
Si el título adolece de algún vicio de nulidad, la traición que se haga en virtud de él no transfiere el dominio.
El título, además debe ser válido respecto de la persona a quien se confiere. Así el título de donación irrevocable no
transfiere el dominio entre cónyuges (artículo 675, inciso 2º). Lo mismo sucede con el título de compraventa entre cónyuges
no separados judicialmente (artículo 1796).
Si el título requiere de solemnidades, es necesario cumplir con ellas para que se transfiera el dominio.
La entrega de la cosa.
El término “entrega” significa en la tradición la materialización del acuerdo de las partes de transferir el dominio del tradente al
adquiriente.
Esta “entrega” es diferente según se trate de bienes muebles, inmuebles, de derechos personales, de frutos y productos, del
derecho de herencia y de las servidumbres.
Tradición de los derechos reales sobre una cosa corporal mueble
Según el artículo 684, la tradición de una cosa corporal mueble deberá hacerse significando una de las partes a la otra que le
transfiere el dominio y figurando esta transferencia por uno de los medios que el mismo artículo indica.
La entrega en esta clase de tradición puede ser real o ficta.
a) Entrega real.
Es la que se hace físicamente, sea traspasando materialmente el tradente la cosa al adquiriente, sea permitiendo el tradente
al adquiriente la aprehensión material de una cosa presente (artículo 684 Nº1).
b) Entrega ficta.
Es la que se hace por medio de una ficción, la que determinados hechos o actos se consideran entrega.
Se acostumbra a entender por entregas fictas, la entrega simbólica, la entrega de larga mano o “longa manu”, la entrega por
breve mano o “brevi manu” y el constituto posesorio.
La terminología anterior viene del derecho romano y la verdad es que no tiene razón de ser. El código no la emplea y si
nosotros lo hacemos es porque así acostumbran a hacerlo los autores.
c) Entrega simbólica.
Tiene lugar cuando en vez de la entrega de la cosa objeto de la tradición se realizan algunos de los siguientes hechos:
Cuando se entregan al adquiriente las llaves del granero, almacén, cofre o lugar cualquiera en que esté guardada la cosa
(Artículo 684 Nº3);
Cuando se entrega el conocimiento, carta de porte o factura en los casos de venta de mercaderías que viene en tránsito por
mar o por tierra (Artículo 149 Nº1 del Código de Comercio);
Cuando se fija por el comprador, con consentimiento del vendedor, su marca en las mercaderías vendidas (artículo 149 Nº2
del Código de Comercio);
Cuando el tradente se encarga de poner la cosa a disposición del adquiriente, en el lugar convenido (artículo 684 Nº4);
Los casos de tradición simbólica que hemos señalado en esta letra no son taxativos.
d) Entrega de larga mano o “longa manu”.
Es la que se realiza cuando el tradente muestra la cosa al adquiriente (artículo 684, Nº2). Naturalmente que además de
mostrar la cosa el tradente debe ponerla a disposición del adquiriente.
e) Entrega breve mano o “brevi manu”.
Es la que tiene lugar cuando el mero tenedor de la cosa la retiene con ánimo de dueño porque celebró un acto translaticio de
domino con el dueño de ella. Por ejemplo, cuando el arrendatario retiene la cosa arrendada porque se la compró a su dueño;
cuando el comodatario retiene la cosa porque el comodante se la dio en pago de una obligación suya (artículo 685, Nº5 parte
primera).
f) Constituto posesorio.
Tiene lugar cuando el dueño de la cosa celebra un contrato en que retiene la mera tenencia de la cosa que pasa a ser de otra
persona.
Naturalmente que tendrá que haber celebrado un acto translaticio de dominio con dicha persona.
Por ejemplo, si el dueño de una cosa se la vende a otra persona y celebra con ella un contrato de arrendamiento en que se
obliga como arrendatario (artículo 684, Nº5, segunda parte).
g) Entrega de frutos y productos de un predio.
Se efectúa cuando se separan las piedras, frutos pendientes u otras cosas que forman parte del predio y que se toman de él
con permiso del dueño. La tradición se perfecciona en el momento de la separación (artículo 685, inciso 1º).
Aquel a quien se deban los referidos frutos o productos podrá entrar a cogerlos al predio, fijándose día y hora de común
acuerdo con el dueño (artículo 685, inciso 2º);
Creemos que si no se produce el acuerdo entre el dueño y el que tiene derecho para coger los frutos o productos, será el
juez el que debe fijar el día y hora para hacerlo;
No vemos inconveniente para que la entrega de los frutos pendientes o productos se haga en las formas fictas que contempla
el artículo 684; sin embargo, hay jurisprudencia en contra.
Tradición de los derechos reales sobre una cosa corporal inmueble.
La tradición misma y la entrega que ella supone, según el artículo 670, que es distinta a la entrega material. Ésta se efectúa,
cuando se trata de derechos reales sobre una cosa corporal inmueble, por la inscripción del título en el Registro del
Conservador (artículo 686).
Hacemos presente que la tradición de un derecho de servidumbre no requiere de inscripción, salvo de la servidumbre de
alcantarillado en predios urbanos.
Tradición de un derecho de servidumbre
La tradición de un derecho de servidumbre se efectuará por la escritura pública en que el tradente expresa constituirlo, y el
adquiriente aceptarlo. Esta escritura podrá ser la misma del acto o contrato en que se establece la obligación de conceder la
servidumbre y que es el título de la tradición del derecho real de servidumbre (artículo 698).
Tradición del derecho de herencia
El patrimonio del difunto se adquiere por los herederos por sucesión por causa de muerte al fallecer el causante.
Una vez muerto el causante, el heredero puede enajenar su derecho de herencia y si lo hace habrá que hacer tradición de él.
Al hablar de tradición del derecho de herencia nos estamos refiriendo a la universalidad no a bienes particulares que la
integren.
No hay disposición en el Código que determine la forma en que debe hacerse la tradición del derecho de herencia.
La jurisprudencia mayoritaria sostiene que siendo la herencia una universalidad distinta de los efectos que la componen,
aunque en ella haya inmueble, no es necesaria la inscripción del título para que se efectúe su tradición.
Como no hay reglas especiales para la tradición del derecho de herencia, hay que aplicar el artículo 670, y según esa
disposición, la tradición del derecho de herencia puede verificarse por cualquier medio que revele la intención del tradente de
transferirlo y la del adquiriente de adquirirlo. De esta manera, la tradición del derecho de herencia se efectúa de conformidad
al estatuto que rige la tradición de las cosas corporales muebles.
Serían formas de hacer la tradición del derecho de herencia el hecho de que en la escritura de compraventa se exprese la
voluntad de transferir la herencia por parte del vendedor y la voluntad de adquirirla por el comprador; el hecho de que vendida
una herencia, el comprador pida la posesión efectiva o su inscripción o la inscripción especial de herencia.
A veces será necesaria la inscripción de la cesión del derecho de herencia pero no para efectuar su tradición sino para otros
efectos que estudiaremos más adelante.
Hacemos presente que la cesión del derecho de herencia está tratada en los artículos 1909 y 1910.

Tradición de los derechos personales


La tradición de los derechos personales que un individuo cede a otro se verifica por la entrega del título, hecha por el cedente
al cesionario (artículos 699 y 1901).
Esta entrega puede ser real cuando el título consta por escrito. Pero puede, también, ser simbólica. Si el título no consta por
escrito, necesariamente debe ser simbólica, permitiendo al cesionario tener el crédito por suyo. Por ejemplo, si se quiere
ceder el crédito del mutuante, podrá hacerse una escritura de cesión en que el mutuante manifieste su voluntad de ceder el
crédito y el cesionario de adquirirlo.
Hacemos presente que para que la cesión de un derecho personal produzca efectos contra el deudor y contra terceros debe
ser notificada por el cesionario al deudor o aceptada por éste (artículo 1902).
También hacemos presente que al referirnos a la tradición de derechos personales nos estamos refiriendo a los créditos
nominativos y que está tratada en los artículos 1901 y siguientes.

EFECTOS DE LA TRADICIÓN
Ya vimos los efectos de la tradición cuando el tradente no es dueño de la cosa o del derecho que transfiere.
Cuando el tradente es dueño de la cosa que entrega, la tradición transfiere el dominio.
Como la tradición es un modo de adquirir derivativo, el dominio que tenía el tradente pasa al adquiriente en las mismas
condiciones y con los mismos gravámenes. Así, si la cos estaba gravada con una hipoteca, el adquiriente la recibe con la
hipoteca.
¿Cuándo puede exigirse la tradición?
Como la regla general es que los actos jurídicos sean puros y simples, la tradición, que es consecuencia de ellos, puede
pedirse inmediatamente después de celebrado el contrato.
Si para cumplir la obligación, que será precisamente, la tradición, hay plazo o condición suspensiva, no puede exigirse la
tradición sino una vez vencido el plazo o cumplida la condición (artículo 680, inciso 1º y 681).
Nº2). Tampoco podrá hacerse la tradición si hay decreto judicial que retenga el pago (artículos 681 y 1578
Pensemos que si se entrega la cosa que se debe bajo condición suspensiva y después se cumple la
condición, el que la recibió se entiende dueño desde la tradición ya que la condición suspensiva opera con efecto retroactivo.
Naturalmente, que esa entrega no transfiere el domino mientras no se cumple la condición.

Tradición bajo condición resolutiva.


Si se hace la tradición bajo la condición resolutoria, el adquiriente se hace dueño de la cosa desde el momento en que se le
hace la tradición. Claro que ese dominio puede perderse si se cumple la condición.
Cumplida la condición, se entiende que el adquiriente jamás fue dueño de la cosa, y que el tradente siempre conservó el
dominio ya que la condición resolutoria opera con efectos retroactivo.
Si el adquiriente, pendiente la condición resolutoria ajena la cosa o la grava con algún derecho real, tendrá lugar lo dispuesto
en los artículos 1490 y 1491; es decir, si la cosa es mueble, el tradente no podrá reivindicarla contra terceros de buena y si es
inmueble, sólo podrá resolverse la enajenación o gravamen cuando la condición constaba en el título respectivo, inscrito y
otorgado por escritura pública.
Hay autores que creen que respecto de la tradición no tiene lugar la condición resolutoria tácita porque el artículo 680 dice
que la condición, en la tradición, debe expresarse. La verdad es que la condición expresa o tácita se establece o contiene en
el título de la tradición, en el contrato que le sirve de causa próxima. En consecuencia, no vemos por qué no tendría lugar lo
prevenido respecto de la condición resolutoria tácita en la tradición. Por consiguiente, declarada la resolución del contrato por
incumplimiento de una de las partes, deberá procederse a las prestaciones recíprocas conforme lo previene el artículo 1487;
el adquiriente pierde el dominio que tenía sobre la cosa, que se entiende haber pertenecido siempre al tradente, y tiene
aplicación lo dispuesto en los artículos 1490 y 1491 si el adquiriente ha enajenado o gravado la cosa en el tiempo intermedio.

Contradicción entre los artículos 680 inciso segundo y 1874


La primera de las disposiciones mencionadas expresa que verificada la entrega por el vendedor, se transfiere el dominio de la
cosa vendida, aunque no se haya pagado el precio, a menos que el vendedor se haya reservado el dominio hasta el pago, o
hasta el cumplimiento de una condición. Es decir, este artículo expresa que el vendedor, aunque entregue la cosa puede
reservarse el dominio hasta que el comprador le pague el precio, y si éste no le paga, no adquiere el dominio de la cosa.
Por su parte, el artículo 1874 dice que la cláusula de no transferirse el dominio sino en virtud de la paga del precio, no
produce otro efecto que el de conferir derecho al vendedor para demandar el precio o la resolución del contrato, pero el
dominio fue adquirido por el comprador.
Como se puede ver, se trata de dos disposiciones que están en absoluta contradicción. Ante esa contradicción creemos que
debe preferirse lo dispuesto en el artículo 1874 que es norma especial, de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 13.
Estimamos que el artículo 680 tiene aplicación entre otros actos jurídicos y respecto de otras condiciones que no sean la de
pagar el precio en la compraventa. Por ejemplo,
en un aporte en sociedad en que un socio aporta en propiedad una cosa reservándose el dominio mientras no hagan los
aportes los otros socios. Se trata de una tradición bajo condición suspensiva, que no transfiere el dominio mientras no se
cumple la condición.
Fuera de la razón dada para referir el artículo 1874 al 680 tenemos otra, cual es la evolución que sufrieran estas
disposiciones en los Proyectos y en la Comisión Revisora. En los primeros se disponía que la venta no se transfería el
dominio mientras no se pagara el precio, a menos que se asegurara su pago a satisfacción del vendedor, o se vendiera a
plazo. Es decir, en los Proyectos la reserva del dominio se subentendía. La Comisión Revisora no aceptó esa disposición y
dejó el artículo 680 como ésta, es decir, la reserva del dominio debía pactarse. Posteriormente, en el artículo 1874 ni siquiera
se aceptó eso y se estableció la norma que no da valor a ese pacto.

EL CONSERVADOR DE BIENES RAÍCES Y LAS INSCRIPCIONES

Normas por las que se rigen el conservador de bienes raíces y las inscripciones.
De acuerdo al artículo 696, un reglamento especial determinará, en lo demás, los deberes y funciones del Conservador, y la
forma y solemnidades de las inscripciones.
Las normas fundamentales que rigen esta materia, además del Código Civil, son, el Reglamento del Registro Conservatorio
de Bienes Raíces; el D.F.L. Nº 247 de 20 de mayo de 1931 sobre una Nueva Organización del Conservador de Bienes
Raíces de Santiago; la Ley Nº 16.665 sobre Reconstitución de Inscripciones en Registro de Conservadores de Bienes
Raíces; y la Ley Nº 16.741 que establece normas para saneamiento de los títulos de dominio y urbanización de poblaciones
en situación irregular.
También se refieren a esta materia diversas leyes sobre prendas especiales, sobre el Registro de Vehículos Motorizados y
Registro de Conductores, etc.
Los Conservadores
Son los ministros de fe encargados de los registros conservatorios de bienes raíces, de comercio, de minas, de acciones de
sociedades propiamente mineras, de asociaciones de canalistas, de prenda agraria, de prenda industrial, especial de prenda
y demás que les encomienden las leyes (artículo 446 del Código Orgánico de Tribunales).
Si en un departamento no hubiere Conservador, el Notario será a su vez Conservador.
Los artículos 446 a 452 del Código Orgánico de Tribunales se refieren a los Conservadores.
Libros que lleva el Conservador De Bienes Raíces.
a) El Repertorio;
b) El Registro de Propiedad;
c) El Registro de Hipotecas y Gravámenes;
d) El Registro de Interdicciones y Prohibiciones de enajenar;
e) El Índice General (artículos 21, 31 y 43 del Reglamento).
El Repertorio.
Es el libro en que el Conservador anota todos los títulos que se le presenten para ser inscritos (artículos 21 del Reglamento
de Registro Conservatorio de Bienes Raíces).
Obligación del Conservador de anotar los títulos en el Repertorio.
El Conservador, en ningún caso, dejará de anotar en el Repertorio el título que se le presente para ser inscrito, ya sea que el
motivo que encontrare para no hacer la inscripción sea en su concepto de efectos permanentes o transitorios y fáciles de
subsanar.
Caducidad de las anotaciones en el Repertorio y su conversión en inscripción.
Las anotaciones en el Repertorio caducarán a los dos mese de su fecha si no se convierten en inscripción (artículo 15 del
Reglamento) y, se convertirán en inscripción cuando se haga constar que se ha subsanado la causa que impida la inscripción
(artículo 16 del Reglamento).
Convertida la anotación en inscripción, surte ésta todos los efectos de tal desde la fecha de la anotación, sin embargo, de
cualesquiera derechos que hayan sido inscritos en el intervalo de la una a la otra (artículo 17 del Reglamento). Pero no puede
renovarse si no se convierte en inscripción a los dos meses.
Forma como se lleva el Repertorio.
La forma material como se lleva el Repertorio está en el artículo 24 del Reglamento.
A todo requirente, en el acto que lo pida, dará el Conservador copia de la anotación en el Repertorio (artículo 69 del
Reglamento).
Inscripción de títulos incompatibles con el anotado en el Repertorio.
La Corte Suprema ha dicho que la anotación presuntiva en el Repertorio sólo importa para determinar la fecha de la
inscripción, pero que no impide otras inscripciones aunque sean incompatibles con las anotadas. Es más, ha dicho que la ley
autoriza las referidas inscripciones cuando el artículo 17 del Reglamento expresa que convertida la anotación en inscripción,
surte ésta todos los efectos de tal desde la fecha de la anotación, sin embargo, de cualesquiera derechos que hayan sido
inscritos en el intervalo de la una a la otra.
¿Qué sucede si entre la anotación presuntiva y el transcurso de los dos meses se inscribe una prohibición judicial
de enajenar?
Creemos que si la anotación presuntiva se convierte en inscripción, la inscripción de la prohibición queda sin efecto por lo
dispuesto en el Artículo 17 del Reglamento.
El Registro de Propiedad.
Es el libro en que se inscriben las translaciones de dominio (artículo 32, inciso 1º, del Reglamento).
Como todo Registro, contendrá un índice por orden alfabético, destinado a colocar separadamente el nombre de los
otorgantes, el apellido de los mismos y el nombre del fundo, materia de la inscripción (artículo 41 del Reglamento).
Se inscribirán en este Registro las cancelaciones, subinscripciones y demás concernientes a las inscripciones que se hagan
en él (artículo 33 del Reglamento).
El Registro de Hipotecas y Gravámenes.
Es el libro en que se inscriben las hipotecas, los censos, los derechos de usufructo, uso y habitación, los fideicomisos, las
servidumbres y otros gravámenes semejantes (artículo 32, inciso 2º del Reglamento).
También contendrá el índice que hemos mencionado en el número anterior, y se inscribirán en este Registro las
cancelaciones, subincripciones y demás concernientes a las inscripciones que se hagan en él (artículo 33 del Reglamento).
El registro de interdicciones y prohibiciones de enajenar.
Es el libro en que se inscriben las interdicciones y prohibiciones de enajenar e impedimentos relacionados con el artículo 53
Nº3 del Reglamento (artículo 32, inciso 3º, del Reglamento).
Además, se inscribirán en este Registro las respectivas cancelaciones, subinscripciones y demás concernientes a las
inscripciones hechas en él (artículo 33 del Reglamento).
También contendrá el índice a que nos hemos referido en los números anteriores (artículo 41 del Reglamento).
El Índice General.
Es el libro que se lleva por orden alfabético y que se forma a medida que se vayan haciendo las inscripciones en los tres
Registros.
Tanto en las partidas del Índice General como en las de los índices particulares de cada Registro se enunciarán el nombre de
los otorgantes, el nombre particular del fundo, la calle en que estuviere situado, si es urbano y si es rústico, la subdelegación,
la naturaleza del contrato o gravamen, la cita de la foja y número de la inscripción. El índice general citará también el Registro
parcial en que se halle la inscripción (artículo 44 del Reglamento).
Títulos que deben inscribirse
Deberán inscribirse en el Registro Conservatorio:
1º Los títulos translaticios del dominio de los bienes raíces; los títulos de derechos de usufructo, uso, habitación, censo e
hipoteca constituidos en inmuebles, y la sentencia que declare la prescripción adquisitiva del dominio o de cualquiera de
dichos derechos;
2º La constitución de los fideicomisos que comprenden o afecten bienes raíces; la del usufructo, uso y habitación que hayan
de recaer sobre inmuebles por acto entre vivos; la constitución, división, reducción y redención del censo; la constitución de
censo vitalicio, y la constitución de la hipoteca;
3º La renuncia de cualquiera de los derechos enumerados anteriormente;
4º Los decretos de interdicción provisoria y definitiva, el de rehabilitación del disipador y demente, el que confiera la posesión
definitiva de los bienes del desaparecido y el que conceda el beneficio de separación según el artículo 1385 del Código Civil
(artículo 52 del Reglamento).
Sobre los títulos que deben inscribirse cabe tener presente que:
El Nº1 del Artículo 52 del Reglamento se refiere a la tradición del dominio, usufructo, uso,
habitación, censo e hipoteca constituidos sobre inmuebles.
El Nº2, en cambio, se refiere a la constitución del usufructo, uso, habitación, censo e hipoteca.
Es decir, el Nº1 se refiere al caso en que el usufructuario, el censualista o el acreedor hipotecario transfieran sus respectivos
derechos que ya están constituidos. El Nº2, en cambio, se refiere al caso en que el dueño de la finca la da en usufructo, uso
o habitación, o la grava con hipoteca o censo.
La referencia a los títulos translaticios de uso o habitación que hace el Nº1 del Artículo 52 del Reglamento es incorrecta ya
que se trata de derechos personalísimos que no pueden transferirse a otro (artículos 819 y 1464 Nº2).
La sentencia que declara una prescripción se inscribe para hacerla oponible a terceros para mantener la historia de la
propiedad raíz (Artículo 2513).
Las inscripciones que ordena el Nº4 del artículo 52 del Reglamento, en general, tiene por objeto poner en conocimiento de
terceros y hacer oponibles los actos a que se refieren.
Sanción cuando no se inscribe un título que debe inscribirse.
La sanción por el hecho de no inscribirse un título que debe inscribirse es la de que no se produce el efecto que señala la ley,
en cada caso, para la respectiva inscripción. Por ejemplo, si no se inscribe un título translaticio del dominio, no se transfiere el
dominio; si no se inscribe un derecho de usufructo, no nace ese derecho real. Así lo dice el Mensaje del código.
Para quienes estiman que la inscripción es, en ciertos casos, solemnidad de algunos actos, si se omite habría nulidad
absoluta (artículo 1682).
Cuando la inscripción tiene por objeto hacer oponible un acto a terceros, la falta de inscripción acarreará la inoponibilidad
(artículo 150).
Títulos que pueden inscribirse
Pueden inscribirse:
1º Toda condición suspensiva o resolutoria del domino de bienes inmuebles o de otros derechos reales constituidos
sobre ellos;
2º Todo gravamen impuesto en ellos que no sea de los mencionados en los números 1º y 2º del artículo 52, como las
servidumbres;
3º El arrendamiento en el caso del artículo 1962 del Código Civil y cualquier otro acto o contrato cuya inscripción sea
permitido por la ley;
4º Todo impedimento o prohibición referente a inmuebles, sea convencional, legal o judicial, que embarace o limite de
cualquier modo el libre ejercicio del derecho de enajenar.
Son de la segunda clase el embargo, cesión de bienes, secuestro, litigio, etc. (Artículo 53 del Reglamento)
Hacemos presente que, a pesar de lo dicho en el Nº4, creemos que las prohibiciones convencionales que embaracen o
limiten el libre ejercicio del derecho de enajenar, si la enajenación se lleva a efecto, no hacen nula tal enajenación, sólo dan
derecho para cobrar los perjuicios que corresponda. Pensamos así porque los Nº3 y 4º del artículo 1464 se refieren a
embargos y prohibiciones judiciales (artículo 296 y 297 del Código de Procedimiento Civil). Las prohibiciones legales,
naturalmente, hacen nula la enajenación (artículos 10, 1466 y 1682). Las prohibiciones convencionales sólo limitan o
embarazan la enajenación, pero no la anulan.
Las inscripciones.
Finalidades de la inscripción.
En nuestro derecho la inscripción en el Conservador de Bienes Raíces tiene las siguientes finalidades:
a) Es la única manera de hacer la tradición del dominio y de los otros derechos reales constituidos sobre inmuebles,
salvo el de servidumbre.
También es la única manera de constituir derechos reales inmuebles, salvo el de servidumbre (artículos 686 y 698)
b) Sirve para dar publicidad a la propiedad raíz. Así lo dice el Mensaje del Código.
Las inscripciones a que da lugar la sucesión por causa de muerte, tienen esta finalidad ya que ni el dominio ni la posesión se
adquieren en ese caso por la inscripción. El dominio se adquiere por sucesión por causa de muerte, y la posesión al
momento de la delación de la herencia, en virtud de la ley.
Permite hacer oponible a terceros ciertos hechos, como la prescripción adquisitiva (artículo 2513);
c) Tiene por objeto conservar la historia de la propiedad inmueble;
d) Es prueba, requisito y garantía de la posesión de los inmuebles (artículos 724, 728, 730, 2505, 924) Hacemos
presente que no todos los autores están de acuerdo sobre esta materia;
e) Es solemnidad de ciertos actos. Por ejemplo, para la constitución del fideicomiso sobre inmuebles por acto entre
vivos o por testamento (artículo 735).
Conservador en que deben hacerse las inscripciones.
a) La inscripción del título de dominio y de cualquier otro de los derechos reales sobre inmuebles a que se refieren los
números 1º y 2º del artículo 52 se hará en el Registro Conservatorio del departamento en que esté situado el inmueble, y si
éste por su situación pertenece a varios departamentos, deberá hacerse la inscripción en la oficina de cada uno de ellos
(artículo 687, inciso 1º del Código Civil y artículo 54, inciso 1º del Reglamento).
Si el título es relativo a dos o más inmuebles, deberá inscribirse en los Registros de todos los departamentos a que por su
situación pertenecen los inmuebles (artículo 687, inciso 2º del Código Civil y artículo 54, inciso 2º del Reglamento).
Si por un acto de participación se adjudican a varias personas los inmuebles o parte de los inmuebles que antes se poseían
proindiviso, el acto de participación, en lo relativo a cada inmueble o cada parte adjudicada, se inscribirá en el departamento
o departamentos a que por su situación corresponda dicho inmueble o parte (artículo 687, inciso 3º del Código Civil y artículo
54, inciso 3º del Reglamento).
Las inscripciones a que se refiere esta letra se harán en el Registro de Propiedad de Hipotecas y Gravámenes según
corresponda.
b) Las inscripciones que da la posesión efectiva debe inscribirse en la oficina del Conservador del departamento en
que haya sido pronunciado, en el Registro de Propiedad (artículo 688 Nº1 del Código Civil, 55 Nº1 del Reglamento y 883 del
C.P.C.).
Si entre los bienes hereditarios hay inmuebles, la posesión efectiva se inscribirá además en el Conservador de Bienes Raíces
del departamento o departamentos en que están situados los inmuebles (artículo 883, inciso 3º del C.P.C).
c) El testamento, si la situación es testamentaria, se inscribirá en el Registro y Conservador designado en la letra
anterior.
d) La inscripción especial de herencia, esto es, la que pone cada inmueble a nombre de todos los herederos, se hará
en el Conservador o conservadores del departamento o departamentos en que esté o
estén situados los inmuebles (artículos 688 Nº2 y 687 del Código Civil y 55 Nº3 del Reglamento).
e) La sentencia ejecutoriada en que se reconocen como adquiridos por prescripción el dominio o cualquier otro
derecho real sobre inmuebles, se inscribirá en el Registro de Propiedad del Conservatorio de Bienes Raíces del
departamento o departamentos donde estuvieren situados los inmuebles (artículos 689 y 687 del Código Civil).
f) Los decretos de interdicción, los que prohíben o limitan generalmente el derecho de enajenar y los demás que no se
contraigan a determinado inmueble, se inscribirán en el Registro de Interdicciones y Prohibiciones de Enajenar del
Conservador del departamento en donde tenga su domicilio la persona sobre quien recae el decreto o prohibición. Se
inscribirán también en el departamento o departamentos en que estén situados los inmuebles que les pertenezcan.
Si la prohibición o limitación recayere sobre un inmueble determinado, la inscripción deberá hacerse en el departamento o
departamentos en que estuviere situado el inmueble (artículo 56 del Reglamento).

¿Qué sucede si se hace una inscripción en un Registro distinto al que corresponde?


Por ejemplo, si se inscribe la constitución de un usufructo o de una hipoteca en el Registro de Propiedad.
Según Vodanovic, la jurisprudencia ha establecido que es nula la inscripción practicada en un Registro que no corresponde.
Agrega que se considera que la inscripción no se ha realizado y que esta omisión, según la Corte Suprema, produce nulidad
absoluta.
Nosotros creemos que la inscripción en un Registro que no corresponde es nula, pero sólo la inscripción. No así la omisión
de la inscripción en el Registro que corresponda. Esta omisión es sólo eso, omisión, y el título no se anula por ello y puede
inscribirse en el correspondiente Registro.
Caso en que un inmueble está ubicado en dos o más departamento y se inscribe en el Conservador de uno de ellos.
Podría pensarse que la inscripción es eficaz respecto de la parte del predio que está en el departamento en que se practicó la
inscripción.
Sin embargo, la Corte Suprema estimó que una sola de las inscripciones, cuando se requieren varias, es ineficaz respecto de
parte del predio.
Hay que recordar que el artículo 54, inciso 1º del Reglamento, dice que si el inmueble por su situación pertenece a varios
departamentos, deberá hacerse la inscripción en la oficina de cada uno de ellos.
Forma en que deben pedirse y hacerse las inscripciones.
a) Para llevar a efecto la inscripción, se exhibirá al Conservador copia auténtica del título respectivo, y del decreto
judicial, en este caso, con certificación al pie del respectivo escribano, que acredite ser ejecutorio (artículos 690 del Código
Civil y 57, inciso 1º del Reglamento).
Se exhibirán también los demás documentos necesarios, sean públicos o privados (artículo 57, inciso 2º del Reglamento).
b) Siempre que se transfiera un derecho que ha sido antes inscrito, se mencionará la precedente inscripción en la
nueva (artículo 692 del Código Civil y 80 del Reglamento).
c) La inscripción de un embargo, secuestro, cesión de bienes o cualquier otro impedimento legal para
enajenar un inmueble, no podrá hacerse sin previo decreto del juez competente (artículo 59 del Reglamento).
d) Si la inscripción se refiere a minutas o documentos que no se guarden en el registro o protocolo de una oficina
pública, se guardarán dichas minutas o documentos en el archivo del Conservador, bajo su custodia y responsabilidad
(artículo 694 del Código Civil y 85 del Reglamento). Es lo que sucede con los planos de división de bienes raíces. Se agregan
numerados al final del respectivo Registro, por el mismo orden de inscripción. Al final del documento se pondrá un certificado
igual al de los Registros, y en cada documento, cuyas páginas todas rubricará el Conservador, certificará la foja y el número
de la inscripción a que se refiere (artículos 39 y 40 del Reglamento).
e) Los interesados pueden pedir la inscripción por sí, por medio de personeros o de sus representantes legales.
Sólo si la inscripción se pide para transferir el dominio u otro derecho real sobre un inmueble, será necesario que el
apoderado o representante legal presente el título de su mandato o representación; en las inscripciones de otro género
bastará que exhiban la copia auténtica del título en virtud del cual demandan la inscripción (artículos 60 y 61 del
Reglamento). Creemos que lo mismo es necesario cuando se constituye un derecho real de usufructo, uso o habitación.
Por lo expresado, es conveniente poner en las escrituras que sean títulos translaticios de dominio o de otro derecho real, el
hecho de facultar al portador de copia autorizada de la escritura para solicitar las inscripciones que corresponda, pues en ese
caso, el título del mandato consta en la escritura.
f) El Conservador sólo puede inscribir copias autorizadas de escrituras públicas y sentencias judiciales (artículo 690,
inciso 1º del Código Civil y artículos 62 y 19 del Reglamento).
g) Los instrumentos otorgados en país extranjero no se inscribirán sin previo decreto judicial que califique la legalidad
de su forma y su autenticidad, conforme a lo dispuesto en los artículos 16, 17 y 18 del Código Civil.
No obstante, el Conservador reputará legales y auténticas las copias es inscribirá los instrumentos otorgados en país
extranjero si hubiesen pasado aquellos y se hubieren dado éstas, con el sello, de la Legación o Consulado, por un Ministro
Plenipotenciario, un Encargado de Negocios, un Secretario de Legación o un Cónsul de Chile, con tal que estos dos últimos
tengan título expedido por el Presidente de la República, y que el Ministro de Relaciones Exteriores haya abonado la firma
autorizante (artículos 63 y 64 del Reglamento).
h) En el acto de recibir el Conservador la copia auténtica, anotará su extracto en el Repertorio, bajo el número que le
corresponde según el orden de su presentación, y con las enunciaciones enumeradas en el artículo 24 (artículo 65 del
Reglamento).
Esta solemnidad sólo podrá omitirse en el caso de que el requirente, persuadido de la justicia con que el Conservador rehúsa
la inscripción, declare expresamente que desiste de ella y que retira su título (artículo 67 de Reglamento).
i) Si el Conservador admite el título para su inscripción, apuntará en él el número del Repertorio bajo el cual se haya
anotado, el Registro parcial en que debe inscribirse y el número que en éste le corresponda (artículo 68 del Reglamento).
Hará sin retardo la inscripción, conformándose a los títulos (artículo 70 del Reglamento)
j) Si dos o más personas demandaren a un tiempo inscripción de igual naturaleza sobre un mismo inmueble, las
copias presentadas se anotarán bajo el mismo número (artículo 66 del Reglamento).
k) Se hará una sola inscripción, cualquiera que sea el número de los acreedores y deudores, si hay entre aquellos
unidad de derecho, o si son éstos solidarios, o indivisible la obligación (artículo 71 del Reglamento).
Pero si resultare de un título que muchos deudores o fiadores hubiesen hipotecado los inmuebles que singularmente les
corresponde, se verificarán tantas inscripciones cuantos los inmuebles sean (artículo
72 del Reglamento).
l) Las partidas de inscripción, en cada Registro parcial, se colocarán bajo el número que se les haya asignado en el
Repertorio (artículo 73 del Reglamento).
m) Tendrá cada inscripción al principio, en el margen de la izquierda, una anotación que exprese la naturaleza del título
y el número que le corresponda en el Repertorio (artículo 76 del Reglamento).
n) Las sumas se escribirán en guarismos y en letras, y no se usará jamás abreviaturas (artículo 77 del Reglamento).
o) Verificada la inscripción, el Conservador devolverá su título al requirente, con nota de haberse inscrito, del registro,
número y fecha de la inscripción, la fecha d enota y la firma del Conservador. Se hará además mención en la predicha nota,
del contenido de las minutas o documentos que según el artículo 85 deben quedar en poder del Conservador (artículo 86 del
Reglamento).
p) El interesado, si quiere, podrá ocurrir con la copia ante el escribano originario, quien será obligado a trasladar la
nota al margen de la escrita matriz (artículo 87 del Reglamento).
q) A continuación de la última palabra del texto de la inscripción, seguirán las firmas de las partes, en los casos que
fueren necesarias, debiendo cerrar la inscripción la firma del Conservador (artículo 83 del Reglamento).
Negativa del conservador a hacer una inscripción.
Como lo dijimos anteriormente, el Conservador no puede negarse a anotar un título en el Repertorio, pero puede negarse a
inscribir un título.
Deberá negarse si la inscripción es en algún sentido legalmente inadmisible; por ejemplo, si no es auténtica la copia que se le
presenta o no está en papel competente; si no está situado en el departamento o no es inmueble la cosa a que se refiere; si
no se ha dado al público el aviso prescrito en el artículo 58; si es visible en título algún vicio o defecto que lo anule
absolutamente, o si no contiene las designaciones legales para la inscripción (artículo 13 del Reglamento).
También deberá rehusar el Conservador la inscripción, si el dueño de un fundo lo vendiere sucesivamente a dos personas
distintas, y después de inscrito por uno de los compradores apareciese el otro solicitando igual inscripción; o si un fundo
apareciere vendido por persona que según el Registro no es su dueño o actual poseedor. El rechazo durará hasta que se
haga constar al Conservador que judicialmente se ha puesto la pretensión en noticia de los interesados a quienes pueda
perjudicar la anotación.
Los fundamentos de toda negativa se expresarán con individualidad en el mismo título (artículo 14 del Reglamento).
¿Qué debe hacerse si el Conservador se niega a hacer una inscripción?
La parte perjudicada con la negativa, ocurrirá al juez de primera instancia del departamento, quien en vista de esta solicitud y
de los motivos expuestos por el Conservador, resolverá por escrito y sin más trámite lo que corresponda (artículo 18 del
Reglamento).
Si manda el juez a hacer la inscripción, el Conservador hará mención en ella del decreto que la hubiere ordenado (artículo 19
del Reglamento).
El decreto en que se niegue lugar a la inscripción, es apelable en la forma ordinaria (artículo 20 del Reglamento). Si se da
lugar a la inscripción, el Conservador no puede apelar; pero no va a tener responsabilidad por la inscripción.
¿Qué debe contener una inscripción?
a) Toda inscripción principiará por la fecha de ella; expresará la naturaleza y fecha del título, los nombres, apellidos y
domicilio de las partes y la designación de la cosa, según todo ello aparezca en el título; expresará además la oficina o
archivo en que se guarde el título original; el nombre y linderos del fundo; y terminará por la firma del Conservador (artículo
690, inciso 2º del Código Civil y 79 inciso final del Reglamento).
b) La inscripción de un testamento comprenderá la fecha de su otorgamiento; el nombre, apellido y domicilio del
testador; los nombres, apellidos y domicilios de los herederos o legatarios que solicitaren la inscripción, expresando sus
cuotas o los respectivos legados (artículo 691, inciso 1º del Código Civil y 79, inciso 1º del Reglamento).
c) La inscripción de una sentencia o decreto comprenderá su fecha, la designación del tribunal o juzgado respectivo, y
una copia literal de la parte dispositiva. Si ésta se refiere a la demanda o a otro libelo, se insertará literalmente lo que en la
demanda o libelo se haya pedido (artículo 691, inciso 2º del Código Civil y 79, inciso 2º del Reglamento).
d) La inscripción de un acto legal de partición comprenderá la fecha de este acto, el nombre y apellido del juez partidor
y la designación de las partes o hijuelas pertenecientes a los que soliciten la inscripción (artículo 691, inciso 3º del Código
Civil y 79 inciso 3º del Reglamento).
e) La inscripción de títulos de propiedad y de derecho reales contendrá: la fecha de la inscripción; la naturaleza, fecha
del título y la oficina en que se guarda el original; los nombres, apellidos y domicilio de las partes; el nombre y linderos del
fundo; la firma del Conservador (es decir los requisitos de toda inscripción).
Si se pidiere la inscripción de un título translaticio del dominio de un inmueble o de alguno de los derechos reales que deben
inscribirse según el artículo 52 Nº1 del Reglamento, y en el título no apareciere facultado uno de los otorgantes o un tercero
para hacer por sí solo la inscripción, será necesario además que las partes o sus representantes firmen la anotación.
En las transferencias que procesan de decretos judiciales no hay necesidad de que las partes firmen las anotaciones (artículo
78 del Reglamento).
f) La inscripción de la hipoteca contendrá:
1º El nombre, apellido y domicilio del acreedor, y su profesión si tuviere alguna; y las mismas designaciones relativamente al
deudor, y a los que como apoderados o representantes legales del uno o del otro, requieran la inscripción.
Las personas jurídicas serán designadas por su denominación legal o popular, y por el lugar de su establecimiento; y se
extenderá a sus personeros lo que se dice de los apoderados o representantes legales de las personas naturales;
2º La fecha y naturaleza del contrato a que accede la hipoteca y el archivo en que se encuentra. 3º La situación de la finca
hipotecada y sus linderos.
Si la finca fuere rural, se expresará el departamento, subdelegación y distrito a que pertenezca y si perteneciere a varios,
todos ellos.
Si fuere urbana, la ciudad, villa o aldea, y la calle en que estuviere situada;
4º La suma determinada a que se extiende la hipoteca en el caso de haberse limitado a determinada cantidad;
5º La fecha de la inscripción y la firma del Conservador (artículo 2432 del Código Civil y 81 del Reglamento).
g) La inscripción de cualquier otro gravamen, contendrá, en lo concerniente, las mismas designaciones que la
inscripción de la hipoteca (artículo 81, inciso final del Reglamento).
Creemos que dichos gravámenes, incluso a la hipoteca, también se les aplica el artículo 78 del Reglamento, que
mencionamos en la letra e).
Faltas u omisiones en los títulos.
La falta absoluta en los títulos de alguna de las designaciones legales, sólo podrá llenarse por medio de escritura pública
(artículo 82, inciso 1º del Reglamento).
Pero la designación de los herederos y legatarios a que se refiere el inciso 1º del artículo 79 del Reglamento; la designación
del tribunal o juzgado respectivo, la copia literal de la parte dispositva y la inserción literal de lo que se pida en la demanda o
libelo, a que se refiere el inc. 2º del mismo artículo 79; y la de los personeros y representantes legales que se requieren para
la inscripción de la hipoteca según el Nº1 del artículo 81 del Reglamento, se salvarán por medio de minutas suscritas por las
partes (artículo 82, inciso 2º del Reglamento).
También se enmendarán y suplirán por minutas las designaciones defectuosas o insuficientes de los títulos (artículo 82, inc.
final del Reglamento).
Las enmendaduras o entrelíneas, la identificación de las personas y cualquier otro defecto relativo a la forma o solemnidades
de las inscripciones, deben ser salvadas antes de las firmas de la inscripción y en caso de que no lo sean, se tendrán por no
escritas (artículos 84 del Reglamento y 428 del Código Orgánico de Tribunales).
Sanción a la omisión de los requisitos que la ley exige en las inscripciones
Si el requisito omitido lo establece el Código Civil en sus artículos 686 a 695, la sanción a esa omisión es la prevista en el
artículo 696, es decir, la inscripción no dará la posesión efectiva del respectivo derecho mientras la inscripción no se efectúe
de la manera que en dichos artículos se ordena. Es decir, la inscripción no es nula sino que no da la posesión efectiva del
derecho. Si se trata de un título translaticio, no transfiere el derecho.
Si se trata de otro requisito, su omisión produce nulidad absoluta (artículo 1682).
Sin embargo, estimamos que las designaciones relativas a la individualización de las partes, a la fecha y naturaleza del título
y a la situación de la finca y sus linderos, no producen nulidad si por medio de la inscripción o del contrato o contratos citados
en ella, puede venirse en conocimiento de lo que al inscripción se eche de menos (artículo 2433).
Hacemos presente que la disposición citada es sólo relativa a la hipoteca pero creemos que su contenido es de aplicación
general.
Inscripción sin previa anotación en el repertorio.
Creemos que es nula, porque el Artículo 76 del Reglamento exige que la inscripción tenga anotada en el margen izquierdo el
número que le corresponde en el Repertorio.
Lo mismo sucede con la inscripción hecha después de caducada la anotación.
Inscripción de una finca que no estaba antes inscrita.
Se refieren a esta materia los artículos 693 del Código Civil y 58 del Reglamento; siendo, este último, más completo y
contenido lo que expresa el primero, lo transcribiremos:
“Para inscribir la transferencia por donación o contrato entre vivos de una finca que no ha sido antes inscrita, exigirá el
Conservador constancia de haberse dado aviso de dicha transferencia al público por medio de 3 avisos publicados en un
periódico del departamento o de la capital de la provincia si en aquél no lo hubiere, y por un cartel fijado durante quince días
por lo menos en la oficina del mismo Conservador, con las designaciones relativas a las personas que transfieran y a los
límites y nombres de la propiedad, materia del contrato”.
El Conservador certificará el cumplimiento de los requisitos indicados en el inciso anterior al pie del cartel y procederá a
protocolizar éste.
Se sujetarán a las mismas reglas la inscripción o registro de la constitución o transferencia por acto entre vivos de los
derechos de usufructo, uso, habitación, censo e hipoteca que se refieran a inmuebles no inscritos.
La inscripción no podrá efectuarse sino una vez transcurridos treinta días contados desde el otorgamiento del certificado a
que se refiere el inciso segundo”.
En consecuencia, los requisitos que exigen los artículos mencionados para las inscripciones a que nos estamos refiriendo
son:
a) Tres avisos de la transferencia o constitución del derecho real, publicado en un período del departamento o de la
capital de la provincia sin en aquél no lo hubiere;
b) Un cartel que dé cuenta de la transferencia o constitución del derecho real, fijado durante quince días por lo menos
en la oficina del mismo Conservador, con las designaciones relativas a las personas que transfieran y a los límites y nombres
de la propiedad, materia del contrato;
c) Certificado del Conservador del cumplimiento de los requisitos señalados en las dos letras anteriores;
d) Protocolización en el Registro que corresponda del certificado. Hacemos presente que los requisitos anteriores sólo
se exigen cuando se trata de la transferencia por donación o contrato entre vivos del dominio de una finca o para la
constitución por acto entre vivos de los derechos de usufructo, uso, habitación, censo e hipoteca. También son necesarios
esos requisitos para la transferencia por acto entre vivos de esos derechos, salvo los de uso y habitación que son
intransferibles.
Los referidos requisitos no son necesarios en otros casos, por ejemplo, cuando se inscribe la sentencia que declara una
prescripción adquisitiva.

Sanción de la omisión de las inscripciones mencionadas en las letras anteriores.


Algunos autores creen que la sanción a esa omisión e la inoponibilidad a terceros de la inscripción.
Otros creen que es la nulidad absoluta por haberse omitido un requisito o formalidad establecida en consideración a la
naturaleza del acto (artículo 1682).
Por último, otros piensan, y creemos que con razón, que la sanción en el artículo 696, en consecuencia, la inscripción no dará
la posesión efectiva del derecho a que se refiere.

Subinscripciones y Cancelaciones.
Las rectificaciones de errores, omisiones y cualquiera otra modificación que el Conservador tenga que hacer de oficio o a
petición de parte, en conformidad al título que inscribió, las hará mediante subinscripción
(artículo 88 de Reglamento). Esta disposición es aplicable a las escrituras de aclaración que hacen las partes.
Las cancelaciones.
Son objeto de subinscripción las cancelaciones, sean totales o parciales, convencionales o decretadas por la justicia (artículo
91 del Reglamento). Esta norma hay que analizarla en relación con el artículo 728 relativo a la cesación de la posesión
inscrita, y tener presente que una de las maneras en que cesa la posesión inscrita es mediante la nueva inscripción en que el
poseedor inscrito transfiere su derecho a otro.
El Conservador no hará cancelaciones de oficio.
Sin embargo, cuando un poseedor inscrito transfiere su derecho a otro y se practica la nueva inscripción, el Conservador
estará obligado a poner una nota de simple referencia a las posteriores que versen sobre el mismo inmueble (artículo 92 del
Reglamento).
Las disposiciones relativas a la forma y solemnidades de las inscripciones, so, en lo conducente, aplicables a las
subinscripciones (artículo 90).

LA POSESIÓN
Es la tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor o dueño, sea que el dueño o el que se da por tal tenga la cosa
por si mismo, o por otra persona que la tenga en lugar y a nombre de él (artículo 700, inciso 1º)
La posesión y el derecho de dominio.
La posesión puede estar unida, y, normalmente, lo estará. El dueño de una cosa, generalmente, será su poseedor. Esta
posesión del dueño tiene importancia para el ejercicio de las acciones posesorias.
Pero la posesión, también, puede estar separada del dominio. El dueño puede haber perdido la posesión de una cosa, que
está siendo poseída por un tercero. Esta posesión separada del dominio tiene también importancia para el ejercicio de las
acciones posesorias, pero, por sobre todo, para la prescripción adquisitiva, que es un modo de adquirir el dominio de las
cosas ajenas por haber sido poseídas por cierto lapso de tiempo, y concurriendo los demás requisitos legales (artículo 2492).
Las normas del título “De la Posesión” se refieren, principalmente, a la posesión separada del dominio.
Elementos de la posesión
a) El corpus, que consiste en la manifestación de un poder de dominación, es la posibilidad de disponer de la cosa con
exclusión de cualquier otra persona. Es la exteriorización del derecho de propiedad, el hecho de conducirse respecto a la
cosa como lo haría el propietario.
b) El animus, que es la intención de comportarse como propietario, como señor o dueño de una cosa.
Como se puede ver, el corpus refleja una situación de hecho; el animus tiene un carácter intencional.
Lo que hace que la tenencia de una cosa, que puede consistir en detentarla, se convierta en posesión es el animus.
Lo que caracteriza al animus es el hecho de que el tenedor de la cosa se conduzca como propietario suyo, pero ello no
implica que deba tener la convicción de que es dueño efectivamente. Por ejemplo, el
ladrón puede tener la posesión de la cosa robada según como se conduzca respecto de ella.
Semejanzas entre el dominio y la posesión
a) El dominio es un derecho. La posesión es un hecho, por lo menos para la mayoría de los autores;
b) El dominio sólo se puede adquirir por un modo. La posesión puede tenerse por varios títulos (artículo 701). Nadie
puede adquirir el dominio por un modo; si ya lo adquirió por otro, pues no se puede adquirir algo de que ya se es dueño. En
cambio, si una persona posee una cosa por título, la puede poseer por otro; por ejemplo, si una persona vende a otro una
cosa ajena, el comprador pasa a poseer en virtud de la tradición; si después el dueño le lega esa casa, pasará a poseerla
cuando los herederos se la entreguen;
c) El dominio está protegido por la acción reivindicatoria; la posesión por las acciones posesorias y, en algunos casos,
por la acción publiciana (artículo 894).
Utilidades que presta la posesión
a) El poseedor es reputado dueño, mientras otra persona no justifique serlo (artículo 700, inciso 2º). Es decir, está
amparado por una presunción simplemente legal de que es dueño;
b) El poseedor de buena fe se hace dueño de los frutos (artículo 907, inciso 3º);
c) Sirve para ganar el dominio de la cosa por prescripción (artículo 2492).
Cosas susceptibles de posesión
Son susceptibles de posesión sólo las cosas comerciables. Por consiguiente, no se pueden poseer las cosas que la
naturaleza ha hecho comunes a todos los hombres y los bienes nacionales de uso público. Es decir, las cosas que no están
en el comercio, las cosas que no son susceptibles de propiedad privada.
De esta manera, pueden ser objeto de posesión todas las cosas corporales, sean muebles o inmuebles, y, también, los
derechos reales que no estén legalmente exceptuados.
La mayor parte de los autores estiman que sólo los derechos reales pueden ganarse por prescripción adquisitiva. Los
derechos personales no pueden ganarse por prescripción adquisitiva, y señalan, entre otros argumentos, el artículo 2498, el
que no menciona a los derechos personales entre las cosas que pueden ganarse por esa prescripción1.
Clases de posesión
La posesión se clasifica en:
a) Viciosa y no viciosa.
La posesión viciosa puede ser violenta o clandestina.
1
Hay algunos autores que postulan que, pueden poseerse todas las cosas incorporales (artículo 715), sea que se trate de
derechos reales o personales. Argumentan que, tal como lo dice el Mensaje del Código, los derechos reales son susceptibles
de posesión. Las servidumbres discontinuas y las inaparentes son susceptibles de posesión aunque no puedan ganarse por
prescripción.
Tratándose de la posesión de los derechos personales, señalan que el código, en su artículo 1576, habla de “posesión del
crédito”, y algunos autores piensan que lo hace correctamente pues se puede detentar un crédito con ánimo de señor o
dueño. Además, señalan que los créditos pueden ganarse por prescripción adquisitiva. Por ejemplo, si una persona se hace
pasar por mandataria del acreedor sin serlo y cede el crédito, el cesionario podrá ganarlo por prescripción adquisitiva de diez
años, y el crédito puede no haberse extinguido por la prescripción extintiva por tener un plazo pendiente, por ejemplo. Por lo
demás el artículo 715 no distingue entre derechos reales y personales. En todo caso, los créditos se pueden ganar
por prescripción adquisitiva cuando forman parte de una herencia y ésta se gana de ese modo.
Posesión no viciosa es la que no es violenta ni clandestina.
b) Regular e irregular.
c) Tranquila y no tranquila.
Para algunos, posesión tranquila es la que no es violenta ni clandestina. Es decir, para ellos los conceptos de posesión no
viciosa y tranquila son idénticos.
Para otros, posesión tranquila es la que no es violenta ni clandestina y sin que el poseedor haya sido demandado por el
dueño o por otro poseedor.
La posesión tranquila es la única que habilita para intentar las acciones posesorias (artículo 918).
Hacemos presente que hay autores que llaman a la posesión viciosa, inútil, y a la no viciosa, útil, y que estiman que sólo esta
última habilita para ganar el dominio por prescripción adquisitiva (de ahí que usen esa terminología).
Posesión regular
Según el artículo 702, incisos 2º y 3º, se llama posesión regular la que procede de justo título y ha sido adquirida de buena fe;
aunque la buena fe no subsista después de adquirida la posesión. Se puede ser por consiguiente poseedor regular y
poseedor de mala fe, como viceversa el poseedor de buena fe puede ser poseedor irregular.
Si el título es translaticio de dominio, es también necesaria la tradición.
Requisitos de la posesión regular
1º Justo título;
2º Buena fe inicial, y
3º Tradición, si el título que se invoca es translaticio de dominio.
El Título
Antes de analizar lo que es título justo e injusto, veremos el concepto de título para la posesión y la clasificación de los títulos,
clasificación que se aplica tanto al título justo como al injusto.
Concepto de título para la posesión
Es el hecho o acto jurídico que hace nacer la posesión en una persona.
Los modos de adquirir el domino, por regla general, son títulos para la posesión cuando por alguna razón no han hecho
adquirir el dominio. Por ejemplo, si alguien ocupa una cosa mueble, que cree no pertenecer a nadie, con ánimo de hacerla
suya, y esa cosa pertenecía a otra persona, el ocupante no adquirirá el dominio por ocupación, pero pasará a ser poseedor
de la cosa; si una persona hace tradición de una cosa ajena, el adquirente no se hace dueño de la cosa pero se hace
poseedor de ella (artículo 683).
Clasificación de los títulos
Crítica al Artículo 703.
El artículo 703 que debió referirse a los títulos de la posesión es confuso ya que clasifica los títulos desde el punto de vista
del dominio. Dice:
“El justo título es constitutivo o translaticio de dominio.
Son constitutivos de dominio la ocupación, la accesión y la prescripción.
Son translaticios de dominio los que por su naturaleza sirven para transferirlo, como la venta, la permuta, la donación entre
vivos.
Pertenecen a esta clase las sentencias de adjudicación en juicios divisorios, y los actos legales de partición.
Las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos no forman nuevo título para legitimar la posesión.
Las transacciones en cuanto se limitan a reconocer o declarar derechos preexistentes, no forman nuevo título; pero en cuanto
trasfieren la propiedad de un objeto no disputado, constituyen un título nuevo”.
La tradición es un modo de adquirir el dominio que requiere de un título translaticio, como la compraventa, la permuta, la
donación entre vivos, etc.
Sin embargo, la tradición, cuando el tradente no es dueño, es el título de la posesión del adquirente.
La verdad es que no hay títulos translaticios para la posesión. Todos ellos son constitutivos, ya que la posesión principia en el
poseedor.
Los llamados títulos declarativos de posesión, que también lo son para el dominio, como las sentencias de adjudicación en
juicios divisorios y los actos legales de partición, la verdad es que no hacen nacer posesión ni dominio, y para determinar
cuándo el poseedor o dueño fue tal, hay que remontarse a algún título de posesión o de dominio anterior. Estos títulos no
hacen otra cosa que singularizar la posesión o el dominio que se tenía proindiviso con otros (artículos 718 y 1344). El artículo
703 es incorrecto al dar el carácter de títulos translaticios a las sentencias de adjudicación y a los actos legales de partición.
Los referidos títulos sólo lo son para la posesión en el caso excepcional de la accesión de posesiones que estudiaremos en la
prescripción.
Los títulos para la posesión son la ocupación, la accesión, la tradición, la sucesión por causa de muerte, el apoderamiento y
la entrega real o ficta en el caso de los inmuebles no inscritos.
La prescripción no es un título para la posesión ya que es un modo de adquirir el dominio que supone la posesión que debe
ser anterior a la consumación de la prescripción.
La ocupación es un título para la posesión cuando alguien ocupa una cosa que pertenece a otro y cree que carece de dueño.
La accesión es título para la posesión cuando una persona posee una cosa, sin ser dueña, y algo se junta a la cosa poseída.
Por ejemplo, una persona es poseedora de un inmueble, sin ser su dueño, y ese inmueble crece en virtud del aluvión; el
terreno de aluvión pasa a ser poseído por el poseedor del terreno que aquel incrementó.
La tradición es título de posesión cuando el tradente no es dueño de la cosa que pretende transferir.
La sucesión por causa de muerte es título para la posesión de herencia cuando ésta es ocupada por un heredero aparente
(artículos 1264, 1269, 2512). Los legitimarios poseen las cosas legadas cuando tienen el corpus y el animus. Lo mismo
sucede con los herederos respecto de cada bien en particular. Pero la posesión del heredero y la del legatario de especies se
retrotraen al momento de la declaración, y, en definitiva, al de la muerte del causante (artículo 1239).
El apoderamiento es título para la posesión de acuerdo al artículo 729 que estudiaremos más adelante.
Los títulos translaticios de dominio a que se refiere el artículo 703 son los contratos o actos jurídicos que son el antecedente
de la tradición que, a su vez, puede ser modo de adquirir el dominio o título para la posesión.
Como dice el inciso 5º del artículo 703, las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos no forman
nuevo título para legitimar la posesión, porque reconocen situaciones anteriores a ellas.
Lo mismo sucede con las transacciones que se limitan a reconocer o declarar derechos preexistentes (artículo 703, inciso
final).
Hay que tener presente que las transacciones no transfieren derechos, y en ese sentido el artículo 703, inciso final es
incorrecto. Pero pueden servir de título para una tradición y, en este caso, no son títulos para la posesión sino que lo es la
tradición que en virtud de ellas se haga.
En resumen, el artículo 703 todos los conceptos están confundidos, y que más bien ha querido referirse a los modos de
adquirir el dominio originarios y derivativos y a los títulos de estos últimos.
Títulos justos e injustos
Como implícitamente ya los dijimos, los títulos se clasifican, también, en justos e injustos.
Justo Título
No hay una definición precisa y clara de lo que es justo título. Podría decirse que es el hecho o acto jurídico que hace nacer
posesión regular.
Título justo es el que no es injusto según la enumeración que hace el artículo 704.
Títulos Injustos
Podríamos decir que título injusto es el que por ser falsificado, aparente o nulo no habilita para hacer nacer posesión regular.
Los títulos injustos están taxativamente enumerados en el artículo 704 que dice: “No es justo título:
1º El falsificado, esto es, no otorgado realmente por la persona que se pretende;
2º El conferido por una persona en calidad de mandatario o representante legal de otra sin serlo;
3º El que adolece de un vicio de nulidad, como la enajenación que debiendo ser autorizada por un representante legal o por
decreto judicial, no lo ha sido, y
4º El meramente putativo, como el del heredero aparente que no es en realidad heredero; el del legatario cuyo legado ha
sido revocado por un acto testamentario posterior, etc. Sin embargo, el heredero putativo a quien por decreto judicial se haya
dado la posesión efectiva, servirá de justo título el decreto; como al legatario putativo el correspondiente acto testamentario
que haya sido judicialmente reconocido”.
Título Falsificado (artículo 704 Nº 1)
Esto es, no otorgado realmente por la persona que se pretende.
La jurisprudencia ha dicho que es falso un título cuando no ha sido realmente otorgado por las personas que aparecen
interviniendo en el acto, o cuando no ha sido realmente autorizado por el funcionamiento que aparece interviniendo en dicho
acto, o cuando ha sido adulterado en términos que cambien su naturaleza jurídica.
Título conferido por una persona en calidad de mandatario o representante legal de otra sin serlo (artículo 704 N°2)
Se trata del caso en que una persona se atribuye la calidad de mandatario o representante legal de
otra sin serlo.
También caen en la sanción del N°2 del artículo 704 los títulos otorgados por mandatarios que exceden los límites de su
mandato, o el representante legal que actúa respecto de bienes en que no tiene la representación. Por ejemplo, si se da un
mandato especial para vender una casa y el mandatario vende un automóvil; si el padre vende un bien perteneciente al
peculio profesional del hijo.
Título que adolece de algún vicio de nulidad (artículo 704 N° 3)
La nulidad que hace injusto un título puede ser absoluta o relativa.
La validación de un título que en su principio fue nulo, efectuada por la ratificación o por otro medio legal, se retrotrae a la
fecha en que fue conferido el título (artículo 705).
Título putativo (artículo 704 Nº 4)
Es el aparente.
LA BUENA FE
Es la lealtad, la probidad, la ausencia de mala intención.
Sin embargo, para los efectos de la posesión regular, la buena fe es la conciencia de haberse adquirido el dominio de la cosa
por medios legítimos, exentos de fraude y de todo otro vicio (artículo 706, inciso 1º).
Así, en títulos translaticios de dominio la buena fe supone la persuasión de haberse recibido la cosa de quien tenía la facultad
de enajenarla, y de no haber habido fraude ni otro vicio en el acto o contrato (artículo 706, inciso 2º).
El que tiene dudas sobre la legitimidad de la adquisición del dominio está de mala fe, ya que el código emplea las
expresiones “conciencia” y “persuasión”.
Para que haya posesión regular basta con la buena fe inicial. Si después de iniciada la posesión, el poseedor sabe que el que
le vendió la cosa, por ejemplo, no era su dueño, la posesión regular continúa aunque el poseedor esté de mala fe (artículo
702, inciso 2º).
La buena fe es una cuestión de hecho que debe ser establecida por el juez.
Además, es personal. La buena o mala fe no se traspasa de un poseedor a otro. Hay que establecerlas considerando cada
caso en particular.
El error y la buena fe
Un justo error en materia de hecho no se opone a la buena fe (artículo 706, inciso 3º).
Como lo dice la disposición, el error de hecho para que no se oponga a la buena fe debe ser justo, es decir, excusable: por
ejemplo, si se compra algo a un menor que dice ser mayor y que tiene apariencia del tal. Pero no sería justo el error si se
compra algo a un menor que dice ser mayor pero no tiene apariencia de tal. Pero el error en materia de derecho constituye
una presunción de mala fe que no admite prueba en contrario (artículo 706, inciso final). Ello se debe a que nadie puede
alegar ignorancia de la ley desde que ésta haya entrado en vigencia (artículo 8º). Por ejemplo, si se compra un inmueble a un
pupilo y no se hace en pública subasta, no podrá alegarse la ignorancia de la ley que exige la pública subasta para sostener
que
la posesión es de buena fe.
Presunción de la buena fe
La buena fe se presume, excepto en los casos en que la ley ha establecido la presunción contraria. En todos los otros, la
mala fe deberá probarse (artículo 707). Si alguien alega posesión regular, no tiene que probar su buena fe; le basta con
exhibir su justo título. El que se oponga debe probar la mala fe.
Como dice el artículo 707, hay casos en que la ley establece presunciones de mala fe. Por ejemplo, el error de derecho
(artículo 706, inciso final); el haber sabido y ocultado la verdadera muerte del desaparecido o su existencia de un título de
mera tenencia en la prescripción extraordinaria (artículo 2510 N°3), etc.
La tradición
Como hemos dicho, para ser poseedor regular, si se invoca un título translaticio de dominio, es necesaria, también la
tradición (artículo 702, inciso 3°), etc.
La posesión de unas cosa a vista y paciencia del que se obligó a entregarla (título translaticio de dominio), hará presumir la
tradición; a menos que ésta haya debido efectuarse por inscripción del título (artículo 702, inciso final).
En consecuencia, la presunción de tradición sólo se aplica en muebles y a las servidumbres, que no requieren de inscripción.
La posesión irregular
Es la que carece de uno o más de los requisitos de posesión regular (artículo 708).
Beneficios que reporta la posesión regular. Comparación con la posesión regular
1° Tanto el poseedor irregular como el regular pueden ganar el dominio de la cosa por prescripción.
Pero el poseedor irregular lo gana en un lapso más largo.
La posesión regular lleva a la prescripción ordinaria. La irregular a la extraordinaria;
2° Ambas posesiones están protegidas por las acciones posesorias. Pero la irregular no está protegida por la acción
publiciana (artículo 894);
3° La presunción de que el poseedor es dueño se aplica tanto a la posesión regular como a la irregular.
Posesiones viciosas
Son la violenta y la clandestina (artículo 709).
Posesión violenta
Es la que se adquiere por la fuerza (artículo 710, inciso 1°). Para que haya posesión violenta, la violencia debe haber existido
al iniciarse la posesión. Si después cesa la violencia, la posesión sigue siendo violenta.
Con todo, también es poseedor violento el que en ausencia del dueño se apodera de la cosa y volviendo el dueño le repele
(artículo 711).
Para que estemos en presencia de posesión violenta, es indiferente que la violencia se haya ejercido contra el verdadero
dueño de la cosa, o contra el que la poseía sin serlo, o contra el mero tenedor de la cosa (artículo 712, inciso 1°).
Igual cosa sucede respecto de la persona que ejerce la violencia. Si es poseedor violento no sólo cuando se ejecuta la
violencia por el poseedor sino cuando se ejecuta por sus agentes. También es indiferente si los agentes ejecutan la violencia
con consentimiento del poseedor o que una vez ejecutada sea ratificada expresa o tácitamente (artículo 712, inciso 2°).
La violencia, la fuerza, pude ser actual o inminente (artículo 710, inciso 2°). En este artículo la expresión “actual” está tomada
en el sentido de vías de hecho, y la palabra “inminente” en el sentido de amenazas de un daño futuro.
Características del vicio de violencia
Es un vicio relativo, es decir, sólo puede hacerse valer por la víctima de la violencia. Por ejemplo, si el actual poseedor de
una cosa de que no es dueño se le priva violentamente de la posesión, él puede hacer valer la violencia del que le privó de la
cosa. Pero el verdadero dueño no puede hacer valer esa violencia ya que no la hubo respecto de él.
Posesión clandestina
Es la que se ejerce ocultándola a los que tienen derecho para oponerse a ella (artículo 713).
La clandestinidad de la posesión se opone a su publicidad. Pero no respecto de todas las personas sino sólo respecto de los
que pueden oponerse a la posesión.
La clandestinidad puede viciar la posesión en cualquier momento; y una posesión que se inició públicamente puede
transformarse en clandestina.
Características del vicio de clandestinidad
1° Es un vicio relativo: Sólo puede alegarla el que tiene derecho para oponerse a la posesión que se le ocultó. Por
ejemplo, el verdadero dueño de la cosa; el poseedor regular de ella;
2° Es un vicio temporal: Cuando la posesión se hace pública respecto de los que puedan oponerse a ella, cesa la
clandestinidad, y la posesión deja de ser viciosa.
Posesión viciosa y posesión inútil
La mayoría de los autores estiman que la posesión viciosa es inútil porque no habilita para ganar el dominio de la cosa por
prescripción.
Sin embargo, hay otros que estiman que los conceptos de posesión viciosa y no viciosa no se relacionan con los conceptos
de posesión regular e irregular, y que puede haber posesión regular viciosa y posesión irregular viciosa que permiten llegar a
la prescripción adquisitiva.
Un caso de posesión regular viciosa sería el siguiente: una persona adquiere la posesión de una cosa de buena fe, con justo
título y previa tradición, suponiendo que el título sea translaticio de dominio, por ejemplo, una compraventa. Posteriormente,
se da cuenta que el verdadero dueño de la cosa no es el vendedor sino un tercero, y le oculta a éste su posesión.
Un caso de posesión irregular viciosa sería el siguiente: una persona se apodera violentamente de una cosa pero con ánimo
de señor o dueño y después continúa poseyendo en forma clandestina. Se trataría de una posesión de mala fe, que quedaría
comprendida en los casos de posesión irregular del artículo 708, y que permitiría ganar el domino por prescripción
extraordinaria de acuerdo al artículo 2510, aunque sea clandestina.
De lo dicho se pueden sacar las siguientes conclusiones:
a) La posesión regular puede ser clandestina, pero no desde su inicio porque sería de mala fe;
b) La posesión irregular puede ser clandestina desde el principio;
c) La posesión regular no puede jamás ser violenta porque sería de mala fe;
d) La posesión irregular puede ser violenta ya que no requiere de título (artículos 708 y 2510).
La mera tenencia
Se llama mera tenencia la que se ejerce sobre una cosa, no como dueño, sino en lugar o a nombre del dueño (artículo 714,
inciso 1°). Lo dicho se aplica generalmente a todo el que tiene una cosa reconociendo dominio ajeno (artículo 714, inciso 2°).
El código en el artículo 714, inciso 1° señala como meros tenedores al acreedor prendario, al secuestre, al usufructuario, al
usuario y al que tiene el derecho de habitación. Pero hay varias personas más que son meros tenedores; por ejemplo, el
depositario en el depósito propiamente dicho, el comodatario, el arrendatario, etc.
Se puede ser mero tenedor al ejercer un derecho real como el usufructo, el uso de la habitación, y se puede ser mero tenedor
en virtud de un título personal como el arrendatario, el comodatario, el depositario.
Características de la mera tenencia
1° Consiste en detentar algo sin ánimo de dueño, reconociendo dominio ajeno.
El poseedor tiene ánimo de dueño. Por eso el código llamó tenencia al elemento de la posesión y mera tenencia a la
institución a que nos estamos refiriendo.
A pesar de que entre tenencia y mera tenencia creemos que existen diferencias, lo que distingue, categóricamente, a la mera
tenencia de la posesión es, fundamentalmente, el ánimo.
2° Es inmutable o indeleble, jamás se transforma en posesión, ni aun en el caso del artículo 2510 N°3110 que menciona
el artículo 716111.
La posesión no se transmite ni se transfiere
El artículo 717 es categórico al respecto. Dice ese artículo: “Sea que se suceda el título universal o a título singular, la
posesión del sucesor, principia en él; a menos que quiera añadir la de su antecesor a la suya; pero en tal caso se la apropia
con sus calidades y vicios.
Podrá agregarse en los mismos términos a la posesión propia la de una serie no interrumpida de antecesores”.
Esta idea es repetida por el inciso 1° del artículo 2500 que dice: “Si una cosa ha sido poseída sucesivamente y sin
interrupción por dos o más personas, el tiempo del antecesor puede o no agregarse al tiempo del sucesor, según lo dispuesto
en el artículo 717”.
Confirman lo expresado en los artículos citados las disposiciones de los artículos 683, 688 y 727. Sin embargo, hay artículos
que parecieran estar en pugna con lo dicho. Por ejemplo, en el artículo
696112 se refiere la transferencia de la posesión; igual cosa hace el artículo 725 al referirse a la tenencia113.

110
Artículo 2510.- El dominio de cosas comerciales que no ha sido adquirido por la prescripción ordinaria, puede serlo por la
extraordinaria, bajo las reglas que van a expresarse:
1.a Para la prescripción extraordinaria no es necesario título alguno.
2.a Se presume en ella de derecho la buena fe, sin embargo de la falta de un título adquisitivo de dominio.
3.a Pero la existencia de un título de mera tenencia hará presumir mala fe, y no dará lugar a la prescripción, a menos de
concurrir estas dos circunstancias:
1.a Que el que se pretende dueño no pueda probar que en los últimos diez años se haya reconocido expresa o tácitamente
su dominio por el que alega la prescripción;
2.a Que el que alega la prescripción pruebe haber poseído sin violencia, clandestinidad ni interrupción por el mismo espacio
de tiempo.
111
Artículo 716.- El simple lapso de tiempo no muda la mera tenencia en posesión; salvo el caso del artículo 2510, regla 3ª.
El inciso 2° del artículo 2500 dice que la posesión principiada por una persona difunta continúa en la herencia yacente, que
se entiende posee a nombre del heredero.
El inciso señalado es criticable por muchas razones. Da a entender que la posesión del causante es continuada por los
herederos, lo que pugna con lo dispuesto en el inciso 1° del mismo artículo y con el artículo 717.
Además, dice que la herencia yacente posee y sabemos que la herencia yacente no es persona jurídica y que no puede
“poseer”. Por último, dice que la herencia yacente posee a nombre del heredero, es decir, no sería poseedora sino mero
tenedor o representante del heredero para poseer.
Hay que tener presente que los artículos 869 del Proyecto de 1853 y 866 a) del Proyecto Inédito decían que la posesión de la
herencia se transmitía. El código cambió las ideas que se expresan al respecto en dichos proyectos. Es posiblemente por eso
que Bello incurre en tantas imprecisiones al tratar la posesión.
El hecho de que la posesión principie en el poseedor tiene la ventaja de que puede mejorar la posesión de su antecesor y si
éste, por ejemplo, era poseedor irregular, el sucesor puede ser poseedor regular y ganar el dominio en un lapso de tiempo
inferior.
Cuando un poseedor agrega a su posesión la de su antecesor, se la apropia con sus calidades y vicios (artículo 717, inciso
1°).
Adquisición, conservación y pérdida de la posesión Por quienes puede tomarse la posesión
1° Personalmente por el que trata de adquirir la cosa para sí; 2° Por sus mandatarios;
3° Por sus representantes legales (artículo 720);
4° Por agentes oficiosos. Pero, en este caso, es necesario el conocimiento y aceptación del interesado (artículo 721, inciso
2°).
Momento en que se entiende adquirida la posesión por el mandante, representado legalmente o interesado
1° El mandante y el representado legalmente adquieren la posesión desde el momento en que el mandatario o representante
legal la toman a nombre de ellos, aunque lo ignoren (artículo 721, inciso 1°). Esto es así dado lo dispuesto en el Artículo 1448
que establece que lo hecho por el representante se entiende hecho por el representado.
2° Si el que toma la posesión a nombre de otro no es su mandatario ni representante, vale decir, es un agente oficioso, el
interesado no adquiere la posesión sino en virtud de su conocimiento y aceptación, esto es, desde que ratifica lo hecho por el
agente oficioso, pero la ratificación opera con efecto retroactivo, al momento en que fue tomada la posesión a su nombre
(artículo 721, inciso 2°)
Capacidad para adquirir la posesión

112
Artículo 696.- Los títulos cuya inscripción se prescribe en los artículos anteriores, no darán o transferirán la posesión
efectiva del respectivo derecho, mientras la inscripción no se efectúe de la manera que en dichos artículos se ordena; pero
esta disposición no regirá sino respecto de los títulos que se confieran después del término señalado en el reglamento
antedicho.

Respecto de los bienes raíces no se modifican las reglas generales sobre capacidad; por lo que pueden adquirir la posesión
por si, las personas capaces. Los incapaces sólo la pueden adquirir por intermedio de sus representantes legales.
Tratándose de cosas muebles, se modifican las reglas generales sobre capacidad, y los relativa y absolutamente incapaces
pueden adquirir la posesión de cosas muebles, salvo los dementes, los infantes y los sordos o sordomudos que no pueden
darse a entender claramente.
Es decir, pueden adquirirla los relativamente incapaces, como son los impúberes que no sean infantes y el disipador
declarado en interdicción y, también, los simplemente impúberes, que son incapaces absolutos. Sin embargo, todos los
incapaces, sean relativos o absolutos (que pueden adquirir la posesión de cosas muebles), para ejercer los derechos de
poseedores necesitan de la autorización competente (artículo 723).
Adquisición de la posesión de las cosas muebles
Si entendemos por corpus la manifestación de un poder de dominación, la posibilidad de disponer de la cosa, para adquirir la
posesión es necesario el corpus y el animus, aunque la mera tenencia siga en poder de otro. Por ejemplo, en el caso del
constituto posesorio.
La tenencia, en sentido del corpus es opuesta a la mera tenencia, en que se reconoce domino ajeno.
Conservación de la posesión de las cosas muebles
La posesión de las cosas muebles se conserva mientras se conserve el corpus y el animus, o sólo el animus aunque no se
tenga el corpus, hallándose la cosa bajo el poder de poseedor, aunque éste ignore accidentalmente su paradero (artículo
727). Naturalmente que en este caso, el poseedor no tiene el corpus ya que, si ignora el lugar del paradero de la cosa, no
podrá disponer de ella, no podrá materializar su poder de dominación.
El hecho de que el poseedor entregue en mera tenencia la cosa a otra persona, no se opone al corpus (artículo 725).
Pérdida de la posesión de las cosas muebles
a) Por pérdida del corpus y del animus:
1° Cuando se enajena la cosa;
2° Cuando se abandona la cosa al primer ocupante. Se trata de las “res derilectae”.
b) Por pérdida del corpus:
1° Cuando otra persona de apodera de la cosa con ánimo de hacerla suya (artículo 726)
2° Cuando sin pasar la posesión a otras manos se ha hecho imposible el ejercicio de actos posesorios (artículo 2502 N°1).
Por ejemplo, cuando un animal bravío recobra su libertad (artículo 619).
c) Por pérdida del animus: Algunos autores estiman que ello ocurre en el caso del constituto posesorio.
Nosotros, en el caso del constituto posesorio, pensamos que perdido el animus, se pierde el corpus, ya que distinguimos la
tenencia en sentido de corpus de la mera tenencia, y el constituto posesorio es un caso en que el antiguo dueño o poseedor
retiene la cosa como nuevo mero tenedor, esto es,
reconociendo dominio ajeno. Luego, falta en él el corpus y el animus.

Adquisición, conservación y pérdida de la posesión de los inmuebles


Para estudiarlas hay que distinguir según se trata de inmuebles no inscritos o inscritos.
Adquisición de la posesión de los inmuebles no inscritos.
Para determinar cómo se adquiere la posesión de los inmuebles no inscritos y qué posesión se adquiere, hay que distinguir
cuál es el antecedente en que se funda tal adquisición. Los referidos antecedentes son:
a) El simple apoderamiento de la cosa, con ánimo de señor o dueño;
b) Un título no translaticio de dominio, es decir, un título constitutivo de dominio o la sujeción por causa de muerte;
c) Un título translaticio de dominio.
Adquisición de la posesión de los inmuebles no inscritos cuando se invoca el simple apoderamiento con ánimo de
señor o dueño.
De acuerdo con lo dispuesto en los artículos 726 y 729, el simple apoderamiento de un inmueble no inscrito, con ánimo de
señor o dueño, hace nacer posesión en el que se apodera del inmueble y el que tenía la posesión la pierde.
Para adquirir esta posesión no se requiere inscripción alguna.
Lo dicho parece estar en contradicción con lo dispuesto en el artículo 724. Sin embargo, como veremos más adelante, no
existe tal contradicción.
En resumen, si alguien pretendiéndose dueño, se apodera de un inmueble cuyo título no está inscrito, el que tenía la
posesión la pierde, y la adquiere el que se apoderó del inmueble, y esto aunque haya sido en forma violenta o clandestina,
aunque lo haya usurpado (artículo 729); y para adquirir esa posesión no se necesita inscripción alguna.
Según señala Fernando Rozas Vial, esta posesión será siempre irregular, por que el que se apodera del inmueble sabe que
pertenece a otra persona, natural o jurídica, o al Fisco (artículo 590). Luego, siempre va estar de mala fe.
Adquisición de la posesión de los inmuebles no inscritos cuando se invoca un título no translaticio de dominio
Los títulos que se podrán invocar son la sucesión por causa de la muerte, la ocupación, la accesión y la prescripción.
a) La sucesión por causa de muerte.
Los sucesores adquieren la posesión legal de la herencia al momento de la delación (artículos 688 y 722), de la apertura de
la sucesión, esto es, al fallecer el causante, por el efecto retroactivo de la condición. Cada heredero adquiere, en forma
particular, la posesión del inmueble que se le adjudica, en el momento en que tuvo el corpus y el animus conjuntamente con
los otros (artículos 718 y 1344). Para adquirir la referida posesión no se requiere de ninguna inscripción ya que se adquiere
por el ministerio de la ley. Y será regular
o irregular según exista buena o mala fe y según se trate de un heredero real o putativo.
El legatario adquiere la posesión de las cosas legadas cuando le son entregadas, es decir, cuando tiene el corpus y el
animus, y para adquirirla no necesita de inscripción.
Las inscripciones a que da lugar la sucesión por causa de muerte no tienen por objeto adquirir el dominio ni la posesión;
tienen por objeto dar publicidad, mantener la historia de la propiedad raíz y permitir su disposición.
b) La ocupación.
No puede invocarse como antecedente la posesión de inmuebles ya que la posesión supone que la cosa ocupada no
pertenezca a nadie, y los inmuebles siempre pertenecen a un particular o al Estado (artículo 590).
Jurídicamente, una persona puede apoderarse de un inmueble no inscrito, pero no puede ocuparlo.
c) La accesión.
El que posee un inmueble no inscrito se hace poseedor del terreno que acceda a él. Esta posesión, tal como la de cosa a que
acceda no necesita de inscripción, y será regular o irregular según lo sea la de la cosa principal.
d) La prescripción.
La prescripción no es título o antecedente para la posesión ya que la supone y ésta es requisito de
aquélla.
Adquisición de la posesión de los inmuebles no inscritos cuando se invoca un título translaticio de dominio
a) Posesión regular.
Para adquirir la posesión regular de un inmueble no inscrito, cuando se invoca un título translaticio de dominio, es
indispensable la inscripción, ya que esa es la única forma de hacer la tradición de los inmuebles, salvo las servidumbres
(artículo 702, inciso 3°).
Como en el caso de que analizamos se trata de la primera inscripción, hay que cumplir con las formalidades prevenidas en
los artículos 693 del Código Civil y 58 del Reglamento del Conservador de Bienes Raíces.
b) Posesión irregular.
Algunos autores estiman que sin la inscripción no se puede adquirir ni aun la posesión irregular de los inmuebles no inscritos,
ya que el artículo 724 dice que si la cosa es de aquellas cuya tradición deba hacerse por la inscripción en el Registro del
Conservador, nadie puede adquirir posesión de ella sino por este medio, y el referido artículo no distingue entre posesión
regular o irregular. Para ellos, tratándose de inmuebles, la inscripción, cuando se invoca un título translaticio de dominio, es
un requisito para la posesión sin distinciones. Es decir, hacen primar el referido artículo sobre el artículo 708 en relación con
el 702.
Otros autores creen que la inscripción no es necesaria para adquirir la posesión irregular de los inmuebles no inscritos
cuando se invoca un título translaticio de dominio. Para ellos basta con la entrega material del inmueble, el apoderamiento.
Estiman que si el artículo 729 hace nacer posesión irregular en el que se apodera violentamente o clandestinamente de un
inmueble no inscrito, con mayor razón la adquiere el que recibe el inmueble invocando un título translaticio de dominio.
Citan también, como argumento en su favor lo preceptuado en los artículos 728 y 730. Dice el primero de estos artículos:
“Mientras subsista la inscripción, el que se apodere de la cosa a que se refiere el título inscrito no adquiere posesión de ella,
ni pone fin a la posesión existente”. Luego, si el título no está inscrito, el que se apodera de la cosa, sea que invoque o no un
título translaticio de dominio, adquiere posesión de ella y pone fin a la posesión existente.
Dice el inciso 2° del Artículo 730: “Con todo, si el que tiene la cosa en lugar y a nombre de un poseedor inscrito, se da por
dueño de ella y la enajena, no se pierde por una parte la posesión ni se adquiere por la otra, sin la competente inscripción”.
En consecuencia, si el que tiene un inmueble no inscrito se da por dueño de él y lo enajena, se pierde por una parte la
posesión y se adquiere por la otra, aun sin la competente inscripción (artículo 730, inciso 1°).
Adquisición de la posesión de los inmuebles inscritos
a) Si se invoca un título no translaticio de dominio, no se requiere de inscripción para adquirir la posesión regular o
irregular de los inmuebles inscritos.
Lo que dijimos de la sucesión por causa de muerte, la ocupación, la accesión y la prescripción para los inmuebles no inscritos
tiene aplicación respecto de los inscritos.
El simple apoderamiento de un inmueble inscrito no hace nacer posesión (artículo 729 en contrario
sensu).
b) Si se invoca un título translaticio de dominio, estimamos, pero reconocemos que no todos están de acuerdo en ello,
que tanto para adquirir la posesión regular como la irregular se necesita de la inscripción.
Ello se desprende de diversas disposiciones como son los artículos 724, 728, 729 a contrario sensu, 730 inciso 2° y 2505.
Por lo demás, eso es lo razonable ya que el sistema del código tiene por objeto principal proteger la posesión inscrita.
Conservación de la posesión de los inmuebles no inscritos
Como respecto de los inmuebles no es posible la figura que describe el artículo 727, su posesión se conserva mientras se
conserve el corpus y el animus.
Pensamos que el caso del N°2 del Artículo 2502, esto es, cuando sin haber pasado la posesión a otras manos se hace
imponible el ejercicio de actos posesorios por haberse inundado permanentemente una finca, no es un caso de pérdida del
corpus en el sentido de manifestación del poder del dueño. Creemos que mientras la finca está inundada, el poseedor, por
ejemplo, puede enajenarla.
Pérdida de la posesión de los inmuebles no inscritos
a) Por pérdida del corpus y del animus:
1° Cuando se enajena el inmueble;
2° Cuando se abandona. En este caso el abandono no es al primer ocupante ya que la ocupación no tiene lugar respecto de
los inmuebles. Pero puede tener lugar el apoderamiento (artículo 729).
b) Por pérdida del corpus.
Cuando alguien se apodera del inmueble no inscrito con ánimo de hacerlo suyo (artículos 726 y 729). Hacemos presente que
el mero tenedor, si se apodera de la cosa, si la usurpa, no se hace poseedor de ella (artículos 730, 716 y 719).
Conservación y pérdida de la posesión inscrita
Conforme lo previene el artículo 728, la posesión inscrita se conserva mientras subsista la inscripción y se pierde sólo por la
cancelación de la inscripción.
Ya vimos que el apoderamiento de un inmueble inscrito no hace adquirir ni aún posesión irregular de acuerdo a los artículos
728, 729 a contrario sensu, 730 y 2505.
Cancelación de una inscripción
El artículo 728 dice que para que cese la posesión inscrita, es necesario que la inscripción se cancele.
Indica, además, la manera cómo se cancela la inscripción, esto es:
a) Por voluntad de las partes;
b) Por una nueva inscripción en que el poseedor inscrito transfiere su derecho a otro, y
c) Por decreto judicial.
Cancelación de la inscripción por voluntad de las partes
Se trata de un acuerdo de voluntades en el que las partes que celebraron el acto jurídico que fue título de la inscripción,
convienen en dejarlo sin efecto. Por ejemplo, se vende un inmueble y se inscribe a nombre del comprador, posteriormente
comprador y vendedor convienen en dejar sin efecto la compraventa y en cancelar la inscripción.
El acuerdo de voluntades que pone fin a una inscripción debe constar por escritura pública ya que las cancelaciones que
hace el Conservador de Bienes Raíces, mediante subinscripciones, deben constar en esa clase de instrumento o en
sentencia judicial (artículos 91, 90 y 57 del Reglamento del Conservador de Bienes Raíces).
Cancelación de la inscripción por decreto judicial
Tiene lugar cuando en un juicio una de las partes obtiene que se le reconozca la posesión que aparecía nombre de otro por
existir una inscripción en su favor. Por ejemplo, cuando el reivindicante obtiene sentencia en su favor y el poseedor vencido
había inscrito el título del que emanó su posesión (alguien le vendió en inmueble del reivindicante haciéndose pasar por
mandatario suyo).
Esta forma de cancelación, al igual que la estudiada en el número anterior, se hace mediante una subinscripción al margen
de la inscripción que se cancela.
Cancelación de la inscripción por una nueva inscripción en que el poseedor inscrito transfiere su derecho a otro
Hemos dejado para el último caso, que es el más frecuente, por se el que da origen a los principales problemas. Ejemplo:
una persona que es dueña de un inmueble inscrito, se lo vende a otra, y esta segunda persona inscribe el inmueble a su
nombre, inscribiendo el contrato de compraventa. Esta forma de cancelación se produce automáticamente, por el hecho de
practicarse la segunda inscripción, conforme lo dice a la letra el artículo 728.
Veremos a continuación algunos problemas que presenta la forma de cancelación a que nos estamos refiriendo.
a) Un título injusto cancela la inscripción anterior.
La jurisprudencia así lo ha reconocido y con razón.
Los artículos 728 y 2505 que se refieren a la cancelación de la inscripción, no distinguen si el título es justo o injusto.
Si la inscripción del título injusto no operara la cancelación de la inscripción no cesaría la posesión inscrita ni empezaría la
nueva posesión, y el que obtuvo la inscripción no podría ganar el dominio por prescripción ya que no estaría poseyendo, lo
que es absurdo desde el momento que el artículo 2510 N°1 permite ganar por prescripción sin título alguno. Con mayor razón
se podrá ganar la prescripción con título injusto que con ninguno.
b) Significado de la expresión “competente” inscripción a que se refiere el artículo 730, inciso 2°.
Se ha discutido el significado de la expresión “competente” que se exige para que la nueva inscripción cancele la anterior y
haga nacer posesión.
Para algunos “competente” inscripción es la que emana del poseedor inscrito anterior, aunque sea en forma aparente, ya que
es la única, según ellos, que cancela la inscripción anterior, pues es la única en que el poseedor inscrito transfiere su derecho
a otro (artículo 728). Serían casos aparentes en que se aplicaría lo dicho aquellos en que una persona se hace pasar por
mandatario de otra y enajena un inmueble inscrito del segundo y se practica la inscripción a nombre del comprador; o aquel
en que una persona vende una cosa, inscrita a nombre de otro, como si fuera dueño, y después adquiere el dominio de ella,
por ejemplo, por sucesión por causa de muerte (artículos 682, inciso 2° y 1819).
Para otros, la competente inscripción a que se refiere el artículo 730, inciso 2° es aquella que se hace cumpliendo con los
requisitos que para las inscripciones establece el Reglamento del Conservador. Sostienen que esta inscripción también
cancela a la anterior, no por lo dicho en el artículo 728 sino por lo expresado en el artículo 730, inciso 2°.
Este artículo, expresa y concisamente, se está poniendo en la posibilidad que un usurpador se dé por dueño del inmueble
inscrito y lo enajene a su nombre y haya competente inscripción. Luego, no necesariamente será competente inscripción la
que emane del poseedor anterior.
La verdad es que la doctrina que analizamos en primer lugar no explica el artículo 730, inciso 2° y por eso nos parece más
acertada la segunda teoría, que es la que sigue la más moderna jurisprudencia.
c) Inscripción de papel.
En todo caso, no es competente inscripción que habilite para poseer la que no va acompañada de la tenencia con ánimo de
señor o dueño. Sin esos elementos no hay posesión. Si el artículo 724 exige la inscripción para la posesión de ciertos bienes,
ello no significa que baste esa sola inscripción para que haya posesión. Para que exista es indispensable el corpus y el
animus. En resumen, las inscripciones de papel no dan posesión.
d) ¿Es necesariamente la inscripción para que el adquiriente del usurpador de un inmueble no inscrito
adquiera la posesión?
Creemos que, conforme lo disponen los artículos 726, 729, 708, 702 y 730 inciso 1°, para adquirir la posesión irregular no se
requiere inscripción.
De acuerdo a los artículos 702 y 724, para adquirir posesión regular es necesaria la inscripción (artículo 686).
Recuperación de la posesión
La ley establece la ficción de que el que recupera legalmente la posesión perdida, se entenderá haberla tenido durante todo
el tiempo intermedio (artículo 731).
Se recupera legalmente la posesión de los inmuebles cuando se intentan las acciones posesorias, la reivindicatoria y la
publiciana.
Se recupera legalmente la posesión de los bienes muebles cuando se intentan las acciones reivindicatoria y publiciana.
Las acciones posesorias no tienen lugar respecto de los muebles (artículo 916).
Las presunciones en la prueba de la posesión
La ley ha establecido una serie de presunciones en relación con la prueba de la posesión.
a) Si se ha empezado a poseer a nombre propio, se presume que esta posesión ha continuado hasta el momento en
que se alega (artículo 719, inciso 1°).
Si se ha empezado a poseer a nombre propio es suficiente con sostenerlo. La parte contraria deberá demostrar que la
posesión se transformó en mera tenencia o que el poseedor se transformó en mandatario suyo para poseer (artículo 720);
b) Si se ha empezado a poseer a nombre ajeno, se presume igualmente la continuación del mismo orden de cosas.
Si se toma la posesión a nombre de otro, a éste le basta con sostener eso. El mandatario o representante legal deberá probar
que la posesión a nombre ajeno se transformó en posesión a nombre propio (artículo 719, inciso 2°);
c) Si alguien prueba haber poseído anteriormente, y posee actualmente, se presume la posesión en el tiempo
intermedio (artículo 719, inciso 3°).
Naturaleza jurídica de la posesión
En nuestro derecho la posesión es un hecho. Ello queda claramente establecido en el artículo 717 que dice que sea que se
suceda a título universal o a título singular la posesión del sucesor principia en él. Es decir, la posesión no se transmite por
sucesión por causa de muerte ni se transfiere por acto entre vivos. Con todo, hay quienes estiman que la posesión es un
derecho real ya que es un conjunto de facultades que se ejercen sobre una cosa, sin respecto a determinada persona;
conjunto de facultades que está protegido por ley, lo que le da el carácter de derecho. Agregan que la posesión como todo
derecho real está protegida por acciones reales como serían las acciones posesorias y la acción publicana. Por último, dicen
que los artículos 696 y 728 hablan de la transferencia de la posesión, y que el artículo 2500, inciso 2°, expresa que la
posesión principiada por una persona difunta, continúa en la herencia yacente, que se entiende poseer a nombre de los
herederos, dando a entender que la posesión se transmite por causa de
muerte.
Hacemos presente que la posesión no está mencionada entre los derechos reales que señala el código que, como sabemos,
son de creación legal y enumeración taxativa (aunque no necesariamente en el Código Civil).
La posesión y la comunidad
Así como se puede ser codueño, se puede ser coposeedor.
Hay coposesión cuando una cosa es poseída proindiviso por varias personas. Cuando hay comunidad de posesión.
Dividida la comunidad, las sentencias de adjudicación operan con efecto retroactivo, se entiende
que el adjudicatario ha sido poseedor exclusivo de la parte que por la división le cupiere, durante todo el tiempo que duró la
indivisión (artículo 718, inciso 1°).
El código agrega que “podrá” pues añadir este tiempo al de su posesión exclusiva, y esto es lo curioso, porque el
adjudicatario tiene la facultad de hacerlo si quiere, la ley no lo obliga a ello. Por consiguiente, si el adjudicatario no quiere
agregar a su posesión exclusiva la posesión que existió durante la indivisión, el título de su posesión será la adjudicación,
que para este efecto en constitutivo de posesión.
Las enajenaciones que hubiere hecho por sí solo mientras duró la indivisión y los derechos reales que hubiere constituido
sobre la cosa común subsistirán sobre la parte adjudicada si hubiere sido comprendida en la enajenación o gravamen. Pero
si lo enajenado o gravado se extendiera a más, no subsistirá la enajenación o gravamen contra la voluntad de los respectivos
adjudicatarios (artículo 718, inciso 2°).
La accesión de posesiones
Consiste en que el poseedor puede agregar a la posesión propia la posesión de una serie no interrumpida de antecesores
(artículo 717).
La posesión de los bienes hereditarios y de las especies legadas
Al deferirse la herencia, los herederos adquieren su posesión legal, posesión que concede la ley aunque el heredero no tenga
ni el corpus ni el animus (artículo 722).
La posesión real de cada bien hereditario la adquieren los herederos cuando tienen el corpus y el animus respecto de dicho
bien.
Normalmente la posesión legal de la herencia va a coincidir con la posesión real de los bienes hereditarios. Sin embargo,
puede darse el caso de que un heredero tenga la posesión legal de la herencia y no tenga la posesión real de algún bien
hereditario o de todos ellos, por ejemplo, porque ignora su calidad de heredero. Se producirá en este caso una laguna en la
posesión real de los bienes hereditarios.
Si hay un heredero putativo que posea los bienes hereditarios, o si hay otra persona que por cualquier circunstancia los
posea, no se produce la laguna en la posesión que hemos mencionado. Pero se puede dar el caso de que los bienes
hereditarios no sean poseídos por nadie y que el heredero ignore su calidad de tal.
Bello solucionó parcialmente el problema que hemos planteado, y mediante una ficción supone que la herencia yacente
posee a nombre del heredero (artículo 2500, inciso 2°). En consecuencia, si transcurrido algún tiempo después de la muerte
del causante el heredero adquiere el corpus y el animus, se entiende que tuvo la posesión desde la muerte del causante ya
que el bien fue poseído en su nombre por la herencia yacente.
La solución que dio Bello supone la declaración de yacencia de la herencia. Sin embargo, podemos pensar que la expresión
“herencia yacente” que contiene el inciso 2° del artículo 2500 está tomada en un sentido más amplio, en el sentido de
herencia no aceptada.
La solución a que nos hemos referido tiene el inconveniente en hacer poseer a entes que no son personas, la herencia
yacente y la herencia no aceptada.
Podríamos pensar que lo que quiso decir el artículo 2500 al dar la posesión a la herencia yacente que posee a nombre del
heredero, es que la posesión del heredero se retrotrae a la apertura de la sucesión.
Esta solución, más sencilla, no tiene el inconveniente de hacer poseer a una entidad que no es persona, y sirve, además,
para la posesión de bienes cuya existencia ignora el heredero después de haber aceptado la herencia y que no son poseídos
por nadie. Por ejemplo, el causante era poseedor de una caballo que dio en arriendo a un tercero; fallece el causante y el
heredero acepta la herencia; después el arrendatario
le entrega el caballo. En el ejemplo propuesto no hay herencia yacente ni herencia no aceptada que puedan poseer el caballo
a nombre del heredero. En consecuencia, tendríamos que llegar a la conclusión de que el referido caballo no es poseído por
nadie, lo que tiene el inconveniente de impedir que el heredero agregue a su posesión la de su antecesor ya que hubo una
laguna entre ambas posesiones.
En cuanto al legatario de especies, nos encontramos con el mismo problema. El legatario adquiere la posesión cuando tiene
el corpus y el animus sobre la especie legada.
¿Quién posee en el tiempo intermedio mientras el legatario no adquiere el corpus y el animus respecto de la especie legada?
Aplicando las soluciones que hemos analizado para el heredero, podríamos concluir que los herederos poseen a nombre del
legatario, que tendrían la representación legal para poseer a nombre del legatario.
La otra solución sería la de considerar que la posesión del legatario se retrotrae al momento de la apertura de la sucesión.
Esta última solución, al igual que la segunda que dimos para los herederos, tiene asidero en el Derecho Romano y en lo
preceptuado en el Proyecto Inédito del Código Civil. El artículo 866 a) del referido Proyecto Inédito establece que la posesión
de la herencia se transmite al heredero que acepta, desde el momento en que la herencia le es deferida, aunque el heredero
lo ignore. Es decir, la posesión del causante continúa hasta que el heredero acepta y una vez que acepta, se entiende que
tuvo la posesión desde la delación de la herencia. Lo mismo se expresa en el artículo 869 del Proyecto de 1853.
LA PRESCRIPCIÓN
Es un modo de adquirir las cosas ajenas o de extinguir las acciones y derechos ajenos, por haberse poseído las cosas o no
haberse ejercido dichas acciones y derechos durante cierto lapso de tiempo, y concurriendo los demás requisitos legales
(artículo 2492, inciso 1°).
Como vemos el código define conjuntamente la prescripción adquisitiva y la extintiva.
Justificación de la prescripción
No todos están de acuerdo en cuanto a que la prescripción se justifique. Algunos creen que es una institución inmoral que
legaliza la usurpación de bienes o el no pago de las obligaciones.
Sin embargo, estimamos que la prescripción adquisitiva se justifica. No siempre el poseedor es un usurpador. Generalmente
él ha cuidado y mejorado la cosa que gana por prescripción. El la ha hecho producir. El dueño, por regla general, ha sido
descuidado e indiferente con la cosa que es poseída por otro.
La prescripción adquisitiva consolida las situaciones y hace estables los derechos.
Además, como en nuestro país la inscripción no es prueba de dominio, los plazos de prescripción sirven para demostrar que
quien aparece como dueño de algo es tal. Si una persona adquiere un inmueble por tradición, inscribiéndolo, no necesita
probar el dominio de sus antecesores hasta el origen de la propiedad del inmueble de que se trata. Si la inscripción ha durado
diez años, es dueño del inmueble pues si no lo adquirió por tradición lo adquirió por prescripción.
La verdad es que la importancia mayor de los plazos de prescripción está en servir de prueba del dominio, no en la
consumación de la prescripción.
No ocurre lo mismo con la prescripción extintiva. No nos parece justo que el deudor, que se sabe tal, si el acreedor ha sido
benévolo y no le ha cobrado, o inclusive si ha sido descuidado y no lo ha perseguido, tenga como excusa para no pagar el
transcurso del tiempo. Por ese motivo el legislador reconoció que el pago de una obligación prescrita tenía causa y enumeró
entre las obligaciones naturales a
los obligaciones civiles extinguidas por la prescripción (artículo 1470 N° 2).
Normas de carácter general aplicables a la prescripción adquisitiva y a la extintiva
a) Necesidad de alegar la prescripción;
b) Renuncia a la prescripción;
c) Personas que pueden prescribir y contra las cuales se puede prescribir.
Necesidad de alegar la prescripción
Aunque hay autores que creen que la prescripción opera en virtud de sentencia judicial, fundados, principalmente, en el
artículo 2493 que dice que el que quiere aprovecharse de la prescripción debe alegarla, la mayoría de la doctrina señala que
opera de pleno derecho, por el solo transcurso del tiempo.
Otra cosa es que, para aprovecharse de ella, el prescribiente debe alegarla y que el juez no pueda declararla de oficio.
Pensamos así por las razones siguientes:
a) El artículo 2514 dice que la prescripción que extingue las acciones y derechos ajenos exige solamente
cierto lapso de tiempo, durante el cual no se hayan ejercido dichas acciones;
b) El propio artículo 2493, en nuestro concepto, es un argumento en favor de esta disposición. Dice el que quiere
aprovecharse de la prescripción debe alegarla. Es decir, una vez consumada la prescripción si el poseedor quiere
aprovecharse de ella debe alegarla.
Esta disposición tiene por objeto impedir que los particulares se hagan justicia por sí mismos.
Que el juez no pueda declararla de oficio no tiene otro alcance que aplicar la regla general en materia procesal civil de que el
juez es pasivo y sólo puede actual a petición de parte.
c) Si la prescripción operara en virtud de sentencia judicial, su fecha sería la de la notificación de la sentencia, y la
verdad es que ésta se limita a reconocer un hecho, a reconocer que al vencerse el plazo de prescripción, en ese momento,
se consumó ésta.
Los autores sostienen que creen que la prescripción opera en virtud de sentencia judicial, sostienen que hay que hacerla
valer como acción. Es decir, cuando en el juicio ordinario se opone la excepción de prescripción ésta ya debe estar declarada
judicialmente o debe hacerse valer por la vía reconvencional para que el juez se pronuncie previamente sobre ella.
Como nosotros pensamos que la prescripción opera de pleno derecho, creemos que puede hacerse valer como excepción.
Diremos en todo caso que, en ciertas circunstancias, el juez puede declarar de oficio la prescripción. Tales casos son:
 La prescripción de la acción penal (artículo 102 del Código Penal);
 La prescripción de la pena (artículo 102 del Código Penal);
 La prescripción del mérito ejecutivo de un título (artículo 442 del Código de Procedimiento Civil).
Renuncia de la prescripción
La prescripción es una institución de orden público, que interesa primordialmente a la sociedad ya que el legislador la
estableció para consolidar los derechos, sin considerar el interés particular del prescribiente.
Consecuencia de ello es que la prescripción sólo puede renunciarse una vez cumplida, pues, desde ese momento, el interés
general se transforma en individual (artículo 2494, incisos 1º y 2°).
Clases de renuncia de la prescripción.
- Puede ser expresa o tácita;
- Es expresa cuando se hace en términos explícitos;
- Es tácita cuando el que puede alegarla manifiesta por un hecho suyo que reconoce el derecho del dueño o del
acreedor. Por ejemplo, cuando cumplidas las condiciones legales de la prescripción, el poseedor de la cosa la toma en
arriendo, o el que debe dinero paga intereses o pide plazo (artículo 2494, inciso 2º).
Naturaleza jurídica de la renuncia de la prescripción.
Para algunos autores una vez alegada la prescripción, el derecho se incorpora al patrimonio del prescribiente o éste queda
liberado de la deuda. Antes de alegarla, el prescribiente no se aprovecha de ella.
En consecuencia, si no se alega la prescripción, al renunciarla no se hace salir ningún bien del patrimonio.
Por eso, la renuncia de la prescripción es un acto abdicatorio, por el cual el que puede aprovecharse de la prescripción
manifiesta su voluntad de no hacerlo.
Como nosotros consideramos que la prescripción opera de pleno derecho, creemos que la renuncia de la prescripción es un
acto de disposición que hace salir un bien del patrimonio del prescribiente, y que constituye un acto de liberalidad y de
enajenación de un derecho.
Si la prescripción de un inmueble ha sido declarada por sentencia y se ha inscrito, debe inscribirse también la renuncia, por
disponerlo así el N°3 del artículo 52 del Reglamento del Registro Conservatorio de Bienes Raíces.
Si la prescripción no ha sido declarada en sentencia, será necesario cancelar la inscripción del inmueble a nombre del
poseedor que renunció la prescripción.
Por ser un acto de disposición en que el artículo 2495 dice que no puede renunciar la prescripción sino el que tiene la
facultad de enajenar.
Por lo demás, es, a juicio de muchos, muy sutil la distinción entre actos abdicatorios y actos de enajenación.
Capacidad para renunciar a la prescripción.
La ley dispone que sólo puede renunciar a la prescripción el que puede enajenar. Es decir, exige capacidad de ejercicio
(artículo 2495).
Los incapaces pueden renunciar por medio de sus representantes legales. Claro que el representante puede verse expuesto
a lo que resuelva el juez si el representado reclama por ese hecho.
Hay autores como Somarriva, con el que estamos de acuerdo, que cree que los representantes legales no pueden renunciar
a la prescripción de los inmuebles, ya que no pueden enajenarlos libremente. Estima, sin embargo, que pueden renunciar a la
prescripción de los muebles que, por regla general, pueden enajenar libremente.
Inoponibilidad de la renuncia de la prescripción.
La renuncia de la prescripción, como la renuncia de todo derecho, sólo afecta al que la hace. Por eso, el fiador, el deudor
prendario y el deudor hipotecario pueden oponer al acreedor la prescripción renunciada por el deudor principal (artículo
2496).
Personas que pueden prescribir y contra las cuales se puede prescribir
Las reglas relativas a la prescripción se aplican igualmente a favor y en contra del Estado, de las
iglesias, de las municipalidades, de los establecimientos y corporaciones nacionales, y de los individuos particulares que
tienen libre administración de lo suyo (artículo 2497).
De la lectura del artículo que acabamos de transcribir podría desprenderse que la prescripción no tiene lugar respecto de los
incapaces. Como veremos más adelante, ello no es efectivo. Y a pesar de que algunas prescripciones se suspenden a favor
de los incapaces, ésta tiene lugar en contra de ellos.
Concepto de prescripción adquisitiva
Es un modo de adquirir las cosas ajenas, por haberse poseído las cosas durante cierto lapso de tiempo, y concurriendo los
demás requisitos legales (artículo 2492).
La prescripción adquisitiva es un modo de adquirir el dominio (artículo 588).
Características de la prescripción adquisitiva
a) Es un modo de adquirir originario. El derecho del prescribiente principia en él. No se toma en cuenta el derecho del
antecesor;
b) Es un modo de adquirir gratuito. El prescribiente no necesita hacer ningún desembolso para ganar el dominio por
prescripción;
c) Es un modo de adquirir entre vivos. Opera en la vida del prescribiente. Si éste fallece, se inicia una nueva
prescripción por sus sucesores, tal como inician una nueva posesión. Ello sin perjuicio de que pueden agregar a su tiempo de
prescripción el de sus antecesores, conforme lo disponen los artículos 2500 y 717;
d) Generalmente es un modo de adquirir a título de singular. Sin embargo, se puede ganar por prescripción la
herencia, y en este caso es a título universal.
Requisitos de la prescripción adquisitiva
a) Que la cosa sea susceptible de ganarse por prescripción;
b) Posesión;
c) Transcurso del tiempo;
d) Que la posesión no esté interrumpida;
e) Que no esté suspendida la prescripción. f)
Cosas que pueden ganarse por prescripción
Por regla general todas las cosas pueden ganarse por prescripción, siempre que sean comerciables.
La mayoría de los autores estiman que los derechos personales no pueden ganarse por prescripción114.
En todo caso, se ganan por prescripción el dominio y los demás derechos reales que no estén expresamente exceptuados
(artículo 2498).
Cosas que no pueden ganarse por prescripción
a) Los derechos reales especialmente exceptuados, esto es, las servidumbres discontinuas de cualquier clase y las
continuas inaparentes (artículos 882 y 917);
b) Las cosas incomerciales, es decir, las cosas comunes a todos los hombres y los bienes nacionales de uso público
(artículo 2498).
c) Los derechos personales.
Prescripción de la cuota de un comunero por otro comunero
Algunos autores estiman que entre comuneros no tiene lugar la prescripción adquisitiva de la cuota de otro comunero porque
siempre estaría reconociendo dominio ajeno. Siempre estarían poseyendo a nombre propio y ajeno.
Nosotros pensamos que las cuotas de los comuneros son prescriptibles por los otros comuneros desde que existía posesión,
esto es, tenencia de la cuota con ánimo de señor o dueño, y transcurso del tiempo necesario. Un comunero puede poseer la
cuota de otro. Puede haberla usurpado, o puede haberla comprado; por ejemplo, a una persona que se ha hecho pasar por
mandatario del supuesto vendedor.
No hay ninguna norma que prohíba la prescripción entre comuneros.
Posesión
Ya estudiamos este requisito de la prescripción. Sin embargo, sólo el que tiene ánimo de señor o dueño puede adquirir por
prescripción.
No pueden prescribir, en consecuencia, los meros tenedores, ni los que se aprovechan de la omisión de actos de mera
facultad del dueño, o de los actos de mera tolerancia suya de que no resulta gravamen (artículo 2499, inciso 1°).
a) Actos de mera facultad son los que cada cual puede ejecutar en lo suyo, sin necesidad del consentimiento de otro
(artículo 2499, inciso final). Por ejemplo, edificar en terreno propio (artículo 2499, inciso 2°).
b) Actos de mera tolerancia son los que cada cual puede permitir a un extraño sin que importen gravamen. Por
ejemplo, tolerar que el ganado del vecino transite por sus tierras eriales o que paste en ellas (artículo 2499, inciso 3°).
A veces puede ser dudoso si un acto constituye posesión o refleja mera tolerancia del dueño. En todo caso, es una cuestión
de hecho que deberá ser resuelta por el juez.
Transcurso del plazo. Accesión de posesiones
El plazo para ganar por prescripción es distinto según se trate de prescripción ordinario o extraordinario. Esto es, según sea
regular o irregular la posesión del prescibiente.
A continuación veremos la llamada accesión de posesiones que consiste en agregar a la posesión propia la de una serie no
interrumpida de antecesores (artículos 2500 y 717).
La accesión de posesiones se aplica en materia de prescripción y de acciones posesorias (artículos 2500 y 920).
Para que tenga lugar la accesión de posesiones debe existir un vínculo jurídico ente el actual poseedor y el antecesor. Por
eso el ladrón es poseedor pero no puede agregar a su posesión la del anterior poseedor ya que no es sucesor de éste, no es
su causahabiente.
Además las posesiones que se suman deben ser sucesivas y no interrumpidas (artículos 717 y 2500).
No debe haber solución de continuidad entre las posesiones que se suman.
La coposesión y la accesión de posesiones
Sabemos que la adjudicación opera con efecto retroactivo y que el adjudicatario se entenderá haber poseído exclusivamente
el bien adjudicado durante todo el tiempo que duró la indivisión (artículos 1344 y 718).
Sin embargo, el código no obliga al adjudicatario a sumar a su posesión personal la posesión transcurrida durante la
indivisión, lo faculta para ello.
Si el adjudicatario agrega a su posesión personal la posesión transcurrida durante la indivisión, no hay accesión de
posesiones pues de todos modos es posesión propia y no de su antecesor. En este caso el título de su posesión será la
sucesión por causa de muerte o el título de posesión en cuya virtud se adquirió ésta.
Si el adjudicatario no agrega a su posesión personal la posesión transcurrida durante la indivisión, el título de su posesión
será la adjudicación, que para este solo efecto o que en éste solo caso es título constitutivo de posesión.
Reglas aplicables a la accesión de posesiones
a) La accesión de posesiones es una facultad del sucesor. No es obligatoria (artículos 717, 718 y 2500);
b) Puede agregarse a la posesión propia no sólo la del antecesor sino la de una serie no interrumpida de antecesores
(artículo 717, inciso 2°). Pero no puede agregarse la de un antecesor mediato si no se agrega la del inmediato;
c) La posesión que se agrega a la propia accede con sus calidades y vicios (artículo 717, inciso 1°).

La interrupción de la prescripción
Los elementos esenciales de la prescripción adquisitiva son la posesión de una cosa por un cierto lapso de tiempo y la
inacción del dueño, esto es, el hecho de que el dueño no reclame por la posesión que otro ejerce en esa cosa.
Si alguno de estos elementos, posesión e inacción del dueño, faltan, la prescripción se interrumpe.
Cuando se pierde la posesión o se hace imposible el ejercicio de actos posesorios estamos en presencia de la interrupción
natural de la prescripción.
Cuando cesa la inacción del dueño estamos en presencia de la interrupción civil de la prescripción.
Concepto de interrupción de la prescripción.
Como las causas de interrupción de la prescripción son varias, y sus efectos distintos, es difícil dar un concepto de la
interrupción de la prescripción.
Podríamos decir que es la situación que se produce cuando se pierde la posesión, se hace imposible el ejercicio de actos
posesorios o termina la inactividad del dueño, que produce el efecto de hacer perder el tiempo de prescripción transcurrido o
de descontarse el tiempo que duró la interrupción, según el caso.
Clases de interrupción de la prescripción.
La interrupción de la prescripción puede ser natural o civil.
El código habla en algunos artículos de interrupción de la posesión (artículo 2501), pero lo que se interrumpe no es la
posesión sino la prescripción, como lo dice el código de diversas disposiciones.
El efecto fundamental de la interrupción es el impedir la consumación de la prescripción. Pero
estimamos que la posesión continúa, salvo que la interrupción se produzca por pérdida de la posesión, y que si hay un nuevo
poseedor, éste puede agregar a su posesión la del antecesor que tuvo interrumpida su prescripción. Naturalmente que esto
es mientras no se dicte sentencia que haga recuperar la posesión, pues en ese caso, se entiende que el demandante jamás
perdió la posesión (artículo 731). Por ejemplo, si el poseedor de la cosa es demandado de reivindicación por el dueño y
pendiente el juicio la enajena a un tercero que pasa a poseer la cosa, el segundo poseedor podrá agregar a su posesión la de
su antecesor para consumar su prescripción.
Interrupción natural de la prescripción
Se produce en los siguientes casos:
a) Cuando sin haber pasado la posesión a otras manos, se ha hecho imposible el ejercicio de actos posesorios , como
cuando una heredad ha sido permanente inundada (artículo 2502 N°1);
b) Cuando se ha perdido la posesión por haber entrado en ella otra persona (artículo 2502 N°2).
La interrupción natural de la primera especie no produce otro efecto que el de descontarse su duración.
En el caso de la finca inundada, que es el ejemplo que señala el código, el poseedor conservador la posesión, y si las aguas
se retiran antes de 5 años, sólo se descuenta al poseedor el tiempo que duró la inundación.
Si la inundación dura más de cinco años, no sólo se pierde la posesión sino que también se pierde el dominio anterior, y la
heredad accede a los propietarios riberanos de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 653 y en los demás artículos relativos
a la accesión de inmueble a inmueble, según proceda.
Si se pierde la posesión por haber entrado en ella otra persona, se pierde todo el tiempo de prescripción anterior, a menos
que se haya recobrado legalmente la posesión, pues, en tal caso no se entenderá haber habido interrupción para el
desposeído (artículo 2502 inciso 2°).
El Código al mencionar la recuperación legal de la posesión sólo se refiere a las acciones posesorias. Sin embargo, la
mayoría de los autores estiman que la misma regla se aplica a la acción publiciana, por lo dispuesto en el artículo 731.
Interrupción civil de la prescripción
Es todo recurso judicial intentado por el que se pretende verdadero dueño contra el poseedor.
Requisitos.
1° Debe intentarse una acción ante los tribunales de justicia. No basta una actuación privada; 2° La demanda
debe ser notificada (artículo 2503 N°1);
3° Debe estar pendiente el plazo de prescripción. Esto es, no debe haberse consumado.
¿Interrumpe la prescripción la demanda intentada ante tribunal incompetente?
La jurisprudencia así lo ha dicho. Nosotros, sin embargo, creemos que el problema es discutible ya que podría considerarse
como no legal la notificación ordenada por un tribunal incompetente.
En este caso, cesa la inactividad del dueño de la cosa.
¿Las medidas prejudiciales interrumpen la prescripción?
En principio nos parece que la prescripción se interrumpe por la solicitud de medidas prejudiciales, siempre que se notifiquen,
dados los términos amplios que emplea el artículo 2503 que dice que la
interrupción civil es todo “recurso judicial” intentado por el que se pretende verdadero dueño de la cosa contra el poseedor, y
las medidas prejudiciales pueden considerarse un “recurso judicial”.
Además, con las medidas prejudiciales, al igual que con la demanda ante tribunal incompetente, cesa la inactividad del dueño
de la cosa.
Efectos de la interrupción civil.
La interrupción civil hace perder el tiempo de prescripción anterior.
Tiene lugar tanto respecto de la prescripción ordinaria como la extraordinaria.
Casos en que la demanda judicial no interrumpe la prescripción.
1° Si la notificación de la demanda no ha sido hecha en forma legal (artículo 2503 N°1);
2° Si el recurrente desistió expresamente de la demanda o se declaró abandonada la instancia (artículo 2503 N°2)
Si el recurrente se desiste de la demanda no puede demandar nuevamente al poseedor. El desestimiento de la demanda
produce el efecto de la cosa juzgada (artículo 150 del Código de Procedimiento Civil).
Si se abandona la instancia no se pierden las acciones del recurrente sino sólo el procedimiento, y el recurrente puede
demandar nuevamente al poseedor (artículo 156 del Código de Procedimiento Civil);
3° Si el demandado obtuvo sentencia de absolución (artículo 2503 N°3).
Personas que pueden invocar la interrupción de la prescripción
a) La interrupción natural puede ser invocada por todo el que tenga interés en ello. Normalmente será dueño de la
cosa;
b) La interrupción civil sólo puede invocarla el recurrente (artículo 2503, inciso 2°);
c) Si la cosa pertenece en común a varias personas, todo lo que interrumpe la prescripción respecto de una de ellas,
la interrumpe también respecto de las otras (artículo 2504).
Clases de prescripción adquisitiva
La prescripción adquisitiva puede ser ordinaria o extraordinaria (artículo 2506).
El fundamento de la prescripción ordinaria es la posesión regular. El fundamento de la prescripción extraordinaria es la
posesión irregular.
Prescripción adquisitiva ordinaria
Requisitos.
- Posesión regular;
- Transcurso del plazo;
- Cosa susceptible de ganarse por prescripción;
- Que no haya interrupción de la prescripción;
- Que la prescripción no esté suspendida (artículo 2507).
De estos requisitos sólo analizaremos los que no hayamos estudiado con anterioridad.
Transcurso del plazo
El tiempo necesario a la prescripción ordinaria es de dos años para los muebles y de cinco años
para los inmuebles (artículo 2508).
Las normas sobre cómo se computa el plazo están en los artículos 48, 49 y 50.
Suspensión de la prescripción ordinaria
Es un beneficio que la ley concede a ciertas personas y a la herencia yacente en cuya virtud no corre el plazo de prescripción
en su contra mientras dura la causa de la suspensión.
¿A favor de quiénes se suspende la prescripción?
La prescripción ordinaria se suspende a favor de los incapaces, de la herencia yacente y siempre entre cónyuges (artículo
2509).
Respecto de la mujer casada bajo régimen de sociedad conyugal la prescripción ordinaria se suspende sólo en relación con
los bienes que administra el marido. En consecuencia, no se suspende respecto de los bienes que administra como separada
de bienes ni respecto de los bienes que integran su patrimonio reservado según el artículo 150.
Sin embargo, la prescripción se suspende siempre entre cónyuges. En consecuencia, el marido no podrá ganar por
prescripción un bien de su mujer aunque esté separada totalmente de bienes, ni la mujer tampoco podrá ganar por
prescripción los bienes del marido.
Excepción: De conformidad al artículo 2509, no se suspende la prescripción adquisitiva ordinaria a favor de la mujer separada
judicialmente de su marido.
Efectos de la suspensión.
Mientras dura la causa de la suspensión se detiene la prescripción, pero no se pierde el tiempo anterior a la suspensión, si
hubo alguno (artículo 2509, inciso 1°). Por ejemplo, una persona posee un bien mueble de otra durante un año; el dueño cae
en demencia y al cabo de un año es rehabilitado; el poseedor deberá continuar prescribiendo por otro año contado desde que
cesa la suspensión ya que no perdió el primer año de prescripción.
Campo de aplicación de la suspensión de la prescripción.
La suspensión opera en la prescripción adquisitiva ordinaria y en la extintiva de largo tiempo (artículos 2509 y 2520).
En consecuencia, no opera en la prescripción adquisitiva extraordinaria ni en la extintiva de corto plazo (artículos 2511, 2523
y 2524).
Sin embargo, parte de los autores estiman que la prescripción extraordinaria se suspende entre cónyuges ya que el artículo
2509 dice que entre ellos se suspende siempre la prescripción: además porque las mismas razones que justifican la
suspensión entre cónyuges de la prescripción ordinaria existen en la extraordinaria; y porque el artículo 2511 dice que la
prescripción extraordinaria no se suspende a favor de las personas enumeradas en el artículo 2509 y en los números de
dicho artículo no figuran los cónyuges, que se mencionan en el inciso final.
Otros autores piensan que la prescripción extraordinaria no se suspende entre cónyuges por las razones siguientes:
1° Porque la suspensión es un beneficio de carácter excepcional que hay que interpretar en forma restrictiva;
2° Porque la expresión “siempre” que se usa en el artículo 2511 está tomada en sentido de “mencionadas”.
Recordemos, en todo caso, que entre el padre y el hijo sujeto a patria potestad no hay suspensión tratándose de prescripción
extraordinaria y no pareciera haber razón para que los cónyuges tengan un tratamiento diverso.
Por lo demás, las razones que se dan para que opere la suspensión entre cónyuges también se justificarían entre padres e
hijos sujetos a patria potestad. Tales razones son:
1° Que si hubiera prescripción entre cónyuges, ésta sería causa de perturbaciones en el matrimonio;
2° Como el marido es usufructuario de los bienes de la mujer, es un mero tenedor que no puede ganar el domino por
prescripción;
3° El marido, como administrador de los bienes propios de la mujer es el encargado de interrumpir las prescripciones en
contra de ésta.
En relación con la prescripción extintiva de corto tiempo, tiene lugar la suspensión de la prescripción en la acción nulidad
relativa (artículo 1692) y en la acción de reforma del testamento (artículo 1216, inciso 2°).
Prescripción adquisitiva extraordinaria
Requisitos.
- Posesión irregular;
- Transcurso del plazo;
- Cosa susceptible de ganarse por prescripción;
- Que no haya interrupción de la prescripción.
Período de tiempo.
El espacio de tiempo necesario para ganar por prescripción extraordinaria tanto los muebles, como los inmuebles es de diez
años (artículo 2511).
El título, la buena fe, la tradición y la mera tenencia en la prescripción extraordinaria.
Según el Artículo 2510 el dominio de las cosas comerciables que no ha sido adquirido por la prescripción ordinaria, puede
serlo por la extraordinaria, bajo las reglas que van a expresarse:
1° Para la prescripción extraordinaria no es necesario título alguno;
2° Se presume en ella de derecho la buena fe, sin embargo, de la falta de un título adquisitivo de dominio.
Es decir, para ganar por la prescripción extraordinaria basta la posesión irregular y el lapso de diez
años.
La verdad es que lo dispuesto en el N°2 del artículo 2510 está de más, pues la buena fe no se necesita
para tener posesión irregular y ganar por prescripción extraordinaria (artículo 708).
La referencia que hace el artículo a la existencia de un título de mera tenencia no significa que ésta pueda transformarse en
posesión como lo dice el artículo 716115. Jamás la mera tenencia se transforma en posesión. Si existe mera tenencia y se
reconoce dominio ajeno, no hay posesión. El artículo 716 está equivocado.
La mencionada referencia sólo significa que si existe un título de mera tenencia respecto de una cosa que, posteriormente se
pasa a poseer, será necesario probar posesión por diez años (artículo 2510, regla tercera). Por ejemplo, si una persona es
arrendataria de otra y un tercero le vende la cosa arrendada diciendo que es suya, al comprador, que era el arrendatario de la
primera persona a que nos hemos referido,
A. Gormaz R.

115
Artículo 716.- El simple lapso de tiempo no muda la mera tenencia en posesión; salvo el caso del artículo 2510, regla 3ª.
se le presumirá mala fe respecto de dicha persona, y sólo ganará la cosa por prescripción si la ha poseído sin violencia ni
clandestinidad respecto de ella, por diez años, y sin que el dueño (arrendador) pueda probar que en los últimos diez años se
haya reconocido expresa y tácitamente su dominio por el que alega la prescripción.
Prescripción de derechos reales que no son el dominio
La prescripción de los derechos reales que no son el dominio se rige por las mismas reglas que la prescripción de éste,
salvas las excepciones que se mencionan en el artículo 2512, relativas al derecho de herencia, al de censo y a las
servidumbres (artículo 2498).
Prescripción del derecho de censo
El derecho de censo se adquiere por la prescripción extraordinaria de diez años, aunque se haya poseído regularmente
(artículo 2512 N°1). Luego, la prescripción del derecho de censo siempre es extraordinaria y no se suspende.
Prescripción del derecho de herencia
El heredero putativo adquiere, por regla general, el derecho de herencia en el lapso de diez años (artículo 2512 N° 1).
Con todo, si al heredero putativo se le ha dado la posesión efectiva, adquiere la herencia en cinco años (artículos 1269 y
704).
Estimamos que esta prescripción de cinco años es ordinaria ya que el código llama “extraordinaria” a la prescripción de diez
años que se menciona en el N°1 del artículo 2512.
Lo dicho tiene importancia porque si se considera “ordinaria” la prescripción de cinco años, se suspende en los términos que
señala el artículo 2509.
La jurisprudencia ha dicho que el plazo de prescripción del derecho de herencia se cuenta desde la apertura de la sucesión.
Sin embargo, hay autores que sostienen que la prescripción de cinco años se cuenta desde que se publica la resolución que
da la posesión efectiva al heredero putativo.

Prescripción de las servidumbres


Las servidumbres discontinuas y las inaparentes no se pueden ganar por prescripción. Sólo pueden adquirirse en virtud de un
título (artículo 882, inciso 1°). La expresión título está tomada en el sentido de tradición y su correspondiente título translaticio
de dominio, efectuada por el dueño del predio sirviente.
Las servidumbres continuas y aparentes se adquieren por la prescripción de cinco años (artículos 2512 N°2 y 882).
Esta prescripción será ordinaria o extraordinaria según sea regular o irregular la posesión que le da origen. Pero el plazo
siempre es de cinco años.
Si se trata de una prescripción ordinaria tiene lugar la suspensión de la prescripción a que se refiere el artículo 2509 (artículo
886).
Efectos de la prescripción adquisitiva

.
a) El poseedor, una vez transcurrido el plazo de prescripción, se hace dueño de la cosa;
b) La prescripción opera retroactivamente. Es decir, se entiende que el poseedor es dueño de la cosa no desde que se
consumó o declaró la prescripción sino desde el inicio de su posesión. Esto no lo dice expresamente el código pero se
desprende de algunas disposiciones como el artículo 1736 N°1.
¿Cómo puede hacerse vale la prescripción?
La prescripción adquisitiva puede hacerse valer como acción y como excepción.
Se hará valer como acción cuando el poseedor,, una vez consumado el plazo de prescripción, pide que ésta se declare.
Se hará valer como excepción cuando demandado el poseedor por el dueño o por otro poseedor, la oponga para destruir la
acción del demandante.
Hay autores que creen que la prescripción sólo puede hacerse valer como acción y que, en consecuencia, cuando se opone
a la demanda, debe hacerse tal oposición a través de una reconvención. Así lo ha fallado la jurisprudencia más reciente.
Pese a ello, hay autores que no están de acuerdo, ya que el artículo 309 N°3 del Código de Procedimiento Civil dice que las
excepciones deben oponerse en la contestación de la demanda y el artículo 310 del mismo código dice que la excepción de
prescripción podrá oponerse en cualquier estado del juicio; pero que no se admitirá si no se alega por escrito antes de la
citación para sentencia en primera instancia, o de la vista de la causa en segunda, casos en que no podría hacerse valer por
la vía reconvencional.
Como hay jurisprudencia que dice que la prescripción adquisitiva sólo puede hacerse valer como acción será conveniente
que cuando se oponga a la demanda como excepción, también se haga valer por la vía reconvencional.
Inscripción de la sentencia que declara una prescripción adquisitiva
La sentencia que declara una prescripción adquisitiva del domino de un bien raíz o de derechos reales en él, salvo el de
servidumbre, debe inscribirse en el Registro Conservatorio del departamento en que está ubicado el inmueble (artículos 2513
y 689 del Código Civil y 52 del Reglamento del Conservador de Bienes raíces).
El objeto de esta inscripción es sólo dar publicidad y mantener la historia de la propiedad raíz, y hacer oponible a terceros la
sentencia que declaró la prescripción (artículo 2513).

ACCIÓN REIVINDICATORIA O DE DOMINIO


La reivindicación o acción de dominio es la que tiene el dueño de una cosa singular, de que no esta en posesión, para que el
poseedor de ella sea condenado a restituírsela (artículo 889).
Es una acción real, que emana del derecho del dominio, en virtud de la cual el dueño reclama la cosa que
le pertenece contra cualquiera que la posea (artículo 577).
Requisitos para que se pueda reivindicar
a) Que el que intenta la acción sea el dueño de la cosa que reivindica;
b) Que no tenga la posesión de la cosa;
c) Que se trate de una cosa singular.
Primer requisito de la acción reivindicatoria:

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Que el que intente la acción sea dueño de la cosa que reivindica.
Es diferente la naturaleza del dominio del que intenta la acción reivindicatoria.
Puede reivindicar tanto el propietario absoluto como el propietario fiduciario; el pleno propietario como el
nudo propietario (artículo 893). El copropietario puede reivindicar la cuota determinada pro indiviso que le corresponda en
una cosa singular (artículo 892).
En consecuencia, el comprador de una cosa que aún no le ha sido entregada, no tiene acción
reivindicatoria, por no tener el dominio, el que solo adquiere una vez efectuada la tradición.
LA ACCIÓN PUBLICIANA
Es la acción que se concede, aunque no se pruebe dominio, al que ha perdido la posesión regular de la cosa, y se hallaba en
el caso de poderla ganar por prescripción (artículo 894, inciso 1º).
Personas contra las que no procede la acción publiciana
Esta acción no valdrá ni contra el verdadero dueño, ni contra el que posea con igual o mejor derecho que el que la intenta
(artículo 894, inciso 1º).
Fundamentos de la acción publiciana
1º Por razones de equidad debe preferirse al que tiene una mejor posesión. Debe preferirse el poseedor regular de buena fe
al poseedor irregular o al poseedor regular de mala fe. Por ejemplo, alguien vende una cosa ajena a un tercero que la
adquiere de buena fe pero que después tiene conocimiento que el vendedor no era el dueño de la cosa; posteriormente otra
persona hace lo mismo con otro y este conserva su buena fe; si el primer comprador intenta la acción publiciana contra el
segundo comprador tiene una mejor posesión;
2º También es fundamento de la acción publiciana la presunción que establece el inciso 2º del artículo 700, de que el
poseedor es reputado dueño mientras otra persona no justifique serlo.
Requisitos de la acción publiciana
1º Que se haya perdido la posesión;
2º Que la posesión perdida sea regular;
3º Que el, poseedor que perdió la posesión se hallara en el caso de poder ganar la cosa por prescripción.
¿Cuándo se hallaba el poseedor en el caso de poder ganar la cosa por prescripción?
Algunos piensan que el poseedor ha estado en esa situación cuando ha transcurrido íntegramente el plazo de prescripción
sin que esta se haya alegado. Creen que si el poseedor que no ha completado el plazo de prescripción pierde la posesión de
la cosa, se produce la interrupción de la prescripción y se pierde todo el plazo transcurrido
Otros, creemos que con razón, sostienen que el poseedor se haya en el caso de poder ganar la cosa por
prescripción cuando aún no ha transcurrido íntegramente el plazo de prescripción. Las principales razones para pensar así
son las siguientes:
1º Si se completó el plazo de prescripción no se trata de un poseedor que haya perdido la posesión sino del dueño. Nosotros
pensamos que la prescripción opera de pleno derecho, sin necesidad de sentencia judicial;

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2º La historia de la ley. Bello en el proyecto de 1853 señaló que la fuente del artículo 894 es el Derecho Romano y éste daba
la acción publiciana al poseedor que no había consumado la prescripción;
3º El hecho de que el artículo 894 diga que no pueda hacerse valer contra el dueño ya que el que consumó la prescripción
es el dueño de la cosa que no puede tener otro dueño.
¿Puede el dueño que ha perdido la posesión intentar la acción publiciana en lugar de la reivindicatoria?
Como la prueba del dominio puede ser muy difícil, el dueño de la cosa puede preferir intentar la acción publiciana a la
reivindicatoria ya que la prueba de la posesión puede resultarle más fácil.
Aunque en estricto derecho el dueño sólo puede intentar la acción reivindicatoria, hay jurisprudencia que
permite al dueño intentar la acción publiciana; y es más, que declara que al intentar la acción reivindicatoria implícitamente se
intenta la acción publiciana para el caso de que no se logre probar el dominio.
Segundo requisito de la acción reivindicatoria:
Que el que intenta la acción haya perdido la posesión de la cosa.
El objeto de la acción reivindicatoria es, precisamente, la posesión.
La causa de pedir en la acción reivindicatoria es el dominio y objeto perdido es la posesión que se ha
perdido.
Tercer requisito de la acción reivindicatoria:
Que se trate de una cosa singular
Como lo dice el artículo 889 puede reivindicarse las cosas singulares.
Las universalidades jurídicas no pueden reivindicarse. Por eso la herencia está protegida por la acción de
petición de herencia (artículo 891, inciso 2º y 1264).
Cosas que pueden reivindicarse
a) Las cosas corporales raíces o muebles (artículo 890, inciso 1º);
b) Los derechos reales, excepto el derecho de herencia por no ser singular (artículo 891);
c) Se puede reivindicar una cuota determinada pro indiviso, de una cosa singular (artículo892);
d) Los títulos valores o títulos de crédito. Son títulos valores los documentos escritos que consigna un derecho cuyo
ejercicio esta subordinado a la prestación del título. Su objetivo es que tenga una fácil y amplia circulación. En ellos el
derecho está incorporado al título y no puede ejercerse sin la prestación de este. Se transfieren por la entrega del título. Son
especies de título valores la letra de cambio, el cheque, el pagaré, las acciones de sociedades, etc.
Los títulos valores son cosas corporales muebles y singulares que pueden reivindicarse si se pueden identificar;
e) Pueden reivindicarse los bienes muebles fungibles hayan sido o no consumidos por el poseedor. Si existen en su
poder, por ejemplo, un número de sacos de trigo, nada se opone a la restitución de los mismos sacos de trigo; si el poseedor
dispone de ellos, cumplirá la obligación de restituirlos, entregando otros tantos sacos de trigo de la misma especie y calidad.

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Reivindicación de cuotas
Ya hemos visto que el copropietario puede reivindicar la cuota determinada pro indiviso que le corresponde en una cosa
singular.
Si la comunidad recae sobre una cosa singular la reivindicación de la cuota no ofrece dificultad (artículo
892).
El problema se presenta cuando se trata de reivindicar la cuota de un comunero sobre una cosa singular
pero que integra una universalidad. Por ejemplo, si un heredero vende una cosa hereditaria, ¿pueden los otros herederos
reivindicar su cuota sobre esa cosa?
Hay autores que creen que ello no es posible porque estiman que mientras no se haga la partición de la comunidad ningún
heredero es dueño de cuota alguna en cada bien hereditario.
En nuestro concepto lo herederos son, en conjunto, dueños de todo los bienes hereditarios y, además, de
cada bien en particular. Es decir, todos los herederos son comuneros en cada bien de herencia.
En consecuencia, si un heredero enajena un bien hereditario, los otros podrán reivindicar su cuota en ese
bien, en el que son comuneros.
La solución contraria deja, prácticamente, en la indefensión a los herederos cuando uno de ellos enajena
una cosa de la herencia o cuando alguno de ellos no quiere o no puede intentar la acción reivindicatoria.
Reivindicación de cosas muebles compradas en ferias, tiendas, almacenes u otros establecimientos industriales en
que se venden cosas muebles de la misma clase
Se acostumbra a enseñar que las cosas muebles que se compran en los establecimientos señalados no pueden
reivindicarse.
La verdad es que dichas cosas pueden reivindicarse y no constituyen ninguna excepción al respecto.
Lo que es excepcional es la circunstancia de que el poseedor no e obligado a restituir la cosa si no se le
reembolsa lo que haya dado por ella y lo que haya gastado en repararla y mejorarla (artículo 890, incisos 2º y 3º).

Casos en que no procede la acción reivindicatoria


a) Si alguien paga a otro una especie que no le debe y este la enajena a título oneroso a un tercero. El que pago lo
que no debía no puede perseguir la especie poseída por el tercero si esta de buena fe (artículo 2303);
b) Cuando se resuelve un contrato, es decir, cuando opera la condición resolutoria, no hay acción reivindicatoria
contra terceros de buena fe en el caso de los muebles (artículo 1490); ni en el de los inmuebles cuando la condición no
constaba en el título respectivo inscrito u otorgado por escritura pública (artículo 1491);
c) En el caso de que una asignación por causa de muerte quede sin efecto por indignidad del asignatario no hay
acción contra terceros de buena fe (artículo 976).
En los casos señalados si el tercero esta de mala fe, tiene lugar la acción reivindicatoria.
Contra quien se puede reivindicar

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a) Contra el actual poseedor.
Como la acción reivindicatoria tiene por objeto recuperar la posesión, lo normal es que se dirija contra el actual poseedor
(artículo 895).
Como puede suceder que el dueño sepa quien es el mero tenedor de la cosa pero ignore quien es el poseedor. El artículo
896 establece que el mero tenedor de la cosa que se reivindica es obligado a declarar el nombre y la residencia de la
persona a cuyo nombre la tiene.
La obligación referida que la ley impone al mero tenedor se hace valer como medida prejudicial. El Artículo 282 Nº1 del
Código de Procedimiento Civil dice que si aquel a quien se intenta demandar expone ser simple tenedor de l cosa de que
procede la acción o que es objeto de ella, podrá ser obligado a declarar bajo juramento el nombre y la residencia de la
persona a cuyo nombre la tiene. Si se niega a hacerlo, se le podrá apremiar con multa o arresto de hasta dos meses (artículo
282, inciso final y 274 del Código de Procedimiento Civil).
Si alguien, de mala fe, se da por poseedor de la cosa que se reivindica sin serlo, será condenado a la indemnización de todo
perjuicio que de este engaño haya resultado al actor (artículo 897).
b) Si fallece el poseedor, la acción reivindicatoria se dirige contra el o los herederos por la parte que posean en la cosa
(artículos 899 parte primera y 1526 Nº 2º).
Pero las prestaciones a que estaba obligado el poseedor por razón de los frutos o de los deterioros que le eran imputables,
pasan a los herederos de este a prorrata de sus cuotas hereditarias (artículo 899 y 1354, incisos 1º y 2º).
c) Contra el poseedor de buena fe que enajeno la cosa, pero solo para la restitución de lo que haya recibido por ella, y
siempre que por haberla enajenado se haya hecho imposible o difícil su persecución (artículo 898 parte primera).
El poseedor de buena fe a que nos referimos puede ser regular o irregular. Lo que interesa es la buena fe.
d) Contra el poseedor de buena fe que durante el juicio se ha puesto por su culpa en la imposibilidad de restituir la
cosa.
En este caso el reivindicador que habrá pedido la restitución de la cosa que no va a obtener porque el poseedor se puso, por
su culpa, en la imposibilidad de restituírsela, puede pedir el precio de la cosa y todas las prestaciones que procedan como si
se tratara de un poseedor de mala fe (artículo 900, incisos 4º, 1º y 2º).
Si el reivindicador prefiere dejar ese juicio y perseguir la cosa de manos del actual poseedor, respecto del tiempo que la cosa
estuvo en poder del enajenador tendrá este las obligaciones y derechos de los poseedores de mala fe por los frutos,
deterioros y mejoras (artículo 900, incisos 4º y 2º).
e) Contra el poseedor de mala fe que por hecho o culpa suya ha dejado de poseer.
En este caso el reivindicador pedirá el precio de la cosa y todas las prestaciones que corresponden a los
poseedores de mala fe (artículos 900, incisos1º y 2º y 898, inciso 1º parte final).
Si el reivindicador prefiere dirigirse contra el actual poseedor, respecto del tiempo que la cosa ha estado en
poder del poseedor de mala fe, tendrá este la obligaciones y derechos que corresponden a los poseedores de mala fe en
razón de frutos, deterioros y expensas (artículo 900, inciso 2º).
f) Contra el que enajeno la cosa sin ser poseedor y a sabiendas que era ajena, para la indemnización de

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todo perjuicio (artículo 898, inciso 1º parte final).
Confirmación de la enajenación
Si el reivindicador recibe del poseedor de buena fe que enajenó la cosa lo que se le ha dado por ésta; o del poseedor de
mala fe que por hecho o culpa suya ha dejado de poseer, o del de buena fe que durante el juicio se ha puesto en la
imposibilidad de restituir la cosa por su culpa, el valor de la cosa; o del que enajenó la cosa sin ser poseedor y a sabiendas
que era ajena, lo que se le ha dado; queda confirmada por ese hecho la enajenación (artículos 898, inciso 2º. 900, incisos 3º
y 4º, 672, inciso 2º y 1818).
Cuando el reivindicador confirma la enajenación, es decir, pasa a considerarse como si el hubiese
enajenado y no responde del saneamiento en el caso de que el enajenador haya sido el poseedor de mala fe o el de buena
fe que durante el juicio se puso en la imposibilidad de restituir la cosa por su culpa.
En consecuencia, si el adquirente es privado de la cosa por un tercero, no puede dirigirse contra el reivindicador, pero puede
dirigirse contra el poseedor de mala fe que le enajenó la cosa; o, contra el de buena fe que durante el juicio se puso en la
imposibilidad de restituir la cosa por su culpa (artículo 900, inciso final).
En el caso del poseedor de buena fe a que se refiere la parte primera del artículo 898, si al reivindicador le es restituido lo
que dicho poseedor recibió, solo el reivindicador responde de la evicción ya que confirmo la enajenación y debe pasar a ser
considerado como el enajenante.
Tratándose de la enajenación de la cosa ajena hecha por quien no es poseedor, creemos que tanto el enajenador como el
que recibe de este lo que se le haya dado responden de la evicción por lo dispuesto en el inciso 2º del artículo 898.
Naturaleza de la acción cuando el reivindicador no pide la restitución de la cosa sino su precio
Algunos piensan que se trata de una acción personal ya que el objeto de la acción es dinero y la obligación de pagarlo emana
de la ley.
Otros creen que sigue siendo acción real y que el dinero subroga a la cosa cuya posesión ha perdido el
reivindicaste.
Hacemos presente que en los artículos 898 y 900 el código sigue llamando a esta acción “acción de
dominio”.

Improcedencia de la acción reivindicatoria contra el que se apodera de un inmueble inscrito


Como mientras subsista la inscripción y no sea cancelada, se conserva la posesión (artículo 728), creemos que no procede la
acción reivindicatoria contra el que se apodera del inmueble inscrito.
Para recuperar ese inmueble pensamos que procede la acción de precario que consagra el Artículo 2195 o
las querellas de amparo y restablecimiento a que se refiere los Artículos 921 y 928.
Acción reivindicatoria contra el mero tenedor o detentador de la cosa

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Hay autores y jurisprudencia que creen que, conforme lo dispone el artículo 915, procede la acción reivindicatoria contra el
mero tenedor o detentador de la cosa. Estiman que la expresión “poseyendo a nombre ajeno” que usa ese articulo significa
“mero tenedor de la cosa”.

Nosotros no pensamos así ya que poseer a nombre ajeno no significa ser mero tenedor de una cosa. La mera tenencia
requiere que se reconozca dominio ajeno y es incompatible con la posesión.
Nosotros pensamos que el artículo 915 solo establece que cuando se recupera la cosa del mero tenedor,
se aplican las reglas de la reivindicación relativas a las prestaciones mutuas (frutos, expensas, deterioros, etc.).
Procedimiento en que se tramita la acción reivindicatoria.
Procedimiento.
En cuanto al procedimiento la acción reivindicatoria es de lato conocimiento y se tramita en juicio ordinario.
Competencia.
Si la reivindicación recae en un inmueble es competente para conocer de ella el Juez del lugar donde esta el inmueble
(artículo 135 Nº 3 del Código Orgánico de Tribunales). Si el inmueble o mueble que son objetos de la acción reivindicatoria
estuvieren situados en distintos distritos jurisdiccionales, será competente cualquiera de los jueces en cuyo distrito estuvieren
situados (artículo 136 del Código Orgánico de Tribunales).
Si la reivindicación recae sobre cosas muebles, es competente el juez del domicilio del demandado (artículo 134 del Código
Orgánico de Tribunales).
Medidas precautorias.
Si reivindicándose una cosa corporal mueble hubiera motivo de temer que se pierda o deteriore en manos de poseedor,
podrá el acto pedir su secuestro; y el poseedor, será obligado a consentir en el, o a dar seguridad suficiente de restitución,
para el caso de ser condenado a restituir (artículos 901 del Código Civil y 291 del Código de procedimiento Civil).
Si se trata de bienes raíces el actor tendrá derecho a provocar las providencias necesarias para evitar todo deterioro de la
cosa y de los muebles y semovientes anexos a ella y comprendidos en la reivindicación, si hubiere justo motivo de tenerlo, o
las facultades del demandado no ofreciere suficiente garantía (artículo 902, inciso 2º). Una de las medidas es el
nombramiento de interventor que consagra el Nº 1º del artículo 293 del Código de Procedimiento Civil.
Hacemos presente que tratándose de inmueble, mientras se tramita el juicio, el poseedor seguirá gozando de ellos, hasta la
sentencia definitiva pasada en autoridad de cosa juzgada (artículo 902, inciso 1º).
Las medidas precautorias señaladas no impiden solicitar otras como la retención de la cosa que se reivindica o la prohibición
de celebrar actos o contratos (artículos 295 y 296 del Código de Procedimiento Civil).

Supuestos que debe probar el reivindicador


Prueba del dominio

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Como el poseedor esta amparado por la presunción de dominio que establece el artículo 700, el reivindicador debe probar
que el es el dueño de la cosa que reivindica.
Por lo demás, al demandante le corresponde probar los supuestos de su acción y sabemos que en la
acción reivindicatoria la causa de pedir es el dominio.
También debe probar el reivindicador que el demandado es el poseedor de la cosa y que la cosa que se
reivindica es la misma que posee el demandado (determinación de la cosa singular que se reivindica).
La prueba del dominio varia según si el reivindicante es dueño por un modo de adquirir originario o derivativo.
Si se invoca la ocupación, el dominio se prueba demostrando la aprehensión de la cosa mueble, que esta
no pertenece a nadie y el ánimo de hacerse dueño.
Si se invoca la accesión, basta con que se apruebe el dominio de la cosa principal a la que otra se ha
juntado y el hecho de la unión, o el dominio de la cosa de que nacen los frutos o productos y la producción correspondiente
Si se invoca la prescripción, hasta con probar la posesión no interrumpida por el tiempo que la ley señala.
En el caso de la ocupación, de la accesión y de la prescripción, la prueba no es tan difícil ya que se trata
de probar hechos.
Si el dominio del reivindicante tiene su origen en un modo de adquirir derivativo, que es lo más frecuente,
la prueba se hace más difícil pues habría que remontarse al dominio del antecesor y así sucesivamente hasta hallar el modo
de adquirir originario.
En este caso, cobra real importancia la prescripción pues al dueño le basta con probar que ha poseído la
cosa por diez años para que no haya dudas de su dominio pues si uno de sus antecesores no fue dueño, el lo sería por
prescripción.

Si el fisco reivindica tierras que recaen de otro dueño, no necesita probar dominio ya que según el artículo 590 lo tiene.
Sin embargo, debería probar que esas tierras no tienen otro dueño pues al demandante le corresponde
probar los supuestos de su acción; lo que podría hacer mediante la prueba de presunción; por ejemplo, probando que el fisco
dio en arriendo esas tierras, o que no se han efectuado actos posesorios por otra persona, etc.
Sin embargo hay fallos que resuelven que el fisco no necesita probar que las tierras que reivindica no
pertenecen a nadie, lo que seria muy difícil, sino que el demandado debe probar el dominio que tiene sobre esas tierras.
Fuera de la prescripción el dominio puede probarse por presunciones. Pero no puede probarse por testigos ya que estos
deponen sobre hechos y no sobre el derecho. Sin embargo, pueden probarse por testigos los hechos que deben servir de
indicios para las presunciones.
Excepciones que puede oponer el demandado
El demandado puede oponer a la demanda de reivindicación cualquier excepción que destruya la acción de dominio. Por
ejemplo, que el demandante no ha probado el dominio, o que la cosa que se pretende reivindicar no es la que posee, o la
prescripción adquisitiva de la cosa, etc.
Entre las excepciones que pueden oponer el demandado esta la de saneamiento por evicción. La evicción es La privación por
sentencia judicial y por causa anterior a la venta, del todo o parte de la cosa comprada (artículos 1838 y 1839). En
consecuencia, no puede provocarla demandado el de

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reivindicación al comprador. Si lo hace, este puede oponerle la excepción de saneamiento de la evicción.
Extensión de la acción reivindicatoria al embargo, en manos de terceros de lo que por este se deba como precio o
permuta al poseedor que enajenó la cosa
Cuando el reivindicador demande el precio de la cosa o lo que haya recibido el que la enajeno. Puede embargar lo que el
tercero deba al enajenante para ser pagado íntegramente (artículo 903).
Prescripción de la acción reivindicatoria
La acción reivindicatoria es una acción real o propietaria.
Como lo dice el artículo 2517 se extingue por la prescripción adquisitiva del derecho que protege.
En consecuencia, la acción reivindicatoria se extingue cuando el poseedor gana por prescripción
adquisitiva el dominio de la cosa que se persigue con la acción reivindicatoria.
Por consiguiente, el plazo de prescripción extintiva de la acción reivindicatoria será de dos, cinco o diez
años, según se trate de muebles o inmuebles, y según sea regular o irregular la posesión del prescribiente (artículos 2507,
2508, inciso 1º y 2511).
PRESTACIONES MUTUAS
Son las restituciones y pagos recíprocos que deben hacerse el reivindicador y el poseedor vencido entre si.

Prestaciones del poseedor vencido a favor del reivindicador


a) Restitución de la cosa.
Si es vencido el poseedor, restituirá la cosa en el plazo que el juez señalare (artículo 904, parte primera).
Este es uno de los pocos casos en que el juez puede señalar un plazo para el cumplimiento de una
obligación (artículo 1494, inciso 2º).
La cosa debe restituirse con sus accesorios, pero siempre que sean tales. Así, en la restitución de un inmueble se
comprenden los muebles por adherencia y por destinación; en la restitución de un edificio se comprenden sus llaves; en la
restitución de toda cosa se comprenden sus títulos (artículo 905).
El código nada a dicho sobre el lugar en que debe ser restituida la cosa mueble reivindicada. En
consecuencia, habría que aplicar las reglas generales referentes al lugar en que deben cumplirse las obligaciones. Hay que
tener presentes que la sentencia transforma al poseedor vencido en deudor de un cuerpo cierto. Por consiguiente la entrega
debe ser hecha en el lugar en que la cosa sea hallada al tiempo de la contestación de la demanda. Si se ha cambiado la
ubicación de la cosa por el demandado, son de su cuenta los gastos de transporte hasta el lugar en que debía ser entregada
(artículos 1588 y 1571).
b) Pago de los deterioros que ha sufrido la cosa.

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Para saber si los deterioros sufridos por la cosa reivindicada deben ser pagados al reivindicador hay que distinguir si el
poseedor vencido estaba de buena o mala fe.
El poseedor vencido de mala fe es responsable de los deterioros que sufra la cosa por su hecho o culpa.
Como se puede ver, no responde del caso fortuito. Naturalmente que responderá del caso fortuito según
las reglas generales, por ejemplo, si se constituye en mora de restituir (artículos 1547, 1550 y 1672).
El poseedor vencido de buena fe no responde de los deterioros si no en cuanto se hubiere aprovechado de
ellos, por ejemplo, destruyendo un bosque o un arbolado, y vendiendo la madera o leña, o empleándola en beneficio suyo
(artículo 906).
La buena o mala fe se considera al tiempo en que se producen los deterioros.
Lo que se ha dicho de los deterioros se aplica a las ruinas o destrucción total de la cosa.
c) Restitución de los frutos.
También para la restitución de los frutos hay que distinguir entre el poseedor de buena y de mala fe.
La buena o mala fe de el poseedor se refiere, relativamente a los frutos, al tiempo de la percepción (artículo 913 parte
primera).
El poseedor de mala fe es obligado a restituir los frutos naturales y civiles de la cosa, y no solamente los percibidos sino los
que el dueño hubiera podido percibir con mediana inteligencia y actividad, teniendo la cosa en su poder (artículo 907, inciso
1º).
Si no existen los frutos deberá el valor que tenían o hubieran tenido al tiempo de la percepción, y se consideran como no
existentes los que se hayan deteriorado en su poder (artículo 907, inciso 2º).
El poseedor de buena fe no es obligado a la restitución de los frutos percibidos antes de la contestación de la demanda.
Los percibidos después de la contestación de la demanda debe restituirlos según las mismas reglas que los poseedores de
mala fe (artículo 907, inciso 3º).
Si el poseedor de buena fe no contesta la demanda creemos que debe restituir los frutos percibidos desde que se le acusa
rebeldía de ese trámite. Hay, en ese sentido, un fallo de la Corte Suprema.
a) Gastos de conservación y custodia. Costas.
El poseedor vencido de mala fe esta obligado a rembolsar al reivindicador los gastos de custodia y conservación si la cosa
fue secuestrada.
El poseedor de buena fe no es obligado a rembolsar esos gastos y debe pagarlos al reivindicador (artículo
904).
En cuanto a las cosas se esta a lo que resuelva el tribunal según las reglas generales.
Prestaciones del reivindicador al poseedor vencido
a) Gastos ordinarios de producción de los frutos.
En toda restitución de frutos se abonaran al que la hace los gastos ordinarios que el poseedor vencido a invertido en
producirlos (artículo 907, inciso final).
b) Pago de las mejoras y expensas:

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Concepto de mejoras o expensas.
Son las obras materiales o inmateriales que tienen por objeto la conservación, utilidad, comodidad u ornato de la cosa.
Clasificación de las mejoras o expensas.
Las mejoras expensas se clasifican en necesarias, útiles y voluptuarias.
Mejoras o expensas necesarias son aquellas que son indispensables para la conservación de la cosa; por
ejemplo, un dique, el pago de una deuda para evitar el remate de una cosa (artículo 908, inciso 1º).
Mejoras o expensas útiles son las que sin ser necesarias, aumentan el valor venal de la cosa, su valor
comercial (artículo 909, inciso 2º). Por ejemplo, la plantación de árboles en un predio Mejoras o expensas voluptuarias son
las que solo consisten en objetos de lujo y recreo, como jardines, miradores, fuentes, cascadas artificiales, y generalmente
aquellas que no aumentan el valor de la cosa en el mercado general, o solo lo aumentan en una proporción insignificante
(artículo 911, inciso 2º)
Pago de las mejoras o expensas necesarias.
El poseedor vencido, de buena o de mala fe, tiene derecho a que se le abonen las expensas necesarias invertidas en la
conservación de la cosa, según la regla siguiente:
a) Si estas expensas se invirtieron en obras materiales (el código dice en obras permanentes), como una cerca
para impedir las depredaciones o un dique para atajar las avenidas, o las reparaciones de un edificio arruinado por un
terremoto, se abonaran al poseedor dichas expensas, en cuanto hubieran sido realmente necesarias; pero reducidas a lo que
valgan las obras al tiempo de la restitución (artículo 908, inciso 2º).
b) Si las expensas se invirtieron en cosas que por su naturaleza no dejan resultado material permanente, es decir
si se trata de obras inmateriales, como la defensa judicial de la finca, serán abonadas al poseedor en cuanto aprovecharen al
reivindicador, y se hubieren ejecutado con mediana inteligencia y economía (artículo 908, inciso 3º).
Pago de las mejoras o expensas útiles.
Para saber si el poseedor vencido tiene derecho a que se le paguen las mejoras o expensas útiles, hay que distinguir si esta
de buena fe o de mala fe.
La buena fe se refiere, relativamente, a las expensas y mejoras, al tiempo en que fueron hechas (artículo
913).
a) El poseedor vencido de buena fe tiene derecho a que se le abonen las mejoras útiles, hechas ante de
contaestarse la demanda (artículo 909, inciso 1º).
El reivindicador podrá elegir entre el pago de la que valga las obras al tiempo de la restitución, o el pago de
lo que en virtud de dichas mejoras valiere mas la cosa en dicho tiempo (artículo 909, inciso 3º).
En cuanto a lasa obras hechas después de la contestación de la demanda, el poseedor de buena fe
solamente tiene los derechos que se conceden al de mala fe (artículo 909, inciso final).
b) El poseedor vencido de mala fe no tendrá derecho a que se le abonen las mejoras útiles.

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Pero podrá llevarse los materiales de dichas mejoras, siempre que pueda separarlos sin detrimento de la
cosa reivindicada, y que el propietario rehúse pagarle el precio que tendrían dichos materiales después de sepáralos (artículo
910).
Se entiende que la reparación es en detrimento de la cosa reivindicada, cuando hubiere de dejarla en peor
estado que antes de ejecutarse las mejoras; salvo en cuanto el poseedor vencido pudiere reponerla inmediatamente e su
estado anterior, y se allanare a ello (artículo 912).
Pago de las mejoras o expensas voluptarias.
El propietario no es obligado a pagarlas al poseedor de mala ni de buena fe, que solo tendrá derecho a llevarse los
materiales, siempre que puedan repararlos sin detrimento de la cosa reivindicada, y que el propietario rehúse pagarles el
precio que tendría dichos materiales después de separarlos (artículo 911, inciso 1º).
El reivindicador no está obligado a pagar intereses al poseedor vencido cuando debe pagarle las mejoras
Derecho legal de retención del poseedor vencido.
Cuando el poseedor vencido tuviere un saldo que reclamar en razón de expensas y mejoras podrá retener la cosa hasta que
se le verifique el pago o se le asegure a su satisfacción (artículo 914).
Naturalmente que la garantía para asegurar el pago debe ser calificada por el juez.
Para que surta efectos el derecho legal de retención debe ser declarado judicialmente (artículo 545 del
Código de Procedimiento Civil), y si la retención recae sobre inmueble debe inscribirse en el Conservador de Bienes Raíces
(artículo 546 del Código de Procedimiento Civil).

LAS ACCIONES POSESORIAS


Las acciones posesorias tienen por objeto conservar o recuperar la posesión de bienes raíces o de derechos reales
constituidos en ellos (artículo 916).
Las acciones posesorias se llaman, también, interdictos posesorios.
La expresión interdicto, tiene, además, otras acepciones: se llama interdicto a los juicios posesorios (artículo 549 del Código
de Procedimiento Civil) y se llama interdicto a la persona declarada judicialmente tal por demencia o disipación.
La demanda en que se intenta una acción posesoria se llama querella.
Enumeración de las querellas posesorias
a) Jurídicamente sólo son acciones posesorias las querellas de amparo y de restitución;
b) Sin embargo, se acostumbra a llamar querellas posesorias a la de restablecimiento (artículos 928 del Código Civil y
549 N°3 del Código de Procedimiento Civil), a la denuncia de obra nueva, a la denuncia de obra ruinosa (artículos 930 y 932
del Código Civil y 549 N°4° y 5° del Código de Procedimiento Civil) y a otras acciones que contempla el Título IV del Libro III
del Código de Procedimiento Civil (artículo 549 N°6 del Código de Procedimiento Civil). Estos últimos se llaman “interdictos
especiales” (artículo 549, inciso final del Código de Procedimiento Civil).
De las acciones posesorias mencionadas, sólo tienen jurídicamente ese carácter las querellas de

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amparo y de restitución; la de restablecimiento cuando se reclama la posesión, también podría considerarse que tiene ese
carácter. Cuando se reclama con ella la mera tenencia, no tiene el carácter de acción “posesoria”. Tampoco lo tienen, en
estricto derecho, las denuncias de obra nueva y de obra ruinosa ni los interdictos especiales.
Sin embargo, como nuestros códigos las llaman acciones posesorias, nosotros seguiremos usando esta terminología.
Fundamento de las acciones posesorias
Las acciones posesorias tienen como principal fundamento el que los particulares no se hagan justicia por sí mismos.
También tiene como fundamento el dominio probable y presunto que tiene el poseedor y, en sentido, indirectamente protegen
el derecho de dominio.
Por último, algunas de ellas sirven para evitar la interrupción de la prescripción (artículo 2502 N°2, inciso 2°).
Naturaleza de las acciones posesorias
a) Hay autores que estiman que las acciones posesorias son personales, pues derivan de un delito o de un cuasidelito.
Otros creen que al ser la posesión un hecho y no un derecho, las acciones posesorias son reales porque se pueden hacer
valer contra cualquiera persona. Claro Solar dice que los interdictos o acciones posesorias son “in rem” y por eso pasan
contra el actual poseedor que ha adquirido la cosa de manos del usurpador a cualquier título.
b) Son acciones inmuebles porque resguardan la posesión de bienes inmuebles o de derechos reales constituidos en
ellos (artículos 916 y 580).
Los juicios posesorios y la excepción de cosa juzgada
La excepción de cosa juzgada es el efecto de las resoluciones judiciales firmes o ejecutoriadas que impide volver a discutir la
cuestión que ellas han resuelto.
Se llama cosa juzgada material o sustancial, la que impide volver a discutir lo resuelto en una sentencia, en cualquier otro
juicio.
Cosa juzgada formal es la que impide discutir lo resulto, en el mismo procedimiento en que se dictó la sentencia, pero que no
impide que se pueda hacer un procedimiento diverso.
Siempre que hay cosa juzgada material, hay cosa juzgada formal. Pero si hay cosa juzgada formal puede no haberla
material.
Como la mayor parte de los interdictos posesorios dejan a salvo las acciones ordinarias, se acostumbra a decir que las
sentencias dictadas en ellos no producen la excepción de la cosa juzgada material.
La verdad es que ello no es efectivo. Las sentencias recaídas en las querellas posesorias producen la cosa juzgada formal y
material, salvo las que resuelven las denuncias de obra ruinosa desechándola y la de obra nueva acogiéndola y las que
recaen en los interdictos especiales.
Decimos que no es efectivo que las acciones posesorias no produzcan excepción de cosa juzgada material al dejar a salvo la
acción ordinaria pues si se intenta una acción reivindicatoria, por ejemplo, la causa de pedir es distinta; en la acción
posesoria es la posesión y en la reivindicatoria el domino.
Con todo, como la cosa pedida, la posesión, es la misma en los dos juicios, ganada una querella de

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amparo o restitución, ello no significa que la posesión quede inalterable, pues puede perderse en el juicio reivindicatorio. Pero
ello no significa que la querella posesoria no produzca la excepción de cosa juzgada material.
La acción posesoria ordinaria
En la antigua legislación española que se aplicó en Chile se distinguía entre la acción posesoria interdictal y la acción
posesoria ordinaria.
La acción posesoria interdictal era una acción extraordinaria que se tramitaba en juicio sumarísimo para proteger la posesión
actual. Se refería al mero hecho de la posesión.
La acción posesoria ordinaria tenía por objeto proteger la posesión permanentemente y se tramitaba en juicio ordinario.
A pesar de que más de algún autor ha pretendido que en nuestro derecho existe la acción posesoria ordinaria, la mayor parte
de la doctrina y la jurisprudencia estiman que nuestra legislación no contempla la acción posesoria ordinaria.
Sin embargo de lo dicho, podría considerarse que la acción publiciana es una especie de acción posesoria ordinaria.

La citación de evicción en los juicios posesorios


El artículo 1837 dice que la obligación de saneamiento comprende dos objetos: amparar al comprador en el dominio y
posesión pacífica de la cosa vendida, y responder de los defectos ocultos de ésta, llamados vicios redhibitorios.
En consecuencia, si uno de los objetos de la acción de saneamiento es amparar al comprador en la posesión pacífica de la
cosa vendida, no hay duda de que si el comprador es turbado o privado de la posesión, puede citar de evicción al vendedor.
Naturalmente que ello no será posible si el derecho de citar de evicción al vendedor es incompatible con el interdicto que se
intenta. Por ejemplo, si se intenta una querella de amparo por actos del vendedor.
El dominio en los juicios posesorios
Como el objeto de las acciones posesorias es proteger la posesión, independientemente de la propiedad, en los juicios
posesorios no debe tomarse en cuenta el dominio que por una o por otra parte se alegue (artículo 923, inciso 1°).
Podrán, con todo, exhibirse títulos de dominio para comprobar la posesión, pero sólo aquellos cuya existencia pueda
probarse sumariamente, ni valdrá objetar contra ellos otros vicios o defectos que los que puedan probarse de la misma
manera (artículo 923, inciso 2°).
La acción reivindicatoria y las acciones posesorias
a) La acción reivindicatoria protege el dominio; las acciones posesorias la posesión.
b) La acción reivindicatoria puede ser mueble o inmueble según sea la cosa reclamada; las acciones posesorias son
siempre inmuebles porque sólo protegen los inmuebles.
c) Por medio de ambas acciones se puede reclamar y recuperar la posesión;

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d) La causa de pedir en la acción reivindicatoria es el dominio; en las posesorias la posesión.
e) La causa reivindicatoria se tramita en juicio ordinario; las acciones posesorias tiene una tramitación especial.
f) El plazo de prescripción es distinto en la acción reivindicatoria y en las acciones posesorias.
Cosas que se protegen con las acciones posesorias
Sólo pueden ser objeto de acciones posesorias los bienes raíces o los derechos reales constituidos en ellos
(artículo 916), que también son bienes raíces.
Además, el bien raíz (su dominio) o el derecho real constituido en él, debe poder ganarse por prescripción.
En consecuencia, las servidumbres inaparentes o discontinuas no pueden ser objeto de acciones posesorias (artículos 917 y
882).
El derecho real de herencia, que no es mueble ni inmueble, no puede protegerse con acciones posesorias.
Los bienes nacionales de uso público que no son susceptibles de posesión privada ni de prescripción, tampoco pueden
protegerse con acciones posesorias.
Nuestra jurisprudencia estima que la “concesión” es un derecho real porque se ejerce sobre una cosa directamente y sin
respecto o determinada persona. En consecuencia, puede ser protegida por acciones posesorias.
En otros países los autores discuten sobre la procedencia o improcedencia de las acciones posesorias respecto de las
servidumbres discontinuas o inaparentes cuando tiene su origen en un título. En nuestro país esa discusión no puede tener
lugar dados los categóricos términos del artículo 917.

Quienes pueden intentar acciones posesorias


a) El poseedor de un inmueble o de un derecho real inmueble que pueda ganarse posprescripción, si ha estado en
posesión tranquila y no interrumpida por un año completo, puede integrar acciones posesorias (artículos 916 y 918).
El referido poseedor puede ser dueño del inmueble o del derecho, o puede ser poseedor no dueño del referido inmueble o
derecho.
b) El mero tenedor, como no es poseedor, por regla general no puede intentar acciones posesorias. Sin embargo,
puede intentar la querella del restablecimiento (artículo 928).
c) El usufructuario, el usuario y el que tiene derecho de habitación, son dueños y poseedores de sus respectivos
derechos de usufructo, uso y habitación, y como tales, si concurren los otros requisitos, pueden ejercer acciones posesorias,
aún contra el propietario mismo.
El propietario debe auxiliarlos contra todo turbador o usurpador extraño, siendo requerido al efecto (artículo 922, inciso 1°).
El usufructuario, el usuario y el habitador, en cambio, sólo son meros tenedores de la cosa, y como tales no pueden intentar
acciones posesorias para proteger la posesión de la cosa misma.
El inciso 2° del artículo 922 expresa que las sentencias obtenidas contra el usufructuario, el usuario o el que tiene derecho de
habitación, obligan al propietario; menos si se tratare de la posesión del dominio de la finca o de derechos anexos a él: en
este caso no valdrá la sentencia contra el propietario que no haya intervenido en el juicio.
d) El comunero puede, sin la concurrencia de los otros comuneros, entablar acciones posesorias, pues se trata de un
acto de conservación que puede ser realizado por cualquiera de los comuneros.
e) El heredero tiene las mismas acciones posesorias que tendría su autor, si viviese (artículo 919).

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Para algunos autores el artículo señalado contradice la intransmisibilidad de la posesión que consagra nuestro código.
Otros piensan que la posesión, como situación de hecho, es intransferible y que comienza en el heredero, pero que son
transmisibles las ventajas de la posesión y las acciones que la protegen.
Requisitos necesarios para intentar una acción posesoria
a) Posesión tranquila y no interrumpida por un año completo (artículo 918);
b) Haber sido privado de la posesión o haber sufrido una molestia o embarazo en ella, e
c) Intentar la acción ante de que venza el plazo que la ley señala.
Posesión tranquila y no interrumpida
a) Posesión tranquila es la que se ejerce sin violencia, clandestinidad y sin que le sea disputada al poseedor.
b) Posesión ininterrumpida es la que no ha sufrido ninguna interrupción natural o civil (artículo 2501).
¿Cómo se cuenta el año de posesión tranquila y no interrumpida?
Ese plazo se cuenta hacia atrás desde la fecha del despojo, molestia o embarazo.
Para computar el año referido, el poseedor puede añadir a su posesión la de una serie no interrumpida de antecesores
(artículos 920, inciso final, 717, 718 y 719).
Despojo de la posesión, molestia o embarazo de la misma
a) Despojo es la privación injusta, total o parcial de la posesión (artículo 926).
b) Molestia o embarazo es todo hecho o acto que, sin despojar de la posesión, impide al poseedor ejercerla
tranquilamente. La molestia es lo mismo que turbación de la posesión (artículos 920 y 921).
Los actos inminentes o que tienden al despojo son de turbación o embarazo.
En el acto de molestia o embarazo no interesa la buena o mala fe del que lo ejecuta. La molestia o embarazo pueden ser de
hecho o de derecho.
Constituyen turbaciones de hecho los hechos materiales contrarios a la posesión. Por ejemplo, introducir ganado en un
predio ajeno; poner un candado en la puerta por donde se ejercita una servidumbre de tránsito
Turbaciones de derecho son actos jurídicos que importan inequívocamente una pretensión contraria a la posesión ajena.
Por ejemplo, gestiones para inscribir un título sobre un inmueble poseído por otro.
Plazo en que deben intentarse las acciones posesorias
a) Las acciones que tienen por objeto conservar la posesión, prescriben en un año completo, contado desde el acto de
molestia o embarazo inferido a ella (artículo 920, inciso. 1°).
Según la jurisprudencia, esta prescripción se interrumpe con la presentación de la querella, no con su notificación.
Si la molestia o embarazo no consiste en un hecho sólo sino varios que constituyen diversas molestias, el plazo de
prescripción se cuenta respecto de cada acción posesoria posible de intentar desde la correspondiente molestia o embarazo.
Si la molestia es siempre la misma pero reiterada; por ejemplo, un minero deja todos los días sus

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minerales en terreno de su vecino, para algunos autores el plazo de prescripción se cuenta desde el primer hecho que turba
la posesión.
Claro Solar estima que el plazo de prescripción se cuenta desde el último acto de molestia o embarazo que ha
experimentado el poseedor de parte del turbador116.
Encontramos discutible la facultad de suprimir la expresión “primer” que hizo la Comisión aludida y los artículos de los
Proyectos la contenían. Sin embargo, encontramos más conforme con la justicia lo sostenido por Claro Solar.
Si se trata de una sola molestia producida por un hecho continuado, el plazo de prescripción se contará desde el hecho que
embarazó la posesión ajena.
b) Las acciones que tienen por objeto recuperar la posesión, expiran al cabo de un año completo contado desde que el
poseedor anterior la ha perdido (artículo 920, inciso 2°).
Si la nueva posesión ha sido violenta o clandestina, se contará este año desde el último acto de violencia, o desde que haya
cesado la clandestinidad (artículo 920, inciso 3°).
¿Contra quiénes se puede intentar acciones posesorias?
a) Contra el que despojó de la posesión a otra persona o le turbó o embarazó en ella. Es lo corriente;
b) Contra el heredero del autor del embarazo o despojo (artículo 919);
c) Contra toda persona, cuya posesión derive del usurpador por cualquier título (artículo 927, inciso 1°).
Pero no serán obligados a la indemnización de perjuicios, sino el usurpador mismo, o el tercero de mala fe; y habiendo varias
personas obligadas, todas lo serán insólidum o solidariamente (artículo 927, inciso 2°).
Acción criminal contra el usurpador
El artículo 929 expresa que los actos de violencia cometidos con armas o sin ellas, serán además castigados con las penas
que por el Código Penal castiga el delito de usurpación en los artículos 457 a 462.
Acciones posesorias entre comuneros
Entre comuneros no hay inconveniente para ejercitar las acciones posesorias siempre que alguno de ellos pretendiéndose
dueño o poseedor exclusivo, despoje de la posesión a los otros. Hay jurisprudencia en contra.
Acciones posesorias contra la autoridad
Aunque no todos están de acuerdo, la mayoría de los autores y la jurisprudencia aceptan que la autoridad puede ser sujeto
pasivo de una acción posesoria cuando ordenan o ejecutan un hecho que despoje de la posesión o la turbe.
Objeto de las acciones posesorias
El objeto de las acciones posesorias en la posesión. En los juicios posesorios no se tomará en cuenta el dominio que por una
parte o por otra parte se alegue (artículo 923, inciso 1°).
Podrán, con todo, exhibirse títulos de domino para comprobar la posesión, pero sólo aquellos cuya existencia pueda probarse
sumariamente, ni valdrá objetar contra ellos otros vicios o defectos, que lo puedan probarse de la misma manera (artículo
923, inciso 2°).
De acuerdo al artículo 590, el Estado es dueño de todas las tierras que estando situadas dentro de los límites territoriales
carezcan de otro dueño. Si el Estado está en posesión de las tierras, puede invocar la ley como medio de prueba. Si no está
en posesión, no puede invocar el artículo 590.
Los artículos 921 y 926 permiten al que intenta una acción posesoria cobrar perjuicios. El Código de Procedimiento Civil no
se pronuncia sobre el procedimiento respectivo.
Se ha debatido entre nuestros autores sobre si los perjuicios pueden cobrarse en el mismo juicio posesorio o en otro diverso,
de lato conocimiento, inclinándose la mayoría de ellos por esta segunda posición. La jurisprudencia ha sido contradictoria.
Sin embargo, el artículo 563 del Código de Procedimiento Civil dice que cualquiera sea la sentencia, queda siempre a salvo a
los que resulten condenados el ejercicio de la acción ordinaria que corresponda con arreglo a derecho, pudiendo
comprenderse en dicha acción el resarcimiento de las costas y perjuicios que hayan pagado o que se les haya causado con
la querella. Es decir, parece desprenderse de la disposición citada la posibilidad de cobrar los perjuicios en el mismo
procedimiento posesorio.
La prueba en las acciones posesorias
En las acciones posesorias debe probarse por el querellante:
a) Que personalmente o agregando la de sus antecesores, ha estado en posesión tranquila y no interrumpida, durante
un año completo, del derecho en que pretende ser amparado;
b) Que se le ha tratado de turbar o molestar su posesión o que el hecho se le ha turbado o molestado por medio de
actos que expresará circunstanciadamente;
c) Si la querella es de restitución, expresará que ha sido despojado de la posesión por medio de actos que indicará
clara y precisamente;
d) Si la querella es de restablecimiento, expresará, la violencia con que ha sido despojado de la posesión o mera
tenencia en que pretende ser restablecido (artículo 551 del Código de Procedimiento Civil).
El peso de la prueba corresponde, naturalmente, al querellante, quien deberá también expresar en la querella los medios
probatorios en que intenta valerse (artículo 551, inciso 3° del Código de Procedimiento Civil).
La prueba de posesión
Respecto de la prueba de posesión el código contiene dos disposiciones que han dado lugar a diversas teorías; son los
artículos 924 y 925.
Dice el artículo 924: “La posesión de los derechos inscritos se prueba por la inscripción y mientras ésta subsista, y con tal que
haya durado un año completo, no es admisible ninguna prueba de posesión con que se pretenda impugnarla”.
Por su parte, el artículo 925 expresa: “Se deberá probar la posesión del suelo por hechos positivos,
que aquellos a que sólo da derecho el dominio como el corte de maderas, la construcción de edificios, la de cerramientos, las
plantaciones o cementeras, y otros de igual significación, ejecutados sin el consentimiento del que discuta la posesión”.
Hay autores que estiman que el artículo 924 se aplica a todos los derechos reales inmuebles que requieren de inscripción
menos al de dominio que, por estar materializado en el respectivo inmueble, se confundirá con él y su prueba estaría regida
por el artículo 925.
Otros creen que el artículo 924 se aplica a los inmuebles inscritos y el artículo 925 a los inmuebles no inscritos.
La jurisprudencia y la doctrina aceptan, actualmente, que el artículo 925 se aplica en ciertos casos a los inmuebles inscritos.
Esos casos son:
a) Inmuebles cuya inscripción ha durado un año completo. La posesión anterior, que no fue inscrita, se prueba con
arreglo al artículo 925;
b) Inmuebles con inscripción paralela vigente. Este caso sólo tiene aplicación para los que creen en la inscripción que
sólo cancela la anterior es la que emana del poseedor inscrito. No se aplicaría según lo que creen que cualquier inscripción
cancela la anterior;
c) Inmuebles cuyos deslindes aparecen confundidos o mal determinados en sus títulos inscritos;
d) Inscripciones de papel. Este caso se aplicaría cuando hace la primera inscripción de inmuebles que antes no estaban
inscritos. Hay algunos autores y fallos que han extendido este caso a todas las inscripciones, aunque no se trate de la
primera.
Por último, hay quienes piensan y creemos con razón, que el artículo 925 se aplica a los inmuebles inscritos cuando la
posesión no deriva de un título translaticio de dominio, cuando no requiere inscripción. Estos casos serían el de la sucesión
por causa de muerte y el de la accesión.
En la sucesión por causa de muerte, si el heredero intenta la acción que tendrá su autor de acuerdo al artículo 919, le
bastaría con probar la posesión del causante mediante la inscripción. Pero si quiere intentar una acción posesoria por ser él
el poseedor, tendría que probar su posesión, si no se ha hecho la inscripción especial de herencia, de acuerdo con lo
dispuesto en el artículo 925.
Hacemos presente que la jurisprudencia ha restringido la aplicación del artículo 924 a los inmuebles que necesitan inscripción
para transferirse no a los voluntariamente inscritos, como las servidumbres.
Por último, hacemos presente que la presunción que se contempla en el artículo 924 es absoluta en el sentido de que no
puede oponerse a la inscripción la posesión a que se refiere el artículo 925. Pero no lo es en el sentido de que a una
posesión inscrita puede oponerse otra posesión inscrita.
Prueba de la molestia, embarazo o despojo de la posesión
Estos hechos pueden probarse por cualquier medio probatorio.
Las acciones posesorias comunes u ordinarias
Son las que trata el código en el Título XIII del libro II. Las acciones posesorias especiales las trata en el Título XIV.
Las acciones posesorias comunes son la querella de amparo y la de restitución. La querella de restablecimiento no es
jurídicamente una acción posesoria.
Las querellas de amparo y de restitución
Querella de amparo.
Es la que tiene por objeto conservar la posesión de bienes raíces o de derechos reales constituidos en ellos (artículos 916 y
921 del Código Civil y 549 N°1 e inciso final del Código de Procedimiento Civil).
Por medio de ella el poseedor puede pedir que no se le turbe o embarace su posesión. Procede cuando se ha tratado de
turbar o embarazar la posesión y cuando de hecho se ha turbado o embarazado (artículos 951 del Código Civil y 551 N°2 del
Código del Procedimiento Civil).
Querella de restitución.
Es la que tienen por objeto recuperar la posesión de bienes raíces o derecho reales constituidos en ellos cuando el poseedor
ha sido injustamente privado de ella (artículos 916 y 926 del Código Civil y 549 N°2 y 551 inciso penúltimo del Código del
Procedimiento Civil).
El intento de despojo del a posesión es una turbación o molestia contra la que procede la querella de amparo.
Si una persona es privada de la posesión de parte de un inmueble y es turbada o embarazada en la otra parte, pueden
intentarse ambas querellas conjuntamente porque no son incompatibles.
Peticiones que se pueden hacer en las querellas de amparo y de restitución.
Además de pedirse que se restituya la posesión o que no se turbe o embarace, se puede pedir la indemnización de
perjuicios.
Hacemos presente que no todos están de acuerdo en que los perjuicios puedan cobrarse en el mismo procedimiento de la
querella.
Las acciones que deben contener las querellas de amparo y de restitución están el artículo 551 del Código del Procedimiento
Civil.
En la querella de amparo se puede pedir que se den seguridad contra el que fundadamente se teme (artículo 921)
Persona obligadas a indemnizar los perjuicios en las querellas de amparo y de restitución
La indemnización de perjuicios, en la querella de restitución la deben el usurpador y el tercero cuya posesión se derive el
usurpador siempre que esté de mala fe.
En la querella de amparo la deben la persona o persona que turbe o trate de turbar o embarazar la posesión.
En ambas querellas si varios son obligados a la indemnización, son solidariamente responsables (artículos 927, inciso 2°)
Reserva de acciones ordinarias
De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 563 del Código del Procedimiento Civil, cualquiera que sea la sentencia, queda
siempre a salvo a los que resulten condenados al ejercicio de la acción ordinaria que corresponda con arreglo a derecho,
pudiendo comprenderse en dicha acción el resarcimiento de las costas y perjuicios que hayan pagado o que se les haya
causado con la querella.
No será admisible ninguna otra demanda que tienda a enervar lo resuelto en el interdicto.
La querella de restablecimiento
También conocida como querella de despojo violento es la que tiene por objeto el restablecimiento en la posesión o mera
tenencia de los bienes raíces o derechos reales constituidos en ellos, cuando dicha posesión o mera tenencia hayan sido
violentamente arrebatadas (artículos 928 del Código civil y 549 N°3 del Código del Procedimiento Civil).
Naturaleza jurídica.
Vimos en su oportunidad que la mayoría de los autores estiman que las acciones posesorias son acciones reales.
Sin embargo, también la mayoría de los autores consideran que la querella de restablecimiento no lo es, sino que es una
acción personal que tiene por objeto asegurar la paz social impidiendo que las personas se hagan justicia por si mismas.
Por eso se concede al poseedor o mero tenedor violento o clandestino al que se pretende despojar de la cosa por medio de
la violencia.
Por eso se concede al que sólo es mero tenedor.
El código parece darle el carácter de personal y no considerarla acción posesoria al decir que la concede al que no pudiere
instaurar “acción posesoria” (artículo 928).
Sin embargo, el hecho de poder instaurar acción posesoria no impide el ejercicio de la querella de restablecimiento.
Requisitos para que proceda la querella de restablecimiento.
1º Haber sido despojado de la posesión o de la mera tenencia; 2º Que el despojo haya sido violento.
No es requisito de la querella de restablecimiento el haber poseído o haber sido mero tenedor por determinado tiempo.
El despojo violento.
La violencia puede consistir no sólo en hechos materiales para vencer la resistencia del querellante sino en intimidaciones o
amenazas que eviten esa resistencia.
Las amenazas deben ser graves y esto es una cuestión de hecho que debe resolver el juez. La violencia debe consistir en
hechos ilícitos, arbitrarios.
La violencia puede dirigirse contra el inmueble o contra el poseedor o mero tenedor.
¿Contra quién puede intentarse la querella de restablecimiento?
A diferencia de la querella de restitución que puede dirigirse no sólo contra el que efectuó ese despojo sino contra toda otra
persona cuya posesión derive del usurpador, la querella de restablecimiento sólo puede dirigirse contra el autor del despojo
violento pues se trata de una acción personal.
En consecuencia, no puede dirigirse contra el que derivó la tenencia o posesión del despojador violento. Si se pretende, en
este caso, recuperar la posesión habrá que intentar la querella de restitución; si se pretende recuperar la mera tenencia,
habrá que pedirle al poseedor que intenta la querella de restitución y dé la mera tenencia al que le fue despojada.
En todo caso, la acción de perjuicios procede contra el despojador (artículo 728, inciso 2º).
Hacemos presente que hay jurisprudencia que estima que por la naturaleza de esta querella no procede cobrar perjuicios en
ella sino sólo pedir que se aseguren para cobrarlos por la vía ordinaria.
La querella de restablecimiento, dada su naturaleza. Procede contra el propietario poseedor de la cosa si despojan
violentamente al poseedor o mero tenedor de la cosa.
Procede contra las autoridades administrativas que no actúan en el ejercicio de sus atribuciones. Por último, procede entre
comuneros.
Cosas que pueden protegerse con la querella de restablecimiento.
Además de los inmuebles y derechos reales constituidos en ellos, hay autores que estiman que la querella de
restablecimiento procede respecto de los inmuebles que no pueden ganarse por prescripción. Dan las razones siguientes:
- Es ilógico aplicar lo dispuesto en el artículo 917 a la querella de restablecimiento que se concede, incluso, al
mero tenedor;
- El artículo 928 dice que se concede la querella de restablecimiento al que por cualquier causa no pudiere
instaurar una acción posesoria;
- Si no es una acción posesoria, no se le aplicaría el artículo 917.
En cuanto a las servidumbres, la querella de restablecimiento, en principio, no procede ya que no se puede despojar
violentamente del derecho de servidumbre, se puede turbar o embarazar. Sin embargo, procedería si violentamente se
despojara de las obras aparentes por las que se ejerce la servidumbre; por ejemplo, si se destruyen violentamente esas
obras. Naturalmente que el querellante debe pedir el restablecimiento en las obras aparentes no en la servidumbre misma.
Plazo en que debe intentarse la querella de restablecimiento.
El derecho a pedir el restablecimiento en la posesión o en la mera tenencia prescribe en seis meses (artículo 928, inciso 1º
parte final).
Reserva de acciones.
El Artículo 928, inciso 2º establece que restablecidas las cosas, y asegurado el resarcimiento de daños, podrán intentarse por
una u otra parte las acciones posesorias que correspondan.
Por su parte, el artículo 564 del Código de Procedimiento Civil dice que la sentencia pronunciada en la querella de
restablecimiento deja a salvo a las partes, no sólo el ejercicio de la acción ordinaria en conformidad al artículo 563, sino
también el de las acciones posesorias que les correspondan.
Es decir, la reserva lo es respecto de las querellas de amparo y restitución y de la acción ordinaria que proceda (artículo 563,
inciso 1º del Código de Procedimiento Civil).
Lo dispuesto en el inciso 2º del artículo 563 del Código de Procedimiento Civil es sin perjuicio de lo dispuesto en su inciso 1º
y en el artículo 564 del mismo Código.
Ya hemos visto que lo dicho no constituye alteración de los principio de la cosa juzgada pues en las acciones que después se
intente o es distinta la cosa pedida o lo es la causa de pedir.
Los inmuebles no inscritos y las acciones posesorias
Veremos diversos problemas que se presentan con las acciones posesorias en relación con los inmuebles no inscritos.
a. Si un tercero turba la posesión no inscrita mediante actos materiales, el poseedor puede intentar la querella de
amparo (artículo 921 del Código Civil y 549 Nº1 del Código de Procedimiento Civil).
b. Si un tercero despoja al poseedor no inscrito de su posesión pero no la inscribe a su nombre, el poseedor no
inscrito puede intentar la querella de restitución (artículos 926 del Código Civil y 549 Nº2 del Código de Procedimiento Civil).
Si el despojo ha sido violento puede intentar la querella de restablecimiento (artículos 928 del Código Civil y 549 Nº 3 del
Código de Procedimiento Civil).
c. Si un tercero, sin despojar al poseedor no inscrito, pretende inscribir el inmueble a su nombre, el poseedor no
inscrito puede oponerse a ello intentando la querella de amparo ya que es turbado en su
posesión. La inscripción que se pretende hacer es de papel y según la jurisprudencia no es prueba, requisito ni garantía de la
posesión.
d. Si un tercero practica la inscripción a su nombre pero no despoja de la posesión material al poseedor no inscrito, la
mayor parte de los autores y de la jurisprudencia estiman que la referida inscripción de papel no hace perder la posesión al
poseedor no inscrito, y, en consecuencia, este poseedor puede intentar la querella de amparo ya que ve turbada su posesión.
e. Si el tercero practica la inscripción y, además, logra la tenencia material del inmueble, el poseedor no inscrito sólo
puede intentar la querella de restitución mientras el poseedor inscrito no haya cumplido un año de posesión, y pedirá la
devolución de la cosa y la cancelación de la inscripción (artículos 925 y 926).
En este caso y los anteriores si se recupera la posesión se entiende no haberse perdido jamás (artículos 731 y 2502).
Además, de todo lo dicho podría intentarse la acción publiciana cuando fuere procedente (artículo
849).
Las acciones posesorias y los inmuebles inscritos
En este párrafo analizaremos algunos de los problemas que se presentan respecto de los inmuebles
inscritos y las acciones posesorias.
a. Si un tercero pretende inscribir a su nombre un inmueble ya inscrito, el poseedor inscrito puede intentar la querella
de amparo porque es turbado en su posesión.
Si ha transcurrido más de un año de la turbación, la acción que deberá intentarse para impedir la turbación sería una acción
innominada.
b. Si un poseedor inscrito es privado de la posesión materia hay autores que creen que no procede la querella de
restitución ya que conserva su posesión. Creen que procedería la querella de amparo porque es turbado en su posesión.
Otros creen que sólo procede la querella de restablecimiento ya que la posesión la conservaría el poseedor y no sería
turnado en ella sino sólo despojado de la mera tenencia. Si han transcurrido mas de seis meses sólo procedería una acción
innominada para recuperar la tenencia de la cosa, o la acción de precario del Artículo 2195.
Por último hay quienes han estimado que la tenencia es un elemento de la posesión inscrita, que si se pierde da derecho
para intentar la querella de restitución.
En nuestro concepto la doctrina más acertada es la primera sin perjuicio de encontrar procedente además, otras acciones
mencionadas, como la de precario.
ACCIONES POSESORIAS ESPECIALES
Son las tratadas en el Título XIV del Libro II, concretamente, la denuncia de obra nueva, la denuncia de obra ruinosa y otras
que no tienen nombre específico.
Naturaleza jurídica de las acciones posesorias especiales.
No son verdaderas acciones posesorias pues no se refieren a la posesión sino al ejercicio del derecho de dominio y
establecen limitaciones a ese ejercicio.
Características de las acciones posesorias especiales.
a. Para intentar las acciones posesorias especiales no se requiere tiempo alguno de posesión anterior.
b. No tendrán lugar contra el ejercicio de servidumbres legítimamente constituidas (artículo 947). Es natural que al
dueño del predio sirviente no pueda tratar de impedir la servidumbre, constituida legalmente, mediante una querella
posesoria;
c. Si se refieren a una obra perteneciente a muchos o si el daño sufrido o temido perteneciere a muchos, puede
intentarse, en el primer caso, la denuncia o querella contra todos juntos o contra cualquiera de ellos, y cada uno, en el
segundo, tendrá derecho para intentar la denuncia o querella por sí solo, en cuanto se dirija a la prohibición, destrucción o
enmienda de la obra.
Pero la indemnización a que por los daños recibidos hubiere lugar en el primer caso, se repartirá entre todos por igual, sin
perjuicio de que los gravados con esta indemnización la dividan entre sí a prorrata de la parte que tenga cada uno en la obra.
Pero ninguno podrá, en el segundo caso, pedir indemnización sino por el daño que él mismo haya sufrido, a menos que
legitime su personería relativamente a los otros (artículo 946).
Para entablar una querella posesoria especial no es necesario haber estado en posesión tranquila e ininterrumpida
de la cosa por un año completo
Dicho requisito está en el artículo 918 que no es aplicable a las acciones posesorias especiales considerando su ubicación en
el Código y la naturaleza de estas acciones.
Con las acciones posesorias especiales se pretende la conservación provisional del estado de cosas existente al intentarlas.
Por ello, basta la posesión actual de la cosa y la perturbación que hace procedente la acción.
LA DENUNCIA DE OBRA NUEVA
Es la acción que tiene por objeto la suspensión de los trabajos de una obra nueva, comenzados o a punto de comenzarse, a
fin de prevenir un daño, hasta que en el juicio que corresponda se resuelva sobre el derecho a continuar o no la obra.
Concepto de obra nueva.
Para nuestro derecho son obras nuevas todas las cosas que no existían y que se están haciendo o pretenden hacerse, pero
que no están concluidas (artículos 252 del Código de Aguas y 565 y siguientes del Código de Procedimiento Civil).
El Código Civil no da una definición de las obras nuevas pero señala, en forma no taxativa, algunas que son denunciables y
otras que no lo son.
No son denunciables las obras necesarias para precaver la ruina de un edificio, acueducto, canal, puente, acequia, etc., con
tal que en lo que puedan incomodar se reduzcan a lo estrictamente necesario, y que, terminadas se restituyan las cosas al
estado anterior, a costa del dueño de las obras (artículo 930, inciso 2°).
Tampoco son denunciables los trabajos conducentes a mantener la debida limpieza en los caminos, acequias, cañerías, etc.
(artículo 930, inciso 3°).
Según el artículo 931 son obras nuevas denunciables las que construidas en un predio sirviente embarazan el goce de una
servidumbre constituida en él; las construcciones que se trata de sustentar en edificio ajeno que no está sujeto a tal
servidumbre; toda obra voladiza que atraviesa el plan vertical de la línea divisoria de dos predios, aunque no se apoye sobre
un predio ajeno, ni dé vista, ni vierta aguas lluvias sobre él (artículo 931).
Según la jurisprudencia son obras nuevas no sólo las que resulten adheridas fijamente al suelo sino aquellas en que se
emplean elementos transportables, por ejemplo, un cobertizo de madera, una canoa;
también lo son las obras de que no resultan edificios, como un trabajo de excavación, perforación o demolición.
Como decíamos, para que proceda la denuncia de obra nueva es necesario que los trabajos no estén concluidos. Si lo están,
procede un interdicto especial o la querella de amparo, en su caso.
Pero no es preciso que los trabajos se hayan principiado. El artículo 930 se refiere a toda obra nueva que se trate de
construir. El artículo 549 N° 4 se refiere a impedir una obra nueva.
Tampoco interesa si los trabajos están muy avanzados. Basta que no estén concluidos.
Predios en que puede estar la obra nueva.
La obra nueva puede estar en el predio de que es poseedor el denunciante. También pueden estar en el predio del
denunciado si la obra embaraza el goce de una servidumbre (artículo 930 y 931).
Naturaleza jurídica de la denuncia de obra nueva.
Para algunos es una verdadera acción posesoria cuya curiosidad está en que protege una turbación
eventual de la posesión.
Para otros no es acción posesoria ya que su finalidad es esencialmente cautelar porque protege una turbación o daño
eventual.
Tramitación y partes en la denuncia de obra nueva.
La tramitación y partes en la denuncia de obra nueva está en los artículos 565 a 570 del Código de Procedimiento Civil.
Pueden ser demandantes en la denuncia de obra nueva, los dueños o poseedores de los inmuebles perjudicados con la obra
nueva, el titular de una servidumbre cuyo goce embarace la obra nueva y, además, la Municipalidad y cualquier persona del
pueblo, a favor de los caminos, plazas u otros lugares de uso público (artículos 930, 931 y 948).
Estimamos que también son titulares de la acción para denunciar una obra nueva el usufructuario, el usuario y el habitador de
un inmueble perjudicado con la obra nueva porque son dueños o poseedores de sus respectivos derechos, y esto aunque el
código no reproduzca la norma que contenía el Proyecto de 1853 y que reconocía este derecho.
Demandado en la denuncia de obra nueva debe ser dueño de la obra, es decir, el que encargó su ejecución. Pero para que
se suspenda la obra no es necesario notificarle a él la demanda, basta que la notificación se haga al que está dirigiendo o
ejecutando la obra (artículo 566 del Código de Procedimiento Civil).
No vemos inconveniente para que entre comuneros proceda la denuncia de obra nueva si la obra perjudica el goce de los
otros comuneros. Hay jurisprudencia en contra.
Requisitos de la denuncia de obra nueva.
1° Intento de construir una obra nueva denunciable;
2° Posesión del predio o del derecho (servidumbre, usufructo, uso o habitación) que la obra nueva perjudica. En este caso no
es necesario, como ya lo vimos, la posesión de un año;
3° Que la denuncia se haga dentro del año en que se iniciaron las obras (artículo 950, inciso 3°). El plazo se cuenta desde
que se iniciaron las obras porque si se contara desde que se terminaron no se trataría de una obra nueva denunciable sino
una obra terminada, que habría que atacar por la vía de la querella de amparo si aún no termina el plazo de un año (artículo
950, inciso 3°).
Hay que tener presente que con la denuncia de obra nueva se pide la suspensión de la obra, la que no procedería si
estuviera terminada (artículo 565 del Código de Procedimiento Civil).
Reserva de acciones.
En la denuncia de obra nueva la sentencia ratificará la suspensión provisional decretada o mandará alzarla. Sea cual sea el
fallo se dejan a salvo, en todo caso, al vencido el ejercicio de las acciones ordinarias que le competen, para que se declare el
derecho de continuar la obra o de hacerla demoler (artículo 569, inciso 2° del Código de Procedimiento Civil).
En caso que se acoja la denuncia de obra nueva, es decir, se dé lugar a la suspensión de la obra, se produce una alteración
de las reglas generales en materia de excepción de cosa juzgada ya que puede discutirse lo mismo por la vía ordinaria,
existiendo la triple identidad que requiere la excepción de cosa juzgada. En ese caso posemos decir que la sentencia
produce cosa juzgada formal y no substancial.
Prescripción.
La denuncia de obra nueva prescribe en un año contado desde que se inician las obras (artículo 950, inciso 3°).
También prescribe en un año la acción concedida para la indemnización del daño sufrido (artículo 950, inciso 1°). Creemos
que en este caso el año se cuenta desde que se sufre el daño.

LA DENUNCIA DE OBRA RUINOSA


Es la acción que se puede ejercer para obtener la demolición, enmienda o reparación de un edificio o cualesquiera otras
construcciones vecinas que amenacen ruina, o el afianzamiento o extracción de árboles mal arraigados o expuestos a hacer
derribados por casos de ordinaria ocurrencia (artículos 932 y 935 del Código Civil y 571, inciso 1° del Código de
Procedimiento Civil).
Los objetos de la denuncia de obra ruinosa son: 1° Que se derribe el edificio vecino;
2° Que se repare el edificio si admite reparación; 3° Que se enmiende el edificio si admite enmienda;
4° Que se extraigan los árboles mal arraigados, o expuestos a hacer derribados por casos de ordinaria ocurrencia;
5° Que se afiancen los árboles mal arraigados o expuestos a hacer derribados por casos de ordinaria ocurrencia
(artículos 932 y 935 del Código Civil y 571, inciso 1° del Código de Procedimiento Civil).
Es conveniente que las peticiones se hagan unas en subsidio de otras para que el juez resuelva la que sea procedente
(artículo 572 del Código de Procedimiento Civil).
Si el daño que se teme del edificio, construcciones o árboles no fuere grave bastará que el querellado rinda caución de
resarcir todo perjuicio que por el mal estado sobrevenga (artículos 932, inciso 2° y 935)
Naturaleza jurídica.
No es una acción posesoria ya que no protege la posesión. Tiene por objeto, como lo hemos visto, proteger a las personas y
los bienes de la ruina o peligro con que los amenace un edificio, cualesquiera otras construcciones o árboles.
Si cae el edificio o el árbol, el poseedor sigue poseyendo. La denuncia de obra ruinosa no interrumpe ninguna prescripción.
Requisitos y partes en la denuncia de obra ruinosa.
1° Debe temerse la ruina, esto es la caída, total o parcial, de un edificio, construcción o árbol.
Si se teme un daño que no provenga de la caída (ruina), del edificio, construcción o árbol, no procede la denuncia de obra
ruinosa;
2° La ruina debe ser inminente, es decir, inmediata o pronta (artículo 932);
3° El inmueble que amenaza ruina debe ser vecino al del denunciante (artículos 932 y 934); 4° Debe temerse que la ruina
cause perjuicios.
Puede ser demandante no solo el dueño o poseedor del inmueble vecino al que amenaza ruina sino el mero tenedor
(arrendatario, usufructuario, etc.).
Debe demandarse al dueño del edificio, construcción o árbol que amenaza ruina (artículos 932 y 935).
También puede ser demandado el poseedor pues se reputa dueño.
Creemos que no procede entre comuneros ya que todos ellos deben contribuir a las obras y reparaciones de la comunidad
proporcionalmente a su cuota (artículo 2309).
El procedimiento de la denuncia de obra ruinosa está en los artículos 571 a 576 del Código de Procedimiento Civil. En él es
obligatoria la inspección personal del tribunal (artículo 571 Código de Procedimiento Civil).
¿Cómo se cumple el fallo del tribunal?
Si el fallo da lugar a que se derribe el edificio o construcción o se extraiga el árbol, o a que se repare el edificio o construcción
o se afiance el árbol, el demandado debe proceder a ello (artículos 932, inciso 1° y 935).
Si el demandado no lo hace, se derribará el edificio o construcción, o se extraerá o afianzará el árbol a su costa (artículos
932, inciso 1° y 935).
En el caso de hacerse la reparación por otro que el querellado, el que se encargue de hacerla conservará la forma y
dimensiones del antiguo edificio en todas sus partes, salvo si fuere necesario alternarlos para precaver el peligro. Las
alteraciones se ajustarán a la voluntad del dueño, en cuanto sea compatible con el objeto de la querella (artículos 933 y 935).
Indemnización de perjuicios.
Si notificada la querella, cayere el edificio, construcción o árbol por efecto de su mala condición, se indemnizará de todo
perjuicio a los vecinos; pero si cayere por caso fortuito, como avenida, rayo o terremoto no habrá lugar a indemnización; a
menos de probarse que el caso fortuito, sin el mal estado del edificio, no lo hubiera derribado (artículos 934, inciso 1° y 935).
Si la caída es anterior a la notificación de la querella, no habrá lugar a indemnización (artículos 934, inciso 2° y 935).
La razón por la que la ley exige notificación de la querella para que proceda la indemnización a los vecinos es que por ser
tales deben precaverse de la ruina.
Si se trata de personas que no son vecinos, fuera de la acción popular que les concede el Artículo 948 para los casos a que
él se refiere, pueden demandar perjuicios haciendo valer lo dispuesto en el artículo 2323 y en los artículos 2314 y siguientes
sobre responsabilidad delictual y cuasidelictual.
Reserva de acciones y cosa juzgada.
En la denuncia de obra ruinosa si se da lugar a la demanda no hay reserva de acciones para ejercer los mismos derechos
por la vía ordinaria (artículo 576 del Código de Procedimiento Civil).
Si no se da lugar al interdicto se produce la cosa juzgada formal pero no la substancial ya que es posible discutir lo mismo en
un juicio ordinario (artículo 576 del Código de Procedimiento Civil a contrario sensu).
Prescripción.
Las acciones dirigidas a precaver un daño (denuncia de obra ruinosa) no prescriben mientras haya justo motivo de tenerlo
(artículo 950, inciso 2°).
Sin embargo, la acción concedida para la indemnización de un daño sufrido, prescribe para siempre al cabo de un año
completo (artículo 950, inciso 1°).
Otras acciones posesorias especiales
Gran parte de las acciones posesorias especiales que trata el Código eran relativas a las aguas, materia que hoy se trata en
el Código de Aguas.

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