Apuntes Bienes
Apuntes Bienes
CONCEPTO DE “COSA”
La expresión “cosa” puede tomarse como objeto de una ciencia. Desde este punto de vista, cosa es, jurídicamente, todo lo
que es o puede ser objeto de la disciplina jurídica. Tal coma las semillas son cosas para los botánicos, las realidades que
están o pueden estar jurídicamente reglamentadas son cosas para la ciencia del Derecho. Así, y aunque no usemos,
generalmente, el término en ese sentido, el homicidio, el arrendamiento, el matrimonio, la nación, son cosas; y la verdad es
que, así consideradas, las expresiones cosas e instituciones jurídicas se confunden. En tal sentido el Código Canónico
calificaba de res a los sacramentos, que se reglamentaban en el Libro III, titulado “de rebus”.
Considerada la cosa como institución jurídica, su contenido es muy variable ya que lo que interesa al Derecho es muy amplio
según el momento histórico o pueblo de que se trate. Por ejemplo, en otro tiempo lo laboral no era objeto de la ciencia del
derecho, y sí lo era lo relativo a la fe religiosa.
Anticipadamente no puede establecerse lo que será o no será objeto de regulación jurídica.
Sin embargo, las cosas, no son en el sentido anterior que nos interesan sino en el de objeto de relaciones jurídicas. Desde el
punto de vista jurídico positivo, cosa es todo lo que es relevante tomado en cuenta por la ley y que pueda ser objeto de
relaciones jurídicas.
COSAS Y BIENES.
Tradicionalmente las leyes y los códigos, y la doctrina y la práctica, han hablado de cosas y de bienes.
Para los romanos los bienes eran una clase de cosas. Eran aquellas cosas que podían proporcionar una ventaja o bienestar
al hombre.
Muchos autores consideran que los bienes son las cosas que produciendo una utilidad al hombre, son susceptibles de
propiedad y, al parecer, ese fue el sentido en el que los tomó Bello.
La palabra “cosa” tiene un significado objetivo en sí misma, sin considerar al sujeto, siempre que sea jurídicamente relevante.
La palabra “Bien”, por el contrario, da a entender la idea de interés, de utilidad, y, por consiguiente, se refiere al sujeto.
La palabra “cosa" tiene un contenido objetivo, la palabra “bien" tiene una referencia subjetiva. Se trata sólo de dos puntos de
vista ya que la noción de cosa coincide con la de bien desde una apreciación jurídica (esto es, sin considerar la apropiabilidad
de los bienes). Recordemos que entre las características de la noción jurídica de cosa está la de que proporcione o pueda
proporcionar una utilidad cualquiera al hombre.
Por esa razón, porque la noción de cosas se refiera a un aspecto objetivo en sí, y la de bien se refiere a la utilidad del sujeto,
en las leyes algunas clasificaciones se refieren más a las cosas y otras a los bienes. Se dice comúnmente cosas fungibles,
divisibles, consumibles, y no tendría mayor sentido atribuir esas cualidades a los bienes. Por el contrario, es apropiado hablar
de bienes patrimoniales y extrapatrimoniales, pues esa clasificación se relaciona con el interés. Ello no significa que no se
hable de bienes muebles e inmuebles, como lo hace nuestro código, pero entonces la expresión “bien" está tomada como
cosa, es decir, desde un punto de vista objetivo y no del interés.
La distinción que se ha hecho entre cosa y bien, en la que se considera a las cosas como objeto en el que se pueden ejercer
derechos subjetivos y a los bienes como interés que constituye el contenido del derecho subjetivo, tiene utilidad pues permite
explicar la coexistencia de varios derechos subjetivos en una misma cosa. Es perfectamente posible que sobre un mismo
predio se constituyan varias servidumbres y que, además, se dé en hipoteca. Todos los derechos mencionados coexisten
además con el derecho de propiedad y todos ellos tienen por objeto la misma cosa, pero se refieren a bienes (derechos)
diversos, es decir, a diversas utilidades que la misma cosa puede dar.
Los códigos muchas veces emplean indiferentemente las expresiones “cosas" y “bienes”.
Sin embargo, se acostumbra a llamar cosas a las entidades que no son susceptibles de propiedad, como las cosas que la
naturaleza ha hecho comunes a todos los hombres (artículo 585).
A las cosas que son susceptibles de propiedad se les llama, indistintamente, cosas o bienes. Por eso el artículo 565 dice que
los bienes son cosas corporales o incorporales y el artículo 576 dice que las cosas incorporales son derechos reales o
personales, que sin duda son bienes.
En todo caso, pensamos que las características esenciales de los bienes son su utilidad, su apropiabilidad y su delimitación
de las otras cosas.
LOS DERECHOS
Tradicionalmente se ha considerado que los derechos son cosas incorporales, porque sólo pueden percibirse
intelectualmente. No podemos percibir con nuestros sentidos un derecho de
crédito a un derecho de usufructo.
El artículo 576 dice que las cosas incorporales son derechos reales o personales.
Pero la distinción entre cosas corporales y derechos presenta una dificultad. Se trata de una clasificación que se basa en dos
criterios diversos. Cuando decimos que el fundo es cosa corporal y el usufructo incorporal, nos referimos en el primer caso a
la cosa sobre la que recae el derecho, no al derecho mismo. Por el contrario, cuando decimos que el usufructo es incorporal
nos referimos más al derecho que a la cosa. En realidad si consideramos la cosa sobre la que recae el derecho, es cosa
corporal el fundo sobre el que recae la propiedad y el usufructo; si por el contrario, consideramos al derecho, todos los
derechos son incorporales, es decir, tanto el derecho de propiedad como el de usufructo.
Esta incoherencia deriva del hecho que los romanos indicaban la cosa para designar el derecho de propiedad; decían “res
mea est" para significar la sujeción total de la cosa al propietario en vez de decir: tengo un derecho de propiedad sobre la
cosa.
Muchos autores estiman que entre “los derechos considerados como cosas no se puede considerar al derecho de propiedad,
ya que ésta tradicionalmente, se identifica con la cosa en que se ejerce. Decir tengo un derecho de propiedad sobre una cosa
es como decir que tal cosa es mía, porque está sujeta plenamente a la voluntad de propietario“.
“Por tanto, cuando se constituyen ciertos derechos, éstos tienen como objeto la cosa más bien que el derecho de propiedad.
Las servidumbres y el usufructo limitan el derecho de propiedad, pero están constituidos sobre la cosa, son iura in re, más
que derechos sobre la propiedad“.
Hacemos presente, sin embargo, que el artículo 577 menciona entre los derechos reales, que son cosas incorporales según
el artículo 576, el de dominio o propiedad.
De lo dicho anteriormente no puede concluirse que todos los derechos pueden tener como objeto solamente cosas
corporales, de manera que un derecho no pueda tener como objeto otro derecho.
“Sólo limitando el derecho subjetivo al ámbito de los derechos reales y concibiéndolos, por tanto, como poder sobre una cosa,
se puede encontrar absurdo un derecho sobre un derecho, porque parece absurdo un poder sobre un poder “.
Nuestro código, sin embargo, en su artículo 583 dice que sobre las cosas incorporales hay también una especie de
propiedad. Así, el usufructuario tiene la propiedad de su derecho de usufructo.
Pero si el derecho subjetivo se entiende en la forma amplia que siempre se le ha dado, de modo que coincida con la de
interés o facultad jurídica, no presenta dificultad admitir un derecho que se refiera a un interés que sea un derecho.
Tradicionalmente se ha entendido así, y en el lenguaje legislativo se habla de usufructo y de prenda de crédito (artículo
2389); el usufructuario puede dar en arriendo el usufructo (artículo 793), etc.
LAS ACCIONES
El artículo 577 dice que los derechos reales nacen las acciones reales y el artículo 578 dice que de los derechos
personales o créditos nacen las acciones personales. Por su parte el artículo 580 expresa que los derechos y
acciones se reputan bienes muebles o inmuebles según los casos a que dicho articulo se refiere. Es decir, considera
entre los bienes incorporales a las acciones.
Sin embargo, la acción no constituye un bien distinto del derecho que protege.
Desde un punto de vista procesal la acción es un poder autónomo que tiene por objeto obtener una determinada resolución
jurisdiccional sobre la pretensión que se hace valer aunque sea infundada.
Desde el punto de vista del derecho civil, la acción es el derecho que se hace valer en juicio para obtener que sea
reconocido, satisfecho o respetado.
El concepto correcto es el concepto procesal.
LA EXCEPCIÓN
Es toda defensa que el demandado pueda poner a la acción del demandante y que tiene por objeto enervar, destruir
la acción o corregir el procedimiento. Por ejemplo, la nulidad, el pago, la prescripción, la incompetencia del tribual,
etc.
Las excepciones admiten una clasificación fundamental que podemos desprender de la definición:
a) Perentorias, que son las que miran el fondo del pleito y tienen por objeto enervar la acción. Por ejemplo, la nulidad,
el pago;
b) Dilatorias, que son las que se refieren a la corrección del procedimiento sin afectar el fondo de la acción deducida.
Por ejemplo, la incompetencia del tribunal (artículo 303 del Código de Procedimiento Civil).
Las excepciones, también, pueden clasificarse según de que resultan y quien puede oponerles en:
a) Excepciones reales, que son las que resultan de la naturaleza de la obligación, que son inherentes a la obligación
(artículos 1520 y 2354).
Puede oponerlas cualquier persona;
b) Excepciones personales, que son las que resultan de ciertas circunstancias particulares que dicen relación con
determinadas personas. Por ejemplo, la nulidad relativa, un plazo común a todos los deudores.
Solo las personas que se encuentran en la referida situación pueden oponerlas;
c) Excepciones mixtas. Se acostumbra a dar este nombre a la compensación y a la remisión en las obligaciones
solidarias. Estas materias serán estudiadas en el curso sobre las obligaciones.
Las excepciones, por regla general, no prescriben. Sin embargo la excepción de nulidad absoluta y la rescisión o nulidad
relativa prescriben en 10 y 4 años respectivamente (artículos 1683 y 1691).
COSAS MUEBLES E INMUEBLES
Históricamente esta clasificación de los bienes y su importancia, se fundamenta en la posibilidad o imposibilidad que tienen
las cosas de transportarse de un lugar a otro, sea por fuerza propia o por una fuerza externa.
Sin embargo actualmente la ley en cuanto a la importancia de las cosas, toma en cuenta no aquel criterio físico de la
movilidad, contenido en la terminología, sino la importancia social de los bienes, de modo que aquel lenguaje resulta
convencional. Son inmuebles aquellos declarados tales por ley. La inclusión es una u otra categoría no es obra de
interpretación, sino de voluntad legislativa. Por ejemplo, los animales destinados al cultivo o beneficio de un inmueble son
inmuebles.
Cuando se dicto nuestro código la base de la fortuna eran los inmuebles y de ahí que se les diera un tratamiento especial y
se consideraran de mayor importancia.
“Hay hoy entidades, y la serie no está ciertamente cerrada, en un tiempo desconocidas o descuidadas (electricidad, agua
para el uso industrial, minería, metano, etc.) de las que la técnica moderna hace cada vez mas extensas aplicaciones hasta el
punto de que adquieren tal importancia social que hacen surgir una particular disciplina mas que su inclusión en la categoría
de los inmuebles, la cual hoy no corresponde enteramente el circulo de los bienes de mayor importancia social; ya que hay
bienes considerados muebles, que tienen importancia económica social igual, sino mayor, que los inmuebles.
Hoy resulta un contrasentido y no responde a la realidad presente el hecho de que la ley rodee a la enajenación de una
choza de especiales formas y garantías que no se requieren para la enajenación de todo un patrimonio mobiliario.
Aplicación o no aplicación de las normas que hemos analizado en los números anteriores respecto de ciertas
acciones especiales
a) Si la obligación cuyo cumplimiento se demanda comprende muebles e inmuebles, el derecho y la acción
correlativos son muebles respecto de estos e inmuebles respecto de los bienes raíces.
Sin embargo, para los efectos de la competencia de los tribunales, si se entabla una misma acción que tiene por objeto
reclamar cosas muebles o inmuebles, será el juez competente el del lugar en que estuvieren situados los inmuebles (artículo
137 del Código Orgánico de Tribunales).
b) Si la obligación es alternativa y comprende muebles e inmuebles y la elección depende del acreedor, ser mueble o
inmueble según lo sea la cosa que demande.
Si la elección es del deudor, el derecho y la acción participan del carácter de mueble e inmueble ya que el deudor puede
pagar con cualquiera de ellos.
Claro que para los efectos de la competencia, deberá ocurrirse al juez del lugar en que estén situados los inmuebles.
c) La acción resolutoria podría calificarse de mueble o de inmueble según sea el objeto del contrato cuya resolución se
pide. El objeto principal de la acción resolutoria es recobrar las cosas objeto del contrato.
d) La acción que tiene el comprador para que el vendedor le sanee la evicción, es mueble cuando tiene por objeto la
indemnización a que se refiere el artículo 1847.
También es mueble la acción de saneamiento por evicción en cuanto tiene por objeto que el vendedor asuma la defensa del
comprador, ya que tiene por objeto la ejecución de un hecho.
e) Las acciones de nulidad y rescisión serán muebles o inmuebles según sea el objeto del contrato que se pretende
anular ya que su objetivo es recuperar las cosas que son objeto de ese contrato.
f) La acción del demandante para exigir al mandatario el cumplimento de su encargo es mueble ya que tiene por
objeto la ejecución de un hecho.
Si el mandatario ha actuado a nombre propio y no del mandante, la acción para que se le entreguen las cosas a que el
encargo se refería será mueble o inmueble según lo sean esas cosas.
Las Universalidades
Se llaman universalidades algunos complejos patrimoniales resultantes de la reunión no material, como en las cosas
compuestas, sino ideal de una pluralidad de cosas homogéneas o heterogéneas, de modo que formen una entidad compleja,
que trascienda de las singulares cosas componentes, sujeta a una única denominación y a un único régimen jurídico, aun
dejando subsistente la individualidad práctica y jurídica de cada una de las cosas componentes.
La universalidad no es suma de cosas singulares sino una entidad que las trasciende, que las supera sin excluir que las
cosas singulares puedan considerarse separadamente.
El concepto de universalidad es constante. Sin embargo, las categorías de universalidades no son fijas; varían en
consideración a su función social. La herencia ha sido inmutable desde los romanos hasta nuestros tiempos. Las
universalidades tampoco están sujetas a un régimen uniforme.
Generalmente la universalidad no implica la creación de una nueva entidad que se añada o se sobreponga a las cosas
singulares que la componen; de otro modo se llegaría al absurdo de que, si yo soy propietario de un rebaño, soy propietario
de las singulares cabezas más el rebaño. “.
Sin embargo, generalmente desde el punto de vista económico, a la suma del valor de las cosas singulares que forman la
universalidad se agrega un valor mayor.
La universalidad no es un bien compuesto, como lo es una casa por ejemplo. Tampoco es universalidad un montón de
trigo.
Las universalidades presentan una vasta gama en que el mínimo es el par; por ejemplo, una yunta o tiro de animales. Lo
importante en la universalidad es el hecho de que su valoración social es distinta a la simple suma de las cosas que
la forman. Una cosa es tener dos caballos y otra un tiro de caballos. Una cantidad, aunque sea importante, de acciones es
una suma, pero el paquete de mayoría es una cosa distinta de la suma puramente aritmética de las acciones.
La esencia de la universalidad está en la unidad; por eso, la suma de dos o más cosas es siempre suma aún cuando se las
designe con una expresión comprensiva de ella, por ejemplo, una docena. En la suma el conjunto no trasciende de la suma
de cosas singulares que la componen.
Lo mismo sucede con las personas. El pueblo no es suma de personas; tampoco lo es un conjunto orquestal o teatral.
Si no se encuentra dificultad en admitir las noción de persona jurídica, como entidad que supera y no se identifica con las
personas naturales que la componen, no vemos porqué ha de encontrar dificultad el admitir el concepto de universalidad.
El máximo a que llega la noción de universalidad es la herencia, que es entidad compleja que comprende cosas
corporales e incorporales, activo y pasivo, y que, como unidad, está destinada a pasar de un sujeto a otro.
El carácter de universalidad de la herencia está reconocido por las ley en al artículo 951 que dice que se sucede una persona
difunta a título universal o a título singular. Agregando que el título es universal cuando se sucede al difunto en todos sus
bienes, derechos y obligaciones transmisibles, o en una cuota de ellos, como la mitad, tercio o quinto.
Sin pretender hacer una enumeración completa de las universalidades, que además de la herencia, reconoce nuestro código,
mencionaremos las siguientes:
a) Los rebaños y ganados (artículos 788, 1123 y 1984);
b) Los bosques y arbolados (artículos 783 y 1980);
c) Un tiro, yunta o pareja de animales (artículo 1864);
d) Un juego de muebles (artículo 1864);
e) El ajuar de una casa (artículos 574 y 1121);
f) Las colecciones científicas y artísticas (artículo 574)
Clase de Universalidades
Desde muy antiguo las universalidades de cosas se dividen en universalidades de hecho y en universalidades de derecho.
En todo caso, ellas son distintas de los bienes u objetos que las componen.
La Herencia
Podríamos definir la herencia como un derecho real que se ejerce sobre todo el patrimonio de una persona difunta o sobre
una cuota de él.
La herencia tiene una característica que la diferencia de las otras universalidades. Mientras respecto de las otras
universalidades no se forma una entidad nueva y distinta, sino que son el enfoque desde un determinado punto de vista de
las cosas que la integran, la herencia es una entidad nueva y es un derecho real.
El heredero puede ejercitar las acciones que podía ejercer el causante pero, además, tiene una acción propia, la de petición
de herencia, que protege el derecho real de herencia.
El heredero adquiere la herencia, que es un objeto distinto de los bienes que lo integran y que tiene vida propia. Puede ser
enajenado por ejemplo.
El Patrimonio
Para la mayoría de los autores el patrimonio es una universalidad de derecho y un atributo de la personalidad (véase Claro
Solar Luis, Explicaciones de Derecho Civil chileno y comparado, volumen III, tomo VI, págs. 278 y sig. Edición 1979). Para
muchos, también, es uno e indivisible como la personalidad. Es uno porque comprende todos los bienes y cargas de la
persona, y la misma persona no puede tener, por lo mismo, más que un solo patrimonio. Es indivisible, porque dada su
naturaleza incorporal, no es susceptible de división en partes materiales o de cantidad. Tampoco lo es en razón de la unidad
de la persona, y por ello no puede dividirse en varias universalidades jurídicas distintas las unas de las otras.
Sin embargo, también existen autores, como Fernando Rosas Vial, que no comparten lo anterior y que sostienen que el
patrimonio no es una universalidad de derecho.
Para fundamentar su postura, Rosas Vial argumenta lo siguiente: el patrimonio puede definirse como un conjunto de
relaciones y situaciones jurídicas de una persona, que tienen contenido económico, esto es, apreciables en dinero.
En el patrimonio se puede considerar un aspecto activo y uno pasivo.
En el activo del patrimonio están todos los bienes corporales e incorporales apreciables en dinero. Se incluyen en él las
situaciones y expectativas jurídicas apreciables en dinero; por ejemplo, la situación de poder adquirir por prescripción un
derecho, la expectativa del acreedor bajo condición suspensiva. No se consideran, en cambio, algunas situaciones de hecho
o estrictamente personales, aun cuando tengan carácter económico, cuando no se concretan en una expectativa o interés en
alguna forma tutelados por la ley. Por tanto, forma parte del patrimonio la posesión, pero no la situación de un fundo que se
beneficie por estar próximo a una carretera o a una fuente de agua.
El patrimonio no es un atributo de la personalidad. No se puede decir seriamente que tenga patrimonio un pobre que no tiene
más que andrajos. Un infante abandonado sin un bien, no tiene patrimonio.
Se ha dicho, en los casos señalados, que el patrimonio sería entonces la aptitud o posibilidad de tener bienes y obligaciones
apreciables en dinero, pero eso es la capacidad de goce.
El patrimonio no es una universalidad de derecho porque no es una unidad. Sólo adquiere ese carácter cuando se transforma
en herencia.
Como suma, y no como unidad compleja, la ley considera al patrimonio cuando dice que el deudor responde con todos sus
bienes para el pago de sus obligaciones (artículo 2465). Esto significa no que pueda procederse contra todo el patrimonio de
una persona, sino sobre todos y cada uno de los bienes que lo integran. De la misma manera se considera cuando se habla
que el padre o el guardador administran los bienes del hijo o del pupilo. En ese mismo sentido se toma en los distintos
artículos del código en que se menciona el patrimonio (artículos 1744 y 1750), salvo en los relativos a la herencia que, como
hemos dicho, es una universalidad jurídica (artículos 85 y 996, 1341, 1382).
Cosas deteriorables
En verdad corresponden a una categoría intermedia entre las cosas consumibles y las que no lo son.
Son cosas deteriorables aquellas que se destruyen por su uso, pero no en forma tan sensible como
las cosas consumibles; por ejemplo, los vestidos.
Se trata de un concepto que a veces emplea el legislador. Así, el artículo 2220 dice que por el mero depósito no se concede
al depositario la facultad de usar la cosa depositada sin el permiso del depositante. Agrega que este permiso puede a veces
presumirse y que se presume mas fácilmente en las cosas que no se destruyen sensiblemente por el uso.
En definitiva, pensamos que las cosas que hemos llamado deteriorables no son consumibles.
Crítica al artículo 575
Este articulo que se refiere a las cosas fungibles y no fungibles confunde dichos conceptos con los de consumibles
e inconsumibles. En su inciso tercero dice que las especies monetarias en cuanto parecen para el que las emplea
como tales, son cosas fungibles y debió haber dicho que por ello son consumibles. Las especies monetarias son,
además, fungibles porque son idénticas a sus iguales.
Generalmente, las cosas consumibles son fungibles.
El uso de los bienes nacionales de uso público por los particulares puede ser común o
privativo.
a) Uso común. Es el que tienen todos los habitantes en las mismas condiciones. Por ejemplo, andar por las calles. La
autoridad no puede prohibir el uso común de los bienes nacionales de uso público. Solo puede reglamentarlo (artículo 598).
El limite del uso común de los bienes nacionales de uso público por un particular, es el uso que pueden hacer de ellos los
otros particulares.
b) Uso privativo. Es el que se otorga a través de los permisos y concesiones. Importa la reserva exclusiva de una parte
del dominio público a una persona determinada.
El permiso
Es el acto unilateral de la autoridad por el que se autoriza a un particular para ocupar temporalmente y en su
beneficio un bien público. No crea derecho y es precario. Puede ser
revocado por la autoridad, sin responsabilidad para ella. Ejemplo de permiso seria autorizar a una persona para
poner en la calle un kiosco para la venta de periódicos. Siempre supone la compatibilidad con el uso del público en
general.
La concesión
Es una autorización que se otorga a un particular para ocupar, en forma privativa, a un bien público, confiriéndole
derechos sobre el bien concedido, el carácter contractual, sea en beneficio del público como del concesionario, sea
en beneficio exclusivo del concesionario
(artículo 2 D.F.L. Nº340 de 5 de abril de 1960 sobre concesiones marítimas).
a) Naturaleza jurídica de la concesión. El otorgamiento de la concesión y su régimen de funcionamiento
es un acto unilateral del estado. Pero junto con esa situación hay un contrato administrativo por el cual se crean
obligaciones y derechos entre el concesionario y la autoridad.
b) Naturaleza jurídica del derecho del concesionario. Algunos piensan que es un derecho real ya que se ejerce
sobre una cosa sin respecto a determinada persona.
Tiene importancia lo dicho ya que al considerarse que la concesión es un derecho real, el concesionario puede
intentar acciones posesorias para defender la concesión.
Hay autores que creen que sobre los bienes nacionales de uso público la concesión no es un derecho real sino que
el concesionario solo tiene derecho sobre las obras por el construidas y sobre el aprovechamiento de la cosa
publica; pero sobre esta no tiene ningún derecho real, sino
una simple tenencia.
Tratándose de bienes fiscales, los mismos autores, creen que la concesión importa un
derecho real.
c) Autoridad competente para otorgar la concesión. Dicha autoridad varia según el bien sobre que recaiga la
concesión. Normalmente será el presidente de la República, sin embargo, tratándose de bienes municipales,
corresponde concederla a la municipalidad; tratándose de las playas y terrenos de playa fiscales hasta una faja de
ochenta metros de ancho, corresponde al ministerio de
defensa (artículo 2º D.F.L. Nº340 sobre concesiones marítimas)
d) Extinción y caducidad de las concesiones y permisos. Las concesiones y permisos se extinguen por la llegada del
plazo por el que fueron concedidos; por el cumplimiento del objeto para el cual se otorgo el permiso o la concesión;
por el retiro del permiso; por el abandono de las obras; por la caducidad de la concesión, esto es, por
incumplimiento de las obligaciones del concesionario.
Sobre estas materias rigen los artículos 599 y 602 que dicen:
Artículo 599. Nadie podrá construir sino por permiso especial de autoridad competente, obra alguna sobre las calles,
plazas, puentes, playas, terrenos fiscales y además lugares de propiedad nacional.
Artículo 602. Sobre las obras que con permiso de la autoridad competente se construyan en sitios de propiedad
nacional, no tienen los particulares que han obtenido este permiso, sino el uso y goce de ellas, y no la propiedad del
suelo.
Abandonadas las obras, o terminado el tiempo por el cual se concedió el permiso, se restituyen ellas y el suelo por
el ministerio de la ley al uso y goce privativo del estado, o al uso y
goce general de los habitantes, según prescriba la autoridad soberana.
Pero no se entiende lo dicho si la propiedad del suelo ha sido concedida expresamente por
el Estado.
Hacemos presente que si el Estado concede la propiedad del suelo de acuerdo al inciso final del artículo 602, lo
enajena y para ello requiere de la ley que lo autoriza.
EL DOMINIO O PROPIEDAD
Según el artículo 582, el dominio (que se llama también propiedad) es el derecho real en una cosa corporal, para
gozar y disponer de ella arbitrariamente; no siendo contra ley o contra derecho ajeno.
Es el poder jurídico más amplio que se puede tener sobre una cosa. Cuando es completo comprende todos los otros
derechos reales.
La definición de nuestro Código, debido a la tradición romana, expresa que el dominio se ejerce sobre cosas corporales. Sin
embargo, todos los bienes, sean corporales o incorporales, pueden ser objeto del derecho de dominio. Por eso, el artículo
583 dice que sobre las cosas incorporales hay también una especie de propiedad. Así, el usufructuario tiene la propiedad de
su derecho de usufructo.
Al decir el artículo 583 que sobre las cosas incorporales hay una especie de propiedad, no ha querido significar que se trata
de una especie de derecho de dominio, de un derecho de dominio distinto al que se ejerce sobre las cosas corporales. A
usado esa expresión porque las cosas incorporales no se prestan por su naturaleza para que se ejerzan en la misma forma
que en las cosas corporales las facultades que son propias del derecho de dominio.
Todos los bienes incorporales pueden ser objeto de dominio. No solo los derechos reales sino los personales. Así el
vendedor es dueño de su derecho personal o crédito para que el comprador le pague el precio.
Características del derecho del dominio
a) Es un derecho absoluto. Esto es, su titular puede ejercer sobre la cosa de que es dueño todas las facultades
posibles y tiene poder soberano para usar, gozar y disponer ella a su arbitrio.
Sin embargo, el poder del propietario sobre la cosa esta limitado por la ley y por el derecho ajeno. Además esta
limitado por el derecho natural. No puede hacer un uso inmoral de la cosa.
Los derechos reales son especiales pues facultan a su titular para aprovecharse de una utilidad o de un conjunto de
utilidades de la cosa
b) Es un derecho exclusivo. Esto significa que supone un titular único (aunque sean muchas personas)
facultado pera usar, gozar y disponer de la cosa. Las demás personas están obligadas a respetar el ejercicio de sus
facultades.
Lo dicho no se opone a que existan sobre la cosa otros derechos reales que el titular de la propiedad debe respetar.
Tampoco se opone a la exclusividad del dominio la copropiedad o condominio pues lo que se opone a la
exclusividad del dominio es que haya dos o más derechos de propiedad independientes. En el condominio cada
comunero tiene una parte del mismo derecho de
dominio.
c) Es un derecho perpetuo. Es decir, no esta sujeto a la limitación de tiempo. Dura cuanto dura la cosa en que
se ejerce.
Solo se pierde el dominio cuando alguien, que no es el dueño, posee la cosa y la gana por prescripción adquisitiva.
Sin embargo, nosotros pensamos que la perpetuidad es una característica de la naturaleza del dominio, que puede
faltar; no es una característica de su ausencia, pus la propiedad fiduciaria puede no ser perpetua ya que esta sujeta
al gravamen de pasar a otra persona, por el hecho de verificarse una condición (artículo 733, inciso 1º).
Atributos del Dominio
Tradicionalmente se han distinguido tres atributos o facultades en el dominio: el propietario tiene la facultad de usar,
gozar y disponer de la cosa. Esos atributos o facultades corresponden al jus utendi, al jus fruendi y al jus butendi de
los romanos.
La facultad de usar la cosa consiste en servirse de ella tal cual es, sin referirse a los frutos y sin que su utilización
importe la destrucción inmediata de la cosa. Por ejemplo, habitar una casa, escribir con una lapicera.
La facultad de gozar de la cosa es la que habilita para que el dueño se apropie de sus frutos y productos, sea que
emanen de ella, como los frutos naturales; o que se obtengan con ocasión de ella, como las rentas de arrendamiento
de una casa.
La facultad de disposición es la que habilita al propietario para destruir materialmente la cosa, para consumirla, y
para desprenderse de ella.
El artículo 582 comprende las facultades de usar y de gozar en expresión “gozar” y la facultad de disponer en la
frase “disponer arbitrariamente”.
Las facultades de uso y goce se ejercen por medio de actos que no agotan la cosa o el derecho del dueño y que
pueden ser repetidos.
La facultad de disposición se lleva a efecto por medio de actos que agotan la cosa o el derecho del propietario.
Cuando los tres atributos o facultades del dominio se hallan reunido en un mismo titular, no forman mas que un todo
que es el derecho de propiedad. Esta es la propiedad plena, absoluta y completa.
Sin embargo, los referidos atributos pueden separarse y se habrá desmembrado al derecho de dominio. Se puede,
por ejemplo, conceder a un tercero la facultad de usar y de gozar de la cosa, y ese tercero será un usufructuario. Por
eso, el artículo 582 en su inciso 2 dice que la propiedad separada del goce de la cosa, se llama mera o nuda
propiedad.
De los tres atributos a que nos hemos referido, el que caracteriza al dominio es el de disposición. Los otros
derechos reales autorizan para usar y gozar de la cosa pero no para destruirla o enajenarla. El usufructuario puede
enajenar el derecho de usufructo y, en consecuencia, disponer de él, en cuanto es dueño de su derecho de
usufructo, pero no esta
autorizado para disponer de la cosa en que se ejerce el derecho de usufructo.
La facultad de disposición
Como lo hemos dicho, esta facultad comprende no solo el consumo de la cosa, entendido este consumo en un
sentido más amplio, es decir, como destrucción material de la cosa y la realización de actos físicos respecto de ella,
como su modificación física, su utilización o no utilización, sino la facultad que tiene el titular de un derecho para
desprenderse de el, sea por actos entre vivos o por causa de muerte, sea o no a favor de otra persona. Esta ultima
forma de disposición se lleva a efecto por medio de actos jurídicos como la renuncia, el abandono y la enajenación.
La expresión “arbitrariamente“ que usa el artículo 582 al referirse a la facultad de disposición hay que entenderla
como “a arbitrio” del propietario, respetando las leyes y el derecho ajeno. No en el sentido de abusar de la cosa en
forma arbitraria.
Hacemos presente que también las facultades de usar y gozar de la cosa pueden llevarse a efecto por medio de
actos materiales y jurídicos. El propietario usará la cosa por medio de actos materiales, cuando, por ejemplo, habita
en su casa; y la usará por medio de un acto jurídico cuando le da en comodato. Gozará de ella por medio de actos
materiales cuando por ejemplo, explota su fundo; y lo gozará por medio de un acto jurídico cuando la da en
arrendamiento.
La enajenación
Es un sentido amplio enajenación es todo acto en virtud del cual se transfiere el dominio de una cosa o se
constituye un derecho real sobre ella a favor de un tercero.
En un sentido restringido, enajenación significa transferencia del dominio.
Hay artículos de nuestro código que emplean la expresión “enajenación“ en sentido amplio; ejemplo, los artículos
1464, 2387 y 2414. Otros la emplean en su sentido restringido: por ejemplo, los artículos 144, 393, 1749 y 1754.
Suspensión de la facultad de enajenar
Esta facultad que, como hemos dicho, es atributo de la propiedad, puede estar suspendida por disposición de la ley
o por la voluntad del hombre.
Casos en que la facultad de enajenar esta suspendida por disposición de la ley
a) Los derechos personalísimos, como los de uso y habitación, no pueden enajenarse (artículos 819 y 1464 Nº
2);
b) Las cosas embargadas por decreto judicial no pueden enajenarse a menos que el juez lo autorice o que el
acreedor consienta en ello (artículo 1464 Nº3);
c) Tampoco pueden enajenarse las especies sobre cuya propiedad se litiga, sin permiso del juez que conoce
del litigio (artículo 1464 Nº4).
Casos en que se suspende la facultad de enajenar Por voluntad del hombre
a) El constituyente de la propiedad fiduciaria puede prohibir su enajenación por actos entre vivos (artículo
751);
b) El donante puede prohibir la enajenación, por acto entre vivos, de las cosas donadas
(artículo 1432);
c) El constituyente podrá prohibir al usufructuario ceder su usufructo (artículo 793, inciso 3º).
Facultad y capacidad de disposición
a) La facultad de disposición es el poder para disponer de un determinado derecho, para desprenderse de él.
b) La capacidad de disposición es la aptitud legal para disponer de un derecho, libremente, sin el ministerio o la
autorización de otro. Es la capacidad de ejercicio (artículo 1445, inciso 2º).
Requisitos para que la disposición de una cosa produzca pleno efecto
a) El que dispone debe ser titular del derecho de que dispone;
b) El que dispone debe tener capacidad de ejercicio;
c) El derecho de que se dispone debe ser apto para que su titular se desprenda de él. Por ejemplo, no es apto el
derecho de uso para que el titular lo enajene a un tercero.
Renunciabilidad de la facultad de disposición
Hay una serie de disposiciones de nuestro código que desconocen el valor o los efectos de las cláusulas de no enajenar. Así,
el artículo 1126 dice que si se lega una cosa con calidad de no enajenarla y la enajenación no comprometiere ningún derecho
de tercero, la cláusula de no enajenar se tendrá por no inscrita. El pacto de no enajenar la cosa arrendada solo tiene el efecto
de facultar al arrendatario para permanecer en el arriendo hasta su terminación (artículo 1964). Los bienes gravados con
hipoteca pueden siempre enajenarse, no obstante cualquier estipulación en contrario (artículo 2415).
Hay otras disposiciones que, expresamente, permiten las cláusulas de no enajenar. El constituyente de la propiedad fiduciaria
puede prohibir su enajenación (Artículo 751). Lo mismo sucede con el donante en las donaciones entre vivos ( Artículo 1432).
El constituyente de un derecho de usufructo puede prohibir su enajenación (artículo 793, inciso 3º).
Muchos autores estiman que la facultad de enajenar es de la esencia del derecho de propiedad. Creen, en consecuencia,
que las normas que la establecen son de orden publico y que, por consiguiente, los pactos en que se renuncie a ella
adolecen de nulidad absoluta, salvo que la ley los permita.
Argumentan, además, haciendo ver que el mensaje del código así lo da a entender. Agregan que si fueran válidos esos
pactos, el legislador no habría tenido que permitirlos en algunos casos.
Para los autores a que nos estamos refiriendo, las cláusulas de no enajenar adolecen de objeto ilícito y son nulas
absolutamente por contravenir normas de orden publico, particularmente los artículos 582 y 1810.
Para otros autores, las cláusulas de no enajenar son válidas, salvo que la ley las prohíba por las razones siguientes:
a) Porque en derecho privado puede hacerse todo lo que no está prohibido por la ley;
b) El hecho de que el legislador las prohíba en ciertos casos demuestra que la regla general es que están permitidas;
c) Si el dueño puede disponer de todas las facultades del dominio al enajenar la cosa, con mayor razón podrá
disponer de alguna de ellas, como es la facultad de enajenar o disponer de la cosa. Quien
puede lo mas, puede lo menos.
d) El reglamento del Registro Conservatorio de Bienes Raíces establece en el artículo 53 Nº3 que puede inscribirse
toda prohibición referente a inmueble, sea convencional, legal o judicial que entrabe de cualquier modo el libre ejercicio del
derecho de enajenar.
Para estos autores, la contravención a la prohibición de enajenar pactada en un contrato constituye la infracción de una
obligación de no hacer cuyo incumplimiento se resuelve en indemnizar los perjuicios conforme lo prescribe el artículo 1555.
A pesar de que encontramos que ambas posiciones tienen argumentos valederos, nos inclinamos por la de los que piensan
que las cláusulas de no enajenar pueden estipularse cuando la ley no las ha prohibido y que su infracción se traduce en la de
indemnizar perjuicios por haberse incumplido una obligación de no hacer.
Clasificación de la propiedad
La propiedad puede clasificarse atendiendo a varios puntos de vista: según su extensión, según su
titular, según su objeto.
Según su extensión se clasifica en:
a) Propiedad plena, que es la que autoriza a su titular para ejercer todas las facultades del dominio (usar, gozar y
disponer).
b) Nuda o mera propiedad, que es aquella en que el titular esta despojado de las facultades de usar y gozar de la cosa
(artículo 582 inciso 2º).
c) Propiedad absoluta, es la que no esta sujeta a condición alguna en cuanto a su termino o duración.
d) Propiedad fiduciaria, es la que esta sujeta al gravamen de pasar a otra persona por el hecho de verificarse una
condición (artículo 733, inciso 1º).
Según su titular, la propiedad se clasifica en:
a) Propiedad individual, es aquella en que su titular es una sola persona.
b) Copropiedad o condominio, es la que tiene por titular a varias personas Según su objeto la propiedad se
clasifica en:
a) Civil, que es la que reglamenta el Código Civil.
b) Intelectual o industrial, que es la que está constituida por las producciones del talento o del ingenio de sus autores
(artículo 583, inciso 1º).
Esta propiedad se rige por leyes especiales. Estas leyes son la Ley Nº17.336 sobre Propiedad Intelectual;
el D.L. 958 de 1931 sobre Propiedad Industrial, modificado por el D.F.L. Nº242 de 30 de marzo de 1960 del Ministerio de
Hacienda, publicado en el Diario Oficial de 6 de abril de 1960; la Convención Internacional sobre Derecho de Autor y la
Convención Universal sobre Derecho de Autor.
Los modos de adquirir el dominio son derechos jurídicos a los que la ley atribuye la facultad de hacer nacer o traspasar el
dominio.
Distintos modos de adquirir el dominio.
Con excepción de la ley, que no es mencionada como modo de adquirir el dominio, el artículo 588 los señala y son:
a) La ocupación: que es un modo de adquirir el domino de las cosas que no pertenecen a nadie, mediante su
aprehensión material con ánimo de hacerse dueño de ellas (artículo 606).
b) La accesión: que es un modo de adquirir el dominio por el cual el dueño de una cosa pasa a serlo de lo que ella
produce o de lo que se junta a ella (artículo 643).
c) La tradición: que es un modo de adquirir el dominio de las cosas y que consiste en la entrega que el dueño de ellas
hace a otro, habiendo por una parte de facultad e intención de transferir el dominio, y por la otra la capacidad e intención de
adquirirlo (artículo 670).
d) La sucesión por causa de muerte: que es un modo de adquirir el dominio de todo o parte del patrimonio de una
persona difunta.
e) La prescripción adquisitiva: que es un modo de adquirir el dominio de las cosas ajenas por haberse poseído dichas
cosas durante cierto lapso de tiempo y concurriendo los demás requisitos legales (artículo 2492).
f) La ley: que a veces es un modo de adquirir el dominio. Por ejemplo, cuando se expropia un bien, la ley es el modo
de adquirir el dominio de ese bien por parte de la entidad en cuyo favor se expropió.
Derechos que pueden adquirirse mediante los diferentes modos de adquirir el dominio
Mediante los modos de adquirir el dominio, no sólo puede adquirirse el dominio de las cosas corporales sino los demás
derechos reales, y aun, los derechos personales.
La verdad es que en todos los casos señalados se adquiere el dominio, sea de los derechos reales y de los personales.
Mediante la ocupación sólo puede adquirirse el dominio de cosas corporales muebles. Mediante la accesión puede adquirirse
el dominio de cosas corporales muebles e inmuebles.
Por la prescripción pueden adquirirse el dominio de las cosas corporales muebles e inmuebles, y los derechos reales, que no
estén expresamente exceptuados. Entre ellos se comprende la herencia que es una universalidad. En cambio, no pueden
adquirirse por prescripción los derechos personales, como veremos más adelante.
Mediante la sucesión por causa de muerte, la tradición y la ley se pueden adquirir el dominio de las cosas corporales, los
derechos reales (entre ellos la herencia que es una universalidad) y los derechos personales, sean muebles o inmuebles.
LA OCUPACIÓN
Es un modo de adquirir el dominio de las cosas que no pertenecen a nadie, y cuya adquisición no es prohibida por las leyes
chilenas, o por el derecho internacional, mediante la aprehensión material de ellas con la intención de adquirirlas (artículo
606).
Requisitos de la ocupación.
a) Que las cosas ocupadas no pertenezcan a nadie;
b) Que su adquisición no este prohibida por las leyes chilenas o por el derecho Internacional;
c) Que haya aprehensión material de la cosa, y
d) Que haya intención de adquirir el dominio de la cosa.
Que la cosa no pertenezca a nadie.
No pertenecen a nadie las cosas que nunca han tenido dueño y las cosas que tuvieron dueño pero dejaron de tenerlo.
Son cosas que nunca han tenido dueño los animales bravíos, las conchas que arroja el mar, etc. Estas
cosas se llaman res nullius.
Son cosas que tuvieron dueño pero han dejado de tenerlo, las cosas cuyo dueño las ha abandonado al
primer ocupante, como las monedas que se arrojan a la multitud. Estas cosas se llaman res derelictae.
También son cosas que han tenido dueño pero han dejado de tenerlo, los animales domésticos que han
recobrado su libertad y el tesoro.
Como de acuerdo con el artículo 590 pertenecen al Estado todas las tierras que estando dentro de los
límites territoriales carezcan de otro dueño, la ocupación no procede respecto de los inmuebles.
Que la adquisición no este prohibida por las leyes chilenas o por el derecho Internacional. La pesca y la caza están
prohibidas en cierta época, llamadas de veda. En esas épocas la ocupación de animales bravíos esta prohibida por las leyes
chilenas (artículo 622).
El derecho Internacional prohíbe las presas hechas por bandidos, piratas o insurgentes. También las
prohíbe el derecho chileno (artículo 641).
Que haya aprehensión material de la cosa.
La aprehensión material de la cosa es uno de los hechos que configuran la ocupación. Por ese motivo no pueden ocuparse
los derechos ya que respecto de ellos no puede haber aprehensión material.
La aprehensión hay que considerarla en un sentido amplio, no sólo en el de tomar físicamente la cosa sino
en el de realizar hechos que manifiestan la intención de tomar la cosa, como cuando el cazador hiere al animal y lo persigue.
Que haya intención de adquirir el dominio.
Por tal razón la ocupación es un acto jurídico ya que es una manifestación de voluntad destinada a producir efectos de
derecho.
Por la misma razón los absolutamente incapaces no pueden adquirir el dominio por ocupación, pues no
pueden manifestar voluntad de adquirirlo.
Cosas que pueden adquirirse por ocupación.
En nuestro derecho, solo pueden adquirirse por ocupación las cosas corporales (que son las únicas que pueden
aprehenderse) y muebles (las tierras que no pertenecen a nadie son del Estado).
Características de la ocupación como modo de adquirir el dominio.
a) Es un modo de adquirir originario (artículo 703);
b) Es un modo de adquirir gratuito;
c) Es un modo de adquirir entre vivos;
d) Es un modo de adquirir a titulo singular;
e) Es un acto jurídico.
Clases de ocupación
a) De cosas animadas, que comprende la caza y la pesca, y otras figuras que estudiaremos a continuación.
b) De cosas inanimadas, que comprende la invención o hallazgo.
c) De especies al perecer perdidas.
d) De especies náufragas.
e) La captura bélica.
La caza y la pesca
Mediante la caza y la pesca se adquieren el dominio de los animales bravíos (artículo 607).
Hacemos presente que hay una serie de normas legales que reglamentan la caza y la pesca, que no
estudiaremos aquí por no estar incluidos en el programa (artículo 622).
Clasificación de los animales para los efectos de la ocupación.
Para los efectos de la ocupación, los animales se clasifican en: bravíos o salvajes, domésticos y domesticados.
a) Se llaman animales bravíos o salvajes los que viven naturalmente libres o independientes del hombre, como las
fieras y los peces (artículo 608, inciso 1º).
Hacemos presente que para nuestro derecho los términos bravíos y salvaje son sinónimos, sin embargo,
bravíos significa feroz, y salvaje significa silvestre. Creemos que todo animal bravío es salvaje, por ejemplo las fieras. Pero
estimamos que hay animales salvajes que no son bravíos, como los peces. En todo caso, ambas clases de animales pueden
adquirirse por ocupación.
Los animales bravíos pertenecen al dueño de las jaulas, pajareras, conejeras, colmenas, estanques o
corrales en que estuvieren encerrados; pero luego que recobren su libertad natural, cualquier persona pueden apoderarse de
ellos y hacerlos suyos, con tal que actualmente no vaya el dueño en seguimiento de ellos, teniéndolos a la vista, y que, por lo
demás, no se contravenga al artículo 609, esto es, que se persigan en tierras propias, o en las ajenas, con permiso del
dueño.
b) Son animales domésticos los que pertenecen a especies que viven bajo la dependencia del hombre, como las
gallinas, las ovejas (artículo 608, inciso 1º).
Los animales domésticos están sujetos a dominio. Conserva el dueño este dominio sobre los animales
domésticos fugitivos, aun cuando hayan entrado en tierras ajenas; salvo en cuanto las ordenanzas de policía rural o urbana
establecieren otra cosa (artículo 623).
En consecuencia, los animales domésticos no pueden ser objeto de ocupación.
Creemos, sin embargo, que podrían serlo si el dueño los abandona al primer ocupante.
c) Son animales domesticados los que, sin embargo de ser bravíos, por su naturaleza se han acostumbrado a la
domesticidad y reconocen en cierto modo el imperio del hombre. Por ejemplo, un mono amaestrado de un organillero
(artículo 608, inciso 1º)
Los animales domesticados, mientras conservan la costumbre de volver al amparo o
dependencia del hombre, siguen las reglas de los animales domésticos y no pueden ser objeto de ocupación. Cuando
pierden esta costumbre vuelven a la clase de animales bravíos y pueden ser ocupados (artículo 608, inciso 2º).
El caso de las palomas.
Creemos que las palomas son animales domésticos. En consecuencia, si las palomas abandonan un palomar y se fijan en
otro, se entenderán ocupados legítimamente por el dueño del segundo, siempre que este no se haya valido de alguna
industria para atraerles y aquerenciarles. En tal caso estará obligado a la indemnización de todos los perjuicios, incluso la
restitución de las especies, si el dueño la exigiere, y si no la exigiere, a pagarle su precio (artículo 621).
El caso de las abejas.
De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 619, las abejas son animales bravíos. En consecuencia, si huyen de la colmena y
posan en árbol que no sea del dueño de ésta, vuelven a la libertad natural, y cualquiera puede apoderarse de ellas, y de los
paneles fabricados por ellas, con tal que no lo haga sin permiso del dueño en tierras ajenas, cercadas o cultivadas, o contra
la prohibición del mismo en las otras; pero al dueño de la colmena no podrá prohibirse que persiga las abejas fugitivas en
tierras que no estén cercadas ni cultivadas (artículo 620).
De este modo se adquiere el dominio de las piedras, conchas y otras substancias que arroja el mar y que no presenta
señales de dominio anterior (artículo 624, inciso 2º). Se trata en este caso de “res nullius”.
Se adquieren del mismo modo las cosas cuya propiedad abandona su dueño, como las monedas que se
arrojan para que las haga suyas el primer ocupante (artículo 624, inciso 3º). Se trata en este caso de “res derelictae”.
También se adquieren por invención o hallazgo las pequeñas partes de las cosas comunes a todos los hombres de que
alguno se apodera. Por ejemplo, si alguien saca un litro de agua del mar.
No probándose el derecho sobre dichos dineros o alhajas, serán considerados o como bienes perdidos, o como tesoro
encontrado en el suelo ajeno, según los antecedentes y señales (artículo 628, inciso 1º).
Si se le considera tesoro, deducidos los costos, se dividirá por iguales partes entre el denunciador y el
dueño del suelo; pero no podrá este pedir indemnización de perjuicio, a menos de renunciar a su porción (artículo 628, inciso
2º).
Si se le considera bienes perdidos, se le aplicarán las reglas sobre las especies al parecer perdidas, que
estudiaremos mas adelante.
Monumentos Nacionales
Según el artículo 1º de la Ley Nº17.288 son monumentos nacionales y quedan bajo la tuición y protección del estado, los
lugares, ruinas, construcciones u objetos de carácter histórico o artístico; los enterratorios o cementerios de los aborígenes, y
otros restos y las piezas u objetos
antropoarqueológicos, paleontológicos o de formación natural, que existan bajo o sobre la superficie del territorio nacional o
en plataforma submarina de sus aguas jurisdiccionales y cuya conservación interese a la historia, al arte o a la ciencia; los
santuarios de la naturaleza, los monumentos, estatuas, columnas, pirámides, fuentes, placas, coronas, inscripciones y, en
general, los objetos que estén destinados a permanecer en un sitio público, con carácter conmemorativo. Su tuición y
protección se ejercerá por medio del Consejo de Monumentos Nacionales, en la forma que determine la presente ley.
El artículo 22 de dicha ley establece que ninguna persona natural o jurídica chilena podrá hacer en el
territorio nacional excavación de carácter arqueológico, antropológico o paleontológico, sin haber obtenido previamente
autorización del Consejo de Monumentos Nacionales, en la forma establecida por el reglamento. Hasta el momento no se ha
dictado el reglamento y las autorizaciones se piden directamente al Consejo.
Por su parte, el Artículo 26 de la misma ley dice que:
“Toda persona natural o jurídica que al hacer excavaciones en cualquier punto del territorio nacional y con
cualquier finalidad encontrare ruinas, yacimientos, piezas u objetos de carácter histórico, antropológico, arqueológico o
paleontológico, está obligada a denunciar inmediatamente el descubrimiento al Gobernador del Departamento, quien
ordenará a carabineros que se haga responsable de su vigilancia hasta que el Consejo se haga cargo de él”.
La captura bélica
La captura bélica esta constituida por las propiedades que se toman en guerra de nación a nación, no solo
a los enemigos, sino a los neutrales, y aun a los aliados y los nacionales, según los casos, en conformidad a las Ordenanzas
de Marina y de Corso (artículo 640).
Las ordenanzas de Marina y de Corso a que nos hemos referido son la ley de navegación (D.L. Nº 2.222 de 31 de mayo de
1978) y el reglamento de Corso de 1817. El Corso ya no existe, y así se estableció en la Declaración de Paris de 1856. En la
Cuarta Convención de la Haya se suprimió el Tribunal de Corso. Chile no suscribió la Declaración ni la Convención pero
estuvo de acuerdo en lo acordado en ellas. Por lo demás, el corso ya no existe.
Se llama botín a las cosas muebles que se capturan en guerra terrestre, y se llama presa a las naves y mercaderías que se
capturan en el mar.
Aplicada al territorio la captura bélica se denomina conquista.
De acuerdo con la Cuarta Convención de la Haya, en guerra terrestre, sólo pueden ser objeto de captura bélica las
propiedades del Estado enemigo.
La captura bélica de propiedades de particulares solo puede tener cabida en guerra marítima.
La accesión
La accesión es un modo de adquirir el dominio por el cual el dueño de una cosa pasa a serlo de lo que ella produce, o de lo
que se junta a ella (artículo 643).
Clases de accesión
a) Accesión de frutos o discreta. Es la que proviene de la cosa misma, sea por el nacimiento o por la
producción.
b) Accesión propiamente tal o continua. Es la que resulta al agregarse una cosa a otra distinta y que forman
un todo que tiene individualidad propia.
La accesión propiamente tal puede ser:
De inmueble a inmueble
De mueble a mueble
De mueble a inmueble.
El aluvión
Se llama aluvión al aumento que recibe la ribera de la mar o de un río o lago por el lento e imperceptible retiro de las aguas
(artículo 649).
Requisitos para que haya aluvión.
El retiro del agua debe ser lento e imperceptible. Si es violento puede haber otra figura, por ejemplo, mutación del
cauce, pero no aluvión;
El retiro del agua debe ser definitivo. Por eso el inciso 2º del artículo 650 dice que el suelo que el agua ocupa y
desocupa alternativamente en sus creces y bajas periódicas, forman parte de la ribera o del cauce, y no accede mientras
tanto a las heredades contiguas.
¿A quién pertenece el terreno de aluvión?
El terreno de aluvión accede las heredades riberanas dentro de sus respectivas líneas de demarcación, prolongadas
directamente hasta el agua (artículo 650, inciso 1º parte primera).
En los puertos habilitados, el terreno de aluvión pertenece al estado (artículo 650, inciso 1º parte final).
Puerto habilitado, es el que cuenta con las obras necesarias para hacer segura y expedita la faena de
carga y descarga de mercaderías y el embarque de las mismas.
La avulsión
Es el aumento que experimenta un predio cuando por una avenida o por otra fuerza natural violenta le es transportada parte
del suelo de otro predio (artículo 652 primera parte).
¿A quién pertenece el terreno transportado?
El terreno transportado pertenece al que era su dueño al tiempo de la avenida u otra fuerza natural, pero para el solo efecto
de llevárselo.
El dueño tiene un año para reclamar su terreno.
Transcurrido el año, se hace dueño del terreno el dueño del terreno a que fue transportado (artículo 652).
Mutación del cauce o álveo de un rió o división de este en dos brazos que no vuelven a juntarse.
Derecho para restituir las aguas a su acostumbrado cauce.
Los propietarios riberanos, con permiso de la autoridad competente, que es la municipalidad según la ley de municipalidades,
podrán hacer las obras necesarias para restituir las aguas a su acostumbrado cauce (artículo 654 parte primera).
¿A quién pertenece la parte del cauce que quedare permanentemente en seco?
La parte del cauce que quedare permanentemente en seco accederá a las heredades contiguas dentro de sus respectivas
líneas de demarcación prolongadas directamente hasta el agua o hasta el cauce seco (artículos 654, inciso 1º y 650).
Concurriendo los riberanos de un lado con los del otro, una línea longitudinal dividirá el nuevo terreno en
dos partes iguales; y cada una de estas accederá a las heredades contiguas dentro de sus respectivas líneas de
demarcación prolongadas directamente hasta dicha línea (artículos 654, inciso 2º y 650).
Las reglas anteriores se aplicaran al caso en que un río se divida en dos brazos que no vuelven después a
juntarse (artículo 655).
Creemos que en todos estos casos tiene aplicación lo dispuesto en el artículo 651, es decir, siempre que
prolongadas las antedichas líneas de demarcación, se corten una a otra, antes de llegar al agua, el triángulo formado por
ellas y por la línea que divide el cauce, accederá a las dos heredades laterales; una línea recta que lo divida en dos partes
iguales, tirada desde el punto de intersección hasta la línea que divide el cauce, será la línea divisoria entre las dos
heredades.
Heredad inundada.
Si una heredad ha sido inundada, el terreno restituido por las aguas dentro de los cinco años subsiguientes volverá a sus
antiguos dueños (artículo 653).
Tratándose de un poseedor, por este hecho, se interrumpe naturalmente su posesión (artículo 2502 Nº1).
Si después de cinco años las aguas desocupan o restituyen el terreno, este se pierde para su dueño y
accede a los propietarios riberanos según las reglas dadas para el aluvión.
Formación de nueva isla
Requisitos para que la nueva isla acceda a las heredades riberanas.
No deben formarse en el mar territorial o en ríos y lagos que puedan navegarse por buques de más de cien toneladas, ya que
éstas pertenecen al Estado (artículos 656, inciso 1º y 597).
Deben, en consecuencia, formarse en lagos o ríos que no sean navegables por buques de más de cien
toneladas.
La isla no debe ser ocupada y desocupada alternativamente por las aguas en sus creces y bajas
periódicas, pues en caso contrario se mirará como parte del cauce o lecho, y no accederá entretanto a las heredades
riberanas (artículo 656 Nº1).
Caso de la isla que se forma porque un río se abre en dos brazos que vuelven después a juntarse.
En este caso la nueva isla no altera al anterior dominio de los terrenos comprendidos en ella.
Pero el nuevo terreno descubierto por el río accederá a las heredades contiguas como en el caso del río
que cambia de cauce (artículos 656 Nº2 y 654).
Caso de la nueva isla que se forma en el cauce de un río.
Accede a las heredades de aquella de las dos riberas a que estuviere mas cerca toda isla; correspondiendo a cada heredad
la parte comprendida entre sus respectivas líneas de demarcación, prolongadas directamente hasta la isla y sobre la
superficie de ella (artículo 656 Nº3, inciso 1º).
Si toda la isla no estuviere más cercana a una de las riberas que a la otra, accederá a las heredades de
ambas riberas; correspondiendo a cada heredad la parte comprendida entre sus respectivas líneas de demarcación
prolongadas directamente hasta la isla y sobre la superficie de ella (artículo 656 Nº 3, inciso 2º).
Las partes de la isla que en virtud de estas disposiciones comprendieren a dos o más heredades, se
dividirán en partes iguales entre las heredades comuneras (artículo 656 Nº3, inciso 3º).
Para la distribución de una nueva isla, se prescindirá enteramente de la isla o islas que hayan preexistido a
ella; y la nueva isla accederá a las heredades riberanas como si ella solo existiese (artículo 656 Nº4).
Los dueños de una isla formada por el río adquieren el dominio de todo lo que por aluvión acceda a ella,
cualquiera que sea la ribera de que diste menos el nuevo terreno abandonado por las aguas (artículo 656 Nº5)
Caso de la nueva isla que se forma en un lago.
Ya hemos visto que debe tratarse de un lago que no sea navegable por buques de más de cien toneladas, pues en este caso
pertenecen al Estado.
Accederá a las heredades de toda sus riberas; correspondiendo a cada heredad la parte comprendida
entre sus respectivas líneas de demarcación prolongadas directamente hasta la isla y sobre la superficie de ella (artículo 656
Nº6 y Nº3, inciso 2º).
Pero no tendrá parte en la división del terreno formado por las aguas las heredades cuya menor distancia
de la isla exceda a la mitad del diámetro de esta, medido en la dirección de esa misma distancia (artículo 656 Nº 6).
La adjunción
Es una especie de accesión, y se verifica cuando dos cosas muebles pertenecientes a diferentes dueños se juntan una a
otra, pero de modo que puedan separarse y subsistir cada una después de separadas; como cuando el diamante de una
persona se engasta en el oro de otra, o en un marco ajeno se pon un espejo propio (artículo 657).
Requisitos para que haya adjunción.
Debe tratarse de cosas muebles pertenecientes a distintos dueños;
Las cosas deben poder separarse y subsistir separadamente.
Efectos de la adjunción
a) Si la unión se produce sin conocimiento por una de las partes y sin mala fe por la otra. El dominio de lo
accesorio accederá al dominio de lo principal, con el gravamen de pagar al dueño de la parte accesoria su valor (artículo
658).
Si el dueño de la cosa accesoria fue el que hizo uso de la materia principal, el dueño de esta puede, en lugar de lo dicho en el
párrafo anterior, pedir que se le restituya otro tanto de la misma naturaleza, calidad y aptitud, o su valor en dinero (artículo
665). Naturalmente que en este caso la cosa entera permanecerá al dueño de lo accesorio.
En todos los casos en que al dueño de una de las dos materias unidas no sea fácil reemplazarla por otra de la misma calidad,
valor y aptitud, y pueda la primera separarse sin deterioro de lo demás, el dueño de ella, sin cuyo conocimiento se haya
hecho la unión, podrá pedir su separación y entrega, a costas del que hizo uso de ella (artículo 664).
b) Si el dueño de la cosa principal tuvo conocimiento del uso que se hacía de ella. Se presume que lo
consintió y solo tiene derecho al valor de la cosa principal (artículo 666).
c) Si el dueño de lo principal o de lo accesorio usaron de las cosas de otro sin su conocimiento y sin justa
causa de error. Estarán sujetos en todos los casos a perder lo suyo, y a pagar lo que más de esto valieren los perjuicios
irrogados al dueño; fuera de la acción criminal a que haya lugar, cuando ha procedido a sabiendas (artículo 667, inciso 1º) .
Creemos que el inciso 2º del artículo 667 no se aplica a la adjunción sino sólo a la especificación.
La especificación
Es una especie de accesión que se verifica cuando de la materia perteneciente a una persona, hace otra persona una obra o
artefacto cualquiera, como si de uvas ajenas se hace vino, o de plata ajena una copa, o de madera ajena una nave (artículo
662, inciso 1º).
Características de la especificación.
LA TRADICIÓN
Es un modo de adquirir el dominio de las cosas y consiste en la entrega que el dueño hace de ellas a otro, habiendo por una
parte la facultad e intención de transferir el dominio, y por otra la capacidad e intención de adquirirlo (artículo 670, inciso 1º).
- Es un acto jurídico bilateral, es una convención que se perfecciona por el acuerdo de voluntades del tradente y del
adquiriente;
- Es un modo de extinguir obligaciones, es un pago.
Entrega y tradición
La entrega es el acto material por el que se traspasa una cosa de una persona a otra.
Muchos autores sostiene que Bello confunde o emplea mal las expresiones entrega y tradición, que son jurídicamente
inconfundibles ya que la tradición importa transferencia del dominio y la entrega no siempre la significa.
Siempre que hay tradición hay entrega real o simbólica.
Pero no siempre que hay entrega hay tradición, ya que muchas veces la entrega de una cosa sólo da al que la recibe la mera
tenencia suya. Por ejemplo, en el comodato, en el arrendamiento, en la prenda, etc.
La entrega sería el género y la tradición la especie.
Se citan, entre otros, como casos en que Bello confundiría o emplearía mal dichos términos los de los artículos 2174 y 1920.
Nosotros pensamos que Bello no confundió o mal empleó los términos entrega y tradición, considerando su mentalidad
romanista.
Los romanos distinguían la nuda traditio que consistía en entregar a un tercero la tenencia materia de una cosa, sin
desprenderse del ánimo de señor y dueño, de la “traditio” que era el modo de adquirir el dominio definido en el artículo 670.
Bello empleaba la expresión tradición comprendiendo tanto la “nuda traditio” como la “traditio” de los romanos. Pero tenía
muy claro cuándo la tradición transfería el dominio, daba la posesión o daba la tenencia de la cosa.
Así, en el artículo 2174 dice que el comodato no se perfecciona sino por la tradición de la cosa, y en el artículo 2197 dice que
no se perfecciona el contrato de mutuo sino por la tradición, y la tradición transfiere el dominio.
Como se puede ver, en ambos artículos se emplea la expresión tradición pero en el caso del mutuo se aclara que esa
tradición transfiere el dominio; luego en la tradición a que se refiere el artículo 2174 no se transfiere el dominio, se trata de la
“nuda traditio” de los romanos.
En el artículo 1443 se dice que el contrato es real cuando, para que sea perfecto, es necesaria la tradición de la cosa a que
se refiere, y sabemos que son contratos reales la prenda, el comodato, el depósito y el mutuo. Los tres primeros son títulos
de mera tenencia, pero el mutuo es translaticio de domino. Es decir, en el artículo 1443 la expresión tradición comprende
tanto la “nuda traditio” como la “traditio” de los romanos.
En los artículos 682 y 683 también se emplea la expresión tradición sin que se transfiera el dominio pero haciendo nacer
posesión. El primero de ellos dice que si el tradente no es el verdadero dueño de la cosa que se entrega por él a su
nombre…; y el segundo expresa que la tradición da al adquiriente, en los casos y del modo que las leyes señalan, el derecho
de ganar por la prescripción el dominio de que el tradente carecía.
En el artículo 1824 relativo a las obligaciones del vendedor, los autores creen ver confirmada la confusión en que habría
incurrido Bello al usar las expresiones entrega y tradición. Dice el referido artículo que las obligaciones del vendedor se
reducen en general a dos, la entrega o tradición, y el saneamiento de la cosa vendida.
El vendedor siempre está obligado a hacer entrega de la cosa vendida, pero la tradición, en el sentido de transferir el
dominio, sólo podrá hacerla cuando él es dueño de esa cosa, y sabemos que la venta de cosa ajena es válida (artículo 1815)
y que cuando el vendedor ha vendido una cosa ajena no podrá transferir el dominio.
En resumen, creemos que Bello no confundió o empleó mal las expresiones tradición y entrega. Las usó comprendiendo la
“nuda traditio” y la “traditio” romanas. Es decir como término genérico de la entrega (simple traspaso material de una cosa) y
de transferencia del dominio.
Quizá hubiese sido preferible limitar la expresión tradición a la transferencia del dominio.
Características de la tradición.
a) Es un modo de adquirir el domino entre vivos. Ya vimos que es una convención y un modo de extinguir
obligaciones.
b) Puede ser onerosa o gratuita. Ello dependerá del título que sirve de antecedentes a la tradición. Por ejemplo, será
gratuita si su causa eficiente es una donación. Será onerosa si su antecedente es una compraventa o una permuta.
c) Es un modo de adquirir derivativo. Esto significa que el derecho del adquiriente se mide por el del tradente.
Sabemos que nadie puede transferir más derechos que los que tiene (artículo 682, inciso 1º).
El derecho del adquiriente procede del derecho del tradente.
d) Es un modo de adquirir generalmente a título singular. Sin embargo, puede ser a título universal cuando se
transfiere el derecho de herencia (artículos 1909 y 1910).
El error en la tradición.
Como todo acto jurídico, la tradición puede estar viciada por error, fuerza o dolo. El Código, sin embargo, en el título de la
tradición sólo se refiere al error. En consecuencia, el dolo y la fuerza se rigen por las reglas generales.
Los artículos 676, 677 y 678 se refieren al error en la tradición, y contemplan el error en la identidad de la especie que debe
entregarse, en la persona del adquiriente, en su nombre, en cuanto al título de la tradición y al error de los mandatarios o
representantes legales.
a) Error en cuanto a la identidad de la cosa que debe entregarse. El artículo 676 dice que se requiere también
para la validez tradición que no se padezca error en cuanto a la identidad de la especie que debe entregarse.
Según este artículo si hay error sobre la identidad de la cosa, la tradición no es válida, es nula. Creemos que en el caso que
analizamos, la tradición no es nula sino que es inexistente ya que no habría consentimiento. También podría servir este
artículo para los que sostiene que la inexistencia sólo puede hacerse valer por la vía de la nulidad absoluta.
b) Error en la persona. El artículo 676 sanciona con la nulidad el error en cuanto a la identidad de la
persona del adquiriente.
La regla general en materia de error en cuanto a la identidad de las partes es que no vicie la voluntad salvo que se trate de
un acto intuito personae (artículo 1455).
Hay autores que creen que la tradición es un acto intuito personae ya que el tradente debe pagar a su acreedor (artículo
1576). Esto a pesar de que el título de la tradición no sea un contrato intuito personae pues piensan que una vez celebrado el
contrato, como el pago que extinguía la obligación sólo será el hecho al acreedor, aunque se haya padecido error en la
persona al celebrar el contrato y ese error no vicie la voluntad, sí la viciaría si el error se produce en el pago (tradición).
Otros piensan que el que sufre error en cuanto a la persona del acreedor ha hecho un pago indebido y debe proceder
conforme lo disponen los artículos 2295 y siguientes, relativos al cuasicontrato de pago de lo no debido, sin perjuicio de su
obligación de pagar al verdadero acreedor.
Hacemos presente que el artículo 1576 dice que para que el pago sea válido debe hacerse al acreedor mismo, pero que
estimamos más acertada la segunda posición a que nos hemos referido en el párrafo anterior.
El error en cuanto al nombre del adquiriente no vicia la voluntad (artículo 676, inciso 2º).
c) Error en cuanto al título de la tradición. El error en cuanto al título de la tradición está tratado en el artículo 677 y
se refiere a dos situaciones.
La primera tiene lugar cuando una sola de las partes supone un título traslaticio de dominio, como cuando por una parte se
tiene el ánimo de entregar a título de comodato, y por otra se tiene el ánimo de recibir a título de donación.
La segunda tiene lugar cuando por las dos partes se suponen títulos translaticios de dominio, pero diferentes, como si por
una de las partes se supone mutuo, y por otra donación.
En ambos casos nos hallamos frente a un error esencial u obstáculo (artículo 1453) que, en nuestro concepto, hace
inexistente el acto por falta de voluntad, a pesar de que el artículo 677 dice que tal error invalida la tradición.
d) Error sufrido por los mandatarios o representantes legales. Este error tiene las mismas consecuencias y
sanciones como si hubiera sido sufrido por el representado (artículo 678).
Título translaticio de dominio.
Según el artículo 675 para que valga la tradición se requiere un título translaticio de domino.
Concepto de título translaticio de dominio.
Es el que por su naturaleza sirve para transferir el dominio (artículo 703, inciso 3º).
Los principales títulos translaticios de dominio son la compraventa, la permuta, la donación entre vivos, el aporte en sociedad
(artículos 675, inciso 1º y 703, inciso 3º).
La transacción cuando recae sobre un objeto no disputado también es título translaticio de domino. Por ejemplo, si dos
personas se disputan una cosa y convienen que una de ellas se quede con la cosa disputada y que le dé a la otra un objeto
de su dominio; en cuanto se refiere al objeto no disputado es título traslaticio de dominio.
Requisitos del título.
Debe ser válido en sí y respecto de la persona a quien se confiere.
Si el título adolece de algún vicio de nulidad, la traición que se haga en virtud de él no transfiere el dominio.
El título, además debe ser válido respecto de la persona a quien se confiere. Así el título de donación irrevocable no
transfiere el dominio entre cónyuges (artículo 675, inciso 2º). Lo mismo sucede con el título de compraventa entre cónyuges
no separados judicialmente (artículo 1796).
Si el título requiere de solemnidades, es necesario cumplir con ellas para que se transfiera el dominio.
La entrega de la cosa.
El término “entrega” significa en la tradición la materialización del acuerdo de las partes de transferir el dominio del tradente al
adquiriente.
Esta “entrega” es diferente según se trate de bienes muebles, inmuebles, de derechos personales, de frutos y productos, del
derecho de herencia y de las servidumbres.
Tradición de los derechos reales sobre una cosa corporal mueble
Según el artículo 684, la tradición de una cosa corporal mueble deberá hacerse significando una de las partes a la otra que le
transfiere el dominio y figurando esta transferencia por uno de los medios que el mismo artículo indica.
La entrega en esta clase de tradición puede ser real o ficta.
a) Entrega real.
Es la que se hace físicamente, sea traspasando materialmente el tradente la cosa al adquiriente, sea permitiendo el tradente
al adquiriente la aprehensión material de una cosa presente (artículo 684 Nº1).
b) Entrega ficta.
Es la que se hace por medio de una ficción, la que determinados hechos o actos se consideran entrega.
Se acostumbra a entender por entregas fictas, la entrega simbólica, la entrega de larga mano o “longa manu”, la entrega por
breve mano o “brevi manu” y el constituto posesorio.
La terminología anterior viene del derecho romano y la verdad es que no tiene razón de ser. El código no la emplea y si
nosotros lo hacemos es porque así acostumbran a hacerlo los autores.
c) Entrega simbólica.
Tiene lugar cuando en vez de la entrega de la cosa objeto de la tradición se realizan algunos de los siguientes hechos:
Cuando se entregan al adquiriente las llaves del granero, almacén, cofre o lugar cualquiera en que esté guardada la cosa
(Artículo 684 Nº3);
Cuando se entrega el conocimiento, carta de porte o factura en los casos de venta de mercaderías que viene en tránsito por
mar o por tierra (Artículo 149 Nº1 del Código de Comercio);
Cuando se fija por el comprador, con consentimiento del vendedor, su marca en las mercaderías vendidas (artículo 149 Nº2
del Código de Comercio);
Cuando el tradente se encarga de poner la cosa a disposición del adquiriente, en el lugar convenido (artículo 684 Nº4);
Los casos de tradición simbólica que hemos señalado en esta letra no son taxativos.
d) Entrega de larga mano o “longa manu”.
Es la que se realiza cuando el tradente muestra la cosa al adquiriente (artículo 684, Nº2). Naturalmente que además de
mostrar la cosa el tradente debe ponerla a disposición del adquiriente.
e) Entrega breve mano o “brevi manu”.
Es la que tiene lugar cuando el mero tenedor de la cosa la retiene con ánimo de dueño porque celebró un acto translaticio de
domino con el dueño de ella. Por ejemplo, cuando el arrendatario retiene la cosa arrendada porque se la compró a su dueño;
cuando el comodatario retiene la cosa porque el comodante se la dio en pago de una obligación suya (artículo 685, Nº5 parte
primera).
f) Constituto posesorio.
Tiene lugar cuando el dueño de la cosa celebra un contrato en que retiene la mera tenencia de la cosa que pasa a ser de otra
persona.
Naturalmente que tendrá que haber celebrado un acto translaticio de dominio con dicha persona.
Por ejemplo, si el dueño de una cosa se la vende a otra persona y celebra con ella un contrato de arrendamiento en que se
obliga como arrendatario (artículo 684, Nº5, segunda parte).
g) Entrega de frutos y productos de un predio.
Se efectúa cuando se separan las piedras, frutos pendientes u otras cosas que forman parte del predio y que se toman de él
con permiso del dueño. La tradición se perfecciona en el momento de la separación (artículo 685, inciso 1º).
Aquel a quien se deban los referidos frutos o productos podrá entrar a cogerlos al predio, fijándose día y hora de común
acuerdo con el dueño (artículo 685, inciso 2º);
Creemos que si no se produce el acuerdo entre el dueño y el que tiene derecho para coger los frutos o productos, será el
juez el que debe fijar el día y hora para hacerlo;
No vemos inconveniente para que la entrega de los frutos pendientes o productos se haga en las formas fictas que contempla
el artículo 684; sin embargo, hay jurisprudencia en contra.
Tradición de los derechos reales sobre una cosa corporal inmueble.
La tradición misma y la entrega que ella supone, según el artículo 670, que es distinta a la entrega material. Ésta se efectúa,
cuando se trata de derechos reales sobre una cosa corporal inmueble, por la inscripción del título en el Registro del
Conservador (artículo 686).
Hacemos presente que la tradición de un derecho de servidumbre no requiere de inscripción, salvo de la servidumbre de
alcantarillado en predios urbanos.
Tradición de un derecho de servidumbre
La tradición de un derecho de servidumbre se efectuará por la escritura pública en que el tradente expresa constituirlo, y el
adquiriente aceptarlo. Esta escritura podrá ser la misma del acto o contrato en que se establece la obligación de conceder la
servidumbre y que es el título de la tradición del derecho real de servidumbre (artículo 698).
Tradición del derecho de herencia
El patrimonio del difunto se adquiere por los herederos por sucesión por causa de muerte al fallecer el causante.
Una vez muerto el causante, el heredero puede enajenar su derecho de herencia y si lo hace habrá que hacer tradición de él.
Al hablar de tradición del derecho de herencia nos estamos refiriendo a la universalidad no a bienes particulares que la
integren.
No hay disposición en el Código que determine la forma en que debe hacerse la tradición del derecho de herencia.
La jurisprudencia mayoritaria sostiene que siendo la herencia una universalidad distinta de los efectos que la componen,
aunque en ella haya inmueble, no es necesaria la inscripción del título para que se efectúe su tradición.
Como no hay reglas especiales para la tradición del derecho de herencia, hay que aplicar el artículo 670, y según esa
disposición, la tradición del derecho de herencia puede verificarse por cualquier medio que revele la intención del tradente de
transferirlo y la del adquiriente de adquirirlo. De esta manera, la tradición del derecho de herencia se efectúa de conformidad
al estatuto que rige la tradición de las cosas corporales muebles.
Serían formas de hacer la tradición del derecho de herencia el hecho de que en la escritura de compraventa se exprese la
voluntad de transferir la herencia por parte del vendedor y la voluntad de adquirirla por el comprador; el hecho de que vendida
una herencia, el comprador pida la posesión efectiva o su inscripción o la inscripción especial de herencia.
A veces será necesaria la inscripción de la cesión del derecho de herencia pero no para efectuar su tradición sino para otros
efectos que estudiaremos más adelante.
Hacemos presente que la cesión del derecho de herencia está tratada en los artículos 1909 y 1910.
EFECTOS DE LA TRADICIÓN
Ya vimos los efectos de la tradición cuando el tradente no es dueño de la cosa o del derecho que transfiere.
Cuando el tradente es dueño de la cosa que entrega, la tradición transfiere el dominio.
Como la tradición es un modo de adquirir derivativo, el dominio que tenía el tradente pasa al adquiriente en las mismas
condiciones y con los mismos gravámenes. Así, si la cos estaba gravada con una hipoteca, el adquiriente la recibe con la
hipoteca.
¿Cuándo puede exigirse la tradición?
Como la regla general es que los actos jurídicos sean puros y simples, la tradición, que es consecuencia de ellos, puede
pedirse inmediatamente después de celebrado el contrato.
Si para cumplir la obligación, que será precisamente, la tradición, hay plazo o condición suspensiva, no puede exigirse la
tradición sino una vez vencido el plazo o cumplida la condición (artículo 680, inciso 1º y 681).
Nº2). Tampoco podrá hacerse la tradición si hay decreto judicial que retenga el pago (artículos 681 y 1578
Pensemos que si se entrega la cosa que se debe bajo condición suspensiva y después se cumple la
condición, el que la recibió se entiende dueño desde la tradición ya que la condición suspensiva opera con efecto retroactivo.
Naturalmente, que esa entrega no transfiere el domino mientras no se cumple la condición.
Normas por las que se rigen el conservador de bienes raíces y las inscripciones.
De acuerdo al artículo 696, un reglamento especial determinará, en lo demás, los deberes y funciones del Conservador, y la
forma y solemnidades de las inscripciones.
Las normas fundamentales que rigen esta materia, además del Código Civil, son, el Reglamento del Registro Conservatorio
de Bienes Raíces; el D.F.L. Nº 247 de 20 de mayo de 1931 sobre una Nueva Organización del Conservador de Bienes
Raíces de Santiago; la Ley Nº 16.665 sobre Reconstitución de Inscripciones en Registro de Conservadores de Bienes
Raíces; y la Ley Nº 16.741 que establece normas para saneamiento de los títulos de dominio y urbanización de poblaciones
en situación irregular.
También se refieren a esta materia diversas leyes sobre prendas especiales, sobre el Registro de Vehículos Motorizados y
Registro de Conductores, etc.
Los Conservadores
Son los ministros de fe encargados de los registros conservatorios de bienes raíces, de comercio, de minas, de acciones de
sociedades propiamente mineras, de asociaciones de canalistas, de prenda agraria, de prenda industrial, especial de prenda
y demás que les encomienden las leyes (artículo 446 del Código Orgánico de Tribunales).
Si en un departamento no hubiere Conservador, el Notario será a su vez Conservador.
Los artículos 446 a 452 del Código Orgánico de Tribunales se refieren a los Conservadores.
Libros que lleva el Conservador De Bienes Raíces.
a) El Repertorio;
b) El Registro de Propiedad;
c) El Registro de Hipotecas y Gravámenes;
d) El Registro de Interdicciones y Prohibiciones de enajenar;
e) El Índice General (artículos 21, 31 y 43 del Reglamento).
El Repertorio.
Es el libro en que el Conservador anota todos los títulos que se le presenten para ser inscritos (artículos 21 del Reglamento
de Registro Conservatorio de Bienes Raíces).
Obligación del Conservador de anotar los títulos en el Repertorio.
El Conservador, en ningún caso, dejará de anotar en el Repertorio el título que se le presente para ser inscrito, ya sea que el
motivo que encontrare para no hacer la inscripción sea en su concepto de efectos permanentes o transitorios y fáciles de
subsanar.
Caducidad de las anotaciones en el Repertorio y su conversión en inscripción.
Las anotaciones en el Repertorio caducarán a los dos mese de su fecha si no se convierten en inscripción (artículo 15 del
Reglamento) y, se convertirán en inscripción cuando se haga constar que se ha subsanado la causa que impida la inscripción
(artículo 16 del Reglamento).
Convertida la anotación en inscripción, surte ésta todos los efectos de tal desde la fecha de la anotación, sin embargo, de
cualesquiera derechos que hayan sido inscritos en el intervalo de la una a la otra (artículo 17 del Reglamento). Pero no puede
renovarse si no se convierte en inscripción a los dos meses.
Forma como se lleva el Repertorio.
La forma material como se lleva el Repertorio está en el artículo 24 del Reglamento.
A todo requirente, en el acto que lo pida, dará el Conservador copia de la anotación en el Repertorio (artículo 69 del
Reglamento).
Inscripción de títulos incompatibles con el anotado en el Repertorio.
La Corte Suprema ha dicho que la anotación presuntiva en el Repertorio sólo importa para determinar la fecha de la
inscripción, pero que no impide otras inscripciones aunque sean incompatibles con las anotadas. Es más, ha dicho que la ley
autoriza las referidas inscripciones cuando el artículo 17 del Reglamento expresa que convertida la anotación en inscripción,
surte ésta todos los efectos de tal desde la fecha de la anotación, sin embargo, de cualesquiera derechos que hayan sido
inscritos en el intervalo de la una a la otra.
¿Qué sucede si entre la anotación presuntiva y el transcurso de los dos meses se inscribe una prohibición judicial
de enajenar?
Creemos que si la anotación presuntiva se convierte en inscripción, la inscripción de la prohibición queda sin efecto por lo
dispuesto en el Artículo 17 del Reglamento.
El Registro de Propiedad.
Es el libro en que se inscriben las translaciones de dominio (artículo 32, inciso 1º, del Reglamento).
Como todo Registro, contendrá un índice por orden alfabético, destinado a colocar separadamente el nombre de los
otorgantes, el apellido de los mismos y el nombre del fundo, materia de la inscripción (artículo 41 del Reglamento).
Se inscribirán en este Registro las cancelaciones, subinscripciones y demás concernientes a las inscripciones que se hagan
en él (artículo 33 del Reglamento).
El Registro de Hipotecas y Gravámenes.
Es el libro en que se inscriben las hipotecas, los censos, los derechos de usufructo, uso y habitación, los fideicomisos, las
servidumbres y otros gravámenes semejantes (artículo 32, inciso 2º del Reglamento).
También contendrá el índice que hemos mencionado en el número anterior, y se inscribirán en este Registro las
cancelaciones, subincripciones y demás concernientes a las inscripciones que se hagan en él (artículo 33 del Reglamento).
El registro de interdicciones y prohibiciones de enajenar.
Es el libro en que se inscriben las interdicciones y prohibiciones de enajenar e impedimentos relacionados con el artículo 53
Nº3 del Reglamento (artículo 32, inciso 3º, del Reglamento).
Además, se inscribirán en este Registro las respectivas cancelaciones, subinscripciones y demás concernientes a las
inscripciones hechas en él (artículo 33 del Reglamento).
También contendrá el índice a que nos hemos referido en los números anteriores (artículo 41 del Reglamento).
El Índice General.
Es el libro que se lleva por orden alfabético y que se forma a medida que se vayan haciendo las inscripciones en los tres
Registros.
Tanto en las partidas del Índice General como en las de los índices particulares de cada Registro se enunciarán el nombre de
los otorgantes, el nombre particular del fundo, la calle en que estuviere situado, si es urbano y si es rústico, la subdelegación,
la naturaleza del contrato o gravamen, la cita de la foja y número de la inscripción. El índice general citará también el Registro
parcial en que se halle la inscripción (artículo 44 del Reglamento).
Títulos que deben inscribirse
Deberán inscribirse en el Registro Conservatorio:
1º Los títulos translaticios del dominio de los bienes raíces; los títulos de derechos de usufructo, uso, habitación, censo e
hipoteca constituidos en inmuebles, y la sentencia que declare la prescripción adquisitiva del dominio o de cualquiera de
dichos derechos;
2º La constitución de los fideicomisos que comprenden o afecten bienes raíces; la del usufructo, uso y habitación que hayan
de recaer sobre inmuebles por acto entre vivos; la constitución, división, reducción y redención del censo; la constitución de
censo vitalicio, y la constitución de la hipoteca;
3º La renuncia de cualquiera de los derechos enumerados anteriormente;
4º Los decretos de interdicción provisoria y definitiva, el de rehabilitación del disipador y demente, el que confiera la posesión
definitiva de los bienes del desaparecido y el que conceda el beneficio de separación según el artículo 1385 del Código Civil
(artículo 52 del Reglamento).
Sobre los títulos que deben inscribirse cabe tener presente que:
El Nº1 del Artículo 52 del Reglamento se refiere a la tradición del dominio, usufructo, uso,
habitación, censo e hipoteca constituidos sobre inmuebles.
El Nº2, en cambio, se refiere a la constitución del usufructo, uso, habitación, censo e hipoteca.
Es decir, el Nº1 se refiere al caso en que el usufructuario, el censualista o el acreedor hipotecario transfieran sus respectivos
derechos que ya están constituidos. El Nº2, en cambio, se refiere al caso en que el dueño de la finca la da en usufructo, uso
o habitación, o la grava con hipoteca o censo.
La referencia a los títulos translaticios de uso o habitación que hace el Nº1 del Artículo 52 del Reglamento es incorrecta ya
que se trata de derechos personalísimos que no pueden transferirse a otro (artículos 819 y 1464 Nº2).
La sentencia que declara una prescripción se inscribe para hacerla oponible a terceros para mantener la historia de la
propiedad raíz (Artículo 2513).
Las inscripciones que ordena el Nº4 del artículo 52 del Reglamento, en general, tiene por objeto poner en conocimiento de
terceros y hacer oponibles los actos a que se refieren.
Sanción cuando no se inscribe un título que debe inscribirse.
La sanción por el hecho de no inscribirse un título que debe inscribirse es la de que no se produce el efecto que señala la ley,
en cada caso, para la respectiva inscripción. Por ejemplo, si no se inscribe un título translaticio del dominio, no se transfiere el
dominio; si no se inscribe un derecho de usufructo, no nace ese derecho real. Así lo dice el Mensaje del código.
Para quienes estiman que la inscripción es, en ciertos casos, solemnidad de algunos actos, si se omite habría nulidad
absoluta (artículo 1682).
Cuando la inscripción tiene por objeto hacer oponible un acto a terceros, la falta de inscripción acarreará la inoponibilidad
(artículo 150).
Títulos que pueden inscribirse
Pueden inscribirse:
1º Toda condición suspensiva o resolutoria del domino de bienes inmuebles o de otros derechos reales constituidos
sobre ellos;
2º Todo gravamen impuesto en ellos que no sea de los mencionados en los números 1º y 2º del artículo 52, como las
servidumbres;
3º El arrendamiento en el caso del artículo 1962 del Código Civil y cualquier otro acto o contrato cuya inscripción sea
permitido por la ley;
4º Todo impedimento o prohibición referente a inmuebles, sea convencional, legal o judicial, que embarace o limite de
cualquier modo el libre ejercicio del derecho de enajenar.
Son de la segunda clase el embargo, cesión de bienes, secuestro, litigio, etc. (Artículo 53 del Reglamento)
Hacemos presente que, a pesar de lo dicho en el Nº4, creemos que las prohibiciones convencionales que embaracen o
limiten el libre ejercicio del derecho de enajenar, si la enajenación se lleva a efecto, no hacen nula tal enajenación, sólo dan
derecho para cobrar los perjuicios que corresponda. Pensamos así porque los Nº3 y 4º del artículo 1464 se refieren a
embargos y prohibiciones judiciales (artículo 296 y 297 del Código de Procedimiento Civil). Las prohibiciones legales,
naturalmente, hacen nula la enajenación (artículos 10, 1466 y 1682). Las prohibiciones convencionales sólo limitan o
embarazan la enajenación, pero no la anulan.
Las inscripciones.
Finalidades de la inscripción.
En nuestro derecho la inscripción en el Conservador de Bienes Raíces tiene las siguientes finalidades:
a) Es la única manera de hacer la tradición del dominio y de los otros derechos reales constituidos sobre inmuebles,
salvo el de servidumbre.
También es la única manera de constituir derechos reales inmuebles, salvo el de servidumbre (artículos 686 y 698)
b) Sirve para dar publicidad a la propiedad raíz. Así lo dice el Mensaje del Código.
Las inscripciones a que da lugar la sucesión por causa de muerte, tienen esta finalidad ya que ni el dominio ni la posesión se
adquieren en ese caso por la inscripción. El dominio se adquiere por sucesión por causa de muerte, y la posesión al
momento de la delación de la herencia, en virtud de la ley.
Permite hacer oponible a terceros ciertos hechos, como la prescripción adquisitiva (artículo 2513);
c) Tiene por objeto conservar la historia de la propiedad inmueble;
d) Es prueba, requisito y garantía de la posesión de los inmuebles (artículos 724, 728, 730, 2505, 924) Hacemos
presente que no todos los autores están de acuerdo sobre esta materia;
e) Es solemnidad de ciertos actos. Por ejemplo, para la constitución del fideicomiso sobre inmuebles por acto entre
vivos o por testamento (artículo 735).
Conservador en que deben hacerse las inscripciones.
a) La inscripción del título de dominio y de cualquier otro de los derechos reales sobre inmuebles a que se refieren los
números 1º y 2º del artículo 52 se hará en el Registro Conservatorio del departamento en que esté situado el inmueble, y si
éste por su situación pertenece a varios departamentos, deberá hacerse la inscripción en la oficina de cada uno de ellos
(artículo 687, inciso 1º del Código Civil y artículo 54, inciso 1º del Reglamento).
Si el título es relativo a dos o más inmuebles, deberá inscribirse en los Registros de todos los departamentos a que por su
situación pertenecen los inmuebles (artículo 687, inciso 2º del Código Civil y artículo 54, inciso 2º del Reglamento).
Si por un acto de participación se adjudican a varias personas los inmuebles o parte de los inmuebles que antes se poseían
proindiviso, el acto de participación, en lo relativo a cada inmueble o cada parte adjudicada, se inscribirá en el departamento
o departamentos a que por su situación corresponda dicho inmueble o parte (artículo 687, inciso 3º del Código Civil y artículo
54, inciso 3º del Reglamento).
Las inscripciones a que se refiere esta letra se harán en el Registro de Propiedad de Hipotecas y Gravámenes según
corresponda.
b) Las inscripciones que da la posesión efectiva debe inscribirse en la oficina del Conservador del departamento en
que haya sido pronunciado, en el Registro de Propiedad (artículo 688 Nº1 del Código Civil, 55 Nº1 del Reglamento y 883 del
C.P.C.).
Si entre los bienes hereditarios hay inmuebles, la posesión efectiva se inscribirá además en el Conservador de Bienes Raíces
del departamento o departamentos en que están situados los inmuebles (artículo 883, inciso 3º del C.P.C).
c) El testamento, si la situación es testamentaria, se inscribirá en el Registro y Conservador designado en la letra
anterior.
d) La inscripción especial de herencia, esto es, la que pone cada inmueble a nombre de todos los herederos, se hará
en el Conservador o conservadores del departamento o departamentos en que esté o
estén situados los inmuebles (artículos 688 Nº2 y 687 del Código Civil y 55 Nº3 del Reglamento).
e) La sentencia ejecutoriada en que se reconocen como adquiridos por prescripción el dominio o cualquier otro
derecho real sobre inmuebles, se inscribirá en el Registro de Propiedad del Conservatorio de Bienes Raíces del
departamento o departamentos donde estuvieren situados los inmuebles (artículos 689 y 687 del Código Civil).
f) Los decretos de interdicción, los que prohíben o limitan generalmente el derecho de enajenar y los demás que no se
contraigan a determinado inmueble, se inscribirán en el Registro de Interdicciones y Prohibiciones de Enajenar del
Conservador del departamento en donde tenga su domicilio la persona sobre quien recae el decreto o prohibición. Se
inscribirán también en el departamento o departamentos en que estén situados los inmuebles que les pertenezcan.
Si la prohibición o limitación recayere sobre un inmueble determinado, la inscripción deberá hacerse en el departamento o
departamentos en que estuviere situado el inmueble (artículo 56 del Reglamento).
Subinscripciones y Cancelaciones.
Las rectificaciones de errores, omisiones y cualquiera otra modificación que el Conservador tenga que hacer de oficio o a
petición de parte, en conformidad al título que inscribió, las hará mediante subinscripción
(artículo 88 de Reglamento). Esta disposición es aplicable a las escrituras de aclaración que hacen las partes.
Las cancelaciones.
Son objeto de subinscripción las cancelaciones, sean totales o parciales, convencionales o decretadas por la justicia (artículo
91 del Reglamento). Esta norma hay que analizarla en relación con el artículo 728 relativo a la cesación de la posesión
inscrita, y tener presente que una de las maneras en que cesa la posesión inscrita es mediante la nueva inscripción en que el
poseedor inscrito transfiere su derecho a otro.
El Conservador no hará cancelaciones de oficio.
Sin embargo, cuando un poseedor inscrito transfiere su derecho a otro y se practica la nueva inscripción, el Conservador
estará obligado a poner una nota de simple referencia a las posteriores que versen sobre el mismo inmueble (artículo 92 del
Reglamento).
Las disposiciones relativas a la forma y solemnidades de las inscripciones, so, en lo conducente, aplicables a las
subinscripciones (artículo 90).
LA POSESIÓN
Es la tenencia de una cosa determinada con ánimo de señor o dueño, sea que el dueño o el que se da por tal tenga la cosa
por si mismo, o por otra persona que la tenga en lugar y a nombre de él (artículo 700, inciso 1º)
La posesión y el derecho de dominio.
La posesión puede estar unida, y, normalmente, lo estará. El dueño de una cosa, generalmente, será su poseedor. Esta
posesión del dueño tiene importancia para el ejercicio de las acciones posesorias.
Pero la posesión, también, puede estar separada del dominio. El dueño puede haber perdido la posesión de una cosa, que
está siendo poseída por un tercero. Esta posesión separada del dominio tiene también importancia para el ejercicio de las
acciones posesorias, pero, por sobre todo, para la prescripción adquisitiva, que es un modo de adquirir el dominio de las
cosas ajenas por haber sido poseídas por cierto lapso de tiempo, y concurriendo los demás requisitos legales (artículo 2492).
Las normas del título “De la Posesión” se refieren, principalmente, a la posesión separada del dominio.
Elementos de la posesión
a) El corpus, que consiste en la manifestación de un poder de dominación, es la posibilidad de disponer de la cosa con
exclusión de cualquier otra persona. Es la exteriorización del derecho de propiedad, el hecho de conducirse respecto a la
cosa como lo haría el propietario.
b) El animus, que es la intención de comportarse como propietario, como señor o dueño de una cosa.
Como se puede ver, el corpus refleja una situación de hecho; el animus tiene un carácter intencional.
Lo que hace que la tenencia de una cosa, que puede consistir en detentarla, se convierta en posesión es el animus.
Lo que caracteriza al animus es el hecho de que el tenedor de la cosa se conduzca como propietario suyo, pero ello no
implica que deba tener la convicción de que es dueño efectivamente. Por ejemplo, el
ladrón puede tener la posesión de la cosa robada según como se conduzca respecto de ella.
Semejanzas entre el dominio y la posesión
a) El dominio es un derecho. La posesión es un hecho, por lo menos para la mayoría de los autores;
b) El dominio sólo se puede adquirir por un modo. La posesión puede tenerse por varios títulos (artículo 701). Nadie
puede adquirir el dominio por un modo; si ya lo adquirió por otro, pues no se puede adquirir algo de que ya se es dueño. En
cambio, si una persona posee una cosa por título, la puede poseer por otro; por ejemplo, si una persona vende a otro una
cosa ajena, el comprador pasa a poseer en virtud de la tradición; si después el dueño le lega esa casa, pasará a poseerla
cuando los herederos se la entreguen;
c) El dominio está protegido por la acción reivindicatoria; la posesión por las acciones posesorias y, en algunos casos,
por la acción publiciana (artículo 894).
Utilidades que presta la posesión
a) El poseedor es reputado dueño, mientras otra persona no justifique serlo (artículo 700, inciso 2º). Es decir, está
amparado por una presunción simplemente legal de que es dueño;
b) El poseedor de buena fe se hace dueño de los frutos (artículo 907, inciso 3º);
c) Sirve para ganar el dominio de la cosa por prescripción (artículo 2492).
Cosas susceptibles de posesión
Son susceptibles de posesión sólo las cosas comerciables. Por consiguiente, no se pueden poseer las cosas que la
naturaleza ha hecho comunes a todos los hombres y los bienes nacionales de uso público. Es decir, las cosas que no están
en el comercio, las cosas que no son susceptibles de propiedad privada.
De esta manera, pueden ser objeto de posesión todas las cosas corporales, sean muebles o inmuebles, y, también, los
derechos reales que no estén legalmente exceptuados.
La mayor parte de los autores estiman que sólo los derechos reales pueden ganarse por prescripción adquisitiva. Los
derechos personales no pueden ganarse por prescripción adquisitiva, y señalan, entre otros argumentos, el artículo 2498, el
que no menciona a los derechos personales entre las cosas que pueden ganarse por esa prescripción1.
Clases de posesión
La posesión se clasifica en:
a) Viciosa y no viciosa.
La posesión viciosa puede ser violenta o clandestina.
1
Hay algunos autores que postulan que, pueden poseerse todas las cosas incorporales (artículo 715), sea que se trate de
derechos reales o personales. Argumentan que, tal como lo dice el Mensaje del Código, los derechos reales son susceptibles
de posesión. Las servidumbres discontinuas y las inaparentes son susceptibles de posesión aunque no puedan ganarse por
prescripción.
Tratándose de la posesión de los derechos personales, señalan que el código, en su artículo 1576, habla de “posesión del
crédito”, y algunos autores piensan que lo hace correctamente pues se puede detentar un crédito con ánimo de señor o
dueño. Además, señalan que los créditos pueden ganarse por prescripción adquisitiva. Por ejemplo, si una persona se hace
pasar por mandataria del acreedor sin serlo y cede el crédito, el cesionario podrá ganarlo por prescripción adquisitiva de diez
años, y el crédito puede no haberse extinguido por la prescripción extintiva por tener un plazo pendiente, por ejemplo. Por lo
demás el artículo 715 no distingue entre derechos reales y personales. En todo caso, los créditos se pueden ganar
por prescripción adquisitiva cuando forman parte de una herencia y ésta se gana de ese modo.
Posesión no viciosa es la que no es violenta ni clandestina.
b) Regular e irregular.
c) Tranquila y no tranquila.
Para algunos, posesión tranquila es la que no es violenta ni clandestina. Es decir, para ellos los conceptos de posesión no
viciosa y tranquila son idénticos.
Para otros, posesión tranquila es la que no es violenta ni clandestina y sin que el poseedor haya sido demandado por el
dueño o por otro poseedor.
La posesión tranquila es la única que habilita para intentar las acciones posesorias (artículo 918).
Hacemos presente que hay autores que llaman a la posesión viciosa, inútil, y a la no viciosa, útil, y que estiman que sólo esta
última habilita para ganar el dominio por prescripción adquisitiva (de ahí que usen esa terminología).
Posesión regular
Según el artículo 702, incisos 2º y 3º, se llama posesión regular la que procede de justo título y ha sido adquirida de buena fe;
aunque la buena fe no subsista después de adquirida la posesión. Se puede ser por consiguiente poseedor regular y
poseedor de mala fe, como viceversa el poseedor de buena fe puede ser poseedor irregular.
Si el título es translaticio de dominio, es también necesaria la tradición.
Requisitos de la posesión regular
1º Justo título;
2º Buena fe inicial, y
3º Tradición, si el título que se invoca es translaticio de dominio.
El Título
Antes de analizar lo que es título justo e injusto, veremos el concepto de título para la posesión y la clasificación de los títulos,
clasificación que se aplica tanto al título justo como al injusto.
Concepto de título para la posesión
Es el hecho o acto jurídico que hace nacer la posesión en una persona.
Los modos de adquirir el domino, por regla general, son títulos para la posesión cuando por alguna razón no han hecho
adquirir el dominio. Por ejemplo, si alguien ocupa una cosa mueble, que cree no pertenecer a nadie, con ánimo de hacerla
suya, y esa cosa pertenecía a otra persona, el ocupante no adquirirá el dominio por ocupación, pero pasará a ser poseedor
de la cosa; si una persona hace tradición de una cosa ajena, el adquirente no se hace dueño de la cosa pero se hace
poseedor de ella (artículo 683).
Clasificación de los títulos
Crítica al Artículo 703.
El artículo 703 que debió referirse a los títulos de la posesión es confuso ya que clasifica los títulos desde el punto de vista
del dominio. Dice:
“El justo título es constitutivo o translaticio de dominio.
Son constitutivos de dominio la ocupación, la accesión y la prescripción.
Son translaticios de dominio los que por su naturaleza sirven para transferirlo, como la venta, la permuta, la donación entre
vivos.
Pertenecen a esta clase las sentencias de adjudicación en juicios divisorios, y los actos legales de partición.
Las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos no forman nuevo título para legitimar la posesión.
Las transacciones en cuanto se limitan a reconocer o declarar derechos preexistentes, no forman nuevo título; pero en cuanto
trasfieren la propiedad de un objeto no disputado, constituyen un título nuevo”.
La tradición es un modo de adquirir el dominio que requiere de un título translaticio, como la compraventa, la permuta, la
donación entre vivos, etc.
Sin embargo, la tradición, cuando el tradente no es dueño, es el título de la posesión del adquirente.
La verdad es que no hay títulos translaticios para la posesión. Todos ellos son constitutivos, ya que la posesión principia en el
poseedor.
Los llamados títulos declarativos de posesión, que también lo son para el dominio, como las sentencias de adjudicación en
juicios divisorios y los actos legales de partición, la verdad es que no hacen nacer posesión ni dominio, y para determinar
cuándo el poseedor o dueño fue tal, hay que remontarse a algún título de posesión o de dominio anterior. Estos títulos no
hacen otra cosa que singularizar la posesión o el dominio que se tenía proindiviso con otros (artículos 718 y 1344). El artículo
703 es incorrecto al dar el carácter de títulos translaticios a las sentencias de adjudicación y a los actos legales de partición.
Los referidos títulos sólo lo son para la posesión en el caso excepcional de la accesión de posesiones que estudiaremos en la
prescripción.
Los títulos para la posesión son la ocupación, la accesión, la tradición, la sucesión por causa de muerte, el apoderamiento y
la entrega real o ficta en el caso de los inmuebles no inscritos.
La prescripción no es un título para la posesión ya que es un modo de adquirir el dominio que supone la posesión que debe
ser anterior a la consumación de la prescripción.
La ocupación es un título para la posesión cuando alguien ocupa una cosa que pertenece a otro y cree que carece de dueño.
La accesión es título para la posesión cuando una persona posee una cosa, sin ser dueña, y algo se junta a la cosa poseída.
Por ejemplo, una persona es poseedora de un inmueble, sin ser su dueño, y ese inmueble crece en virtud del aluvión; el
terreno de aluvión pasa a ser poseído por el poseedor del terreno que aquel incrementó.
La tradición es título de posesión cuando el tradente no es dueño de la cosa que pretende transferir.
La sucesión por causa de muerte es título para la posesión de herencia cuando ésta es ocupada por un heredero aparente
(artículos 1264, 1269, 2512). Los legitimarios poseen las cosas legadas cuando tienen el corpus y el animus. Lo mismo
sucede con los herederos respecto de cada bien en particular. Pero la posesión del heredero y la del legatario de especies se
retrotraen al momento de la declaración, y, en definitiva, al de la muerte del causante (artículo 1239).
El apoderamiento es título para la posesión de acuerdo al artículo 729 que estudiaremos más adelante.
Los títulos translaticios de dominio a que se refiere el artículo 703 son los contratos o actos jurídicos que son el antecedente
de la tradición que, a su vez, puede ser modo de adquirir el dominio o título para la posesión.
Como dice el inciso 5º del artículo 703, las sentencias judiciales sobre derechos litigiosos no forman
nuevo título para legitimar la posesión, porque reconocen situaciones anteriores a ellas.
Lo mismo sucede con las transacciones que se limitan a reconocer o declarar derechos preexistentes (artículo 703, inciso
final).
Hay que tener presente que las transacciones no transfieren derechos, y en ese sentido el artículo 703, inciso final es
incorrecto. Pero pueden servir de título para una tradición y, en este caso, no son títulos para la posesión sino que lo es la
tradición que en virtud de ellas se haga.
En resumen, el artículo 703 todos los conceptos están confundidos, y que más bien ha querido referirse a los modos de
adquirir el dominio originarios y derivativos y a los títulos de estos últimos.
Títulos justos e injustos
Como implícitamente ya los dijimos, los títulos se clasifican, también, en justos e injustos.
Justo Título
No hay una definición precisa y clara de lo que es justo título. Podría decirse que es el hecho o acto jurídico que hace nacer
posesión regular.
Título justo es el que no es injusto según la enumeración que hace el artículo 704.
Títulos Injustos
Podríamos decir que título injusto es el que por ser falsificado, aparente o nulo no habilita para hacer nacer posesión regular.
Los títulos injustos están taxativamente enumerados en el artículo 704 que dice: “No es justo título:
1º El falsificado, esto es, no otorgado realmente por la persona que se pretende;
2º El conferido por una persona en calidad de mandatario o representante legal de otra sin serlo;
3º El que adolece de un vicio de nulidad, como la enajenación que debiendo ser autorizada por un representante legal o por
decreto judicial, no lo ha sido, y
4º El meramente putativo, como el del heredero aparente que no es en realidad heredero; el del legatario cuyo legado ha
sido revocado por un acto testamentario posterior, etc. Sin embargo, el heredero putativo a quien por decreto judicial se haya
dado la posesión efectiva, servirá de justo título el decreto; como al legatario putativo el correspondiente acto testamentario
que haya sido judicialmente reconocido”.
Título Falsificado (artículo 704 Nº 1)
Esto es, no otorgado realmente por la persona que se pretende.
La jurisprudencia ha dicho que es falso un título cuando no ha sido realmente otorgado por las personas que aparecen
interviniendo en el acto, o cuando no ha sido realmente autorizado por el funcionamiento que aparece interviniendo en dicho
acto, o cuando ha sido adulterado en términos que cambien su naturaleza jurídica.
Título conferido por una persona en calidad de mandatario o representante legal de otra sin serlo (artículo 704 N°2)
Se trata del caso en que una persona se atribuye la calidad de mandatario o representante legal de
otra sin serlo.
También caen en la sanción del N°2 del artículo 704 los títulos otorgados por mandatarios que exceden los límites de su
mandato, o el representante legal que actúa respecto de bienes en que no tiene la representación. Por ejemplo, si se da un
mandato especial para vender una casa y el mandatario vende un automóvil; si el padre vende un bien perteneciente al
peculio profesional del hijo.
Título que adolece de algún vicio de nulidad (artículo 704 N° 3)
La nulidad que hace injusto un título puede ser absoluta o relativa.
La validación de un título que en su principio fue nulo, efectuada por la ratificación o por otro medio legal, se retrotrae a la
fecha en que fue conferido el título (artículo 705).
Título putativo (artículo 704 Nº 4)
Es el aparente.
LA BUENA FE
Es la lealtad, la probidad, la ausencia de mala intención.
Sin embargo, para los efectos de la posesión regular, la buena fe es la conciencia de haberse adquirido el dominio de la cosa
por medios legítimos, exentos de fraude y de todo otro vicio (artículo 706, inciso 1º).
Así, en títulos translaticios de dominio la buena fe supone la persuasión de haberse recibido la cosa de quien tenía la facultad
de enajenarla, y de no haber habido fraude ni otro vicio en el acto o contrato (artículo 706, inciso 2º).
El que tiene dudas sobre la legitimidad de la adquisición del dominio está de mala fe, ya que el código emplea las
expresiones “conciencia” y “persuasión”.
Para que haya posesión regular basta con la buena fe inicial. Si después de iniciada la posesión, el poseedor sabe que el que
le vendió la cosa, por ejemplo, no era su dueño, la posesión regular continúa aunque el poseedor esté de mala fe (artículo
702, inciso 2º).
La buena fe es una cuestión de hecho que debe ser establecida por el juez.
Además, es personal. La buena o mala fe no se traspasa de un poseedor a otro. Hay que establecerlas considerando cada
caso en particular.
El error y la buena fe
Un justo error en materia de hecho no se opone a la buena fe (artículo 706, inciso 3º).
Como lo dice la disposición, el error de hecho para que no se oponga a la buena fe debe ser justo, es decir, excusable: por
ejemplo, si se compra algo a un menor que dice ser mayor y que tiene apariencia del tal. Pero no sería justo el error si se
compra algo a un menor que dice ser mayor pero no tiene apariencia de tal. Pero el error en materia de derecho constituye
una presunción de mala fe que no admite prueba en contrario (artículo 706, inciso final). Ello se debe a que nadie puede
alegar ignorancia de la ley desde que ésta haya entrado en vigencia (artículo 8º). Por ejemplo, si se compra un inmueble a un
pupilo y no se hace en pública subasta, no podrá alegarse la ignorancia de la ley que exige la pública subasta para sostener
que
la posesión es de buena fe.
Presunción de la buena fe
La buena fe se presume, excepto en los casos en que la ley ha establecido la presunción contraria. En todos los otros, la
mala fe deberá probarse (artículo 707). Si alguien alega posesión regular, no tiene que probar su buena fe; le basta con
exhibir su justo título. El que se oponga debe probar la mala fe.
Como dice el artículo 707, hay casos en que la ley establece presunciones de mala fe. Por ejemplo, el error de derecho
(artículo 706, inciso final); el haber sabido y ocultado la verdadera muerte del desaparecido o su existencia de un título de
mera tenencia en la prescripción extraordinaria (artículo 2510 N°3), etc.
La tradición
Como hemos dicho, para ser poseedor regular, si se invoca un título translaticio de dominio, es necesaria, también la
tradición (artículo 702, inciso 3°), etc.
La posesión de unas cosa a vista y paciencia del que se obligó a entregarla (título translaticio de dominio), hará presumir la
tradición; a menos que ésta haya debido efectuarse por inscripción del título (artículo 702, inciso final).
En consecuencia, la presunción de tradición sólo se aplica en muebles y a las servidumbres, que no requieren de inscripción.
La posesión irregular
Es la que carece de uno o más de los requisitos de posesión regular (artículo 708).
Beneficios que reporta la posesión regular. Comparación con la posesión regular
1° Tanto el poseedor irregular como el regular pueden ganar el dominio de la cosa por prescripción.
Pero el poseedor irregular lo gana en un lapso más largo.
La posesión regular lleva a la prescripción ordinaria. La irregular a la extraordinaria;
2° Ambas posesiones están protegidas por las acciones posesorias. Pero la irregular no está protegida por la acción
publiciana (artículo 894);
3° La presunción de que el poseedor es dueño se aplica tanto a la posesión regular como a la irregular.
Posesiones viciosas
Son la violenta y la clandestina (artículo 709).
Posesión violenta
Es la que se adquiere por la fuerza (artículo 710, inciso 1°). Para que haya posesión violenta, la violencia debe haber existido
al iniciarse la posesión. Si después cesa la violencia, la posesión sigue siendo violenta.
Con todo, también es poseedor violento el que en ausencia del dueño se apodera de la cosa y volviendo el dueño le repele
(artículo 711).
Para que estemos en presencia de posesión violenta, es indiferente que la violencia se haya ejercido contra el verdadero
dueño de la cosa, o contra el que la poseía sin serlo, o contra el mero tenedor de la cosa (artículo 712, inciso 1°).
Igual cosa sucede respecto de la persona que ejerce la violencia. Si es poseedor violento no sólo cuando se ejecuta la
violencia por el poseedor sino cuando se ejecuta por sus agentes. También es indiferente si los agentes ejecutan la violencia
con consentimiento del poseedor o que una vez ejecutada sea ratificada expresa o tácitamente (artículo 712, inciso 2°).
La violencia, la fuerza, pude ser actual o inminente (artículo 710, inciso 2°). En este artículo la expresión “actual” está tomada
en el sentido de vías de hecho, y la palabra “inminente” en el sentido de amenazas de un daño futuro.
Características del vicio de violencia
Es un vicio relativo, es decir, sólo puede hacerse valer por la víctima de la violencia. Por ejemplo, si el actual poseedor de
una cosa de que no es dueño se le priva violentamente de la posesión, él puede hacer valer la violencia del que le privó de la
cosa. Pero el verdadero dueño no puede hacer valer esa violencia ya que no la hubo respecto de él.
Posesión clandestina
Es la que se ejerce ocultándola a los que tienen derecho para oponerse a ella (artículo 713).
La clandestinidad de la posesión se opone a su publicidad. Pero no respecto de todas las personas sino sólo respecto de los
que pueden oponerse a la posesión.
La clandestinidad puede viciar la posesión en cualquier momento; y una posesión que se inició públicamente puede
transformarse en clandestina.
Características del vicio de clandestinidad
1° Es un vicio relativo: Sólo puede alegarla el que tiene derecho para oponerse a la posesión que se le ocultó. Por
ejemplo, el verdadero dueño de la cosa; el poseedor regular de ella;
2° Es un vicio temporal: Cuando la posesión se hace pública respecto de los que puedan oponerse a ella, cesa la
clandestinidad, y la posesión deja de ser viciosa.
Posesión viciosa y posesión inútil
La mayoría de los autores estiman que la posesión viciosa es inútil porque no habilita para ganar el dominio de la cosa por
prescripción.
Sin embargo, hay otros que estiman que los conceptos de posesión viciosa y no viciosa no se relacionan con los conceptos
de posesión regular e irregular, y que puede haber posesión regular viciosa y posesión irregular viciosa que permiten llegar a
la prescripción adquisitiva.
Un caso de posesión regular viciosa sería el siguiente: una persona adquiere la posesión de una cosa de buena fe, con justo
título y previa tradición, suponiendo que el título sea translaticio de dominio, por ejemplo, una compraventa. Posteriormente,
se da cuenta que el verdadero dueño de la cosa no es el vendedor sino un tercero, y le oculta a éste su posesión.
Un caso de posesión irregular viciosa sería el siguiente: una persona se apodera violentamente de una cosa pero con ánimo
de señor o dueño y después continúa poseyendo en forma clandestina. Se trataría de una posesión de mala fe, que quedaría
comprendida en los casos de posesión irregular del artículo 708, y que permitiría ganar el domino por prescripción
extraordinaria de acuerdo al artículo 2510, aunque sea clandestina.
De lo dicho se pueden sacar las siguientes conclusiones:
a) La posesión regular puede ser clandestina, pero no desde su inicio porque sería de mala fe;
b) La posesión irregular puede ser clandestina desde el principio;
c) La posesión regular no puede jamás ser violenta porque sería de mala fe;
d) La posesión irregular puede ser violenta ya que no requiere de título (artículos 708 y 2510).
La mera tenencia
Se llama mera tenencia la que se ejerce sobre una cosa, no como dueño, sino en lugar o a nombre del dueño (artículo 714,
inciso 1°). Lo dicho se aplica generalmente a todo el que tiene una cosa reconociendo dominio ajeno (artículo 714, inciso 2°).
El código en el artículo 714, inciso 1° señala como meros tenedores al acreedor prendario, al secuestre, al usufructuario, al
usuario y al que tiene el derecho de habitación. Pero hay varias personas más que son meros tenedores; por ejemplo, el
depositario en el depósito propiamente dicho, el comodatario, el arrendatario, etc.
Se puede ser mero tenedor al ejercer un derecho real como el usufructo, el uso de la habitación, y se puede ser mero tenedor
en virtud de un título personal como el arrendatario, el comodatario, el depositario.
Características de la mera tenencia
1° Consiste en detentar algo sin ánimo de dueño, reconociendo dominio ajeno.
El poseedor tiene ánimo de dueño. Por eso el código llamó tenencia al elemento de la posesión y mera tenencia a la
institución a que nos estamos refiriendo.
A pesar de que entre tenencia y mera tenencia creemos que existen diferencias, lo que distingue, categóricamente, a la mera
tenencia de la posesión es, fundamentalmente, el ánimo.
2° Es inmutable o indeleble, jamás se transforma en posesión, ni aun en el caso del artículo 2510 N°3110 que menciona
el artículo 716111.
La posesión no se transmite ni se transfiere
El artículo 717 es categórico al respecto. Dice ese artículo: “Sea que se suceda el título universal o a título singular, la
posesión del sucesor, principia en él; a menos que quiera añadir la de su antecesor a la suya; pero en tal caso se la apropia
con sus calidades y vicios.
Podrá agregarse en los mismos términos a la posesión propia la de una serie no interrumpida de antecesores”.
Esta idea es repetida por el inciso 1° del artículo 2500 que dice: “Si una cosa ha sido poseída sucesivamente y sin
interrupción por dos o más personas, el tiempo del antecesor puede o no agregarse al tiempo del sucesor, según lo dispuesto
en el artículo 717”.
Confirman lo expresado en los artículos citados las disposiciones de los artículos 683, 688 y 727. Sin embargo, hay artículos
que parecieran estar en pugna con lo dicho. Por ejemplo, en el artículo
696112 se refiere la transferencia de la posesión; igual cosa hace el artículo 725 al referirse a la tenencia113.
110
Artículo 2510.- El dominio de cosas comerciales que no ha sido adquirido por la prescripción ordinaria, puede serlo por la
extraordinaria, bajo las reglas que van a expresarse:
1.a Para la prescripción extraordinaria no es necesario título alguno.
2.a Se presume en ella de derecho la buena fe, sin embargo de la falta de un título adquisitivo de dominio.
3.a Pero la existencia de un título de mera tenencia hará presumir mala fe, y no dará lugar a la prescripción, a menos de
concurrir estas dos circunstancias:
1.a Que el que se pretende dueño no pueda probar que en los últimos diez años se haya reconocido expresa o tácitamente
su dominio por el que alega la prescripción;
2.a Que el que alega la prescripción pruebe haber poseído sin violencia, clandestinidad ni interrupción por el mismo espacio
de tiempo.
111
Artículo 716.- El simple lapso de tiempo no muda la mera tenencia en posesión; salvo el caso del artículo 2510, regla 3ª.
El inciso 2° del artículo 2500 dice que la posesión principiada por una persona difunta continúa en la herencia yacente, que
se entiende posee a nombre del heredero.
El inciso señalado es criticable por muchas razones. Da a entender que la posesión del causante es continuada por los
herederos, lo que pugna con lo dispuesto en el inciso 1° del mismo artículo y con el artículo 717.
Además, dice que la herencia yacente posee y sabemos que la herencia yacente no es persona jurídica y que no puede
“poseer”. Por último, dice que la herencia yacente posee a nombre del heredero, es decir, no sería poseedora sino mero
tenedor o representante del heredero para poseer.
Hay que tener presente que los artículos 869 del Proyecto de 1853 y 866 a) del Proyecto Inédito decían que la posesión de la
herencia se transmitía. El código cambió las ideas que se expresan al respecto en dichos proyectos. Es posiblemente por eso
que Bello incurre en tantas imprecisiones al tratar la posesión.
El hecho de que la posesión principie en el poseedor tiene la ventaja de que puede mejorar la posesión de su antecesor y si
éste, por ejemplo, era poseedor irregular, el sucesor puede ser poseedor regular y ganar el dominio en un lapso de tiempo
inferior.
Cuando un poseedor agrega a su posesión la de su antecesor, se la apropia con sus calidades y vicios (artículo 717, inciso
1°).
Adquisición, conservación y pérdida de la posesión Por quienes puede tomarse la posesión
1° Personalmente por el que trata de adquirir la cosa para sí; 2° Por sus mandatarios;
3° Por sus representantes legales (artículo 720);
4° Por agentes oficiosos. Pero, en este caso, es necesario el conocimiento y aceptación del interesado (artículo 721, inciso
2°).
Momento en que se entiende adquirida la posesión por el mandante, representado legalmente o interesado
1° El mandante y el representado legalmente adquieren la posesión desde el momento en que el mandatario o representante
legal la toman a nombre de ellos, aunque lo ignoren (artículo 721, inciso 1°). Esto es así dado lo dispuesto en el Artículo 1448
que establece que lo hecho por el representante se entiende hecho por el representado.
2° Si el que toma la posesión a nombre de otro no es su mandatario ni representante, vale decir, es un agente oficioso, el
interesado no adquiere la posesión sino en virtud de su conocimiento y aceptación, esto es, desde que ratifica lo hecho por el
agente oficioso, pero la ratificación opera con efecto retroactivo, al momento en que fue tomada la posesión a su nombre
(artículo 721, inciso 2°)
Capacidad para adquirir la posesión
112
Artículo 696.- Los títulos cuya inscripción se prescribe en los artículos anteriores, no darán o transferirán la posesión
efectiva del respectivo derecho, mientras la inscripción no se efectúe de la manera que en dichos artículos se ordena; pero
esta disposición no regirá sino respecto de los títulos que se confieran después del término señalado en el reglamento
antedicho.
Respecto de los bienes raíces no se modifican las reglas generales sobre capacidad; por lo que pueden adquirir la posesión
por si, las personas capaces. Los incapaces sólo la pueden adquirir por intermedio de sus representantes legales.
Tratándose de cosas muebles, se modifican las reglas generales sobre capacidad, y los relativa y absolutamente incapaces
pueden adquirir la posesión de cosas muebles, salvo los dementes, los infantes y los sordos o sordomudos que no pueden
darse a entender claramente.
Es decir, pueden adquirirla los relativamente incapaces, como son los impúberes que no sean infantes y el disipador
declarado en interdicción y, también, los simplemente impúberes, que son incapaces absolutos. Sin embargo, todos los
incapaces, sean relativos o absolutos (que pueden adquirir la posesión de cosas muebles), para ejercer los derechos de
poseedores necesitan de la autorización competente (artículo 723).
Adquisición de la posesión de las cosas muebles
Si entendemos por corpus la manifestación de un poder de dominación, la posibilidad de disponer de la cosa, para adquirir la
posesión es necesario el corpus y el animus, aunque la mera tenencia siga en poder de otro. Por ejemplo, en el caso del
constituto posesorio.
La tenencia, en sentido del corpus es opuesta a la mera tenencia, en que se reconoce domino ajeno.
Conservación de la posesión de las cosas muebles
La posesión de las cosas muebles se conserva mientras se conserve el corpus y el animus, o sólo el animus aunque no se
tenga el corpus, hallándose la cosa bajo el poder de poseedor, aunque éste ignore accidentalmente su paradero (artículo
727). Naturalmente que en este caso, el poseedor no tiene el corpus ya que, si ignora el lugar del paradero de la cosa, no
podrá disponer de ella, no podrá materializar su poder de dominación.
El hecho de que el poseedor entregue en mera tenencia la cosa a otra persona, no se opone al corpus (artículo 725).
Pérdida de la posesión de las cosas muebles
a) Por pérdida del corpus y del animus:
1° Cuando se enajena la cosa;
2° Cuando se abandona la cosa al primer ocupante. Se trata de las “res derilectae”.
b) Por pérdida del corpus:
1° Cuando otra persona de apodera de la cosa con ánimo de hacerla suya (artículo 726)
2° Cuando sin pasar la posesión a otras manos se ha hecho imposible el ejercicio de actos posesorios (artículo 2502 N°1).
Por ejemplo, cuando un animal bravío recobra su libertad (artículo 619).
c) Por pérdida del animus: Algunos autores estiman que ello ocurre en el caso del constituto posesorio.
Nosotros, en el caso del constituto posesorio, pensamos que perdido el animus, se pierde el corpus, ya que distinguimos la
tenencia en sentido de corpus de la mera tenencia, y el constituto posesorio es un caso en que el antiguo dueño o poseedor
retiene la cosa como nuevo mero tenedor, esto es,
reconociendo dominio ajeno. Luego, falta en él el corpus y el animus.
La interrupción de la prescripción
Los elementos esenciales de la prescripción adquisitiva son la posesión de una cosa por un cierto lapso de tiempo y la
inacción del dueño, esto es, el hecho de que el dueño no reclame por la posesión que otro ejerce en esa cosa.
Si alguno de estos elementos, posesión e inacción del dueño, faltan, la prescripción se interrumpe.
Cuando se pierde la posesión o se hace imposible el ejercicio de actos posesorios estamos en presencia de la interrupción
natural de la prescripción.
Cuando cesa la inacción del dueño estamos en presencia de la interrupción civil de la prescripción.
Concepto de interrupción de la prescripción.
Como las causas de interrupción de la prescripción son varias, y sus efectos distintos, es difícil dar un concepto de la
interrupción de la prescripción.
Podríamos decir que es la situación que se produce cuando se pierde la posesión, se hace imposible el ejercicio de actos
posesorios o termina la inactividad del dueño, que produce el efecto de hacer perder el tiempo de prescripción transcurrido o
de descontarse el tiempo que duró la interrupción, según el caso.
Clases de interrupción de la prescripción.
La interrupción de la prescripción puede ser natural o civil.
El código habla en algunos artículos de interrupción de la posesión (artículo 2501), pero lo que se interrumpe no es la
posesión sino la prescripción, como lo dice el código de diversas disposiciones.
El efecto fundamental de la interrupción es el impedir la consumación de la prescripción. Pero
estimamos que la posesión continúa, salvo que la interrupción se produzca por pérdida de la posesión, y que si hay un nuevo
poseedor, éste puede agregar a su posesión la del antecesor que tuvo interrumpida su prescripción. Naturalmente que esto
es mientras no se dicte sentencia que haga recuperar la posesión, pues en ese caso, se entiende que el demandante jamás
perdió la posesión (artículo 731). Por ejemplo, si el poseedor de la cosa es demandado de reivindicación por el dueño y
pendiente el juicio la enajena a un tercero que pasa a poseer la cosa, el segundo poseedor podrá agregar a su posesión la de
su antecesor para consumar su prescripción.
Interrupción natural de la prescripción
Se produce en los siguientes casos:
a) Cuando sin haber pasado la posesión a otras manos, se ha hecho imposible el ejercicio de actos posesorios , como
cuando una heredad ha sido permanente inundada (artículo 2502 N°1);
b) Cuando se ha perdido la posesión por haber entrado en ella otra persona (artículo 2502 N°2).
La interrupción natural de la primera especie no produce otro efecto que el de descontarse su duración.
En el caso de la finca inundada, que es el ejemplo que señala el código, el poseedor conservador la posesión, y si las aguas
se retiran antes de 5 años, sólo se descuenta al poseedor el tiempo que duró la inundación.
Si la inundación dura más de cinco años, no sólo se pierde la posesión sino que también se pierde el dominio anterior, y la
heredad accede a los propietarios riberanos de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 653 y en los demás artículos relativos
a la accesión de inmueble a inmueble, según proceda.
Si se pierde la posesión por haber entrado en ella otra persona, se pierde todo el tiempo de prescripción anterior, a menos
que se haya recobrado legalmente la posesión, pues, en tal caso no se entenderá haber habido interrupción para el
desposeído (artículo 2502 inciso 2°).
El Código al mencionar la recuperación legal de la posesión sólo se refiere a las acciones posesorias. Sin embargo, la
mayoría de los autores estiman que la misma regla se aplica a la acción publiciana, por lo dispuesto en el artículo 731.
Interrupción civil de la prescripción
Es todo recurso judicial intentado por el que se pretende verdadero dueño contra el poseedor.
Requisitos.
1° Debe intentarse una acción ante los tribunales de justicia. No basta una actuación privada; 2° La demanda
debe ser notificada (artículo 2503 N°1);
3° Debe estar pendiente el plazo de prescripción. Esto es, no debe haberse consumado.
¿Interrumpe la prescripción la demanda intentada ante tribunal incompetente?
La jurisprudencia así lo ha dicho. Nosotros, sin embargo, creemos que el problema es discutible ya que podría considerarse
como no legal la notificación ordenada por un tribunal incompetente.
En este caso, cesa la inactividad del dueño de la cosa.
¿Las medidas prejudiciales interrumpen la prescripción?
En principio nos parece que la prescripción se interrumpe por la solicitud de medidas prejudiciales, siempre que se notifiquen,
dados los términos amplios que emplea el artículo 2503 que dice que la
interrupción civil es todo “recurso judicial” intentado por el que se pretende verdadero dueño de la cosa contra el poseedor, y
las medidas prejudiciales pueden considerarse un “recurso judicial”.
Además, con las medidas prejudiciales, al igual que con la demanda ante tribunal incompetente, cesa la inactividad del dueño
de la cosa.
Efectos de la interrupción civil.
La interrupción civil hace perder el tiempo de prescripción anterior.
Tiene lugar tanto respecto de la prescripción ordinaria como la extraordinaria.
Casos en que la demanda judicial no interrumpe la prescripción.
1° Si la notificación de la demanda no ha sido hecha en forma legal (artículo 2503 N°1);
2° Si el recurrente desistió expresamente de la demanda o se declaró abandonada la instancia (artículo 2503 N°2)
Si el recurrente se desiste de la demanda no puede demandar nuevamente al poseedor. El desestimiento de la demanda
produce el efecto de la cosa juzgada (artículo 150 del Código de Procedimiento Civil).
Si se abandona la instancia no se pierden las acciones del recurrente sino sólo el procedimiento, y el recurrente puede
demandar nuevamente al poseedor (artículo 156 del Código de Procedimiento Civil);
3° Si el demandado obtuvo sentencia de absolución (artículo 2503 N°3).
Personas que pueden invocar la interrupción de la prescripción
a) La interrupción natural puede ser invocada por todo el que tenga interés en ello. Normalmente será dueño de la
cosa;
b) La interrupción civil sólo puede invocarla el recurrente (artículo 2503, inciso 2°);
c) Si la cosa pertenece en común a varias personas, todo lo que interrumpe la prescripción respecto de una de ellas,
la interrumpe también respecto de las otras (artículo 2504).
Clases de prescripción adquisitiva
La prescripción adquisitiva puede ser ordinaria o extraordinaria (artículo 2506).
El fundamento de la prescripción ordinaria es la posesión regular. El fundamento de la prescripción extraordinaria es la
posesión irregular.
Prescripción adquisitiva ordinaria
Requisitos.
- Posesión regular;
- Transcurso del plazo;
- Cosa susceptible de ganarse por prescripción;
- Que no haya interrupción de la prescripción;
- Que la prescripción no esté suspendida (artículo 2507).
De estos requisitos sólo analizaremos los que no hayamos estudiado con anterioridad.
Transcurso del plazo
El tiempo necesario a la prescripción ordinaria es de dos años para los muebles y de cinco años
para los inmuebles (artículo 2508).
Las normas sobre cómo se computa el plazo están en los artículos 48, 49 y 50.
Suspensión de la prescripción ordinaria
Es un beneficio que la ley concede a ciertas personas y a la herencia yacente en cuya virtud no corre el plazo de prescripción
en su contra mientras dura la causa de la suspensión.
¿A favor de quiénes se suspende la prescripción?
La prescripción ordinaria se suspende a favor de los incapaces, de la herencia yacente y siempre entre cónyuges (artículo
2509).
Respecto de la mujer casada bajo régimen de sociedad conyugal la prescripción ordinaria se suspende sólo en relación con
los bienes que administra el marido. En consecuencia, no se suspende respecto de los bienes que administra como separada
de bienes ni respecto de los bienes que integran su patrimonio reservado según el artículo 150.
Sin embargo, la prescripción se suspende siempre entre cónyuges. En consecuencia, el marido no podrá ganar por
prescripción un bien de su mujer aunque esté separada totalmente de bienes, ni la mujer tampoco podrá ganar por
prescripción los bienes del marido.
Excepción: De conformidad al artículo 2509, no se suspende la prescripción adquisitiva ordinaria a favor de la mujer separada
judicialmente de su marido.
Efectos de la suspensión.
Mientras dura la causa de la suspensión se detiene la prescripción, pero no se pierde el tiempo anterior a la suspensión, si
hubo alguno (artículo 2509, inciso 1°). Por ejemplo, una persona posee un bien mueble de otra durante un año; el dueño cae
en demencia y al cabo de un año es rehabilitado; el poseedor deberá continuar prescribiendo por otro año contado desde que
cesa la suspensión ya que no perdió el primer año de prescripción.
Campo de aplicación de la suspensión de la prescripción.
La suspensión opera en la prescripción adquisitiva ordinaria y en la extintiva de largo tiempo (artículos 2509 y 2520).
En consecuencia, no opera en la prescripción adquisitiva extraordinaria ni en la extintiva de corto plazo (artículos 2511, 2523
y 2524).
Sin embargo, parte de los autores estiman que la prescripción extraordinaria se suspende entre cónyuges ya que el artículo
2509 dice que entre ellos se suspende siempre la prescripción: además porque las mismas razones que justifican la
suspensión entre cónyuges de la prescripción ordinaria existen en la extraordinaria; y porque el artículo 2511 dice que la
prescripción extraordinaria no se suspende a favor de las personas enumeradas en el artículo 2509 y en los números de
dicho artículo no figuran los cónyuges, que se mencionan en el inciso final.
Otros autores piensan que la prescripción extraordinaria no se suspende entre cónyuges por las razones siguientes:
1° Porque la suspensión es un beneficio de carácter excepcional que hay que interpretar en forma restrictiva;
2° Porque la expresión “siempre” que se usa en el artículo 2511 está tomada en sentido de “mencionadas”.
Recordemos, en todo caso, que entre el padre y el hijo sujeto a patria potestad no hay suspensión tratándose de prescripción
extraordinaria y no pareciera haber razón para que los cónyuges tengan un tratamiento diverso.
Por lo demás, las razones que se dan para que opere la suspensión entre cónyuges también se justificarían entre padres e
hijos sujetos a patria potestad. Tales razones son:
1° Que si hubiera prescripción entre cónyuges, ésta sería causa de perturbaciones en el matrimonio;
2° Como el marido es usufructuario de los bienes de la mujer, es un mero tenedor que no puede ganar el domino por
prescripción;
3° El marido, como administrador de los bienes propios de la mujer es el encargado de interrumpir las prescripciones en
contra de ésta.
En relación con la prescripción extintiva de corto tiempo, tiene lugar la suspensión de la prescripción en la acción nulidad
relativa (artículo 1692) y en la acción de reforma del testamento (artículo 1216, inciso 2°).
Prescripción adquisitiva extraordinaria
Requisitos.
- Posesión irregular;
- Transcurso del plazo;
- Cosa susceptible de ganarse por prescripción;
- Que no haya interrupción de la prescripción.
Período de tiempo.
El espacio de tiempo necesario para ganar por prescripción extraordinaria tanto los muebles, como los inmuebles es de diez
años (artículo 2511).
El título, la buena fe, la tradición y la mera tenencia en la prescripción extraordinaria.
Según el Artículo 2510 el dominio de las cosas comerciables que no ha sido adquirido por la prescripción ordinaria, puede
serlo por la extraordinaria, bajo las reglas que van a expresarse:
1° Para la prescripción extraordinaria no es necesario título alguno;
2° Se presume en ella de derecho la buena fe, sin embargo, de la falta de un título adquisitivo de dominio.
Es decir, para ganar por la prescripción extraordinaria basta la posesión irregular y el lapso de diez
años.
La verdad es que lo dispuesto en el N°2 del artículo 2510 está de más, pues la buena fe no se necesita
para tener posesión irregular y ganar por prescripción extraordinaria (artículo 708).
La referencia que hace el artículo a la existencia de un título de mera tenencia no significa que ésta pueda transformarse en
posesión como lo dice el artículo 716115. Jamás la mera tenencia se transforma en posesión. Si existe mera tenencia y se
reconoce dominio ajeno, no hay posesión. El artículo 716 está equivocado.
La mencionada referencia sólo significa que si existe un título de mera tenencia respecto de una cosa que, posteriormente se
pasa a poseer, será necesario probar posesión por diez años (artículo 2510, regla tercera). Por ejemplo, si una persona es
arrendataria de otra y un tercero le vende la cosa arrendada diciendo que es suya, al comprador, que era el arrendatario de la
primera persona a que nos hemos referido,
A. Gormaz R.
115
Artículo 716.- El simple lapso de tiempo no muda la mera tenencia en posesión; salvo el caso del artículo 2510, regla 3ª.
se le presumirá mala fe respecto de dicha persona, y sólo ganará la cosa por prescripción si la ha poseído sin violencia ni
clandestinidad respecto de ella, por diez años, y sin que el dueño (arrendador) pueda probar que en los últimos diez años se
haya reconocido expresa y tácitamente su dominio por el que alega la prescripción.
Prescripción de derechos reales que no son el dominio
La prescripción de los derechos reales que no son el dominio se rige por las mismas reglas que la prescripción de éste,
salvas las excepciones que se mencionan en el artículo 2512, relativas al derecho de herencia, al de censo y a las
servidumbres (artículo 2498).
Prescripción del derecho de censo
El derecho de censo se adquiere por la prescripción extraordinaria de diez años, aunque se haya poseído regularmente
(artículo 2512 N°1). Luego, la prescripción del derecho de censo siempre es extraordinaria y no se suspende.
Prescripción del derecho de herencia
El heredero putativo adquiere, por regla general, el derecho de herencia en el lapso de diez años (artículo 2512 N° 1).
Con todo, si al heredero putativo se le ha dado la posesión efectiva, adquiere la herencia en cinco años (artículos 1269 y
704).
Estimamos que esta prescripción de cinco años es ordinaria ya que el código llama “extraordinaria” a la prescripción de diez
años que se menciona en el N°1 del artículo 2512.
Lo dicho tiene importancia porque si se considera “ordinaria” la prescripción de cinco años, se suspende en los términos que
señala el artículo 2509.
La jurisprudencia ha dicho que el plazo de prescripción del derecho de herencia se cuenta desde la apertura de la sucesión.
Sin embargo, hay autores que sostienen que la prescripción de cinco años se cuenta desde que se publica la resolución que
da la posesión efectiva al heredero putativo.
.
a) El poseedor, una vez transcurrido el plazo de prescripción, se hace dueño de la cosa;
b) La prescripción opera retroactivamente. Es decir, se entiende que el poseedor es dueño de la cosa no desde que se
consumó o declaró la prescripción sino desde el inicio de su posesión. Esto no lo dice expresamente el código pero se
desprende de algunas disposiciones como el artículo 1736 N°1.
¿Cómo puede hacerse vale la prescripción?
La prescripción adquisitiva puede hacerse valer como acción y como excepción.
Se hará valer como acción cuando el poseedor,, una vez consumado el plazo de prescripción, pide que ésta se declare.
Se hará valer como excepción cuando demandado el poseedor por el dueño o por otro poseedor, la oponga para destruir la
acción del demandante.
Hay autores que creen que la prescripción sólo puede hacerse valer como acción y que, en consecuencia, cuando se opone
a la demanda, debe hacerse tal oposición a través de una reconvención. Así lo ha fallado la jurisprudencia más reciente.
Pese a ello, hay autores que no están de acuerdo, ya que el artículo 309 N°3 del Código de Procedimiento Civil dice que las
excepciones deben oponerse en la contestación de la demanda y el artículo 310 del mismo código dice que la excepción de
prescripción podrá oponerse en cualquier estado del juicio; pero que no se admitirá si no se alega por escrito antes de la
citación para sentencia en primera instancia, o de la vista de la causa en segunda, casos en que no podría hacerse valer por
la vía reconvencional.
Como hay jurisprudencia que dice que la prescripción adquisitiva sólo puede hacerse valer como acción será conveniente
que cuando se oponga a la demanda como excepción, también se haga valer por la vía reconvencional.
Inscripción de la sentencia que declara una prescripción adquisitiva
La sentencia que declara una prescripción adquisitiva del domino de un bien raíz o de derechos reales en él, salvo el de
servidumbre, debe inscribirse en el Registro Conservatorio del departamento en que está ubicado el inmueble (artículos 2513
y 689 del Código Civil y 52 del Reglamento del Conservador de Bienes raíces).
El objeto de esta inscripción es sólo dar publicidad y mantener la historia de la propiedad raíz, y hacer oponible a terceros la
sentencia que declaró la prescripción (artículo 2513).
.
Que el que intente la acción sea dueño de la cosa que reivindica.
Es diferente la naturaleza del dominio del que intenta la acción reivindicatoria.
Puede reivindicar tanto el propietario absoluto como el propietario fiduciario; el pleno propietario como el
nudo propietario (artículo 893). El copropietario puede reivindicar la cuota determinada pro indiviso que le corresponda en
una cosa singular (artículo 892).
En consecuencia, el comprador de una cosa que aún no le ha sido entregada, no tiene acción
reivindicatoria, por no tener el dominio, el que solo adquiere una vez efectuada la tradición.
LA ACCIÓN PUBLICIANA
Es la acción que se concede, aunque no se pruebe dominio, al que ha perdido la posesión regular de la cosa, y se hallaba en
el caso de poderla ganar por prescripción (artículo 894, inciso 1º).
Personas contra las que no procede la acción publiciana
Esta acción no valdrá ni contra el verdadero dueño, ni contra el que posea con igual o mejor derecho que el que la intenta
(artículo 894, inciso 1º).
Fundamentos de la acción publiciana
1º Por razones de equidad debe preferirse al que tiene una mejor posesión. Debe preferirse el poseedor regular de buena fe
al poseedor irregular o al poseedor regular de mala fe. Por ejemplo, alguien vende una cosa ajena a un tercero que la
adquiere de buena fe pero que después tiene conocimiento que el vendedor no era el dueño de la cosa; posteriormente otra
persona hace lo mismo con otro y este conserva su buena fe; si el primer comprador intenta la acción publiciana contra el
segundo comprador tiene una mejor posesión;
2º También es fundamento de la acción publiciana la presunción que establece el inciso 2º del artículo 700, de que el
poseedor es reputado dueño mientras otra persona no justifique serlo.
Requisitos de la acción publiciana
1º Que se haya perdido la posesión;
2º Que la posesión perdida sea regular;
3º Que el, poseedor que perdió la posesión se hallara en el caso de poder ganar la cosa por prescripción.
¿Cuándo se hallaba el poseedor en el caso de poder ganar la cosa por prescripción?
Algunos piensan que el poseedor ha estado en esa situación cuando ha transcurrido íntegramente el plazo de prescripción
sin que esta se haya alegado. Creen que si el poseedor que no ha completado el plazo de prescripción pierde la posesión de
la cosa, se produce la interrupción de la prescripción y se pierde todo el plazo transcurrido
Otros, creemos que con razón, sostienen que el poseedor se haya en el caso de poder ganar la cosa por
prescripción cuando aún no ha transcurrido íntegramente el plazo de prescripción. Las principales razones para pensar así
son las siguientes:
1º Si se completó el plazo de prescripción no se trata de un poseedor que haya perdido la posesión sino del dueño. Nosotros
pensamos que la prescripción opera de pleno derecho, sin necesidad de sentencia judicial;
.
2º La historia de la ley. Bello en el proyecto de 1853 señaló que la fuente del artículo 894 es el Derecho Romano y éste daba
la acción publiciana al poseedor que no había consumado la prescripción;
3º El hecho de que el artículo 894 diga que no pueda hacerse valer contra el dueño ya que el que consumó la prescripción
es el dueño de la cosa que no puede tener otro dueño.
¿Puede el dueño que ha perdido la posesión intentar la acción publiciana en lugar de la reivindicatoria?
Como la prueba del dominio puede ser muy difícil, el dueño de la cosa puede preferir intentar la acción publiciana a la
reivindicatoria ya que la prueba de la posesión puede resultarle más fácil.
Aunque en estricto derecho el dueño sólo puede intentar la acción reivindicatoria, hay jurisprudencia que
permite al dueño intentar la acción publiciana; y es más, que declara que al intentar la acción reivindicatoria implícitamente se
intenta la acción publiciana para el caso de que no se logre probar el dominio.
Segundo requisito de la acción reivindicatoria:
Que el que intenta la acción haya perdido la posesión de la cosa.
El objeto de la acción reivindicatoria es, precisamente, la posesión.
La causa de pedir en la acción reivindicatoria es el dominio y objeto perdido es la posesión que se ha
perdido.
Tercer requisito de la acción reivindicatoria:
Que se trate de una cosa singular
Como lo dice el artículo 889 puede reivindicarse las cosas singulares.
Las universalidades jurídicas no pueden reivindicarse. Por eso la herencia está protegida por la acción de
petición de herencia (artículo 891, inciso 2º y 1264).
Cosas que pueden reivindicarse
a) Las cosas corporales raíces o muebles (artículo 890, inciso 1º);
b) Los derechos reales, excepto el derecho de herencia por no ser singular (artículo 891);
c) Se puede reivindicar una cuota determinada pro indiviso, de una cosa singular (artículo892);
d) Los títulos valores o títulos de crédito. Son títulos valores los documentos escritos que consigna un derecho cuyo
ejercicio esta subordinado a la prestación del título. Su objetivo es que tenga una fácil y amplia circulación. En ellos el
derecho está incorporado al título y no puede ejercerse sin la prestación de este. Se transfieren por la entrega del título. Son
especies de título valores la letra de cambio, el cheque, el pagaré, las acciones de sociedades, etc.
Los títulos valores son cosas corporales muebles y singulares que pueden reivindicarse si se pueden identificar;
e) Pueden reivindicarse los bienes muebles fungibles hayan sido o no consumidos por el poseedor. Si existen en su
poder, por ejemplo, un número de sacos de trigo, nada se opone a la restitución de los mismos sacos de trigo; si el poseedor
dispone de ellos, cumplirá la obligación de restituirlos, entregando otros tantos sacos de trigo de la misma especie y calidad.
.
Reivindicación de cuotas
Ya hemos visto que el copropietario puede reivindicar la cuota determinada pro indiviso que le corresponde en una cosa
singular.
Si la comunidad recae sobre una cosa singular la reivindicación de la cuota no ofrece dificultad (artículo
892).
El problema se presenta cuando se trata de reivindicar la cuota de un comunero sobre una cosa singular
pero que integra una universalidad. Por ejemplo, si un heredero vende una cosa hereditaria, ¿pueden los otros herederos
reivindicar su cuota sobre esa cosa?
Hay autores que creen que ello no es posible porque estiman que mientras no se haga la partición de la comunidad ningún
heredero es dueño de cuota alguna en cada bien hereditario.
En nuestro concepto lo herederos son, en conjunto, dueños de todo los bienes hereditarios y, además, de
cada bien en particular. Es decir, todos los herederos son comuneros en cada bien de herencia.
En consecuencia, si un heredero enajena un bien hereditario, los otros podrán reivindicar su cuota en ese
bien, en el que son comuneros.
La solución contraria deja, prácticamente, en la indefensión a los herederos cuando uno de ellos enajena
una cosa de la herencia o cuando alguno de ellos no quiere o no puede intentar la acción reivindicatoria.
Reivindicación de cosas muebles compradas en ferias, tiendas, almacenes u otros establecimientos industriales en
que se venden cosas muebles de la misma clase
Se acostumbra a enseñar que las cosas muebles que se compran en los establecimientos señalados no pueden
reivindicarse.
La verdad es que dichas cosas pueden reivindicarse y no constituyen ninguna excepción al respecto.
Lo que es excepcional es la circunstancia de que el poseedor no e obligado a restituir la cosa si no se le
reembolsa lo que haya dado por ella y lo que haya gastado en repararla y mejorarla (artículo 890, incisos 2º y 3º).
.
a) Contra el actual poseedor.
Como la acción reivindicatoria tiene por objeto recuperar la posesión, lo normal es que se dirija contra el actual poseedor
(artículo 895).
Como puede suceder que el dueño sepa quien es el mero tenedor de la cosa pero ignore quien es el poseedor. El artículo
896 establece que el mero tenedor de la cosa que se reivindica es obligado a declarar el nombre y la residencia de la
persona a cuyo nombre la tiene.
La obligación referida que la ley impone al mero tenedor se hace valer como medida prejudicial. El Artículo 282 Nº1 del
Código de Procedimiento Civil dice que si aquel a quien se intenta demandar expone ser simple tenedor de l cosa de que
procede la acción o que es objeto de ella, podrá ser obligado a declarar bajo juramento el nombre y la residencia de la
persona a cuyo nombre la tiene. Si se niega a hacerlo, se le podrá apremiar con multa o arresto de hasta dos meses (artículo
282, inciso final y 274 del Código de Procedimiento Civil).
Si alguien, de mala fe, se da por poseedor de la cosa que se reivindica sin serlo, será condenado a la indemnización de todo
perjuicio que de este engaño haya resultado al actor (artículo 897).
b) Si fallece el poseedor, la acción reivindicatoria se dirige contra el o los herederos por la parte que posean en la cosa
(artículos 899 parte primera y 1526 Nº 2º).
Pero las prestaciones a que estaba obligado el poseedor por razón de los frutos o de los deterioros que le eran imputables,
pasan a los herederos de este a prorrata de sus cuotas hereditarias (artículo 899 y 1354, incisos 1º y 2º).
c) Contra el poseedor de buena fe que enajeno la cosa, pero solo para la restitución de lo que haya recibido por ella, y
siempre que por haberla enajenado se haya hecho imposible o difícil su persecución (artículo 898 parte primera).
El poseedor de buena fe a que nos referimos puede ser regular o irregular. Lo que interesa es la buena fe.
d) Contra el poseedor de buena fe que durante el juicio se ha puesto por su culpa en la imposibilidad de restituir la
cosa.
En este caso el reivindicador que habrá pedido la restitución de la cosa que no va a obtener porque el poseedor se puso, por
su culpa, en la imposibilidad de restituírsela, puede pedir el precio de la cosa y todas las prestaciones que procedan como si
se tratara de un poseedor de mala fe (artículo 900, incisos 4º, 1º y 2º).
Si el reivindicador prefiere dejar ese juicio y perseguir la cosa de manos del actual poseedor, respecto del tiempo que la cosa
estuvo en poder del enajenador tendrá este las obligaciones y derechos de los poseedores de mala fe por los frutos,
deterioros y mejoras (artículo 900, incisos 4º y 2º).
e) Contra el poseedor de mala fe que por hecho o culpa suya ha dejado de poseer.
En este caso el reivindicador pedirá el precio de la cosa y todas las prestaciones que corresponden a los
poseedores de mala fe (artículos 900, incisos1º y 2º y 898, inciso 1º parte final).
Si el reivindicador prefiere dirigirse contra el actual poseedor, respecto del tiempo que la cosa ha estado en
poder del poseedor de mala fe, tendrá este la obligaciones y derechos que corresponden a los poseedores de mala fe en
razón de frutos, deterioros y expensas (artículo 900, inciso 2º).
f) Contra el que enajeno la cosa sin ser poseedor y a sabiendas que era ajena, para la indemnización de
.
todo perjuicio (artículo 898, inciso 1º parte final).
Confirmación de la enajenación
Si el reivindicador recibe del poseedor de buena fe que enajenó la cosa lo que se le ha dado por ésta; o del poseedor de
mala fe que por hecho o culpa suya ha dejado de poseer, o del de buena fe que durante el juicio se ha puesto en la
imposibilidad de restituir la cosa por su culpa, el valor de la cosa; o del que enajenó la cosa sin ser poseedor y a sabiendas
que era ajena, lo que se le ha dado; queda confirmada por ese hecho la enajenación (artículos 898, inciso 2º. 900, incisos 3º
y 4º, 672, inciso 2º y 1818).
Cuando el reivindicador confirma la enajenación, es decir, pasa a considerarse como si el hubiese
enajenado y no responde del saneamiento en el caso de que el enajenador haya sido el poseedor de mala fe o el de buena
fe que durante el juicio se puso en la imposibilidad de restituir la cosa por su culpa.
En consecuencia, si el adquirente es privado de la cosa por un tercero, no puede dirigirse contra el reivindicador, pero puede
dirigirse contra el poseedor de mala fe que le enajenó la cosa; o, contra el de buena fe que durante el juicio se puso en la
imposibilidad de restituir la cosa por su culpa (artículo 900, inciso final).
En el caso del poseedor de buena fe a que se refiere la parte primera del artículo 898, si al reivindicador le es restituido lo
que dicho poseedor recibió, solo el reivindicador responde de la evicción ya que confirmo la enajenación y debe pasar a ser
considerado como el enajenante.
Tratándose de la enajenación de la cosa ajena hecha por quien no es poseedor, creemos que tanto el enajenador como el
que recibe de este lo que se le haya dado responden de la evicción por lo dispuesto en el inciso 2º del artículo 898.
Naturaleza de la acción cuando el reivindicador no pide la restitución de la cosa sino su precio
Algunos piensan que se trata de una acción personal ya que el objeto de la acción es dinero y la obligación de pagarlo emana
de la ley.
Otros creen que sigue siendo acción real y que el dinero subroga a la cosa cuya posesión ha perdido el
reivindicaste.
Hacemos presente que en los artículos 898 y 900 el código sigue llamando a esta acción “acción de
dominio”.
.
Hay autores y jurisprudencia que creen que, conforme lo dispone el artículo 915, procede la acción reivindicatoria contra el
mero tenedor o detentador de la cosa. Estiman que la expresión “poseyendo a nombre ajeno” que usa ese articulo significa
“mero tenedor de la cosa”.
Nosotros no pensamos así ya que poseer a nombre ajeno no significa ser mero tenedor de una cosa. La mera tenencia
requiere que se reconozca dominio ajeno y es incompatible con la posesión.
Nosotros pensamos que el artículo 915 solo establece que cuando se recupera la cosa del mero tenedor,
se aplican las reglas de la reivindicación relativas a las prestaciones mutuas (frutos, expensas, deterioros, etc.).
Procedimiento en que se tramita la acción reivindicatoria.
Procedimiento.
En cuanto al procedimiento la acción reivindicatoria es de lato conocimiento y se tramita en juicio ordinario.
Competencia.
Si la reivindicación recae en un inmueble es competente para conocer de ella el Juez del lugar donde esta el inmueble
(artículo 135 Nº 3 del Código Orgánico de Tribunales). Si el inmueble o mueble que son objetos de la acción reivindicatoria
estuvieren situados en distintos distritos jurisdiccionales, será competente cualquiera de los jueces en cuyo distrito estuvieren
situados (artículo 136 del Código Orgánico de Tribunales).
Si la reivindicación recae sobre cosas muebles, es competente el juez del domicilio del demandado (artículo 134 del Código
Orgánico de Tribunales).
Medidas precautorias.
Si reivindicándose una cosa corporal mueble hubiera motivo de temer que se pierda o deteriore en manos de poseedor,
podrá el acto pedir su secuestro; y el poseedor, será obligado a consentir en el, o a dar seguridad suficiente de restitución,
para el caso de ser condenado a restituir (artículos 901 del Código Civil y 291 del Código de procedimiento Civil).
Si se trata de bienes raíces el actor tendrá derecho a provocar las providencias necesarias para evitar todo deterioro de la
cosa y de los muebles y semovientes anexos a ella y comprendidos en la reivindicación, si hubiere justo motivo de tenerlo, o
las facultades del demandado no ofreciere suficiente garantía (artículo 902, inciso 2º). Una de las medidas es el
nombramiento de interventor que consagra el Nº 1º del artículo 293 del Código de Procedimiento Civil.
Hacemos presente que tratándose de inmueble, mientras se tramita el juicio, el poseedor seguirá gozando de ellos, hasta la
sentencia definitiva pasada en autoridad de cosa juzgada (artículo 902, inciso 1º).
Las medidas precautorias señaladas no impiden solicitar otras como la retención de la cosa que se reivindica o la prohibición
de celebrar actos o contratos (artículos 295 y 296 del Código de Procedimiento Civil).
.
Como el poseedor esta amparado por la presunción de dominio que establece el artículo 700, el reivindicador debe probar
que el es el dueño de la cosa que reivindica.
Por lo demás, al demandante le corresponde probar los supuestos de su acción y sabemos que en la
acción reivindicatoria la causa de pedir es el dominio.
También debe probar el reivindicador que el demandado es el poseedor de la cosa y que la cosa que se
reivindica es la misma que posee el demandado (determinación de la cosa singular que se reivindica).
La prueba del dominio varia según si el reivindicante es dueño por un modo de adquirir originario o derivativo.
Si se invoca la ocupación, el dominio se prueba demostrando la aprehensión de la cosa mueble, que esta
no pertenece a nadie y el ánimo de hacerse dueño.
Si se invoca la accesión, basta con que se apruebe el dominio de la cosa principal a la que otra se ha
juntado y el hecho de la unión, o el dominio de la cosa de que nacen los frutos o productos y la producción correspondiente
Si se invoca la prescripción, hasta con probar la posesión no interrumpida por el tiempo que la ley señala.
En el caso de la ocupación, de la accesión y de la prescripción, la prueba no es tan difícil ya que se trata
de probar hechos.
Si el dominio del reivindicante tiene su origen en un modo de adquirir derivativo, que es lo más frecuente,
la prueba se hace más difícil pues habría que remontarse al dominio del antecesor y así sucesivamente hasta hallar el modo
de adquirir originario.
En este caso, cobra real importancia la prescripción pues al dueño le basta con probar que ha poseído la
cosa por diez años para que no haya dudas de su dominio pues si uno de sus antecesores no fue dueño, el lo sería por
prescripción.
Si el fisco reivindica tierras que recaen de otro dueño, no necesita probar dominio ya que según el artículo 590 lo tiene.
Sin embargo, debería probar que esas tierras no tienen otro dueño pues al demandante le corresponde
probar los supuestos de su acción; lo que podría hacer mediante la prueba de presunción; por ejemplo, probando que el fisco
dio en arriendo esas tierras, o que no se han efectuado actos posesorios por otra persona, etc.
Sin embargo hay fallos que resuelven que el fisco no necesita probar que las tierras que reivindica no
pertenecen a nadie, lo que seria muy difícil, sino que el demandado debe probar el dominio que tiene sobre esas tierras.
Fuera de la prescripción el dominio puede probarse por presunciones. Pero no puede probarse por testigos ya que estos
deponen sobre hechos y no sobre el derecho. Sin embargo, pueden probarse por testigos los hechos que deben servir de
indicios para las presunciones.
Excepciones que puede oponer el demandado
El demandado puede oponer a la demanda de reivindicación cualquier excepción que destruya la acción de dominio. Por
ejemplo, que el demandante no ha probado el dominio, o que la cosa que se pretende reivindicar no es la que posee, o la
prescripción adquisitiva de la cosa, etc.
Entre las excepciones que pueden oponer el demandado esta la de saneamiento por evicción. La evicción es La privación por
sentencia judicial y por causa anterior a la venta, del todo o parte de la cosa comprada (artículos 1838 y 1839). En
consecuencia, no puede provocarla demandado el de
.
reivindicación al comprador. Si lo hace, este puede oponerle la excepción de saneamiento de la evicción.
Extensión de la acción reivindicatoria al embargo, en manos de terceros de lo que por este se deba como precio o
permuta al poseedor que enajenó la cosa
Cuando el reivindicador demande el precio de la cosa o lo que haya recibido el que la enajeno. Puede embargar lo que el
tercero deba al enajenante para ser pagado íntegramente (artículo 903).
Prescripción de la acción reivindicatoria
La acción reivindicatoria es una acción real o propietaria.
Como lo dice el artículo 2517 se extingue por la prescripción adquisitiva del derecho que protege.
En consecuencia, la acción reivindicatoria se extingue cuando el poseedor gana por prescripción
adquisitiva el dominio de la cosa que se persigue con la acción reivindicatoria.
Por consiguiente, el plazo de prescripción extintiva de la acción reivindicatoria será de dos, cinco o diez
años, según se trate de muebles o inmuebles, y según sea regular o irregular la posesión del prescribiente (artículos 2507,
2508, inciso 1º y 2511).
PRESTACIONES MUTUAS
Son las restituciones y pagos recíprocos que deben hacerse el reivindicador y el poseedor vencido entre si.
.
Para saber si los deterioros sufridos por la cosa reivindicada deben ser pagados al reivindicador hay que distinguir si el
poseedor vencido estaba de buena o mala fe.
El poseedor vencido de mala fe es responsable de los deterioros que sufra la cosa por su hecho o culpa.
Como se puede ver, no responde del caso fortuito. Naturalmente que responderá del caso fortuito según
las reglas generales, por ejemplo, si se constituye en mora de restituir (artículos 1547, 1550 y 1672).
El poseedor vencido de buena fe no responde de los deterioros si no en cuanto se hubiere aprovechado de
ellos, por ejemplo, destruyendo un bosque o un arbolado, y vendiendo la madera o leña, o empleándola en beneficio suyo
(artículo 906).
La buena o mala fe se considera al tiempo en que se producen los deterioros.
Lo que se ha dicho de los deterioros se aplica a las ruinas o destrucción total de la cosa.
c) Restitución de los frutos.
También para la restitución de los frutos hay que distinguir entre el poseedor de buena y de mala fe.
La buena o mala fe de el poseedor se refiere, relativamente a los frutos, al tiempo de la percepción (artículo 913 parte
primera).
El poseedor de mala fe es obligado a restituir los frutos naturales y civiles de la cosa, y no solamente los percibidos sino los
que el dueño hubiera podido percibir con mediana inteligencia y actividad, teniendo la cosa en su poder (artículo 907, inciso
1º).
Si no existen los frutos deberá el valor que tenían o hubieran tenido al tiempo de la percepción, y se consideran como no
existentes los que se hayan deteriorado en su poder (artículo 907, inciso 2º).
El poseedor de buena fe no es obligado a la restitución de los frutos percibidos antes de la contestación de la demanda.
Los percibidos después de la contestación de la demanda debe restituirlos según las mismas reglas que los poseedores de
mala fe (artículo 907, inciso 3º).
Si el poseedor de buena fe no contesta la demanda creemos que debe restituir los frutos percibidos desde que se le acusa
rebeldía de ese trámite. Hay, en ese sentido, un fallo de la Corte Suprema.
a) Gastos de conservación y custodia. Costas.
El poseedor vencido de mala fe esta obligado a rembolsar al reivindicador los gastos de custodia y conservación si la cosa
fue secuestrada.
El poseedor de buena fe no es obligado a rembolsar esos gastos y debe pagarlos al reivindicador (artículo
904).
En cuanto a las cosas se esta a lo que resuelva el tribunal según las reglas generales.
Prestaciones del reivindicador al poseedor vencido
a) Gastos ordinarios de producción de los frutos.
En toda restitución de frutos se abonaran al que la hace los gastos ordinarios que el poseedor vencido a invertido en
producirlos (artículo 907, inciso final).
b) Pago de las mejoras y expensas:
.
Concepto de mejoras o expensas.
Son las obras materiales o inmateriales que tienen por objeto la conservación, utilidad, comodidad u ornato de la cosa.
Clasificación de las mejoras o expensas.
Las mejoras expensas se clasifican en necesarias, útiles y voluptuarias.
Mejoras o expensas necesarias son aquellas que son indispensables para la conservación de la cosa; por
ejemplo, un dique, el pago de una deuda para evitar el remate de una cosa (artículo 908, inciso 1º).
Mejoras o expensas útiles son las que sin ser necesarias, aumentan el valor venal de la cosa, su valor
comercial (artículo 909, inciso 2º). Por ejemplo, la plantación de árboles en un predio Mejoras o expensas voluptuarias son
las que solo consisten en objetos de lujo y recreo, como jardines, miradores, fuentes, cascadas artificiales, y generalmente
aquellas que no aumentan el valor de la cosa en el mercado general, o solo lo aumentan en una proporción insignificante
(artículo 911, inciso 2º)
Pago de las mejoras o expensas necesarias.
El poseedor vencido, de buena o de mala fe, tiene derecho a que se le abonen las expensas necesarias invertidas en la
conservación de la cosa, según la regla siguiente:
a) Si estas expensas se invirtieron en obras materiales (el código dice en obras permanentes), como una cerca
para impedir las depredaciones o un dique para atajar las avenidas, o las reparaciones de un edificio arruinado por un
terremoto, se abonaran al poseedor dichas expensas, en cuanto hubieran sido realmente necesarias; pero reducidas a lo que
valgan las obras al tiempo de la restitución (artículo 908, inciso 2º).
b) Si las expensas se invirtieron en cosas que por su naturaleza no dejan resultado material permanente, es decir
si se trata de obras inmateriales, como la defensa judicial de la finca, serán abonadas al poseedor en cuanto aprovecharen al
reivindicador, y se hubieren ejecutado con mediana inteligencia y economía (artículo 908, inciso 3º).
Pago de las mejoras o expensas útiles.
Para saber si el poseedor vencido tiene derecho a que se le paguen las mejoras o expensas útiles, hay que distinguir si esta
de buena fe o de mala fe.
La buena fe se refiere, relativamente, a las expensas y mejoras, al tiempo en que fueron hechas (artículo
913).
a) El poseedor vencido de buena fe tiene derecho a que se le abonen las mejoras útiles, hechas ante de
contaestarse la demanda (artículo 909, inciso 1º).
El reivindicador podrá elegir entre el pago de la que valga las obras al tiempo de la restitución, o el pago de
lo que en virtud de dichas mejoras valiere mas la cosa en dicho tiempo (artículo 909, inciso 3º).
En cuanto a lasa obras hechas después de la contestación de la demanda, el poseedor de buena fe
solamente tiene los derechos que se conceden al de mala fe (artículo 909, inciso final).
b) El poseedor vencido de mala fe no tendrá derecho a que se le abonen las mejoras útiles.
.
Pero podrá llevarse los materiales de dichas mejoras, siempre que pueda separarlos sin detrimento de la
cosa reivindicada, y que el propietario rehúse pagarle el precio que tendrían dichos materiales después de sepáralos (artículo
910).
Se entiende que la reparación es en detrimento de la cosa reivindicada, cuando hubiere de dejarla en peor
estado que antes de ejecutarse las mejoras; salvo en cuanto el poseedor vencido pudiere reponerla inmediatamente e su
estado anterior, y se allanare a ello (artículo 912).
Pago de las mejoras o expensas voluptarias.
El propietario no es obligado a pagarlas al poseedor de mala ni de buena fe, que solo tendrá derecho a llevarse los
materiales, siempre que puedan repararlos sin detrimento de la cosa reivindicada, y que el propietario rehúse pagarles el
precio que tendría dichos materiales después de separarlos (artículo 911, inciso 1º).
El reivindicador no está obligado a pagar intereses al poseedor vencido cuando debe pagarle las mejoras
Derecho legal de retención del poseedor vencido.
Cuando el poseedor vencido tuviere un saldo que reclamar en razón de expensas y mejoras podrá retener la cosa hasta que
se le verifique el pago o se le asegure a su satisfacción (artículo 914).
Naturalmente que la garantía para asegurar el pago debe ser calificada por el juez.
Para que surta efectos el derecho legal de retención debe ser declarado judicialmente (artículo 545 del
Código de Procedimiento Civil), y si la retención recae sobre inmueble debe inscribirse en el Conservador de Bienes Raíces
(artículo 546 del Código de Procedimiento Civil).
.
amparo y de restitución; la de restablecimiento cuando se reclama la posesión, también podría considerarse que tiene ese
carácter. Cuando se reclama con ella la mera tenencia, no tiene el carácter de acción “posesoria”. Tampoco lo tienen, en
estricto derecho, las denuncias de obra nueva y de obra ruinosa ni los interdictos especiales.
Sin embargo, como nuestros códigos las llaman acciones posesorias, nosotros seguiremos usando esta terminología.
Fundamento de las acciones posesorias
Las acciones posesorias tienen como principal fundamento el que los particulares no se hagan justicia por sí mismos.
También tiene como fundamento el dominio probable y presunto que tiene el poseedor y, en sentido, indirectamente protegen
el derecho de dominio.
Por último, algunas de ellas sirven para evitar la interrupción de la prescripción (artículo 2502 N°2, inciso 2°).
Naturaleza de las acciones posesorias
a) Hay autores que estiman que las acciones posesorias son personales, pues derivan de un delito o de un cuasidelito.
Otros creen que al ser la posesión un hecho y no un derecho, las acciones posesorias son reales porque se pueden hacer
valer contra cualquiera persona. Claro Solar dice que los interdictos o acciones posesorias son “in rem” y por eso pasan
contra el actual poseedor que ha adquirido la cosa de manos del usurpador a cualquier título.
b) Son acciones inmuebles porque resguardan la posesión de bienes inmuebles o de derechos reales constituidos en
ellos (artículos 916 y 580).
Los juicios posesorios y la excepción de cosa juzgada
La excepción de cosa juzgada es el efecto de las resoluciones judiciales firmes o ejecutoriadas que impide volver a discutir la
cuestión que ellas han resuelto.
Se llama cosa juzgada material o sustancial, la que impide volver a discutir lo resuelto en una sentencia, en cualquier otro
juicio.
Cosa juzgada formal es la que impide discutir lo resulto, en el mismo procedimiento en que se dictó la sentencia, pero que no
impide que se pueda hacer un procedimiento diverso.
Siempre que hay cosa juzgada material, hay cosa juzgada formal. Pero si hay cosa juzgada formal puede no haberla
material.
Como la mayor parte de los interdictos posesorios dejan a salvo las acciones ordinarias, se acostumbra a decir que las
sentencias dictadas en ellos no producen la excepción de la cosa juzgada material.
La verdad es que ello no es efectivo. Las sentencias recaídas en las querellas posesorias producen la cosa juzgada formal y
material, salvo las que resuelven las denuncias de obra ruinosa desechándola y la de obra nueva acogiéndola y las que
recaen en los interdictos especiales.
Decimos que no es efectivo que las acciones posesorias no produzcan excepción de cosa juzgada material al dejar a salvo la
acción ordinaria pues si se intenta una acción reivindicatoria, por ejemplo, la causa de pedir es distinta; en la acción
posesoria es la posesión y en la reivindicatoria el domino.
Con todo, como la cosa pedida, la posesión, es la misma en los dos juicios, ganada una querella de
.
amparo o restitución, ello no significa que la posesión quede inalterable, pues puede perderse en el juicio reivindicatorio. Pero
ello no significa que la querella posesoria no produzca la excepción de cosa juzgada material.
La acción posesoria ordinaria
En la antigua legislación española que se aplicó en Chile se distinguía entre la acción posesoria interdictal y la acción
posesoria ordinaria.
La acción posesoria interdictal era una acción extraordinaria que se tramitaba en juicio sumarísimo para proteger la posesión
actual. Se refería al mero hecho de la posesión.
La acción posesoria ordinaria tenía por objeto proteger la posesión permanentemente y se tramitaba en juicio ordinario.
A pesar de que más de algún autor ha pretendido que en nuestro derecho existe la acción posesoria ordinaria, la mayor parte
de la doctrina y la jurisprudencia estiman que nuestra legislación no contempla la acción posesoria ordinaria.
Sin embargo de lo dicho, podría considerarse que la acción publiciana es una especie de acción posesoria ordinaria.
.
d) La causa de pedir en la acción reivindicatoria es el dominio; en las posesorias la posesión.
e) La causa reivindicatoria se tramita en juicio ordinario; las acciones posesorias tiene una tramitación especial.
f) El plazo de prescripción es distinto en la acción reivindicatoria y en las acciones posesorias.
Cosas que se protegen con las acciones posesorias
Sólo pueden ser objeto de acciones posesorias los bienes raíces o los derechos reales constituidos en ellos
(artículo 916), que también son bienes raíces.
Además, el bien raíz (su dominio) o el derecho real constituido en él, debe poder ganarse por prescripción.
En consecuencia, las servidumbres inaparentes o discontinuas no pueden ser objeto de acciones posesorias (artículos 917 y
882).
El derecho real de herencia, que no es mueble ni inmueble, no puede protegerse con acciones posesorias.
Los bienes nacionales de uso público que no son susceptibles de posesión privada ni de prescripción, tampoco pueden
protegerse con acciones posesorias.
Nuestra jurisprudencia estima que la “concesión” es un derecho real porque se ejerce sobre una cosa directamente y sin
respecto o determinada persona. En consecuencia, puede ser protegida por acciones posesorias.
En otros países los autores discuten sobre la procedencia o improcedencia de las acciones posesorias respecto de las
servidumbres discontinuas o inaparentes cuando tiene su origen en un título. En nuestro país esa discusión no puede tener
lugar dados los categóricos términos del artículo 917.
.
Para algunos autores el artículo señalado contradice la intransmisibilidad de la posesión que consagra nuestro código.
Otros piensan que la posesión, como situación de hecho, es intransferible y que comienza en el heredero, pero que son
transmisibles las ventajas de la posesión y las acciones que la protegen.
Requisitos necesarios para intentar una acción posesoria
a) Posesión tranquila y no interrumpida por un año completo (artículo 918);
b) Haber sido privado de la posesión o haber sufrido una molestia o embarazo en ella, e
c) Intentar la acción ante de que venza el plazo que la ley señala.
Posesión tranquila y no interrumpida
a) Posesión tranquila es la que se ejerce sin violencia, clandestinidad y sin que le sea disputada al poseedor.
b) Posesión ininterrumpida es la que no ha sufrido ninguna interrupción natural o civil (artículo 2501).
¿Cómo se cuenta el año de posesión tranquila y no interrumpida?
Ese plazo se cuenta hacia atrás desde la fecha del despojo, molestia o embarazo.
Para computar el año referido, el poseedor puede añadir a su posesión la de una serie no interrumpida de antecesores
(artículos 920, inciso final, 717, 718 y 719).
Despojo de la posesión, molestia o embarazo de la misma
a) Despojo es la privación injusta, total o parcial de la posesión (artículo 926).
b) Molestia o embarazo es todo hecho o acto que, sin despojar de la posesión, impide al poseedor ejercerla
tranquilamente. La molestia es lo mismo que turbación de la posesión (artículos 920 y 921).
Los actos inminentes o que tienden al despojo son de turbación o embarazo.
En el acto de molestia o embarazo no interesa la buena o mala fe del que lo ejecuta. La molestia o embarazo pueden ser de
hecho o de derecho.
Constituyen turbaciones de hecho los hechos materiales contrarios a la posesión. Por ejemplo, introducir ganado en un
predio ajeno; poner un candado en la puerta por donde se ejercita una servidumbre de tránsito
Turbaciones de derecho son actos jurídicos que importan inequívocamente una pretensión contraria a la posesión ajena.
Por ejemplo, gestiones para inscribir un título sobre un inmueble poseído por otro.
Plazo en que deben intentarse las acciones posesorias
a) Las acciones que tienen por objeto conservar la posesión, prescriben en un año completo, contado desde el acto de
molestia o embarazo inferido a ella (artículo 920, inciso. 1°).
Según la jurisprudencia, esta prescripción se interrumpe con la presentación de la querella, no con su notificación.
Si la molestia o embarazo no consiste en un hecho sólo sino varios que constituyen diversas molestias, el plazo de
prescripción se cuenta respecto de cada acción posesoria posible de intentar desde la correspondiente molestia o embarazo.
Si la molestia es siempre la misma pero reiterada; por ejemplo, un minero deja todos los días sus
.
- 130 -
minerales en terreno de su vecino, para algunos autores el plazo de prescripción se cuenta desde el primer hecho que turba
la posesión.
Claro Solar estima que el plazo de prescripción se cuenta desde el último acto de molestia o embarazo que ha
experimentado el poseedor de parte del turbador116.
Encontramos discutible la facultad de suprimir la expresión “primer” que hizo la Comisión aludida y los artículos de los
Proyectos la contenían. Sin embargo, encontramos más conforme con la justicia lo sostenido por Claro Solar.
Si se trata de una sola molestia producida por un hecho continuado, el plazo de prescripción se contará desde el hecho que
embarazó la posesión ajena.
b) Las acciones que tienen por objeto recuperar la posesión, expiran al cabo de un año completo contado desde que el
poseedor anterior la ha perdido (artículo 920, inciso 2°).
Si la nueva posesión ha sido violenta o clandestina, se contará este año desde el último acto de violencia, o desde que haya
cesado la clandestinidad (artículo 920, inciso 3°).
¿Contra quiénes se puede intentar acciones posesorias?
a) Contra el que despojó de la posesión a otra persona o le turbó o embarazó en ella. Es lo corriente;
b) Contra el heredero del autor del embarazo o despojo (artículo 919);
c) Contra toda persona, cuya posesión derive del usurpador por cualquier título (artículo 927, inciso 1°).
Pero no serán obligados a la indemnización de perjuicios, sino el usurpador mismo, o el tercero de mala fe; y habiendo varias
personas obligadas, todas lo serán insólidum o solidariamente (artículo 927, inciso 2°).
Acción criminal contra el usurpador
El artículo 929 expresa que los actos de violencia cometidos con armas o sin ellas, serán además castigados con las penas
que por el Código Penal castiga el delito de usurpación en los artículos 457 a 462.
Acciones posesorias entre comuneros
Entre comuneros no hay inconveniente para ejercitar las acciones posesorias siempre que alguno de ellos pretendiéndose
dueño o poseedor exclusivo, despoje de la posesión a los otros. Hay jurisprudencia en contra.
Acciones posesorias contra la autoridad
Aunque no todos están de acuerdo, la mayoría de los autores y la jurisprudencia aceptan que la autoridad puede ser sujeto
pasivo de una acción posesoria cuando ordenan o ejecutan un hecho que despoje de la posesión o la turbe.
Objeto de las acciones posesorias
El objeto de las acciones posesorias en la posesión. En los juicios posesorios no se tomará en cuenta el dominio que por una
parte o por otra parte se alegue (artículo 923, inciso 1°).
Podrán, con todo, exhibirse títulos de domino para comprobar la posesión, pero sólo aquellos cuya existencia pueda probarse
sumariamente, ni valdrá objetar contra ellos otros vicios o defectos, que lo puedan probarse de la misma manera (artículo
923, inciso 2°).
De acuerdo al artículo 590, el Estado es dueño de todas las tierras que estando situadas dentro de los límites territoriales
carezcan de otro dueño. Si el Estado está en posesión de las tierras, puede invocar la ley como medio de prueba. Si no está
en posesión, no puede invocar el artículo 590.
Los artículos 921 y 926 permiten al que intenta una acción posesoria cobrar perjuicios. El Código de Procedimiento Civil no
se pronuncia sobre el procedimiento respectivo.
Se ha debatido entre nuestros autores sobre si los perjuicios pueden cobrarse en el mismo juicio posesorio o en otro diverso,
de lato conocimiento, inclinándose la mayoría de ellos por esta segunda posición. La jurisprudencia ha sido contradictoria.
Sin embargo, el artículo 563 del Código de Procedimiento Civil dice que cualquiera sea la sentencia, queda siempre a salvo a
los que resulten condenados el ejercicio de la acción ordinaria que corresponda con arreglo a derecho, pudiendo
comprenderse en dicha acción el resarcimiento de las costas y perjuicios que hayan pagado o que se les haya causado con
la querella. Es decir, parece desprenderse de la disposición citada la posibilidad de cobrar los perjuicios en el mismo
procedimiento posesorio.
La prueba en las acciones posesorias
En las acciones posesorias debe probarse por el querellante:
a) Que personalmente o agregando la de sus antecesores, ha estado en posesión tranquila y no interrumpida, durante
un año completo, del derecho en que pretende ser amparado;
b) Que se le ha tratado de turbar o molestar su posesión o que el hecho se le ha turbado o molestado por medio de
actos que expresará circunstanciadamente;
c) Si la querella es de restitución, expresará que ha sido despojado de la posesión por medio de actos que indicará
clara y precisamente;
d) Si la querella es de restablecimiento, expresará, la violencia con que ha sido despojado de la posesión o mera
tenencia en que pretende ser restablecido (artículo 551 del Código de Procedimiento Civil).
El peso de la prueba corresponde, naturalmente, al querellante, quien deberá también expresar en la querella los medios
probatorios en que intenta valerse (artículo 551, inciso 3° del Código de Procedimiento Civil).
La prueba de posesión
Respecto de la prueba de posesión el código contiene dos disposiciones que han dado lugar a diversas teorías; son los
artículos 924 y 925.
Dice el artículo 924: “La posesión de los derechos inscritos se prueba por la inscripción y mientras ésta subsista, y con tal que
haya durado un año completo, no es admisible ninguna prueba de posesión con que se pretenda impugnarla”.
Por su parte, el artículo 925 expresa: “Se deberá probar la posesión del suelo por hechos positivos,
que aquellos a que sólo da derecho el dominio como el corte de maderas, la construcción de edificios, la de cerramientos, las
plantaciones o cementeras, y otros de igual significación, ejecutados sin el consentimiento del que discuta la posesión”.
Hay autores que estiman que el artículo 924 se aplica a todos los derechos reales inmuebles que requieren de inscripción
menos al de dominio que, por estar materializado en el respectivo inmueble, se confundirá con él y su prueba estaría regida
por el artículo 925.
Otros creen que el artículo 924 se aplica a los inmuebles inscritos y el artículo 925 a los inmuebles no inscritos.
La jurisprudencia y la doctrina aceptan, actualmente, que el artículo 925 se aplica en ciertos casos a los inmuebles inscritos.
Esos casos son:
a) Inmuebles cuya inscripción ha durado un año completo. La posesión anterior, que no fue inscrita, se prueba con
arreglo al artículo 925;
b) Inmuebles con inscripción paralela vigente. Este caso sólo tiene aplicación para los que creen en la inscripción que
sólo cancela la anterior es la que emana del poseedor inscrito. No se aplicaría según lo que creen que cualquier inscripción
cancela la anterior;
c) Inmuebles cuyos deslindes aparecen confundidos o mal determinados en sus títulos inscritos;
d) Inscripciones de papel. Este caso se aplicaría cuando hace la primera inscripción de inmuebles que antes no estaban
inscritos. Hay algunos autores y fallos que han extendido este caso a todas las inscripciones, aunque no se trate de la
primera.
Por último, hay quienes piensan y creemos con razón, que el artículo 925 se aplica a los inmuebles inscritos cuando la
posesión no deriva de un título translaticio de dominio, cuando no requiere inscripción. Estos casos serían el de la sucesión
por causa de muerte y el de la accesión.
En la sucesión por causa de muerte, si el heredero intenta la acción que tendrá su autor de acuerdo al artículo 919, le
bastaría con probar la posesión del causante mediante la inscripción. Pero si quiere intentar una acción posesoria por ser él
el poseedor, tendría que probar su posesión, si no se ha hecho la inscripción especial de herencia, de acuerdo con lo
dispuesto en el artículo 925.
Hacemos presente que la jurisprudencia ha restringido la aplicación del artículo 924 a los inmuebles que necesitan inscripción
para transferirse no a los voluntariamente inscritos, como las servidumbres.
Por último, hacemos presente que la presunción que se contempla en el artículo 924 es absoluta en el sentido de que no
puede oponerse a la inscripción la posesión a que se refiere el artículo 925. Pero no lo es en el sentido de que a una
posesión inscrita puede oponerse otra posesión inscrita.
Prueba de la molestia, embarazo o despojo de la posesión
Estos hechos pueden probarse por cualquier medio probatorio.
Las acciones posesorias comunes u ordinarias
Son las que trata el código en el Título XIII del libro II. Las acciones posesorias especiales las trata en el Título XIV.
Las acciones posesorias comunes son la querella de amparo y la de restitución. La querella de restablecimiento no es
jurídicamente una acción posesoria.
Las querellas de amparo y de restitución
Querella de amparo.
Es la que tiene por objeto conservar la posesión de bienes raíces o de derechos reales constituidos en ellos (artículos 916 y
921 del Código Civil y 549 N°1 e inciso final del Código de Procedimiento Civil).
Por medio de ella el poseedor puede pedir que no se le turbe o embarace su posesión. Procede cuando se ha tratado de
turbar o embarazar la posesión y cuando de hecho se ha turbado o embarazado (artículos 951 del Código Civil y 551 N°2 del
Código del Procedimiento Civil).
Querella de restitución.
Es la que tienen por objeto recuperar la posesión de bienes raíces o derecho reales constituidos en ellos cuando el poseedor
ha sido injustamente privado de ella (artículos 916 y 926 del Código Civil y 549 N°2 y 551 inciso penúltimo del Código del
Procedimiento Civil).
El intento de despojo del a posesión es una turbación o molestia contra la que procede la querella de amparo.
Si una persona es privada de la posesión de parte de un inmueble y es turbada o embarazada en la otra parte, pueden
intentarse ambas querellas conjuntamente porque no son incompatibles.
Peticiones que se pueden hacer en las querellas de amparo y de restitución.
Además de pedirse que se restituya la posesión o que no se turbe o embarace, se puede pedir la indemnización de
perjuicios.
Hacemos presente que no todos están de acuerdo en que los perjuicios puedan cobrarse en el mismo procedimiento de la
querella.
Las acciones que deben contener las querellas de amparo y de restitución están el artículo 551 del Código del Procedimiento
Civil.
En la querella de amparo se puede pedir que se den seguridad contra el que fundadamente se teme (artículo 921)
Persona obligadas a indemnizar los perjuicios en las querellas de amparo y de restitución
La indemnización de perjuicios, en la querella de restitución la deben el usurpador y el tercero cuya posesión se derive el
usurpador siempre que esté de mala fe.
En la querella de amparo la deben la persona o persona que turbe o trate de turbar o embarazar la posesión.
En ambas querellas si varios son obligados a la indemnización, son solidariamente responsables (artículos 927, inciso 2°)
Reserva de acciones ordinarias
De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 563 del Código del Procedimiento Civil, cualquiera que sea la sentencia, queda
siempre a salvo a los que resulten condenados al ejercicio de la acción ordinaria que corresponda con arreglo a derecho,
pudiendo comprenderse en dicha acción el resarcimiento de las costas y perjuicios que hayan pagado o que se les haya
causado con la querella.
No será admisible ninguna otra demanda que tienda a enervar lo resuelto en el interdicto.
La querella de restablecimiento
También conocida como querella de despojo violento es la que tiene por objeto el restablecimiento en la posesión o mera
tenencia de los bienes raíces o derechos reales constituidos en ellos, cuando dicha posesión o mera tenencia hayan sido
violentamente arrebatadas (artículos 928 del Código civil y 549 N°3 del Código del Procedimiento Civil).
Naturaleza jurídica.
Vimos en su oportunidad que la mayoría de los autores estiman que las acciones posesorias son acciones reales.
Sin embargo, también la mayoría de los autores consideran que la querella de restablecimiento no lo es, sino que es una
acción personal que tiene por objeto asegurar la paz social impidiendo que las personas se hagan justicia por si mismas.
Por eso se concede al poseedor o mero tenedor violento o clandestino al que se pretende despojar de la cosa por medio de
la violencia.
Por eso se concede al que sólo es mero tenedor.
El código parece darle el carácter de personal y no considerarla acción posesoria al decir que la concede al que no pudiere
instaurar “acción posesoria” (artículo 928).
Sin embargo, el hecho de poder instaurar acción posesoria no impide el ejercicio de la querella de restablecimiento.
Requisitos para que proceda la querella de restablecimiento.
1º Haber sido despojado de la posesión o de la mera tenencia; 2º Que el despojo haya sido violento.
No es requisito de la querella de restablecimiento el haber poseído o haber sido mero tenedor por determinado tiempo.
El despojo violento.
La violencia puede consistir no sólo en hechos materiales para vencer la resistencia del querellante sino en intimidaciones o
amenazas que eviten esa resistencia.
Las amenazas deben ser graves y esto es una cuestión de hecho que debe resolver el juez. La violencia debe consistir en
hechos ilícitos, arbitrarios.
La violencia puede dirigirse contra el inmueble o contra el poseedor o mero tenedor.
¿Contra quién puede intentarse la querella de restablecimiento?
A diferencia de la querella de restitución que puede dirigirse no sólo contra el que efectuó ese despojo sino contra toda otra
persona cuya posesión derive del usurpador, la querella de restablecimiento sólo puede dirigirse contra el autor del despojo
violento pues se trata de una acción personal.
En consecuencia, no puede dirigirse contra el que derivó la tenencia o posesión del despojador violento. Si se pretende, en
este caso, recuperar la posesión habrá que intentar la querella de restitución; si se pretende recuperar la mera tenencia,
habrá que pedirle al poseedor que intenta la querella de restitución y dé la mera tenencia al que le fue despojada.
En todo caso, la acción de perjuicios procede contra el despojador (artículo 728, inciso 2º).
Hacemos presente que hay jurisprudencia que estima que por la naturaleza de esta querella no procede cobrar perjuicios en
ella sino sólo pedir que se aseguren para cobrarlos por la vía ordinaria.
La querella de restablecimiento, dada su naturaleza. Procede contra el propietario poseedor de la cosa si despojan
violentamente al poseedor o mero tenedor de la cosa.
Procede contra las autoridades administrativas que no actúan en el ejercicio de sus atribuciones. Por último, procede entre
comuneros.
Cosas que pueden protegerse con la querella de restablecimiento.
Además de los inmuebles y derechos reales constituidos en ellos, hay autores que estiman que la querella de
restablecimiento procede respecto de los inmuebles que no pueden ganarse por prescripción. Dan las razones siguientes:
- Es ilógico aplicar lo dispuesto en el artículo 917 a la querella de restablecimiento que se concede, incluso, al
mero tenedor;
- El artículo 928 dice que se concede la querella de restablecimiento al que por cualquier causa no pudiere
instaurar una acción posesoria;
- Si no es una acción posesoria, no se le aplicaría el artículo 917.
En cuanto a las servidumbres, la querella de restablecimiento, en principio, no procede ya que no se puede despojar
violentamente del derecho de servidumbre, se puede turbar o embarazar. Sin embargo, procedería si violentamente se
despojara de las obras aparentes por las que se ejerce la servidumbre; por ejemplo, si se destruyen violentamente esas
obras. Naturalmente que el querellante debe pedir el restablecimiento en las obras aparentes no en la servidumbre misma.
Plazo en que debe intentarse la querella de restablecimiento.
El derecho a pedir el restablecimiento en la posesión o en la mera tenencia prescribe en seis meses (artículo 928, inciso 1º
parte final).
Reserva de acciones.
El Artículo 928, inciso 2º establece que restablecidas las cosas, y asegurado el resarcimiento de daños, podrán intentarse por
una u otra parte las acciones posesorias que correspondan.
Por su parte, el artículo 564 del Código de Procedimiento Civil dice que la sentencia pronunciada en la querella de
restablecimiento deja a salvo a las partes, no sólo el ejercicio de la acción ordinaria en conformidad al artículo 563, sino
también el de las acciones posesorias que les correspondan.
Es decir, la reserva lo es respecto de las querellas de amparo y restitución y de la acción ordinaria que proceda (artículo 563,
inciso 1º del Código de Procedimiento Civil).
Lo dispuesto en el inciso 2º del artículo 563 del Código de Procedimiento Civil es sin perjuicio de lo dispuesto en su inciso 1º
y en el artículo 564 del mismo Código.
Ya hemos visto que lo dicho no constituye alteración de los principio de la cosa juzgada pues en las acciones que después se
intente o es distinta la cosa pedida o lo es la causa de pedir.
Los inmuebles no inscritos y las acciones posesorias
Veremos diversos problemas que se presentan con las acciones posesorias en relación con los inmuebles no inscritos.
a. Si un tercero turba la posesión no inscrita mediante actos materiales, el poseedor puede intentar la querella de
amparo (artículo 921 del Código Civil y 549 Nº1 del Código de Procedimiento Civil).
b. Si un tercero despoja al poseedor no inscrito de su posesión pero no la inscribe a su nombre, el poseedor no
inscrito puede intentar la querella de restitución (artículos 926 del Código Civil y 549 Nº2 del Código de Procedimiento Civil).
Si el despojo ha sido violento puede intentar la querella de restablecimiento (artículos 928 del Código Civil y 549 Nº 3 del
Código de Procedimiento Civil).
c. Si un tercero, sin despojar al poseedor no inscrito, pretende inscribir el inmueble a su nombre, el poseedor no
inscrito puede oponerse a ello intentando la querella de amparo ya que es turbado en su
posesión. La inscripción que se pretende hacer es de papel y según la jurisprudencia no es prueba, requisito ni garantía de la
posesión.
d. Si un tercero practica la inscripción a su nombre pero no despoja de la posesión material al poseedor no inscrito, la
mayor parte de los autores y de la jurisprudencia estiman que la referida inscripción de papel no hace perder la posesión al
poseedor no inscrito, y, en consecuencia, este poseedor puede intentar la querella de amparo ya que ve turbada su posesión.
e. Si el tercero practica la inscripción y, además, logra la tenencia material del inmueble, el poseedor no inscrito sólo
puede intentar la querella de restitución mientras el poseedor inscrito no haya cumplido un año de posesión, y pedirá la
devolución de la cosa y la cancelación de la inscripción (artículos 925 y 926).
En este caso y los anteriores si se recupera la posesión se entiende no haberse perdido jamás (artículos 731 y 2502).
Además, de todo lo dicho podría intentarse la acción publiciana cuando fuere procedente (artículo
849).
Las acciones posesorias y los inmuebles inscritos
En este párrafo analizaremos algunos de los problemas que se presentan respecto de los inmuebles
inscritos y las acciones posesorias.
a. Si un tercero pretende inscribir a su nombre un inmueble ya inscrito, el poseedor inscrito puede intentar la querella
de amparo porque es turbado en su posesión.
Si ha transcurrido más de un año de la turbación, la acción que deberá intentarse para impedir la turbación sería una acción
innominada.
b. Si un poseedor inscrito es privado de la posesión materia hay autores que creen que no procede la querella de
restitución ya que conserva su posesión. Creen que procedería la querella de amparo porque es turbado en su posesión.
Otros creen que sólo procede la querella de restablecimiento ya que la posesión la conservaría el poseedor y no sería
turnado en ella sino sólo despojado de la mera tenencia. Si han transcurrido mas de seis meses sólo procedería una acción
innominada para recuperar la tenencia de la cosa, o la acción de precario del Artículo 2195.
Por último hay quienes han estimado que la tenencia es un elemento de la posesión inscrita, que si se pierde da derecho
para intentar la querella de restitución.
En nuestro concepto la doctrina más acertada es la primera sin perjuicio de encontrar procedente además, otras acciones
mencionadas, como la de precario.
ACCIONES POSESORIAS ESPECIALES
Son las tratadas en el Título XIV del Libro II, concretamente, la denuncia de obra nueva, la denuncia de obra ruinosa y otras
que no tienen nombre específico.
Naturaleza jurídica de las acciones posesorias especiales.
No son verdaderas acciones posesorias pues no se refieren a la posesión sino al ejercicio del derecho de dominio y
establecen limitaciones a ese ejercicio.
Características de las acciones posesorias especiales.
a. Para intentar las acciones posesorias especiales no se requiere tiempo alguno de posesión anterior.
b. No tendrán lugar contra el ejercicio de servidumbres legítimamente constituidas (artículo 947). Es natural que al
dueño del predio sirviente no pueda tratar de impedir la servidumbre, constituida legalmente, mediante una querella
posesoria;
c. Si se refieren a una obra perteneciente a muchos o si el daño sufrido o temido perteneciere a muchos, puede
intentarse, en el primer caso, la denuncia o querella contra todos juntos o contra cualquiera de ellos, y cada uno, en el
segundo, tendrá derecho para intentar la denuncia o querella por sí solo, en cuanto se dirija a la prohibición, destrucción o
enmienda de la obra.
Pero la indemnización a que por los daños recibidos hubiere lugar en el primer caso, se repartirá entre todos por igual, sin
perjuicio de que los gravados con esta indemnización la dividan entre sí a prorrata de la parte que tenga cada uno en la obra.
Pero ninguno podrá, en el segundo caso, pedir indemnización sino por el daño que él mismo haya sufrido, a menos que
legitime su personería relativamente a los otros (artículo 946).
Para entablar una querella posesoria especial no es necesario haber estado en posesión tranquila e ininterrumpida
de la cosa por un año completo
Dicho requisito está en el artículo 918 que no es aplicable a las acciones posesorias especiales considerando su ubicación en
el Código y la naturaleza de estas acciones.
Con las acciones posesorias especiales se pretende la conservación provisional del estado de cosas existente al intentarlas.
Por ello, basta la posesión actual de la cosa y la perturbación que hace procedente la acción.
LA DENUNCIA DE OBRA NUEVA
Es la acción que tiene por objeto la suspensión de los trabajos de una obra nueva, comenzados o a punto de comenzarse, a
fin de prevenir un daño, hasta que en el juicio que corresponda se resuelva sobre el derecho a continuar o no la obra.
Concepto de obra nueva.
Para nuestro derecho son obras nuevas todas las cosas que no existían y que se están haciendo o pretenden hacerse, pero
que no están concluidas (artículos 252 del Código de Aguas y 565 y siguientes del Código de Procedimiento Civil).
El Código Civil no da una definición de las obras nuevas pero señala, en forma no taxativa, algunas que son denunciables y
otras que no lo son.
No son denunciables las obras necesarias para precaver la ruina de un edificio, acueducto, canal, puente, acequia, etc., con
tal que en lo que puedan incomodar se reduzcan a lo estrictamente necesario, y que, terminadas se restituyan las cosas al
estado anterior, a costa del dueño de las obras (artículo 930, inciso 2°).
Tampoco son denunciables los trabajos conducentes a mantener la debida limpieza en los caminos, acequias, cañerías, etc.
(artículo 930, inciso 3°).
Según el artículo 931 son obras nuevas denunciables las que construidas en un predio sirviente embarazan el goce de una
servidumbre constituida en él; las construcciones que se trata de sustentar en edificio ajeno que no está sujeto a tal
servidumbre; toda obra voladiza que atraviesa el plan vertical de la línea divisoria de dos predios, aunque no se apoye sobre
un predio ajeno, ni dé vista, ni vierta aguas lluvias sobre él (artículo 931).
Según la jurisprudencia son obras nuevas no sólo las que resulten adheridas fijamente al suelo sino aquellas en que se
emplean elementos transportables, por ejemplo, un cobertizo de madera, una canoa;
también lo son las obras de que no resultan edificios, como un trabajo de excavación, perforación o demolición.
Como decíamos, para que proceda la denuncia de obra nueva es necesario que los trabajos no estén concluidos. Si lo están,
procede un interdicto especial o la querella de amparo, en su caso.
Pero no es preciso que los trabajos se hayan principiado. El artículo 930 se refiere a toda obra nueva que se trate de
construir. El artículo 549 N° 4 se refiere a impedir una obra nueva.
Tampoco interesa si los trabajos están muy avanzados. Basta que no estén concluidos.
Predios en que puede estar la obra nueva.
La obra nueva puede estar en el predio de que es poseedor el denunciante. También pueden estar en el predio del
denunciado si la obra embaraza el goce de una servidumbre (artículo 930 y 931).
Naturaleza jurídica de la denuncia de obra nueva.
Para algunos es una verdadera acción posesoria cuya curiosidad está en que protege una turbación
eventual de la posesión.
Para otros no es acción posesoria ya que su finalidad es esencialmente cautelar porque protege una turbación o daño
eventual.
Tramitación y partes en la denuncia de obra nueva.
La tramitación y partes en la denuncia de obra nueva está en los artículos 565 a 570 del Código de Procedimiento Civil.
Pueden ser demandantes en la denuncia de obra nueva, los dueños o poseedores de los inmuebles perjudicados con la obra
nueva, el titular de una servidumbre cuyo goce embarace la obra nueva y, además, la Municipalidad y cualquier persona del
pueblo, a favor de los caminos, plazas u otros lugares de uso público (artículos 930, 931 y 948).
Estimamos que también son titulares de la acción para denunciar una obra nueva el usufructuario, el usuario y el habitador de
un inmueble perjudicado con la obra nueva porque son dueños o poseedores de sus respectivos derechos, y esto aunque el
código no reproduzca la norma que contenía el Proyecto de 1853 y que reconocía este derecho.
Demandado en la denuncia de obra nueva debe ser dueño de la obra, es decir, el que encargó su ejecución. Pero para que
se suspenda la obra no es necesario notificarle a él la demanda, basta que la notificación se haga al que está dirigiendo o
ejecutando la obra (artículo 566 del Código de Procedimiento Civil).
No vemos inconveniente para que entre comuneros proceda la denuncia de obra nueva si la obra perjudica el goce de los
otros comuneros. Hay jurisprudencia en contra.
Requisitos de la denuncia de obra nueva.
1° Intento de construir una obra nueva denunciable;
2° Posesión del predio o del derecho (servidumbre, usufructo, uso o habitación) que la obra nueva perjudica. En este caso no
es necesario, como ya lo vimos, la posesión de un año;
3° Que la denuncia se haga dentro del año en que se iniciaron las obras (artículo 950, inciso 3°). El plazo se cuenta desde
que se iniciaron las obras porque si se contara desde que se terminaron no se trataría de una obra nueva denunciable sino
una obra terminada, que habría que atacar por la vía de la querella de amparo si aún no termina el plazo de un año (artículo
950, inciso 3°).
Hay que tener presente que con la denuncia de obra nueva se pide la suspensión de la obra, la que no procedería si
estuviera terminada (artículo 565 del Código de Procedimiento Civil).
Reserva de acciones.
En la denuncia de obra nueva la sentencia ratificará la suspensión provisional decretada o mandará alzarla. Sea cual sea el
fallo se dejan a salvo, en todo caso, al vencido el ejercicio de las acciones ordinarias que le competen, para que se declare el
derecho de continuar la obra o de hacerla demoler (artículo 569, inciso 2° del Código de Procedimiento Civil).
En caso que se acoja la denuncia de obra nueva, es decir, se dé lugar a la suspensión de la obra, se produce una alteración
de las reglas generales en materia de excepción de cosa juzgada ya que puede discutirse lo mismo por la vía ordinaria,
existiendo la triple identidad que requiere la excepción de cosa juzgada. En ese caso posemos decir que la sentencia
produce cosa juzgada formal y no substancial.
Prescripción.
La denuncia de obra nueva prescribe en un año contado desde que se inician las obras (artículo 950, inciso 3°).
También prescribe en un año la acción concedida para la indemnización del daño sufrido (artículo 950, inciso 1°). Creemos
que en este caso el año se cuenta desde que se sufre el daño.