El proceso para poder determinar quiénes son los stakeholders o partes
interesadas de una organización no es una tarea tan sencilla, pero que
resulta de vital importancia a la hora de diseñar estrategias y definir
acciones enmarcadas en el comportamiento socialmente responsable de
cualquier institución.
Algunas recomendaciones existentes en la literatura (Prandi, 2007) para
desarrollar este proceso se resumen en lo siguiente:
• Tener en cuenta no sólo los intereses, sino también los valores e
intangibles relevantes existentes en la relación de la organización con la
sociedad.
• No obviar de entrada a aquellos stakeholders que puedan ser juzgados
en primera instancia como poco relevantes para los intereses de la
organización, teniendo en cuenta a aquellas personas o grupos que por
motivos culturales, religiosos o de género, pueden tener más
dificultades para expresar sus preocupaciones, sugerencias o
preferencias, es decir: ¡No dejar a nadie fuera!
• Valorar los contenidos que le transmiten los stakeholders, expresados
en demandas o preferencias mediante las cuales sea posible elaborar
una hoja de ruta, que incorpore los intereses y valores respecto de los
cuales la organización orientará su comportamiento socialmente
responsable. La organización debe estar dispuesta a realizar un proceso
de aprendizaje continuo en el marco de las relaciones que establece,
teniendo presente que los intereses y demandas de los grupos de
interés pueden ser convergentes o divergentes a sus propios propósitos.
• Tener en cuenta que la organización no se sitúa en el centro de las
relaciones con los stakeholders, sino que es un actor más de la
sociedad, existiendo una red de relaciones a escala local y global, donde
serán importantes las corresponsabilidades e interdependencias.
Una herramienta habitual para identificar gráficamente a los
stakeholders es la elaboración de un "mapa", como por ejemplo plantea
R.E. Freeman (1984):
Sin embargo, Mitchell et al (1997) señalan que tanto la teoría de los
stakeholders planteada por Freeman en 1984, como las versiones
posteriores, carecen del mismo aspecto: no proporcionan criterios
objetivos para determinar con claridad y precisión cuando una persona
o un grupo efectivamente tiene la condición de stakeholder para una
organización.
En virtud de lo anterior, estos autores proponen 3 criterios que los
stakeholders deben poseer respecto de una organización para analizar
el carácter o condición de una persona o grupo como sus partes
interesadas:
• Poder: capacidad para conseguir los resultados que desean de manera
coactiva mediante la utilización de la fuerza física, dinero, la violencia o
las normas.
• Legitimidad: opinión generalizada de la ciudadanía de que las
acciones de personas u organizaciones son deseables y apropiadas de
acuerdo con las normas, los valores, las creencias y las definiciones
propias de dicho sistema social.
• Urgencia: grado en el que las demandas de las partes interesadas
piden atención inmediata, en base a la existencia de dos condiciones:
(1) la demanda es sensible al paso del tiempo en cuanto a su atención;
(2) la demanda es importante o crítica para el stakeholder.
Stakeholders o grupos de interés
Identificar y priorizar los stakeholders o grupos de interés de la empresa es un paso
imprescindible para establecer una política de diálogo que constituye en sí misma una
estrategia de comunicación. Ésta, como el resto de la comunicación estratégica desarrollada
por la empresa, persigue unos objetivos, se orienta y adecúa a unos públicos prioritarios y
dispone de un presupuesto y unos recursos específicos.
Por la importancia que tienen los stakeholders en el proceso de comunicación de la RSE, en
este espacio se detallas distintas dimensiones para identificar a estos grupos de interés.
Los stakeholders o grupos de interés se pueden englobar en dos grandes grupos:
En base a la propuesta de los autores del “Manual para la práctica de las relaciones con los
grupos de interés”, algunas dimensiones para identificar a los grupos de interés serían las
siguientes:
Por responsabilidad: personas con las que la organización tiene o tendrá responsabilidades
legales, financieras y operativas según reglamentaciones, contratos, políticas o prácticas
vigentes.
Por influencia: personas que tienen o tendrán posibilidades de influenciar la capacidad de la
empresa para alcanzar sus metas, ya sea que sus acciones puedan impulsar o impedir su
desempeño.
Se trata de personas con influencia informal o con poder de decisión formal.
Por cercanía: personas con las cuales interactúa la empresa, incluyendo grupos de interés
internos o con relaciones de larga duración con la empresa, o aquellos de los que la empresa
depende en sus operaciones cotidianas y los que viven cerca de las plantas de producción.
Por dependencia: se trata de las personas que más dependen de su empresa como, por
ejemplo, los empleados y sus familias, los clientes cuya seguridad, sustento, salud o
bienestar depende de sus productos, o los proveedores quienes la empresa es un cliente
importante.
Por representación: personas que, a través de estructuras regulatorias o
culturales/tradicionales, representan a otras personas.
Por ejemplo, líderes de las comunidades locales, representantes sindicales, consejeros,
representantes de organizaciones de miembros, etc.
La metodología sugerida por los mismos autores para reducir el riesgo de no identificar todos
los grupos de interés relevantes, se desarrolla en tres fases:
Convoque a un grupo interfuncional de personas que tengan amplios conocimientos de la
organización, el proyecto, el departamento o el tema específico para el que se desean
identificar los grupos de interés relevantes.
Genere una lista de categorías de posibles grupos de interés siguiendo el esquema de
dimensiones antes propuesto o agrupándolos en tres grandes grupos como mínimo: personas
con las que la empresa tiene responsabilidades legales, financieras u operativas; personas
que tienen probabilidad de influir en el
26 desempeño de la organización y grupos de interés afectados por las operaciones de la
organización.
Agrupe a los grupos de interés en distintas categorías y subgrupos que compartan
perspectivas similares. La diferenciación por subgrupos sirve para determinar la relevancia
de los distintos grupos y los pasos a seguir.
Esta misma metodología podría aplicarse a unos criterios de clasificación distintos como, por
ejemplo, la relación que la empresa mantiene con los grupos de interés:
Relaciones contractuales: clientes, proveedores, instituciones financieras y empleados
Relaciones económicas: inversores, accionistas y socios
Relaciones de colaboración: organizaciones sociales y medioambientales, sindicatos,
administración local, regional y/o nacional, líderes de opinión y sociedad en general.
Una vez identificados, conviene establecer una priorización de los grupos de interés que
responda a su impacto en la gestión general de la empresa o en un tema específico. Esta
priorización puede pasar por analizar en cada caso algunos de los siguientes aspectos:
• Liderazgo en la creación de opinión
• Grado de influencia en el entorno socioeconómico de la empresa
• Expectativas a corto, medio y largo plazo
• Interés por los ámbitos social y medioambiental
• Histórico de la relación
Referencias bibliográficas
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