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Textos 1r de Bat

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Todo lo que la mente percibe en sí misma, o todo lo que es el objeto

inmediato de percepción, de pensamiento o de entendimiento, es a lo que


yo llamo idea; y al poder de producir una idea cualquiera en nuestra mente
lo llamo cualidad del sujeto en el que radica ese poder. La bola de nieve
puede producir en nosotros la idea de blanco, frío y redondo; a esas
potencias que producen en nosotros estas ideas, en tanto en cuanto se
encuentran en la bola de nieve, las llamo cualidades; y en cuanto son
sensaciones o percepciones en nuestro entendimiento, las llamo ideas; y si
algunas veces me refiero a estas ideas como si se encontraran en los
mismos objetos, quiero que se me entienda que me refiero a esas
cualidades en aquellos objetos que nos producen esas ideas.
J. Locke, Ensayo sobre el entendimiento humano, libro 2, cap. 7 (2 vols., Editora Nacio
p. 205-206).

De esas ideas, unas me parecen nacidas conmigo, otras extrañas y venidas


de fuera, y otras hechas e inventadas por mí mismo. Pues tener la facultad
de concebir lo que es en general una cosa, o una verdad, o un
pensamiento, me parece proceder únicamente de mi propia naturaleza; pero
si oigo ahora un ruido, si veo el sol, si siento calor, he juzgado hasta el
presente que esos sentimientos procedían de ciertas cosas existentes fuera
de mí; y, por último, me parece que las sirenas, los hipogrifos y otras
quimeras de ese género, son ficciones e invenciones de mi espíritu.
___________________________________
R. Descartes, Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas, Meditación terc
1977, p. 33)

Cuando digo [...] que una idea ha nacido con nosotros, o que está impresa
naturalmente en nuestras almas, no quiero decir que esté siempre presente
a nuestro pensamiento: si así tuviera que ser, no habría ninguna de ese
género. Sólo quiero decir que en nosotros mismos reside la facultad de
producirla.
R. Descartes, Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas, Terceras objec
Respuesta (Alfaguara, Madrid 1977, p. 153).
«En realidad nunca he escrito o pensado que la mente precise de ideas
innatas, que fuesen algo diverso de su propia facultad de pensar».
Observaciones de R. Descartes sobre un cierto programa, editado a finales del año 1647 en
siguiente título: Explicación de la mente humana o del alma racional, donde se exp
puede ser, trad. de G. Quintás, Revista Teorema, Valencia 1981, p. 20.

Aun en el supuesto de que la experiencia y la lógica determinan


básicamente lo que es racional creer acerca del mundo, queda todavía una
enorme variedad conceptual de esquemas que puede adoptarse de muy
diversas maneras. Las culturas varían enormemente en la manera de
conceptualizar y ordenar sus experiencias. Una forma de esquematizar
adorna el mundo con espíritus del bosque y cree que el trueno es un acto
de cólera divina, mientras que otra trabaja con partículas subatómicas y la
teoría de la energía cinética. Los occidentales organizan su experiencia y le
dan sentido mediante categorías de espacio, tiempo, causa, número, acción
y persona, por ejemplo, que no son evidentemente universales, por lo
menos en el detalle. Otras culturas carecen de nuestra noción de sí mismo y
algunas parecen no tener noción alguna de identidad personal. Aun dentro
de una misma cultura hay profundas divergencias conceptuales, prueba de
intensas discusiones filosóficas sobre el yo, la mente y el cuerpo, de que se
ocupa la filosofía de la mente, o de radicales conflictos acerca de la íntima
naturaleza de la materia en la física teórica.

Hollis, Martin: relativismo

Las motivaciones iniciales del pensamiento de Pirrón fueron de índole


moral, y se centraron en cómo conseguir la felicidad. Para ello Pirrón intentó
establecer qué criterios deben dirigir el pensamiento pero, según él, esto
chocaba con la constatación de la imposibilidad de conocer la verdadera
naturaleza de las cosas ya que todo nuestro conocimiento procede de
la sensación, y ésta no nos da un conocimiento de las cosas mismas sino
que, por ser cambiante, sólo nos proporciona meras apariencias. Las
sensaciones no penetran realmente en el ser de las cosas, por lo que éstas
nos son realmente desconocidas. De ahí concluía que ni tiene fundamento
la creencia de que podemos conocer las cosas tal como realmente son, ni
se puede creer que ninguna opinión sea realmente verdadera. Por ello, no
hay ninguna seguridad en nuestros juicios, por lo que es de sabios no
pronunciarse y practicar una epokhé o suspensión del juicio, o
una aphasía: un no pronunciamiento acerca de lo real. Las consecuencias
éticas de esta posición le condujeron a sustentar la necesidad de la
imperturbabilidad del sabio o ataraxia, a la que consideraba el único
criterio para la consecución de la felicidad. En el terreno práctico, Pirrón
pensaba que era mejor seguir las normas de conducta establecidas, no
porque sean mejores o peores que otras, cosa que no podemos saber, sino
por mero pragmatismo, pero en su conducta el sabio no debe dejarse
impresionar por las cosas externas, ya que la felicidad sólo se consigue por
la ataraxia

Pirron de Elis

El realismo directo mantiene que en la percepción sensorial captamos de un


modo directo la existencia y naturaleza del mundo físico circundante. Todos
los realistas directos están de acuerdo en este aspecto de las cosas: su
carácter de objetos directos. Se diferencian, sin embargo, en el grado de
realismo que están dispuestos a defender. El realista, en el sentido
presente, sostiene que los objetos físicos pueden existir y retener al menos
algunas de las propiedades que percibimos que tienen, incluso cuando no
los percibimos. La expresión crucial es «al menos algunas», y la cuestión es
exactamente cuáles. Debemos distinguir dos tipos de realismo directo, el
ingenuo y el científico; sin embargo, por la propia naturaleza del problema,
deberá haber muchas posibles posiciones intermedias.
El realista directo ingenuo sostiene que los objetos no percibidos pueden
retener propiedades de todos los tipos que percibimos que tienen. Con esto
quiere decir que un objeto no percibido todavía puede tener no sólo forma y
tamaño, sino también el calor y el frío, el color, el sabor y el olor, la
aspereza y la suavidad, el ser silencioso o el hacer ruido. La ingenuidad de
esta posición radica en la palabra «todas». La posición se convierte en algo
menos ingenuo en la medida en que «todas» se convierte en «casi todas»,
luego en «la mayoría», y así sucesivamente; pero nos es más fácil
considerarla en su forma más extrema y descarnada.

Realismo ingenuo

El idealismo (en el sentido de idealismo material) es la teoría que sostiene


que la existencia de las cosas del espacio fuera de nosotros es, o bien
dudosa e indemostrable, o bien falsa e imposible. La primera postura,
que defiende que sólo la afirmación empírica «Yo existo» es indudable,
constituye el idealismo problemático de Descartes. La segunda postura es
el idealismo dogmático de Berkeley. Este idealismo afirma que el espacio,
con todas las cosas a las que va ligado y a las que sirve de condición
inseparable, es algo imposible en sí mismo y que, consiguientemente, las
cosas del espacio constituyen meras fantasías.
Crítica de la razón pura, Ref. del idealismo, B 274 (Alfaguara, Madrid 1988, 6ª ed., p. 246
KANT

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