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TEMA 2

LA EDAD MEDIA: TRES CULTURAS Y UN MAPA


POLÍTICO EN CONSTANTE CAMBIO (711-1474)

INTRODUCCIÓN
1. Al Ándalus:
1.1. La conquista musulmana de la península
1.2. Evolución política de Al Ándalus
1.3. Economía, sociedad, cultura y arte andalusíes
2. Los reinos cristianos hasta el siglo XIII:
2.1. Evolución política
2.2. Reconquista y repoblación
2.3. Economía y sociedad
2.4. Manifestaciones culturales. El camino deSantiago 3. Los reinos
cristianos en la Baja Edad Media (s. XIV y XV): 3.1. Crisis agraria y
demográfica. Tensiones sociales. 3.2. Evolución y organización política
de las Coronas de Castilla, Aragón y Navarra.

INTRODUCCIÓN

En este tema vamos a estudiar la evolución de la península ibérica desde el año 711, cuando la
conquista musulmana del reino visigodo integró casi todo nuestro territorio en el mundo islámico con
la creación de Al-Ándalus, hasta el final de la Edad Media. Durante este periodo se produjo una
lucha constante entre cristianos y musulmanes, pero al mismo tiempo hubo un trasvase de
influencias entre ambas culturas, participando además de esta mezcla la comunidad judía. El
legado andalusí es enorme en nuestro país, tanto en nuestra lengua como en los restos materiales,
la música, la toponimia, la gastronomía, etc.
Asimismo hemos heredado de la Edad Media instituciones tan importantes como las Cortes, los
Concejos, o las Universidades, que hoy en día siguen existiendo, junto al gran legado artístico que

1
nos ha llegado de aquella época.

1. AL ANDALUS

1.1. La conquista musulmana de la península


La conquista musulmana de la península ibérica, que comenzó en el año 711, puede explicarse por
dos razones: la profunda crisis que padecía el reino visigodo por los continuos problemas
sucesorios de la monarquía y las luchas entre la nobleza, que debilitaron el poder militar visigodo; y
el ímpetu expansivo del Islam que, entre los años 632 y 700, había conquistado un extenso
territorio que comprendía desde el Magreb hasta el Imperio persa.

En este contexto, un ejército beréber cruzó el estrecho de Gibraltar en el año 711 y, poco después,
tras derrotar al ejército visigodo y a su último rey Rodrigo en la batalla de Guadalete, inició la
conquista del territorio peninsular. En apenas tres años, todo el territorio de la Hispania visigoda, con
la única excepción de las zonas montañosas del Cantábrico y los Pirineos, fue controlado por los
musulmanes. La rapidez de la conquista se explica por diversos factores, como la escasa
resistencia a los invasores y el hecho de que algunos aristócratas visigodos prefirieran pactar con
los musulmanes el sometimiento a su autoridad y el pago de tributos a cambio de conservar su
señorío y practicar su religión. Lo mismo hicieron las comunidades judías y una parte de la población
que estaba descontenta con la monarquía visigoda.

1.2. Evolución política de Al Ándalus


La presencia del poder islámico en la península perduró hasta finales del siglo XV, aunque pasó por
diferentes etapas:

a) El Emirato (711-929)

En un principio en Al Ándalus se estableció un emirato (nombre que recibían las provincias en el


imperio islámico) sometido a la autoridad del califato de Damasco, centro político y religioso del
mundo musulmán de esta época. Sin embargo en el año 750 la dinastía Omeya, que hasta ese
momento había gobernado en Damasco, fue depuesta del poder violentamente y una nueva dinastía
pasó a dirigir el califato desde Bagdad: la Abasí. A pesar de todo, un Omeya, Abd al-Rahman I,
logró sobrevivir y huyó a al-Ándalus (755), proclamándose emir y fijando su capital en Córdoba.
Comienza así el Emirato independiente (756-929), durante el cual los emires de Al Andalus
rompieron su dependencia política con respecto a los califas Abasidas,, aunque aceptaban la
autoridad religiosa de estos.

b) El Califato de Córdoba

A principios del siglo X (929) Abd al-Rahman III se proclamaba califa, lo que significaba desligarse
de la sumisión religiosa y el fin de cualquier dependencia del califato de Bagdad. Abd al-Rahman III
consiguió pacificar el territorio de al-Ándalus y contener el avance reconquistador de los reinos
cristianos del Norte, lo que le posibilitó fortalecer la estructura del Estado. El conjunto de estas
acciones convirtió a al-Ándalus en la potencia hegemónica de la región durante un siglo. Córdoba
se erigió como un centro cultural de primer orden, que atraía a científicos, literatos, poetas y músicos
tanto musulmanes como cristianos. Además de la espléndida mezquita, en tiempos de Abd
al-Rahman III se edificó la magnífica ciudad palacio de Medina Azahara en las afueras de Córdoba.
Fue sin duda el periodo más brillante de toda la historia de Al Andalus.

Sin embargo, a finales del siglo X se inició un periodo de pérdida del poder efectivo de los califas,
que conservaron únicamente un poder simbólico. Quien realmente gobernaba el califato era
Almanzor, un dirigente político que concentró gran poder político y militar suplantando al califa
Hisham II. Almanzor creó un nuevo ejército integrado por mercenarios cristianos y bereberes que le
permitió asegurar su poder a nivel interno y realizar razias de saqueo contra los cristianos. A la
muerte de Almanzor, se inició un periodo de conflictividad -en veinte años fueron proclamados
siete califas- que produjo el debilitamiento del poder central y la disgregación del Califato en un
mosaico de pequeños reinos, las taifas.

c) Los reinos de taifas. Los almorávides y almohades.

La desintegración del califato dio lugar a una veintena de pequeños Estados independientes,
llamados taifas. Estas se hallaban enfrentadas entre sí y las más pequeñas fueron absorbidas por
las más poderosas. Los reinos cristianos aprovecharon esas rivalidades y, a cambio de apoyo y
2
protección, las obligaron a pagar tributos (parias). Ante el creciente expansionismo cristiano, las
principales taifas -Sevilla, Badajoz, Granada...- buscaron la ayuda de los almorávides.

Los almorávides (y los almohades, después) eran bereberes del norte de África que profesaban
los principios más estrictos del Islam. Esas creencias inspiraron un movimiento político-religioso que
los llevó a crear un verdadero imperio en el Magreb. En 1086 los almorávides cruzaron el estrecho
de Gibraltar y derrotaron a los castellanos e iniciaron la ocupación de amplias zonas del centro y
sur de la península. Su dominio se basó en la ocupación militar y en la imposición de una estricta
ortodoxia religiosa. El dominio almorávide sería sustituido por el de los almohades a mediados del
siglo XII. Más tarde, la derrota de Las Navas de Tolosa (1212) frente al rey castellano Alfonso VIII
marcó el principio de la decadencia de estos pueblos del Magreb en al-Ándalus.

d) El reino nazarí de Granada (1246-1492)

Desde el siglo XIII hasta finales del siglo XV el reino de Granada se mantuvo como la única entidad
política andalusí en el territorio peninsular. Estaba gobernado por la dinastía de los nazaríes. Esta
dinastía mantuvo la independencia de Granada gracias a tres factores: una hábil gestión
diplomática con Castilla y con los bereberes que dominaban el Magreb; los conflictos internos del
reino de Castilla, enfrascado en guerras civiles durante un siglo, y la llegada masiva de andalusíes
procedentes de otros reinos musulmanes que huían de la conquista cristiana.

No obstante, a principios del siglo XV la estabilidad política comenzó a declinar. Los problemas
sucesorios desestabilizaron el reino y Castilla aprovechó la situación para conquistar algunas
ciudades. En este contexto, los principales enclaves del reino fueron cayendo en manos cristianas.
Finalmente, los Reyes Católicos conquistaron Granada en 1492. Desaparecía así el último
vestigio del dominio musulmán en la Península.

1.3. Economía, sociedad, cultura y arte andalusíes


La sociedad andalusí fue básicamente urbana y mercantil (con gran desarrollo de la artesanía y
del comercio). No obstante, la agricultura, muy avanzada, era la ocupación de la mayoría de la
población.

a) Economía

En la agricultura la gran propiedad agraria era el tipo de explotación más frecuente. Los
principales cultivos eran la tríada mediterránea (cereales, vid y olivo). Los musulmanes
impulsaron el regadío, a partir de redes de acequias y de norias. Se cultivaba arroz, hortalizas,
algodón, etc. También fueron muy importantes la morera y la cría del gusano de seda.

Dentro de la artesanía el sector textil fue la actividad manufacturera más importante. También
destacaron el trabajo del cuero, la fabricación de vidrio y cerámica, las armas, la orfebrería y la
construcción naval.

Con respecto al comercio, este alcanzó una notable importancia gracias a una extensa red urbana
y un eficaz sistema de comunicaciones, tanto marítimo como terrestre. En las ciudades, las
principales zonas comerciales eran los zocos (mercados), que solían situarse cerca de la gran
mezquita. En cuanto al comercio exterior, los musulmanes de Al Ándalus comercializaron
productos con el resto del mundo islámico y con la Europa cristiana; pero también se aventuraron
hacia el centro de África, de donde traían oro y esclavos.

b) Sociedad

La sociedad andalusí era muy heterogénea, pues existían diferentes grupos sociales. En primer
lugar, la minoría de origen árabe formaba la élite social. Eran grandes propietarios de tierras y
ocupaban los altos cargos en la administración califal. A continuación encontramos al grupo de
origen beréber, que tenía una posición inferior. Muchos eran miembros del ejército y la
administración, mientras que otros eran artesanos, agricultores y comerciantes. Por último, la
población hispanovisigoda pronto se convirtió al Islam y formó la base de la sociedad andalusí
(muladíes).

Por otro lado, junto a la mayoritaria población musulmana, pervivieron también minorías que
practicaban otras religiones. Las comunidades cristianas (mozárabes) integraron a la mayoría de
la población al comienzo, pero su número se redujo paulatinamente por las conversiones al Islam,
hasta transformarse en una minoría social (aunque abundante en ciudades como Toledo o
Córdoba). Por su parte, los judíos fueron una minoría influyente en al-Ándalus. Su estatuto legal1
era similar al de los mozárabes. Se repartían por todas las grandes ciudades, donde vivían en
3
barrios separados, las juderías. En el escalón social más bajo estaban los esclavos, que no
formaban parte de la sociedad propiamente dicha. La gran mayoría eran extranjeros. Fueron
importantes para el aparato militar y para el servicio doméstico.

c) El papel de las ciudades

Las ciudades desempeñaron un papel fundamental en la civilización andalusí. El comercio fue el


gran sostén económico de las urbes andalusíes: en ellas se intercambiaban los productos del campo
por la producción artesanal y se organizaban las transacciones internacionales.

El origen de la red urbana de al-Ándalus fue doble. Por un lado, se revitalizaron y mejoraron las
antiguas ciudades romanas -como Sevilla, Córdoba, Zaragoza, Mérida….-y, por otro lado, se
crearon nuevas ciudades para afianzar rutas o zonas estratégicas -Almería, Tudela o Madrid- o
para aprovechar mejor los recursos agrícolas de los territorios ocupados. Algunas de estas ciudades
alcanzaron un considerable tamaño para la época (Córdoba llegó a los 100.000 habitantes en el
siglo X). No obstante, la mayoría de las ciudades entraron en un periodo de decadencia a partir de
la desmembración del califato.

Las ciudades islámicas estaban concebidas para la vida privada, por lo que eran muy escasos los
espacios públicos. En realidad, en el mundo musulmán los únicos espacios públicos por
excelencia eran la mezquita y el zoco. Las calles carecían de cualquier planificación y eran
simples accesos a las viviendas privadas, por lo que solían ser irregulares y sinuosas. En su
totalidad o en las partes principales, las ciudades estaban amuralladas. En esta zona protegida
(medina) se hallaban los edificios más importantes: la mezquita, el zoco y la fortaleza militar
(alcazaba). Fuera de las murallas se encontraban nuevos barrios, los arrabales.

1
Los cristianos, judíos y otras religiones monoteístas eran considerados por el Islam “protegidos” o Dhimmi (Gentes del
Libro), y eran más respetados que los politeístas. Podían conservar su culto, su forma de gobierno y tenían sus propias
leyes y autoridades.

d) Cultura

Al-Ándalus alcanzó un gran desarrollo cultural gracias a la prosperidad económica y a una cierta
tolerancia intelectual (especialmente durante el periodo califal). No obstante, siempre se
mantuvieron dos principios básicos: el árabe como lengua de creación y el respeto a las creencias
islámicas. El principal impulso vino de las cortes califales, que reunieron importantes bibliotecas y
alentaron la creación y la investigación. Así, Córdoba se convirtió en uno de los referentes
culturales y científicos del siglo X, tanto en el mundo islámico como cristiano. En el campo
literario brilló especialmente el género poético, las biografías, los relatos de viajes, la filosofía, la
historia, etc. En el campo científico se dejó notar la influencia oriental a través de la llegada de
numerosas obras bizantinas y del mundo islámico, que trajeron el conocimiento de los clásicos
griegos así como nuevas aportaciones. Proliferaron los estudios astronómicos, matemáticos y de
medicina. Con respecto al arte, la obra emblemática del arte musulmán en nuestra península es la
mezquita de Córdoba, junto a edificios tan notables como el palacio de la Aljafería (Zaragoza), la
torre de la Giralda (Sevilla) y. sobre todo, el palacio granadino de la Alhambra, obra cumbre de
los nazaríes.

2. LOS REINOS CRISTIANOS HASTA EL SIGLO XIII

La conquista musulmana se frenó en torno a las cordilleras cantábrica y pirenaica, donde se


formaron núcleos de resistencia cristianos. Entre los siglos VIII y IX, los cristianos se limitaron a
resistir frente al ímpetu de los invasores musulmanes. Solo con posterioridad al siglo XI pudieron
arrebatar al Islam territorios que habían formado parte de Al Ándalus.

2.1. Evolución política


a) Zona occidental: el origen de los reinos cantábricos
Entre los pueblos que vivían en la zona montañosa de la Cordillera Cantábrica debieron refugiarse
algunos nobles visigodos huidos después de la derrota de Guadalete. Uno de ellos, Pelayo, pudo
obtener una primera victoria sobre los musulmanes cerca de la cueva de Covadonga, en Asturias,
hacia el año 722. Este hecho ha sido considerado tradicionalmente como el inicio de la
Reconquista, es decir, de la conquista por los reinos cristianos de las tierras que habían sido
ocupadas por los musulmanes. Se forma así un reino cristiano en Asturias, que con los sucesores
4
de Pelayo se extendería hacia el Oeste llegando a dominar parte de Galicia.

En la segunda mitad del siglo IX, los reyes asturianos –en particular Alfonso III- ocuparon los
territorios que se extienden hasta el río Duero, aprovechando un momento de debilidad de los
emires cordobeses. Allí se fueron estableciendo campesinos que empezaron a cultivar esas tierras.

Para protegerles mejor y controlar los nuevos territorios, los reyes trasladaron la capital de Oviedo a
León, con lo que el reino pasó a denominarse reino de León.

La expansión cristiana se frenó en el siglo X, pues los califas cordobeses fortalecieron su gobierno y
organizaron expediciones de ataque a algunas ciudades leonesas, que fueron saqueadas. Los reyes
leoneses levantaron una línea defensiva de castillos en toda la frontera oriental del reino, región que
empezó a llamarse Castilla. Inicialmente, fue un condado dependiente del reino de León, pero con
el tiempo, Castilla se haría independiente, siendo su primer rey, en el siglo XI, Fernando I.

b) Zona oriental: los primeros condados y los reinos pirenaicos

En el siglo VIII el rey franco Carlomagno quiso proteger la frontera sur de los musulmanes de
Al-Andalus. Por ello crearon una franja protectora fuertemente fortificada a lo largo de los Pirineos,
que llamaron Marca Hispánica y que dividieron en partes llamadas condados, gobernadas por
condes y marqueses que dependían de Carlomagno. Sin embargo, tras la muerte de éste, los
condes fueron desvinculando del reino franco. El condado de Pamplona se convirtió pronto en un
reino independiente. Nacía así el reino de Pamplona, posteriormente Reino de Navarra ( siglo XII)
, que alcanzó una gran expansión territorial en el siglo XI bajo el reinado de Sancho III el Mayor.
También se independizaron los condados de Aragón, Sobrarbe y Ribagorza, que se convirtieron
en el reino de Aragón. El resto de los condados (los condados catalanes) se independizan a
finales del siglo X.

c) La expansión territorial de los siglos XI, XII y XIII

En el siglo XI los reyes cristianos aprovecharon la desmembración del Califato en taifas para
reconquistar más territorios. En este siglo los reinos de Castilla y León se unieron en uno solo,
convirtiéndose en el más grande y poderoso de los reinos cristianos. El rey castellano leonés
Alfonso VI conquistó Toledo a los musulmanes en el año 1085, con lo cual quedaban incorporados
al reino todos los territorios situados al norte del río Tajo. Sin embargo, el reino volvió a dividirse
varias veces en el siglo siguiente por motivos hereditarios o matrimoniales. La reunificación
definitiva se realizó en el siglo XIII con el rey Fernando III, naciendo así la Corona de Castilla.

Por su parte, el rey de Aragón y el conde de Barcelona también conquistaron territorios en torno al
río Ebro. En el siglo XII se produjo la unión entre el reino de Aragón y el condado de Barcelona,
siendo Alfonso II de Aragón el primer rey de la Corona de Aragón.

En el siglo XIII, la Corona de Castilla, Portugal (independizada de Castilla en el siglo XII) y la Corona
de Aragón consiguieron realizar una gran expansión militar a costa de los musulmanes. En el año
1212 los reyes de Castilla, Navarra y Aragón se aliaron para vencer a los almohades en la batalla
de las Navas de Tolosa, que permitió a los cristianos continuar el avance hacia el sur. Castilla se
expandió hasta el valle del Guadalquivir y Aragón ocupó Valencia, llegó hasta Murcia y también las
Islas Baleares.

2.2. Reconquista y repoblación


El proceso de recuperación por los cristianos de los territorios ocupados por los musulmanes se
conoce como Reconquista. Se inició con el control del valle del Duero y se aceleró de una manera
considerable a partir del siglo XII. Paralelo al proceso militar de la Reconquista se efectuó otro de
carácter colonizador a medida que los cristianos se asentaban en las tierras que ganaban a los
musulmanes. Esta actividad se conoce con el nombre de repoblación. Esta adoptó diferentes
tipologías:
• Hasta el río Duero, las tierras conquistadas estaban prácticamente despobladas. Fueron
ocupadas por campesinos, a los que se les reconocía su propiedad con solo cultivarlas, lo
que se llamó presura.
• A partir del siglo XI las conquistas cristianas posibilitaron la repoblación de amplios territorios
con poca población -zona sur del Duero, reino de Toledo, de Zaragoza, territorios del sur de
Cataluña...-. Para atraer población cristiana a estas zonas, los reyes del siglo XI
concedieron fueros y cartas pueblas2a los habitantes de las ciudades que se deseaba
repoblar. Esto permitió la aparición de grandes comunidades de villa y tierra integradas
por una ciudad que actuaba como capital y su territorio circundante, el alfoz, formado por
5
numerosas aldeas y sus términos.
• A partir del siglo XIII se incorporaron amplios territorios: los valles del Guadiana y del
Guadalquivir, Valencia, Murcia y Baleares. Allí, mediante el sistema de repartimiento, los
reyes entregaron grandes lotes -de casas y tierras- entre la nobleza y las órdenes militares
como pago por su apoyo militar. La entrega de estos lotes generó los enormes
latifundios3del sur de la Península.

2
Los fueros o cartas puebla eran documentos por los cuales los reyes o señores otorgaban una serie de privilegios a
un grupo de población. Los fueros eran más complejos, pues eran estatutos jurídicos aplicables en una localidad, con
derechos y privilegios para sus ciudadanos.
3
Este reparto está en el origen del problema agrario (predominio de grandes latifundios insuficientemente cultivados)
que existirá en la zona sur de España (Andalucía y Extremadura) hasta bien entrado el siglo XX, y que tanta
conflictividad social provocará a lo largo de la historia.

2.3. Economía y sociedad

La economía de los primeros reinos cristianos fue básicamente agraria. El cultivo de los cereales
tradicionales -trigo, centeno, cebada...- se acompañaba de la vid y el olivo. Este escenario cambió
cuando se conquistaron las tierras del sur con sus avanzados sistemas de cultivo y de riego. A partir
de ese momento la producción agraria mejoró.

a) La economía de la Corona de Castilla

En la Corona castellana adquirieron gran importancia los cultivos de regadío de los grandes
valles fluviales, donde existía una producción muy variada: árboles frutales, horticultura, y cultivos
manufactureros como el lino, el cáñamo y la morera. Por lo que respecta a la ganadería, esta
prosperó especialmente en Castilla porque disponía de grandes espacios vacíos. Se trataba de una
ganadería trashumante que ocasionaba, en sus traslados, frecuentes conflictos con los
agricultores. En estos conflictos los ganaderos consiguieron el apoyo real pues la monarquía obtenía
abundantes ingresos de esta actividad. Este respaldo se concretó en 1273 cuando Alfonso X
permitió la creación del Honrado Concejo de la Mesta4. La ganadería castellana se basaba en la
oveja merina, especie que producía una lana de gran calidad destinada a la exportación a la Europa
atlántica a través de los puertos cantábricos.

En cuanto a las actividades artesanales, hay que destacar la producción textil, la metalurgia, y la
construcción naval. El comercio interior tuvo en las ferias una de sus principales
manifestaciones. En el comercio exterior destacó la exportación de la lana. Menos significativa,
aunque importante, fue la exportación del hierro vizcaíno hacia Inglaterra. Con estos productos
Castilla entró en los circuitos comerciales internacionales.

b) La economía de la Corona de Aragón

En la Corona de Aragón el desarrollo agrario comenzó en el siglo XI con el incremento de las


roturaciones y la expansión de la vid. También la ganadería adquirió importancia, especialmente en
el reino de Aragón. En las ciudades se concentraban las actividades artesanales. Mención aparte
merecen las atarazanas (construcción de barcos) de las villas costeras, que florecieron impulsadas
por el desarrollo comercial de la Corona catalano
aragonesa. La expansión mediterránea de esta corona, a partir del siglo XII, favoreció aún más el
comercio internacional, destacando los puertos de Barcelona, Valencia y Palma de Mallorca.
c) La sociedad
La sociedad cristiana peninsular comenzó a sufrir un proceso de feudalización a partir de los siglos
IX y X, que triunfó plenamente en los siglos XI y XII. Este proceso supuso la erosión del poder
monárquico y el fortalecimiento de la nobleza, que fue consolidando las concesiones reales y
logró convertirlas en hereditarias. La nobleza se convirtió, de esta manera, en la representación
del Estado en los dominios que controlaba. A partir del siglo XIII los reyes comenzaron a
recuperar parte del poder cedido a los nobles, y para ello contaron a menudo con el apoyo de las
ciudades. De esta forma el gobierno central se fue reforzando.

La organización de la sociedad cristiana presentaba, en los diversos reinos, una estructura


relativamente similar. Tampoco era muy diferente de las restantes sociedades medievales europeas.
Estaba dividida en tres estamentos: nobleza, clero (privilegiados) y estado llano o tercer estado. La

6
nobleza y el clero disponían de privilegios fiscales, sociales y jurídicos. El pueblo llano abarcaba a la
inmensa mayoría de la población carente de privilegios.

La nobleza y el clero basaban su poder principalmente en la posesión de tierras (señoríos). Su


autoridad se afianzó al concederles los reyes funciones de gobierno en sus posesiones (defensa
militar, poder judicial, cobro de impuestos, etc.). Además poseían una serie de privilegios: estaban
exentos de pagar impuestos directos; y, en segundo lugar, disponían de leyes y tribunales
especiales para ellos. A partir del siglo XIV, la nobleza consiguió consolidar su posición social y
económica al instituirse el mayorazgo5.
Dentro del pueblo o estado llano también existían diferentes situaciones sociales. Los campesinos
constituían la mayoría de la población, y entre ellos había notables diferencias, pues en el norte
abundaban los campesinos libres dueños de pequeñas propiedades, mientras que en los territorios
que se fueron conquistando a los musulmanes en la mitad sur de la Península, se establecieron
grandes señoríos nobiliarios o eclesiásticos, y allí los campesinos no eran propietarios de las
tierras. En las ciudades vivían fundamentalmente artesanos y comerciantes. La expansión
comercial del siglo XIII potenció el crecimiento y la riqueza de las ciudades; en ellas se formó una
oligarquía urbana o patriciado urbano protegida por la monarquía. Pero la mayoría de la población
tenía una forma de vida modesta y había amplios grupos de pobres y marginados.

Por último, hay que mencionar a las minorías religiosas más importantes que habitaron en los
territorios cristianos peninsulares, que fueron los musulmanes (mudéjares) y los judíos. Los
mudéjares eran numerosos al sur del Tajo y en los reinos de Valencia y Murcia. Se dedicaban
generalmente al trabajo en el campo y a los oficios artesanales, y eran una mano de obra cualificada
y barata. Los judíos gozaron de la protección de numerosos monarcas a cambio de sus servicios
administrativos y financieros. Muchos de ellos eran comerciantes, artesanos, médicos y banqueros.
Se asentaban fundamentalmente en las ciudades, donde residían en barrios propios denominados
juderías o aljamas. En general se puede afirmar que hasta el siglo XIII las relaciones entre
cristianos y judíos fueron buenas, pero empeoraron a partir de esa fecha. La hostilidad popular
fue creciendo por la posición de la Iglesia contra ellos, pero también por la envidia que suscitaba su
enriquecimiento y su cercanía a reyes y nobles.

4
Concejo de la Mesta: Organización de ganaderos trashumantes que alcanzó un gran poder en Castilla durante la
Edad Media y la Edad Moderna. Llegó a ser la actividad económica más rentable en Castilla hasta el s. XVII.
5
Mayorazgo: Institución que aparece en la Edad Media por la cual gran parte de las propiedades (generalmente
tierras) de una familia noble tiene que pasar obligatoriamente en herencia a uno de sus hijos (normalmente el
primogénito) y no puede ser vendida ni dividida.

2.4. Manifestaciones culturales. El camino de Santiago

La convivencia en tierras hispánicas, durante la Edad Media, de cristianos, musulmanes y judíos


supuso un enriquecedor trasvase de elementos culturales entre los tres grupos. Esto se apreció
especialmente en el desarrollo de la Escuela de Traductores de Toledo, fundada a comienzos del
siglo XII. Allí se dio a conocer a la cristiandad buena parte del pensamiento griego y oriental, que
había sido recogido por los árabes; por ejemplo la obra de Aristóteles. En la segunda mitad del siglo
XIII, bajo el amparo del rey de Castilla Alfonso X el Sabio, se produjo un fecundo intercambio entre
intelectuales de las tres religiones.

Pero la España cristiana mantuvo asimismo un contacto creciente con la cristiandad europea. El
principal vehículo de comunicación entre ambos espacios lo constituyó el Camino de Santiago, por
donde transitaron gentes de toda condición social, desde reyes hasta modestos peregrinos.
Asimismo la ruta jacobea fue testigo de intercambios artísticos y culturales, desempeñando un
papel decisivo en la recepción en nuestro país tanto del arte románico como, más tarde, del gótico.
Pero también se difundieron a través de él hacia Europa algunos elementos singulares de la cultura
hispanomusulmana. El mismo tiempo la ruta jacobea fue un ámbito de intercambio de mercancías,
pero también de corrientes literarias y de hábitos de comportamiento.

Por último, también en el ámbito cultural, cabe destacar el surgimiento en la España cristiana de
diversas lenguas romances, procedentes del latín. Entre ellas destacan el castellano, el catalán y
el gallego. La actividad cultural estaba controlada por la Iglesia, que mantenía escuelas catedralicias
y monásticas. No obstante, en el siglo XIII se fundaron en tierras hispanas las primeras
universidades (Salamanca, Lleida, Huesca, Valladolid…).

7
3. LOS REINOS CRISTIANOS EN LA BAJA EDAD MEDIA

3.1. Crisis agraria y demográfica. Tensiones sociales

Frente a la etapa expansiva del periodo anterior, a mediados del siglo XIV se inició una etapa
claramente depresiva que perduró hasta bien entrado el siglo XV. La población de los reinos
cristianos se vio afectada por sucesivas malas cosechas desde principios del siglo XIV6. Estas, a
su vez, habían provocado hambre y malnutrición, dejando a buena parte de la población con
pocas defensas biológicas frente a las epidemias. En este escenario, a mediados del siglo XIV
apareció la peste negra, una gran epidemia que asoló Europa, y que en la Península provocó la
muerte de 1/3 de la población. La peste desencadenó la despoblación de regiones y campos y
contribuyó a la caída de la producción. Por esta razón, los precios tendieron al alza, lo que agravó
la hambruna, cerrándose así el círculo del desastre.

El despoblamiento del campo y los cambios climáticos tuvieron otras consecuencias económicas
importantes, como el abandono de las tierras de cultivo menos productivas y un aumento de la
actividad ganadera (favorecida por la ampliación de los bosques y de los terrenos de pastos), que
en Castilla se tradujo en un impulso a la producción lanera. Surgió así, especialmente en Castilla, un
desarrollo comercial vigoroso, gracias sobre todo a la exportación de lana, que perduró hasta bien
entrado el siglo XVI. Sin embargo, en la Corona de Aragón los efectos de la crisis fueron más
adversos, especialmente en Cataluña. La pérdida de población y la caída del comercio exterior
fueron sus principales consecuencias.

La combinación de la crisis demográfica y de la crisis económica generó una serie de graves


problemas sociales. Las rentas señoriales disminuyeron por la pérdida de población campesina
y la consiguiente caída de la producción. La nobleza intentó recuperar sus ingresos mediante
nuevos impuestos y obligaciones a los campesinos -los denominados malos usos-. El
campesinado reaccionó con violencia ante la presión económica de los nobles. Las
manifestaciones más importantes de esta oposición fueron la revuelta de los payeses de remensa
catalanes (1462) y las revueltas irmandiñas gallegas (1467). Se intensificaron además los
estallidos de violencia contra las minorías, en especial la judía. El antijudaísmo ya estaba muy
arraigado, pero los desastres del siglo XIV, interpretados a menudo como un castigo divino,
acentuaron la hostilidad hacia ellos (pogromos)
6
Al parecer, entre finales del siglo XIII y principios del XIV se produjo un cambio climático que se denomina la Pequeña
Era Glacial. Se manifestó principalmente en el aumento de lluvias y heladas y tuvo graves repercusiones sobre la
agricultura (provocando hambrunas y desnutrición, lo que favoreció la difusión de la epidemia de peste).

3.2. Evolución y organización política de las Coronas de Castilla, Aragón y


Navarra

a) Las instituciones: el gobierno y las Cortes

En las monarquías hispánicas medievales el rey ocupaba la cima del poder. Era la figura
fundamental del gobierno, pero en torno a él fue creándose un grupo de personas que le ayudaba en
estas tareas, al que se denominó corte o curia regia. Con el paso del tiempo, este círculo se fue
ampliando con consejeros y cargos especializados. Durante la Edad Media, los reyes no tenían una
capital fija, sino que se desplazaban continuamente por los territorios que formaban su reino.

A partir del siglo XIII surgieron nuevas instituciones como los Parlamentos o las Cortes. Su origen
estaba en las reuniones extraordinarias de la corte real, en las que se integró el grupo o brazo de los
ciudadanos, formado por representantes -ricos- de las ciudades. Ante situaciones graves, el rey
convocaba reuniones de Cortes para debatir los temas propuestos. En estas convocatorias sus
participantes se agrupaban en función de las tres categorías sociales medievales -los
estamentos-: la nobleza, el clero y el estado llano o ciudades. El principal cometido de las Cortes era
discutir y votar las peticiones económicas que realizaba el rey. A cambio, éste se comprometía a
tener en cuenta las peticiones de los estamentos.

b) La administración local

La administración municipal recaía en manos de la oligarquía urbana, formada por la pequeña


nobleza o la burguesía enriquecida. En la Corona de Castilla, el órgano municipal más importante
era el concejo, que incluía al principio a todos los vecinos, aunque el gobierno recaía en los
regidores, cargos vitalicios que formaban el ayuntamiento. A finales del siglo XIV surgió la figura del
corregidor, cuya función era representar a la corona en los municipios, y tenía funciones judiciales y
militares. Esta figura afianzó la autoridad del rey en las ciudades.

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c) Los modelos de monarquía: autoritarismo y pactismo

Aunque las Cortes mantuvieron una estructura y una composición básicamente semejantes en todos
los reinos, podemos encontrar algunas diferencias respecto a su poder y sus funciones.

En Castilla se impuso un modelo autoritario de monarquía en el que el rey tuvo un gran poder. Las
instituciones -Consejo Real, Cortes, etc.- vieron reducidas sus funciones a tareas consultivas. Al
mismo tiempo, la monarquía mejoró la recaudación de impuestos y fomentó su control sobre los
municipios. Por ello, el rey pudo gobernar sin contar con las instituciones antes citadas.

La debilidad de las Cortes se produjo, sobre todo, por el desinterés de la nobleza y de la Iglesia en
participar en ellas.

En cambio, en la Corona de Aragón se implantó un modelo político diferente, conocido como el


modelo pactista. En este territorio, cada uno de los reinos que lo conformaron (Aragón, Cataluña y
Valencia) mantuvo sus propias Cortes. La fortaleza de los nobles y de la Iglesia otorgó a las Cortes
un poder importante, ya que el rey no podía legislar sin ellas; además, el rey al ser investido, se
comprometía a respetar las leyes (fueros) y costumbres. Las Cortes podían hacer propuestas
legislativas y peticiones al rey a cambio de aprobar las aportaciones económicas que solicitaba la
monarquía. En Navarra las Cortes también tuvieron un protagonismo similar.

d) La evolución política en la Baja Edad Media

En los siglos XIV y XV en la Corona de Castilla se dio una fuerte pugna entre la monarquía y la
nobleza. Esta última había adquirido una gran fuerza por las riquezas obtenidas durante la
Reconquista. Los sucesivos enfrentamientos entre nobles y reyes llegaron a provocar una guerra
civil entre el rey Pedro I y el candidato propuesto por la nobleza para ocupar el trono, Enrique de
Trastámara. La victoria de este último llevó al poder a una nueva dinastía, los Trastámara, que se
vio obligada a conceder más privilegios a la nobleza que le había ayudado a llegar al poder. Esta
sucesión de luchas internas tuvo consecuencias para el proceso reconquistador, que se ralentizó.
No sería hasta el año 1492 con la conquista del reino nazarí de Granada cuando se culminaría la
Reconquista con la incorporación de todos los territorios que aún quedaban en manos musulmanas.

También en Aragón los problemas políticos se centraron en los enfrentamientos entre el monarca
y la nobleza. En esta lucha el rey acabó imponiéndose con el apoyo de la rica burguesía catalana.
Pero como pago por el apoyo catalán a esta política antinobiliaria, el rey tuvo que aceptar la creación
de la Generalitat, un órgano permanente de las Cortes, encargado de velar por el cumplimiento de
lo que se acordaba en ellas.

En conclusión, en el siglo XIV el mapa político de los reinos cristianos presentaba aún un espacio
dividido en cuatro unidades políticas: Portugal, la Corona de Castilla, Navarra y la Corona de
Aragón. Las relaciones entre estos territorios fueron fluctuantes, pasando fácilmente de la alianza al
enfrentamiento. La tendencia dominante desde el siglo XII hasta el XV fue, no obstante, la de la
unificación. Así, en los inicios de la Edad Moderna, a principios del siglo XVI, solamente existirán
dos grandes unidades políticas en la península ibérica: el reino de Portugal y la unión dinástica de
las coronas castellana y aragonesa personificada en los Reyes Católicos.

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