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Hora Santa

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HORA SANTA «CON MARÍA ANTE JESÚS EUCARISTÍA CON ROSARIO

EUCARÍSTICO»
MONICIÓN INICIAL
Monitor(a): Bienvenidos a esta hora santa en la que tendremos unos momentos de
Adoración al santísimo Sacramento y el rezo del santo Rosario Eucarístico en honor de
nuestro Señor Jesucristo, por su amor y pidiendo por nuestra parroquia. Sabemos que la
Virgen María protegerá a quienes nos unimos con ella en esta Hora Santa, pidiendo a su
Hijo Jesús por la redención del mundo y, particularmente para que nuestra Iglesia sea
verdaderamente una comunión de fe y fraternidad.
Nos ponemos de rodillas.
EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO
CANTO EUCARÍSTICO
ORACIÓN INICIAL (De pie)
Jesús Sacramentado, pedimos por todos aquellos que no creen en tu presencia real en
cuerpo, sangre, alma y divinidad en la Eucaristía. Señor Jesús, te pedimos por todos los
sacerdotes del mundo para que, alimentados de tu Cuerpo y sangre, sean fortalecidos y
animados.
Oh Jesús, te pedimos por todos los enfermos que, con un corazón sincero y mucho amor,
comulgaron de tu cuerpo y sangre, para que por tu infinita misericordia sean libres de todo
sufrimiento corporal y espiritual.
Jesús, Pan de Vida, te pedimos por todas las comunidades cristianas para que alrededor de
tu mesa, comulgando de tu Cuerpo y sangre, vivan siempre como signo de amor y unidad.
Jesús, que después de redimirnos con tu muerte y resurrección, quisiste quedarte entre
nosotros, en el Santísimo Sacramento hasta el fin de los siglos, para ser adorado en tu
Cuerpo y sangre, bajo las especies de pan y de vino, ponemos en tu presencia todos
aquellos que no tiene libertad, los que viven en las cárceles y los que están atados al
pecado, al miedo y a la angustia.
Y por la intercesión de la virgen María, alcánzanos los beneficios de la redención. Por
Jesucristo nuestro Señor. Amén
PRIMER MISTERIO EUCARÍSTICO: "LA ULTIMA CENA CON SUS
APOSTOLES" (Sentados/as)
En este primer misterio Eucarístico, contemplemos cómo nuestro Señor Jesucristo, reunido
con sus Apóstoles, en la última cena, bendijo el pan y lo repartió diciendo: «Tomen y
coman, este es mi cuerpo», dejando así instituida la Eucaristía, como manifestación de su
amor para quedarse con nosotros hasta que se clausuren los siglos y comience la eternidad.
Jesús Sacramentado, te pedimos por todos aquellos que no creen en tu presencia real en
Cuerpo, sangre, alma y divinidad en la eucaristía y pedimos que tu Madre santísima los
atraiga.
Lectura del santo evangelio según san Marcos (14, 22-25) (De pie)
Mientras comían, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo pronunciado la bendición, lo
partió y se lo dio a ellos, diciendo: "Tomen, esto es mi cuerpo".
Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, y
todos bebieron. Les dijo: "Esto es mi sangre, de la nueva alianza, que es derramada en favor
de muchos. Les aseguro que no volveré a beber del producto de la vid, hasta el día en que
beba el vino nuevo en el reino de Dios. Palabra del Señor
REFLEXIÓN (Sentados/as)
Cristo viene a salvarnos y para ello quiere necesitar de brazos y pies, de bocas y lenguas, a
fin de poder llegar a todas las personas y que todos le conozcan y le amen.
Cristo sabe que cuenta con nosotros; cuenta con nuestra lengua, para la comunicación del
Evangelio y la extensión de la Iglesia de Dios; cuenta con nuestros pies, para buscar a los
más alejados, para que vuelvan al buen camino; cuenta con nuestros ojos, para poder
detectar los ambientes en los que se necesita hacer espacio para dar cabida a la presencia
del Señor; cuenta con nuestro corazón, para prender el fuego de su amor en nuestro
alrededor y recibirle con fe cuando regrese lleno de gloria al final de los tiempos.
ORACIÓN (De pie)
Oh, Señor Jesús que ya vienes a nuestro encuentro: Cuando yo dude, aconséjame. Cuando
caiga en el error, desengáñame.
Si me pierdo, encuéntrame. Si caigo, levántame.
Si me desanimo, aliéntame. El día en que muera, llévame contigo.
Oh, Señor Jesús: Cuando yo te llame, escúchame. Cuando te ofenda, perdóname.
Cuando yo te deje, búscame. Cuando yo te olvide, recuérdame. Cuando te pida, dame.
Y cuando te pueda servir, anímame. Amén.
Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria
SEGUNDO MISTERIO EUCARÍSTICO: "LOS SACERDOTES QUE HACEN
PRESENTE A JESÚS EN LA EUCARISTIA" (Sentados/as)
En el segundo misterio Eucarístico, contemplamos cómo Jesús, en su infinito amor,
queriendo hacer partícipe a toda la humanidad de las excelencias de la Eucaristía, dio a sus
sacerdotes el poder de transformar el pan en el cuerpo de Cristo y el vino en su sangre.
Señor Jesús, te pedimos por todos los sacerdotes del mundo entero para que, alimentados de
tu cuerpo y sangre, y bajo el cuidado amoroso de tu Madre María, sean siempre fortalecidos
y animados para vivir el ministerio con alegría.

Lectura del santo evangelio según san Juan (13, 1-17) (De pie)
Jesús lava los pies a sus discípulos Era antes de la fiesta de la Pascua, y Jesús sabía que
había llegado la hora de que él dejara este mundo para ir a reunirse con el Padre. Él siempre
había amado a los suyos que estaban en el mundo, y así los amó hasta el fin. Mientras
estaban cenando, se levantó de la mesa, se quitó la capa y se ató una toalla a la cintura.
Luego echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies de los discípulos y a
secárselos con la toalla que llevaba a la cintura. Cuando iba a lavarle los pies a Simón
Pedro, éste le dijo: "Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí?" Jesús le contestó: "Ahora no
entiendes lo que estoy haciendo, pero después lo entenderás". Pedro le dijo: "¿Jamás
permitiré que me laves los pies!" Respondió Jesús: "Si no te los lavo, no podrás ser de los
míos" Simón Pedro le dijo: "Entonces, Señor, no me laves solamente los pies, sino también
las manos y la cabeza". Pero Jesús le contestó: "El que está recién bañado no necesita
lavarse más que los pies, porque está todo limpio. Y ustedes están limpios, aunque no
todos". Después de lavarles los pies, Jesús volvió a ponerse la capa, se sentó otra vez a la
mesa y les dijo: "¿Entienden ustedes lo que les he hecho?". Ustedes me llaman Maestro y
Señor, y tienen razón, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y Señor, les he lavado a ustedes
los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado un ejemplo,
para que ustedes hagan lo mismo que yo les he hecho. Les aseguro que ningún servidor es
más que su señor, y que ningún enviado es más que el que lo envía. Si entienden estas cosas
y las ponen en práctica, serán dichosos. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN (Sentados/as)
No hay cosa que Cristo nos recomiende tanto en su Evangelio como la unión entre todos los
cristianos; es que el mundo necesita siempre del testimonio de unidad que nosotros los
cristianos debemos darle, a fin de llegar a conseguir que todos los hombres caigan en la
cuenta de que somos hermanos y, en consecuencia, nos tengamos como hermanos, nos
respetemos como hermanos y nos ayudemos como hermanos.
ORACIÓN (De pie)
Señor Jesús te adoramos aquí presente en esta Hostia Santa.
Te bendecimos y te damos gracias por tu presencia hoy aquí entre nosotros.
Tú has dicho: «Este es mi cuerpo que se ofrece por ustedes».
Señor, hemos venido a adorarte y agradecerte por tu fidelidad al Padre.
Te damos gracias por la decisión que tomaste la noche de tu entrega mientras sudabas
sangre, tú le dijiste al Padre: «No se haga mi voluntad, sino la tuya».
Tu santísima Madre, en el momento de la anunciación, sin llegar a comprender plenamente
tus planes, dijo: «Hágase en mí, según tu Palabra», que es lo mismo que decir «Hágase en
mí según tu voluntad».
Señor Jesús, te pedimos que nos enseñes a decir siempre: «Padre que se haga tu voluntad».
Queremos decirlo en todas las circunstancias de nuestras vidas, sobre todo cuando nos
resistimos a aceptar lo que nos pasa y también en todas las situaciones futuras donde
seremos tentados a no aceptar la voluntad del Padre, permítenos mantenernos fieles a su
voluntad.
Señor, Danos un corazón semejante al tuyo, dile a tu Madre santísima que nos preste su
corazón para amarte como Ella, que fue siempre fiel al cumplimiento de tu voluntad. Amén
Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria

TERCER MISTERIO EUCARÍSTICO: "LA PRESENCIA REAL DE CRISTO EN


LA EUCARISTIA" (Sentados/as)
En este tercer misterio Eucarístico, contemplamos cómo nuestro Señor Jesucristo está
presente, en cada hostia y aún en cada partícula, repartiéndose en cada una de las misas
celebradas en el mundo. Te pedimos, Señor Jesús, por todos los enfermos que, con un
corazón sincero y mucho amor, comulgan de tu cuerpo y sangre y te encomendamos a
todos los que les llevan la comunión, para que se sepan siempre acompañados de tu
santísima Madre.

Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 30-40) (De pie)
En aquel tiempo le preguntaron a Jesús: ¿Qué señal puedes darnos, para que al verla te
creamos? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros antepasados comieron el maná en el desierto,
como dice la Escritura: "Les dio a comer pan del cielo."
Jesús les contestó: "Les aseguro que no fue Moisés quien les dio a ustedes el pan del cielo,
sino que mi Padre es quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan que Dios da es
el que ha bajado del cielo y da vida al mundo".
Ellos le pidieron: "Señor, danos siempre ese pan". Y Jesús les dijo: "Yo soy el pan que da
vida. El que viene a mí, nunca tendrá hambre; y el que cree en mí, nunca tendrá sed. Pero
como ya les dije, ustedes no creen, aunque me han visto.
Todos los que el Padre me da, vienen a mí; y a los que vienen a mí, no los echaré fuera.
Porque yo no he bajado del cielo para hacer mi propia voluntad, sino para hacer la voluntad
de mi Padre, que me ha enviado. Y la voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda a
ninguno de los que me ha dado, sino que los resucite en el día último. Porque la voluntad de
mi Padre es que todos los que miran al Hijo de Dios y creen en él, tengan vida eterna; y yo
los resucitaré en el día último". Palabra del Señor.
REFLEXIÓN(Sentados/as)
Sobre todo, Cristo quiere contar con nuestra entrega; con una entrega sin límites ni
restricciones; con una entrega desprovista de egoísmos. Cristo quiere contar con que
nosotros vamos decir siempre que "sí" a su llamado, como lo hizo María.
Cristo quiere contar con nosotros, siempre que se nos pida un pequeño favor, un pequeño
servicio de caridad, un pequeño trabajo apostólico, por difícil que nos parezca.
Oración para la Adoración por el Beato Santiago Alberione (De pie)
Que este tiempo de adoración eucarística sea el encuentro de nuestra alma y de todo nuestro
ser con Jesús. Que sea la criatura encontrándose con su Creador; el discípulo ante el Divino
Maestro; el paciente con el Doctor de las almas; el pobre apelando al rico; el sediento
bebiendo en la fuente; los débiles presentándose al todopoderoso; los tentados buscando un
refugio seguro; el ciego que busca la Luz; el amigo que acude al verdadero Amigo; la oveja
perdida buscada por el Pastor Divino; el corazón extraviado que encuentra el Camino; el
necio que encuentra la Sabiduría; la novia que encuentra al Esposo del alma; la nada que
encuentra el todo; el afligido que encuentra al Consolador y el joven que encuentra el
sentido de la vida. Amén
Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria

CUARTO MISTERIO EUCARÍSTICO: "CRISTO SE ENTREGA Y SE SACRIFICA


EN CADA EUCARISTIA" (Sentados/as)
En este cuarto misterio Eucarístico, contemplamos cómo Jesús, después de redimirnos con
su muerte y resurrección, quiso también quedarse entre nosotros en el Santísimo
Sacramento del Altar, hasta el fin de los siglos, para ser adorado y glorificado en su Cuerpo
y Sangre, bajo las especies de pan y de vino.
Jesús Sacramentado, ponemos en tu presencia todos aquellos que no tienen libertad, los que
viven en las cárceles y los que están atados al pecado, al miedo y a la angustia. Te rogamos
que tu María los acompañe y no se sientan abandonados.

Lectura del santo evangelio según san Juan (17, 1-18) (De pie)
Después de decir estas cosas, Jesús miró al cielo y dijo: «Padre, la hora ha llegado: glorifica
a tu Hijo, para que también él te glorifique a ti.
Pues tú has dado a tu Hijo autoridad sobre todo hombre, para dar vida eterna a todos los
que le diste. Y la vida eterna consiste en que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a
Jesucristo, a quien tú enviaste. Yo te he glorificado aquí en el mundo, pues he terminado la
obra que tú me confiaste.
Ahora, pues, Padre, dame en tu presencia la misma gloria que yo tenía contigo desde antes
que existiera el mundo. A los que escogiste del mundo para dármelos, les he hecho saber
quién eres. Eran tuyos, y tú me los diste, y han hecho caso de tu Palabra.
Ahora saben que todo lo que me diste viene de ti; pues les he dado el mensaje que me diste,
y ellos lo han aceptado. Se han dado cuenta de que en verdad he venido de ti, y han creído
que tú me enviaste. Yo te ruego por ellos; no ruego por los que son del mundo, sino por los
que me diste, porque son tuyos. Todo lo que es mío es tuyo, y lo que es tuyo es mío; y mi
gloria se hace visible en ellos.
Yo no voy a seguir en el mundo, pero ellos sí van a seguir en el mundo, mientras que yo me
voy para estar contigo. Padre santo, cuídalos con el poder de tu nombre, el nombre que me
has dado, para que estén completamente unidos, como tú y yo.
Cuando yo estaba con ellos en este mundo, los cuidaba y los protegía con el poder de tu
nombre, el nombre que me has dado. Y ninguno de ellos se perdió, sino aquel que ya estaba
perdido, para que se cumpliera lo que dice la Escritura.
Ahora voy a donde tú estás; pero digo estas cosas mientras estoy en el mundo, para que
ellos se llenen de la misma perfecta alegría que yo tengo. Yo les he comunicado tu Palabra,
pero el mundo los odia porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los protejas del mal.
Así como yo no soy del mundo, ellos tampoco son del mundo.
Conságralos a ti mismo por medio de la verdad; tu Palabra es la verdad. Palabra del Señor.

REFLEXIÓN (Sentados/as)
La Virgen María es Madre de Misericordia, y lo es por muchos motivos: ante todo, es
Madre de Jesús Eucaristía a quien contemplamos en esta custodia.
Ella es Madre de Cristo, que es la Misericordia Divina encarnada, y lo es desde su
encarnación hasta el pie de la cruz ante la muerte agónica de su hijo en la cruz, porque
desde su encarnación, lo alimentó, lo cuidó, lo protegió, y no solo durante la gestación, sino
durante toda su niñez, adolescencia y juventud, y aun cuando Jesús era adulto, porque fue la
única que estuvo al pie de la cruz, cuidando de su hijo, mientras El agonizaba por nuestra
salvación.
ORACIÓN (De pie)
Virgen María, Madre de Jesús Eucaristía a quien contemplamos en la custodia. Tú que eres
Madre de Cristo, que es la Misericordia Divina encarnada, y lo eres desde su encarnación
hasta el pie de la cruz. Te pedimos que nos acompañes como lo hiciste con Él, porque desde
su encarnación, lo alimentaste, lo cuidaste, lo protegiste, y aun cuando Jesús era adulto,
porque fuiste la única que estuvo al pie de la Cruz, cuidándolo, mientras agonizaba por
nuestra salvación. Ruega por nosotros y obtennos la gracia de tu bondad. Amén
Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria

QUINTO MISTERIO EUCARÍSTICO: "CRISTO QUE SE OFRECE COMO


ALIMENTO ESPIRITUAL Y SE QUEDA CON NOSOTROS" (Sentados/as
En este quinto misterio Eucarístico, contemplamos cómo Jesús, no sólo quiso ser adorado
en la Eucaristía, sino que también quiso quedarse entre nosotros en la eucaristía, a fin de ser
alimento para el alma y prenda de Vida Eterna. Jesús, Pan de Vida, te pedimos por todas las
comunidades cristianas, para que alrededor de tu mesa santa, comulgando de tu Cuerpo y
Sangre, vivan como los Apóstoles y María santísima, en los primeros tiempos de la Iglesia,
siempre como signo de amor y unidad.
Lectura del santo evangelio según san Juan (6, 53-58) (De pie)
En aquel tiempo Jesús dijo: Les aseguro que, si ustedes no comen la carne del Hijo del
hombre y beben su sangre, no tendrán vida. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene
vida eterna; y yo lo resucitaré en el día último. Porque mi carne es verdadera comida, y mi
sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, vive unido a mí, y yo
vivo unido a él. El Padre, que me ha enviado, tiene vida, y yo vivo por él; de la misma
manera, el que se alimenta de mí, vivirá por mí.
Hablo del pan que ha bajado del cielo. Este pan no es como el maná que comieron los
antepasados de ustedes, que a pesar de haberlo comido murieron; el que come de este pan,
vivirá para siempre. Palabra del Señor.
REFLEXIÓN (Sentados/as)
Quédate, Señor, con nosotros, porque se pasa la vida y es preciso que redoblemos nuestros
esfuerzos, que no nos detengamos en el camino y por eso te necesitamos.
Se hace tarde y se viene la noche, nos amenazan las tinieblas, las obscuridades, las
tentaciones, las sequedades, penas, cruces, etc., y tú eres preciso, Jesús, para alentarnos en
esta noche de destierro, ¡Cuánta necesidad tenemos de ti!
Quédate, Señor, con nosotros, porque en la noche de la vida y de los peligros, deseamos ver
tu claridad, muéstrateme y haz que te conozcamos como tus discípulos en el partir del pan,
es decir, que la unión Eucarística sea la luz que aclare nuestras tinieblas, la fuerza que nos
sostenga y la única dicha que embriague nuestro corazón.
Quédate, Señor, con nosotros, porque cuando llegue la muerte, queremos estar junto a ti ya
que hoy lo hacemos por medio de la Sagrada Eucaristía.
Quédate, Señor, con nosotros, pues a ti sólo te buscamos, tu amor, tu intimidad, tu Corazón,
tu espíritu y tu gracia. Amén

"Oración Tú eres la Vida" por el Beato Santiago Alberione (De pie)


Jesús, Divino Maestro, te adoramos como Hijo unigénito de Dios, venido a la tierra para
dar vida, la más abundante, a la humanidad.
Te damos gracias porque, al morir en la cruz, mereciste para nosotros la vida, que nos das
en el Bautismo y alimentas en la Eucaristía y en los demás sacramentos.
Vive en nosotros, oh Jesús, con la efusión del Espíritu Santo, para que te amemos con toda
nuestra mente, fuerza y corazón, y amemos a nuestro prójimo como a nosotros mismos por
amor a ti. Aumenta en nosotros la caridad, para que un día, llamados desde el sepulcro a la
vida gloriosa, estemos unidos a ti en la felicidad eterna del cielo. Amén.
Padre Nuestro, Dios te salve María y Gloria
ORACIÓN FINAL (de San Alfonso de Ligorio) (De pie)
Oh Verbo Eterno, que, habiéndote hecho hombre, no te has contentado con morir por
nosotros.
Nos has dado también este Sacramento como compañía, como alimento y como prenda del
paraíso. Te haces presente entre nosotros, primero como niño en un establo, luego como
pobre en un taller, después como criminal en una cruz y ahora como pan en un altar.
Señor, no queremos vivir si no es para amarte sólo a ti. Nuestro amado Redentor, has
gastado toda tu vida por nosotros. Y qué tenemos que amar, sino a ti que eres todo belleza,
todo bondad, todo bien, todo amor, todo gracia. Nuestra alma sólo vive para amarte. Sólo
oír las palabras
"pesebre", "cruz", "sacramento", encienden nuestro espíritu con el deseo de hacer grandes
cosas por ti. Amén
RESERVA DEL SANTÍSIMO

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