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Perspectivas cambiantes del Poder
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6.

Perspectivas cambiantes
sobre el poder

En esta sociedad, el poder se suele hacer equivaler con


la dominación y con el control sobre las cosas o las per-
sonas. Las mujeres activas en el movimiento feminista
tienen respuestas ambivalentes ante la cuestión del po-
der. Por una parte, acentúan la impotencia de las muje-
res, condenando el ejercicio masculino del poder como
dominación y, por otro lado, levantan la bandera del
«poder femenino», pidiendo iguales derechos —igual
protección en los contextos políticos, igual acceso a la
riqueza económica—. Cuando la activista negra Celles-
tine Ware dio el título de Woman Power [El poder de
la mujer] a su libro sobre el movimiento de liberación
de las mujeres, se refería a un concepto de poder radi-
calmente diferente, al ejercicio del poder para terminar
con la dominación, que ella sostenía era un pilar cen-
tral del movimiento feminista radical.
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El feminismo radical, y esto de ninguna manera in-


cluye a todas las posturas dentro del Movimiento de
Liberación de la Mujer, postula que el dominio de un
ser humano sobre otro es el mal básico de la sociedad.
La dominación en las relaciones humanas es el objeti-
vo de su oposición.

139
140 Teoría feminista: de los márgenes al centro

Las feministas radicales desafiaron la noción predomi-


nante del poder como dominación y trataron de trans-
formar su sentido. Pero sus intentos no tuvieron éxito.
A medida que el movimiento progresista avanzaba,
las críticas a la noción de poder como dominación y
control fueron relegadas: las activistas burguesas em-
pezaron a centrarse en que las mujeres superaran su
miedo al poder (se entendía que, si querían la igualdad
social con los hombres, necesitarían participar de ma-
nera equitativa en el ejercicio del dominio y del con-
trol sobre los demás). Las visiones divergentes acerca
del poder dentro del movimiento feminista reflejaban
sesgos políticos individuales y de clase. Las mujeres,
a quienes les interesaba que las reformas llevaran a la
igualdad social con los hombres, querían obtener un
mayor poder dentro del sistema existente. Las mujeres
interesadas en el cambio revolucionario se apresuraron
a etiquetar el ejercicio del poder como un rasgo nega-
tivo, sin distinguir entre el poder como dominación
y control sobre los demás, y el poder que es creativo y
que valora la vida.
Libros como Women, Money and Power [Mujeres, di-
nero y poder], de Phyllis Chesler y Emily Jane Good-
man, subrayaban la impotencia de la mujer y hablaban a
favor de que las mujeres trabajaran para obtener poder
dentro de la estructura social existente, a la vez que se-
guían siendo ambivalentes acerca de si el ejercicio del
poder por parte de la mujer sería en algún sentido me-
nos corrupto y destructivo que el ejercicio del poder por
parte de los hombres. En el epílogo, Chesler y Goodman
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apuntan a las diferentes perspectivas sobre el poder que


han surgido en el movimiento feminista, suscitando una
serie de preguntas interesantes. Escriben:

Las mujeres que alcanzan un poder relativo o abso-


luto dentro de la actual estructura podrían limitarse
a imitar a los hombres y en el proceso convertirse en
Perspectivas cambiantes sobre el poder 141

opresoras de otras personas, incluyendo otras muje-


res. Como ejemplo, Margaret Thatcher, ahora líder
del partido conservador inglés, ha tomado la decisión
presupuestaria de finalizar con la distribución gratui-
ta de leche en las escuelas.
Pero, ¿existe alguna posibilidad de que, una vez
en el poder las mujeres superen el sistema económico
y social establecido y se vuelvan más humanistas? […]
¿Tienen las mujeres ansia de poder? ¿Resisten real-
mente las presiones de su ambición? ¿No se preocu-
pan de trabajar para sí mismas y sí para la sociedad?
¿Poseen las mujeres más sentido moral, valores más
sustanciales que los hombres, o están igual de condi-
cionadas para conectar con objetivos personales a cor-
to plazo, o es que únicamente les falta información?
¿Acaso, de alguna forma, las mujeres no desean el
control de los seres humanos por otros seres huma-
nos? ¿Acaso las mujeres se resisten a un ascenso debi-
do a su comprensión del compromiso moral? ¿Acaso
las mujeres se cuestionan las justificaciones morales,
si las hay, para ese control-poder?

Muchas de estas preguntas no fueron respondidas


por las autoras, pero aún así suscitan muchas de las
cuestiones críticas que deben abordarse, caso de que
las activistas feministas deseen entender la relación de las
mujeres con el poder. Si las hubieran respondido, ha-
bría quedado claro que las mujeres no pueden ganar
mucho poder en los términos fijados por la estructu-
ra social actual sin socavar, en el proceso, la lucha por
acabar con la opresión sexista.
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En una nota sobre las autoras de Women, Money,


Power, Emily Jane Goodman afirma: «El dilema bá-
sico es cómo las mujeres pueden ganar suficiente di-
nero y poder para literalmente cambiar el mundo, sin
corromperse, ser captadas e incorporadas durante el
proceso por el mismo sistema de valores que deben
cambiar». Esta afirmación muestra o bien una falta de
142 Teoría feminista: de los márgenes al centro

comprensión del proceso mediante el cual las personas


ganan dinero y poder (lo hacen abrazando, apoyando
y perpetuando la ideología dominante de la cultura)
o un rechazo ingenuo a enfrentarse a la realidad. Las
mujeres blancas burguesas activas en el movimiento
feminista presentaban su lucha para obtener poder en
los términos fijados por la estructura social existente
como un prerrequisito necesario para el éxito de la
lucha feminista. Su sugerencia de que primero debe-
rían obtener dinero y poder para así poder trabajar de
forma más efectiva por la liberación no atrajo especial-
mente a las mujeres pobres y/o no blancas. Atrajo, en cam-
bio, a los grupos dominantes de hombres blancos, que
no se sentían amenazados por las mujeres que, dentro
del movimiento feminista, validaban el statu quo.
Muchas participantes en el movimiento feminista
sinceramente creían que las mujeres eran diferentes de
los hombres y que ejercerían el poder de manera dife-
rente. Habían sido socializadas para aceptar una ideo-
logía sexista que acentuaba esa diferencia y la ideología
feminista reafirmaba la primacía de esas diferencias. En
Women, Money and Power las autoras comentaban:

Los valores de las mujeres o los valores atribuidos a


las mujeres son diferentes de los valores de quienes
dirigen Estados Unidos. Esto puede deberse a la polí-
tica, a la ignorancia, al miedo o a los condicionantes.
Sean cuales sean los valores que las mujeres han per-
seguido —o que se les ha permitido perseguir— no
son los mismos que los de los hombres.
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Afirmaciones como esta eran sentimientos que se ex-


presaban habitualmente en los círculos feministas.
Falsifican la verdadera naturaleza de la experiencia de
las mujeres. Las mujeres, aunque se les han asignado
diferentes papeles en la sociedad según el género, no
han aprendido un sistema de valores diferente. Es la
Perspectivas cambiantes sobre el poder 143

aceptación general del sistema de valores de la cultura


lo que lleva a la mujer a aceptar pasivamente el sexismo
y a asumir voluntariamente un papel predeterminado
por el género. Aunque las mujeres no tengan el poder
que a menudo ejercen los grupos dominantes masculi-
nos, no conceptualizan el poder de manera diferente.
Como a la mayoría de los hombres, a la mayoría de
las mujeres se les enseña desde la niñez que dominar y
controlar a los demás es la expresión básica del poder.
Aun cuando las mujeres no maten todavía en las gue-
rras, no conformen la política gubernamental en igual-
dad de condiciones, creen en la ideología dominante
de la cultura, junto con los grupos dominantes mas-
culinos y con la mayoría de los varones. Si las mujeres
gobernaran, la sociedad no se organizaría de una ma-
nera tan distinta a la actual. Solo si las mujeres tuvieran
un sistema de valores diferente organizarían la socie-
dad de un modo distinto. Los temas en torno a los que
los hombres y las mujeres sienten de manera distinta,
ilustrados recientemente por la «brecha de género», no
constituyen un conjunto de valores diferente. La retóri-
ca feminista que impone la idea del hombre como ene-
migo y la mujer como víctima posibilita que las muje-
res evadan la labor de crear nuevos sistemas de valores.
Las participantes en el movimiento feminista actuaban
en consonancia con la patraña sexista de la experiencia
de las mujeres. Lo hacían simplemente porque acepta-
ban que las mujeres son diferentes a los hombres, que
piensan y actúan de manera diferente, que conceptua-
lizan el poder de manera diferente y que, por lo tanto,
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tienen un sistema de valores inherentemente distinto.


Sencillamente, eso no es así. Por ejemplo, se ha habla-
do mucho de la idea de que las mujeres son seres de
crianza que afirman la vida, mientras que los hombres
son asesinos, guerreros, que niegan la vida. Pero las
mujeres actúan en roles nutrientes también cuando, en
su condición de madres o educadoras, socializan a los
144 Teoría feminista: de los márgenes al centro

niños y las niñas para creer que «el poder da la razón»,


incluso cuando ejercen un dominio y un control abusi-
vo sobre los niños y niñas, incluso cuando, cada vez en
cifras más abultadas, agreden físicamente a los niños y
niñas. Cuando se señalan contradicciones de este tipo,
la respuesta típica feminista es que esas mujeres están
llevando a cabo las órdenes de los hombres o que se
identifican con lo masculino. La ideología feminista de
vía estrecha tiende a igualar la elaboración y la perpe-
tuación masculina de las políticas opresivas con la mas-
culinidad; esas dos cosas no son sinónimas. Al volverlas
sinónimas, las mujeres evitan enfrentarse al impulso por
el poder en las mujeres, que las lleva a luchar por do-
minar y controlar a otros. Se limitan a colocar sobre los
hombros de los varones la responsabilidad por la impli-
cación femenina en la dominación y el control sobre los
demás. Si las mujeres activas en el movimiento feminista
tuvieran un sistema de valores diferente al de los hom-
bres, no respaldarían la dominación y el control sobre
los demás bajo ninguna circunstancia; no aceptarían la
creencia de que «el poder da la razón».
Si más mujeres feministas hubieran reconceptuali-
zado activamente el poder, no habrían, consciente o in-
conscientemente, conformado el movimiento feminista
empleando para ello las jerarquías de clase y raza que
existen en la sociedad en general. No habrían anima-
do a las mujeres a emular a los hombres, el supuesto
«enemigo». Y, sin embargo, cuando las mujeres blancas
burguesas activas en el movimiento feminista buscan
modelos con fuerza, confianza, asertividad y capaci-
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dad de toma de decisiones, eligen a los grupos dominan-


tes de varones blancos. Podrían haber elegido moldear
su comportamiento inspirándose en las mujeres de cla-
se obrera que poseen esas mismas cualidades. En su
ensayo «Realidades de clase: creando una nueva base
de poder», Karen Kollias anima a las mujeres burgue-
sas a tomar como modelo a las mujeres de clase obrera:
Perspectivas cambiantes sobre el poder 145

Las mujeres de clase baja y obrera se han visto obliga-


das a sacar sus fortalezas para sobrevivir y a menudo
también han tenido que asumir responsabilidad hacia
los demás. Mientras que la mayoría de las mujeres
atesoran elementos de fortaleza, muchas simplemente
no han tenido que desarrollarlos, debido a su cómoda
situación y a su seguridad económica.
Uno de los temas principales del Movimiento de
Mujeres ha sido eliminar la debilidad de las mujeres
y reemplazarla por confianza e independencia. Eso se
debe en parte a que las mujeres de clase media, que
han tenido algún tipo de protector (un marido o un
padre con éxito), han experimentado la ausencia de
control sobre sus propias vidas y han sentido la ne-
cesidad de organizarse en torno a ello. Eso es válido
dentro de su propio contexto de clase.
Los modelos de fortaleza de la clase media han
sido primordialmente hombres, y la fortaleza suele
equipararse con el poder. Las mujeres de clase baja
y obrera, especialmente las mujeres no blancas, por
otro lado, pocas veces han tenido la posibilidad de
depender de otra persona para tomar sus decisiones y
para su mantenimiento. El proceso de tomar un con-
trol activo sobre sus vidas y de influir en las personas
cercanas les ha dado una experiencia a lo largo de su
vida en la capacidad de tomar decisiones sobre la na-
turaleza más básica, la supervivencia. Esta capacidad
de decisión contribuye a un concepto de sí mismas
como mujeres fuertes. […]. De esto se sigue así que
las mujeres con un fuerte concepto de sí mismas de-
berían ser los modelos para las mujeres que busquen
esa confianza.
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Las mujeres pobres y de clase obrera no se convirtie-


ron en los modelos de las mujeres blancas burguesas
porque estas no consideraban que ejercían formas de
poder que se valoraran en esta sociedad. En otras pa-
labras, su ejercicio de fuerza no era sinónimo de poder
económico. Su poder no está de ninguna forma ligado
a la dominación o al control sobre los demás, y esta
146 Teoría feminista: de los márgenes al centro

última es la forma de poder que intriga y fascina a mu-


chas mujeres burguesas. Es esta forma de poder la que
ha surgido en las organizaciones feministas, pertur-
bando y corrompiendo al movimiento feminista.
Desistiendo de la posibilidad de que se produzca
una revolución feminista, muchas mujeres, antaño
comprometidas en eliminar la opresión sexista, ahora
centran su atención en adquirir todo el poder y privi-
legio posible dentro de la estructura social actual. Las
activistas feministas saben ahora que es posible que
las mujeres ejerzan poder de la misma manera que los
hombres cuando asumen los mismos puestos en la es-
cena política y social. El activismo feminista ha llama-
do la atención sobre la necesidad de la igualdad social
entre los sexos pero, aún así, los grupos dominantes
masculinos solo están dispuestos a conceder derechos
iguales si queda claro que las mujeres que entren en las
esferas del poder se afanarán en sostener y mantener el
statu quo. Viene aquí al caso el nombramiento de San-
dra Day O’Connor para el Tribunal Supremo por par-
te de Ronald Reagan. O’Connor no apoya la mayoría
de las reformas que permitirían a las mujeres adquirir
un mayor control sobre sus vidas, antes bien respalda
inequívocamente decisiones políticas que perpetúan el
statu quo. Su nombramiento muestra a las mujeres, es-
pecialmente a las mujeres blancas, que las mujeres pue-
den individualmente adquirir poder y prestigio dentro
de las estructuras actuales si apoyan esas estructuras.
Sin duda alguna, la Enmienda de Derechos Iguales se-
ría aprobada si los grupos dominantes masculinos estu-
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vieran convencidos de que las mujeres con una visión


política radical van a ser superadas, vencidas y silencia-
das por las mujeres conservadoras, por mujeres como
O’Connor que ejercen el poder junto a los hombres, in-
cluso cuando estos continúan apoyando la supremacía
blanca, el capitalismo y el patriarcado. Estas mujeres va-
lidan el concepto del poder como dominación y control
Perspectivas cambiantes sobre el poder 147

y lo ejercen mientras garantizan a los hombres que su


«masculinidad» no se verá en absoluto disminuida.
Los grupos dominantes masculinos han podido
captar las reformas feministas y las han puesto al servi-
cio de los intereses del patriarcado capitalista y supre-
macista blanco, porque las feministas activistas supu-
sieron ingenuamente que las mujeres se opondrían al
statu quo, en tanto tenían un sistema de valores diferen-
te al de los hombres, y que ejercerían el poder en inte-
rés del movimiento feminista. Esa suposición las llevó
a no prestar una atención suficiente a la creación de
sistemas de valores alternativos que incluyeran nuevos
conceptos de poder. Incluso aunque algunas activistas
feministas rechazaron la idea de que las mujeres debe-
rían obtener poder en los términos fijados por la ideo-
logía de la cultura dominante, tendían a considerar
como malvado todo poder. Esta respuesta reacciona-
ria no ofrecía a las mujeres nuevas maneras de pensar
acerca del poder. Reforzaba en cambio la idea de que
la dominación y el control son las expresiones definito-
rias del poder. Al mismo tiempo, otras feministas tra-
taron de redefinir positivamente el poder, con nuevas
estrategias organizativas: tareas rotativas, consenso,
énfasis en la democracia interna.
El ensayo de Nancy Hartsock «Cambio político:
Dos perspectivas sobre el poder» describe la frustra-
ción que salía a la superficie del movimiento feminista
a medida que las mujeres trataban de reconceptuali-
zar el poder. En su ensayo, destaca concepciones del
©

poder que son creativas y positivas, definiciones que


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equiparan el poder con la capacidad de actuar, con la


fortaleza y la capacidad, o con la acción que aporta una
sensación de logro. Comenta:

Significativamente, estas concepciones del poder no


requieren dominar a otros; la energía y el logro se en-
tienden como cosas satisfactorias en sí mismas. Este
148 Teoría feminista: de los márgenes al centro

tipo de poder está mucho más cerca de lo que ha bus-


cado el movimiento de mujeres […]
Una fuente de dificultades en el movimiento de
las mujeres acerca del liderazgo, la fuerza y el logro
ha sido nuestra falta de claridad acerca de las dife-
rencias entre los dos conceptos de poder. Una carta
de dimisión del movimiento de las mujeres, usada
por dos mujeres diferentes en ciudades diferentes,
expresaba alguno de estos problemas. Se quejan
de ser «etiquetadas como oportunistas buscando
emociones, mercenarias sin corazón, dedicadas a
labrarse fama y fortuna sobre los cadáveres de sus
desprendidas hermanas». La carta argumenta que
las cualidades de liderazgo no deberían confundirse
con el deseo de ser líder y, de manera similar, que
el logro o la productividad no deberían confundirse
con el deseo de ser líder (de dominar a otras perso-
nas, se entiende). Estas afirmaciones indican que las
mujeres no han reconocido que el poder entendido
como energía, fortaleza e interacción eficaz no tiene
que ser el mismo poder que requiere el dominio del
resto de las personas del movimiento.

Este ensayo se publicó en la revista trimestral feminista


Quest en el verano de 1974. Se publicó en un momento
en el que las mujeres activas en el movimiento feminis-
ta se inclinaban, más que hoy, a cuestionar y criticar
colectivamente los conceptos de poder. Potencialmen-
te, el desafío feminista al poder en las relaciones coti-
dianas, que llevó al cuestionamiento de todas las for-
mas de poder, fue radical. Aunque en este momento se
debaten con frecuencia diferentes conceptos del poder,
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prevalece el ejercicio del poder como control y domina-


ción, al que se le considera la forma más importante de
poder. Esto es así en los círculos feministas.
Las luchas por el poder (por el derecho a dominar y
controlar a los demás) socavan perpetuamente al movi-
miento feminista y es posible que aceleren su caída. La
idea del poder de las mujeres, arraigada en el ejercicio
Perspectivas cambiantes sobre el poder 149

del poder para terminar con la dominación, se debate


la mayoría de las veces en un contexto sentimental en el
que se ensalza la imagen nutriente y positiva de la mu-
jer. En la mayoría de los contextos feministas el acento
se pone en las mujeres, obteniendo poder en los térmi-
nos fijados por la sociedad. Este erróneo enfoque de la
liberación ha sido criticado por Grace Lee Boggs y James
Boggs en su libro Revolution and Evolution in the Twentieth
Century [Revolución y evolución en el siglo xx]:

El movimiento obrero en la década de 1930 y todos los


movimientos de las décadas de 1950 y 1960, el movi-
miento negro, el movimiento juvenil y el movimiento
de las mujeres, empezaron por luchar por sus propios
intereses, pero derivaban su ímpetu del hecho de que
sus intereses coincidían con los de la sociedad en su
conjunto. […] Al final, cada uno de ellos se ha conver-
tido en un grupo de interés, preocupado únicamente
de sí mismo. Mientras que cada uno de ellos puede
hablar de Poder Negro, Poder de las Mujeres, Poder
Obrero, a la postre habla únicamente de la separación
de poderes, o de «la parte que le toca». Ninguno de
ellos habla del poder real, que implica la reconstruc-
ción de toda la sociedad en beneficio de la inmensa
mayoría y para el progreso de la humanidad.

Antes de que las mujeres trabajen para reconstruir la


sociedad, debemos rechazar la idea de que tener poder
en la estructura social actual produzca necesariamen-
te un progreso de la lucha feminista por acabar con la
opresión sexista. Puede que permita que una serie de
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mujeres adquiera un mayor privilegio material, mayor


control sobre su destino y sobre el destino de los de-
más, todo lo cual son fines importantes. Pero no ter-
minará con la dominación masculina como sistema. La
idea de que las mujeres deben obtener poder antes de
que puedan resistir eficazmente el sexismo se basa en
la premisa errónea de que las mujeres no tienen poder.
150 Teoría feminista: de los márgenes al centro

Todas las mujeres, incluso las más oprimidas entre no-


sotras, ejercen algún poder. Estas formas de poder se
pueden usar para hacer progresar la lucha feminista.
Las formas de poder que detentan los grupos oprimi-
dos y explotados se describen en la importante obra de
Elizabeth Janeway, Powers of the Weak [Los poderes de los
débiles]. Una de las formas más importantes de poder
detentadas por los débiles es «la negativa a aceptar la
definición de uno mismo que nos imponen los podero-
sos». Janeway llama a esto «el uso requerido del poder
de no creer». Explica:

Es cierto que podemos no tener una autodefinición


consistente que enfrentar al estatus asignado por la
mitología social establecida, pero esto no es necesario
para el disenso. Mediante la no creencia, se nos condu-
cirá a dudar sobre los códigos prescritos de conducta y,
a medida que se empieza a actuar de maneras que pue-
dan desviarse de la norma en cualquier grado, quedará
claro que, de hecho, no hay una única manera correcta
para manejar o entender los acontecimientos.

Las mujeres tienen que saber que pueden rechazar la


definición de su realidad que dan los poderosos, que
pueden hacerlo incluso si son pobres, explotadas o es-
tán atrapadas en circunstancias opresivas. Tienen que
saber que el ejercicio de este poder personal básico es
un acto de resistencia y de fortaleza. Muchas mujeres
pobres y explotadas, especialmente mujeres no blan-
cas, habrían sido incapaces de desarrollar conceptos
©

positivos de sí mismas si no hubieran ejercido el poder


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de rechazar las definiciones de su realidad que le adju-


dicaron los poderosos.
Buena parte del pensamiento feminista refleja la
aceptación de las mujeres de la definición de femi-
nista que los poderosos han propuesto. Aunque las
mujeres que organizaban el movimiento feminista y
Perspectivas cambiantes sobre el poder 151

participaban en él no eran para nada pasivas, no aser-


tivas o incapaces de tomar decisiones, sí perpetuaban
la idea de que esas características eran rasgos típicos
femeninos, una perspectiva que reflejaba las interpre-
taciones del supremacismo masculino sobre la realidad
de las mujeres. No distinguieron entre el papel pasivo
que asumen muchas mujeres en relación con sus igua-
les masculinos y/o las figuras de autoridad masculinas,
y el papel asertivo, incluso dominante, que asumen en
sus relaciones internas, con los niños o con aquellas
personas, mujeres u hombres, que tienen un estatus
social inferior, a quienes ven como inferiores. Este es
únicamente un ejemplo de la manera en la que las acti-
vistas feministas no rompieron con la visión simplista
de la realidad de las mujeres, tal y como la definían
los hombres poderosos. Si hubieran ejercido el poder
de no creer, habrían insistido en señalar la naturaleza
compleja de la experiencia de las mujeres, deconstru-
yendo la idea de que las mujeres son necesariamente
pasivas o no asertivas.
La incapacidad de ejercer el poder de no creer di-
ficultaba que las mujeres rechazaran las ideas domi-
nantes del poder y pudieran imaginar nuevas pers-
pectivas. Si bien las activistas feministas insistían a
las mujeres en que trabajaran para adquirir el poder
político y económico, no ofrecían directrices ni sabios
consejos acerca de cómo ejercer ese poder. A las muje-
res no se les decía que conservar la conciencia política
de su poder, recientemente adquirido, solo haría pro-
gresar al movimiento feminista si se usaba consciente-
©
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mente con ese propósito. Eran reticentes, y a veces se


resistían, a admitir que adquirir poder bajo la forma
de riqueza era sinónimo de apoyar la explotación y la
opresión de las mujeres y los hombres de las clases in-
feriores, que un poder así pocas veces es empleado por
los individuos para empoderar a esos grupos. Vivian
Gornick señala esto en su ensayo «El precio de pagarse
152 Teoría feminista: de los márgenes al centro

su propio camino», distinguiendo entre las mujeres que


adquieren la autosuficiencia económica y la acumula-
ción de riqueza:

No hay manera, ninguna manera, de que alguien en


esta sociedad consiga una buena cantidad de dinero
sin explotar a otros. Si por mí fuera, el capitalismo y
la sociedad de consumo terminarían mañana, este no
produce otra cosa que avaricia e injusticia. Me gusta-
ría ver un mundo en el que los gustos y las necesida-
des materiales se mantengan en un mínimo […]. La
idea de que el dinero trae el poder y la independencia
es una ilusión. Lo que suele traer el dinero es la nece-
sidad de más dinero.

Algunas partidarias de la liberación de las mujeres


animaron a las mujeres a creer que sus logros indivi-
duales de éxito, dinero y poder (especialmente en las
esferas históricamente dominadas por los hombres)
harían progresar el movimiento feminista. Estas mu-
jeres necesitan saber que su éxito ha tenido poco im-
pacto en el estatus social de las mujeres, consideradas
colectivamente, y que no ha disminuido la gravedad
de la opresión sexista, ni ha eliminado la dominación
masculina. Su individualismo es peligrosamente narci-
sista cuando las lleva a equiparar su éxito personal con
el movimiento político radical. Los logros individuales
hacen progresar el movimiento feminista solo si sirven
a los intereses de la lucha feminista colectiva a la vez
que satisfacen las aspiraciones individuales.
©
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Mientras Estados Unidos sea una sociedad imperia-


lista, capitalista y patriarcal, una amplia mayoría feme-
nina nunca podrá ingresar entre las filas de los podero-
sos. El movimiento feminista no avanza si las mujeres
que nunca podrán estar entre quienes gobiernan y ejer-
cen la dominación y el control son animadas a centrar-
se en esas formas de poder y a verse a sí mismas como
Perspectivas cambiantes sobre el poder 153

víctimas. Las formas de poder que estas mujeres debe-


rían ejercer son las que les permitan resistir la explota-
ción y la opresión, y las liberen para trabajar en la trans-
formación de la sociedad de forma que las estructuras
políticas y económicas existentes beneficien por igual a
hombres y mujeres. Las activistas feministas deben sub-
rayar las formas de poder que estas mujeres ejercen y
mostrar de qué modo pueden usarlas en su propio bene-
ficio. Una de las formas de poder que las mujeres ejercen
en la esfera económica es el consumo. Los boicots han
sido usados a menudo como una estrategia útil en tér-
minos educativos, si bien no siempre económicos. Si las
mujeres a lo largo y ancho de Estados Unidos apagaran
su televisor durante un buen rato y no compraran nada
más que los productos de primera necesidad para pro-
testar así por la explotación de las mujeres (por ejemplo,
sobre la creciente representación de la violencia contra
las mujeres en televisión), estas acciones podrían tener
importantes consecuencias económicas y políticas. En
la medida en que las mujeres no están exhaustivamen-
te organizadas, al tiempo que son cotidianamente mani-
puladas por los grupos dominantes masculinos que se
aprovechan del sexismo y del consumismo femenino,
ellas nunca llegan a ejercer ese poder. La mayoría de las
mujeres no son conscientes de las formas de poder que
pueden llegar a ejercer. Hace falta una educación política
para adquirir la conciencia crítica que muestre cómo ejer-
cer los poderes que poseen, aunque sean limitados.
Hasta ahora, las escritoras feministas preocupadas
por subrayar la falta de poder económico de las mu-
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jeres devalúan su papel como consumidoras. A Phy-


llis Chesler le parece que las mujeres son impotentes
como consumidoras:

Comprar cosas es supuestamente una parcela de las


mujeres. Las mujeres compran los bienes de necesidad
del día a día y también algún lujo, pero son artículos
154 Teoría feminista: de los márgenes al centro

«pequeños» en términos de precio, de importancia,


del valor de la decisión tomada y de su efecto sobre
la economía en general. La mayoría de los hombres
controlan, o al menos comparten, la responsabilidad de
comprar los «grandes» artículos domésticos en casa, así
como los artículos incluso más «grandes» de la indus-
tria y del gobierno. El poder del consumo es real cuando
el consumidor se organiza, se informa y es lo bastante
poderoso como para requerir artículos «grandes» como
cabezas nucleares. El poder del consumidor es única-
mente un mito cuando las consumidoras como las amas
de casa y las madres no están ni organizadas, ni infor-
madas y únicamente adquieren artículos «pequeños».

Aunque las mujeres no compran cabezas nucleares, tam-


poco lo hacen la mayoría de los hombres. Al contrario de
la suposición de Chesler de que la compra de pequeños
artículos resulta insignificante, solo considerando sus
beneficios, la moda femenina es una de las principales
industrias de esta economía. Las interminables compras
de pequeños artículos pueden conducir a un enorme
beneficio y poder económico. Como consumidoras, las
mujeres tienen poder y, si se organizan, pueden usar ese
poder para mejorar el estatus social de las mujeres.
El movimiento feminista debería haber tenido un
enorme atractivo para las masas de mujeres y lo tendrá
si aborda las formas de poder que las mujeres ejercen,
aunque también llame la atención sobre la discrimina-
ción, la explotación y la opresión sexista. La ideología
feminista no debería animar a las mujeres a creer que
©

son impotentes, tal y como lo hace el sexismo. Debería


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exponer las formas de poder que las mujeres ejercen


diariamente y mostrarles las maneras en las que pue-
den emplearse para resistir la explotación y la domina-
ción sexista. El sexismo nunca ha hecho impotentes a
las mujeres. Tampoco ha suprimido su fuerza. El reco-
nocimiento de esa fuerza, de ese poder, es un paso que
las mujeres pueden dar juntas hacia la liberación.

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