L A R A D I A C I Ó N A L
S E R V I C I O D E L A V I D A
Autores: MARÍA ESTER BRANDAN / RODOLFO DÍAZ
PERCHES / PATRICIA OSTROSKY
PRÓLOGO
I. LOS DESCUBRIDORES
II. RADIACTIVIDAD, ACELERADORES Y OTROS CONCEPTOS DE LA
FÍSICA
III. LA RADIACIÓN NOS RODEA
IV. UN VIAJE POR LA CÉLULA
V. EFECTOS INMEDIATOS DE UNA EXPOSICIÓN A LA RADIACIÓN
VI. EFECTOS TARDÍOS DE UNA EXPOSICIÓN A LA RADIACIÓN
VII. PROTECCIÓN RADIOLÓGICA
VIII. LOS BENEFICIOS DE LA RADIACIÓN EN LA MEDICINA
IX. EL CASO DE LA SEÑORA GARCÍA
X. OTROS USOS DE LOS RADIOISÓTOPOS Y DE LA RADIACIÓN
XI. ¿ES NECESARIA LA RADIACIÓN PARA LA VIDA?
GLOSARIO
P R Ó L O G O
La palabra radiación es capaz de despertar las reacciones más
variadas: interés, al anunciarse como título de una conferencia o
discusión pública; temor, ante el anuncio de la puesta en marcha de
una planta nucleoeléctrica; admiración, al observarse una radiografía
que muestra la fractura del dedo pulgar del pie de nuestra hija;
esperanza, ante un tratamiento de radioterapia que puede salvar la
vida de nuestro mejor amigo. Más aun, aparte de estas reacciones el
público considera que es mucho lo que desconoce sobre la radiación
y, por tanto, no entiende cómo en ocasiones puede resultar tan
benéfica y en otras causar daño. La necesidad de conocimientos
respecto a la radiación y sus efectos no es satisfecha por los medios
de comunicación que, la mayor parte de las veces, divulgan noticias
y reportajes incompletos y superficiales. Esta situación origina que
el ciudadano común tome posiciones subjetivas, basadas en la mala
información y, más que nada, en el temor ante algo que no entiende
y que le parece imposible llegar a comprender.
Con la intención de lograr una visión interdisciplinaria del tema nos
reunimos para escribir este libro un médico radioterapista, una
genetista toxicóloga y una física nuclear, cada uno familiarizado con
aspectos diferentes del uso de las radiaciones a través de nuestra
formación profesional. Nuestro interés principal es ofrecer al lector
interesado información al día sobre la radiación, sus efectos y sus
usos al servicio de la vida. La información contenida en este libro
ilustra el conocimiento científico actual sobre la interacción de la
radiación con la materia viva y en particular con el ser humano, la
utilización de la radiación en la medicina, algunas de sus aplicaciones
en otras áreas, los riesgos asociados a su uso y las medidas de
protección vigentes destinadas a regular el uso de la radiación.
El libro se inicia con el reconocimiento a los descubridores de la
radiación a fines del siglo pasado y comienzos de éste. Después se
hace una presentación de los conceptos físicos necesarios para
comprender los fenómenos que trataremos y se explica el origen de
la radiación en nuestro mundo. Luego, para poder entender los
efectos biológicos realizamos un viaje por la célula y describimos las
consecuencias biológicas inmediatas y a largo plazo, de la exposición
del ser humano a la radiación. El uso de los rayos X en medicina y
de los radioisótopos en radioterapia y medicina nuclear es explicado
y ejemplificado en el caso de una mujer con cáncer cérvico-uterino.
Seguidamente se describen las normas de seguridad radiológica y se
concluye con una revisión de las aplicaciones más comunes de la
radiación, incluyendo la producción de energía.
Nuestra opinión es que no se puede hablar responsablemente de la
radiación y sus efectos sin una base científica rigurosa. Una mejor
comprensión de los efectos de la radiación y de las medidas de
seguridad apropiadas podría ayudar a tomar decisiones que
consideren de manera objetiva tanto los riesgos como los beneficios.
Por ejemplo, el caso de una persona que debe decidir si someterse o
no a un estudio médico con radioisótopos o el de aquel que tiene que
asesorar, instruir o decidir sobre un uso específico de radiación que
tenga repercusión pública.
Cada nuevo paso en el conocimiento científico genera más interés
por dar el siguiente. Esperamos que la lectura de este libro despierte
en el lector la curiosidad por aprender más e informarse
adecuadamente. De esta manera podrá tener opiniones libres y
enteradas sobre asuntos en que la ciencia actual desempeña un papel
importante.
La experiencia vivida por nosotros los autores, al escribir este libro,
ha sido enriquecedora y ha ayudado a disminuir nuestra propia
ignorancia. Ojalá logremos aumentar el conocimiento del lector.
MARÍA ESTER BRANDAN. RODOLFO DÍAZ PERCHES. PATRICIA
OSTROSKY.
Ciudad Universitaria, enero de 1990
I . L O S D E S C U B R I D O R E S
Creced y multiplicaos y dominad
la Tierra Génesis 1:28
EL SER humano ha estado expuesto a las radiaciones ionizantes
desde su aparición sobre la Tierra, pero sólo fue capaz de
identificarlas y usarlas desde el momento, en 1895, en que Wilhelm
Konrad Roentgen descubrió los rayos X. Durante casi un siglo se ha
trabajado para profundizar el conocimiento y ampliar las
aplicaciones de la radiación y otras nuevas formas de la energía, y
aumentar así nuestro dominio sobre las fuerzas de la naturaleza.
El control de la energía de las radiaciones ha permitido el progreso
en diversas áreas del saber y, específicamente en medicina, ha abierto
nuevas posibilidades de diagnóstico y terapéuticas. Ha contribuido a
un mejor conocimiento de la fisiología humana, así como a
identificar la causa de algunas enfermedades y, por ende, a adecuar
el tratamiento. Esto ha hecho que se prolongue y mejore la calidad
de vida del ser humano.
La dualidad en los usos de la radiación, para fines benéficos o
destructivos, fue imaginada desde el principio por sus descubridores.
Cuando Pierre Curie en Estocolmo recibió con su esposa Marie el
premio Nobel en 1903 señaló: "Soy de aquellos que piensan que la
humanidad obtendrá más beneficio que daño con estos nuevos
descubrimientos." En esta frase queda implícito que estaba
consciente de que sus descubrimientos podrían dañar a la humanidad
pero confiaba en que los beneficios serían mucho mayores. Casi
noventa años después debemos aceptar que así ha sido.
Al considerar la historia de la radiología y la radiobiología resaltan
cuatro personajes cuyo trabajo, a fines del siglo pasado y comienzos
de éste, constituye la base del conocimiento actual en el área:
Wilhelm Konrad Roentgen, Antoine Henri Becquerel, Pierre y Marie
Curie. En las páginas siguientes se relatan algunas de las
circunstancias que los llevaron a dejar una huella profunda en la
historia de la ciencia.
WILHELM KONRAD ROENTGEN
Nació el 27 de marzo de 1845. Igual que muchos científicos de su
época, Roentgen efectuaba experimentos con tubos de vidrio llenos
de gas a baja presión y en su interior aplicaba campos eléctricos
intensos. Era sabido que el tubo se iluminaba tan pronto como se
aplicaban voltajes muy diferentes en sus dos electrodos. La luz
parecía ser producida por rayos originados en el electrodo negativo
(cátodo). El interés de Roentgen se centraba en el estudio de las
propiedades de fluorescencia de ciertas sales y el ooscurecimiento del
papel fotográfico sobre el que incidían estos rayos originados en el
cátodo. El viernes 8 de noviembre de 1895, cuando intentaba
asegurarse de que la luz emitida por uno de sus tubos no atravesaba
una camisa de cartón y estaño, apagó la luz de su laboratorio y
observó con sorpresa que en su mesa de trabajo, lejos del tubo, un
punto emitía luz. Al prender la luz, identificó el objeto brillante: un
pedazo de papel pintado con sales fluorescentes. El fenómeno que
observó era la luz fluorescente producida en el papel por rayos
invisibles al ojo humano, que eran emitidos desde el tubo y
atravesaban el vidrio, el cartón, el estaño y el aire hasta llegar a las
sales del papel.
Posteriormente, Roentgen observó la sombra de un alambre que se
interponía entre el tubo y el papel fluorescente. Sin embargo, ni un
libro de mil páginas, ni la madera, ni el hule producían sombra.
Comparó la transparencia relativa de varios espesores de aluminio,
plata, cobre, plomo y zinc a la radiación invisible y encontró que 1.5
centímetros de plomo impedían la fluorescencia del papel. Durante
sus estudios descubrió que podía verse la sombra de sus dedos y la
imagen más oscura de sus huesos. Esta fue la primera fluoroscopía
en el mundo. Se le ocurrió que estos fenómenos podrían ser
registrados en placas fotográficas, y se dedicó a radiografiar varios
objetos. Y así, el 22 de diciembre tomó la primera radiografía hecha
a un ser humano: la mano de su esposa.
El 28 de diciembre de 1895 entregó para publicación científica sus
observaciones detalladas, y el 5 de enero siguiente la prensa ya
informaba de este descubrimiento. Los rayos invisibles, emitidos por
el tubo, fueron llamados por el propio Roentgen rayos X X, para
distinguirlos de otras radiaciones. La divulgación mundial de estos
hechos fue explosiva y los rayos X pasaron a ser un elemento
indispensable, tanto en hospitales como en centros de investigación.
Roentgen recibió el primer premio Nobel de Física een el año 1901.
ANTOINE HENRI BECQUEREL
Nació en París el 15 de diciembre de 1852. Fue, como su abuelo, su
padre, y su hijo Jean Becquerel, profesor de física aplicada en el
Museo Nacional de Historia Natural. Sus principales intereses dentro
de la física fueron la electricidad, el magnetismo, los fenómenos
ópticos y la energía. Interesado en los rayos infrarrojos examinó,
entre otras cosas, el espectro de diferentes cristales fluorescentes
estimulados por estos rayos. Continuó los experimentos iniciados por
su padre y estudió la relación entre la absorción de la luz y la emisión
de luz fluorescente en algunos compuestos de uranio.
Después del descubrimiento de Roentgen, Becquerel se puso a
investigar la posible conexión entre la radiación invisible y la luz
visible, pues pensaba que tal vez todos los materiales luminiscentes,
estimulados de cualquier forma, también pudieran producir rayos X.
Para probar esta hipótesis colocaba cristales fluorescentes sobre una
placa fotográfica que estaba envuelta en papel opaco, de tal manera
que sólo una radiación penetrante podría alcanzar la emulsión. Este
arreglo experimental lo exponía a la luz del Sol por varias horas, con
lo cual se excitaban los cristales y se obtenía una imagen de las sales
al revelar la placa. Becquerel trabajaba con sales de uranio y durante
febrero de 1896, debido al clima invernal de París, no le fue posible
realizar sus experimentos con la luz solar, por lo que guardó las
placas con las sales en un cajón oscuro. Al revelar estas placas días
más tarde, pudo observar la silueta de las sales, a pesar de no haber
sido excitadas por la luz solar. Becquerel interpretó el fenómeno
como un caso único de "fluorescencia metálica". Al continuar sus
estudios sobre el nuevo fenómeno descubrió que cualquier sal de
uranio, fluorescente o no, producía estas radiaciones penetrantes. En
1898 se encontró que otro elemento, además del uranio, producía este
efecto, el torio. La emisión de estas radiaciones es lo que hoy se
conoce como radiactividad.
Henri Becquerel es considerado el padre de la radiobiología, ya que,
al producirse una lesión en la piel con una fuente radiactiva que
descuidadamente traía en la bolsa de su chaleco, hizo que los médicos
por primera vez se interesaran en investigar los efectos biológicos de
estas nuevas radiaciones.
PIERRE Y MARIE SKLODOWSKA CURIE
Pierre Curie nació en París el 15 de mayo de 1859. Su primer trabajo
científico, un cálculo de la longitud de onda de las ondas calóricas,
lo realizó en 1878. En su tesis doctoral estudió el magnetismo y sus
resultados se conocen como la ley de Curie, que relaciona la
respuesta magnética de algunos cuerpos con la temperatura.
Marie Sklodowska nace en Varsovia el 7 de noviembre de 1867. En
su época no se acostumbraba que las mujeres recibieran educación
superior, pero tanto ella como su hermana Bronia luchan por
obtenerla. Una vez concluidos sus estudios secundarios, las dos
hermanas hacen un pacto y la joven Marie se queda trabajando en
Varsovia como institutriz mientras que Bronia se va a estudiar a
París. Al completar Bronia sus estudios de medicina, se lleva a Marie
a París, en el otoño de 1891. En dos años Marie obtiene el primer
lugar en su carrera de licenciatura en ciencias físicas y en 1894
concluye su maestría en ciencias matemáticas.
Ese mismo año, un científico polaco visita París y la señorita
Sklodowska le comenta acerca de sus trabajos sobre las propiedades
magnéticas de diversos aceros. El visitante le recomienda asesorarse
por Pierre Curie, experto en magnetismo e invita a ambos a tomar el
té en su casa. En esta primera reunión, Pierre se queda admirado de
que exista una joven atractiva, inteligente y con quien se pueda hablar
de ciencia. A partir de ese momento se siguen frecuentando para
discutir sus estudios y, finalmente, Pierre le pide permiso para
visitarla. Ella le proporciona su dirección, 11 rue des Feuillantines,
una verdadera buhardilla del barrio latino, en donde Marie sobrevivía
con té, pan y mantequilla. Al visitarla, Pierre se estremeció por la
sobriedad de su vida. La relación se va acentuando hasta que el 25 de
julio de 1895 se casan en París, convirtiéndose Marie en Madame
Curie, nombre bajo el cual el mundo la conoce. Su primera hija,
Irene, nace en 1897.
Como a Madame Curie le llaman la atención los informes de
Roentgen acerca de los rayos X y los de Becquerel acerca de la
radiactividad natural, escoge como tema de tesis para su maestría en
física, "La conductividad del aire a través de pruebas cuantitativas de
la actividad radiante". Encuentra que el torio es más radiactivo que
el uranio, lo cual reporta a la Academia de Ciencias de París el 12 de
abril de 1898. En esa presentación sugiere que la radiactividad es una
propiedad atómica, pues es independiente
independient del estado físico o químico
del material radiactivo y también predice que se podrían encontrar
elementos más activos que los conocidos.
Los esposos Curie desarrollan métodos para investigar nuevos
elementos, y en julio de 1898 separan por dilución de la pechblenda
(mineral de uranio), el uranio y el torio. Reportan el descubrimiento
de un nuevo elemento que llaman polonio, en honor al país de origen
de Madame Curie. En diciembre del mismo año precipitan el polonio
y obtienen un nuevo elemento muy radiactivo, al cual denominan
radio. Para producir una muestra de este elemento reciben una
tonelada de mineral de uranio donada por el gobierno austriaco.
Durante cuatro años el matrimonio trabajó arduamente, haciendo un
gran esfuerzo físico, para llegar a obtener finalmente ¡la décima parte
de un gramo de radio puro!
En el desarrollo de sus investigaciones, tanto Becquerel como
Madame Curie notaron ciertos efectos en su piel, posiblemente
causados por el manejo de materiales radiactivos. Pierre Curie hace
un experimento, aplica una cantidad de radio en su antebrazo y
observa las diferentes etapas de la reacción que se produce en la piel.
En la primera fase detecta enrojecimiento, seguido por formación de
vesículas que se rompen dejando la piel sin su capa protectora (este
efecto se conoce como radio-dermitis húmeda). La curación se inicia
de la periferia hacia el centro, quedando la piel más delgada y con
una aureola oscura, más expuesta a cualquier daño posterior. Es
Pierre Curie quien inicia los estudios de radiobiología en animales y
facilita a los médicos tubos de vi
vidrio que contienen el gas radiactivo
radón, para que realicen sus primeros experimentos clínicos en el
tratamiento de tumores por medio de la radiación.
Mientras tanto, Marie continuaba sus estudios, y en junio de 1903
presenta en La Sorbona su tesis de doctorado en ciencias físicas,
"Investigaciones acerca de las sustancias radiactivas". Ese mismo
año, Henri Becquerel y los esposos Pierre y Marie Curie fueron
galardoneados con el premio Nobel de Física.
Pierre y Marie Curie frente a su casa cerca de París. (Foto del Instituto Curie,
Paris. Uso autorizado.)
El 19 de abril de 1906, Pierre Curie fallece trágicamente arrollado
por un coche tirado por caballos en una calle de París. Marie pasa a
ocupar su cátedra en La Sorbona, convirtiéndose en la primera mujer
que recibe tal honor. En 1910, Madame Curie recibe el premio Nobel
de Química y, en 1911, con el apoyo del Instituto Pasteur y de la
Universidad de París, logra fundar el Instituto del Radio instalado en
dos edificios gemelos, uno para estudios en física y matemáticas,
dirigido por Marie Curie y, otro, para los estudios médicos bajo la
dirección de Paul Regaud. De esta nueva institución surgen las
primeras contribuciones radiobiológicas y se establecen las bases de
la radioterapia moderna.
Irene Curie, hija del matrimonio, siguió los pasos de sus padres en el
campo de la física y se dedicó a la investigación de las sustancias
radiactivas. Contrae nupcias en 1926 con Frederic Joliot, alumno del
laboratorio de Marie Curie. El nuevo matrimonio es responsable del
descubrimiento de la radiactividad artificial, lo que abre las puertas
a la medicina nuclear, y con ello a la posibilidad de diagnóstico y
tratamiento de un gran número de enfermedades.
Otro de los logros que alcanzaron los Joliot
Joliot-Curie
Curie fue conseguir la
primera reacción en cadena. La publicación de este resultado violó el
acuerdo entre los físicos nucleares de no mencionar el tema y
desafortunadamente propició acciones que culminaron con la
construcción de la primera bomba atómica.
Marie Curie murió en París el 6 de julio de 1934, víctima de una
anemia aplásica, es decir, la destrucción del tejido formador de la
sangre. Es muy probable que la radiación que recibió durante una
vida de trabajo con los nuevos elementos radiactivos fuera la causa
de esta enfermedad. Pensando en la lucha que esta mujer tuvo que
sostener para lograr su educación profesional y en toda la
contribución que brindó a la comunidad científica y a la humanidad,
viene a la memoria aquella frase pronunciada por su esposo Pierre
Curie: "se debe hacer de la vida un sueño, y del sueño una realidad".
I I . R A D I A C T I V I D A D ,
A C E L E R A D O R E S Y
O T R O S C O N C E P T O S D E
L A F Í S I C A
ESTE capítulo explica algunos de los conceptos usados a lo largo del
libro, tales como radiación, radiactividad, dosis y aceleradores.
También definimos y explicamos el uso y significado de las
múltiples unidades utilizadas hoy en día para medir la radiación,
como son el Curie, el rad y el rem. Si el lector está familiarizado con
esta información puede saltar este capítulo y continuar directamente
con el siguiente.
RADIACIÓN
El tema central de este libro es la radiación.. En física se entiende que
la radiación es energía en movimiento. Debido a que cualquier
partícula que se mueva posee energía, tanto los átomos, los núcleos
de los átomos, los electrones, los protones o los neutrones, cuando se
trasladan de un lugar a otro en el espacio, son radiación. Ya hemos
encontrado este tipo de radiación en el primer capítulo, en algunos
de los fenómenos estudiados por Henri Becquerel y los esposos
Curie, ya que, aunque ellos no lo sabían, intervenían partículas
nucleares en movimiento provenientes de los elementos uranio y
polonio. A estos tipos de radiaciones hoy se les llama partículas alfa
(dos protones y dos neutrones juntos) y partículas beta (electrones);
son emitidos de modo espontáneo por algunos núcleos atómicos, a
velocidades cercanas a la de la luz.
La energía de la radiación no debe ser transportada necesariamente
por una partícula. Es posible que sea una onda la que lleve energía
de un lugar a otro. Las ondas de radio y de televisión, por ejemplo,
son energía emitida desde la planta transmisora que viaja por el
espacio hasta llegar a nuestro aparato receptor de radio o televisión.
Estas ondas forman parte de la llamada radiación electromagnética,
que también incluye la luz visible y la luz ultravioleta. Los rayos X
descubiertos por Roentgen y los lla llamados rayos gamma que eran
parte de la radiación emitida por las sales de uranio estudiadas por
Becquerel, también son parte de la radiación electromagnética y
siempre se desplaza por el espacio a la velocidad de la luz. La única
diferencia entre estos diversos tipos de radiación electromagnética es
la energía transportada por cada rayo.
Cuando la radiación penetra a través de un trozo de cualquier
material, por ejemplo un ladrillo o una mano, "choca" con los átomos
del material y en cada una de las colisiones les transfiere parte de su
energía. Las partículas alfa transfieren mucha energía en cada choque
y son detenidas (es decir, se les acaba su energía) en unos cuantos
centímetros de aire o incluso en el grosor de una hoja de papel. Toda
la energía que transportaba la partícula alfa queda depositada en un
volumen pequeño del material irradiado.
Las partículas beta transfieren poca energía en cada choque y por esto
se necesitan muchos choques para detenerlas. Se requiere al menos
un metro de aire o algunos milímetros de aluminio para que se
detengan y la energía que depositan en el material, queda menos
concentrada que en el caso de irradiación con partículas alfa.
Los rayos gamma logran penetrar materiales mucho más gruesos que
las partículas alfa y beta y se necesitan varios centímetros de plomo
o de concreto para atenuarlos.
RADIACTIVIDAD
Este fenómeno, descubierto por Henri Becquerel y estudiado por
Pierre y Marie Curie, es uno de los mecanismos con que cuenta la
naturaleza para producir radiación. La radiactividad es la emisión
espontánea de energía que producen algunos núcleos atómicos. Los
núcleos que pueden emitir radiación de manera espontánea se llaman
radiactivos o inestables. Debido a que la energía se conserva, un
núcleo debe tener un exceso de energía en ssu interior antes de poder
emitirla. Es esta energía "sobrante" la que el núcleo comunica a
partículas energéticas en el caso de emisión de partículas alfa y beta,
o a radiación electromagnética, si se emiten rayos gamma. Cuando
un núcleo radiactivo emite radiación se dice que ocurrió un
decaimiento radiactivo o que el núcleo "decayó". yó". Después del
decaimiento, el núcleo inicial se ha transformado en otro diferente.
Interacción de la radiación ionizante con la materia. Los átomos
del medio irradiado reciben parte de la energía transportada por
la radiación.
Cada núcleo radiactivo se tarda un tiempo característico en decaer.
Este tiempo se llama vida media
media. Si en un instante se tiene una
cantidad N de núcleos radiactivos, después de transcurrido un tiempo
igual a la vida media solamente quedará la mitad de los núcleos
originales, es decir N/2.. La otra mitad decayó emitiendo radiación.
Los N/2 núcleos que quedan se tardarán otra vida media en reducirse
a la mitad, es decir que después de dos vidas medias queda la cuarta
parte de la cantidad original y así sucesivamente, hasta que todos los
núcleos hayan decaído. Hay núcleos como el uranio que tienen vidas
medias del orden de miles de millones de años (comparables con la
edad de nuestro Sistema Solar) y, por otro lado, existen núcleos como
el berilio-8 que tienen vidas medias menores que una millonésima de
millonésima de millonésima de segundo.
Poder de penetración de los diferentes tipos de radiación.
Debido a su tamaño tan minúsculo (una fila de doscientos mil
millones de núcleos de oxígeno mediría apenas un milímetro) no es
posible observar al núcleo mientras decae, ni menos aún contar
cuántos núcleos radiactivos quedan en una muestra. En cambio, es
relativamente fácil contar cuántas partículas alfa, beta, o rayos
gamma se emiten. El número de partículas o rayos emitidos en cada
segundo por una cantidad de material radiactivo se llama actividad
de la muestra y depende tanto del número de núcleos radiactivos
radiac que
quedan como de la vida media. La unidad para medir actividad ha
sido tradicionalmente el Curie. Un Curie es igual a 37 mil millones
de decaimientos por segundo, una cantidad bastante alta comparada
con cualquier situación normal. Por lo general en un laboratorio se
trabaja con muestras cuya actividad es de micro o milicuries, es decir
millonésimas o milésimas de Curie.
A medida que pasa el tiempo van quedando menos núcleos
radiactivos en una muestra, de modo que la actividad disminuye. La
figura 1 muestra una gráfica de la variación de la cantidad de núcleos
radiactivos cobalto
cobalto-60
60 y de su actividad a medida que transcurre el
tiempo desde su formación (este núcleo radiactivo se produce
rutinariamente en un reactor). Hemos supuesto que al inicio había un
gramo de cobalto-60 que, aunque pudiera pensarse que es una masa
pequeña, posee una actividad muy elevada (más de 1 000 Curies), tal
como se aprecia en la figura. La vida media del cobalto-60 es
aproximadamente de 5 años, y al decaer se transforma en el núcleo
níquel-60.
Figura 1. Disminución de la masa de un gramo de cobalto-60 a
medida que transcurre el tiempo. En la escala del lado derecho
se puede leer la variación de la actividad de la muestra.
ACELERADORES Y TUBOS DE RAYOS X
A menudo sucede que la energía de la radiación emitida por los
núcleos radiactivos no es suficientemente alta para algún uso
particular, por lo cual es necesario acelerarlos. Las máquinas que,
usando combinaciones de campos eléctricos y magnéticos, aumenta
aumentan
la velocidad de las partículas para así incrementar su energía cinética
se llaman aceleradores y fueron originalmente diseñados y
construidos (desde los años 30) para realizar experimentos de física
nuclear básica. Hoy en día los aceleradores de vanguardia en la
investigación miden varios kilómetros de largo y entregan a los
núcleos energías que son un millón de veces mayores que aquéllas
de los decaimientos radiactivos.
Existe un tipo de acelerador muy sencillo y relativamente poco
costoso que es el más usado en el mundo. Cualquier hospital o clínica
tiene al menos uno: el tubo de rayos X. Este equipo acelera electrones
dentro de un tubo de vidrio al vacío, usando una diferencia de voltaje
de cientos de miles de volts para hacerlos chocar contra un trozo de
material pesado (tungsteno o cobre montado sobre tungsteno) en su
interior. Como consecuencia
ecuencia de la colisión la energía de los
electrones se transforma en radiación electromagnética que sale del
tubo. Esta radiación son los rayos X descubiertos por Roentgen.
Después de salir del tubo los rayos X continúan viajando en línea
recta por el aire hasta encontrar algún obstáculo ante el cual los rayos
X pueden resultar desviados, reflejados o absorbidos. Tal como se
explica en un capítulo posterior, las imágenes radiográficas
(radiografías) conocidas por todos os se producen aprovechando las
propiedades de absorción que presentan diferentes componentes de
nuestro cuerpo ante los rayos X.
El linac es un tipo de acelerador construido originalmente para
estudiar problemas de física nuclear y que en la actualidad se usa en
hospitales. Acelera electrones a altas energías (los electrones viajan
prácticamente a la velocidad de la luz en su interior) y se utilizan, ya
sea directamente en el exterior del linac para irradiar al paciente con
electrones o bien, después de chocar contra un blanco interior y
producir radiación electromagnética de alta energía. Ambas
modalidades constituyen hoy técnicas de radioterapia de uso cada
vez más extendido.
Fuentes radiactivas y aceleradores (incluidos los tubos de rayos X)
son las herramientas de que disponemos para obtener radiación para
usos en medicina. No es posible utilizar las fuentes naturales (que
serán descritas en el próximo capítulo) pues, por un lado, son
demasiado débiles, y por otro, imposibles de controlar a voluntad. Es
útil recordar que una fuente radiactiva siempre emite radiación (no
se puede apagar), mientras que el tubo de rayos X u otro acelerador
sólo la emiten mientras están conectados.
DOSIS
¿Qué ocurre cuando la radiación proveniente de una fuente radiactiva
o de un acelerador encuentra en su camino un medio físico
cualquiera, como es el aire, el agua, el cuerpo humano, una película
fotográfica? Al comienzo de este capítulo señalamos que cada tipo
de radiación tiene un comportamiento diferente, pero se puede
afirmar que, en general, la radiación penetra cierta distancia del
medio y le entrega parte, o incluso toda su energía inicial. Cuando el
medio irradiado es un sistema vivo, el efecto que una cantidad
cualquiera de radiación produzca dependerá principalmente de la
cantidad de energía que la radiación deposite en el organismo
irradiado.
La dosis absorbida mide la energía depositada en cada gramo de
materia irradiada. La unidad más conocida es el rad y corresponde a
100 ergs depositados en un gramo de materia. La cantidad de energía
contenida en 100 ergs es sumamente pequeña dentro de la escala de
nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, si medimos la energía calórica
que le llega del Sol a un cuadrado de un centímetro de lado sobre
nuestra piel, la energía recibida cada segundo es diez mil veces
mayor que la energía de 100 ergs. Esta comparación indica que la
energía que se deposita en un gramo de materia al ser irradiada con
una dosis de un rad es muy pequeña. Sin embargo, dentro de una
escala molecular o celular, la dosis de un rad puede tener
consecuencias importantes.
Para evaluar de modo intuitivo si una dosis puede causar un efecto
grande o pequeño es útil saber que, en un extremo, si una persona se
expone de cuerpo entero a una irradación de 600 rads, es probable
que muera, mientras que en el otro extremo, todos los seres humanos
recibimos cada año unas dos décimas de rad (0.2 rad) que provienen
de la radiación natural que existe en nuestro planeta. Esto se ilustra
esquemáticamente en la figura 2.
Figura 2. Escala de dosis. Valores inferiores a un rad se consideran como dosis
bajas. Dosis de cientos de rads se consideran altas.
Debido precisamente a que es mucho más común recibir dosis
inferiores a un rad que dosis superiores, el milirad (una milésima de
rad) es una unidad de uso corriente. Existe una nueva unidad para
medir dosis absorbida: el Gray, igual a 100 rads. Debido al uso ya
tan generalizado del rad, en vez de medir en Grays se ha seguido
midiendo en rads, sólo que ahora se les llama "centiGrays". En este
libro usaremos rads. La dosis absorbida se mide con instrumentos
llamados dosímetros.
El estudio de los efectos biológicos de la radiación se inició (y aún
continúa) irradiando cultivos celulares con diferentes tipos de
radiación. Al contar cuántas células del cultivo habían sido capaces
de sobrevivir a la irradiación, fue evidente que iguales dosis de
radiación diferente no producían los mismos efectos biológicos. Un
rad de rayos X no causa el mismo efecto biológico que un rad de
partículas alfa. Como las diferentes eficiencias biológicas son
difíciles de determinar pues dependen del tipo ded radiación, de su
energía, y del efecto biológico en consideración, se han definido
factores de efectividad biológica para cada tipo de partícula. El
equivalente de dosis es la dosis absorbida por el organismo
multiplicada por el factor de efectividad biológica apropiado al tipo
de partícula que constituye la radiación. La unidad de uso común es
el rem. Un rem de rayos X causa el mismo efecto biológico que un
rem de partículas alfa o de neutrones.
Equivalencia entre el rad y el rem para diferentes tipos de
radiación. El rad mide la energía depositada; el rem toma en
cuenta, además, la efectividad del tipo de radiación.
En el campo de la protección radiológica lo importante son los
efectos biológicos que se desea evitar y, por eso, los valores máximos
establecidos son límites para el equivalente de dosis y están dados en
rems. Se usará milirem (una milésima de rem) en el capítulo próximo,
al referirse a los niveles de radiación presentes en la Tierra hoy en
día. Para los rayos X y rayos gamma el factor de efectividad
biológica vale uno, por lo que para estas radiaciones
electromagnéticas, un rem m es igual a un rad. Para la radiación de
partículas alfa o neutrones, los factores son mayores que uno, y en
estos casos, el efecto biológico causado por un rem se logra con dosis
absorbidas menores que un rad. (Esto indica que los neutrones y las
partículas alfa son más "efectivos" que los rayos X y gamma en
causar daño biológico.) Los temas que se presentarán een este libro se
refieren casi en su totalidad al uso de rayos X y rayos gamma, por lo
que el rad y el rem se usarán indistintamente. (Existe una nueva
unidad de equivalente de dosis, el Sievert, igual a 100 rems. Es una
unidad tan grande para los usos normales
norm en protección radiológica,
que se usa su submúltiplo, el microSievert, una millonésima de
Sievert. En este libro no usaremos esta unidad.)
I I I . L A R A D I A C I Ó N
N O S R O D E A
LA RADIACIÓN ha sido parte de la historia de nuestro planeta desde
que se formó el Sistema Solar, hace unos cinco mil millones de años.
Hoy día, igual que entonces, la Tierra es bombardeada
continuamente por partículas energéticas provenientes del centro de
nuestra galaxia
axia y de otras alejadas millones de años luz. Pero no toda
la radiación recibida sobre la Tierra es extraterrestre, ya que en el
interior y en la superficie del planeta existen núcleos radiactivos que,
desde que fueron creados al formarse el Sistema Solar, emiten
espontáneamente diferentes formas de radiación. Desde comienzos
del siglo xx, a esta radiación natural, o "de fondo", se le ha sumado
la radiación que el ser humano aprendió a producir para satisfacer sus
necesidades y sus intereses. La radiación producida por el ser
humano (a veces denominada radiación "artificial") causa
aproximadamente el 20% de la irradiación total promedio en el
mundo actual; el resto es de origen natural.
RADIACIÓN NATURAL
La cantidad de radiación natural recibida por un ser humano es
relativamente similar en todas partes del planeta y se estima que no
ha variado demasiado en el transcurso del tiempo. Se pueden
distinguir dos mecanismos principales de irradiación: externa,
cuando
uando la radiación proviene de fuera del cuerpo, e interna, cuando
el elemento radiactivo emisor ha sido ingerido o inhalado, y por lo
tanto se encuentra ubicado adentro del cuerpo del individuo.
Los responsables principales de la irradiación externa son los rayos
cósmicos de origen extraterrestre que bañan la Tierra. Esta radiación
llega a nuestro planeta después de viajar por miles de años desde
alguna estrella lejana. Durante las diversas etapas de la evolución de
una estrella, ésta emite rayos X, rayos gamma, ondas de radio,
neutrones, protones o núcleos más pesados que viajan por el vacío
espacio interestelar a la velocidad de la luz o cerca de ella, hasta
chocar con alguna molécula o átomo. La probabilidad de chocar con
la Tierra es pequeñísima, pero la cantidad de radiación es inmensa.
Tan sólo recordemos que cada galaxia contiene unos cien mil
millones de estrellas y se calcula que existen cientos de miles de
millones de galaxias en el Universo. Grandes cantidades de radiación
son producidas, por ejemplo, durante la explosión de una supernova,
hecho que le ocurre a unos 100 millones de estrellas durante los 10
mil millones de años que son la vida estimada de una galaxia.
Los rayos cósmicos que se dirigen hacia la Tierra, principalmente
protones y partículas alfa, encuentran primero la atmósfera e
interactúan con los núcleos de átomos presentes en ella. En este
sentido, la capa de aire que está encima de nosotros actúa como un
techo protector. La interacción de las partículas cósmicas con los
núcleos en el aire produce reacciones nucleares en que se crean
nuevas partículas que continúan el viaje hacia la superficie. Las
partículas con carga eléctrica van ionizando y excitando excitando las
moleculas del aire ocasionando una pérdida gradual de la energía
original. Una fracción mínima de los rayos cósmicos primarios logra
llegar hasta la superficie terrestre y son principalmente, las partículas
llamadas muones, producidas en la alta atmó atmósfera por los rayos
primarios que constituyen el espectro de radiación cósmica en la
superficie.
Una consecuencia del efecto absorbente de la atmósfera es que la
intensidad de los rayos cósmicos aumenta según la altura de la
superficie. Al vivir en una ciudad que, como México, se encuentra a
dosis 1
unos 2 000 metros sobre el nivel del mar, se recibe una dosi
proveniente de los rayos cósmicos, aproximadamente del doble de
aquella que se recibe al vivir en la costa. El campo magnético
terrestre desvía los rayos cósmicos hacia las regiones polares, por lo
que las dosis aumentan con la latitud. Se estima que el pr
promedio de
equivalente de dosis de rayos cósmicos para un ser humano es de 30
milirems cada año.
La otra fuente importante de irradiación externa la constituyen los
rayos gamma emitidos por núcleos radiactivos presentes en el suelo
o el aire. Estos núcleos inestables pudieron ser formados por la
interacción de rayos cósmicos con el aire o pueden existir en la
corteza terrestre, desde sus orígenes.
La contribución de los primeros a la dosis externa es insignificante.
La cantidad de radiación al aire libre en un lugar está íntimamente
relacionada con la presencia de núcleos radiactivos en el suelo. Las
llamadas rocas ígneas presentan mayores niveles de actividad que las
rocas sedimentarias, aunque entre estas últimas, las pizarras y
fosforitas son sumamente radiactivas. Los núcleos que más
contribuyen a la radiactividad de las rocas son el potasio-40, el
uranio-238 y el torio-232,
232, todos presentes en el suelo desde la
formación de la Tierra.
Existen lugares en Italia, Brasil, Francia, la India y Nigeria, donde
los niveles de radiación al aire libre debido a fuentes terrestres son
mucho mayores que los promedios observados en el resto del mundo.
Esto se debe a que la composición del suelo del lugar contiene una
concentración "anormalmente" alta de radioisótopos. En Brasil
existe una región costera en los estados de Espíritu Santo y de Río de
Janeiro, cuyas arenas monacíticas son fuertemente radiactivas. En
poblaciones cercanas se han medido niveles al aire libre, en las calles,
que son 50 veces mas grandes que los considerados "normales",
mientras que en las playas a las que acuden unos 30 000
veraneantes cada año los valores medidos llegan a ser 500 veces
superiores a los promedios.
Debido a que las construcciones utilizan generalmente materiales
similares en su composición a los del suelo del lugar y a que la
población pasa gran parte del tiempo adentro de edificios, existe
interés por conocer los niveles de dosis debidos a la radiación
radiac
proveniente de los muros, suelo y techo de las construcciones. En
casas de madera, que no emiten radiación y sirven de blindaje contra
la que proviene del exterior, se estima que los niveles interiores de
radiación gamma son un 70% de aquéllos al aire libre. En cambio, en
casas de ladrillo, hormigón o piedra, la irradiación en el interior es
un 30 o 40% mayor que en el exterior. Más adelante en esta sección
nos referiremos a la irradiación causada por la irradiación del radón
emitido por materiales de construcción, lo cual ha causado gran
interés público en estos últimos tiempos.
Tomando en cuenta los factores mencionados se estima que el
equivalente de dosis promedio mundial para un individuo, producto
de la irradiación externa por rayos gamma, es de unos 35 milirems
cada año.
La irradiación interna se debe a la inhalación de polvo que contenga
en suspensión partículas radiactivas, así como a la ingestión de agua
y alimentos que hayan incorporado algún elemento inestable a su
composición. Tal como se mencionó previamente, los núcleos
radiactivos responsables
onsables de la radiación natural terrestre pueden
provenir de reacciones de rayos cósmicos con el aire, o haber sido
formados al comienzo de nuestro sistema planetario. Entre los
primeros se pueden mencionar el tritio, el carbono-14, el berilio-7 y
el sodio-22. El equivalente de dosis por irradiación interna de todos
juntos apenas sobrepasa 1 milirem anual. Entre los radioisótopos del
segundo grupo, el potasio-40
potasio y aquéllos de las series de
desintegración del uranio y del torio (radio, radón, polonio y plomo)
son responsables de una fracción importante de la irradiación interna.
El potasio es un elemento esencial para la vida, se incorpora al
organismo a través de la alimentación. Un 0.02% del potasio natural
es potasio-40, emisor de radiación beta y gamma, con una vida media
de mil millones de años. El equivalente de dosis anual debido a sus
radiaciones se estima en 18 milirems. Otros núcleos radiactivos que
son ingeridos en los alimentos son el radio-226, el plomo-210 y el
polonio-210.
210. La carne de reno o de caribú, en las regiones árticas del
hemisferio norte, contiene una concentración anormalmente elevada
de polonio-210,
210, debido a que estos animales consumen líquenes que
tienden a acumular este elemento. Para decenas de miles de personas
esta carne es la base de su alimentación. Medidas realiz
realizadas en su
sangre, huesos y placenta, revelan aumentos de los niveles de dosis
en un factor aproximado de 10 en comparación con habitantes de
zonas más templadas.
Entre los elementos que ingresan al organismo por las vías
respiratorias se encuentran el uranio, el torio y los isótopos polonio-
210 y plomo-210.
210. (Aprovechamos para señalar que en los pulmones
de fumadores la concentración de estos dos núcleos radiactivos es
50% superior a aquella en los pulmones de los no fumadores.) Todos
estos elementos son sólidos y su inhalación ocurre al respirar
partículas de polvo a las cuales se han adherido. Pero la fuente
principal de irradiación interna la constituye la inhalación
inhalac del gas
radón. Este elemento se produce en los decaimientos radiactivos del
uranio y del torio y es a su vez inestable, transformándose en una
partícula alfa y un núcleo de polonio. Si el radón es respirado y no
decae, puede volver a salir junto con el aire expirado. Pero si decae
mientras se encuentra en los pulmones, el núcleo de polonio, que es
un elemento sólido, se puede quedar adherido al tejido pulmonar y
desde ahí continuar emitiendo radiación, pues él también es
radiactivo.
Grandes cantidades de radón se encuentran en el interior de las minas
de uranio y en regiones con suelos que contienen uranio y torio. Las
construcciones que emplean materiales particularmente radiactivos
muestran niveles altos de radón en el interior. Para esta fuente de
radiación natural existen grandes diferencias en las dosis,
dependiendo del lugar de habitación, el material de la construcción y
el clima. En zonas templadas como en México, la ventilación
continua de las viviendas reduce la concentración de radón en el aire
interior, mientras que lo opuesto ocurre en climas con temperaturas
extremas, donde el uso de calefacción en invierno y aire
acondicionado en verano tiende a disminuir la ventilación.
Estimaciones de valores promedios mundiales indican equivalentes
de dosis anuales de 120 milirems por irradiación interna debida a la
ingestión e inhalación del uranio, torio y sus productos de
decaimiento, incluido el gas radón. Esta es la fuente principal de
radiación para la población mundial actual.
En la figura 3 se representan las principales fuentes de radiación
natural, como fracción del equivalente de dosis promedio. El total de
la radiación natural es de 200 milirems anuales aproximadamente.
Figura 3. Principales fuentes de radiación. Se indican los
porcentajes con que cada fuente contribuye a la dosis total
promedio en el mundo actual.
RADIACIÓN PRODUCIDA POR EL SER HUMANO
En el primer capítulo describimos cómo a finales del siglo pasado el
ser humano descubrió la manera de producir radiación. Primero
fueron los rayos X y luego la radiactividad. Hoy en día son
innumerables los usos de estos procesos y dedicaremos gran parte de
este libro, a la descripción de algunas de sus aplicaciones más
importantes. Como consecuencia del uso de la radiación, existen
personas que reciben dosis de radiación adicionales a las originadas
en las fuentes naturales, como sucede en los casos de lolos individuos
que controlan el procedimiento, en los que lo aprovechan, e incluso
en aquellos que no tienen relación directa con la técnica. Es el mismo
tipo de radiación, no se ha inventado nada que no existiera ya en la
naturaleza, pero a diferencia de la irradiación natural, las dosis
recibidas a causa del uso de radiación producida ex profeso varían
mucho entre un individuo y otro, dependiendo incluso de su
profesión y de sus hábitos de vida.
La fuente más importante de exposición a radiación producida por el
ser humano, hoy en día, son los exámenes médicos que utilizan rayos
X. Al tomar una radiografía el paciente puede recibir equivalentes de
dosis entre 1 y 5 000 milirems. Los valores promedio para una
población dependen de la frecuencia con que los individuos se
someten a un examen radiológico. En los países industrializados se
estima que se toman entre 300 y 900 radiografías al año por cada 1
000 habitantes, mientras que en el llamado TercerTerce Mundo, la
frecuencia es diez veces menor. Tomando en cuenta la distribución
de población en el mundo se calcula que, en promedio, el ser humano
hoy recibe unos 40 milirems anuales debido a exámenes
radiológicos. Insistimos en que esta cantidad es un prom
promedio. La
dosis individual varía mucho de una persona a otra; obviamente, es
nula para alguien que no se toma ninguna radiografía y mucho mayor
que el promedio para quien se somete a varios exámenes. Hay una
tendencia mundial a aumentar el empleo de radiografías, debido a la
extensión de los servicios de salud, tanto en países desarrollados
como en los que están en vías de desarrollo; simultaneamente, nte, la
dosis debida a cada radiografía tiende a disminuir debido a nuevas
técnicas, tanto en el diseño de los tubos de rayos X como en las
películas radiográficas, al mejor entrenamiento del personal a cargo
de tomar los exámenes, y a la imposición de reglas de seguridad
radiológica más estrictas. Ambos factores actúan al mismo tiempo,
lo que hace suponer que los valores promedio citados no variarán
demasiado en los proximos años.
Otras prácticas médicas de diagnóstico, como la medicina nuclear,
donde se utilizan núcleos radiactivos, producen dosis mucho
menores que los exámenes radiológicos y además, son empleadas en
un número mucho menor de pacientes. Por el contrario, la
radioterapia irradia una zona bien localizada del paciente con valores
de dosis que son 10 000 o más veces los valores naturales. Debido a
que esta gran cantidad de radiación es recibida por un paciente cuya
vida está en peligro a causa de un tumor maligno, se considera que
cualquier efecto negativo que pudiera causar la irradiación es
irrelevante frente al gran beneficio de la posible curación. El cálculo
de la dosis promedio recibida por una población no incluye las
contribuciones de los tratamientos de radioterapia
Después de los exámenes radiológicos, el segundo lugar entre las
fuentes actuales de radiación creadas por el hombre, lo ocupan los
ensayos de bombas nucleares realizados en la atmósfera desde 1945.
Más de 500 explosiones, en gran parte estadounidenses y soviéticas,
pero también inglesas, francesas, hindúes y chinas, han inyectado
toneladas de material radiactivo a las capas altas de la atmósfera.
Estos núcleos inestables pueden permanecer durante años en
suspensión, distribuyéndose sobre todo el planeta. Al fin caen al
suelo en la llamada "lluvia radiactiva" e irradian a los seres vivos,
externamente desde el suelo e internamente, cuando son ingeridos o
inhalados. Los núcleos más importantes entre los cientos que se
producen durante la detonación de un artefacto nuclear resultan ser
el carbono-14, el cesio-137, el circonio-95 y el estroncio-90.
En 1963 se firmó el Tratado de Prohibición de Ensayos Atmosféricos
que limita las pruebas permitidas a aquellas que ocurran en zonas
subterráneas, sin escape de radiactividad al ambiente. No todos los
países firmaron el tratado y en particular Francia y China
Ch han
realizado ensayos atmosféricos posteriores a esa fecha. Debido a que
la vida media de algunos de los radioisótopos producidos como
residuos de una explosión nuclear es de varios años, hoy en día
seguimos recibiendo la herencia de los ensayos ocurridos hace 30 o
40 años. Los niveles máximos de dosis debidos a estas pruebas se
registraron en 1962, cuando alcanzaron casi el 10% de los valores de
la radiación natural. Gracias al reducido número de ensayos
atmosféricos recientes el último ocurrió en octubre de 1980 hoy
la dosis es de 2 milirems anuales aproximadamente. Esta fuente de
radiación afecta a todo el planeta y es la única que no es
consecuencia de un uso benéfico de la radiación. Por el contrario, la
radiación producida por las armas nucleares es una amenaza real a la
existencia de la humanidad. Los únicos beneficiados son las
industrias y laboratorios dedicados al multibillonario negocio de la
guerra.
La siguiente fuente de radiación que consideraremos es la producción
de energía nuclear. En la actualidad existen más de 400 reactores de
potencia en funcionamiento en 26 países, que producen
aproximadamente 16% de la electricidad utilizada en el mundo. La
producción de energía nuclear en un reactor presupone la elaboración
previa y el tratamiento posterior del combustible nuclear. Son estos
procesos los que producen la mayor parte de la dosis relacionada con
la energía nuclear. Las fases principales del ciclo
ci del combustible
nuclear son la minería y elaboración de minerales de uranio, el
enriquecimiento del contenido de uranio-235, la fabricación de los
elementos combustibles, la operación del reactor, el reciclamiento de
los núcleos combustibles recuperados y la eliminación de los
desechos radiactivos. Durante todas estas etapas el material
radiactivo se guarda en lugares controlados, por lo que la mayor
irradiación ocurre en las cercanías de las minas, del reactor y de la
planta de reciclamiento o almacenamiento de los desechos. Debido a
que algunos de los núcleos radiactivos producidos durante el ciclo
del combustible tienen una vida media sumamente larga y a que son
fácilmente dispersados en la naturaleza, las pequeñas cantidades
liberadas al ambiente pueden tener consecuencias para la población
mundial durante un largo tiempo.
Hoy en día el público recibe, en promedio, debido a la producción de
energía nuclear, dosis que son diez mil veces menores que los valores
naturales. Dadas las tendencias actuales en la cantidad de reactores
nucleares en operación, se estima que esta cifra podría aumentar diez
veces para el año 2000. Hay grandes variaciones alrededor del valor
promedio y la mayor es la dosis que reciben quienes viven cerca de
las instalaciones nucleares. Inmediatamente junto a un reactor (en la
reja) las dosis fluctúan entre uno y cinco milirems anuales (de menos
de un 1%, a 2.5% de los valores debidos a fuentes naturales). A una
distancia de 8 kilómetros de la planta nucleoeléctrica, la dosis
disminuye a la mitad del valor anterior, y así progresivamente. En un
país como la Gran Bretaña, con 38 reactores en funcionamiento, la
dosis que origina la producción de energía nucleoeléctrica contribuye
al promedio total de sus habitantes con menos del 0.1% de los valores
naturales.
Existen varios productos de consumo que utilizan fuentes radiactivas
en su funcionamiento, como los relojes o aparatos científicos con
esferas luminosas, en que la radiación emitida por un material
radiactivo es transformada en luz, dispositivos eléctricos de
protección contra altos voltajes,
s, dispositivos antiestáticos para
reducir la acumulación de carga, detectores de humo, cerámicas y
vidrios que usan torio o uranio como pigmentos. Todos estos
productos, durante su funcionamiento normal y sujetos a un
mantenimiento adecuado, producen niveles de irradiación
insignificantes, pero en caso de rotura accidental de un producto que
contenga una fuente radiactiva, ésta puede causar una irradiación
anormalmente alta en las personas expuestas.
Figura 4. Principales fuentes de radiación. Se indican los valores anuales
promedios recibidos por un individuo.
Hay actividades humanas que, sin estar relacionadas con el uso de la
radiación, ocasionan dosis adicionales para los individuos que las
practican. La combustión del carbón libera al ambiente los elementos
radiactivos uranio y torio, que están presentes de manera natural en
el mineral
neral de carbón. La concentración de estos elementos en las
cenizas producidas en una planta termoeléctrica es mayor que la
concentración natural en la corteza terrestre, por lo que este
mecanismo de producción de energía eléctrica hace que en sus
alrededores existan niveles de contaminación radiactiva (además de
otras formas más evidentes de contaminación) mayores que los
valores "normales". Solamente la utilización de sistemas de retención
muy avanzados (electrofiltros) consiguiría disminuir la emisión de
ceniza a niveles aceptables, esto es, inferiores al 1% de la cantidad
que es emitida sin filtros.
Quizás la actividad moderna que implica una mayor exposición
adicional a fuentes naturales sean los viajes en jet. Debido a la altura
a que vuela el avión (10 000 metros, aproximadamente), la capa
protectora de la atmósfera se ve fuertemente disminuida y los
pasajeros se exponen a niveles de radiación cósmica varias veces
superiores a las normales en tierra. Un viaje de ida y vuelta de la
ciudad de México a Nueva York (10 horas de vuelo a 10 000 metros
de altura) ocasiona una dosis adicional de 2 milirems, comparable
con la dosis máxima recibida al vivir durante un año en las cercanías
de un reactor nuclear. Los viajes en jet, aunque pueden representar
dosis significativas para los individuos expuestos, como son la
tripulación de las aeronaves y los viajeros más frecuentes, no
influyen dentro del promedio mundial debido a que son pocas las
personas expuestas (comparadas con la población total).
Tomando en cuenta todas las fuentes de radiación mencionadas, el
promedio mundial de equivalente de dosis hoy día se puede estimar
en 240 milirems anuales, de los cuales 200 milirems (80%) se deben
a fuentes naturales y los 40 milirems restantes (20%), al uso de la
radiación por el ser humano. Las figuras 3, 4 y 5 resumen los
resultados presentados en este capítulo.
Figura 5. Valores típicos de la dosis de radiación recibida en circunstancias
diversas. Los valores anuales son los promedios mundiales.
I V . U N V I A J E P O R L A
C É L U L A
TODOS los organismos vivos están constituidos por una o más células.
Estas células se organizan y forman tejidos encargados de realizar las
diferentes funciones necesarias para vivir. Los efectos biológicos de
la radiación serán en primera instancia sobre las células, por lo que
para entenderlos primero es necesario conocer la morfología y
fisiología celulares. Este capítulo se propone describir los principios
básicos de la biología celular y su relación con aquellos agentes
externos (físicos, químicos o virales) capaces de alterar
fundamentalmente la información genética contenida en la célula.
LA CÉLULA TÍPICA
Las células presentan diferentes características en su forma, tamaño,
componentes, y en su velocidad de división, de acuerdo con el tejido
al que pertenecen y a la función que realizan. Sin embargo, hay
características comunes a todas ellas. Todas las celulas están
compuestas de una membrana, el citoplasma y un núcleo.
La membrana es la estructura que limita a la célula, a través de ella
entran o salen sustancias y nutrientes. La membrana celular está
constituida por una capa de grasas (lípidos) dentro de la cual y a
diferentes niveles, se encuentran imbricadas proteínas. Éstas actúan
act
como receptores cuya función es mantener la comunicación intra y
extracelular. Esta constitución hace que la membrana sea
semipermeable, es decir, capaz de seleccionar el tipo de sustancia
que puede entrar a la celula. La integridad de la me
membrana es muy
importante y el daño a esta cubierta puede ser fatal para la célula.
El citoplasma se encuentra envuelto por la membrana y rodea al
núcleo. Está constituido por proteínas, lo que le da un aspecto
semiviscoso. En el citoplasma se encuentran localizadas las
estructuras celulares llamadas organelas que realizan las diferentes
actividades requeridas para el funcionamiento adecuado de la célula.
Entre las organelas principales se pueden mencionar las
mitocondrias, encargadas de la producción de moléculas ricas en
energía (llamadas ATP), los ribosomas, donde se realiza la síntesis
de proteínas,, y los lisosomas, encargados de la digestión de
moléculas.
El núcleo es la estructura más importante para la vida celular, pues
ahí se encuentra la "computadora central" que dirige todo el
funcionamiento celular. La figura 6 muestra un esquema de los
componentes de la célula típica.
Figura 6. Una célula típica.
En el núcleo se encuentra una macromolécula llamada ADN (ácido
desoxirribonucleico) que almacena toda la información necesaria
para que la célula viva. El ADN se estructura en forma de doble hélice
y está constituido por la unión de bases nitrogenadas con azúcar y
fósforo. Las bases nitrogenadas son de cuatro tipos y la secuencia de
ellas contiene el mensaje (código genético) para la síntesis de las
proteínas. Estas últimas determinarán la estructura y estará a su cargo
gran parte de las funciones fisiológicas del organismo.
La unidad más sencilla, completa y funcional formada por el ADN se
llama gen. Un gen contiene la información suficiente para producir
los elementos que constituyen las proteínas. Todas las características,
visibles y funcionales de un organismo, dependen de la estructura y
expresión precisas de los productos de los genes. En el nivel nive
molecular el funcionamiento de todos los genes de los diferentes
organismos vivos es idéntico. Aprovechando esto, la muy reciente
área científica de la ingeniería genética ha logrado
ogrado trasplantar un gen
humano a una bacteria, consiguiendo que la bacteria lea el mensaje
y sintetice una proteína humana. Así se ha logrado producir insulina
humana por medio de estas técnicas biotecnológicas, disminuyendo
las reacciones adversas que provoca la insulina porcina en el paciente
diabético. La producción de insulina porcina ha requerido el
sacrificio de miles de animales, mientras que la nueva tecnología
permite su obtención a partir de cultivos bacterianos dentro de un
laboratorio.
Los genes se agrupan en estructuras conocidas como cromosomas.
El número de cromosomas es característico de cada especie y así, el
ser humano posee 23 pares diferentes, es decir 46 cromosomas en
cada una de sus células, excepto en las celulas reproductivas (tanto
en el óvulo como en el espermatozoide se encuentran 23 2
cromosomas, los cuales al reunirse en la fecundación recuperan el
número de 46 propio de la especie humana). De los 23 pares de
cromosomas, uno de ellos determina el sexo del individuo. En la
mujer se presentan dos cromosomas llamados X y, en el hombre, hay
un X (igual al de la mujer) y otro llamado Y.
Cromosomas de un hombre. Se observan 46 cromosomas, se señala el par de
cromosomas sexuales masculinos.
El nuevo ser recibe, a través de los cromosomas, las características
de la familia materna y de la familia paterna que, combinadas al azar,
determinarán sus rasgos individuales. Dentro de una familia, las
diferencias entre los hermanos se deben a las múltiples
combinaciones posibles de los cromosomas recibidos de los padres.
Las células se desgastan y se destruyen constantemente, por lo que
un organismo debe generar nuevas células a la misma velocidad que
mueren las que lo constituyen. En un ser humano cada segundo se
dividen miles de células por el proceso de la mitosis. La célula se
divide en dos hijas, cada una de las cuales recibe todas las estructuras
que posee la célula progenitora. Durante la mitosis, los cromosomas
se duplican y así cada célula hija recibe un juego completo de
cromosomas. Un caso especial lo constituye la generación de las
células reproductivas (el óvulo y el espermatozoide) que se forman a
partir de células progenitoras con 46 cromosomas para la especie
humana, y que por un proceso especial llamado meiosis reciben
solamente un cromosoma de cada par, es decir 23.
MUTACIONES Y ENFERMEDADES GENÉTICAS
Es posible que la secuencia de bases en la hélice del ADN se
modifique, con lo que se produce un cambio en la información que
se encuentra codificada en la molécula. A este cambio se le denomina
mutación y puede ocurrir en el ADN de cualquier célula. Los efectos
son distintos si la mutación ocurre en una célula reproductiva (óvulo
en la mujer, espermatozoide en el hombre), o si ocurre en una célula
somática (cualquier célula que no es reproductiva). En el primer caso,
los efectos se manifestarán en la descendencia que heredará la
mutación y sufrirá sus consecuencias. En el segundo caso, el afectado
es el propio individuo en el que ocurre la mutación quien, como
última consecuencia, podría desarrollar un cáncer. Un caso especial
de mutación somática es aquella que afecta al embrión, el cual
discutiremos más adelante.
Las mutaciones heredadas no se hacen evidentes necesariamente
desde el nacimiento. Por ejemplo, la corea de Huntington, que es una
enfermedad en que todos los músculos del cuerpo degeneran hasta
ocasionar la muerte del individuo, puede manifestarse incluso
después de los 50 años de vida del afectado.
Si una mutación produce un cambio visible (al microscopio) en un
cromosoma, se trata de una mutación cromosómica. Si el cambio
afecta a un gen, se le llama mutación génica. Una posible mutación
cromosómica sería la presencia de un cromosoma extra, como ocu
ocurre
en el síndrome de Down, en que el individuo posee 47 cromosomas.
Un ejemplo de mutación génica lo constituye la acondroplasia, que
se manifiesta como un tipo de enanismo.
Las mutaciones génicas pueden ser dominantes, recesivas y
multifactoriales. En la mutación dominante la persona que tiene el
gen mutado en sus células sufre el padecimiento y lo transmitirá al
50% de sus hijos; un ejemplo clásico de este tipo de transmisió
transmisión es
la recién mencionada acondroplasia. Para que las mutaciones
recesivas se manifiesten es necesario que los dos progenitores hayan
tenido una mutación recesiva en el mismo gen. El padre y la madre
que tienen ese gen mutado no sufrirán ninguna enfermedad
enfermedad; sin
embargo, el hijo que reciba el gen mutado (el 25% de los hijos) sí
manifestará la enfermedad. Éste es el caso del nacimiento de un niño
albino en familias donde los padres no son albinos. Las mutaciones
génicas multifactoriales causan enfermedades comunes como la
diabetes, la epilepsia y la hipertensión arterial, que son recurrentes
en una misma familia y cuyos mecanismos de herencia se conocen
poco.
Se han identificado a la fecha más de 3 mil enfermedades hereditarias
que pasan de generación en generación y algunas de ellas se
mencionan en el cuadro 1. El 3% de todos los seres humanos nacidos
vivos presenta algún tipo de mutación que se manifestará con
variados grados de severidad.
CUADRO 1. Algunos ejemplos de enfermedades genéticas.
Característica
Clasificación Nombre
principal
Orteogénesis
Fracturas múltiples
imperfecta
Síndrome de Alteraciones
Dominante
Marfan cardiovasculares
Acondroplasia Enanismo
Albinismo Despigmentación
Coagulación
GÉNICAS Recesiva Hemofilia
deficiente
Corea de
Atrofia muscular
Huntington
Exceso de azúcar
Diabetes
en la sangre
Ausencias
Multifactorial Epilepsia
mentales
Desarrollo
Labio
incompleto del
leporino
labio
Síndrome de
Autosómico Retraso mental
Down
CROMOSÓMICAS
Síndrome de Desarrollo sexual
Sexual
Turner incompleto
Cabe preguntarse cuál es la causa de estas enfermedades. Se sabe con
certeza que parte de ellas son heredadas, sin conocerse cuándo se
iniciaron. El ejemplo más conocido es la aparición de la hemofilia en
la familia real inglesa en el siglo XIX, que fue transmitida a través
de varias generaciones de gobernantes, influyendo incluso en la
historia de Inglaterra, Rusia y España. Otras mutaciones son nuevas
y se considera probable que los agentes ambientales (físicos,
químicos y virales) sean factores causales de al algunas patologías
genéticas. Sin embargo, hasta el momento no existe evidencia
epidemiológica (en seres humanos) de que la frecuencia de las
enfermedades hereditarias se haya elevado como consecuencia de la
exposición a agentes ambientales. Experimentos rea realizados con
bacterias en laboratorios muestran que existen agentes capaces de
inducir mutaciones. También hay datos obtenidos en pruebas con
roedores que indican que agentes ambientales pueden causar
alteraciones génicas y cromosómicas.
MUTACIONES Y CÁNCER
El cáncer es una enfermedad en la cual se altera la división normal
de las células, por lo que se producen tumores. El crecimiento
descontrolado del tumor altera el funcionamiento normal del órgano
en que se encuentra y puede causar la aparición de nuevos tumores
en otros órganos. El origen del cáncer no es conocido, sin embargo
la evidencia científica indica que las mutaciones en el ADN de las
células (principalmente en las somáticas) desempeñan un papel
importante en su inicio.
El papel que pudieran tener las mutaciones en el desarrollo del cáncer
ha sido estudiado desde 1914. De acuerdo con los datos
epidemiológicos y de laboratorio con que se cuenta se ha dicho que
el cáncer es un proceso de múltiples causas que ocurre en varias
etapas, con interacciones entre factores hereditarios y no
hereditarios. El proceso de carcinogénesis implica no sólo la
exposición a un agente, sino la interacción de éste con el ADN, la
reparación (eficiente o ineficiente) de la lesión, la fijación del daño
tras la replicación del ADN y el desarrollo de la lesión fijada para dar
origen a una célula cancerosa. Esta célula se replicará sin control, lo
que dará origen al tumor.
En los últimos años se ha sugerido la posibilidad de que en el cáncer
intervenga la activación de ciertos genes, llamados protooncogenes,
que se encuentran normalmente en todas las células cumpliendo
funciones diversas. Por procesos aún no del todo conocidos,
espontáneos o inducidos, estos genes pueden sufrir modificaciones
en su estructura o en el sitio que ocupan dentro de los cromosomas,
cambiando su actividad normal por otra que resulta dañina para la
célula. Esta modificación los transforma en oncogenes,
oncogene que pueden
ser llevados de célula a célula como parte del material genético de un
virus invasor, extendiéndose así la anormalidad al tejido. Hasta la
fecha se han identificado unos 40 oncogenes asociados a diversas
formas de cáncer. Este tema constituye una de las áreas más activas
y fascinantes de la investigación actual en genética.
MUTACIONES EN EL EMBRIÓN
La mutación en células embrionarias puede conducir a la muerte del
embrión o al nacimiento de un niño anormal. Estas alteraciones
pueden producirse por la acción de agentes físicos, químicos y
biológicos sobre el ADN.
En cuanto a la posibilidad de inducir un cáncer en el embrión por
medio de la irradiación, en teoría, cualquier sustancia capaz de
inducir cáncer en un adulto y que cruza la placenta, puede ser
carcinogénica para el embrión. Hasta la fecha, el único carcin
carcinógeno
transplacentario para humanos, identificado de manera concluyente,
es el dietilestilbestrol, una hormona sintética utilizada durante el
embarazo para prevenir un aborto. Se ha descubierto que este
compuesto puede inducir el cáncer de vagina en mujere mujeres cuyas
madres se expusieron a él durante la gestación. Nuevamente, es en
animales de experimentación donde se ha podido identificar otros
agentes de cáncer transplacentario.
Hasta ahora hemos mencionado los efectos generales causados en la
célula por cualquier agente mutagénico, ya sea físico, químico o
biológico. En los dos siguientes capítulos se describirá en particular
la acción de la radiación sobre la materia viva.
V . E F E C T O S
I N M E D I A T O S D E U N A
E X P O S I C I Ó N A L A
R A D I A C I Ó N
PARA poder explicar lo que ocurre en el organismo como
consecuencia de la exposición a la radiación, es necesario entender
que lo observado es la consecuencia de un conjunto de efectos en el
nivel celular. Estos efectos y la manera como se manifiestan,
dependen de factores inherentes a la radiación y a características del
individuo o del tejido irradiado.
Los principales factores que determinan el efecto biológico de una
exposición son el tipo de radiación y la dosis absorbida. Sin embargo,
la velocidad con que se recibe esta dosis y el número de veces que el
individuo se expone a la radiación, son factores que pueden
modificar los efectos producidos. No tendrá los mismos efectos la
administración de una dosis única, que la misma dosis distribuida en
múltiples exposiciones. En lo que se refiere al individuo, será su
edad, su estado general de salud, el tamaño de la zona expuesta, así
como el tipo de tejidos irradiados lo que determine la gravedad de
los efectos. Es importante comprender que los efectos de una dosis
serán muy diferentes si es todo el cuerpo el irradiado o si solamente
parte de él resulta expuesto. Por ejemplo, las consecuencias de 400
rads.2 recibidos en el cuerpo entero no serán las mismas que
cuando 400 rads sean absorbidos solamente por una mano. En el
primer caso, la vida del individuo estará en peligro, mientras que en
la segunda, las consecuencias son las de una quemadura severa.
En exposiciones médicas y accidentales se alcanzan valores muy
superiores (miles de veces) a los ambientales. En este capítulo se
describe, en primer lugar, la interacción de la radiación con las
estructuras celulares. A continuación se señala cuáles son los
principales efectos locales causados por una sobrexposición en los
tejidos u órganos que pueden ser vitales para el individuo irradiado.
Posteriormente nos referimos a las consecuencias globales para el
organismo y analizamos el caso particular de una irradiación
terapéutica.
EFECTOS EN LA CÉLULA
Cuando una partícula cargada que proviene de la radiación, atraviesa
el medio celular es posible que su campo eléctrico consiga arrancarle
electrones a las moléculas que constituyen la membrana, el
citoplasma o el núcleo celular. El proceso se llama ionización, pues
las moléculas que antes eran eléctricamente neutras, se transforman
en iones (partículas cargadas) debido a la pérdida de un electrón. La
radiación capaz de producir ionización se conoce como radiación
ionizante y todos los tipos de radiación considerados en este libro
(partículas alfa, beta, rayos gamma y neutrones) son de este tipo.
Una molécula ionizada tiene propiedades que pueden ser muy
diferentes a aquellas de la molécula neutra. Por esto, una sola
ionización puede significar que las funciones originalmente
realizadas por la molécula ya no se podrán cumplir.
El efecto señalado anteriormente se considera directo, pues la
molécula que sufre el daño es aquella que fue originalmente ionizada.
Existen, además, efectos indirectos donde la molécula ya ionizada,
puede resultar tóxica y afectar a otras moléculas o célu
células que no
fueron ionizadas directamente.
Como la ionización es un proceso que ocurre al azar, cualquier
molécula puede resultar modificada al irradiarse la célula. Si la
molécula ionizada es parte de la membrana celular es posible que se
produzca una rotura que cause la muerte de la célula. En general, esta
célula será reemplazada por otra. Si la molécula ionizada es parte de
alguna organela citoplasmática, ésta puede llegar a destruirse y sus
funciones serán asumidas por alguna otra estructura similar. Si la
molécula dañada es el ADN del núcleo celular, parte de la información
almacenada en los genes puede perderse o modificarse y dar lugar a
que surjan mutaciones (capítulos IV y VI). Este daño se hará
manifiesto durante la siguiente mitosis, cuando la célula intente
reproducirse. Es posible que la mitosis no pueda realizarse y en este
caso la célula morirá sin dejar descendencia. Pero también es posible
que el gen dañado esté relacionado con la reproducción de esa célula
y, en este caso, la célula y sus descendientes se dividan
descontroladamente. Se piensa que esta pérdida de control en la etapa
de división celular pueda ser una de las causas de la formación de un
tumor.
Cuando la estructura de los cromosomas es alterada por la radiación,
el daño puede ser reparado inmediatamente con sustancias celulares
que tienen esta función específica (enzimas de reparación). Si no hay
reparación, o si ésta no es capaz de reintegrar la organización original
del cromosoma, se producen rompimientos y rearreglos estructurales
que se pueden observar al microscopio.
Los efectos de la radiación en diferentes tejidos dependen en gran
medida de la velocidad de división celular durante y después de la
irradiación. Existe una gran variación en el tiempo de vida para las
diferentes células; por ejemplo, hay células que viven pocos días,
como las formadoras de glóbulos rojos en la médula ósea, o las que
recubren las paredes del intestino y la piel, mientras que otras células,
como las nerviosas, pueden acompañar al individuo toda su vida.
Debido a la complejidad del proceso de replicación celular y a la
necesidad de precisión al transmitir el código genético, una célula es
más sensible a los efectos de la radiación durante la mitosis que en
otras etapas de su ciclo celular. A continuación se discuten los efectos
específicos de la radiación en tejidos con diferente radiosensibilidad.
EFECTOS EN ÓRGANOS VITALES
La piel fue el primer tejido que se estudió al analizar las alteraciones
producidas por la radiación. Dosis cercanas a los 100 rads producen
reacciones de eritema (enrojecimiento de la piel) transitorio, que
desaparecen al cabo de una semana, y que pueden dejar pigmentación
transitoria en la zona irradiada. Cuando la dosis es mayor, varios
cientos de rads, las células de la epidermis se destruyen y se forma
una zona denudada, en la cual aparecen lesiones semejantes a una
quemadura. Dosis de miles de rads producen necrosis (muerte del
tejido) que puede curarse si el área afectada es pequeña, ya que es
posible la migración de células vecinas a la zona dañada. Si el area
irradiada es amplia, la herida necrótica no cicatrizará y solamente un
injerto de piel repondrá la parte dañada.
La médula ósea es un tejido ubicado en el interior de los huesos y se
encarga de producir las células sanguíneas. Estas son los glóbulos
rojos y los glóbulos blancos. Los rojos están encargados de
transportar al oxígeno desde los pulmones hasta cada una de las
células del organismo. Los blancos protegen al individuo de las
infecciones y participan en la defensa contra cualquier agresión,
incluyendo los tumores malignos. En la sangre también existen
corpúsculos denominados plaquetas, de gran importancia en los
procesos de coagulación sanguínea.
Todos estos componentes sanguíneos tienen una vida limitada y son
formados continuamente en la médula ósea por células progenitoras.
Son estas células las más sensibles a la radiación. Cuando ocurre una
exposición seria (superior a 100 rads), parte de las células circulantes
resultan dañadas y el número de glóbulos blancos disminuye de
inmediato. Éste es uno de los primeros síntomas que aparecen cuando
hay una exposición muy por encima de los valores ambientales. Las
células progenitoras pueden resultar dañadas por la exposición y,
entonces, bajará la producción de nuevos glóbulos rojos y blancos,
lo que será evidente algunas semanas después de la irradiación. Una
baja en el número de plaquetas impide la coagulación sanguínea y en
estas condiciones cualquier hemorragia podría resultar fatal. La
escasez de células sanguíneas puede provocar la muerte del
individuo. Se ha advertido que después de 60 días, con dosis entre
300 y 600 rads, se puede producir la muerte de un ser humano.
Cambio en la cuenta sanguínea de ratas irradiadas con 500 rads
al cuerpo entero. Los valores se muestran en relación con los
anteriores a la irradiación. Se observa una tendencia a la
recuperación.
Cuando se observa el daño agudo causado por radiación en sangre
periférica, manifiestado por alteraciones en la cuenta sanguínea, se
debe aislar a la persona irradiada para evitar infecciones, en caso
necesario transfundir plaquetas y, para casos severos, el único
tratamiento posible será el transplante de médula ósea.
Posibles consecuencias tardías de la exposición a radiación son la
destrucción del tejido medular (aplasia medular) y la leucemia (tipo
de cáncer desarrollado en las células precursoras). Estos efectos se
discuten ampliamente en el capítulo VI.
La pared interna del intestino está recubierta de células que se
renuevan continuamente. Como respuesta inmediata a la irradiación
se reduce el número de estas células y se deteriora el proceso de
absorción que normalmente ocurre en él. Si el daño es limitado
(menos de 100 rads) es posible que después de leves trastornos
intestinales (náusea y diarrea) el organismo repare el daño y regrese
a la normalidad. Esto no sucede si la dosis es superior a 700 rads. En
este caso se producen ulceraciones en la pared interior, con riesgo de
infección, pudiendo presentarse perforación intestinal y severas
hemorragias. El tratamiento en estos casos consiste pnncipalmente
en el equilibrio hidroelectrolítico y de proteínas, tratando de
controlar las posibles infecciones. En las situaciones de mayor
gravedad es indispensable la cirugía para remover los tejidos
dañados. Este procedimiento resulta muy peligroso por la limitada
capacidad de coagulación causada por la destrucción de las plaquetas
y la reducida capacidad de defensa debida a la falta de glóbulos
blancos, así como por el estado anémico en que seguramente se
encuentrará el paciente. Estas complicaciones causan la muerte por
irradiación a los pocos días, cuando la dosis sobrepasa los 700 rads.
Como efecto tardío de una irradiación se puede producir la fibrosis
intestinal, que es la sustitución de las células precursoras por tejido
fibroso, disminuyendo así la elasticidad y reduciendo la luz del
intestino (esto es, el diámetro interno), lo que en ocasiones causa la
oclusión intestinal.
El pulmón es el órgano intratorácico más sensible a la radiación.
Después de una irradiación del pulmón con dosis cercanas a 2 000
rads, se produce el adelgazamiento y pérdida de la permeabilidad de
la pared alveolar debido a la muerte de células alveolares, y aparece
una secreción que favorece el desarrollo de infecciones pulmonares.
En estos casos, el tratamiento consiste en ayudar a desalojar las
secreciones, evitar el desarrollo de infecciones y propiciar la
recuperación de los tejidos dañados. Todo esto se logra con el empleo
de medicamentos adecuados y por medio del suministro de aire u
oxígeno a presión al pulmón. Como efectos tardíos, 3 ó 4 meses
después de la sobreexposición, se puede desarrollar una neumonitis
caracterizada por alteraciones en los tejidos, colapso del equilibrio
osmótico en los capilares, expansión irregular de las paredes del
pulmón y paso de sangre al alveolo. Cuando se sobrevive la fase de
la neumonitis, por lo general se presenta una fibrosis pulmonar que
puede conducir a la falla respiratoria y ocasionalmente a la muerte.
La médula espinal es el conjunto de nervios ubicado en el interior de
la columna vertebral que conecta al cerebro con el resto del cuerpo.
El tejido nervioso de la médula espinal consta de células nerviosas y
células de sostén. Un primer efecto de la irradiación de la médula con
dosis mayores de 500 rads es la pérdida de la mielina que cubre las
prolongaciones de las células nerviosas, lo que causa a las pocas
semanas de la irradiación pérdida de insensibilidad y
adormecimiento de las extremidades. Si la médula recibe dosis
cercanas a 2 000 rads, se produce la parálisis, un daño irreversible.
EFECTOS EN EL ORGANISMO
Después de esta revisión de los efectos en órganos aislados, vamos a
referirnos a las consecuencias de exposiciones en que todo el cuerpo
resulte irradiado. A las pocas horas de ocurrida una exposición
excesiva a la radiación, el individuo afectado puede presentar dolor
de cabeza, náuseas, falta de apetito, vómito, diarrea, pereza,
disminución en la cuenta sanguínea y mala coagulación.
Posteriormente puede sobrevenir la pérdida del pelo. Estas
alteraciones son reversibles si la dosis es menor de 100 rads. Si la
dosis es mayor, la severidad de estas alteraciones aumenta y la
recuperación del individuo se dificulta. Con una sola dosis de 400 a
500 rads el 50% de los individuos expuestos muere por alteraciones
en la sangre. La probabilidad de que sobrevivan dependerá de la
efectividad con que se les administre el tratamiento adecuado.
Si se incrementa la dosis más allá de los 700 rads, disminuyen las
esperanzas de sobrevivir y cambia el mecanismo de muerte. Así,
cuando la dosis es de 1 000 rads se puede producir la perforación del
intestino en uno o varios sitios, lo que hace que el contenido intestinal
pase a la cavidad del abdomen llamada peritoneal, produciéndose
una infección e inflamación conocida como peritonitis, que es
sumamente grave. En estas condiciones es fácil que la infección pase
a la sangre y cause la llamada septicemia, que todavía en la
actualidad es un cuadro extraordinariamente grave que conduce a la
muerte de un gran número de enfermos. Cuando la dosis alcanza los
5 000 rads hay shock nervioso, edema y hemorragia en el sistema
nervioso central y la muerte viene en unas cuantas horas.
Secuencia temporal de los principales efectos biológicos inmediatos en un ser
humano, causados por una irradiación aguda y de cuerpo entero.
En general, las exposiciones accidentales irradian todo el cuerpo del
individuo y los efectos resultantes son los arriba mencionados. Con
dosis superiores a unos 100 rads se presentan los primeros síntomas
y se requiere de un seguimiento médico, mientras que dosis por
encima de los 200 rads hacen indispensable la hospitalización. La
recuperación será más probable mientras mayor sea la posibilidad de
recibir los tratamientos adecuados, tales como transfusiones,
conservación del equilibrio hidroelectrolítico, protección contra
infecciones y en casos extremos, transplante de médula ósea.
EFECTOS DURANTE IRRADIACIONES MÉDICAS
Las exposiciones médicas durante la radioterapia son controladas,
pues la zona y el tiempo de irradiación han sido cuidadosamente
planeados para minimizar los efectos negativos para el paciente. Sin
embargo, aún no existe un método para irradiar solamente el tejido
canceroso por lo que, en todo tratamiento, una parte de los órganos
sanos del paciente recibirá una dosis alta de radiación. Los efectos
que se pueden presentar en el nivel sistémico son: falta de apetito,
náuseas, vómito, diarrea, sensación de malestar, dolor de cabeza,
cansancio, somnolencia y disminución de la cuenta de glóbulos rojos
y blancos. Habitualmente estos transtornos son transitorios y bien
tolerados por los pacientes.
Durante un tratamiento de radioterapia, puede producirse
enrojecimiento de la zona irradiada, comezón, pigmentación de la
piel o formación de una capa blanco-amarillenta en la mucosa y
formación de vejiguillas en la piel. Estas pueden romperse y dejar
salir un poco de líquido, con lo cual se origina una secreción
constante, en ocasiones con sangre. Hay caída del pelo localizada en
la zona irradiada.
Con la radioterapia moderna estas reacciones son ligeras y se ha
evitado el daño severo de necrosis en los tejidos. Habitualmente no
se requiere un tratamiento especial para estas reacciones y basta con
aplicar cremas con esteroides para aliviar los síntomas. En raras
ocasiones hay que suspender el tratamiento para evitar un daño
severo. Es necesario comentar que todos estos malestares se pueden
justificar cuando el objetivo es salvar la vida de un paciente con
cáncer que, sin estos tratamientos, estaría sentenciado a muerte.
V I . E F E C T O S T A R D Í O S
D E U N A E X P O S I C I Ó N A
L A R A D I A C I Ó N
LOS efectos biológicos de una exposición a la radiación que más
preocupan al público son un posible de daño genético y el cáncer.
Los estudios científicos han mostrado que estos efectos son poco
probables y aparecen varios años después de ocurrida la exposición.
En el caso de daño genético en seres humanos, no se ha demostrado
ningún caso de enfermedad hereditaria causada por una exposición a
la radiación. Por el contrario, en casos de cáncer se ha comprobado
la aparición de ciertos tipos de esta enfermedad, algunos años
después de la irradiación con dosis altas, superiores a los 100 rads.
Podría pensarse que los efectos tardíos producidos por dosis bajas de
radiación son bien conocidos, ya que un gran número de individuos
(todos los seres humanos) están expuestos. Sin embargo, los efectos
causados por dosis inferiores a 10 rads son imposibles de aislar de
las frecuencias espontáneas o de las que son originadas por factores
químicos o virales. Esta falta de conocimiento ocasiona que el
público reciba una información incompleta, incomprensible, e
incluso errada. En ocasiones se llega al extremo de adjudicar el
nacimiento de monstruos con tres cabezas y colita de cerdo a una
exposición a la radiación, cuando la realidad es que tales seres no han
sido jamás observados y sólo son productos de la imaginación. Este
capítulo describe la información científica que existe del tema,
incluyendo aquella que ha sido obtenida con animales de
experimentación.
EFECTOS GENÉTICOS
Los efectos genéticos de cualquier agente externo que actúe sobre
una célula son el producto de las alteraciones (mutaciones) que el
agente pueda causar en el ADN de las células reproductivas del
individuo, espermatozoides u óvulos. Los descendientes de este
individuo son portadores de la mutación y pueden sufrir las
consecuencias de ésta e incluso trasmitirla a sus propios hijos, tal
como se explicó en el capítulo IV.
Diversos estudios experimentales que utilizan sistemas biológicos de
prueba como bacterias, roedores y cultivos de células humanas, han
demostrado que la radiación, las sustancias químicas y los virus, son
posibles agentes mutagénicos, es decir, causantes de mutaciones.
Con respecto a las mutaciones reproductivas (mutaciones que
ocurren en el óvulo o el espermatozoide), la evidencia científica se
limita a los estudios en roedores, en los que se han medido la
inducción de muerte fetal, las alteraciones en el color del pelo, en el
esqueleto, en la estructura de los ojos y en los cromosomas de la
descendencia. Los agentes conocidos capaces de producir estos
efectos son algunas sustancias químicas de uso poco frecuente (por
ejemplo, el metil-metano-sulfonato) y la radiación. La inducción de
estos efectos es tan poco probable que para poderlos cuantificar, se
requiere exponer a miles de animales al agente mutagénico
estudiado.
Es evidente que los datos que se tienen de seres humanos expuestos
a agentes mutagénicos no son el resultado de experimentos, sino que
provienen de los casos de los individuos que han estado expuestos
por razones ocupacionales, médicas, de residencia o accidentales.
Los datos indican que el grupo humano más numeroso expuesto a
altas dosis está formado por los sobrevivientes de los alrededores de
las explosiones nucleares ocurridas en Hiroshima y Nagasaki en
1945. Estos 100 000 ciudadanos japoneses han sido evaluados a lo
largo de los 44 años posteriores a su exposición a la radiación (rayos
gamma y neutrones), tratando de establecer la relación dosis-
respuesta correspondiente.
La dosis recibida por cada sobreviviente ha sido estimada a partir de
la distancia que mediaba entre el individuo y el epicentro de la
explosión. Las dosis máximas que recibieron estos individuos son de
122 rems aproximadamente (22 rads de rayos gamma y 10 rads de
neutrones). Dosis mayores se produjeron en las zonas que resultaron
totalmente destruidas por la acción mecánica de la explosión, donde
no hubo sobrevivientes. El daño genético en la primera generación
se ha determinado estudiando a los hijos de los sobrevivientes,
comparándolos con las observaciones en poblaciones similares
("testigos") no expuestas a las explosiones. Los resultados de estos
estudios no han mostrado diferencias en las frecuencias de
alteraciones genéticas entre ambas poblaciones.
Esta falta de evidencia en humanos no es totalmente inesperada ya
que es muy difícil establecer relaciones causa-efecto a través de dos
generaciones. Se requerirían efectos muy específicos, no causados
por ningún otro agente, para poder establecer, sin lugar a duda, la
correlación entre la causa y el efecto. Por ejemplo, si altas dosis de
radiación causaran que los niños nacieran con dos narices, sería fácil
identificar a la radiación como responsable de la mutación
correspondiente. Sin embargo, la radiación solamente incrementa la
frecuencia de mutaciones que se dan naturalmente en la población
humana, y como este incremento es pequeño, su identificación es
muy difícil.
Este es el caso del síndrome de Down (llamado popularmente
mongolismo), una enfermedad genética producida por una mutación
en los cromosomas de uno de los padres. Estudios epidemiológicos
muestran que la frecuencia natural del síndrome de Down que es la
enfermedad cromosómica más frecuente, es de 1 en 600 nacimientos,
es decir que, en promedio, uno de cada 600 niños que nacen sufre la
enfermedad. Esto no quiere decir que si en un hospital han nacido
599 niños sanos, el próximo tendrá que padecer este síntoma, sino
que al considerar un gran numero de nacimientos, por ejemplo 600
mil, lo más probable será que cerca de mil de ellos sufran la
enfermedad. Y decimos "cerca" porque de 600 mil nacimientos
puede haber 970 niños enfermos, o 1 025. Estas fluctuaciones son
típicas de los estudios estadísticos.
Los estudios en la población japonesa irradiada encontraron tres
casos de síndrome de Down entre 5 579 nacimientos en madres que
habían estado expuestas a la radiación, mientras que de 9 440
nacimientos en japonesas no expuestas, 12 sufrían la enfermedad. De
estos datos se puede calcular que el grupo irradiado presentó una
frecuencia de un caso con síndrome de Down por cada 1 860
nacimientos, mientras que en el grupo testigo la frecuencia fue de 1
en 787. Estos datos se podrían interpretar erróneamente y sugerir que
la radiación protege a la pobláción del síndrome de Down. La
explicación cientifica de esta aparente paradoja es que el número de
casos estudiado es muy pequeño para poder extraer información
precisa. Este problema de estadística se presenta en todos los estudios
de poblaciones humanas expuestas y, se origina, en la baja
probabilidad del efecto buscado.
Teniendo en cuenta lo que hasta ahora se ha mencionado y la
posibilidad de que la radiación pudiera inducir un daño genético en
la especie humana que permanezca en las generaciones futuras, los
estudios experimentales se realizan evaluando los efectos genéticos,
producto de la exposición a diversas dosis de radiación en grandes
poblaciones de roedores y monos, principalmente. Debemos señalar
que hay diferencias notorias entre los efectos observados de una
especie animal a otra y que la extrapolación de datos animales al ser
humano se basa en suposiciones generalmente inciertas, ya que hay
diferencias importantes en el tamaño del cuerpo, en la composición
de los tejidos y en el metabolismo.
Para proteger a la población humana del posible daño genético
reproductivo causado por una exposición a la radiación, sería
necesario conocer cuantitativamente y con precisión el riesgo
genético. Esto quiere decir, saber cuántos niños nacen con
alteraciones genéticas después de que sus padres se han expuesto a
una dosis conocida. Tal como lo hemos indicado, esta información
no existe, por lo que estas estimaciones de riesgo se han obtenido de
los experimentos con animales. Los valores calculados, y que son los
que utilizan los organismos internacionales de protección
radiológica, dicen que: si una población humana fuera irradiada
durante 30 años (una generación) con un total de 1 rem, en cada
millón de nacimientos habría entre 10 y 20 niños con alteraciones
genéticas debidas a la radiación. En esta misma población nacerán
30 000 niños con desórdenes genéticos espontáneos, cuya causa es
desconocida. Estos valores indican que la frecuencia natural (o basal)
de enfermedades genéticas en el ser humano es del 3%, y que una
exposición a 1 rem de radiación la hace aumentar al 3.002%. Esta
cantidad de radiación (1 rem) es la dosis promedio que se recibiría
en 30 años debido a los usos de la radiación producida por el ser
humano (véase la figura 4).
Creemos necesario destacar que, si bien de los números puede
concluirse que el riesgo reproductivo asociado a la exposición a la
radiación es muy pequeño, el sufrimiento que acompaña a cada niño
nacido con un defecto genético puede ser muy elevado. Toda
exposición innecesaria a la radiación, o a cualquier otro factor
mutagénico, debe ser evitada.
EFECTOS DIRECTOS SOBRE EL EMBRIÓN
Si una mujer embarazada se expone a la radiación existe una
probabilidad relativamente alta de causar serios daños al embrión que
podrían llevarlo hasta la muerte y, subsecuentemente, ocasionar un
aborto, o bien la aparición de malformaciones en el recién nacido
(efecto llamado teratogénesis). Los estudios con animales han
demostrado que la radiación produce disminución en el tamaño de la
cabeza (microcefalia) y alteraciones en la formación del esqueleto
del ser irradiado in utero. Los estudios en aquellos sobrevivientes que
se encontraban in utero durante las explosiones de Hiroshima y
Nagasaki han mostrado que tienen menor estatura, alcanzan un peso
menor y sus diámetros cefálicos son inferiores a los del grupo testigo
no irradiado.
Se sabe con certeza que el embrión es más sensible a los efectos
teratogénicos de los virus, de algunas sustancias químicas y de la
radiación, durante ciertas etapas de su desarrollo uterino. Había 22
individuos que se encontraban antes de su 18ª semana de gestación
al ser irradiados en las cercanías de Hiroshima y Nagasaki. De ellos,
13 nacieron con microcefalia y 8 sufrieron retraso mental. La dosis
estimada en todos estos casos fue superior a los 150 rems. Para dosis
inferiores a 50 rems no se encontraron malformaciones en el grupo
estudiado.
Los estudios con animales muestran que dosis tan bajas como de
unos pocos rems durante etapas críticas del desarrollo embrionario
pueden causar malformaciones. Ante esto, y suponiendo que los
seres humanos tenemos la misma sensibilidad a la radiación que los
roedores, las autoridades internacionales encargadas de la protección
radiológica han recomendado específicamente que la mujer
embarazada evite toda exposición innecesaria a la radiación. Si una
radiografía es indispensable, deberá asegurarse que el feto reciba la
mínima radiación posible usando un delantal protector de plomo. Las
mujeres en edad de procrear deben tomar las precauciones necesarias
para no exponerse durante las primeras semanas de un posible
embarazo. Para esto, la recomendación es posponer todo examen
radiográfico hasta los 10 días que siguen a la próxima menstruación,
periodo en que existe la mayor probabilidad de no encontrarse
embarazada.
CÁNCER
El cáncer es una enfermedad que altera la división normal de las
células, por lo que se producen tumores. El crecimiento
descontrolado del tumor altera el funcionamiento normal del órgano
en que se encuentra y puede causar la aparición de nuevos tumores
en otros órganos. El factor causal del cáncer no es conocido, sin
embargo, la evidencia científica indica que la producción de
mutaciones en el ADN de las células desempeña un papel importante
en su inicio. Como vimos en el capítulo IV, los virus, algunas
sustancias químicas y la radiación ionizante, son agentes capaces de
producir mutaciones.
El cáncer ocupa un lugar muy importante entre las causas de
enfermedad y muerte en nuestro siglo. En México, de las 360 000
muertes que ocurren cada año, se reporta que 35 000 se deben a algún
tipo de cáncer. Estos datos estadísticos indican que la probabilidad
natural de muerte por cáncer en México es aproximadamente del 10
por ciento.
Altas dosis de radiación, superiores a 100 rems, pueden producir
cáncer. Este efecto está bien comprobado. En el cuadro 2 se
encuentra una lista de algunos de los estudios que han demostrado la
asociación entre la exposición a altas dosis de radiación y el cáncer.
La mayoría de estos casos ocurrieron antes que se conociera la
capacidad carcinogénica de la radiación, pues actualmente ya no se
realizan estas actividades o bien se encuentran reguladas por
organismos de seguridad radiológica.
CUADRO 2. Ejemplos de cáncer producido por exposición a dosis altas de
radiación.
Dosis
máxima Número
Causas de la Tipo de Casos Casos
de
irradiación (en cáncer observados esperados
expuestos
rems)
Pacientes con
espondolitis
anquilosante, 370 a la médula espinal 14 558 leucemia 80 5.5
tratados con
rayos X
Pacientes con
tuberculosis,
irradiados 150 a la mama 1 047 mama 41 23.5
durante
fluroscopias
Mineros del
uranio,
6 000 al pulmón 4 146 pulmón 155 30.4
inhaladores de
radón
Sobrevivientes
de Hiroshima 122 al cuerpo entero 100 000 leucemia 312 30
y Nagasaki
De nuevo, el estudio más documentado es el de los sobrevivientes de
Hiroshima y Nagasaki. La leucemia, que es un cáncer de las células
sanguíneas, es el tipo de cáncer más frecuente asociado con la
radiación. Tan sólo tres años después de las explosiones ya se había
registrado una frecuencia de casos de leucemia superior a la normal
y la máxima incidencia se registró 10 años después de la irradiación.
Aún 30 años más tarde se siguen diagnosticando nuevos casos quizá
causados por la alta exposición. Entre los 100 000 individuos
expuestos, en los 30 años siguientes a las explosiones se han
detectado 312 casos de leucemia. La dosis promedio recibida fue de
32 rems. Tomando como grupo testigo a toda la población japonesa,
en esos mismos 30 años se esperaría un total de 30 casos de leucemia
dentro de un mismo número de individuos no expuestos a las
explosiones. También se han reportado incrementos en cánceres de
pulmón, tiroides y mama en este grupo humano.
La posibilidad de que el cáncer infantil sea causado por la irradiación
del embrión in utero ha sido planteada a partir de estudios realizados
acerca de los hijos nacidos de madres que se tomaron radiografías
pélvicas durante el embarazo. La evidencia de un exceso de cáncer
infantil como consecuencia de la irradiación es objeto de acalorada
discusión, aún 30 años después de la primera publicación científica
sobre el tema. Entre los sobrevivientes japoneses expuestos in utero,
no se han detectado casos de cáncer.
Si bien la evidencia de la inducción de cáncer por exposiciones a
altas dosis de radiación es inobjetable, el posible riesgo a dosis bajas
es aún objeto de estudio científico y de controversia pública. El
problema esencial es nuevamente la identificación de los posibles
casos de cáncer producidos por radiación en presencia de las
frecuencias normales de la enfermedad.
En una población como la de la ciudad de México se registran
aproximadamente 16 450 nuevos casos de cáncer cada año (datos de
1985). Podemos preguntarnos cuántos de estos casos podrían deberse
a la radiación que es producida por el ser humano, principalmente
debido al uso de las radiografías en el diagnóstico médico (ver
capítulo III y figura 4). Los organismos internacionales dedicados al
estudio de los efectos biológicos de la radiación, como son el Comité
de la Academia Nacional de Ciencias de EUA para los Efectos de la
Radiación Ionizante (BEIR), el Comité Científico de la Naciones
Unidas para los Efectos de la Radiación Atómica (UNSCEAR) y la
Comisión Internacional de Protección Radiológica ( ICRP) están de
acuerdo en que, si una población de un millón de personas fuera
irradiada con 0.1 rem, se producirían 12 casos de cáncer a causa de
la exposición. 3 Se sabe (Figura 4) que la dosis promedio actual
debida al uso de la radiación producida por el ser humano es de unos
0.043 rems cada año. Multiplicando el factor de riesgo por la dosis
recibida y el número de individuos irradiados, se obtiene para una
población de 16 millones como la de la ciudad de México, un número
de 83 casos fatales de cáncer cada año debido al uso de la radiación,
principalmente durante exámenes radiográficos. (Sin lugar a dudas,
el número de vidas salvadas cada año debido a la disponibilidad de
una radiografía es miles de veces superior.)
Para poder realizar un estudio epidemiológico que confirmara estos
cálculos, sería necesario tomar una población similar a la de la ciudad
de México, eliminar totalmente la posibilidad de tomar radiografías
y estudiar durante varios años la aparición de nuevos cánceres. El
cálculo predice que, en esas circunstancias, y debido a que se deja de
recibir esa radiación, los casos de cáncer serán solamente 16 367. La
diferencia entre 16 450 y 16 367 es tan pequeña que sería imposible
demostrar que es significativa y que se debe a la radiación. Este
ejemplo, en que incluso la exposición de una megalópolis a niveles
de dosis reales no es capaz de mostrar de manera precisa la
correlación entre cáncer y dosis bajas, pone en evidencia el grado de
dificultad de este problema científico. En el próximo capítulo se
señala que, aún en un accidente como el ocurrido en Chernobil, será
sumamente difícil detectar el aumento de casos de cáncer a causa de
la sobrexposición.
Es necesario señalar que, para los cálculos del riesgo de cáncer por
radiación mencionados en el párrafo anterior, se ha considerado que
el daño producido por dosis bajas es proporcionalmente menor que
el daño producido por dosis altas ("hipótesis lineal"). Esto es un
supuesto porque, como lo ejemplificamos, los métodos actuales no
son capaces de medir el número de casos de cáncer en el ser humano
que pudieran ser producto de exposición a dosis bajas. La mayoría
de los experimentos en los que se han expuesto animales a varias
dosis inferiores a 100 rems, indican que la hipótesis lineal sobrestima
el riesgo.
Los ejemplos presentados para el cálculo de daño genético y cáncer
ilustran el uso de factores de riesgo obtenidos con irradiaciones a
altas dosis, usando una hipótesis lineal dosis-respuesta. Un
procedimiento similar siguen los organismos de protección
radiológica para establecer los límites de dosis máxima a los que
puede exponerse un individuo, tema que se discute en el capítulo
siguiente.
V I I . P R O T E C C I Ó N
R A D I O L Ó G I C A
LAS aplicaciones de la radiación y los radioisótopos son múltiples y
cubren aspectos insospechados de la vida moderna. En el capítulo
anterior se mostró que la radiación puede ser causa de enfermedades
y por lo tanto, al igual que cualquier otro avance tecnológico, su uso
requiere normas de seguridad que garanticen que los beneficios
recibidos sean mayores que los riesgos a que se expone el usuario.
Este capítulo relata la historia de las reglas de protección para el uso
de la radiación e indica cuales son las normas actuales destinadas a
proteger a quienes trabajan con radiación, a quienes se benefician con
su uso y al público en general. También se analizan dos accidentes
radiológicos en que la violación de las normas de protección trajo
graves consecuencias para un sector de la población.
ORÍGENES
Apenas descubiertos los rayos X y la radiactividad, su uso se
generalizó en los hospitales y laboratorios del mundo entero. A
comienzos de nuestro siglo los tubos de rayos X se producían
masivamente y se distribuían a todos los países. Por tratarse de
fenómenos recién descubiertos, cuya naturaleza ni siquiera se
entendía totalmente, no se tomaban precauciones y fueron muchos
los que sufrieron los efectos negativos de una exposición excesiva e
incontrolada. Las personas más expuestas a estas nuevas formas de
radiación fueron los médicos radiólogos que utilizaban los rayos X y
los científicos que manipulaban material radiactivo.
Existen muchísimas anécdotas, la mayoría con un desenlace trágico,
que ilustran las consecuencias de la ignorancia de los posibles efectos
biológicos de la radiación. El ayudante de laboratorio del inventor de
las técnicas fluoroscópicas perdió todo su cabello, sufrió
quemaduras, ulceración y finalmente falleció a causa de su
exposición continua a altas intensidades de rayos X. Irene Curie, hija
de Pierre y Marie, quien descubriera, junto con Frederic Joliot de la
radiactividad artificial, murió a mediados de este siglo aquejada de
leucemia, seguramente un efecto biológico tardío de la radiación
recibida durante su juventud. Como claro ejemplo de la ignorancia
sobre los efectos de la radiación, hasta hace no muchos años una
conocida zapatería de la ciudad de México (igual que otras en el
mundo) para promover sus ventas, ofrecía a sus clientes imágenes
radiológicas "en vivo" del pie adentro del zapato.
Debido a que fueron precisamente los médicos y los físicos las
primeras víctimas del exceso de radiación, rápidamente se tomó
conciencia del problema dentro de la comunidad científica. En 1920
se erigió en Hamburgo un monumento que recuerda a más de 100
pioneros radiólogos fallecidos a causa de la exposición excesiva
durante el ejercicio de su profesión. El primer estudio para establecer
niveles aceptables de irradiación fue hecho por la Sociedad
Americana de Rayos Roentgen y la Sociedad Americana del Radio
en 1922, y las primeras unidades de dosis de radiación se definieron
con base en la exposición que llegaba a provocar quemaduras en la
piel del paciente.
En 1928, durante el Congreso Internacional de Radiología celebrado
en Londres, ocurren dos hechos trascendentales para la evolución de
la radiología: se define al Roentgen, como la unidad física que mide
la cantidad de radiación producida por un tubo de rayos X durante su
operación, y se establece la Comisión Internacional de Protección
Radiológica, conocida como ICRP. El ICRP es un grupo
internacional no gubernamental creado para examinar los
fundamentos de la protección radiológica. Esta comisión ha
trabajado ininterrumpidamente desde su creación proponiendo
recomendaciones internacionales cuantitativas de protección
radiológica. Los primeros límites propuestos eran altísimos, en
comparación con las recomendaciones actuales. Inicialmente se
establecía que el límite era un Roentgen diario de exposición; hoy en
día el límite para el público en general es 700 veces menor.
Las recomendaciones vigentes fueron propuestas hace unos 20 años.
Hoy, se encuentran en proceso de revisión a la luz de la nueva
información física y biológica acumulada durante este último lapso
(particularmente en lo que se refiere medidas de dosis y a la
frecuencia de cáncer). Es probable que haya cambios en las normas
que se establezcan durante los años noventa.
LÍMITES DE DOSIS
El objetivo de la protección radiológica es permitir el
aprovechamiento de la radiación, en todas sus formas conocidas, con
un riesgo aceptable tanto para los individuos que la manejan como
para la población en general y las generaciones futuras. Debido a que
la radiación es potencialmente dañina, no debería permitirse ninguna
exposición innecesaria. El principio que gobierna la protección
radiológica en caso de exposición se conoce con el nombre de ALARA
(as low as reasonably attainable) que se traduce como: tan poca
radiación como sea posible lograr de modo razonable.
Cada país cuenta con un organismo encargado de hacer cumplir la
reglamentación existente en el área de seguridad radiológica, leyes
que generalmente se han inspirado en las recomendaciones del
ICRP. En México, es la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y
Salvaguardas la que cumple esta misión.
Las recomendaciones del ICRP fijan límites para la dosis máxima que
podrían recibir los trabajadores cuya actividad implica el exponerse
a la radiación. Estos "trabajadores de la radiación" son los médicos
radiólogos, nucleares y radioterapeutas, los técnicos que los ayudan
en la práctica de su trabajo profesional, los investigadores en física
atómica y nuclear que utilizan fuentes de radiación y los operadores
de reactores nucleares, entre otros. Este grupo debe estar controlado
individualmente de manera continua por medio del uso de dosímetros
personales, instrumentos que se llevan sobre el cuerpo y que marcan
la cantidad de radiación recibida por cada trabajador. El ICRP ha
definido límites de equivalente de dosis para trabajadores de la
radiación con el fin de limitar la aparición de efectos biológicos a un
nivel considerado aceptable, en comparación con los riesgos a que se
expone un trabajador en cualquier otra actividad profesional
moderna.
En la actualidad (1990) se especifica para los trabajadores de la
radiación un limite anual de equivalente de dosis para la irradiación
del cuerpo entero igual a 5 rems. Este valor es unas 25 veces superior
al valor de la radiación natural recibida en igual periodo. Debido a
que el número de personas que trabajan con radiación es una fracción
pequeña de la población, el efecto que su mayor exposición puede
tener dentro de la totalidad de la población es sumamente reducido.
Datos estadísticos recientes basados en la medición de los dosímetros
personales muestran que, en promedio, un trabajador de la radiación
recibe alrededor de 1 rem anual. Esta dosis, promediada sobre la
población mundial, representa menos del 1% del total, por lo que no
fue incluida en las figuras 3 y 4 del capítulo III.
El uso de la radiación es una actividad más de la vida moderna, que
conlleva un riesgo que debe ser comparable con el riesgo asociado a
otras acciones ya aceptadas por la sociedad. Estudios de salud
pública indican que, en general, el riesgo que corre el público es unas
diez veces menor que el riesgo que corre un trabajador en accidentes
propios de su actividad. Un ejemplo de esto es el uso del transporte
público. Todos sabemos que al subirnos a un vehículo de transporte
corremos el riesgo de sufrir algún daño, incluso de perder la vida,
debido a un posible accidente. El riesgo que corre el conductor del
vehículo es mayor que el de un pasajero, pues pasa más tiempo
dentro del vehículo. El conductor y la sociedad aceptan estas
diferencias ya que, por ejemplo, su trabajo es el medio con el que el
conductor se gana la vida, o incluso porque esta actividad puede
brindarle oportunidades de realización personal.
La situación es análoga en el caso del público y los trabajadores de
la radiación. El ICRP ha recomendado, para individuos del público,
límites iguales a 0.5 rems anuales, que viene a ser la décima parte de
lo que se recomienda para los trabajadores de la radiación. En este
caso, la actividad profesional del trabajador, además de representar
su realización personal como científico, médico, técnico radiólogo u
operador en una planta nucleoeléctrica, aporta beneficios para la
sociedad en general por medio de la generación de conocimientos,
salud o electricidad.
Para que las recomendaciones relativas al público se cumplan es
necesario planear todas aquellas acciones que provocan la liberación
de núcleos radiactivos y de radiación al medio ambiente de modo que
no se sobrepasen los límites. Los niveles reales se conocen gracias a
muestreos del agua, aire, suelo y otros elementos ambientales,
además de la información sobre los hábitos del grupo social.
Los límites de dosis no incluyen la radiación natural, por ser
inevitable, ni la radiación recibida durante tratamientos médicos. Se
supone que durante un examen de diagnóstico o de terapia, el
beneficio al individuo es siempre superior al riesgo asociado con la
irradiación. Eliminando estas dos fuentes de exposición y, de acuerdo
con las cifras indicadas en la figura 4 del capítulo III, los valores
promedio mundiales que el público recibe actualmente debido a
fuentes de radiación susceptibles de ser limitadas, son inferiores a
0.003 rems anuales. Esto es, unas doscientas veces inferior al límite
máximo recomendado para cada individuo.
Un caso especial lo constituyen las plantas de generación de energía
nucleoeléctrica. En Estados Unidos desde 1974, y en otros países,
posteriormente, existe una reglamentación que fija las liberaciones
de radiación de un reactor a un límite máximo de 0.005 rems anuales
de equivalente de dosis en la reja del reactor. Esto quiere decir que
un reactor comercial generador de electricidad no debe causar un
incremento de la dosis superior a 0.005 rems anuales a ningún
individuo, aunque éste habite exactamente junto al reactor. Por
supuesto, la población más alejada recibirá, correspondientemente,
dosis inferiores. Esta reglamentación tan rigurosa equivale a exigir a
cada reactor un límite de contaminación ambiental radiactiva inferior
al 3% de los valores naturales.
¿ES POSIBLE DISMINUIR LA DOSIS QUE RECIBIMOS?
La contribución a la dosis total proveniente de fuentes naturales está
fuera del control del ser humano y por lo tanto no es posible hacer
mucho para disminuirla. Respecto al uso de los rayos X en
diagnóstico médico, responsable del 16% del total de la dosis
promedio actual, el ICRP ha emitido las siguientes recomendaciones:
las exposiciones innecesarias deben evitarse; las exposiciones
necesarias deben aportar beneficios que de otro modo no se habrían
recibido y las dosis efectivamente administradas, deben limitarse a la
mínima cantidad que ofrezca beneficio médico al paciente. Desde el
punto de vista clínico, el pequeño riesgo que corre el paciente a causa
de la radiografía debe ser más que compensado por la información
anatómica contenida en la placa radiográfica como contribución al
diagnóstico y al tratamiento de su enfermedad. Si éste no es el caso,
no existen excusas para tomar una radiografía.
Si se decide que una radiografía es necesaria, hay cuatro mecanismos
físicos que permiten reducir la dosis recibida por el paciente y por el
médico o técnico encargado del examen. Estas acciones son las
mismas que minimizan la exposición a cualquier tipo de radiación.
Los factores son: tiempo, distancia, blindaje y contención. En primer
lugar, la dosis total recibida durante una radiografía o una serie de
ellas puede reducirse si se limita el tiempo total de la exposición a los
rayos X. Esto se consigue limitando el número de radiografías
solicitadas muchas veces se repite una misma toma, hasta que
alguien considera que "ya quedó bien" y también restringiendo el
tiempo de cada exposición al lapso estrictamente necesario para
lograr una buena imagen. Hay grupos de físicos y radiólogos que
investigan nuevos tipos de películas radiográficas que brinden una
máxima información con una mínima exposición al paciente y
también buscan medios para eliminar del haz de rayos X , aquellos
componentes que sólo irradian al paciente sin aportar nada a la
imagen.
El segundo factor es la distancia, ya que la intensidad de la radiación
disminuye al aumentar la separación entre la fuente y el punto de
irradiación. Cuando se toma una radiografía no es posible alejar al
paciente del tubo, pero sí al médico o enfermera encargado del
examen para evitar que sean innecesariamente irradiados.
El tercer factor, el blindaje, es particularmente efectivo durante los
exámenes radiológicos. Aunque la radiografía sea de zonas
superiores del cuerpo, parte de la radiación es dispersada es decir,
desviada&%151 hacia regiones inferiores y puede irradiar los
órganos reproductivos, lo que podría causar daño genético. La
protección que brinda un delantal de plomo, tanto para el paciente
como para el técnico a cargo, puede reducir cien o mil veces esta
dosis que es totalmente innecesaria. Esta recomendacion debería
constituir una práctica rutinaria durante radiografías dentales y ser
rigurosamente observada al radiografiar a una paciente embarazada.
El último factor de protección, la contención, se aplica a fuentes
radiactivas, como serían los radioisótopos usados en medicina
nuclear o los productos radiactivos generados durante el
funcionamiento de un reactor nuclear. Todo material activo debe
confinarse a un espacio mínimo y mantenerse aislado del medio
ambiente. Los isótopos para uso médico son surtidos dentro de
recipientes que impiden su liberación y el mismo cuidado debería
seguirse con los restos de ellos después de su utilización. Es
totalmente inaceptable la eliminación de productos radiactivos a
través de los sistemas normales de desagüe o de recolección de
basura.
Tal como se explicó en el capítulo anterior, el embrión humano que
se encuentra en una etapa extremadamente activa de desarrollo, es
muy susceptible a los efectos de pequeñas dosis de radiación. Existe
evidencia de que embrión o feto son, entre 5 y 10 veces más sensibles
que el adulto, a enfermedades o defectos inducidos por la radiación.
Por estos motivos es muy importante que una mujer embarazada no
se radiografíe el abdomen, sobre todo las primeras semanas de
embarazo, pues es el periodo en que los órganos especializados del
niño por nacer comienzan a desarrollarse. Por desgracia es
precisamente en esta etapa, cuando un embarazo ni siquiera se
sospecha. Existe una regla médica de protección llamada la regla de
los 10 días que impide las irradiaciones del embrión recién
engendrado. Según esta norma, sólo se deben tomar radiografías a
una paciente en edad reproductiva durante los 10 días que siguen al
comienzo de su periodo menstrual, es decir, cuando hay una certeza
relativa de que no está embarazada. Esta recomendación se dirige al
médico que ordena una radiografía y principalmente, a la mujer cuyo
hijo puede sufrir daño irreparable a causa de un examen que puede
postergarse unas semanas.
¿Es posible establecer hasta dónde es segura la radiación? En el
capítulo VI vimos que la respuesta no se conoce para el ser humano,
pues sólo es posible identificar los efectos biológicos de altas dosis
de radiación, cientos de veces superiores a las que se reciben
normalmente. La posición más conservadora al respecto y apoyada
por los organismos internacionales de protección radiológica
sostiene que incluso cantidades muy pequeñas pueden causar daño.
Lo que se requiere ante cada nueva situación es hacer un balance
entre riesgos y beneficios. Cuando decidimos ir a Europa en avión, y
no en barco, aceptamos el riesgo de un posible accidente aéreo a
cambio del beneficio recibido: llegar al Viejo Continente en sólo
unas cuantas horas. Del mismo modo debemos aceptar el riesgo
asociado a la dosis causada por una radiografía a cambio de la posible
detección de una enfermedad y, en términos generales, utilizar los
beneficios del uso controlado de la radiación asegurándonos que la
exposición recibida sea siempre la mínima posible.
ACCIDENTES: CIUDAD JUAREZ Y CHERNOBIL
El manejo inadecuado o irresponsable de las fuentes de radiación
puede ocasionar exposiciones accidentales que por lo general afectan
a los individuos directamente relacionados en el incidente, pero que
también pueden afectar a grandes grupos de la población.
El uso de radioisótopos y radiación en medicina, industria, o en la
generación de energía requiere de cuidados especiales ya que una
irradiación excesiva puede producir efectos biológicos nocivos. A
pesar de que toda actividad lleva asociado un riesgo para la salud de
sus trabajadores (pensemos en las industrias químicas, la minería, la
construcción, el transporte público, etc.), no existe un reglamento de
protección tan severo como el que regula los usos de la radiación.
Las razones de este control autoimpuesto fueron explicadas en las
sección anterior. El público no siempre comprende la importancia de
estos reglamentos internacionales que se originan en estudios
científicos que se actualizan periódicamente. Se piensa, de manera
errada, que la radiación está bien controlada porque es
extremadamente peligrosa. Los cálculos hechos en el capítulo VI
demuestran lo contrario. Sin lugar a dudas, el trabajador de ciertas
industrias químicas o de la minería del carbón corre un riesgo
muchísimo mayor que aquel que trabaja con la radiación.
Por desgracia, las normas de seguridad radiológica no siempre se
cumplen, ni en todas partes, con el mismo rigor. Existe una larga lista
de accidentes que han ocasionado que muchos individuos hayan
sufrido exposiciones excesivas a la radiación y que también han
provocado liberaciones no controladas de radioisótopos al ambiente.
Las consecuencias de cada incidente deben ser analizadas en
particular. Aqui nos referiremos, solamente, a un par de casos que
constituyen accidentes de suma gravedad.
En diciembre de 1983, en Ciudad Juárez, Chihuahua, México, un
técnico de mantenimiento de una empresa médica desarmó el cabezal
de una unidad de radioterapia que se encontraba almacenada desde
hacía 6 años en una bodega y extrajo un cilindro de 100 kilogramos
de peso para venderlo como chatarra. El equipo había sido importado
de Estados Unidos, sin informar a las autoridades mexicanas de
seguridad radiológica que debían autorizar su uso, y fue relegado a
la bodega sin utilizarse. El cilindro sustraído contenía
aproximadamente 6 000 cápsulas pequeñas (de 1 mm de tamaño) del
elemento radiactivo cobalto-60, que normalmente se utiliza para el
tratamiento del cáncer. El artefacto fue perforado antes de su venta,
por lo que las cápsulas radiactivas fueron saliéndose del cilindro y
esparciéndose en un área muy amplia que incluía el hogar del técnico,
la camioneta de la empresa con que transportó el cilindro, la carretera
Ciudad Juárez-Chihuahua y el patio de chatarra. Aquí, los imanes
que son utilizados para levantar los trozos de metal atrajeron parte de
las cápsulas de cobalto y las mezclaron con la chatarra que
posteriormente fue comprada por las fundidoras locales. En total se
fabricaron 6 600 toneladas de varilla para construcción y 30 000
bases para mesa que contenían material radiactivo. El hecho se
descubrió por casualidad en enero de 1984, cuando un camión que
transportaba parte del metal contaminado, exportado a Estados
Unidos, pasó cerca de detectores de radiación que existen en los
alrededores del Laboratorio Los Álamos, en Nuevo México, y éstos
indicaron la presencia de rayos gamma emitidos por el cobalto.
Durante los meses que siguieron se recuperó gran parte del metal e
incluso se ordenó la demolición de aquellas construcciones que ya
habían utilizado la varilla contaminada.
Como consecuencia del accidente de Ciudad Juárez, unas 4 000
personas resultaron irradiadas, especialmente los trabajadores del
patio de chatarra y los familiares y vecinos del técnico que se
expusieron a la radiación de las cápsulas de cobalto que durante un
mes estuvieron dentro de la camioneta. El 80% de los irradiados
recibió dosis inferiores a 0.5 rems, el 18% recibió entre 0.5 y 2.5
rems, y el 2% (es decir 80 personas) recibió más de 25 rems. Entre
estas últimas, 5 personas fueron irradiadas entre 300 y 700 rems
durante un periodo estimado de dos meses. Recordamos que estos
últimos valores son dos o tres mil veces los valores de irradiación
natural durante un año. A seis años del accidente no se han registrado
víctimas fatales entre los afectados.
Sin duda el accidente más grave asociado a un reactor nuclear ocurrió
en la llamada Unidad 4 de la planta soviética de Chernobil, en la
República de Ucrania, Unión Soviética. El 28 de abril de 1986,
durante el turno matutino en una planta nucleoeléctrica sueca, se
comenzaron a detectar niveles de radiación que aumentaban a
medida que transcurría la mañana. Este fue el primer indicio de que,
a miles de kilómetros de distancia, algo anormal había ocurrido. Tres
días antes, los técnicos a cargo de la Unidad 4 en Chernobil habían
decidido efectuar pruebas que requerían un bajo nivel de
funcionamiento del reactor. Como éste no es el régimen normal, y el
diseño de los reactores instalados en Chernobil los hace
particularmente inestables a baja potencia, las pruebas habían sido
interrumpidas continuamente por los mecanismos de seguridad.
Debido a esto, y para facilitar su trabajo, el personal responsable
simplemente eliminó todos los sistemas automáticos de seguridad: el
circuito de enfriado de emergencia fue desconectado, las barras de
control extraídas del reactor quedaron desactivadas, las señales que
indican cuándo debe pararse el reactor debido a una emergencia
también y en total, se cometieron seis violaciones graves a las normas
de seguridad.
Esquema del diseño de las barreras de seguridad en una planta
nucleoeléctrica. (El reactor de Chernobil no contaba con los
elementos A y B.)
Cuando se inició la prueba y la potencia del reactor comenzó a
aumentar vertiginosamente debido a cierta inestabilidad, ya no fue
posible controlarlo y el reactor llegó a generar 100 veces más energía
que su capacidad. El combustible de uranio sobrecalentado rompió
las vainas que lo contenían, entró en contacto con el agua del
enfriamiento y una enorme explosión de vapor rompió las tuberías,
hizo volar la cubierta del reactor, destruyó el edificio el reactor de
Chernobil no estaba alojado en un edificio contenedor reforzado
como los reactores comerciales de los países occidentales y lanzó
trozos ardientes de grafito y residuos del combustible a las zonas
vecinas. El material radiactivo contenido en el núcleo del reactor
escapó libremente y formó un penacho gaseoso que ascendió hasta
10 kilómetros de altura. Desde allí se distribuyó sobre gran parte de
Europa y Asia, para volver a caer en las semanas siguientes,
contaminando lugares habitados y tierras agrícolas.
La cifra de víctimas inmediatas del accidente de Chernobil llegó a 31
personas, principalmente entre los operadores del reactor y el
personal de bomberos que ayudó a combatir el incendio de la planta.
Estas muertes se debieron a la explosión inicial, a quemaduras y a los
efectos de la radiación. Dosis mayores que las normales se
registraron en varios países de ambos continentes. Se estima que, en
Europa central, el accidente causó equivalentes de dosis de 0.1 rem
para la población adulta y el doble para niños menores de 10 años (la
diferencia se debe a que los factores de efectividad biológica son
mayores para los niños que para los adultos debido a que su
organismo se encuentra en crecimiento rápido). Polonia fue el país
vecino más afectado por la radiación, con dosis entre 0.2 y 0.6 rems
para menores, dependiendo de la localidad. Para la población de la
Unión Soviética occidental se calcula que recibió una dosis total
promedio de 3.3 rems, esto es, unas 16 veces la cantidad anual que
se recibe por causas naturales.
Respecto de las consecuencias a largo plazo de esta exposición que
sobrepasó los niveles ambientales, usando los factores de riesgo
presentados en el capítulo anterior, se estima que para el grupo más
expuesto, las 16 000 personas que vivían alejadas entre 3 y 7
kilómetros de la planta y que recibieron un exceso de 50 rems, la
probabilidad de morir por cáncer aumentó de un 20% que es lo
normal (frecuencia natural en la Unión Soviética), a un 20.6%. 4
El número de muertes por cáncer esperadas normalmente para este
grupo es de 3 200 y las adicionales debidas al accidente y calculadas
a partir de los valores ya presentados, llegan a 96. Sólo un estudio
epidemiológico sumamente cuidadoso realizado durante los
próximos 70 años, capaz de detectar el aumento en los valores
esperados de 3 200 a 3 296 casos de cáncer en las 16 000 personas
expuestas, podrá comprobar lo acertado de esta predicción. Para los
75 millones de personas que viven en la Unión Soviética a menos de
1 000 kilómetros de Chernobil, la sobrexposición promedio estimada
es de 0.8 rems, equivalente a cuatro años de exposición a radiacion
ambiental. Para este grupo tan numeroso, se estiman 7 500 muertes
adicionales, que se deben agregar a los 9.5 millones de muertes por
cáncer esperadas normalmente en este grupo dentro de los próximos
70 años. Debido a las fluctuaciones estadísticas, será imposible
detectar epidemiológicamente esta variación. Hay que mencionar
que las cifras en las que se basan estas predicciones son objeto de
estudio actualmente y podrían ser modificadas en el futuro.
Los dos accidentes mencionados y la mayoría de situaciones
anormales producidas durante el uso de la radiación, tienen como
factor común la irresponsabilidad, negligencia e indisciplina del
personal supuestamente responsable de la operación. En el caso de
Chernobil, el director de la nucleoeléctrica fue juzgado por un
tribunal soviético y condenado a diez años de trabajos forzados por
"la falta de control y falta de responsabilidad en la planta". Estas
situaciones de descuido no es privativa de las actividades que utilizan
radiación, sino bastante común en nuestro mundo tecnológico. Un
estudio reciente estima que el 65% de los accidentes de la aviación
comercial se originan en errores humanos. Solamente una educación
de excelencia y mecanismos rigurosos de selección para el personal
a cargo de la operación de material e instrumentos que utilizan o
producen radiación, permitirá reducir aún más, la probabilidad de
accidentes causantes de irradiación totalmente innecesaria en seres
humanos.
V I I I . L O S B E N E F I C I O S
D E L A R A D I A C I Ó N E N
L A M E D I C I N A
LA MEDICINA es el área que más se ha beneficiado con las
propiedades de la radiación. En este capítulo se explican algunas de
las múltiples técnicas de diagnóstico y de tratamiento de
enfermedades en que se usa radiación. Se describen las bases físicas
de las radiografías, la medicina nuclear y la radioterapia, así como
sus principales ventajas clínicas. Debido a que la cantidad de
radiación necesaria para la mayoría de los exámenes de diagnóstico
o los tratamientos de radioterapia es mucho mayor que la de los
niveles naturales, es en los usos médicos donde mejor se aprecia la
necesaria evaluación que se establece entre los riesgos y los
beneficios inherentes a cualquier uso de la radiación.
RADIOGRAFÍAS
Comencemos refiriéndonos al uso más general de radiación en
medicina, las radiografias, es decir el uso de los rayos X para
exámenes de diagnóstico (conocido como radiodiagnóstico). Los
rayos X son producidos en un tubo de vidrio al vacío que se encuentra
en el interior del aparato metálico frente al cual se ubica al paciente.
Después de que se produce la radiación, se transmite en línea recta y
a la velocidad de la luz, penetra el cuerpo del paciente, lo atraviesa,
sale por el otro lado, y se encuentra con una placa radiográfica
(similar en muchos aspectos a una película fotográfica) donde
quedará grabada una imagen anatómica del interior del cuerpo.
¿Cómo se forma la imagen del interior? Al atravesar el cuerpo del
paciente, los rayos X son absorbidos más fuertemente por los huesos
que por el tejido blando, de manera que al salir, aquellos rayos que
en su camino encontraron huesos han sido debilitados (atenuados)
más que aquellos que sólo debieron atravesar tejido sin hueso. La
diferente atenuación queda registrada en la película radiográfica con
diferentes niveles de iluminación y de sombra, consiguiéndose una
imagen del interior.
Radiografía de tórax.
El mayor contraste (diferencia entre zonas claras y zonas oscuras) se
obtiene entre la imagen de los huesos y la del tejido blando. Pero
diferentes estructuras musculares no aparecen tan claramente
diferenciadas y para visualizarlas se ha ideado introducir al cuerpo
humano sustancias que causan fuerte atenuación de los rayos X. Es
así como se logra observar todo el aparato digestivo, el urinario, el
respiratorio y el cardiovascular. Al introducir sustancias radioopacas
(el bario, entre otras) al torrente circulatorio, se pueden visualizar en
la radiografía los vasos sanguíneos del riñón, cerebro, etcétera.
En los últimos cuarenta años se ha logrado obtener imágenes
radiográficas de sólo un plano del cuerpo, ya sea transversal o
longitudinal. A esta técnica se la llama tomografía. Si la imagen es
de un plano transversal, es decir perpendicular al eje vertical del
cuerpo, y su análisis se realiza con una computadora, la técnica se
conoce como tomografía axial computarizada (TAC). Para conseguir
estas imágenes se utiliza un tubo de rayos X giratorio que da una
vuelta alrededor del paciente, en el plano de interés, emitiendo
radiación que atraviesa el cuerpo desde muchísimos ángulos. La
absorción del haz para cada ángulo se mide con detectores
electrónicos que giran al otro lado del cuerpo, al unísono con el tubo
emisor. Hace más de diez años, un examen TAC se tardaba un par de
minutos; actualmente, los modelos más avanzados de tomógrafos lo
efectuan en pocos segundos.
Con la técnica TAC bien empleada, es posible lograr imágenes de
planos delgados del cuerpo (un centímetro) distinguiendo en ellos
estructuras tan pequeñas como un par de milímetros. Este invento ha
representado otro gran avance en el diagnóstico, pues permite
estudiar con precisión la anatomía de una región, así como las
alteraciones propias de las diferentes enfermedades. El médico
cuenta ahora con un diagnóstico más preciso que le permite
seleccionar el tratamiento más adecuado y brindar un pronóstico más
acertado.
Imagen de tomografía axial computarizada que muestra un plano delgado del
cerebro humano. Los óvalos en la parte superior son los ojos.
La dosis absorbida durante un examen tomográfico puede llegar a ser
de algunos rads (más que toda la radiación natural recibida en cinco
años), por lo que su empleo debe limitarse a aquellos casos en que
sea indispensable para lograr el diagnóstico e imposible de realizar
con otra técnica de menor riesgo.
Existen, además, otras técnicas que se conocen con el nombre de
radiología armada, las cuales permiten introducir, bajo control
radiológico, distintos equipos al cuerpo del paciente. Estos aparatos
permiten realizar acciones terapéuticas o de diagnóstico sin
necesidad de operar. Es posible, por ejemplo, dilatar y obliterar vasos
sanguíneos, así como obtener biopsias de tejidos profundos.
Los progresos de la radiología no se deberían medir considerando
solamente el mejoramiento en la calidad de las imágenes obtenidas,
pues es más importante la amplia difusión de sus técnicas a todos los
rincones del mundo. Debido al gran número de personas sometidas a
exámenes radiográficos cada año, ha sido muy significativo
desarrollar métodos para reducir la exposición de cada paciente a la
radiación, sin descuidar la calidad de la imagen. Con técnicas de alto
voltaje, por ejemplo, se produce radiación de mayor energía que
fácilmente atraviesa el cuerpo del paciente y contribuye en gran parte
a formar la imagen. Si la energía fuera menor, como ocurría con los
aparatos mas antiguos, la radiación de baja energía contenida en los
rayos X la absorbería el paciente y no contribuiría a que se formara
la imagen. Ahora se utilizan filtros que reducen aún más la radiación
poco penetrante. Otro inconveniente conocido desde los inicios del
radiodiagnóstico era la exposición de grandes zonas del cuerpo que
no necesariamente requerían ser visualizadas. El empleo de
colimadores, cada vez mejor diseñados, permite irradiar solamente la
zona de interés reduciendo así la exposición innecesaria.
Apenas se inventó la televisión, se adaptaron televisores a los
equipos radiológicos, permitiendo establecer técnicas con control
remoto que eliminan la irradiación del personal del gabinete
radiológico y que además permiten un control más preciso de la zona
por irradiar. Más recientemente, han aparecido pantallas
fluoroscópicas fabricadas con elementos llamados "tierras raras", en
vez del tungstato de calcio usado en un principio. La fluorescencia
producida es ahora mucho mayor y se ha podido reducir la
exposición al paciente hasta en un 50 por ciento.
MEDICINA NUCLEAR
Existe otra especialidad médica dedicada fundamentalmente al
diagnóstico y que también hace uso de la radiación. Se trata de la
medicina nuclear, que comprende técnicas para obtener imágenes de
los órganos internos o del esqueleto. Estas imágenes no representan
solamente la estructura anatómica del organo visualizado, sino que
también aportan datos muy importantes sobre su estado de
funcionamiento.
Para lograr estas imágenes, la medicina nuclear utiliza elementos
radiactivos que se producen generalmente en reactores nucleares.
Cantidades pequeñísimas de estas sustancias son introducidas al
paciente, ya sea por vía oral, intramuscular o intravenosa, y
dependiendo del elemento utilizado van a depositarse en el órgano o
tejido específico que se desea estudiar. Los núcleos de estos
radioisótopos emiten espontáneamente radiación desde el interior de
los tejidos, la cual atraviesa el cuerpo y sale al exterior, donde puede
ser detectada por instrumentos especiales. Las imágenes se graban en
película fotográfica, pero no de manera directa como en los
experimentos de Becquerel relatados en el primer capítulo, sino a
través de detectores electrónicos muy complejos que permiten
observar cada uno de los rayos provenientes del paciente, amplificar
la señal y convertirla en luz que se registrará en la placa fotográfica.
Este sistema permite que la cantidad de material radiactivo (y por
ende la dosis) que el paciente reciba sea extraordinariamente baja.
La información obtenida a partir de estos estudios permite conocer
la cantidad del radioisótopo que se depositó en el órgano, la
velocidad a que ocurre esta acumulación, o bien la velocidad a que
lo desecha, y así conocer detalles de la capacidad funcional del
órgano estudiado. Por otra parte, la imagen permite ver la
distribución del material radiactivo, comprobar si es homogénea,
como ocurre en los órganos sanos, o identificar zonas de
concentración irregular cuyas características permiten, por ejemplo,
advertir la presencia de un tumor o un quiste.
En la actualidad existen instrumentos llamados gamma-cámaras o
cámaras de centelleo, que cuentan con un gran número de detectores
que operan simultáneamente. Estos detectores están controlados por
un sistema computarizado que permite registrar procesos dinámicos
como, por ejemplo, la función de los riñones. En este caso se puede
medir la capacidad de eliminación de orina de cada riñón, su paso
hacia la vejiga, las condiciones en que ésta se llena, etc. Otros
estudios similares son la observación del paso de la sustancia
radiactiva por las cavidades del corazón, con lo que se puede medir
su volumen y eficacia para impulsar la sangre. Igualmente se puede
medir la cantidad de sangre que circula por minuto por alguna parte
del cerebro. Estas imágenes que combinan datos tanto estructurales
como funcionales hacen que, en algunos casos de padecimientos
vasculares, cardiacos, respiratorios, cerebrales y hepáticos, la
medicina nuclear entregue al médico información más precisa que la
que se podría obtener con rayos X u otras formas de diagnóstico.
Imagen de medicina nuclear que muestra el cerebro de un
paciente que sufre una oclusión en la arteria carótida. La zona
negra interior corresponde a la lesión.
Otro empleo de los átomos radiactivos en medicina nuclear es en el
tratamiento de algunas enfermedades. Desde los inicios de esta
especialidad médica, hace poco más de cuarenta años, se ha utilizado
el yodo radiactivo en el tratamiento de algunas enfermedades de la
glándula tiroides. Poco tiempo después se encontró la enorme
eficacia de este elemento en el tratamiento de algunos tipos de cáncer
de la glándula.
Actualmente se investiga la preparación de un gran número de
moléculas, en especial del tipo de los anticuerpos, capaz de fijarse en
forma específica a diversas clases de tumores. A estas moléculas se
les puede agregar radioisótopos que emiten radiación beta, con un
procedimiento llamado "marcado". Las partículas de la radiación,
electrones, son poco penetrantes y por lo tanto depositarán su energía
en la cercanía de la molécula marcada, es decir en el tumor. De esta
manera se conseguiría destruir al tumor en su ubicación original sin
dañar los tejidos vecinos.
Una tercera rama de la medicina nuclear es el radioinmunoanálisis,
en que no se administran radioisótopos al paciente sino a muestras
de su sangre u orina. Como lo indica su largo nombre, se trata de
técnicas que utilizan la radiación para analizar sustancias
dependiendo de sus propiedades inmunológicas. Las sustancias
radiactivas son incorporadas a un anticuerpo específico para la
sustancia que se desea analizar, que puede ser una hormona, una
vitamina, un medicamento, una enzima, o incluso un virus. Cuando
estos anticuerpos marcados se agregan a la muestra de sangre u orina,
el anticuerpo se dirige hacia la hormona, droga o enzima
correspondiente y la detección de la radiación emitida permite medir
las cantidades de la sustancia de interés. En vista de que los
detectores de radiación son capaces de notar la presencia de unos
pocos núcleos radiactivos, estos métodos de análisis se caracterizan
por su extrema sensibilidad y pueden cuantificar cantidades tan
pequeñas como billonésimas de gramo (¡la milésima parte de una
millonésima de gramo!). Hoy, éste es el método de diagnóstico que
utiliza radiactividad más usado en el mundo (y no se expone al
paciente a la radiación). Tan sólo en Estados Unidos, cada año se
realizan 40 millones de radioinmunoanálisis.
RADIOTERAPIA
Estas técnicas de diagnóstico, radiografías y medicina nuclear,
aprovechan la capacidad que tiene la radiación de atravesar el cuerpo
y entregar información en el exterior. Una filosofía opuesta es la que
rige el uso de la radiación como herramienta terapéutica. La
radioterapia intenta maximizar la absorción de la radiación dentro
del cuerpo, de modo que la energía originalmente transportada por
los rayos se deposite en una zona del cuerpo ocupada por un tumor,
ocasionando tanto daño local como sea posible.
La ionización, mecanismo por el cual la radiación entrega parte de su
energía al medio que atraviesa, se produce en cualquier parte de las
células irradiadas. Se acepta que ocurrirá daño letal si la ionización
ocurre en el núcleo celular, lo cual ocasiona el rompimiento de los
cromosomas. Ahora bien, debido a que el daño letal es más aparente
durante la etapa de mitosis (capítulo IV) y los tumores malignos
presentan mayor número de mitosis que los tejidos normales (pues
son de rápido crecimiento) es de esperar y de hecho así ocurre, que
el daño mayor se produzca en el tejido enfermo.
La limitación en la cantidad de radiación usada en radioterapia se
debe al hecho inevitable de que el tejido sano que rodea al tumor
también resulta irradiado, por lo cual se produce, de modo paralelo
al efecto deseado, un efecto negativo para la salud del paciente. La
radioterapia busca entonces el óptimo equilibrio entre una máxima
irradiación al tumor y una mínima irradiación al tejido sano vecino.
Este es el único caso en el que, al aplicar gran cantidad de radiación
a un ser vivo, se produce un beneficio.
La práctica de la radioterapia se ha visto enriquecida por los logros
del radiodiagnóstico, pues ahora es posible conocer con precisión el
sitio, el tamaño y la extensión de la enfermedad a irradiar. El plan
terapéutico puede realizarse con gran detalle y así concentrar la
radiación en el volumen de tejido enfermo, reduciendo la dosis a los
tejidos sanos.
La radiación más utilizada en radioterapia es la que proviene del
elemento cobalto-60. El núcleo de cobalto-60 es inestable y al decaer
se emite radiación electromagnética (rayos gamma) de alta energía.
Son estos rayos los que se orientan hacia el tumor durante el
tratamiento. Otro elemento utilizado en radioterapia es el cesio-137,
que también decae y produce rayos gamma, pero de menor energía
que aquellos del cobalto-60. La vida media de estos núcleos es de
algunos años, lo que quiere decir que la actividad (rayos gamma
emitidos en cada segundo, ver capítulo II) disminuye
apreciablemente con el transcurso de los años (Figura 1). Las fuentes
radiactivas deben ser reemplazadas periódicamente en los hospitales
y clínicas para asegurar que los tratamientos brinden la dosis
apropiada en un tiempo de irradiación no demasiado largo.
Ha habido un gran avance en radioterapia desde sus comienzos, a
principios de siglo, hasta la fecha. Los primeros equipos utilizados
emitían radiación de energía relativamente baja, lo que producía una
dosis más elevada en piel y era difícil alcanzar valores
suficientemente altos para curar el tejido enfermo profundo. Por esto
se ideó la terapia de movimiento, en donde se multiplican las puertas
de entrada y se logra concentrar una dosis suficiente en la zona
ocupada por el tumor.
Además de los rayos gamma existen otras técnicas de radioterapia
que usan diferentes radiaciones para lograr una mejor localización de
la dosis en la zona del tumor, una mejor penetración, o una mayor
efectividad biológica (ver capítulo II). Los principales departamentos
de radioterapia cuentan hoy en día con aceleradores de electrones
(llamados linacs) que producen haces de estas partículas y también
rayos X de alta energía. Los electrones son partículas que penetran
débilmente el cuerpo humano, por lo que su uso es ideal para el
tratamiento de tumores superficiales, en que se desea concentrar la
dosis en unos pocos centímetros bajo la piel. La modalidad de rayos
X de un linac presenta varias ventajas respecto de los rayos gamma
del cobalto. Los primeros pueden ser mucho más intensos que los
segundos, acortando el tiempo de tratamiento; debido a su alta
energía son más penetrantes y depositan una dosis mayor en
profundidad; su excelente definición geométrica permite proteger
mejor las estructuras vitales vecinas al tumor. Aunque se reconozcan
las ventajas de un linac respecto de una fuente de cobalto, hay que
estar conscientes de la gran simplicidad del manejo de esta última,
en comparación con el trabajo que requiere la operación de un
acelerador dentro de un ambiente hospitalario. En países
desarrollados, la operación de un linac requiere la presencia
permanente de un físico médico, que es un profesional
interdisciplinario especializado. En países tercermundistas, este tipo
de profesional no siempre existe.
En unos pocos centros hospitalarios del mundo se usan otras
partículas nucleares en radioterapia: neutrones, protones, partículas
alfa, piones, o iones pesados. Cada técnica tiene ventajas y
desventajas, dependiendo del tipo de tumor que se trate, pero todas
comparten una característica: un altísimo costo económico. Los
centros que las utilizan están generalmente asociados a un laboratorio
de física nuclear o de altas energías, con el que comparten el uso de
un acelerador. Los tratamientos con estas partículas todavía se
consideran en una etapa de investigación.
El desarrollo de la energía nuclear también ha repercutido
favorablemente en el campo de la radioterapia, pues aumentó el
número de elementos radiactivos posibles de usar en implantaciones
internas, procedimiento llamado braquiterapia. Esta técnica consiste
en introducir la sustancia radiactiva, contenida dentro de semillas o
agujas selladas, al interior de una cavidad del paciente donde se
encuentra un tumor y dejarla durante un tiempo. El efecto que se
aprovecha es la corta distancia entre la fuente radiactiva y el volumen
por irradiar, lo que proporciona dosis relativamente altas en la zona
cercana a la fuente y dosis bajas en regiones alejadas. Su uso en
particular es indicado para los casos de cáncer en cavidades del
cuerpo humano, como el cáncer en el útero, en la cavidad oral, o bien
en lesiones accesibles a ser implantadas por ser superficiales; o bien
en tumores profundos, utilizando la cirugía como vía de acceso. En
este último caso es deseable implantar isótopos radiactivos de vida
media corta, como el oro-198 (vida media de 3 días), ya que las
semillas depositadas pueden quedarse en forma permanente. Si se
usara un elemento radiactivo de vida media más larga, el material
debería extraerse un vez liberada la dosis deseada.
Desde comienzos de este siglo, el radio ha sido el elemento más
usado en braquiterapia, pero debido a que en su decaimiento pasa por
un elemento gaseoso (el radón), es posible que las agujas selladas
que contienen el material radiactivo presenten fugas (causadas por
rupturas producidas durante la inserción y remoción de las agujas del
cuerpo del paciente) que pueden ocasionar exposiciones innecesarias
para el paciente y el personal hospitalario.
Hoy en día, los organismos internacionales recomiendan no adquirir
nuevas cantidades de radio para tratamientos de braquiterapia. Los
hospitales que ya lo posean deberán sustituirlo, dentro de sus
posibilidades económicas, por otra sustancia. Entre éstas, el cesio-
137 es el que tiene mejores cualidades. Los organismos
internacionales recomiendan que no se done el radio sustituido a
otros países o instituciones para uso médico, pues así se conseguiría
dentro de algunos años la total eliminación del radio en los hospitales
del mundo. Con esto se brindaría un servicio de mayor seguridad a
los pacientes y al personal. Este es un ejemplo de cómo el propio uso
de técnicas y elementos logra que se perfeccione el conocimiento de
sus limitantes y que se aumente la seguridad asociada. Nadie podrá
negar el beneficio del uso del radio en la primera mitad de este siglo,
de igual manera, nadie podrá, en esta etapa final del siglo XX, estar
a favor de que se continúe adquiriendo radio para aplicaciones
médicas.
Con mucho menor riesgo que el radio se pueden usar en braquiterapia
otros isótopos como el yodo-131, que con una vida media de 7 días
es ampliamente utilizado en los problemas de la glándula tiroides. El
fósforo-32 tiene una vida media de dos semanas y ha sido usado en
el tratamiento de problemas hematológicos, en las cavidades
abdominal y pleural, en cáncer de la próstata, etc. Estos dos isótopos,
por su vida media tan corta, son introducidos directamente al
organismo y ahí residen hasta que terminan de decaer.
I X . E L C A S O D E L A
S E Ñ O R A G A R C Í A
HASTA este momento hemos descrito las principales características
de la radiación y su uso en la medicina. Creemos oportuno narrar de
manera anecdótica una de las miles de experiencias que se viven a
diario en todas las clínicas oncológicas del mundo y que representa
uno de los empleos más importantes de la radiacián al servicio de la
vida. Este capítulo ha sido escrito en un lenguaje sencillo, con el
doble propósito de interesar al lector en la historia y de que analice
algunos de los conceptos científicos y técnicos adquiridos durante la
lectura del libro. El caso que se presenta ilustra cómo la investigación
científica pura e interdisciplinaria ha permitido que enfermedades
incurables hasta hace unos años, hoy en día puedan ser controladas y
así aumentar la esperanza de vida de toda la población.
UN CASO DE LA VIDA REAL
La señora Josefina García, de 40 años, espera nerviosa su turno. La
sala de espera de la clínica, con su iluminación artificial le impide
adivinar si ya oscurece en la ciudad. Finalmente se ha decidido a
consultar al médico, gracias a los buenos consejos de una vecina. En
los últimos meses ha tenido sangrados y escurrimientos vaginales
que no son normales y no puede explicar.
La secretaria le avisa que es su turno y pasa con el doctor Pérez
Martínez, especialista en ginecología. Después de un interrogatorio
minucioso sobre sus síntomas, el facultativo se dispone a realizar un
examen médico, para lo cual le pide a la paciente que pase al cuarto
de examen, se quite su ropa y se ponga una bata desechable. El
examen es cuidadoso y completo, empezando por la cabeza y el
cuello y terminando con un reconocimiento ginecológico. Para este
examen, en una mesa especial, la enfermera coloca a la paciente en
posición ginecológica que facilita el examen de los genitales
externos. Luego, el médico, con sus manos enguantadas, introduce
sus dedos a través de la vagina y el recto para identificar
cuidadosamente, al útero y los ovarios. Con esto se busca detectar
alguna anormalidad que explique los trastornos que presenta la
paciente. Después introduce un espejo vaginal que le permite
observar el cuello uterino, en donde observa la existencia de un tejido
que sangra fácilmente. Con unas pinzas especiales toma un pequeño
fragmento del tejido para un estudio posterior con el microscopio.
Esta muestra la coloca en un frasco que contiene formol para que el
pedacito de tejido no se descomponga.
Una vez terminado el examen, la señora García pasa al vestidor y el
doctor Pérez a su escritorio, en donde consigna sus hallazgos en el
expediente. También anota una lista de estudios necesarios para
conocer el diagnóstico de la paciente y su estado general de salud,
pues esta información será básica durante el tratamiento que se
recomiende.
La señora García recibe todas sus indicaciones, entre ellas la de llevar
de inmediato el fragmento del tejido del cuello uterino al laboratorio
de anatomía patológica para que se realice el examen histopatológico
de la muestra. "¿Cómo me encontró?", pregunta la paciente con algo
de timidez. "Obviamente usted no está muy bien y por eso tiene los
síntomas que me ha referido. Cuando tengamos los resultados de
todos estos estudios estaré en condiciones de darle una información
completa y proponerle el tratamiento más adecuado. Pero sí puedo
anticiparle que, aun en el peor de los casos, podremos ofrecerle un
tratamiento capaz de curarla." En este momento la paciente se atreve
a preguntar: "¿Tengo cáncer?" El médico responde: "No lo podemos
asegurar hasta que no conozca el resultado de la biopsia, pero
encontré en el cuello de su matriz un tejido sospechoso. Le repito que
usted ha venido a tiempo para poder curarla, aunque el resultado de
la muestra sea positivo. Vaya tranquila, señora, pues con los estudios
estaremos en condiciones de resolver satisfactoriamente su
problema."
Terminada la consulta, y después de pagar los honorarios, la señora
Josefina abandona la clínica, preocupada por lo que dijo el médico,
pero aliviada por haberlo consultado en el momento oportuno.
Al día siguiente se presenta en ayunas a primera hora en el
laboratorio y pacientemente se somete a los exámenes y sus
respectivos tiempos de espera. La biometría hemática es un examen
de sangre que determinará una posible anemia, como también la
presencia de un proceso infeccioso agregado. En la química
sanguínea, el segundo análisis, se estudian determinados elementos
para conocer el funcionamiento de los riñones y detectar una posible
condición diabética. El examen general de orina complementa la
información de los análisis anteriores, y el de las heces fecales es
importante para descartar procesos parasitarios. La lista de exámenes
incluía dos tipos de radiografías. La primera, torácica (que muestra
al pulmón y al corazón), es rutinaria para todo paciente que presente
un tumor. La otra, la urografía excretora, informa sobre el
funcionamiento de los riñones y en ella se puede observar si existe
algún obstáculo en el trayecto de la orina desde el riñón a la vejiga,
lo cual es frecuente en las pacientes con tumores avanzados del
cuello de la matriz. Todo esto lo aprendió la señora Josefina
conversando con las jóvenes tecnólogas que la atendieron.
Después de cuatro horas y media en el laboratorio y en el gabinete
de rayos X, y unos miles de pesos menos en su bolsa, la señora García
emprende el regreso a su hogar donde la espera el trabajo diario de
madre y ama de casa.
Un par de días más tarde, con los resultados de los estudios
practicados, la paciente regresa con el doctor Pérez Martínez. Este la
recibe atentamente, como es su costumbre, la interroga sobre su
estado de salud en los últimos días y lee los informes clínicos. Su
rostro amable se torna grave. "Señora García, estos resultados
confirman la sospecha de cáncer cérvico-uterino." El corazón de la
paciente pareció encogerse y un escalofrío la recorrió de pies a
cabeza. "¡Cáncer! Y mis hijos aún pequeños, ¿qué será de ellos si yo
muero?" Miles de pensamientos se atropellaban en su mente y por
unos segundos perdió la noción del lugar donde se encontraba. La
voz del médico la obligó a volver a la realidad de la consulta. "Tal
como se lo he mencionado, afortunadamente usted vino tan pronto
notó que algo andaba mal, su enfermedad no está avanzada y estamos
seguros de que con un tratamiento con radiaciones usted quedará
curada. Es posible que usted dude acerca de cuál es el tratamiento
más adecuado, pues existen dos posibilidades: cirugía o radioterapia.
Quiero señalarle que, en términos generales se puede afirmar que
ambos procedimientos son efectivos y que, en mujeres muy jóvenes,
con un cáncer incipiente, se prefiere la cirugía. Esto, porque se puede
proteger por lo menos un ovario y mantener la vagina con un
funcionamiento normal. Para mujeres ya cercanas a la menopausia,
o con un cáncer no incipiente, la radioterapia constituye el
procedimiento más apropiado. Es importante que sepa que a
consecuencia del tratamiento se suspenderán sus menstruaciones y
ya no podrá volver a embarazarse. Si usted está de acuerdo, quiero
que se presente en el departamento de radioterapia mañana mismo,
para comenzar su atención." Al bajar las escaleras del edificio, diez
minutos más tarde, una lágrima rodaba por la mejilla de la señora.
La señora Josefina García fue recibida en el Departamento de
Radioterapia del Hospital Central, donde se la sometería a un
tratamiento con radiación. El médico radioterapeuta revisa todos los
estudios practicados y vuelve a examinar a la enferma confirmando
lo señalado por el ginecólogo. Inmediatamente después mide los
diámetros anteroposterior y lateral de la pelvis de la paciente y, en un
papel, dibuja el contorno de la enferma, señalando el volumen de
tejido que desea irradiar. Esta información la pasa al personal del
Departamento de Física del mismo hospital, donde realizarán el plan
del tratamiento estableciendo las puertas de entrada de la radiación,
su angulación y demás factores físicos que permitan la concentración
de la dosis en el volumen a irradiar, minimizando la radiación que
reciban los tejido sanos (Figura 7).
Figura 7. Planeación del tratamiento para una paciente con
cáncer cervicouterino que está irradiada con cobalto-60. Se
muestra un corte del cuerpo y tres posibles modalidades de
irradiación: a) irradiación con dos campos opuestos; b)
irradiación con tres campos; c) irradiación con tres campos, más
filtros de cuña para concentrar la dosis en la zona del tumor. Los
números en las curvas indican valores relativos de la dosis. El
plan más adecuado es el 7 (c) pues se obtiene una dosis
homogénea en un volumen importante de la pelvis.
Este tratamiento será con radiación externa de cobalto-60 y lo
recibirá diariamente, de lunes a viernes, durante 4 semanas. Al
finalizarlo, la enferma se deberá hospitalizar para que se le aplique
material radiactivo intracavitariamente, en su matriz, con lo que
aumentará la dosis a la parte central y punto de partida del tumor
(Figura 8), lo cual aumentará también las probabilidades de curación.
a)
Figura 8. a) Radiografía y b) distribución de dosis para el
tratamiento de cáncer cervico-uterino con material radioactivo
intracavitatorio. Las fuentes radioactivas se insertan a través de
los conductores largos observados en a). Los números en b)
indican los valores relativos de la dosis para un tratamiento con
cinco fuentes radiactivas.
Antes de iniciar el tratamiento, la señora Josefina es informada sobre
posibles molestias futuras, pero no se le dice más para evitar
sugestionarla. Hay ocasiones en que las pacientes toleran todo el mes
de irradiaciones sin ningún tipo de trastorno. De cualquier manera,
la enferma deberá pasar a consulta semanal con el medico
radioterapeuta para que él evalúe la tolerancia al tratamiento, solicite
los estudios de control necesarios y prescriba los medicamentos
apropiados para facilitar el bienestar de la enferma en esta etapa.
Una vez completada esta primera fase, se le practica una radiografía
de control a la paciente en donde se visualiza el volumen de tejido
que se va a irradiar y, una vez verificado que todo está correcto, se
inicia el tratamiento.
La señora García, en una camilla, queda colocada debajo del aparato
que contiene al cobalto-60. A una distancia de medio metro sobre su
abdomen se ubica el cabezal del aparato irradiador, que parece un
gran cilindro de metal verde. En un momento dado, ve salir a las
enfermeras de la sala, escucha cerrarse una puerta y luego percibe un
ruido metálico proveniente del irradiador. La señora García está
completamente sola dentro de la sala de tratamiento. Durante varios
minutos pareciera que no ocurre nada. Su vista se fija en el techo y
su pensamiento vuela a su familia. Nuevamente escucha el ruido del
aparato. Una enfermera aparece a su lado y sonriendo le dice que ya
terminó la irradiación, que puede vestirse, y que la esperan al día
siguiente. La señora Josefina camina tambaleándose, más por la
emoción que por algún malestar físico.
Cada día que pasa, doña Josefina llega más tranquila y empieza a
familiarizarse con el lugar y el personal que la atiende. Hay días en
que el tratamiento la angustia, y la paciente se cubre con una coraza
mental que pareciera protegerla y permitirle controlarse hasta que
acaba la irradiación.
La tolerancia al tratamiento ha sido muy buena durante la primera
semana, lo que la hace llegar optimista a su consulta de control.
Después de informarle al médico que todo evoluciona sin
contratiempo, la paciente se decide a preguntarle sobre la anunciada
hospitalización al final del mes. El doctor responde que el
tratamiento intracavitario será exactamente como un examen
ginecológico, sólo que se le dejará una sonda adentro del útero y dos
"aplicadores", que parecen caniquitas, uno a cada lado del cuello
uterino. Estos aplicadores no contienen todavía material radiactivo.
Se insertan y se lleva a la enferma al gabinete de rayos X, donde se
tomará una radiografía para comprobar que estén en una posición
correcta (Figura 8). Después de este control, la paciente regresará a
su cuarto, donde se le introducirá, sin molestias, el material
radiactivo al interior de los aplicadores. El doctor le explica que
mientras se encuentre hospitalizada, con el material radiactivo en su
interior, no deberá recibir visitas, ya que ese material estará
emitiendo radiación y no es justo exponer innecesariamente a otras
personas.
Con esta explicación detallada, la señora García se siente más
tranquila y recibe el resto del tratamiento sin angustia. Al llegar el
momento de la aplicación intracavitaria, que se realiza sin anestesia,
el médico la felicita pues el tumor, para esas fechas, prácticamente
ha desaparecido. La estancia hospitalaria resulta un poco molesta
para doña Josefina, pues las enfermeras que siempre se habían
mostrado amables y dispuestas a acompañarla cuando ella lo
necesitaba, en esta ocasión reducen al mínimo el tiempo que pasan
junto a la paciente, para no irradiarse innecesariamente. En
ocasiones, la señora García se siente impotente para resolver sus
problemas por sí sola.
Se completan todas las fases del tratamiento y la señora García
regresa a su hogar. Recibe instrucciones para presentarse a consulta
en un mes más, fecha en que se iniciarán las sesiones clínicas de
control que deberá mantener durante toda su vida. Aunque las
posibilidades de curación sean buenas, en ocasiones hay recaídas que
conviene diagnosticar oportunamente para realizar otro tratamiento
que rescate la vida de la paciente.
Durante los primeros días en su casa, doña Josefina siente algunos
trastornos rectales y de la vejiga que desaparecen en 10 ó 15 días, de
acuerdo con lo que el médico le había anunciado. Por fin se cumple
el mes y, nuevamente con angustia, va a recibir el veredicto.
Pasa con el médico. Éste la interroga sobre las molestias sentidas
recientemente y luego le practica un examen ginecológico. Una vez
terminado, sonriendo le dice: "El tumor ha desaparecido totalmente,
no existe ninguna evidencia de enfermedad." La señora García recibe
emocionada las felicitaciones sinceras del facultativo.
Doña Josefina García regresa una vez más a su hogar, llena de
optimismo y felicidad por las buenas noticias. Mientras va en el
autobús piensa acerca de las maravillas de la ciencia moderna y los
cientos o miles de científicos que en el curso de la historia han
realizado los progresos que permitieron que ella y miles de personas
como ella, puedan recuperar su salud y seguir siendo útiles a su
familia y a la sociedad. Al llegar a casa y dar la noticia a su esposo y
a sus hijos, ese día se convierte en una fiesta familiar.
REFLEXIONES FINALES
Al quedarse solo después de la consulta, el doctor Pérez Martínez
reflexiona sobre el caso de su paciente. Fueron muchos los factores
que determinaron el resultado satisfactorio en este caso. En primer
lugar, la detección temprana de la lesión, aun ya con manifestaciones
clínicas, permitió un tratamiento con buenas probabilidades de
curación. Sí el cáncer cérvico-uterino es detectado aun antes de que
existan manifestaciones de la enfermedad o daño visible a los tejidos,
la probabilidad de curación se acerca al 100%. (Este diagnóstico
temprano se consigue con el llamado examen Papanicolaou.) A
medida que la enfermedad avanza, se requieren procedimientos más
agresivos, molestos y costosos para los pacientes, que a pesar de ello,
disminuyen la probabilidad de curación.
En segundo lugar, los avances recientes en las técnicas de obtención
de imágenes del interior del cuerpo humano (ultrasonido, TAC,
resonancia magnetica y PET, entre otras), hacen factible lograr gran
precisión en el diagnóstico de una enfermedad y en el control del
tratamiento aplicado. En el caso de la terapia intracavitaria descrita
en el relato, el contar con técnicas de imágenes permitió que después
de verificar radiográficamente la adecuada posición de los
aplicadores, se introdujeran las fuentes radiactivas en el cuello
uterino, De esta manera, el médico pudo colocar los aplicadores
vacíos, sin tener que preocuparse por exponerse a la radiación. Así
se obtuvo una óptima ubicación para aplicar la dosis adecuada.
Además, la inserción diferida del material radiactivo eliminó la
posibilidad de una irradiación totalmente innecesaria al personal
encargado de los cuidados hospitalarios de la paciente (que pueden
llegar a ser más de diez personas).
Las fuentes radiactivas actuales, debido a la pureza que se puede
lograr en su composición, son de un tamaño muy reducido, por lo
que no es molesta su inserción intracavitaria. Esto, aunado al hecho
de que la radiación externa actual no produce dolor, hace mucho más
tolerable para la paciente este tratamiento que la cirugía.
Las radiografías de la zona del tumor permiten también planear con
precisión el tratamiento de irradiación externa. Este trabajo,
mostrado anteriormente en la figura 7, requiere conocer las
características del haz de radiación a emplear, así como su
interacción con los diversos órganos y tejidos que resultarán
irradiados. Esta información ha sido acumulada a lo largo de muchos
años de investigación en física y en radiobiología.
El desarrollo científico y tecnológico han permitido salvar la vida a
la señora García.
X . O T R O S U S O S D E L O S
R A D I O I S Ó T O P O S Y D E
L A R A D I A C I Ó N
ADEMÁS de las aplicaciones médicas ya descritas existe una infinidad
de actividades agrícolas, industriales y científicas en que se utiliza la
radiación. Estas técnicas se basan generalmente en los mismos
principios que las aplicaciones médicas: la propiedad de los
radioisótopos de emitir radiación penetrante que permite "seguirle la
pista" al elemento radiactivo y la propiedad de las dosis altas de
radiación para producir cambios en la estructura celular de los
organismos irradiados. Este capítulo describe algunos de los logros
obtenidos con el uso de la radiación en agricultura, hidrología,
industria, investigación biomédica, esterilización de material médico
e irradiación de alimentos. Al final del capítulo se discute el uso de
la energía nuclear en la generación de electricidad.
USO DE TRAZADORES
Cuenta la historia que la primera utilización práctica de un elemento
radiactivo como trazador ocurrió en 1911, en una pensión de
Manchester, Inglaterra. Uno de los huéspedes, llamado George de-
Hevesy, trabajaba como ayudante en un laboratorio en que se
experimentaba con los radioisótopos, recientemente descubiertos.
Cada noche, al servirse la comida que preparaba la dueña de la
pensión, al parecer con esmero, a De-Hevesy le asaltaba la sospecha
de que le estaban dando sobras de los días anteriores.
Conociendo las propiedades de los radioisótopos, se le ocurrió
agregar una pequeña cantidad de un elemento radiactivo a los restos
de su comida. Al día siguiente llevó a la pensión un electroscopio,
instrumento sensible a la radiación; cuando el menú se repitió, acercó
el electroscopio al plato y comprobó que la comida emitía radiación.
Entusiasmado, intentó explicarle su descubrimiento científico a la
dueña quien desgraciadamente fue poco receptiva a las palabras
entusiastas y... De-Hevesy tuvo que buscarse inmediatamente otra
pensión. George de-Hevesy continuó trabajando en el tema y en 1943
obtuvo el premio Nobel de Medicina por sus aportes al campo del
uso de radioisótopos como trazadores.
Una de las aplicaciones más interesantes de los radioisótopos como
trazadores corresponde al estudio del aprovechamiento de los
fertilizantes en las plantas. La importancia de este conocimiento es
tanto económica como ecológica. Para los países en vías de
desarrollo, la compra de fertilizantes significa un desembolso anual
de grandes sumas de dinero generalmente divisas pues muchos
de los fertilizantes son importados. Además, el uso excesivo o
inadecuado de un fertilizante puede dañar al medio ambiente. Lo
ideal es conocer, con precisión, la cantidad de fertilizante que se debe
aplicar a cada tipo de cultivo y en qué forma, para lograr un máximo
aprovechamiento.
La técnica de trazadores radiactivos consiste en incorporar al
fertilizante un radioisótopo (por lo general fósforo-32), aplicar el
fertilizante y, posteriormente, detectar la radiación emitida por el
fósforo-32 para seguirlo en su camino metabólico dentro del vegetal.
Estas observaciones permiten determinar qué cantidad de fertilizante
llega a la planta y cuánto se desperdicia en el terreno. El uso de
radioisótopos es la única manera para saber cuál es fósforo
proveniente del fertilizante y distinguirlo del que la planta absorbe
naturalmente del suelo donde crece.
Entre los logros de la técnica del fósforo-32 como trazador se puede
mencionar un estudio en que participaron varios países en vías de
desarrollo. El trabajo demostró que el fertilizante fosfatado, ya fuera
depositado directamente sobre la superficie del suelo, o mezclado
con éste, suministraba a las plantas de arroz más del doble de fósforo
que si se depositaba a 10 cm de profundidad entre las filas de plantas.
Resultados como éste han permitido ahorrar grandes cantidades de
fertilizante sin disminuir la productividad de cultivos esenciales para
la alimentación de millones de personas.
Los estudios hidrológicos comprenden, entre otros, la medición de la
cantidad de agua caída en forma de lluvia y nieve, las características
de los depósitos acuíferos subterráneos, la determinación del flujo de
los ríos y arroyos, la medición de pérdidas de agua de presas, canales
o lagos, y la comprensión de la dinámica de lagos y reservas. En estas
investigaciones los análisis isotópicos prestan una ayuda
insustitutible por la información que brindan de los isótopos
presentes naturalmente en el agua y acerca del uso de elementos
radiactivos agregados a aquella para un fin específico.
Esta última técnica consiste en inyectar una cantidad conocida de un
radioisótopo al volumen de agua que se desea estudiar y,
posteriormente, seguir la pista del elemento radiactivo determinando,
a partir de la evolución de la concentración del radioisótopo, ciertas
características del sistema acuífero. En el caso de fuentes de agua
subterránea, el empleo de trazadores radiactivos permite conocer el
contenido y el origen del agua, la velocidad y dirección del flujo, la
relación entre el depósito y las aguas superficiales, las posibles
conexiones entre acuíferos, etc. Uno de los radioisótopos más usados
en estos estudios es el tritio (hidrógeno-3). Las técnicas actuales
permiten reconocer un átomo de tritio en 1018 átomos de hidrógeno
(uno entre un millón de millones de millones), por lo que la cantidad
de tritio inyectada al medio acuático durante el estudio es sumamente
pequeña.
El estudio de isótopos naturales presentes en el agua se basa en la
capacidad técnica de detectar pequeñísimos cambios en la
concentración de deuterio (hidrógeno-2) y de oxígeno-18, ambos
presentes naturalmente en el agua junto a los isótopos más
abundantes hidrógeno-1 y oxígeno-16.
Existen varios procesos naturales que afectan la composición
isotópica del agua (es decir, la proporción en que se encuentra cada
uno de los isótopos de un elemento en la muestra). Durante la
evaporación y condensación del agua, necesarias para la formación
de nubes y producción de lluvias, los isótopos más pesados se hacen
más escasos. Las moléculas de agua (H 2O) formadas por átomos de
los isótopos livianos (hidrógeno-1 y oxígeno-16) son más volátiles
que aquéllas constituidas por los isótopos pesados (hidrógeno-2 y
oxígeno-18), por lo que el vapor de agua formado en la evaporación
de los océanos contiene una fracción menor de hidrógeno-2 y
oxígeno-18 que el agua del mar donde se origina. Como
consecuencia de este fenómeno, lluvias sucesivas de un mismo vapor
de agua original contendrán cada vez menos isótopos pesados. Estas
diferencias se pueden medir, y los resultados se usan para determinar
el origen del agua en los acuíferos, identificar conexiones entre lagos
y aguas subterráneas, velocidad de flujos, etcétera.
Otro proceso natural que cambia la composición isotópica del agua
es la condensación del vapor en diferentes temperaturas y altitudes
(el contenido del isótopo pesado disminuye con la altura). Este
último efecto es muy útil pues permite identificar la zona de donde
proviene el agua de un depósito. Las variaciones observadas son de
un 0.3% de disminución de oxígeno-18 y 2.5% de disminución de
hidrógeno-2, por cada 100 metros de aumento en la altitud del lugar
donde se produce la condensación.
Un ejemplo de la aplicación de estas técnicas lo constituye un
proyecto realizado en la llanura costera de Nicaragua, entre el
Océano Pacífico y una cordillera con cimas de 1 700 m de altitud,
situada a 20 km de la costa. Se deseaba conocer el origen de los
depósitos de agua del llano, una superficie de 1 100 km², a unos 200
m de altura sobre el nivel del mar. Los estudios de concentración
isotópica mostraron que las aguas poco profundas de la llanura
recibían el líquido localmente, mientras que el agua de los pozos
profundos se originaba en la lluvia caída en las montañas, a más de
300 m de altitud. Estudios similares dentro de América Latina se han
efectuado en Brasil, Guatemala, Jamaica y México.
En la industria es posible agregar radioisótopos a un proceso y seguir
su avance para estudiar algunos problemas industriales como el
grado de mezcla de fluidos, polvos o gases, la eficiencia de la
filtración en ventilación, la velocidad de flujo en tuberías, la
detección de fugas en tubos subterráneos y el control de cables que
transportan gases.
INVESTIGACIÓN BIOMÉDICA
En la actualidad casi todas las áreas de la investigación biomédica
utilizan elementos radiactivos como trazadores; esto ha hecho que se
descubran las vías metabólicas por las cuales se transportan las
sustancias en el organismo. En el área de la farmacología, la
posibilidad de marcar tanto los medicamentos como los tóxicos,
permite seguirlos y así conocer cómo actúan, dónde se acumulan y
qué tejidos pueden aliviar o dañar. Mencionamos brevemente que el
estudio de los oncogenes (genes que, se piensa, pueden causar
cáncer) se realiza marcando el ADN con elementos radiactivos.
MUTACIONES INDUCIDAS EN SEMILLAS
En el capítulo referente a los efectos genéticos de la radiación se vio
que es posible inducir mutaciones en el material genético de un
organismo, las que ocasionarán cambios en alguna de las
características de los descendientes. Al irradiar semillas para inducir
mutaciones se espera producir cambios genéticos que resulten
benéficos para el cultivo de las plantas, como sería una mayor
resistencia a alguna enfermedad específica, mejor adaptación a
ciertas condiciones ambientales, o un mayor rendimiento en las
cosechas. Como no es posible controlar una irradiación para que sólo
produzca mutaciones beneficiosas, ni mucho menos escoger la
característica que deseamos modificar, los experimentos en que se
inducen mutaciones en semillas son extremadamente largos. Miles
de semillas antes de ser plantadas, son irradiadas con rayos gamma o
neutrones y, posteriormente observadas para identificar las
mutaciones que podrían ser beneficiosas. Actualmente, las mejores
variedades de cebada que se cultivan en Europa, el trigo cultivado en
Italia y el arroz cultivado en California, provienen de mutaciones
inducidas.
Un ejemplo de este uso de la radiación es el desarrollo, en Hungría,
de una variedad de arroz resistente a una enfermedad altamente
dañina. Se decidió comenzar a experimentar con arroz Cesariot, una
variedad usada en Francia que presentaba una conocida resistencia a
la enfermedad. Sin embargo, el clima húngaro no es igual que el
clima francés y el arroz Cesariot se tardaba demasiado en madurar y
no se conseguían buenas cosechas. Con radiación se intentó inducir
en la semilla Cesariot una mutación genética que acelerara la
maduración sin perder la resistencia a la enfermedad. Muestras de
semillas se irradiaron con diversas dosis de rayos gamma y neutrones
de alta energía. Se plantaron las semillas irradiadas y se observaron
las dos primeras generaciones para seleccionar aquellas plantas que
producían flores antes que el resto. Uno de los mutantes producido
con irradiación de neutrones, florecía tres semanas antes que el arroz
Cesariot. Estas semillas se plantaron y las plantas producidas
mantuvieron esta característica. A esta línea se le llamó Cesariot
temprano, unos años más tarde ya estaba comercialmente disponible
en Hungría para su cultivo.
Muchos otros mutantes se utilizan actualmente para alimentar a la
población mundial. Algunos de éstos son cereales de alto
rendimiento que forman parte de la "Revolución verde". Las espigas
de estas variedades son cortas y duras, de manera que el uso de
fertilizantes se traduce en un incremento del grano, en vez de que
crezcan las hojas o los tallos.
ESTERILIZACIÓN
Las técnicas de esterilización buscan causar un efecto benéfico a
través del uso controlado de una gran cantidad de radiación. Nos
referiremos a la esterilización de insectos dañinos, a la destrucción
de gérmenes en materiales de uso médico y a la preservación de
alimentos.
Se estima que las pérdidas agrícolas debidas a la presencia de ciertos
insectos alcanzan el 10% de la cosecha total. En el nivel mundial,
esto equivale a perder la producción de todo un país como Estados
Unidos. Tradicionalmente se han utilizado sustancias químicas para
controlar las poblaciones dañinas, pero, después de algunos años de
uso se ha observado que, por un lado, los insectos se han vuelto
resistentes a los insecticidas, y por otro, los residuos venenosos que
quedan en las frutas y hortalizas resultan dañinos para el medio
ambiente.
Existe una técnica de esterilización de insectos, en la que se usa
radiación ionizante, que ha demostrado su utilidad en varias
ocasiones. Consiste en irradiar una gran cantidad de insectos con
dosis suficientemente altas como para volverlos estériles, es decir,
incapaces de reproducirse. Estos insectos son liberados en las zonas
infestadas por sus propios congéneres, así, al aparearse con los
insectos de la plaga no se producirá descendencia. La liberación
repetida de insectos estériles logra reducir considerablemente el
tamaño de la población. La radiación que se emplea atraviesa los
insectos y los esteriliza, sin dejarlos radiactivos, por lo que las
moscas liberadas no producen ninguna irradiación del medio
ambiente.
Uno de los ejemplos más espectaculares del uso exitoso de esta
técnica es la erradicación de la mosca del Mediterráneo, en territorio
mexicano, hace unos 10 años. En 1977 llegó a México, por el sur,
una de las pestes agrícolas más serias: la mosca del Mediterráneo.
Esta mosca es dañina para unas 200 plantas frutales y ha causado
pérdidas cuantiosas en varios países. Apenas la hembra ha sido
inseminada busca un fruto u hortaliza para depositar sus huevos. Una
vez que encuentra un huésped apropiado, la mosca inserta un aparato
anatómico con forma de jeringa bajo la cáscara del fruto y deja allí
sus huevos. En un par de horas salen larvas de los huevos y éstas
comienzan a alimentarse del fruto que rápidamente se pudre. Una
semana más tarde, las larvas migran a la superficie del fruto y,
finalmente, se establecen en el suelo o en desperdicios orgánicos,
donde se transformarán en insectos adultos listos para reproducirse.
La vida de la hembra dura un mes y a lo largo de ella pone entre 200
y 300 huevos. Tomando en cuenta las limitaciones en la cantidad de
alimento disponible, se estima que unas 1 000 hembras pueden
producir más de un millón de descendientes en tres generaciones.
Con estas cifras, la producción agrícola en un área de 30 000 km 2
(aproximadamente la superficie del estado de Yucatán o la mitad de
la República de Panamá) puede resultar infestada en sólo tres meses.
El programa llevado a cabo en México se llama "Moscamed" y tiene
como objetivos detener el avance de la mosca hacia el norte,
erradicarla de México, Guatemala y finalmente, de toda América
Central. El Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA) se
encargó del entrenamiento del personal necesario y desarrolló un
sistema para el crecimiento, irradiación con rayos gamma y
liberación de millones de moscas por semana. El proyecto en que
también participó la FAO (Food and Agriculture Organization),
requirió construir la "fábrica" que se muestra en la fotografía, para la
producción de las moscas estériles. En enero de 1981 se había
detenido la migración de la mosca y finalmente fue erradicada del
territorio mexicano donde ya había infestado tres millones de
hectáreas (una superficie mayor que el área total cultivada con frijol
en México) causando pérdidas por millones de dólares al año.
Actualmente se están utilizando moscas estériles en Guatemala y
México para protegerse de una reinvasión.
Edificio construido en Tapachula, Chis., para servir de "fábrica" de moscas
estériles del proyecto Moscamed.
Un uso ya rutinario de la radiación en grandes cantidades es la
esterilización de productos médicos, tales como algodón, guantes y
ropa de cirugía, suturas, jeringas, válvulas cardiacas, prótesis, etc.
Para algunos de estos productos, los métodos alternativos de
esterilización, como el calor o el vapor, no se pueden utilizar pues
destruirían las características del material. En estos casos, la técnica
más efectiva y barata resulta ser la irradiación con rayos gamma de
cobalto-60.
Los productos que se van a esterilizar son introducidos en paquetes
herméticamente sellados, impermeables a microorganismos. La
radiación gamma atraviesa el paquete e irradia todas las partes del
objeto que, mientras no se abra, la esterilización durará por tiempo
indefinido. Como la irradiación casi no aumenta la temperatura, los
objetos hechos de plástico no sufren daño térmico. En ocasiones, éste
es el único método para esterilizar preparaciones de origen biológico
y también polvos, pomadas o soluciones. El material irradiado no
queda activado (la energía de los rayos gamma es demasiado baja),
por lo que el usuario no recibe ninguna dosis al utilizar el material.
Un tercer ejemplo del uso de altas dosis de radiación (y que no
produce ninguna actividad en el producto irradiado) se refiere a la
preservación de alimentos. Grandes cantidades de alimentos se
desperdician, debido a que se descomponen rápidamente, en
particular en climas calurosos y húmedos o en comunidades que no
cuentan con refrigeradores u otros métodos para prolongar la vida de
un alimento, desde la cosecha hasta el consumo.
Desde hace 35 años se sabe que la radiación puede extender la vida
de ciertos alimentos. Los estudios realizados en varios países no han
detectado efectos nocivos asociados al consumo de esta comida, y es
así como hasta ahora unos 30 países han autorizado la
comercialización de productos comestibles irradiados. Los
estandares internacionales han sido establecidos conjuntamente por
la IAEA, la FAO y la Organización Mundial de la Salud.
Hongos irradiados con diferentes dosis de rayos gamma (los
números indican las dosis recibidas, en miles de rads). Se observa
que las dosis más altas mejoran la conservación del producto.
Existen varias técnicas de preservación de alimentos que difieren
según la cantidad de radiación utilizada. Se conoce como
radappertización (en honor de Nicolás Adapperte, el inventor de las
"conservas" en 1810) el método en que se usan dosis suficientes para
que el número de microorganismos en el alimento se reduzca
prácticamente a cero. En estos casos, la energía que recibe el
producto es 10 veces menor que aquella que sería necesaria para
preparar con él una conserva enlatada. Otra técnica consiste en
irradiar para interferir, no los procesos microbiales, sino ciertas
características fisiológicas del producto, como sería la inhibición de
brotes en las papas, ajos y cebollas, y el retraso en la maduración de
frutas.
Aproximadamente existen 30 irradiadores de alimentos en el mundo,
cuatro de ellos en América Latina (en Brasil, Chile, Cuba y Perú), y
los productos irradiados incluyen frutas y vegetales (papas, cebollas,
ajos, frutas secas, champiñones, fresas y mangos), especias y
condimentos, granos y harinas, carne y pescado (res semipreparada,
pollo, camarones) y productos para pacientes que requieran una dieta
estéril en su tratamiento médico.
ENERGÍA NUCLEOELÉCTRICA
El uso de energía nuclear en un reactor constituye una tecnología
totalmente diferente de las descritas previamente en este libro. Sin
embargo, debido a que el funcionamiento de un reactor produce
radiación que afecta a la vida, hemos considerado necesario incluir
un breve análisis sobre el uso actual de plantas nucleoeléctricas, sus
principales ventajas y desventajas respecto a otras alternativas
energéticas y las formas como la radiación de un reactor llega al
medio ambiente.
El desarrollo científico y tecnológico, particularmente en los últimos
100 años, han llevado a una gran parte de la humanidad a un nivel de
vida que requiere altos consumos de energía. La llamada sociedad
tecnológica actual gasta 20 veces más energía de lo que se gastaba
hace cientos de años para mantener a una sociedad de desarrollo
primitivo basada en la agricultura. Las mayores diferencias se deben
al uso de energía en el transporte, en la industria, en las técnicas
agrícolas modernas y en los usos domésticos. El 76% del consumo
energético actual ocurre en naciones industrializados, y el resto, en
países en vías de desarrollo. Paradójicamente, el 73% de la población
mundial, vive en países aún no desarrollados.
Un análisis sencillo de esta situación nos hace concluir que el
consumo mundial de energía continuará en aumento en el futuro
cercano. En primer lugar, la población mundial sigue creciendo,
sobre todo en los países más pobres. Estos son precisamente los
países que necesitan mejorar el nivel de vida de su población y, por
lo tanto, requerirán una mayor cantidad de energía disponible. Esta
energía se consume diariamente en iluminación, calefacción,
combustible para los vehículos de transporte y otros usos directos, y
también, de manera indirecta, al gastarla para producir los alimentos
y objetos de uso común. (La fabricación de un kilogramo de papel
consume la energía contenida en medio kilo de petróleo, y en la
construcción de una casa de 100 m2 se usa tanta energía como la que
se obtiene de 10 000 kilos de petróleo.) Por otro lado, los países
industrializados continuarán su progreso mejorando el nivel de vida
de sus sectores menos favorecidos, renovando áreas urbanas e
industriales a medida que el tiempo las vuelva obsoletas y todo esto
ocasionará aún mayores gastos de energía.
El 25% del uso total de energía en el mundo presente es para producir
electricidad. La producción de electricidad se realiza en una planta
eléctrica que utiliza un combustible para mover una turbina
conectada a un generador de electricidad. Las plantas termoeléctricas
queman petróleo o carbón y con el vapor producido se impulsa la
turbina. En una planta hidroeléctrica se usa la fuerza de una caída de
agua para mover la turbina generadora, y en una planta
nucleoeléctrica se aprovecha para el mismo efecto la energía que se
libera al fisionarse los núcleos de uranio. Existen otras fuentes de
electricidad, como es el aprovechamiento de la energía solar, de la
energía del viento y de los depósitos de agua y gases calientes en el
interior de la superficie terrestre, pero su contribución actual a la
producción total de electricidad es muy pequeña.
Hay dos aspectos principales que han hecho necesaria la inclusión de
un análisis sobre reactores en este libro. Uno es la producción de
residuos radiactivos durante el funcionamiento normal del reactor y,
el otro, es la posibilidad de un accidente en que se libere una gran
cantidad de sustancias radiactivas al medio ambiente. Una planta
nucleoeléctrica produce anualmente durante su funcionamiento
normal un volumen de dos metros cúbicos de desechos radiactivos
sólidos de alta actividad y 23 mil metros cúbicos de residuos sólidos
de menor actividad. Estos desechos son almacenados en
contenedores especialmente diseñados y permanecen bajo control
continuo. Como las vidas medias de algunas de estas sustancias
llegan a los miles de años, la contención de los desechos debe ser tal,
que se asegure que durante ese lapso no entrarán en contacto con
ninguno de los ciclos biológicos. Pequeñas cantidades de desechos
son liberados al medio ambiente durante el funcionamiento normal
de un reactor, pero bajo la estricta norma de no sobrepasar en un año
5 milirems de equivalente de dosis a ningún ser que viva en las
cercanías de la planta. Esta cantidad es menor que el 3% de los
valores de radiación recibidos de manera natural. (Esto se discutió en
el capítulo VII.)
Durante un accidente grave en un reactor nuclear, el interior de éste,
donde ocurren las reacciones de fisión del uranio, entra en contacto
directo con el medio ambiente y se libera parte del material radiactivo
ahí contenido. Los reactores comerciales (usados como plantas
generadoras de electricidad) han sido diseñados con múltiples
barreras de contención, de modo que, en caso de un accidente en el
interior, la radiactividad no encuentre un camino fácil para salir al
exterior. Durante el accidente de la Isla de Tres Millas en EUA en
1979, estas barreras ayudaron a evitar una dispersión importante del
material radiactivo. En el caso del reactor Chernobil, estas barreras
prácticamente no existían (el reactor se había diseñado para producir
el plutonio necesario en la fabricación de bombas nucleares, no como
planta nucleoeléctrica) y, tal como se explicó en el capítulo VII, en
esa ocasión la contaminación radiactiva fue de gran magnitud. Estos
accidentes son los más graves que se conocen en la industria
nucleoeléctrica. Son más de 400 los reactores que hoy funcionan en
26 países que acumulan unos 4 500 años-reactor de experiencia.
Pareciera que estas características de los reactores los harían
totalmente inaceptables como fuentes energéticas hoy en día. Sin
embargo, antes de sacar conclusiones, es necesario preguntarse sobre
la seguridad y las virtudes ecológicas de las otras fuentes de energía.
La generación de hidroelectricidad pareciera un método limpio y
seguro. Sin embargo, la construcción de grandes presas para la
acumulación del agua, en ocasiones representa un grave atentado al
equilibrio ecológico de la zona. Además, una presa siempre corre el
riesgo de colapsarse, ya sea durante un terremoto o por fallas
estructurales. Miles de personas han muerto en las avalanchas que
siguen a la destrucción de una presa, haya sido diseñada o no para
producir electricidad.
El carbón es probablemente el combustible que cuenta con mayores
reservas en nuestro planeta, a pesar de las grandes cantidades ya
consumidas. Sin embargo, la extracción del carbón en las minas es
sumamente peligrosa y ha cobrado miles de vidas de mineros que aún
en nuestros días mueren a causa de las explosiones de gas grisú, o
como consecuencia de inundaciones en el interior de los túneles.
Además, la combustión de carbón es muy contaminante. Se produce
humo, cenizas, óxidos de azufre y óxidos de nitrógeno. El 99% del
humo y las cenizas se pueden eliminar con un precipitador
electrostático, pero la fracción que queda, de tamaño menor que una
milésima de milímetro, fácilmente se instala en los pulmones. El
óxido de azufre se origina en el contenido natural de azufre del
carbón quemado y a través de una serie de reacciones químicas puede
transformarse en ácido sulfúrico o algún sulfato metálico que va a
depositarse en los pulmones de los individuos donde ejerce una
acción corrosiva. La famosa tragedia de Londres en los años
cincuenta, en que miles de seres humanos perdieron la vida a causa
de la contaminación, fue causada por la excesiva quema del carbón.
El siguiente contaminante asociado a la combustión del carbón son
los óxidos de nitrógeno que, se piensa, tienen un efecto carcinógeno
cuando se asocian con otras sustancias o moléculas de nuestro
cuerpo.
El uso del petróleo como combustible lleva asociado también una
serie de riesgos. Explosiones como la de San Juan Ixhuatepec,
México (San Juanico) ocurrida en 1985, en que murieron más de 500
personas o los graves accidentes de barcos petroleros en que vastas
áreas de tierra y mar resultan gravemente dañadas con la consecuente
muerte de miles de ejemplares de la flora y fauna, son noticia casi
regular en nuestros periódicos. Tan sólo durante 1989 ocurrieron
gravísimos derrames de petróleo, uno en Valdez, Alaska; otro en la
Antártida y al menos un par en zonas altamente habitadas en el Este
de Estados Unidos. Miles de kilómetros de playas se han inutilizado
por el aceite derramado y miles de especies animales y vegetales
resultaron afectadas. Sobre todo en Alaska y Antártida, se puede
sufrir un daño que no será reparable antes de que pasen algunas
décadas.
Un efecto ambiental común tanto a la combustión de carbón y de
petróleo es la producción de bióxido de carbono. Este gas no es
directamente dañino, pero causa el llamado efecto invernadero,
debido al cual la temperatura de nuestro planeta podría aumentar,
rompiendo el delicado equilibrio que mantiene a la vida tal como la
conocemos. En los últimos años se ha comenzado a observar cierta
evidencia climática de que el calentamiento pudiera ya haber
empezado.
Los datos aportados son una confirmación de que toda tecnología que
se aplique con exceso afecta al medio ambiente y lleva implícito un
riesgo. El beneficio de una amplia disponibilidad de energía no es de
ninguna manera gratuito y el precio que se debe pagar no se
contabiliza solamente en pesos o en dólares. Nuestra civilización ha
exigido del planeta recursos extraordinarios para poder llegar al nivel
de desarrollo que hoy conocemos. Pareciera que estamos
comenzando a observar el deterioro inevitable que nuestro progreso
ha causado en el suelo, aire, agua, flora y fauna que nos rodea. Los
accidentes que, además de las víctimas humanas, causan cada vez
más catástrofes ecológicas, son en su gran mayoría causados por
factores humanos: operadores de un reactor que realiza pruebas que
violan las reglas y medidas de seguridad, el capitán de un barco
petrolero que duerme borracho en su camarote en el momento en que
una mala maniobra causa el derrame del combustible transportado,
el uso de equipo industrial obsoleto al que no se le brinda el
mantenimiento apropiado, etc. La industria nucleoeléctrica comparte
la culpa con otras actividades de alto riesgo cuando ambas violan la
reglamentación destinada a evitar accidentes. Pero tanto una como la
otra son elementos indispensables en nuestra sociedad tecnológica.
Una mayor preocupación por el medio ambiente, además de una
selección rigurosa de aquellos individuos responsables de la
seguridad industrial, posiblemente disminuirá el efecto negativo, y
aparentemente inevitable, que nuestro bienestar causa al planeta.
X I . ¿ E S N E C E S A R I A L A
R A D I A C I Ó N P A R A L A
V I D A ?
LA HIPÓTESIS más aceptada hoy en día sobre el origen de los
procesos evolutivos que culminaron con la aparición del ser humano
sobre la Tierra sostiene que los compuestos orgánicos más simples
pudieron sintetizarse debido a la acción de diversas fuentes de
energía sobre precursores inorgánicos. Experimentos realizados en
los últimos 50 años han demostrado que es posible producir azúcares,
aminoácidos (que constituyen las proteínas), compuestos
nitrogenados y otras moléculas orgánicas a partir de sustancias
inorgánicas como el metano, el amoniaco, o el agua, irradiados con
luz solar intensa, descargas eléctricas, calor, radiación ultravioleta,
partículas alfa, beta y gamma, o bombardeo con electrones y
protones. Estos procesos pudieron haber ocurrido en las orillas
arcillosas de los charcos que formaban el paisaje primitivo de nuestro
planeta antes que existiera la vida. Se piensa que las moléculas
orgánicas se organizaron en gotitas microscópicas y que debido a la
continua exposición a la radiación natural incidente sobre la Tierra,
fueron transformándose en moléculas cada vez más complejas. Estos
sistemas pudieron aislarse del medio ambiente formando una
membrana. Después, constituirse en precursores de las células tal
como las conocemos actualmente y, por lo tanto, de la vida.
Hasta el momento, la teoría recién expresada sólo está parcialmente
avalada por experimentos. Se espera que en el futuro se puedan
reproducir en un laboratorio las condiciones que permitieron el
desarrollo biológico sobre la Tierra y así mejorar la comprensión de
los procesos que llevaron a la aparición de la vida. Sin embargo, con
la evidencia científica actual, sería dificil negar que nuestra
existencia depende, fundamentalmente, de materia y energía
originada en las estrellas. Así, la respuesta al título de este capítulo
debiera ser positiva.
No obstante, desearíamos insistir en el papel que desempeña la
radiación en nuestro mundo de hoy, el umbral del siglo XXI. Sin
duda, el mayor efecto del uso de la radiación ha sido y es la
posibilidad de obtener radiografías del cuerpo humano para realizar
diagnósticos médicos. Gracias a este procedimiento, no sólo se han
salvado millones de vidas humanas, sino que la esperanza de vida de
toda la humanidad ha aumentado. La radioterapia constituye el
tratamiento adecuado para un poco más del 50% de los pacientes con
cáncer, tanto como método curativo (complementario de la cirugía o
la quimioterapia), o como método paliativo que ayuda al bienestar
del paciente y en algunos casos a prolongar la vida útil de enfermos
con cáncer ya avanzado. Miles de enfermos han sobrevivido años que
han sido de gran valor para ellos y sus familias gracias a este uso de
la radiación.
Otros usos de la radiación fueron descritos en el libro. La mayoría de
ellos, por ejemplo el radioinmunoanálisis o la esterilización de
jeringas y algodón, nos han beneficiado directamente (en el instante
de necesitar un diagnóstico específico o la simple colocación de una
inyección) y lo más probable es que ni siquiera supiéramos que en el
método intervino la radiación. Estas y otras aplicaciones son parte de
nuestra vida actual y si prescindiéramos de ellas, bajaría la calidad
de vida que gozamos.
Es nuestra esperanza que el lector haya comprendido cuáles son las
normas de seguridad que deben ir asociadas con una exposición a la
radiación, de manera que pueda decidir si el beneficio de usarla es
mayor que el riesgo. Toda actividad moderna lleva un riesgo
asociado, desde salir a la calle a pie y tener que cruzar las calles,
arriesgándonos a que nos atropellen, hasta tomar un avión y
arriesgarnos a una caída. Cada vez que decidimos cruzar la calle o
viajar en avión estamos decidiendo que el beneficio es mayor que el
riesgo. Nuestra actitud frente a los usos de la radiación deberá ser
similar.
En este libro hemos explicado los efectos biológicos de la radiación
y hemos insistido en su probabilidad de ocurrencia. Para las dosis
bajas que recibe el público, ya sea al tomarse una radiografía, al volar
en jet, o al vivir cerca de una planta nucleoeléctrica, la probabilidad
de sufrir un efecto biológico negativo es muy pequeña si se la
compara con la probabilidad de daño asociada a otras actividades de
nuestra vida diaria. Por ejemplo, está demostrado que el tabaco
produce cáncer pulmonar y, sin embargo, suman millones los
fumadores. La probabilidad de morir a causa del tabaco es de un 30%
entre los fumadores. Esto quiere decir que, de un millón de
fumadores, 300 000 fallecen por enfermedades relacionadas con su
hábito. Otra actividad considerada normal es viajar en automóvil. El
número de víctimas de accidentes en la carretera indica que el riesgo
asociado a utilizar un auto es de 2%, es decir que de cada 10 millones
de automovilistas, 200 000 pierden la vida en accidentes.
En el capítulo VI, dedicado a los efectos biológicos tardíos de la
radiación en el ser humano, se calculó el riesgo de cáncer para una
ciudad de 16 millones de habitantes que utilizan radiación de acuerdo
con los promedios mundiales de dosis. El resultado que se obtuvo,
menos de 100 casos de cáncer anuales debido a la exposición,
principalmente a las radiografías, confirma que los usos comunes y
corrientes de la radiación no conllevan un riesgo mayor que el de
otras acciones aceptadas socialmente. El beneficio asociado a estos
usos sobrepasa con creces, el riesgo.
¿Por qué entonces el temor exagerado del público a usar la radiación?
Tal como se planteaba en la introducción, una causa es la pobre
calidad de la información que se publica. Esto se debe a una posible
ignorancia del tema por quienes efectúan los reportajes, pero también
a un interés comercial por vender más. Por desgracia, el público se
interesa más por conocer los desastres y las tragedias (reales o
posibles) que por informarse de hechos menos espectaculares. Las
noticias de caídas de avión o de dramas pasionales ocupan muchas
más páginas de periódico y minutos de televisión que la información
sobre asuntos de educación o de personalidades en el mundo actual.
Y el tema de los peligros de la radiación es muy comercial, sobre
todo debido a que el público se siente mal informado y se interesa
por conocer mas. En 1979 ocurrió un accidente sin que hubiera
ninguna víctima debido al reactor estadunidense de la Isla de Tres
Millas, y aún hoy, 10 años más tarde, por el solo hecho de tener que
ver con radiación, se recuerda cada año el aniversario en los medios
de comunicación del mundo entero. Otros hechos, que objetivamente
han producido más daño, como la tragedia de San Juanico en que
murieron cientos de mexicanos en una explosión de gas, no reciben
una cobertura periodística proporcional.
La radiación ha sido siempre parte de nuestra vida, y como tal, la
enseñanza de sus propiedades y del manejo cuidadoso que debe
dársele debería formar parte de la educación general que recibe la
población. Si así fuera, el temor infundado que se siente actualmente
disminuiría y, probablemente, algunas de las situaciones accidentales
debidas a la ignorancia no ocurrirían.
A pesar de que este libro está orientado hacia el análisis de los usos
benéficos de la radiación, sentimos necesario expresar nuestro
rechazo tajante al uso de este agente, como el de cualquier otro, para
fines bélicos y destructivos. Casi un siglo de investigaciones básicas
y aplicadas a cerca de la radiación nos han mostrado las posibilidades
que brinda su uso responsable y controlado. Así entendida, la
radiación ha colaborado en el logro de mejores condiciones de vida
para toda la humanidad.
G L O S A R I O
ADN (ácido desoxirribonucleico). Molécula en forma de hilos largos
que constituye los cromosomas y es responsable de almacenar la
información genética.
acelerador. Máquina usada para aumentar la energía cinética de las
partículas cargadas, acelerándolas con campos eléctricos.
actividad. Número de desintegraciones de un material radiactivo por
segundo. Se mide en Curies.
agente carcinogénico. Factor físico, químico o biológico, capaz de
inducir la transformación de una célula normal en célula cancerosa.
agente mutagénico. Factor físico, químico o biológico, capaz de
producir cambios en el ADN.
anticuerpo. Proteína producida por los animales en respuesta a una
proteína o carbohidrato extraños al organismo, con el fin de
activarlos.
anemia. Disminución de la cifra normal de glóbulos rojos o
hemoglobina en la sangre.
anemia aplásica. Anemia producida por daño a la médula ósea.
átomo. La porción más pequeña de un elemento que puede existir y
retener todas las características físicas y químicas del elemento.
Consiste en un núcleo con carga eléctrica positiva rodeado por uno o
más electrones con carga negativa.
bacteria. Microorganismo celular que se reproduce por mitosis.
Algunas bacterias son causantes de enfermedades, otras son
indispensables en la fijación del nitrógeno por las plantas, y otras
participan en la descomposición de la materia orgánica.
blindaje. Barrera de material que permite reducir la intensidad de las
radiaciones.
braquiterapia. Tratamiento terapéutico con fuentes radiactivas
ubicadas a corta distancia (pocos centímetros) o insertadas dentro del
tejido a irradiar.
cáncer. Crecimiento exagerado y anormal de células que pierden su
función y que son capaces de invadir otros tejidos y reproducirse en
ellos.
carga eléctrica. Propiedad de una partícula que le permite
interactuar a través de fuerzas eléctricas. Arbitrariamente se ha
asignado al electrón la carga negativa y al protón la positiva.
célula. Estructura básica que constituye a los organismos vivos.
Célula reproductiva: El óvulo o el espermatozoide. Célula somática:
Todas las células que no son reproductivas.
célula precursora. Células que en un tejido se encargan de formar a
las restantes que integran dicho tejido.
cérvico-uterino. Referente al cuello del útero.
ciclo celular. Ciclo de cambios que ocurren durante la replicación de
una célula.
citoplasma. Substancia localizada en el interior de la membrana
celular y que rodea al núcleo.
código genético. Información sobre las características de un
individuo, se encuentra codificado en el ADN.
cromosoma. Estructura en forma de hilo, constituido por ADN y
proteínas, contiene un conjunto de genes. El número de cromosomas
es característico de la especie.
cuello uterino. Parte inferior del útero.
Curie. Unidad de medición de la actividad de una muestra radiactiva.
Es igual a 37 mil millones de decaimientos radiactivos por segundo.
decaimiento radiactivo. Emisión espontánea de radiación por
núcleos radiactivos.
desecho radiactivo. Toda sustancia radiactiva que se produce como
consecuencia de un uso de la radiación o los radioisótopos y que no
es utilizada. Existen normas estrictas sobre el manejo de los desechos
para evitar que contaminen el medio ambiente.
dosímetro. Instrumento que mide la dosis absorbida.
dosis absorbida. Energía depositada por la radiación ionizante en
una unidad de masa en materia irradiada. Se mide en rads.
efectividad biológica. Factor de comparación entre las dosis
absorbidas de radiaciones diferentes que causan un mismo efecto
biológico. Vale uno para rayos X y gamma, y más de uno para otras
partículas.
electrón. Partícula elemental, con carga eléctrica negativa, que es
uno de los constituyentes del átomo.
elemento. Sustancia consistente en su totalidad de átomos con igual
número de protones en el núcleo.
embrión. Individuo en proceso de desarrollo a partir del óvulo
fertilizado y antes del nacimiento.
energía. Capacidad de efectuar un trabajo.
energía nuclear. Energía liberada durante una reacción nuclear,
resulta de la transformación de parte de la masa del núcleo atómico
en energía.
enzima. Proteína producida por las células, que actúa modificando
la velocidad con que ocurren las reacciones químicas que se llevan a
cabo en el organismo.
equivalente de dosis. Producto de la dosis absorbida (medida en
rads) y el factor de efectividad biológica. Se mide en rems.
espermatozoide. Célula reproductiva masculina.
estadística. La colección y el estudio de hechos numéricos o datos y
su interpretación en términos matemáticos, con referencia especial a
la teoría de probabilidad.
esterilización. Procedimiento que destruye la capacidad
reproductiva de un ser vivo.
fecundación. Unión de un espermatozoide con un óvulo.
fluctuación estadística. Variación en los valores observados en
fenómenos que ocurren al azar.
fluorescencia. Propiedad de ciertas sustancias que primero absorben
radiación de cierta energía y luego la emiten con una energía
diferente.
frecuencia estadística. Número de casos que presentan una cierta
característica, dentro de un número total de individuos observados.
Frecuencia basal: Frecuencia estadística natural o espontánea.
gen. Parte del cromosoma que contiene la información para cierta
característica hereditaria.
glóbulos blancos. Células maduras en la sangre que participan en la
defensa del organismo contra la invasión de microorganismos o
sustancias extrañas.
glóbulos rojos. Células maduras en la sangre que se encargan de
transportar el oxígeno a los tejidos.
Gray. Unidad de dosis absorbida, igual a 100 rads.
hemofilia. Enfermedad caracterizada por la excesiva fluidez de la
sangre; como ésta no coagula, el paciente puede fallecer por
sangrado.
hipótesis lineal. Suposición de que la magnitud de un efecto es
directamente proporcional a la magnitud de la causa.
hormonas. Sustancias específicas producidas por glándulas,
secretadas a la sangre y transportadas a todo el organismo.
ICRP. Comité Internacional de Protección Radiológica.
ion. Átomo o molécula con carga eléctrica positiva o negativa.
ionización. Formación de iones a partir de átomos o moléculas, para
lo cual es necesario transferir una determinada energía.
irradiar. Someter un cuerpo a algún tipo de radiación.
leucemia. Cáncer en el tejido encargado de formar la sangre.
linac. Acelerador lineal de electrones.
médula espinal. Tejido nervioso que se encuentra dentro del canal
de la columna vertebral, del cual salen o entran los nervios que
trasmiten las distintas sensaciones (dolor, olor, frío, etc.) y las
órdenes para los distintos movimientos de todo el organismo.
médula ósea. Tejido que se encuentra dentro de los huesos y que está
encargado de formar la sangre.
meiosis. Proceso de división específico de las células reproductivas,
consiste en dos divisiones sucesivas similares a la mitosis, pero los
cromosomas se duplican sólo una vez, de tal manera que el número
de cromosomas presentes en cada una de las cuatro células hijas es
la mitad del presente en la célula madre.
membrana celular. Organela que envuelve a la célula.
milirad. La milésima parte de un rad.
milirem. La milésima parte de un rem.
mitocondria. Estructura celular encargada de la produción de
energía.
mitosis. Proceso por el cual el núcleo de las células somáticas se
divide en dos después de haber duplicado el número de cromosomas.
Como resultado, las dos células hijas tienen el mismo número de
cromosomas que la célula madre.
molécula. Partículas que constan de dos o más átomos del mismo o
distinto elemento.
muón. Partícula elemental liviana, con una masa 207 veces la del
electrón, con carga eléctrica positiva o negativa.
mutación. Cambio en la constitución química del ADN.
necrosis. Muerte de los tejidos.
neutrón. Partícula constituyente del núcleo atómico, de igual masa
que el protón, sin carga eléctrica.
núcleo atómico. Parte central del átomo que contiene la mayor parte
de su masa, constituida por protones y neutrones, con carga eléctrica
neta positiva.
núcleo celular. Estructura central de la célula, que contiene a los
cromosomas y que, por lo tanto, controla las características
hereditarias de la célula y el organismo.
organelas. Estructuras que forman la célula.
organismo. Ser vivo.
órgano. Parte multicelular que constituye una unidad estructural y
funcional en un ser vivo.
óvulo. Célula reproductiva femenina.
papanicolaou. Estudio microscópico y por tinciones especiales de
las células desprendidas de los tejidos.
partícula alfa. Núcleo del elemento helio, formado por dos protones
y dos neutrones que es emitido espontáneamente y con gran energía
por algunos átomos radiactivos.
partícula beta. Electrón de gran energía emitido espontáneamente
por algunos átomos radiactivos. Este electrón es creado en el núcleo
durante la emisión.
PET (positron-emission tomography). Técnica que permite obtener
imágenes de planos del cuerpo, a partir de la emisión de electrones
positivos (positrones) por sustancias radiactivas inyectadas al
paciente. La información contenida en estas imágenes no es
solamente anatómica, sino también funcional.
placenta. Órgano que conecta al feto con el cuerpo de la madre y que
tiene a su cargo la nutrición del nuevo ser.
planta nucleoeléctrica. Reactor nuclear diseñado y operado para
producir energía eléctrica.
plaquetas. Células de la sangre que participan principalmente en los
mecanismos de coagulación. Su participación en otros procesos,
como el crecimiento tumoral, es un tema activo de investigación
actual.
proteína. Compuesto orgánico que constituye los tejidos de los seres
vivos.
protón. Partícula constituyente del núcleo atómico, con masa igual
a 1 836 veces la masa del electrón, y con carga eléctrica positiva.
rad. Unidad de dosis absorbida, igual a 100 ergs absorbidos en un
gramo de materia irradiada.
radiación. Energía en movimiento, puede consistir en ondas o
partículas atómicas o nucleares.
radiación artificial. Término usado para referirse a la radiación
producida por el ser humano.
radiación electromagnética. Radiación que consiste en ondas
asociadas a campos eléctricos y magnéticos. Se propaga a la
velocidad de la luz. Dependiendo de su energía, se le conoce como
ondas de radio, televisión, luz visible, luz ultravioleta, rayos X y
rayos gamma.
radiación ionizante. Radiación con la capacidad de causar, directa
o indirectamente, ionizaciones. Los protones, neutrones, electrones,
núcleos atómicos, rayos X y rayos gamma son radiacion ionizante.
radiación natural. Radiación presente en el ambiente, cuyo origen
es independiente de cualquier actividad humana. También se le llama
radiación de fondo.
radiactividad. Desintegración espontánea de algunos núcleos
atómicos, con la emisión de partículas alfa, beta y rayos gamma.
radiobiología. Rama de la ciencia que estudia los efectos de la
radiación en la materia viva.
radioisótopo. Núcleo radiactivo.
radiosensibilidad. Respuesta de un sistema biológico a los efectos
de la radiación. Se expresa como la magnitud o la rapidez de la
respuesta.
rayos cósmicos. Radiación proveniente del espacio, originada en las
estrellas.
rayos gamma. Radiación electromagnética de alta energía,
producida espontáneamente por algunos núcleos atómicos.
rayos X. Radiación electromagnética de alta energía, invisible y muy
penetrante. Su principal uso es obtener radiografias (imágenes del
interior del organismo).
reacción en cadena. Serie de fisiones del núcleo atómico que se
retroalimentan debido a que los neutrones de las fisiones anteriores
producen, a su vez, nuevas fisiones. Se utiliza en los reactores y en
las armas nucleares.
reactor nuclear. Aparato que permite aprovechar la energía
almacenada en los núcleos atómicos. La fisión de estos núcleos libera
energía que puede ser utilizada para generar electricidad. En este
caso se trata de un reactor de potencia, conocido como planta
nucleoeléctrica.
rem. Unidad de equivalente de dosis, igual al producto de la dosis
absorbida (en rads) por un factor de efectividad biológica.
resonancia magnética. Técnica de diagnóstico que utiliza las
propiedades del núcleo de hidrógeno en campos magnéticos para
obtener imágenes del interior del organismo.
ribosoma. Estructura celular encargada de la síntesis de proteínas.
sangre periférica. La sangre que circula por los vasos sanguíneos
irrigando todo el organismo.
Sievert. Unidad de equivalente de dosis, igual a 100 rems.
TAC (tomografía axial computarizada). Técnica de radiodiagnóstico
que obtiene imágenes de planos transversales al eje del cuerpo del
paciente. Esto se logra haciendo girar el aparato de rayos X alrededor
del cuerpo, en el plano de interés. La información es transformada en
imagen con la ayuda de una computadora.
tejido. Conjunto de células del mismo tipo asociadas para cumplir
una función.
tomografia. Técnica en que se usan rayos X para obtener imágenes
de planos distintos del cuerpo de un individuo, con fines de
diagnóstico.
tumor. Crecimiento excesivo y anormal de un tejido, de carácter no
inflamatorio.
ultrasonido. Sonido no audible de alta frecuencia, utilizado en varias
prácticas médicas de diagnóstico. Uno de sus usos más comunes es
para obtener imágenes del feto durante el embarazo. No es radiación
ionizante, por lo que el riesgo es mucho menor que una radiografia.
velocidad de la luz. Velocidad de propagación de todo tipo de
radiación electromagnética. Es la máxima velocidad posible para
cualquier partícula, según la teoría de la relatividad especial de
Einstein. Su valor medido es de 300 mil kilómetros por segundo.
vida media. Tiempo necesario para que la mitad de los núcleos de
un radioisótopo en una muestra decaigan emitiendo radiación.
virus. Microorganismo capaz de producir enfermedades. Sólo es
capaz de multiplicarse en el interior de una célula viva. Debido a su
tamaño reducido, los virus son visibles sólo con microscopios de
gran amplificación, como el de electrones.