Unidad 1: 1970–1980
Contexto histórico
Durante esta década, Argentina vivió una profunda inestabilidad política, marcada por la
alternancia entre gobiernos democráticos y dictaduras militares. En 1966, un golpe de
Estado dio origen a la llamada "Revolución Argentina", un régimen de facto caracterizado
por el autoritarismo, la censura, la represión política y la persecución a la protesta social.
En paralelo, se profundizó el proceso de industrialización por sustitución de importaciones,
con una marcada urbanización y un notable crecimiento demográfico, sobre todo en centros
urbanos como Rosario.
Contexto urbano
Rosario experimentó un notable crecimiento urbano, expandiéndose hacia la periferia pero
también densificando su tejido urbano consolidado, particularmente en el macrocentro. La
vivienda colectiva ganó protagonismo con la proliferación de edificios en altura en barrios
como Pichincha, Lourdes y Echesortu.
Este proceso de verticalización estuvo vinculado a la Ley de Propiedad Horizontal (1948),
que permitió subdividir jurídicamente los edificios en unidades independientes
(departamentos, cocheras, locales), con espacios comunes compartidos. Esta legislación
incentivó el mercado inmobiliario y consolidó la construcción masiva de vivienda en altura.
El crecimiento hacia el interior del tejido urbano produjo una transformación morfológica:
torres entre medianeras reemplazaron antiguas viviendas con jardín, afectando la calidad
del espacio intermedio barrial. A su vez, en la periferia emergieron barrios populares,
producto de la migración interna y de la ausencia de políticas habitacionales integrales.
Desde algunos sectores de la arquitectura, surgieron voces críticas que se oponían al
modelo especulativo de producción masiva. Estos estudios exploraban alternativas más
artesanales y contextuales, con materiales tradicionales y tiempos constructivos más lentos,
revalorizando el entorno inmediato y la escala barrial.
Planificación urbana
El plan regulador de la ciudad proponía una estructura urbana basada en componentes
estratégicos: el sistema portuario, ferroviario, vial, el aeropuerto, los centros urbanos y
recreativos, y el sistema de desagües. Se propuso trasladar el puerto hacia la zona sur,
consolidar una avenida costera y descentralizar funciones mediante la definición de nuevos
centros urbanos y recreativos.
Estas directrices respondían a una visión moderna del urbanismo, con énfasis en la
eficiencia de la circulación, la zonificación funcional y la estructuración territorial mediante
grandes infraestructuras.
Contexto arquitectónico
Predominó el Movimiento Moderno, que proponía una arquitectura funcional, austera, sin
ornamentos, con materiales expuestos como el hormigón armado, el ladrillo y el vidrio. En
edificios públicos y educativos, el brutalismo tuvo fuerte influencia, con formas potentes y
expresividad estructural.
Muchos arquitectos formados en los valores del Movimiento Moderno —inspirados por Le
Corbusier, Mies van der Rohe y Wright— comenzaron en los años 60 y 70 a revisar
críticamente ese paradigma, incorporando nuevos intereses: el contexto, la tectónica, la
atmósfera y la identidad local.
En contraste con los bloques anónimos de vivienda colectiva, algunos profesionales
encontraron en la vivienda unifamiliar un espacio de experimentación, más sensible al
entorno y a las prácticas cotidianas.
Unidad 2: 1980–1990
Contexto histórico y social
La década comenzó bajo la última dictadura cívico-militar (1976–1983), con una fuerte
represión estatal, desapariciones forzadas y control ideológico. Las universidades y
escuelas estaban intervenidas, y la vida cultural sufría censura. A pesar de ello, Rosario
mantenía una vida cotidiana resistente: trabajo, escuela, cine, club, misa.
En respuesta a la represión surgieron espacios clandestinos de formación conocidos como
“escuelitas”, donde docentes, militantes y jóvenes comprometidos mantenían viva la
educación, la cultura crítica y la organización barrial.
Con el retorno de la democracia en 1983, comenzó una paulatina reconstrucción de la vida
cívica y cultural, que en Rosario se tradujo en la reactivación de espacios culturales, peñas,
bibliotecas y centros barriales.
Contexto urbano y patrimonial
Durante esta transición, Rosario enfrentaba una crisis industrial debido al modelo
económico liberal impuesto por la dictadura: apertura a importaciones, endeudamiento
externo y desindustrialización. Muchas fábricas cerraron o redujeron personal, provocando
desempleo y migración.
A pesar de ello, Rosario seguía siendo un centro comercial importante, con renovación
hotelera y apertura hacia el turismo y los negocios. En este marco se inauguró el Savoy
Hotel, símbolo de modernización y empuje económico.
Se revalorizaron edificios como el Hotel Roma, de estilo Art Nouveau, cuya fachada
conserva elementos escultóricos como cariátides, putti, y referencias a la mitología romana.
Esta etapa impulsó una incipiente conciencia patrimonial.
En los años 80, la municipalidad comenzó a desarrollar políticas de protección patrimonial.
Esta preocupación colectiva por el legado arquitectónico y cultural sentó las bases para
futuras normativas orientadas a la conservación del patrimonio urbano.
Unidad 3: 1990–2000
Contexto histórico
Tras la restauración democrática, Alfonsín asumió la presidencia en 1983. Sin embargo, su
gobierno debió enfrentar una herencia crítica: inflación, deuda externa, empobrecimiento y
un aparato productivo desarticulado.
En 1991 se fundó el Mercosur, estableciendo un mercado regional entre Argentina, Brasil,
Uruguay y Paraguay. Rosario fue reposicionada como nodo estratégico en esta red, por su
conectividad fluvial, ferroviaria y vial. La construcción del Puente Rosario–Victoria fue
parte de esta nueva lógica regional.
Con las reformas neoliberales de los años 90, el Estado nacional se retiró progresivamente
del planeamiento urbano. En su lugar, provincias y municipios asumieron ese rol, a través
de planes estratégicos que intentaban articular políticas públicas y actores privados.
En Rosario, el Plan Regulador de 1967 mutó en 1985 a Plan Director, fijando lineamientos
generales de crecimiento urbano. Sin embargo, no existió un verdadero plan estratégico
hasta 1999.
Dinámicas urbanas y arquitectónicas
El auge del mercado inmobiliario dio lugar a nuevas tipologías residenciales para sectores
medios y altos: lofts, barrios cerrados, edificios torre con amenities, seguridad y servicios
exclusivos. Esto agudizó la segregación socioespacial y contribuyó a la privatización del
espacio urbano.
La arquitectura de esta etapa se volvió más fragmentada, superficial y ecléctica, con rasgos
de transitoriedad. La producción arquitectónica se vio atravesada por una fuerte influencia
del mercado, la moda y los medios de comunicación.
En paralelo, surgieron experiencias culturales alternativas, impulsadas por jóvenes, artistas
y estudiantes, que resignificaron espacios periféricos o marginales, generando una "pulsión
por los márgenes" que enriqueció la vida cultural de la ciudad.
Unidad 4: 2000–2010
Contexto urbano
Tras la crisis del 2001, Rosario inició un proceso de reactivación urbana, con el borde
costero como eje estructurador. La recuperación de sectores portuarios y ferroviarios en
desuso permitió integrar la ciudad con el río, mediante parques, costaneras, equipamientos
culturales y nuevas áreas residenciales.
Barrios como Refinería, Pichincha y Puerto Norte comenzaron a transformarse,
valorizándose fuertemente. La Calle Güemes se consolidó como corredor cultural y de
vivienda colectiva, conectando el centro con el norte costero.
El plan especial de Pichincha (2006) fue pionero en conservar la identidad barrial. Reguló
alturas, usos mixtos, preservación de tipologías tradicionales (casas chorizo, ladrillo visto) y
permitió nuevas intervenciones con patios interiores. Se buscó una convivencia entre lo
nuevo y lo existente, evitando la ruptura abrupta del tejido histórico.
Dinámicas arquitectónicas
Se intensificó la verticalización en áreas céntricas y ribereñas, muchas veces sin
planificación integral. Las nuevas torres incorporaron lenguajes contemporáneos: balcones
vidriados, amenities, cocheras, fachadas livianas.
Se consolidó la figura del desarrollador inmobiliario como actor clave, en alianza con
estudios de arquitectura. Esto impactó en la escala, morfología y materialidad de las nuevas
obras.
El municipio impulsó concursos públicos de arquitectura, promoviendo la participación de
estudios jóvenes y nuevas ideas. Proyectos como el Museo del Deporte, el Parque
Scalabrini Ortiz o la Biblioteca Argentina marcaron un momento de experimentación y
profesionalización del campo.
Revalorización del patrimonio
Se promovieron acciones de protección patrimonial en tensión con el auge inmobiliario. La
valorización del suelo presionó sobre el tejido histórico, generando conflictos entre
conservación y desarrollo.
Rosario vivió un verdadero boom constructivo, con reformas del código urbano y
mecanismos como la contribución compensatoria para redistribuir la plusval