5°
GRADO
El caballero Carmelo
(capítulo 1 y 2)
Un día, después del desayuno, cuando
el sol empezaba a calentar, vimos
aparecer, desde la reja, en el fondo de
la plazoleta, un jinete en bellísimo
caballo de paso, pañuelo al cuello que
agitaba el viento, sanpedrano pellón de
sedosa cabellera negra, y henchida
alforja,
que picaba espuelas en dirección a la
casa. Reconocímosle. Era el hermano
mayor, que años corridos, volvía.
Salimos atropelladamente gritando: –
¡Roberto, Roberto! Entró el viajero al
empedrado patio donde el ñorbo y la campanilla enredábanse en las columnas como venas en
un brazo y descendió en los de todos nosotros. ¡Cómo se regocijaba mi madre! Tocábalo,
acariciaba su tostada piel, encontrábalo viejo, triste, delgado. Con su ropa empolvada aún,
Roberto recorría las habitaciones rodeados de nosotros; fue a su cuarto, pasó al comedor, vio los
objetos que se habían comprado durante su ausencia, y llegó al jardín. –¿Y la higuerilla? –dijo.
Buscaba entristecido aquel árbol cuya semilla sembrara él mismo antes de partir. Reímos todos: –
¡Bajo la higuerilla estás!… El árbol había crecido y se mecía armoniosamente con la brisa marina.
Tocólo mi hermano, limpió cariñosamente las hojas que le rebozaban la cara, y luego volvimos al
comedor. Sobre la mesa estaba la alforja rebosante; sacaba él, uno a uno, los objetos que traía y
los iba entregando a cada uno de nosotros. ¡Qué cosas tan ricas! ¡Por donde había viajado!
Quesos frescos y blancos envueltos por la cintura con paja de cebada, de la Quebrada de
Humay; chancacas hechas con cocos, nueces, maní y almendras; frijoles colados, en sus
redondas calabacitas, pintadas encima con un rectángulo de su propio dulce, que indicaba la
tapa, de Chincha Baja; bizcochuelos, en sus cajas de papel, de yema de huevo y harina de
papas, leves, esponjosos, amarillos y dulces; santitos de piedra de Guamanga tallados en la feria
serrana; cajas de manjar blanco, tejas rellenas y una traba de gallo con los colores blanco y rojo.
Todos recibíamos el obsequio, y él iba diciendo, al entregárnoslo: –Para mamá… para Rosa… para
Jesús… para Héctor… –¿Y para papá? –le interrogamos cuando terminó. –Nada… –¿Cómo?
¿Nada para papá? Sonrió el amado, llamó al sirviente y le dijo –¡El Carmelo! A poco volvió éste
con una jaula y sacó de ella un gallo, que, ya libre, estiró sus cansados miembros, agitó las alas y
cantó estentóreamente: – ¡Cocorocóooo!… –¡Para papá! – dijo mi hermano. Así entró en nuestra
casa el amigo íntimo de nuestra infancia ya pasada, a quien acaeciera historia digna de relato;
cuya memoria perdura aún en nuestro hogar como una sombra alada y triste: el Caballero
Carmelo.
II
Amanecía, en Pisco, alegremente. A la agonía de las sombras nocturnas, en el frescor del alba, en
el radiante despertar del día, sentíamos los pasos de mi madre en el comedor, preparando el café
para papá. Marchábase éste a la oficina. Despertaba ella a la criada,
chirriaba la puerta de la calle con sus mohosos goznes; oíase el canto del gallo que era contestado
a intervalo por todos los de la vecindad; sentíase el ruido del mar, el frescor de la mañana, la alegría
sana de la vida. Después mi madre venía a nosotros, nos hacía rezar, arrodillados en la cama, con
nuestras blancas camisas de dormir; vestíanos luego, y, al concluir nuestro tocado, se anunciaba a
lo lejos la voz del panadero. Llegaba éste a la puerta y saludaba. Era un viejo dulce y bueno, y hacía
muchos años, al decir de mi madre, que llegaba todos los días, a la misma hora, con el pan calientito
y apetitoso, montado en su burro, detrás de dos capachos de cuero, repletos de toda clase de pan:
hogazas, pan
francés, pan de mantecado, rosquillas… Mi madre escogía el que habíamos de tomar y mi hermana
Jesús lo recibía en el cesto.
Marchábase el viejo, y nosotros, dejando la provisión sobre la mesa del comedor, cubierta de hule
brillante, íbamos a dar de comer a los animales. Cogíamos las mazorcas de apretados dientes, las
desgranábamos en un cesto y entrábamos al corral donde los animales nos rodeaban. Volaban las
palomas, picoteábanse las gallinas por el grano, y entre ellas, escabullíanse los conejos.
Después de su frugal comida, hacían grupo alrededor nuestro. Venía hasta nosotros la cabra,
refregando su cabeza en nuestras piernas; piaban los pollitos; tímidamente ese acercaban los
conejos blancos, con sus largas orejas, sus redondos ojos brillantes y su boca de niña presumida; los
patitos, recién sacados, amarillos como yema de huevo, trepaban en un panto de agua; cantaba
desde su rincón, entrabado, el “Carmelo”, y el pavo, siempre orgulloso, alharaquero y antipático,
hacía por desdeñarnos, mientras los patos, balanceándose como dueñas gordas, hacían, por lo
bajo, comentarios, sobre la actitud poco gentil del petulante. Aquel día, mientras contemplábamos
a los discretos animales, escapóse del corral “el Pelado”, un pollo sin plumas, que parecía uno de
aquellos jóvenes de diecisiete años, flacos y golosos. Pero “el Pelado”, a más de eso, era
pendenciero y escandaloso, y aquel día, mientras la paz era en el corral, y lo otros comían el
modesto grano, él, en pos de mejores viandas, habíase encaramado en la mesa del comedor y
rotos varias piezas de nuestra limitada vajilla. En el almuerzo tratóse de suprimirlo, y cuando mi padre
supo sus fechorías, dijo, pausadamente: –Nos lo comeremos el domingo… Defendiólo mi primer
hermano, Anfiloquio, su poseedor, suplicante y lloroso. Dijo que era un gallo que haría crías
espléndidas. Agregó que desde que había llegado el “Carmelo” todos miraban mal al “Pelado”,
que antes era la esperanza del corral y el único que mantenía la aristocracia de la afición y de la
sangre fina. –¿Cómo no matan –decía en defensa del gallo– a los patos que no hacen más que
ensuciar el agua, ni al cabrito que el otro día aplasto a un pollo, ni al puerco que todo lo enloda y
sólo sabe comer y gritar, ni a las palomas, que traen mala
suerte?… Se adujeron razones. El cabrito era un bello
animal, de suave piel, alegre, simpático, inquieto, cuyos
cuernos apenas apuntaban; además, no estaba
comprobado que había matado al pollo. El puerco
mofletudo había sido criado en casa desde pequeño. Y las
palomas con sus alas de abanico, eran la nota blanca,
subíanse a la cornisa conversar en voz baja, hacían sus
nidos con amoroso cuidado y se sacaban el maíz del
buche para darlo a sus polluelos. El pobre “Pelado” estaba
condenado. Mis hermanos le pidieron que se le
perdonase, pero las roturas eran valiosas y el infeliz sólo
tenía un abogado, mi hermano y su señor, de poca influencia. Viendo ya pérdida su defensa y
estando la audiencia al final, pues iban a partir la sandía, inclinó la cabeza. Dos gruesas lágrimas
cayeron sobre el plato, como un sacrificio, y un sollozo se ahogó en su garganta. Callamos todos.
Levantóse mi madre, acercóse al muchacho, lo besó en la frente y le dijo: –No llores; no nos lo
comeremos…
continuará
Después la lectura
1. Completa el siguiente esquema según el texto.
EL CABALLERO CARMELO
Personajes secundarios Lugar donde
Personajes principales 1_________________________ sucede
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2_________________________
2_________________________ __________________
3_________________________ __________________
3_________________________
4_________________________ __________________
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5_________________________
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6_________________________ __________________
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2. ¿Cómo reaccionó el gallo “Carmelo” al ser liberado de la jaula? __________________
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3. Según el texto ¿Qué animales había en el corral?
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4. Ordena la secuencia escribiendo 1, 2, 3, 4 o 5 según sucedieron los hechos.
Los niños daban de comer a los animales por la mañana.
El “Pelado” rompió platos al subirse a la mesa.
La madre decidió no comerse al “Pelado” al ver llorar a su hijo.
Roberto preguntó por la higuerilla y se alegró al verla crecer.
Roberto volvió a casa montado en un caballo y trajo muchos regalos.
5. Según el texto ¿Por qué querían matar al “Pelado”?
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6. Explica el significado de las siguientes frases según el contexto del texto
Frases Significado
“Salimos
atropelladamente
gritando”
“Las hojas que le
rebozaban la cara”
“La agonía de las
sombras nocturnas”
7. ¿Por qué la familia se alegró tanto al ver a Roberto llegar a casa?
a Porque venía vestido de manera elegante.
b Porque hacía muchos años que no lo veían.
c Porque venía con muchos animales.
d Porque traía una carta importante.
8. ¿Quién crees que narra la historia?
a El padre de Roberto.
b El hermano de Roberto.
c La madre de Roberto.
d El amigo de Roberto.
9. ¿Qué opinas sobre la actitud de la madre al decidir no matar al pelado?
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10. ¿Crees que los regalos que trajo Roberto fueron importantes para la familia? ¿por
qué?
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