La Educación pública es un derecho social.
La educación pública es parte de la identidad de nuestro país. Una conquista de
años de lucha del pueblo, entendida como un derecho social, humano y
fundamental básico, que reconoce a las personas, comunidades y pueblos como
sujetxs de derecho y la obligación del Estado de garantizarlo.
Acorde con las luchas políticas y sociales históricas en defensa de la democracia
y la Justicia Social, esta concepción se sustancia en un cambio de paradigma
que se fue construyendo acorde a la ampliación de derechos constitucionales y
Tratados Internacionales que fueron promoviendo la igualdad, equidad e
inclusión de todas las personas.
Es así como la educación pública en Argentina en todos los niveles y
modalidades se convirtió en ejemplo a seguir por los países de la región, no solo
por la calidad de sus instituciones, también porque supera la concepción liberal
y anacrónica de que hay que “estar” en la escuela sin importar las condiciones
en las que se desarrolla el proceso educativo.
Desde esta mirada, la persona deja de ser considerada en términos abstractos
o genéricos, y es vista de manera integral, en su específico modo de existencia
en la sociedad: como niñx, como adolescente, como adultx, como ancianx, como
sujetx con identidad de género, como trabajador/a, etc. Los derechos sociales -
trabajo, educación, salud, vivienda- apuntan a garantizar las condiciones de
existencia en todas y cada una de esas situaciones.
Obviamente esta concepción se contrapone con la idea de educación como
servicio, inscripta en el ideario neoliberal que afirma que los derechos
fundamentales son únicamente los derechos liberales civiles y políticos. Así
entendida, la educación es una actividad que busca satisfacer las necesidades
individuales. Si bien es una parte esencial de la vida cotidiana y de la economía,
no requiere necesariamente obligación ni intermediación del Estado para su
desarrollo, es un “objeto”, una “prestación” que inclusive se puede comercializar.
Sin pretender entrar en un debate filosófico jurídico sobre derechos, no es casual
que cada vez que asumen gobiernos neoliberales, se intente poner en tensión la
concepción sobre educación, tal como lo describe Luigi Ferrajoli:” el liberalismo
ha sido funcional a las transformaciones de las instituciones del Estado que
permitan realizar los imperativos sistémicos impuestos por los poderes
financieros y empresariales privados en esta época de globalización de los
mercados y de la economía”1
En consonancia con el proyecto político que gobierna actualmente, está claro el
objetivo de la presentación en Diputadxs del anteproyecto de Ley para declarar
a la educación como “servicio estratégico esencial”, lo que incluye la modificación
de un artículo de la Ley de Educación Nacional N° 26.206. Impulsado por
Alejandro Finocchiaro (Pro), Carla Carrizo (UCR) y Maximiliano Ferraro
(Coalición Cívica) con el aval de sus respectivos partidos y de La Libertad
Avanza, Innovación Federal y Hacemos Coalición Federal (este último con
disidencia parcial)
Este anteproyecto, retoma la concepción de que lo único importante para lxs
estudiantes es el “estar” en la escuela, y establece nuevas obligaciones para las
instituciones educativas, las cuales deberán establecer un Sistema de Guardias
Mínimas Educativas Obligatorias para garantizar los días de clase durante las
jornadas de paro, lo que significa un intento de avanzar contra el derecho
legítimo a huelga establecido por la Constitución Nacional.
En este contexto, vale recordar que la ley de Educación Nacional vigente,
sancionada en el año 2006, es el resultado de un proceso colectivo y
democrático en el que participaron desde especialistas en educación,
representantes de todo el arco político partidario, comunidades educativas hasta
organizaciones sociales y de Derechos Humanos. Corresponde que cualquier
modificación se debata de la misma manera. De lo contrario, será una avanzada
inadmisible e irresponsable contra los derechos del conjunto.
Como representantes de lxs trabajadorxs de la educación entendemos que, si
existe la voluntad real de mejorar el sistema y la “permanencia” en las
instituciones de docentes y estudiantes, la tarea legislativa debería abocarse en
decidir políticas públicas que garanticen el ingreso, permanencia y egreso de
1Ferrajoli, Luigi, Principia iuris, teoría del derecho y de la democracia, tomo 2, Trotta, Madrid,
2011, pp. 298 y ss.
estudiantes en condiciones equitativas, mayor presupuesto para infraestructura,
implementación de medidas preventivas de enfermedades laborales, mejor
calidad en el salario, etc.
Lamentablemente, asistimos al intento de implementar políticas reduccionistas
que intentan instalar discursos de odio, estigmatizar la lucha docente por mejoras
laborales, responsabilizar a lxs trabajadorxs y desproteger a las comunidades
educativas de los sectores populares, corriendo al Estado de su rol como garante
de un derecho básico.
Es incompatible entender un derecho social como un bien público, porque los
bienes pueden ser privatizados y enajenados. Las problemáticas sociales no se
resuelven entregando al mejor postor la identidad que nos define como país. Por
ello, les instamos a profundizar el debate para generar proyectos que
incrementen el presupuesto educativo en general, que permitan ampliar los
programas socioeducativos para que estudiantes y trabajadorxs puedan transitar
el proceso educativo adquiriendo las herramientas necesarias para construir
proyectos de vida en una sociedad más justa, equitativa e inclusiva.
Nota 1774/24
CDC 2022/2025