Complete Idiots Guide To Meditation
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Complete Idiots Guide To Meditation
ISBN: 9780028644417
Category: Media > Books
File Fomat: PDF, EPUB, DOC...
File Details: 17.1 MB
Language: English
Website: alibris.com
Short description: Very Good
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.
39 venían los misterios y prodigios quel dia antes auian
visto en las fuentes, de culebras blancas, ranas blancas, pescados
blancos, sauces blancos y sabinas blancas, etc., que de nuevo le
auia revelado otra cosa de no menos admiración, para confirmación
de que aquel era el lugar que su dios elexia para su descanso y
consuelo y para omento x y ecelencia de la nación mexicana y
renombre de su grandega; y refiriéndoles todo lo que le auia dicho
dixo desta manera: Aueis de saber, hijos mios, questa noche me
apareció nuestro dios Vitzilopochtli y me dixo que ya os acordareis
cómo llegados que fuimos al cerro de Chapultepec, estando allí su
sobrino Copil, auia inventado hacernos guerra y cómo por su
mandado y persuacion las naciones nos cercaron y mataron á
nuestro capitán y caudillo y á nuestro señor y rey Vitziliuitl,
echándonos de aquel lugar, al qual mandó le matásemos y le
matamos y sacamos el coragon, y puestos en el lugar quel nos
mandó le arrojó yo entre las espadañas, el qual fué á caer encima
de una peña, y según la revelación questa noche me mostró, dice
que deste coracon a nacido un tunal encima desta piedra, tan lindo y
coposo que encima del hace su morada una hermosa águila: este
lugar nos manda que busquemos y que aliado nos tengamos por
dichosos y bien aventurados, porque este es el lugar de nuestro
descanso y de nuestra quietud y grandega: aquí a de ser ensalcado
nuestro nombre y engrandecida la nación mexicana; a de ser
conocida la fuerza de nuestro poderoso braco, y el ánimo de nuestro
valeroso coragon, con que emos de sujetar á todas las naciones, así
cercanas como lexanas, subjetando de mar á mar todos los pueblos
y ciudades, aciéndonos señores del oro y de la plata, de las joyas y
piedras preciosas, plumas y devisas 2, etc., y haciéndonos señores
dellos y de sus haciendas y de sus hijos y de sus hijas, y nos han de
servir y ser subjetos y tributarios. Este lugar manda se llame
Tenochtitlan para que en él se edifique la ciudad que a de ser Reyna
y señora de todas las demás de la tierra y adonde emos de receuir á
todos los demás reyes y señores y adonde ellos an de acudir como á
suprema entre todas las demás; y así, hijos mios, vamos por entre 1
Aumento. 2 Adornos que distinguían las clases noble y militar, de la
común.
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LO ig hilares y espadañas, oarriQales y espesara, que pues
nuestro dios 1<> dice, y en todo lo que 1108 a dicho y prometido
cmos aliado verdad, también la aliaremos agora." Oído lo que
Cuauhtloquetzqui les dixo, todos amulándose á su dios y haciendo
gracias al Sermr de todo lo criado, del dia y de la noche y del ayre y
luego, divididos por diversas partes, entraron por los carnéales y
espadáñales buscando á una parte y á otra. Tornaron á topar con la
fuente quel dia antes auian visto, y vieron que el agua que el dia
antes salía clara y linda, aquel dia salia bermeja, casi como sangre,
la qual se dividía en dos arroyos, y el segundo arroyo, en el mesmo
lugar que se dividía, salia tan acul y espesa, que era cosa despanto.
Ellos viendo que todo aquello no carecía de misterio pasaron
adelante á buscar el pronóstico del águila, y andando de una parte
en otra devisaron el tunal, y encima del el águila con las alas
estendidas acia los rayos del sol, tomando el calor del y el frescor de
la mañana, y en las uñas tenia un pájaro muy galano de plumas
muy preciadas y resplandecientes l. Ellos, como la vieron,
humilláronsele casi haciéndole reverencia como á cosa diuina. El
águila, como los vido, se les humilló bajando la cabeca á todas
partes donde ellos estaban. Ellos viendo humillar al águila y que ya
auian visto lo que deseaban, empegaron á llorar y acer grandes
estreñios y cerimonias y uisajes y meneos en señal de alegría y
contento, y en agimiento 2 de gracias, diciendo: " ¿Dónde
merecimos nosotros tanto bien! ¿quién nos hir;o dignos de tanta
gracia y grandeca y ecelencia! ya eraos visto lo que deseábamos, ya
emos alcancado lo que bascábamos y emos aliado nuestra ciudad y
asiento: sean dadas gracias al Señor de lo criado y á nuestro dios
Vitzilopochtli. Señalaron luego el lagar y ruáronse á descansar por
aquel día. Luego el dia siguiente el dicho sacerdote Cuauhtloquetzqui
dixo á todos los de la compañía: "hijos míos, ración será que seamos
agradecidos á nuestro dios y que le agradezcamos el bien que nos
hace: vamos todos y hagamos en aquel lugar del tunal una hermita
pequeña donde descanse agora nuestro dios : ya que no sea de
piedra sea de céspedes y tapias, pues de presente no se puede ha1
Véase la nota 4? . Acción.
41 cer otra cosa." Luego todos con grandísima voluntad se
fueron al lugar del tunal, y cortando gruesos céspedes de aquellos
carricales junto al mesmo tunal, hicieron un asiento quadrado, el
qual auia de servir de cimiento ó asiento de la hermita para el
descanso de su dios; y así hicieron encima del una prove y chica
casa, á maner ra de un umilladero, cubierto de paja de aquella que
cojian de la mesma agua, porque de presente no podían mas; pues
estaban y edificaban en sitio ageno, que aun el suelo no era suyo,
pues era sitio y término de. los de Azcaputzcalco y de los de
Texcuco; porque allí llegaban los términos del uno y del otro pueblo,
y por la otra parte del Mediodía, términos de Culhuacan; y así
estaban tan pobres y apretados y temerosos, que aun aquella casilla
de barro que hicieron para poner á su dios la hicieron con temor y
sobresalto. Empero 1 juntándose todos en consejo ovo '3 algunos
que fueron de parecer que con mucha omildad se fuesen á los de
Azcaputzalco y á los Tepanecas, que son los de Cuyuacan y Tacaba,
y que se les ofreciesen y diesen por amigos y se les subjetasen con
intento de pedilles piedra y madera para el edificio de su ciudad, lo
qual contradijeron los mas dellos, diciendo que lo uno seria mucho
menoscavo de sus personas, y lo otro que por ventura 3, en lugar de
receuillos bien los maltratarían y harían algunas injurias; pero quel
mejor consejo y parecer quellos daban era que los dias de mercado,
que en los pueblos dichos se hacian, fuesen ellos y sus mugeres con
pescado y ranas y de todo género de sabandijas de las quel agua
produce, y con caca de aves marinas, y que como señores ya de
aquel sitio, sin hacer buz l ni reconocer subjecion á ninguno, pues su
dios les auia dado aquel sitio, fuesen y comprasen piedra y madera y
lo que les fuese menester para sus casas y edificios." Pareciendo á
.todos bueno este consejo determinaron de lo hacer así, y metidos
por las lagunas y cañaverales empecaron á cacar de aquellas aves
de patos y gallaretas y de todas las diferencias de 1 En el
entretanto. 2 Hubo. 3 Acaso, ó tal vez. 4 . . . . "Hacer uno á otro el
luz, es, reverenciarle, respetarle con humildad y sumisión."
(Covarrubias: Tesoro de la lengua castellana.)
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42 pájaros qne entre aquellas espadañas auia y á pescar
peces, ranas y camaroncillos y do todo genero de sabandijas, hasta
los gusanillos que la lagaña cria, y moscos que la lama de la laguna
encima cria, y teniendo quénta con los dias de mercado salían á los
mercados: salían en nombre de caladores de aves y de pescadores y
trocaban aquellas cacas y pescas por madera de morillos y tablillas,
leña y cal y piedra: y aunque la piedra y madera era pequeña, con
todo eso, aunque con trabajo, empegaron á hacer esta casa de
aquellos morillos y hacer poco ;i poco plancha ' y sitio de ciudad,
baciendo cimiento encima del agua con tierra y piedra que entre
aquellas éBtacas echauan, para después fundar sobre aquella
plancha y trabar su ciudad; y á la hermita que de solo barro y tapia
auian hecho encima de la mesma tapia, por defuera, pusiéronle una
capa de piedrecillas muy labradas todas, revocadas con cal, que aun
chica y pobre, con aquello quedó la morada de su dios algo galana y
vistosa y con algún lustre y parecer. Aquella nuche siguiente que los
mexicanos acabaron de reparar la hermita donde su dios estaba,
teniendo ya gran parte de la laguna cegada y hecha ya la plancha y
asiento para hacer casas, habló VitzHopocktU á su sacerdote ó ayo y
díxole: "di á la congregación mexicana que se diuidan los señores
cada uno con sus parientes amigos y allegados en quatro barrios
principales, tomando en medio á la casa que para mi descanso aueis
edificado; y que cada parcialidad edifique en su barrio ásu voluntad."
Estos barrios son los que boy en dia permanecen en México, es á
saber, el barrio de San Pablo, el de San Juan y el de Santa Muría la
Redonda, que dicen, y el barrio de San S> hastian. Después de
divididos los mexicanos en estos quatro lugares, mandóles su dios
que repartiesen entre sí los dioses y que cada barrio nombrase y
señalase barrios particulares donde aquellos dioses fuesen
reverenciados; y así cada barrio destos se dividió en muchos barrios
pequeños conforme, al número de los ídolos que ellos llamauan (
'alpulteona -, que quiere decir dios del barrio; y no señalaré aquí los
nombres de los dioses de los bar1 Terraplén formado, 6 consolidado
con pilotes. 2 A-i en el original; mas en la palabra mexicana hay un
descuido patente de pluma: debe escribirse Calpulteoll, ó con la nota
reverencial, Calpulteoltzin, compuesta de Calpitlli (Barril.) y de Teotl I
Dios); significando — Dios del Barrio.
43 ríos por no hacer al caso á la historia; empero sabremos
questos barrios son como lo que en España dicen collación de tal y
tal santo. Hecha esta división y puestos ya en su orden y concierto
de barrios, algunos de los viejos y ancianos, entendiendo merecian
mas de lo que les daban y que no se les hacia aquella honra que
merecian, se amotinaron y determinaron ir á buscar nuevo asiento, y
andando por entre aquellos carrizales y espadáñales aliaron una
albarrada pequeña, y dando noticia della á sus aliados y amigos
fuéronse á hacer allí asiento, el qual lugar se llamaba Xaltelulli y el
qual lugar agora llamamos Tlatilulco, ques el barrio de Santiago. Los
viejos y principales que allí se pasaron fueron quatro; el uno dellos
se llamaba Atlaquauitl, el segundo Huido, el tercero Opochtli, el
quarto Atlacol. Estos quatro señores se dividieron y apartaron de los
demás y se fueron á vivir á este lugar del Tlatilulco, y según opinión
tenidos por hombres inquietos y revoltosos y de malas intenciones,
porque desde el dia que allí se pasaron nunca tuvieron paz ni se
llevaron bien con sus hermanos los mexicanos; la qual inquietud a
ido de mano en mano hasta el dia de hoy, pues siempre a auido y ay
bandos y rancor entre los unos y los otros. Hecha esta tercera
división entre los mexicanos, que como diximos la primera fué los de
Mechoacan, la segunda los de Malinalco y la tercera esta del
Tlatelulco, los mexicanos que auian quedado en el prencipal sitio del
tunal hicieron junta y cabildo sobre el reparo de su ciudad y guarda
de sus personas, no teniéndose por seguros de los que se auian
apartado dellos, en especial viendo que ya se iuan multiplicando y
ensanchándose todo lo que mas podian. Proponiendo la plática uno
de los mas ancianos dixo: ''hijos y hermanos mios: ya veis cómo
estos nuestros hermanos y parientes se han apartado de nosotros y
se fueron al Tlatelulco á vivir y dexaron el sitio y lugar que nuestro
dios nos señaló para nuestra morada; ellos como rebeldes y ingratos
no conociendo el bien se fueron y apartaron de nosotros. Temo y me
persuado de sus malas mañas que algún dia nos an de querer
sobrepujar y subjetar y an de levantarse á mayores y querer elexir
rey y hacer cabeca por sí,
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I ! por ser ¡halos \ de ruin inclinación: ante-- que DOS
veamos en algún aprieto, paréceme que ganemos por la mano y
alujamos un rey que á ellos \ á nosotros nos tenga subjetos, y si os
parece no sea de nuestra congregación, sino traigámosle de fuera,
pues está Azcaputzalco tan cerca j estamos en sus tierras; ó sino,
sea de Culhuacan ó de la provincia de Tezcuco. Hablad, mexicanos,
decí lo que en este caso os parece." En acauando Meci esta plática,
que asi se llamaba el que la propuso, á todos pareció muy bien y
determinando el caso se deter minó que ni á Azaiput zaleo ni á la
provincia de Tezcuco fuesen, sino que, pues que ellos auian vivido
en tierras de Culhuacan y que allí tenían hijos y hijas casadas v
nietos, así de hijos de señores como de toda gente, que de allí se
escojiese un hijo de sus mesmos hijos, de la mejor casta de los unos
y de los otros, y que aquel reynase en México; y acordándose de un
gran señor que auia venido con ellos, que se auia quedado en
Culhuacan quando salieron huyendo, que se llamaua Opochtzin, el
qual se auia casado allí con mía muy prencipal señora, el qual ania
dexado un hijo que se llamaua Acamapich, y que aquel querían y era
su voluntad que reynase en México y que fuese señor del: lo qual
luego determinaron de irlo á pedirá Culkuacan-al señor del, ej qual
se llamaua Nuuhyotl; y sobre ello llevávanle gran presente ' de lo
que según su poca posibilidad pudiesen, y así apan jando el
presente escojieron dos personas ancianas y retóricas para que ellos
fuesen con el mensaje al rey de < 'ulhuacan; los quales fueron y
ofreciendo su presente, propusieron su plática en esta forma: 'Gran
Señor: nosotros tus siervos y vasallos los mexicanos, metidos y
encerrados entre las espadañas y carrizales de la laguna, solos y
desamparados de todas las naciones, solo encaminados por nuestro
dios al sitio donde agora estamos,2 cuya juridicion es de Azcaput
zaleo y deste tu reyno y de la juridicion de Texcuco, con todo eso, ya
que nos aueis permitido estar en él, no será justo questemos sin
señor y cabcea que nos mande y corrija y nos guie y enseñe cómo
emos de vivir; nos li1 Obsequio 6 regalo. 2 El pasaje que siguí di< e
i n ti Anónimo citado, a>'\: — "que está en la jurisdicion deste tu
reyno y de .1: | tpulzaloo y de Tetzcmo, con todo eso, etc.
45 bre y defienda y ampare de nuestros enemigos; por
tanto acudimos á tí sabiendo que entre vosotros ay hijos de nuestra
generación emparentada con la vuestra, salidos de nuestras
entrañas y de las vuestras; sangre nuestra y vuestra, y
especialmente tenemos noticia que ay aquí un hijo de
Opochiztauatzin, el qual tiene por nombre Acamapich: es hijo de una
hija tuya que se decia Atotoztli; suplicárnoste que nos lo des por
señor para que le tengamos en lo qual 1 merece, pues es de la lignia
de los mexicanos y de los reyes y señores de Cu/huacan." El Señor
de Culhuacan, viendo la petición de los mexicanos y quel no perdia
nada en enviar á su nieto á reinar á México, les respondió desta
manera: "Honrados mexicanos: yo e oído vuestra justa petición y
huelgo mucho de en eso daros contento, porque demás de ser honra
mia, ¿de qué me sirue aquí mi nieto? Tomaldo y llevadlo mucho
mucho de ñora buena y sirua á vuestro dios y esté en lugar de
Vitzilopochtli, y rija y gobierne las criaturas de aquel por quien
vivimos; señor de la noche y del dia y del viento, y sea señor del
agua y de la tierra de la nación mexicana; y hago os saber que si
fuera muger, como es hombre, que no os lo diera, y que si su madre
fuera viva, que tampoco lo hiciera sin su voluntad; pero llevalde ñora
buena y tratalde como él merece y como á hijo y nieto mió." Los,
mexicanos, agradeciendo la liberalidad del rey, le rindieron muchas
gracias y le suplicáronles diese juntamente una señora con quien su
rey fuese casado, que fuese de la mesma línea; y así luego lo
casaron con una señora que se llamaba llancueitl, y trayéndolos con
toda la honra posible, saliendo toda la nación mexicana de hombres
y mugeres, chicos y grandes, á recibir á su rey, lo llevaron derecho á
los aposentos reales que, aunque pobres de presente, tenían hechos
para aquel efecto, y sentándolo á él y á ella en unos asentaderos
juntos, los juraron por reyes de México, prometiéndoles obediencia y
subjecion; y levantándose uno de aquellos viejos ancianos le hico
una plática, diciendo: "Hijo mió, señor y rey nuestro, seáis muy bien
llegado áesta vuestra casa y ciudad, pntrrestos carnéales y
espadañas, donde los pobres de vuestros padres 1 Que él.
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accurate
. 46 agudos y parientes loa mexicanos padecen lo quel
Señor de lo criado sabe: mira, señor, que venis ;i ser amparo,
sombra y abrigo desla nación mexicana, y á tener el mando y
jurisdicion y á ser semejanza de nuestro dios Vitzüopocktli, y bien
sabéis que no estamos en nuestra tierra, sino en tierra agena. y no
sabemos lo que será de nosotros mañana ó esotro din: mira que no
venis á descansar ni ;i recrearos, sino á tomar nuevo trabajo y carga
muy pesada, y á trabajar y á ser esclavo de toda esta multitud y de
toda la gente de la comarca, ¡i quien aueis de trabajar de tener muy
gratos y contentos, pues sabéis vivimos en sus tierras y términos:
por tanto, -■ñor, seáis muy bien venidos; vos y nuestra señora y
reina lian* ti'.' Hecha esta plática, les pusieron en las caberas unas
tiras á maneras de medias mitras, las quales asaban poner á los
reyes qnando los coronaban. El recibió á cargo el reino y prometió el
cargo de la defensa del, y empecó á tener quentá con las cosas nell
ias á la República Y porque quiero mas en particular dar quenta de
la elecion de este primero Rey de México y de sus grandecas y modo
de regir y gobernar, pues lo tomo por principal intento en esta mi
historia, parecióme ha^er particular capítulo del y de toda su vida y
echos; pero antes que vamos1 á tratar del, diré aquí cómo los que
se apartaron ;i vivir al Tlatelulco se estuvieron quedos sin acudir á la
obediencia del nuevo Rey; antes como rebeldes y sin ningún temor,
se estuvieron quedos, sin hacer quenta ni caso del rey que los
mexicanos auian eleto, como gente ya de por sí;2 lo qual sufrió la
parcialidad mexicana, creo con temor de que ningún reyno entre *í
diuiso podrá permanecer; y temiendo no se desolasen haciéndose
guerra los unos á los otros, uvo entre ellos disimulación, aunque
andando después el tiempo (como en su lugar diré), los mexicanos,
no pudiendo sufrir la inquietud de los de Tlatelulco, muchas veces
los desbarataron y dieron guerra y les hicieron muchos males y los
sujetaron y robaron y destruyeron, con demasiado enojo y
venganca. ada
CAPITULO VI. ' Del primer Rey de México, llamado
Acamapieh, y de lo sucedido en el tiempo que reinó. El año de mili y
trescientos y diez y ocho, después del nacimiento de nuestro
Redentor Jhu. X?, empegaron los mexicanos á edificar la ciudad de
México y hacer chocas y casas pajicas encima de albarradas, porque,
como queda dicho, todo era una gran laguna llena de grandes
cañaverales y juncales y espadañas. Desde este tiempo empegó la
nación mexicana á mexorarse y á gocar de algún tiempo quieto y
dichoso, comparándolo con el pasado, pues ya dividido en barrios y
collaciones, se ivan ilustrando en dignidades y multiplicando en
número grande, mezclándose con las demás naciones en trato y
conversación, siendo todavía vivos muchos de los viejos que de
aquel lugar - camino auian quedado, personas señaladas de mucha
autoridad y respeto, los nombres de los quales eran: Acagitli,
Tenoch, Megi, Ahuexotl, Ocelopan, Tegacatetl, con los quatro ayos
de Vitzilopochtli, los quales le vían visiblemente y le hablaban, que
se llamauan Cuauhtloquetzqui, el segundo Ococal, el tercero
Chachalaitly el cuarto Axoloua, los quales eran como ayos, padres,
amparo y reparo de aquella gente. Estos, viendo ya su giudad y
asiento fundada, determinaron de buscar Rey (como arriba en el
capítulo pasado queda dicho), haciendo su juntavy cabildo truxeron
por señor un hijo de Opochtzin, señor de los mexicanos, que
viviendo los mexicanos en Tigaapan se auia casado con una señora
de Culhuacan llamada Atotoztli, de la qual auia auido este hijo
llamado Acamapieh; del qual los mexicanos tenían noticia, que de
mas ;le ser de la línea de sus señores, auia salido muy 1 Véase la
lámina 3», part. 1* 2 Largo. (Relación, etc.)
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accurate
48 valeroso moco y acudía á la lignea y sangre de donde
decendia. Traydo á la ciudad, fué eleto por rey della en paz y
concordia}* sin contradicion de ninguna persona, y él con toda
umildad recebió el mando y cura del reino, con carga de subjecion y
vasallaje á los de . Izcaputzalco, pues á causa de auer edificado en
sus tierras, les eran tributarios. Fue* casado este rey con una gran
señora, natural de Culhuacan, llamada Illancueitl, la qual fué estéril
y infecunda, de lo qual el rey y todos los grandes tenían mucho
pesar; y temiendo sif reino no quedase sin eredero, tuvieron los
señores entre sí su consejo y determinaron de que cada uno dellos
le diese una de sus hijas, para que teniéndolas por mugeres, dellas
naciesen erederos del reino y sucesores; y determinados en este
acuerdo, Acagitli fué el primero que Ir ofreció su hija, diciendo:
"Señor, ya emos visto que después que te casaste no a sido el Señor
de lo criado, de la noche y el dia. servido de te dar hijos de nuestra
señora y reina Blancueitl, por lo qual determinados tus vasallos, an
sido de acuerdo que cada uno de nosotros te dé una hija por muger
para que, demás de que después de tus dias quede sucesor en el
Reyno, queremos que sean nuestros nietos y hijos, para que la
nación mexicana sea mas ilustrada y engrandecida: y así, aquí,
señor, te traigo á mi hija para que sea tu muger y compañera y te
sirvas della." Lo mesmo izo Tegacatetl y Ahuexotl y Ogelopan y
Tenoch y Aatl; en fin, cada uno de los grandes señores y ayos del
dios, cada uno ofreció al rey una de sus hijas por muger, al rey, para
que de allí sucediese línia de los señores de la tierra. Empero antes
que pasemos á contar de los que destas señoras nacieron, es de
sauer que el Rey tenia una esclaua natural de Azcaputzalcoi de un
barrio que llaman Cuauliacalco, y era tan hermosa y de tan buen
parecer, que enamorado el Rey Acamapich della, la vino ¡i aver, la
qual quedando preñada, parió un hijo y llamáronle Itzcoalt, el qual,
aunque bastardo y hijo de esclaua, vino á ser tan valeroso, que vino
á ser Rey, como en su lugar diremos del. Empero, no privándose1
los mexicanos de su intención y deseo, hico Dios tan fecundas sus
hijas, que empegaron á parir, y el rey á te1 No retrayéu sto.
49 ner hijos, y el uno y primero que nació le llamaron
Cuatlecoaíl; al segundo Clacauepan 1 y al tercero Tlaiolgaca y al
cuarto Vitziliuitl, y éste nació de la hija del ayo de Vitzilopochtli, que
se llamaua Cuauhtloquetzqui ( como otras veces lo hemos nombrado
), por ser el mas prencipal de los quatro : el quinto hijo fué llamado
Epocatl, 2 y el sesto hijo de este Rey se llamó Icutltemoc,8 y el
sétimo se llamó Tlacacochtoc, y bien pudiera poner las declaraciones
4 destos nombres y lo que en nuestra lengua significan, pero
pareciéndome ser gastar tiempo en poner etimologías, pues aun el
nombrallos pudiera escusar, si para la desendencia dellos adelante
no forqara. Entre estos nació una hija, la qual se llamó Matlolaxoch,
la qual fué señora de Choleo, casada con el Señor de aquella
provincia. Pero por que no dexemos á la principal muger del rey sin
hacer mención della, al principio' tuvo tanta tristeza y pesar de verse
así menospreciar, que sus ojos eran fuentes de dia y de noche. El
rey viendo su tristega, teniéndola en mucho y amándola
entrañablemente, la consolaba todo lo que podia, y ella viendo quel
rey tanto la amaba, pidióle una merced, y fué, que ya quel Señor de
lo criado la auia privado del íruto de bendición, que para que aquel
pueblo perdiese aquella mala opinión que de infecunda della tenia,
le concediera, que aquellos hijos que de las otras mugeres naciesen,
que en naciendo ella los meteria en su seno y se acostaría
fingiéndose parida, para que los que entrasen á visitada le diesen el
parabién del parto y nuevo hijo. El rey inclinado á su ruego, mandó
así se hiciese, y así, en pariendo que paria 5 alguna de aquellas
mugeres, acostábase ella en la cama y tomaba el niño en sus bracos
y fingíase parida, recibiendo las gracias y dones de los que la
visitaban; y aunque en realidad de verdad no era ella la parida,
quedaba en opinión dello, y el dia de hoy la ay y contradicen este
punto con diferente información, la qual no tuve por verdadera y
cierta, por ser muy contraria de la común opinión, ques la que 1
Tlacahuepan. — Ninguna palabra mexicana comienza con cía. 2
Probablemente Epcoatl. 3 Quizá, aunque incorrectamente,
Ihuitltemoc; con propiedad Ihuitemoc. 4 La traducción ó
interpretación. Si el autor la hubiera dado, podria también liaborse
hecho la corrección con toda seguridad. 5 Tan luego como paria.
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50 tengo referida; pero como quiera que sea. esta señora
quedó en opinión del vulgo por madre de todos aquellos hijos que
dexo referido-;, los < piales fueron origen, cepa y sucesión del
señorío de México. Estando en estos términos el rey Acamapich,
muy quieto y sosegado, los tepanecas, azcaputcalcas y tacubanos de
Cuyoacan, viendo cómo los mexicanos auiau ya eleto rey,
sintiéndose por agraviados y no por muy seguros, residiendo
entonces allí la corle, el rey Tecocomoct/i llamó á sus vasallos y
grandes de su corte y díxoles: A neis notado azcapulcaleas cómo los
mexicanos demás de anenios ocupado nuestras tierras, cómo an
eleto rey y hecho cabeca por sí: ¡que os parece que deuemos hacer!
mira que ya que eraos disimulado con un mal, que no conviene
disimulemos otro, porque quicá muertos nosotros no quieran
subjetar á nuestros hijos } sucesores y hacellos sus vasallos y
tributarios, y quieran hacerse nuestros señores; por que, según
llevan los principios, poco ¡i poco se van subiendo y ensoberveciendo
y subiéndosenos á la cabeca; y porque no se suban mas, si os
parece, vayan y mándenles que doblen el tributo, dos tanto de los
que nos solian dar, de las cosas y legumbres que en señal de
reconocimiento y subjecion nos solian dar." A todos pareció muy
bueno el consejo del rey Tegogomoctli, y poniéndolo por la obra
enviaron sus mensajeros á México para que dixesen al nuevo rey, de
parte del rey Tecoc(omoctli de Azcapui zaleo, quel tributo qye daban
era muy poco; quel lo queria acrecentar, y que él auia menester
reparar y hermosear su ciudad: que juntamente con el tributo que
solian licuar de pescado y ranas y legumbres, que agora llevasen
sabinas y sauces, ya crecidos, para plantar en su pueblo, y que
hiciesen uua balsa encima del agua, y que plantasen en ella de
todas las legumbres de la tierra, maíz, chile, irisóles, calabazas, b!
'tíos, etc. ( líilo por los mexicanos empeoraron á llorar y ¡i hacer
grandes estremos de tristeza, pero aquella noche siguiente el dios
Vitzilopocfitli habló á uno de sus ayos, l'aim lo Ococaltzin y díxole:
"Visto e laatliction de los mexicanos y mis lágrimas: «liles (pie no se
aflijan ni reciban pesadumbre: que yo los sacaré á paz y á salvo de
51 todos esos trabajos: que aceten el tributo; y dile á mi
hijo Acamapich que tenga buen ánimo y que lleven las sabinas y los
sauces que les piden y hagan la balsa y siembren en ella todas las
legumbres que les piden, que yo lo haré todo fácil y llano."
Ococaltzin, venida la mañana, fué al rey y dióle parte y noticia de la
revelación de la noche antes, de lo qual recibió todo consuelo y
mandó que sin ninguna dilación acetasen el tributo y parias y que se
pusiese por obra el cumplillo; y así aliaron con facilidad las sabinas y
sauces y los llevaron á Azcaputzalco y los plantaron en el lugar quel
rey de Azcaputzalco les mandó; y lleuaron la balsa encima del agua,
toda sembrada de maíz con macorca y chile y tomates y bledos,
frísol y calabazas, rosas; lo qual visto por Tecogomoctli, no siu gran
admiración, dixo á los suyos: "Esto me parece, hermanos, cosa mar-
q. e umana, porque quando yo lo mandé casi lo tuve por cosa
imposible; y porque entendáis que en lo que os digo no me engaño,
llámame acá esos mexicanos porque quiero quentendais questos son
favorecidos de su dios, y que ellos an de venir á ser sobre todas las
naciones en otro tiempo \ Llamados los mexicanos ante él les dixo:
hermanos: paréceme que todo se os hace fácil y que sois poderosos:
mi voluntad es, que quando traigáis el tributo que me soys obligados
á dar, que en la balsa en que aueis de traer coles, maíz nacido y con
las demás semillas y legumbres nacidas y perficionadas, que entre
las legumbres traigáis un pato con sus uevos echada, y una garca
con sus uevos echada, y vengan justos los dias, que en llegando acá
saquen sus pollitos, porque sino seréis muertos. Ellos, haciéndoseles
cosa dificultosa, dieron la embajada á su rey y dixéronle lo que el
rey de Azcaputzalco les auia dicho y mandado; lo qual luego se
divulgó por la ciudad y se recibió pena y desasosiego; empero el rey
Acamapich, confiando en su dios, mandó que sobre ello no uviese
ningún sentimiento ni se diese á entender cobardía ni pesadumbre;
y así se retiraron mostrando todos buen ánimo en público, aunque
en lo interior pesar. Aquella noche habló el dios Vitzilopochtli á su
ayo Ococaltzin y díxole: "Padre mió: no tengáis temor ni os espanten
amenacas: dile 1 Esto os, en los tiempos venidero».
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52 á nú hijo el rey qne yo sé lo que conviene: ([uc lo dcxe
¡i mi cargo; que yo Bé 1<> que se a de hacer: qne haga lo que le
mandan, que todas esas cusas son para en pago de su saiiirre y
vidas, y entended que con eso se las compramos y (dios serán
muertos ó esclavos antes de muchos años. Sufran mis hijos y
padezcan agora de presente que su tiempo les vendrá." El viejo
OcocuL dio estas nuevas al rey, y relató todo lo que su dios le auia
dicho, de lo qual algo conortado ; id rey y toda la ciudad, se
animaron á hacer lo que les era mandado: y hecha BU balsa, toda
sembrada de todo género de legumbres, remaneció entre ellas un
pato echado sobre sus nevos y una garca por el consiguiente, lo cual
llenaron al rey Tegogomoctli á Azcaputzalco, y juntamente le
llenaron unas tortas grandes presentadas, hechas de unos gusanillos
colorados de la laguna, por mandado de su dios, que se llaman
ezcauitl. El rey quando vido su tributo, confirmado en lo quel año
pasado auia dicho á sus grandes, de nuevo se lo torno á referir y
perseverando los mexicanos en aquel tributo cinquenta años,
callando y disimulando, hasta multiplicarse y reacerse, el rey
Acamapieh, auiendo ya reynado quarenta años en la ciudad de
México y auiendo regido con mucha paz y quietud y sosiego,
haciendo edificar la ciudad y ponella en orden de casas y acequias,
calles y otras cosas necesarias al buen concierto de la república, á
los quarenta años de su reynado. adoleció y dio fin á, sus dias,
desando la ciudad muy triste, desconsolada con su muerte, por auer
sido muy querido y amado de todos sus vasallo-: y así al punto de
su muerte llamó á todos los grandes y les hico una larga y prolija
plática, encomendándoles las cosas de la república y á sus hijos y
mugeres, no señalando á ninguno dellos por heredero, sino que la
república elixiese dellos ó de otros los que ellos quixesen, para que
los gobernase: y que en esto les quería dexar libertad, mostrando
gran pesar de no auer podido poner la ciudad en libertad de la
subjecion y tributo en que á Áecaputzaico estaba subjeta. llícole la
ciudad grandes osequias ' y lamentaciones funerales, con no menos
cerimonias, conforme á su usanca, que eran innumerables; y ya que
en las ce1 Confortado, consolado, animado, etc. •2 Exequias.
53 rimonias no se perdiese punto, en la riquecas que con
los demás enterraban y esclavos que matauan, pages y criados, no
seria entonces tanto, porque en aquel tiempo carecieron de todo
aquello, por estar pobres y arrinconados y muy caidos; y asi el * rey
en aquel tiempo no tenia apenas que comer. Los principales y
graneles viendo muerto á su rey, empecaron á tratar de dalle
sucesor como se lo dieron. Empecó á reynar Acamapich de edad de
veinte años y reynó cuarenta, de suerte que murió de edad de
sesenta años. Dexó hijos muy valerosos y de animosos coracones,
que después algunos dellos fueron reyes y muy valerosos, y dellos
capitanes y de grandes ditados como adelante diré. Murió el año de
mili y quatrocientos y quatro. Tres años antes que muriese auia
nacido el gran señor y rey que fué después de Tezcuco,
Negaualcoyotzin, que fué el año de mili y quatrocientos dos, el qual,
de mas de ser pariente muy cercano de los reyes de México, fué
muy favorable á los de la nación mexicana y muy amigo dellos, que
muy pocos ó ningunos le igualaron ni hicieron ventaja, según los
capítulos siguientes adelante lo dirán la manera y modo que tuvo
para perpetuar la confederación y amistad de los mexicanos, y
buscando modos para hacello, sin que se entendiese de las demás
naciones. CAPÍTULO VIL2 Del segundo Rey de México, Llamado
Vitziliuitl, y do sus grandes echos y proezas. Muerto el rey
Acamapich, que con tanta solicitud y prudencia, quanta atrás queda
dicho, auia gouernado la nación mexicana, procurando el aumento
della por todas las vias posibles, los mexicanos determinaron elexir
Rey, y así haciendo su consulta y caudado :; entre los grandes y
mucha de la gente común, dixo uno de los mas ancianos: ya veis,
mexicanos, cómo nuestro rey y señor es muerto: 1 Esto es; " como
que el" 2 Véase la lámina 4", parte l". o Probablemente Cabildo.
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54 ¡quien os parece que será bueno que elixamospor
caneca y Rey desta ciudad, que nos ampare y defienda y que tenga
piedad de los viejos, de las viudas y uert'anos y sea padre desta
república? Hablen todos eon libertad y digan quién es al que mas se
inclinan para que tenga el mando y se asiente en el estrado y silla
real deste revno, nos defienda y ampare de nuestros enemigos,
porque muy en breue, según el a\iso de nuestro dios, nos serán
menester las manos y el corazón animoso: ¡ quién os parece, oh
mexicanos, que tema valor para ser esfuerce- de nuestros bracos,
que ponga el pecho con libertad y sin cobardía á la defensa de
nuestra ciudad y de nuestras personas, y que no amengüe y abata el
nombre de nuestro dios Vitzüopochtli, sino que como semejanca
suya le defienda y encalco su nombre y aga conocer á todo este
mundo que la nación mexicana tiene valor y fuerzas para sujetallos ;i
todos y acellos sus vasallos ! y finalmente elegí uno que os sea vi
ESTÉO padre y madre, pues nosotros todos somos las plumas de sus
alas, las pestañas de sus ojos y las barbas de su rostro: ablá.
mexicanos: decí, nombra, señala ' quién es el que a de echar la
mano á la vara para no torcer la justicia y el (pie a de tomar el
a^.ote para no perdonar el castigo; y el que se a de sentar ;i la
izquierda mano de nuestro dios; salga ya: veamosle aquí delante,
gocemos de su rostro: ya veis que nosotros los principales somos
viejos de edad, sin fuerzas: bien leñéis en que escoxer: ay tenemos
nietos y hijos del rey pasado y nacidos de nuestras hijas. Fecha la
plática, los principales de los quatro barrios, conviene á sauer, del
barrio de Moyotla y del dé Teopantlaga y el de Atzacualco y el barrio
de Cuepan,* todos á una respondieron y dixeron: Mexicanos, aquí
estamos todos en nuestra junta y cabildo, aqui sin hacer injuria á
nadie hablamos libremente: nuestra voluntad es de que sea nuestro
Rey y señor el hijo de Acamapich, nuestro Rey pasado, que a por
nombre Vitziliuül, mancebo y gentil hombre de buen coraron,
amable y apacible, animoso y de buenas y loables costumbres, y
éste queremos que nos rija y gouierne y que sea nuestro señor y
Rey, y sea la semejanza de nuestro dios Vitzilopoch1 Decid,
nombrad, señalad. i Léase Cuepopan.
55 tli. Hecha la elecion, salió uno de los ancianos á la gente
del pueblo que estaua acá fuera esperando quién les cabria en
suerte, de hombres y mugeres, viejos y mogos, hombres y niños, y
díxoles á todos en alta voz : Hermanos mios ; aquí estáis todos los
de la nación mexicana: aveis de sauer que los principales de todos
los quatro barrios, mandones y prepósitos, an electo por Rey deste
reino al macebo Vitziliuitl para que os sea padre y amparo en
vuestras necesidades: mira lo que os parece, porque sin vuestro
parecer no abrá nada hecho. Oido por el pueblo, respondieron todos
á una, chicos y grandes, hombres y mugeres, viejos y mocos, que
confirmauan la ellecion y que fuese muy en ñora buena, y
empegaron con gran mormollo y ruido á decir viva el Rey Vitziliuitl,
semejanza de nuestro dios Vitzilopochtli, con el qual está nuestro
corazón contento: sean dadas muchas gracias al Señor de lo criado,
de la noche y del dia, del ayre y del agua. Los señores todos,
puestos en orden, se fueron para donde estaua el Rey eleto, y
sacándole de entre los demás mancebos y principes, sus hermanos y
parientes, le tomaron en medio y le lleuaron al lugar Real, donde le
sentaron y le pusieron la media mitra en la cauega y le untaron con
el betún que ungían la estatua de su ídolo Vitzilopochtli, todo el
cuerpo, y poniéndole sus mantas Reales, el uno de ellos le hicjo esta
plática : Valeroso mancebo, rey y señor nuestro: no desmayes ni
pierdas huelgo por el nuevo cargo que tes ' dado para que tengas
cargo del agua y de la tierra deste tu nuevo reino, metido entre esta
aspereca, de cañaverales, carrizales y espadáñales y juncia á donde
estamos debajo del amparo de nuestro dios Vitzilopochtli, cuya
semejanza eres: bien saues el sobresalto con que vivimos y trabajos,
por estar en tierra y términos ágenos, por lo qual somos tributarios
de los de Azcaputzalco: dígotelo y tráigotelo á la memoria, no
porque entienda que lo ignoras, sino porque cobres nuevo ánimo y
no pienses que entras en este lugar á descansar, sino á trauajar: por
tanto, señor, bien ves que no tenemos otra cosa que te, ofrecer ni
con que te regalar: bien saves con quánta miseria y prouega reynó
tu padre, llenándolo y sufriéndolo con gran ánimo y cordura.
Acauada la plática, llega1 Te es.
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56 ron uno á uno á bacelle reverencia, y cada uno le hacia
su raconamiento, que por cuitar prolixidad no los refiero aquí.
Acauadas estas pláticas y puesto el rey en su trono, el qual entró á
reinar el año de mili y cuatrocientos y cuatro. Luego que su padre
murió, eleto como emos visto, por votos y consentimiento de todos,
lo (pial desde su origen y principio lo tuvo esta nación, y no «■redar
los hijos por sucesión y mayorasgo, como lo usa nuestra nación,
(piel ' hijo mayor hereda al padre: en esta nación no fue así, sino
por elecion y beneplácito de los eletores y de todo el pueblo: y así.
teniendo el rey Vitzüiuitl hermanos mayores, fué eleto rey de
México. Los señores empegaron á tratar entre sí el remedio de su
ciudad, sintiéndose ya con algunas tuercas y tener ya algún mas
aliuio, diciendo: ya estamos cansados de ser subjetosy vasallos
tributarios de los señores de Azcaputzalco, y no solamente acudimos
á los tepanecas, pero juntamente nos tienen avasallados los de
Ouluachn y los de 71 zcuco: ya nos faltan las tuercas para acudir á
tanto: no sauemos á dónde acudir. ¡ (pie hacemos ! trauajemos ■ de
aliuiar esta intolerable carga de nuestros ombros: descansemos ya
algún tanto y para esto hagamos una cosa. De donde mas nos
fatigan es de Azcaputzalco, por estar allí la corte y el rey: somos de
parecer que, pues nuestro rey es mogo y por casar, que vamos ; á
Azcaja/tzal
57 mandamientos reales, colgados de las palabras de tu
boca para cumplir todo lo que tu corazón quisiere y tu voluntad? Ves
aquí, señor, la embajada con que emos venido de parte de tus
sieruos los señores y viejos ancianos de México: ten por bien, señor,
de nos conceder un don; ten lástima de aquel tu sieruo Rey de
México, metido entre aquellas espadañas y carrizales espesos,
rigiendo y gouernando y mirando por tus vasallos, ques Vitziliuitl, el
qual es soltero y por casar: lo que os pedimos es que dexeis de la
mano una de vuestras joyas y galanos plumages, una de las
señoras, nb para que vaya en lugar ageno, sinoá su mesma tierra y
lugar, donde terna el mando de toda ella: por tanto, señor, te
pedimos que no nos priues de lo que te pedimos. El rey, auiendo
estado atento á lo que los mexicanos pedían, y viendo ser justa su
petición, respondióles con mucbo amor y benevolencia: Mexicanos:
an me vencido tanto vuestras palabras y amuelad, que no sé qué os
responda: ay están mis hijas: para eso las tengo y fueron criadas del
Señor de lo criado : yo os quiero señalar una de mis bijas muy
queridas, la cual se llama Ayauhgiuatl: lleualda mucho de ñora
buena. Ellos, postrados por tierra ante el rey, le dieron inumerables
graqias, y tomando á la señora hija del rey, acompañada de mucha
gente de la de Azcaputzalco, la truxeron á México, la qual fué muy
bien recebida de toda la ciudad, con todo el placer y buen
recebimiento (á su modo) que pudieron. Reciuiéndola el rey con
mucho amor, la lleuaron á las casas reales y le hicieron su plática de
la buena venida y juntamente las cerimonias que en sus
casamientos ellos tenían, que era atar con un ñudo la manta del uno
con la del otro en señal de vínculo de matrimonio, y otras cerimonias
de que pienso hacer adelante particular capítulo. Casado el rey de
México con la hija del rey de Azcaputzalco, Ayauhgiuatl, á su tiempo
vino á parir un hijo, de que la ciudad reciuió gran contento y alegría,
la qual quisieron participase el rey Tecocomoctli, suegro del rey y
padre de la parida, y así luego el dia de su parto fueron imbiados
mensajeros á Azcaputzalco, los quales les dixeron : Señor : el rey de
México y todos los señores del reino te besan las manos y te hacen
sauer cómo la reina, nuestra señora y
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58 hija tuya, a parido un uiüo, el quaJ qos a sido concedido
pov el Señor délo criado: venimos á satisfacer y quietar tu corazón.
El rey T '/¿respondió: Mexicanos: mucho contenió y placer e reciuido
con osa nueva: descansa mientras doi noticia dello á mis grandes y
señores; y mandólos llamar. Vinieron ante él los señorea de
Azcqputzalco y de Tacuba y de Cuyuacan, y dándoles noticia del
parte de su hija, ellos le dieron el parabién, mostrando dello mucho
contento, y pidiéndoles parecer del nombre que mandana poner á su
nieto. Kilos, viendo el tiempo en que auia nacido, según sus agüeros
y conjeturas, dixeron se deuia llamar Chimalpopaca, que en nuestra
lengua quiere decir luxlr/ii Itiuw adora', y con este acuerdo salieron
de su presencia y se fueron á los mensageros y les dieron el
parabién del nacimiento de su príncipe, y les dixeron cómo el rey
mandaua se voluiesen, y que de su parte saludasen á su rey y á su
hija, y que el niño se llamase Chimalpopoi Luego que los mexicanos
se fueron luego en pos dellos, partieron todos los señores de
Azcapul zaleo, Tacaba y Cuyuacan á México con los mexores
presentes que pudieron, A su modo y usanca, y fueron á dar el
parabién al rey y ;i la parida, rogándoles de parte de su rey y señor
le llamasen ' el nombre que él le daua, y así se lo pusieron con
beneplácito de toda la ciudad, y dando los mexicanos muchas
gracias á los tepanecas; y enviándoselas al rey Tegogomoc/ít se
volvieron todos á sus lugares, dando las nuevas á 7'< comoctli de
todo lo que los principales auian hecho, lo qnal les agradeció mucho.
Considerando (pie ya tenia en México prenda y nieto heredero del
reyno persuadido por la hija, poniéndole delante al niño y el trauajo
de ser tributarios, y el gran fcrauajo que la ciudad padecía con tan
ordinario tributo subsidio: el rey, movido por el piadoso ruego de su
hija. hi§o su junta y consejo con intención de relevar y quitar el
tributo y pensión á los mexicanos; y ya que todo no pudiese, al
menos parte: y proponiendo el negocio á sus principales, rogóles
condesendesen con su determinación y deseo, que era de aliviará
los mexicanos del tributo que en señal de vasallaje le so1 Impusie
59 lian dar. Los señores y grandes de Azcaputzalco, no
mostrando muy buen rostro á lo que su rey les pedia, por no
desabrillo, condecendieron que, ya que no todo, les fuese quitada
mucha parte del tributo, y así el rey Tegocomoctli, viendo la voluntad
de los de su reyno, determinó de alivialles la pensión en las cosas
mas graves, y,dexalles las cosas que fácilmente pudiesen cumplir: y
así invió sus mensageros á México y que dixesen al Rey y á los
demás señores de su parte, que la causa de auer piedad dellos era
justa, pues tenia su hija y nieto en aquella ciudad; y quel tributo que
hasta aquel dia solían dar ordinario que él lo quitaua, y que porque
los de su corte no venían en que se les quitase todo, que de ay en
adelante lleuasen cada año dos patos de los' que se criauan en su
laguna y algunos pezes y ranas, con las demás sauandijas que se
crian en la laguna, y que descansasen, quel lo tenia por bien
tomasen algún resuello de lo mucho que hasta entonces auian sido
molestados y afligidos. Oida la buena nueva por los mexicanos, con
grandísima omildad fueron á rendir las gracias al señor de
Azcaputzalco y agradecer un tan gran beneficio como se les hacm.
Estando ya los mexicanos mas releuados y descansados y contentos,
la reyna Ayauciuatl, que les era protectora y favorable, murió,
quedando el niño Ckimalpopoca de edad de nueve años. Muerta la
reyna, dicen que los mexicanos se entritesieron y turnaron de
miedo, auiendo perdido tan bueña abogada, temiendo no les
tornasen a imponer el tributo; empero confiando en el niño se
quietaron, y dicen algunos que casaron á su rey con una hija del
señor de Cuauknauac, de quien tuvo otros muchos hijos. Otros
quentan que no, sino ya que conceda que se casó con la hija del
señor de Cuauhnauac, que en sus pinturas x no alian auer tenido
mas hijos de ~ Ckimalpopoca, ni yo en quantas pinturas y escrituras
deste rey e visto no alio mas noticia de solo á di; porque demás de
que no aliamos noticia, alio por muy verdadero auer muerto este rey
un año después que su muger; el qual no reinó mas de trece años y
murió muy moco, de poco mas de treinta años. Rigió y gobernó con
mucha quietud y sociego, y fué muy querido 1 O historias. 2 Esto es,
sino á.