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Ensayo Practico Inter Ricardo

La Corte Penal Internacional ha emitido órdenes de arresto contra el Primer Ministro israelí y el exministro de Defensa por crímenes de guerra en Gaza, lo que ha generado divisiones en la política global. Mientras Israel y sus aliados rechazan la jurisdicción de la CPI, otros países y organizaciones apoyan la rendición de cuentas. Además, el conflicto entre Israel e Irán, originado por preocupaciones sobre el programa nuclear iraní, tiene repercusiones económicas globales y ha llevado a un llamado internacional por soluciones diplomáticas.

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Ensayo Practico Inter Ricardo

La Corte Penal Internacional ha emitido órdenes de arresto contra el Primer Ministro israelí y el exministro de Defensa por crímenes de guerra en Gaza, lo que ha generado divisiones en la política global. Mientras Israel y sus aliados rechazan la jurisdicción de la CPI, otros países y organizaciones apoyan la rendición de cuentas. Además, el conflicto entre Israel e Irán, originado por preocupaciones sobre el programa nuclear iraní, tiene repercusiones económicas globales y ha llevado a un llamado internacional por soluciones diplomáticas.

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REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DEL PODER POPULAR PARA LA EDUCACIÓN


UNIVERSITARIA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL DE LOS LLANOS
CENTRALES “RÓMULO GALLEGOS”
ÁREA DE CIENCIAS POLÍTICAS Y JURÍDICAS
PROGRAMA MUNICIPALIZADO DE FORMACIÓN EN DERECHO

ENSAYO SOBRE CASOS PRACTICOS

PROFESORA: ESTUDIANTES:
ABG. BETTY FLORES SOSA RICARDO;
V- 27.611.332

UNIDAD CURRICULAR DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO


3° AÑO SECCIÓN “3”

SAN JUAN DE LOS MORROS, JUNIO 2025


La Corte Penal Internacional (CPI) ha fundamentado las órdenes de arresto

emitidas contra el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el exministro de

Defensa, Yoav Gallant, en pruebas contundentes y razonables que los vinculan, en

calidad de coautores, con la comisión de crímenes de guerra y crímenes de lesa

humanidad. Estas atrocidades habrían sido perpetradas en la Franja de Gaza durante

el período comprendido entre el 8 de octubre de 2023 y el 20 de mayo de 2024.

Las acusaciones detalladas por la CPI señalan que Netanyahu y Gallant

orquestaron deliberadamente ataques contra la población civil, privándolos de

recursos esenciales para la supervivencia, tales como alimentos, agua, medicamentos,

combustible y electricidad. Esta estrategia, al emplear el hambre como arma de

guerra, ha desencadenado consecuencias devastadoras, incluyendo la pérdida de vidas

civiles, entre ellas las de numerosos niños, a causa de la desnutrición y la

deshidratación. Asimismo, se les imputan crímenes de lesa humanidad, abarcando

asesinato, persecución y otros actos inhumanos.

La Sala de Cuestiones Preliminares I de la CPI, en una decisión unánime,

desestimó las impugnaciones presentadas por Israel, reafirmando así la plena

jurisdicción del tribunal sobre el territorio palestino, que incluye tanto la Franja de

Gaza como Cisjordania. Esta resolución subraya la determinación de la CPI de hacer

cumplir la justicia internacional en cumplimiento del artículo 58 del Estatuto de

Roma.
La emisión de órdenes de arresto por la Corte Penal Internacional (CPI) contra

el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y el exministro de Defensa, Yoav

Gallant, ha dividido profundamente la escena política global. Estas órdenes,

fundamentadas en pruebas de crímenes de guerra y lesa humanidad presuntamente

cometidos en Gaza desde octubre de 2023, han provocado una ola de reacciones que

reflejan las complejas dinámicas geopolíticas y las diversas interpretaciones del

derecho internacional.

El gobierno israelí ha rechazado enérgicamente las órdenes, tildándolas de

"antisemitas" y un ataque a su derecho de autodefensa. Argumentan que la CPI carece

de jurisdicción y que la decisión equipara a Israel con una organización terrorista.

Esta postura ha sido respaldada por aliados clave como Estados Unidos, que también

ha expresado su desacuerdo y ha adoptado medidas restrictivas contra el fiscal de la

CPI. Otros países como Hungría, Italia, Paraguay y Argentina también han criticado

la decisión, cuestionando la validez o la imparcialidad de las acciones de la Corte.

En contraste, numerosos países y organizaciones han apoyado las órdenes de

arresto, enfatizando la importancia de la rendición de cuentas y el cumplimiento del

derecho internacional. Aunque la Unión Europea mantiene una postura dividida,

algunos de sus miembros, como España y Países Bajos, han manifestado su apoyo.

Varias naciones de América Latina y África, como Colombia, Jordania y el "Grupo

de La Haya" (que incluye a Belice, Bolivia, Cuba, entre otros), han expresado su

firme respaldo a la CPI y se han comprometido a colaborar con sus solicitudes.


Organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional y Human Rights

Watch también han aplaudido la decisión, reiterando que "nadie está por encima de la

ley".

Esta situación ha reavivado el debate sobre la jurisdicción de la CPI en el

territorio palestino, con la Corte reafirmando su autoridad sobre Gaza y Cisjordania.

Las órdenes de arresto ejercen una presión diplomática considerable sobre Netanyahu

y Gallant, limitando sus desplazamientos internacionales. Aunque su ejecución es

incierta, el significado simbólico es innegable, estableciendo un precedente en la

búsqueda de justicia internacional para crímenes de esta magnitud, incluso para

líderes en funciones.

Ucrania ha tomado medidas decisivas para asegurar la rendición de cuentas

por los crímenes de guerra en su territorio. Es vital precisar que Ucrania ratificó el

Estatuto de Roma y se unió a la Corte Penal Internacional (CPI) en 2024, no en 2025

como a veces se ha indicado. El parlamento ucraniano formalizó esta ratificación el

21 de agosto de 2024, con la adhesión efectiva como Estado Parte a partir del 1 de

enero de 2025. Sin embargo, mucho antes de esta formalización, Ucrania ya había

aceptado la jurisdicción de la CPI a través de dos declaraciones específicas, lo que

amplió la competencia del tribunal para investigar crímenes internacionales

perpetrados en su territorio desde febrero de 2014.


Con Ucrania ahora oficialmente como Estado Parte del Estatuto de Roma, la

CPI dispone de un marco legal robusto para investigar los crímenes de guerra en el

actual conflicto con Rusia. Una de las bases fundamentales es la jurisdicción ratione

temporis (temporal) y ratione loci (territorial). Dada la aceptación previa de la

jurisdicción por parte de Ucrania desde 2014, y su posterior ratificación, la CPI puede

investigar crímenes de guerra cometidos en suelo ucraniano desde esa fecha en

adelante, cubriendo la totalidad del conflicto en curso. La competencia territorial de

la CPI le permite actuar sobre delitos ocurridos en Ucrania, sin importar la

nacionalidad del autor, siempre que Ucrania sea un Estado Parte o haya consentido la

jurisdicción.

La capacidad de la CPI para intervenir se vio considerablemente reforzada por

la acción de otros países. Incluso antes de la ratificación formal por parte de Ucrania,

más de 38 Estados Parte remitieron la situación en Ucrania al Fiscal de la CPI en

marzo de 2022. Esta acción, amparada por el Artículo 13(a) del Estatuto de Roma,

posibilitó que el Fiscal iniciara una investigación de oficio rápidamente.

Adicionalmente, el Fiscal de la CPI, Karim Khan, ejerció su prerrogativa motu

proprio (Artículo 15 del Estatuto de Roma) para abrir una investigación, basándose en

la información disponible sobre los presuntos crímenes. Esta facultad le permite

recabar pruebas y, si existen motivos razonables, solicitar a la Sala de Cuestiones

Preliminares la autorización para una investigación formal.


Un paso crucial en este proceso es la emisión de órdenes de arresto.

Apoyándose en las investigaciones, el Fiscal puede solicitar a la Sala de Cuestiones

Preliminares la expedición de órdenes de arresto contra individuos sospechosos de

haber cometido crímenes de guerra. Un ejemplo notable es la orden de arresto emitida

contra altos mandos rusos, incluido el presidente Vladimir Putin, por crímenes como

la deportación ilegal de niños. Estas órdenes son esenciales para la detención y el

posterior enjuiciamiento de los responsables.

La cooperación estatal es un pilar indispensable para el éxito de estas

investigaciones y los consiguientes enjuiciamientos. Como Estado Parte, Ucrania está

ahora legalmente obligada a colaborar plenamente con la CPI. Esto incluye la entrega

de pruebas, facilitar el acceso a testigos y víctimas, y ejecutar las órdenes de arresto

emitidas por la Corte. La colaboración de otros Estados Parte del Estatuto de Roma

también es fundamental para la detención de sospechosos que puedan encontrarse

fuera de Rusia. La CPI opera bajo el principio de complementariedad, lo que significa

que interviene solo cuando los sistemas judiciales nacionales no pueden o no están

dispuestos a investigar y enjuiciar los crímenes, manteniendo la responsabilidad

principal en Ucrania, como Estado Parte.

Finalmente, la recopilación de pruebas y testimonios es la piedra angular de

las investigaciones de la CPI. La Oficina del Fiscal cuenta con equipos especializados

que llevan a cabo labores in situ, como análisis forenses, documentación de daños,

toma de declaraciones a testigos y víctimas, y revisión de pruebas digitales y de


código abierto. En resumen, la ratificación de Ucrania, su aceptación previa de la

jurisdicción de la CPI, las remisiones de otros Estados y la iniciativa del Fiscal,

establecen una base legal sólida para investigar y enjuiciar los crímenes

internacionales en el conflicto. El desafío principal radica ahora en la ejecución

efectiva de las órdenes de arresto y la cooperación internacional para asegurar que los

responsables rindan cuentas.

El control de convencionalidad, una herramienta legal vital, demanda que los

Estados aseguren la compatibilidad de sus leyes y acciones con la Convención

Americana sobre Derechos Humanos (CADH) y la jurisprudencia de la Corte

Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH). Esta verificación no es opcional;

debe ser llevada a cabo de oficio por todas las autoridades públicas dentro de su

ámbito de competencia. En la práctica, esto puede significar interpretar las normas

internas de acuerdo con la CADH o incluso anular aquellas que la contravengan.

En esencia, el control de convencionalidad funciona como un filtro protector.

Exige que todas las normativas y actuaciones estatales se alineen con los estándares

internacionales de derechos humanos que un Estado ha ratificado. Su propósito

primordial es garantizar que estos derechos fundamentales se protejan de manera

efectiva dentro del país, evitando que las leyes nacionales socaven los compromisos

internacionales.

Un ejemplo palpable de esta aplicación se dio en el caso Boyce contra

Barbados, donde Guatemala ejerció el control de convencionalidad. Para Guatemala,


esto significó un proceso de revisión y ajuste de sus decisiones y normativas internas,

asegurándose de que estas respetaran plenamente las obligaciones internacionales

emanadas de la CADH, tal como lo ha dictaminado la Corte IDH.

En este contexto, las autoridades guatemaltecas se vieron obligadas a

examinar y modificar sus actuaciones para que concordaran con los estándares

interamericanos de derechos humanos. Este ejercicio fue fundamental para dar

cumplimiento a las sentencias y recomendaciones internacionales directamente

relacionadas con el caso Boyce contra Barbados.

En resumen, la aplicación del control de convencionalidad por parte de

Guatemala en el caso Boyce contra Barbados representó un mecanismo crucial para

armonizar su ordenamiento jurídico interno con sus obligaciones internacionales en

materia de derechos humanos. Fue un esfuerzo deliberado para garantizar que la

administración de justicia a nivel nacional no contradijera ni los estándares ni las

decisiones de la Corte Interamericana, reforzando así la primacía de los derechos

humanos en su sistema legal.

La actual confrontación entre Israel e Irán se gesta a partir de una arraigada y

compleja rivalidad geopolítica y religiosa, que ha evolucionado a lo largo de décadas

mediante confrontaciones indirectas y ataques encubiertos. El detonante principal de

la reciente escalada armada fue la inquietud de Israel por el programa nuclear iraní, al

considerarlo una amenaza existencial para su seguridad. En junio de 2025, Israel

lanzó la "Operación León Naciente", una serie de ataques dirigidos contra


instalaciones nucleares y militares iraníes con el objetivo de frustrar la obtención de

armas nucleares por parte de Irán. La respuesta iraní, que incluyó el lanzamiento de

misiles y drones hacia objetivos israelíes, precipitó el conflicto a una confrontación

abierta. Es importante destacar que tensiones preexistentes, como la guerra civil en

Siria y el apoyo iraní a grupos como Hezbolá en Líbano, también han sido factores

significativos que han alimentado esta rivalidad.

El derecho internacional rige la conducta de Israel, al igual que la de cualquier

otro Estado, abarcando las normativas del derecho internacional humanitario y los

tratados internacionales de derechos humanos. En este sentido, Israel está sujeto al

escrutinio de organismos y tribunales internacionales, incluyendo la Corte Penal

Internacional, particularmente en situaciones que involucran presuntos crímenes de

guerra o violaciones de derechos humanos. No obstante, Israel ha expresado en

diversas ocasiones su objeción a la jurisdicción de ciertos organismos internacionales,

especialmente en contextos vinculados a su seguridad nacional y conflictos armados.

Esta postura ha generado un debate continuo sobre el alcance y la aplicabilidad del

derecho internacional en situaciones de alta complejidad geopolítica.

El conflicto armado entre Israel e Irán genera importantes repercusiones en la

economía global, principalmente debido a la inestabilidad que introduce en una

región crítica para el suministro energético mundial. El Golfo Pérsico, adyacente a

Irán, es una arteria vital para el transporte de petróleo y gas natural; por ende,

cualquier escalada militar en esta área tiene el potencial de disparar los precios
internacionales de la energía, inducir incertidumbre en los mercados financieros y

afectar negativamente el comercio global. Adicionalmente, el incremento de la

tensión podría impactar la inversión y el comercio en todo el Medio Oriente,

elevando los costos de seguridad y seguros marítimos, y perturbando las cadenas de

suministro globales.

La comunidad internacional ha manifestado profunda preocupación ante la

escalada del conflicto. Inicialmente, Estados Unidos brindó apoyo a Israel,

participando directamente en ataques contra instalaciones nucleares iraníes, si bien

esta acción no contó con el consenso unánime de sus aliados. La OTAN se vio

compelida a tomar una postura en un escenario de marcada división. Eventualmente,

se logró un alto el fuego propuesto por Donald Trump, el cual fue aceptado por Israel

e Irán, a pesar de las acusaciones mutuas de violación. Diversos países y

organizaciones internacionales han reiterado sus llamados a la calma y a la búsqueda

de soluciones diplomáticas, buscando evitar una conflagración mayor en la región.

En síntesis, la confrontación entre Israel e Irán tiene su génesis en una

rivalidad geopolítica prolongada y la percepción de una amenaza nuclear iraní. El

derecho internacional es aplicable a Israel, aunque su alcance sigue siendo tema de

controversia. Este conflicto afecta la economía global al desestabilizar una región

estratégica para el sector energético. La respuesta internacional ha sido variada, con

apoyo inicial a un bando y un llamado generalizado a la paz que culminó en un alto el

fuego.
En un mundo cada vez más interconectado y, paradójicamente, fragmentado

por múltiples tensiones, el Derecho Internacional emerge como una herramienta

indispensable y un faro de esperanza para la resolución de conflictos. Su relevancia

trasciende la mera retórica, constituyéndose en el marco normativo que posibilita la

coexistencia pacífica y la búsqueda de soluciones dialogadas ante disputas que, de

otra forma, escalarían hacia la devastación. En la complejidad de los conflictos

actuales, desde las guerras interestatales hasta las crisis humanitarias y las disputas

territoriales, la aplicación de principios y normativas internacionales es lo que puede

trazar el camino hacia la estabilidad.

El papel del Derecho Internacional en estos escenarios es multifacético.

Primero, establece límites claros a la conducta de los Estados y otros actores,

proscribiendo el uso de la fuerza salvo en defensa propia o con autorización del

Consejo de Seguridad de la ONU. Esta limitación es crucial para evitar la anarquía y

la ley del más fuerte, buscando mantener un orden basado en reglas y no en el poderío

militar. Segundo, provee mecanismos y plataformas para la negociación y la

mediación, como la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional y

diversos organismos de la ONU, que facilitan el diálogo y la búsqueda de acuerdos

vinculantes. Estos foros permiten que las partes en conflicto diriman sus diferencias

de manera pacífica, basándose en principios de justicia y equidad.

Finalmente, el Derecho Internacional no solo busca prevenir y resolver

conflictos, sino también proteger a las poblaciones civiles y garantizar la rendición de


cuentas por las violaciones más graves. Las normas del Derecho Internacional

Humanitario y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos son

fundamentales para mitigar el sufrimiento en tiempos de guerra y asegurar que los

crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y el genocidio no queden

impunes. En un panorama global donde los conflictos tienen profundas implicaciones

humanitarias y económicas, el Derecho Internacional se erige como el pilar sobre el

cual se construye la confianza, la cooperación y, en última instancia, una paz

duradera. Su constante evolución y aplicación, aunque desafiante, es la clave para un

futuro más estable y justo.

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