FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD
CARRERA DE PSICOLOGÍA
T3
Grupo: 07
Nombre del curso: Psicología Clínica
Docente: Omar Arturo Lizarraga Carrasco
Fecha de entrega: 16/06/25
INTEGRANTES:
● Adriana Katherine Gonza Salazar = 100 %
● Martin Sebastian Curi Ortiz = 100 %
● Jeanfranco Jesús Aroni Navarrete = 100%
● Ariana Estrella Tovar Cruz = 100%
Ciclo V
Lima - Perú
2025
I. INTRODUCCIÓN
El propósito de este informe es explicar de manera clara y sencilla los diversos
enfoques clásicos y posmodernos utilizados en diversos contextos, y como estos de
la mano de una correcta intervención psicoterapéutica, ayudan a mejorar los
resultados del tratamiento brindado, asegurando la satisfacción del paciente. Por lo
tanto, es crucial entender la razón del cliente y construir un vínculo fuerte con él,
utilizando estrategias que estén fundamentadas (Pallas et al., 2025).
Además, la intervención psicoterapéutica tiene un rol fundamental dentro de la
psicológica clínica, ya que promueve y ayuda al bienestar del paciente a través del
acompañamiento emocional y en la resolución de conflictos personales. Su
efectividad está vinculada tanto a la formación profesional como en las cualidades
personales del terapeuta, quien debe tener una buena capacidad para establecer
vínculos empáticos, éticos y genuinos con el paciente. Gracias a dicho proceso , la
psicoterapia no solo ayuda a disminuir los síntomas emocionales, también motiva a
un cambio profundo y personalizando, siguiendo al pie de la letra cada caso (Acuña,
2017).
Asimismo, un aspecto que se encuentra de manera fundamental en la intervención
psicoterapéutica es el uso del análisis funcional como herramienta clínica; por lo
cual, este modelo permite la comprensión de los problemas del paciente a través de
una perspectiva conductual, considerando sus antecedentes, consecuencias y
variables mediadoras o causales; por su estructura lógica durante el análisis
funcional, lo cual no solo facilita el diseño en las intervenciones personalizadas, sino
también en las que se basan en relaciones reales y modificables, fortaleciendo la
efectividad del tratamiento aplicado (Ibañez et al., 2022).
Por eso, este informe no sólo pretende describir los enfoques clásicos y
posmodernos , sino que también analiza cómo cada uno puede ayudar o
implementarse de forma satisfactoria en distintos contextos clínicos. Comprendiendo
los fundamentos teóricos y las estrategias prácticas que propone cada enfoque, se
facilitará proporcionar una intervención más específica, empática y adaptada a lo
que necesita el paciente. Así, el lector podrá comprender la importancia de elegir el
modelo terapéutico que más se adecua dependiendo del caso en específico ,
pudiendo entender que una intervención bien argumentada es importante para
promover el cambio psicológico y el bienestar de las personas. (López-Bermúdez et
al., 2021).
II. DESARROLLO
1. ENFOQUE CLÁSICO CONDUCTISMO
El enfoque conductista logró brotar a inicios del siglo XX como una opción científica
al estudio introspectivo de la mente. John B. Watson fue el responsable de
proponer una psicología basada solamente en la conducta observable, planteando
que debe convertirse en una ciencia orientada a predecir y controlar el
comportamiento humano. El conductismo se estructura sobre cuatro elementos
importantes. Primero, su objeto de estudio es la conducta, entendida como resultado
de la interacción entre la situación, el organismo y la respuesta. Segundo, el método
es absolutamente empírico, excluyendo cualquier forma de subjetividad. En tercer
lugar, la conducta se analiza mediante tres pilares: el estímulo (E), el organismo (O)
y la respuesta (R), constituyendo así un modelo que permite comprender y entender
el comportamiento de forma correcta y precisa. Finalmente, el conductismo ayuda a
la psicología como una ciencia aplicada, cuyo propósito es la predicción y
modificación del comportamiento, lo que apoya su uso como práctica en contextos
clínicos, educativos y experimentales. Dentro del enfoque conductista, existen dos
de los aportes más relevantes para entender y explicar el aprendizaje los cuales son
el condicionamiento clásico y el condicionamiento operante. Estos 2 surgen
también en el siglo XX y representan formas diferentes de cómo los seres vivos
toman nuevas conductas a partir de alguna experiencia vivida o adquirida (Patiño,
2018).
El condicionamiento clásico fue descubierto por el científico Iván Pávlov a partir de
sus estudios en los perros. Durante sus experimentos, se percató de que los perros
no sólo salivaban cuando se le ponía comida en la boca, sino también cuando veían
señales que anunciaban que la comida estaba cerca, como un sonido o incluso la
presencia del experimentador. Estas señales, que al principio no significan nada
para el perro, empezaron a generar la misma reacción que la comida después de
repetirse varias veces junto a ella. Esto demostró que los animales pueden aprender
a anticipar algo que va a suceder si ciertos estímulos aparecen siempre juntos. Este
aprendizaje por asociación demuestra cómo ciertos comportamientos pueden
adquirirse de forma automática, a partir de experiencias repetidas (Sanchez et al.,
2009).
Por otro lado, el condicionamiento operante fue desarrollado por el psicólogo
Skinner, quien se basó en la ley del efecto de Edward Thorndike. Esta ley habla
sobre que la conducta se fortalece si va seguida de una consecuencia agradable y
se debilita si la consecuencia es desagradable. A diferencia del condicionamiento
clásico, donde la conducta es provocada por un estímulo, en el condicionamiento
operante surge de forma natural y luego se ve influenciada por las consecuencias.
Skinner llamó "refuerzo" a cualquier estímulo que aumente o sume la probabilidad
de que la conducta se repita, y distinguió entre refuerzo positivo (cuando aparece
algo agradable) y refuerzo negativo (cuando se elimina algo molesto). Un ejemplo
es el de un alumno chistoso que recibe halagos por sus gracias: esta atención actúa
como refuerzo positivo, aumentando la probabilidad de que se repita dicha
conducta. También sobre el castigo, que baja la probabilidad de que la conducta se
repita. Debido a todo esto Skinner pudo demostrar cómo el aprendizaje puede ser
moldeado por medio de premios y castigos (Ruiz, 2022).
2. ENFOQUE CLÁSICO HUMANISMO
El enfoque humanista se desarrolló en las décadas de 1950 y 1960 como una
respuesta a las limitaciones del psicoanálisis y el conductismo, que tratan al ser
humano desde perspectivas reduccionistas, ya sea a través de sus conflictos
inconscientes o de sus reacciones observables. En este contexto, el humanismo
propone una visión completa de la persona, resaltando su libertad, capacidad para
tomar decisiones y su inclinación natural hacia el crecimiento personal.
Esta corriente, conocida como la tercera fuerza de la psicología, se fundamenta en
el existencialismo y la fenomenología, poniendo el foco en la experiencia subjetiva y
en el significado que las personas otorgan a sus vivencias.
Abraham Maslow fue uno de los más importantes representantes del enfoque
humanista quien planteó la teoría de la jerarquía de necesidades.En dicha teoría el
propone que el humano se esfuerza con el objetivo de satisfacer necesidades en un
orden ascendente, comenzando por las fisiológicas y terminando en
autorrealización. De acuerdo con Maslow, cuando el ser humano cumple el objetivo
de satisfacer las necesidades tiende a conseguir y desarrollar todo su potencial y
alcanza un estado de bienestar psicológico profundo. Esta idea tuvo un impacto
demasiado significativo en cómo poder comprender y entenderlos procesos de salud
mental, al centrarse no priorizar sólo la ausencia de enfermedad, sino también en el
florecimiento humano (Riveros Aedo, 2014).
Por su parte Carl Rogers, fue otro representante importante del humanismo, quien
propuso la la Terapia Centrada en la Persona, un enfoque terapéutico
argumentando en tres condiciones : la empatía, la autenticidad y la aceptación
incondicional. Rogers mantenía su postura que si el terapeuta logra crear un entorno
donde estas condiciones estén presentes, el cliente podrá reconocer su experiencia
interna y avanzar hacia una vida más congruente y satisfactoria. Esta forma de
intervención logró dejar una huella que generó una revolución en la práctica clínica,
al cambiar el énfasis desde el diagnóstico y la interpretación hacia un choque
auténtico entre el paciente y el terapeuta.
En conjunto , el enfoque humanista también ha dejado una huella en varios modelos
terapéuticos como la terapia Gestalt, la logoterapia de Viktor Frankl y las
psicoterapias existenciales. Estos modelos mantienen la visión del ser humano
como un agente activo en su propia transformación, con el deseo profundo de
generar una conexión y sentido . Actualmente, esta perspectiva sigue vigente en la
práctica clínica, educativa y comunitaria, pudiendo proponer una alternativa ética y
esperanzadora que logra valorar a las personas por encima de sus síntomas o
conductas. Como señala Riveros Aedo (2014), el humanismo seguirá siendo una
base sólida para comprender y acompañar al ser humano en su complejidad y
dignidad.
3. TERAPIA FAMILIAR SISTÉMICA:
Esta terapia surge a partir de los aportes de la Teoría General de los Sistemas,
propuesta por von Bertalanffy en las décadas de 1940 y 1950, quien la aplicó como
una alternativa relacional al modelo individualista de la psicoterapia. A través de
esta teoría, se plantea una forma de entender a la familia como un sistema
compuesto por elementos interdependientes, que influyen mutuamente en la
búsqueda del equilibrio. Esto permite analizar, desde esta perspectiva, los síntomas
familiares a partir de fundamentos como las relaciones y la comunicación, la
comprensión de los mensajes, y un enfoque circular, en el cual las causas se
entienden desde los patrones de interacción (Villarreal y Paz, 2015).
Por ello, a partir de este enfoque surgieron distintos modelos que ayudaron a
enriquecer su desarrollo. Entre algunos que podemos mencionar se encuentra
Nathan Ackerman, quien resaltó el valor emocional en las relaciones familiares.
También Murray Bowen, quien propuso el concepto de diferenciación del self,
refiriéndose a la capacidad de cada miembro para mantener su identidad sin perder
el vínculo con el sistema. A esto se suma el uso del genograma como herramienta
para identificar patrones familiares, lo que a su vez dio lugar al surgimiento de otros
aportes y autores que ayudaron a ampliar la comprensión del sistema familiar
(Rivas-Santiago, 2022).
Desde esta perspectiva, se comprende que el síntoma no pertenece a un único
individuo, sino que forma parte de una red de relaciones. Por ello, el terapeuta deja
de actuar como un experto que “arregla” al paciente, y pasa a ser un participante
que facilita nuevas formas de interacción. Utiliza herramientas como la neutralidad,
que le permite no posicionarse a favor de ningún miembro, y la circularidad, que
sirve para explorar cómo cada integrante influye en los demás. De esta manera, el
terapeuta guía el diálogo para que los propios miembros del sistema descubran
nuevas formas de observar y entender el problema (Rodríguez-Bustamante, 2016).
Finalmente, se concluye que, dentro de la Terapia Familiar Sistémica, la
comunicación se convierte en el eje central del proceso terapéutico. Se considera
que toda conducta tiene un valor comunicativo, incluso cuando no se expresa
verbalmente. Esta intervención se desarrolla en tres planos: el cognitivo (lo que se
piensa), el emocional (lo que se siente) y el pragmático (lo que se hace). A través de
técnicas como las preguntas circulares, el uso de metáforas y la exploración de
historias compartidas, se abren nuevas posibilidades de significado que permiten
que el cambio surja desde dentro del propio sistema familiar
(Rodríguez-Bustamante, 2016).
4. TERAPIA CENTRADA EN SOLUCIONES:
Esta terapia, creada por Steve De Shazer hacia el final del años 70, es un enfoque
terapéutico que se enfoca principalmente en aprovechar de forma más efectiva las
soluciones que los pacientes han implementado para intentar solucionar su
problema (Arrimada, 2021), reconociendo que estos no se manifiestan todo el
tiempo, sino que hay momentos específicos en los que no se presentan, y a esto se
le llama “excepciones”, con el propósito de tratar de construir soluciones. El trato de
todas las sesiones siempre debe ser cordial y muy colaborativo por ambas partes,
acompañado de elogios de forma honesta por parte del terapeuta. Para llevar una
terapia bien establecida se deben poner en claro cuales son las metas. Con el
apoyo de la “Pregunta del Milagro”, el paciente imagina que cosas cambiarán de su
vida, si su problema desaparece. En base a la respuesta brindada se continúa
preguntando: ¿Qué sería lo primero que notarás ante este cambio?, siendo este un
escenario irreal nos lleva a obtener un acercamiento de las respuestas al problema
del paciente. Esta pregunta posee características relevantes, ya que al terapeuta le
facilita la creación de objetivos definidos para la terapia y en cuanto al cliente, le
aporta un efecto motivador (Villanueva, 2007).
Esta no es la única herramienta utilizada en la TCS, ya que además se emplean las
escalas de avances, siendo esta una escala personal que permite al cliente valorar,
entre otras cosas: la severidad del problema, su nivel de expectativas sobre un
posible cambio, cuánta seguridad tiene en que las cosas mejorarán, el avance que
ha logrado desde la sesión anterior, cuándo se sentirá satisfecho y muchas otras
(Saenz, 2006), en el cual se dibuja una línea con números del 1 hasta el 10, estas
escalas se pueden abordar en dos sentidos: “hacia atrás”, explorando todo lo que ya
ha progresado y lo que le ha ayudado a alcanzar esa calificación y “hacia adelante”,
buscando la indicación de un leve avance y lo que requiere para lograrlo. Luego, se
le pide al paciente que identifique en qué grado considera que está su problema
siendo el 1 el grado máximo, para la siguiente sesión se realiza nuevamente el
ejercicio. Si hay un cambio, puede reflejar que el paciente por cuenta propia buscó
una solución o que quizá varió algo dentro del problema, es aquí donde se
empiezan a abrir diversas preguntas.
III. CONCLUSIONES
1. En conclusión el enfoque conductista ayuda a la psicología al proponer una
visión científica y objetiva del comportamiento. Gracias a figuras como
Pavlov, Watson y Skinner, se crearon las bases del aprendizaje como el
condicionamiento clásico y operante. Estos dos modelos nos ayudan a
entender cómo las conductas pueden obtenerse, mantenerse o cambiarse
según los estímulos o las consecuencias que sucedan. Mientras que el
condicionamiento clásico muestra cómo se forman y crean nuevas
respuestas automáticas ante ciertos estímulos, en su lugar el
condicionamiento operante demuestra que las consecuencias influyen
directamente en la repetición de dicha conducta. Ambos aportes no solo
apoyan el campo teórico, sino que también demuestran su importancia en
contextos diversos como los educativos, clínicos y sociales, priorizando el
valor del conductismo como una herramienta importante para entender,
comprender y modificar el comportamiento humano.
2. En conjunto, el enfoque humanista ha logrado influir en el campo de la
psicoterapia, proponiendo una visión más global del ser humano, donde la
experiencia personal, la libertad de elección y la búsqueda de la
autorrealización son fundamentales. Con las aportaciones de figuras como
Maslow y Rogers, se logró establecer un método de intervención terapéutica
que no se limita a la eliminación de síntomas, sino que acompaña al individuo
en su desarrollo personal. Pudiendo crear un vínculo terapéutico auténtico,
basándose en la empatía y la aceptación incondicional, ya que la relación
humana es el motor más poderoso para el cambio. Por lo tanto, el
humanismo sigue siendo una base sólida e importante para comprender y
tratar el sufrimiento humano desde una perspectiva ética, cercana y
transformadora.
3. Para finalizar, la Terapia Familiar Sistémica nos da una visión integral del
comportamiento humano, en la cual se sitúa en los síntomas dentro de las
relaciones familiares; en donde se propone un cambio de paradigma al
comprender que los problemas individuales reflejan desequilibrios en el
sistema familiar; en donde el terapeuta logra actuar facilitando nuevas formas
de interacción e interacción mediante la observación, fomentando el diálogo y
fortaleciendo los vínculos, convirtiéndolo en una opción fundamental del
camino clínico.
4. Del mismo modo, la Terapia Centrada en Soluciones se logra distinguir de
manera principal por su enfoque positivo, colaborativo y orientado al futuro,
en el cual se toman los recursos y avances del cliente; mediante
herramientas como la “Pregunta del Milagro” y también las escalas de
progreso, en donde fomentan la construcción de los objetivos de manera
concreta y motivando al paciente en la identificación del problema,
promoviendo su autonomía durante el proceso terapéutico; en donde se
resaltan los enfoques que demuestran que los avances pueden generar, de
manera clave, cambios significativos.
IV. REFERENCIAS
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3oa-1.pdf
V. ANEXOS
Primera reunión
Segunda reunión
Tercera Reunión