Doctrinas Basicas Revisadas 122
Doctrinas Basicas Revisadas 122
La Biblia es enteramente la palabra de Dios, aunque haya sido escrita por hombres. Existen múltiples
evidencias que así lo demuestran. Estas evidencias pueden ser clasificadas en internas y externas.
Evidencias internas. Son aquellas que están contenidas dentro de la misma Biblia; es decir,
declaraciones escriturales donde la Biblia afirma ser la palabra de Dios (Sal. 19:7-11; 119:104-105; Je.
36:1-2; Jn.10:35; Ro. 3:2; 1 Ts. 2:13; 2 P. 3:15-16).
Evidencias Externas. Son aquellas que presentan situaciones tocantes a la Biblia que Únicamente
pueden ser explicadas por medio de la aceptación de que ella es la palabra de Dios. Algunas de
las evidencias externas más notables son las siguientes:
SU UNIDAD: La Biblia fue escrita por no menos
de cuarenta autores, la mayor parte de ellos nunca se conocieron pues vivieron en épocas diferentes con
intervalos de hasta 1,600 años, hablaron idiomas diferentes, pertenecieron a culturas diferentes,
vivieron en países diferentes, poseyeron personalidades y oficios tan variados como lo son el de pescador
y poeta, el de rey y medico; pero, a pesar de todo ello, la Biblia no es simplemente una colección de 66
libros diferentes, es un libro que muestra una unidad de principio a fin. Unidad de continuidad histórica,
doctrinal y revelación. El hecho de que los escritores humanos de la Biblia no se hayan conocido y,
muchas veces, tampoco se leyeron, resalta la verdad de que la unidad de la Biblia únicamente puede ser
explicada como un milagro que la coloca en la categoría de palabra de Dios.
SU EXTENSION: La Biblia es un libro que no solamente habla de asuntos espirituales.
Ella se extiende para tocar temas Científicos, históricos, geográficos, culturales, sociales, sanitarios,
psicológicos. pero, aunque la extensión del contenido de la Biblia es tan amplio, resulta un verdadero
milagro que todas y cada una de sus afirmaciones, en cualquiera de esos campos, son siempre exactas y
sin error. Este hecho cobra mayor realce al considerar que la Biblia es el libro completo más antiguo que
conserva la humanidad. Sus libros fueron escritos en una época en que se ignoraban por completo los
modernos descubrimientos; sin embargo, nada de lo que en ellos está escrito ha sido nunca contradicho
por descubrimientos posteriores. Esta infalibilidad en tan diversos campos del conocimiento solo puede ser
explicada por la verdad de que la Biblia es la palabra de Dios.
SUS PROFECIAS: El cumplimiento en la historia de las diferentes profecías bíblicas es una de las
evidencias más convincentes de su origen divino. En la Biblia se encuentran profecías como la de la
sucesión de los grandes imperios mundiales, se anuncia por nombre la llegada de grandes conquistadores
como Ciro, se profetiza con siglos de antelación la fecha exacta de la venida del Mesías, se profetiza el
lugar y la forma de su nacimiento, su carácter, sus Milagros, sus palabras, la forma de su muerte, su
sepultura, su resurrección. En fin, la mayor parte de la Biblia es profecía y la mayor parte de ella se ha
cumplido al pie de la letra, la otra parte se está cumpliendo en el presente y la parte final se cumplirá
próximamente conforme al orden que ella misma establece. El hecho de que las diferentes predicciones de
la Biblia se hayan cumplido con absoluta exactitud es prueba de su origen sobrenatural.
SU ACEPTACION: Aunque no han faltado los Detractores de la Biblia, lo cierto es que ella sigue siendo el
libro de mayor popularidad jamás escrito. Es el libro que se ha traducido a mayor número de idiomas que
ningún otro. Cada año, desde que se inventó la imprenta, ha conquistador el primer lugar en número de
ejemplares impresos y distribuidos. Su aceptación es universal, la leen los niños, los jóvenes, los adultos y
los ancianos. Ha sido inspiración de escritores, oradores, políticos, artistas, etc. Es el libro sobre el que
mayor número de comentarios se han escrito. Millares de eruditos se han dedicado a su estudio sin agotar,
después de siglos, sus enseñanzas y verdades. Este fenómeno literario sin par, es otra prueba de su origen
divino.
SU PODER: La Biblia es el libro que más vidas ha cambiado. Ella transforma el carácter de los hombres y
de los hogares. Su lectura puede librar de los vicios, de las enfermedades, del pecado y de la
desesperanza. Su lectura anima, reprende, consuela, corrige. Quien la lee no vuelve a ser el mismo. Ella ha
inspirado grandes hombres de la historia y ha precipitado grandes acontecimientos. Ningún otro libro ha
probado tener más poder para mover el corazón humano que la Biblia. La conjugación de las evidencias
internas y externas que hemos mencionado prueban que la Biblia es la palabra de Dios. Sin embargo,
sigue pendiente de resolución el explicar cómo un libro que fue escrito por hombres pueda ser
palabra de Dios. Esta cuestión es la que aclara el concepto de la inspiración. Para definir adecuadamente
ese concepto vamos a refutar, primeramente, teorías erróneas que tratan de explicar el fenómeno de la
inspiración.
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Teoría del dictado. Es aquella que trata de explicar la inspiración de la Biblia en el sentido de que
los hombres que la escribieron actuaron únicamente como secretarios que copiaban lo que Dios les
dictaba. Esta concepción tan simple no hace justicia al fenómeno de que los diferentes hombres que Dios
usó para escribir la Biblia dejaron estampado su propio estilo en cada uno de sus libros; cosa que no
debería haber ocurrido si en realidad actuaron solamente como secretarios. Por otro lado, los hombres que
escribieron la Biblia expresaron muchas veces sus pesares, sus temores, sus alegrías, sus expectativas y
sus deseos personales; cosas todas ellas que van más allá de la simple función de copista. Este fenómeno
se convierte en un poderoso argumento que descalifica la teoría del dictado.
Teoría del concepto. Es aquella que afirma que Dios únicamente inspiró los conceptos principales
y, luego, éstos fueron redactados por los escritores usando palabras de su elección. Esta teoría no hace
justicia a la infalibilidad de las Escrituras, pues, si los hombres solo recibieron inspiración de los conceptos,
muy bien podrían haber introducido errores cuando expresaron esos conceptos.
Teoría parcial. Establece que la Biblia es inspirada solamente en algunas de sus partes no así en
otras. Hasta el presente, ninguno de los defensores de esta teoría ha logrado definir criterios adecuados
para determinar qué partes son inspiradas y qué otras no. Tal parece que la conveniencia y los intereses
personales son los elementos determinantes a la hora de tratar de definir esta importante cuestión. Como
resultado de ello no existen dos postulantes de esta teoría que estén de acuerdo en qué partes la Biblia es
inspirada; situación sospechosa que le resta toda credibilidad a semejante proposición.
Definición de inspiración. La verdadera Inspiración de la Biblia se define como una verdad que
Dios ha impartido directamente a sus autores y que, sin destruir ni anular su propia individualidad, su
estilo literario o intereses personales, les guío por el Espíritu Santo de manera tal que lo que escribieron es
la Expresión de su completo e íntimo pensamiento. Dios utilizó no solamente las manos de los hombres
que escribieron la Biblia, sino también sus ideas, culturas, temores, anhelos, etc.; pero, de manera tal
que lo que finalmente escribieron fue exactamente lo que Dios quería que se registrara. Existe, pues en la
confección de las Escrituras un aspecto divino y otro humano. La inspiración de la Biblia es verbal, plenaria
e inerrable.
VERBAL: por cuanto Dios inspiró no solamente los conceptos sino las palabras exactas que debían ser
utilizadas. Jesús abogó muchas veces con respecto a palabras aisladas de las Escrituras (Jn. 10:34-35) y
hasta por los signos de puntuación (Mt. 5:18).
PLENARIA: por cuanto la inspiración de las escrituras se extiende por igual a todas y cada una de sus
partes. (2 Tim 3:16)
INERRABLE: Por cuanto no contiene ningún error. Siendo la Biblia la plena expresión de la voluntad Divina
verbal y plenaria, ella debe ser infalible por cuanto expresa el pensamiento de Dios perfecto. Las palabras
exactas que Dios inspiro a los hombres que escribieron la Biblia son aquellas que pertenecen a los idiomas
en que ella fue redactada: hebreo, Arameo, para el antiguo testamento y griego para el nuevo testamento.
Sin embargo, la Biblia ha sido traducida al español y contamos con versiones fieles que podemos recibir
confiadamente como la palabra de Dios. Una de las traducciones más confiables y de mas amplia difusión
es la conocida como Reina-Valera Revisada. Además de su fidelidad, la mayor parte de comentarios
bíblicos, diccionarios, concordancias y libros cristianos en general utilizan el texto de la Reina-Valera
Revisado, por lo que resulta doblemente ventajoso familiarizarse con ella. La Biblia, como palabra de Dios
debe ser la norma suprema de doctrina y conducta para todo cristiano y todos los demás elementos de
doctrina deben ser recibidos únicamente bajo la condición de que se ajusten a sus afirmaciones.
2- LA TRINIDAD DE DIOS
Existe un único Dios verdadero que subsiste en tres personas distintas: Padre, Hijo, y Espíritu Santo. Estas
tres personas participan de la misma sustancia y poseen los mismos atributos, lo que da por resultado que
vienen a ser iguales en poder y gloria.
Tres personalidades que no deben confundirse ni mezclarse; pero, una sola sustancia que no deben
dividirse. Las verdades básicas en las que se apoya la doctrina de la trinidad son las
siguientes:
HAY UN SÓLO DIOS. La doctrina de la Trinidad se fundamenta sobre la verdad de que únicamente hay un
sólo Dios verdadero. Rechaza todo triteísmo y toda aquella idea que sea contraria al monoteísmo bíblico
(Dt 4:35, 6:4, 32:39; 2 S. 22:32; Sal.86:10; Mr. 12:32; Ro.3:30; 1 Ti.2:5).
EL ÚNICO DIOS VERDADERO POSEE UNA PLURALIDAD DE PERSONAS. Dios es singular en cuanto a
su sustancia; pero plural en cuanto a sus personalidades. Esta pluralidad de personas se demuestra por el
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uso de nombres, pronombres, y verbos en plural que se le asignan al único Dios verdadero (Gn. 1:26, 3:22,
11:6-7: Is. 6:8). Las tres personas divinas aparecen de manera simultánea y diferenciada en diversos
pasajes de las escrituras: Dn. 7:9, 13:14; Mt. 3:16-17, 17:5, 28:19; Hch. 7:55-56; Ap. 4:5, 5:1, 6-7.
CADA UNA DE LAS TRES PERSONAS POSEE LA SUSTANCIA DIVINA. El Padre es Dios (2 R.19:15;
Is.44:6; 1 Co.8:6) El Hijo es Dios (Ro. 9:5; He. 1:8; 1 Jn. 5:20). El Espíritu Santo es Dios ( Hch. 5:3-4; 2
Co.3:17). Cada una de las tres personas tiene como su naturaleza propia la naturaleza divina. Esta
naturaleza no se divide y las y las personas de la trinidad participan de ellas en una plenitud de calidad, no
de cantidad. Cada persona es con las otras necesaria y eternamente una sustancia, de manera que no hay
tres dioses sino un sólo Dios verdadero que subsiste en las personas del Padre, del Hijo, y del Espíritu
Santo.
LAS TRES PERSONAS SON DISTINTAS ENTRE Sĺ. Las escrituras abundan en testimonios que
demuestran que, aunque las tres personas poseen la misma naturaleza divina; no obstante, sus
personalidades están marcadas con ciertas actividades que no son intercambiables sino exclusivas y que
las presentan como distintas entre sí; por ejemplo: El Padre manda al Hijo a redimir a su pueblo nunca
sucede lo contrario. El Hijo redime a la iglesia y envía al Espíritu a santificar, nunca se dice que el Espíritu
haya sido crucificado o que el Espíritu envíe al Hijo a santificar. Mt. 26:39, 20:23, 27:46; Mr. 13:32; Lc.
2:49, 12:10, 23:46; Jn. 1:18, 5:31-32 y 37, 7:37-39, 8:16-18, 14:16- y 28, 16:28, 20:17; Hch.10:38; 1 Co.
15:24 y 27-28. Ga 3:20; Col.3:1.
La trinidad de Dios es un fenómeno esencialmente único y, por consiguiente, está muy por encima de la
posibilidad de una completa comparación o ilustración. Los diferentes ejemplos que se utilizan para aclarar
el concepto de Trinidad no podrán dar sino solamente una idea para su comprensión. Por ello, no debe
insistirse excesivamente en el afán imposible de querer comparar la Trinidad con cualquier otro fenómeno
material.
3- LA DEIDAD DE CRISTO
Jesús es el único ser en que se han conjugado las naturalezas divina y humana. El hecho de que Jesús
muestre muchas características humanas no menoscaba la realidad de que él es Dios. Examinemos
algunas de las evidencias que demuestran que Jesús es Dios.
Jesús es declarado Dios desde el Antiguo Testamento. Compárese el Salmo 45:6-7 con Hebreos 1:8-9. El
Salmo 110:1 con Mateo 22:44. Hay que considerar también Isaías 7:14 con Mateo 1:22-23. (Is. 9:6, 40:3).
Jesús se declaró a si mismo Dios (Jn. 8:58-59, 10:30, 14:8,9; Ap. 1:17-18).
Jesús es declarado Dios en el Nuevo Testamento. (Lc, 1:16-17; Jn. 1:1, 20:28; Ro. 9:5; Col. 2:9; 1ª Ti. 3:16;
2ª P. 1:1; 1ª Jn. 5:20).
Jesús es declarado Dios en razón de sus atributos. El perdonó pecados (Mr. 2:5-7; Lc. 7:48-50). Él es
omnipresente (Mt. 18-20; Jn. 3:13; Ef. 1:23, 4:10). Él es omniciente (Mt. 12:25; Jn. 2:24-25, 21:17; Col. 2:3).
Él es omnipotente (Mt. 28:18, He. 1:3). Él es eterno (Mi. 5:2; Jn. 1:1-2; Col. 1:17). Él es inmutable (He. 1:11-
13; 13:8).
Jesús es declarado Dios en razón de que recibe igual adoración y reverencia que el Padre (Mt. 14:33, 28:9,
Ap. 5:8-12).
Jesús es declarado Dios en razón de que el creo el universo (Jn. 1:1-3; Col. 1:15-16; He. 1:2, 10).
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Para saber si el Espíritu Santo es una persona se hace necesario examinar si cumple con las condiciones
básicas que hacen de un ser una persona. Las tres cualidades básicas de la personalidad son; La
capacidad de razonar, la capacidad de experimentar emociones y la capacidad de decisión.
Las emociones. El Espíritu Santo posee sensibilidad y es capaz de experimentar emociones (Is. 63:10; Ro.
15:30; Ef 4:30).
La voluntad. El Espíritu Santo es capaz de tomar decisiones por sí solo (1ª Co. 12:11).
Puesto que el Espíritu Santo reúne las cualidades de la personalidad, concluimos que él es una persona y
no simplemente una influencia. Además, la Escritura se refiere siempre a él como a una persona (Jn, 14:16-
17)
Las acciones que la Biblia atribuye al Espíritu Santo pueden ser ejecutados tan solo por una persona. Se
nos dice que el Espíritu habla (Hch. 8:29; Ap. 2:7), Enseña (Jn. 14:26), Reprueba (Jn. 16-8), elige (Hch. 13:2,
16:6-7, 20:28), testifica (Jn. 15:26), Guía (Ro. 8:14; Gá. 5:18), Escudriña (1ª Co. 2:10) e Intercede (Ro.
8:26).
Habiendo demostrado que el Espíritu Santo es una persona, queda pendiente el asunto de su divinidad. En
cuanto a esto hay suficiente evidencia como para concluir que él es Dios.
El Espíritu Santo es declarado Dios en el Antiguo Testamento. Compárese Isaías 6:8-10 con Hechos 28:25-
27. Jeremías 31:33-34 con Hebreos 10:15-17.
El Espíritu Santo es declarado Dios en el Nuevo testamento. (Hch. 5:3-4; 2ª Co. 3:17).
El Espíritu Santo es declarado Dios en razón de sus atributos. El es omnipresente (Sal. 139:7-10). Él es
omniciente (1ª Co. 2:10-11). Él es eterno (He. 9:14).
EL ARREPENTIMIENTO
En las Escrituras el arrepentimiento es presentado como un paso necesario para entrar en el reino de Dios
(Mt. 3:8; Lc. 5:32; Hch. 5:31; 11:18; 26:20; Ro. 2:4). La idea que transmite el arrepentimiento es la
necesidad de una conversión a Dios que incluye un cambio en la manera de pensar, de sentir y de actuar.
En cuanto al cambio en la manera de pensar, el arrepentimiento implica una transformación en las
apreciaciones que se han tenido acerca de Dios, del pecado y de sí mismo. En el caso de la parábola del
hijo pródigo el regreso a casa estuvo marcado, inicialmente, por un cambio en la manera de pensar (Lc.
15:17-19).
En cuanto al cambio en la manera sentir, la Biblia enseña que cuando se produce un verdadero
arrepentimiento acontece una conmoción emocional en la persona. Nadie puede arrepentirse y seguir tan
frio como una piedra (Mt. 26:75; 2 Co. 7:9-10).
En cuanto al cambio en la forma de actuar, el arrepentimiento es la frontera entre una vida
disipada y una vida consagrada a Dios que da frutos dignos de arrepentimiento. Las Escrituras hacen gran
énfasis en la verdad de que el verdadero arrepentimiento debe mostrarse por los hechos (Mt. 3:7-8; 7:21-
23; 21:28-32; Lc. 6:43-45; Ap. 2:5).
Para que se produzca un arrepentimiento legítimo, deben presentarse los cambios en los tres
aspectos señalados de manera simultánea. Si hay un cambio en las acciones, pero no en el pensamiento ni
en el sentir tan sólo se ha producido una reforma religiosa, no una conversión. Si hay un cambio en los
sentimientos, pero no en la actuación ni en la forma de pensar sólo se ha producido un remordimiento. Si
hay un cambio en el pensamiento, pero no en el actuar o en el sentir solamente se ha producido una
persuasión intelectual.
El arrepentimiento es un don de gracia que Dios concede de acuerdo a su libre voluntad (Hch. 5:31; 11:18;
Ro 2:4; 2 Ti. 2:25). Pero, además, el arrepentimiento es una responsabilidad que Dios demanda de todo ser
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humano (Hch. 17:30). De manera que si alguna persona no se arrepiente resulta culpable de rebeldía ante
Dios y reo de condenación; pero, si, por el contrario, se arrepiente, debe alabar a Dios quien es el único
que puede conceder la gracia de experimentar el arrepentimiento para vida.
Dios creo al hombre a su imagen y semejanza moral. Por consiguiente, estaba dotado de santidad,
inocencia, amor, misericordia, etc. Gen 1:26-27 Sin embargo, cuando el hombre peco, voluntariamente
perdió la imagen de Dios y corrompió su naturaleza. El hombre atrajo sobre si la muerte, la corrupción, la
enfermedad y todos los males que se derivan del pecado. Cuando el hombre procreo sus primeros hijos,
estos heredaron la naturaleza caída naciendo muertos espiritualmente (Ro. 5:12 y 18-19). Desde entonces,
todo ser humano nace cargando la culpa del pecado original y mereciendo la condenación. Rom 3:23
Puesto que la salvación del hombre es por gracia un don gratuito de Dios. Efesios 2:8 el hombre es
incapaz espiritualmente de venir y reconocer su necesidad espiritual a menos que Dios intervenga
en el Juan 6:44,65; la incapacidad del hombre no es física ni mental si no espiritual dado que está
muerto en sus delitos y pecados Efesios 2:1. Podemos decir que el hombre es responsable en parte
ya que el decide voluntariamente aceptar o rechazar el don de la salvación.
El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el
lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a
través de la fe. Tito 3:5-7
5- Evidencias de la salvación.
A) La evidencia interna de la salvación es el testimonio directo del Espíritu. Ro-
manos 8:16
B) La evidencia externa ante todos los hombres es una vida de justicia y verdadera
santidad. Efesios 4:24; Tito 2:12
· Los tres tiempos de la salvación
Justificación
La justificación, es la fuente de gracia de Dios por el cual declara justo al pecador, únicamente a través del
sacrificio de Cristo y por la fe en Jesús el pecador es justificado, la justificación es un acto no un proceso
que el hombre recibe cuando cree el Jesucristo Romanos 5: 1. Justificados, pues, por la fe, tenemos paz pa-
ra con Dios por medio de nuestro señor Jesucristo. El Apóstol Pablo afirma que nosotros estábamos total-
mente en pecado, y que fuimos hechos justicia de Dios en Cristo 2 Corintios 5:21.
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La justificación es una doctrina fundamental del cristianismo, el Apóstol Pablo afirma que somos hechos
justicia de Dios en El, ahora Santiago nos habla que la justicia tiene que ser manifestada a los hombres a
través de las obras, y de nuestra conducta, Santiago 2: 21, 23. Hechos 13: 39.
La justificación produce en la vida del creyente, paz, gracia redentora, esperanza y seguridad, disfrutamos
del amor de Dios, tenemos comunión del Espíritu Santo, y somos de la ira de Dios.
La relación entre la fe la justificación, la te es esencial, en la teología Biblica nos enseña que la justificación
se obtiene mediante la fe en Jesucristo, la e en el vehículo que nos conecta con la obra redentora de Cristo
en la cruz, cuando confiamos en Jesús como salvador Dios nos declara justos.
2- La Santificación:
Creemos que todo ser humano es santificado para Dios únicamente por medio de la Justicia Divina 1
Pedro 1:2 esto descarta que el hombre puede ser santificado por cualquier otro mérito humano.
Enseñamos que por la obra del Espíritu Santo también hay una santificación progresiva mediante la
cual el estado del creyente es traído a un punto más cercano al objetivo central que es estar en
comunión con el Dios Santo. También A través de la obediencia a la Palabra de Dios Juan 17:17 y la
capacidad dada por el Espíritu Santo, el creyente es capaz de vivir una vida de mayor santidad en
conformidad a la voluntad de Dios, volviéndose más y más como nuestro Señor Jesucristo 1 Pedro
1:15 si no, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera
de vivir;
4- LA JUSTIFICACIÓN
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La justificación es el acto por el que Dios declara inocente a una persona, librándola de toda acusación que
podría presentarse contra ella.
Siendo que los hombres han pecado, Dios no podría declarar a nadie justo sin romper su ley (Ex. 23:7).
Dios no puede hacer ningún compromiso con el pecado; por tanto, él preparó una base eficaz sobre la que
pudiera declarar justo al pecador sin lesionar su rectitud. Esta base Dios la estableció cuando entregó a su
Hijo para que soportara la condena que merecía el pecador (Ro. 8:3). De manera que Dios sigue siendo
perfectamente justo al recibir justificados a los que se acercan a él por medio de Jesucristo (2 Co. 5:21).
La sangre de Cristo es el único medio de declarar justo a un pecador; pues, sólo Cristo ofreció la
propiciación adecuada para satisfacer a Dios a la vez que fue el sustituto del creyente en el juicio.
La seguridad de la justificación reside en el hecho de que el mismo Dios que nos había sentenciado
como pecadores, ahora, en su Hijo, nos declara totalmente libres. Nadie puede condenarnos, nuestra
justificación es completa y definitiva (Ro. 8:33).
La justificación se recibe por medio de la fe. Únicamente los que creen pueden ser justificados (Ro.
5:1). La fe consiste en creerle a Dios que Cristo hizo todo lo necesario para satisfacer las demandas de la
justicia divina y presentarnos ante él sin mancha ni pecado (Ro. 8:1).
Los que han sido justificados, no sólo han sido justificados de sus pecados pasados, sino también
de los presentes y futuros. Son las personas las que han sido declaradas justas no una temporada de su
vida.
La justificación es un privilegio que Dios otorga en el presente (Jn. 5:24; 1 Jn. 5:13).
Las afirmaciones de Pablo de que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley, no se
contradice con las de Santiago cuando dice que el hombre es justificado por la obra, y no solamente por la
fe (Ro. 3:28; Stg. 2:24). Las afirmaciones son complementarias, pues mientras pablo habla de cómo somos
justificados ante Dios, Santiago habla de cómo somos justificados ante los hombres. Lo primero se obtiene
por la fe en la obra de Cristo, lo segundo por las obras de fe, es decir, por nuestra conducta, que es
consecuencia de nuestra fe. No es suficiente afirmar que somos justificados, también hace falta que
nuestros actos de muestren a los ojos de los hombres que realmente tenemos la vida de Dios.
5- LA REGENERACIÓN
La regeneración ó nuevo nacimiento es el acto creador de Dios por medio del cual otorga al hombre una
naturaleza espiritual.
La generación es necesaria a causa de la corrupción del hombre el cual está muerto espiritualmente (Ef.
2:1), no puede percibir las cosas de Dios (1 Co. 2:14) y no puede entrar en el reino de Dios (Jn. 3:3,5).
En la regeneración, Dios crea en el hombre una nueva naturaleza por medio de la combinación poderosa
de su Espíritu y de su Palabra (Jn. 1:12-13; 3:5; Stg. 1:18; 1 P. 1:23).
Cuando Dios otorga la gracia del nuevo nacimiento a una persona, ésta recibe una naturaleza nueva por la
que puede elevarse en la búsqueda de lo santo (2 P. 1:4), es adoptada hijo de Dios (1 Jn. 3:8-10), disfruta
de la vida eterna ( Jn. 6:63) e ingresa a la familia de Dios ( Col. 1:13).
La naturaleza espiritual que se recibe en la regeneración no destruye ni anula la naturaleza adámica que
tiene todo hombre. De manera que, en el cristiano, coexiste ambas naturalezas: la carnal heredada de
Adán y la espiritual heredada de Cristo. El antagonismo existente entre estas naturalezas contrarias
genera en el creyente un conflicto permanente (Ga . 5:17). El deber del cristiano es fortalecer su
naturaleza nueva para vencer sobre la vieja naturaleza carnal, para ello, debe someterse a la cruz de
Cristo y moverse en el Espíritu de Dios (Gá. 5:24-25; 5:16).
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6- LA DOCTRINA DE LA VESTIMENTA CRISTIANA
Como muestra de nuestra regeneración, y que estamos camino a la perfección la Biblia indica
claramente, como debe vestir el hombre y la mujer de Dios. Esta doctrina ha sido mal interpretada y hasta
menospreciada por liberales que piensan que solo el corazón pide Dios y olvidan que Dios demanda pureza
total. (1 Tes.5:23) pero otros se cuidan de andar ordenados y mantienen una conducta interna como los
fariseos quienes cuidaban el verse bien ante los hombres, pero por dentro estaban podridos. (Mc. 12:38-
39; Lc 11:39.) es importante señalar que el Señor no estaba en contra de la ropa honesta que ellos usaban
si no de la apariencia que se escondía detrás de la ropa.
Veamos lo que la biblia pone como norma.
1- Dios está en contra de la desnudes. Gen 3:21. Dios establece que a causa del pecado el hombre
debe cubrirse, tanto que él les hizo las primeras vestimentas.
2- Dios establece que el vestuario del hombre y de la mujer deben ser diferentes, Dt 22:5
A- Para diferenciar el género sexual.
B- Para evitar la corrupción moral, como el travestismo, etc.
Dios establece que el cristiano debe honrar a su Señor con su cuerpo. (1 Co.6:20)
Tanto el hombre como la mujer deben saber que vivimos en una época de mucha confusión, social,
y depravación moral. Dios pide no ceder a la presión de la moda y costumbre del mundo, todo cristiano
esta llamado a rechazar todo lo que atenta al orden de Dios, la sociedad quiere imponer ropa; unisex.
Es sabido que las mas tentadas son las mujeres, y el Apóstol Pablo declara la forma y los principios
de la vestimenta cristiana. (1 Ti 2:9-10) los tres principios que establece la Biblia para elegir la vestimenta
a la luz de la biblia son: Decoro: es algo ordenado, bien dispuesto, de honor, y buen gusto. Pudor: es
decencia, recato, reserva, dignidad, honestidad y reverencia. Modestia: es alguien con cordura de mente,
templanza, juicio recto, prudencia, discreción, sensatez y sobriedad. También vea 1 P. 3:3-4. Dios advierte
que juzgara a los que visten ropa extraña. Sofonías 1:8
7 LA SANTIFICACIÓN
El significado básico de santificación es la acción por medio de la cual algo es separado o consagrado a
Dios. En este sentido, pueden ser santificados no solamente los hombres sino también los utensilios, los
lugares, los días, etc. En el Antiguo Testamento, la santificación abarca a las cosas y a las personas,
mientras que en el Nuevo Testamento está limitada a estas últimas.
Los creyentes, al ser santificados, son separados para Dios; implicándose con ello las transformaciones
espirituales que corresponden a su nueva relación con él. En la santificación pueden diferenciarse tres
aspectos:
La Santificación Posicional: Es aquella santidad que el creyente hereda en virtud de su nueva posición
en Cristo. Toda persona que se ha apropiado de los beneficios del sacrificio de Cristo es santa a los ojos de
Dios. Esta santificación se da en base a su nueva posición de hijo de Dios y no tiene relación con sus
acciones morales (He. 10: 12-14; 1 Co 1:2, 30). La base para que el creyente sea así declarado santo es el
sacrificio de Cristo (He. 13:12). La santificación posicional es también llamada instantánea porque, no
dependiendo de las obras del creyente sino del sacrificio de Cristo, es aplicada de manera inmediata en el
memento de creer (Hch. 26:18).
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La Santificación posicional no es susceptible de mejoramiento, pues, ninguna obra humana puede
hacer mejor la obra santificadora de Cristo.
La Santificación Perfecta: Puesto que en nuestra vida terrestre no podremos alcanzar el estado de
perfección moral; cuando Cristo regrese para levantar a su Iglesia, ejecutara en sus hijos la santificación
perfecta o final, en la cual, aquella santidad posicional que nos fue conferida por sus méritos será igualada
por nuestra santidad práctica. De manera que seremos tan santos en vida practica como lo somos en
posición ante Dios. Esto se conoce como la glorificación los creyentes (Fil. 3:20-21; 1 Jn. 3:2). Esta última
etapa de la santificación
se efectuará por obra enteramente divina sin la participación de la voluntad humana.
El bautismo del Espíritu Santo es la investidura de poder que Cristo otorga a los creyentes para un
testimonio eficaz (Hch. 1:8). El Bautismo del Espíritu Santo fue ofrecido inicialmente por Juan el Bautista
(Mt. 3:11) y, posteriormente, prometido por el Señor Jesús (Lc. 24:49).
Cuando la promesa del Bautismo en el Espíritu Santo, se manifestó a la Iglesia lo hizo como una
experiencia diferente y subsecuente a la salvación. Los Apóstoles fueron sellados con el Espíritu (Jn.
20:22); pero, fue hasta cincuenta días después que fueron bautizados en el Espíritu Santo (Hch. 2:1-4).
Cuando Felipe predicó en Samaria hubo muchas conversiones y bautismos en agua; pero, fue hasta días
después, cuando llegaron los Apóstoles, que recibieron el bautismo del Espíritu Santo (Hch. 8:14-17). Saulo
se convirtió a Cristo con lo cual, quedo sellado con el Espíritu; pero, fue hasta tres días después que recibió
la investidura de poder (Hch. 9:17).
La señal externa de haber sido bautizado en el Espíritu Santo es el hablar en otras lenguas (Hch.
10:44-46).
Puesto que recibir el Bautismo en el Espíritu Santo implica ser lleno del poder de Dios, la persona que
recibe tal experiencia vive una transformación en su carácter. Igual que Pedro que de discípulo cobarde
que negaba a su maestro, se convirtió en ardiente Apóstol proclamador del mensaje de la resurrección de
Cristo. A la vez, el testimonio ofrecido por quien ha sido lleno del Espíritu de Dios es impactante y eficaz,
pues, de por medio va el poder del Espíritu de Dios.
Los dones del Espíritu son capacidades sobre naturales que Dios otorga a los creyentes para
edificación de la Iglesia. Los dones del Espíritu Santo son manifestaciones completamente milagrosas que
no podrían ser ejercidas sin la intervención de Dios. Esto los diferencia de cualquier habilidad humana. El
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talento musical, por ejemplo, no es un don del Espíritu; pues, en el no hay ningún fenómeno sobrenatural.
Para que un creyente pueda recibir un don espiritual necesita antes ser bautizado en el Espíritu Santo para
ingresar, de esa manera, a la esfera de las experiencias sobrenaturales con Dios.
Los dones del Espíritu Santo son nueve (1 Co. 12:7-11) y, para su estudio, se clasifican en tres
grupos:
El grupo de los dones de revelación reúne aquellos dones por medio de los cuales Dios comparte su
conocimiento con su Iglesia. La comunicación de este conocimiento se produce de manera sobrenatural y
por la instrumentalidad de la persona que posee el don. Los dones de revelación son:
Palabra de ciencia: Es el don por medio del cual Dios comparte el conocimiento de hechos que
sucedieron en el pasado o que están sucediendo en el presente. Este conocimiento se adquiere de manera
sobrenatural y más allá de toda posibilidad humana (Hch. 5:3; 9:10-11; 10:19-20). La revelación de ese
conocimiento puede recibirse a través de una visión, un sueño, una voz audible, un sentir interno, etc.,
pero, siempre que se trate de revelación de hechos pasados o presentes estamos ante la operación de
hechos pasados o presentes estamos ante la operación del don de palabra de Ciencia.
Palabra de Sabiduría: Es el don por medio del cual Dios comparte el conocimiento de hechos que
acontecerán en el futuro (Hch. 11:28-30; 21:10-11; 27:21-24).
Discreción o Discernimiento de espíritus. Es el don por medio del cual Dios revela que tipo de espíritu
es el que está operando en una situación determinada. Es el don que manifiesta si un hecho sobrenatural
procede de Dios o de Satanás (Hch. 16:16-18.)
Los dones de inspiración, también de palabra, son aquellos que Dios usa para comunicar a su Iglesia un
mensaje. Los dones de inspiración se manifiestan más frecuentemente dentro de la congregación porque
son los que aportan mayor edificación a los creyentes (1Co.14:1). La enseñanza de Dios impartida a través
de los dones inspiración otorga mayor instrucción a la iglesia que cualquier milagro o revelación de hechos
ocultos.
Géneros de lenguas: Es el don por medio del cual Dios envía a una congregación un mensaje en lengua
desconocida para ser interpretado (1Co. 14:27). Aunque las lenguas que se hablan como resultado del
ejercicio del don son similares a las lenguas que se hablan como evidencia de haber recibido al Espíritu
Santo, lo cierto es que entre ambas existe una diferencia de función: las lenguas que se hablan como
resultado del don tienen interpretación; pero, las que se hablan como evidencia de haber recibido el
bautismo en el Espíritu Santo no tienen interpretación. Las lenguas que se hablan como ejercicio del don
son de una duración limitada, pues deben dar paso a la interpretación; pero, las lenguas que se hablan
como resultado como la llenura del Espíritu Santo son de duración ilimitada pues el que habla no habla a
los hombres sino a Dios. El don de géneros de lenguas, pues, es diferente al hablar en otras lenguas como
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evidencia de haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo. La razón por la que Dios envía un mensaje a
la congregación en lengua desconocida para después ser interpretado, pudiendo hacerlo de una vez en el
idioma local es para dar una señal a los incrédulos (1 Co.14:22).
Interpretación de lenguas. Es el don por medio del cual Dios otorga la interpretación de un mensaje
que se dio en lengua extraña al idioma local. Los dones de lenguas y de interpretación son
complementarios, pues, no puede ejercitarse el don de lenguas sin el don de interpretación (1Co. 14:28) y
por el otro lado, el don interpretación no puede operar si no hay lenguas que interpretar. El don de
interpretación no “traduce”; las lenguas extrañas, sino que las “interpreta”; esto trae como resultado el
que, algunas veces, la interpretación resulte mucho más prolongada que el mensaje que se expresó en
lenguas. De acuerdo a las escrituras una misma persona puede dar el mensaje en lenguas y en enseguida
la interpretación (1Co. 14:13).
Profecía: es el don a través del cual Dios otorga un mensaje a la congregación directamente en el idioma
de la localidad (1Co. 14:1-3). Los dones de palabra son para ser ejercitados en la congregación cristiana
conforme al orden que las escrituras establecen (1Co.14:27-33
Los dones de poder son aquellos por los cuales Dios realiza obras portentosas entre sus hijos. Por consistir
estos dones en la realización de hechos insólitos su manifestación es mucho menos frecuente que los
dones pertenecientes a los grupos anteriores, pues, si su manifestación se produjera cotidianamente sus
efectos dejarían de ser extraordinarios para convertirse en rutinarios. En las escrituras la manifestación de
los dones de poder va precedida por la operación de algún don de revelación, Dios manifiesta lo que va a
realizar con ello, inspira la fe necesaria para la operación del don de poder. Los dones de poder son:
Dones de sanidades: son aquellos dones por los cuales Dios otorga la curación sobrenatural de un
enfermo. Por esta curación de carácter sobrenatural se entiende que en ella no existió la intervención de
medicamento como tampoco la de procesos naturales de recuperación con que Dios ha dotado al cuerpo
humano. En los ejemplos de sanidades de las escrituras, se observa la manifestación de una revelación
antes de la operación de sanidad (Hch.3:1-7; 9:34; 14:8-10).
Las escrituras hablan de estos dones de manera plural (1 Co. 12:9) lo que indica que existe una variedad
en la manera de operar los diferentes dones de sanidades. Es decir, que el don de sanidad de una persona
puede obrar, inmediatamente, el de otra podría hacerlo progresivamente, etc. El don de santidad no opera
a voluntad de la persona que lo posee sino en base a las revelaciones que Dios otorga a tal persona (2
Ti.4:20).
Operación de milagros: Es aquel don por medio del cual se produce una alteración del curso ordinario
de la naturaleza; una intervención temporal en el orden acostumbrado de las cosas a fin de favorecer los
designios divinos (Hch. 8:39-40; 12:7-10; 13:11-12).
Fe: Es el don a través del cual Dios comparte su fe con una persona particular. Dotado de esta fe absoluta
la persona es capaz de realizar cualquier hazaña sin importar las sanidades o milagros que se necesitan
para su realización. Ella cree lo imposible (Mt. 17:20 Los resultados de una fe perseverante se describe en
Hebreos 11:1-38.
LA SANIDAD DIVINA
La enfermedad es una de las muchas plagas que cayeron sobre la raza humana a causa del pecado. Dios
no es el autor de la enfermedad; todo lo contrario, él es la fuente de salud. En las Escrituras Dios se llama
a sí mismo “El Sanador” (Ex. 15:26), de dónde se deduce que todo aquello que conduzca a la recuperación
de un cuerpo enfermo es producto de la gracia de Dios.
Existen dos maneras en que Dios otorga la salud a los cuerpos enfermos:
Sanidad indirecta: Es aquella en la que Dios sana a través de medios. La ciencia médica es uno de los
medios más avanzados y especializados que Dios ha otorgado para la recuperación de los enfermos. En las
Escrituras encontramos que Dios remetía al uso de medios con el fin de aliviar enfermedades (2 Re. 20:7-
8; 1 Ti. 5:23).
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Sanidad directa: Es aquella en donde Dios sana directamente, sin la intervención de medio alguno. La
sanidad directa se ofrece sobre la base del sacrificio de Cristo (1 P. 2:24) y es parte de la proclamación de
las buenas nuevas (Mr. 16:15-18; Hch. 4:29-30).
Dentro de la sanidad directa hay dos maneras que Dios usa para otorgar la salud. La primera, es la
sanidad instantánea, es decir, aquella que se recibe de manera inmediata (Mr. 1:40-42). La segunda, es la
sanidad progresiva, aquella en que Dios va otorgando la sanidad poco a poco (Mr. 8:22-25).
Dios no creó a Satanás tal y como lo conocemos en la actualidad, como un ser perverso y mentiroso, la
Biblia nos enseña que antes de la creación del hombre Dios formó al Querubín protector (Ez. 28:13-15),
quien era “el sello de la perfección, lleno de sabiduría y acabado de hermosura”. Este querubín corrompió
su naturaleza al aspirar a una posición que Dios no le había otorgado (Is.14:12-15). En su rebelión, Lucero
arrastró tras sí a la tercera parte de los seres angelicales (Ap. 12:3-4). De esta manera, el Querubín
Protector llegó a convertirse en Satanás y los ángeles caídos en demonios. Una parte de estos demonios
se encuentran prisioneros (Jud. 6) y serán liberados en el período de la Gran Tribulación (Ap. 9:1-11). Sin
embargo, otra parte de demonios quedó en libertad y se mueven actualmente en los aires. Ellos son las
huestes espirituales de maldad contra las que el cristiano batalla (Ef. 6:12).
En la batalla espiritual, Satanás y los demonios anteponen al cristiano diferentes tipos de lucha; algunas
de ellas son las siguientes:
Tentaciones: Si bien la naturaleza humana es lo suficientemente perversa como para ofrecer al hombre
toda clase de tentaciones (Mt. 15:19); no obstante, no se puede dejar de lado el hecho de que Satanás
también puede tentar, es decir, inducir al mal (Mt. 4:1;
1 Ts. 3:5).
Oposiciones: Se presentan cuando Satanás ofrece una tenaz resistencia al avance de la causa del
evangelio (Lc. 8:12; Hch. 13:10; Ap. 2:10).
Influencias: Se producen cuando Satanás llena el corazón de los hombres hasta el punto de la obsesión
(Jn. 8:44, 13:2; Hch. 5:3).
Posesiones: Tienen lugar cuando uno o más demonios entran en el cuerpo de una persona para poseerla.
La posesión puede reconocerse porque cuando ocurre, la personalidad de la víctima es anulada y
sustituida por el carácter perverso del maligno (Mr. 5:9).
Las posesiones diabólicas no pueden darse en un cristiano verdadero (1 Jn. 4:4, 5:18), pues el tal es
un hijo de Dios, su cuerpo es propiedad divina (1 Co. 6:20) y templo del Espíritu Santo (1 Co. 6:19).
Para todas estas formas de ataque satánico Dios ha concedido la victoria a sus hijos (Lc. 10:17-20), sobre
la base del sacrificio de Cristo (Col. 2:15). Ante una perturbación diabólica de cualquier tipo el creyente
puede ejercer, en oración, la autoridad que Dios le ha encomendado para destruir las obras del diablo (1
Jn. 3:8).
En cuanto a las personas poseídas por demonios Cristo continúa en el presente ejerciendo su autoridad
para expulsarlos.
El cristiano ha sido comisionado para echar fuera demonios (Mr. 16:17) y debe hacerlo invocando, con la
autoridad del Espíritu Santo, el nombre de Jesús para ordenar a los demonios salir de sus víctimas (Hch.
16:18).
LOS MINISTERIOS
Los ministros son hombres que Dios ha capacitado para realizar una tarea específica de edificación dentro
de su Iglesia. Dios ha establecido cinco ministerios, que son: Apóstoles, Profetas, Evangelistas, Pastores y
Maestros (Ef. 4:11). Los ministerios son exclusivamente para hombres, y no para mujeres porque
afirmamos esto, porque no se encuentra en la escritura que ninguna mujer haya sido llamada o constituida
para estos ministerios, y por la autoridad doctrinal que ejercen sobre la iglesia y porque su ejercicio es
público no privado o individual, lo que Dios no permite a la mujer. (1 Tim.2:11-15. 1Cor 14:45-35) El
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propósito de los ministerios es edificar el cuerpo de Cristo y, de manera especial, capacitar a otros para
que, a su vez, ejerzan el ministerio (Ef. 4:12). Los ministerios de Apóstol y de profetas fueron ministerios
temporales, y no están vigentes ya que el Señor los constituyo para que estableciesen las doctrinas de la
iglesia es decir el fundamento. Ef. 2:20. Pero algunas prerrogativas que poseían los apóstoles y profetas
son manifestadas en los otros tres ministerios.
Estando el fundamento el edificio que es la iglesia va creciendo, Ef.2:21, 1 P.2:25.
Una vez establecido el fundamento nadie puede poner, o seguir poniendo más fundamento. 1Co. 3:10-12
El Apóstol: A) El Apóstol es un hombre llamado directamente por el Señor Jesucristo y enviado a predicar
el evangelio. (Lc.9:1-6)
REQUISITOS PARA SER APOSTOL. A) ser instruido directamente por el Señor para que trasmitieran las
doctrinas de esta dispensación. B). ser testigo del ministerio, muerte, y resurrección de Jesús. (Hch.1:1-22,
2:32, 3:15 5:32, 10:39, 10:41.)
ATRIBUCIONES:
A) Establecer el fundamento doctrinal. (Efe: 2:20; 1 Co. 3:10-11.)
B) El Apóstol poseía una autoridad especial que no puede ser emulada para resolver controversias con
respecto a doctrina y conducta. (Hch. 1:2, 15:1-35, 2P. 3:2)
EVIDENCIAS QUE CONFIRMAN EL MINISTERIO DE APÓSTOL.
A) Este ministerio poseía señales de carácter propio que confirman el ministerio de apóstol.
(Mc.6:13, 1 Co. 9:2, 2 Co.12:12).
B) reconocido por los demás apóstoles. (Hch.1:26).
C) reconocido por la iglesia. (Hch.1:42-47.
Pablo es el último apóstol en ser llamado por el Señor que llena los requisitos.
El apostolado de Pablo es llamado como el Apóstol a los gentiles 1Ti.2:7 el cual reúne los requisitos para
ser apóstol.
A) Llamado directamente por el Señor. (Hch. 9:1-6, 1Co. 15:7-8)
B) Instruido por el Señor. (Gal.1:1-20. Efe [Link])
C) Declarado apóstol por el Señor. (1Co. 15:9-10)
D) Reconocido por los demás apóstoles. Gal 2:7-9
El Profeta: Es un ministro que poseía dones de revelación a través de los cuales Dios le revelaba tanto
hechos circunstanciales como aspectos doctrinales (Ef. 3:5). Hch.15:32
El ministerio de profeta al igual que el ministerio de Apóstol una de sus funciones fue establecer junto con
el ministerio de Apóstol el fundamento doctrinal. Ef.2:20).
El ministerio de Profeta es diferente al don de profecía. El Profeta era un ministro que enseñaba a las
congregaciones, y traía una revelación en tanto que el don de profecía no está ligado a la enseñanza. El
ministerio de Profeta fue solamente para hombres (1 Ti. 2:12), en tanto que el don de profecía puede ser
ejercido por una mujer. El ministerio de profeta se manifestaba en la forma del profeta antiguo
testamentario (Hch. 21:10-11), en tanto que el don de profecía se ejerce de manera extática.
El ministerio de Profeta fue de carácter ambulante y actuaba en las congregaciones que pertenecían al
área de su Apóstol (Hch. 11:27-28). Aunque el ministerio del Profeta era ambulante; no obstante, la
persona que lo poseía debía ser miembro de una iglesia local y estar sujeto tanto a su Pastor como a su
Apóstol.
Las evidencias del verdadero ministerio de profeta son que es tanto bíblico en sus revelaciones como en
sus enseñanzas doctrinales y cuando anunciaba hechos futuros estos se cumplen detalladamente y sin
falta.
El Evangelista: Es el que anuncia las buenas nuevas de salvación. Su mensaje, por ser para los
incrédulos, carece de complicaciones y se limita a la presentación de la salvación en Cristo (Hch. 8:4-5).
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Sus predicaciones son respaldadas sobrenaturalmente con muchas señales (Hch. 8:6-7). Estas señales
llevan como fin mover las conciencias de los incrédulos y puesto que su trabajo se ejerce con ellos, la
incidencia de las señales es mucho mayor que en cualquier otro ministerio, excepto el de Apóstol
Por su misma naturaleza, el ministerio del Evangelista es también ambulante; pero, a su vez, el
Evangelista debe estar sujeto a un Pastor y poseer una congregación local en donde llenarse durante los
períodos en que no está ministrando.
Las evidencias del verdadero Evangelista se manifiestan en el respaldo que Dios le da concediéndole
conversiones masivas y respaldo sobrenatural especial. (Hch.8:5-40, 21:8.)
El Pastor: Es un ministerio de múltiples aspectos, pues, el Pastor evangeliza, enseña, orienta, aconseja y
preserva la salud de las almas. El ministerio de Pastor es el único que no es ambulante. Esto; no obstante,
no significa que, en determinados momentos, y alguna movilidad en su campo de trabajo.
El Pastor es el responsable ante Dios por la salud espiritual de la congregación que le ha sido
encomendada (He. 13:17; Ap. 2:1, 8, 12, 18).
La evidencia del verdadero ministerio de Pastor es la innegable prosperidad y salud espiritual de la
congregación que Dios le ha encomendado a su cuidado.
El Maestro: Como su nombre lo indica es el ministerio que capacita no solamente para comprender las
verdades escriturales sino también para darlas a entender. El ministerio de Maestro es también un
ministerio ambulante, aunque algunas veces se combina con el de Pastor y, en este caso, tendrá como
base una congregación local. El Maestro debe estar sujeto a su Pastor. Hch.13:1-5
La evidencia del verdadero ministerio de Maestro es que da a comprender con gran facilidad las verdades
más complejas de la Escritura produciendo gran provecho y edificación a los que le escuchan.
Dentro de los cinco ministerios puede producirse, de acuerdo a los planes de Dios, una movilidad de un
campo a otro. Es decir, que alguien que ha funcionado como Evangelista, en determinado momento,
puede recibir el ministerio de Pastor o viceversa. También puede haber una promoción ministerial, por
ejemplo, que un Pastor pase a recibir la dignidad de Apóstol (Hch. 13:1-2). Esta movilidad se considera de
origen divino cuando en cada etapa el ministerio ha dejado tras si una estela de evidencias claras que
atestiguan que, en verdad, ejerció un ministerio de Dios.
Los elementos que participan en la organización de una congregación local son: Los ancianos, los diáconos
y los santos (Fil. 1:1).
Los ancianos: Los títulos de pastores, ancianos, obispos y presbíteros se refieren al mismo oficio. Los
nombres pueden ser usados indistintamente. Dentro del grupo de ancianos que gobiernan una
congregación están los que enseñan (1 Ti. 5:17). Entre los que enseñan hay uno que ejerce la función de
predicador y es el que Dios ha dotado con el ministerio de Pastor. El Pastor elige a los ancianos que han de
ayudarle en su labor ministerial (Tit. 1:5). Los ancianos apoyan y se sujetan en amor a su Pastor a la vez
que este considera con humildad las sugerencias y opiniones de aquellos.
Los ancianos que no enseñan, es decir, que no poseen el ministerio de Pastor; se dedican a la
administración de la congregación. Ayudan al Pastor cuando les solicita opiniones y velan por la salud
doctrinal de la congregación. Con su ejemplo enseñan a los santos la manera de conducirse como es digno
del evangelio de Cristo (1 P. 5:1-3).
Cuando un Pastor incurre en error doctrinal o en conducta impropia, es obligación de los ancianos acudir a
la junta de ancianos o pastores con el fin de que estos tomen medidas adecuadas con el Pastor desviado.
Por su parte, el Pastor también puede remover de su dignidad a cualquier anciano que incurra en errores
doctrinales o cuya actitud haya dejado de ser provechosa para el buen desarrollo de la obra de Dios.
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Los requisitos para recibir la dignidad de anciano se detallen en 1 Ti. 3:1-7 y en Tit. 1:7-9. El privilegio de
anciano se limita a la congregación local. Un ministro es ministro dondequiera que vaya; pero un anciano,
lo es solamente en su congregación local.
LOS DIACONOS: Como su nombre lo indica, los diáconos desempeñan una función de servicio en la
congregación local. Ellos no tienen facultades de dirección en los asuntos administrativos de la iglesia,
únicamente sirven amorosamente a sus hermanos en la fe (Hch. 6:1-3).
Los diáconos son propuestos por la congregación a sus dirigentes espirituales, los cuales deben dar su
aprobación y manifestarlo públicamente oficializado a las personas que recibirán el privilegio por medio de
una ceremonia de imposición de manos (Hch. 6:3-6).
Los requisitos para recibir el privilegio de diacono se establecen en Hechos 6:3 y en 1 Timoteo 3:8-10, 12.
Las diaconisas son la versión femenina del oficio de diacono y se dedican a servir a la iglesia en asuntos
propios para manos femeninas (Ro. 16:1-2).
Los santos: Toda persona que ha tenido una experiencia de conversión y de nuevo nacimiento es
injertada de manera inmediata en el cuerpo de Cristo llegando a formar parte de la congregación viene a
ser un semillero de donde surgirán los frutos diáconos y diaconisas, como también, los futuros ministros
del evangelio.
EL BAUTISMO EN AGUA
El poseer conciencia de estas verdades y su vivencia personal es lo que reviste al bautismo de su valor
espiritual. Si no existe la experiencia de morir al pecado para resucitar a una nueva vida, la ceremonia se
vuelve invalida para el que la práctica.
El Bautismo no es un requisito para la salvación; pues, esta depende únicamente de los méritos de
Cristo. No obstante, el bautismo es necesario para tener comunicación real con Dios, pues, es parte de la
obediencia a las Escrituras.
Aunque el valor del Bautismo se encuentra en la vivencia de su significado resulta importante; no
obstante, el cuidar de las formas ceremoniales que las Escrituras señalan. La primera de ellas tiene que
ver con respecto a su modalidad; es decir, la manera en que debe ser hecho. Los relatos de la escritura
sugieren que el Bautismo debe ser practicado por inmersión (Mt. 3:16; Jn. 3:23; Hch. 8:38), aparte de que
solo de esta manera se cumple el simbolismo de “sepultados” al mundo. La segunda es con respecto a la
formula a emplear, que debe ser “En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19).
No existe un tiempo definido entre la conversación y el bautismo en agua. Sin embargo, las evidencias
escriturales indican que el bautismo se realizaba tan pronto como fuera posible (Hch. 2:41, 8:35-38, 9:17-
18, 10:47-48, 16:32-33). Esta forma debe ser seguida por los cristianos actuales.
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LA SANTA CENA
La Santa Cena o Cena del Señor es la segunda de las ordenanzas. Mientras que el bautismo en agua se
recibe una sola vez en la vida; la Santa Cena es una ceremonia en la que el cristiano debe participar
periódicamente.
Al igual que el bautismo, la Santa Cena no imparte por si misma ninguna gracia especial; tanto el pan,
como el jugo de la vid, tiene solamente valor simbólico. Los beneficios que la Santa Cena brinda se reciben
únicamente cuando se vive, a plena conciencia, su significado espiritual.
La Santa Cena tiene varios significados. El primero de ellos es el de un memorial, recordándonos los
padecimientos de Cristo (Mt. 26:26-29; 1 Co. 11:23-25). El segundo, presenta a la Santa Cena como una
proclamación al mundo de la muerte de Cristo y su significado (1 Co. 11:26). En tercer lugar, la Santa
Cena refleja la unidad y comunión que existen entre los miembros del cuerpo de Cristo (1 Co. 10:16-17).
Para poder participar de la Santa Cena, la Biblia expresa que el cristiano debe hacer un examen sincero de
su vida (1 Co. 11:28-32). Dios desea que el cristiano tenga una vida reconciliada con él y con su prójimo al
momento de participar de la Santa Cena; la obediencia se vuelve necesaria para tomar de la Santa Cena;
por lo tanto, el bautismo en agua, que es parte de la obediencia a la Palabra de Dios, se convierte en
requisito indispensable.
LA ORACIÓN
La oración es el ejercicio espiritual a través del cual un creyente establece contacto directo con Dios. A
través de la Biblia habla al hombre, a través de la oración el hombre habla a Dios.
La oración es posible sobre la base del parentesco que el creyente ha recibido como hijo de Dios (Ro, 8:15-
17). El sacrificio de Cristo le ha hecho posible el acceso a Dios (He. 10:19-22).
La oración, de manera general, es hecha al Padre (Lc. 11:2; Jn. 15:16; 16:23), en el nombre del Hijo (Jn.
14:13-14) y por la gracia del espíritu Santo (Ef. 6:18; Jud. 20). Sin embargo, esto no significa que no se
pueda elevar una oración directamente al Hijo (Hch. 7:59; Ap. 22:20) o al Espíritu Santo.
Para poder recibir respuesta a la oración es necesario cubrir, al menos, los siguientes requisitos:
- Tener fe (Mr. 11:24; He. 11:6; Stg 1:5-7).
- Estar en la voluntad de Dios (1 Jn. 5:14).
- Tener una vida pura (Sal. 66:18; Pr. 28:9; 1 Jn 3:22-23).
- Orar con fervor (Stg. 5:17 Cf. con Mt. 6:7).
- Orar con perseverancia (Lc. 18:1-7).
- Orar específicamente por lo que se necesita (Mr. 10:51; Hch. 12:5)
Existen diversas clases de respuestas que se pueden recibir de Dios las más importantes son:
- Cuando no hay respuesta (Stg. 4:3).
- Respuestas inmediatas (Is. 65:24).
- Respuestas que se retrasan (Job)
- Una respuesta diferente a la esperada (2 Co. 12:7-9).
La oración es un ejercicio en el que el cristiano debe poner especial empeño, pues de ella dependerá, en
buena medida, su fortaleza espiritual.
EL AYUNO
El ayuno es el ejercicio espiritual que consiste en períodos especiales de oración que van acompañados de
la abstinencia total o parcial de alimentos.
El ayuno es una práctica vigente para el presente período de la Iglesia (Mt. 9:14-15). Cristo dio
instrucciones de cómo ayunar (Mt. 6:16-18). La Iglesia de los Hechos practicó el ayuno (Hch. 13:3; 14:23).
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Existen tres tipos de ayuno:
Ayuno Parcial: Es aquel en donde se produce una abstinencia parcial se alimentos (Dn. 10:2-3). Durante
este ayuno, la persona se limita únicamente a ingerir frutos o jugos naturales. Por cuanto no hay una
abstinencia total de alimentos el ayuno parcial puede prolongarse mucho más tiempo que los otros tipos
de ayuno.
Ayuno natural: Es aquel en donde se produce una abstinencia total de alimentos para beber únicamente
agua (Mt. 4:2). Es el tipo de ayuno más practicado y el que más se menciona en las Escrituras. Entre los
judíos un ayuno duraba veinticuatro horas. Sin embargo, en el presente, se ha popularizado el ayuno de
doce horas, de seis de la mañana a seis de la tarde. En todo caso, es la necesidad de la persona la que
debe determinar la duración del ayuno.
De acuerdo a la necesidad, también pueden hacerse varios ayunos continuos. Es decir, abstenerse durante
varios días de alimentos; pero, entregando cada tarde para cenar. Otra manera es cuando se hace un
ayuno de vario días; es decir, que hay una abstinencia de alimentos durante vario días sin entregar.
Cuando se hace un ayuno de varios días la duración máxima recomendable es de cuarenta días.
Ayuno total: Es aquel en donde se produce una abstinencia tanto de alimentos como de agua (Hch. 9:8-
9). Por ser éste un ayuno en donde no se ingiere agua, la duración máxima recomendable es de tres días.
El ayuno es la expresión de un alma necesita de Dios y es una práctica privada que debe ser realizada en
secreto.
EL MATRIMONIO
El matrimonio es una institución divina que tiene como finalidad brindar una ayuda mutua a los cónyuges
(Gn. 2:18), permitir la satisfacción del instinto sexual de manera responsable y santa (1 Co. 7:2-5, 9) y
posibilitar la multiplicación adecuada de la raza (Gn. 1:28).
El matrimonio se da entre un hombre y una mujer y la voluntad expresa de Dios es que nadie debe tener
más de un cónyuge al mismo tiempo (1 Ti. 3:2).
Puesto que las autoridades civiles han sido instruidas por Dios (Ro. 13:1), el matrimonio se hace efectivo
atreves del acto legal llamado Matrimonio Civil, el cual es sancionado por Dios y valedero para la Iglesia.
De manera, que los efectos de cualquier ceremonia religiosa no van más allá que el de ofrecer una oración
a favor de los casados y presentarlos como tales ante la congregación.
Todo cristiano es libre de casarse con quien sea capaz de dar su consentimiento con juicio, y teniendo en
cuenta los mandamientos expresados por Dios en su Palabra con respecto al tema. Estos mandamientos
son: Que el creyente tan solo puede casarse con otra persona creyente (1Co. 7:39; 2 Co. 6:14) y que el
matrimonio no puede contraerse dentro de los grados de consanguinidad o afinidad señalados por las
Escrituras (Lv. 18).
El matrimonio se contrae para toda la vida y únicamente puede ser disuelto por las siguientes razones:
Muerte. Cuando uno de los conyugues muere el que sobre vive queda libre del lazo del matrimonio
(Ro.7:2) y puede contraer un nuevo matrimonio si así lo desea (1Co. 7:39; 1 Ti. 5:14).
Infidelidad. En caso de fornicación o de adulterio después del matrimonio, la parte ofendida debe
procurar la restauración de su conyugue otorgándole perdón completo cuando así lo solicite a fin de
preservar la unión matrimonial y cumplir con la ley de Cristo. Pero, si el ofensor persiste con obstinación en
infidelidad que no pueda ser remediada ni por el conyugue ni por la intervención de los ministros del
evangelio, la parte inocente puede promover su divorcio, y después de este, puede casarse, si lo desea,
con otra persona como si la parte ofensora hubiera muerto (Mt. 5:32; 19:9).
Cuando un matrimonio se divide a causa de que uno de los cónyuges se convierte al evangelio de Cristo y
el incrédulo le abandona por su nueva fe, se puede admitir una separación de los esposos (1 Co. 7:15).;
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pero, en este último caso no hay lugar a un nuevo matrimonio, a menos que el cónyuge incrédulo incurra
más tarde también en el pecado de infidelidad, con lo cual, el caso pasaría a considerarse como adulterio.
EL CRISTIANO Y EL ESTADO
Con el fin de reprimir la perversidad de los hombres, Dios ha colocado gobernantes sobre las naciones (Dn.
4:31-32, 35). Para que cumplan con su cometido, Dios ha concedido a los gobernantes el uso de la fuerza
para establecer justicia (Gn. 9:5-6).
Puesto que las autoridades son una institución divina el creyente le debe ciertas obligaciones.
En primer lugar, el creyente tiene que sujetarse a toda ley (Ro. 13:1-2; Tit.3:1; 1 P. 2:13-14).
Segundo, el creyente debe respetar a los gobernantes y a los que están en eminencia (Ex. 22:28; Hch.
23:5).
Tercero, el creyente debe pagar sus impuestos con el fin de asegurar la subsistencia del Estado (Ro. 13:6-
7).
Cuarto el creyente debe orar por sus gobernantes (1 Ti. 2:1-2).
La sujeción del cristiano a los gobernantes se limita a lo justo y a lo que es acorde a la Palabra de Dios. En
caso que los gobernantes promulgaran leyes u ordenes que son contrarias a la voluntad de Dios expresada
en la Biblia, el creyente no está obligado a obedecer en semejante caso (Hch. 4:19; 5:29).
No obstante, en tal situación, la resistencia del cristiano debe ser pasiva teniendo presente que con su
negativa acareara la venganza de los gobernantes. En todo caso, el habrá actuado de acuerdo de su
conciencia y sabrá que lo que hizo fue en obediencia a la Palabra de Dios.
EL DIEZMO
El diezmo consiste en devolver a Dios el 10% de los ingresos que él nos concede (Gn. 28:22).
El diezmo es una práctica que se originó como una expresión de gratitud por las bendiciones recibidas de
Dios (Gn. 14:18-20) y como un reconocimiento a la mediación sacerdotal (Nm. 18:21). El diezmo se
practicó mucho antes que la ley de Moisés fuera promulgada. Por ejemplo, Abraham que vivió siglos antes
de la ley de Moisés y que fue justificado por la fe, igual que los cristianos, practico el diezmo (Gn. 14:20).
El diezmo fue practicado también bajo la ley de Moisés y cuando esta fue abolida continuo en vigencia de
la misma manera que lo había estado antes de Moisés.
LAS OFRENDAS
Las ofrendas también forman parte del agradecimiento a Dios por su provisión a nuestro hogar. A
diferencia del diezmo que es dar un 10% la ofrenda no requiere de una cantidad mínima ni máxima. Es
algo que se hace conforme cada uno propone en su corazón. 2 Co. 9:7) sin dejar de mencionar que el que
da escasamente así cosechara 2 Co.9.6)
Puede ser poco (Mr.12:42) puede ser mucho Hch.2:44-45) las ofrendas eran recogidas con un propósito
específico. A) para obras de construcción de [Link].35:5-29. B) Para ayudar a los pobres Ro.15:26; 1
Co.16:1. Etc.
Para comprender lo que sucede en el estado intermedio, es importante establecer las sustanciales
diferencias que se han producido en el a partir de la muerte y resurrección de Cristo.
Durante la muerte de Cristo. Cuando el Señor Jesús murió en la cruz, su cuerpo fue sepultado; pero, su
alma descendió al Hades (Hch. 2:31), al lugar de consuelo, donde estaban las almas de los justos (1P. 3:18-
19). El propósito de descender al Hades era el de llevar a las almas de los justos la buena nueva de que las
promesas de redención habían sido cumplidas en él. Otros pasajes que demuestran el descenso de Cristo
al Seno de Abraham o Paraíso San Mateo 12:40; Lucas 23:43; Efesios 4:9-10.
Cuando el Señor Jesús resucito de entre los muertos se llevó consigo las almas de los justos que durante
los siglos anteriores habían aguardado su llegada en el seno de Abraham (Ef. 4:8-10).
Después de la resurrección de Cristo. Al ascender a lo alto, Jesús traslado el Paraíso hasta el tercer
cielo (2 Co. 12:2-4). Los injustos fueron dejados en el Hades que continúa estando en el centro de la tierra
y el lugar donde son depositadas las almas de los incrédulos en la actualidad. Cuando una persona muere
en sus pecados, su alma es llevada al Hades en donde es atormentada hasta que llegue el día del juicio
Final (Ap. 20:13).
En cuanto a los justos, cuando mueren, sus almas son llevadas de inmediato a la presencia del Señor, al
Paraíso (2 Co. 5:6-8 Fil.1:21-24).
La razón por la que antes de la muerte de Cristo las almas de los justos no pasaban a la presencia del
Señor de inmediato, como sucede en el presente, era que la sangre que quita el pecado del mundo no
había sido derramada; pero, cuando Cristo murió, descendió a dar la buena nueva a los justos, los tomo
con él al tercer cielo y allí está recibiendo a todos los que duermen en él. Su sacrificio ha hecho toda la
diferencia.
EL RAPTO DE LA IGLESIA
En el retorno de Cristo a la tierra habrá dos apariciones: La primera para arrebatar a su Iglesia y, la
segunda, para establecer su Reino milenial. Ambas apariciones están separadas por un periodo de siete
años y poseen características muy diferentes.
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Los creyentes que estén con vida experimentaran la glorificación de sus cuerpos para recibir uno
semejante al de los resucitados (Fil. 3:20 -21).
Otro elemento digno de ser considerado como parte del día del rapto es que el Espíritu Santo se ira de la
tierra junto con la Iglesia (2 Ts. 2:7).
Los objetivos que Dios persigue con el rapto de la Iglesia son: Primero, desposar a su Hijo con la Iglesia y
celebrar las Bodas del Cordero (Ap. 19:7-9); segundo, librar a su Iglesia de la Gran Tribulación cuyo inicio,
posterior al Rapto, queda establecido en
2 Ts 2:7-12.
Algunas de las características del rapto son: No será visible al mundo (1Ts. 5:2; Ap. 16:15). Igual que al
ladrón, el mundo se le vera. Notarán la desaparición de los Santos; pero, no creerán.
Será instantáneo (1Co. 15:51-52).
Será inesperado (Mt. 24:42-44, 25:13; Mr. 13:32-33).
Será selectivo, en el sentido que únicamente serán arrebatadas aquellas personas que hayan
experimentado una sincera conversión y un nuevo nacimiento (2 P. 2:9; Ap. 3:10).
EL TRIBUNAL DE CRISTO
Cuando la Iglesia sea raptada se realizará el Tribunal de Cristo (Mt. 16:27; Ap. 22:12), en el cual, serán
juzgadas las obras del creyente. El juez en este tribunal será el Señor Jesús (2 Co. 5:10) y la finalidad del
juico es la de determinar si un creyente merece recibir o no algún galardón.
El pasaje de la Biblia que más extensamente habla sobre el tribunal de Cristo es 1 Corintios 3:8-15. En este
pasaje podemos notar las siguientes enseñanzas importantes:
Los ministros del evangelio han de ser juzgados no solo con respecto a su vida privada sino también con
respecto a la manera en que ejercieron su ministerio (v. 8-9). Compárese con
Hebreos 13:17.
Cada creyente será juzgado de acuerdo al papel que Dios le confió dentro de su obra (v. 10-11).
Las obras del creyente pueden ser buenas (oro, plata, piedras preciosas) o malas (madera, heno,
hojarasca). Cristo será quien determine si las obras son buenas o malas v.12 y lo hará no solamente por
las obras en sí, sino por los motivos que las produjeron (1 Co. 4:5). Las obras del creyente serán probadas
de acuerdo a la norma divina. Así como el fuego demuestra la eficiencia de un material, el fuego
escudriñador de Dios probara la obra de cada creyente (v. 13).
Aquellos creyentes cuyas obras no resulten aprobadas no recibirán ningún galardón; no obstante, ellos
serán siempre salvos pues su salvación no depende de sus obras sino de los méritos de Cristo (v. 15).
En la Biblia se habla de diferentes galardones que Dios dará; entre ellos, se mencionan las coronas que se
otorgaran por méritos específicos:
La Corona de Justicia para los que aman la venida del Hijo de Dios (2 Ti. 4:8).
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La corona de Gloria para los ministros (PASTORES) fieles (1 P. 5:4).
Puesto que los galardones son recompensas que se de acuerdo a las obras del creyente, es necesario
recordar que si el cristiano descuida su conducta puede perder los galardones a que se halla hecho
acreedor en el pasado (2 Jn. 8).
LA GRAN TRIBULACIÓN
La gran Tribulación es un período de aflicción sin precedentes que vendrá sobre todos los moradores de la
tierra (Ap. 3:10); pero, en especial, sobre Israel (Jer. 30:7)
La Gran Tribulación tendrá una duración de siete años (Dn. 9:27). Este periodo estará dividido en dos
partes de tres años y medio y serán de paz aparente y los segundos de gran aflicción y juicio.
Los eventos más importantes que sucederán durante la Gran Tribulación son los siguientes:
Aparicion de la Bestia o Anticristo (2 Ts 2:7-10, Ap. 13:1-4).
Aparición del Falso Profeta (Ap. 13:11-14).
La Bestia establece pacto de amistad con Israel (Dn. 9:27) Israel le recibe como si fuese el Mesías.
Paz aparente.
A la mitad del periodo de Gran Tribulación, se le impide la entrada a Satanás al cielo (Ap. 12:10-12). Con
gran ira Satanás otorga gran autoridad a la Bestia y se desatan los días difíciles de la Gran Tribulación. El
pacto con Israel es anulado (Dn. 9:27). Israel es invadido y la bestia profana el templo sentándose en el
templo de Dios para ser adorado como Dios (Dn. 7:24-25; 2 Ts. 2:4).
Se inicia la persecución contra el pueblo judío y contra los que conservan el testimonio de Jesucristo (Ap.
13:5-8
Son eliminadas dos terceras partes del pueblo judío (Zac. 13:8-9).
Dios derrama sus juicios sobre la tierra (Ap. 15:5-8, 16:1-12, 17-21).
Hacia el final de los siete años se desata la batalla de Armagedón (Ap. 16:13-16). Como resultado de la
guerra y de los juicios de Dios se produce la muerte de la cuarta parte de la población mundial (Ap. 6:8).
Los ejércitos de la Bestia se congregan en el valle de Megido a fin de enfrentar al Hijo de Dios (2 Ts. 2:8;
Ap. 19:11-19).
La Gran Tribulación además de ser un período de juicio es también un período de salvación, tanto para
judíos (Ap. 7:1-4) como para gentiles (Ap. 7:9-14).
Al final de la Gran Tribulación se producirá lo que propiamente se llama la Segunda Venida de Cristo. Las
señales que precederán la Segunda Venida son: La congregación de los ejércitos de la Bestia en el valle de
Megido (Ap. 19:9) y fenómenos en el cielo y el mar (Jl. 2:30-31; Lc. 21:25-28; Ap. 6:12-13).
La Segunda Venida de Cristo es diferente a su primera aparición ara levantar a su Iglesia. Las
características de la Segunda Venida son:
Será corporal: Jesús volverá con el mismo cuerpo glorificado con que fue tomado a los cielos (Hch. 1:9-
11; Zac. 13:6).
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Será visible: Todo ojo le vera, desde el oriente hasta el occidente (Mt. 24:27; Mr. 13:26; Ap. 1:7).
Vendrá con los ejércitos celestiales: Estos ejércitos están formados por sus ángeles (Mt. 25:31; 2 Ts.
1:7).
1) Traer juicio contra La Bestia (2 Ts. 2:8; Ap. 19:19-20), contra el sistema mundano (Dn. 2:31-35,
40-45) y contra los incrédulos (2 Ts. 1:7-10).
Las principales diferencias que se presentan entre el Rapto de la Iglesia y la Segunda venida de Cristo son
las siguientes:
En el Rapto Cristo desciende hasta las nubes (1 Ts. 4:16-17), en la Segunda Venida el desciende hasta la
tierra (Zac. 14:4).
En el Rapto el viene a recoger a sus santos (1 Ts. 4:16-17), en la Segunda Venida el viene acompañado de
sus santos) (Jud. 14).
No se dice que la venida de Cristo para levantar a su Iglesia será precedida de señales en los cielos; pero,
la Segunda Venida si será anunciada por señales en los cielos (Mt. 24:29-30)
El Rapto será invisible al mundo, será como ladrón en la noche; en cambio, en la Segunda Venida todo ojo
le vera (Ap. 1:7).
El Rapto es un trato exclusivo con la Iglesia; en cambio, la Segunda Venida es parte del trato con Israel y
con las naciones gentiles.
Aparte de estas diferencias es conveniente recordar que entre el Rapto y la Segunda Venida media periodo
de siete años durante los cuales se producirán de la Gran tribulación.
Cuando Cristo vuelva a la tierra establecerá su Reino Milenial, el cual, será un reino literal sobre todo el
planeta en donde Jesús será el Rey Soberano. El Reino de Cristo tendrá una duración de mil años (Ap. 20:1-
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Los eventos que precederán la plenitud del Reino Milenial son los siguientes:
Resurrección de los mártires de la gran Tribulación y de los justos del Antiguo Testamento (Ap. 20:4).
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Retorno del Espíritu Santo (Ez. 36:26-27).
Conversión de Israel (Zac. 12:10-12).
Restauración de Israel (Is. 11:11-12, 35:10; Mi. 4:6-7; Zac. 8:7-8).
La Iglesia participara del Reino Milenial en su calidad de Esposa del Cordero. Los cristianos fungirán como
Jueces, Reyes y Sacerdotes (Ap. 2:26-27).
Con respecto a las características geográficas del Reino Milenial tenemos los siguientes datos:
La extensión del Reino será toda la tierra (Sal. 2:8; 72:8; Zac 9:10, 14:9).
La capital será Jerusalén (Is. 2:2-3; Zac. 8:3).
El centro de adoración mundial estará en Jerusalén (Zac. 8:20-23, 14:16).
Merecen especial mención las profundas transformaciones que se producirán en la naturaleza durante el
reino Milenial:
Cuando las bendiciones del Reino sean cumplidas y termine el período de mil años, las naciones serán
probadas una vez más. Satanás será soltado de su prisión y engañara a muchos; pero, al final serán
consumidos por el fuego de Dios (Ap. 20:7-10).
Después del reino Milenial de Cristo se producirán tres eventos que merecen especial atención: El juicio de
los ángeles caídos, la destrucción del universo actual y el Juicio del Gran Trono Blanco o juicio Final.
El juicio de los ángeles caídos. Sera posterior al Reino Milenial, cuando Satanás sea lanzado al lago de
Fuego (Ap. 20:10). El juicio de Satanás se ha realizado con anterioridad (Jn. 16:11), ahora, procede el juicio
de sus ángeles (2 P. 2:4; Jud. 6). La iglesia de Cristo fungirá como juez (1 Co. 6:3). El destino final para los
ángeles caídos es el Lago de Fuego (Mt. 25:41).
Destrucción del universo actual. Inmediatamente antes del Juicio Final, la actual creación será
destruida (2 P. 3:10-12). Esta destrucción acontecerá el mismo día del juicio (2 P. 3:7; Ap. 20:11).
El Juicio Final. También se le llama el Juicio del Gran Trono Blanco. En el serán juzgados los incrédulos de
todos los tiempos. El juez del Gran Trono Blanco será el Señor Jesús será ayudado por su Iglesia para
juzgar al mundo (1 Co. 6:2).
Para comparecer en el Juicio Final los incrédulos serán resucitados en la Segunda Resurrección de
condenación. Ninguno de los que sean juzgados en el Juicio Final tienen oportunidad de alcanzar la
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salvación, el propósito de este juicio es solamente determinar el grado de castigo que cada incrédulo
soportara en el Lago de Fuego (Mt. 11:22; Lc. 12:47-48).
La base del juicio son las obras (Ec. 12:14; Mt. 12:36-37; Ap. 20:12-13). Después de ser juzgados las almas
serán lanzadas al Lago de Fuego (Ap.20:15) donde sufrirán el mayor o menor grado de castigo que el Juez
Justo haya determinado.
LA ETERNIDAD FUTURA
Después del Juicio Final al tiempo será absorbido por la eternidad. Tanto justos como injustos
entrarán en la Eternidad Futura; pero, sus estados serán diferentes:
Los incrédulos.
Su lugar: Serán arrojados a un sitio especial que en las Escrituras es llamado de las siguientes
formas: Infierno (Mt. 10:28), horno de fuego (Mt. 13:42), eterna perdición (2 Ts. 1:19), horno de fuego (Mt.
13:42), eterna perdición (2 Ts. 1:9), tinieblas eternas (Jud, 13), muerte segunda (Ap. 20:14) y lago de fuego
(Ap. 20:15).
Su condición: En la Segunda Resurrección recibirán un cuerpo diseñado para los tormentos del Lago
de Fuego. Estarán excluidos de todo favor divino (2 Ts. 1:9). Serán atormentados (Ap. 14:10). Satanás será
atormentado juntamente con ellos (Ap. 20:10).
Su duración: El castigo de los incrédulos dentro del lago de fuego es tan eterno como la gloria de
los justos (Mt. 25:46; Mr. 9:43-44; Ap. 14:10-11). La enseñanza de la destrucción de las almas es
desmentida por las Escrituras al comparar Apocalipsis 19:20 con 20:10 y considerar que entre ambos
pasajes media un periodo de mil años.
Los justos.
Su lugar: Al final del sistema actual de Dios creara un cielo nuevo y una tierra nueva (Ap. 21:1). Los
justos tendrán su lugar tanto en la nueva tierra como en el nuevo cielo ya que heredarán todas las cosas
(Ap. 21:7). Algunos elementos de la nueva creación son descritos en Apocalipsis 21:1, 9-11, 22-23; 22:1-5.
Su condición: Tendrán el cuerpo y la mente de Cristo (1 Jn. 3:2). Serán inmortales (Ap. 21:4). No
sufrirán más (Ap. 21:4, 22:3).
Su duración: La condición de gozo, paz y felicidad de los justos será eterna (Ap. 22:5).
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