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El impacto de la mensajería instantánea en los jóvenes en forma de estrés y ansiedad, por la
necesidad de recibir respuesta inmediata a los mensajes.
Integrantes:
Valeria Escobar Sepulveda
Jainny Diaz García
Veronica Forero Machete
Gloria Patricia Escobar
Docente: Luis Antonio Gomez Pineda
Actividad Evaluativa del Eje 2
Fundación Universitaria del Área Andina
2025.
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Identificación del problema
El problema radica en la adicción a redes sociales y mensajería instantánea, que genera
ansiedad, estrés, baja autoestima y aislamiento social, producto del diseño adictivo impulsado por
grandes empresas tecnológicas.
Descripción del problema
En pleno siglo XXI, la adicción a las redes sociales y a las plataformas de mensajería
instantánea como WhatsApp, Facebook, Instagram, Telegram, TikTok y otras similares, se ha
convertido en un fenómeno social con profundos impactos psicológicos, emocionales y
conductuales. Este problema, aunque inicialmente parecía estar relacionado únicamente con la
comunicación digital, hoy se reconoce como un desafío que afecta la salud mental, las relaciones
interpersonales y el bienestar general de los individuos, especialmente de los jóvenes.
Diversos estudios han demostrado que la adicción a las redes sociales se asocia de manera
negativa con la autoestima y se vincula directamente con niveles más altos de estrés, ansiedad e
incluso depresión. Un ejemplo evidente de este fenómeno se vivió durante la pandemia
ocasionada por el virus SARS-CoV-2 (COVID-19). En ese contexto, el confinamiento y la
necesidad de mantener algún tipo de contacto social llevaron a millones de personas a pasar más
tiempo conectados a estas plataformas. Sin embargo, lo que surgió como una estrategia de
comunicación terminó generando un aumento en la dependencia digital, potenciando conductas
compulsivas, irritabilidad, insomnio y deterioro en las relaciones familiares y comunitarias.
La responsabilidad de esta problemática no recae únicamente en los usuarios, sino también en las
grandes empresas tecnológicas como Meta (propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp),
Microsoft (dueña de LinkedIn), Byte Dance (responsable de TikTok), Google y otras. Estas
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corporaciones invierten grandes sumas de dinero en estudios sobre el comportamiento humano
con el objetivo de diseñar plataformas altamente adictivas. Su estrategia se basa en captar la
atención constante de los usuarios mediante notificaciones, algoritmos personalizados y la oferta
de contenido interminable. De esta forma, logran obtener enormes ganancias a través de la
administración y venta de datos personales, preferencias de consumo y patrones de
comportamiento. Esta explotación comercial de la atención humana plantea serias
preocupaciones éticas y sociales, ya que convierte al usuario en un producto y no en un
beneficiario de la tecnología.
En este sentido, la adicción a las redes sociales representa una paradoja propia de la sociedad
contemporánea. Por un lado, estas plataformas se presentan como herramientas de conexión,
entretenimiento y aprendizaje. Por otro, generan dependencia, reducen la interacción cara a cara y
distorsionan la construcción de la identidad personal, especialmente en adolescentes y jóvenes.
La doble moral de la sociedad actual se hace evidente cuando, al mismo tiempo que se critican
los efectos negativos de las redes sociales, se incentiva su uso como vía principal de
comunicación, promoción y socialización.
Este fenómeno tiene una relación directa con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS),
especialmente con el ODS 3 (Salud y Bienestar), al impactar negativamente la salud mental de la
población; el ODS 4 (Educación de Calidad), ya que la sobreexposición digital interfiere en los
procesos de aprendizaje y concentración; el ODS 8 (Trabajo decente y crecimiento económico),
debido a que la productividad laboral se ve afectada por el uso indiscriminado de estas
aplicaciones; y el ODS 16 (Paz, justicia e instituciones sólidas), en la medida en que la
manipulación de la información y el neuromarketing afectan la autonomía de decisión y la
participación ciudadana.
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En conclusión, la adicción a las redes sociales en el siglo XXI no es solo un problema individual,
sino un reto social y global que exige respuestas integrales. Comprenderlo en el marco de los
ODS permite visibilizarlo como una amenaza para el desarrollo sostenible, al afectar el bienestar
de las personas y la cohesión de las comunidades. Promover estrategias de autocontrol digital,
alfabetización mediática y responsabilidad corporativa es indispensable para garantizar un uso
equilibrado de las tecnologías y preservar la salud física, mental y emocional de la sociedad
contemporánea.
Sustento del problema
El uso inadecuado de las redes sociales y de la mensajería instantánea es un fenómeno que ha
adquirido una magnitud global en el siglo XXI. Aunque en un principio estas herramientas fueron
creadas para mejorar la comunicación y la conectividad, hoy se observa que su utilización sin
límites ni criterios adecuados puede convertirse en un problema social y de salud pública. No se
trata únicamente de los jóvenes, aunque ellos son especialmente vulnerables; también adultos,
familias, entornos laborales y comunidades enteras se ven afectados por la ansiedad, el estrés y la
presión social generada por la necesidad de estar constantemente conectados y disponibles.
Fomentar una educación digital adecuada se convierte en un pilar fundamental para enfrentar esta
problemática. Cada red social ha establecido límites de edad, condiciones de uso y normas de
comportamiento, no como una mera formalidad, sino como una medida para garantizar seguridad
física, emocional y mental. Sin embargo, estas reglas suelen ser ignoradas o desconocidas, lo que
pone en riesgo a los usuarios más jóvenes. En este sentido, todo adulto que tenga a su cargo
menores de edad debe asumir la responsabilidad de conocer y aplicar estas disposiciones, pues
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solo con acompañamiento, supervisión y formación se pueden evitar riesgos asociados al
ciberacoso, la adicción digital, la pérdida de privacidad o la baja autoestima.
Uno de los fenómenos más preocupantes derivados del uso desmedido de estas plataformas es el
technostress, definido por la literatura científica como la tensión psicológica que surge del uso
compulsivo o inadecuado de la tecnología. Este estrés se manifiesta a través de la necesidad de
responder de manera inmediata a mensajes y notificaciones, la sobrecarga informativa y la
incapacidad de desconectarse, lo que afecta directamente la atención, el descanso, las relaciones
interpersonales y, en consecuencia, la calidad de vida. En muchos casos, la falta de una respuesta
rápida en la mensajería instantánea se interpreta como rechazo, desinterés o incluso como un
conflicto, generando malestar psicológico y aumentando la sensación de soledad o exclusión
social.
Frente a este panorama, el mundo del saber —representado por la educación, la ciencia y la
investigación— tiene un papel fundamental. Desde la psicología, la sociología, la pedagogía y la
filosofía se pueden generar respuestas que permitan comprender a profundidad los impactos de
esta adicción y diseñar estrategias de prevención. La educación digital crítica, la alfabetización
mediática y el desarrollo de competencias socioemocionales se perfilan como herramientas que
pueden empoderar a las personas para usar la tecnología de manera consciente y equilibrada. A
su vez, la investigación en neurociencias y ciencias del comportamiento ofrece claves para
entender cómo los algoritmos influyen en la atención y en las emociones, y cómo se pueden
establecer regulaciones éticas que protejan a la sociedad.
No obstante, abordar esta problemática únicamente desde la ciencia no basta. Se hace
indispensable incorporar una mirada humanista, centrada en la dignidad y en el bienestar integral
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de la persona. El humanismo invita a ver al ser humano no como un simple usuario o consumidor
de plataformas, sino como un sujeto libre, capaz de decidir y de construir relaciones auténticas.
Desde esta perspectiva, combatir la adicción a las redes sociales implica promover valores como
la empatía, la solidaridad, la autorregulación y la responsabilidad social. Es precisamente desde el
humanismo donde cobra sentido recordar que la tecnología debe estar al servicio del hombre, y
no el hombre al servicio de la tecnología.
En conclusión, la adicción a las redes sociales y el mal uso de la mensajería instantánea es un reto
que exige una respuesta integral. Abordarlo es necesario porque afecta la salud mental y la
cohesión social; el mundo del saber ofrece las herramientas para comprender y actuar sobre la
problemática; y el humanismo asegura que toda solución se centre en la protección de la persona
y de su dignidad. Solo con esta triple mirada será posible avanzar hacia un uso responsable y
equilibrado de la tecnología en la vida cotidiana.
Causas del problema
● Necesidad de aceptación social y validación externa: Las personas buscan
constantemente aprobación mediante respuestas rápidas, “me gusta” o comentarios en
línea. Esto genera dependencia emocional hacia el dispositivo y hacia las opiniones de los
demás, afectando la autoestima y el equilibrio emocional.
● Falta de educación digital: Muchas personas desconocen estrategias para gestionar su
tiempo de conexión. La carencia de límites saludables y la presencia de hábitos
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desorganizados e impulsivos fomentan conductas compulsivas que alteran la rutina diaria
y la organización personal.
● Falta de interacción presencial: La dependencia de la mensajería instantánea reemplaza
espacios de conversación cara a cara. Esto limita el desarrollo de habilidades sociales,
fomenta el aislamiento y genera una sensación creciente de vacío emocional en los
individuos.
● Acceso ilimitado a dispositivos electrónicos: La posibilidad de permanecer conectados
en todo momento, incluso en espacios destinados al descanso, trabajo o convivencia
familiar, provoca desgaste cognitivo y emocional, disminuye la concentración y afecta la
calidad de vida.
Consecuencias del problema
● Daños en la reputación online: El contenido compartido puede ser capturado,
manipulado o utilizado en el futuro, afectando la imagen personal y profesional de los
usuarios.
● Huella digital: Todo lo publicado deja una evidencia permanente que define la identidad
digital de cada persona, influyendo en su seguridad y oportunidades futuras.
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● Adicción digital: La necesidad de obtener aprobación y seguidores lleva a compartir cada
vez más información personal, lo cual incrementa la dependencia y la pérdida de
privacidad.
● Ciberbullying: La humillación, difamación o insulto sostenido en redes genera graves
consecuencias emocionales y sociales, afectando la autoestima de las víctimas.
● Sexting: El envío de contenido íntimo puede derivar en riesgos de extorsión, acoso o
exposición pública no deseada.
● Violencia de género digital: El acoso constante en plataformas digitales refleja formas
de discriminación que reproducen desigualdades y vulnerabilidades.
● Desinformación: La circulación de información falsa afecta la confianza en las
instituciones, fomenta la polarización política y debilita la cohesión social.
ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN:
● Educación digital y alfabetización mediática: promover una cultura de uso
consciente, limitando horas de conexión y fomentando el equilibrio con actividades
presenciales, implementar programas educativos en colegios y universidades sobre el uso
responsable de redes sociales e identificar discursos de odio, contenido dañino e
información falsa.
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● Promoción de la salud mental: campañas desensibilización sobre los riesgos de la
adicción digital, la comparación social y el ciberacoso, integrar espacios de
acompañamiento psicológico en instituciones educativas y laborales.
● Regulación y responsabilidad de las plataformas: regular el tiempo de uso de
consumo excesivo dentro de las aplicaciones, usar herramientas efectivas para el control
del cyberbullying y contenido dañino durante las jornadas laborales.
● Rol de la familia y comunidad: fomentar el diálogo en familia sobre el impacto
emocional de las redes, crear actividades comunitarias que incentive la interacción
presencial, reduciendo el aislamiento social, capacitar a los padres y cuidadores en el
acompañamiento digital responsable.
● Autocuidado y estrategias individuales: establecer horarios, evitar el uso nocturno
y silenciar notificaciones innecesarias, fomentar el uso de aplicaciones que apoyen la
salud mental como la meditación, control de hábitos, terapia, etc.; reemplazar parte del
tiempo en redes con actividades físicas, artísticas o sociales en la vida real.
● Investigación e innovación tecnológica para la salud digital: impulsar aplicaciones
o extensiones que permitan medir el estado emocional del usuario mientras navega,
ofreciendo pausas activas o recomendaciones de autocuidado, incentivar proyectos
tecnológicos que integren inteligencia artificial y psicológica para detectar signos de
ansiedad, depresión o adicción digital.
● Fortalecimiento de políticas públicas y apoyo institucional: establecer líneas de
atención psicológica 24/7 apoyadas por ministerios de salud y educación, incentivar
convenios entre gobiernos, ONGS y universidades para generar talleres y recursos de
bienestar digital gratuitos, crear programas gubernamentales de prevención del ciberacoso
a jóvenes y adultos afectados por problemas de redes sociales.
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Referencias
ACADEMO (Enero- Junio 2022) Revista de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades.
https://www.adolescere.es/revista/pdf/volumen-IX-n2-2021/2021-n2-46_53-Mesa-Las-
consecuencias-de-un-mal-uso-de-las-redes-sociales-en-los-adolescentes.pdf.
CNEIP Veronica Portillo Reyes (Enero 2021)
https://www.revistacneipne.org/index.php/cneip/article/view/116
RUA Repositorio Universidad de Alicante (2025-06-10).
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On the biology of technostress: literature review and research agenda
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0747563221004416
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